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Argentina - La Escritura de Su Historia (Campione)

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UNIVERSITAT POMPEU FABRA


BiBLIOTECA

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Daniel Campione

Argentina
La escritura de su historia

(Ensayo)

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EDICIONES DEL INSTITUTO MOVILlZADOR DE FONDOS
COOPERATIVOS
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F

© CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACION


EDICIONES DEL INSTITUTO MOVllIZADOR
DE FONDOS COOPERATIVOS C. L.

\bipú 7:� (ClO84ABA) tel. (54-11) 4:320-()060 Buenos Aires Argentina


\\ ,vw. uuíc.com.ar

Dirr-r-t.or dI'! C.CC.: Florcal Goriru

Conse-jo Editorial Mario José Grabivker (coordinador)


Daniel Campione / Ana María Ramb / José Luis Bournasell

Disc-úo: SP1').(jo BprculH:heUi


Arruad»: Clara Batista

(�llrrl'l TI, ,JI Carlos Agosti

1"'lwlIlas p
uupresión Grupo Editor Alt.amira

f,) 1)1'[ Autor

Todos los d"rp('l!os reservados.

reproducida gráficamente hast.a 1000 palabras, citando


f:sta 1'1Ihlll'aqoll PIIP<!P ser

la fllf·lIt�· No I'llpd(' ser r .. producida, ni en todo ni en parte, ni registrada en, o

trallSlllltida por. UIl sistr-ma dp recuppración de información, en ninguna


f"fllla ni por iungun ruerlio. sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético,
I'h',.r rooptu:o. por fotocopia o cualquier otro, sin permiso previo por escrito

d., la --dit oria] autor. autores, dl"rechohabientes, según el caso.


y/o

Hl'dHl pi dep6sito Ley 11. 72:3

[S B. N 9GO-860-120-5
Argentina La escritura de su historia· 3

A modo de presentación

El origen de comentarios, y su propósito inicial, es


estos
el de brindar una orientación
a quienes se acerquen al estu­

dio de la historia argentina con un ánimo que incluya el pro­


pósito de hacerse de una mirada crítica, de construir herra­
mientas para 'decodificar' lo que intuyen como el 'discurso
del poder' acerca de la historia. Estos apuntes han sido ins­
pirados por el reit.erado dictado de cursos de historia argen­
tina a audit.orios heterogéneos, con mayoría de personas no
poseedoras de una formación sistemática en la rnateria. Allí
aparece, una y otra vez, la inquietud acerca de qué leer so­
bre nuestra hist.oria, y la búsqueda de criterios básicos para
comprender lo leído. La dificultad de sat.isfacer ese interro­
gante con una contest.ación breve, nos fue llevando a la es­
critura de este panorama acerca de la hist.oriografía argen­
tina, que pret.ende ser 'apto para principiantes', pero ha su­
mado la intención de resultar útil para la discusión, siquiera
inicial, entre aquellos ya familiarizados con la historiografía
de nuestro país.
A esos objetivos se debe el atrevimiento de tratar de dar
noticia, en rm espacio exiguo, de una historiografía que, co­
mo la de nuestro país, aun sin contar el
tiernpo de sus prime­
ros precursores, lleva ya bastante más de cien años de tra­
yect.oria; y de relacionar, siquiera brevemente, a corrientes y
autores con el momento histórico en que actuaron.
Si bien la escritura de la historia no puede ser explicada
sólo en función de pertenencias de clase de quienes la escri­
ben, menos aun puede ser dilucidada en sus motivaciones,
4 Daniel Campione
-

sus elecciones temáticas y metodológicas, en sus énfasis y


sus silencios, sin referencialas luchas sociales, a la disputa
a

del poder político y cultural, a la creación y destrucción de


'visiones del mundo' que configuran puntos de vista de gru­
pos sociales diferentes, muchas veces con intereses antagó­
nic.os entre sí.'
Es indudable que hay una historia que es
básicamente,
'discurso del poder', en el sentido de que tiene una opción
hecha por la conservación de las relaciones sociales existen­
tl�S, y tiende a justificarlas. Toda clase social dominante, y
modernamente todo Estado-nación, tiende a generar un dis­
curso histórico que le sirva de legitimación, de fundamento

para la continuidad de su domínío. La construcción de este


discurso dista de trabajo meramente propagandístico,
ser un

IlO excluye, al contrario, la investigación


sistemática, ni los
debates, incluso duros, al interior del mismo. No es fruto de
ninguna 'conspiración' sino el resultado de la labor colectiva
.Y extendida en el tiempo, de los intelectuales 'orgánicos' de
UJI sistema social, que construyen trabajosamente una visión

del pasado no sólo útil al orden social existente, sino 'legíti­


ma' en términos de saber historiográfico.
De modo simétrico, el alineamiento con las clases subal­
ternas en el conflicto social del presente, lleva a los historia­
dores que tienden a identificarse con esas clases, a buscar
la estela de las luchas sociales, de los discursos alternativos,
a examinar la formación de la subjetividad y la identidad de

e-sas clases. Y al misrno tiempo, acriticar y desmitificar los


actos .Y el pensamiento de las clases dominantes y del esta­
do, a largo del proceso histórico en análisis. La toma de
lo
partido juega a favor y no en contra del saber histórico, cuan­
do se la entiende corno el trabajo hecho desde la relación ac­
tiva con un proyecto social para el presente y el futuro, y no
en un sentido groseramente instrumental o propagandístico.

Cabe aquí una cita al respecto de Adolfo Gilly:


"La parcialidad significa mentira: significa tornar par­
no

tido o, también, apasionarse. Si las relaciones sociales


Argentina la escritura de su historia -

son relaciones de fuerza y si la historia es historia de la


lucha entre las clases y los grupos sociales, tomar parti­
do no exige faltar a la objetividad. La parcialidad más in­
teresada por alguno de los intereses en lucha, requiere al
contrario buscar la veracidad de los hechos y rechazar la
falsedad con la misma severidad con que el investigador
de la naturaleza toma en cuenta tanto los resultados ex­
perimentales que confirman sus hipótesis como aquellos
que las desmienten.":
Desde esaperspectiva, búsqueda intelectual (y dentro
de ella lainvestigación histórica) y militancia, no pueden de­
jar de estar unidas, o dicho en términos más amplios, la indi­
soluble unidad entre saber histórico y práctica social hace
que se vivifiquen mutuamente, si el equilibrio entre ambos
está bien mantenido. Coincidimos con Jean Chesneaux
cuando afirma:
"La historia es una relación activa con el pasado. El
pasado está presente en todas las esferas de la vida so­

cial. El trabajo profesional de los historiadores


especia­
lizados forma parte de esta relación colectiva y contra­
dictoria de nuestra sociedad con su pasado pero no es
más que un aspecto particular, no siempre el más im­
portante y jamás independiente del contexto social y de
la ideología dominante. ,,:;

Ese vínculo 'activo' sólo puede establecerse sobre una


doble constatación: que en toda sociedad de clases, la histo­
ria forma parte, en distintas formas, de los medios utilizados
para que la clase dominante mantenga y reproduzca su po­
der (por más que no sea esa la única lógica la dis­
operante, y
ciplina histórica construya ciertas reglas y criterios que debe
mantener para asegurar su legitimidad al interior de la disci­
plina y hacia fuera), y que frente a ello, la construcción de
una historia crítica, identificada con el derrotero de las cla­

ses subalternas, y en lo posible


ligada efectivamente con
ellas, es un medio indispensable para trabajar en pos de
transformaciones sociales profundas.
/'

6 Daniel Campione
-

El historiador que percibe como un individuo aislado,


se

que supone que su preparación profesional y talento están


por encinta de cualquier condicionamiento social, termina
atrapado, de rnoclo irremisible, por esos límites que se niega
a reconocer, sirviendo, aun contra su voluntad, a la
'concep­
ción del mundo' imperante en el ámbito que lo rodea:
"
el historiador, cuando más consciente es de su propia
...

situación, más capaz es de trascenderla y mejor armado


está para aquilatar la naturaleza especial de las diferen­
cias entre su sociedad y concepciones y las de otros pe­
ríodos y países, que el historiador empeñado en procla­
mar que él individuo y no rm fenómeno social. La
es un

capacidad del hombre de elevarse por sobre su situación


social e histórica parece condicionada por su capacidad
de aquilatar hasta
qué punto está vinculado a ella."!
De todos modos, la discusión con las concepciones histó­
ricas dominantes no puede descansar en una 'literatura de
denuncia', que las ataque desde un punto de vista moraliza­
dor, acusándolas de falsedad y manipulación. Confundir la
denuncia de lo existente con la construcción de alternativas,
es un error funesto en cualquier campo, y en particular en el

del saber histórico. Lo fundamental, por tanto, es la produc­


ción alternativa de conocimiento, la iluminación de los as­
pedos de la realidad que el pensamiento hegemónico pos­
terga o distorsiona. Y sobre todo el desarrollo de un enfoque
comprensivo sobre el proceso histórico que permita un en­
tendimiento de la totalidad, que apunte no sólo a explicar si­
no a transformar (sin pensar este vínculo con la acción trans­

formadora como inmediato y lineal), problematizar, con una


mirada y una concepción metodológica diferente, los aspec­
tos que son tratados por los historiadores de algún modo
aliados con el Estado y el poder social.
El rigor y el talento del historiador tiene 'relativa autono­
mía' respecto de su orientación ideológica. Y si muchas ve­
ces un enfoque social y políticamente conservador del cono­

cimiento histórico malogra capacidades, a contrario sertsu.


Argentina La escritura de su historia -

posturas revolucionarias o profesiones de fe en teorías radi­


cales no redimen
a historiadores sin formación y sin dedica­

ción suficiente para ser tales. El compromiso político no su­


ple la falta de conocimiento sistemático o la carencia de vo­
cación por la investigación. Por eso, hay buenos y malos his­
toriadores en diversos campos político-ideológicos. Nos
compete la posesión de buenos historiadores en el campo
propio, 'obligatoria'
y es la lectura y la reflexión sobre los au­
tores serios y talentosos de otras tendencias, aún de las dia­
metralmente opuestas, para poder incorporar críticamente
lo mejor de sus enfoques.
Nuestro país tiene la característica de haber sido escena­
rio de prolongados debates históricos, relacionados directa­
mente a luchas sociales y políticas. Ya en la década de
19:30,
los historiadores que pretendían circunscribir su tarea a la
búsqueda del dato preciso y su presentación objetiva, afec­
tando a partir de allí que se desligaban de todo prejuicio par­
tidista," se vieronconmovidos, en ese lugar que se asignaban,
por una crítica, el revisionismo, que asumía su partidismo de
modo explícito. Desde ese momento se sucedieron décadas
enteras de debates sobre la trayectoria del país y el modo de
ver la
historia, tan intensos como extendidos mas allá de los
círculos de especialistas.
En cambio, en estos últimos años, se ha tratado de des­
vincular la historia de los proyectos sociales transformadores,
de 'pacificar' el escenario histórico, suprimir la veta polémica
antes existente, en una operación que tiene bastante de pro­
yección hacia el pasado de la pérdida de espesor de la políti­
ca en el presente. Es un
proceso que ha ocurrido a nivel mun­
dial, pero se ha proyectado muy especialmente sobre nuestro
país. N os alineamos aquí con los activamente disconformes
con ese estado de cosas, con los que se alzan contra la 'aca­
dernización' excesiva del conocimiento histórico, y su separa­
ción de las luchas sociales y los debates políticos.
Hasta hace poco, el conocimiento y la interpretación de
la historia ha sido en Argentina arena de lucha político-
8 -

Daniel Campione

ideológica, lucha que alcanzó una intensidad y apasiona­


miento poco comunes. La batalla entre liberales y revisio­
nistas ocupó décadas de lo que podríamos denominar la
disputa por la 'conciencia histórica de las masas'. La actua­
lidad política, el rurnbo económico futuro, la 'ident.idad na­
cional' se discut.ían, muchas veces a brazo partido, en base
al debate sobre el pasado. Las corrientes políticas de la ac­
tualidad buscaban acercar legitimidad identificándose con
los bandos en lucha en el pasado, convirtiendo el discurso
histórico en inrnediatamente político.
Hoy esa batalla se ha acallado, en base a la bancarrota
en el campo científico y la creciente irrelevancia en el cam­
po político de la antigua historia oficial (la de Levene y la
Academia); y la paralela declinación del revisionismo, ligado
a opciones políticas que han fenecido o han cambiado radi­
calmente de signo, y a la crítica parasitaria a un enemigo 'li­
beral' que se les terminó diluyendo, en medio de una pobre­
za teórica y metodológica nunca superada.

Producida esa doble y paralela declinación, se ha erigido


una nueva corriente hegemónica, que erige en 'bandera' la

superación de esa tendencia confrontativa y politizada de


los saberes históricos.
dominantes, la elite de poder, han cambiado, y
Las clases
ya no se escribe una historia a gusto de miembros de viejas
familias patricias, jefes militares y jerarcas de la Iglesia, co­
rno era gran parte de la que se hacía en el campo dominado
por la Academia Nacional de la Hist.oria. Clases dominantes
atravesadas por un proceso de reest.ructuración, concentra­
ción y t.rasnacionalización muy potente, jugadas a proseguir
ese trayecto bajo un régimen constitucional, luego de com­
probar los peligros que para ellos mismos escondían las dic­
taduras militares, hicieron el aprendizaje de cierta 'toleran­
cia' y pluralismo e con límites hacia la izquierda, aunque me­
nos explícitos, menos rígidos que en el pasado) en las cien­

cias sociales, incluyendo la historia, corno parte de una 'con­


versión' que les permitía proseguir en el rol de dirección
Argentina la escritura de su historia -

(junto con el predominio económico, que no aparecía en


riesgo), también en la 'nueva Argentina democrática'. Hoy se
escriben obras de autores 'progresistas' bajo el auspicio de
fundaciones y universidades privadas de clara vinculación
con la gran empresa. El gran capital, y el
aparato estatal que
le depende con creciente inmediatez, han aprendido que su
dominio pleno puede ser compatible con un rango de ideas
más amplio que el que aceptaban y propiciaban originalmen­
te, siempre y cuando esa ampliación de espectro vaya acom­
pañada por la inexistencia de una vocación por relacionar
construcción de conocimiento con acción social y política ra­
dicalizada. Será esafalta de vocación cuestionadora lo que
buscarán en quienes escriben la historia, y no ya la apología
de virtudes y realizaciones corno detentadores del poder.
sus

Libertad intelectual (y cierto grado de protección y finan­


ciamiento) al precio de renuncia a cualquier perspectiva de
transformación estructural de la sociedad; en esos términos
puede ser descripta la transacción ofrecida a quienes se dedi­
quen a bucear nuestra realidad social. Yen ese 'nuevo trato'
se han inscripto el grueso de los profesionales de la historia.
Este podría formular aSÍ: ¿Qué problema hay en que
se

se proclamen de izquierda, incluso marxistas, aquellos inte­

lectuales cuyo primer desacuerdo (sino teórico por lo menos


práctico) con Marx es acerca de la misión transformadora
delineada en la tesis XI; y aceptan, por tanto, en sus líneas
fundamentales, la perduración del orden establecido?
Buena parte de la intelectualidad argentina regresó del
exilio (o de la marginación interna), con el firme propósito de
no volver a correr riesgos, de no tomar a desafiar a un poder
que se les había revelado durante la última dictadura, en car­

ne propia cercana, mucho más destructor y despiadado de


o

lo que imaginaban. Marcados en profundidad por la derrota,


decidieron que alentar desde sus saberes específicos la posi­
bilidad de construcción más o menos plácida de una demo­
cracia, a la que ya no se atrevían a adjetivar, era toda la mili­
tancia a la que estaban dispuestos. La subordinación, cada
10 Daniel Campione
-

vez más evidente, de esa democracia a un poder económico


más expandido y centralizado que nunca, no era para ellos un
dato fundamental. Cuando la ilusión democrática inicial se
fue empobreciendo, la actitud fue extremar el refugio en lo
académico, construir W1a 'hiperprofesionalización' que los
mantuviera al margen de las contingencias políticas y socia­
les. Con respecto a su relación con el poder en general
y con
el Estado en particular, ya no se inscribía en sus
propósitos
ningún enfrentamiento serio con los IuisIT10S, sino el tranqui­
lo aprovechamiento de los auspicios y
protecciones que éstos
pudieran brindar, sin cuestionarse demasíado sobre las razo­
nes que hacen viable esos ofrecimientos. Esta disposición 're­
novada' para el
trabajo intelectual, no dejaba de te­
encarar

ner su al
basamento, apoyarse en una lectura de la época que
se vivía, signada por una tendencia a la
fragmentación de los
saberes, y en la aparición con fuerza de W1a serie de cuestio­
nes que las grandes escuelas históricas a las que se venía si­
guiendo hasta ese momento (Arenales y el marxismo, las fun­
dament.ales), habían ignorado o desarrollado escasamente."
La idea de 'progreso' que había alentado a los
mejores histo­
riadores del siglo XX, dentro y fuera del marxismo, aparecía
en bancarrota, y tendían a desarrollarse W1a serie de 'retor­

nos' de temas y modos de tratamiento a las que se había pres­


tado menos atención, por décadas, como la historia política,
la biografía, la historia-relato. Los 'historiadores sociales' ar­
gent.inos tomaron con entusiasmo esa corriente que buscaba
la renovación volviendo, cierta
forma, al pasado.'
en

Un mundo académico ahora 'bien estructurado', con uni­


versidades con autonomía y gobierno tripartito, cátedras con­
cursadas, carreras de investigador en desarrollo, relaciones
est.ables con instituciones del exterior" ha dado lugar a una
historiografía cada vez más 'academicista', en el sentido de
desligar los problemas que se plantea de cualquier práctica
social, 'pacifista' en el sentido de eludir toda confrontación,
t.odo debate arduo, para funcionar en el modo de una corpo­
ración que acomete una obra de conjunto, y que excluye, con
Argentina la escritura de su historia· 11

motivos válidos o pretextos especiosos, a los que


cumplen no

sus reglas. Ya no se conciben a sí mismos como intelectuales


incluidos en el movimiento social, sino como 'comunidad de
historiadores', cuya tarea colectiva su agota en el desarrollo
de la disciplina, entendido esto último en una acepción res­
tringida, 'profesionalista'.
El fervor militante del pasado (el de hace apenas un par
de décadas), es desechado casi como un 'obstáculo episte­
mológico'. Las propuestas de investigación pretenden una
fría racionalidad, que se aleja de los ternas conflictivos para
detenerse con fruición en otros menos relevantes o más le­
janos en el tiempo, a los que se prefiere cuando más 'acota­
dos', más de detalle resulten. Se publican centenares de ar­
tículos, notas y comunicaciones, en decenas de revistas aca­
démicas, cuyo público, a duras penas, se extiende a la por­
ción de historiadores interesados en un recorte temático o

temporal similar. Cuando se propone la llegada a un ámbito


más amplio, se piensa en términos de mejorar la información
histórica de un público con aspiraciones ilustradas, y no en
construir conciencia histórica que apunte a cimentar al­
una

gún proyecto social definido. Casi nada se encuentra en esa


producción que pueda 'hacer época', sacar a la luz pasados
olvidados realmente importantes, poner de relieve los peo­
res procedimientos de quienes detentaron el poder, traer al

presente los esfuerzos de quienes lucharon contra ellos. Con


todos los límites que se les pueda señalar desde un punto de
vista académico, resultan preferibles Los 'vengadores de la
Patagonia Trágica, La Forestal u Operación masacre,
antes que por la gran mayoría de los ejercicios 'neutrales'

que hoy se hacen.


La apretada síntesis acerca de cómo se escribió la histo­
ria en Argentina contenida en el presente trabajo, tiene el
objetivo de proporcionar, a quienes se inician en el conocí­
miento y la reflexión sobre la historia, una suerte de guía pa­
ra el entendimiento de las distintas corrientes históricas y de
las obras a las que dieron lugar, su ubicación en su época
12 Daniel Campione
-

respectiva y en las discusiones y alineamientos que se pro­


dujeron en diferentes momentos. También procura refle­
xionar sobre las perspectivas para el futuro
cercano, en ba­
se al balance de la actualidad de la
historiografía argentina,
enfocado sin ninguna pretensión de
neutralidad, sino bajo
la luz de una toma de partido: a favor de una historia
que
recupere el vínculo conla militancia por la transformación
social, y asuma cabalmente la herencia de la tradición mar­
xista (y la centralidad de la perspectiva de la lucha de
cla­
ses) y de otras perspectivas revolucionarias que han tenido
un lugar, mayor o
menor, en la historiografía argentina. Pe­
ro sobretodo, que aporte a la posibilidad de generar una
historia verdaderamente 'nueva', vinculada a la convicción
sobre la necesidad de transformación radical del cuadro de
desigualdad e
injusticia generalizadas que domina hoy en
la sociedad argentina.

Para la elaboración de esta síntesis hemos tratado de re­


correr lo fundamental de la
bibliografía sobre historiografía
argentina, tanto las obras clásicas como las de años más re­
cientes, y procuramos recoger las distintas escuelas y ver­
tientes de pensamiento, sin soslayar la consulta directa con
los trabajos históricos que jalonaron con más fuerza cada
«tapa y corriente. También hemos consultado las publicacio­
Ij(�S periódicas sobre temática histórica o afín de nuestro
país
en los últimos años, para trat.ar de los de
reflejar puntos vis­
ta y debates actuales en materia
historiográfica.
En cuanto al ordenamiento del trabajo, en lo que res­
poeta a los períodos formativos de la historiografía nacional,
hemos tornado como punto de inicio la configuración de una
historia de carácter 'oficial' tratando de establecer paralelos
con la configuración del Estado-nación y de la clase domi­

nante que le da sustento. En el conjunto del trabajo hemos

--_._�-� ...
Argentina la escritura de su historia -
13

procurado dar rnás espacio a la de años recientes, en dirección


a orientar al lector en las búsquedas y discusiones que aun tie­

nen vigencia o al menos ejercen influencia sobre la historia ar­

gentina actual. Esto incluye un tratamiento más pormenoriza­


do de la historiografía marxista y de izquierda en general, tan­
to la inserta en el campo académico como la ajena a éste.

Hemos incorporado como Anexo una bibliografía comen­


tada dividida en dos partes, la prirnera con obras de estudio
de historiografía y teoría histórica generales, y la segunda
con trabajos sobre distintos aspectos del desarrollo historio­

gráfico de Argentina. En ambos casos hemos privilegiado los


trabajos de años recientes, pero sin dejar de incluir algunas
obras que han adquirido un carácter clásico. El propósito de
esta sección no se apart.a de la finalidad didáctica, de brindar
al lector una orientación para la ampliación y profundización
de sus lecturas en materia historiográfica.

NOTAS

I
Escribe al respecto A. Gilly: "El grupo o la clase social cuyo interés coinci­
de con la critica radical (subrayado en el original) de los poderes estable­

cidos podrá aproximarse más, en su interpretación de la historia, a los cri­


terios del conocimiento científico. Aquel cuyo interés sea la conservación de
esos poderes y del orden que de ellos desprende se orientará en cambio
se

a hacer de la historia una ideología justificadora del estado de cosas presen­

te y a convertirla, en consecuencia, en un discurso del poder. (subrayado


en el original). A Gilly, "La historia como crítica o como discurso del poder"

en AAW, Historia ¿para que", Siglo XXI, l Sva. Edición, 2000, p. 200.

GiJIy, "La historia como crítica o como discurso del poder" AA.W,
"
A. en

Historia ¿pa,ra que", Siglo XXI, 18va. Edición, 2000, p. 201.

'Jean Chesneaux, ¿Hacenws tabla rasa del pasado? A propósito de la his­


toria y de los historiadores. Siglo XXI, México, 2000, p. 23.
1
Edward H. Carr, ¿Qué es la historiar, México, Planeta, 1985, p. 58.

Los rasgos del trabajo historiográfico que aquí se señalan, están tomados
"

de la descripción del 'neopositivisrno historiográfico' que hace Sergio Bagú.


14 Daniel Campione
-

Cf. S. Sagú. "Perspectivas de la historiografía latinoamericana" en Dialecti­


ca, núm. 27; primavera de 19fJ5, Universidad Autónoma de Puebla, Méxi­
co, pp. í8-7�l
.:
La historia de las
mujeres, o la historia del medio ambiente, sub-disciplinas
dI' importancia creciente, se desarrollaron al margen del materialismo his­
tórico y de Arenales. Cf. Carlos Barros, "La historia
que viene". En Pro-his­
lurio, Rosario, afio l. Núm. 1, 1 D!Jí, p. 14.
,
Un reflexivo tratamiento de esos 'retornos' de lo descartado antes
por su­
perficial o irrelevante, se encuentra en .Iacques Le Goff, "Los retornos en la
lusl oriografía francesa actual",
Pro-historio, Afio 1, número 1, 1907, pp. :35-
44. que recoge una ponencia presentada en el año 1 D9:3.
,

No quiero decir con esto que en nuestras


instituciones de enseñanza e in­
vestigación todos PSDS procedimientos se a cumplen pleno (sabemos que
hay concursos fraudulentos o
postergados, restricciones a la democracia
universitnria, etc. «t c.), sino que su fuucíonamiento más o menos
regular
confir-rt: UWl Iegitinurlad los
a
protagonistas actuales de la vida académica,
largamente ausente en el período anterior él 19H3.
Argentina la escritura de su historia· 15

II

Los orígenes de la "historia oficial"

Antes de 1880, el Estado argentino no dominaba ni la


mitad del t.errit.orio que reivindicaba como propio, y libraba
frecuentes conflictos arruados con poderes regionales para
imponer precariamente su autoridad. Sufría asimismo la fal­
ta de articulación de su territorio como espacio económico,
la debilidad de su sistema de comunicaciones y transporte,
además del reinado de una verdadera anarquía monetaria, y
la carencia de un control efectivo del comercio exterior. La
inmigración extranjera en curso venía a suplir la aguda es­
casez de población, pero creando el problema de la crecien­

te heterogeneidad cultural de la población resultante. En la


conformación de su clase dominante, el país presentaba al­
go más semejante a un conjunto de núcleos provinciales o a
lo sumo regionales, bastante aislados entre sí (y del merca­
do mundial, salvo los más cercanos al Río de la Plata), que
a una clase unificada que pudiera desplegar alguna estrate­

gia de conjunto.
En el plano político-institucional, si bien el programa de
la 'organización nacional' había quedado fijado entre 1852 y
1860, con el dictado de la Constitución Nacional y su refor­

ma, existían elementos de precariedad no desdeñables, co­


mo la carencia de una capital de la república, lo que no era

sino la manifestación de la existencia de la provincia de Bue­


nos Aires como foco de poder alternativo (y potencialment.e

antagónico) al del Estado nacional. Y, más grave, subsistía


una frecuente puesta en entredicho del monopolio de la

fuerza por parte del Estado nacional, realizada por poderes


16 Daniel Campione
.

regionales respaldados por la fuerza armada.


