0% encontró este documento útil (0 votos)
9 vistas4 páginas

La Violencia de La Urbanidad Sostenible

Cargado por

Victor Vele
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
9 vistas4 páginas

La Violencia de La Urbanidad Sostenible

Cargado por

Victor Vele
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
Está en la página 1/ 4

La violencia de la urbanidad sostenible

Por: Erik Swyngedouw. (2013)


La urbanización planetaria y los procesos socio ecológicos y políticos –
económicos que animan su desarrollo combinado y desigual a escala
mundial son generalmente reconocidos como impulsores clave del
cambio climático antropogénico y otras transformaciones generalmente
reconocidos como impulsores clave del cambio climático antropogénico
y otras transformaciones socioambientales como la pérdida de
biodiversidad, la erosión del suelo, la deforestación, la movilización de
recursos, la contaminación, la mercantilización de todo tipo de
naturaleza, la acumulación por desposesión. Nuestro destino urbano y la
transformación de la naturaleza están irrevocablemente ligadas a una
íntima simbiosis metabólica, pero caracterizada por condiciones socio
ecológicos extraordinariamente desigual.
Bajo el estandarte de la restructura tecno-gerencial radical, el foco ahora
se centra directamente en cómo sostener la urbanidad capitalista para
que nada tenga que cambiar. Los cambios geo climáticos y otras
transformaciones socio ecológicas y son tales que son perjudiciales para
la continuidad de la vida en algunos lugares y para algunos humanos y
no humanos.
La naturaleza como marco externo condicionante de la vida humana ha
llegado a su fin. La inauguración antropocéntrica de una naturaleza
socio-física, histórica y profundamente urbanizada, obligada a una
profunda reconsideración y reformulación de la cuestión de la naturaleza
en términos políticos. La cuestión ya no es cómo introducir las
cuestiones ambientales en el ámbito de la política, como ha sido el caso
hasta ahora, sino más bien cómo introducir en el medio ambiente.
Alain Badiou ha sugerido que la creciente preocupación consensuada por
la naturaleza y el medio ambiente debería considerarse como una forma
contemporánea de opio del pueblo.
A primera vista esta afirmación no sólo parece escandalosa, pues
confunde la ecología con la religión en una perversa tergiversación de la
afirmación original de Marx, sino que además contradice la evidencia de
que el medio ambiente importa políticamente.
Sostengo que la elevación de la condición ambiental al estado de
preocupación global universal que requiere atención tecno-gerencial
urgente está suturada por un guion fantasmagórico particular de lo que
es la naturaleza, que desvía la atención del predicamento socio-
ecológico en el que realmente estamos, solidifica las mismas dinámicas
y procesos que producen resultados socio-ecológico radicalmente
desigual y desiguales, e impide una politización del medio ambiente
entendido como la disputa y lucha igualitaria – democrática por la
producción de las condiciones socio-ecológicas que deseamos habitar.

Entornos urbanos despolitizados: los seres humanos y los no humanos


están cada vez más entrelazados a través de una mirada de
interacciones y procesos transformadores. La naturaleza, enmarcada
como la esfera externamente condicionalmente de la existencia
humana, ha llegado a su fin. Incluso los lugares más remotos de la Tierra
llevan la impronta del proceso de urbanización planetaria. Es desde la
posición de este entrelazamiento cada vez más profundo, pero
socialmente desigual, de lo social y lo natural que debe abordarse el
enigma ambiental urbano. Esta perspectiva desplaza la mirada de
pensar a través de una “política” del medio ambiente a “politizar” el
medio ambiente y extiende el terreno de lo político a dominios hasta
ahora dejados a la mecánica de la naturaleza. El mundo no humano se
“inscribe” en un proceso de politización, y eso precisamente lo que
necesitamos ser plenamente respaldado. Sin embargo, en el
pensamiento y la práctica ecológica urbana, los imaginarios particulares
de una naturaleza externa, una que está desincronizada y requiere un
reequilibrio, siguen siendo hegemónicos y suturan el terreno de la
política y la práctica ambiental urbana. De hecho, una particular
escritura fantasmagórica de la naturaleza, con cualidades performativas
particulares, sustenta gran parte del argumento ecológico urbano.
La naturaleza es, afirma “un término transcendental que se encuentra al
final de una serie potencialmente infinita de otros términos que colapsan
en él.

