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Silvicultura: Un Enfoque Integral para los Bosques Naturales
Resumen
Se abordó la evolución de la silvicultura en bosques naturales, destacando su importancia para la
sostenibilidad y la conservación. Originalmente centrada en la explotación maderera, la
silvicultura había cambiado su enfoque hacia el equilibrio entre la producción económica y la
protección ambiental, especialmente en los bosques tropicales vulnerables. Subrayó la necesidad
de prácticas que promovieran la regeneración natural y la restauración de bosques degradados.
Además, se discutieron los enfoques de manejo intensivo versus conservador y la valoración
económica frente a la ecológica de los servicios ecosistémicos. Concluyó que la silvicultura era
crucial no solo para la producción, sino también para la sostenibilidad y la protección ambiental
a largo plazo.
Palabras claves: Silvicultura, sostenibilidad, regeneración, conservación y bosques.
Introducción
La silvicultura en bosques naturales es la ciencia y el arte de cuidar, manejar y restaurar los
bosques, con el objetivo de mantener su biodiversidad, productividad y capacidad para
regenerarse. La silvicultura no solo se trata de producir madera, sino que también implica un
manejo integral que asegure que los bosques se mantengan saludables y sostenibles, tomando en
cuenta factores ecológicos, económicos y sociales.
En el pasado, la gestión de los bosques se centraba principalmente en la explotación de madera,
lo que llevó a la degradación de muchos ecosistemas forestales. Sin embargo, en las últimas
décadas, ha habido un cambio hacia una visión más completa de la silvicultura, que busca
equilibrar la explotación económica con la conservación del entorno natural. Este enfoque es
especialmente importante en los bosques tropicales, donde hay una gran biodiversidad y la
degradación puede tener efectos graves a nivel global (Montes Pulido, 2014).
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Además, la silvicultura es considerada crucial para la sostenibilidad de los bosques,
especialmente en áreas donde ha habido una explotación intensa. Es fundamental desarrollar y
aplicar prácticas de manejo que no solo permitan un uso sostenible de los bosques, sino que
también ayuden a restaurarlos y conservarlos. Estas prácticas son vitales para asegurar que los
bosques continúen proporcionando servicios importantes, como la regulación del clima, la
conservación de la biodiversidad, y el apoyo a las comunidades locales (Montes Pulido, 2014).
Aplicar buenas prácticas silvícolas puede ayudar a que los bosques degradados se recuperen,
promoviendo la regeneración de especies nativas y restaurando funciones ecológicas clave, lo
cual es esencial para la sostenibilidad a largo plazo de estos ecosistemas (Donoso et al., 2018).
Desarrollo del tema
La silvicultura: pilar estratégico para la sostenibilidad forestal y ambiental
La silvicultura se considera un elemento crítico para la sostenibilidad y el manejo del bosque
debido a su enfoque en el estudio y manejo del bosque para producir atributos y productos
deseados, garantizando la provisión de servicios ambientales esenciales, como la prevención de
deslizamientos e inundaciones y el mantenimiento de la biodiversidad. La silvicultura busca
minimizar costos y maximizar beneficios sociales, promoviendo la regeneración del bosque y la
producción de madera de calidad. Además, se resalta la necesidad de que los silvicultores posean
conocimientos biológicos y ecológicos que les permitan entender el bosque como un sistema
complejo y adaptativo. Este enfoque es fundamental para mantener la capacidad de adaptación
de los bosques a disturbios inesperados sin comprometer su integridad ecológica (Montes Pulido,
2014).
La investigación y las prácticas silviculturales deben evolucionar más allá del enfoque
tradicional, integrando la combinación de productos maderables y no maderables para maximizar
los beneficios para las comunidades locales, sin descuidar la integridad ecológica del ecosistema.
Por lo tanto, la silvicultura es clave para lograr un manejo sostenible que no solo considere la
producción económica, sino también la conservación de los recursos naturales y la biodiversidad
(Klimas, Kainer, de Olivera & Wadt, 2012).
