Documento de Trabajo - Serie Sostenibilidad Urbana - Editado por SinergyBrains
2004
Alejandro D. Crojethovich Martin
EL METABOLISMO DE LA CIUDAD
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Acerca del Autor
Alejandro D. Crojethovich Martín
Es Licenciado en Ciencias Biológicas, especializado en Ecología, por la Universidad de Buenos
Aires y Diplomado en Ecología y Medio Ambiente en la Universidad Complutense de Madrid.
Está especializado en Ecología Urbana, ha trabajado como consultor en proyectos
interdisciplinarios relacionados con el medioambiente, la gestión de recursos naturales y la
educación. Ha sido investigador en universidades en Argentina y España, en los temas de
sistemas complejos, y su sostenibilidad, en particular sobre residuos y recursos hídricos.
Ha sido Profesor y miembro de un equipo de trabajo interdisciplinario en Ecología Urbana. Ha
dado cursos y conferencias sobre desarrollo sostenible urbano y la gestión de residuos. Es
coautor de libros, y ha publicado en numerosas revistas. Ecología de la Ciudad, es su último
libro, publicado a comienzos del 2005.
Es cofundador del Connections Institute, Organización Civil sin Fines de Lucro que promueve la
investigación, la cooperación y la formación. Es director de SinergyBrains, empresa de
servicios de consultoria interdisciplinaria.
Email: [email protected]
El Metabolismo de una ciudad
Publicado como una parte de: Di Pace, M., Crojethovich Martín, A. y Herrero, A. C. 2004. Ecología y
Ambiente. En: María Di Pace y Horacio Caride Bartrons (Editores). Ecología de la Ciudad. Universidad
Nacional de General Sarmiento y Prometeo Libros, Buenos Aires. ISBN 987-9300-66-1
Introducción
Dos situaciones inéditas en la historia de la humanidad influyen en el renovado interés
que despiertan los estudios urbanos y su metabolismo. Por un lado hacia el año 2030 y
por primera vez en la historia, el 60% de la población mundial vivirá en las ciudades.
Esa gran cantidad de individuos se concentrará en grandes ciudades, las llamadas
megalópolis (ciudades con más de 10 millones de habitantes). En 1950 solo había una
ciudad con una población superior a 10 millones de personas. En 2015 habrá 21
ciudades de ese tamaño y 37 ciudades más tendrán entre 5 y 10 millones. La
combinación de urbanización y concentración hace de las ciudades los territorios
protagonistas de los cambios sociales, económicos y ambientales del siglo XXI.
Por el otro lado, en parte como consecuencia del proceso de urbanización, y además por
la creciente globalización informativa que ha llevado a una concentración de los centros
de intercambio y de decisión en las grandes ciudades, el peso especifico de las
megalópolis esta creciendo sobre el resto del mundo: económicamente las actividades
industriales y comerciales de las áreas urbanas representan entre el 50 y el 80% del PIB
en muchos de los países de mundo. Además, como centros de consumo, su poder es
significativo sobre la forma en que se gestionan los recursos naturales globales. Sin
embargo no todas las ciudades en ese mundo urbanizado están igualmente preparadas
para absorber los cambios por lo que es muy probable que se agudicen los problemas
actuales en las ciudades del tercer mundo (peores equipadas para proporcionar a sus
ciudadanos transporte, vivienda, agua y alcantarillas) y se presenten algunos nuevos en
las ciudades de los países desarrollados.
Las redes metabólicas entre ciudades han existido desde hace siglos, pero la
preponderancia de las ciudades sobre el resto del territorio es algo nuevo. De la misma
forma que se ha tratado tradicionalmente la división internacional entre países
productores de materias primas y países proveedores de tecnologías, ahora surge un
escenario planetario en el cual son las ciudades (tanto o más que los países) las que se
integran en redes donde se intercambian materiales, energía, información y capitales.
Estos intercambios son a menudo asimétricos y determinan un nuevo metabolismo
urbano del siglo XXI, diferente al tradicional enfoque de intercambios entre la ciudad y
el campo o de los análisis de entradas y salidas. Además las características y la
ubicación de las ciudades dentro de las redes metabólicas pueden influir sobre su
estructura urbana.
