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Alaugnier - El Proceso Originario y El Pictograma

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2. El proceso originario y el parte de la psique. Sin embargo, esta última es informada


acerca de un posible estado de sufrimiento del cuerpo, ante
pictograma el cual responde mediante la única acción a su alcance: la
alucinación de una modificación en la situación de encuen-
tro, que niegue su estado de falta; veremos luego que esta
falta se relaciona de un, modo muy particular con lo que,
en principio, constituye su equivalente fisiológico, el esta-
do de necesidad.
Se observa desde ya el principal escándalo del funciona-
1. El postulado del autoengendramiento miento psíquico: su primer respuesta «natural» es descono-
cer la necesidad, desconocer el cueI'po y «conocer sola..
Hemos dicho que lo que caracteriza a cada proceso de me- mente el «estado» que la psique desea reencontrar. La con-
tabolización, determinado por el encuentro entre el espacio ducta de llamada aparece solo frente al fracaso del poder
psíquico y el espacio exterior a la psique, se define por la omnímodo del pictograma. Escándalo que revela la presen-
especificidad del modelo relacional impuesto a los elementos cia original de un rechazo de la vida en beneficio de la bús-
de lo representado. Por otra parte, este modelo es el calco queda de un estado de quietud y de un estado de no deseo,
del esquema estructuml del propio representante. En la que constituyen el propósito ignorado, aunque siempre ope-
fase que analizamos, el conjunto de las producciones de la rante del deseo. Se debe reconocer que la presencia origina-
actividad psíquica se adecuará al postulado del autoengen- ria de TánatOses más escandalosa para el Yo que la de
dramiento. En nuestro análisis, separamos 10 que se rela- Eros: lo ya presente (déjd-ld] del odio es más perturbador
ciona con la economía placer.displacer, característica de que lo siempre presente [toujours-la] del amor.
este postulado, y 10 que se relaciona con la particularidad
de lo representado que él engendra: el pictograma. 2. Un, poder de excitabilidad al que se debe «la representa-
Hemos dicho que, en principio, el encuentro original se pro- ción en la psique de los estímulos originados en el cuerpo y
duce en el mismo momento del nacimiento, pero que nos que alcanzan al espíritu, exigencia de trabajo requerido al
permitimos desplazar e.se momento para situarlo en el de aparato psíquico como consecuencia de su ligazón con 10
una primera e inaugural experiencia de placer: el encuen- corporal». Esta definición ql.le proporciona Freud de la pul-
tro entre boca y pecho. Cuando hablamos de momento ori- sión se aplica en todos sus aspectos .a la que proponemos
ginario, o de encuentro originario, nos referimos a ese punto para la actividad pictográfica. El trabajo requerido al apa-
de partida. Este desfasaje hacia lo posterior será compensa- rato psíquico consistirá en metabo1 izar un elemento de infor-
do por un trámite inverso cuando aludamos al Yo, instancia mación, proveniente de un espacio que le es heterogéneo,
que el discurso del otro anticipa con t;nayor elocuencia.. en un material homogéneo a su estructura, para permitir
Si nos mantenemos en el campo del mfa'RS, podernos aiSlar a la psique representarse lo que ella quiere reencontrar de su
una serie de factores responsables de la organización de la propia experiencia.
actividad psíquica en la fase considerada:
3. Un afecto ligado a esta representación, siendo la repre-
1. La presencia de un cuerpo cuya propiedad es preservar sentación de un afecto y el afecto de la representación indi-
por autorregulación su estado de equilibrio energético. Toda sociables para y en el registro de lo originario.
ruptura de este estado se manifestará medi~nt~ una expe-
riencia inconocible, una x que, en el a posterzorz del lengua- 4. Desde un primer momento, la doble presencia de un
je, S6- designa como sufrimiento. Toda aparición de esta ex- vínculo y de una heterogeneidad entre la x de la experien-
. perielJcia suscita, cuando es posible, una reacción que apunta cia corporal y el afecto psíquico, que se manifiesta en y por
a eliminar su causa. Esta reacción, que se origina en la su representación pictográfica. Efectivamen te, el afecto es
homeostasis del sistema, escapa a todo conocimiento por coextenso con la representación, y la representación puede

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de estimulación frente a él. En sus «puestas en forma» el
c<?~forn:arse o no a la realidad de la experiencia corporal. proceso originario retoma este modelo sensoriaL La repre-
SI Imagmam~ una repre~nt~ción de la unidad boca-pecho sentación pictográfica de este encuentro exhibe la parti-
que acompana a la. experIenCIa del amamantamiento, se ob- cularidad de ignorar la dualidad que la compone. Lo repre-
serva una conformidad entre afecto y experiencia del cuer- sentado se presenta ante la psique como presentación de
p.o. Si, a la in,:~rsa, imaginamos la representación alucinato- eH~ ,misma; el agente represent~nte considera a la represen-
rIa de una umon boca-pecho que impone momentáneamen- taclOn como obra de su trabajO autónomo, contempla en
te un silencio psíquico al estado real de la necesidad se ob- ella al engendramiento de su propia imagen. La represen-
s:rvará una contradi~ci?? objetiva entre afecto y e':perien- tación, ~sí, es una «puesta en presentación» de la psique pa-
Cla corporal, contradlcCIon que es totalmente ignorada por ra la pSIque, autoencuentro entre una actividad originaria y
la psique y que a lo sumo existe solo para el observador. un «producto», también originario, que se da como presen-
tación del acto de representar para el agente de la repre-
5. La exigencia constante de la psique: en su campo no
sentación. Esta sobresignificación y sobredeterminación de 10
puede aparecer nada que no haya sido metabolizado previa- representado constituye su rasgo esencial.
~ente ~n un,!, !,epresentación pictográfica. La representabi-
La primera condición de la representabilidad del encuentro
hdad ~lctograftca del fenómeno constituye una condición nos remite, pues,al cuerpo y, más precisamente a la activi-
necesana. para s~ existencia psíquica: esta leyes tan uni- d~d sensorial que lo caracteriza. Al referirnos 'a lo que la
versal e IrreductIble como la que decide las condiciones de pSlque toma prestado del modelo sensorial, analizaremos en
audibilidad o de visibilidad de un objeto. Las ondas sonoras
fo~a má~ detallada esta prin;era condición: podremos ex-
y las ondas luminosas exceden de lejos el espectro propio de
~hcltar aSI la estructura partlcular del pictograma. Antes,
la sensibilidad .de los órganos humanos, pero fuera de este sm embargo, veamos en qué condiciones la representación
espectro no eXIsten para el hombre. Del mismo modo 10
del encuentro puede ser una fuente de placer y en cuáles
originario sólo 'p~ede «conocer» los fenómenos que respon- otras, de displacer. En este punto encontramos una segunda
den a las condICIOnes de representabilidad; los restantes ca-
ley general de la a.ctividad psíquica: la meta a la que apun-
recen de existencia para él.
ta nunca es gratUIta, el gasto de trabajo que implica debe
asegurarse una «prima de placer»; de no ser así la no ca-
La~ condiciones de r:presentabilidad que deben poseer los
tectización de la actividad de representación po~dría fin a
ob):tos para proP.o:clO~ar un material susceptible de ser la activ~dad vital misma. Por lo general, la psique previene
utIlIzado por lo ongInarlO pueden reconstruirse solamente a este pelIgro gracias a la presencia de lo que hemos llamado
partir de una fase posterior, en la que solo se observan al-
e! , «placer mínimo», consecuencia de toda puesta en rela-
gunos retoños. Esta reconstrucción nos permite considerar ClOn, conforme al postulado, de los elementos de infonna-
probable que. deben responder a las propiedades particula- ción que .se abren camino en el espacio psíquico y del esta-
res que descnbiremos a continuación.
d~ de qUlet~d consecuente para la actividad de representa-
Clon: ello Imen:,:as lo repre~e~tado s; ofrece como un sopor-
te que atrae y fIJa en beneÍlclo propIO la energía de que dis-
2. Las condiciones necesarias para la pone ese proceso. Es evidente que si este «placer mínimo»
representabilidad del encuentro fuese el único en juego, su sola meta podría ser la perenni-
dad de una representación inaugural que se convertiría en
La actividad del proceso originario es coextensa con una ex- so~orte, prir:u:ro y últiI?o, de la totalidad de la energía psí-
periencia responsable del desencadenamiento de 13. actividad qUl~a. Proposlto ImpOSIble de realizar pero que testimonia,
de .~pa o varias fun~i~:mes del ~uerpo, originada en la exci- en nuestra opinión, la complicidad que existe desde un pri-
taclon d~ .las superfICIes sensonales correspondientes. mer momento entre principio de placer y pulsión de muerte.
Esta actlvldad y esta excitación exigen el encuentro entre Pa:a que esta complicidad no se imponga con excesiva ce-
un órgano sensorial y un objeto exterior que posea un poder lertdad a la meta de Eros, es necesario que a este placer