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Adaptación y resiliencia: silvicultura como respuesta al cambio climático
El objetivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático es
estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero mediante la reducción de
emisiones y el incremento de sumideros. Los bosques juegan un papel crucial en el balance de
carbono, almacenando un 46% del carbono orgánico terrestre. Cualquier alteración en su manejo
impacta significativamente las concentraciones de CO2 en la atmósfera. La silvicultura se
presenta como un instrumento clave para regular el almacenamiento de carbono en los bosques
naturales, lo que requiere de una gestión sostenible para mantener e incrementar su capacidad
como sumideros. Acciones como la lucha contra la deforestación, la promoción de la salud de los
ecosistemas, la investigación científica y la gestión adecuada de la densidad del rodal son
esenciales. La productividad del carbono puede optimizarse priorizando especies de alta
densidad y crecimiento, y gestionando el periodo de rotación y la cobertura del suelo. Sin
embargo, existen conflictos de intereses que deben equilibrarse, como el secuestro de carbono
frente a la diversidad ecológica y la sostenibilidad económica (Ipinza Carmona y Barros Asenjo,
2011).
Los árboles, como especies longevas, dependen del clima para sus procesos de crecimiento y
reproducción, por lo que cambios en factores como la temperatura, precipitación y radiación
solar pueden afectar su crecimiento, competencia interespecífica y supervivencia. El cambio
climático podría alterar el rendimiento de los bosques y aumentar los riesgos bióticos y abióticos,
lo que podría hacer que las prácticas de manejo forestal actuales sean inadecuadas. Por ello, es
crucial desarrollar herramientas que permitan a los bosques nativos y plantaciones adaptarse a las
nuevas condiciones climáticas. Durante la fase de regeneración, las plantas jóvenes son
especialmente vulnerables a variaciones climáticas, lo que podría comprometer la estabilidad de
los bosques. Las opciones silvícolas para enfrentar el cambio climático incluyen manejar las
especies en su óptimo ambiental, incluir especies pioneras y no autóctonas con mayor tolerancia
a cambios, reducir la densidad a temprana edad, y en bosques naturales, preferir la regeneración
natural para mantener la variabilidad genética (Ipinza Carmona y Barros Asenjo, 2011).
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Silvicultura restaurativa: prácticas para la recuperación de bosques dañados
La restauración de bosques adultos o secundarios degradados, así como de bosques quemados en
un estado alternativo estable, donde no es posible recuperar la composición y estructura original
a corto plazo, es una situación común que requiere restaurar la capacidad de regeneración de las
especies deseadas, ya sea de manera natural o artificial. El desafío principal es restaurar la
funcionalidad de estos bosques promoviendo atributos estructurales y de composición (Bauhus et
al., 2009; Donoso et al., 2014). En este contexto, el establecimiento de plantaciones nativas
complementarias a la regeneración natural, distribuidas en grupos dentro de la matriz del bosque
degradado o quemado, es una opción prometedora. Este enfoque no solo incrementa activamente
la diversidad de especies arbóreas tanto dentro como entre los grupos, sino que también tiene un
efecto positivo a largo plazo en el paisaje al dispersar semillas en áreas no plantadas (Saha, 2012;
Bannister, 2015). Además, la conservación de elementos biológicos, como árboles semilleros y
fragmentos de bosque, puede apoyar pasivamente la restauración del bosque. Para lograr estos
objetivos, es crucial considerar alternativas al manejo tradicional de bosques coetáneos,
históricamente enfocado en la producción de madera y fibra. En lugar de esto, la silvicultura
debe orientarse hacia el nuevo paradigma del manejo de bosques como sistemas adaptativos
complejos (Puettmann et al., 2009; Messier et al., 2013), asociado a la silvicultura alternativa
(Puettmann et al., 2015). Todos los bosques presentan propiedades de ecosistemas forestales
adaptativos complejos, con comportamientos no lineales y difíciles de predecir. Por ello, la
silvicultura debe maximizar las propiedades clave de estos sistemas para que: a) sean más
diversos en composición y estructura; b) se integren mejor con otros elementos del paisaje
forestal; c) tengan una mayor capacidad de auto-regulación; y d) sean capaces de adaptarse a
rápidos cambios en las condiciones sociales y ambientales futuras (Messier et al., 2013). Esta
orientación permitirá restaurar sistemas complejos y fomentar la provisión de servicios
ecosistémicos a distintas escalas (local a global), lo cual es esencial para la adaptación al cambio
climático (Harris et al., 2006). Además, es fundamental considerar aspectos genéticos en el
proceso de restauración, ya que su falta de consideración frecuentemente causa fracasos en la
restauración (Thomas et al., 2014).