Las ciudades comparten propiedades con los ecosistemas naturales. Los flujos de
materia y energía son ejemplo de ello, aunque no los únicos, pero sí los más
tradicionalmente citados y estudiados. Existen notables similitudes y diferencias en la
forma en que se dan los flujos de la energía y el ciclo de la materia en un ecosistema
natural y uno urbano. En la Figura 1 se esquematizan dichas diferencias utilizando la
simbología desarrollada por Odum.1
Figura 1. Esquema del ciclo de la materia y el flujo de energía de dos ecosistemas: Natural (a)
y Urbano (b)
Límite del ecosistema
Energía
Sol fósil
Exportación de + Sol
energía
Entrada de materia H
y organismos
Residuos
EN-M Entrada de materia
S
Exportación
de materia
Calor
Calor
a b
Ciclo de la energía
Ciclo de la materia
Reservorio
H: heterótrofos. S: subsistemas social, produtivo y físico-natural
A: autótrofos. EN-M: ecosistemas naturales + ecosistemas domesticados
Fuente: elaboración propia, basada en Odum, Eugene y F. O. Sarmiento, Ecología. El puente entre
ciencia y sociedad, Mc Graw-Hill Interamericana, México, 1998.
Los dos ecosistemas son subsidiados y se encuentran atravesados por un gradiente de
energía, solar y/o fósil+nuclear.2 La disminución de la exergía3 es la base del
funcionamiento en ambos ecosistemas. La energía es utilizada en diferentes formas:
almacenada en compuestos orgánicos o utilizada en procesos productivos y para el
sostenimiento de la calidad de vida del hombre. O sea en ambos casos la disminución de
la energía útil produce algún tipo de estructura y organización. Esta es una propiedad
común de ecosistemas naturales y ciudades cuyo estudio ha esquivado el interés
académico hasta el presente. Por su parte el ingreso de materia es muy superior en el
ecosistema urbano, lo mismo que el egreso, a diferencia del relativo ciclaje que se
produce en el ecosistema natural promedio. Además ambos ecosistemas son una
combinación de componentes autótrofos y heterótrofos, ya sea que se trate de especies
(ecosistema natural) o del acoplamiento entre zonas rurales y urbanas. Sin embargo,
como veremos a continuación, las propiedades ecosistémicas de una ciudad no son bien
expresadas por la forma tradicional de evaluar su metabolismo urbano.
1
Cfr. Odum, Eugene, 1971.
2
Las otras formas en que una ciudad recibe energía - como ser la energía hidroeléctrica - pueden
reducirse a combinaciones de energía solar + fósil.
3
Exergía: energía capaz de producir trabajo útil.
El Metabolismo Urbano
El punto de partida de nuestro análisis metabólico se basa en considerar el conjunto
formado por el par sistema-ambiente (S-A) entre los que se define una relación
funcional que en el caso de una ciudad es su metabolismo urbano. La forma tradicional
de estudiar el metabolismo urbano es la que perfila a la ciudad como un compartimiento
con entradas y salidas, tal como fuera definido por Wolman:4 “[el metabolismo de una
ciudad son] todos los materiales y mercaderías necesarias para sostener a los habitantes
de la ciudad, sus hogares, sus trabajos y sus divertimentos” (Figura 2). Se han realizado
algunos avances posteriores como incorporar la dinámica de los asentamientos urbanos
y su habitabilidad en el llamado “Modelo Extendido de Metabolismo de la Ciudad” 5. En
los estudios del metabolismo urbano, las entradas a la ciudad son generalmente cuatro:
alimentos, agua, energía y materias primas provenientes de los ecosistemas rurales6
mientras que las salidas son los residuos (sólidos y gaseosos) y aguas residuales. La
relación funcional se establece entre la ciudad (sistema objeto) y su entorno (el
ambiente: área rural o ecosistemas naturales y productivos). Dado que la mayor parte de
los insumos no son producidos dentro de los límites de la propia ciudad y hay una
concentración de la población en áreas reducidas, no es muy difícil imaginarse que el
balance es negativo en términos de la apropiación de insumos ajenos a la ciudad, ya
sean alimentos o materias primas como madera, metales, etc. situación que fue
formalizada por Rees7 como la “huella ecológica” de una ciudad. Sin embargo más
notoria es la cantidad de superficie necesaria para asimilar los residuos de una ciudad,
que supera con creces al área necesaria para producir alimentos, agua y materias
primas8. Esta diferencia entre la huella ecológica de las entradas y salidas puede ser
explicada si se consideran las características internas del metabolismo urbano que
determinan la transformación de insumos en productos-desechos (eficiencia) Si se suma
a la producción de residuos sólidos la contaminación acuática y del aire, se está en
presencia de un tipo de metabolismo que es capaz de alterar significativamente los
metabolismos de sus sistemas asociados, cercanos y lejanos.
