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Temas de sociología

Mariclaire Acosta

Algunos problemas teórico-metodológicos

Lo! individuos se hacen los unos a los


otros, tanto fisiea como espirilualnientt,
pero no se hacen a si mismos.
Marx y Engets, La ideología alemana

Objeto de estudio de la sociolo^a

Determinar el objeto de estudio de la socioloRÍa significa, necesariamente,


partir de algunas premisas básicas sobre la naturaleza humana y, por ende,
de la sociedad. Enumeraremos éstas brevemente:

1. El hombre es único en el reino animal en tanto poseedor de cultura;


2. Los hombres, gracias a la posesión de la cultura, pueden comunicarse
entre sí, aprender de esta comunicación e intcrgenerarse (Bagú: 1975, p. 9);
3. Esta intergeneración recíproca e incesante hace del hombre ün ser hu
mano. En otras palabras, el hombre no es humano si vive fuera de xm entra
mado de relaciones sociales. De esto se sigue que lo humano no es una cuali
dad intrínseca, sino que está generada por el intercambio social;
4. El hombre es capaz de participar en el intercambio social porque posee
cultura. La cultura es un sistema de comunicación simbólica arbitraria
(Kingsley Davis: 1969, p. 44), que no se adquiere por mecanismos genéti
cos; la cultura se aprende, no se hereda.

En resumen, la posesión de cultura permite la interacción entre los hom


bres, la cual, a su vez, da origen a la sociedad. La naturaleza intima de la
realidad social es que configura una urdimbre de relaciones sociales signi
ficativas.
Naturaleza de la realidad social

Los elementos constitutivos de la realidad social son: una praxis dialéc


tica, es decir, un proceso recíproco entre los hombres que engendra ince
santemente una reconfiguración de los mismos; un contexto de inserción de
esta praxis, lo cual significa que la interacción humana está mediada por la
influencia que ejercen sobre los actores las agrupaciones sociales (grupo cul
tural, clase, familia, grupo lingüístico, religioso, étnico, etcétera) a las que
pertenecen, y finalmente, la cosmovisión particular de los actores sociales,
producto de su paisado personal y su proyección al futuro, es decir, el con
junto de significados que éstos confieren a su realidad (Bagú: 1975, p. 84).
Si la realidad social está constituida por estos tres elementos, y el hombre
no es hombre si no interaclúa con los demás, entonces podemos inferir que
la vida humana es un incesante ingresar y egresar de grupos, un constante
hacer y deshacer de los mismos y un continuo tráfico entre él y sus semejan
tes, a veces armónico, a veces conflictivo. Por tanto, la realidad social es
fluida, dinámica, se mueve constantemente: es un proceso vivo que actúa a
dos niveles:

—Creando ordenamientos incesantes de hombres y fenómenos, y


—Gestando diferencias cualitativas entre éstos que producen cambios en
el proceso.
Los ordenamientos sociales requieren, para tener un mínimo de perma
nencia y significado, de un instrumental material (instrumentos tecnológi
cos, muebles, edificios, instrumentos artísticos, etcétera, es dedr, cultura ma
terial).

Dimensiones de la realidad social

Esta realidad social que se reproduce a sí misma sin cesar existe en el


tiempo y en el espacio. Sin embargo, estas dos dimensiones no son las mis
mas que emplean los científicos naturales para comprender la realidad física,
pues en nuestro caso el espacio es un atributo del tieropo. ¿Qué significa
esto? Simplemente que la realidad social se da en una secuencia, pero que
ésta, a la vez, implica un desplazamiento de la acción (algo sucede que ge
nera otro algo y que sucede primero en un sitio, luego en otro, etcétera). El
espacio, en nuestro caso, es un contexto de significados compartidos por los
hombres; puede estar situado en un territorio determinado, pero no es una
condición necesaria. La tercera dimensión de la realidad social que aquí nos
ocupa, es su densidad. En otras palabras, la intensidad y velocidad con que
se generan los cambios. En conclusión, en la realidad social podemos distin
guir tres tipos básicos de procesos atendiendo a las dimensiones de la misma:
el transcurso histórico, los correspondientes a un espacio social, territorial o
nOj los que tienen un ritmo lento de desarrollo y los que tienen un ritmo verti
ginoso

Organización de la realidad social

La realidad social se configura en estructuras o conjuntos diferenciados,


los cuales presentan algunas propiedades como las siguientes (Bagú: 1975,
pp. 114-116):

a) Son totalidades en las que sus partes integrantes están íuncionalmente


interrelacionadas;
b) Poseen una unidad cualitativa, aunque se transformen incesantemente;
c) Son parte y producto del transcurso histórico;
d) Pueden transformarse en otras cualitativamente distintas;
e) Se integran en un todo ordenado jerárquicamente, en tanto que unas
estructuras determinan a otras;
f) Son producto de la acción inteligente y significante del hombre. Per
siguen fines que el hombre se ha fijado para sí mismo. En este sentido no se
sobreponen al hombre con una fatalidad ciega. Poseen el sentido que el hom
bre les ha conferido, pues él construye su propia realidad social (Waish:
1973, p. 19);
g) Nacen, viven y mueren como producto qtic son de la naturaleza hu
mana.

