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Toques y Sentimientos de Unión de Dios . Una Mística de La Sensibilidad en San Juan de La Cruz

Toques y sentimientos de unión de Dios». Una mística de la sensibilidad en san Juan de la Cruz M.ª Daniela Biló Repetto, ocds (Salamanca) Recibido el 25 de septiembre de 2020
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Toques y Sentimientos de Unión de Dios . Una Mística de La Sensibilidad en San Juan de La Cruz

Toques y sentimientos de unión de Dios». Una mística de la sensibilidad en san Juan de la Cruz M.ª Daniela Biló Repetto, ocds (Salamanca) Recibido el 25 de septiembre de 2020
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«Toques y sentimientos de unión de Dios».

Una mística de la sensibilidad


en san Juan de la Cruz

M.ª Daniela Biló Repetto, ocds


(Salamanca)

Recibido el 25 de septiembre de 2020


Aceptado el 5 de octubre de 2020

Resumen: Adentrarse en el mundo de los sentimientos de la doctrina san-


juanista es más para sentir, que para saber decir (S Pról. 1). Sin embargo, SJC
abunda en palabras, experiencia, discernimiento y pedagogía para una sensibi-
lidad integrada y madura tras el crisol teologal. Hondón de amor y hermosura,
deleite, dulzura y gozo de una sensibilidad al rojo vivo, que ya toca los umbrales
de la eternidad. Ese será el recorrido de la reflexión, que tiene como fundamen-
to, camino y término, vivir y prolongar en nuestra humanidad los sentimientos de
Cristo (Flp 2,23) hasta entrar en el corazón mismo de la Trinidad.
Palabras clave: : Juan de la Cruz, afectividad, sentido, pasiones, emociones,
virtudes, transformación, Cristo, imitación.

“Touches and feelings of union with God”. A Mysticism of


Sensitivity in Saint John of the Cross

Abstract: To enter the world of feelings in the doctrine of St. John of the
Cross is more about feeling than about knowing how to speak (S Prol., 1). None-
theless, SJC abounds in words, experience, discernment and pedagogy for an
integrated and mature sensitivity, beyond the theological. It is a deep well of
love and beauty, delight, sweetness and joy; a red-hot sensitivity which already
touches the threshold of eternity. That will be the journey of our reflection,
which has as its foundation, pathway and goal, living and expanding in our

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humanity the feelings of Christ (Phil 2,23), until we enter into the very heart of
the Trinity.
Key words: John of the Cross, affectivity, meaning, passions, emotions, vir-
tues, transformation, Christ, imitation.

Introducción
Hablar de emociones y sentimientos, dentro del contexto más
amplio de la sensibilidad y afectividad humanas, es un tema poli-
facético y tan actual como evocador en nuestro tiempo. En efecto,
en el último siglo se vienen ocupado de ellos varias disciplinas de
las ciencias humanas y sociales1. Pero en los estudios sanjuanistas
se advierte la escasez2. En general, la reflexión se ha centrado en la

1
Ya a finales del siglo xix, el psicólogo y filósofo francés advertía sobre la
importancia de la reflexión, la escasa bibliografía y la radicalidad interpretativa
que ceñía el origen de las emociones y sentimientos al intelecto o a la biología:
Théodule-Armand Ribot, La psicología de los sentimientos, trad. R. Rubio
(Madrid: Librerías: Fernando Fe y Victoriano Suárez, 1900), IV-VI. Pero será
a partir de los años setenta y ochenta del siglo xx cuando el estudio de las
emociones y los sentimientos se convierta en especial objeto de estudio para las
ciencias humanas y sociales. Desde la filosofía y la psicología, la antropología
y la sociología, la pedagogía, la neurociencia y la espiritualidad..., son inconta-
bles los autores, textos y enfoques existentes al respecto.
2
Algunos estudios, menos o más recientes, se han centrado en los estados
anímicos y en los sufrimientos de la noche pasiva del sentido, confrontándolos
con la depresión endógena y aclarando las diferencias. Veáse José Manuel
Martín Portales, «Noche y depresión. Sobre un estudio psicopatológico de
San Juan de la Cruz», en San Juan de la Cruz, 21 (1998), 65-91: 80-83. Ma-
ribel Rodríguez Fernández, «Noche oscura y depresión», en Revista de
Espiritualidad, 78 (2019), 85-115. Pero también se ha seguido el rastro de la
alegría y la felicidad en el conjunto doctrinal sanjuanista, o en una obra concre-
ta. Véase: Lucinio Ruano de la Iglesia, La alegría cristiana. Una clave de
iniciación en san Juan de la Cruz (Ávila: TAU, 1990). Ismael Bengoechea,
La felicidad en san Juan de la Cruz (Sevilla: Ed. Miriam, 1988). Juan Anto-
nio Marcos, «Un viaje en primavera por los paisajes de Cántico», en dir., F.
J. Sancho Fermín y R. Cuartas Londoño, Cántico espiritual. Actas del III Con­
greso Mundial Sanjuanista [Ávila, 2-8 de septiembre de 2019] (Burgos: Grupo
Fonte-Universidad de la Mística, 2020), 24-338.

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«TOQUES Y SENTIMIENTOS DE UNIÓN DE DIOS» 357

educación del sentido durante la primera etapa del desarrollo espi-


ritual, cuando está más «deshumanizado» y necesitado de purifi-
cación, hondura y calidad. Una dimensión ascética. Acompañada,
tantas veces, de una mirada devaluadora o negativa3.
Pero atravesando la noche purgativa la sensibilidad se humaniza,
se espiritualiza, y comienza a actuar con mayor calidad e intensidad
en etapas sucesivas. El sentido, transfigurado, actúa mucho más allí
donde menos se le nombra. Nos ha faltado hacer ese camino, tomar
el pulso de la sensibilidad en la múltiple manifestación de sus emo-
ciones, afectos y sentimientos, hasta pisar los umbrales de la vida
eterna: cuando «está él [Dios] allí de ordinario como dormido en
este abrazo con la Esposa, en la sustancia de su alma, al cual ella
muy bien siente y de ordinario goza. Porque si estuviese siempre en
ella recordado, comunicándose las noticias y los amores, ya sería
estar en gloria» (LB 4,15).
Queda abierta esta veta de la reflexión, pendiente de sistematiza-
ción y profundización. En el breve espacio que nos conceden estas
páginas, solo intentaré ordenar un manojo de ideas y evocaciones
que permitan vislumbrar la riqueza y belleza de una temática digna
de un estudio más profundo. Y de una traducción pastoral que acer-
que a las nuevas generaciones la mística de la sensibilidad de san
Juan de la Cruz.
Primero se enmarcará el tema dentro de los conceptos y el len-
guaje actual de algunas disciplinas. Luego los ubicaremos dentro
del propio esquema antropológico sanjuanista. El Santo es maestro
en la escucha de la sensibilidad y ha trazado el itinerario de su con-
versión, desarrollo y plenitud en la unión con Dios, tanto de forma
extensa, en las obras mayores, como de forma breve en sentencias y

3
Ya echaba en falta otra perspectiva el P. Federico Ruiz cuando advertía
sobre el peligro de quedar focalizados en el proceso doloroso que en Subida/
Noche conduce a la regeneración del sentido, e identificar «vida del sentido»
con la etapa de principiantes, devaluando injustamente la mediación y función
de la sensibilidad en todos los órdenes de la existencia y en todas las etapas del
camino. Cf. Federico Ruiz, Místico y Maestro. San Juan de la Cruz (Madrid:
EDE, 2006), 238-239.

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358 M.ª DANIELA BILÓ REPETTO

cartas. Aquí se abordará la síntesis de su pedagogía en el prólogo de


Subida y en la carta n.º 13. Veremos luego el itinerario de los sen-
timientos en el camino espiritual y concluiremos con el fundamen-
to, camino y término de la trasfiguración de la sensibilidad, que es
llegar a tener los sentimientos de Cristo (Fl 2,23), sentir con Cristo
hasta entrar en el corazón mismo de la Trinidad.