4
Wolman, Abel, p. 179.
5
Cfr. Newman,. P. W. G., pp. 219-226.
6
Cfr. Newcombe, 1975 ; Newcombe y otros, 1978 ; Douglas, 1983 y Hardoy y otros, 2001.
7
Cfr. Rees, W. E., pp. 121-130.
8
Cfr. Folke, C. y otros, pp. 167-172.
Figura 2
Enfoque metabólico urbano
tradicional donde la relación
entre la ciudad (sistema
objeto) y el ambiente es un
flujo unidireccional y el
sistema es visto como una
caja negra. Cada unidad S-A
tiene un metabolismo aislado
del resto de unidades (otras
ciudades).
Fuente: elaboración Propia
El punto de vista de “entradas y salidas” para estudiar el metabolismo urbano tiene su
origen en una interpretación incompleta de los conceptos de “ecosistema” y
“metabolismo”. El concepto de ecosistema es por empezar un concepto sistémico (como
ha sido señalado previamente en este capítulo), siendo la esencia de lo sistémico la
interconexión9. Por lo tanto no basta con considerar a una ciudad como una caja negra
que consume alimentos y produce residuos porque estos flujos no alcanzan para
explicar la relación entre la ciudad y su ambiente. Resultan de mayor utilidad las
aproximaciones al análisis del metabolismo urbano basadas en cuestiones funcionales
como la proporción entre producción propia y residuos producidos. Supongamos un
índice como el siguiente:
I1 =
∑ bienes producidos − ∑ insumos
en un período de tiempo t.
∑ residuos
Cuanto más alto sea el valor de I1 los sistemas productivos de la ciudad estarán
funcionando a mayor velocidad y utilizando más eficientemente los recursos. Es posible
diferenciar tres situaciones (Figura 3). 1) la ciudad produce más residuos que bienes
(B/R=I1<1): situación de baja eficiencia, las materias primas, la energía y/o los capitales
son utilizados con métodos productivos poco conservadores. Hay una alta proporción de
materiales anexos al bien principal (ej. embalajes). Esta situación se da en economías de
alto consumo y poder adquisitivo. 2) B/R=I1=1. Los dos casos extremos son el de un
metabolismo urbano muy bajo (B y R se aproximan a 0) o un metabolismo alto pero en
economías de bajo poder adquisitivo con producción de artículos que cubren las
necesidades básicas. En cualquiera caso se debe tratar de una situación temporal. 3)
9
Cfr. Jørgensen, S. B. y otros, pp. 1-27.
B/R=I1>1. Situación de alta eficiencia metabólica en una ciudad que aplica principios de
sustentabilidad.
Figura 3
Plano de la eficiencia. Se
ha señalado la zona de alta
eficiencia.
Fuente: Elaboración propia
Esta forma de evaluar el metabolismo puede parecer una variación del conocido
cociente Producción (P)/Respiración (R) que ha sido propuesto como un índice
diagnóstico del metabolismo de un ecosistema y que fuera utilizado para demostrar
como una ciudad es un ecosistema altamente heterotrófico (P/R<1).10 Sin embargo el
cociente P/R no permite medir el grado de eficiencia interna de un ecosistema urbano
sino si éste produce o no sus propios recursos y esto también en forma limitada puesto
que la Producción (P) es la producción primaria. Si consideramos la Producción
Secundaria (Ps) y Terciaria (Pt) (bienes y servicios) las ciudades pueden tener un Ps-
t/R>1.
Los índices tipo I1 (de los cuales se pueden construir varios más, sólo hay que pensar en
vez de residuos en agua y energía) son independientes de los ingresos de materia y/o
energía a la ciudad. Se puede dar un paso adelante considerando simultáneamente tanto
las propiedades internas del ecosistema urbano como un análisis del tipo entradas-
salidas. Para un ecosistema natural esto sería un modelo metabólico en tres
dimensiones, Producción (P), Respiración (R) y Entradas-salidas (I/O) análogo al
metabolismo de un sistema hídrico.11 Para una ciudad conviene generalizar el plano de
coordenadas cartesianas P-R como el plano de la “eficiencia metabólica” y agregar un
tercer eje de I/O lo que permite incorporar el enfoque tradicional de balance de materia
y energía (Figura 4).
