100% encontró este documento útil (1 voto)
357 vistas10 páginas

2 Perejil y Coca Cola - Dahlia de La Cerda

A
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
357 vistas10 páginas

2 Perejil y Coca Cola - Dahlia de La Cerda

A
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
Está en la página 1/ 10

TÍTULOS RECIENTES EN LA COLECCIÓN Las heroínas de Perras de reserva son mujeres fuertes, decididas a resolver DAHLIA DE LA CERDA (Aguascalientes,

ientes, México, 1985), licenciada


por sí mismas sus problemas porque saben que si con algo no pueden en Filosofía, ha sido empleada de un call center, un bar y una fábrica
contar es con la ayuda de Dios. Como mucho, se encomiendan al Diablo, de dulces, y ha trabajado como editora de noticias internacionales
Donantes de sueño
ya que ante la perspectiva de convertirse en víctimas –usadas, explotadas y como vendedora de Avon, de ropa de segunda mano y de rosas
Karen Russell
o muertas– prefieren optar por la sangre ajena. Como Yuliana, la maca- negras en la calle. Es cofundadora y codirectora de la organización
Una música bramente entrañable heredera al trono de un capo del narcotráfico, que feminista Morras Help Morras y participa en dos podcasts: Escribe
Hernán Ronsino no va a aceptar que sus compañeras de escuela se burlen de su look. O la como morra y Morras vs fundamentalismos. Su primer libro, Perras de
adolescente que antes de dejarse arrinconar por la pobreza y el hambre reserva, ganó el Premio Nacional de Cuento Joven Comala en 2019
Ceniza en la boca (5.ª ed.) se vuelve una malandrina de calle con principios, que escoge desvalijar y está siendo traducido al inglés, francés, italiano, polaco y turco. Es
Brenda Navarro solo a gente bien. O la bruja que recurre al Señor de las Tinieblas para que también autora del libro de ensayos Desde los zulos, de próxima apa-
le ayude con la vecina cuyos perros hacen sus necesidades en su patio. rición en Sexto Piso.
Heredarás la tierra
Sean sicarias o universitarias, influencers o amas de casa, beatas o pros-
Jane Smiley
titutas, las memorables protagonistas de estos relatos comparten las difi-
Hasta la locura, hasta la muerte cultades y los peligros derivados de haber nacido mujer, y los enfrentan
Kirsten Thorup con los recursos que la vida les ofrece, obligadas una y otra vez a dirimir
dónde se sitúa la frontera entre el bien y el mal. Y nos cuentan sus vidas
Ellas hablan (2.ª ed.) siempre en primera persona, haciéndonos parte íntima de su forma de
Miriam Toews habitar el mundo. Con un talento desbordante para reflejar el habla
de la calle y no pocas dosis de humor negro, la autora mexicana Dahlia de
No todo el mundo
la Cerda nos recuerda en su genial primer libro que «la vida es una perra,
Marta Jiménez Serrano
por eso hay que patearle la jaula».
Intimidades
Katie Kitamura

El fin de la novela de amor (2.ª ed.) «Este libro tiene la fuerza de una barranquera de agua: arrastra, ensucia
Vivian Gornick y limpia a partes iguales».
Andrea Abreu
Pequeñas desgracias sin importancia (2.ª ed.)
Miriam Toews
«Perras de reserva es ya un pequeño gran fenómeno editorial».
Un fantasma en la garganta El País
Doireann Ní Ghríofa

Gloria
Andrés Felipe Solano

Mirarse de frente (4.ª ed.)


Vivian Gornick

Perras de reserva_FINAL_Cubierta.indd 1 18/4/23 11:11


Perras de reserva
Dahlia de la Cerda

Perras de reserva_FINAL_Interiores.indd 5 28/3/23 19:11


Todos los derechos reservados.
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida,
transmitida o almacenada de manera alguna sin el permiso previo del editor.