1. Marco conceptual general


Hoy se ha adquirido una mayor conciencia de la importancia y
del papel que juegan los sentimientos en nuestra vida personal y
social. Dada la pluralidad de significados que la palabra adquiere
en este momento, parece necesario diferenciar los sentimientos del
ámbito de la pura emotividad4. El sentimiento es una disposición
psíquica más elaborada que la emoción, se forma gradualmente y
se alarga en el tiempo (a diferencia de la emoción que se limita al
tiempo presente), comporta una participación más serena de la cor-

4
Para todos estos conceptos hay visiones tan afines como contrapuestas, y
un arco de flexibilidad interpretativa muy amplio. Afectos, sentimiento, emo-
ción o pasión, son términos que algunos autores distinguen con precisión, otros
los usan de manera intercambiable. Acusan esta diversidad diversos autores.
Véase: José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, 4 (Barcelona: Ariel,
S. A., 1994), 3241-3244; Vicente Mellado et al., «Las emociones en la en-
señanza de las ciencias», en Enseñanza de las Ciencias, 32.3 (2014), 11-36:
14-15. Entre los que articulan psicología y espiritualidad, remitimos a los tra-
bajos de A. Cencini y L. J. González. Este último en términos interpretativos
de la doctrina sanjuanista. Ambos iluminando el camino del discernimiento,
la formación, y el acompañamiento espiritual. Cf. Amedeo Cencini, ¿Hemos
perdido nuestros sentidos? En busca de la sensibilidad creyente (Santander: Sal
Terrae, 2014). Luis Jorge González, Psicología de los místicos. Desarrollo
humano en plenitud (México: Ediciones del Teresianum, 2001). Véase también:
Anselm Grün, La escuela de las emociones (Santander: Sal Terrae, 2014).
Id., Las emociones como fuente de energía. Caminos para sanar las heridas
del alma (Santander: Sal Terrae, 2019). Jorge Fazzari, Los doce sentimientos
principales (Bilbao: Ed. Mensajero, 2021). Rafael Pardo, Emociones, Espi­
ritualidad y Evangelio (Bilbao: Desclée de Brouwer, 2017). Manuel García
Hernández, Las pasiones que nos dominan. Padres del Oriente cristiano y
eneagrama (Bilbao: Desclée de Brouwer, 2019).

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«TOQUES Y SENTIMIENTOS DE UNIÓN DE DIOS» 359

poreidad y está en relación más estrecha con la voluntad y la razón,


todo lo cual hace a los sentimientos más específicamente humanos.
Sin embargo, los sentimientos están más condicionados cultu-
ralmente que las emociones. Es interesante constatar que cuando
un sentimiento llega a ser apreciado socialmente, puede incluso ser
tutelado jurídicamente, como, por ejemplo, el amor conyugal, el pu-
dor, el honor o la fe. Así que, a pesar de su intimidad y subjetividad,
los sentimientos se consideran factores irrenunciables de nuestra
personalidad5.
Los sentimientos proporcionan y revelan nuestra forma de estar
en el mundo: el mundo íntimo y personal, y también el mundo cul-
tural, social o político con el que se está comprometido. Configuran
la subjetividad y la intersubjetividad de la persona y son una reve-
lación de aquellos valores que aprecia, elige y guían su conducta6.
Desde una visión personalista, en la que la realización humana re-
quiere la integración de todos los dinamismos (corporeidad, afecti-
vidad, racionalidad y sensibilidad), la libertad humana juega un pa-
pel fundamental, porque «no le basta abarcar la voluntad y la razón,
sino que también debe influir y modificar la configuración de los
sentimientos. Esta es la tarea de la formación del hombre bueno»7.
Para la antropología social, los sentimientos y las emociones no
son simples fenómenos fisiológicos o psicológicos, reacciones libra-
das al azar o a la iniciativa personal, sino que participan del sistema
de sentidos y valores de un grupo social, están arraigados en una
cultura afectiva y se expresan en un lenguaje corporal que compren-
den quienes comparten esa misma raíz social8.

5
Giovanni Chimirri, «Sentimenti», en Enciclopedia di Bioetica e Sessuo­
logia, dir. G. Russo (Leumann [Torino]: Ed. Elledici, 2004), 1586-1590.
6
Cf. Gianni Colzani, «Sentimientos», en Diccionario de Mística, dir. L.
Borriello et al. (Madrid: San Pablo, 2002), 1594-1597.
7
Antonio Esquivias, «Sentimiento», en Diccionario de pensamiento con­
temporáneo, dri. M. Moreno Villa (Madrid: San Pablo, 1997), 1080-1086: 1083.
8
Cf. David Le Bretón, Las pasiones ordinarias. Antropología de las
emociones (Buenos Aires: Nueva Visión, 1999), 9-13.

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360 M.ª DANIELA BILÓ REPETTO

Para la neurociencia, comprender la neurobiología de emociones


y sentimientos es fundamental para saber quiénes somos, comprender
la íntima relación mente-cuerpo, y contribuir al eficaz tratamiento de
algunas causas del sufrimiento humano: «Los sentimientos pueden
ser [...] revelaciones del estado de la vida en el seno del organismo
entero [...]. Si hay algo en nuestra existencia que pueda ser revelador
de nuestra pequeñez y grandeza simultáneas, son los sentimientos»9.
Para el sacerdote y teólogo, la distinción se establece entre sen-
saciones, emociones y sentimientos. Si las sensaciones tienen un im-
pacto físico, corpóreo, las emociones (lejos de ser simple fruto de
reacciones y equilibrios químicos) «son algo más elaborado y cons­
ciente, más propiamente humano», transparentan la interioridad y se
manifiestan también como fruto de elecciones libres que van cons-
truyendo la personalidad, van entretejiendo el camino y la identidad
del creyente que se reconoce hijo en el Hijo y amado del Padre «re-
chazando otros itinerarios vacíos e ilusorios, seductores y traidores.
La emoción marca de hecho el nacimiento del cristiano. Es decir, no
hay cristiano sin esas lágrimas de alegría»10.
Llega incluso a preguntarse si es posible una fe sin emoción,
puesto que la fe es sensibilidad creyente. O en qué se convierte la
oración sin la emoción sino en rutina o práctica fría de piedad. Pero
si es cierto que es imposible para el ser humano carecer de emocio-
nes, sí es necesario hacer un camino de formación: «No cometas el
error de banalizar las emociones o de sufrirlas simplemente, de no
someterlas a discernimiento y formación [...]. Cada elección que ha-
ces respecto a ellas, desde darles un nombre hasta discernir su bon-
dad, tendrá una repercusión en tu vida. Esa chispa que es la emoción
puede encender la vida, pero también procesos de muerte»11.
Como vemos, la sensibilidad humana, lejos de ser algo secundario,
subjetivo o poco fiable, es esa fuente de energía que mueve e impregna

9
Antonio Damasio, En busca de Spinosa. Neurobiología de la emoción y
los sentimientos (Barcelona: Crítica, 2005), 13.
10
Amedeo Cencini, Desde la aurora te busco. Evangelizar la sensibilidad
para aprender a discernir (Santander: Sal Terrae, 2020), 83-89.
11
Ibíd., 97-98.

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«TOQUES Y SENTIMIENTOS DE UNIÓN DE DIOS» 361

toda la vida e influye en nuestras decisiones vitales y cotidianas. Nues-


tra sensibilidad es un don y una responsabilidad. Única e irrepetible en
cada persona, se educa y se orienta para la plenitud de la vida teologal.
Esto es lo que se propuso en su tiempo y a su modo san Juan de la
Cruz. Fundamentar una pedagogía que eduque y reoriente todas las
energías, facultades y capacidades humanas en una sola dirección:
la vocación del hombre a la unión con Dios. Una ascética necesaria,
pero sobre todo una mística de la sensibilidad humana, una sensi-
bilidad transfigurada que es capaz de gozar ya, en la temporalidad,
«en cierto sentimiento y barrunto de Dios» (2N 11,1), de la unión de
amor «en temples y deleites divinos» (1N 4,2; LB 1,3-4).

2. Las «dos casas del alma» (2N 24,3) de la antropología


sanjuanista
Compuesto humano «estratificado», pero concepción unitaria de
la persona. Antropología de plenitud, en la que todos los componen-
tes de esta compleja «urdimbre de espíritu y carne» (LA 1,25), que
es el ser humano, se armonizan y potencian alcanzando el máximo
de su capacidad. Esta visión sanjuanista nos permite actualizar el
mensaje a través del tiempo sin traicionar la sustancia de su expe-
riencia y doctrina12. Pero, como bien advierte E. Pacho, sin preten-
der «vestirlo a la moda», según nuestros propios intereses13.
Esta compleja realidad de la persona, unitaria en la pluralidad
de facultades y operaciones, es simbolizada por el Santo a través de
imágenes como la montiña (cf. CB 16,10-11), la ciudad y sus arra­
bales (cf. CB 18,7-8). O expresiones metafóricas como la fortaleza
del alma (Cf. 3S 16, 1-2) o el caudal del alma (cf. CB 24,4) que hay
que guardar entero para Dios para llegar a la unión de amor, cum-
pliendo así el mandamiento de Dt 6,5: «Amarás a Yahveh tu Dios
con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza».