Pero mismos años despegaba el crecimiento de
en esos

las exportaciones, con ciclos de envergadura creciente (pri­


rnero lana, después cereales, finalrnente carne), afluían im­
portantes inversiones extranjeras, que se centraron en in­
fraestructura (en primer lugar los ferrocarriles)
y finanzas
(con bancos y empréstitos que financiaron el gasto
público y
los negocios de la elite económica), el
comercio, los servicios
y el desarrollo urbano sufrían una verdadera
explosión, so­
bre todo en Buenos Aires, y la
inmigración hacía posible la
duplicación de la población en pocos años. Argentina se de­
lineaba claramente corno un espacio en el
que los niveles de
prosperidad económica, y merced a ella, el desarrollo de la
infraestructura, los servicios públicos, la educación, iban a
ser superiores a los de sus vecinos
sudamericanos.
Con el exterminio de los
indígenas, la consiguiente ocu­
pación efectiva del territorio por el Estado, y la apropiación
plena de la tierra por la clase dominante, no sólo se logra el
dorninio territorial efectivo, sino un
principio de homogenei­
zación cultural, al eliminar a un
componente 'extraño' (el in­
dígena) a la 'unión nacional' en vías de consolidación, que te­
nía entre sus t.erupranos supuestos la deseable 'europeidad'
de la población argentina.
Casi al mismo tiempo se produce el triunfo definitivo del
Estado nacional sobre el foco de poder de la
provincia de
B1H'TlOS Aires (y la previa campaña de
pacificación sobre los
instalados en el interior), el completamiento de las medidas
básicas de unificación económica (moneda
nacional, sistema
de conversión monetaria, sist.ema bancario
estatal, ar­ mayor
ticulación del sistema impositivo, perfeccionan1iento de la le­
gislación civil, comercial, penal y minera), la profesionaliza­
ción y organización de las fuerzas armadas, y la
'apropiación'
por el aparato estatal de las funciones de carácter público
que hasta ese momento desempeñaba la Iglesia.
El Estado nacional argentino terminaba de consolidarse.
Esa consolidación permitiría proveer el sustento a una clase
Argentina la escritura de su historia -

17

dominante que articulaba el aparato estatal para dirigir el


proceso de integración del país en el mercado mundial, y
mejorar su posición a la hora de obtener beneficios de ello.
Esa misma clase se iría conformando corno gestora de un 'or­
den' político nacional, constituido también en torno a 1880,
mediante una alianza que integraba a las elites provinciales

preexistentes y generaba por primera vez una coalición esta­


ble que comprendía tanto a la bonaerense como a las pro­
vincianas.'
Con soluciones más o menos estables en el terreno eco­
nómico y en el político-institucional, la clase dirigente y el
aparato estatal podían fijar progresivamente mayor atención
en los componentes 'ideales' de ese proceso. La construcción
de un sistema educativo coherente y unificado en todos sus
niveles (Ley de Educación Común, Ley Láinez, tarea
regla­
mentaria del Consejo Nacional de Educación enel nivel pri­
mario, desarrollo de las escuelas normales y los colegios na­
cionales, ampliación y homogeneización del sistema universi­
tario), y la conformación de una cultura nacional oficial, eran
piezas fundamentales, cuya realización cobraba mayor urgen­
cia ante el crecimiento vertical de la inmigración europea.
Dentro del trazado de una cultura oficial en ciernes, la
historia del país tendría lugar de privilegio, al contribuir a
un

la conformación de una 'tradición", que podía ser utilizada


para fundamentar la preexistencia de lila supuesta identi­
dad nacional, y 'fecundar' con ella la legitimidad de las dis­
tintas instituciones estatales: el régimen político y la Consti­
tución que le daba forma, el federalismo y la existencia de los
estados provinciales, las fuerzas armadas, el aparato educa­
tivo, todo tendía a cobrar mayor vida y legitimidad hundien­
do sus raíces en el pasado. La Revolución de Mayo, las gue­
rras de la Independencia, la lucha contra la 'tiranía de Rosas'

y la batalla de Caseros, la 'organización nacional' que esta úl­


tima había hecho posible, la 'gesta civilizadora' de las presi­
dencias de Mitre y Sarmiento", estaban llamados a ser hitos
fundantes de la nacionalidad y el Estado, y fuentes de legiti-
18 -

Daniel Campione

midad para el arrnazón institucional. En rigor de verdad, la


incorporación del pasado a la legitimación del presente fue
gradual, y comenzó de 'atrás hacia adelante': la canonización
de la revolución de Mayo emancipación fue
y el proceso de
anterior en su tratamiento al de la 'gesta' librada primero
contra la 'anarquía' y después contra la dictadura de Rosas'

que culmina definitivamente en Pavón. Con todo, el conjun­


to se fue integrando en un panegírico que luego incorporaría
al general Roca (la 'conquista del desierto'), y por último a
Roque Sáenz Peña, cuya reforma electoral sería el último
episodio de un pasado 'idealizable' (el posterior a 1916 ya no
lo sería, por lo menos por obra de los historiadores). Una co­
lección de breves biografías laudatorias, publicadas en la dé­
cada de los veinte (Vidas Arqentunas, de Octavio R. Ama­
deo), acabado ejemplo de difusión de un 'panteón nacional',
exhibe ese itinerario: partiendo de Rivadavia, pasa entre
otros por Mitre, Sarmiento, Roca y Pellegrini, para cerrar la
marcha con los dos artífices de la Ley Sáenz Peña: el propio
presidente e Indalecio Gómez. En torno a estos hechos pudo
edificarse un culto a los héroes, figuras señeras de la nacio­
nalidad que el aparato estatal estableció y reprodujo a través
de los programas escolares, los nombres de ciudades y ca­
lles, los monumentos, y que encontraba en la historiografía
erudita oficial las bases del culto.'
El ciudadano argentino, que la clase dominante visualiza­
ba como en formación, recibiría el impacto de ese
proceso de
relato histórico desde la escuela primaria. El servicio militar
obligatorio representaría un refuerzo importante, y luego in­
corporaría a su vida cotidiana a través del calendario de fes­
tividades y demás rituales patrióticos a fecha tija. Estas prác­
ticas, con carácter obligatorio, fueron establecidas y minucio­
sarnente reglamentadas en la primera década del siglo XX. De
1908 datan las resoluciones del Consejo Nacional de Educa­
ción instituyen la Semana de Mayo como fiesta escolar y
que
la minuciosa reglamentación de sus festejos.'; Del año siguien­
te el establecimiento del Saludo a la Bandera con carácter

/
Argentina la escritura de su historia· 19

diario y la Jura de la Bandera para los niños que ingresan por


primera vez a la escuela.' Comentarios insertos en documen­
tos oficiales indican tilla clara autoconciencia de los objeti­
vos buscados con estas medidas:
"País de inmigración, la República Argentina necesita ci­
mentar su grandeza, más que en las montañas de cerea­
les yen los millones de cabezas de ganado [ ] en la difu­ ...

sión amplia de W1 fuerte y equilibrado patriotismo [ ] ...

Esta será la manera más eficaz, por no decir la única, de


prepararnos sólidamente para resolver con acierto los
grandes problemas que pudieran afectar en el porvenir a

nuestro país.:"
Este programa de formación de un canon histórico arran­
caría en las postrimerías de la 'organización nacional'," iría
convirtiéndose en parte de un proyecto de dominación cons­

cienterucntc adoptado tiempos de la


en generación del '80, y
se tornaría en virtual 'política de estado' a comienzos del siglo
veinte, en una tarea que, como veremos, culmina en la déca­
da del ':30, ligada a la defensa del proyecto de sociedad
ya más
entonces en crisis, que a la proyección de su etapa expansiva.
Una nación argentina preexistente a la revolución de Ma­
yo, señalada para un 'destino de grandeza', que había visto
interrumpida su marcha hacia el progreso en la época de Ro­
sas para retomarla decididamente después de la reunifica­

ción nacional en Pavón, bajo la dirección de una minoría ilus­


trada y liberal que guiaba casi por 'derecho propio' la vida del
país desde su ernancipación, contando con el silencioso con­
senso de los 'hombres de trabajo'. Tal era la imagen del pro­

ceso de conformación del país que a las clases dominantes

les interesaba construir y difundir, como legitimación de su


prosperidad económica, su monopolio del poder político, y
su dirección de la vida intelectual del país. Nada esencial de

la conformación de la sociedad argentina era cuestionable


para esa visión apologética: tanto el régimen de gobierno co­
mo el rol represor del Estado nacional en las guerras civiles,

la propiedad de la tierra, la modalidad de inserción en el


20 Daniel Campione
-

mercado mundial, el papel del capital europeo, fundamental­


mente el británico, las políticas educativas y culturales, todo
pasaba formar parte de un todo
a a conservar y desarrollar
sin modificaciones sust.antivas.
La const.rucción de una visión histórica, y su posterior diíu­
sión por vía de la educación y la propaganda oficial, formó así
parte importante de la constit.ución de una ideología con capaci­
dad hegemónica, sustentada en la virtual 'invención' de una iden­
tidad nacional, que tenía en la creación de una epopeya históri­
ca propia un componente central. En Argentina, que no se dife­

renciaba sustantivamente de los países vecinos ni por idioma, ni


por etnia ni por religión, la 'invención' de un pasado que se re­
montara lo más atrás posible en cuanto a la existencia de una
identidad común y de la voluntad de plasmarla en una organiza­
ción política, era la posibilidad central de construir una idea de
'nación' que se presentaba más que escurridiza, y el actor desti­
111
nado a realizar esa invención no podía ser otro que el Estado.
La 'tarea historiográfica' se integró así a la obra de unifor­
mación cultural emprendida por la generación del '80, como
forma de saldar en el plano ideológico-cultural la integración
territorial, económica y demográfica de nuestro país. Com­
pletadas las tareas más urgentes, relacionadas con imperati­
vos económicos, militares y políticos, e incorporados recien­

temente al dominio estatal una buena parte de sus habitan­


tes (sea por la inmigración o por la existencia de población
de antigua residencia que recién ahora caía efectivamente
bajo la autoridad estatal), la problemática de construcción
de legitimidad cobraba elevada
pertinencia.
siglo, la conjunción de los ni­
En los años del cambio de
veles más altos de inmigración europea, junto a la toma de
conciencia por las elites de las aristas 'peligrosas' del fenó­
meno, acentuó el sentimiento de urgencia en cuanto a la ne­
cesidad de instaurar un aprendizaje de la historia nacional
a la patria', y algunos
que sirviera corno generador del 'amor
de los intelectuales más destacados de la época dedicaron su
11

pluma a predicar en esa dirección.


Argentina La escritura de su histeria- 21

El país estaba en trance de insertarse con fuerza en el


mercado mundial, al mismo tiempo que se consolidaba corno
espacio económico unificado y poblado (inmigración me­
diante) lo que hasta poco antes había sido casi lID 'espacio
vacío', para colmo fragmentado por 'fronteras interiores'. La
expresión 'espacio vacío', lo mismo que la de 'desierto', tie­
nen una fuerte carga ideológica, en cuanto aluden a la ausen­

cia o escasez, no de cualquier población, o de toda actividad


económica, sino de aquellas que pudieran ser integradas (y
explotadas) con facilidad por el capitalismo en expansión.
Designar a un país corno 'espacio vacío' signíficaba declarar­
lo, en algún sentido, 'territorio a ocupar' por la empresa ca­
pitalista y los auxilios, coercitivos e ideológicos que ésta re­
quiriese. Dotar al país de su propia 'leyenda nacional', con
una 'argentinidad' que remontara al menos a Hernandarias

(o mas allá todavía, los 'mancebos de la tierra' que acompa­


ñaban a Garay), 'argentinidad' que se sustentaba, entre otros
elementos, en la defensa de lID 'criollismo' que valorizaba a
las clases dominantes por su pertenencia a un viejo tronco
europeo adaptado tempranamente al medio rioplatense,
presentándolas así conlO superiores tanto al indígena 'incivi­
12
lizado' corno a los europeos de inmigración reciente.
A esto se agregaba la conformación de una galería de
próceres con sus correspondientes 'obras maestras' que los
ubicaran en la historia (a ese género corresponden, produci­
dos en épocas diferentes, los libros de Mitre sobre Belgrano
y San Martín, el posterior de Ricardo Levene sobre Moreno
o el de Ricardo Piccirilli en Rivadavia'"); y un mues­
torno a

trario de réprobos con sus correspondientes obras denigra­


torias (las diversas diatribas integrales contra Rosas, que en
su momento produjeron Mariano Pelliza, José María Ramos

Mejía y Ernesto H. Celesia") jalonaron distintas etapas de la


historiografía oficial.
Esta versión de la historia se apoyaba en el consenso de
la clase dominante, consolidada corno fuerza social en tor­
no al cambio del siglo XIX al XX, sustentada en una amplia
22 Daniel Campione
-

expansión económica, y en el dominio pleno del poder esta­


tal consolidado en el 'orden conservador'. Fundada en esta
etapa, convertida en canon para el tratamiento no sólo aca­
démico sino educativo y periodístico de nuestra historia, in­
corporada al sentido común de las clases subalternas por
múltiples vías, la historiografía liberal oficial estuvo llamada
a tener larga vigencia. Sólo comenzó a ser
puesta en duda
cuando hicieron visibles los límites del orden agro-expor­
se

tador, de la asociación privilegiada con Gran Bretaña y de la


explosión de modernidad de la Argentina internacionalizada
y culta delCentenario, así como los efectos 'negativos' de la
vigencia efectiva del sufragio universal.

Los fundadores de la historiografía nacional

Los iniciadores mayores de esa tradición fueron, sin du­


da, Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López, ambos hombres
políticos de primera línea, que dedicaron parte de sus empe­
ños intelectuales a construir
historia argentina de pre­
una

tensión integral (López) y sendos libros sobre las guerras de


Independencia y sus dos próceres principales (Mitre!").
Hubo por cierto historiadores de la Argentina anteriores
a Mitre y López, e incluso produjeron alguna obra de inten­
ción 'integral', pero no alcanzaron a configurar una 'versión
oficial' orgánica, como la que sí pergeñaron aquellos dos.
La primera 'historia argentina' en orden cronológico, fue
escrita por el deán Gregorio Funes, destacado dirigente po­
lítico cordobés y miembro de la llamada 'Junta Grande' en
lHlO-1811. Su trabajo se desarrolló por encargo guberna­
mental, y fue publicado en1817, con el título de En­
el año
sayo de la liistoria. civil del Paraguay, Buenos Aires y Tu­
curnán, Otro autor de importancia fue Pedro de Angelis, que
publicó sobre todo durante el gobierno de Rosas, y que ade­
más de algunas biografías, sacó a la luz la Colección de obras
II documentos relativos a la historia antiaua y moderna
Argentina la escritura de su historia -

23

de las Provincias del Rio de la Plata, amplia compilación


de documentos que quedó inconclusa. JI; Ya contemporánea­
merite a la primera obra de Mitre (la Historia de Belqrano ) ...

Luis L.Dornínguez, además de publicar profusas colecciones


de documentos, fue autor de una Historia Argentina que lle­

gó a servir de libro de texto en las escuelas secundarias.


Sin embargo, sólo con Mitre y López seconfiguraría con
claridad una 'historia nacional oficial' del pasado, a través de
la redacción de obras de largo aliento, que transmitían una

visión integral del


pasado nacional. No resulta nada extraño
el que la escritura orgánica de una versión oficial de la his­
toria fuera estrechamente contemporánea a la de la confor­
mación del estado argentino, y quedara en manos de hom­
bres como Mitre y López.
El nivel de esos dirigentes (especialistas además de polí­
ticos)" dentro de la elite gobernante, nos indica el grado de
prioridad asignado a la construcción historiográfica dentro
de la tarea ideológica de la clase. La clase dominante se afir­
maba a sí misma al desplegar el poder de producir una visión
'legítima' del pasado; ya través de establecer esa versión con
el carácter de verdad indiscutida, enraizar en los sucesos del
pasado la habilitación de la elite dirigente para regir los des­
JI-I
tinos del país.
La escritura de la historia no era todavía obra de profe­
sionales (y no lo sería tampoco durante el ciclo de la subsi­
guiente generación del '80), sino de 'grandes intelectuales'
que unían un rol descollante en variados ramos del saber con

el ejercicio de la dirigencia política en el nivel más elevado:


Mitre fue general, fundador del diario La Nación, goberna­
dor de la provincia de Buenos Aires, president.e de la Nación,
fundador de la Unión Cívica, poeta, traductor de La Diuina
Comedia, estudioso de las lenguas y culturas indígenas, y
con intervalos determinados por el curso de su vida pública,

historiador; Vicente F. López fue ministro a nivel provincial y


nacional, también fundador de la Unión Cívica, dramaturgo y
novelista, e historiador.
24 Daniel Campione
-

No tan destacado en su carrera política como Mitre, Ló­


pez le llevaba una ventaja: ser hijo de una gran figura de la
primera rnitad del siglo XIX, Vicente López y Planes, y a par­
tir de eso constituirse en portador de la tradición de la bur­
guesía liberal de Buenos Aires, a través de cuyos testimonios
directos construyó, en gran parte, su Historia de la Repú­
1!1
blica Araentino: Entre los dos, Mitre sería reconocido co­
rno el fundador de una historia 'científica' en cuanto basada
en pruebas documentales rigurosas/ti a diferencia de López,
propenso más bien a recoger testimonios orales y tradicio­
nes," sin mucha preocupación por las pruebas fehacientes, e
incluso con propensión a la 'invención' lisa y llana, de
fuerte
la. que constituyen ejemplo paradigmático las escenas del
Cabildo Abierto del 22 de Mayo, salidas en gran medida de la
mente del autor, sin que por ello dejaran de ocupar un lugar
central en el relato que se transmitía, generación tras gene­
ración, a los alumnos de las escuelas primarias sobre la 'ges­
ta emancipadora'."

Mitre, además, marcó el camino para una interpretación


optimista de la historia argentina, con la 'nación' en ciernes
desde la primera época colonial, y la Argentina destinada a
la prosperidad económica y al imperio de instituciones polí­
ticas liberales desde el fondo de su historia." En cambio, Ló­
frente a la orga­
pez man t.endrá un acentuado escepticismo
nización federal del país, y a su régimen presidencialista, se­
nalando república 'conservadora y parlamentaría>' como
a la
el ideal de régimen político, además de descreer del sufragio
de la reforma
universal;" al contrario de Mitre, que después
Pa­
de 1860 y de la reunificacíón por él dirigida a partir de
vón, se plenamente identificada con el sistema fede­
muestra
ral y presidencialista, semejante al de EE.UU., impuesto
en

'determinismo' de
nuestro país. López critica además cierto
histórico con más es­
su rival, frente a una idea del desarrollo
su parte."
pacio para el libre albedrío sostenida por
de la base
Ambos polemizarían sobre la importancia
defendiendo el segun-
heurística en el trabajo histórico,
Argentina la escritura de su historia -

25

do una visión más 'filosófica' 'literaria' y creativa frente


al 'seco' rigor documental que creía descubrir en Mi­
tre." Mientras el hijo del autor del himno se desenvol­
vía en una línea más colorida, próxima a la historiogra­
fía romántica al estilo de Agustín Thierry, el general­
historiador se aproximaba más al culto del documento,
al positivismo personificado en Ranke." En cierto sen­
tido, cada uno se identificaba con el modo de hacer his­
toria que le había resultado más accesible, por sus vín­
culos y formación.
La educación escolar y los textos de divulgación poste­
riores, combinarían en muchos aspectos las visiones de los
dos 'clásicos' a la hora de
configurar la versión oficial. La his­
toria escolar, con su profusión de escenas 'de color' en la re­
cordación de las fechas patrias y de las figuras próceres, con
bastante despreocupación por los hechos comprobables, y
una fuerte propensión a la anécdota y al tono moralizador,

debe más a López que a Mitre. Por añadidura, aquél produ­


jo una síntesis de su Historia, destinada al uso en la ense­
ñanza, de amplia y prolongada utilización," tarea que el au­
tor del Belgrano nunca acometió. En cambio, las grandes lí­
neas de interpretación de la historiografía erudita, estaban

vaciadas más sobre el molde de los trabajos del general.


Los historiadores posteriores han asumido que Mitre ga­
nó la polémica entre ambos, y se lo convertía así en el 'padre
fundador' por excelencia, corno ejemplifica esta apreciación
de Enrique de Gandía:
"De sus polémicas históricas, que representan en Mitre
la independencia del investigador, y en López, la rutina
del tradicionalista, surgió en la Argentina el sistema de­
finitivo, la técnica para escribir historia, que de inmedia­
to adoptaron los investigadores concienzudos de nues­
'''10
tro pasado.
11
Con todo, Mitre y López, no fueron sino precursores de
una historiografía que, ya en las primeras décadas del siglo

XX, se constituiría en escuela (la Nueva Escuela Histórica) y


26 Daniel Campione
-

se profesionalizaría. En el período intermedio, el coinciden­


te aproximadamente con la actuación de la llamada genera­
ción del '80 y el cambio de siglo, aparecerían estudiosos to­
davía no profesionales, corno Juan Agustín García", Ernesto
Quesada", David Peña", José María Ramos Mejía", Paul
Groussac", que cultivarían el ensayo histórico o la biografía
con regular calidad pero sin obras de envergadura compara­

ble a las de sus predecesores (eran además de un perfil más


'protesoral', con paso por la universidad, aunque no fueron
ajenos a la actuación política y las carteras ministeriales).
Tampoco ocuparían los altísimos lugares en el aparato esta­
tal a los que llegaron los miembros de la generación ante­
rior." Esa conjunción de hombres políticos, intelectuales-ge­
neralist.as e historiadores no profesionales tendría ramifica­
ciones algo posteriores, como Juan Alvarez," los Cárcano pa­
dre e hijo (Ramón J.:¡!J y Miguel Angel'"), que coexistirían con
el desenvolvimiento de la profesionalización posterior, pero
sin predominar sobre ella. Sería durante los años de actua­
ción de la generación del '80, pero todavía bajo la dirección
de Bart.olomé Mitre, que se formarían los primeros antece­
dentes de una institucionalización de los historiadores, aun­
que todavía sobre una base no profesional, como la Junta de
Historia y Numismática, cuyo proceso de formación y adqui­
sición de su identidad organizativa inicial, abarca la década
que va de 1891-1892 a 1901.41
Unos años antes, y como consecuencia de la federaliza­
ción de Buenos Aires, tomaron carácter nacional las institu­
ciones de la provincia de Buenos Aires ligadas a la conserva­
ción y desarrollo del patrimonio histórico, que pasaron a ser
la Biblioteca Nacional y el Archivo General de la Nación, en
el año 1884. Quedaba así configurado, dentro de un proceso
más amplio de nacionalización de las instituciones culturales
(que incluyó a la Universidad de Buenos Aires, en primer lu­
gar), un conjunto de organismos estatales dedicados a la his­
toria, que se iría ampliando y consolidando con posteriori­
dad, que marcaría el paso de un manejo de la investigación

/
Argentina la escritura de su historia· 27

histórica basado encolecciones particulares en


el acceso a

base a vínculos privados, que había predominado en la épo­


ca de Mitre y López, a la sistematización de repositorios de

propiedad estatal y acceso público."

NOTAS

I
Para la caracterización de ese periodo de la historia argentina hay varias
obras importantes, con distintos enfoques. Las de lectura absolutamente in­
dispensable son Laformacion del Estado araentino, de Osear Ozslak, El
Orden Conservador, de Natalio Botana, La [ormaciori de la Argentina
moderna, de Ezequiel Gallo y Roberto Cortés Conde, Una, nación para el
desierto argentino, de Tulio Halperín Donghí. La tradición marxista y de
izquierda no ha producido todavía un gran libro sobre esta etapa, aunque
pueden tomarse referencias en los tomos correspondientes de la obra de
Peña (De Mitre a Roca y Sarmiento, Alberdi, el 90) yen algunos pasajes
de la Historia Critica de Puiggrós.
...

'C
Leopoldo Mármora ha realizado un excelente análisis de esta conformación
de historia y una tradición corno parte del proceso de desarrollo capi­
una

talista y de consolidación del Estado nacional: "La universalidad de la ma­


triztemporal capitalista se reproduce en la forma nacional del Estado bur­

gués que no pretende tolerar más que historia nacional y una tradición
una

nacional en el interior de sus fronteras. Mediante la clara demarcación con


respect.o a la historia y a la t.radición del extranjero, y a través de la opre­
sión de los elementos interiores así definidos extraños, la universali­
como

zación y la unificación -como caracteres definitorios de la matriz temporal


capitalista- terminan por imponerse." (Leopoldo Mármora, El concepto so­
cialista de IUJ,ci6n, Cuadernos de Pasado y Present.e, n° 96, México, 1986,
p. 107). En esa línea, puede afirmarse que en nuestro país, a la unificación
en el plano t.erritorial (campañas contra los indios), del mercado interno, y

política, le correspondió la uniformación cultural, que tuvo en el plano his­


tórico un componente muy importante.

Octavío R. Amadeo, Vidas Aroentinas, La Facult.ad, 19:34. La obra tam­


1

bién incluye un capítulo sobre Rosas, que juega a modo de contra-ejemplo


de los restantes. Este libro solía ser obsequiado a los alumnos de las escue­

las públicas cuando completaban la escuela primaria.

cf. Bartolomé Mitre y otros, Galería de celebridades araentinas: Bioqra­


1

fías de los personajes más notables del R'Ío de la Plata, Buenos Aires,
28 Daniel Campione
-

1857. Esa obra, la que se dio profusa difusión en su época, puede ser leí­
a

da como un temprano intento de inst.aurar un 'panteón nacional' que com­


prende el período 1810-1852: San Martín, Belgrano, el deán Gregorio Funes,
Moreno, Brown Rivadavia, Manuel J. García, Florencia Varela, Lavalle, son
,

incluidos a través de sendas biografías, escritas por figuras de la época co­


rno Sarmiento, Juan M. Gutiérrez o Félix Frías. Por más que Mit.re se lamen­

ta en la Introducción de no haberse podido incluir otras figuras (Dorrego,

Saavedra, Guemes), de los personajes efectivamente tomados se puede de­


ducir una línea bastante clara: dos miembros de los primeros gobiernos pa­
tríos, los héroes de la guerra de Independencia, los líderes de los primeros
gobiernos unitarios, y dos 'mártires' (civil uno, militar el otro) de las luchas
contra Rosas. Un amplio comentario de esta Galería se encuentra en Nico­

lás Shumway, La inuencion de la Arqentina. Historia de una idea.


Emecé, 2a. edición, 1 B95. pp. 208 y ss. Cabe acotar que el capítulo sobre la
vida de Belgrano, escrito por Mit.re, suele ser considerado como la primera
edición de la Historia de Bclqrano. Cf. Elías José Palti, "La Hist.oria de Bel­
grano de Mitre y la problemática concepción de un pasado nacional." EnEo­
let.in del Instituto de Historia Argentina y Americana "Dr. Emilio Ra­

niqnan.i". Tercera serie, núm 21, 10 semest.re de 2000.


Escribe Carlos Monsiváis, refiriéndose al ámbito latinoamericano: "el he­
,

roísmo ayuda a est.ructurar las conciencias nacionales, encauza la lectura de


la Historia y en los distintos niveles sociales, suscit.a simultáneamente el
sentimiento de orgullo y la conciencia de fragilidad." (C. Monsiváis, Aires

defam ilia. Cultura y sociedad en América Latina, Barcelona, Anagra­


se coloca ese for­
ma, 2000, p. 8:n y más adelante: "Al servicio de los héroes
midable de condolencias y homenajes de la República, los progra­
aparato
mas con tal de minimizar el olvido se imponen a calles
de historia escolar. y
las 'fechas
y ave-nidas y ciudades y países los nombres consagrados e incluso
prodigan bust.os estatuas y conjunt.os escultóricos y
heroicas', mientras se y

efigie-s en billetes y monedas." (Idem, p. 85)


cf'. Consejo Nacional de Educación, Compilación de normas correspon­
.,

dúmtes al ruin 1908, Resolución del 9/5/1908


de correspon­
Consejo Nacional de Educación, Compilación
7 normas
cf.
die-ntes al año 1908, Resolución del 10/2/1909.
la Inspección Téc­
ef. Instrucciones sobre la Semana de Mayo, emitidas por
H

1909 (Consejo Nacional de Edu­


nica General del Consejo, el 14 de mayo de
3 y ss.)
cación, Compilacián. de normas correspondientes al año 1909, pp.
El titular del Consejoel médico alienista, funcionario público e historia­
era
de Yrigoyen siguió por una senda si­
dor José María Ramos Mejía. El gobíerno
de los sentimientos patriót.icos',
milar. Un decreto orientado a la 'exalt.ación
maestros y profesores), igualment.e,
reza en Sil artículo 2°: "Procurarán (los
de su acción ciudadana, al par que un
inculcarles, como base indispensable
Argentina La escritura de su historia' 29

espíritu ele veneración a las tradící .nes argentinas, nubles y elevados pen­
samientos de bien
público y anhelos de verdad, de justicia y de progreso,
buscando en el ejemplo de sus próceres las virtudes y enseñanzas que han
de servirles para contribuir con honroso y altivo patriotismo a la felicidad y
grandeza de la República." Esos propósitos moralizadores, de inspiración
patriótica, iban acompañados de la obligación de celebrar actos patrios y ge­
nerar todas las oportunidades posibles de exaltar la pertenencia a la Nación.

CL Decreto del P.E.N del 4 de mayo de 1919, reproducido en Carlos Giaco­


bone y Edit. Gallo, Radicalismo, un siglo al servicio de la patria. lJCH,
1991, p. 154 .