10
Cfr. Odum, Eugene, 1957, y Odum, Eugene y Sarmiento, F. O., 1998.
11
Cfr. Fischer, S. G. y G. E. Likens, pp. 421-439.
Figura 4
Modelo
metabólico en tres
dimensiones, que
incluye distintas
combinaciones de
eficiencia y
transporte.
Fuente: elaboración propia
Este modelo es más completo que los anteriores, además tiene otras ventajas. Diferentes
combinaciones de eficiencia y flujos (I/O) metabólicos producen la ganancia o no de
organización de ecosistema urbano. Una situación donde I/O>1 y B/R>1 (área
sombreada en la figura) tendrá como consecuencia el aumento de la organización. En el
plano de la eficiencia (R/B) se pueden combinar cantidades de información, materia y
energía. Y en el eje de I/O se pueden colocar los balances de materiales y recursos (ej.
agua) en una ciudad.
Como se expresó antes, el estudio de entradas-salidas no alcanza para explicar la
relación entre la ciudad y su ambiente. Las ciudades no están aisladas unas de otras.
Como unidades de sistema-ambiente se interrelacionen entre sí. Una unidad sistema-
ambiente ha sido denominada environs por Patten12 y más tarde eco-sistema13. Un eco-
sistema es una partición del ecosistema en estudio formado por dos partes: el sistema y
su ambiente, de modo que un ecosistema es un conjunto de unidades S-A que tienen
entre sí algún tipo de relación, por ejemplo ciudades entre las cuales hay transporte de
mercaderías y flujos de capitales. A un conjunto de ciudades que conforman una red se
la puede definir como un Ecosistema Urbano Extendido (EUE): un conjunto de eco-
sistemas urbanos, subunidades formadas por ciudades más su ambiente (Figura 5). En
un sentido estricto la globalización tiene mucho que ver con la existencia de un EUE. El
metabolismo urbano de una ciudad es influenciado por el metabolismo del conjunto,
determinando un Metabolismo Urbano Extendido o MUE.
El MUE es una nueva manera de analizar el metabolismo urbano en términos de
trofismo. El análisis ecológico tradicional considera el conjunto ciudad (unidad
heterótrofa) y el campo (unidad autótrofa), mientras que con este nuevo enfoque el
MUE es una verdadera “red trófica” donde cada eco-sistema (unidad S-A) está
12
Patten, B. C., pp. 206-222.
13
Cfr. Jørgensen, S. B. y otros, pp. 1-27.
compuesto por un determinado par ambiente-ciudad que mantiene su propio
metabolismo, aunque dentro de la red.
Figura 5
Ecosistema Urbano
Extendido formado por
unidades eco-sistémicas
(ciudades S + ambiente
A). La red de relaciones
que se establece es el
Metabolismo Urbano
Extendido. A su vez
cada par S-A mantiene
su propio metabolismo
interno.
Fuente: elaboración propia
Es a través de esta red donde una ciudad se apropia de los recursos naturales y servicios
ecológicos de áreas distantes aumentando su huella ecológica. En la red de eco-sistemas
que se forma, se pueden dar relaciones de inter y intracompetencia y situaciones de
asimetría, donde una ciudad puede controlar (a través de la presión que ejerce sobre el
mercado) en ciertos grado la forma en que se usan los recursos naturales en ciudades
lejanas.
El par metabolismo-paisaje es un caso particular del más general estructura-función. El
paisaje es considerado como el resultado emergente de un conjunto de relaciones de
distinto tipo14. Esas relaciones subyacentes se dan no sólo entre elementos del paisaje
sino también con elementos de su entorno En las ciudades (donde su relación con el
entorno es muy importante) el paisaje depende de una serie de factores (Figura 6): las
relaciones metabólicas intra eco-sistema (R1) (ej. ciudad-campo), la retroalimentación
interna de la ciudad (R2) (resultado de su propia organización previa) y del nivel de la
ciudad en el entramado global del Ecosistema Urbano Extendido (R3) (a través del
MUE). De este modo el paisaje en una unidad eco-sistémica será influenciada por su
posición en la red ecosistémica global. Tal ha sido el caso de la Ciudad de Buenos Aires
en la época colonial.