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mllllmo se le añada la búsqueda y la espera de una «prima tectizar al propio incorporante, y deseo de autoaniquilación
de placer», equivalente psíquico de un «placer de órgano», que convierta a la representación de la instancia represen-
prima que, a partir del momento en que se la experimenta, tante en autopresentación de la instancia que engendra el
se convierte en meta de la actividad psíquica. Si bien es displacer. En tt;>da oportunidad en la que la persistencia de
cierto que en lo representado del pictograma no puede exis- la necesidad obligue a la actividad psíquica a estar infor-
tir una diferencia entre la representación que acompaña al mada acerca de ella y a representar, en y mediante el picto-
amamantamiento y la representación de esta experie,ncia en grama, lo que constituiría la causa del displacer, se impon-
ausencia del pecho, postulamos que la psique percibe muy drá una representación que respete, evidentemente, el pos-
precozmente un suplemento de placer cuando a la repre- tulado . de lo originario pero que pruebe su sumisión a los
sentación la acompaña una experiencia de satisfacción real: propósitos de Tánatos: en este caso, la instancia que se es-
a condición, sin embargo, de que esta satisfacción pueda peculariza en lo representado se contempla como fuente que
proporcionar placer y no se reduzca a calmar la necesi- engendra su propio sufrimiento, y lo que ella intenta anular
dad. 1l Veremos a qué condiciones debe responder para que y destruir es esta imagen de sí misma. El corolario y el si-
ello sea posib!e~ pero señalemos desde ya que la condición nónimo del displacer es un deseo de autodestrucción, pri-
esencial es que esta experiencia pueda representarse como mera manifestación de una pulsión de muerte que conside-
aportando placer a las dos entidades de lo que definiremos ra a la activii!ad de representación, en cuanto forma origi-
como «el objeto-zona complementario». Así, la prima de nal de la vida psíquica, como la tendencia opuesta a su
placer, como meta de la actividad de representación, se en- propio deseo de retorno al «antes» de toda representación.
cuentra relacionada cori la posibilidad de una representación Esta hipótesis nos facilita la comprensión de lo que separa
y de una experiencia que puedan poner respectivamente en a los dos conceptos llamados por Freud principio de Nirvana
escena y en presencia la unión de dos placeres, el del re- y pulsión de muerte. Al primero es posible concebirlo como
presentante y el del objeto que él representa y que encuen- la actualización de un principio de placer que tiende a la
tra en el trascurso de la experiencia (de la representación quietud y a la persistencia inmutable de una primera re-
de la necesidad). presentación, que se ofrece a la psique como prueba de su
Si analizamos ahora las condiciones relativas 31 afecto de omnipotencia de autoengendramiento del estado de placer
disp!acer, diremos que este afecto está presente en toda y como testigo de su poder de crear el objeto conforme a su
oportunidad en la que el estado de fijación es imposible y meta y definitivamente presente; en lo que se refiere a la
en que la actividad psíquica debe volv~r a forjar una repre;. pulsión de muerte, se la debe considerar como una tendencia
sentación. Podemos recurrir a la metáfora energética y decir igualmente arcáica e insistente. Todo ocurre como si el «te-
que él trabajo requerido para el surgimiento de una nueva ner que representar», como corolario del «tener que desear»,
representación determina un estado de tensión, responsable perturbase un dormir [sommeilJ anterior, un antes ininteli-
de lo que llamaremos el «displacer mínimo», simétrico de gib~e para nuestro pensamiento y en cuyo trascurso todo era
lo que herims designado placer mínimo. silencio. Observamos la manifestación de un odio radical,
Más esencial para comprender el funcionamiento psíquico presente desde un primer momento, contra una actividad
es la relación que existe entre el afecto de displacer y la re- de representación cuyo inicio presupone, a causa de su «li-
presentación que está indisociablemente ligada a él. Esta re- gazón con lo corporal», la percepción de un estado de nece-
lación nos obligará a abordar el problema que plantea la s:dad que ella tiene como función anular. En toda oportuni-
pulsión de muerte y a recurrir al concepto con el que alu- dad en que la actividad psíquica se acompañe con una ex-
dimos a un odio radical, tan originario como su contrario. citación que la informe acerca de un estado de necesidad,
No es posible comprender la representación del afecto de su meta será metabolizarla y representarla mediante su ne-
displacer sin postular la presencia originaria de la antino- gación: se explica así su ambivalencia frente a su propia
mia típica de los dos propósitos del deseo: deseo de ca- producción. El estado de placer que ella induce recubre la
tectizar al objeto metabolizándolo en la represen~ción de percepción de una experiencia de la cual huye: el amor a
una parte del propio cuerpo y, gracias ·a ello" deseo de. ca., la representación es el revés, pero también el corolario, del

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odio a la necesidad en cuanto testigo de la existencia de un
espacio corporal autónomo. Todo surgimiento del deseo de del cuerpo, a la que hemos designado como el x inconoci-
representar se origina en el deseo de precluir la posible irrup- ble, que aco~paña a una actividad de representación que
ción de la necesidad y de lo que ella testimonia: de ese mo-- da lugar al pIctograma; b) un afecto que está indisoluble-
do, y paradójicamente, el deseo mismo puede descubrirse co- mente ligado a :sa eX'pe.riencia, y que puede ser tanto de pla-
mo deseante de un estado que lo haría inútil y sin objeto. cer cuanto de dIsplacer; c) la presencia original de una am-
El deseo de no tener que desear es un objetivo inherente al bivalencia radical del deseo frente a su propia producción,
propio deseo. Deseo de no deseo: esta fórmula, que utiliza- que podrá ser tanto soporte de la tendencia a fijarse en ella
mos a menudo, expresa nuestra concepción de la pulsión de como soporte de su deseo de destruirla, por ser prueba de la
muerte. 12 Al ser parte constitutiva de los objetivos del de- existencia de otro lugar que escapa a su poder, pero también
seo, el odio contra todo objeto que manifieste la presencia de otr~ lugar que: lo .obliga a proseguir su trabajo de repre-
del deseo corre el riesgo de imponerse en toda ocasión en senta~l(~n, que le ImpIde px:eservar un estado de fijación; d)
que lo representado ya no logre ignorar la necesidad y, por por ultimo, la ambIvalencia de toda catexia que concierne
eso mismo, en toda ocasión en la que corre el riesgo de al cuerpo. Abastecedor de un modelo que el pictograma re~
acompañarse con una experiencia de displacer. En este caso, toma pór cuenta propia, aparecerá, sucesivamente COmo
la psique considerará el resultado de su propio trabajo co- conjunto de zonas erogenizadas (y, en consecuenci~, espa-
mo demostración y prueba de la existencia de su otro lugm, cio catectizado por la libido narcisista) y como «otro lugar»
el espacio corporal, que inevitablemente odiará y querrá del>_ detestado en toda ocasión en la que denuncie los límites del
truir toda vez que este se revele sometido a un poder que poder ~e l~, psique y. des~ienta, convirtiéndola en leyenda,
ella no domina. la alucmaclOn de la mexlstencia de lo exterior a ella.
Extraño destino el del cuerpo, y pleno de consecuencias: en Co~cluida esta. ~rimera presentación de los factores que or-
efecto, el cuerpo, al mismo tiempo que es el sustrato necesa- gamz~n la actiVIdad. y la. ;conomía del proceso originario,
rio para la vida psíquica, el abastecedor de los modelos so- exammatemos a contmuaclOn, desde otro ángulo, la relación
máticos a los que recurre la representación, obedece a leyes psique-cuerpo; con ese fin, explicitaremos a qué nos referi-
heterogéneas a la de la psique. Estas, sin embargo, deberán mos al hablar de lo que se «toma prestado» del modelo
imponer su exigencia y obtener una satisfacción real: de ese corporal.
modo, el cuerpo aparecerá en un primer momento ante la
instancia psíquica como prueba irreductible de la presencia
de otro lugar y, de ese modo; como objeto privilegiado de 3. El «préstamo» tomado del modelo sensorial
un deseo de destrucción. Pero también es cierto que, si la por la actividad de lo originario
vida prosigue, el cuerpo, COmo conjunto de órganos y de
funciones sensoriales gracias a los cuales la psique descubre Partimos de la hipótesis de que el fundamento de la vida del
su poder -de ver, de oír, de gustar, de tocar- se convierte organismo consiste en una oscilación continua entre dos for-
en fuente y lugar de un placer erógeno, que permite que mas elementales de actividad, a las que designamos como
algunos de sus fragmentos sean catectizados de inmediato el «tomar en sí» [prendre-en-soi] y el «rechazar fuera de sí»
por la libido narcisista al servicio de Eros. [rejete>r hors-soi], actividades que se acompañan con un tra-
Veremos que este autodescubrimiento del poder de sus fun- bajo de metabolización de lo «tomado», que lo trasforma
ciones sensoriales se presentará en el pictograma a través en .~n material del cuerpo propio: los residuos de esta ope-
del modelo del tomar en sí un objeto autoengendrado. raClOn, por su parte, son expulsados del cuerpo.
Lo q~e hemos dicho hasta el momento permite establecer Respiración y alime~tación co~tituyen un ejemplo simple y
un prImer esquema de los elementos que organizan la situa- claro de ello. Mutat'ls mutandzs, este doble mecanismo pue-
ción o.riginal del encuentro boca-pecho cuando se privilegia de e?',trapola:se -al c<:ntunto de los sistemas sensoriales cuya
exclUSIVamente lo que ocurre en el infans. funclon ImplIca analogIcamente la «toma en sí» de la infor-
Hemos encontrado en forma sucesiva: a) una experiencia mación, fuente de excitación y fuente de placer, y el intento