12
Cf. Eulogio Pacho, San Juan de la Cruz. Temas fundamentales-1 (Bur-
gos: Monte Carmelo, 1984), 143.
13
Cf. ID., «Introducción general» en San Juan de la Cruz, Obras Com­
pletas, 9º ed. (Burgos: Monte Carmelo, 2017), 27.

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362 M.ª DANIELA BILÓ REPETTO

De manera esquemática, sin olvidar que SJC reconoce los lími-


tes del lenguaje (cf. LB 1,10) y no se encasilla en una sola enuncia-
ción, los niveles o dimensiones fundamentales que contempla en la
estructura humana son dos: «la porción inferior, que es la sensitiva
del hombre», y «la porción superior, que es la racional, las cuales
dos porciones son en que se encierra toda la armonía de las poten-
cias y sentidos del hombre» (CB 16,10). Se trata del básico binomio
sentido/espíritu o su equivalente cuerpo/alma, que es como el qui-
cio o gozne que articula toda la antropología sanjuanista14.
A diferencia de 3S 16,1-2 o CB 24,4, a veces se refiere a estas
dos porciones del alma de forma más sintética: «la parte sensitiva y
la espiritual, con sus sentidos, potencias y pasiones», o «dos partes
sensitiva y espiritual, con todas sus potencias y apetitos» (2N 24,2).
Y también: «estas dos casas del alma [...] con todos sus domésticos
de potencias y apetitos» (ibíd., 3). Sin olvidar nunca que el hombre
es una unidad, un compuesto armónico (cf. CB 16,10; CA 31,5),
que hay interdependencia e interacción entre alma y cuerpo «por la

De manera esquemática: 1) La porción inferior, el cuerpo o dimensión


14

corpórea y sensitiva, con sus cinco sentidos externos (ver, oír, tocar, gustar
y oler) y sus cinco sentidos corporales internos (o potencias interiores): la
imaginación/imaginativa, la fantasía y la memoria. Y sus pasiones naturales o
afecciones: gozo, esperanza, dolor y temor, de donde nacen los apetitos. 2) La
porción superior, el alma, el espíritu, o la dimensión racional-espiritual, con
sus tres potencias: entendimiento, memoria y voluntad. Y la sustancia, fondo
o centro del alma. El hondón, lo más profundo del ser, por contraposición a
facultades, sentidos o potencias. Véase con más detalle en: Federico Ruiz,
Místico y Maestro, 204-208; Eulogio Pacho, San Juan de la Cruz. Temas
fundamentales-1, 143-155; Id., «La antropología sanjuanística», en Estudios
sanjuanistas, II (Burgos: Monte Carmelo, 1997), 43-86; Id., «El hombre, alea-
ción de espíritu y materia. «Urdimbre de espíritu y carne» (Ll 1,25)», en Ibíd.,
87-105; Miroslaw Kiwaka, «Las estructuras básicas del ser humano en el
pensamiento de San Juan de la Cruz», en San Juan de la Cruz, 33 (2004),
5-78; Luis Jorge González, Psicología de los místicos. Desarrollo humano
en plenitud (México: Ed. del Teresianum: 2001), 57-91; José Damián Gai-
tán, «“Estando ya mi casa sosegada”. Enseñanzas de san Juan de la Cruz
sobre la “carne” y el “cuerpo” en el camino espiritual», en Revista de Espiri­
tualidad, 70 (2011), 369-396.

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«TOQUES Y SENTIMIENTOS DE UNIÓN DE DIOS» 363

unidad que tienen en un supuesto» (CB 13,4), y que lo que se obra


en la «parte inferior ordinariamente se siente en la otra interior»
(CB18,7). Los apetitos se refuerzan o se debilitan a una; un vicio
hace crecer los otros; las virtudes crecen o decrecen en el ejerci-
cio de una sola (cf. 1S 12,5; CB 31,4); las pasiones se condicionan
mutuamente (cf. 3S 16,5), las potencias (memoria, entendimiento y
voluntad) se purifican cada una por sí pero también de forma simul-
tánea, «pues las operaciones de las unas dependen de las otras» (3S
1,1). Y así, al final del proceso: «estas dos casas del alma se acaban
de sosegar y fortalecer en uno con todos sus domésticos de poten-
cias y apetitos» (2N 24,3).

2.1. Los sentimientos espirituales


Dentro de todo este complejo humano, en términos lingüísticos,
encontramos el término sentimiento un total de 118 veces con di-
versos significados y atribuciones. Un primer sentido es equivalente
a sufrimiento, aflicción, pena o padecimiento15. Es un sentido más
bien reducido y acotado. Una segunda significación, con múltiples
relaciones, se asocia a los términos sentir (621 veces), sensible (83),
sensitivo (205), sentido (647) y sensualidad (47)16.
Como veremos más adelante, el tema y su riqueza desborda la
simple enunciación. Ahora solo nos detenemos en los sentimientos
espirituales, a los que SJC dedica una mención especial. En el tra-
tamiento de las facultades o potencias del alma, el Santo los vincula
a las noticias y aprehensiones del entendimiento (2S 10; 2S 23,1-
3), aunque luego anuncia que tratará de ellos cuando hable de la
purificación de la voluntad por la caridad, porque, «en cuanto son

15
Esta primera significación se encuentra recogida en las Concordancias
con este amplio campo semántico: aflicción, angustia, aprieto, desconsuelo, des­
hacimiento, dolencia, dolor, enfermedad, herida, pena, penalidad, pesadumbre,
sequedad, sinsabor, tormento, tribulación y tristeza. Cf. Juan Luis Astigarra-
ga, Agustí Borrell y F. Javier Martín de Lucas, ed., Concordancias de los
escritos de San Juan de la Cruz (Roma: Teresianum, 1990), 1687-1689.
16
Cf. Luis Aróstegui, «Experiencia mística», en Diccionario de San
Juan de la Cruz, dir. E. Pacho (Burgos: Monte Carmelo, 2000), 591-612.

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364 M.ª DANIELA BILÓ REPETTO

sentimientos solamente, no pertenecen al entendimiento, sino a la


voluntad» (2S 32,3). Reduciendo todo a esquema, resulta más fácil
de visualizar el lugar que ocupan en el diseño sanjuanista:
por vía natural. Todo lo que el entendimiento puede entender:
— Por los sentidos corporales
— Por sí mismo
por vía sobrenatural. Todo lo que recibe el entendimiento más
allá de su capacidad y habilidad natural. Pueden ser de dos maneras:

NOTICIAS — Corporales – Por medio de los sentidos corporales exteriores


E INTELIGENCIAS – Por medio de los sentidos corporales interiores
DEL (imaginación)
ENTENDIMIENTO
(2S 10,2-4 y 2S 32,2) — Espirituales – Distintas – Visiones
y particulares – Revelaciones
– Confusa, oscura – Locuciones
y general – Sentimientos
(contemplación Espirituales:
que se da en fe) - En el afecto
de la voluntad
- En la sustancia
del alma (2S 32,2)

Las aprehensiones puramente espirituales, porque en ellas no in-


tervienen los sentidos, las recibe el entendimiento pasivamente. En
un sentido propio y específico, a lo que el entendimiento recibe a
modo de ver se llama «visión»; a lo que recibe captando y compren-
diendo cosas nuevas, se llama «revelación», a lo que recibe a modo
de audición, se llama «locución», y:
«a lo que recibe a modo de los demás sentidos, como es la inteligencia
de suave olor, y de sabor espiritual, y deleite espiritual que el alma puede
gustar sobrenaturalmente, llamamos sentimientos espirituales. De todo lo
cual él saca inteligencia o visión espiritual, sin aprehensión alguna de
forma, imagen o figura de imaginación o fantasía natural, sino que inme-
diatamente estas cosas se comunican al alma por obra sobrenatural y por
medio sobrenatural» (2S 23,3).