14
Cfr. Pineda y otros, 1973 y González Bernáldez, 1981.
Figura 6
Relación entre los
distintos niveles
metabólicos (función)
y el paisaje en una
ciudad.
Fuente: elaboración propia
En la Ciudad de Buenos Aires el período entre 1737 a 1757 divide su historia
metabólica. La Ciudad de Buenos Aires fue fundada dos veces: una primera fundación
en el 1536 y una segunda fundación en el 1580. Durante los primeros años Buenos
Aires actuó como lugar de paso de mercaderías y capitales entre la zona del Alto Perú,
Tucumán y España. Al no participar en los procesos productivos (puesto que las
mercaderías se producían por un lado en el Alto Perú y por el otro en Europa) Buenos
Aires no acumulaba capitales (Figura 7). Su posición en la red metabólica mundial en
esos años no permitía una acumulación, el flujo de materia y energía no recirculaba, casi
se puede decir que Input=ouput en nuestro modelo (eje central en la Figura 4). El
paisaje urbano reflejaba su metabolismo. Los materiales de construcción
(principalmente barro y paja) tenían un bajo valor de emergía15 y la complejidad de las
viviendas era muy baja. El jesuita flamenco Justo Van Snerck decía en 1629 al describir
sus impresiones sobre la ciudad que: “1as iglesias y las casas, sin excepción, son todas
de barro y están techadas con paja, y sólo algunas lo están con tejas. No hay ningún
pavimento, se ignora lo que es una ventana de vidrio, ni siquiera las hay de tela o
papel, no hay sótanos. ni bodegas, ni tampoco obras de carpintería. No se emplean las
escaleras, puesto que las casas son de una sola planta (...) No voy a hablar de los
españoles en materia de ropa. que estoy hablando de cosas inventadas por mi
fantasía”.16
Es curioso también como dentro de está red, la ciudad de Tucumán tenia una posición
predominante sobre Buenos Aires cuando jerárquicamente estaba el sistema dominado
por Perú. Esta situación se mantuvo legalmente hasta principios del siglo XVIII aunque
para esa época se daba un abundante comercio fraudulento lo que había hecho que la
influencia de Buenos Aires sobre sus alrededores aumentara, produciéndose el
15
Suma de las energías utilizadas para producir una unidad de un bien o servicio.
16
Cit. Arazola Corvera, M. J., p. 75.
comienzo de la dominación de la ciudad sobre su entorno a través del desarrollo de
nuevas rutas metabólicas. “Sin embargo [con el comercio fraudulento], la ciudad logró
desarrollarse y crecer con la construcción de nuevas casas e iglesias perteneciendo
algunas de las primeras a los vecinos más acaudalados. Se trataba, ciertamente, de una
austera prosperidad, pero aún así no se correspondía con la situación extrema de años
atrás. El crecimiento continuó y en 1698 ya se hizo necesario aumentar el ejido de la
ciudad. Algunas casas desde mediados del XVII tenían zaguán y grandes habitaciones,
varios patios y huertas y, a pesar de ser de una arquitectura desnuda y sencilla, los
interiores estaban dotados de un lujo que llega a sorprender.... y cojines de terciopelo,
sedas de la India. damascos de la China y Castilla, o tafetanes bordados con galones,
flecos y borlas de seda y oro".17
Figura 7
Buenos Aires en
la red metabólica
desde su
fundación hasta
principios del
siglo XVII. Su
relación con el
entorno (área
coloreada) es
nula.
Fuente: elaboración propia
Un hecho político (la Guerra con Inglaterra en el año 1739) desencadena un serie de
acontecimientos que cambian el metabolismo urbano. La Guerra con Inglaterra presiona
a España a mantener el control de sus colonias en Sudamérica otorgando en el 1737 el
permiso a Buenos Aires para comerciar más libremente con la Península. Este sistema
de comercio llamado “de registros” fue muy activo entre 1737 y 1757, período "sin
duda clave para el despegue comercial y económico de Buenos Ares, así como para la
formación de una élite comercial, germen de futuras familias que habrían de dominar
el ámbito socioeconómico porteño”18 donde el paisaje de Buenos Aires se transforma
desde una aldea a un puerto importante.