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de «rechazar fuera de sí» esta misma información cuando de ~quello que, en su propia representación, pone en escena
se convierte en fuenté de displacer. Se debe tener en cuenta al organo y a la zona, fuente y sede de la excitación.
una primera diferencia: en esta etapa de la vida, es posi- Al hablar de este doble modelo del tomar en sí y del recha-
ble vomitar la leche, no así taparse la nariz o cerrarse la z~~ luera de s~ abordamos la descripción de la representa-
cavidad auditiva. Además, toda información sensorial tiene c~on que la pSIque se da, de. su experiencia de placer o de
el poder de exceder el umbral de tolerancia y trasformarse dIsplacer. En efecto, los tennlllOS de modelo sensorial o cor-
en fuente. de dolor .13 Al utilizar el término <<información». poral y de préstamo se refieren a los materiales presentes en
que hemos introducido desde las primeras páginas, nos pro~ la representación pictográfica, mediant~ la cual la psique se
ponemos privilegiar el papel desempeñado por las funciones autolllfortna de un estado afectivo que le concierne exclusi-
sensoriales. Al hablar de información no pretendemos en- vamentea. ella; En este registro, sería inútil plantear un or-
cerrarnos en una nueva forma de organicismo inspirada en den de pnmaCla entre el afecto y su representación, así co-
la cibernética; muy por el contrario, intentamos destacar mo entre la experiencia y la información que recibe la psi-
un conjunto de funciones cuya tarea es informar a la psique que acerca de e' la : del mismo modo, no tendría sentido
y al mundo de su mutua interdependencia en un registro 'considerar a la representación como la fuente de un afecto
muy particular y muy «psíquico», si se me permite la expre- que su surgimiento desencadenaría, o ver en el afecto un es-
sión: el del placer y de su relación con el discurso. Tan tado preexistente que la actividad de representación pondría
pronto como se accede al lenguaje, la vista, el oído, el gusto en es<:~na. Se debe postular la coalescencia de una repre-
y el tacto se encuentran bajo la égida de un enunciado sentaclOn del afecto que es inseparable del afecto de la re-
que decidirá acerca del mensaje afectivo que el informado presentación 9ue la acompa.ña. Es tan difícil separarlos como
y la voz informante esperan y reciben uno de otro. La ins- separar la mirada de lo VIstO: ver constituye el encuentro
trumentación del mensaje sobre el objeto sensible determi- de un ó~g~r:~ sensorial c<;>n un fenómeno que se caracteriza
nará que 10 que decida acerca de la relación de la expe- por s~ VlsI~lhdad: toda ]erarquización temporal es imposi-
riencia sensorial y el objeto sensible con el placer y con el ble. S~ tuvlesemos. que hablar del Yo, se aceptarla fácilmen-
displacer, con 10 lícito y 10 prohibido, será lo enunciado por te la lllcongruencIa de pretender decidir si un sentimiento
el mensaje. Podemos añadir que las expex;.iencias recientes de ~:egría, de despecho, de envidia~ precede o no a su nomi.
de desaferenciación sensorial parecen probar que, paralela- naClo~ I?~r parte del Yo: no existe sentimiento separable de
mente a los objetos de necesidad que son el alimento, el aire, la pOSibIlIdad de expresarlo mediante un enunciado. La ex-
el aporte calórico, durante la fase de vigilia es necesario un F!re~ión, interior o c~municada, explícita o implícita, del sen-
aporte de información sensorial continuo; de no recibirlo, tlmlento, es cor.re~atlVa del estado que manifiesta y que sim-
la psique enfrenta dificultades para poder funcionar sin verse plemente. no eXIstIría para el Yo sin esta posibilidad de nom-
obligada a alucinar la información de la que carece. brarlo. SI se acepta designar como sentimiento a los afectos
En términos psicoanalíticos, el «tomar en sí» y el «rechazar presentes y que se manifiestan en la esfera del Yo -formu-
fuera de sí» pueden traducirse desde un primer momento en lación que se convierte en equivalente de la representación
otro binomio: la catectización y la descatectización de aque- para el afecto-, se comprenderá mejor la indisociabilidad
llo de lo que se es informado y del objeto de excitación res- de los términos de este segundo binomio.
ponsable de esta información. Importa señalar que, en esta Se ~lan.tea aqu~ el problema de la relación que existe entre
fase, la representación pictográfica de los conceptos de «to- el termlllO «prestamo» [emprunt] que proponemos y el de
mar» y de «rechazar» es la única representación posible de apun~alamiento [étay?g~] utilizado por Freud: su semejanza
toda experiencia sensorial: lo percibido por la vista, el oído, es eVIdente, pero se dlstlllguen en un aspecto. En la acepción
el gusto lo será por la psique como una fuente de placer au- que le otorga Freud, el apuntalamiento se relaciona en ma-
toengendrado por ella, que forma parte por excelencia de lo yor ;nedida c~m una «astucia de la psique» 14 que aprove-
que ~<es tomado» en el interior de sí misma, o, de lo con- chana el camlllO que abre la percepción de la necesidad o
tratio, como una fuente de sufrimiento que se debe rechazar: ~l estado de necesidad, para permitir a la pulsión que' la
en tal caso, este rechazo implica que la psique se automutila mforme de sus exigencias vitales, con el propósito, escribe

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para la psique presentación del agente productor y de la
Freud «de obligar al sistema nervioso a elaborar activida- actividad que produce. Si se acepta que en esta fase el mun-
des mis interdependientes y más compl~jas, capace~ de pro- do -lo (~exterior a la psique»- no existe fuera de la re-
ducir modificaciones en el mundo exterior con el fIn de sa- presentación pictográfica que lo originario forja aCef<;:a de
tisfacer la fuente de las estimulaciones endógenas».15 él se deduce que la psique encuentra al mundo como un
La heterogeneidad, planteada desde un primer momento fr~gmento de superficie especular, en la que ella mira su
por Freud, entre necesidad. y pul~i?n constitu.ye un con- propio reflejo. De lo «exterior a sí» solamente conoce en un
cepto capital de la teoría pSlcoanahtlca, p:ro dIcha. hetero- principio lo que puede presentarse como imag<:;n de sí, y el
geneidad no impide que entre estas dos entldades eXlst~ una sí-mismo se presenta ante sí mismo como y por la actividad
relación que ya no pertenece al orden del apuntalamlento, y el poder que han engendrado el fragmento de lo «exterior
sino al de. una dependencia efeéti,:a y p~rsistente, e'n el re- a sí» que constituye la especularización. 16 Término que, en
gistro de lo representado. En las Ílguraclones escelllcas for- la acepción que le damos, se asemeja en gran medida al de
jadas por lo primario, en las que aparecerá el lugar prepon- complementariedad: si en la problemática que está en jue-
derante que ocupa la im~ge~ del cuerpo, obse:v:are~os esta go aquí se considera SÓlO 10 que pertenece al campo de la
persistencia. Nuestra hipo teSIS acerca de 10 origInarlo co~o actividad de representación, se comprueba que representante
creación que se repite indefinidamente a lo largo de la eXIS- y representación del mundo son complementarios entre sí,
tencia implica una enigmática interacción entre lo que lla- siendo cada uno de ellos condición de existencia para el otro.
marnos el «fondo representativo» sobre el que funciona todo Este trabajo de reflexión continua es la pulsación misma de
sujeto y una actividad orgá~i~a cuyos efectos ef! el campo la vida psíquica, su modo y su forma de ser, exigencia tan
psíquico sólo podernos percIbIr e;t momentos sIngu!ares. y imperiosa como la exigencia de respirar para la superviven-
privilegiados o (en una forma dIsfrazada) en la VIvenCIa cia del organismo.
psicótica. El modelo de representación de esta complementariedad es-
Habiendo definido el término «préstamo», podemos abordar pecular entre el espacio psíquico y el espacio del mundo está
el alSlálisis de 10 representado: vale decir, lo que suponemos constituido por lo que toma la psique de la experiencia sen-
que vería una hipotética e imposible mirada si pudiese con- sible. Lo pulsional se apoya en el «vector sensorial»; la per-
templar la representación pictográfica. Hablar d<: ~irada cepción de la necesidad se abre camino hada la psique gra"<
hipotética e imposible basta para recordar que n<:s hmltamos cías a una representación que pone en escena a la ausencia
a reconstruir 10 que nos parece probable, a partlr del cono- de un objeto sensible, fuente de placer para el órgano corres-
cimiento que puede tener el analista de las vivencias de su- pondiente. Hemos escogido como punto de partida de nues-
jetos que ya han superado hace mucho ~ie.mp<: el momento tra construcción la experiencia inaugural de \.ma vivencia
en que solo estaba presente el proceso ongInarlo. de placer debido a la función que acordamos a la actividad
sensorial, fuente original de un placer (del gusto, del oído,
de la vista, del olfato, del tacto) que constituye condición
4. Pictograma y especularización necesaria y causa de la catectización de una actividad cor-
poral cuyo poder. descubre la psiq,:e. Experienci~ ?~ un pl~-:
Ep la parte reservada al Yo veremos el concept~ de estadio cer que ella obtIene y que constItuye la condzcton prevla
del espejo tal corno 10 define Jacques Lacan. Sm embargo, necesaria para la catectización de la actividad de represen-
mucho antes de ese estadio, en realidad desde el origen de tación y de la imagen que im ella se origina. Se debe señalar
la actividad psíquica, se comprueba la presencia y la preg- con claridad la imbricación sincrónica de estos diferentes
nancia de un fenómeno de especulari~ción: toda creación momentos, que se unen para formar una experiencia global
de la actividad psíquica se presenta ante la psique como re- e indisQciable: a) percepción sensible de un ruido, de un
flejo, representación de sí misma, fuerza 9.ue engendra esa gusto, de un tacto, de un olor, de algo visto, fuente de placer,
imagen de cosa en la que se refleja; reflejO que contempla que coindde temporalmente con la experiencia de la satis-
como creación propia, «imagen» que es simultáneamente facción de la necesidad alimenticia y la excitación efectiva