Llegamos finalmente a 2S 32, capítulo dedicado todo él a los


sentimientos espirituales interiores que el alma recibe de forma so-
brenatural. Estos pueden ser:

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«TOQUES Y SENTIMIENTOS DE UNIÓN DE DIOS» 365

1. Sentimientos en el afecto de la voluntad, muy subidos.


2. Sentimientos en la sustancia del alma, altísimos y de gran
provecho. No se puede entender la causa de donde proceden,
porque no dependen de las consideraciones ni de las obras de
la persona, que apenas llegan a «buenas disposiciones». Dios
lo da a quien quiere y cuando quiere, generalmente cuando el
alma no está precisamente ocupada en cosas del espíritu. Los
«toques de Dios», que causan los sentimientos y juntamente
la noticia o inteligencia en el entendimiento, pueden ser «re-
pentinos» o «durables y sucesivos». Y la noticia, más o menos
clara y subida, «suele ser un subidísimo sentir de Dios y sabro-
sísimo en el entendimiento; al cual no se puede poner nombre
tampoco, como al sentimiento de donde redunda» (2S 32,3).
La pedagogía sanjuanista, como viene haciendo a lo largo de
todo el itinerario de purgación activa del sentido y del espíritu, se
orienta a guiar al orante para que estas gracias sobrenaturales no
impidan la unión con Dios: aconseja no entrometer la capacidad na-
tural, sino estar frente a ellas, en ellas, pasivamente, así como pasi-
vamente se reciben sin haber hecho nada. No hay que procurarlas y
ni siquiera tener ganas de admitirlas, para salir al paso del mecanis-
mo propio de entendimiento que puede ir, por su cuenta, formando
otras noticias. Se requiere pasividad, resignación y humildad «por-
que Dios las comunicará cuando él fuere servido viéndola humilde
y desapropiada. Y de esta manera no impedirá en sí el provecho que
estas noticias hacen para la divina unión, [que es grande, porque
todos estos son toques de unión], la cual pasivamente se hace en el
alma» (2S 32,4).
Los sentimientos espirituales, inseparablemente unidos a la no-
ticia o inteligencia sobrenatural17, a esos «toques» de Dios en la
sustancia del alma, son ya una manifestación de esa sensibilidad
humana renacida y transfigurada, por medio y en medio de la cual
se realiza la unión de Dios con el alma.

17
Cf. CB 14,12-13: el toque de las virtudes de Dios en la sustancia del
alma, con «sentimiento de deleite e inteligencia».

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366 M.ª DANIELA BILÓ REPETTO

3. Diagnóstico de la sensibilidad y trazos de una pedagogía


Podemos descubrir el papel fundamental que las pasiones, emo-
ciones y sentimientos tienen en la experiencia humana y espiritual
ya desde el prólogo de Subida, la obra más ascética de su tratamien-
to. Y recuperar los trazos esenciales de una pedagogía que educa
para la escucha y el discernimiento. Una pedagogía que es toda una
reivindicación de la sensibilidad para el camino espiritual.

3.1. A la escucha de la sensibilidad


Comienza el Santo con una advertencia: para llegar a la «divina
luz de la unión perfecta del amor de Dios» hay que atravesar una
noche oscura en trabajos, tribulaciones y profundas tinieblas, tem-
porales y espirituales. Y para hablar de ello no hay ciencia ni expe-
riencia que lo declare como es, «solo el que por ello pasa lo sabrá
sentir, mas no decir» (Pról. 1). Este tránsito y este proceso se define
ya, no solo a través de imágenes sensoriales, como la de la noche
y las tinieblas, sino como una experiencia de Dios atravesada por
emociones y sentimientos fortísimos que «la dicen» y la testimonian
mejor que la palabra y el mismo entendimiento. Hay ya aquí una
clave de interpretación y de discernimiento para el creyente y para
quien le guía que, sí o sí, tienen que aprender a leer sus emociones
y sentimientos en clave de fe. En una antropología unitaria, como la
del Santo, sin sentidos, sensibilidad y sentimientos no solo no hay
persona, tampoco hay experiencia de Dios (cf. 2S 17,3-5).
Se ayudará, dice luego, en parte o de algún modo de la experiencia
y de la ciencia, pero sobre todo de la Sagrada Escritura, dentro del
sentir y la tradición eclesial, en la que, hablando el Espíritu Santo, no
se puede errar (cf. Pról., 2). Se trata del lenguaje de la Revelación, que
está atravesado de emociones y sentimientos humanos que revelan a
su vez el ser y «sentir» de Dios sobre el hombre, el mundo creado
y la historia de salvación. Todas las obras de Juan de la Cruz son,
como sabemos, un entramado admirable de citas bíblicas que pondrán
palabra a la experiencia contrastada con la Escritura y la Tradición.
Resulta todavía más determinante: el lenguaje de los sentimientos y
las emociones es el lenguaje de la Revelación y de la experiencia de

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«TOQUES Y SENTIMIENTOS DE UNIÓN DE DIOS» 367

Dios18. «El discurso de la sensibilidad humana remite [...] al rostro


del Eterno, a aquel a quien nadie ha visto, pero que se revela en el ser
humano creado a su imagen y semejanza. Y, por tanto, con una sen-
sibilidad semejante a la suya, que debe ser reconducida a su verdad
originaria o evangelizada. ¡He aquí un gran misterio!»19.
Pero este lenguaje y pedagogía divina hay que saberlos inter-
pretar, y hay que aprender a dejarse llevar por la amorosa mano de
Dios. En cambio algunos, «por su indiscreto obrar o repugnar, he-
chas semejantes a los niños que, queriendo sus madres llevarlos en
brazos, ellos van pateando y llorando, porfiando por se ir ellos por
su pie, para que no se pueda andar nada, y, si se anduviere, sea al
paso del niño» (Pról., 3).
Aparece ya aquí una primera descripción del principiante, tam-
bién a base de emociones y sentimientos que reflejan una actitud de
resistencia y empecinamiento caprichoso al obrar de Dios, como
niños malcriados. Y que van a justificar la doctrina y el camino más
cierto y rápido que Juan de la Cruz quiere enseñar en una doble di-
rección: discípulo y maestro espiritual.
En este camino de oscura y seca luz de contemplación, el co-
nocimiento de las propias miserias y pecados sume a la perso-
na en sentimientos de indignidad, abandono y culpabilidad. Si al
sentimiento de ir perdido en el camino de Dios, con «oscuridad y
trabajos, aprietos y tentaciones», se le suma un mal diagnóstico y
culpabilización por parte del acompañante, puede malograrse la ma-
ravillosa obra del Espíritu en el alma (cf. Pról.,4; LB 3,42-58).
Pueden darse, al menos, tres situaciones que habrá que discer-
nir: «si aquella es la purgación del alma» (noche oscura de con-
templación); si se trata de un retroceso, por carecer de los gustos
o consuelos de los comienzos (cf. Pról., 5); o si es verdaderamente

18
«La Escritura está en relación con la experiencia, es el primer mapa y
brújula con la que el místico interpreta y se orienta en el bosque de sentimien-
tos y vivencias que trata de transmitir», Gabriel Castro, «Escritura Sagrada»,
en Diccionario de San Juan de la Cruz, 427-544: 532.
19
Amedeo Cencini, Desde la aurora te busco, 23.

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368 M.ª DANIELA BILÓ REPETTO

«melancolía u otra imperfección» (6). Hay que evitar que la persona


se fatigue buscando lo que no aprovecha ni da fruto, o que se enrede
en los regalos y gustos que Dios le da sin poder pasar adelante:
«Y otras muchas cosas que en este camino acaecen a los seguidores
de él, de gozos, penas y esperanzas y dolores: unos que proceden de espí-
ritu de perfección, otros de imperfección. De todo, con el favor divino,
procuraremos decir algo, para que cada alma que esto leyere, en alguna
manera eche de ver el camino que lleva y el que le conviene llevar, si pre-
tende llegar a la cumbre de este monte» (7).

Queda claro, pues, el programa: discernir, gracias a las voces y


registros de la propia sensibilidad, el camino por el que Dios lleva a
cada uno a la unión de amor. No hay diagnóstico que no pase nece-
sariamente por una lectura de lo que las emociones y sentimientos
humanos revelan de la persona y de la gracia de Dios en ella.

3.2. Una pedagogía para el «amor, deleite y renovación


espiritual» (3S 14,2)
La carta de san Juan de la Cruz a un religioso carmelita des-
calzo20 es una preciosa síntesis de la pedagogía que ha trazado en
Subida. Toda una reeducación de la sensibilidad y afectividad hu-
manas que comienza por salvar la trascendencia divina, afirmar la
impotencia de las facultades humanas para aprehender a Dios como
Él es, dar la primacía al amor en la vida teologal y clarificar el papel
mediador y subordinado de las pasiones, sentimientos, gustos y ape-
titos. Sobre todos ellos habrá que subir, como si de una escalera se
tratara, a la unión con Dios en fe y en amor.

a) El papel de las pasiones o emociones humanas


Frente a otros esquemas e interpretaciones, el Catecismo de la
Iglesia Católica habla de pasiones, sentimientos, emociones e im-
pulsos en sentido amplio e inclusivo, sin distinciones:
«El término «pasiones» pertenece al patrimonio del pensamiento cris-
tiano. Los sentimientos o pasiones designan las emociones o impulsos de la

20
Cta 13. En Segovia, 14 abril 1589.

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«TOQUES Y SENTIMIENTOS DE UNIÓN DE DIOS» 369

sensibilidad que inclinan a obrar o a no obrar en razón de lo que es sentido


o imaginado como bueno o como malo. Las pasiones son componentes
naturales del psiquismo humano, constituyen el lugar de paso y aseguran
el vínculo entre la vida sensible y la vida del espíritu» (n.º 1763-1764).

