Bartolomé de Las Casas - Wikipedia, La Enciclopedia Libre
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Bartolomé de las Casas (Sevilla, 1474 o 1484[1] -Madrid, 18 de julio de 1566) fue un encomendero,
teólogo, filósofo, fraile dominico, sacerdote y obispo español del siglo xvi, famoso por sus escritos
polémicos. Fue testigo de referencia y cercano de algunos personajes destacados en los sucesos
del descubrimiento y conquista española en América. Personaje hábil y diligente, llegó a La
Española como laico, luego se convirtió en fraile y sacerdote dominico, alcanzando el cargo de
primer obispo residente de Chiapas, en la Nueva España, y finalmente nombrado oficialmente
primer «protector de los indios». Sus extensos escritos, los más famosos de los cuales son
Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1552) e Historia de Las Indias (obra publicada en
1875, preámbulo de la guerra hispano-estadounidense, trescientos años después de su muerte),[2]
hacen un relato de las primeras décadas de la colonización de las Antillas españolas.[3] El texto
describe las atrocidades cometidas durante la conquista contra los pueblos indígenas.[4]
Al llegar como uno de los primeros conquistadores españoles a América, De las Casas inicialmente
participó en la empresa, para finalmente, posicionado en sus cargos, sentirse obligado a criticar los
supuestos abusos cometidos durante la colonización en contra de los indígenas americanos,
obtenidos como testimonios de segunda mano. De las Casas nunca salió de su diócesis, ni se
integró en ninguna comunidad indígena, ni aprendió ninguna lengua de los naturales. Sin embargo,
sus escritos se han presentado como una descripción en primera persona y así fueron difundidos
por las potencias europeas rivales de la Monarquía Hispánica.[5] En 1515 renunció a su
encomienda, y abogó, ante Fernando el Católico, por los derechos de los nativos. En sus primeros
escritos, defendió el uso de esclavos africanos en lugar de nativos de las Indias Occidentales, ya
que la Corona española jamás participó de la captura de esclavos en África, aunque sí era la
práctica común de otros estados europeos y de los portugueses, que estaban llevando a cabo
«guerras brutales e injustas en nombre de la difusión de la fe».[6] Más adelante, se retractó de esta
postura, ya que consideraba que ambas formas de esclavitud eran igualmente injustas.[7] [8]
[9]
En
1522, intentó poner en marcha un nuevo tipo de colonialismo pacífico en la costa de Venezuela,
pero esta empresa fracasó. De las Casas ingresó en la Orden de los Dominicos y se hizo fraile,
dejando la vida pública durante una década. Viajó a Centroamérica, actuando como misionero entre
los mayas de Guatemala y participando en los debates entre los eclesiásticos coloniales sobre la
mejor manera de atraer a los nativos a la fe cristiana.
Volvió a la península ibérica para reclutar más misioneros y continuó presionando por la abolición
de la encomienda, obteniendo una importante victoria con la aprobación de las Leyes Nuevas en
1542. Fue nombrado obispo de Chiapas, pero ejerció el cargo durante poco tiempo, antes de verse
obligado a regresar a España debido a la
Bartolomé de las Casas
resistencia a las Nuevas Leyes por parte de los
encomenderos, y a los conflictos con los colonos
españoles por su política a favor de los indios y
su postura religiosa activista. Sirvió en la corte
española durante el resto de su vida; allí ejerció
una gran influencia en los asuntos relacionados
con las Indias. En 1550 participó en la Junta de
Valladolid para sostener que era injustificable
someter a los indios por la fuerza, exponiendo así
una forma de conquista opuesta a la defendida
por Juan Ginés de Sepúlveda, que abogaba por
un dominio sobre los indígenas por no respetar
estos la ley natural.
Infancia y juventud
De acuerdo con Antonio de Remesal, su primer biógrafo, Bartolomé de las Casas nació en Sevilla en
1474. Sin embargo, las investigaciones de Helen Rand Parish y Harold E. Weidman en 1976
determinaron que la fecha más probable de su nacimiento fue el 11 de noviembre de 1484 en
Triana, Sevilla.[15] Juan Antonio Llorente, en su compendio de obras de fray Bartolomé de 1822,
dice que fue en 1474 y que probablemente fue el 24 de agosto por ser el día de la celebración del
martirio del Apóstol San Bartolomé, y ser un uso muy general en España poner a los niños el
nombre del santo que la iglesia diocesana celebra el día del nacimiento cuando no se dé el nombre
del padre, que no se da en este caso porque el padre se llamaba Antonio.[16]
Pudo haber nacido en alguna de estas tres parroquias: la de San Lorenzo, la de San Vicente o la de
la Magdalena, en Sevilla. Fue bautizado en la Catedral. Debió vivir su infancia oyendo hablar mucho
de las batallas de la Reconquista en las que habían participado sus familiares y, cuando los Reyes
Católicos se instalaron en Sevilla, su tío Alfonso Téllez Girón de las Casas era uno de los ocho
caballeros que portaban las varas del palio bajo el que entraron.
Bartolomé cursó sus estudios primarios, probablemente, en el Colegio de San Miguel, y sus
primeros contactos con la vida de los religiosos debieron ser cuando visitaba a su tía Juana, que
era monja en el Monasterio de Santa María de las Dueñas. Posiblemente en 1490 fue a estudiar
"ambos derechos" (canónico y estatal) a la Universidad de Salamanca. Un familiar suyo era
sacerdote en el convento de San Esteban, donde en aquel entonces residía Cristóbal Colón, por lo
que pudo conocerlo allí por primera vez. Colón también mantenía cierta amistad con la familia De
las Casas y había pasado largas temporadas en Sevilla, la ciudad natal de Fray Bartolomé.
En 1492 su tío paterno[cita requerida], Juan de la Peña, participó en el primer viaje de Colón, que partió
del Puerto de Palos (Huelva) el 3 de agosto de ese año. La expedición regresó en 1493 habiendo
descubierto la nueva ruta a las Indias, lo que generó gran expectación. En su ruta a Badalona para
presentar su logro a los Reyes Católicos, Colón pasó en marzo de 1493 por Sevilla con sus pájaros
y siete indios y se situó en el entorno de la iglesia de San Nicolás para exhibirlos. Esto fue
presenciado por Bartolomé de las Casas.
El padre de Bartolomé, el comerciante Pedro de las Casas,[13] decidió, junto con su hermano
Francisco de Peñalosa, embarcar con Colón rumbo a las Indias para su segundo viaje, que partió de
Cádiz el 25 de septiembre de 1493. Más adelante acompañaron al padre sus hermanos Diego y
Gabriel Peñaloza. Cuando la expedición regresó, trajo 600 indios y el padre le regaló uno a su hijo
Bartolomé para que le sirviera.[17] Sin embargo, Bartolomé utilizó al indio como objeto de estudio
humanístico, y le preguntó por su religión para investigar si se parecía al cristianismo. Como había
estudiado latín en Salamanca y Sevilla,[18] aprovechó sus conocimientos en filología y latín para
estudiar posibles semejanzas con su lengua.
Al saber la reina Isabel I de Castilla que Colón estaba haciendo esclavos a los indios, ordenó que no
se tratara así a sus súbditos, sino como otros súbditos de la corona, y ordenó que se castigara con
la pena de muerte a todo aquel que tuviera indios como esclavos. Esto privó a Bartolomé de las
Casas del servicio de su indio. Colón argumentaba que los indios esclavos solamente eran los que
se habían hecho prisioneros en "guerra justa" y que las costumbres de estos eran paganas y a veces
caníbales y que bien estaba traerlos a Castilla para así quitarlos de esas costumbres. La reina
respondió que se afanara por convertirlos al cristianismo en sus tierras. Isabel falleció en 1504 y en
su testamento pidió que se tratara bien y justamente a los indios, sin hacerles ofensas.
Otro aspecto que ha generado debates sobre la vida de Bartolomé de las Casas, tiene que ver con el
momento en el cual realizó su primer viaje a las Indias. En uno de los textos en latín del padre
Antonio Salucci, amigo personal de Fray Bartolomé, comenta que este viajó por vez primera a las
Indias, siendo aún muy joven, en 1493 junto a su padre y su tío, empleados en el segundo viaje de
Colón, y refiere que era una anécdota que le oyó relatar al mismo Fray Bartolomé. No obstante, su
biógrafo Llorente opina que Bartolomé de las Casas no se embarcaría por primera vez sino hasta
1498 en el tercer viaje de Colón. Otros historiadores discuten sobre este hecho como poco
probable, ya que Bartolomé sería estudiante en Salamanca durante esos años, y que realizó su
primer viaje a las Indias hasta 1502.
Probablemente en 1500, Bartolomé de las Casas concluyó sus estudios en Salamanca y consiguió
una plaza como doctrinero en la expedición a las Indias que partió del puerto de Sanlúcar de
Barrameda, el 13 de febrero de 1502. Para algunos historiadores, esto lo hizo con el objetivo de
cumplir méritos para ser fraile, y otros señalan que lo hizo para hacerse cargo de los negocios de
terrateniente que su padre había dejado en el Caribe. Esa expedición estaba comandada por
Antonio Torres y llevaba consigo a Nicolás de Ovando, que iba a relevar en su puesto de Gobernador
de La Española a Francisco de Bobadilla. Bobadilla había sido enviado antes como juez pesquisidor
para investigar y arrestar a Cristóbal Colón, tomando el cargo de gobernador y llevando a cabo una
serie de políticas de privatización de las tierras descubiertas y repartimiento de encomiendas. La
llegada de Bartolomé de las Casas a la La Española se produjo el 15 de abril de 1502.[18]
Dentro de las actividades económicas que realizaban los encomenderos, las de caza y trabajo en el
campo para sus amos eran más llevaderas. Sin embargo, la actividad que más justificaba la
presencia española en la isla era la búsqueda de oro, y esta era la actividad más dura.