. ,

La primera edición del Belgrano de Mitre es de 1858, es decir anterior al


período que aquí referimos. (Ya mencionamos que algunos consideran el
breve trabajo de 1856 como la edición inicial). Pero sólo después del '80 se
cristalizó la idea de construir un canon explicativo de la configuración del

Estado nacional, y volcarlo a un público masivo, y de esos años datan las


versiones definitivas de las obras maestras tanto de Mitre como de
López.
En fecha tan temprana como 1864, en su polémica con Vélez Sársfield, Mi­
tre admitía la intención de 'despertar el sentimiento nacional' como uno de
los objetivos de su función de historiador. Cf.
Alejandro C. Eujanian, "Polé­
micas por la historia. El
surgimiento de la crítica en la historiografía argen­
tina, 1864-1882", Entrepasados, año VIII. N° 16. Principios de 1999, p. 13
1"
Para la construcción de la nación desde el Estado ver E.Hobsbawn, Na­
ciones y nacionalismo desde 1780. Crítica, Barcelona, 1991, en especial
el capítulo "La perspectiva gubernamental" pp. 89-109. ,

11
Vale la pena reproducir in extenso un comentario al respecto de Fernan­
do Devoto: "El problema de la construcción de la nación deviene en cambio
un tópico dominante en las elites argentinas en los quince años anteriores a

la primera guerra mundial. En esa etapa una recorrida por la vasta literatu­
ra que desde ámbitos oficiales o privados se produce revela que los temores
de desintegración social como resultado del alud inmigratorio, de la cues­
tión social o de ambas conjuntamente concentran las ansiedades de los gru­
pos dirigentes argentinos." (. ) "La solución mayoritariamente propuesta
..

para los males de esa imaginada Babel en la que se habría convertido la Ar­
gentina con sus escuelas de comunidades (. ) con sus nuevas migraciones ..

'exóticas', con su visible conflictividad social y con la difusión de ideologías


contestatarias, es la educación patriótica. En ella coinciden Ramos Mejía
desde el Consejo Nacional de Educación, Juan P. Ramos desde su Historia
de la Instruccion. pública en la Argentina, Carlos O. Bunge desde las pá­
ginas de El Monitor de la Educacion Común o Arturo Massa en su libro
Educación y aobierno. Esa educación patriótica pasa claro está, en gran
medida, por la potenciación de la escuela pública y por la instauración en
tomo a ella de una liturgia cívica centrada en el culto del pasado nacional.
30 Daniel Campione
.

Pero también concoruitantemente por el ref'orz.aruient.o en los distintos ni­


veles del sistema educativo de aquellas disciplinas capaces de proveer el co­
nocimiento y los argumentos explicativos necesarios para fundar sobre ba­
ses más sólidas el culto a los héroes: la historia
argentina en primer lugar ''. ...

"Idea de nación, inmigración y cuestión social en la historiografía académi­


ca y en los libros de texto en Argentina. 1912-19í
4", Estudios Sociales. Re­
vista Universitaria Trimestral. Año 2. N° :3. Segundo Semestre de 19D2,
p.
12. A los autores aquí mencionados, habría que agregar él Ricardo
Rojas en
La restauración, nacionalista, cuya primera edición es de 1909.
1"
Esa construcción de lo argentino-criollo puede rastrearse tempranamen­
te, sobre todo en la obra de Mitre, que exalta a los antiguos habitantes del
Río de la Plata, basándose en parte en valores raciales (su pertenencia a la
raza indoeuropea, que Mitre veía como destinada a dominar el mundo) y
ambientales (la 'adaptación al medio', de raigambre en las teorías evolucio­
rustas en boga). En verdad, sujeto criollo no se limitaba a la elite, sino a
ese

los nativos del Río de la Plata de antigua procedencia europea en general,


los dirig--nt ('� .;, 'rí;lll los 'hombres superiores' dentro de ese colectivo, sien­
do la figura de los her. ,,·s su máxima expresión, Cf. R Costa, D.
Mozejko, El
discurso corno práctico Luqares desde donde se escribe la historia,
Homo Sapiens, Rosario, 20U 1, pp.45 y ss.
1:
Ricardo Piccirilli, Eiuodcu-ia y su tiempo, en tres volúmenes, una suer-
1<' de extenso panegírico del que fue llamado 'el más grande hombre civil de
los argentinos', por Bartolomé Mitre,
en el discurso ele homenaje al cente­

nario de su nacimiento. ce Ricardo


Levene, La cultura histórica y el sen­
tirnicnto de la nacionalidad; Espasa-Calpe, segunda edición, 1946, p. 5(),
f,
Las tres obras aludidas son: Mariano Pelliza, LQ dictadura de Rosas, .J.
\1. Ramos Mejía, Rosas y su tiempo, y Ernesto H, Celesia, Rosas. Aportes
pa.ra su. h.istoria: Tienen diferentes estilos y énfasis, sus fechas de edición
van entre ñnes del siglo XIX y la década de los '50 del XX, pero las tres man­

tuvieron un juicio globalmente negativo sobre Rosas.


".
Historia de Bclqrano y de laIndependencia Argentina e Historia de
San Ma.rt in .IJ de la Independencia Americana, no son ni meras historias
militares ni biografías de ambos próceres, sino minuciosas historias genera­
les del periodo 1806-1820, con mucha información que excede las trayecto­
rias de ambos generales y los conflictos bélicos ligados a la emancipación (el

Relr¡ rano.,. incluye pormenorizado relato de las guerras civiles del periodo).
algunos estudios que analizan en particular la historiografía ro­
jo.
Existen
mántica anterior él Mitre y López, ligada en gran medida a la generación de
18:37 y al exilio montevideano (Echeverría, Alberdi, Gutiérrez, Florencio Va­
rela), e incluyendo a los primeros trabajos del joven Mitre y de los principa­
les representantes de esa generación de 'los proscriptos', en la que los estu­
dios históricos se realizaban sobre bases todavía muy precarias, y corno un
Argentina La escritura de su historia -

31

componente de inquietudes intelectuales más amplias, a su vez inescindi­


bies de la política militante. cf. Félix
Weinberg, "Los comienzos de la histo­
riografía romántica rioplatense", Bolctin. de la ANll, Volumen LXI, 1988, p.
145 y ss. Guizot, Michelet., T'hierry, Quinet., eran los modelos de historiado­
res para la
generación de 18:37. Una extensa y densa t.esis doctoral ha sido
dedicada la historiografía romántica rioplatense; la de Eduardo
él
Segovia
Guerrero, La liistorioqrafia arocruirui del romanticismo, Madrid, Uni­
versidad Complutense, 1980, que trata pormenorizadamente a un conjunto
de historiadores, desde De Angelís hasta Mitre y
López. A. J. Pérez Amu­
chást.egui le dedicó un artículo a "La espiritualidad romántica de Esteban
Echeverría y la historiografía argentina", en Anuario del
Departamento de
Historia, Universidad Nacional de Córdoba, Año J, N° 1, 196:3, pp. 241/257,
con un enfoque fuertemente crítico del
pensamiento romántico.
"
Tornarnos aquí la definición grarnscíana, que considera al auténtico dili­
gente como sumatoria del conocimiento profundo de un sector de la reali­
dad y la posesión del arte ele la política.
'"
Un trabajo muy recient.e, que analiza la producción hist.órica de Mitre con
un abordaje que recurre explícitamente tanto él la sociología como al análi­
sis del discurso, analiza minuciosamente esa constitución de un discurso
histórico como element.o de construcción de la
legitimidad de clase, la que
'hace historia' para dotarse ella misma de un sent.ido histórico trascenden­
t.e. En esa tarea, la construcción de 'héroes nacionales'
ocupa un lugar fun­
damentnl. Cf. Ricardo L. Costa y Danuta Mozejko, op. cit., pp. 63 y ss.
,.,
"La historia de V. F.
López hacía referencia a un mundo ínt.imo, en el
que primaba la confidencia hecha en un rincón del hogar. Refería tam­
bién a un espacio privado, de acceso rest.ringido en el cual había
forjado
una historia también ella
privada, que se nutría de las 'referencias ver­
bales de mi padre' o las 'conversaciones tenidas con el señor don Nico­
lás Rodríguez Peña'." A. Eunejian, arto cit.. p. 18. El historiador
quedaba
así atado a unas familias patricias porteñas cuyo rol histórico había de­
clinado de modo irremisible. El padre, Vicente López y Planes,
triunviro,
aut.or del Himno, presidente provisorio, gobernador de Buenos
Aires, la
suya era una de las carreras públicas más relevantes de la primera mitad
del siglo XIX. La relación del general Mitre con la tradición era diferente.
"En López su apelación a la historia familiar permitía escribir la hist.oria
del poder, a través de la memoria de quienes formaron parte de ese cír­
culo privilegiado. La pérdida de protagonismo por parte de esas familias
patricias del que López se lamentaba, otorgaba a su historia un carácter
irremediablemente incompleto y necesariament.e nostálgico. Mitre, en
cambio, pretendía escribir la historia del Estado, y ella sólo podía ser ela­
borada con documentos públicos." A. Eujenian, arto cit. p. 19. En reali­
dad, Mit.re tenía una ubicación más clara como dirigente de un proceso
32 -

Daniel Campione

de modernización que incluía en primer lugar el orden político en gene­


ral y estatal en particular.
c<,
La apelación constante del general al rigor documental, reviste peculiari­
dades importantes. En realidad, las obras no proporcionan bases ciertas pa­
ra comprobar el sustento en los documentos. Mitre cita sin mencionar la

fuente, rejroduce diálogos 'textuales' que no tuvieron testigos. Según quie­


"

nes han estudiado recientemente esta cuestión ... a partir del reconoci­
miento social que habría suscitado como dueño de documentos cuya canti­
dad y calidad pocos se atreverían a discutir, el enunciador de la Historia se
"

considera eximido de explicitar el origen y autenticidad de la cita cf. R. ...

Costa y D. Mozejko, op. cit. p. 130.


"
En base a López hacia Mitre, formuladas en la "Introducción"
críticas de
a Historia de la Rcuoiucion. Argentina. Desde sus precedentes colonia­

les hasta ct derrocccmiento de la tirania en 1852 (1881), ambos aut.ores


se trabaron en una polémica acerca del papel respectivo de los documen­

tos y de la "filosofía' en la práctica historiográfica. Más tarde, en 1892, sella­


rían la reconciliación entre ambos, en coincidencia con el alineamiento po­
Lítico de ambos en la Unión Cívica, y luego en el 'Acuerdo' con el roquismo.
Entre varios tratamientos de ese debate, el más reciente se encuentra en
A. Eujenian, arto cit. pp. 14 y ss.

'c
Natalio Botana ha dedicado buena parte de uno de sus libros a comparar

la visión histórica de Mitre y la de López, desde el punto de vista de lo


no

específico historiográfico, sino a partir de la búsqueda de distintos princi­


de Ma­
pios de legitimación para el orden político surgido de la revolución
yo: ..... Mitre resuelve la cuestión de la legitimidad republicana merced a una
evolución democrática que contiene en germen la Constitución nacional

(federal y presidencialista) de 1853-60 (. ) V.F. López rasga el velo de las


..

contradicciones de la revolución sin poder encont.rar en ella una respuesta


Bota­
al modelo de una república aristocrática y parlamentaria." (Natalio R.
na. La libertad política y su historia. Editorial
Sudamericana-Instituto

Torcuat.o Di Tella, p. 31)Mit.re quedaría así ubicado en una orientación más


democrática dentro de lo que el aut.or denomina 'los dos liberalismos posi­
bles' queUJlO y otro defendían. (Idem, p. 121). En términos ele posiciona­
en el rechazo más
miento frente al proceso hist.órico, est.o se trasuntaría
de la tradición federal
frontal y completo de López por la acción y las ideas
y la
caudillista, a queMitre algunos aportes posit.ivos dent.ro de una
asigna
otra línea de diferencia­
evaluación globalmente crítica. Halperín encuentra
logra despegar de su identificación
ción ent.re ambos historiadores: López no

Mitre coloca en el centro de


con la burguesía liberal porteña, mientras que
su obra la construcción de
la nacion. Cf. T. Halperín Donghi, "La historiogra­
en Gustavo Ferrari y Ezequiel Gallo
fía: treinta años en busca de un rumbo",
al Centenario, Sudamericana, 1980.
(cornp.) La Arqentina del Ochenta
Argentina La escritura de su historia -

33

Otra línea de diferenciación entre la obra de ambos (y el debate que sostu­


vieron), se encuentra en Elías J. Palti, que considera que la interpretación
mitrist.a no es homogénea, modificándose incluso su concepción de la for­
mación de la nación. Cf. Elías J. Palti, "La Hist.oria de Belgrano de Mit.re y la
problemática concepción de un pasado nacional." Boletín del Instituto de
Historia Araeru.ina :u Americana "D,: Emilio Raciqnani", Tercera se­
rie, núm. 21, 10 semestre de 2000, p. 79 y ss.
,:
Halperín considera la obra de Mitre como particularmente apta para la Ar­
gentina del periodo del cambio de siglo: "En cuanto la historia que propone
Mitre presenta la trayectoria de la Argentina no sólo como el surgimiento
paulatino de una conciencia de sí por parte de la sociedad rioplatense, sino
el afirmarse de ésta bajo la figura de la nación y dentro del marco inst.itucio­
nal del constitucíonalismo liberal y democrático al que la destinaba su voca­
ción originaria, ella ofrece la caución más sólida para el patriotismo de Es­
t.ado; se entiende bien por qué W1 monument.o historiográfico marcado por
una audaz originalidad de ideas pudo terminar ofreciendo las nociones bá­
sicas para la visión del pasado y del destino argentino difundida por la es­
cuela elemental, instrument.o de un esfuerzo muy deliberado por improvisar
una conciencia nacional para un país deshecho y rehecho por un alud inmi­
gratorio sin paralelo en la historia universal." T. Halperín Donghi, "Mitre y la
formulación de una historia nacional para la Argentina." Anuario del ¡EHS',
11, Tandil, 1996. p. 69. Una suerte de 'patriotismo de la Constitución' cu­

briría así la evidente falta de una tradición o identidad pre-constituida.


"'
pasajes de su Historia de la República Argentina, López
En variados
hace la apología del régimen parlamentario, a la par que critica el presiden­
cialismo, del que dice: "Sin esto, no hay gobierno representativo, ni gobier­
no libre; y por eso es que toda nuestra historia polít.ica después de la revo­

lución es, como se verá, un const.ante testimonio de su fracaso entre noso­

tros( ) nacidos nuestros gobiernos de las intrigas elect.orales y de las usur­


...

paciones del poder público que ellas engendran, la tranmisión del poder no
es delegación omnímoda de la soberanía que se hacen los
otra cosa que la
"

unos a los otros, sin que la opinión pública tenga jamás cómo estorbarlo ...

V. F. López, Historia de la República Argentina. Su origen.S'u reuolu­


o
ciort y su desarrollo político 4 ed. La Facultad, 1926, tomo 1, Prefacio,
...

p. )(x''CII. Una buena extensión del Prefacio está dedicada a un alegato a fa­
vor del parlamentarismo.

"
i..
López considera al 'gobierno libre' evidentemente incompatible con el
...

sufragio universal y con la soberanía brutal del número, que es siempre igno­
rante de los deberes que impone y que exige el orden político". Ibídem, p. LI.
",, U
esos que con membretes federales nos gobiernan bajo un régimen sin
•••

nombre ni verdad, no ya centralizado en los principios, sino en la voluntad


yen los intereses personales ( ) Estamos t.odavía en lucha latente con él y
...
34 .
Daniel Campione

muy bien pudiera ser que la falta de verdad federal nos aconseje volver a la
verdad unitaria bajo el régimen libre de la república conservadora y parla­
mentaria: la única que puede acondicionamos en la vida libre y bajo las le­

yes de nuestra historia." Vicente F. López, Historia de la República Ar­


oeiüina., t. VIII, p. 547.
27 El debate Mitre-López transcurrió en una serie de escritos en que los au­

toros se atacan y refutan entre sí. Lo inicia, como ya consignamos, López en


la Introducción la Historia de la revolución arqeniina, que se publi­
a

ca en 1881 y hace observaciones críticas sobre el Belqrano de Mitre. Es­ ...

te contesta a través de las páginas de Nueva Reinsta de Buenos A ires y


de La Nación" intervenciones que dan origen a un volumen denominado
Comprobaciones históricas a propósito de algunos puntos de historia
argentina según, nuevos docurnentos (1881). López contestó en El Na­
cional y luego en forma de libro: Debate histórico: Refutación a las com­
probaciones históricas sobre la historia de Belqrarto (1882), Cerró la
discusión el general con Nuevas comprobaciones históricas sobre histo­
ria araentina (1882) cf. Rómulo D. Carbia, Historio. crítica de la Histo­

rioqrafia Arqentina (desde sus orígenes en el siglo XVI), Edición defi­


nitiva, Buenos Aires, Coni, 1940, pp. 147-148.
""
Cf. Eduardo
Segovia Guerrero, La historioarafia argentina del reman­

ticismo Universidad Complutense de Madrid, 1980, p. 450.


;

""
V. F. López produjo en realidad dos obras a modo de resumen, relaciona­
das con la enseñanza de la historia nacional. La primera fue el Compendio

de historia argentina, adaptado a la enseñanza de los Colegios naciona­


les, publicado en 1889-90, y luego, en 1896, el Mariual de la historia ar­
qeritina. Dedicado a los Profesores y Maestros que la. enseñan, tam­
bién en dos volúmenes. Se utilizaron corno libros de texto para la enseñan­
za media por décadas.
,,,
Enrique De Gandía. Los estudios históricos en la Argentina. l. La obra
histórica de Ricardo Leoene El .
Ateneo, 1931, p. 10.
JI
ejemplos de juicios severos respecto del poco rigor documen­
No faltan los
tal de V. F. López, que a la vez condenan el 'éxito' de tales carencias entre
los historiadores posteriores, tal como este emitido por Enrique M. Barba, a
propósito de su versión en tomo al asesinato de Facundo Quíroga: "Vicente
Fidel López, de los historiadores que más influencia intelectual tuvo en
uno

nuestro país, difundió en sus escritos, donde campea a la par que su estilo

galano, descuidada información de las fuentes, una versión antojadiza des­


provist.a del más elemental recaudo crítico, Y en pos de ellos, escritores de
menor cuantía han preferido abrevar en esa fuente cegada más que dirigir

sus esfuerzos a la investigación personal." Enrique M.


Barba. Estudio Preli­

minar, p. 7, en Correspondencia entre Rosas, Qu:iroga y López, Col. El


Pasado Argentino, Hachette, 2° edición, 1975.

/
Argentina la escritura de su historia -

35

'"
Juan A. García fue profesor de Introducción al Derecho en la UBA, y em­
prendió en La Ciudad Indiana un ensayo sobre la configuración social y
las ideas circulantes en la ciudad y campaña bonaerense del período colo­
nial, justo el filo del cambio de siglo (1<1 obra es de
en 1900), y bajo la explí­
cita inspiración de Fustel de Coulanges y Taine.
"
Hijo de un diplomático y escritor (Vicente G. Quesada), actuó en política
dentro del juarizmo. Fue titular de la cátedra de Sociología en la Facultad
de Filosofía y Letras de la UBA, designado a principios de siglo. Hizo un lar­
go viaje por Alemania del que fue resultado su libro La enseñanea de la
h istoria en las uriiuersidades alemanas, obra con la que ingresó en la
: ,rérnica a favor de una pedagogía destinada a crear una 'conciencia hístó­

()(:;I', Rojas por la rnisma época. Fue un gran admirador de la cultura


como

y la sociedad alemana, y se erigió en un firme defensor de la neutralidad du­


rante la guerra mundial. Lo central de su obra histórica versó en tomo a la

figura de Rosas, en tono fuertemente reivindicatorio. En esa línea, su traba­

jo de mayor resonancia fue su ensayo La época de Rosas.


"1
La obra más recordada de Peña es Juan Facundo Q'uiroga, que es en

realidad reproducción de las conferencias que dictó en Filosofía y Le­


una

tras de Buenos Aires en 1903, como parte de su dictado de la asignatura


Historia Argentina. Ernesto Quesada por La época de Rosas, cuya prime­
ra edición es de 1898, y David Peña con su Juan Facundo Quiroga, fue­
ron precursores en la reivindicación de los caudillos y de la trayectoria de

Rosas, y de la preocupación por la configuración del federalismo argentino,


que posteriormente desarrollará Emilio Ravignaní,
discípulo José Ingenieros, J. M. Ramos Mejía era de profesión
,,,.
Como su

médico, especialmente interesado en temas ligados a la psiquiatría, y por


ese rumbo llegó a la labor de historiador, en la que su trabajo más difun­

dido fue Rosas y su tiempo, en tres t.omos. Halperín Donghi marca la di­
ferencia entre el espíritu con que abordan la labor histórica Ramos Mejía
o Juan Agustín García, ambos orientados por el positivismo, respecto a los
"

hombres de la generación anterior: una baja irremediable en la tensión


...

de ese empeño que mueve al historiador a ocuparse de historia. La histo­


ria tiene ya lecciones que dar, o más exactamente el historiador no bus­
no

ca ya recibirlas porque no sabría ya aplicarlas; ya no está en sus manos el

hacerlo, ni en manos de ese grupo que es el suyo y que él identifica con la


nación toda." T. Halperín Donghi, "Positivismo historiográfico de José Ma­
ría Ramos Mejía" en lmaqo Mumdi. Revista de Historia de la Cultura.
N°5. Septiembre de 1954. El vínculo ent.re trabajo historiográfico y voca­
ción de construcción de la realidad presente y futura había sufrido un pri­
mer hiato. El modelo de historiador comenzaba a alejarse de aquél en que

la investigación hist.órica era una suerte de descanso respecto de 'los afa­


nes de la vida pública'.
36 Daniel Campione
.

",
Francés de origen, director de la Biblioteca Nacional durante largos años,
crítico literario muy severo, ajeno a la vida universitaria, Groussac apareció
como una autoridad intelectual de primer orden en las décadas iniciales del

siglo XX. Sus trabajos históricos estaban plagados de retórica y de culto al


patriotismo, sin alcanzar el nivel de erudición que sería nota distintiva de la
'nueva escuela'. Los más conocidos fueron Santiago de Liniers, conde de
Buenos Aires (l7G:3-1810), y Mendoza y Garau Las dos jumdacionas
de Buenos Aires 1536-1580, amén de una compilación de Estudios de
historia arocrüina en la que reunió trabajos breves. En sus pasos inicia­
les, la NEH dedicó no pocos esfuerzos a criticar los trabajos de Groussac, y
con él polemizaron Carbia y Molinari, acusándolo de subordinar lo histórico

al atractivo literario, a no incorporar las reglas de la profesión a su trabajo


con los documentos, y a cubrir con retórica las falencias de su
interpreta­
ción. Es evidente que se lo elegía como modelo del 'hombre de letras' dedi­
cado a la historia como una tarea más, que se deseaba superar en función
de una historiografía profesionalizada, con una inserción académica regular,
que era la que los historiadores que comenzaban a trabajar en la Sección de
Historia de la UBA querían imponer. Cf. Gustavo H. Prado, "La historiogra­
fía argentina del siglo XIX en la mirada de Rómulo Carbia y Ricardo Levene:
problemas y circunstancias de la construcción de una tradición. 1907-1948",
en Nora Pagano-Martha Rodríguez (comp.) La historioqrafia rioplatense

(ni la posquerro., La Colmena, 2001 y Julio Stortini, "La recepción del mé­

todo histórico en los inicios de la profesionalización de la historia en Argen­


tina", en AA.W, Estudios de historioqrafia arqentina (11), Biblos, 1999.
"
Los intelectuales de la 'generación del 80' (Lucio V. Mansilla, Miguel Ca­
né, Eduardo Wilde, por ejemplo) seguían siendo hombres de extracción so­
cial muy elevada y con acceso a la elite política, pero ya no eran personajes
centrales de la misma como lo habían sido Mitre o Sarmiento, que unieron
a la condición de grandes intelectuales, carreras políticas que pasaron
ser

por la presidencia república sin extinguirse con ella. Alguna cartera


de la
ministerial, una banca de diputado o senador, y los cargos diplomáticos fue­
ron los destinos habituales de esta segunda generación. Cf. D. Viñas, Lite­

ratura araentina y vida nacional, vol. 2, CEAL, 1992, p.232.

Juan Alvarez fue, además de historiador, un funcionario judicial de alto ni­


'"

vel, llegando a ser .Juez Federal, Fiscal de la Cámara Federal de Rosario, y


finalmente Procurador General de la Nación, al mismo tiempo que desarro­
llaba obra histórica, que comprendió un ensayo breve pero muy perdu­
su

rable de 1914 (se sigue reeditando hasta hoy) llamado Estudio sobre las
de historia economi­
gl.wrras civiles arqent.inas, la compilación Temas
de 1929, y un estudio sobre su ciudad de residencia, Rosa­
(;(1, arqeritina,
rio, titulado Historia de Rosario, 1689-1939, del año 1943. El advenimien­
to del peronismo terminó con su prolongada carrera judicial, con el juicio
político a la Corte Suprema, que lo incluyó y t.erminó en su separación.

/
Argentina la escritura de su historia -

37

;"
Ramón ,J. Cárcano es un caso arquetípico de combinación de miembro
conspicuo de la alta burguesía, político e intelectual. Después de iniciar su

carrerapolítica muy joven, la frustración de su muy temprana candidatura


presidencial por la revolución del '90 (no tenía treinta años), y el consi­
guiente ostracismo 'juarizta' conspicuo, le depararon veinte aftas de de­
por
dicación a la administración de sus propiedades rurales y al estudio de la
historia. Rehabilitado después de HHO por Roque Sáenz Peña, ot.ro ex jua­
rízta, Cárcano fue diputado nacional, gobernador de Córdoba a partir de
1918, segundo período en la década de los '20, siempre por el con­
y en un
servadorisrno. Por esa misma época será presidente de la Sociedad Rural

Argentina. Ya en los treinta ocupará la presidencia del Consejo Nacional de


Educación (por poco tiempo) y luego será embajador en Brasil. Terminará
sus días como alto funcionario en el área previsional, hasta que muere en

1946. Desde su juventud, escribe historia, con arist.ocrático desprecio por


las convenciones académicas (para explicitar ese desdén no dota a sus li­
bros de prólogo, ni notas al pie, ni índice de nombres ni bibliografía) y espe­
cial dedicación al periodo de la 'Oraariieacion Nacionat'. De Caseros al
11 de setiembre, en 1918, y Del sitio de Buenos Aires al campo de Ce­
peda, publicado en 1921, y a la guerra del Paraguay: Guerra del Para­
tnuu). Orígenes :/) causas, de 19:39 y G uerra. del Paraguay, acción y
reacción de la Triple Alianea, de 1941. La Academia Nacional de la His­
toria reconoció ampliamente su perfil de historiador-gentleman, elevándolo
a la presidencia de la misma en dos oportunidades. La segunda vez lo suce­

dió Ricardo Levene, marcando la transición definitiva al predominio del


'profesionalismo' .

lO
Político, diplomático y funcionario público corno su padre, vinculó más
claramente su inserción en el aparato estatal con la tarea histcríográfica, ya

que escribió sobre política agraria, el libro de 1917, Evolución histórica


del reqimen de la tierra pública, y sería a partir de 19:34 minist.ro de Agri­
cult.ura de Justo, y sobre relaciones internacionales, luego de dedicar un
lapso prolongado a funciones como embajador, y de ser ministro de Relacio­
nes Exteriores en 1961: Las relaciones exteriores m¿ la historia argen­

tina, de 1973,
Los historiadores de la Academia Nacional de la Hist.oria se empeñan en
11

señalar como antecedente de la Junta, al Instituto Histórico y Geográfico


del Río de la Plata. Est.e fue una creación de Mitre, en el período de sepa­
ración entre el Est.ado de Buenos Aires y la Confederación (1854), que re­

sult.ó más que efímera, ya que su existencia se diluyó antes de 1860, Más
allá de su corta vida, y de su irrelevancia práctica, filiar a la Junta y a la
Academia el Instituto, significa agregar casi cuatro décadas a la anti­
en

güedad de las inst.it.uciones académicas ocupadas de la hist.oria nacional,


reforzar el vínculo con el 'padre fundador' creador t.ambién de aquella ins­
títución, y equipararse en ciert.o sentido a los cercanos Brasil y Uruguay,
38 Daniel Campione
-

que fundaron propios Institutos antes de lXGO. En el Instituto Históri­


sus

co y Geográfico del
Uruguay tomó parte el propio Mitre durante su exilio
mor II evidr-ano, junto con el
uruguayo Andrés Lamas y algunos otros exilia­
dos, circunstancia también mencionada en ocasiones como lejano antece­
dent« de la inst itucionalidad histórica argentina. Una buena síntesis de ese
int f'lIt( 1
organizativo, en el contexto de los ant ecedentes de la
profesionaliza­
ej('m d<' la historiografía en el país, se encuentra en Pablo
Buchbinder, "Vín­
CIII()s privados, instituciones públicas y reglas profesionales en los
orígenes
(Ir' la hist: lli( 19rafía argentina", en Boietiri del Instiuüo de Historia
Aige-;¡­
t.ina '1 Americano: "Dr Emilio Rociqnoni" Tercera serie, núm. l;�, l er. se­
mr-st n' de l D!)6, pp. Gí -68,
:

i
En Pablo
Buchbinder, art cít., pp. 69 y ss. se describe este proceso de
.

traspaso al Estado nacional. Es de notar que en estos primeros éUl0S no ha­


hía una clara división del trabajo entre Archivo y Biblioteca. Esta última, ba­
j() la dir0cci<'1l1 dI' Paul Groussac también atesoraba y publicaba documentos
illf;dit.os. ;1I11'má<; dvl material impreso que luego constituirla su objetivo es­
pl'cílic().