De esta visión se hace eco el papa Francisco en Amoris laetitia21,


cuando afirma la importancia de la pasión y de los sentimientos que
construyen la relación y la vida sana de la familia. En uno u otro
documento, queda siempre claro su papel mediador e insustituible,
y también su neutralidad moral. Será siempre la razón y la voluntad
recta quien ordene «al bien y a la bienaventuranza los movimientos
sensibles que asume» (CEC 1768). Las emociones y sentimientos
son asumidos y transfigurados por las virtudes, o pervertidos y des-
humanizados en los vicios.
También el psicólogo y teólogo carmelita L. J. González habla
de pasiones y emociones de forma equivalente. Las emociones son
la resonancia interior de la satisfacción o no de los apetitos 22. En
cambio, para A. Cencini, en la sensibilidad hay un encadenamiento
y progresión de los sentidos a la sensación, de ella a la emoción y
de la emoción al sentimiento, que es ya una elección consciente, un
estado emocional estable y coherente con el ser creyente, y que se
traduce siempre en una acción, de lo contrario sería pura veleidad.
Pero a toda esta cadena añade el autor un eslabón más: los afectos
como pasiones de la vida. Otro salto cualitativo en la maduración de
la sensibilidad. Se va haciendo cada vez más personal, consciente y
libre el proceso emocional: «los afectos son particularmente ricos
en energía, y pueden resistir y persistir aun cuando las sensaciones,
emociones y sentimientos vayan en sentido contrario»23.
En el esquema sanjuanista encontramos cuatro pasiones funda-
mentales: gozo, esperanza, dolor y temor24. Pueden considerarse

21
Cf. AL 143-145.
22
Cf. Psicología de los místicos, 67.
23
Desde la aurora te busco, 129. En esta misma línea reflexiona Jorge Fa-
zzari, Los doce sentimientos principales, 137-138.
24
Cf 1S 13,5; 3S 16,2; 1N 13,15; CB 20-21,4.9; 26,19; 28,4; 40,3; LB 3,47.

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370 M.ª DANIELA BILÓ REPETTO

«como movimientos, emociones, suscitados por el apetito sensiti-


vo y las potencias superiores del hombre»25 que, ordenados a Dios,
constituyen la riqueza y fortaleza del alma. Pero estamos heridos y
lastrados por el pecado. Viciado el apetecer y paralizada la voluntad
en su genuina dirección, habrá que reeducar y reorientar la energía
de las pasiones humanas en Dios. Porque si los sentimientos, por el
contrario, asumen el protagonismo principal, las pasiones tiranizan y
esclavizan al alma, dejándola vacía, paralizada, inquieta y alterada.
Porque solo por el amor puede el alma unirse con Dios, se hace
imprescindible vaciarse de todo afecto desordenado del apetito y del
gusto de todo lo que se pueda gozar: de arriba y de abajo, espiritual
y temporal, «para que, purgada y limpia [...] toda ella con sus afec­
tos se emplee en amar a Dios». Y aquí establece SJC una importante
distinción entre operación y sentimiento de la voluntad:
«Ninguno de los sentimientos sabrosos puede ser medio proporciona-
do para que la voluntad se una con Dios, sino la operación de la voluntad
porque es muy distinta la operación de la voluntad de su sentimiento: por
la operación se une con Dios y se termina en él, que es amor, y no por el
sentimiento y aprehensión de su apetito, que se asienta en el alma como
fin y remate. Solo pueden servir los sentimientos de motivos para amar,
si la voluntad quiere pasar adelante, y no más; y así, los sentimientos
sabrosos de suyo no encaminan al alma a Dios, antes la hacen asentar en
sí mismos; pero la operación de la voluntad, que es amar a Dios, solo en
él pone el alma su aficción, gozo, gusto y contento y amor, dejadas atrás
todas las cosas y amándole sobre todas ellas» (Cta 13,3).

Si construyéramos una tabla comparativa, podríamos ver nue-


vamente reflejada la contraposición sanjuanista Nada (sentimientos
sabrosos, gustos, gozos y apetitos desordenados) y Todo (el amor,
operación de la voluntad, virtud teologal) del Monte de Perfección.
Hacer del sentimiento «fin y término», y no mediación, convierte
en «viciosa» la obra de la voluntad. El amor es una decisión y un
acto de la voluntad que se ayuda de los sentimientos para avanzar en
una entrega incondicional, por encima de todas las cosas que pueda
entender, esperar o gustar, «amando a lo cierto y de veras al gusto de

25
Miroslaw Kiwka, «Las estructuras básicas...», 31.

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«TOQUES Y SENTIMIENTOS DE UNIÓN DE DIOS» 371

la fe», con toda la fuerza de su voluntad, «fundada en vacío de fe y


caridad».
Recordemos que «la propiedad del amor es igualar al que ama
con la cosa amada» (CB 28,1), es «quererse unir y juntar e igualar
y asimilar a la cosa amada, para perfeccionarse en el bien de amor»
(2N 13,9; cf. CB 12,7). La voluntad es esa inclinación, fuerza y mo-
vimiento por el que la persona sale de sí misma por amor. Y ese
amor va obrando paulatinamente la semejanza y la unión. Así como
el ejercicio de desnudarse y vaciarse «de apetito en todo gusto par-
ticular, así de arriba como de abajo», es para «llegar a la suavidad y
deleite de la divina unión», y para que pueda «abrazar» y «sentir los
dulces y amorosos abrazos de Dios», henchida y llena «de su amor
y dulzura», con «hambre y sed de solo Dios». Y así encaminarse a la
unión con Dios gozando «de grande paz en su alma»26.

b) Pasiones y virtudes teologales


Si la natural armonía del compuesto humano se ha convertido
en desorden en el plano moral y espiritual a causa del pecado (cf.
1S 15,1), la gracia de Dios redime y restituye en la naturaleza huma-
na toda la fuerza y energía de las pasiones. En la medida que las vir-
tudes teologales ayuden a las facultades humanas a trascender el nivel
del sentido, su límite natural y el extravío de sus operaciones, en la
misma medida las pasiones, emociones y sentimientos se concentran
en Dios y se «divinizan». Porque «la sensibilidad solo se espiritualiza
y remodela con la purificación y el ejercicio de la vida teologal»27.
Cabe destacar que el Santo describe este proceso con verbos que
resuenan en nuestros oídos con mucha dureza: mortificar (1S 13,5; 2N
15,1), aniquilar (2N 4,2; 8,2), apagar (2N 14,1; CB 22,8), sujetar (CB
40,1), cesar (CB 20,10), rienda y freno (3S 5,1; 1N 13,3), etc. Pero
frecuentemente olvidamos que otra tanta cantidad de veces se expresa
de forma positiva: se trata de sosegar (1N 13,15; CB 20,10), componer
(CB 40,1), ordenar (CB 40,4), poner en razón (3S 16,2; CB 20,4),

26
Cf. Cta 7. A las carmelitas descalzas de Beas. Málaga, 18 noviembre 1586.
27
Federico Ruiz, Místico y Maestro, 218.

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372 M.ª DANIELA BILÓ REPETTO

enderezar (3S 16,2) toda la sensibilidad a Dios28. Porque hasta que «el
alma tiene ordenadas sus cuatro pasiones a Dios y tiene mortificados y
purgados los apetitos, no está capaz de ver a Dios» (CB 40,4).
Pero no se trata de una lucha «contra» las pasiones, emociones
y sentimientos29. Es toda una pedagogía a favor de su enorme po-
tencial y energía para la unión de amor porque somos imagen y se-
mejanza de Dios, con unas capacidades humanas que la gracia hace
partícipe ya de la misma sensibilidad de la Trinidad.
Realizada esta tarea al soplo del Espíritu y de la infusión oscura
de las virtudes teologales, el alma sale del mísero estado de cautive-
rio a la libertad de los hijos de Dios, liberada felizmente de la casa
de la sensualidad (2N 14, 3), toda renovada, purificada y devuelta a
la pureza e inocencia del «estado de Adán» (2N 24,1), trasformadas
las potencias (cf. 2N 4,2), los apetitos y las afecciones «todos mu-
dados y vueltos según Dios divinamente». Es ya «alma del cielo,
celestial, y más divina que humana» (2N 13,11; cf. 3S 26,3).
Las cuatro pasiones o emociones básicas, también llamadas afi­
ciones y afecciones, son simbolizadas por el Santo en Cántico por
las aguas, aires, ardores y miedos de las noches veladores (cf. CB
20-21,9). Allí vemos el resultado de esta divina transformación.
— Es tanto lo que el alma «ordinariamente goza» que se dice de
ella que lleva en su interior una fuente (Jn 4,14) de gozo que
salta hasta la vida eterna (11).
— Los deseos de la esperanza, concentrados en Dios se satisfa-
cen, «pues se ve y siente llena de las riquezas de Dios; y así,

28
Véase el estudio lingüístico de José Damián Gaitán, Negación y pleni­
tud en San Juan de la Cruz (Madrid: EDE, 1995) 49-102. Y también el análisis
de Miguel F. de Haro Iglesias, «Pasiones» en: Diccionario de San Juan de
la Cruz, 1136-1144: 1140.
29
«Una lectura equivocada en este aspecto o una interpretación maniquea,
como si para Juan de la Cruz las pasiones fuesen malas y hubiera que exterminar-
las y arrasarlas, una lectura así distorsionada y distorsionante no tiene perdón de
Dios», José Vicente Rodríguez, «San Juan de la Cruz: su defensa de la razón
y de las virtudes humanas», en Antropología de San Juan de la Cruz, 37-60:56.

