Presentaciones actuales de la parentalidad.
La funciones parentales en familias de un
mismo sexo
Gabriela Bravetti- Marcela Costantino
Facultad de Psicología. Universidad Nacional de La Plata
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Correos: gabybravetti @gmail.com - marcelacostantino @hotmail.com
Introducción
El presente trabajo es parte de los avances de la investigación enmarcada dentro de los
Proyectos PPIP: Investigaciones acerca de las presentaciones actuales de parentalidad y
pareja en parejas del mismo sexo, y continua una línea de investigación en la temática de
familia y diversidad.1
Embriones congelados, familias homoparentales, alquiler de vientres, clonación,
reproducción asistida, familias monoparentales, donación de óvulos… y la lista continúa
hasta configurar un abanico conformado por realidades muy distintas, pero que, sin
embargo, confluyen en un solo eje temático: las nuevas modalidades de concepción y
crianza de seres humanos que apuntan a la realidad más propia de nuestro destino como
especie.
Si bien la crisis del modelo tradicional radica en la profunda crisis del patriarcado,
conjuntamente con la legitimación del deseo de hijo de las parejas homosexuales, el ideal
de familia se sigue sosteniendo. Este ideal desde donde en otros tiempos se fundamentaban
criterios normativos y de exclusión, hoy habilita a nuevas familias para configurarse, sentirse
y llamarse como tales.
Nuestro objetivo entonces es conocer las representaciones que subyacen a las nuevas
organizaciones y recomposiciones de modelos de funcionamiento en las configuraciones
familiares que se enmarcan en la elección de parejas homosexuales, que construyen un
proyecto de hijo, o que luego de haber sido madres o padres en una pareja heterosexual, se
separan y conforman un nuevo vínculo amoroso homosexual desde donde se entretejen
nuevas formas de conjugar la complejidad de la parentalidad y la pareja.
Inscripción simbólica y familia
El marco legal y simbólico en nuestro país ha producido efectos inéditos, un hito, que
posiciona nuestro contexto social y cultural como propiciador para pensar los efectos
constituyentes de estas transformaciones en el plano de la subjetividad.
1
Modalidades de la diversidad, en el ejercicio de la parentalidad y la pareja. [Período 2010-2013] Dir. Psic.
Norma Delucca. Fac. de Psicología. UNLP Programa Incentivos.
Entre los interesantes efectos suscitados por la sanción del matrimonio igualitario en la
Argentina, figura la revisión a la que muchos psicoanalistas se han abocado en torno a
conceptos claves, tales como elección de sexo, elección de goce, padre real, función
paterna, el lugar de la diferencia anatómica, las identificaciones, qué es una familia y qué
consecuencias puede acarrear para un niño crecer en un hogar homoparental.
Si nos enmarcamos en los Derechos del Niño postulados desde 1989, pensamos en el
derecho del niño a tener una familia, a la presencia constitutiva de una referencia real,
llámese una madre y un padre, pero, ¿a qué nos referimos exactamente? A qué relación
paterna y materna aludimos, qué podemos pensar acerca de lo que implica la parentalidad,
y específicamente la parentalidad en familias con parejas de un mismo sexo. ¿Cómo será
aquello que se proyecta y desea en relación a ese hijo?
Consideramos entonces, que en relación a la filiación, seguiría permaneciendo como
necesaria para la vida biológica y psíquica de un recién nacido, la existencia de una
instancia que garantice el mínimo de asimetría para hacerse cargo de un cuidado, que se
enmarcará en lo que la cultura a la que se pertenece instituye como regulación, por más
desdibujada que pueda visualizarse. Asimetría y prohibición de ubicar a este niño o niña
como objeto de goce. Estas son las dos condiciones mínimas que no pueden estar ausentes
en términos absolutos y que consideramos como funciones fundamentales en la constitución
psíquica y subjetiva, que a su vez, se constituyen en el fundamento de los diferentes
funcionamientos familiares. Y que van más allá de modelos culturales y sociales.