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de la zona oral; pero que coincide. taI?,bién c<;>n la satisf~c-
. ón de una expectativa de la orgamzaClOn sensIble, por emg- afectos que allí se localizan en forma sucesiva, actividad
~áticas que nos parezcan la presencia de esta necesi~a~ ele- inaugural de la psique par-a la que toda representación es
siempre autorreferente y nunca puede ser dicha, ya que no
mental de información de los sentidos y :1 placer orIgmado
puede responder a ninguna de las leyes a las que debe obe-
en su puesta en actividad; b) descub;f'1mIento ~e un poder
decer lo «decible», por elemental que sea. Esta especulad-
«ver, oír, oler, tooar, gustar» que sera metabohzado por la
. e en la representación de sü poder de autoengendrar zación SÍ-mismo mundo demuestra la ambigüedad de la
pSlqU ., d t acepción que se le da habítualmente al concepto de narci.
el objeto y el estado de placer; e) representaclOn. e .e,s a
sismo primario. Si el representante es el mundo, y a la in-
dualidad «zona sensorial-objeto causante de la excltaclon»
versa, esta reflexión «loca» del mundo por parte del repre-
mediante una imagen que los pone en escena como una en-
sentante determina que este último se presente ante sí mismo
tidad única e indisociable; a esta entidad la llama~os «la
como reflejo del «todo» o -como reflejo de la «nada»: Eros
imagen de la zona corporal» o, preferiblemente, «la tm'!gen
y Tánatos firman con su nombre dos autorrepresentaciones
del objeto-zona complementario». Esta imagen es el p'lCto-
que subsumen en la totalidad de lo existente. Por lo tanto,
grama, en cuanto puesta en forma de un esq~em-a. r~la:lOnal
junto a una presentación narcisista de un sí-mismo mundo,
en que el representante se refleja como totalIdad ldentlca. al
se debe plantear la presentación (¿narcisista?) de un sÍ-
mundo. Lo que la actividad psíquica contempla y catectlza
mismo nada: evidentemente, es posible calificar como nar-
en el pictograma es el reflejo de sí mis:na que le aseg~ra que,
cisista la reducción del mundo a una «nada» que refiere, de
entre el espacio psíquico y el espaCIo de lo exten~r a.}a
psique, existe una relación de identidad y de especulanzaclOn hecho, a un estado de la psique; en tal caso, sin embargo, se
derrumba la idea de una etapa original y paradisíaca en la
recíprocas. ' . que lo único que percibía la psique en el mundo era una to-
Volveremos a ocuparnos en forma mas detallada, en reli:l.-
talidad plena que se ofrecía como prueba de su omnipoten-
ción con la voz, del concepto de zona erógen~; p~ro debe- cia sobre e! placer.
mos señalar desde ya que, -a partir de la experiencia de pla-
cer, todo placer de una zona es al mismo tiempo, y, de~e
serlo, placer global del conjunto _de las zonas: L~ expenencIa
de amamantamiento se acompana con una sene de, percep- 5. Pictograma y placer erógeno
ciones que -afectan a Jos dif:r~~tes órga~<?s se,nsonale~.:. el
placer, desde su primera apanclOn, se a~tICIP?ra p?-radoJlc-a. La importancia de la totalidad sincrónica de la excitación
mente a esta experiencia de una totalIdad m~eclble de la de las zonas es fundamental: condición previa necesaria pa-
vivencia que, en un a posteriori lej~no, será deslgn??a como ra la integración del cuerpo como unidad futura, pero, tam-
goce. Cuando examinemos el c.,!mlenzo de la aCClon .de 10 bién, causa de una fragmentación de esta «unidad» que da
primario, veremos que tal refl.exlOn se prod:uc: en la pnmera origen a una angustia de despedazamiento; por otra parte,
fase de esta actividad: el pnmer ~ecOnOClml(:~to de .10 e~­ la desintegración de la imagen del cuerpo que ella implica
terior a sí es tributario de una pnmera relaclOn de ldentl- es fácil de comprender. Además, esta sincronía de los pl-ace...
dad en la que una «alteridad» es, al mismo tiempo, recono- res erógenos es coextensa con una primera experiencia de
cida y negada. Reconocida como p\lede ser'o el sosia del que amamantamiento que reúne una boca y un pecho y se acom-
acepto saber que él no es ro; neg;ada pues.to 9-~e se rempla~a paña con un primer acto de ingestión de alimento que, en
la realidad de la diferenCIa medIante la Iluslon de la «mIS- el registro del cuerpo, hace desaparecer su estado de nece-
midad» entre lo que aparece «en otro lugar» reconocido co- sidad. El importantísimo lugar que ocupa el concepto de
mo tal y la f.arma como la psique se piensa yrep:e~enta. . oralidad o de fase oral en la teoría analítica se origina, sin
A partir de estas comprobaci?nes, podemos deÍI~l,r de! 51- duda, en el hecho de que remite a esta experiencia inaugu-
guieI]te modo lo que caractenza a la repre~~ntaclo~ pIcto- ral de placer, que hace coincidir: a) la satisfacción de la
gráfica: la puesta en form-a de una percepclOn medIante la necesidad; b) la ingestión de un objeto incorporado; e) el
que se presentan,en lo originario y para lo originario, los encuentro, por parte de la organización sensorial, de objetos,
fuente de excitación y causa de placer.
52 53
r
En este estadio, el pecho debe ser considerado un fragmen- Lomo coextenso con una experiencia de placer. Pero tam-
to del mundo que presenta la particularidad de ser, simul- bién se observa la presencia de los fenómenos de displacer
táneamente, audible, visible, táctil, olfativo, alimenticio y, y de sufrimiento. Hemos visto antes cuál era la hipótesis
así, dispensador de la totalidad de los pla.cc:res. Por s~ pre- que adoptamos en lo atinente a la representación que acom-
sencia~ este fragmento desencadena la actividad del ~lstema paña al afecto de displacer: lo que acabamos de decir acerca
sensorial y de la parte del sistema muscular necesaria para del pictograma clarifica nuestra posiciono La complementa-
el acto de succión: de ese modo, la psique establecerá una riedad zona-objeto y su corolario, es decir, la ilusión de que
identidad entre lo que realmente es efecto de una actividad toda zona autoengendra el objeto adecuado a ella, determi-
muscular que ingiere un elemento exterior y, al hacerlo, sa- na que el displacer originado en la ausencia del objeto o en
tisface una necesidad, y lo que se origina en la excitación su inadecuación, por exceso o por defecto, se presentará co-
sensorial que, a su vez, podríamos decir, «i~gie:~» el placer mo ausencia, exceso o defecto de la zona misma. En este
que experimenta en el mc:n::ento de su excltaClO~. Por, c:110 estadio, «el objeto malo» es indisociable de una «zona mala»,
mismo, la boca se convertlra en representante, plctograflco el «pecho malo», de la «boca mala» y, más en general, lo
y metonímico, de las actividade~ del ~~mjunto de: las zonas, malo como totalización de los objetos, de lo malo como to-
representante que autocrea por tngestton la totalIdad de los talización de las zonas y, -así, como totalización del represen-
atributos de un objeto (el pecho) que, a su vez, será repre.. tante. Pero como en el registro pictográfico su indisolubili-
sentado como fuente global y única de los placeres senso- dad sigue siendo total, ello dará lugar a la puesta en escena
riales. Zona y objeto primordiales que solo existen uno a de una imposible separación, de un desgarramiento violento
través del otro indisolubilidad correlativa de su representa- y recíproco, que se perpetúa entre zona y objeto: una boca
ción y de su ~ostulado, exactamente a igual título que en que intenta arrancar el pecho, un pecho que intenta arran-
la experiencia de la audición son indisociables la ac.tivi~,ad carse de la boca. El pictograma representará una misma uni-
del órgano sensorial y la onda sonora, fuente de excltaclOn. dad «objeto-zona» como lugar de un doble deseo de destruc-
Este «objeto-zona complementario» es la representación pri- ción, lugar en que se desarrolla un conflicto mortal e inter-
mordial mediante la cual la psique pone en escena toda ex- minable. La primera ilustración del «rechazar fuera de sí»
periencia de encuentro entre ella y el mvndo. Ella es la es la de la puesta en escena de un rechazo mutuo entre zona
protorrepresentación de lo que se observará corno fuente de y objeto, o sea, entre la instancia representante y lo repre-
la actividad fantaseada de lo primario, es decir, la fantasía sentado, consecuencia de la refracción especular caracterís-
originaria de una escena primaria. Lo que la actividad ori- tica de ese estadio. El resultado será que el rechazo del ob-
ginaria percibe del medio (psíquico) en el que está inmersa, jeto, su descatectización, implicarán un mismo rechazo y
lo que intuye en 10 tocante a los afectos de los que son res- descatectización de la zona complementaria. En lo origina-
ponsables las sombras que 10 rodean, se presentará para ella rio, el deseo de destruir el objeto se acompañará siempre
y será por ella representado me~iante l~ única forma a su con el deseo de aniquilar una zona eró~na y sensorial, al
alcance: la imagen de un espaCiO exterior que, como ~olo igual que la actividad que se produce en ella; en esta etapa
puede ser el reflejo de sí misma, se convierte en el eqUiva- el objeto visto sólo puede ser rechazado si se renuncia a l~
lente de un espacio en el que ex!ste entre los ?bjetos una ~~s­ zona visual y a la actividad que la caracteriza. En esta mu-
ma relación de complementanedad y de mterpenetraclOn tilación de una zona-función fuente de placer se observa el
recíproca. prototipo arcaico de la castración que lo primario tendrá
La presentación pictográfica, que lo primario trasformará que remodelar. En lo originario, todo órgano de placer pue-
en una escena primaria, metaboliza a la pareja parental en de convertirse ~n algo de lo que es posible mutilarse para
la representación de dos partes que únicamente pueden exis- anular el displac~r con respecto al cual aquel, súbitamente,
tir bajo una forma indisociada: incorporación o rechazo de se muestra causante. En el curso de la evolución psíquica, la
la 'una por parte de la otra, sin que pueda existir preceden- fantasía de castración dará su forma última y definitiva a
cia temporal alguna. una angustia que el sujeto no hace más que reencontrar: la
Hasta ahora hemos hablado del objeto-zona complementario que lo domina .al observar cómo se manifiesta en sus fron-