Estas estructuras configuran sistemas sociales cuando se integran funcio-


nalmente en un espacio social y/o físico determinados. Cada sistema social
se caracteriza por la naturaleza particular de las tres dimensiones que hemos
visto, asi como por la forma en que se relacionan entre sí.

Objetivo de la sociología

La sociología se ocupa de estudiar a la realidad social organizada en


sistemas sociales, así como de interpretar el significado que los hombres le
confieren a estos sistemas. No es la única disciplina que se ocupa de la reali
dad social. De hecho comparte este campo con la economía, la ciencia po
lítica, la antropología cultural y la psicología social para enumerar sólo
algunas. Las linderos entre todas estas disciplinas son borrosos y deben serlo,
pues no constituyen compartimentos estancos, sino especialnaciones en el
conocimiento de lo social. La realidad social es una e indivisible y sólo se ha
especializado a efectos de profundizar en alguno de sus aspectos. El conoci
miento sociológico no se ocupa, sin embargo, de los residuos de las demás
ciencias sociales, todo lo contrario: enfoca su atención a la sociedad en su
conjunto. En otros términos, se ocupa de la sociedad como un sistema de re
laciones sociales, sin menoscabo de su tipo particular. Esta actitud de la
sociología tampoco debe confundirse con un enciclopedismo que incluye el
conocimiento reunido por las otras ciencias sociales, sino como el punto de
vista de una disciplina que estudia la forma como las sociedades logran la
nnidad, la continuidad y la transformación. Como diría Kingsley Davis:
"...resulta que a este tipo de análisis global se le llama sociología, un nom
bre tan bueno como otro cualquiera" (1969, p. 9).

í^aturaleza científica de la sociología

El hombre ha tenido una tendencia rei-


terada a explicarse su realidad refirián-
dose a la mayor magnitud por él conce
bible, que es lo divino. De lo cotidiano
gris y acongojante a lo eternamente lu
minoso: un acto fallido de liberación.
S. Bagú, Tiempo, realidad social y
conocimiento.

La noción de que lo específicamente social de la conducta humana era


algo digno de ser estudiado científicamente, aparece muy tardíamente en
Occidente. Lo que ahora conocemos como ciencia social tiene su génesis
en Europa a partir del Renacimiento, en los albores del ascenso de la burgue
sía como clase social que buscaba, de manera incipiente, encontrar la Ictica
intrínseca de los mecanismos sociales que le afectaban. Así, con el surgimien
to del Estado moderno que impone su particular racionalidad al resto de la
sociedad, se originaron los primeros balbuceos de la ciencia política. Poste
riormente, a medida que los valores racionalistas de esta clase ascendente
permearon a la sociedad atacando a la visión medieval del mundo, se des
arrolló la noción de que la ciencia era una forma de conocimiento muy
sui>erior a las demás. Las premisas subyacentes de la epistemología científi
ca se consolidaron con firmeza en el siglo x^n, afectando, en forma conse
cuente, a todo el conocimiento del mundo natural y acelerando, con Galileo,
ima de las grandes revoluciones científicas de nuestra historia (Kuhn: 1970,
p. 75). Estas premisas influyeron radicalmente al posterior desarrollo de!
conocimiento científico, por lo que vale la pena destacarlas:

a) El mundo posee un orden fundamental;