E. Roudinesco (2003) agrega que el “desorden” del modelo tradicional radica en la profunda
crisis del patriarcado conjuntamente con la legitimación del deseo de hijo de las parejas
homosexuales, sosteniendo el ideal de familia, ideal desde donde en otros tiempos se
fundamentaban criterios normativos y de exclusión.
La introducción de un pensamiento de género a la psicología de las familias se hizo
imprescindible. Los estudios de género distinguen el sexo biológico de los determinantes
histórico sociales que adjudican roles a cada sexo y demuestran que la cultura
transversaliza parámetros oficiales de vivir “en familia”, en un modelo heteronormativo.
¿Cuáles serían las representaciones en el imaginario social que se asocian a lo femenino y
lo masculino, que ponen en tensión la relación sexo-género-diversidad sexual, para la
consideración de la materno y lo paterno? ¿Cómo repensar los efectos de la diferencia
sexual como demarcación de la inscripción simbólica de la otredad y la diferencia en estos
nuevos escenarios?
Podemos pensar entonces que en las familias con parejas del mismo sexo la reivindicación
del reconocimiento de una posición parental, no exige sólo el reconocimiento de una función
de parentalidad sino la proclamación de su posición de parentesco y de su acuerdo
como pareja, lo que no pasa por la complementariedad sexual, reflejo de la
complementariedad ligada al engendramiento, sino de su relación entre dos sujetos que
se reconocen otros, distintos.
Que el matrimonio sea igualitario, en tanto reconocimiento de paridad frente al derecho de
contraer las obligaciones y derechos frente a la unión que el Estado reconoce como
legítima, no niega las dimensiones de la instalación de la diferencia como ordenadora de la
producción subjetiva: fundamento último del deseo, de la sexualidad, de la organización del
lazo social en las configuraciones que llamamos familia, fundamento de la alianza y también
de la filiación. (Derrida, Roudinesco, 2003)
La parentalidad como construcción. “Todos somos adoptados”
La inscripción en un mundo simbólico, regulado por el lenguaje, nos hace pensar, como
considera Sergio Laia (2010) que la “adopción simbólica” es un proceso mediante el cual
todo ser humano se hace hijo, madre o padre, en una construcción regulada por el
reconocimiento de su singularidad y la creación de un lazo significativo. La construcción de
este lazo no difiere en matrimonios homoafectivos de aquellas construcciones realizadas por
parejas heteroafectivas. (Zabalza, 2012).
El parentesco alude a un orden social que no guarda relación alguna con la unión de los
sexos o el engendramiento. El parentesco alude a un sistema de lugares simbólicos, por lo
cual podríamos decir que implica el marco simbólico de inscripción de un linaje, que puede
garantizarse en una familia, más allá de la elección sexual de los adultos que la constituyan.
Aludimos entonces, con la designación de Parentalidad a una operatoria suplementaria, a un
plus que produce una transformación en la pareja ante la llegada de un hijo, que incluye
algún sector al menos de construcción conjunta, que hemos llamado “trabajo psíquico y
vincular de la novedad”. La diferenciación de estos dos regímenes vinculares es importante,
en tanto diferenciación del vínculo sexual/erótico de pareja, del vínculo de filiación.
Por ello es que preferimos no utilizar el término Homoparentalidad al referirnos a parejas
homosexuales con hijos o con un proyecto de hijo. Ya que lo “homosexual” alude a la
elección sexual y no al vínculo que inscribe a la descendencia en un plano de diferencia
generacional.