Copyright © Dahlia de la Cerda, 2022


Primera edición: 2023
Imagen de portada
© Zsu Szkurka

Copyright © Editorial Sexto Piso, S.A. de C.V., 2023


América, 109
Colonia Parque San Andrés, Coyoacán
04040, Ciudad de México
Sexto Piso España, S. L.
C/ Los Madrazo, 24, semisótano izquierda
28014, Madrid, España
www.sextopiso.com

Formación
Rebeca Martínez

Impresión
Cofás

ISBN: 978-84-19261-29-8
Depósito legal: M-24296-2022
Impreso en España

Perras de reserva_FINAL_Interiores.indd 6 28/3/23 19:11


PEREJIL Y COCA-COLA

Perras de reserva_FINAL_Interiores.indd 7 28/3/23 19:11


Me senté en la taza del baño, oriné sobre la prueba de emba-
razo y esperé el minuto más largo de mi vida. Positivo. Me dio
un ataque de pánico y luego una discreta felicidad; me acaricié
con ternura el vientre. Siempre que veía esas escenas de una
chica en un retrete aguardando por saber si estaba embaraza-
da me parecía patético. «Esto es patético», pensé. Aunque,
siendo honesta, estoy acostumbrada a ser patética, quizás por
eso me identifico con personajes como Jessica Jones o como
Penny Lane de Casi famosos. Me levanté, lavé mi cara y salí del
baño. Me dejé caer sobre la cama.
Tengo cierta resistencia a aceptar las malas noticias. Al-
gunos dirían que las evado, pero no, solo es difícil creer que
todo lo malo me pasa justo a mí. Me han puesto el cuerno, me
han asaltado en la calle, mis mascotas han muerto envenena-
das o atropelladas, no conozco a mi padre y perdí a mi madre
hace algunos años. Y ahora, en el cajón derecho de mi buró,
un test de embarazo con dos líneas rosas. Así que me hice un
examen de sangre para confirmar. Positivo. Yo no sabía que
las pruebas caseras son inexactas en resultados negativos, ja-
más en positivos. No estaba preparada para traer un hijo a este
mundo de mierda.
Recuerdo perfecto que en ese momento en la bocina de
Amazon sonaba «Desorden» de Maria Rodés. Es la canción
que define mi vida. Estoy atrapada en un bucle infinito de ma-
las decisiones cuyas consecuencias son, sin excepción, dra-
máticas y

Vuelvo a pasar por el camino acostumbrado


sin acordarme de si es el equivocado,
y aunque parezca que lo tengo controlado,
algo me dice que otra vez se me ha escapado.

Perras de reserva_FINAL_Interiores.indd 9 28/3/23 19:11


Probablemente sea un ciclo inacabado
de desaciertos o de amor desesperado.

Quizás creas que estoy exagerando porque un embarazo no de-


seado no es una calamidad, sin embargo para mí sí lo era. Era
la peor calamidad de mi existencia. Un maldito tsunami que
destruía con su agua salada cada uno de mis sueños y metas,
e incluso saboteaba los errores que aún me faltaba cometer.
Le mandé un mensaje a Gerardo. «Estoy embarazada», le
dije. «¡No mames! ¡No mames!», me dijo. Y luego me envió
los emojis más ridículos del mundo. «Vamos a ser papás. ¡Dia-
na, qué felicidad!». «¿Felicidad? No. No, ni vergas». «¿No
me digas que lo quieres abortar?¡No mames, Diana!».
Estoy mintiendo... No existe Gerardo. Me dieron ganas de
meterle romanticismo a la historia. El embarazo fue producto
de una noche de copas. No sabía el nombre del tipo ni me in-
teresaba saberlo. Su desempeño no lo recomendaba para nada
en la vida. Sí, estaba embarazada de un tipo que cogía horrible.
Soy esa clase de chica que suele usarse como argumento
contra el aborto. La que sale y se acuesta con el primero que le
habla bonito. Esa que mejor debería tomar anticonceptivos o
ligarse las trompas o cerrar las piernas. Me dejo abrazar con
fuerza por desconocidos. Me gusta la fiesta, ponerme muy bo-
rracha y hacer osos ahogada en alcohol.
La idea de llevar a término el embarazo nunca pasó por
mi mente. Así que investigué cuáles eran mis opciones para
abortar. Busqué en internet «aborto» y encontré varias clí-
nicas, todas en la Ciudad de México. No estaban a mi alcance.
Leí gran variedad de métodos siniestros. Perejil en la vagina,
lavativas vaginales de Coca-Cola con aspirina y zapote negro,
té de ruda, té de orégano, té de anís estrella y picarse el útero
con un gancho para la ropa. De clic en clic llegué a un video
donde un feto luchaba por su vida gritando «¡Épale, épale mi
patita!». Me dio risa y me dio tristeza.
Hallé anécdotas de mujeres que habían abortado y que
hablaban de hemorragias, coágulos del tamaño del mundo,