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«TOQUES Y SENTIMIENTOS DE UNIÓN DE DIOS» 373

en el vivir y en el morir está conforme y ajustada con la vo-


luntad de Dios, [...] sin ímpetu de otra gana y apetito» (11).
— El dolor ya no lo siente, «porque es la grandeza y estabilidad
del alma tan grande en este estado, que, si antes le llegaban
al alma las aguas del dolor de cualquiera cosa, y aun de los
pecados suyos o ajenos [...], aunque los estima, no le hacen
dolor ni sentimiento; y la compasión, esto es, el sentimiento
de ella, no le tiene, aunque tiene las obras y perfección de
ella». (10; cf. CB26,5; 29,11).
— Y el temor es ya temor perfecto de hijo, temor amoroso
(CB 26,3; 31,5 y 32,2; 1N 2,8), «santo temor que conser-
va y aumenta las virtudes» (1N 13,12), puramente teologal.
Sin miedo alguno a cosa del mundo, ni a la muerte, ni a las
insidias del demonio, «estando ya tan clara y tan fuerte y re-
posando tan de asiento en Dios», que «ninguna cosa la puede
ya llegar ni molestar, habiéndose ya ella entrado de todas las
cosas en su Dios, donde de toda paz goza, de toda suavidad
gusta y en todo deleite se deleita, según sufre la condición y
estado de esta vida» (ib., 15).
Todo se ha integrado y armonizado, potenciando el amor, la vi-
talidad, el gozo y la paz. No encontramos allí una persona pobre en
sentimientos, sino una persona viva, entera, con «todas sus emocio-
nes reunidas»30. Alcanzada esta unidad, la persona «tiende hacia un
único objetivo, que fascina no solo a la razón, sino también al cora-
zón, y no es buscado solo por el pensamiento de la mente, sino tam-
bién por las emociones y sentimientos o por la sensibilidad entera»31.

4. Itinerario de los sentimientos


Hay que recuperar la unidad quebrada por el pecado, reconstruir
la armonía natural con la que salió la criatura de manos de su Crea-
dor (cf. 1S 9,1.3; 2S 5,6; CB 18,1). No puede el pecado anular el

30
Ibídem, 20.
31
Amedeo Cencini, Desde la aurora te busco, 124.

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374 M.ª DANIELA BILÓ REPETTO

don de la gracia divina (cf. Rm 5,20). Siguen intactas la filiación,


la vocación del hombre a la unión con Dios, la prodigalidad de su
misericordia con aquellos que le buscan, y «si todavía el alma fuere
fiel y retirada, no parará el Señor hasta subirla de grado en grado
hasta la divina unión y transformación» (2S 11,9). Y lo hará gra-
dualmente, respetando su naturaleza y perfeccionándola (cf. 3S 2,7),
yendo a su paso (cf. 2S 11,9; CB 23,6) e impregnando poco a poco
todos los «estratos» de su naturaleza. Con un doble movimiento: de
lo más bajo a lo más alto, y de lo más exterior a lo más íntimo, hasta
llegar a la sustancia del alma (cf. 2S 17,3).
En los comienzos de la vida espiritual, habrá que aprender que
la unión con Dios no consiste «en recreaciones y gustos y senti-
mientos espirituales» (2S 7,11), y que para que la voluntad pueda
«sentir y gustar por unión de amor esta divina afección y deleite» es
preciso que antes sea «purgada y aniquilada en todas sus afecciones
y sentimientos» (2N 9,3). Extrañamente, en esa desnudez y vacío se
infunden y actúan misteriosamente las virtudes teologales. «Y así,
acaecerá que ande el alma inflamada y con ansias de amor de Dios
muy puro, sin saber de dónde le vienen ni qué fundamento tuvie-
ron» (2S 24,8). Y otras veces ni lo sentirá ni lo entenderá, «porque
no tiene este amor su asiento en el sentido con ternura, sino en el
alma, con fortaleza y más ánimo y osadía que antes». Por todo esto,
«[para llegar a] aquel amor, alegría y gozo», tendrá que quedarse a
oscuras y vacía de todo, ejercitándose en esta mortificación con for-
taleza y amor, «y fundar aquel amor y gozo en lo que no ve ni siente
ni puede ver ni sentir en esta vida, que es Dios, el cual es incompre-
hensible y sobre todo» (2S 24,9; cf. 2S 4,6; 3S 8,5).
Por otra parte, si es cierto que Dios está más allá de todo senti-
miento, de todo entender, y de todo decir; también es cierto que en
esta vida se puede gustar a Dios y sentirle «en la sustancia del alma
con suavísimos toques y juntas, lo cual pertenece a los sentimientos
espirituales». En esa efusión y mediación del sentimiento sobrena-
tural se realiza «la divina junta y unión del alma con la Sustancia
divina» (2S 24,4). Noticia sobrenatural y subido sentir de Dios que,
en alma humilde y desapropiada, «no impedirá en sí el provecho

Revista de Espiritualidad 79 (2020), 355-382 issn: 0034-8147


«TOQUES Y SENTIMIENTOS DE UNIÓN DE DIOS» 375

que estas noticias hacen para la divina unión» (2S 32,4). Las consig-
nas del Santo son claras: procurar acordarse de ellas tanto como se
pueda, «son toques y sentimientos de unión de Dios, que es donde
vamos encaminando al alma»; «toques y sentimientos de unión del
Criador», con efectos de «luz, amor, deleite y renovación espiritual,
etc.» (3S 14,2) que se renuevan cada vez que las recuerda.
Mucho más énfasis pondrá nuestro místico y maestro en la in-
teligencia mística, o noticia oscura y confusa de la contemplación,
que es también noticia amorosa, por la cual «se junta Dios con el
alma en alto grado y divino. Porque, en alguna manera, esta noticia
oscura amorosa, que es la fe, sirve en esta vida para la divina unión,
como la lumbre de gloria sirve en la otra de medio para la clara vi-
sión de Dios» (2S 24,4).
Encontramos así, en las emociones y sentimientos que se suce-
den durante la purificación del sentido y del espíritu, dos extremos
bien definidos y un camino entre ellos para transitar. Con una razón
ontológica: en ser imperfecto no cabe lo perfecto de Dios. Una ra-
zón pedagógica: lo perfecto tiene que ir desplazando y transfiguran-
do lo imperfecto del hombre. Y una experiencia sensible que acusa
el proceso: esa batalla campal en el íntimo ser del alma que padece
esos contrarios:
«Porque, ¡oh cosa admirable!, levántanse en el alma a esta sazón
contrarios contra contrarios: [...]las virtudes y propiedades de Dios en
extremo perfectas contra los hábitos y propiedades del sujeto del alma
en extremo imperfectos, padeciendo ella dos contrarios en sí» (2N 6,22).
«La razón de esto es porque las afecciones, sentimientos y aprehen-
siones del espíritu perfecto, porque son divinas, son de otra suerte y géne-
ro tan diferente de lo natural y eminente, que, para poseer las unas actual
y habitualmente, habitual y actualmente se han de expeler y aniquilar las
otras, como hacen dos contrarios, que no pueden estar juntos en un suje-
to» (2N 9,2)32.

32
Observar esta paradoja de contrastes en 2N 9,1-5; 16,4. Cf. Ma. del
Sagrario Rollán, Éxtasis y purificación del deseo. Análisis psicológico-exis­
tencial de la noche en la obra de San Juan de la Cruz (Ávila: Institución «Gran
Duque de Alba», 1991), 161-175.