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Conservación eficaz: enfoques para la protección de bosques
Los esfuerzos históricos para conservar los bosques han sido ineficaces, como demuestra la
rápida tasa de deforestación. En numerosas regiones, la estrategia de mantener los bosques como
parques y reservas intocables no ha mejorado la calidad de vida ni ha brindado oportunidades
económicas a las comunidades rurales empobrecidas, ni ha logrado detener la tala ilegal. La
corrupción ha agravado aún más esta problemática. La principal limitación de la visión
tradicional de conservación en países en desarrollo es que no ofrece suficientes incentivos
económicos para proteger y preservar los bosques. Los ecosistemas de bosques lluviosos solo
podrán sobrevivir si pueden demostrar que generan beneficios económicos concretos. Tanto las
comunidades locales como el gobierno deben obtener ingresos financieros que justifiquen los
costos de mantener los parques, a la vez que deben renunciar a las ganancias de las actividades
económicas que se llevan a cabo dentro de las áreas protegidas (Aguirre-Calderón, 2022).
Por otro lado, cualquier actividad relacionada con el bosque tiene un impacto ambiental, aunque
estos efectos pueden mitigarse mediante prácticas adecuadas que fomenten un manejo forestal
sostenible. Es crucial que las actividades de gestión evalúen su impacto en el suelo, el agua, la
biodiversidad y la calidad del paisaje. Los problemas ambientales en terrenos forestales a
menudo surgen de las operaciones de cosecha y la construcción de caminos. En particular, la
recolección en áreas visibles y la topografía pueden intensificar estos problemas. Por lo tanto, es
necesario establecer criterios específicos para la cosecha forestal y la construcción de caminos,
así como realizar un diseño cuidadoso en las áreas de reforestación (Rosenkjaer y Rusch, 2008).
Diversidad en la silvicultura: prácticas adaptadas a diferentes ecosistemas forestales
La silvicultura es esencial para la gestión sostenible de los bosques, adaptándose a las
características únicas de cada ecosistema. Se explorará cómo se aplican diferentes técnicas
silvícolas en distintos tipos de bosques, desde los tropicales hasta los boreales, destacando su
papel en la conservación de la biodiversidad y la protección del medio ambiente.
Bosque húmedo tropical: El aprovechamiento forestal sostenible requiere un profundo
conocimiento de la ecología de las especies arbóreas. Actualmente, este aprovechamiento se
realiza frecuentemente sin considerar la ecología y los sistemas silviculturales adecuados, se
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están aprovechando especies menos conocidas, lo que permite mayor flexibilidad en el manejo y
extracción de volúmenes más grandes en áreas menores. Es vital contar con información sobre
los requerimientos de regeneración para elaborar planes de manejo efectivos (Mostacedo &
Fredericksen, 2001). Estudios fenológicos han proporcionado datos cruciales para la
conservación y manejo de especies (Justiniano y Fredericksen 2000a,b), aunque aún se necesita
más información para tomar decisiones adecuadas. Las prácticas actuales podrían beneficiarse de
datos científicos más sólidos, ya que muchos criterios, como los diámetros mínimos de corta, no
están basados en evidencia ecológica.
Bosque seco tropical: La silvicultura en el bosque seco tropical, se enfoca en un manejo racional
y sostenible de pequeñas áreas de bosque. Este tipo de silvicultura busca regenerar los bosques
naturales degradados, especialmente en zonas con gran presión socioeconómica, como el
Pacífico de Nicaragua. A pesar de los desafíos, es posible implementar prácticas y técnicas
silviculturales que aseguren la sostenibilidad del recurso forestal y su recuperación a largo plazo
(Toval Herrera, 2003).
Discusión
En el análisis de las diferentes perspectivas sobre la silvicultura y su manejo, se destacan dos
puntos de debate significativos: la intensidad del manejo forestal y los enfoques para valorar los
servicios ecosistémicos. Estos temas reflejan debates fundamentales en torno al manejo
sostenible de los bosques y las decisiones que deben tomarse para equilibrar intereses
económicos, ecológicos y sociales.
El primer punto de conflicto gira en torno a la intensidad con la que se deben gestionar los
bosques. Se presentan dos enfoques distintos: uno que aboga por un manejo intensivo y otro que
defiende un manejo más conservador.
Los defensores del manejo intensivo sostienen que la creciente demanda de recursos naturales,
como la madera, exige prácticas que maximicen la productividad del bosque. Este enfoque
incluye técnicas como la reforestación con especies de rápido crecimiento, la aplicación de
fertilizantes y la corta selectiva intensiva. La idea es que, mediante un manejo más controlado y
tecnológicamente avanzado, es posible obtener mayores rendimientos económicos sin
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comprometer la sostenibilidad, siempre que se sigan criterios estrictos de manejo (Donoso et al.,
2018). Sin embargo, este enfoque enfrenta críticas por su posible impacto negativo en la
biodiversidad y la estructura del bosque. Se argumenta que el manejo intensivo, aunque
económicamente rentable a corto plazo, podría llevar a una mayor vulnerabilidad del ecosistema
frente a perturbaciones naturales, como plagas o incendios, comprometiendo la resiliencia del
bosque a largo plazo (Sabogal et al., 2014).