Cuando la expedición llegó a la isla, algunos barcos se dispusieron a regresar a España, llevando
consigo a Francisco de Bobadilla y, al mismo tiempo, Cristóbal Colón se aproximaba a La Española
en su cuarto viaje. El nuevo gobernador, Nicolás de Ovando, no le permitió a Colón desembarcar.
Justo por esos días, se desató un huracán que arrasó Santo Domingo y hundió a los barcos que
llevaban a Francisco de Bobadilla a España, logrando salvarse Cristóbal Colón por su pericia como
marinero, al recalar en una caleta que consideró apropiada para resistir el temporal. El huracán
provocó muchos muertos y, posteriormente, esta situación de insalubridad generó una epidemia.
Hay diferentes versiones del papel de Fray Bartolomé en este momento. Unos dicen que él se
encontraba en Santo Domingo ayudando a sanar a los enfermos durante la epidemia o que se
encontraba tierra adentro administrando su Encomienda.
La guerra en La Española
Un grupo de españoles decidió irse de caza llevando consigo unos perros de presa. Estos perros se
toparon con los indios por la selva de Saona y atacaron a un jefe indio del lugar causándole la
muerte. Los nativos atacaron a los españoles que, ante su ira, decidieron embarcar de regreso a
España. Tiempo después, un grupo de españoles montó un campamento en esa zona, siendo
atacados con flechas por los indios y muriendo ocho. Nicolás de Ovando envió una partida de 300
hombres para vengarse, dirigidos por Juan de Esquivel. Bartolomé de las Casas estaba en la
partida. Los españoles ganaron la guerra y el cacique Cotubanamá decidió pactar la paz. Entonces
los españoles montaron en la zona una fortaleza y dejaron en ella 9 personas al mando del capitán
Villamán. Sin embargo, los indios los mataron a todos y solamente sobrevivió uno, que fue a Santo
Domingo a decirle lo sucedido a Juan de Esquivel. Cotubano convenció a los indios de la provincia
de Higüey para que se rebelaran. Rota la tregua, se inició una verdadera guerra que duró 8 o 9
meses. Pero como los indios se escondían muy bien en la selva con sus arcos y flechas
envenenadas, tuvieron que hacerla con pequeños contingentes de personas. De las Casas
combatió en el cacicazgo de Higüey bajo las órdenes del capitán Diego Velázquez de Cuéllar, y por
tal motivo recibió una encomienda en la Villa de la Concepción de la Vega, la cual administró hasta
1506.[19] Finalmente, tras una gran cantidad de muertos en ambos bandos, los españoles lograron
encontrar el escondite de Cotubano en la isla de Saona, arrestándolo y siendo condenado a muerte
por Nicolás de Ovando.
En 1506, Bartolomé de las Casas regresó a Sevilla, en donde recibió las órdenes menores al
sacerdocio.[18] En 1507 viajó a Roma y fue ordenado como presbítero, pero esperó hasta 1510 para
cantar su primera misa en Concepción de la Vega.
Regreso a La Española
Bartolomé de las Casas regresó a La Española en 1508. En septiembre de 1509 Nicolás de Ovando
fue sustituido en el gobierno de la isla por Diego Colón, hijo de Cristóbal Colón. En Concepción, De
las Casas comenzó su trabajo como doctrinero, que compaginó con su oficio de encomendero.
En 1510 llegó a la isla la Orden de los Dominicos, que a la postre fue la que mayor aporte hizo en
favor de los derechos de los indios. Los primeros dominicos que vinieron a la isla fueron cuatro, de
los cuales solo se conserva el nombre de tres: fray Pedro de Córdoba, fray Antonio de Montesinos y
fray Bernardo de Santo Domingo. Posteriormente llegaron más, aumentando el número a ocho.
Pronto empezaron a preocuparse por los derechos de los aborígenes.
La víspera del domingo 21 de diciembre de 1511, los ocho miembros de la congregación elaboraron
una predicación que fray Antonio fue encargado de transmitir y que defendía enormemente a los
indios. Este discurso fue dado en el Adviento. El conocido como Sermón de Adviento decía:
La prédica generó grandes protestas en la isla, y Diego Colón se dirigió a hablar con fray Pedro de
Córdoba al convento de los dominicos para que expulsara de la isla a fray Antonio o que, al menos,
diera a la semana siguiente un sermón más suave que apaciguara los ánimos. Gran sorpresa fue
que, al domingo siguiente, la prédica fue mucho más beligerante por los indios y dio cinco
principios: que las leyes de la religión están por encima de las leyes de los particulares y del Estado,
que no existen diferencias raciales ante los ojos de Dios, que la esclavitud y la servidumbre son
ilícitas, que se debía restituir a los indios su libertad y bienes y que se debían convertir a los indios
al cristianismo con el ejemplo.
Tras aquel sermón, a De las Casas se le negó la absolución debido a que en esa época aún
mantenía su repartimiento indígena.[21]
De las Casas permaneció sin meterse en este duelo entre frailes y encomenderos, atendiendo a su
labor de doctrinero y a la gestión de sus encomiendas en La Concepción.[20]
Viaje a Cuba
En 1511, Diego Colón decidió que era el momento de explorar el interior de la cercana isla de Cuba.
El capitán Diego Velázquez Cuéllar preparó una expedición de 300 hombres en cuatro naves, que
partieron del Puerto de Salvatierra de Sabana rumbo a Maisí, provincia al este de Cuba, y
desembarcaron en el llamado Puerto de la Palma.
Sin embargo, el cacique Hatuey había huido de La Española en la guerra contra Cotubano y había
organizado la resistencia en Cuba. Los indios iniciaron una guerra descarnada contra los españoles
en Cuba que duró tres meses, y que finalizó con el exterminio de los indios rebeldes.[22] Era preciso
cristianizar al resto, por lo que, a solicitud de Diego Velázquez, en la primavera de 1512, Bartolomé
de las Casas se trasladó a la isla de Cuba como capellán en compañía de Pánfilo de Narváez. Los
españoles avanzaban por la isla a través de la espesa selva, conquistando pueblos,
cristianizándolos y extendiendo el dominio de España. La labor de De las Casas fue muy importante
para abrirse paso entre las tribus hostiles, ya que siempre enviaba a un indio amigo a parlamentar
con los indios, y por esto era conocido como el behique bueno.[23]
Bartolomé de las Casas bautizando
prisioneros en Cuba en 1511
En la biografía de Bartolomé de las Casas del historiador Héctor Anabitarte, se narra que De las
Casas hablaba con los indios y les explicaba la doctrina cristiana. Los indios se mostraban
participativos y relataban que en su religión había habido un diluvio universal. Un anciano nativo
indicó que un hombre salvó a la humanidad metiendo en un arca a personas y animales. Una vez
ese hombre se quedó dormido bebiendo un vino que los cubanos hacían con las parras y un hijo
malo se rio del viejo pero el otro hijo, que era bueno, le cubrió con unas mantas. El anciano indio
explicó que ellos descendían del hijo malo, y por eso iban desnudos, y que los españoles
descendían del hijo bueno y que por eso iban vestidos e iban a caballo.[23] Luego los indios
explicaron que todo lo que existía lo habían creado personas que venían de todo el mundo, y
Bartolomé les explicó que esas personas eran realmente la Santísima Trinidad. La fama de De las
Casas se extendió por la isla y comenzó a desaparecer el temor hacia los españoles, que había
venido de los indios que se habían sublevado en La Española. Bartolomé, siempre comprensivo,
comenzó a bautizar a los niños y prometió el amor eterno de Dios a todos aquellos indios que
decidían bautizarse.[24]
El teniente Narváez se adentró, con 25 soldados, en la provincia de Bayamo, donde fueron atacados
por una gran cantidad de indios, que lograron repeler la agresión. Todos esos indios se refugiaron
en Camagüey, hasta que pactaron con los españoles y solicitaron al behique su perdón y protección.
Se les perdonó y, en agradecimiento, los indios les regalaron a De las Casas y a Narváez unos
sartales de rústicas cuentas muy valorados por ellos.[24]
La matanza de Caonao
En 1513 los españoles llegaron a la localidad de Caonao, donde fueron recibidos con un banquete.