55
54
teras esta fuerza destructiva, siempre dispuesta a aniquilar
todo lo que lo enfrenta a una experiencia de displacer. u
r la represent~ción de fa relación de odio entre Tánatos y
En nuestra opinión, la plena importancia del siguiente pa- Eros, a partIr. del momento en que este último ya no logra
saje de Freud sólo puede ,apreciarse en este marco: apresar al prtmero en la trampa de una fijación entre la
libido y el objeto que cree la ilusión de un retorno a un
silencio y a un statu quo eternos.
«El Yo [moi] odia, detesta, persigue con sus propósitos des-
tructivos a todos los objetos 'que se convierten en una fuente ~stas dos. representaciones inaugurales de las dos experien- _
de impresión desagradable, tanto si constituyen para él una Clas afectivas, que ocurren en forma sucesiva en la psique
renuncia a la satisfacción sexual como a la satisfacción de la constit~y~m la infraest~uctu~a r~ponsable de lo que se re~
necesidad de conservación. Podemos afirmar que el verda- produczra en la escena ImagmarIa a 10 largo de toda la vida:
dero prototipo de la relación de odio no emana de. la vida esta re-producción de un representado siempre idéntico a sí
sexual sino de las luchas del Yo por mantenerse y afirmarse. mismo es resp<?nsable de lo que hemos designado como «fon-
Pese a que el amor y el odio se nos aparecen como contra- do representatIvo» que acompaña ,a las 'vivencias y experien-
cias del Yo. .
rios plenamente tangibles, su relación no es simple. No han
surgido de la escisión de algo primitivamente común sino
que tienen orígenes diferentes, :v ca4a .uno ha sufrido u~a
evolución particular antes de conshtuzrse como contranos 6. La reproducción de lo mzsmo
bajo la influencia de' la relación entre placer :v displacer . ..
Desde el punto de vista de la relación con .e~ <?bjeto, el odio De ese modo, el término «originario» define una forma de
es anterior al amor, emana del rechazo Imclal, por parte actividad y un mod~ de producción que son los únicos pre-
del Yo narcisista, del mundo exterior, determinante de la sentes en una fase maugural de la vida. La relación que
excitación» (Freud, Les pu~sions et leur destin) (las bastar- existe e.nt:e la energía en acción y su producción tiende al
dillas son nuestras). mantemmlento de un estado estático. Este objetivo puede
realizarse de dos maneras:
De acuerdo con nuestra concepción, el odio no es ni anterior
ni posterior al amor: ambos términos designan el afecto y la 1. Mediante la fijación de la energía a un soporte (lo re-
meta característicos de dos representaciones inaugurales, presentado) que ella catectiza; en este caso, existe una atrac-
una ~ez que el discurso pretende dar cuenta de ellos. El pri- ción entre la acth:idad representante y la imagen represen-
mero se origina en el propósito globalizador, unificador y tada cuya presenCIa o retorno deseará la psique a partir de
centrífugo de Eros que, por la indisociabilidad zona-obj~to, ese momen too Esa tendencia hacia la representación, ese de-
da forma a la imagen de un mundo en el que todo objeto seo de presencia, es lo que llamamos Eros. Se observa de
tiende y confluye hacia su complemento, se une con él para qué modo 1,0. sexual podrá suceder a lo erógeno, de 10 cual
reencontrar una totalidad perfecta. El segundo nace en el SIempre sera Inseparable.
área de Tánatos, su fin será la aniquilación del deseo y de 2. Mediante el i~tento de anular toda razón de búsqueda
su búsqueda su tendencia será odiar radicalmente a todo y de espera, gracias al retorno a un silencio primero, a un
aquello que,' al presentarse como compl;mento necesari<? de antes del deseo, momento en el que se ignoraba estar «con-
la satisfacción, demuestre la dependencia de la zona en re- denado. a desear» ..En ~llo se origina el odio que acompaña
lación con el objeto, y recordará así que la psique podría a. la prImera experIencIa de no placer que revela la existen-
descubrirse en estado de falta, verse obligada a dese'ar lo que cia de «otro lugar» y la dependencia psíquica frente a él.
no está presente, presentarse ante sí misma como carente de Esta tendencia regresiva hacia un antes imposible es 10 que
poder frente al placer, como capacidad de sufrimiento y de llamamos Tánatos. Lo deseado no es la muerte tal como la
espera. La fuente inaugural del Qdio está constituida por es- concibe el discurso, sino ese antes impensable' para el dis-
ta presentación de ella misma. La puesta en. es~ena del d.e,s- curso: antes de la vida, antes del deseo, antes de un placer
garramiento y del rechazo entre Z6na y objeto es tambten pagado siempre por un momento en que el displacer es, o.

56 57
sería, posible, y también antes .d~ un «tener que representar» y la zona. El estado de atracción recíproca de . .,
sinónimo de un «tener que eXIstir». d e I a ~na ~or l ' , lmantaclon
a otra, sera la representación coextensa Con
toda VIVenCIa de placer: el estado de rechazo d .,
Existe así una antinomia entre los dos cammos de que dis- d e 1a. una por parte de la otra, la coextensa con 'toda
e agreslOn
vive .
pone la energía psíquica para alcanzar su meta. El conflicto de dIsplacer. nCla
. está presente desde un primer momento, ya que en toda Cualquier~ que sea la ~iversidad de las experiencias de pla-
oportunidad en la que surja el estado de deseo -lo que cer o ~e dIspl,:cer del znfans, cualesquiera que sean la zona
exige como condición previa la vivenci~ ?e un .estad~ de yel obJe!o en Juego, y cualquiera que sea la causa (endóge-
falta,18 siquiera momentáneo-- se produClra, al mIsmo tIem- na o, exogena ~, la e;xperiencia misma, la experiencia en sí,
po, una búsqueda del objeto esperado">: un re~hazo de toda ~dnamos deCIr, sera metabolizada: sea en una representa-
actividad de búsqueda, deseo de presencIa y odIO ante un e!I- Clon 'en la que el acto de incorporar, de reunirse in disocia-
cuentro; y esto constituye una prueba indirecta de la eXiS- blemente con su complemento es correlativo del estado de
tencia de la necesidad y de la falta. Por 10 tanto, Eros puede placer, sea en una representación en la que el acto de recha-
imponerse sólo si la espera del placer no se prolonga, ya que zar, de desgarrar, es correlativo del estado de displacer En
su astucia consiste en ofrecer ·a Tánatos por la vía del objeto otras. palabras, la psi9~e cont;empla en la representació~ su
la ilusión de que ha alcanzado su meta: el silencio del deseo, pr?pIa fonn·a de a;ÍlVIdad (Incorporar o rechazar); en el
el estado de quietud, el reposo de la 'actividad de represen- pnmer caso, catectIza esta for~a productora y el producto
tación. consec:u~nte, en el segundo conSIdera a la representación de
En el registro económico, lo originario queda bajo el domi- 'su ~ct~vIdad y de su producto como la causa odiada de su
nio de esta fuerza ciega que tiende a preservar un estado sufnmlento. En . nuestra opinión , este esquema re l ' 1,
. ., aCIana
de quietud y que, abandonada a sí misma, solo podría oscilar pnm~;a metaboh:aclOn de la relación psique-mundo .Y de la
entre una fijación perpetua al primer soporte enco~trado y r~laclOn de la l?~lque con sus producciones sigue operando
la imposible aniquilación de sí misma. En esta óptica, po- SIempre: la
dríamos decir que la muerte es la última ilusión que el hom- . daCClOn
' , del hombre, la sucesión de s us expenen-
.
cIas,. se tra UClran .en la escena de lo originario mediante este
bre encuentra en su camino, que al desear, morir espera «lo- «flUJO representatIvo» en que la relación de la psique con
camente» alcanzar un antes del deseo, olvidando que ese lo que. e.lla pr'odu~e, Con lo que experimenta, se expresa y
antes implica la anulación de toda posibilidad de goce. Se se mamflesta medIante un pictograma; y, en él, la relación
observa la tenacidad de un odio cuyo objeto es «en verdad» del ~epresentante. cor:, lo re~resentado expresa, sea su coales-
el deseo, odio que logra convertir a la muerte en la astucia cenCIa, s~ catectlzaclOn :~cIproca, sea su odio, su rechazo,
mediante la que Eros podrá creer que ha encontr~do un pos- s11; tent~tIva de ?estrucclOn mutua. Esta representación es
trer objeto finalmente adecuado a su espera, mIentras .qu~, tnbutarIa del prestamo tomado de la imagen de
en realidad, lo que es esperado «en otro lugar» es la amqUl- d f' , una cosa
y e una., unClOn del cuerpo. Es a través de esta misma re-
lación definitiva de todo deseo y de toda razón de tener que pre~ntaclOn, qu~ el proceso originario metabolizará las pro-
desear. duc.clOnes pSlquIcas tanto de 10 primario como de lo secun-
Hemos dicho que en la escena psíquica nada puede aparecer dano, en todos los casos en los que estas producciones tienen
salvo en y a través de esta representación: a ello se debe la que ver con la puesta en escena y la puesta en sentido de
importancia atribuida a lo que se figura sobre la escena, al un afecto. Alegría y dolor, como sentimientos del Yo serán
«préstamo» tomado elel mod~lo sensorial y al. concepte;> de metamorfoseados a través de este proceso en jerog1ífic~ cor-
pictograma consecuente. El pictograma ,no .es smo la l?r:me- pora~~s. Toda r~presentación de una zona erógena y de su
Fa representación que se da acerca de SI m1sma la ~ctlvIdad , f~lllClOnSe convierte en metonimia de la totalidad del espa-
pSÍ::Iuica a través de su «puesta en f?rma» del obJe!o-zona, CIO y ?~ la acti;id~d del cuerpo y, por ello, del espacio y de
complementario y del esquema relaCIOnal que ella Impone.¡ , la actlvl.dad pSlqUlca. Toda producción de este espacio será
a estas dos entidades. Placer y displacer dependerán de las " metabohzada por lo originario y representada como efecto
relaciones respectivamente puestas en escena entre el objeto.f ' de su poder de engendramiento dd objeto de placer, o cOmo