10

Perras de reserva_FINAL_Interiores.indd 10 28/3/23 19:11


legrados dolorosos, choques hipovolémicos, entrañas podri-
das y comidas por gusanos. Historias de arrepentimiento, de
dolor y de terror. Entre esas historias di con la de una chica que
hablaba de un fármaco, el misoprostol. Lo busqué en Google.
El misoprostol –según Wikipedia–, aunque se usa para las
úlceras gástricas, produce contracciones uterinas. Las brasile-
ñas de las favelas descubrieron que provoca abortos. Después
de ser estudiado por la Organización Mundial de la Salud fue
aprobado para abortar de forma segura. Como no tenía mucho
que pensar, tomé los quinientos pesos que me sobraban de la
quincena y salí a la calle.
En la esquina de mi casa había una Farmacia Guadalaja-
ra, me pidieron la receta. Avancé y llegué a una Farmacia del
Ahorro, costaba seiscientos cincuenta pesos; suspiré y conti-
núe la búsqueda angustiada. Probé en otras cinco farmacias:
en las que no se requería prescripción médica el misoprostol
excedía mi presupuesto, mientras que en el resto la receta era
obligatoria. Las lágrimas salieron solas y me dio una crisis de
ansiedad. «¿Qué voy a hacer?», pensé.
Caminé por lo menos una hora, o eso creí. Lloré todo el
tiempo. De pronto, a lo lejos, vi una botarga regordeta bailan-
do una canción de Maluma Beibi. Apresuré mi paso, entré y
pregunté por el misoprostol. La dependienta, una señora de
unos cuarenta años, me miró con lástima y me dijo: «Los lu-
nes lo tenemos en trescientos ochenta pesos». «¿Me lo da,
por favor?». «Claro que sí, por diez pesos más puedes llevar-
te una cajita con doce tabletas de ibuprofeno de ochocientos
miligramos». «También lo quiero». Pagué, agarré mis cosas
y salí corriendo.
En cuanto llegué a mi casa, volví a leer la información en
internet. La leí tres veces para que no me quedaran dudas. Las
manos me sudaban, estaba aterrada. Los manuales de aborto
recomendaban no hacerlo sola, pero yo no contaba con nadie.
Mi madre falleció hace cinco años luego de un largo cáncer
que la debilitó hasta los huesos. La mandé cremar con lo que
me dieron de su afore, puse las cenizas en su habitación y las

11

Perras de reserva_FINAL_Interiores.indd 11 28/3/23 19:11


encerré para siempre. Las cosas están tal y como ella las dejó.
Después de que un abogado se cobrara con sexo y arreglara el
trámite de la pensión, básicamente me dedico a la escuela y
vivo de los diez mil pesos que me depositan al mes. Estudio en
una universidad del Opus Dei y, aunque tengo amigas, ninguna
de ellas está a favor del aborto, a menos que implique progra-
marlo en Houston y que luego del alta del hospital nos vayamos
de compras a un mall.
Mi única compañía es mi gato Ricardo. Lo adopté al día
siguiente de que mi madre murió. Era tan pequeño que debía
alimentarlo con leche especial y un biberón. Lo crie en una caja
con una lámpara para darle calor. Fui la cuidadora de mi mamá
durante su enfermedad, por ello que alguien dependa de mí,
que alguien necesite que yo regrese a casa, me mantiene viva,
lejos de los vicios y la perdición.
Leí una última vez el protocolo, prendí la televisión e ini-
cié sesión en Netflix. Busqué una película para abortar: Chicas
pesadas. Abrí la caja de misoprostol, saqué cuatro pastillas, le
puse una gota de agua a cada una y las coloqué debajo de mi
lengua. Las dejé ahí por media hora. Sabían amargas y pasar
saliva era casi una hazaña épica. Tuve que tragarme mi vómito
en dos ocasiones. Casi de inmediato comencé a temblar. Me to-
mé los restos con un poco de té de manzanilla. Terminé de ver
la película y puse Legalmente rubia. El escalofrío aumentó y me
metí entre las cobijas con Ricardo sobre mi regazo. Vomité y me dio
diarrea. Nada de sangrado y apenas un cólico que parecía pre-
menstrual. En cuanto acabó Legalmente rubia empecé Miss Sim-
patía, acomodé otras cuatro tabletas en mi boca y esperé a que
se derritieran. Fue más fácil: la lengua se había acostumbrado
al sabor, no me dieron náuseas. Me pasé las sobras con un té de
hierbabuena y preparé una quesadilla de queso panela y jamón
de pavo. El dolor llegó, era como de una menstruación dolorosa,
pero no exagerada. Tomé un ibuprofeno y me acosté en la cama
con un trapo caliente sobre el vientre.
Un jalón dentro del útero y unas ganas incontrolables de
pujar me hicieron correr al baño. Pujé y una corriente de sangre