Sin embargo, se desconoce la razón, los españoles se exaltaron creyéndose que iban a ser
atacados y comenzaron a matar indios con sus espadas. Bartolomé de las Casas intentó detener la
matanza pero los soldados no le obedecieron. Finalmente, se acercó a un joven que estaba dentro
de una choza y le dijo que no había peligro, y cuando salió fue apuñalado por un soldado. Entonces
se agarró a Bartolomé y a este solamente le dio tiempo a bautizarlo y luego murió.[25]
Después de la matanza de Caonao,[26] Narváez le cuestionó: «¿Qué parece a vuestra merced destos
nuestros españoles qué han hecho?», formulando la pregunta como si el capitán no tuviese que ver
con esas acciones. De las Casas le respondió: «Que os ofrezco a vos y a ellos al diablo».[27]
Los indios comenzaron a abandonar sus pueblos y los soldados se encontraron con pueblos vacíos
y sin alimento. Posteriormente, se encargó a De las Casas volver a dialogar con los nativos, cosa
que consiguió gracias a un intermediario, y finalmente estos llegaron a un arreglo con los
españoles. Sin embargo, De las Casas estaba molesto porque se le pidió ayuda para la conciliación
pero no se le consultaban las decisiones militares que generaban muertos, por lo que los nativos
podrían pensar que, en realidad, él era un behique malo.[28]
Los españoles se enteraron de que cerca de La Habana estaban prisioneros tres españoles y
mandaron a un indio, que había aprendido a leer, con una carta para que la leyera. Los indios
consideraron que la carta era mágica porque no entendían que un papel pudiera contar cosas y
algunos incluso acercaban las orejas al papel para ver si a ellos les decía algo.[28] De las Casas se
alojó en un pueblo de casas construidas sobre estacas en el mar, llamado Carahact. Cuando se
acercó una canoa con dos mujeres, que eran las que estaban cautivas, explicaron que iban
acompañadas pero que fueron atacadas y que solo las perdonaron a ellas dos por ser mujeres. Sin
embargo, aún quedaba un español cautivo y De las Casas envió cartas para que vinieran los
caciques, que no se les haría nada malo. Ellos llegaron y trajeron comida para honrar a los blancos.
Sin embargo, Narváez apresó a los 20 caciques y ordenó que los quemaran vivos. De las Casas le
dijo que se lo pensaba contar todo al rey y, por miedo, Narváez reculó en su decisión y decidió
liberarlos a todos menos a uno, posiblemente el más importante. Sin embargo, llegó el capitán
Diego Velázquez y ordenó que a él también le pusieran en libertad.[29] Finalmente, los nativos
liberaron en una aldea al español, Pablo Miranda.
Como recompensa por sus acciones durante la conquista de Cuba, Bartolomé de las Casas recibió
en 1514 un nuevo repartimiento de indios en Canarreo, a orillas del río Arimao, cerca de la actual
ciudad cubana de Cienfuegos. Y, junto con su socio Pedro de Rentería, mandó extraer oro de los
yacimientos auríferos del río. Se centró completamente en los negocios y empezó a tener fama de
codicioso. Y, aunque trataba a los indios de manera suave y les enseñaba la doctrina de Cristo, les
ordenaba a sus indios encomendados extraer oro en las minas y hacer sementeras y todo lo que él
quería. En 1514 los socios decidieron ampliar sus negocios y Pedro de Rentería se trasladó a
Jamaica en busca de más víveres, que en Cuba ya escaseaban. Entonces llegaron a La Española
tres dominicos: Gutiérrez de la Ampudia, Pedro de San Martín y Bernardo de Santo Domingo. Estos
le dijeron a De las Casas que sabían de él y de los esfuerzos que había hecho por procurar el
bienestar de los aborígenes. Esto le marcó profundamente y empezó a plantearse el objetivo de su
misión en el Nuevo Mundo. Tomó conciencia paulatinamente de lo injusto que era el sistema y se
convenció de que debía «procurar el remedio de esta gente divinamente ordenado».
En una misa de Pascua, encontrándose en Sancti Spíritus, en el centro de Cuba, dio un sermón en el
cual condenaba los malos tratos a los indios y explicaba vivencias sobre ellos. Esto despertó
críticas entre la gente, pero estas críticas no fueron tanto contra su prédica, sino contra su persona,
puesto que De las Casas era un encomendero y no era justo que insultara a un grupo al que él
mismo pertenecía. Entonces se dirigió a Diego Velázquez y le dijo que no deseaba seguir teniendo
encomiendas. Velázquez intentó persuadirle, le dijo que se estaba forjando un futuro merecido
como hombre rico,[30] pero De las Casas insistió y le dijo que la decisión sería secreta hasta que
volviera su socio de Jamaica. Escribió a Rentería para pedirle que regresara porque quería volver a
Castilla. El 15 de agosto de 1514, día de la Asunción, a la edad de treinta años, pronunció un
sermón en Sancti Spíritus[31] donde, en presencia de todos y del propio Velázquez, dijo que
reiteraba sus críticas y que cedía todas sus encomiendas, ante el asombro de todos.[32] Cuando
regresó Rentería y De las Casas le comunicó su decisión, lejos de enfadarse, su antiguo socio le dijo
que le apoyaba en sus demandas y que pondría a su disposición todo el dinero que necesitara.
En 1515 se dirigió a Santo Domingo, en La Española, a hablar con el dominico Pedro de Córdoba,
que le escuchó con agrado y le dijo que eran conocidos los poderosos intereses que defendían el
Obispo de Burgos Juan Rodríguez de Fonseca, con 800 indios encomendados, y el secretario Lope
de Conchillos, gran terrateniente en las tierras descubiertas y con muchas encomiendas.[33] Estas
dos personalidades, al lado del rey, eran las que manejaban los asuntos de Estado.
En septiembre de 1515 Bartolomé de las Casas embarcó rumbo a Sevilla junto con fray Antonio de
Montesinos. Los frailes llegaron a Sevilla el 6 de octubre. Allí visitaron el convento dominico de San
Pablo y Montesinos le presentó a sus superiores, que se mostraron encantados de ayudarle y le
recomendaron al arzobispo de Sevilla, fray Diego de Deza, hombre que había ayudado a Colón a
descubrir Las Indias. Diego de Deza, cercano al monarca, recibió la visita de De las Casas que le
contó la situación de los indios, y Deza decidió ayudarlo. Le aconsejó que se entrevistase con el rey
Fernando el Católico y le entregó una carta de recomendación. De las Casas se encaminó a
Plasencia, donde en ese momento se encontraba la Corte. Gracias a las gestiones del dominico y
confesor del monarca, Tomás Matienzo, logró entrevistarse con el rey. Sin embargo el rey estaba
muy enfermo, tumbado en la cama, y le dijo que debería aplazar la decisión para más adelante.
Posteriormente se entrevistó con Juan Rodríguez de Fonseca, que, cuando escuchó su alegato, le
dijo que a él no le importaba en absoluto y que él era un necio por preocuparse por eso. El rey
Fernando tenía previsto viajar a Sevilla y Deza arregló otro encuentro entre el monarca y De las
Casas; sin embargo, el monarca falleció por el camino en el pueblo extremeño de Madrigalejo.
Antes de morir entregó la regencia al cardenal fray Francisco Jiménez Cisneros, Arzobispo de
Toledo. De las Casas preparó un texto para Cisneros y otro para Adriano de Utrecht, que era el tutor
del príncipe Carlos, el futuro emperador Carlos V.
Cisneros le prestó toda su atención a De las Casas, escuchándole varias veces. Y Adriano también
dio buena cuenta de sus escritos remitiéndoselos al regente. En presencia de Cisneros, los
partidarios de Conchillos se pusieron en evidencia porque, durante la lectura en voz alta de las leyes
proclamadas tras la junta de Burgos, omitieron decir que todos los nativos americanos que trabajan
en las granjas merecían una libra de carne cada ocho días y en las fiestas.[34]
En 1516, De las Casas escribió su Memorial de los Agravios, de los Remedios y de las Denuncias, que
provocó la sustitución de Fonseca por el Obispo de Ávila, Francisco Ruiz, y de Conchillos por el
secretario Jorge de Baracaldo. El acceso al trono de Carlos V permitió a De las Casas ser
escuchado en la corte, de manera que la Corona le encargó un plan de colonización en Tierra Firme
según sus propuestas.
En abril, Cisneros determinó enviar a tres frailes jerónimos para ejercer la gobernación de La
Española. De las Casas fue comisionado consejero de los frailes y se le nombró Procurador o
protector universal de todos los indios de las Indias,[18] [35]
cargo similar al de Ombudsman de Suecia
que fue instituido a principios del siglo xix.
Bartolomé de las Casas fue, desde ese momento, protector de los indios en las islas La Española,
Cuba, San Juan y Jamaica, así como en tierra firme, en referencia al continente americano. Su
misión era informar a los padres jerónimos o al resto de personas que entendiesen de ello de la
salud e integridad de los aborígenes. El Almirante y jueces de apelación mandados debían guardar
ese poder de Bartolomé, y las desobediencias a él se castigarían con el pago de 10 000
maravedíes.[36]
Encomiendas
El 11 de noviembre de 1516 Bartolomé de las Casas embarcó junto con los tres padres jerónimos
rumbo a La Española. Lo hicieron en naves distintas. Al llegar a San Juan de Puerto Rico el barco de
De las Casas sufrió una avería, debiendo prolongar su estancia allí dos semanas. Al llegar a La
Española, De las Casas se dio cuenta de que los encomenderos se habían ganado el favor de los
padres jerónimos. Estos los recibieron con festejos y les habían dicho que las encomiendas eran
necesarias, porque de lo contrario los nativos americanos se rebelarían y que además tenían
costumbres primitivas, y los padres jerónimos se limitaron a suprimir las encomiendas de los que
no vivían la isla. De las Casas solamente logró que se respetaran de las Ordenanzas lo que se
refería a la libertad de los aborígenes encomendados a jueces y oficiales del rey.[37]
En junio de 1517 regresó a España para indicar a Cisneros que las cosas no iban según lo previsto y
cuando llegó a Sevilla se enteró de que el Cardenal estaba moribundo en Aranda de Duero y fue a
hablar con él, pero, enfermo, decidió aplazar la decisión para más adelante y murió en septiembre.