/
/-:--
Argentina la escritura de su historia' 39

III

La nueva escuela histórica

La 'nueva escuelahistórica', como dijimos, se constituyó


sobre una base de profesionalización creciente, en las dos pri­
meras décadas del siglo XX.1 Eso se produjo tant.o dent.ro de

la institución trniversitaria, a través sobre todo del Instituto


de Investigaciones Históricas de la Facult.ad de Filosofía y Le­
tras, al que pertenecían la mayoría de los integrantes del gru­
po fundador; y también fuera de ella, en la Junta de Historia
y Numismática Americana, antecedente de la Academia Na­
cional de la Historia.' En esta últirna instit.ución coexistirían
durante bastante tiempo historiadores de un perfil más bien
dilctunue, con dedicación principal a la política o a profesio­
nes liberales, con historiadores claramente profesionales co­
mo Ricardo Levene, considerado uno de los fundadores de la
Nueva Escuela.
'Profesionalización' no equivale en est.e caso a estudios
históricos formales: la Nueva Escuela seguía teniendo un

componente predominante de abogados (Emilio Ravígnaní,


Diego Luis Molinari, Ricardo Levene, Enrique Ruiz Guiña­
zú) y otros profesionales de ramas ajenas a la historia, e in­
cluso sin formación universitaria (José Torre Revello, que
llegó a ser responsable de Investigaciones del Instituto de
Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Letras de la
UBA, no había completado la enseñanza de nivel medio). Se
refiere en cambio
que ingresa
a a la actividad una genera­
ción de historiadores que tiende a vivir de
profesión, en
su

ladocencia, investigación, y cargos públicos relacionados,


la
ya convertir el rigor en su trabajo, la búsqueda constante de
40 Daniel Campione
-

nuevas fuentes, la investigación en archivos, en la piedra ba­


sal de su legitimidad corno tales.
El profesor-qentlemari para el que la historia era un
hobby, era reemplazado progresivamente por profesionales
de la historia a tiempo completo, en un proceso
que puede
ligarse a la reforma universitaria y la parcial renovación que
introdujo en el claustro profesoral, con el ingreso de docen­
tes de extracción social no muy elevada,
para los que vivir de
su labor de enseñanza e
investigación podía constituir una
I
perspectiva atractiva. Este proceso no era exclusivo de la
historiografía, sino que se daba también en la literatura y el
periodismo, también dominados por representantes de sec­
tores sociales en ascenso, que hacían de esas actividades su

medio de vida principal. Podría anotarse al respecto que la


prolusionalización marca un cambio en el origen social y en
la ac.t.it.ud hacia la vida académica, pero también da la base
para una subordinación directa al aparato estatal, y a través
d.: d a las clases dominantes, al convertir a las condiciones
(h'l salariado a los investigadores. Se desarrolla un talante
dd tipo 'funcionario público, especialidad historiador' que
coloca a la dependencia burocrática como un condicionante
privilegiado de la tarea intelectual.
La .lunt.a de Historia y Numismática Americana data del
período anterior, siendo W10 de sus fundadores el propio Mi­
I re, en el año 18�):3 (nació como Junta de
Numismática, en
1 H!)!) pasó a llamarse Junta de Numismática e Historia, y to­
T1IÚ la denominación arriba mencionada en ] 901, cuando el
illl(�r(�s fundamental de sus animadores ya había virado ha­
cia la historiografía.) Mitre fue el primer presidente de la
.lunta, cargo en el que permaneció hasta su muerte.' La ins­
t.it.ur.ión fue tomando progresivamente un perfil cada vez
TlIás formalizado, de ámbito de producción y aprobación de
la visión oficial del pasado, con apoyo financiero y consulta
frecuent.e por parte de los poderes públicos.
En enero de 1938 se transforma en Academia Nacional
de la Historia, por decreto del presidente Agustín P. Justo, lo
Argentina la escritura de su historia· 41

que le asigna un mayor carácter oficial, además de una defi­


nitiva orientación a la historia argentina como objetivo cen­
tral. Por esos años se le proporcionan a la Academia fondos
públicos ampliar
para las instalaciones
en el Museo Mitre, su

sede de la época, y se le facilitan recursos para sus ediciones,


en primer lugar la Historia de la Nación A rqeuiiua, Una

vez asignado el carácter de Academia Nacional, resultaba

claro que el Estado la erigía en la institución oficial por ex­


celencia en lo que a fijación del canon histórico nacional se
refería, y le otorgaba las protecciones y privilegios corres­
pondientes. A sus actos y conferencias concurrirían funcio­
narios, y ocasionalmente, hasta presidentes de la Nación, y
distintos poderes públicos efectuarían consultas sobre sím­
bolos nacionales, lugares his tóric os efemérides, autentici­
,

dad de documentos, iconografía histórica, imágenes a utili­


zar en billetes, nombres de calles y lugares públicos, progra­

mas y textos y otras cuestiones vinculadas con la fijación de­

finitiva de una imagen del pasado nacional, legitimadora del


orden social existente.
Que la Academia no fuera, por definición, un organismo
universitario, no implica que los directivos de la Academia
no tuvieran inserción en ese campo. El propio Levene fue

profesor de Historia Argentina y decano de la Facultad de


Humanidades y Ciencias de la Educación de La Plata, e in­
cluso presidente de esa Universidad. En el ámbito de inves­
tigaciones de esa carrera de Historia y bajo la orientación del
mismo Levene, se desarrolló un vasto proyecto de estudio de
la historia bonaerense. Fue asimisrno fundador del Instituto
de Investigaciones sobre Historia del Derecho, en la corres­
pondiente facultad de la UBA, y también titularizó la cátedra
de Sociología en Filosofía y Letras de la misma universidad.
Esta variada inserción institucional configuraba una suerte
de 'área Levene' en la historiografía, mientras que el 'área
Ravignani' estaba centrada en Filosofía y Letras de la UBA,
con ramificaciones en el Instituto del Profesorado, institu­

ción de mucho peso en la época.'


42 Daniel Campione
-

El Instituto de
investigaciones Históricas de la Facultad
de Filosofía y Letras de la lIBA, fue fundado en los primeros
años del siglo XX, con el nombre de Sección de Historia
y
bajo la dirección de Luis María Torres, que inició la publica­
ción de la serie Documentos para la historia
argentina,
de los que se editaron varios tornos, y una completa docu­
mentación sobre Asambleas Constitusterües A rqentinas.
Otra de las actividades del Instituto fue la exploración y ca­
talogación de los archivos españoles, en especial el Archivo
de Indias, de Sevilla, en el que trabajó José Torre Revello.
En 1920 tornó la dirección Emilio Ravignani, y al
poco tiem­
po cambió su denominación por la de Instituto de Investiga­
ciones Históricas. Ravignani permanecería en la dirección
del Instituto hasta los primeros años del peronismo. La pri­
mitiva Sección de Historia fue el principal lugar de origen de
la Nueva Escuela, allí revistaban, del grupo inicial menciona­
do por J. A. García; Ravignani, Carbia, Molinari y Luis María
Torres, y fue donde la tendencia renovadora imperó sin dis­
puta desde un comienzo, ya que en la Junta convivieron mu­
cho tiempo quienes se adscribían a la renovación con auto­
res de menor rigor metódico y menos apego a los documen­

tos originales."
La obra mas recordada de Ravignani fue la Historia
Constitucional Argentina, extenso estudio de la organiza­
ción jurídico-institucional del país, tema que integró lo cen­
t.ral de sus preocupaciones históricas. A diferencia de los his­
toriadores de generaciones anteriores, comprometidos polí­
ticaruente con el orden oligárquico-conservador, y de con­

temporáneos como Levene, que se mantenían 'apolíticos',


Ravignani fue un destacado dirigente de la U.C.R, siendo di­
putado nacional por ese partido en varios períodos. A partir
de los años ':30 se alineó con la fracción 'alvearista' del radica­

lismo, y sería destacado miembro del bloque 'de los 44', como
se conoció a los legisladores de la UCR que formaban la ban­
cada opositora al peronismo gobernante. Tam�ién ra�cal,
fue otro prohombre del Instituto, DIego
pero yrigoyenista,
Argentina La escritura de su historia -

43

Luis Molinari, que después de 1943 se volcaría al peronismo,


por el que llegaría a ser senador nacional.
La Nueua Escuela amparaba en el rigor metódico y la
se

crítica concienzuda de los documentos, de acuerdo a los pre­


ceptos de los historiadores alemanes. Así la definía uno de
sus destacadoscultores, que fue además quien escribió el
análisis más completo de la historiografía argentina que exis­
ta hasta hoy, Rómulo D. Carbia:
La nueva escuela ( ) postula lila reconstrucción histó­
...

rica americana, y en particular argentina, a base de pes­


quisas documentales y bibliográficas realizadas de acuer­
do con los más estrictos métodos de Bernheim, seriando
los hechos,estableciendo los procesos con el concepto
de la universalidad de los fenómenos históricos y hacien­
do revivir el pasado, sin que la forma literaria obedezca
a la preocupación única de lo estético. ( ) La 'nueva es­...

cuela ( ) entraña una reacción contra el infundado cri­


...

terio de autoridad y marcha en búsqueda de una cumpli­


da intelección del pretérito, con un afán parecido a aquel
que en el último tercio del siglo XVIII caracterizó al n10-
vimíento iluminista, pero aplicando el mismo juicio orien­
tador y las mismas técnicas de la escuela historiográfica
de Ranke. Se quiere ver a plena luz, y con un sentido hu­
mano de las cosas, el panorama integral de lo pasado,
tratando de encontrar la explicación de los fenómenos
"7
por el camino de su génesis ...

Se destaca en esta conceptualización la identificación


con la reconstrucción de los 'hechos tal corno fueron' a tra­

vés del análisis riguroso de las fuentes inéditas, consideradas


como llave fundamental del saber histórico. La tarea del his­
toriador descansaba más en la 'caza del inédito', que en la
comprensión y análisis de la materia histórica.
ocupó ámbitos institucionales que
La Nueva Escuela'!
contaron con apoyo del Estado, y durante algunos períodos

dispuso de fondos para efectuar publicaciones, viajar al ex­


tranjero, enviar miembros a estudiar archivos españoles,
44 Daniel Campione
-

establecer miernbros correspondientes en el


exterior, y otras
actividades necesarias al afianzamiento de la
disciplina his­
t.órica. Tuvieron en común la reivindicación del
rigor heurís­
tico (por eso se apoyaron más en Mitre
que en López), la de­
dicación predominante a la historia política (y dentro de és­
ta la centrada en torno a las diversas
manifestaciones de las
instituciones y del Estado en particular), y su vocación
por
desarrollar un metódico trabajo de ubicación,
copia,
estudio
y publicación de documentos. Su forma de concebir la escri­
tura de la historia, estaba ligada a la visión de la
historia­
acontecimiento, centrada en construir una narración en tor­
no a los grandes
'hechos', con el afán de reproducirlos, en
una visión de impronta
positivista." Por tanto era poco pro­
clive al entendimiento de la historia como
proceso de cam­
bios casi imperceptibles que sólo se visualizan en
períodos
prolongados, tal como se impondría unas décadas después. 10
Era una visión de la historia mirada 'desde
arriba', pro­
pensa al culto a los 'grandes hombres' y las 'minorías ilustra­
das', y a prestar poca atención a las 'masas anónimas', más
allá de la visión desdeñosa o paternalista
que se tuviera so­
bre las mismas. Su misma forma de concebir el método his­
tórico, centrada en el conocimiento de los documentos, en
gran proporción de carácter oficial, los restringía a un estu­
dio sesgado hacia el ámbito estatal e institucional, o al me­
a reflejar los
nos puntos de vista que allí se formaban. Hay
que señalar, que tanto la historia centrada en las elites y los
grandes personajes, corno
a el culto los 'hechos' y la negati­
va a plantear
problemas hipótesis para resolverlos, no era
e

en absoluto privativa de los historiadores


locales, sino que
formaba parte en la época del paradigma internacional domi­
nante, sobre todo en Alemania y Francia, y precisamente en
nombre del rigor y de la 'ciencia'. I I Estas creencias estaban
acompañadas por la asunción de la tarea de historiador co­
mo parte de lila actividad de construcción más vasta de las

bases del Estado y la nacionalidad, entendidos ambos en la


óptica de las clases dominantes, aunque estos historiadores,
Argentina la escritura de su historia -

45

a diferencia de los anteriores al Centenario, ya no provenían


en general de las familias 'patricia <;'12 sino de las capas Inedias.
...

La profesión de historiador se convertía así en un 'deber cívi­


co', y la exaltación de los 'valores patrióticos' y las raíces de la
identidad nacional, en una virtual obligación de un modelo de
historiador que era (y se asumía como) 'funcionario de la
ideología', para usar una terminología de origen gramsciano.
Veamos COITlO caracteriza la relación de los historiadores
con el pasado nacional utilización para formar sentido
y su

común de las masas, el más autorizado vocero de la historia


oficial, Ricardo Levene:
"La Historia patria es fuente perenne de inspiración y
formación del alma nacional que tiene fisonomía propia y
ha realizado las obras originales de la argentinidad. La
tradición viene a nosotros, caudalosa corriente central
de laHistoria, en instituciones, ideas, religión, creencias,
preceptos estampados en la Constitución ( ) que los ...

pueblos fuertes y progresistas como el nuestro, atesoran


con el mismo patriotismo con que se conserva y se de­

fiende el patrimonio territorial." "Debernos alentar la fe


colectiva y armar el espíritu del pueblo combatiendo la
atonía, mal conocido desde antiguo, la enfermedad de las
sociedades desmoralizadas o en decadencia. La Historia
esexpresión palpitante de la vida de un pueblo, de su
'WI
unidad en el espacio y de su continuidad en el tiempo.
Esa tarea apologética se realizaba al mismo tiempo que
se seguía profesando la 'objetividad' del historiador, pensan­

do al investigador más como un 'medio' para traer el pasado


al presente, documentos mediante, que como intérprete del
proceso histórico. A la ceguera sobre el papel del historiador
en la selección de los hechos históricos, y en cierta medida
en la 'construcción' de esos hechos como 'históricos', se aña­
día la incapacidad de ver que los documentos no reflejaban
la 'verdad' pura y simple, los hechos 'tal corno fueron' sino un
punto de vista condicionado por las coordenadas de su 'posi­
ción' en el proceso histórico. Tal 'objetividad' se completaba
46 Daniel Campione
-

con la
pretensión de 'apoliticismo', con un razonamiento en
el que a la identificación con el
pensamiento oficial no se le
asignaba carácter político, sino que constituía la única creen­
cia posible para un historiador
cabal, el que imbuido de 'sa­
no patriotismo',
participaba 'naturalmente' en la legitimación

retrospectiva del orden social.


Tanto la Junta como el Instituto la
encararon publicación
de documentos en gran escala (sobre todo en torno al perío­
do virreinal y el de la Independencia") con algunos esfuer­
zos monumentales en esa dirección
Asambleas COTlS­
como

tituuerues Argentinas, dirigida por Emilio Ravignani, o la


Historia del Derecho Argentino, de Ricardo Levene. Pre­
dominaban los historiadores que tenían formación
jurídica y
no histórica, lo que incidía adicionalmente
para que su dedi­
cación central fuera casi siempre a la historia política, con
una preocupación por el establecimiento de la cronolo­
gran
gía y por el trabajo sobre los documentos, y la consiguiente",

pobreza (o directa carencia) en cuanto a 'problematización'


de las cuestiones históricas, ya que, garantizado el rigor heu­
rístico, y establecida la narración básica de los sucesos, la ta­
rea quedaba prácticamente terminada, o bien la seguía como
segunda etapa, el adaptar la interpretación de esos hechos a
las 'simpatías retrospectivas' del poder estatal." Cuando in­
cursionaban en temas económicos, sociales y culturales, no
abandonaban esa impronta, y seguían sin desarrollar herra­
mientas específicas para transitar por otros 'niveles' de la
realidad distintos al político-institucional. En cuánto al con­
flicto social y político, solían interpretarlo en clave de cho­
ques entre partidos o personalidades, subestimando su base
material para privilegiar las diferencias doctrinarias o las dis­
tintas concepciones éticas.
Al interior de esta escuela hubo discrepancias y deba-
tes," que llevan a cierta diferenciación entre la Junta y su su­
cesora la Academia por un lado, y el Instituto de Investigacio­

nes Históricas del otro. La primera quedó asociada a una re­

lación más estrecha con el aparato del Estado, y a una visión


Argentina La escritura de su historia· 47

la
historiográfica más propensa a la exaltación patriótica ya
elusión de cualquier enfoque crítico, lo que se acentuaría
después de 1930:
"Después de 1930, argentina desencadena­
ante la crisis
alcan­
da, la visión académica comienza a cristalizarse, y
za la dirnensión de institución de 'estado', en
un marco

de restricciones inéditas a la libertad ideológica en el ám­


bito universitario y académico C ) para adaptarse al cli­
...

ma creado por la crisis argentina, el conocimiento histó­


rico debía ofrecer garantías de su total irrelevancia al
presente y al futuro, limitando sus perspectivas a aque­
"IH
llas que los poderosos de turno juzgasen inofensivas.

El rol legitimador de la Academia salía a la superficie, se


volvía más inmediato. A la luz de la situación generada por
la crisis, la proporcionaba un buen fundamento para
historia
ré­
la recomposición de una cierta legitimidad de parte de un
exclusividad en una eli­
gimen empeñado en sustentarse con
Los la­
te y negarse a una nueva liberalización del sufragio.'!'
zos de la Academia con el poder político se habían reforzado
interesaba cada más
considerablemente, y el Estado se vez

en contar conel apoyo activo de la institución." Además, la


Academia tendía a incorporar miembros que unían a su incli­
nación por la historia Ca veces bastante escasa) la pertenen­
cia a instituciones de poder cuya benevolencia se deseaba
cultivar: nunca faltaban uno o más sacerdotes u obispos-aca­
del Ejército y la
dérnicos", y un par de oficiales superiores
institucio­
Marina, dedicados a la historia de sus respectivas
nombres de las 'le­
nes," con el agregado de algunos grandes
de profe­
tras', corno Leopoldo Lugones, y de representantes
siones liberales varias.
La relación entre las dos instituciones no dejó de tener
la Academia 'demora­
puntos de conflictividad. En ocasiones
ba' la incorporación corno miembros de los investigadores sur­

gidos del Instituto, importante y reconocida que fue­


por más
ra su labor. Esto ocurrió con el propio Ravignani,
recién acep­

tado en la Junta en 1931, o con José Torre Revello, también


48 Daniel Campione
.

incorporado de modo tardío. Otros miembros destacados


del
Instituto nunca fueron admitidos en la
Academia, como Ró­
rnulo D. Carbia o Diego Luis Molinari.
El Instituto tendía a reclamar
para sí una profesionalidad
más rigurosa, una preocupación rnás
'desinteresada' por la
investigación (menos ligada a los poderes
públicos), e inclu­
so la voluntad de incursionar en
algunas cuestiones polémi­
cas, como la de los orígenes del federalismo
argentino y la re­
lación con éste de los caudillos y del
propio Juan Manuel de
Rosas, que constituían la especialidad de su director, Emilio
Ravignani." Algunos de sus máximos animadores, como Ra­
vignani, Molinari o Carbia, mantuvieron un talante algo más
crítico, menos proclive a la deferencia ante el poder que os­
tentaba la Academia. Carbia se atrevió,
incluso, a acoger con
'beneficio de inventario' la herencia de Mitre como historia­
dor, al reconocer su valor como iniciador, sin renunciar a la
crítica de su obra:
"Mitre, unpoco embanderado en el culto del héroe co­
mo lo denuncia hasta el título de sus
libros, no tuvo idea
clara del proceso histórico, ni sacó a su eruditoaparato
todo el provecho que hoy le extraen las disciplinas his­
toriográficas ( ) no es posible desconocer, sin embargo
...

-y tal es el más cumplido elogio que puede hacerse del


biógrafo de Belgrano- que él fue un precursor verdade­
ro, en una hora en que la cultura comenzaba entonces
como a amanecer. ":¿4

Tal toma de distancia no era dable en el territorio de la


Academia, siempre practicante del culto
fundador. a su
De todas maneras, y más allá de
matices, los miembros
de ambas instituciones no
dejaron de hermanarse en un rol
de intelectuales orgánicos de la clase
dominante, en el que
ambas instituciones se reconocían
compartiendo un papel
rector, como en su momento lo expresara el propio Levene
en un discurso de homenaje a su colega Ravignani, fallecido
unos años antes:
"El carácter cíentífico de las investigaciones históricas y
Argentina la escritura de su historia -

49

su desarrollo la
Argentina se relaciona con dos insti­
en

tuciones principales que han patrocinado y promovido la


cultura histórica: la Academia Nacional de la Historia y el
Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de
Filosofía y Letras.""
En ese carácter fueron co-autores de un canon histórico
que luego proyectó sobre el sistema educativo y los do­
se

cumentos oficiales, con una influencia que perdura hasta


nuestros días. Punto culminante de la elaboración de esa

versión canónica fue la redacción y publicación de la Histo­


ria de la Naciári Araentina," bajo la presidencia de Agus­
tín P. Justo (luego continuada en la Historia Araentina
Coruemporánea.i .

Esta fue una obra integral," que constituyó la su.mrna


de la historiografía liberal, y en la que participaron el grueso
de los representantes de esta escuela (Enrique M. Barba,
Ravignani, Levene, Torre Revello, Juan Cánter, Ricardo Cai­
llet-Bois, Enrique de Gandía, Juan Alvarez, Roberto Levillier,
el padre Guillermo Furlong, Carlos Heras, Diego Luis Molina­
ri, José León Pagano, Ricardo Rojas, Mariano de Vedia y Mi­
tre, Ramón J. Cárcano) fueran o no miembros de número de
la Academia. Incluso una figura de la conducción guberna­
mental de la época, el coronel José María Sarobe, tuvo a su
cargo la redacción de una sección de la obra" En efecto, el
Estado nacional se comprometió activamente en la publica­
ción de la Historia dispuso apoyarla por decreto, hizo vo­
...
,

tar una ley con una partida presupuestaria especial para su

publicación. Esto nos habla de la importancia que se le asig­


naba a la escritura de la historia dentro de las tareas de la
clase dominante y el Estado. Sarobe sería poco después in­
corporado como miembro de número, y el propio presidente
Justo aspiró a ser miembro de la Academia (y fue presenta­
do para su admisión, a la que se opusieron con firmeza y éxi­
to algunos académicos de filiación radical, en particular Ri­
cardo Rojas). Evidentemente se avanzaba en la vinculación
de la institución con la dirección del aparato estatal.
50 Daniel Campione
.