El significado de la naturaleza sólo se puede extraer relacionándola con


otros significantes más directamente reconocibles. El significado de la
naturaleza se convierte en un tapiz simbólico, un montaje, que se
mantiene unido mediante puntos de acolchado.
Se trata de una visión que considera a la naturaleza como algo dado,
como una base sólida que puede servir para proporcionar un ancla para
juicios éticos o normativos de procedimientos y practicas ecológicas,
sociales, culturales, políticas o económicas.
En tercer lugar, la naturaleza invoca, para Morton, una pluralidad de
fantasías y deseos, como el sueño de una naturaleza benigna y
sostenible, un clima socialmente justo, el miedo al colapso ambiental. Es
el tipo de fantasía que se muestra en los llamamientos a restaurar una
verdadera armonía socio-ecológico mediante la adaptación de nuestro
mundo urbano producido al equilibrio ecológico, y en el anhelo de una
naturaleza que funcione con la gran “otro”, aquel que nos guía el camino
hacia la redención de nuestra situación. Aquí, se invoca a la naturaleza
como el terreno “externo” que ofrece la promesa, si se le presta la
debida atención, de fomentar una vida verdaderamente armoniosa.
La negación del núcleo vacío de la naturaleza mediante la colonización
de su significado, mediante el lleno del vacío, mediante la de los
significados insertados que posteriormente se generalizan y
homogeneizan es el gesto por excelencia de colocar a la naturaleza
fuera de lo que político, es decir, fuera el campo de disputa, la
contestación y el desacuerdo público.
Estas “instituciones de lo real” afirma que no existe una naturaleza
singular, y mucho menos inherentes benigna, que necesite o requiere
salvación en nombre de la naturaleza misma o de una humanidad
genérica. No hay nada fundamental en la naturaleza que necesite, exija
o requiere ser sostenido. No hay ninguna utopía que pueda discernirse
en el funcionamiento interno de la naturaleza.
Politizar los entornos: la violencia de la ciudad sostenible. La post-
politización se refiere a una política en la que la disputa y las luchas
ideológicas o di sensuales son reemplazadas por la planificación tecno-
gerencial, la gestión experta y la administración biopolítica. Tales
arreglos post-políticos señalan un espacio público despolitizado y la
dirección de la vida socio – ecológica en el que la experiencia, la
intermediación de intereses y la administración a través de la
gobernanza definen el nivel cero de la política.
El llamado que hago más arriba a abandonar la naturaleza no implica en
modo alguno ignorar, y mucho menos olvidar, lo real de las naturalezas
o más precisamente, las relaciones socio-ecológicas diversas, múltiples,
caprichosas, contingentes y a menudo impredecibles de las que
formamos parte; ni siquiera es un llamado a ignorar las configuraciones
políticas y socio-ecológicamente desiguales y cargadas de poder de la
interacción metabólica entre humano y naturaleza.
El objetivo de la política y tanto, del diseño, la planificación y la
arquitectura es la intervención es una forma de cambiar el ordenamiento
socioambiental dado de una determinada manera. Como cualquier
intervención, se trata de un acto violento que borra al menos en parte lo
que ya existe para erigir algo nuevo y diferente.
El reconocimiento de que los actores políticos son intervenciones
singulares que producen arreglos y entornos socio-ecológicos
particulares y, al hacerlo, excluyen la posibilidad de que surjan otros. La
violencia inscrita en tal elección tiene que ser plenamente aceptada.
La brecha entre lo democrático como un hecho político predicado sobre
la presunción de la igualdad, por un lado, y el momento autocrático de la
intervención política, por otra parte, la suspensión de lo democrático
necesitamos ser apoyada radicalmente. Mientras que una política
democrática pluralista insiste en la diferencia, el desacuerdo, la apertura
radical y la exploración de múltiples futuros posibles, la intervención
especial – ecológica concreta implica necesariamente un cierre relativo,
una elección definitiva, una intervención singular y, por lo tanto, cierta
exclusión y, ocasionalmente, incluso un silenciamiento total.
Politizar los entornos democráticos, entonces, se convierte en una
cuestión de mejorar el contenido político democrático urbano de la
construcción socioambiental mediante la identificación de las estrategias
a través de las cuales se puede lograr una distribución más equitativa
del poder social y un modo más igualitario de producir la naturaleza
urbana. Las ecologías urbanas igualitarias tratan de exigir lo imposible y
la realización de lo improbable es precisamente el desafió que plantea el
Antropoceno. En suma, la politización del medo ambiente se basa en el
reconocimiento de la indeterminación de la naturaleza, la división
constitutiva del pueblo, la demanda democrática incondicional de
igualdad política y la posibilidad real de la inauguración de varios futuros
socio-ecológicos urbanos públicos y colectivos posibles que expresan las
presunciones democráticas de la libertad e igualdad.

También podría gustarte