El príncipe Carlos desembarcó en Asturias y llegó con un importante séquito a Valladolid. Pronto
surgieron bandos para hacerse con el poder. Por un lado estaban los "castellanos", encabezados
por el obispo Fonseca y Lope Conchillos, y por otro lado están los "flamencos", donde están el Gran
Canciller de Castilla; Juan Sauvage, el camarero mayor; Monsieur de Xevres, y el camarero privado;
Monsieur Laxao. El presidente de todos los Consejos era el Gran Canciller, y era al que se dirigía De
las Casas y fue considerado uno de sus hombres de confianza. En 1519 el Canciller le pidió a De las
Casas que redacte memoriales para reformar la legislación de Indias, sin embargo Sauvage murió
poco después de una enfermedad.
En 1518 las Casas planeó un proyecto para colonizar tierras de aborígenes con labradores
reclutados en España. Esto era un intento de crear una experiencia colonizadora pacífica en un
territorio no hallado por conquistadores y encomenderos. Sin embargo, hubo de tener un arduo
debate contra el fraile franciscano Juan de Quevedo, quien había sido nombrado obispo de Santa
María la Antigua del Darién, y se pronunciaba a favor de la esclavitud de los indígenas.[38] Juan de
Quevedo se apoyaba en Aristóteles para argumentar que las gentes rudas y bárbaras son esclavos
por naturaleza. De las Casas argumentaba que los nativos americanos podían ser civilizados en paz
y respetándose su libertad, porque Dios les había dado los mismos talentos que al hombre
blanco.[39]
Al igual que Pedro Mártir de Anglería, en abril de 1520, las Casas conoció a los indígenas totonacas
que fueron llevados ante la presencia del nuevo monarca por Alonso Hernández Portocarrero y
Francisco de Montejo, ambos emisarios de Hernán Cortés, conquistador de México.
Un par de meses más tarde, en Santiago de Compostela, el Consejo de Castilla hizo para sí las
ideas de De las Casas quien estaba convencido de que la labor de conquista y colonización de
América debía ser ejercida pacíficamente a través del anuncio y difusión de la fe católica. Así, el
Consejo de Castilla lo autorizó a llevar a cabo el proyecto para crear una colonia pacífica en el
territorio de Cumaná (Venezuela), para que él aplicase sus teorías consistentes en poblar la tierra
firme, sin derramar sangre y anunciar el evangelio, sin estrépito de armas.[40] [41]
Sin embargo, son momentos convulsos en España. Toledo, Segovia, Ávila, Zamora, Salamanca y
Valladolid se sublevaron contra Carlos V y esto ralentizó que se emitan las cédulas reales que
Bartolomé necesitaba para su proyecto. En Sevilla, Juan de Figueroa organizó un motín que fue
aplastado al día siguiente por sus rivales, los Guzmanes. Bartolomé llegó después de estos
sucesos y no le fue posible encontrar socios y capitales para su proyecto y hubo de contentarse
con llevar como tripulación a un grupo de 70 amotinados, condenados y proscritos, que
embarcaban para fugarse a América. El 14 de diciembre de 1520 partieron rumbo a Puerto Rico.
Llegaron a Puerto Rico el 10 de enero de 1521. Allí les llegó la noticia de que Alonso de Ojeda había
iniciado en tierra firme una cacería de esclavos que había enfurecido a los aborígenes, y que por
ello los indios chiribichi y macarapana habían asesinado a todos los frailes dominicos que se
habían asentado en Cumaná, territorio de la actual Venezuela. El Virrey de La Española, Diego
Colón, ordenó a Gonzalo de Ocampo que les diera una lección a los aborígenes. La expedición de
Ocampo llegó con 300 soldados a San Juan de Puerto Rico, donde pudo conocer los planes del
Virrey. Sin embargo, De las Casas habló con Ocampo y le dijo que no podía llevar a cabo una
expedición militar a esas tierras porque le habían sido concedidas a él por Cédula Real. Ocampo
comprobó la validez de los documentos de De las Casas, pero decidió no hacerle caso. De las
Casas fue a Santo Domingo a hablar con Diego Colón para que diera validez a sus títulos en el
Nuevo Mundo, y dejó en Puerto Rico a su tripulación de labradores. Sin embargo, los 70 socios de
De las Casas, al ver el cariz de los acontecimientos, decidieron alistarse con Juan Ponce de León a
explorar la Florida.[42]
De las Casas fue recibido fríamente en La Española. Allí se acordó darle un par de carabelas para ir
a Cumaná donde debía de asentarse. Además, su mentor fray Pedro de Córdoba falleció el 4 de
mayo de 1521. Tras participar en su funeral el 30 de julio de 1521 salió hacia Puerto Rico con sus
dos carabelas, la Concepción y la Sancti Spíritu. Junto con De las Casas viajaban su segundo,
Francisco de Soto, su capellán Blas Hernández y su auxiliar Juan de Zamora. Días antes, la
expedición de Juan Ponce de León había finalizado porque los indios habían atacado a los
españoles en Florida, matando a Ponce de León de un flechazo. Sin embargo, una vez en Puerto
Rico los labriegos rechazaron acompañarlos. Allí les habían dicho que Bartolomé era un
embaucador que lo que quería era matarlos a trabajar y que si se quedaban en la isla tendrían
acceso a tierras y a indios que trabajaran para ellos. Sin embargo, decidió ir a Cumaná de todas
formas. Allí fue bien recibido por los franciscanos. Los soldados de Ocampo, que se encontraban
en un campamento cercano al que llamaron Nueva Toledo, no lo tomaron bien, porque con De las
Casas allí su caza de esclavos había terminado. Entonces los soldados se trasladaron a La
Española, desde donde siguieron haciendo incursiones para buscar esclavos en las tierras de De las
Casas. Esto hizo que los guaiqueríes se rebelaran y Bartolomé, consciente del peligro que corría el
asentamiento cristiano, fue a pedir ayuda a Santo Domingo en diciembre de 1521. Sin embargo una
tormenta se desató y fue a parar con su nave a Yaiquimo, en el lado opuesto de La Española. Su
segundo, Francisco de Soto, aprovechó la ausencia de De las Casas para organizar una cacería de
esclavos. Los indios se valieron de la ausencia de De las Casas y atacaron e incendiaron la misión
el 10 de enero de 1522 y mataron a su regreso a Francisco de Soto, al franciscano fray Dionisio y al
artillero Artieda, pudiendo el resto de los cristianos escapar a la península de Araya, de allí a
Cubagua y luego a Santo Domingo. De las Casas caminó de Yaiquimo a Santo Domingo y, a su
llegada, se enteró del fracaso de su misión y entra en depresión. Aceptó el consejo de fray Domingo
de Betanzos para entrar en el convento dominico de Santo Domingo.[43]
En 1523, tras pasar un año de novicio, profesó en la Orden de Predicadores, o frailes dominicos. En
1526 escribió al presidente de la Audiencia, Alonso de Fuenmayor, pidiendo por los aborígenes.
Para satisfacer al arzobispo, los superiores del convento lo enviaron a otro convento, al de Puerto
de la Plata, al norte de la isla. Allí llegó en 1527 y dedicó tres años al estudio y a la meditación.
El Obispo de México, fray Juan de Zumárraga, y el de Tlaxcala, fray Julián Garcés, lo designaron
como reformador de la Orden de los Dominicos en el Nuevo Mundo. En noviembre de 1531
desembarcó en Veracruz, junto con fray Tomás de Berlanga y con el presidente de la Real Audiencia
de Santo Domingo, Don Sebastián Ramírez de Fuenreal. Sin embargo, los dominicos de México
consiguieron el apoyo del Cabildo de la ciudad y lo encarcelaron, mandándolo luego de vuelta a La
Española.