Ello formaba parte de toda una política, desplegada du­


rante la presidencia Justo, y continuada por sus sucesores
hasta junio de 1943, de uniformación de la visión histórica ,

en lo que puede caracterizarse corno una ofensiva del


apara­
to del Estado para fijar definitivamente una 'historia oficial'
en un mornento de crisis general del ordenamiento socioeco­

nómico y político, que se proyectaba incluso al plano especí­


fico historiográfico, ya que en esos años despuntaba con
fuerza el revisionismo inicial. A la cerrazón del régimen con­
servador en el presente, se le adosaba una interpretación del
pasado de similar impenetrabilidad frente a innovaciones y
críticas. A esa imposición de una visión oficial se la dotaba de
una cristalización institucional, creando organismos estata­

les o con apoyo oficial, para encargarse de esas tareas. Así se


produjo una suerte de 'segundo ciclo' de fundación de insti­
tuciones estatales dedicadas a la historia, si consideramos
como el primero el del cambio de siglo, en que se originaron

el Archivo Histórico Nacional, el Museo Histórico Nacional y


la Junta de Historia y Numismática. De la presidencia de Jus­
to datan el Archivo Gráfico Nacional, la Comisión Nacional
de Museos, Monumentos y Lugares Históricos (para cuya
presidencia también se designó a Levene) y el Instituto Na­
cional Sanmartiniano. Este fue colocado, desde sus comien­
ZOS, bajo la dirección de las FF.AA. y se convirtió en el bas­
tión de la historiografía militar." La Comisión se dedicó, en­
tre otras actividades a ubicar, y declarar tales, a los sitios y
edificios con valor para la recuperación del pasado nacional.
Emprendió la reconstrucción de la Casa Histórica de Tucu­
rnán, creó el Museo del Cabildo y la Revolución de Mayo y el
Museo Sarmiento. Se tendía a completar así la instauración
de una simbología oficial sobre el pasado nacional." También
del mismo período es la conversión de la Junta de Historia y
Numismática Americana en Academia Nacional, y la realiza­
ción en Buenos Aires del 11 Congreso de Historia Americana
(19:36), que proporcionaba una vidriera internacional a los
académicos locales. Quedaba así completa, en su estructura
Argentina La escritura de su historia' 51

fundamental, un conjunto de 'aparatos históricos del Esta­


do', que llegarán hasta nuestros días, componiendo una fuer­
te intervención estatal en la construcción de la visión sobre el
pasado nacional. Esa estructura administrativa cimentaba, en
su práctica, la defensa de una visión del pasado nacional que

jugaba corno legitimación retrospectiva de las relaciones de


poder del presente, y podía ponerse en movimiento para de­
fender esas operaciones legitimadoras cuando ellas se vieran
amenazadas desde cualquier dirección.
A través de la lectura de la Historia ...
y de las obras im­
portantes de estos autores, percibe la existencia induda­
se

ble de una distancia en el


enfoque entre las elaboraciones
eruditas, de mayor complejidad en el tratamiento, y los tex­
tos destinados a la divulgación o a la enseñanza, directamen­
te orientados a la implantación de una visión apologética de
las 'clases dirigentes'. El esquematismo y la trivialización de
las interpretaciones crecía en los textos destinados a escola­
res, pero la escritura de éstos no era más que un aspecto de
la división del trabajo en una tarea común: los propios prota­
gonistas de la Nueva Escuela, comenzando por Ravignani y
sus adláteres del Instituto", escribieron textos destinados a

la enseñanza secundaria. Hay una indiscutible articulación


entre las diferentes modalidades, niveles y asientos institu­
cionales que los revelan corno partes constitutivas de una
'versión oficial' de fondo único. Menos explícita, sin tanta
carga retórica, la apologética estaba presente incluso en las
obras de mayor pretensión científica. La tarea de construc­
ción de la versión oficial (y estatal) del pasado argentino, tu­
vo una proyección en la rnanualística escolar y en las obras
de divulgación, sobre todo las dirigidas a la juventud. La his­
toria argentina a enseñarse en las escuelas de los diversos
niveles, comenzó a fijarse ya a principios de siglo, y en cier­
to sentido se proyecta hasta nuestros días. El propio Levene,
mentor máximo de la Academia y de la Historia produjo ...

manuales de historia nacional (Lecciones de Historia Ar­


gentina, en dos tornos, cuya primera edición data de 1912 y
52 Daniel Campione
.

cuenta con prólogo de Joaquín V. González) y compilaciones


de documentos aptos para uso escolar.
La historiografía liberalconstituyó, sobre todo en su ver­
sión apta para la enseñanza, la divulgación o actos oficiales,
una historia centrada en la narración, y en la valoración de

los protagonistas, a los que divide entre réprobos y elegidos,


con la 'clase dirigente' pintada siempre con caracteres idíli­

cos y sin grandes discrepancias a su interior. Entre próceres

sólo se reconocían malentendidos y distanciamientos tempo­


rarios, pero siempre aparecían reconciliados a la larga por el
fondo de patriotismo, desinterés personal y nobleza de espí­
ritu que impulsaba las acciones de todos ellos. Así, por sobre
las individualidades, se dibujaba un sujeto colectivo, una eli­
te que guiaba el país, con el bien público y el 'engrandeci­
miento nacional' como objetivo fundamental. Por supuesto
que la gravitación de intereses económicos o de luchas por
el poder entre distintos sectores, quedaba excluida de modo
axiomático. Como contracara, existían los períodos de 'oscu­
ridad' en que el país había sido gobernado por 'tiranos' (por
definición Rosas, y después de 1955, Perón) o se sumió en la
'anarquía', lapsos estigmatizados por una condena global que
les adjudicaba el monopolio de las 'luchas de facciones', las
'ambiciones personales desenfrenadas', y todos los disvalo­
res posibles, con el efecto buscado de dar brillo a los perío­

dos 'normales', en los que todo se subsume en la búsqueda


insobornable de la 'grandeza de la patria'. En cuanto a las
clases subalternas, su papel es invariablemente de acompa­
ñamiento, casi de comparsa. Serán 'pueblo' pintado con no­
bles caracteres compatibles con su humildad y su dejarse
conducir, cuando actúan del lado de los 'próceres'. O 'popu­
lacho' bárbaro e irracional cuando aparecen asociadas a la
'anarquía' o apoyando a 'demagogos'. En algunos casos es­
peciales, el culto a las individualidades destacadas se pro­
yectará sobre algún personaje de extracción social subalter­
na, incorporándose al panteón alguna que otra figura emble­
mática de los 'hombres pequeños', leales y patriotas pese a
Argentina La escritura de su historia -

53

su baja condición, desde la que se elevan a través de un ac­


to heroico, al estilo del Sargento Cabral."
Una característica lateral, pero no irrelevante, de toda
esta historiografía, era su tendencia al distanciamiento tem­

poral, a sólo ocuparse de períodos vividos por generaciones


pasadas y no por las contemporáneas al historiador. De he­
cho se dedicaba atención preferente al período colonial y a
los años de la emancipación, con prolongaciones que solían
no ir mas allá del período inicial de la llamada 'organización

nacional'. La Historia de la Nación Araentina culminaba


en 1862, es decir en el momento que, con la victoria de Mi­

tre en Pavón, se produce la unificación del país bajo predo­


minio de Buenos Aires, y que el volumen dedicado al perío­
do de Rosas fuera postergado por años, en razón de lo 'con­
flictivo' del período. Sólo en los años '60 haría aparición la
continuación, que a su vez se detiene en 1930.
Solía invocarse como justificación al respecto el prurito
del necesario 'aquietamiento de las pasiones', vehículo de
una toma de distancia necesaria para el estudio y la reflexión
'objetiva', a la hora de justificar la reticencia a ocuparse del
pasado reciente. Lo cierto es que la mitificación de ese pasa­
do lejano era prima facie más sencilla, los testigos directos
ya estaban muertos, las posibles impugnaciones eran menos
acuciantes, y posiblemente se buscara precisamente ese
efecto. Otras veces, el corte tenía el propósito claro de elu­
dir el debate sobre etapas 'turbulentas': al menos hasta los
primeros años '70 los programas de la escuela secundaria se
interrumpían bruscamente el 4 de junio de 194:3.'¡:¡
Como efecto de este manejo temporal, la gran mayoría
de las obras historiográficas versaban sobre períodos no pos­
teriores a los años '60 del siglo XIX, lo que paradójicamente
afectó también a los autores de intención crítica, ya que el re­
visionismo apuntó luego a los mismos lapsos históricos. La
época que va de los últimos años del mil ochocientos y más
aun la del siglo XX tendía a quedar en manos de memorialis­

tas y biógrafos, desdeñada en cuanto a su dignidad 'histórica'.


54 Daniel Campione
-

Sin duda fue Ricardo Levene el que dio asiento definiti­


vo a esta escuela, desde una potente y diversificada inser­

ción institucional, que abarcaba la Facultad de Derecho de


Buenos Aires, la de Humanidades de La Plata, la Comisión
Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos y el
Archivo Histórico de la Provincia. Fue quizás el exponente
rnáximo de la historiografía liberal. q Su obra de mayor alien­
to, el Ensauo historico sobre la Reuolucion. de Mayo y
Mariano Moreno, cuya prirnera edición data de la década
de los '20, constituyó el complemento de la obra de Mitre en
cuanto al establecimiento del canon de interpretación del
período de la Independencia, y entronizar a la tercera figura
entre los próceres de 'los albores de la nacionalidad'. Allí pin­
ta a un secretario de la Junta ajeno a
propensiones jacobinas
(Levene batalló durante años en procura de demostrar el ca­
rácter apócrifo del Plan de Operaciones, por ejemplo en
Nuevas comprobaciones sobre la apocricidad del Plan
atribuido a Mariano Moreno, contra historiadores de va­
riadas tendencias que sostenían su autenticidad)" casi como
un pacífico jurista pensando en el
andamiaje del nuevo esta­
do independiente. Otras obras importantes del autor son La
anarquia de 1820 y la iniciacion de la vida publica de
Rosas, la Historia de las 'ideas sociales araentinas, In­
vestigaciones acerca de la historia economica del vi­
rreinato del Plata, Introducción a la historia del dere­
cho indiano, Introducción a la historia del derecho
pa­
trio, además de las Lecciones de Historia Argentina, obra
orientada a la enseñanza, claramente inspirada en la similar
francesa de Benjamín Lavisse y una monumental Historia
del Derecho A roentino, en once volúmenes. Fue asimismo el
autor de la tesis de que 'las Indias no eran colonias'
(un libro
dedicado a defender esa tesis, titulado justamente Las In­
dias TW eran, colonias, fue publicado en 1951) sino territo­
rios incorporados de forma directa y plena a la Corona espa­
ñola, constitutiva de un intento de releer (desde un pretendi­
do basamento jurídico) todo el sentido de la historia colonial,
Argentina la escritura de su historia -

55

contribuyendo a la llamada 'leyenda rosa' de una dominación


española tolerante, guiada por la voluntad civilizadora y
evangelizadora y no por el ansia de riquezas. También dedi­
có atención al trabajo historiográfico de Mitre, con Los estu­
dios históricos de la juventud de Mitre y LOA') ideas his­
tóricas de Mitre. En cuanto a su enfoque personal de la his­
toria, lo que quizás más destaca es un perfil de abogado-his­
toriador, que pretende interpretar la historia a través del de­
recho, exacerbando así la tendencia a visualizar el conjunto
del proceso histórico desde el punto de vista de las clases
dominantes y del aparato estatal, productores de las normas

jurídicas. También se caracterizó por su empeño en 'mellar


el filo' de situaciones de conflicto o de ideas radicales, como
en su tratamiento de la entrevista de Guayaquil, incluido en
la Historia de la Academia y en su
...
trabajo El Genio Poli­
tico de San Martín, o en el ya mencionado contra la aut.en­
ticidad del Plan de Moreno." Levene presidió la Academia
por un total de casi treinta años, siendo que entre 1934 y
1959, año de su muerte, fue presidente en forma casi ininte­
rrumpida (salvo el par de años que duró la intervención dis­
puesta durante la segunda presidencia de Perón).
La Academia Nacional de la Historia, sería el núcleo ma­
yor de la historiografía erudita. Entidad apoyada por los po­
deres públicos, encargada desde el Estado de prestar las ba­
ses para la articulación del pasado y el presente, con la his­

toria como 'convidada de honor a la constitución de la argen­


tinidad'. Esa 'historiografía oficial' sufrió la contestación revi­
sionista desde los años '30 sinperder espacio académico, lo­
gró que parte de sus integrantes alcanzaran posiciones ven­
tajosas durante el peronismo (algunos previo vuelco al revi­
sionismo, corno Diego Luis Molinari, otros sin necesidad de
ello, como José Torre Revello), y volvió con fuerza a ocupar
el espacio central después de 1955. La aparición de la escue­
la renovadora, llamada 'nueva historia' o 'historia social', a
partir de ese entonces, no implicó que la historiografía tradi­
cional perdiera su posición frente a los poderes públicos, el
56 Daniel Campione
.

dominio de la mayoría de las cátedras


universitarias, y un
amplio entramado de relaciones internacionales." A partir
de 1966 los períodos de reacción
política volverían a entro­
nizarlos una y otra vez en los lugares de
predominio,
recién y
de 198;3 adelante ese panorama cambiaría.
en

A partir de esta última


fecha, con una clase dominante
que ya podía permitirse la existencia de la democracia
repre­
sentativa y el 'pluralismo' ideológico después de la
masacre
dictatorial y la derrota de los proyectos
transformadores, las
nuevas corrientes modernizadoras le
arrebatan el predomi­
nio en el ámbito académico y frente al
aparato estatal. Se ini­
cia así un período de
repliegue que dista de ser total y que
conjuga elementos de recomposición y re-agrupamiento. Así
lo muestra, por ejemplo, el reciente lanzamiento
de una nue­
va versión de la Historia de la Nación
Argentina (de la
que ya se han publicado ocho volúmenes):", y ciertos
'puen­
tes de plata' tendidos a la corriente
hegemónica en la univer­
sidad sobre todo por vía de su
incorporación a los escaños
académicos, o su inclusión como autores en los últimos cm­
prendimientos editoriales.

NOTAS
I
Argentina fue pi primer país latinoamericano donde
se produce el proceso
dc proíesionalízación de los
historiadores, bastante antes que en México y
Brasil, d. Carlos A Aguirre Rojas, Pensamiento historioqrtifico e historio­
qrafia riel siqlo XX, Prohistoria-Suárez, Rosario, 2000, pp. í5 y siguientes.
:
Esa el< lb !e centralidad de la 'autoridad'
historiográfica (Universidad y Aca­
dernia) C()!lS ti tu iría una peculiaridad argentina, a diferencia de
Europa, con
predominio completo de las
universidades, y de otros países de Sudamérica
donde la autoridad máxima son las respectivas academias nacionales. cf. Fer­
liando J. Devoto, "La enseñanza de la historia argentina y americana. Nivel
superior y universitario: dos estudios de casos", en Academia Nacional de la
Historia, L(1 Junta de Historia Numis'mática Americana .y el Mouimien­
toHistorioanifico en la Arqentina (1893-1938), t.omo I1, 1996, p. :390.

--_ ..
--
_--.
'.
Argentina la escritura de su historia -

57

l
CL José Carlos Chiararnonte, entrevista en Javier Trímboli y Roy Hora,
Pensar la Araentina. Los historiadores hablan de historia y política,
El Cielo por Asalto, 1994, p. 150.: "La prioridad del historiador-gentleman,
del historiador de familia principal, desaparece, y surgen historiadores de
apellidos extraños, corno Ravignaru, Molinari o Levene, todos de origen in­
migrante." En realidad, la 'prof'esionalización' abarcó a intelectuales en ge­
neral. David Viñas ubica el surgimiento de la Nueva Escuela Histórica, den­
tro de UII proceso general de profesionalización de escritores (' intelectua­
les, en ligazón directa con el origen inmigratorio, de clase media, de muchos
de ellos. Menciona en ese sentido a Roberto F. Giusti y la fundación de No­
sotros, 1907, ya Alberto Gerchunoff Cf. D. Viñas, Literatura araenti­
en

na 1I realidad politico.. Vol. 2. CEAL, 1994, p. 23l.


1
cf. E. de Gandía, "La Academia Nacional de la Historia. Breve Noticia His­
tórica" en A. N. de la Historia. Historia de la Nación Argentina, 2da. edi­

ción, H):39, pp. 99-100.


r,
cf. E. de Gandía, arto cit. p. 139
"

Carbia da corno 'grupo primitivo' al de la antigua Sección de Historia, y lue­


go menciona, junt.o Filosofía y Letras de la LIBA, a la Facultad de Hu­
con

manidades de La Plata y al Instituto Nacional del Profesorado como 'centros


de irradiación' de la corriente. Rórnulo D. Carbia, Historia crítica de la
Historioqrafia Arqentina (desde sus orígenes en el siglo XVI), Edición
definitiva, Buenos Aires, Coni, 1940. pp. 154-165.
7
Rómulo D. Carbia, Ibidern.
"
La denominación la creó Juan Agustín García, englobando en la escuela a
Diego Luis Molinari, Ricardo Levene, Enrique Ruiz Guiñazú, Luis M. Torres,
Emilio Ravignani y Rómulo Carbia. CL Nora Pagano y Miguel Angel Galan­
te, "La nueva escuela histórica: aproximación institucional del Centena­
una

rio a la Década del 40". En Fernando J. Devoto (editor), La historiografía


araentina en el siglo XX (1) CEAL, 1993 .

.
,
Gravitaba sobre la 'nueva escuela' la concepción que Le Goff caracteriza
"

como un ideal erudito positivista que eludía las ideas y excluía de la his­
...

toria la búsqueda de las causas". Jacques Le Goff', Pensar la historia, Mo­


dernidad, presente, progreso. Paidós, 10 reimpresión, 1997, p. 12:3, ha­
ciendo referencia la
'degeneración' del hístoricisrno erudit.o alemán. Sobre
a

la 'nueva escuela' influían tanto los grandes aut.ores alemanes (en primer lu­
gar el manual de método de Bernheim, tit.ulado Lehrbuch. der historischen.
Methode, del año 1889) corno sus seguidores franceses, Langlois y Seigno­
bos (autores de Introduction. au 1; etudes historiques de 1898). La expre­
..

sión que aquí usarnos (historía-acontecímient.o), deriva en realidad del tér­


mino que utilizaron Bloch, Fevbre y sus sucesores, para criticar a sus prede­
cesores en la historiografía francesa (histoire eoenementielle), El libro de
58 Daniel Campione
-

Bemheim codificaba las técnicas de heurística y hermenéutica, en lo que no



serían otra cosa que preceptos, con ordenación de cánones, de lo que
...

Ranke realizara por propia iniciativa". Cf. R D. Carbia, op. cit. p. 78. Al mis­
mo ideal historiográfico hace alusión E. H. Can: "Cuando Ranke, en el cuar­

to decenio del siglo (el XIX, N. del A) ...


apuntaba que la tarea del histo­
riador era 'sólo mostrar lo que realmente aconteció' eiaenüicti ge­ (Wie es

u.esen y, este profundo aforismo tuvo un éxito asombroso. Tres ge­


no muy
neraciones de historiadores alemanes, británicos e incluso franceses, se lan­
zaron al combate entonando la fórmula mágica 'Wie es eiqenüicli
gewe­
sen' a modo de conjuro, encaminada, como casi todos los conjuros, a aho­
rrarles la cansada obligación de pensar por su cuenta." E. H. Carr, ¿Q'II,é es
la h.istoriar, México, Planeta, 1985, pp, 11-12.
IIJ
No es historiografía académica local no tuviera conocimiento y con­
que la
tacto con las tendencias avanzadas de la historiografía europea, Como seña­
la Diana Quattrocchi Woisson, un representante tan eminente de la renova­
ción historie igráfica como Lucien Febvre dio conferencia.') en la Universidad
de Buenos Aires durante los años '30, pero parece no haber dejado 'ningu­
na secuela en los historiadores argentinos'. cf. O, Quattrocchi
Woisson, "EI
revisionismo de los años 20 y :30, Rosistas y revisionistas: ¿los rivales de la
historia académica?" en Academia Nacional de la Historia, op. cit., Buenos
Aires, 1995, p. :309.
11
Véase al respecto, entre otros textos de parecida orientación, el ensa­
yo de Febvre "De 1892 a 19:n, Examen de conciencia de una historia y

de un historiador." En L, Fevbre, Combates por la historia, Altaya,


1999, En todo caso, es la prolongación de la vigencia del paradigma eru­
dito décadas después, cuando nuevas escuelas historiográficas lo habían
reemplazado, lo que hizo a la otrora 'Nueva Escuela' una rémora del pa­
sado, además de una contribución a la legitimación del dominio de clase,
como lo fue siempre, y no podía ser de otra manera en una escuela his­

toriográfica 'oficial',
1"
Siguió habiendo, por mucho tiempo, hombres de las familias tradiciona­
les que realizaban su tarea de historiadores en los intersticios que les deja­
ba la actividad política, la función pública o la diplomacia, como los Carca­
no padre e hijo, Carlos A Pueyrredón, Benjamín Villegas Basavilbaso y
otros, pero ya eran un componente secundario dentro de la 'comunidad de
historiadores', regida por los profesionales,
11
Ricardo Levene, La cultura histórica, y el serüimiento de la naciona­
lidad, ColecciónAustral, Espasa Calpe, 2° edición, 1946, p. 23, El pasaie
reproducido aquí forma parte del discurso titulado "La unidad histórica
argentina" pronunciado en la ANH, en marzo de 1942, En otro discurso de
la misma época, Levene definía la 'cultura histórica' como factor de cohe­
sión nacional ,
más aún ,
como componente importante del lazo social: "Es
Argentina La escritura de su historia· 59

que la cultura histórica, como se sabe, es vertebral en las sociedades actua­


les. Su crisis es una de las causas delquebrantamiento de la coexistencia or­
ganizada humana. Cuando se intensifica ese saber por el estudio sereno de
los grandes hechos y sus grandes hombres, el espíritu culto siente en sí la
continuidad de la historia, surgen nuevas relaciones y se estrechan los vín­
culos del el presente, acrecentándose los bienes morales de la
pasado con

humanidad." "El Americarusrno de San Martín y Bolívar." Discurso pronun­


ciado el 27 de abril de 1940, incluido en Idem. p. 24.
11
El primer libro que editó la Junta fue el Viaje al Río de la Plata, de Ul­
rico Schmidel, con un estudio preliminar escrito por el propio Mitre. cf. E.
de Ganclía, art, cit., p. 100. Posteriormente, dedicó esfuerzos a realizar edi­
ciones facsimilares de periódicos editados en el Virreinato del Río de la Pla­
ta y los primeros años de vicia
independient.e. Telégrafo Mercantil, Serna­
nario de Aqricultura, Industria y
Comercio, Gaceta de Buenos Aires,
dirigido por Mariano Moreno, y Argos, el periódico oficial de la época riva­
daviana, fueron, entre otros, publicados por la Junta.
1'.
UIl ejemplo de est.a concepción, lo proporciona Eruique De Gandía, un

destacado representante de la Nueva Escuela: "Hoy, ant.es de disertar sobre


un hecho histórico, se trata de exhumar todos los documentos relacionados

con ese mismo hecho. La historia, como dijeron Langlois y


Seignobos, no
puede ser objeto de las meditaciones de los pensadores carentes de erudi­
ción ( )Las investigaciones exhaustivas no excluyen la belleza del est.ilo y
...

tampoco, cuando son completas, las atinadas reflexiones, que por lo gene­
ral hállanse en los mismos documentos." E. De Gandía, op. cit. p. 11. Nóte­
se que la reflexión, situada en un lugar subordinado, también es tomada co­

mo una 'emanación' de las piezas documentales. Carr caracteriza con eficaz

ironía el origen y modo de operar de historiadores con estas convicciones:


"El fetichismo decimonónico de los hechos venía completado y just.ificado
por un fetichismo de los documentos. Los documentos eran, en el templo
de los hechos, el Arca de la Alianza. El historiador devot.o llegaba ante ellos
con la frente humillada y hablaba de ellos en tono reverente. Si los docu­
mentes lo dicen, será verdad." E. H. Carr, op. cít, pp. 21-22.
lO.
Halperín explica así la actitud de los historiadores de pretendida 'objeti­
vidad' frente las interpretaciones dictadas por el poder: "La facilidad con
a

que, de edición en edición, tal estudioso de la Nueva Escuela va cambian­


do el sentido general de un proceso por él estudiado según cambian las
simpatías ret.rospectivas de los poderosos del momento puede sin duda in­
dignar. Pero al autor no le habrán sin duda costado demasiado tales con­
cesiones, para él sin importancia, a los caprichos del tiempo. Más que esa
pasajera espuma le importa la firme roca sobre la cual ha edificado: la tupi­
da contextura de las notas a pie de página." ("La historiografía argentina en
la hora de la libertad". En T. Halperín Donghi, Argentina en. el callcjon.,
60 Daniel Campione
-

Edición definitiva, Ariel, 1995, p. 20.) Falta en esta explicación, a nuestro


juicio, el señalar que la despreocupación de los historiadores de la Nueva
Escuela por lo que significara interpretación o disquisición teórica, se inte­
graba estrechamente a su papel de oficiantes del culto retrospectivo a la cla­
sedominante y al Estado-nación por ella fundado. Como marcamos en otro
pasaje, cuando abandonan el talante erudito para pasar al texto escolar o al
artículo periodístico, queda claro que no necesitan otros criterios interpre­
tativos que los construidos desde fines del siglo XIX para instaurar el culto
a los héroes y proyectar retrospectivamente la existencia de la 'argentini­
dad', con los que coinciden por completo. Definido ese eje, su ocupación es
la supuesta 'reconstrucción objetiva de los hechos', con ligeros acomoda­
mientos a los deseos de unos dueños del poder.
I�
Quizás la diferencia más importante se da en tomo de la valoración de los
caudillos y del federalismo del interior en general, en relación con el proce­
so de organización nacional. Afirma Pablo Buchbinder en un trabajo dedica­

do a Ravignaní: "Rastreó estos orígenes no en el seno de la intelectualidad


porteña sinola acción y el pensamiento de los caudillos y las masas del
en

interior. Sus trabajos giran ent.onces en torno a la concepción de un federa­


lismo que es asumido por los caudillos como bandera indeclinable y es legi­
timado mediante el respaldo popular." (P. Buchbinder, "Emilio Ravignani: La
historia, la nación y las provincias" en Fernando Devoto (editor) op. cit. p.
96). Esta visión, con un fondo reivindicador de los caudillos y las masas po­
pulares, chocaba con la de Levene, mucho más ajustado a la línea de prosa­
pia mitrista de ubicar a los 'grandes próceres' como fundadores del Estado
nacional, junt.o a una evaluación globalmente negativa del papel de los jefes
federales, como obstáculos y no promotores de la organización institucional.
1M
Cf. T.
Halperín Donghi, "Un cuarto de siglo de historiografía argentina
(1960-1985)", en Desarrollo Económico vol 25, N° 100.25° Aniversario.
Enero-marzo 1986. p. 49l.
1"
Aurora junto con Noemí Girbal-Blacha ha sido la historiadora
Ravina, que
'institucional' de laAcademia, remarca el rol de la Junta (después Acade­
mia) como agente institucional de la legitimación, en tanto que represen­
tante de la cultura histórica de la elite, y conformada ella misma por miern­
hros de la 'clase dirigente'. Cf. Aurora Ravina, "Historia, crisis e identidad
nacional (La respuesta de una institución cultural argentina, 1938-1943".
Monografía presentada al III Simposio Panamericano de Historia. IPGH- Ins­
titulo Panamericano de Geografía e Historia. México, D.F., 25 al 30 de se­
t.iembre de 1995, p. 3 .

p. 21.
�"
cf. Aurora Ravina, ídem anterior,
"1
Algunos de sacerdotes-académicos fueron realmente historiadores,
estos
de vasta producción; corno el Padre Guillermo Furlong, pero a posteriori,
la Academia se inclinó por figuras encumbradas de la jerarquía eclesiástica

//---
/
Argentina la escritura de su historia -

61

sin dedicación específica a la historia, de lo que el ejemplo máximo fue el ar­

zobispo de Buenos Aires y cardenal Antonio Caggiano.


ce "

Explica Noerní Girbal-Blacha: .la estrecha relación que siempre había


..

existido entre la Junta y el ejercicio del poder politico a través de sus miern­
bros, en el decenio de 1930 hacía más próxima, o por lo menos su discur­
se

so y su comportamiento adquirían los rasgos de una marcada identidad ofi­


cial. La transformación de la Junta Academia Nacional de la Historia con­
en

filmaba esta relación, cuando la legitimación politica a través de la historia


quedaba definida y expuesta por Ricardo Levene. (. ) Conectada con el po­ ..

der politico desde sus orígenes fundacionales, la Junta participó en la aper­


tura intelectual de los años '20 y acentuó durante los ':30 su perfil nacional,
hasta convertirse en 'tribunal de la verdad histórica' y
gestora de la historia
oficial. Así lo advertían sus miembros y lo aceptaba el gobierno." Noenú Gir­
bal-Blacha, "II. Su tránsito hacia la conversión
en Academia Nacional de la

Historia" en La Academia Nacional de la Historia en. su Centenario


(1893-1993), Buenos Aires, 1999, pp. 40-41. Est.a opinión tiene el valor es­
pecífico de estar inserta en una producción 'oficial' de la Academia, y pro­
venir de un miembro de la institución. Sólo cabría agregar que el poder po­
lítico no sólo 'aceptaba' sino que promovía activamente el reforzamiento de
una visión histórica que preservaba al orden social
y político existente de
impugnaciones que iban in crescendo desde varias direcciones, pues tal co­
mo también afirma la autora: "Desde mediados del decenio de 1930 contar
con una historia oficial para mantener viva la memoria de la sociedad argen­
tina era, sin duda, una cuestión de Estado." (Ibídem, p. 41.) Una clase do­
minante menos segura de su predominio económico, y sin capacidad para
generar una fórmula política de eficacia similar a la del 'orden conservador'
en su mejor momento, estaba dispuesta hacer concesiones a la li­
menos a

bertad intelectual y la diversidad de opiniones. El talante de la Academia se


adecuó a este nuevo estado de cosas, que en definitiva favorecía su mono­
polio del 'juicio histórico'.
el
En
1945, Ravignani publicaría un libro en tomo a la figura de Rosas, In­
ferencias sobre Juan Manuel de Rosas y otros ensayos, Huarpes, 1945.
Allí realizabauna reivindicación parcial de su gobierno, al que calificaba de

"constructivo", además de destacar que "supo fomentar el sentimiento na­


cional e imponer el federalismo". Cf. Idem, pp. 78 a 80.
e'
Romulo D. Carbia, op. cit. pp 153-154. Cabe señalar que el autor partía de
la existencia de diferencias importantes entre el precursor y sus continua­
dores: "Las diferencias que se advierten entre el respetable precursor y los
que integran el grupo nombrado, se concretan, precisamente, en el crit.erio
de la valoración de fuent.es, en el ejercicio de la crítica y en el concepto se­
rial que comprende todos los postulados de la universalidad del fenómeno
histórico." (Idem, p. 153)
62 Daniel Campione
-

5,
R. Levene, "Homenaje al Dr. Emilio Ravígnaní" en Boletín de la Acade­
mia Nacional de la Historia, vol. XXIX, 1958, p. 5:3.
�I;
La iniciativa de publicar la obra fue formalizada y oficializada en 1934,
también durante la presidencia de Justo (y con Levene ya presidiendo la
Junta), mediante un decreto presidencial y la solicitud de un crédito ex­
traordinario al Congreso para su publicación, la de un resumen en dos volú­
menes a la enseñanza, y de un Atlas histórico .IJ
destinado geográfico, el
que fue aprobado por Ley N° 12.114 (estas dos últimas publicaciones nun­
ca se hicieron). La referida ley fue debatida y aprobada por la Cámara de Di­

putados, en las sesiones del26 y 27 de septiembre de 19:34. El principal ora­


dor fue América Ghioldi, riel socialismo, que se expidió por el voto favora­
ble, pero formuló advertencias sobre la orientación de la obra, como por
ejemplo: "Deseamos que no sea una historia de las tantas conocidas, que só­
lo conoce la trayectoria de los regueros de pólvora que ha habido en el pa­
sado, sino que sea una historia capaz de conocer y ele reconocer los funda­
ment.os técnicos y económicos de la misma, que hasta. ahora son desconoci­
dos o disimulados en los tratados oficiales" y más adelante "Espero que no
han de ocultarse más las relaciones sociales de los distintos grupos
una vez

y de las diversas clases que actuaron en el pasado argentino; en una pala­


bra, espero que no nos engañemos una vez más con la vieja ideología de atri­
buirlo todo alas doctrinas, ignorando que las más de las veces son los pro­
cesos materiales y económicos los que determinan las instituciones". (Re­
producido en Academia Nacional de la Historia, Historia de la Nación
Arqentirui, 2° ed. u.n9, t 1 p 84.) Estas salvedades de tinte 'materialista'
.

fueron rechazadas en el debat.e por algunos legisladores oficialistas, entre


ellos Miguel Angel Cárcano, que no toleraban ninguna reticencia sobre la la­
bor a emprender. Ricardo Levene, presidente de la Junta en ese periodo, fue
designado director general de la obra.
;,
La Historia de fa NacioriArqentina fue publicada en catorce volúme­
nes, entre 19:36 y 1950, siempre bajo la dirección de Ricardo Levene. La
Historia A rqcnt.irui Contemporánea fue posterior a la muerte de aquél, y
se publicó con la Academia dirigida por Ricardo Zorraquín Becú, entre 1963

y 1 9G7. Abarcó otros siete volúmenes. El inicio de la publicación fue saluda­


do por el establishment académico y cultural. Vale como ejemplo el co­
nuenzo de la nota edit.orial de &'1, Nación, 1 de noviembre de 1936: "La Jun­
°

ta de Historia y Nurnismátíca Americana ha publicado el tomo primero de la


Historia de la Naciári A raentina. Señalamos el advenimiento para inscri­
birlo en, los diasfastos de nuestra floreciente cultura (subrayado nuestro)
y subrayarnos este vocablo, pues viene henchido de significaciones." (Repro­
ducido en Academia Nacional de la Historia, Historia de la Nación Ar­
gentina, edición citada, t. I, p. 44)
:!>'
El general Sarobe escribe una de las secciones del volumen 7 de la Historia ...
,
Argentina la escritura de su historia -

63

el titulado "Rosas y su época", editado en 1 951. Se titula "Campaña de Caseros.