b) Este es de naturaleza inmanente;
c) Es susceptible de ser reconstruido en un plazo temporal (atendiendo
a relaciones de causalidad) y en un plano espacial (como un todo coherente
cuyas piarles están interrelacionadas).
De osios {joslulados se construyú uii ¡jaradigma epistemológico —utiliza
mos el término paradigma como un modelo filosófico que define los proble
mas de estudio de una disciplina científica, las relaciones que guardan y la me.
todología adecuada para estudiarlos— (Kuhn: op. cit.) que concibió a la
tarea de la ciencia como la de investigar las interrclacioncs y cambios en
los fenómenos naturales, los cuales están sujetos a leyes generales. Estas últi
mas se integrarían en teorías deductivas con valor prcdictívo. Esta visión del
conocimiento científico arraigó definitivamente en los siglos xvni y xjx, du
rante los cuales juslaniente se cmpie/a a incorporar la filosofía social al
modelo rieniilicf). Es lógico su|)oner que esta noción de la tarea científica
se traspasara tal cual a la ciencia social embrionaria.
Dos eventos marcan el paso del pensamiento social al status de ciencia:
la embestida del racionalismo de la llustrnción contra los restos de la teología
medieval y la consiguiente "naturalización" de los hechos humanos producto
de este proceso de secularización.
La.s proposiciones racionalistas acerca de la naturaleza humana prodtici-
das en el Siglo de las Luces serán la plataforma y el acicate para el desarrollo
de las ciencias de la sociedad, pues afirmaciones como las que el hombre es
intrínsecamente racional, que la naturaleza humana es igual en todas partes,
que las instituciones se hacen para los hombres y no los hombres para las
instituciones, así como la noción de que el progreso es la lev central de la
humanidad, serían la piedra de toque de la sociología decimonónica. A par
tir de entonces, las explicaciones acerca de la naturaleza de lo social se verán
súbitamente emancipadas del yugo teológico y tradicional. Sólo en un con
texto así podemos explicarnos la aparición de Montesquieu, verdadero pre
cursor de la sociología y primero en detectar la materia prima de lo social
(Aron: 1965, p. 19). Igualmente entendemos la aparición de la economía
política de Adam Smith sustentada sólidamente sobre la noción racionalista
del individuo.
Si lo humano es natural y la ciencia estudia a la naturaleza, entonces lo
humano se puede estudiar científicamente. Con este legado filosófico se ini
ciaron los primeros ensayos sociológicos.
Pero las ideas sociales también responden a cambios concretos en la na
turaleza de la sociedad. £1 triunfo político y económico de la burguesía eu
ropea, la Revolución Francesa y el establecimiento definitivo del capitalismo
como modo de producción dominante, trajeron consigo cambios muy radica
les en la naturaleza de las relaciones sociales. Estos cambios fueron de una
envergadura tal que hubo que responder a ellos con toda la fuerza del inte
lecto. La respuesta intelectual al ascenso de la burguesía como clase domi
nante creará las ideas unitarias de la sociología (Nisbet: 1970, p. 7),. Es casi
un lugar común aíinnar que los hombres no suelen reflexionar profunda
mente sobre aquello que no representa un problema. Así, sólo « cuestionó
la naturaleza de la sociedad cuando ésta perdió su carácter rutinario a
causa de la crisis más |>rofunda en la historia moderna de Occidente (Ber-
ger Beiger: 1972, p. 20). Tal es el origen de la sociología: una respuesta
intelectual a la crisis de legitimación del pensamiento religioso producida por
el paso de la sociedad tradicional a la moderna.
Si bien el individualismo racionalista y la economía clásica liberal legitima
ron la destrucción de la sociedad feudal y pusieron al desnudo las nuevas y
creativas fuerzas del capitalismo industrial, generaron también fenómenos
insólitos para la época como fueron la urbanización masiva, la abstracción
de la propiedad, la degradación del trabajo y la proletarización, la destruc
ción de la familia tradicional, la concentración masiva de poder político en
manos de un Estado que se sentía con derecho de intervenir en todos los
órdenes de la vida privada de los individuos, la aparición de un nacionalis
mo agresivo y expansionista, etcétera. Ninguno de estos fenómenos encon
traba una explicación satisfactoria en el pensamiento racionalista, ni en la
noción de un orden natural y de una sociedad de naturaleza contractual
(Nisbet: 1970, p. 9). Más aún, amén de ser inexplicables, produjeron horror
y repugnancia en la mayoría de los intelectuales de la época, los cuales des
cubrieron —a pesar de sus posiciones ideológicas divergentes— un hecho
fundamental: que la sociedad tiene una e.xistencia autónoma. A partir de
entonces, ésta dejaría de conceptualizarse como un conjunto de individuos
libres unidos entre sí en virtud de un contrato social, para revelarse como
ima unidad orgánica con su racionalidad propia susceptible de desentrañarse
mediante la aplicación del método científico que tan buenos resultados ha
bía producido en el estudio de la naturaleza (Fletcher: 1971, p. 170).
Las implicaciones que tuvo para la sociología su nacimiento en este par
ticular contexto histórico son de gran importancia para entender muchas de
la-; características actuales de la empresa sociológica. Las señalaremos bre
vemente.
En primer lugar, la sociología tiene, y siempre ha tenido, una fuerte base
moral. Las ideas centrales de la disciplina surgieron con las aspiraciones
morales e ideológicas de sus fundadores (Nisbet: 1970, p. 18). Jamás han
sido producto del razonamiento libre y aséptico de la ciencia pura. Nacieron
a raíz del enfrentamiento del hombre decimonónico con el moderno Estado
industrial, de tal suerte que representan el esfuerzo de éste por conocer al
orden social para transformarlo o mantenerlo, según la posición ideológica
que sustentaba. Este tinte comprometido de la sociología no se ha perdido
ni se perderá jamás. Negarlo, como se ha pretendido algunas veces, significa
ignorar gran parte de los fundamentos de la disciplina.
Por otra parte, el paradigma científico positivista empleado por los pri
meros sociólogos era el correspondiente a las ciencias naturales. El modelo
de aquéllas se aplicó tal cual, con el resultado inmediato de que la mayoría
de los sociólogos conceptualizaron a la realidad social como un conjunto ex
temo, objetivo, pre-ordenado y divorciado de la actividad existencial del
hombre. La transformación de la realidad social, según este paradigma, se
presenta en términos de una evolución linea] que progresa por etapas en un
escalonamiento fatal (Bagú: 1975, pp. 37-47), y no como un proceso dia
léctico que ofrece multiplicidad de opciones.