En 1524 se había creado el Consejo Real y Supremo de las Indias, para hacerse cargo de todos los
asuntos relacionados con la política de América. Su presidente era fray García de Loaysa. Tras su
expulsión de Veracruz, De las Casas escribió a este organismo una extensa carta. Esa carta fue el
germen de otra obra, De Unico Vocationis Modo.[44]
En 1533 un encomendero arrepentido en su lecho de muerte le pidió a fray Bartolomé de las Casas
que libere a sus indios encomendados. Él lo hizo, sin embargo se granjeó la enemistad de su
heredero, Pedro de Vadillo, y logró que lo encarcelen. Los dominicos impidieron que se cumpla la
condena pero se le pidió que se recluya en un monasterio de la orden.[45]
La rebelión de Bahuruco
Sin embargo, en 1534 las autoridades precisaron de fray Bartolomé. El cacique Bahuruco, que fue
bautizado como Enrique y educado por los franciscanos, pasó a la encomienda de un hidalgo
español apellidado Valenzuela, que tenía haciendas en San Juan de la Maguana. Cansado de las
humillaciones de su amo, que le quitó a su yegua y a su esposa, salió al bosque, donde se unió a un
grupo de indios sublevados. Logró defenderse de los ataques que se mandaron contra ellos y
montó una especie de "república independiente" en una extensión de treinta leguas. Los jefes
nativos Ciguayo y Tamayo siguieron el ejemplo de Enrique y decidieron organizar partidas contra los
españoles, atacándolos a todos, estuvieran armados o no. Los métodos de atacar a gente sin
armas no gustaban a Enrique, pero el odio contenido hacia los españoles era tan grande que era
difícil controlarlo. Su rebelión se prolongó durante diez años. Un tal fray Remigio fue mandado a
parlamentar a su villa pero fue arrestado por los aborígenes y Enrique le explicó la razón de su
rebeldía. Carlos V fue informado de que había un cacique rebelde en La Española y ordenó que
fuera reducido, ante lo cual, el presidente de la Audiencia de la Española, Sebastián Ramírez de
Fuenleal, le pidió a De las Casas que interviniera en el asunto. Enrique reconoció a De las Casas
como un amigo. De las Casas le explicó de los inconvenientes de vivir fuera de la ley de los blancos,
de lo poderosos que estos eran y de que no iban a permitir que esa rebelión continuara. Enrique
pidió "seguro de vida y perdón general, conservación de su señorío y hacienda y libertad para sus
hombres, que continuarían viviendo en la tierra de sus antepasados sin recibir ninguna molestia".
Los españoles aceptaron.[46]
Nicaragua
Por los servicios prestados, la Audiencia levantó a Bartolomé de las Casas su reclusión,
permitiendo que aceptase la invitación de fray Tomás de Berlanga, al que acababan de hacer obispo
del Perú. Ambos embarcaron hacia Panamá, para luego seguir por tierra hasta Lima, pero en el
transcurso del viaje hubo una tormenta que llevó el barco a Nicaragua, donde decidió instalarse en
el convento de Granada. Esta fue la tierra de las Indias que más le gustó y en 1535 propuso al rey y
al Consejo de Indias iniciar una colonización pacífica en zonas del interior inexploradas. Sin
embargo, a pesar del interés mostrado por los consejeros de Indias Bernal Díaz de Luco y Mercado
de Peñaloza, esto no pudo hacerlo por culpa de que todavía se encontraba en la corte el clan
Fonseca, enemigo del Protector.
En 1536 el gobernador de Nicaragua, Rodrigo de Contreras, organizó una expedición militar, pero De
las Casas logró aplazarla un par de años informando a la reina Isabel de Portugal, esposa de Carlos
V. Ante la hostilidad de las autoridades, De las Casas decidió abandonar Nicaragua y se dirigió a
Guatemala.[47]
Guatemala
En noviembre de 1536 se instaló en Santiago de Guatemala. Meses después el obispo Juan Garcés,
que era amigo suyo, le invitó a trasladarse a Tlascala. Posteriormente, volvió a trasladarse a
Guatemala. Para el año 1537 el papa Paulo III dicta la bula Sublimis Deus donde proclama que los
nativos americanos no pueden ser esclavizados y que no debían ser tratados como «brutos creados
para vuestro servicio, sino como verdaderos hombres, capaces de entender la fe católica. Tales
indios y todos los que más tarde se descubran por los cristianos, no pueden ser privados de su
libertad por medio alguno, ni de sus propiedades, aunque no estén en la fe de Jesucristo y no serán
esclavos». El 2 de mayo de 1537 consiguió del gobernador licenciado Alfonso de Maldonado un
compromiso escrito ratificado el 6 de julio de 1539 por el virrey de México Antonio de Mendoza, que
los nativos de Tuzulutlán, cuando fueran conquistados, no serían dados en encomienda sino que
serían vasallos de la Corona.[48] De las Casas, junto con otros frailes como Pedro de Angulo y
Rodrigo de Ladrada, buscó a cuatro nativos americanos cristianos y les enseñó cánticos cristianos
donde se explicaban cuestiones básicas del Evangelio. Posteriormente encabezó una comitiva que
trajo pequeños regalos a los indios (tijeras, cascabeles, peines, espejos, collares de cuentas de
vidrio...) e impresionó al cacique, que decidió convertirse al cristianismo y ser predicador de sus
vasallos. El cacique se bautizó con el nombre de Juan. Los nativos consintieron la construcción de
una iglesia pero otro cacique llamado Cobán quemó la iglesia. Juan, con 60 hombres, acompañado
de De las Casas y Pedro de Angulo, fueron a hablar con los indios de Cobán y les convencieron de
sus buenas intenciones.[49] Posteriormente, los dominicos establecieron sedes para sus doctrinas
en los poblados de Rabinal, Sacapulas y Cobán, desde donde dirigieron la conquista pacífica de la
Vera Paz.
Entrevista con el rey Carlos I de España
Otro viaje transatlántico volvió a fray Bartolomé de las Casas de nuevo a España en 1540. En
Valladolid, visitó al rey Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico. El emperador
Carlos quien, entre sus numerosos títulos era "Rey Católico" desde 1517, preocupado por la
situación de los aborígenes en América y prestando oídos a las demandas de De las Casas y a las
nuevas ideas del derecho de gentes difundidas por Francisco de Vitoria, convocó al Consejo de
Indias a través de Comisión de Valladolid o Junta de Valladolid. Entre los comisionados se
encontraban los más importantes teólogos y juristas europeos de su época.
Leyes Nuevas
Como consecuencia de lo que se discutió, el rey Carlos I promulgó el 20 de noviembre de 1542 las
Leyes Nuevas. Ellas prohibieron la esclavitud de los indios y ordenaron que todos quedaran libres
de los encomenderos y fueran puestos bajo la protección directa de la Corona. Disponían además
que, en lo concerniente a la penetración en tierras hasta entonces no exploradas, debían participar
siempre dos religiosos, que vigilarían que los contactos con los nativos se llevaran a cabo de forma
pacífica dando lugar al diálogo que propiciara su conversión. Las Leyes Nuevas fueron uno de los
más importantes aportes al derecho de gentes que efectuó el rey Carlos I como consecuencia de
sus conversaciones con fray Bartolomé de las Casas.
A finales de ese mismo año las Casas terminó de redactar en Valencia su obra más conocida,
Brevísima relación de la destrucción de las Indias, dirigida al príncipe Felipe, futuro rey Felipe II,
entonces encargado de los asuntos de Indias.[50]
Obispo de Chiapas
Se le ofreció el obispado de Cuzco, importantísimo en aquel momento, pero las Casas no aceptó,
aunque sí se hizo cargo del obispado de Chiapas en 1543, porque lindaba con Tuzulutlán.[51]
Fue consagrado obispo de Chiapas en el antiguo convento dominico de San Pablo, en Sevilla, actual
iglesia de la Magdalena, el 30 de marzo, Domingo de Pasión, de 1544. Pando Miranda dice que
"hubo flores y múltiples luces de cirios en la iglesia conventual, nubes de incienso, oro y sedas en los
ornamentos sagrados de los obispos consagrantes, que fueron el de Córdoba y el de Trujillo, y un
sobrino del Cardenal Loaisa". Como obispo se dedicó a reclutar a una buena cantidad de misioneros,
la mayoría dominicos del convento de San Esteban de Salamanca, para acompañarle en su viaje a
Chiapas.
Sin embargo, en Sevilla hubo asuntos que precisaron su atención. Muchos vecinos de la ciudad
poseían indios reducidos a servidumbre forzada. Unos habían sido traídos por sus encomenderos
de América y otros habían sido adquiridos a escondidas a mercaderes de esclavos. Los aborígenes,
al saber que De las Casas está allí, van al convento a quejarse. De las Casas se dirigió a Carlos V
por carta para decirle que ordenara poner en libertad a todos los indios del reino, "porque en verdad
que son tan libres como yo".[52]
Partió de Sevilla y llegó a Santo Domingo el 8 de septiembre de 1544 con treinta misioneros. Fueron
recibidos con hostilidad por los españoles en América, por haberse decretado las Leyes Nuevas de
Indias. El 14 de diciembre de 1544 partió de Santo Domingo rumbo a Chiapas. El 19 de enero de
1545 desembarcó en San Lorenzo de Campeche, donde también soportó la hostilidad de los
pobladores y del gobernador, Francisco de Montejo. Desde esta ciudad, y tras pasar unos días en
Tabasco, se encaminó a Ciudad Real de los Llanos de Chiapas.
Tras la conquista de México por Hernán Cortés, la ciudad había caído en el gobierno del capitán
Diego de Mazariegos, que gobernaba con cierta diligencia, con normas como mantener una
adecuada salubridad pública y no permitir que circularan sueltos animales de carga. Mazariegos
también se preocupaba por los indios: les entregó tierras en propiedad y les dijo que si algún
español se interesase por ellas podría pagarles, se aseguró de que se respetaran sus descansos
semanales, creó una escuela donde podían ir los hijos de los jefes y caciques. Se creó una iglesia
en la ciudad, la iglesia de la Anunciación, que quedaba bajo la potestad del obispo de Tlaxcala, pero
con el crecimiento de la ciudad pasó a ser esta una diócesis, siendo su primer obispo Don Juan de
Arteaga, y su sucesor el propio Bartolomé de las Casas.