Antecedentes con referencia a la política interna y externa.", pp. 517 a 562.

;"
También en esos años se creó el Instituto Sanmartiniano, luego nacionali­
zado comoInstituto Nacional Sanmartiniano, a instancias de José Pacífico
Otero, especialista en la historia de San Martín. CL C. A. Guzmán, "José Pa­
cífico Otero", pp, 153-155, en Academia Argentina de la Historia, Historia­
dores Arqentimos, Ciudad Argentina, 2000.
ru
Cf. A. Cattaruzza, "Descifrando pasados: debates y representaciones de la
historia nacional." En Alejandro Cattaruzza (dir.) Crisis ecorurm.ica, avan­
ce del Estado e incertidumorc política (1930-1943), tomo VII de Nue­
va Historia Araentina, p. 466.
11
Las figuras más destacadas de la entonces Sección de Historia de 13 Fa­
cultad de Filosofía y Letras, de la UBA, fueron autores de un libro de texto.
Se trata de Rómulo Carbia, Emilio Ravígnani, Diego Luis Molinari y Luis Ma­
ría Torres, Manual de Historia de la Civilización Argentina, Biblioteca
de la Asociación Nacional del Profesorado, 1917.
le
El sargento Cabral ocupa un lugar desmesurado en el imaginario históri­
co, expresado en una de las canciones patrióticas más frecuentadas, el nom­
bre de institutos militares, nombre de calles, plazas y escuelas de todo el
país. Sin embargo su aparición en la historia (como la de otro personaje de
la Independencia, el negro Falucho), es el heroísmo de un instante, que lo
saca del anonimato impuesto por su condición subalterna. En Cabral el me­
canismo raya la perfección, porque su actuación está dada por la salvación
del héroe principal, constituyéndose en vehículo para que éste pueda llevar
a cabo su misión, encontrando la muerte en ese acto heroico. El hombre co­

mún se convierte en prócer sólo por su servicio al 'hombre superior', y en el


plano militar se constituye en modelo a imitar del suboficial subordinado a
su jefe hasta el límite de dar la vida
por él, epítome de la disciplina y el es­
píritu de sacrificio (de ahí que el Sargento Cabral se convierta en el alter ego
eterno de toda la suboficialidad, a cuyo escuela de formación da el nombre).
La entronización de la figura del negro Falucho, extraída de un relato de Mi­
tre, fue producto del consciente propósito de incorporar soldados rasos al
'panteón' de próceres, lo que derivó en un debate parlamentario sobre la
construcción de un monumento en su homenaje (algunos proponían como
alternativa los 'sargentos de Tambo Nuevo', otros Wl recordatorio colectivo
alos anónimos infantes negros que habían luchado en las guerras de la In­
dependencia), que finalmente llevó a la inauguración del monumento en el
año 1897. (cf. Lilia A. Bertoni. Patriotas, cosmopolitas y nacionalistas.
La, construcción de la nacionalidad argentina a fines del siglo XIX,
FCE, 2001, pp. 289 y ss.) La exaltación del soldado de extracción popular,
puede relacionarse con el propósito de basar al Ejército en la conscripción
obligatoria, que se concretaría pocos año� después.
64 -

Daniel Campione

::
Puede constarse la existencia de este 'corte' en múltiples ediciones de los
manuales firmados por José C. Ibáñez, para las asignaturas Historia Argen­
tina e Historia de las Instituciones argentinas.

Hay quien lo señala como continuador del propio Mitre (Miguel Angel
:1

Scenna, Los que escribieron. nuestra historia. Ediciones La Bastilla ,

1!J76, pp. 1 !)O y ss).


t.,
Levene no vaciló en trabarse en polémica, él propósito de la autenticidad
del Plan, incluso con un destacado miembro de la Academia (aunque con
opiniones heterodoxas sobre el proceso revolucionario de Mayo) como En­
rique de Gancha, que sostenía su autenticidad con amplios argumentos. Era
claro que Levene no podía aceptar que se pusiera en duda la moderación
de 'su' prócer.
Woisson, "Histeria y contrahistoria en la Argentina
",
Diana Quattrocchi de
1 U16-HnO" en Cuadernos de Historia Reqional; N° 9, Buenos Aires,
1987, p. :38.

"El balance sumario de las redes inst.itucionales (. ) no deja de remarcar


"
..

en cuan gran medida también los historiadores eruditos disponían


externa­

mente de una sólida cadena de corresponsales y ello les permitía aparecer


como una de las cabezas visibles de la historiografía profesional argentina.
De este modo, cualesquiera fueran las deblidades o los arcaísmos historio­
los
gráficos, la 'nueva escuela' histórica conseguía ante los poderes publicos,
historiadores buena parte de las instit.uciones externas, conver­
menores o
"Los
tirse en el verdadero poseedor del saber legítimo." (Fernando Devoto.
Letras entre dos crisis ins­
estudios historicos en la Facultad de Filosofía y
titucionales (1!J55-1966), en F Devoto (cornp.) op, cit. p. 59.

En la misma linea pueden inscribirse los dos tomos, de suntuosa presen­


'M

Junta de Historia y Numis­


tación, editados con motivo del centenario de la
mática Americana, a lo largo de los años 1995 y 1996. El agradecimiento en

las primeras páginas al entonces Jefe de Gabinete, Jorge Rodríguez, deja


en

con minuciosidad
claro el auspicio oficial a la publicación, que reconstruye
la trayectoria de la institución antecesora de la Academia.
Argentina la escritura de su historia -

65

IV

El revisionismo histórico

Mientras el paradigma de Argentina corno sociedad en


sostenida marcha de progreso, 'granero del mundo', 'el país
más culto y europeo de América Latina', en un contexto
mundial al que se veía marchando hacia el liberalismo eco­
nómico y político, resultó altamente verosímil, la historiogra­
fía liberal reinó en forma
indisputada en nuestro país, en
I

tanto brindaba legitimidad retrospectiva a esa imagen, y da­


ba basamento a una visión globalmente optimista del 'desti­
no nacional' del país. No faltaron las
expresiones críticas an­
teriores, que contenían un rechazo global del proceso de mo­
dernización en curso, pero lo hacían más en nombre de una
reivindicación 'espiritualista' frente al materialismo y la mer­
cantilización al uso, que por medio de un ataque a los funda­
mentos económicos y políticos del modelo, y t.odavía no de­
finían una visión historiográfica alternativa. Un ejemplo tem­
prano de ese tipo es el ensayo de Manuel Gálvez, El diario
de Gabriel Quiroga subtitulado Opiniones de la vida ar­

ge'ntina,cuya edición original es de 1909. Allí, al mismo


tiempo que se afirma
"Hemos abandonado aquéllos ideales nacionalistas, que
fueron el más noble ornamento del puehlo argentino, pa­
ra preocupamos tan sólo de acrecentar nuestra
riqueza
y acelerar el progreso del país. ( ) Hasta
...
hace pocos
años el país era pobre, carecía de fuerza y de prestigio,
tenía escasa población, los extranjeros no pensaban en
este rincón de Sudamérica y vivíamos en continuas revo­
luciones y guerras. Pero entonces, en cambio, había un
66 Daniel Campione
-

espíritu nacional, el patriotismo exaltaba a nuestros sol­


":':
dados y a nuestros escritores ...

Se exalta, junto a José Hernández, a Mitre, López y Sar­


miento "espíritus románticos que sentían el alma de la
como

raza y la expresaban en sus escritos y en sus hechos"." Se

evidencia así que el rechazo por los 'próceres del liberalismo'


no era siquiera insinuado por la principal figura de lo que

luego se llamaría 'el primer nacionalismo' argentino.


Tulio Halperín Donghi caracteriza así la secuencia que va
del éxito a la crisis de una visión histórica que, en última ins­
tancia, remite a Mitre:
"
.. .la visión historiográfica de la Argentina la que
es

creó Mitre ) cuando los revisionistas se


( ... dedicaron a
hacerle la guerra sobre todo a él, fueron bastante clarivi­
dentes. Lo que había ahí era una visión de destino maní­
fiesta, parecido al norteamericano: un país que había na­
cido para crecer sobre unalínea que lo haría un país mo­
derno, occidental, de economía avanzada y de desarrollo
político que maduraría en la forma más alta inventada
por la humanidad para organizarse políticamente, que
era la república democrática." ( ) "Mientras la Argenti­ ...

na iba por esa línea era obvio que esta imagen era una

que todo el mundo le encantaba reconocer, pero desde


a

el momento en que se descubrió que había tropezado


con una piedra en el
camino, luego que no era una pie­
dra sino que se había cerrado el camino, todo eso llevó a
una conclusión de fracaso."

El ascenso al
gobierno de la Unión Cívica Radical en
1916, no modificó de
manera significativa la visión que el or­

den oligárquico había construido del país, tanto sobre el pre­


sente, como hacia el pasado y el porvenir. Las disidencias,
que las había, sobre la valoración de este o aquél aconteci­
miento, o acerca de talo cual figura histórica, no afectaban
al 'paradigma' dominante en su conjunto.
El nacionalismo de los años veinte y el revisionismo
que fue uno de sus productos, se forjaron, en cambio,
Argentina la escritura de su historia· 67

en la oposición frontal al segundo gobierno de Yrigoyen,


e incluyeron al radicalismo entre los sujetos de su impug­
nación. Ello excluía la existencia de radicales que sim­
no

patizaban Rosas
con y los caudillos antes de 1930, como
Ricardo Caballero o Dardo Corvalán Mendilaharzu, pero
que no se integraron plenamente a ese movimiento.
Fueron los síntomas de la crisis del modelo de integra-
ción al mercado mundial, con el reemplazo del crecimiento
económico sostenido por el estancamiento y la recesión; y
el período de convulsiones abierto por la guerra de 1914, la
revolución rusa, el fascismo y la crisis de 1929, los que abrie­
ron la puerta para que comenzaran a aparecer voces contes­
tatarias, con variadas orientaciones e intencionalidades. Y
con el golpe de 19;30, y el corte no sólo institucional
que sig­
nificó(la atmósfera cultural eintelectual cambió de modo
perdurable, evolucionando a un clima de menor tolerancia),

se abrieron paso corrientes que asumían el fracaso del pro­


yecto en curso desde la segunda mitad del siglo XIX, y pre­
tendían fuerte rectificación del rumbo seguido hasta ese
una

momento, tanto en materia económica y social, como políti­


ca y cultural. Por añadidura, de 19:30 en
adelante, el desen­
volvimiento del campo de la historia académica quedó mar­
cado por el autoritarismo ideológico, el mayor control del
Estado sobre la producción historiográfica, y W1a creciente
tendencia a la discontinuidad en las carreras universitarias
de los investigadores, en las orientaciones de los
planes de
estudios y en el desarrollo de las líneas de investigación,
motorizada por el mayor empeño oficial por controlar de
cerca la enseñanza y la
producción ideológica en sus diver­
sas formas y niveles.
Para la comprensión del revisionismo fundamental, es

nos parece, ubicarlo en coordenadas, que es la que dan


estas
lugar a su conformación plena como movimiento historiográ­
fico, cultural y político. La posición contraria, adoptada por
varios entre los propios cultores del revisionismo, es dar por
iniciado el movimiento en cuanto aparecen historiadores
68 Daniel Campione
.

dispuestos a la reivindicación de Rosas y los caudillos, de


Saldías o Quesada en adelante, sin distinguir esos esfuerzos
individuales y no articulados a una 'visión del mundo' más
amplia, de la configuración de una corriente de la magnitud
y cornplejidad que tiene el revisionismo posterior a 19:30.-'
El carácter de la historiografía erudita oficial cambió des­
pués de 19:30. Ya no sólo era visión 'oficial', sino impuesta
incluso mediante la coerción más o menos abierta desde el
aparato estatal, lo que por reacción daría lugar para críticas
de una virulencia inédita hasta ese momento.
Buena parte de esas voces atacaban el paradigma de or­
ganización económica, social, política y cultural de la Argen­
tina desde la derecha, defendiendo un nacionalismo empa­
rentado con la reacción de sectores conservadores de la bur­
guesía, sobre todo la más directa y exclusivamente ligada a
la propiedad de la tierra, contra todo impulso modernizador,"
que se extendía a otros sectores de extracción social menos

elevada, que se habían sentido beneficiarios del orden exis­


tente, y comenzaban a percibir como evidente que ya no lo
eran. A los motivos de esa reacción se sumaba el fuerte de­
sagrado producido en los sectores más conservadores por el
tipo de acción política que se había vuelto exitosa a partir de
la Ley Sáenz Peña, encarnada sobre todo por el radicalismo
en su vertiente yrigoyenista. Al ingreso en una nueva era de

política de masas, éste había sumado una inclinación, más


patente en la segunda presidencia de Yrigoyen, por una 'de­
magogia populachera' que no estaban dispuestos a tolerar.'
Ese nacionalismo veía el gran mal de Argentina en que
sus dirigentes habían operado con concepciones del progreso

de matriz iluminista, que según ellos no se adaptaban al ori­


gen hispano-católico de nuestro país, y predisponían a visua­
lizar todo lo extranjero como superior y más avanzado. Pre­
tendían, en cambio, buscar la 'tradición nacional', y los mitos
fundan tes de la misma, en un terreno distinto que la corrien­
te liberal, en el que se destacaran la fuerza de las tradiciones
inmemoriales por sobre el 'progreso' de raíz racionalista, y
Argentina La escritura de su historia -

69

donde el vínculo ideológico se estableciera con el pensa­


miento hispánico y católico y no con el liberalismo decimo­
nónico francés y anglosajón, que había regido la 'fórmula' de
organización del país al menos desde la caída de Rosas. Las
obras doctrinarias y de análisis de la realidad nacional reve­
renciadas por el pensamiento predominante hasta ese mo­
mento, eran fuertemente criticadas en tanto portadoras de
una visión alienada de la realidad
argentina, tendiente a se­
pultar los valores nacionales más genuinos. Alberdi (revalo­
rado a través de sus Escritos Postumos, pero denostado por
las Bases y demás trabajos vinculados a la 'organización na­
cional') Sarmiento, y Mitre, dejaban de ser portadores de va­
,

lores positivos, para convertirse en ejemplos de la alienación


a un paradigma 'ilustrado' ya intereses foráneos que habían

llevado a la nación al borde de su extinción. Pero junto con


esa lectura reaccionaria de la problemática nacional, su obra

aportaba la puesta en duda de las virtudes, hasta ese mo­


mento poco discutidas, de las elites que habían construido a
esa Argentina que dejaba de ser exitosa y de los capitales ex­

tranjeros que habían colaborado en su obra 'civilizadora'.


Además de antiliberal, esta corriente era, en su versión
original, fuertemente antisocialista, en tanto que buscaba lo
opuesto a una revolución social: la 'restauración' de las tra­
diciones y valores abandonados, en nombre de un 'espiritua­
lismo' que impugnaba de plano el materialismo marxista,
asociado en ese sentido con el 'mercantilismo' del capital fo­
ráneo y las elites 'antinacionales'. Mientras que los marxistas
repudiaban al liberalismo porque sus nociones de igualdad y
libertad servían de ocultamiento la
explotación, y veían a
a

la democracia representativa como un conjunto de formali­

dades que impedían el gobierno del pueblo en lugar de pro­


moverlo, el nacionalismo conservador ejercía su crítica del
régimen parlamentario desde el ángulo opuesto, en nombre
de la defensa de un orden jerárquico, anterior a toda idea de
igualación, y basado de modo explícito en el predominio de
minorías constituidas en elite dirigente.
7 O Daniel Campione
-

Los grupos portadores de estas concepciones comenza­


ron a aparecer en la segunda mitad de la década de los '20,

siendo el hito fundamental la fundación del bisemanario La


Nueva República, periódico al que dirigían un grupo de in­
telectuales de esa tendencia/o! parte de los cuáles se volcarían
años después a la tarea historiográfica (Ernesto Palacio y Ju­
lio Irazusta particular), previo abandono de la acción polí­
en

tica, a raíz de la decepción con el golpe de septiembre de


1930 al que habían impulsado con entusiasmo." La renovación
de signo corporativo que habían soñado, devino 'restauración'
del régimen parlamentario, presentado para colrno en una
versión amañada, que no conformaba a nadie del todo. Ya en
la década de 19:30, el nacionalismo tendería a converger, re­
forzándose, con la ola de catolicismo integrista que, con el
auspicio de la jerarquía eclesiástica, y el beneplácito del pre­
10
sidente Agustín P. Justo, tendió a desatarse por esos años.
Así fue que, durante varias décadas (desde los años '30
en adelante), la interpretación de la historia nacional se

constituyó como un campo de batalla político, en el que la


presentación de una visión alternativa a la oficial se convir­
tió en importante eje de un combate ideológico orientado a
la impugnación del orden socioeconómico y político exis­
tente. La denuncia de la 'falsificación histórica' cometida
por la 'oligarquía', formaba parte integrante de la crítica
contra las políticas que se llevaban a cabo en ese momento.
El nacionalismo articulaba así su impugnación del presente
con la construcción de un enemigo al que se dedicaba a per­
11
seguir hasta el fondo del pasado nacional. La historia fal­
sificada, publicada por Ernesto Palacio, constituye una ex­
posición sistemática de esta tesis, con fundamentos propios
del primer revisionismo, antiliberal desde la derecha, hispa­
12
nófilo y anticomunista.
Con la misma idea de entablar la polémica contra patra­
ñas históricas impulsadas por un pensamiento al servicio del
imperialismo extranjero, producirá su Po­
Arturo Jauretche
litica Nacional y Revisionisrrw Histórico, varios años
Argentina La escritura de su historia 71
-

después (1959) ya en la línea de lo que irá a llamarse nacio­


,

nalismo popular. Veamos como explica los mecanismos de


falsificación al servicio de la 'historia oficial', y la necesidad
del revisionismo:
"No es pues problema de historiografía, sino de polí­
un

tica: lo que se nos ha presentado como historia es una


política de la historia, en que ésta es sólo un instru­
mento de planes más vastos destinados precisamente a
impedir que la historia, la historia verdadera, contribuya
a la formación de conciencia histórica nacional que
una

es la base necesaria de toda política de la Nación. Así


pues, de la necesidad de un pensamiento politico nacio­
"n
nal, ha surgido la necesidad del revisionismo histórico.
Para el dirigente de FORJA estaba claro que la produc-
ción de una política nacional autónoma de 'intereses forá­
neos' no podía hacerse sino se 'nacionalizaba' previamente la
visión del pasado argentino, cuya versión oficial era obra de
minorías carentes de patriotismo, manipuladas por intereses
extranjeros." El revisionismo cobraba así sentido a partir de
su vinculación orgánica con un proyecto social y político de

corte nacionalista, que en .Jauretche ya estaba más ligado a


la posibilidad de desarrollar un capitalismo autónomo en el
país que a la orientación de repudio a toda la tradición libe­
ral, con la Ilustración y la Revolución Francesa a la cabeza,
de Palacio o los Irazusta.
Atilio García Mellid, por su parte, denunciaría al prolon­
gado predominio de la ideología liberal corno responsable de
prácticamente todos los males de la sociedad argentina:
"A lo largo de los tiempos, ha sido el factor determinan­
te de todas nuestras desventuras. La larga guerra civil y
la anarquía, la destrucción de las provincias y la anula­
ción de los derechos del pueblo, el enfeudamiento eco­
nómico y la pérdida de valiosas virtudes tradicionales,
son obra deliberalismo retórico que ha vivido perma­
un

nentemente de espaldas al país y en el desconocimiento


de sus derechos soberanos."?
72 .

Daniel Campione

Para modo de pensar y actuar, los liberales


legitimar ese

habrían consumado con la historia 'una monstruosa falsifica­


ción'. Se trataba de revertirla, de promover el reencuentro
con el "país real, que extrae su savia de la tradición católi­
1'.
ca e hispánica."
En esos años, sepolíticas de la llamada 'Dé­
atacaban las
cada Infame' poniéndola en paralelo con las de la era de Ri­
vadavia, Mitre, Sarmiento o Juárez Celman. Impugnar la tra­
yectoria histórica seguida en el pasado, se volvía una herra­
mienta principal a la hora de trazar ( e imponer) otro rumbo
en el presente.
Luego, un sector de los revisionistas defendería las polí­
ticas de Perón comparándolas con las de Juan Manuel de Ro­
sas, fortaleciendo el uso del recurso de buscar legitimidad en
el pasado lejano. Visiones enfrentadas del presente y el futu­
ro de la sociedad argentina libraban su batalla también sobre

la interpretación del pasado, con sus lecturas antagónicas


del mismo, simbolizadas a su vez en panteones de héroes en­
frentados. En efecto, sólo San Martín y Belgrano suscitaban
unanimidad en su carácter de próceres, a partir de allí, todos
eran impugnables.
El resultado fue la constitución de una corriente historio­

gráfica que se convirtió en activa oposición a la oficial, la


cual pasó a ser conocida con el mote de 'liberal'. Los revisio­
nistas siempre gustaron presentarse como marginados, per­
seguidos por una historiografía oficial a la que describían co­
mo una suerte de fortaleza monolítica. En realidad, ocupa­

ban lugar menos incómodo que el que acostumbraban


un

proclamar, y formaron parte de circuitos culturales cercanos


al calor oficial, y al favor de los sectores dominantes." Mien­
tras estos historiadores mantuvieron posiciones de unívoco
sentido conservador, y sus interpretaciones alternativas del
pasado se hicieron en pos de la mejor defensa de los linea­
mientos básicos del orden social existente, los sectores do­
minantes podían tener con ellos disidencias y prevenciones,
pero no una actitud de censura o proscripción abierta. Sólo

/
Argentina La escritura de su historia -

73

con posterioridad a la caída del peronismo, y del progresivo


avance de corrientes radicalizadas dentro del revisionismo,
las reacciones desde el poder se hicieron mucho más fuertes.
El revisionismo siempre estuvo signado por una fuerte hete­
rogeneidad, la que no hizo sino acentuarse, a medida que
ideales políticos progresivamente más radicalizados se cobi­
jaban bajo ese 'paraguas' ideológico, sin que dejaran de tener
vigencia los de línea más conservadora, lo que ocurrió de
modo creciente desde 1955.
Esimportante situar los orígenes de esa discusión, por­
que la historiografía revisionista llegó a ser la que formó el
'sentido común histórico' de la mayoría de los argentinos,
durante un período en torno a los años '60 y '70. Es cierto
que, a esa altura, el revisionismo se había tornado rnucho
más heterogéneo y multiforme que en sus comienzos, y po­
día interesar al público en un rango ideológico y una diversi­
dad de niveles culturales mucho mayores que al comienzo.
Si bien nunca alcanzó hegemonía en el terreno académico,
en la educación pública ni en el discurso oficial (salvo, de
forma parcial, en el breve
período 1973-1976) durante un
tiempo ganó ampliamente la batalla que se planteó a sí mis­
mo, con más recursos y perseverancia: la del espacio de la di­
vulgación y de la polémica en los medios de comunicación, la
de la llegada al gran público por los más variados medios y
soportes. En esos años, en las filas revisionistas circulaba la
idea de que el revisionismo había ganado definitivamente la
batalla ideológica, ante la virtual extinción de la historiogra­
fía oficial:
"
.. .la
explicación del proceso transformativo de la histo­
riografía argentina; se notaba el progreso acelerado del
revisionismo y predijimos el triunfo de esta escuela; hoy
estalla evidencia que redundancia sería decir que la es­

cuela 'oficial' ha muerto.':"


Esto lo logró sobre todo através de libros que se ven­
dían por decenas de millares en las décadas de los '60 y los
'70, como los de José María Rosa, Arturo Jauretche, Raúl
74 Daniel Campione
-

Scalabrini FerITÚn Chávez'", Ernesto Palacio, Eduar­


Ortiz,
do L. Duhalde y Rodolfo Ortega Peña, Jorge Abelardo Ra­
mos, Juan José Hernández Arregui." Estos formaron parte
argentinas (Arturo Pe­
central del fondo de varias editoriales
ña Lillo, Theoria, Oriente, Plus Ultra, Sudestada, Octubre,

Coyoacán, etc.). Se publicó incluso una Historia Argentina


de largo aliento (13 tornos), obra de José María Rosa, que
constituyó un éxito editorial de proporciones. También los
revisionistas iniciales, como Palacio, Irazusta e Ibarguren,
eran frecuentemente reeditados. Y una revista de divulga­

ción de elevadas ventas, nacida en los años '60, Todo es His­


toria, sin ser exclusivamente revisionista, dio amplia acogi­
da a los historiadores de esa tendencia. Hasta la propia Aca­
dernia Nacional de la Historia incorporó a rmo de los pro­
hombres de la historiografía nacionalista, el ya anciano Julio
Irazusta, en el año 1971, en una decisión que tuvo más de
afán de cooptación del que se había tornado el más 'presen­
table' y moderado de sus representantes, que de verdadera
apertura a la corriente adversaria."
En torno a 1973, favor del regreso del peronismo al
y a

gobierno, estos historiadores intentaron ocupar las posicio­


nes centrales en las instituciones académicas y oficiales vin­
culadas con la historia. Los últimos '60 y primeros '70 fueron
sin duda su época de oro, con un avance notable de la ver­
tiente nacionalista popular, acompañada por la
'izquierda na­
cional' y las vertientes más radicalizadas del peronismo. Por
todo ello, no se puede comprender el debate historiográfico
argentino sin entender en profnndidad al revisionismo, más
allá de la valoración que se tenga de esa producción. Este ex­
plicitó la 'politización' de la visión dominante hasta ese mo­
mento de la historia argentina, y le opuso otra no menos 'po­
litizada' (con la diferencia que se la aSUITÚa públicamente),
que en gran parte se plegó activamente (y contribuyó a pro­
ducir) la profunda radicalización política y cultural de esos
años. Todo en un contexto social el cual la historia del
en

país era nn campo del combate político más general. corno

1:--:"::""
/
/
Argentina La escritura de su historia -

75

víctimas de un estado de cosas visto por la mayoría como re­

pudiable.
(Carlos Ibarguren," los her­
Los 'revisionistas' iniciales
manos Irazusta, Ernesto Palacio") estaban ligados a un ata­

que tanto a la organización política propia de la democracia


representat.iva, como al modelo económico de integración
al mercado rnundial bajo dependencia británica, a partir de
percibir a ambos como puestos en tela de juicio, definitiva­
mente, por la crisis mundial de 19:30. Eran adrniradores del
ideólogo francés Charles Maurras, y de los regímenes tota­
litarios europeos, aunque siempre con un lente más tradi­
cionalista y aristocratizante que el del fascismo italiano y el
nazismo alemán, cuyo componente de movilización de ma­
sas lesinspiraba desconfianza. Puestos a escoger, preferían
con amplitud al falangismo español, basado en la admira­
ción intelectual por Ramiro de Maeztu o José Antonio Pri­
mo de Rivera, y luego la devoción política por 'la Cruzada'

posterior al alzamiento de 1936, con cuyo catolicismo de


rasgos integristas, que se confundía con las raíces mismas
de la 'hispanidad', se identificaban por completo. Hacia
atrás, remontaban su linaje intelectual hasta los conserva­
dores y reaccionarios que habían debatido contra los ilu­
ministas y la revolución francesa como De Maistre, Burke o
Rivarol". Por su extracción de clase, muchos de ellos esta­
ban ligados a la propiedad de la tierra, y gran parte de su
espíritu contestatario estaba ligado a los perjuicios que
esos sectores (sobre todo los menos cercanos al puerto y

con tierras de menor fertilidad relativa) sufrían a manos del

comprador británico y de los frigoríficos; pero se manifesta­


ba a través de una idea de 'regreso a las fuentes', a un orden
decimonónico que tendieron a identificar con el gobierno de
Juan Manuel de Rosas, que negara el proceso modernizador
ligado al capital inglés y a la inmigración, al mismo tiempo
que pusiera a las clases subalternas 'en su lugar' a través de
una combinación de trato paternalista y combate activo

contra sus vertientes radicalizadas.