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376 M.ª DANIELA BILÓ REPETTO

En un extremo, y en el punto más bajo y oscuro de la noche, el


sentimiento íntimo de la persona es de pérdida y ruptura en todos los
órdenes de relación:
Consigo misma: sentimientos de íntima pobreza y miseria; se sien-
te perdida, impura y miserable (cf. 2N 5,5; 13,10); vacía, pobre de to-
dos los bienes y para siempre (cf. 2N 6,4; 9,7). Se siente morir, desha-
cer, derretir y digerir, angustiada a la vista de sus miserias (cf. 2N 6,1);
con dolor «íntimo y delgado» (2N 9,9; cf. CB 2,6) «por la grande in-
certidumbre que tiene de su remedio» (2N 7,3). Y con «deshacimiento
en la sustancia del alma, con extremada pobreza», de tal manera «que
le parece al alma que ve abierto el infierno y la perdición». Moriría
de pena en pocos días si Dios «no ordenase que estos sentimientos,
cuando se avivan en el alma, se adormeciesen presto» (2N 6,6).
Con Dios: íntimo sentimiento y pena porque la ha arrojado de sí;
le parece que está hecha contraria a Dios y Dios es contrario a ella (cf.
2N 5,5). Se siente ajena de ser favorecida, de hallar compasión (cf.
2N 5,7); «verdaderamente le parece que Dios se ha hecho cruel contra
ella y desabrido» (LB 1,20). Se siente abandonada, aborrecida e indig-
na. Dios está enojado. La mayor pasión es este recelo de sentirse aleja-
da de él (cf. 2N 6,1; 7,7; 13,5). Padece dolores de infierno, está como
los muertos en el sepulcro (2N 6,2). Se siente deshacer en la sustancia
del alma, siente abierto el infierno y la perdición (cf. 2N 6,6).
Con los otros: sentimientos de desamparo y desprecio de todas
las criaturas, en especial de los amigos (cf. 2N 6,3); sin «consuelo ni
arrimo en ninguna doctrina ni maestro espiritual», «ni sentir favor
de arriba ni de abajo». Los demás no ven la verdad que ella tiene
delante de los ojos, por eso no la entienden, y «en vez de consuelo,
antes recibe nuevo dolor» (2N 7,3)33.
Afortunadamente, en el otro polo encontramos el panorama
opuesto: un anticipo de la vida eterna, una sensibilidad divinizada,
capaz de amar y gozar de una abundancia de sabores con la paz
estable del matrimonio espiritual, abierta a la novedad de Dios y

Cf. José Cristino Garrido, «La «noche» de la sensibilidad humana»,


33

en Revista de Espiritualidad, 30 (1971), 267-275.

Revista de Espiritualidad 79 (2020), 355-382 issn: 0034-8147


«TOQUES Y SENTIMIENTOS DE UNIÓN DE DIOS» 377

estrenando plenitud tras plenitud34. La llama de amor ya no es esqui-


va sino clara, suave, deleitable, «reficionadora y pacífica», gloriosa,
«amorosa y tierna», «amplísima e inmensa», «sabrosa y dulce», de
«inmensas riquezas, y bondad, y deleites» (LB 1,19. 22-23). En-
contramos al alma en un estado tal de trasfiguración, con un cono-
cimiento y sentimiento de estar tan poseída por Dios y tan regalada
sobreabundantemente, que entiende le falta muy poco para que se
rompa la tela del encuentro (cf. LB 1,1).
Pero no solo al final del camino, sino también durante el proceso,
entre ambos polos y en las llamadas «interpolaciones de alivios»,
cuando deja de embestir de manera tan fuerte la contemplación, el
alma siente recreación, anchura, libertad, suavidad, paz, facilidad de
comunicación y «amigabilidad amorosa con Dios» (2N 7,4). «Sien-
te inflamación de amor» (2N 10,6) en el espíritu. En medio de «es-
tos oscuros aprietos se siente estar herida el alma viva y agudamente
en fuerte amor divino» 2N 11,1 (cf. 2N 12,3; 13,2) Y está satisfecha,
quieta y contenta (cfr. 2N 17,5).
Las pasiones también «la ayudan a sentir amor apasiona-
do» (2N 13,3); sed de amor, y «la falta que le hace lo que desea»
(2N 13,4; cf. 1N 11,1). Los toques de Dios en la sustancia del alma la
renuevan y enamoran «y son al alma tan sabrosos y de tan íntimo de-
leite», y son «tan sensibles, que algunas veces no solo el alma, sino
también el cuerpo [...] con súbito sentimiento de deleite y refrigerio
en el espíritu» (2S 26,8).
Poco a poco se ha ido alumbrando una nueva sensibilidad que,
reordenada y absorbida en Dios, ha ganado en integración, vitalidad,
riqueza y estabilidad.

5. Del sentir con Cristo al sentir de la Trinidad


«Jesús, volviéndose, dijo a Pedro: “¡Ve detrás de mí, Satanás! ¡Eres
un escándalo para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino
los de los hombres!”. Entonces dijo Jesús a sus discípulos: “Si alguno

34
Porque, aunque la transformación en Dios es el «más perfecto grado de per-
fección a que en esta vida se puede llegar», todavía, dice el Santo, «puede con el
tiempo y ejercicio calificarse [...] y sustanciarse mucho más el amor» (LB Pról. 3).

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quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.


Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida
por mí, la encontrará”» (Mt 16,23-25).

Recordemos este pasaje evangélico que tanto puede iluminar el


proceso de «conversión emocional» que en algún momento del ca-
mino le toca hacer a todo discípulo de Jesús. Es el texto con el que
el Santo fundamenta la negación. No es posible alcanzar la unión
con Dios sin vivir el vaciamiento y anonadamiento de Cristo, car-
gando con su cruz y muriendo su muerte35. Pero el v. 23 nos ofrece
el contexto inmediato de esa afirmación de Jesús, que también arro-
ja luz a nuestro tema36.
Pedro, que ha reconocido en Jesús al Cristo, Hijo de Dios (16,16),
es proclamado por él bienaventurado. Pero poco después se niega
con vehemencia a aceptar la pasión y cruz de su Maestro, y reci-
be la reprensión más dura que se pueda uno imaginar. De «roca»
y fundamento de la Iglesia se convierte en ¡piedra de tropiezo! De
una confesión inspirada por revelación del Padre ha descendido a los
pensamientos del mundo, «de carne y de sangre»; y de representante
de Cristo ha pasado a ser como el «Adversario». La traducción literal
de la exhortación de Jesús, «ve detrás de mí», coloca a Pedro nue-
vamente en su lugar, caminando como discípulo detrás del Maestro.
Pedro es invitado a abandonar la idea de un mesianismo glorioso, a
asumir la prueba dolorosa del Calvario, y a reencontrar la vida per-
diéndola por Cristo37.

35
«Para que entienda el buen espiritual el misterio de la puerta y del ca-
mino de Cristo para unirse con Dios, y sepa que cuanto más se aniquilare por
Dios, según estas dos partes, sensitiva y espiritual, tanto más se une a Dios y
tanto mayor obra hace. [...] No consiste, pues, en recreaciones y gustos, y senti-
mientos espirituales, sino en una viva muerte de cruz sensitiva y espiritual, esto
es, interior y exterior» (2S 7,11).
36
El Santo no cita nunca el primer versículo, pero sí los siguientes, y su
paralelo en Marcos. Cf. 2S 7,4 (Mc 8,34-35); 3S 23,2 (Mt 16,24); 1N 7,3 y
CB 29,11 (Mt 16,25); 3S 18,3 y D 78 (Mt 16,26).
37
Cf. Gianfranco Ravasi, Piedras de tropiezo en los Evangelios. Las
palabras escandalosas de Jesús (Santander: Sal Terrae, 2016), 63-65; Claude

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«TOQUES Y SENTIMIENTOS DE UNIÓN DE DIOS» 379