Sin embargo, cuando De las Casas llegó, la ciudad ya no la gobernaba Mazariegos, los terrenos de
los indios habían pasado a nuevas manos y estos eran sojuzgados sin que nadie tuviera en cuenta
sus intereses. A finales de febrero de 1545 fue cuando Bartolomé tomó el cargo, y el 20 de marzo
publicó una carta en la que decía que se negaba la absolución a todos los españoles que no se
liberas a sus indios que no devolvieran lo obtenido por las encomiendas a los indios. Todos los
españoles se opusieron, pero De las Casas encontró el apoyo de los misioneros dominicos y del
clérigo Juan de Parera.
De las Casas decidió hacer una pequeña visita a Tuzulutlán, para comprobar el éxito de su misión
pacificadora,[53] y luego regresó a Chiapas. De las Casas permaneció en la ciudad hasta octubre de
1545, cuando fue a Gracias a Dios, para pedir ayuda a la Audiencia, presidida por Alonso
Maldonado. Maldonado no hizo caso a De las Casas y este regresó a Chiapas.
Para asegurar el cumplimiento de las Leyes Nuevas fue enviado a Indias el licenciado Francisco
Tello de Sandoval. Desembarcó en San Juan de Ulúa y luego se dirigió hacia Ciudad de México,
donde se hospedó en un convento dominico. Había muchos españoles contrarios a la normativa,
como el virrey Antonio de Mendoza, y se mandó a una comitiva a hablar con el monarca para que
aboliera las Leyes Nuevas. Las Leyes Nuevas encontraron dificultades en su aplicación definitiva,
sobre todo en lo que respecta a la herencia del derecho de encomienda.
Bartolomé de las Casas fue llamado por Francisco Tello a Ciudad de México y tuvo que partir,
dejando en sustitución al canónigo Juan de Parera. En mayo de 1546 llegó a Ciudad de México en
compañía de su amigo Rodrigo de Ladrada. En la ciudad se incorporó a una Junta Episcopal donde
estaban los obispos de México, Tlaxcala, Guatemala, Michoacán y Oaxaca. En esta Junta
debatieron sobre los nativos americanos, ganando la tesis de De las Casas en referencia a la
capacidad de los aborígenes y los deberes que tenían con la Corona.
Regreso a España
Francisco Tello decidió dejar en suspenso la aplicación de las Leyes Nuevas hasta que no se
resolviera el asunto de la comitiva que había ido a hablar con el monarca y llegaría la noticia de que
el rey suspendía lo que hacía referencia a la herencia, permitiendo que las encomiendas ya dadas
se transmitieran.
De las Casas decidió regresar a España en 1547 para luchar por el bienestar de los indios desde la
metrópolis. Embarcó en Veracruz, hizo escala en las Azores, luego desembarcó en Lisboa y fue
hasta Salamanca. En agosto de 1550 presentó su renuncia indeclinable como obispo de Chiapas y
consiguió que se nombrara para reemplazarle a uno de sus discípulos, fray Tomás Casillas.[54]
El 10 de marzo de 1551 Bartolomé fue nombrado beneficiario de la herencia de Don Juan de Écija, y
utilizó este dinero para asegurarse la manutención de él y de su amigo el confesor Rodrigo de
Ladrada para el resto de sus días en el Colegio dominico de San Gregorio en Valladolid.
En Valladolid, entre 1550 y 1551, mantuvo una polémica con Juan Ginés de Sepúlveda llamada «La
controversia de Valladolid» que versó sobre la legitimidad de la conquista. Se discutió quién ganó
esta controversia, ya que ambos se consideraron ganadores, sin embargo los trabajos de Ginés de
Sepúlveda no obtuvieron autorización para ser publicados.
En 1552 llegó a Sevilla, donde publicó varias de sus obras. Fue acompañado de 20 misioneros que
ha podido reclutar y que partieron en la expedición de la Armada para el Puerto de Caballos. Estos
misioneros portaban los Siete Tratados de De las Casas.
En una de sus obras titulada Brevísima relación de la destrucción de las Indias hace una alusión
bastante crítica al Requerimiento de 1512, documento escrito por orden de Fernando II de Aragón
para ser empleado como pregón oficial en el contexto de las Leyes de Burgos (redactado por Juan
López de Palacios Rubios), fue elaborado como una respuesta al debate surgido acerca de la
justicia de la conquista de América, a partir de los sermones del dominico fray Antonio de
Montesinos, realizados en la isla de La Española en diciembre de 1511. Dicho Requerimiento
también fue muy criticado como ineficaz por otros contemporáneos, como Gonzalo Fernández de
Oviedo, y Bartolomé de las Casas se refiere al respecto:
Y porque la ceguedad perniciosísima que siempre han tenido hasta hoy los que
han regido las Indias en disponer y ordenar la conversión de aquellas gentes ... ha
llegado a tanta profundidad que hayan imaginado e practicado e mandado que se
les hagan a los indios requerimientos que vengan a la fe e a dar la obediencia a los
reyes de Castilla, si no que les harán guerra a fuego y a sangre, e los matarán e
captivarán,...
Fray Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las
Indias
Fallecimiento
Los últimos años de Bartolomé de las Casas transcurrieron en Madrid. Estuvo en el convento de
San Pedro Mártir y luego en el de Atocha, acompañado de su amigo fray Labrada. En 1561, terminó
su Historia de las Indias y la cedió al Colegio de San Gregorio, estipulando que no podría publicarse
hasta pasados cuarenta años. De hecho no se publicó durante 314 años, hasta 1875. También tuvo
que defenderse repetidamente de las acusaciones de traición: alguien, posiblemente Sepúlveda, lo
denunció ante la Inquisición española, pero del caso no salió nada. De las Casas también
compareció como testigo en el caso de la Inquisición contra su amigo el arzobispo Bartolomé
Carranza de Miranda, quien había sido acusado falsamente de herejía. En 1565 escribió su último
testamento, traspasando su inmensa biblioteca al colegio.
Fray Bartolomé de las Casas, conocido como el Apóstol de los Indios, murió en 1566. Fue enterrado
en la Basílica de Nuestra Señora de Atocha. Anteriormente, había dispuesto que su cadáver fuera
sepultado en el convento de San Gregorio en Valladolid, pero cuando en el siglo xvii se iban a
trasladar sus restos a dicha ciudad, el lugar reservado para la sepultura de Bartolomé de las Casas
fue ocupado por un clérigo que falleció ahí. Debido a las sucesivas reformas de la basílica de
Atocha y a que se le prendió fuego a la basílica en 1936, sus restos se han perdido.[55]
Veneración
En 2001, la Iglesia católica inició su proceso de canonización,[56] considerándole, por tanto, siervo
de Dios.[57] Por su parte, la Iglesia evangélica luterana en América lo incluye también en su santoral;
y la Iglesia de Inglaterra lo recuerda fijando el 20 de julio como día de conmemoración.[58]
Pensamiento
Junto con Francisco de Vitoria, Bartolomé de las Casas es considerado uno de los fundadores del
derecho internacional moderno[59] y un gran protector de los indios y precursor de los derechos
humanos junto al jesuita portugués António Vieira. Aunque desde perspectivas opuestas, tanto él
como Vitoria se ocuparon del problema alrededor del cual emergió el derecho de gentes en la
época moderna: la definición de las relaciones entre los imperios europeos y los pueblos del Nuevo
Mundo. Esta tarea requería de la creación de un marco jurídico suficientemente amplio como para
ser válido al mismo tiempo para europeos y aborígenes.[60] La tradición legal que fue usada para tal
fin fue precisamente la del derecho natural, la cual fue tomada del derecho medieval y la filosofía
estoica. De las Casas consideró que los indios tenían uso de razón, tanto como los antiguos
griegos y romanos, y que como criaturas racionales eran seres humanos. Como tales, los indígenas
estaban cobijados por el derecho natural y eran titulares de los derechos a la libertad y a nombrar
sus autoridades.[61]
En su Historia de las Indias desarrolló mucho más extensamente las atrocidades descritas en la
Brevísima.
Aunque abogó por la defensa de los indios y se ha cuestionado su defensa de los negros, escribió
un opúsculo titulado Brevísima relación de la destrucción de África como parte de la Brevísima
relación de la destrucción de las Indias, contra el maltrato de la población africana contra abusos de
Castilla y Portugal. Esta obra quedó inédita hasta 1875.