Parentalidad se entiende entonces como una construcción en el seno de los vínculos, es
decir, de la presencia que el otro impone y exige un trabajo psíquico de reconocimiento, de
representación, mutualidad y diferencia. Agrest Wainer (2014) rescata el término
parentalidad como “el conjunto de los reajustes psíquicos y afectivos que permiten a los
adultos la posibilidad de llegar a ser padres, de responder a las necesidades corporales,
afectivas y psíquicas de los hijos”, y lo plantea como un movimiento dinámico, donde lo
potencial siempre se pone en relación con lo vivencial azaroso, creando condiciones de
posibilidad. Avatares vinculares, duelos, vulnerabilidad del adulto pueden obstaculizar esa
construcción en un momento particular en la historia de una familia.
Alizade (2014) nos acerca el concepto de Función familia ligado a estos desarrollos, y
plantea que esta función se encuentra en serie con la función auxiliar del otro, tanto en al
satisfacción como en la transmisión de aquellas funciones yoicas que permiten el interjuego
con los otros y la autonomía. La autora destaca el trabajo psíquico adulto, necesario como
filtro entre la realidad externa y el niño, y señala que no refiere a la idea de familia nuclear o
biológica sino a las operatorias vinculares que producen efecto de función familia en el
ambiente del sujeto.
Convertirse en “padres” alude como dijimos al ejercicio de una función en el marco del
establecimiento de un vinculo significativo entre “padre-hijo”, vinculo que implica una
ligadura inconsciente, caracterizando así a un espacio simbólico familiar, en donde el
significado de cada yo depende del lugar y del vínculo de parentesco correspondiente, lo
cual recorta un contexto y otorga un sentido a lo intercambiado (palabras, actos, bienes). Lo
que define a la familia, lo que une a sus miembros, son los lazos afectivos, es decir las
investiduras que, como toda investidura conllevan corrientes de afecto y agresión, de apego
y diferenciación.
Aludiremos entonces a pensar a la familia como “las familias”, teniendo en cuenta las
multiplicidades en las composiciones familiares actuales y la importancia en pensar en
funciones parentales como operatorias simbólicas necesarias para la constitución y
construcción de la organización psíquica de los sujetos, (Abelleira y Delucca, 2004), más
que en función materna y paterna o como roles descriptivos de determinación socio
histórica.
Durante una entrevista, A., un hombre con un hijo de 14 años, adoptado cuando
tenía 7, en el marco de una pareja homosexual, que actualmente está separado de esa
pareja, expresa en relación a una tarea sobre la familia que le habían propuesto a su hijo en
la escuela cuando tenía 9 años,: “El trabajo era de la familia, entonces yo me presenté en el
colegio a decirle: mira, yo no voy a exponer a mi hijo, que tiene 9 años, a que por ahí lo
carguen, por su situación…y, la psicopedagoga me dijo: mirá, no lo tenés que manejar vos a
este tema de tu hijo en la escuela, lo tiene que manejar él, lo hicimos por esa cuestión, para
incluir las familias diversas. Bueno…al final, hicimos el trabajo en casa y buscó todas fotos
en las que estábamos él y yo, no hubo ninguna foto, va a sonar un poco egoísta pero… eso
también fue un momento muy lindo porque decir que…sentir que se identifica con vos, que
te tiene como referente, que sé yo, para mí eso fue lo más lindo. De hecho lo llevamos a
casa, estábamos los tres, pusimos una serie de fotos sobre la mesa y E (su pareja), lo miró
y le dijo: ‘Vos agarrá lo que vos quieras y poné lo que vos quieras, manejate y hacé lo que
vos quieras’. Y así fue, empezó a manotear todas fotos en las que estábamos él y yo,
todas”.
Proyecto de hijo y Parentalidad
Diremos entonces que producir un hijo es crearlo, pero también alimentarlo, cuidarlo,
protegerlo, es decir hacerse cargo de su dependencia física y psíquica. El niño no nace con
la capacidad de regular sus reacciones emocionales, necesita de un otro que se brinde a él
para leer sus necesidades y deseos. Aquí podemos citar a Piera Aulagnier (1994) en
relación al concepto de sombra hablada, en tanto aquella construcción-representación de
ese hijo, en tanto poder leer esas necesidades y así permitir ese pasaje de la necesidad-
llamado al deseo, deseo en tanto constitutivo del sujeto.