58 59
efecto de su poder de engendrar el objeto que se debe des-
truir. Lo que interviene en los otros dos espacios que per-
tenecen a una misma psique es la imagen de la reunificación
de las dos entidades que constituyen el objeto complementa-
r
i
í
~
a su proyección en todos los casos en los que el Yo puede
percibir en ella una .imagen de sí mismo cercana a su propia
representación pictográfica. En este caso, el Yo, lejos de en-
contrar en el exterior referencias identificatorias que conso-
rio, fuente de un placer continuo, o la imagen de un objeto r liden su poder de precluir toda producción de lo originario~
en el que las dos entidades que lo componen se desgarran ~ contempla estupefacto una imagen de sí mismo que no pue-
y dividen. Se trata de la repetición inmutable de una repre- f.f. de reconocer, pero que entra en resonanCIa •
con 1a represen-
sentación que solo puede recurrir a estos signos. El placer
o el displacer experimentado por el Yo y la relación del Yo
I, tacióz:¡ pictogr~fica del Yo, en y por lo o~iginario. Dos reflejos
idénticos remIten uno al otro; cualqUIera que sea eJ· lado

I
con el «pensamiento», concebido como su producción, me- hacia el que se vuelva el Yo, choca con un mismo incono-
diante la cual él conoce su experiencia y la remodela nom- , cible, que es tal por ser indecible, y que surge en las dos
brándola, se representará en la escena de lo originario me- ,. fronteras de su espacio psíquico. La relación Yo-originario
dian te un pictograma que ilustre en forma acorde con_ su ¡ y y o-mundo ya no es diferenciable. Ello dará lugar a que
postulado la relación de lo pensante con lo pensado, del Yo t auien percibe sea colocado fuera de funcionamiento, a la
con la idea producida. La heterogeneidad radical que sepa- '" ~nulación momentánea de toda distancia que separa al que
ra a la representación ideica del Yo 'del representante pic- , mira de lo mirado, al fading del Yo y de estos residuos, que
tográfico de este mismo Yo comporta un desfasaje entre la , lo representan en la psicosis. Se observará, entonces, no un
intensidad de los afectos coextensos con la representación «eso habla», sino un «eso reacciona» o un «eso actúa»: en
pictográfica de la relación Yo-pensamiento y los sentimien- . el espacio de lo real se proyectará el odio radical o el deseo
tos que existen entre el Yo y las representaciones acordes
con su postulado. En el segundo caso, hay la posibilidad de
una graduación, de una relativización, de la coexi!¡tencia de
sentimientos diversos, pero lo originario, por su parte, se en-
I
:
,
"
de fusión que caracterizan al pictograma. Se comprueba el
resurgimiento de la indiferenciación primera entre el propio
cuerpo y el -cuerpo del otro, por el hecho de que tanto uno
como otro se convierten en el espacio que se debe destruÍl
cuentra siempre dominado por la ley del «todo o nada» del o con el cual hay que fusionarse. Evidentemente, el pictogra-
amor o del odio. Ello implica el riesgo de u,.na interrupción ma no es en absoluto privativo de la psicosis: empero, per-
repentina y desestructurante en el espacio del Yo, por bien mite comprender por qué esta última conserva la posibilidad
defendido que esté (y lo está) de un afecto imposible de oe actuar un impensado que es también, para los otros su-
dominar, que tanto podrá precipitar al sujeto al abismo de jetos, un impensable.
la fusión como al del asesinato (de sí mismo o del Otro). Antes de concluir este capítulo acerca de lo originario con
Esta posibilidad justifica la importancia que atribuimos a un resumen de las características que hemos planteado res-
nuestra hipótesis para la comprensión de determinados fe- pecto de él, y para justificar la importancia que atribuimos
nómenos clínicos característicos de la psicosis 19 y que vol- a la representación que este proceso se da sobre el Yo y de
veremos a encontrar en la parte que le será consagrada. sus producciones, haremos un paréhtesis. En él, daremos
Podemos señalar que un rasgo específico de la psicosis es una primera indicación acerca de lo que entendemos por
permitir la reactualización, entre el espacio originario y el actividad de pensar Y por representación ideica, dos formu-
espacio de lo «exterior a sí», de un estado de especulariza- laciones s~nónim·as, en nuestra concepción, del propio Yo y
ción. Posibilidad que, inc'l..lso en la psicosis, aparece solo en cuyo análisis se encontrará en el capítulo cuarto.
los momentos dramáticos que el observador designa comO
acting out o impulso. Como tal, el pictograma carece de Ju-
gar en la representación fantaseada qúe, por su parte, entra- 7. A propósito de la actividad de pensar
ña la presencia de un tercer polo representado por una mi-
rada ,exterior a la escena y, sobre todo, carece de un lugar A partir de un momento dado, que caracteriza el pasaje del
en el registro de lo decible. estado de infans al de niño, la psique adquirirá conjuntamen-
En contraposición; la escena de la realidad puede prt'Starse

60 61
te los primeros rudimentos del lenguaje y una nueva «fun- Si volvemos ahora al Yo, una vez concluida la definición
ción»: ello dará lugar a la constitución de un tercer lugar de los límites que resguardan su propio Topos, comproba-
psíquico en el que todo existente deberá adquirir el status mos que toda experiencia, todo acto, implica la copresencia
de «pensable», necesario para que adquiera el de decible. de una «idea» que permita pensarlo y, por ende, nombrarlo.
Este pensamiento-decible puede definirse mediante el térmi- Para el Yo, lo que no puede tener una representación ideica
no de inteligible: se instaura así una «función de intelec- no tendrá existencia, lo que no quiere decir que no pueda
ción» cuyo producto será el flujo ideico que acompañará al sufrir sus efectos. Por ello, toda actividad del Yo comporta
conjunto de la actividad, desde la más elemental hasta la una producción ideica, una autoinformación, especie de co-
más elaborada, de la que el Yo puede ser agente. Toda fuen- mentario de la vivencia en juego y objetivo de la actividad
te de excitación, toda información, solo logra tener acceso de pensar, función de lo secundario. Lo que se desarrolla en
al registro del Yo si puede dar lugar a la representación de este registro se acompaña con lo que llamamos los sentimien-
una «idea». Debemos añadir que toda actividad del Yo se tos del Yo, es decir, el afecto en su forma consciente. Pero
traducirá entonces en un «flujo pensante», implícito o ex- lo que caracteriza al sistema psíquico es el hecho de que
plícito. Se observa una verdadera «traducción simultánea» nunca renuncia a sus modos de representación: no hace
en «idea» de toda forma de vivencia del Yo que tenga la falta demostrar la participación de lo primario en la aoti-
cualidad de lo consciente. Esta traducción representa un vidad del Yo.
fondo latente, habitualmente silencioso pero que, por lo ge- Nuestra hipótesis acerca del pictograma postula su copre-
neral, el Yo puede hacer presente mediante un acto de re- sencia, en un lugar precluido al Yo y a su entendimiento,
flexión sobre su propia actividad. en el caso de todo pensamiento, de toda vivencia, de toda
Lo «decible», entonces, constituye la cualidad característica producción reivindicadas por el Yo corno su obra y su «bien».
de las producciones del Yo. Si considerambs ahora, no ya al Ello determinará que todo acto de catectización operado por
Yo sino a esta fase secundaria constituida por lo primario, el 'Yo y, por consiguiente, el con junto de las relaciones pre-
diremos que en ella tiene lugar lo «pensable»; que se obser- sentes entre el Yo y su objeto -tanto si se trata de otro Yo
van representaciones ideicas; que, después de una primera como de los «objetos-bienes» que el Yo posee o codicia-
fase, imagen de palabra e imagen de cosa se han unido, pero darán lugar a una triple inscripción en el espacio psíquico:
también que las conexiones que unen entre sí estos pensa- 1) En el registro del Yo observaremos la inscripción del
mientos-ideas dan nacimiento a un «lenguaje» cuya lógica enunciado de un sentimiento, enunciado mediante el cual el
difiere de la que impondrá, por etapas, el discurso que cons- Yo conoce y trasmite su conocimiento acerca de su relación
tituye al Yo. con los «emblemas-objetos» por él catectizados y que tam-
En un primer momento, el surgimiento de la «función de bién cump!en una función de referencias identificatorias.
intelección» corno nueva forma de actividad se añadirá a las 2) En el registro de lo primario, los anhelos del Yo y sus
funciones parciales preexistentes. Ella Se presenta ante la sentimientos se traducirán en una fantasía que pondrá en
psique como una nueva «zona-función» erógena cuyo objeto escena lo «ya presente» de la reunificación operada o de un
apropiado y cuya fuente de placer sería la «idea». Es esta despGjo padecido. 3) En el registro de lo origin~rio, se ten-
una condición necesaria para que el proceso primario catec- drá un pictograma en el cual (y tal es su especificidad) el
tice esta «zona pensante» y su forma de actividad. Tal como propio Yo se presenta como zona complementaria, y el ob-
10 mostraremos de manera más explicita en relación con el jeto catectizado -idea o imagen- interviene como «lugar-
placer de oír, corno condición previa necesaria para un de- teniente» del objeto c;omplementario.
seo de aprehender [entendre], un «placer de pensar» debe Este pictograma eS la representación que forja lo originario
_ preceder a un «querer» o un «desear pensar». Podemos de- de los sentimientos que unen al Yo con sus objetos. Esta
cir que la actividad de pensar, condición de existencia del hipótesis implica que la idea, es decir, el enunciado del sen-
y ()l, se constituye como el equivalente de una función y de timiento, fuente de placer o de sufrimiento, se representará
un placer «parcial» que se impondrán a la catectización de mediante el objeto indisociablemente unido a esta zona com-
lo primario por la erogenización que este placer induce. plementaria que representa paJ'a lo originario la actividad

