Originariamente, la filosofía abarcaba la totalidad del conocimiento y los filósofos eran
polímatas. Por ejemplo, Aristóteles trabajó en problemas de física, biología, psicología
y ciencia política, así como en problemas de lógica y ética; y Descartes se interesó en
la matemática, la física, la biología y la psicología tanto como en la filosofía propia
mente dicha. Hoy en día, la filosofía es una rama de las humanidades, y los filósofos
limitan su atención a problemas conceptuales de un cierto tipo. No formulan juicios so
bre cuestiones de hecho especiales, que gustosamente dejan en manos de científicos y
tecnólogos.
La filosofía contemporánea puede considerarse esencialmente formada por las
siguientes disciplinas: lógica, que también es parte de las matemáticas; semántica, o
estudio del sentido, la réíerencia, la interpretación y la verdad; gnoseología, o teoría del
conocimiento y de la metodología general; ontología, o teoría de las características más
básicas y generales del mundo; y ética, o teoría del bien y de la conducta correcta.
Hay diversos estilos filosóficos. El modo más popular de filosofar consiste en re
flexionar sobre ciertos problemas generales —como ¿qué es la mente?— mediante la
utilización de una mezcla de conocimiento ordinario (por ej., psicología popular) y
restos de nuestra herencia filosófica y lógica. Este estilo no da cabida a los científicos.
Piaget (1971) le llamó “filosofía autística”. Para tener alguna utilidad en la ciencia, la
filosofía debe ser inteligible (si es posible, exacta) y compatible con la ciencia. Por
ejemplo, una filosofía de la mente debería utilizar la psicología contemporánea tanto
como los instrumentos del análisis conceptual.
La psicología era una rama de la filosofía, de la cual se dice que se independizó
alrededor de 1850, con el nacimiento de la psicofísica. ¿Por qué los psicólogos contem
poráneos habríán dé preocuparse por la filosofía? Porque, lo sepan o no, les guste o no,
los psicólogos se basan en y utilizan una cantidad de ideas filosóficas, sqbre todo ideas
acerca de la naturaleza de la mente y la ciencia. Todo psicólogo, por tanto, no sólo es
un científico o un terapeuta, sino un filósofo aficionado, en general malgré luCÉsto no
tendría por qué preocupar a nadie, si no fuera porque el conocimiento tácito está a
medio elaborar, es incoherente, a menudo obsoleto, y nunca expuesto al examen crítico.
Hay todavía una razón más para atacar explícitamente la conexión entre psicología
y filosofía, a saber, la de que los filósofos consumen productos psicológicos y, por
desgracia, rara vez frescos. Efectivamente, la deuda que casi todos los filósofos de la
mente tienen con la psicología popular — el conocimiento normal e intuitivo de uno
m isino y de los demás— y, de modo secundario, con los descubrimientos, auténticos
o espurios, de las generaciones anteriores, es a menudo mucho mayor que la de los
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14 PRELIMINARES
psicólogos de sillón. Tres ejemplos de este hábito lamentablemente bastarán para aclarar
la cuestión.
El otrora famoso libro de Ryle, The Concept ofM ind (1949), se basa exclusivamente
en el conductismo radical, que por entonces era una novedad en Gran Bretaña.
La filosofía de la mente, de Strawson, en su influyente libro titulado Individuáis (1959),
se reduce a la tesis medieval según la cual una persona es un compositum de cuerpo
y ente, sin indicación precisa de la naturaleza de esos componentes ni del modo de
composición. Y la contribución de Popper al famoso libro que escribió en colaboración
con Eccles (1977), es un descendiente directo del dualismo interaccionista cartesiano
de mente y cuerpo, en el que no se analiza ninguno de los conceptos clave implicados,
no se considera la existencia de la psicología fisiológica y se desafía la ley de la con
servación de la energía. Otros filósofos han sido ganados por las divertidas historias y
especulaciones de Freud, o incluso por la retórica de Lacan. La lista de filósofos familia
rizados con la literatura psicológica contemporánea quizá no ocupara más de una línea.