Pensar en la posibilidad de la procreación por fuera y al margen de las relaciones sexuales
permite también pensar en la posibilidad de filiación y de parentalidad en parejas de un
mismo sexo así como en personas solas.
Aquí nos parece importante mencionar que el acceso a técnicas de fertilización asistida en
parejas de un mismo sexo, pueden ser vivido e inscripto de diferente forma respecto de
cómo es experimentada la inseminación en parejas heterosexuales. La mujer, en el entorno
de una pareja heterosexual, en general llega a la inseminación luego de haber intentado el
embarazo por vía natural, lo que produce ansiedades, temores y angustia; en cambio en las
parejas de un mismo sexo, la inseminación artificial es la manera de concretar el deseo de
un hijo, lo que propicia allí significar el recurso a la ciencia como alegato acerca de la
legitimidad de esa conjunción de filiación y descendencia. Encontramos representaciones
que ubican a uno u otro padre / madre en una operatoria singular de articular la diferencia
subjetiva más allá del lazo biológico, por ejemplo, mediante la alternancia de embarazos en
parejas de mujeres, o uso del doble apellido en pareja de hombres. (Fernández, A. M.,
2015)
Ya sea por estos medios, o por adopción, la parentalidad en parejas homosexuales
proclama voluntaria e involuntariamente su inscripción en un sistema de multiparentesco, es
decir, en el reconocimiento de vínculos sociales necesarios para la edificación del
parentesco. Pensar en el sistema de multiparentesco nos lleva a reflexionar sobre esos
otros elegidos por los padres o por los mismos niños, como referentes identificatorios, como
modelos a apropiarse, en tanto aportan elementos para poder ir construyéndose y
pensándose como sujeto sexuado.
Dice A. en relación a su separación con E.: “Y arranqué, quedó solamente una amiga, que
es una amiga de toda la vida desde los 13 años que fue la que me impulsó a hacerme cargo
también un poco de mi sexualidad y demás y….nada… es V. y después unos compañeros
de laburo que empezaron a ser… se empezó a gestar una relación y bueno, es todo muy
reciente. Pero bueno, que sé yo, ese es el círculo. Y mi hijo tiene por ahí como referente
mucho, no a mi amiga sino al marido de mi amiga, es el tío M., es lo más, ‘vamos a ver el
partido, tío llévame a la cancha’ yo todavía a la cancha no lo dejé ir: ‘tío, yo quiero ir a la
cancha vos’… Pero bueno, el círculo se basa en eso, en mi vieja, mi hermano, los primos de
él, por parte mía eh?, porque tengo dos sobrinos, los primitos por parte de V., y bueno, que
sé yo… gente del laburo que va a casa, que yo voy a la casa, también tienen hijos. Es así,
de esa forma, pero es variado, nutrido”
Conclusiones
La construcción de un proyecto familiar común que legitiman las recientes leyes no hace
más ni menos que otorgar carácter jurídico a una condición que, desde siempre, operó en la
constitución de los sujetos: poco tiene que ver el lazo biológico con la función parental, cuyo
nudo consiste en la identificación que habilita a conformar un cuerpo de deseo orientado
hacia el lazo social. Posibilita su estructuración psíquica, su historia singular y otorga su
lugar en el mundo. Al decir de Sergio Zabalza (ob. cit.), la eficacia de la operación es la
instalación de la diferencia ética, no anatómica.
Bibliografía
Abelleira, Delucca (2004) Clínica forense en familias. Historización de una práctica. Buenos
Aires: Lugar.
Agrest Wainer, B. (2014) “Padres del mismo sexo y parentalidad”. En Rotenberg. E. (comp)
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Roudinesco, E. (2003). “Familias desordenadas”. En Y mañana, qué… Buenos Aires: Fondo
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