62 63
del Yo: su relación se presentará mediante la puesta en es- subconjunto de lo representable y el subconjunto de lo in-
cena de un acto de devoración, de atracción mutua o, inver- teligible.
samente, de un acto de rechazo, de repulsa, de odio. Tal En 10 referente al primer tipo, su única forma de existencia
hipótesis se origina en nuestra forma de entender el discur- para el hombre es la que se origina en el saber mítico o cien-
so psicótico: más allá del sentido manifiesto, lo que nos lla- tífico; este afirma que 10 visible está le jos de incluir a lo
mó la atención desde hace ya mucho tiempo, en particular existente, que lo que podemos conocer del mundo es parcial
en el discurso esquizofrénico, es la relación del enunciante y sobre todo en el campo de la ciencia, que subjetivamente
con el acto mismo de la enunciación y la respuesta que ella no eS posible saber nada, ni percibir nada de una parte de
suscita en quien recibe «el objeto enunciado». Se produce las actividades fundamentales de nuestro organismo: en ese
una especie de reificación del flujo discursivo, o de su re- sentido, la genética nos propone una serie de fórmulas fas-
tención, que hace pensar, inevitablemente, en una boca que cinantes. Estas plantean una idea tan extraña, tan irrepresen-
derrama un flujo alimenticio que invade al Otro para ali- table y, en cierto sentido, tan no pensable de nuestro cuer-
mentarlo o sofocarlo, en una boca que retiene un fragmento po como pueden serlo las fórmulas físicas que estudian las
de alimento-excremento que lo envenena. La relación del ondas luminosas respecto de la percepción que tiene el su-
sujeto con do que es pensado» se asemeja, al parecer, a una jeto de la luz.
relación arcaica con lo ingerido o lo vomitado. Parcialmente, A la inversa, el segundo registro comprende lo existente que
«la actividad de pensar» vuelve a convertirse en el equiva- se ·abre un camino en el espacio psíquico: a) los fenómenos
lente de la actividad de una «zona-función parcial» que, representables (las producciones de 10 originario) ; b) los fe-
como toda zona parcial, puede ser sucesivamente percibida nómenos figurables y pensables (las producciones de lo pri-
como fuente de un placer permitido, como zona que el mario y de lo secundario).
otro puede mutilar al sujeto o como zona cuya actividad La relación que existe entre ambos es diferente: en efecto,
está prohibida por el veredicto del deseo del Otro. si bien todo pensable tiene un representante en el espacio
de lo representable, inversamente, las representaciones origi-
narias son precluidas del espacio que comprende lo primario-
secundario.
8. El concepto de orzgznarzo: conclusiones Volvamos al registro de lo representable y recordemos la
hipótesis de la que hemos partido: la información sensorial
Hemos señalado desde un comienzo que analizar la actividad que debemos a las propiedades de estimuláción que poseen
psíquica hipostasiando un espacio psíquico aislado del medio una serie de objetos, de los cuales, en un primer momento,
que lo rodea y sin lazos con este úl timo era una ficción im- el cuerpo materno es el proveedor privilegiado, determina
posible de evitar, cuya única ventaja consiste en privilegiar el comienzo de la actividad de los órganos de los sentidos.
el análisis de los caracteres específicos de «lo originario en En el plano de uno de los sentidos, por lo menos el del gusto,
sí». La especificidad de la actividad de lo originario resíde esta actividad corresponde temporalmente a la experiencia
en su metabolización de todas las experiencias, fuente de de la satisfacción de la necesidad y a la ingestión del aporte
afecto, en un pictograma cuya estructura hemos definido. alimenticio. Creemos que lo que se origina en este primer en-
La única condición necesaria para esta metabolización es cuentro no depende de la yuxtaposición fortuita entre el
que el fenómeno responsable de la experiencia responda placer del gusto y la satisfacción de la necesidad alimenticia,
a los caracteres de la representabilidad. si no que en el registro de la ~ensibilidad existe, efectiva-
Podemos plantear entonces una primera separación entre mente, una «espera» del objeto que tiene un poder de ex-
dos tipos de «existentes», tanto si su fuente es el cuerpo co- citabilidad y una «necesidad» de información que explica
.!Do si es el mundo: 1) El primero abarca lo que el sujeto que la actividad de las diferentes zonas sensibles posea la
no conocerá nunca; en este caso el término «sujeto» de- propiedad de acompañarse con lo que designamos como pla-
signa l'a. totalidad de las instancias presentes en el espacio cer erógeno. Así, existe una equivalencia entre la excitabili-
psíquico. 2) El segundo comprende dos subconjuntos: el dad y la erogeneidad de las zonas: se deduce de ello que lo

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catectizado por la libido y gue se convierte en fuente de pla·
cer para la psique es la actividad originada en su excitación
en el momento del encuentro con sus objetos (lo visto, lo
oído, 10 gustado). Esta catectizacÍón de la actividad senso-
rial constituye la condici6n misma de existencia de una vida
r
l
poral, se deduce, como ya hemos visto, que la cualidad del
afecto dependerá de la relación positiva o negativa que une
en el pictograma al representante con lo representado. Con-
denado a representar lo experimentado (y este experimenta-
do que le es illlpuesto comprende también la vivencia de la
psíquica, ya que es condición necesaria para la catectización - necesidad y del sufrimiento), al serie imposible, en función
de la actividad de representación. En efecto, toda inforllla- de su propia estructura, representarse a la vivencia sino co-
ción sensible solo es tal en ]a medida en que dispone de mo creación propia, el afecto es lo que se manifiesta en la
una representación en el espacio psíquico: «excitación, ero- representación ora a través de la atracción, ora a través de
genización, representación», forman un trinomio indisocia- la repulsión que liga representante y representado. Los dos
ble; designan las tres cualidades que un objeto debe necesa- elementos in disociables, que constituyen el objeto-zona com-
riamente poseer para que pueda existir ante la psique. plementario puesto en relación por el pictograma, actúan
En nuestra opinión, es indudable que la catectización de la como «lugartenientes» del agente representante y de lo que
actividad de representación constituye una condición nece- este engendra; su relación, de atracción o de rechazo, es
saria para la vida: este es el único camino a través del cual aquello mediante lo cual la representación pone en escena
las funciones del cuerpo pueden ser erogenizadas, y lo que al afecto experimentado por el representante. La imagen de
de ello resulta, convertirse para la psique en objeto de pla- la cosa corporal, tal como la forja el pictograma, es, pues,
cer cuya presencia alucina. La identidad de percepción com- aquello gracias a lo cual lo originario se representa lo que
porta la identidad del afecto que acompaña a la represen- para él es representable de su encuentro con el mundo: de
tación alucinada de la experiencia. La alucinación del pe- este espacio infinito aparece en su escena solamente lo que
cho se apoya en un lllovimiento de succión de los labios que puede convertirse en reflejo del espacio corporal, de su mo-
reproduce la actividad característica de la zona oral en el do de funcionallliento y "del esquema estructural del repre-
momento de ingestión de la leche. El pulgar, por su parte, sentante. Se origina en ello una consecuencia fundamental
reproduce a nivel táctil la excitación característica del pe- para nuestra comprensión del funcionallliento psíquico: la
zón. En. relación con ello, se comprende la illlportancia de representación mediante lo originario de lo que resulta de
lo que hemos planteado acerca de la totalización caracte- la actividad del Yo obedece a la misma ley, está sometida a
rística del placer erógeno. A partir de una puesta en fun- la misma metabolización.
ción «real» de los lllovimientos de la zona oral, y del placer
concomitante, la representación reproduce la alucinación de El Yo recurrirá al tipo de defensa particular que se designa
la presencia del conjunto de los atributos; fuente de excita- como delirio para afrontar el riesgo que le hace correr su
ción, de los que está provisto el pecho. Serán alucinadas la representación pictográfica mediante el proceso originario:
visibilidad, la audibilidad, la tactilidad del objeto ausente"; volveremos a ocuparnos de esto en la parte final del libro.
son alucinadas así la actividad del conjunto de las zonas Antes de abordar las etapas que nos separan de ello, resumi-
erógenas y la presencia del conjunto de los objetos que se remos este capítulo enumerando las implicaciones teóricas:
adecuan a ella. El pictograma es la representación que la
psique se da de sí misma como actividad representante; ella 1. El espacio y la actividad de lo originario son, para noso-
se re-presenta como fuente que engendra el placer erógeno tros, diferentes del inconsciente y de los procesos primarios.
de las partes corporales, contempla su propia imagen y su La propiedad de esta ·actividad es metabolizar toda vivencia
propio poder en lo que engendra, es decir, en lo visto, en 10 afectiva presente en la psique en un pictograma que es, in-
oído, en lo percibido que se presenta como autoengendrado di~ociablemente, representación del afecto y afecto de la
por su actividad. Si se designa como afecto al placer o al represen tación.
displacer originados en la experiencia de la psique en el 2. Lo único que esta actividad puede tener como «repre-
momento de su encuentro con el mundo, incluyendo el frag- sentado» es 10 que hemos definido con el término de obje-
mento del mundo representado por su propio espacio cor- ! to-zona complementario.