Algunas comideraciones sobre la relación entre sociología c ideología^ asi como


de la aplicabilidad del conocimiento sociológico, derivadas de lo anterior

... la pertinaz y radical impotencia de


¡as ciencias sociales de Occidente por
descubrir al hombre...

S. Bagú

El peso del paradigma positivista de la sociología contemporánea aún no


se ha podido eliminar. En la actualidad subyacen muchas interpretaciones
estáticas y a-causales de la teoría sociológica (Bagú: 1975, pp. 93-95). Tam
bién ha perpetuado la noción de objetividad del conocimiento sociológico que
consistiría en descubrir la organización intrínseca y pre-existente del mundo
social, sin atribuirle a éste cualidades ñgnificativas para sus miembros. Evade
el hecho de que el mundo social posee una serie de significados múltiples
creados por el hombre y que el investigador —hombre también, al rfin y al
cabo— participa de esos significados. Así, podrá creer que está descubriendo
una realidad externa y objetiva, cuando en realidad sólo está reproduciendo
un esquema conceptual propio de esa realidad (Walsh: 1972, p. 27). Seme
jante posición también lleva naturalmente a escamotear la relación entre
ciencia social e ideología, que se traduce simplemente en la exclusión del
campo de su estudio de una serie de fenómenos que pasan desapercibidos
por el investigador, o bien la total omisión del sentido de la relatividad de
los valores, perdiendo de vista la definición social de muchos fenómenos con
la consecuente reificación de los mismos (Bagú: 1975, pp. 47-80; Walsh:
1972, p. 19). Quizá la consecuencia más perniciosa de esta actitud episte
mológica sea la de impedir que el investigador social cobre conciencia de
que frecuentemente actúa como portavoz de un grupo social con intereses
concretos, y que mucho de sus resultados de investigación sirven a éstos.
Ciertamente no toda la sociología contemporánea se basa en el modelo
positivista. Existen muchas escuelas de pensamiento que lo rechazan, pero
do no desecharse por completo de la mayor parte del análisis sociológico que
se lleva a cabo actualmente, la sociología difícilmente podrá alcanzar su co
metido original: la liberación del hombre mediante el conocimiento de éste.
Habrá fallado en su projiósito esencial como disciplina simultáneamente cien
tífica y humanística que consiste en revelamos cómo y en qué medida el
complejo entretejido social impide el desarrollo sin trabas del potencial hu
mano (Berger: 1963, pp. 15.5-176).
BtBLlOCRAPtA

Aron, Raymond, Main Current in Sociological Thought, Middesex. Pelican,


1965.
Bagá, Sergio, Tiempo, realidad social y conocinuento, Buenos .\ires, Siglo
XXI, 1975.
Berger. Berger, Sociology: A Biographical Approach, N'ew York, Basic Books,
1972.
Berger, Peter, Invitation to Sociology: A Humanistic Perspective, New York,
Doubleday, 1963.
Broom and Seiznick, Sociology, New York, Harper and Row.
Fletcher, Ronald, The Making of Sociology, Beginnings and Foundations,
A Study of Sociological Theory, London, Nelson Books, 1971.
Kingsley. Davis, Human Society, New York, Tlie MacMillan Co., 1969.
Kuhn. Thomas, The Structurc of Scientific Revolutions, Chicago, University
of Chicago Press, 1970.
Medina Echavarría, José, Sociología: teoría y técnica, México, FCE, 1941.
Nisbet, Robert, The Sociological Tradition, London, Heinemann, 1973.
Waish, Dav-id, "Sociology and the Social World", New Directions in Soeio'
logical Theory, London, Collier MacMillan, 1972.

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