En resumen, la psicología y la filosofía interactúan enérgicamente, aunque en general
con un largo desfase temporal, de una manera clandestina y raramente con beneficio
mutuo. Lo mismo vale para otras ciencias, sobre todo la matemática, la física, la bio
logía y la ciencia social. Cuanto más lúcidos seamos acerca de tales interacciones
irregulares, mejor podremos controlarlas para bien de las partes involucradas. Este
control debiera conseguir, en particular, que ciencia y filosofía marcharan conjuntamen
te y realizaran un fecundo intercambio de conocimientos.
Este capítulo está dedicado a fundamentar la afirmación de que la psicología in
cluye filosofía y a esbozar el tipo de esta última que juzgamos adecuado para promover
la investigación y la práctica de la psicología. Tal filosofía tendrá que centrarse en los
principios generales que, de un modo más o menos explícito, se utilizan en las ciencias
más desarrolladas.
1.1. INFLUENCIA DE LA FILOSOFÍA EN LA PSICOLOGÍA
La filosofía se_introduce en la psicología por dos caminos: a través. de las hipótesis
relativas a la naturaleza de la mente y las maneras adecuadas de estudiarla,^ a través
de los principios generales subyacentes a la investigación científica en cualquier cam po,:
Comencemos por el primero. El segundo se tratará en la sección 1.4.
Si se considera la mente como una entidad inmaterial — esto es, si se adopta la
doctrina espiritualista o idealista de la mente— , se desemboca fatalmente en la psico
logía mentalista. El objetivo de semejante estudio es — se dice— la descripción de los
estados mentales, en particular del flujo de la conciencia, así como de las posibles
influencias de los estados mentales sobre los estados corporales. El grueso de la psi
cología clásica pertenecía a este tipo: mentalista y fundada en el idealismo filosófico.
El conductismo surgió y se desarrolló en gran parte como una reacción contra el
mentalismo y en estrecha asociación con el positivismo, que es una variedad de la
filosofía empirista. Niega la existencia de la mente (conductismo ontológico) o por lo
menos la posibilidad de estudiarla científicamente (conductismo metodológico). Además,
emprende con todo rigor el estudio de la conducta manifiesta, mediante la utilización
del método científico (y en particular del experimental). Sin embargo, el conductismo,
en común con el mentalismo, no presta atención al sistema nervioso, pues se centra en
el medio natural (conductismo biológico) o en el social (conductismo social). En con
secuencia, aunque su intención es explicar la conducta, sólo consigue describirla.
Sin ser totalmente ajena al mentalismo ni al conductismo, la psicobiología se di
ferencia tanto de uno como de otro. En verdad, con el primero comparte la creencia
en la existencia de estados mentales, y con el último, la necesidad de investigar de una
manera científica. La psicobiología afirma que la conducta es resultado de procesos
nerviosos que a veces son desencadenados por estímulos externos, mientras que los
estados mentales son estados cerebrales de un tipo muy especial. Esta última tesis,
sostenida con vigor por la psicología fisiológica contemporánea, tiene su origen en la
Grecia antigua. Efectivamente, era la opinión de Alcmaeon, que luego adoptó Hipócrates.
Y la tesis menos precisa, según la cual la mente no es una sustancia separada, sino un
estado de la materia, es común a todas las filosofías materialistas. Volveremos sobre esto
en la sección 1.2.