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3. Esta «puesta en forma» es representación del afecto precluido al pc:der de co~ocimiento del Yo. Pero, fuera del
que une el objeto con la zona, pero este afecto asimismo campa de la pSlcopatologla, los efectos se manifestarán sobre
es representa?ión. de la rel~ción que une al representant~ el Yo mediante esos sentimientos indefinibles que el lenguaje
con las expenencIas que le Impone la existencia de lo ajeno traduce con metáforas que han perdido su sentido profun-
a él (su propio cuerpo y el mundo). do a causa del hábito: «n,? querer estar en su pellejo», «es-
4. Como vivencia de lo originario, el afecto es representa. tar en forma», «estar a dISgustO», «cargar al mundo sobre
do .t;0r una acci.~n del cuerpo y, más precisamente, por la las espaldas», «sentir el cuerpo hecho pedazos», y muchas
aCClOn de atracClOn o de rechazo recíproco de la zona y del otras.
objeto, acción que refleja la relación de atracción o de re. 10. En el campo de la psicosis, este fondo representativC'
chazo entre representante y representado. puede durante algunos momentos ocupar el principal lugar
5. Esta ingestión o esta atracción y este rechazo son l'a ilus- de la elcena: no porque el pictograma, como tal invada la
tración pictográfica de los dos sentimientos fundamentales escena de lo consciente, sino porque, en cierto modo la
que el di~c~rso l1am~. amor y odio; se deduce de ello que tarea d(~~ proceso secundario que a su manera prosigu~ su
todo mOVImIento pOSltIVO del representante hacia el mundo lucha e mtenta defenderse contra esta fractura se invertirá.
se ilustra con un deseo de ingestión, y todo movimiento ne- Ya no se trata de una puesta en sentido del mundo y de los
gativo, con un rechazo y un deseo de aniquilación. sentimientos que se pretende conformes a los encuentros en
6. La puesta en forma del pictograma se apoya en el mode- los que estos surgen, sino de la tentativa desesperada por
lo del funcionamiento sensorial: por ello, toda experiencia conve'rtir en decibles y provistas 4e sentido a vivencias cuyo
de placer reproduce la unión órgano sensible-fenómeno per-' origen reside en una representac,·ión en la que el mundo es
cibido, y toda experiencia de displacer implica el deseo de solo el rt:flejo deo un cuerpo que Se autodevora, se automutila.
automutilación del órgano y de destrucción de los objetos se autonechaza. .
de excitación correspondientes. 11. Fuera del registro de la psicosis, existen momentos de
7. De este préstamo tomado de las funciorles del cuerpo se fatI.ir:g d:::l Yo a l,os. que, según la filo~of!a que se profese, se
deduce que en lo originario 10 único que puede representar- cahf¡cara como lUCIdos o de encegueclmlento, en los que va-
se del m~ndo es lo que puede darse como reflejo especular cila la construcción, obra del Yo, que da sentido al mundo y
del espaclO corporal. De hecho, la especuIarización sí-mis- lo confo::ma según un principio de inteligibilidad. El Yo
mo I mundo es especularización psique-cuerpo, designando descubre que es imposible decidir acerca de la conformidad
aquí como «cuerpo» el lugar de la serie de experiencias que o no entre el mundo y la idea que 10 hace conocible. En
dependen del encuentro sujeto-existente, experiencias que la todos los casos en los que la idea del mundo corre el riesgo
psique se representa como efecto de su poder de engendrar de vacilar, en forma imprevista e incontrolable, el funcio-
los objetos fuente de excitación y de engendr,ar lo que es namiento psíquico corre el riesgo de disponer solamente de
causa de placer o de displacer. I,1na imagen del mundo cercana a lo originario. Si la mirada
8. Esta metabolización que opera la actividad de represen- descatectizase la escena exterior para volcarse en forma ex-
tación persiste durante toda la existencia. La actividad in- clusiva h ::lcia la escena originaria, solamente podría contem~
telectual y «la idea» que ella produce se acompañan en la pIar allí, estupefacta, las imágenes de la cosa corporal, la
escena originaria con una misma representación: el Yo se fuerza qlle engendra una imagen del mundo convertida en
presenta para y es representado por lo originario como una reflejo d,e un espacio corporal, desgarrado por afectos que
«función pensante» que se ubica junto a otras funciones par- en todo momento y totalmente son amor u odio, acción fu-
ciales, «la idea» como objeto acorde a ella y por ella produ- sional o acción destructiva.
cido. En otras palabras, el espacio y las producciones de la 12. Rara vez estos momentos están ·ausentes de la vivencia
psiqu{! q'!-le no son lo originario se representan para esto últi- _ del psicótico: se manifiestan a través de 10 que el discurso
. mo como los equivalentes de un objeto-zona complementa- llama act'ing out, la estupefacción, determinadas formas ca-
rio; éuya actividad puede causar placer o displacer. tastróficas de la angustia. Demasiado a menudo se olvida
9. Es esto lo que designamos como «fondo representativo» que estos términos, a los que se prefiere.considerar como pa-

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tognómicos de la psicosis, se manifiestan fugitivamente en de la representación y las exigencias consecuentes no podrán
nuestra propia existencia. Lo que cambia en el no psicótico ('S recibir respuestas que no se acompañen con un abuso de
la posibilidad que conservá el Yo. de n:tomar la po~esión de poder por parte del que responde, abuso tan absoluto como
su espacio y de su modo de .fU~lclonamlento, ,de olvldar ~so~ necesario. A partir de ese momento, el «objeto-saber» se en-
momentos de prueba y de-dómmarlos, pero solo a postenon, cuentra en el origen de la problemática identificatoria y se
tratándolos como «cuerpos extraños», «síntomas pasajeros» convierte en el «bien» cuya apropiación se impondrá al in-
cuya causa imputará a talo cual acontecimiento exterior. fans. El modo en que se produzca esta apropiación decidirá
13. En definitiva, lo originario, según nosotros, es el «depó. el lugar y la función que ocupará en la psique la instancia
sito» pictográfico en el que siguen actuando, en un estado llamada Yo.
de fijación permanente, las representaciones a través de las
cuales, en última instancia, -se representa y se actualiza inde-
finidamente el conflicto irreductible que enfrenta a Eros y
Tánatos, el combate que disputa el deseo de fusión yel deseo
de aniq~ilación, el amor y el odio, la actividad de represen-
tación como deseo de un placer de ser y como odio por te-
ner qUé desear. El pictograma es una representación en la
cual, al unir a las dos entidades complementarias, la acción
da testimonio en forma sucesiva acerca de quién ha ganado
momentáneamente la partida, Eros o Tánatos. Mientras la
vivencia subjetiva está protegida del sufrimiento y de la fal-
ta entre representante y representado, psique y cuerpo, psi-
q~e y mundo, podrá mantenerse una relación de fusión, de
atracción mutua: en toda ocasión en la que cuerpo y mun-
do se revelen como causa de sufrimiento se producirá una
relación de odio, el retorno del deseo de aniquilar aquello
de 10 que da testimonio lo representado, 'de reencontr.ar un
«antes» en el que nada perturbaba el silencio del deseo y
el silencio del mundo.

Debemos analizar ahora los efectos de la estructura origina-


ria, tal como los hemos definido, reubicándolos en la situa-
ción «real» de su aparición y de su funcionamiento: nos re-
ferimos al encuentro en el cual a lo originario le responde 10
«secundario» que gobierna a la conducta de la madre, en-
cuentro cuyo primer efecto será el comienzo de la acción del
proceso primario. Si bien es posible afirmar que la represen-
tación pictográfica constituye una prueba de la metaboliza-
cióu total operada por la psique en relación con la imagen
. del mundo de la que el «Yo» de los otros da fe, aparece jun-
to a ella la violencia igualmente radical que le impone a la
psique el discurso del Otro y las demandas· del, portavoz que
só10 puede responder a las necesidades del infans con la pre-
tensión de «saber» algo de lo que, en realidad, no tiene co-
nocimiento alguno. En nombre de este «saber», los afectos

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