El tipo de mercadería provee datos interesantes sobre como se desarrolla la ciudad y su
metabolismo:
a) Mercaderías de España a Buenos Aires durante 1737-1757:
Acero, Aceite, Aguardiente, Frutos secos, Alimentos, Especias, Cobre, Café,
Hierro, Hojalata, Latón, Licores, Libros, Papel, Peltre, Plomo, Vino, Armas,
Cuchillos, Muebles, Cristal y vidrio, Loza y Vajilla, Cerraduras, Lámparas,
Pelucas, Tabaco.
1. Mercaderías de Buenos Aires a España 1737-1757:
Cueros, Lana de vicuña, Plata, Oro, Caudales, Sebo, Especias.
Siguiendo este análisis:
17
Ibídem.
18
Ibídem, p. 25.
1. Los materiales ingresados tienen un alto valor agregado en términos energéticos
(emergia). Fueron utilizados en la propia ciudad, transformándose el paisaje
urbano: “a través de este material se puede seguir la evolución de la ciudad de
Buenos Aires, ya que la progresiva demanda de útiles de construcción y adorno
(por ejemplo, las rejas de ventanas y balcones) nos hace suponer un desarrollo
urbanístico en el que las casas de dos pisos no eran ya tan infrecuentes, ni
tampoco lo coches de caballos dado el crecimiento de la ciudad. Prueba de ello
es que a partir de 1743 se dio un importante incremento en los envíos de hierro
trabajado en forma ornamental y en los complementos de éste, tales como los
vidrios para ventanas y puertas, registrándose también arreos para los coches
de caballo”19.
2. Partes de estos materiales eran vendidos fuera de la ciudad produciéndose dos
consecuencias: el desarrollo de rutas de comercio y la dominación de áreas
lejanas.
3. Los materiales exportados de la ciudad (con un muy bajo valor agregado)
determinaron una fuerte relación entre Buenos Aires y su entorno inmediato (La
Pampa).
4. Las diferencias entre entradas-salidas marcaron el comienzo de una asimetría
metabólica que continuo hasta al menos 1929 cuando todavía el intercambio
entre Buenos Aires y España se realizaba con las mismas mercaderías (los
cueros, salados o frescos, ocupaban el segundo lugar en la exportación hacia
España en ese año por lo que seguían siendo un elemento primordial en la
balanza comercial de la Argentina) (Figura 8).
Figura 8
Buenos Aires a mediados del
siglo XVIII. La expansión de
su metabolismo urbano
produce organización interna,
dominación de su entorno,
pero también coloca a la
ciudad en su lugar en la red
del metabolismo urbano
extendido por más de 200
años.
Fuente: elaboración propia
La competencia interurbana entre ciudades del Primer y Tercer Mundo dentro del MUE,
produce situaciones de exclusión, y tal vez de coexistencia, aunque el punto de
equilibrio quizás en el llamado desarrollo sustentable no se da muy a menudo. Una línea
de investigación interesante puede ser la de evaluar las experiencias de desarrollo
sustentable como ejemplo de competencia no excluyente. La relación de competencia
no es metabólica, es evolutiva y a nivel de comunidad y ecosistema, y en términos de lo
que podemos llamar el metabolismo global del desarrollo concepto que enlaza el
tradicional metabolismo urbano con el desarrollo sustentable.
19
Ibídem, p. 179.
Sistemas organizados por ciclo de la materia, flujo de energía e información
Los flujos de materiales y capitales que ingresaban a Buenos Aires (y que extendían su
influencia hacia áreas circundantes) produjeron un aumento en su organización interna
que se vio reflejado en su paisaje urbano. De esta forma el metabolismo está
fuertemente relacionado con las propiedades internas de un sistema urbano. La
circulación de energía y materia por ejemplo en un curso hídrico presta una serie de
servicios ecológicos que se traducen en el aumento de las actividades productivas y para
uso humano, modificando el paisaje y agregando bits de información al sistema (Figura
9).
Figura 9
Metabolismo urbano en una zona
rural en Orense, España. El agua
aprovisiona las casas de la región
(al fondo) y posibilita el cultivo
de la vid (a la derecha), además de
modificar el paisaje.
Fuente: fotografía de Alejandro Crojethovich Martín
Se ha mencionado que una situación metabólica donde I/O>1 y B/R>1 tiene como
consecuencia un aumento en la organización de un sistema urbano, eco-sistema o
conjunto S-A. Sin embargo no siempre es sinónimo de aumento de organización. La
disposición incontrolada de residuos (incorporación de materia al sistema) produce
desorden (Figura 10).