El manejo conservador promueve una intervención mínima, centrada en preservar la integridad
ecológica del bosque. Este enfoque se basa en la premisa de que, si se permite que los bosques
sigan sus procesos naturales, podrán mantener su resiliencia y biodiversidad, garantizando así la
provisión de servicios ecosistémicos esenciales a largo plazo. Las prácticas recomendadas
incluyen la protección de áreas clave para la biodiversidad y el fomento de la regeneración
natural, imitando los procesos naturales mediante técnicas como las cortas de liberación (Montes
Pulido, 2014). Sin embargo, este enfoque también enfrenta desafíos, ya que puede ser percibido
como menos eficiente desde una perspectiva económica, especialmente en contextos donde hay
una fuerte presión para generar ingresos a partir de los recursos forestales. Además, algunos
argumentan que este manejo conservador podría no ser suficiente para enfrentar los desafíos del
cambio climático, que puede requerir intervenciones más activas para asegurar la adaptación de
los ecosistemas (Montes Pulido, 2014).
El segundo punto de conflicto se centra en cómo se deben valorar los servicios ecosistémicos que
proporcionan los bosques. Aquí, los enfoques se dividen entre la valoración económica y la
valoración ecológica.
El enfoque de valoración económica se enfoca en la cuantificación monetaria de los servicios
ecosistémicos, como la captura de carbono, la provisión de madera y la regulación del agua. Los
defensores de esta perspectiva argumentan que asignar un valor económico a estos servicios
puede incentivar a los gestores forestales y a las comunidades locales a conservar los bosques, al
proporcionar un motivo económico tangible (Guariguata et al., 2016). Además, la integración de
los servicios ecosistémicos en los mercados facilita la financiación de proyectos de conservación
y restauración, haciendo que la gestión forestal sea más competitiva frente a otros usos del suelo
(Sabogal et al., 2014). No obstante, este enfoque ha sido criticado por simplificar la complejidad
ecológica, reduciendo los bosques a una serie de servicios que pueden ser fácilmente
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cuantificados y comercializados. Se advierte que priorizar el valor económico puede llevar a
subestimar o ignorar los aspectos ecológicos de los bosques, como su valor cultural y su función
en la conservación de especies, lo que podría llevar a decisiones de manejo insostenibles a largo
plazo (Donoso et al., 2018).
Por otro lado, el enfoque centrado en el valor ecológico sostiene que los bosques deben ser
gestionados en función de su valor intrínseco y su capacidad para mantener la biodiversidad y los
procesos ecológicos. Este enfoque enfatiza la necesidad de proteger los ecosistemas forestales en
su totalidad, reconociendo su complejidad y su papel fundamental en la regulación del clima, la
protección del suelo y el ciclo de nutrientes (Sabogal et al., 2014). Se defiende que los servicios
ecosistémicos no monetizables, como la diversidad genética o el mantenimiento de hábitats para
especies en peligro, deben recibir la misma o mayor consideración que aquellos que pueden ser
monetizados (Montes Pulido, 2014). Sin embargo, este enfoque puede ser percibido como
idealista o difícil de implementar en contextos donde las presiones económicas son fuertes.
Ignorar el valor económico de los servicios ecosistémicos podría hacer que los bosques se vean
como menos valiosos que otras alternativas de uso del suelo, lo que podría conducir a su
conversión o degradación (Guariguata et al., 2016).
Conclusiones
La silvicultura es esencial para mantener la salud de los bosques. No solo se trata de producción,
sino también de proteger el medio ambiente y los servicios que los bosques ofrecen, como
prevenir desastres naturales y conservar la biodiversidad.
Cada tipo de bosque requiere un enfoque diferente. En los bosques tropicales, es importante
entender la ecología de las especies para un manejo efectivo.
Es clave equilibrar el valor económico y ecológico del bosque. Valorar económicamente los
servicios forestales motiva la conservación, pero también es vital proteger la biodiversidad y los
procesos ecológicos para asegurar la salud y sostenibilidad a largo plazo del ecosistema.
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