¿Por qué hablar de la prevención del suicidio?
El suicidio es un problema de salud pública a nivel mundial, tanto así que la OMS estima que
hay más de 800,000 suicidios al año.
Un alto porcentaje de las personas que presentan conducta suicida han padecido al menos un
trastorno mental a lo largo de su vida.
El 2.5% de la población mundial ha realizado al menos un intento suicida.
En México la tasa de suicidio está en aumento principalmente en poblaciones jóvenes.
La conducta suicida incluye la ideación, planeación e intento suicida.
El suicidio consiste en la conducta de hacerse daño uno mismo con la intención de morir y que
tiene consecuencias fatales.
Los acompañantes de la conducta suicida.
Sufrimiento: sensación subjetiva de "dolor mental" o altos niveles de malestar psicológico.
Depresión: la conducta suicida está relacionada con episodios depresivos severos.
Ansiedad: las preocupaciones constantes y excesivas, el miedo, los altos niveles de
incertidumbre y la falta de control pueden contribuir a la conducta suicida.
Desesperanza: los pensamientos negativos sobre nosotros mismos y el futuro están
relacionados con la conducta suicida.
Estrés: la exposición crónica o intensa a la presión de todo tipo constituyen un fuerte factor de
riesgo.
La conducta suicida no siempre tiene la finalidad de acabar con la vida, en muchos casos lo
que se quiere es acabar con el sufrimiento.
Quien realiza un intento suicida experimenta muchas emociones negativas y muy intensas que
dificultan su capacidad para contemplar otras soluciones a su malestar.
Hablar sobre conducta suicida permite que las personas que lo necesitan reciban la atención
que requieren de forma oportuna, salvándose así una vida.
Depresión y trastornos mentales
Depresión, trastornos de personalidad, alcoholismo y adicciones, esquizofrenia, trastorno
mental orgánico.
La depresión es el diagnóstico más común en el suicidio logrado. Todos en algún momento
nos sentimos tristes, solitarios, desanimados, pero cuando estos sentimientos persisten y
perturban nuestra vida normal podríamos estar frente a un trastorno depresivo. Algunos de
sus síntomas son:
Tristeza la mayor parte del día, diario.
Pérdida de interés por actividades.
Perder o ganar peso.
Dormir mucho o muy poco.
Cansancio todo el tiempo.
Sentir culpa, desesperanza.
Irritabilidad.
Dificultad para concentrarse.
Pensamientos repetitivos de muerte o suicidio.
Mitos del suicidio…
Recuerda que existen factores protectores:
Relaciones familiares positivas
Red de apoyo familiar
Sentido de valor personal
Confianza en uno mismo
Aprender a pedir ayuda
Habilidad para comunicarse, tomar decisiones y resolver problemas.
Relaciones positivas con amigos.
Práctica de algún deporte, tener pasatiempos.
Proyecto de vida.
Descanso adecuado.
Vínculos afectivos cercanos.
Ambiente libre de sustancias psicoactivas.