76 Daniel Campione
-

Centraron su visión historiográfica en la crítica de la ac­


ción del capital británico (Lo.Arqentinu» y el imperialismo
británico, de Julio y Rodolfo Irazusta tuvo un carácter fun­
dacíonal"), al liberalismo económico y político de los próce­
res oficiales, yen la defensa de la idea federal frente al cen­

tralismo porteño, y sobre todo, en la reivindicación de la ac­

tuación de Juan Manuel de Rosas (el Rosas. Su vida, su

tiempo, drama, de Ibarguren, Vida política de Rosas


su

a través de su correspondencia'" y los Ensayos históri­

cos, de Irazusta). Desde esa visión, la época de Rosas, epíto­


me de todas las abominaciones para la historiografía tradi­

cional, se convertía en eje fundamental desde el cual revisar


toda la historia del país." El brigadier general encarnaba la
defensa de la soberanía nacional frente al extranjero (tanto
en el orden político-militar como en el económico, con el

combate de la Vuelta de Obligado y la Ley de Aduanas de


1835 como gestas liminares); y la capacidad de entronizar la
paz interna y el orden social de un modo que conjugaba una
autoridad política fuerte con la adhesión amplia de los secto­
res populares, ambos elementos que extrañaban en la Ar­

gentina posterior a 1930.21'


Otra línea vindicatoria de los revisionistas fue la de las
luchas de los caudillos del interior, sobre todo los de la re­
gión noroeste(Quiroga, Peñaloza, Varela). Esa orientación
era para algunos complementaria y en otros alternativa de

la que se apoyaba en el análisis del período rosista. En es­


te último caso se puede hablar de un revisionismo 'provin­

cialista', más afincado en la defensa de los valores del inte­


rior frente a Buenos Aires, y en la idea de la existencia vir­
tual de 'dos países' en la Argentina" que en definiciones
ideológicas del tipo del primer revisionismo. Para esta co­
rriente, Rosas no dejaba de ser un cabal representante de
los intereses de Buenos Aires."
Otro terna unificador dentro del
revisionismo, sobre to­
do en su versión conservadora original, era la reivindica­
ción de la etapa colonial," acompañada por una visión más
Argentina la escritura de su historia -

77

que despectiva sobre las comunidades indígenas." Era


aquello un modo de sostener la autenticidad de la tradición
hispánica, frente a lo que se percibía COTI10 la inserción ad­
venticia de las ideas provenientes de la Revolución Francesa
y la Ilustración, que había pregonado
el liberalismo. Ernesto
Palacio impugna de modo frontal la filiación en la revolución
francesa de la emancipación y la organización nacional en
nuestro país, con una argumentación en que campea una vi­
sión ultraconservadora del proceso histórico:
"La adopción de este mito arbitrario envenenó toda
nuestra vida colectiva. Porque declararnos hijos de la He­

volución, tanto daba como declararnos hijos del Caos, ya

que principios implican la negación de todas las con­


sus

diciones de la convivencia social. Ellos nos obligaban a


despojarnos, en nombre del Progreso, de nuestra religión
heredada; en nombre de la Civilización, de nuestra pre­
disposición atávica por la aventura; en nombre de la
Prosperidad, de nuestro idealismo caballeresco; en nom­
Igualdad, del cult.o de los héroes; en nombre de
bre de la
":�l
la Libertad, de la sumisión a la aut.oridad legítima.
La propia emancipación de España, en 1810, solía apare­
cer como un hecho más inspirado por la política británica

que por aspiraciones en ese sentido de los pobladores del


Río de la Plata."
Sobre la etapa posterior a Caseros, fueron construyendo
un cuestionamiento centrado en la alianza con Brasil que de­
rrocó a Rosas, las políticas de Mitre, la Guerra de la Triple
Alianza, y W1 ataque muy fuerte a la actuación y el pensa­
miento de Sarmiento."
Con claridad creciente partir de los años '40, se insinua­
a

ron posiciones revisionistas desde ángulos diferentes al del

nacionalismo de derecha (apostrofado con frecuencia corno


'oligárquico')." Los hombres de FORJA o afines a ella (René
Orsi," y sobre todo Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche),
agrupación fundada en 1935/1Il y a partir de los últimos 40 al­
gunos hombres de izquierda sumados de una manera u otra
78 Daniel Campione
.

al peronismo (Juan José Hernánclez Arregui, Eduardo Aste­


sano, Jorge Abelardo Ramos, et.c.), dieron matices nacional­
populistas en el primer caso, y marxistas en el segundo a las
posiciones del revisionismo, algunas de las cuales no com­
partieron (sobre todo el enfoque hispanista de la colonia y la
emancipación, además de tener un abordaje diferente de to­
da la problemática del caudillismo y sobre todo del propio
Rosas).
La revisión histórica dejaría así, poco a poco, de ser ba­
se de apoyo para vindicaciones
reaccionarias, para articular­
se en proyectos de aspiración
progresiva dentro del orden
capitalista. FOR.JA en primer lugar, que apuntaba a rescatar
las tendencias más democratizadoras de la tradición radical
y cuya concepción del nacionalismo pasaba por el terreno
económico y no por la reivindicación de un orden social je­
rárquico y las preferencias hispanistas y católicas en el terre­
no cultural de los nacionalistas. A
posteriori, también abre­
varían el revisionismo corrientes que buscaban la
en
ruptura
radical con el orden social existente, integrada en interpre­
taciones de raíz marxista, las que igualmente invocaban a los
Iorjistas como sus precursores y fuente de inspiración."
Dentro de los hombres de FORJA, dos se destacaron cla­
rament.e por el impacto que alcanzaron sus
trabajos, los más
conocidos de los cuales int1uyeron con fuerza en el sentido
común popular, y se siguen reeditando hasta la actualidad.
Arturo Jauretche, uno de los fundadores, fue en realidad
más practicante de una suerte de ensayo de observación so­
cial, en el que mezclaba las apreciaciones de tipo costum­
brista, con algunas referencias históricas y reflexiones sobre
la estructura social y la configuración cultural del país. A es­
te tipo de escritos responden El medio pelo en la sociedad

arqentina, Los profetas riel odio, Manual de zonceras


arqentimas, quizás sus tres títulos más difundidos, en los
que procura retratar a la sociedad argentina en tono irónico
y hasta abiertamente humorístico por momentos. También
practicó el alegato político de coyuntura como en El Plan

/
Argentina la escritura de su historia -

79

Prcbisch: Retorno al ca lo el juicio his­


niaje incursionó
,
en

toriográfico en la aquí citada Política nacionol ?J reuisio­


nisrno historico, y se entreveró en diversas polémicas pe­
riodísticas, muchas de ellas recogidas en forma de libro. Mas

allá de que no fue ni pretendió ser un historiador, la eficacia


de suprosa de tono coloquial contribuyó en mucho a popu­
larizar las tesis revisionistas, formuladas en una veta de na­

enrolada el peronismo, pero con cier­


cionalismo popular, en

ta distancia crítica hacia ese movimiento.


ScalabriniOrtiz, hombre vinculado a FOR.JA sin militar
en ella, se especializó en el análisis crítico de la política
bri­
tánica en Argentina, sobre todo a través de sus inversiones
en empresas de servicios públicos, en una línea en que
lo ha­

bían precedido .J osé Luis Torres (el creador de la denomina­

ción 'la década infame') y Jorge Del Río (que se ocupó de los
monopolios eléctricos).
El autor de El hombre que está solo y espera, erigió a
la intervención del imperialismo británico, y a la complici­
dad de sus socios locales, en causa central de la deforma­
ción estructural de toda la economía argentina, y por lo
tanto a la liberación de esa tutela imperialista en el núcleo
maestro de cualquier intento de política emancipatoría."
Su Historia de los ferrocarriles arqentinos y Politice.
briuinica en el Río de la Plata, editados por Plus Ultra, se
vendieron por millares, al igual que Bases para la recons­
trucción nacional, una recopilación de sus artículos pos­
teriores la caída de Perón. En estos últimos trabajos se
a

nota que, corno en otros revisionistas, el espíritu antibritá­


nico se sobrepone a una crítica al imperialismo de miras
más amplias, explicación conspirativa que asigna astu­
y la
cia infinita al imperialismo de ese origen, por sobre análisis
más complejos y pormenorizados. Por ejemplo, en pleno
declive del imperio inglés y auge del poderío estadouniden­
se (segunda mitad de los '50), Scalabrini Ortiz sigue restan­

do importancia al papel del capital y el Estado norteameri­


cano, más empeñado en seguir la lucha contra su enemigo
80 Daniel Campione
-

de siempre, Que en registrar los cambios en la sociedad ar­

gentina y mundial.
Si un TI iérito global revisionismo históri­
corresponde al
co es haber puesto las bases
para un análisis crítico de la his­
toria nacional, cuestionando la apologética de la clase dorni­
nante local, y su alianza con el capital británico, su cultura y
sus valores. Se denunciaba así el sentido central de una his­

toriografía Que la erudición y el trabajo de archivo en


erigía
instrumentos para la legitimación de un sistema de domina­
ción. Pero ese talante crítico no estuvo acornpañado de una
visión amplia,
que permitiera una comprensión integral del
proceso histórico argentino.
Esta crítica se hizo, en muchos casos, con herramientas
teóricas y metodológicas muy precarias (o bien francamente
obsoletas, llegando en algunos casos a la reivindicación de
Leopold von Ranke, historiador positivista del siglo XIX ale­
I11án), y con escaso manejo de fuent.es primarias, con el re­
sultado de que no se superaba a la Academia en rigor histó­
rico y aportes originales, y en muchos casos se retrocedía
frente a los logros de aquélla (al menos en cuanto a revisión
de documentos y precisión en los datos). Por otra parte, el
grueso de la producción se mantenía dentro de las formas
más clásicas de la historia-relato, centrada en los hechos y
no enlos procesos, guiada por la ilusión de establecer 'lo que
realmente ocurrió', la misma que animaba parte de la labor
de los historiadores liberales." Se proponía un culto a nue­

vos héroes y superación crítica del endiosamiento de


no una

los misrnos;" se propiciaba la aceptación acrítica de valores


alternativos a los oficiales corno los únicos genuinamente na­
cionales, en lugar de revisar la idea de que existiera una so­
la forma legítima de identificarse con el país y su pasado.
La escuela estuvo conformada por historiadores en su
rnayoría no profesionales, de los que algunos sólo llegaron al
trabajo histórico en una etapa avanzada de su producción in­
telectual, como parte de una militancia política e intelectual
asumida con anterioridad. En las universídades ocupaban un
Argentina la escritura de su historia· B1

lugar marginal, si es ocupaban alguno, y por definición,


que
estaban excluidos de la Academia Nacional, cuadro de mar­
ginación que hacía mas difIcil sentar bases sólidas para el
trabajo historiográfico. Contaron como institución 'madre'
con el Instituto de Investigaciones Históricas '.Juan Manuel

de Rosas', espacio de convergencia de distintas corrientes,


fundado a fines de la década de los treinta, casi al mismo
tiempo que la Academia, para constituir un ámbito para la
producción y difusión de la 'anti-historia' que los revisionis­
tas escribían. El Instituto consiguió editar durante décadas
W1a revista-libro que sintetizaba buena parte de la produc­
ción de la escuela, así corno realizar cursos y conferencias
que por épocas tuvieron muy numerosa asist.encia.
José María Rosa fue quizás el más activo y conocido por
el gran publico de los historiadores del revisionismo, y el que
más hizo por el desarrollo y continuidad del Instit.uto. Se di­
ferenció del ala más conservadora y aristocratizante del na­
cionalismo (la mayoría hombres de generaciones anteriores
a la de él, como Carlos Ibarguren o Julio Irazusta) por su in­

flexión más populista, identificada con el peronismo, aunque


mantuvo rasgos aristocratizantes, como el de reivindicar a
los gauchos como descendientes de los 'primeros criollos', o
ensayar la defensa de la administración colonial española de
la época de los Austrias frente a la más liberal de los Borbo­
nes. En la otra dirección, no se dejó influir ni por los pujos iz­

quierdistas de parte de sus colegas de escuela, ni por la ten­


dencia de otros a contemporizar con la historiografía liberal.
Su versión de la historia argentina se caracteriza por su ce­
rrada oposición a toda la herencia académica y liberal, y no
perdonó prácticamente a ninguno de los próceres del libera­
lismo, desde Moreno en adelante. La historiografía liberal, a
su juicio, no respondía a otra lógica que a la del afianzamien­

to del 'coloniaje', y así lo expresó una y otra vez en un len­

guaje particularmente cáustico:


"Se escribió y se enseñó, con fervor de patria (de patria
colonial) una 'historia' donde la presencia del pueblo
82 Daniel Campione
-

quedó excluida o rebajada a montoneras, gauchos anar­


quistas, populacho; los conductores elel pueblo denigra­
dos corno tiranos, al tiempo de presentarse como ejem­
plos próceres a los políticos o escritores que sirvieron al
coloniaje; y los intereses materiales foráneos mostrados
corno los fundarnentos mismos de la nacionalidad.':"
Su reivindicación del 'pueblo' y la sabiduría popular con­
tra la 'oligarquía' y la intelectualidad que le responde de mo­
do consciente o no, adquiere
registro que recuerda a la
un

tradición del romanticismo y el historicismo alemán, en su


inflexión rnas nacionalist.a. En la interpretación de los he­
chos históricos es notable su tendencia a 'invertir' casi to­
dos los relatos tradicionales, proponiendo versiones alter­
nativas ele fuerte componente conspirativo, y sin privarse
de conjeturas forzadas (ejemplo de ello es su versión de la
muerte de Juan Lavalle, contenida en su libro El cóndor
ciego reproducido en su Historia ) Su libro quizás más
y ...

clásico fue Defensa y pérdida de nuestra independencia


economica, encendida defensa de la política económica de
Rosas, y en particular de la Ley de Aduanas de 1835. Tam­
bién escribió, entre otros Del mumicipio indiano a las
provincias argentinas, Riuadaina y el imoerialismo fi­
nanciero, una suerte de 'juicio' al empréstito Baring, La
caída de Rosas, Nos los representarües sobre el proce­ ...

so constitucional y La guerra del Paraguay y las monto­


ueras argentinas, reivindicación literariamente brillante

del Paraguay de Solano López y del ejército que lo defen­


dió, al que enlaza con la derrota histórica sufrida por Feli­
pe Varela y las últimas rnontoneras, traicionadas por la con­
ciliación de lJrquiza con el rnitrismo. Los trece tornos de su
Historio. A rqeniina, ya mencionados, llegaron a venderse
a domicilio, en una demostración de la vigorosa
populari­
dad que venía alcanzando este historiador.
La denuncia de una 'conspiración del silencio' contra sus
obras y su pensamiento, por parte de la gran prensa y otros
ámbitos cornprometidos con la historiografía liberal, se volvió
Argentina la escritura de su historia -

83

una obsesión para los revisionistas, muchas veces más preo­


cupados por la polérrúca pública orientada a denunciar y
desmontar tal 'conspiración' que a la producción histórica
propiamente dicha. Eso no obstaba para que mantuvieran un
enfoque más que deficiente de las razones de la construc­
ción y predominio de la cultura oficial. Visualizaban ese pro­
ceso bajo la forma de 'traición' a los intereses del país, y no

como parte de la construcción de consenso por parte de la


clase dominante y las elites políticas e a ellas
intelectuales
vinculadas, integrada a la consolidación y fortalecimiento del
Estado-nación. Lo que ellos veían como una particularidad
de la 'oligarquía argentina' Ca la que muchos de ellos descri­
bían más en término de una mentalidad o configuración
ideológica que de una clase o sector social determinado),
distaba de ser privativo país, ya que con distintas
de nuestro
modalidades puede rastrearse en la etapa formativa de cual­
quier moderno Estado-nación.
Llevados por cierto 'provincianismo' común a la rnayoría
de ellos, y a su muy escasa vocación por la comprensión teó­
rica de los procesos, nunca llegaron a entender que el con­
trol del pasado por parte del poder," para instaurar una vi­
sión de la historia que legitime hacia atrás a la 'clase dirigen­
te', está presente en todas las sociedades de clase. y en par­
ticular en las capitalistas toma la forma de un 'asunto de es­
tado', con la maquinaria cultural del Estado nacional puesta
a realizar un trabajo activo de 'institucionalización' de la his­

toria. Prefirieron seguir pensando a la historia oficial corno


un producto de la 'mentalidad colonial' de la oligarquía y la

intelligentzia a su servicio.
En el fondo, tanto el revisionismo inicial, como el de lí­
nea 'forjista', en cuanto no se planteaban cambiar el carácter

de las relaciones sociales existentes, aspiraban de modo im­


plícito a la oportunidad de erigir su propia maquinaria de
control del pasado, que prosiguiera legitimando la misrna
clase dominante, previo, eso sí, a algunos ajustes de cuentas
al interior de la misma.
84 Daniel Campione
-

Esa vision conspirativa, y de contornos moralizantes


Cuna dirigencia 'auténticamente nacional' no hubiese actua­
do de esa forma, creían), melló muchas veces la potenciali­
dad de la crítica efectuada, y la posibilidad de una produc­
ción histórica que no fuera, en última instancia, un 'subpro­
ducto' de la historia oficial.
efecto, la historiografía erudita puede ser leída sin co­
En
nocer las posiciones revisionistas, la operación contraria es ca­

si inconcebible: el revisionismo vive de la 'inversión' de las po­


siciones de la historia oficial, de buscar el impacto a través de
'revelaciones' sobre los ocultamiento s y distorsiones de la ver­

dad histórica cometidos por ésta, algunas veces inventados,


muchas otras reales, pero reemplazadas por versiones de simi­
lar ineptitud explicativa.': Tempranamente quedaron delinea­
das las bases para lo que sería su destino final: contribuir al
hundimiento del enemigo que nació para combatir, pero que­
darse a su vez sin finalidad ni programa, cuando la vieja rusto­
riografía erudita dejó de ser hegemónica, sin que ellos pudie­
ran siquiera calificar para reemplazarla en su predominio.

Peronismo e historiografía

aparición del movimiento peronista, y su advenimien­


La
to al gobierno, iba a implicar importantes cambios para toda
la historiografía argentina, fuera o no revisionista.
Las diferentes actitudes frente a la constitución del pe­
ronismo corno movimiento político y su ascenso, quedaron
impregnadas desde un comienzo de lecturas antitéticas del
pasado argentino. Desde antiperonismo, antes y después
el
de la constitución de la Unión Democrática, se comparó pe­
yorativamente a Perón con Rosas, al mismo tiempo que gi­
gantescos retratos de Rivadavia, Sarmiento y otras figuras vi­
lipendiadas por el revisionismo, presidían sus actos públi­
cos." El espectáculo, en vísperas de las elecciones de 1946,
de la defensa acrítica de los valores históricos preconizados
Argentina la escritura de su histeria· 85

coalición que se esparcía


por el liberalismo, por parte de una
desde la derecha a la izquierda del arco político, pero con el
embajador norteamericano en un lugar expectante, dejó una
huella perenne. Contribuyó sin duda a dar credibilidad, en
las clases populares, a la valoración positiva de los caudillos
y de Juan Manuel de Rosas, como antecedentes
de políticas
nacionalistas y favorables a los sectores oprimidos, que en el
presente se percibían encarnadas en el coronel Perón. Esa
imagen estuvo destinada a perdurar y fortalecerse, pues más
allá de las vacilaciones de quienes conducían el aparato es­
tatal en cuanto a adoptar la visión histórica revisionista, las
bases sociales peronistas no podían sino sentirse identifica­
das con los caudillos federales, defensores de los gauchos y
la plebe urbana de la época, contra los 'señores' de una elite
ilustrada apoyada por poderes externos, fácilmente asimila­
ble al perfil predominante en la dirigencia antiperonista.
Este planteo reconocía otra inflexión provista por el pro­
pio desarrollo del peronismo: el cambio en la apreciación de
los sujetos de la historia. El pueblo anónimo, los 'descamisa­
dos' eran reivindicados por el movimiento gobernante, des­
de el fondo de nuestra trayectoria nacional (la referencia
partía, al menos, de las invasiones inglesas), como portado­
res de valores positivos, el hombre común era elevado a pro­

tagonista de la historia, una suerte de 'héroe colectivo'," a


quién hasta se pensó en erigirle un monumento, condensán­
dolo en la figura del 'descamisado'." La politización y movili­
zación (limitada y contenida por un líder indiscutible, por
cierto) que ahora se esperaba de las masas populares, se
proyectaba hacia el pasado para conferirle mayor legitimi­
dad: No se innovaba del todo, sino que se retomaba una tra­
dición largamente negada o minusvalorada. La historiografía.
liberal, siempre atenta a los 'grandes hombres' y las 'rninorías
ilustradas' quedaba cuestionada, sin duda, por este cambio.
Se construía así una revaloración del papel de las 'masas' en
la historia, y se insinuaba una lectura en clave heroica de su
actuación, que tendría resonancias a la hora de constituirse
86 Daniel Campione
.

las variantes de izquierda del revisionismo, que hicieron es­


4�1
pecial hincapié precisamente en este punto.
De ese modo, el peronismo se ligó a la visión revisionista
de la historia desde el comienzo, pero de una manera no li­
neal ni completa. Afirma al respecto Halperín Donghi:
"El nuevo régimen no iba a recibir el aporte revisionista
con efusión; si su triunfo debilitó el influjo de la que los

revisionistas llamaban historia oficial en los centros ofi­


ciales de estudios históricos, no se tradujo en la integra­
ción de la visión revisada del pasado argentino en la que
de la Argentina proponía el nuevo oficialismo; ...
",-·II

Con la llegada de Perón al gobierno, el Instituto 'Juan


Manuel de Rosas' se alineó con el oficialismo, pero conser­

vando un grado de autonomía. Esta decisión no dejó de pro­


vocar conflictos, como la renuncia de Julio Irazusta, enrola­
do en la oposición a Perón desde el comienzo.'>! Durante el
primer peronismo hubo avances de los historiadores revisio­
rustas en el ámbito académico (Vicente D. Sierra," Diego
Luis Molinari, que era un disidente de la historiografía libe­
ral,?" puestos sucesivamente a cargo del Instituto de Investi­
gaciones Históricas, Ernesto Palacio, nombrado a cargo de la
Comisión Nacional de Cultura), y cierta reivindicación de
Rosas y los caudillos en los manuales escolares, pero estuvo
lejos de convertirse a su vez en 'historia oficia!'. Ha sido muy
citado el hecho de que el gobierno peronista seguía rindien­
do homenaje al panteón liberal completo, como se hace evi­
dente en los nombres adjudicados a los ferrocarriles, que in­
cluyeron a Urquiza, Mitre, Sarmiento y Roca además de los
indiscutidos San Martín y Belgrano, Por otra parte, con la
Academia Nacional de la Historia se alcanzó, durante un
buen tiernpo, una adaptación mutua entre el gobierno y esa
institución, que prosiguió editando su Historia bajo la di­
...

rección del mismo Ricardo Levene, y colaborando de varia­


das formas con el gobierno, lo que no impidió su posterior in­
tervención." Con todo, era claro que esa historiografía aca­
démica que se había nutrido cada vez más del favor estatal,

/
Argentina la escritura de su historia -

87

ya no era la 'historiaoficial', era en buena medida desplaza­


da de las universidades, y el revisionismo no pudo sino bene­
ficiarse de e110.:;'-' Con todo, el corte no fue total. En algunas
universidades, pese a cesantías y renuncias, que se produje­
ron en todas ellas, el enfoque historiográfico ligado a la Nue­

va Escuela continuó siendo predominante. Un estudio recien­

te sobre la historiografía producida en la Universidad Nacio­


nal de La Plata subraya estos elementos de continuidad, que
se aunaban con una cierta tendencia al anquilosamiento:

"En sentido estricto, la historiografía dominante, tanto


por los temas estudiados como por la metodología
utiliza­
da y por la formación de los historiadores, siguió siendo la
de los representantes de la Nueva Escuela Histórica,
quienes solo en parte habían desaparecido del escenario
académico platense. ( ) la historiografía realizada en el
...

seno de la carrera de Historia, continuaba desarrollando

las líneas de investigación planteadas hacía dos décadas.


No se desplegaron en estos años nuevas temáticas de
análisis histórico, capaces de constituirse en puntos de
partida de nuevas líneas de investigación, en nuevos nú­
",.ti
cleos temáticos o en nuevos aportes metodológicos.
Se ha tendido a considerar que Perón, guiado por un cri­
terio pragmático, prefirió no incorporar el debate sobre el
pasado a los conflictos que atravesaban el presente de la so­
ciedad argentina, por lo que eludía pronunciarse pública­
mente sobre la problemática planteada por el revisionismo.
Por otra parte, una buena porción de la dirigencia del pero­
nismo estaba formada en la visión historiográfica tradicional,
y no veía las razones para dejarla de lado de un modo drás­
tico. De todas formas, la discusión histórica ingresó en la li­
za política, incluyendo las cámaras del Parlamento," y las

fuertes presiones de los revisionistas encolunmados con el


gobierno para que éste se definiera de modo explícito acer­
ca de la reivindicación de Rosas y otras preocupaciones cen­

trales del grupo.