Esta escena nos pone en la línea evangélica de las enseñanzas


de Juan de la Cruz. La sensibilidad humana, con todos sus compo-
nentes y toda su riqueza, es un don de Dios al hombre para una vida
plena en el amor. Es mediación para la voluntad, no «norma» de
actuación. Los sentimientos, emociones, tienen que marchar «detrás
del Maestro», no delante. No pueden convertirse en autorreferen-
cialidad adolescente que impida crecer en la dirección correcta la
vida teologal. Y que impida que, en ese «posponerse» a sí mismo,
la gracia de Dios la transfigure y divinice, capacitándola para «ver y
gustar» el abrazo amoroso de Dios ya, en esta vida.
La escena precedente tiene un tinte predominantemente ascético.
Pero no persevera quien no ha encontrado y gustado «la mística del
seguimiento» a la que apunta SJC. Para reorientar la afectividad, para
recuperar la libertad perdida en la afición, o adicción dispersiva y de-
bilitante de la energía humana, SJC propone «otra inflamación mayor
de otro amor mejor» (1S 14,2). Se trata de cultivar un sentimiento, una
pasión «en acción», fruto de una identidad descubierta y reelegida.
Cristo, revelación del Padre, es «el rostro humano de Dios»,
epifanía de su ser, de su obrar y sentir. Pero también, por su encar-
nación, Cristo revela en su humanidad el rostro divino del hombre
(cf. GS 22). De aquí que la imitación de Cristo no constituya un
simple reproducir gestos y sentimientos, sino corresponder ontoló-
gicamente con nuestro origen y nuestra vocación eterna de ser hijos
en el Hijo. Dios se ha hecho hombre para que el hombre se hiciera
Dios38. Y esa semejanza es la voluntad y la alegría del Padre desde
toda la eternidad: «El que a ti más se parece / a mi más satisfacía, / y
el que en nada te semeja / en mí nada hallaría»39.
Basta con mirar a Cristo en cada circunstancia de la vida humana,
desde la más trivial hasta la más dramática, para encontrar el camino
a seguir, para aprender a tener en todo y con todos «los sentimientos

Tassin, Evangelio de Jesucristo según san Mateo (Estella [Navarra]: Verbo Di-
vino 2006), 49.
38
Cf. Romance sobre el evangelio «in principio erat Verbum», 138-145.
39
Ibídem, 61-64.

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380 M.ª DANIELA BILÓ REPETTO

de Cristo Jesús» (Flp 2,5). La exuberancia del lenguaje sensorial re-


mite a una actitud contemplativa y teologal: mirar y escuchar solo al
Hijo es «considerar», pero sobre todo contemplarlo en fe y amor. De
modo que, «tratando y manoseando estos misterios y secretos de fe,
merecerá que el amor la descubra lo que en sí encierra la fe, que es el
Esposo» (CB 1,11). En ese mirar dinámico, operativo, que prolonga
en nosotros la vida de Cristo se resume la imitación40.
Cristo entonces, no es solo mediación y camino, es la razón de
todo este proceso espiritual y reconversión de la sensibilidad: al-
canzar la unión y semejanza de amor con «este gran Dios nuestro,
humillado y crucificado; pues que esta vida, si no es para imitarle,
no es buena» (Cta 25)41. Todo el potencial y energía de sentimientos,
emociones o pasiones, tiene ahora su fundamento y meta en Cristo.
Es la primera consigna de Subida para vencer los apetitos: «traer
un ordinario apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, confor-
mándose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar y
haberse en todas las cosas como se hubiera él» (1S 13,3)42.
La segunda consigna sanjuanista profundiza en la misma línea:
hacer nuestro el gusto, el gozo y la decisión de abrazar la voluntad
del Padre: «por amor de Jesucristo, el cual en esta vida no tuvo otro
gusto, ni le quiso, que hacer la voluntad de su Padre, lo cual llamaba
él su comida y manjar (Jn. 4,34)» (4). Y la tercera consigna: para
mortificar, apaciguar y llevar a concordia las cuatro pasiones natura-
les, que son gozo, esperanza, temor y dolor, «desear entrar en toda

40
«La imitación de Cristo es digna de vivirse, no solo cuando meramente
se intenta multiplicar su vida (sin posibilidad de lograr más que aguadas co-
pias), sino cuando realmente se la prolonga. [...] porque esta prolongación de
la vida de Jesús en nosotros observa su ley interna, al realizarse en su Espíritu,
en la potencia del divino Pneuma, por ello es en verdad auténtica imitación de
Cristo», Karl Rhaner, Dios, amor que desciende. Escritos espirituales, ed.
J. A. García (Santander: Sal Terrae, 20113). Cf. Federico Ruiz, «Jesucristo:
rostro humano de Dios, rostro divino del hombre», 80-82.
41
Cf. Ctas 7, 8, 16, 20 y 24; D 86; 91; 94; 101; 159; 163; 176; 186.
42
Seguirlo «y hacerse semejantes a él en la vida, condiciones y virtudes, y
en la forma de la desnudez y pureza de su espíritu» (D Pról.).

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«TOQUES Y SENTIMIENTOS DE UNIÓN DE DIOS» 381

desnudez y vacío y pobreza por Cristo de todo cuanto hay en el mun-


do» (6); cargando con la propia cruz, entrando por la puerta estrecha
del seguimiento evangélico «en sequedad, en sinsabor, en trabajo [...]
sabiendo que esto es seguir a Cristo y negarse a sí mismo» (2S 7,5).
El modelo de imitación activa que encontramos en Subida se
hace carne y experiencia doliente y pasiva en Noche Oscura43, con
intensísima dramaticidad en la noche pasiva del espíritu. Y se lleva a
etapas posteriores como «sabiduría de la cruz» aprendida en las pro-
fundas cavernas de la piedra, que es Cristo, cuando el alma está ya
asimilada y transformada «en la hermosura de la Sabiduría divina
que es el Verbo Hijo de Dios» (CB 36,7).
El matrimonio espiritual irá introduciendo más y más a la esposa
en la sustancia de los Misterios transformándola en amor, hacién-
dola maestra de amar, hasta transformarla en las tres personas de
la Santísima Trinidad «en revelado y manifiesto grado» (CB 39,3 y
ss), traspasada de gozo (LB 1,35-36) anticipando la fiesta del Espí-
ritu (Ll 1,9; 2,10), en deleite y fruición de amor, «que es bebida del
Espíritu Santo» (CB 37,8), en sabor de vida eterna (Ll 1,6), cono-
ciéndose y sintiéndose abundantemente enriquecida, pura, hermosa
y llena de virtudes que Dios le ha dado y le deja ver «porque todo se
le vuelve en amor y alabanzas, sin toque de presunción ni vanidad,
no habiendo ya levadura de imperfección que corrompa la masa».
Así engrandecida «está puesta en el sentir de Dios, siente las cosas
como Dios, delante del cual [...] todas las cosas le son nada, y ella es
para sus ojos nada. Solo su Dios para ella es el todo» (LB 1,31-32).
Tener los sentimientos de Cristo es abrazar su vida pobre (Su­
bida) y su muerte de Cruz (Noche). Abrirse a la revelación de sus
misterios y a la transformación en la Sabiduría del Verbo, Hijo de
Dios (Cántico), hasta vivir en el tiempo la «aspiración de Dios» en

43
Aunque la persona no tenga conciencia ni pueda consolarse con este pen-
samiento, es Cristo quien revive en ella el misterio de su pasión en esta concreta
etapa de la vida espiritual. Baste releer y comparar el texto de 2S 7,9-11 para po-
der confirmar que en esta pasividad dolorosa el alma es sumergida en la muerte
de Cristo, su Esposo, para resucitar con Él y «poder de asiento recibir la dicha
unión, que es el divino desposorio entre el alma y el Hijo de Dios» (2N 24,3).

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el alma, y «de ella en Dios» (CB 39,2-3), la misma «aspiración de


amor» entre el Padre y el Hijo, a la espera de entrar en su descanso
de Dios, cuando se rompa la tela del encuentro (Llama).

Conclusión
Decíamos que adentrarse en el mundo de los sentimientos de la
doctrina sanjuanista es más para sentir, que para saber decir (S Pról.
1). Primero porque nuestra propia sensibilidad es el primer don de
Dios para poder entrar en su Misterio. Y el primer registro que cada
cual ha de interpretar para ver «el camino que lleva y el que le con-
viene llevar, si pretende llegar a la cumbre de este monte» (S Pról.,7).
Si para recuperar su centro y alcanzar la plenitud, la sensibilidad
tiene que pasar por el crisol de la noche teologal hasta dar le impre-
sión de extinguirse... la encontramos luego redimida, integrada y
potenciada, capacitada para vivir con pasión todos los registros del
amor. Sentidos, sensaciones, deseos, pasiones, emociones, sentimien-
tos... todo ha entrado en la divina dinámica y sensibilidad de Dios.
Juan de la Cruz nos guía, como «mozo de ciego», por esa geo-
grafía exuberante y ya paradisíaca que emerge de la participación
en la muerte y resurrección de Cristo. «Ya no soy yo quien vive,
es Cristo quien vive en mí» (Gál 2,30). Sensibilidad humana, «en-
carnación diminutiva» en la que Jesucristo revive todo su misterio,
«sentir de la Trinidad» en el umbral de lo eterno. No nos falta nada
para hacer el camino, solo la determinación de la voluntad de «ir por
él y no parar hasta el fin»44.

44
Teresa de Jesús, Camino de Perfección (V) 21,2.

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