De las Casas entabló sus reclamaciones ante los consejeros flamencos que en
ese tiempo rodeaban al emperador Carlos V, proponiéndoles sustituir el
trabajo de los indios por el de los negros, de los cuales ya se habían llevado
algunas pequeñas partidas a las Antillas, con permiso de los Reyes
Católicos.[62]
Más adelante, se retractó de esta postura, ya que consideraba que ambas formas de esclavitud
eran igualmente malas.[7]
Bartolomé de las Casas propuso, sin éxito, que al continente americano se le llamase Columba.[63]
Las cifras de nativos muertos aportadas por Bartolomé de las Casas han sido consideradas
inverosímiles por los historiadores estadounidenses John Tate Lanning y Philip Wayne Powell, el
argentino Enrique Díaz Araujo y la española Elvira Roca Barea.[64] [65]
[66]
Sin embargo, el historiador
Esteban Mira Caballos considera que se ajustan a la realidad.[67] Estudios demográficos como los
realizados en el México colonial por Sherburne F. Cook a mediados del siglo xx sugirieron que el
descenso en los primeros años de la conquista fue realmente drástico, oscilando entre el 80 y el
90%, debido a muchas causas diferentes pero todas ellas, en última instancia, atribuibles a la
llegada de los europeos.[68] La causa principal y abrumadora fue la enfermedad introducida por los
europeos. Diversos historiadores también han señalado que la exageración y la inflación de las
cifras era la norma en los relatos del siglo xvi, y tanto los detractores como los partidarios
contemporáneos de De las Casas eran culpables de exageraciones similares.[69] [68]
Enrique Díaz Araujo también critica la falta de verosimilitud de las descripciones geográficas de De
las Casas como, por ejemplo, cuando afirma que en La Española había veinte mil ríos riquísimos en
oro.[70]
Expertos tales como Jorge García Castillo, argumentaron que las disputas entre Motolinía y De las
Casas, más que de orden teológico, más bien parecen de carácter político;pero, por su parte,
Motolinía a través de su carta a Carlos V, manifestó que la conquista era un medio necesario para la
conversión de los indígenas al cristianismo. Sin embargo, también en esa epístola el fraile expone al
emperador cómo hacer de las tierras conquistadas una nueva nación independiente bajo un
gobernante católico. Motolinía no desestimó la conversión religiosa a la fuerza. Sobre esto, el
mismo Motolinía escribió así: "que se predique el Santo Evangelio por todas estas tierras, i los que no
quisieren oír de grado el Santo Evangelio de Jesu-Cristo, sea por fuerza; que aquí tiene lugar aquel
proverbio: más vale bueno por fuerza que malo por grado".[72]
Por cierto, para con unos poquillos cánones quel de Las Casas oyó, él se atreve a
mucho, y muy grande parece su desorden y poca su humildad; y piensa que todos
yerran y quél solo acierta [...] yo me maravillo cómo V. M. y los de vuestros
Consejos han podido sufrir tanto tiempo a un hombre tan pesado, inquieto e
importuno y bullicioso y pleitista, en hábito de religión, tan desasosegado, tan mal
criado y tan injuriador y perjudicial y tan sin reposo.
Las Casas defendió durante bastante tiempo que se llevaran esclavos negros a América para
sustituir a los indios en los trabajos más duros.[75] Sin embargo, en el último tercio de su vida se
arrepintió de ello y también condenó la esclavitud de los negros por «ser tan injusto el cautiverio de
los negros como el de los indios».[76] Al parecer el detonante de su cambio de actitud fue una visita
que hizo en 1547 a Lisboa ―entonces el principal puerto negrero europeo― durante la cual
dominicos portugueses le informaron sobre el brutal apresamiento de esclavos negros en las
costas africanas —y le proporcionaron libros sobre las conquistas portuguesas en África y Asia—.
También le influyó el caso del liberto negro Pedro Carmona de Puerto Rico que había sido vuelto a
vender como esclavo junto a su esposa y al que ayudó a presentar un recurso ante el Consejo de
Indias por esas mismas fechas —llegó a pagar la fianza para que pudiera salir de la prisión al haber
sido declarado «esclavo fugitivo»—.[9] [77]
Obras
Memorial de remedios para las indias (1518), también conocida como Los quince remedios para la
reformación de las Indias.
De único vocationis modo, conocida en español como Del único modo de atraer a todos los
pueblos a la verdadera religión (1537)
Brevíssima relación de la destruyción de las Indias, colegida por el obispo don fray Bartolomé de
las Casas o Casaus, de la Orden de Santo Domingo (1552)
Aquí hay una disputa o controversia entre Fray Bartolomé de las Casas [...] y Doctor Ginés de
Sepúlveda (1552)[83]
Sobre el título del dominio del Rey de España sobre las personas y tierras de los indios (h. 1554)
Petición de Bartolomé de las Casas a su Santidad Pío V sobre los negocios de las indias (1566)
De regia potestate
De thesauris
De las Casas empezó a componer una Historia de las Indias en la Española en 1527. Fue trabajando
en ella a lo largo de los 35 años siguientes, con más intensidad a partir de su retorno a España en
1547. Quiso narrar la historia del continente hasta mediados del siglo XVI pero el texto manuscrito
que se conserva, en tres volúmenes, solo llega hasta 1520, lo que ha llevado a algunos
investigadores a postular que pudo existir un cuarto volumen hoy perdido.[84] De las Casas legó el
manuscrito original inédito de su Historia al Colegio de San Gregorio de Valladolid en noviembre de
1559,[85] con el mandato de que no la dejasen publicar hasta al menos 1600.[86] No obstante, a lo
largo de las décadas siguientes circularon por España y por el extranjero copias parciales del
manuscrito. A principios del siglo XVII el cronista mayor Antonio de Herrera usó profusamente la
obra de De las Casas para escribir su Historia general de los hechos de los castellanos.[84]
En el siglo XVIII el historiador Juan Bautista Muñoz, que había recibido el encargo del gobierno de
escribir una Historia del Nuevo Mundo que nunca llegó a ver la luz, halló copias de los dos primeros
volúmenes del manuscrito de De las Casas en un archivo.[84] Hacia 1820 los documentos de
Muñoz pasaron a la Real Academia de la Historia, que los revisó. En 1821 los académicos
dictaminaron contra la publicación de la Historia de De las Casas "por las prolijas e importunas
digresiones que hacen pesada y fastidiosa su lectura, y porque, contradiciendo siempre el derecho
de los españoles a la conquista y acriminando perpetuamente su conducta, pareció que en
circunstancias presentes, ni sería conveniente ni oportuna su publicación, ni decoroso a la nación el
autorizarla".[87] Por estas fechas España estaba inmersa en las guerras de independencia
hispanoamericanas. Varias décadas más tarde, en 1856, una nueva generación de académicos
recomendó la publicación de una edición crítica del manuscrito, "ilustrada en la forma que exige la
verdad y reclama la honra de aquellos primeros conquistadores".[87]
La primera edición impresa de la Historia de las Indias fue finalmente publicada en Madrid en 1875
en cinco tomos.[88] En las décadas siguientes fueron viendo la luz otras ediciones.[84] El
manuscrito autógrafo de De las Casas se conserva en la Biblioteca Nacional de España.[89]
Es un libro publicado en 1552 por el fraile dominico español Bartolomé de las Casas, principal
defensor de los indígenas en América durante el siglo xvi.
La Brevísima es una obra dedicada al príncipe Felipe, y tiene como tema general, la denuncia de los
efectos que tuvo para los indígenas la colonización por parte de los españoles en las Américas.
Además, sirvió para humanizar la conquista desde una transformación política, jurídica, y religiosa,
apoyándose desde un contexto legal español.
En 1659 el libro fue expurgado por parte del calificador jesuita del Santo Oficio Francisco de
Minguijón, para ser finalmente prohibido por la Inquisición española al año siguiente —108 años
después de su publicación—.[90]
Críticas
«...Yo entonces dije al de las Casas: ¿cómo? Padre, ¿todos vuestros celos y amor que
decís que tenéis a los indios, se acaba en traerlos cargados y andar escribiendo
vidas de españoles y fatigando a los indios, que sólo vuestra caridad traéis
cargados más indios que treinta frailes? Y pues un indio no bautizáis ni doctrináis,
bien sería que pagases a cuantos traéis cargados y fatigados (...) y no es maravilla
que el de las Casas no lo sepa, porque él no procuró de saber sino lo malo y no lo
bueno, ni tuvo sosiego en esta Nueva España ni deprendió lengua de indios ni se
humilló ni aplicó a les enseñar. Su oficio fue escribir procesos y pecados que por
todas partes han hecho los españoles: y esto es lo que mucho encarece, y
ciertamente solo este oficio no lo llevará al cielo. Y lo que así escribe no es todo
cierto ni muy averiguado (...) por cierto, que los Indios de esta nueva España están
bien tratados, y tienen menos pecho y tributo que los Labradores de la vieja
España, cada uno en su manera; digo casi todos los Indios, porque algunos pocos
pueblos hay que su tasacion se hizo antes de la gran pestilencia...»
Ramón Menéndez Pidal en su obra El Padre Las Casas: su doble personalidad lo acusa de haber
promovido la leyenda negra. Posición compartida por Julián Marías, quien afirmó en España
inteligible "sobre el nulo valor documental de la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, su
partidismo y su demencial exageración". El historiador chileno Pedro Godoy Perrín: afirmó: "La
erosión de nuestra identidad comienza temprano con la leyenda negra. La plasma el padre
Bartolomé de las Casas. La usan los emancipadores para legitimar la ruptura con Madrid."[96]
Marcelo Gullo también es un detractor de la obra de Las Casas, calificándolo de "amarillista"[97] y de
que "niega la existencia de los sacrificios humanos en masa".[98] El historiador Olivera Ravasi
sostiene:
Algo que llama la atención es que Las Casas se precia siempre de haber sido
testigo directo de lo ocurrido, de allí que sus relatos gocen de tanta autoridad. A lo
largo de sus escritos se lee normalmente la siguiente frase:«Yo vide», frase que,
tratándose de un sacerdote obispo, hace de su testimonio casi un juramento (…).