Figura 10
Los residuos disminuyen el
atractivo visual en un camino
rural, afectando al paisaje en
general. Orense, España.
Fotografía: Alejandro
Crojethovich Martín
La organización es una propiedad difícil de medir, fundamentalmente porque es un
concepto vago. Un enfoque exclusivamente energético oculta otro aspecto importante
vinculado a la existencia de flujos de energía y que es la aparición de estructuras
organizadas. Es esencial tomar en cuenta la información para estudiar la organización
de los ecosistemas20. La información puede ser medida a través de los índices de
diversidad o complejidad como el siguiente:
n
H = − ∑ pi .log 2 pi donde su unidad es el bit.
i= 1
De acuerdo con Rueda Palenzuela21 los portadores de información en un ecosistema
urbano son las “personas clasificadas por categorías y las actividades, entidades e
instituciones”, que podemos llamar “miembros”. pi indica el número de miembros que
cumplen una peculiaridad en el conjunto de miembros de la comunidad, aunque la
diversidad en un sistema urbano puede ser evaluada de distintas formas: índices de
diversidad aplicados a usos del suelo, actividades por área de espacio urbano, etc. En
sistemas alejados del equilibrio en los cuales hay un gradiente de energía, la
organización está asociada a la aparición de estructuras disipativas, como es el caso del
propio metabolismo de una ciudad. De acuerdo con Kay la aparición de estructuras en
un ecosistema es la forma en la cual el ecosistema se opone al gradiente de energía
externo que se le impone, intentando cumplir con la 2 da Ley de la Termodinámica y
alcanzar el equilibrio.22 Es decir cuanto mayor es la organización de la estructura del
sistema, más rápido y eficiente es en disipar la energía. Para Margalef esa estructura es
el resultado directo de la historia de la energía usada y degradada en el pasado del
sistema.23 De está forma la medida de la organización en un ecosistema es indicador de
su eficiencia disipativa.
Con un sentido más general, la información en un sistema está relacionada con la
disminución de la incertidumbre desde los infinitos estados posibles a un conjunto de
estados que estás sujetos a la interacción entre las partes del sistema. Un ejemplo puede
servir para aclarar esta idea. Los móviles del escultor estadounidense Alexander Calder
(1989-1976) (Figura 11) son un conjunto de piezas relacionadas entre sí por alambres
de metal. Los estados que puede adoptar el móvil merced a su movimiento por las
corrientes de aire son un conjunto seleccionado por el escultor (quien agregó
información a la obra) entre muchos posibles, de tal forma que siendo los cambios
impredecibles, su variedad se halla acotada por la estructura del móvil-sistema.
20
Cfr. Jørgensen, S. B. y otros , pp 1-27.
21
Cfr. Rueda Palenzuela, S., 1999.
22
Cfr Schneider, E.D. y J.J. Kay, pp. 25-48.
23
Cfr. Margalef, Ramón, 1980.
Figura 11
A. Calder: S-Shaped Vine,
1946.
Hojas de metal, alambre y
pintura. (Sheet metal, wire,
and paint)
250.2 x 175.3 cm
Colección de Rita y Toby
Schreiber
Fuente: © 1998 Estate of Alexander Calder/Artists Rights Society (ARS), New York
Otro ejemplo puede ser un sistema fluvial inserto en una matriz socio-ecológica. Dicho
sistema, el río y las estructuras humanas (que modifican el río como puentes, presas,
etc. y los asentamientos) tiene una historia de flujos de energía y materia que han
determinado su estructura actual, esto es la relación hombre-río. Esta historia (el tiempo
con sentido), es la que engendra el “código” a través del cual se tamizan los infinitos
estados futuros del sistema fluvial, sopesando diferencialmente las probabilidades de
ciertos estados sobre otros, disminuyendo así su impredictibilidad. El río ya no está solo
dirigido por su propia dinámica sino por su relación con el hombre, aunque también el
hombre no sea totalmente libre de actuar porque ha invertido mucha energía previa en el
sistema. Es así que también las ciudades vistas como sistemas complejos son fruto de la
historia metabólica en un sentido profundo.
BIBLIOGRAFIA
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Aires : (1737-1757). Diputación de Sevilla.
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