En definitiva, la filosofía es una fuente de inspiración, buena o mala, pero inevitable
para la psicología. Véase el cuadro 1.1. Con todo, la filosofía ha sido más que una fuente
de inspiración para la psicología: en ocasiones ha sido también un obstáculo. Por ejem-
plg^Kaní-y-sus influyentes seguidores del siglo xix agrupados en la escuela histórico-
CUADRO 1.1. LA FILO SO FÍA C O M O F U E N T E D E IN SPIRA CIÓ N PA R A LA PSIC O LO G ÍA (y/)
Idealismo Positivismo Materialismo
mentalismo conductismo psicobiología
Conducta Subproducto de la Respuesta a estímulos Respuesta a estímulos
mente externos externos e internos
Mente Entidad inmaterial No existente, o Conjunto de procesos
separada más allá del alcance cerebrales de tipo
de la ciencia especial
Objetivo de la y/ Descripción de los Descripción, explica Descripción, explica
procesos mentales y ción, predicción y ción, predicción y
sus efectos corpora modificación de la modificación de
les conducta procesos conduc
tuales y mentales
Método de la y Introspección, directa Observación, experimento y modelos matemá
o indirecta ticos, así como control estadístico
Estatus de la iff Rama de la filosofía o Rama de la biología Rama de la biología y
ciencia autónoma o ciencia social ciencia social
Máxima Pienso, luego existo Te conduces, luego Existimos, luego nos
existes conducimos y pen
samos
cultural o humanística, decretaron que la psicología no podía ser una ciencia natural
y que era una ciencia espiritual (una Geisteswissenschaft), junto con las ciencias sociales.
(La familia de las ciencias espirituales, también llamadas “ciencias morales”, coincide
aproximadamente con lo que los conductistas llaman “ciencias de la conducta”.)
Se consideró que las ciencias del espíritu (o mente) eran no experimentales y
no matemáticas, y se las colocó entre las humanidades, porque su estudio requería
únicamente libros y su enseñanza ni siquiera precisaba pizarras. El objetivo de esas
disciplinas era — se decía— describir y comprender empáticamente (esto es, verstehen),
no explicar (erklaren) ni predecir con la ayuda de leyes objetivas, puesto que el espíritu
(Geist) se tenía por inmaterial y no sujeto a leyes. Esta filosofía está todavía muy
presente en algunas escuelas contemporáneas, particularmente en la psicología huma
nista, en el psicoanálisis y, hasta cierto punto, también en la psicolingüística de Chomsky.
Todas ellas versan sobre mentes inmateriales y, en consecuencia, rehúyen el experimento
y evitan la biología, aun cuando a veces rinden culto verbal a uno y a otra.
La escuela humanista (o espiritualista, o histórico-cultural, o historicista) ha obs
taculizado el estudio de los seres humanos, principalmente debido a la barrera que ha
erigido entre éstos y la naturaleza, o, más bien, por haber importado esa barrera de la
teología cristiana.
En verdad, la barrera se ha ido desmoronando desde el mismo momento en que
se la erigió. Una gran cantidad de disciplinas científicas nacientes violan la interdicción
del estudio de la mente y la sociedad con el empleo del método científico; testimonios
de ello son la psicología fisiológica (o psicobiología), la lingüística experimental, la
neurolingüística, la antropología y otras.
Sin embargo, esta nota necrológica no sería completa ni justa si no dejáramos
constancia de que la escuela humanista tenía razón en un punto importante, a saber:
que la posesión de un “espíritu” (en la jerga contemporánea “cerebro altamente evo
lucionado”) coloca a los seres humanos en una categoría muy especial, debido a que
les da la posibilidad de modelar artefactos materiales y conceptuales complejos, así
como un medio artificial complejo que comprende economía, política y cultura. (A su
vez, este medio artificial, es decir, la sociedad, modela la conducta y la actividad
mental.) Esto quiere decir que la biología, aunque necesaria, es insuficiente para ex
plicar la naturaleza humana. Para decirlo de manera positiva: puesto que la naturaleza
humana no es completamente natural, sino parcialmente artificial (esto es, producto
humano), el estudio de la humanidad no compete únicamente a la ciencia natural, sino
también a la ciencia social. Sin embargo, ambos tipos de estudio son metodológicamente
afines.
Por tanto, debemos admitir que la humanidad posee propiedades y satisface regu
laridades (leyes y reglas) que la distinguen del resto de la naturaleza. Pero, al mismo
tiempo, podemos sostener que tales propiedades emergentes y tales regularidades no
liberan a los humanos de las leyes de la biología ni los invalidan como objetos de
investigación científica. En otras palabras, podemos admitir el punto de vista idealista
acerca de la singularidad de los seres humanos, siempre que lo asociemos indisolublemente