12

Perras de reserva_FINAL_Interiores.indd 12 28/3/23 19:11


y de coágulos tiñó de rojo la cerámica del escusado. El dolor
encrudeció: ya nada tenía que ver con una menstruación, era
peor. El sangrado intenso duró cerca de un minuto. Me dio un
ataque de pánico y vértigo. Lloré desconsolada. Estaba aterrada
y no quería morir, no entre sangre y excremento. Había ima-
ginado mi muerte más rocanrolesca, por lo menos relaciona-
da con una sobredosis. Me dejé caer al piso y abracé la taza del
baño sollozando de miedo, rabia y tristeza. Quise un Gerardo
que me dijera «esto va bien».
El dolor disminuyó. Introduje la mano en el inodoro bus-
cando al bebé; no lo encontré. Había solo coágulos muy simi-
lares a los de la regla. Jalé la palanca. Me desvestí, abrí el agua
caliente, entré a la ducha, me senté en cuclillas y pujé como
una perra en labor de parto. Pujé con todas mis fuerzas y ape-
nas expulsé un chorro de sangre y un coágulo del tamaño de
una guayaba. Me acosté en el piso y permanecí ahí media ho-
ra. Acabé de bañarme y alimenté a Ricardo. Preparé una so-
pa Maruchan de pollo con harto limón, unos Ruffles en lugar
de tortillas, y una Coca-Cola muy helada. Hice exactamente lo
contrario a lo que decía el manual de aborto, que recomenda-
ba comida ligera, suero oral y nada de irritantes. Hice todo lo
contrario, quizás porque quería que las cosas acabaran mal,
por ejemplo, conmigo en el hospital o en la cárcel o en ambos
lados. Vi Casi famosos y chillé como siempre. Los cólicos iban y
venían y la diarrea era molesta, pero tolerable. Le faltaba des-
gracia a mi aborto. Había leído de hemorragias y dolores te-
rribles y esto era más una regla con disentería y gripa que una
tragedia, y además me enojaba que por primera vez en la vida
algo parecía terminar bien.
Puse las últimas cuatro pastillas debajo de mi lengua y es-
peré con discreta felicidad a que se disolvieran. No hubo náu-
seas ni escalofríos y los malestares estomacales habían cedido.
Si acaso una febrícula tolerable. Di clic en Ligeramente embara-
zada, forjé un porro y destapé una Heineken. Bebí y fumé ma-
rihuana. Me partí de risa cuando el dolor volvió porque sentí
las mismas ganas de pujar. Caminé al baño, me acomodé en

13

Perras de reserva_FINAL_Interiores.indd 13 28/3/23 19:11


el retrete y pujé con fuerza. Un rojo vino y varios coágulos del
tamaño de un puño manaron de mi vagina.
Me senté en el piso y metí la mano en el escusado. En po-
co tiempo encontré una bolsita del tamaño de mi dedo meñi-
que con un frijolito de color rosa pálido en su interior. Suspiré
aliviada y sonreí. La arrojé a la taza y jalé la palanca.

14

Perras de reserva_FINAL_Interiores.indd 14 28/3/23 19:11

También podría gustarte