Hay una constante en los escritos de fray Bartolomé: Las Casas siempre habla en
vago y en impreciso. Nunca dice ni cuándo ni dónde se consumaron tales
horrores, ni se cuida de establecer que —en caso de haber existido— se trataron
de una excepción a la regla.(...) En su tristemente famosa Brevísima inventa el
«genocidio» indígena. Primero son 12 millones de muertos, luego eleva la cifra a
15 millones y termina redondeándola en 24 millones. Aun conformándonos con
los 15 millones, los españoles deberían haber matado 375.000 indios por año, es
decir, bastante más de 1.000 diarios. Estas cifras son imposibles, aun después de
haberse inventado las cámaras de gas y demás prácticas del genocidio moderno.
Sin embargo, las leyendas de fray Bartolomé darán lugar a que hasta el día de hoy
varios propagandistas de la leyenda negra sigan afirmando que la demografía
americana se desplomó con la llegada de los españoles."[99]
"un tanto hiperbólico” a De las Casas: “Sus cifras no son reales, así como las
matanzas que refiere, y que tanto inspiraron a Bry. Lo que hay de verdad en fray
Bartolomé se descubre después de matizar su enjundia. Era un buen fraile, sincero
en su defensa del indio, pero exageró mucho para ser escuchado por el
emperador"
Guillermo Macías
«ningún historiador que se precie puede hoy tomar en serio las denuncias injustas
y desatinadas de Las Casas» y concluye: «En resumidas cuentas, debemos decir
que el amor de este religioso por la caridad fue al menos mayor que su respeto por
la verdad.»
William Saunders Maltby
Frente a algunas hipótesis de que Las Casas se habría visto en la imperiosa necesidad, incluso
obligado, a exagerar los hechos de la conquista española de América para ser escuchado por los
Reyes y las Cortes españolas, tales aseveraciones serían cuestionadas por autores como Jean
Dumont sobre la base de que llegó a ser amigo íntimo de personalidades importantes como Carlos
I de España.[102]
"El fenómeno de Las Casas es ejemplar puesto que supone la confirmación del
carácter fundamental y sistemático de la política española de protección de los
indios. Desde 1516, cuando Jiménez de Cisneros fue nombrado regente, el
gobierno ibérico no se muestra en absoluto ofendido por las denuncias, a veces
injustas y casi siempre desatinadas, del dominico. El padre Bartolomé no sóllo no
fue objeto de censura alguna, si no que los monarcas y sus ministros lo recibiía
con extraordinaria paciencia, lo escuchaban, mandaban que se formaran juntas
para estudiar sus críticas y sus propuestas, y también para lanzar, por indicación y
recomendación suya, la importante formulación de las "Leyes Nuevas". Es más: La
corona obliga al silencio a los adversarios de Las Casas y de sus ideas."
Jean Dumont
Por su parte, autores como Ramón Menéndez Pidal han especulado la posibilidad de algún defecto
Psicológico en Las Casas, acusándole de tener "doble personalidad" y comparando su defensa del
indio, con la de Francisco de Vitoria, para demostrar su falta de integridad intelectual y posible
inestabilidad mental, en tanto que el otro no habría sido tan obsesivamente violento en acusar a
conquistadores y encomenderos, ni ser constantemente romántico en exaltar a los indios a niveles
contradictorios con la realidad, lo que delataría en Las Casas un estado paranoico de alucinación o
una exaltación mística, con la consiguiente pérdida del sentido de la realidad. Concluyendo que no se
percatarían de aquello los biografos de Bartolomé de las Casas por el mito que se ha vuelto
póstumamente en las Historiografías dominantes:[103] [104]
[105]
«Las Casas se contradecía… es una mente anómala que los sicólogos habrán de
estudiar».
Ramón Menéndez Pidal
Por otro lado, historiadores como Pierre Chaunu, Vittorio Messori[106] o Philip Wayne Powell[107] lo
considerarían como la raíz de todos los bulos anticatolicos e hispanofobos más populares de la
Conquista española de América, que se condensarían en la Leyenda negra española (sobre todo
tras los grabados de Theodor de Bry basándose en su obra):
"Bartolomé de Las Casas, héroe de los hispanófobos desde mediados del siglo XVI
hasta nuestros días, es la persona más responsable de nuestros deformados puntos
de vista sobre los españoles y su papel en América. Este obispo español, tan a
menudo santificado en la literatura durante cuatro siglos y colocado hoy en un
nicho de santo de la propaganda antiespañola, hizo más que cualquiera otro
individuo para manchar el nombre de un pueblo y de una nación ―la suya propia.
Seguramente no fueron estas sus intenciones, ya que no podía adivinar cuánto su
trabajo iba a favorecer los propósitos extranjeros; pero sus escritos permanecen
cerca del corazón y centro de la denigración de España. Él es, entre otras cosas, un
magnífico caso de estudio para valorar el daño que a largo plazo puede hacer un
exaltado irresponsable, cuando es explotado por los fabricantes de propaganda
dirigida contra su propia casa (...) La controversia sobre los méritos y defectos de
Bartolomé de Las Casas continuará sin duda eternamente, en principio, porque
siempre habrá gente que creerá en su total condenación de los españoles y porque
otros habrá que reconocerán y censurarán sin reservas el prejuicio y fanatismo
patentes que guiaron su lengua, su personalidad y su pluma. Hay quienes respetan
a Las Casas, pasando por alto la injusticia de sus métodos, para guardar como
reliquia la nobleza de su causa, y existen aquellos que ya durante siglos, sin
preocuparse mucho de la causa, los métodos o los hechos verídicos, se recrean
solamente en la elevación de Las Casas a la categoría de héroe de la propaganda
antiespañola"
Philip Wayne Powell
Véase también
Junta de Valladolid
Conquista de Venezuela
Capitulaciones de Tezulutlán
Notas
1. Borges (1990, p. 21); Iglesias Ortega (2007, pp. 23-24); «Hasta el año 1975 se admitía como
año probable de nacimiento de Las Casas el de 1474, avalado por su primer biógrafo, Antonio
de Remesal, por lo que muchas fuentes siguen repitiendo ese dato. En 1975, la historiadora
Helen R. Parish presentó un documento de 1516 en el que Las Casas decía tener 31 años de
edad (una declaración jurada para un juicio, además). Sin embargo, Isacio Pérez Fernández,
quizá el más conocido de los lascasianos modernos, presentó otro documento en que el padre
Las Casas decía tener 50 años en 1514 y, por tanto, tendría 10 en 1474. Aun así, la mayoría de
las fuentes modernas coinciden en que el año probable de nacimiento está próximo a 1484.»
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advocating the importation of a slaves back in 1516, Las Casas wrote 'the cleric [he often
wrote in the third person], many years later, regretted the advice he gave the king on this matter
—he judged himself culpable through inadvertence—when he saw proven that the enslavement
of blacks was every bit as unjust as that of the Indians...»
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20. Anabitarte. p. 51
26. Casas, op.cit.(1) p. 36: «Una vez, saliéndonos a recebir con mantenimientos y regalos diez
leguas de un gran pueblo, y llegados allá, nos dieron gran cantidad de pescado y pan y comida
con todo lo que más pudieron; súbitamente se les revistió el diablo a los cristianos e meten a
cuchillo en mi presencia (sin motivo ni causa que tuviesen) más de tres mil ánimas que
estaban sentados delante de nosotros, hombres y mujeres e niños. Allí vide tan grandes
crueldades que nunca los vivos tal vieron ni pensaron ver».
35. Suess, Paulo. La conquista espiritual de la América espanõla. Quito (Ecuador): Abyayala. p. 334.
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74. Gullo Omoedo, Marcelo; "Nada por lo que pedir perdón.La importancia del legado español
frente a las atrocidades cometidas por los enemigos de España"p.108
75. Iglesias Ortega, 2003, p. 50-51. «En aquel momento histórico, Las Casas participaba de la
conciencia colectiva sobre la esclavitud, como una forma de existencia tenida como legítima o
legitimada desde la Antigüedad por las leyes de todos los países, civilizados y no civilizados».
78. Iglesias Ortega, 2003, p. 53. «Las Casas realiza en esos [seis] capítulos... una especie de
Brevísima historia de la destrucción de África y Etiopía, es decir, la denuncia y condena de toda
esclavitud y, particularmente, la de la raza negra, sobre el cañamazo de una síntesis de la
historia portuguesa del descubrimiento de la costa occidental africana y de las islas a ella
próximas...».
79. Díaz Hernández, 2016. «Las ideas de Las Casas serían desarrolladas en el siglo XVII por
destacados pensadores como Fray Epifanio de Moirans y Fray Francisco José de Jaca,
considerados como los primeros abolicionistas de la esclavitud de los negros en América».
80. Iglesias Ortega, 2003, p. 54. «La obra [Historia de las Indias] no se publicó hasta 316 años
después del testamento [que Las Casas dictó antes de morir], cuando ya otros muchos, en
escritos y en actos singulares, habían creado una nueva conciencia colectiva respecto a los
negros y la batalla contra la esclavitud había sido ganada en gran parte del mundo. Por tanto,
para nada sirvió la denuncia y condena lascasiana. Pero debe usarse para restituir a fray
Bartolomé de Las Casas su verdadero rostro, hasta hoy estigmatizado por una interesada
identificación entre negritud y esclavitud».
82. Valdivia Giménez, Ramón (2010). Llamado a la misión pacífica: la dimensión religiosa de la
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