El vínculo San Martín-Perón fue explotado ampliamente
88 Daniel Campione
.

por el gobierno, sobre todo con motivo del Año del Liberta­
dor General San Martín, en 1950 (en realidad ya la letra de
la marcha 'Los muchachos peronistas' ensayaba el vínculo,
con Perón realizador de la Argentina soñada por San
corno

Martín). Los revisionistas se esforzaron ya entonces por in­


tercalar a Rosas
paralelo histórico, pero será recién
en ese

después de 1955 que a la línea Mayo-Caseras-Septiembre


propuesta por la Revolución Libertadora, se le responderá
con la tríada San Martín-Rosas-Perón desde los más diver­
sos círculos vinculados al movimiento derrocado, incluyendo
al propio presidente, desde el exilio. En Los uendepatria;
ex

una de las primeras publicaciones posteriores a su derroca­

miento, Perón tiende a asumir con más claridad las posicio­


nes revisionistas sobre el pasado nacional. De ese modo, el
peronismo, ahora fuera del poder y proscripto, se identifica­
rá sin retaceos con el revisionismo, y dará lugar a nuevas in­
t1exiones de éste, algunos impensables en sus comienzos."
Progresivamente, el nacionalismo aristocratizante perde­
rá peso como sustento ideológico, a favor de la tradición for­
jista y de nuevas corrientes provenientes de la izquierda. Es­
to acompañará tanto a la radicalización de sectores del mo­
vimiento'" corno a la 'peronización' de grupos de izquierda.
Se ha escrito al respecto:
"El revisionismo, ahora despojado de sus elementos más
reaccionarios y tradicionalistas, se aggiorna al posibili­
tar la incorporación de nuevos reclutas, que,
provenien­
tes de tradiciones polít.icas de izquierda (recordemos el
cuestionamiento y el abandono de la matriz liberal por
parte de algunos sectores de izquierda después de 1955)
han simpatizado, por obra y gracia de una nueva situa­
ción política, con esta tradición. Para ellos acercarse al
peronismo era también alejarse del 'mitrismo'. Pero esta
situación política también altera la conciencia de los revi­
sionistas 'viejos'. El aggiornamiento del peronismo apa­
rece como resultado de un doble proceso condicionado
por una misma coyuntura política, se producen cambios
Argentina La escritura de su historia· 89

liO
internos favorecidos por aportes externos."
En los años 60-70 el 'revisionismo de izquierda' ya será
una matriz muy difundida para pensar el presente del país
desde el pasado, leyendo en éste las claves para una pers­
pectiva de transformación revolucionaria que iba ganando
predicamento entre sectores sociales cada vez más amplios.
El auge de masas de esos años será tributario en parte de la
simbología federal, interpretando la historia toda del país co­
mo un prolongado combate entre el imperialismo y sus alia­

das, las clases dominantes y la elite política, expresadas am­


bas en el difuso colectivo 'oligarquía'; y clases populares por­
tadoras intuitivas de un verdadero sentimiento e interés na­

cional. Era un enfoque que combinaba la asignación de cen­

tralidad al enfrentamiento 'nación-imperialismo' con la con­


sideración de la lucha de clases. Las clases subalternas, que
en el primer revisionismo, el de Ibarguren e Irazusta, solían

aparecer corno'plebe' de la cual desconfiar, cambiaba com­


pletamente su papel, hasta identificarse con la 'nación mis­
ma'. Indios, negros, gauchos, trabajadores peron.istas, forma­
ban parte de una secuencia destinada a un triunfo final ine­
xorable, cabal revancha de siglos de injusticia." En esa vi­
sión, la 'historia oficial' era una contribución esencial, en el
plano ideológico, al reiterado triunfo de la minoría pro-impe­
rialista sobre las mayorías oprimidas, una forma de mantener
a amplios sectores de la población en una visión alienada de

la realidad nacional. A contrario sensu la difusión de otra


versión de la historia sería parte insoslayable y necesaria del
triunfo final del 'pueblo' sobre la 'oligarquía', y esa h.istoria
debía procurar seguir el punto de vista de 'los de abajo', del
conjunto de las clases subalternas. En la escrit.ura, el senti­
do militante se hace más fuerte, más preñado de urgencia,
en cuánto aspira con claridad a incidir en la movilización
popular contra las minorías que le roban el presente, sobre
la base de escamotearles tambiénel pasado. Los autores
más difundidos de esa tendencia fueron Rodolfo Ortega Pe­
ña y Eduardo Luis Duhalde. Facundo y las montoneras y
90 Daniel Campione
-

Felipe Vareta imperio británico, fueron las


contra el
obras más leídas de estos dos escritores del peronismo de iz­
quierda (adscriptos a la vertiente más impregnada de mar­
xisrno, el perorusmo de base), que ensayaron una reivindica­
ción de los caudillos populares del interior, considerándolos
encarnación de la rebelión de las masas rurales contra la oli­
garquía porteña, aliada al imperialismo. Trataban de visuali­
zar en esos caudillos (sobre todo en Varela), una posible pro­

puesta alternativa a la Argentina librecambista y probritáni­


ca que veían en construcción en esos años.
La iconografía de los caudillos, encabezada por el propio
Rosas, formaría parte de los símbolos de Montoneros y gru­
pos afines. El propio nombre de la organización establecía
una filiación directa con las masas armadas en la defensa de
la federal, y la lanza de caña tacuara fue uno de los
causa

símbolos que pasó sin mayores cambios desde las juventu­


des nacionalistas y antisemitas de los primeros '60 a la orga­
nización de izquierda de unos años después. Es cierto que
historiadores ligados a esa tendencia o al peronismo de ba­
se, como Rodolfo Puiggrós y el mencionado Ortega Peña, te­
nían una visión más reticente de Rosas, al que consideraban
un representante de la oligarquía, y sólo reivindicaban a los

caudillos del interior, destacando el federalismo antirrosista


que profesaron parte de ellos, rasgo generalmente 'olvidado'
por el revisionismo tradicional.
Otro rasgo característico de este revisionismo radicali­
zado era el anti-intelectualismo, en la idea de que había que
contrarrestar la acción de una intelectualidad de la que se
tenía imagen peyorativa, en tanto se consideraba que
una

nunca había dejado de ser un 'sirviente de la oligarquía', aun

la identificada con los sectores que esgrimían un discurso


de izquierda."
Con todo, muchos hombres de esta nueva tendencia no
dejarán de sentirse identificados en cierta medida con el revi­
sionismo anterior, en una 'transversalidad' izquierda-derecha,
en un repudio a todos los
que se proyectaba, de modo reflejo,
Argentina la escritura de su historia -

91

no revisionistas(asimilados como 'liberales') hecha asimis­


mo sin distinguir entre izquierdas y derechas." El propio
.J.

W. Cooke, representante máximo del peronismo en trance


de radicalización hacia la izquierda, no consiguió 'despegar'
nunca por completo de la cosmovisión nacionalista-revisio­

nista de la historia argentina. Los representantes de la 'iz­


quierda nacional', y no sólo ellos, acentuaron la polarización
entre 'nacionalismo popular' y 'nacionalismo oligárquico', e
incluso llegaron a plantear un 'revisionismo histórico socia­
lista', claramente diferenciado del revisionismo 'resista' /;4 pe­
ro las fronteras siempre estuvieron tan claras.
no

Con posterioridad a la caída del gobierno de Isabel Pe­


rón, el revisionismo entró en un cono de sombra, no faltan­
do algunos de sus hombres claves entre los muchos que su­

frieron el asesinato o el exilio: Rodolfo


Ortega Peña fue ase­

sinado por la Triple A, siendo diputado nacional y defensor


de presos políticos. Su coautor, Eduardo L. DuhaJde, marchó
al exilio, y terminó alejándose de la labor historiográfica.
Ese oscurecimiento, en un primer momento, parecía
confundirse con el silencio forzoso que la dictadura impuso
a toda corriente de pensamiento con algún impulso crítico.

Pero ya no hubo recuperación. El ocaso de la dictadura y el


retomo del régimen constitucional mostraron a una escuela
debilitada. La corriente de izquierda había visto morir o cam­
biar de actividad Ca de ideas) a sus mejores hombres. La más
tradicional no dio lugar a nuevas obras de fuste, sin autores
nuevos de importancia, y con los viejos en proceso de retira­

da. Los vientos que soplaban desde el Estado, con eco en las
capas medias que habían sido su mejor 'clientela' en los años
de éxito, no les eran favorables. La derrota electoral del pe­
ronismo, frente a un presidente electo en base a la revalora­
ción casi eufórica de la democracia representativa, y la utili­
zación del Preámbulo de la Constitución de 185:3 en el rol
simbólico de una suerte de credo laico, trazaba los rumbos
para un reencuentrode amplios sectores de la sociedad con
la tradición liberal, y el consiguiente distanciamiento con el

/
92 -

Daniel Campione

radical antiliberalismo que era signo común de los revisionis­


tas de todas las tendencias. Reencuentro parcial, si se
quie­
re, en una vena más moderna y crítica que la de la antigua
historia oficial, pero reencuentro al fin. La Constitución de
185:3, por emerger de la coalición triunfante en Caseros con­
tra Rosas, y en su visión, resultado de los pujos ilustrados de
los intelectuales que habían combatido al rosismo, era
obje­
to de fuerte rechazo por buena parte de la
historiografía re­
visionista.": Que una candidatura presidencial y un proyecto
político pudiera triunfar contra el peronismo, hasta ese mo­
mento imbatible, proponiendo a la 'carta magna' corno
obje­
to de adoración colectiva, indicaba el
'agua corrida bajo los
puentes' en menos de una década.
Por añadidura, el 'espíritu' que se abría paso en la rela­
ción entre intelectualidad y política, entre ciencias sociales
y
militancia, resultaba también desfavorable al fervor polémi­
co de una historiografía que llevaba en su misma médula el

espíritu de denuncia, que era renuente a las 'maneras de me­


sa' entre adversarios. El revisionismo había estado
siempre
más dispuesto a detectar múltiples traiciones
y conspiracio­
nes, qpe a co-existir amablemente en el 'pluralismo' concilia­
dor y hasta algo inocente que se
pregonaba por doquier en
aquellos primeros años de democracia. Por añadidura, su
gran enemiga, la historiografía liberal, aparecía desleída, yen
esos rnismos años era
desalojada exitosamente de las institu­
ciones universitarias, sin que eso redundara en
ningún re­
posicionamiento importante de la historia de cuño antilibe­
ral, sino en el encumbramiento de una 'historia social' cuya
existencia el revisionismo apenas había percibido, tan
empe­
ñado estaba en su debate con la vieja historiografía.
El descubrir que el enemigo se ha convertido en un fan­
tasma, y que sin embargo se sigue perdiendo la batalla, sue­
le ser W1 síntoma de que la naturaleza espectral se ha exten­
dido a ambos contendientes, y que se libró un combate equi­
vocado o que, al menos, la lucha empeñada ya pertenece al
pasado. Corno suele ocurrir, los enemigos habían contribuido
Argentina La escritura de su historia -

93

a su recíproca, y la 'nueva historia' cornenzaba a


destrucción
barrer los despojos de ambos. En desventaja relativa frente
una insti­
a sus enemigos liberales, el revisionismo no terúa

tución con vínculos oficiales y una red de apoyo corno la Aca­


desde lo
demia, que permit.iera intentar la reconstrucción
institucional de lo que se había perdido en lo ideológico y en

el nivel académico.
El año 1989 fue otra estación en el camino hacia el oca­
so. La visión revisionista estaba vinculada desde siempre a
W1a concepción política que se centraba en la creencia acer­

ca de la necesidad de un Estado fuerte e interventor a la ca­

beza de desarrollo capitalista autónomo. Esta vez el retor­


un

no del peronismo al gobierno marcaba el abandono más ra­

dical de esa concepción y el completo desmantelamiento de


las bases sociales que tradicionalmente la sustentaban. El
presidente de la Nación era peronista, pero se volcaba hacia
un programa económico y social situado en las antípodas de

todo 10 que los revisionistas propiciaban, promovía políticas


que estos solían identificar con la 'entrega' y el 'cipayismo' y
cit.aba elogiosamente Roca y Pellegrini en sus discursos,
a

como para demostrar que el cambio de frente no se circuns­

cribía al presente sino abarcaba a la evaluación histórica.


Al mismo tiempo que producía su viraje, ese gobierno
auspició el retorno de los restos de Rosas, y la incorporación
de su retrato los billetes, junto a todo el panteón liberal, pa­
a

ra resolver así en una fusión a la que los héroes del naciona­


lismo entraban posición subordinada, la antigua duplica­
en

ción de 'galerías' de figuras próceres. Un decreto de 1997


otorgaría al Instituto de Investigaciones Históricas 'Juan Ma­
nuel de Rosas' el carácter de institución oficial", mientras al­
gunos historiadores de esa raigambre ocupaban cargos pú­
blicos, como Fermín Chávez, puesto al frente del Archivo
General de la Nación. El Estado les daba lugar en algunos de
sus pliegues,cumplía reivindicaciones anheladas por déca­
y
das por ellos. Pero eso al mismo tiempo que alentaba la des­
movilización política y la dilución ideológica, y mientras la
94 Daniel Campione
-

nueva historiografía universitaria seguía en pleno avance, te­


niendo entre sus presupuestos el que ni liberales ni revisio­
nistas eran adversarios dignos para ella. Las distinciones se
convertían parte de un dispositivo de neutralización, en el
en

oblicuo reconocimiento de una irrelevancia creciente, como


esos 'premios a la trayectoria' que a veces son utilizados pa­
ra recompensar a quienes han dejado definitivamente atrás
sus rnejores momentos.
La
historiografía revisionista había estado ligada desde
siempre a una concepción polémica y politizada de la histo­
ria, la que declinaba en una sociedad corno la argentina de
los años '90, a la que se pret.endía educar, no sin éxito, en la
ausencia de grandes debat.es, en la existencia de consensos
inamovibles sobre todos los puntos fundamentales, con la
historia como un saber que no tiene una imbricación direct.a
con los conflictos del presente ni con la
proyección hacia el
futuro. En un mundo político e intelectual que tendía a ne­
garse a cualquier planteamiento radical, una imagen del pa­
sado surcada por luchas a muerte y contradicciones irrecon­
ciliables que se proyectan hast.a nuestros días, está destina­
da a perder espacio, efectivamente ha ocurrido, tanto
como

en el terreno de la consideración crítica a su


producción co­
mo en el de la recepción por el
público."
El predominio que el revisionismo había ido logrando en
la historia narrativa dirigida al gran público, se fue diluyen­
do. Lo reemplazaba la profusa y diversa producción de Félix
Luna", el auge de biografías más o menos noveladas, y un es­
plendor impensado de la novela histórica, que pasó a ser un
género de consumo masivo'", Incluso la misma 'nueva histo­
ria' ha procurado incursionar en la divulgación de calidad.
En suma, los presupuestos que lo animaban, habían ca­
ducado." Los pensadores de orientación 'nacional-popular'
(Horacio Gortzález, Alcira Argumedo, entre otros) que si­
guen teniendo audiencia e inserción institucional, ya no ha­
cen de la revisión histórica un eje importante de su
trabajo.
Los pocos que siguen trabajando con la historia y provienen

/
Argentina La escritura de su historia -

95

de orientación, como Norberto Galasso, vuelcan sus in­


esa
San Martín a
quietudes hacia períodos y personajes (desde
John William Cooke yl, alejados de las temáticas más visita­
das durante la 'época de oro' de los '(-)0 y los '70. Agotado
co­

está en con­
mo apuesta político-cultural, el revisionismo no
diciones (nunca lo estuvo) de reivindicar una legitimidad
asentada exclusivamente en la calidad de su trabajo historio­
han muer­
gráfico. Siendo que casi todas sus grandes figuras
to,o se hallan envejecidas, y que no parece haber ba­
muy
ses, siquiera mínimas, para un recambio, no aparece hoy pre­
visible otro porvenir que su progresiva extinción.

NOTAS

I
Allí, junto a la reivindicación de la 'Vieja Argentina', Maristella Svampa
vincula posiciones de este tipo a sectores tradicionales, y en especial del
interior, que se sentían postergados por los cambios vertiginosos que
ex­

perimentaba la sociedad argentina. cr. M. Svampa, El dilema arge-nti­


no: Ciuilieacion o barbarie. De Sarmiento al reuisionismo peronis­
107,
ta, El Cielo por Asalto, 1994, pp, 102 a

sobre la vi­
Gálvez, El Diario de Gabriel Quiroga. Opiniones

Manuel
da argentina. Taurus, 2001, pp. 85-86
;
Ibidem.
I
T. H. Donghi, entrevista en R. Hora y J. Trímboli, op. cit. p. 51.
"
Ejemplo de filiación del revisionismo remontada a fines del siglo
esa

XIX dando por iniciada la escuela con Ernesto Quesada y


la
(en su caso

de encuentra el trabajo de A. J. Pérez Amucháste­


época Rosas) se en

gui, "Federalismo e historiografía" en Revista de la Escuela de Defen­


sa Nacional, Año IV, N° 13, 1976.
Suele relacionarse la aparición de corrientes políticas nacionalistas, y
"

con ellas del revisionismo, con los intereses de sectores terratenientes,


ligados a la ganadería de exportación, perjudicados en la puja con los fri­

goríficos de capital británico y norteamericano, primero, y luego por la


restricción de las exportaciones a partir de la crisis de 19:30. Esto ex­
cluiría ala elite de invemadores de las mejores zonas de la 'pampa hú­
meda', que estaban mejor posicionados frente a los frigoríficos, y luego
96 Daniel Campione
.

lograron ingresar en la cuota de exportación establecida en los acuerdos


emanados del Pacto Roca-Runciman. Sin ánimo de caer en un economi­
cismo lineal, la extracción social de muchos de los primeros revisionis­
tas (Julio Irazusta, Carlos Ibarguron) parece coincidir con esta carac
t.erización (Arturo .Iauret.che los llamó 'los primos pobres de la olig;'.­
quía'). No La
Arqerit.ina .1J el i-m.pe riol.isrno britáriico, de los
en vano

hermanos Irazust.a, editado en 1934, es antes que nada un alegato con­


tra el tratado mencionado De todos modos, esto no puede ser tomado
linealmente. Similar extracción social, e igualmente virulenta reacción
contra el Pacto tuvo Lisandro de la Torre, sin que eso lo impulsara a
revisar sus opiniones sobre la historia. Es interesante al respecto ver
la aut.obiograña de Irazusta, con la explicación que él mismo hace de
su vuelco al nacionalismo y su dedicación, algo tardía, al quehacer his­
toriográfico. Julio Irazusta, Memor-ias (Historia de IFn historiador a
la fuerza) pp. 215 y ss. Irazusta llegó a participar en las medidas de
protesta de los ruralistas entrerrianos contra las consecuencias del
nuevo arreglo.
� "
Afirma al respecto, M. Svampa: no fueron las líneas económicas del
...

primer sexenio radical las que suscitaron las crít.icas más acaloradas,
pues en este punto Yrigoyen continuó con la correct.a aplicación del mo­

delo agroexportador. El objeto de denostación lo constituyeron, en es­


pecial, sus bases de apoyo que le prodigaban un respeto casi reverencial:
esas masas oscuras que seguían a los políticos de comité y aquellos hom­

bres sin ilustre apellido encumbrados en medianas o altas funciones del


Estado." M. Svampa, op. cit.. p. 140. El segundo gobierno ahondaría el
componente plebeyo de un yrigoyenismo ya separado de sus componen­
tes más conservadores, y a poco andar el contexto de crisis económica
volvió el cuadro más amenazante a los ojos de los sectores reaccionarios,
que ya en esos años se lanzaron a una furibunda campaña contra Yrigo­
yen y la 'chusma' que lo apoyaba, comparada con malones indígenas y
candombes de negros, sobre todo en el diario La Fronda, dirigido por
Francisco lJriburu.
H
El primer número del periódico aparece ello de diciembre de 1927, lle­
vando el subt.ít.ulo "Órgano del nacionalismo argentino". Tomaban parte
Ernesto Palacio, Julio y Rodolfo Irazusta, Juan E. Carulla y César E. Pico,
todos hombres jóvenes que se habían conocido en la redacción de La
Fronda, el periódico conservador y anti-yrigoyenista arriba citado. Cf.
Marisa Navarro Gerassi, Los nacionalistas, Jorge Alvarez, 1969, p. 45.
"
"Amantes oligarquía, marginados del poder, los nacio­
despechados de la
nalistas abandonarán la escena política argent.ina elaborando un contra­
discurso crítico, mordaz, moralizante." Maristella Svampa, op. cit., p. 172.
u.
La derecha cat.ólica antiliberal tuvo su fortaleza intelectual en la revista

.-¡;,...

/
Argentina la escritura de su historia -

97

Criterio, con prelados y sacerdotes como Gustavo J. Franceschi, Leo­


nardo Cast.ellani y Julio Meinvielle la
cabeza, y la participación de lai­
a

cos nacionalistas como Ignacio B. Anzoátegui o Manuel Gálvez, y los


Cursos de Cultura Católica, organizados desde 1932 por Atilio De'U Oro
Maini y Tomás D. Casares, dos intelectuales católicos de acendrado con­
servadurísmc. CL Marisa Navarro Gerassi, op. cit, pp. 109 a 111. En es­
te campo, las preocupaciones intelectuales eran más filosóficas y teoló­
gicas que históricas, pero ese auge de la 'reacción católica' no dejó de
llevar sustento a las posiciones revisionistas.
11
Cf. Marist.ella Svarnpa, El dilema araentino: Ciuiiieacion. o Barba­
rie. De Sarmiento al revisionismo peronista. El Cielo por Asalto,
1 �)94, p. 179.
i ;
La h.istorio.falsificada fue editada originalmente en 19:38, y fue obje­
to de sucesivas reediciones.
1;
Arturo Jauretche. Política nacional :Y revisionismo histórico, 2a edi­
ción, corregida y aumentada, Arturo Peña Lillo, 1970, p. 1 'i .

11
"La historia falsificada fue iniciada por combatientes que, en el mejor
de los casos, no expresaron el pensamiento profundo del país; por mino­
rías que la realidad de su momento rechazaba de su seno y que precisa­
mente las rechazaba por afán de imponer instituciones, modos y es­
su

quemas de importación, hijos de una concepción teórica de la sociedad


en la que
pesaba más el brillo deslumbrante de las ideas que los datos de
la realidad; combatientes a quienes posiblemente la pasión y las reaccio­
nes personales terminaron por hacer olvidar (. ) Los límites
impuestos
..

por el patriotismo para subordinarlos a intereses y apoyos foráneos que,


estos sí, tenían conciencia plena de los fines concretos que perseguían
entre la ofuscación intelectual de sus aliados nativos." Ernesto Palacio,
La historia falsificada, Colección La Siringa, Peña Lillo, 2a edición,
1960, p.18.
,.,
Atilio García Mellid, Proceso al liberalismo argentino, Theoria, 2"
edición, 1964, p. 15.
'"
A. García
Mellid, op. cit. p. 28. El subrayado es del autor. García Me­
llid de los más extremos dentro del revisionismo, en cuanto a la
es uno

denuncia de una conspiración en la que casi siempre destaca la confor­


mación mental de los liberales, y no su pertenencia de clase o sus inte­
reses materiales, al estilo de Palacio, y a diferencia de Jauretche, más
cercano a un enfoque de clase.
17
Cf'. Alejandro Cattaruzza, "Descifrando pasados: debates y representa­
ciones de la historia nacional." En Alejandro Cattaruzza (dir.) Crisis econó­
mica, avance del Estado e incertidumbre poiüica
(19:30-1943), tomo VII
de Nueva Historia Aracntina, p. 448-449. Se afirma allí: "La tolerancia que
98 Daniel Campione
.

el mundo cultural demostró hacia los revisionistas revela que no se halla­


ba articulado alrededor de un único eje liberal-democrático, con un pro­
grama preciso que lo obligara a repudiar a quienes plantearan la discu­
sión del pasado desde posiciones siempre sospechadas de autoritarias."
Idem, p. 449. Por su parte Carbia, en la edición de 1940 de su Historio­
grafía llega a incluir al revisionismo como expresión de la Nueva Es­
...

"

cuela, como una corriente dentro de la misma que, tomando como


...

epicentro a la Dictadura, anhela darle otro sentido y otra comprensión a


todo el pretérito argentino posterior a 1810", y menciona al por enton­
ces flamante Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Ro­

sas como 'centro de irradiación'. R. D. Carbia, op. cit. p. 165.


IS
Prólogo de Alberto A. Mondragón, en José María Rosa. El Revisionis­
mo Responde, 1964, p. 10.
1"
Fermín Chávez era un escritor de prosa vivaz, de firme militancia pe­
ronista. Escribió trabajos de tono biográfico como Vida y muerte de Ri­
cardo López Jordán o El hermano de Martín Fierro, así como ensa­
yos generales de interpretación, entre ellos Civilización y barbarie en
la historia de la cultura argentina.
�(J
Al torrente de literatura histórica revisionista producida sobre todo
entre los últimos años '50 y los primeros '70 se sumaban frecuentes ree­
diciones de las obras iniciales del revisionismo (el Rosas de Ibarguren, ...

la recopilación de correspondencia rosista de Irazusta entre ellas edita­


do como Vida política de Rosas vista a través de su corresponden­

cia), e incluso de 'precursores' como Adolfo Saldías, cuya Historia de


la Confederación Argentina fue incluso relanzada por EUDEBA.
�I
Diana Quattrocchi Woisson, historiadora vinculada a la Academia, co­

menta así esta incorporación: "La Academia reconocía así a uno de los
mejores exponentes de la contrahistoria revisionista, un hombre cuyas
referencias intelectuales, metodológicas y políticas ya no desentonaban
en la magnífica sala donde los exponentes de la tan mentada 'historia
oficial' lo reconocían como uno de los suyos." cf. D. Quattrochi-Woisson

en Academia Nacional de laHistoria, op. cit., vol. 1, p. 310. Irazusta, ade­


más de sus trabajos históricos, dejó una profusa producción ligada a la
teoría política (La monarquía constitucional en Inglaterra, Eudeba,
1970, Tito Livio o del imperialismo en relación con las formas de go­
bierno y la evolución histórica, Mendoza, Universidad Nacional de Cu­
yo, 1951, y La política, cenicienta del espíritu, 1977) e incluso a la crí­
tica literaria, que fue su dedicación principal antes de la historia. En es­
te último género le fue otorgado el Premio Municipal de 1937 por su tra­

bajo Actores y Espectadores, editado por Sur. También fue un frecuen­


te traductor de obras en inglés y francés. Un tratamiento exhaustivo de
la producción intelectual de Irazusta, juzgada con el prisma muy favora-
Argentina la escritura de su histeria -

99

ble de quienes fueron discípulos, se encuentra en los distintos en­


sus

sayos agrupados Enrique Zuleta Alvarez, Mario G. Saravi y Enrique


en

Díaz Arauja, Homenaje (t Julio Iraeusta, Mendozn, 1984


""
Del mismo año 1930 es Ibarguren, Juan Ma­
el libro más difundido de
nuel de Rosas-Su vida, su drama, su tiempo; pilar de la revalorización
integral de Rosas (asociado a la oposición al dominio anglosajón, al anti­
liberalismo político, la defensa de los valores de la vida rural y el orden
jerárquico de las sociedades tradicionales). Ibarguren era por cierto un
representante cabal de la clase dominante, perteneciente a una familia
de estancieros, y era un intelectual y político destacado dentro de los
círculos establecidos. Llegó a ser presidente de la Academia Argentina
de, Letras en los años '40, y previamente había sido presidente de la sec­
ción argentina del PEN Club Internacional. En el terreno político, luego
de ser ministro de Justicia e Instrucción Pública bajo la presidencia de
Roque Sáenz Peña, actuó en el Partido Demócrata Progresista, del que
llegó a ser candidato a presidente en las elecciones de 1922.
;,
El antecedente inmediato del paso a la militancia política nacionalista
y al trabajo historiográfico de los primeros revisionistas que se asumie­
ron como tales, es el de la fundación del periódico La Nueva República,

por Ernesto Palacio, los hermanos Irazusta y Juan E. Carulla, periódico


que apareció en diciembre de 1927. Un extenso relato de la fundación
de ese órgano de prensa se encuentra en Julio Irazusta; Memorias (His­
toria de un nistoriador a lafuerza, ECA, 1975, pp. 176 y ss). Ernesto
Palacio, que era el Jefe de Redacción, sintetizó así el ideario del periódi­
co: "invocaba la vueltala tradición nacional para encontrar los reme­
a

dios que el país urgentemente reclamaba. Su persistente ataque a la de­


mocracia se dirigía, sobre todo, contra el prurito de convertirla en reli­
gión, con olvido de su carácter instrumenta!: religión expresada en la creen­

cia de que el simple funcionamiento del sistema constituía una panacea pa­
"

ra todos los males (E. Palacio, Historia de la Argentina


... citado por J. ...
,

Irazusta, 184). La Nueva República fue a su vez antecedente de


op. cit. p.
la Liga Republicana, agrupación directamente comprometida en la conspira­
ción que dio lugar a! golpe militar de septiembre de 1930.
"1
Irazusta dedicó sendos estudios al pensamiento de Antonio de Rivarol
y de Edmund Burke, ambos publicados en 1951.
"',
Escribe Diana Quattrocchi-Woisson: "La tercera parte del libro de los
hermanos Irazusta, llamada 'Historia de la oligarquía argentina', es la pri­
mera síntesis coherente de una contrahistoria que ya había comenzado

a esbozarse con elementos dispersos, y que ahora aparece por primera

vez en una visión de


conjunto destinada a perdurar." (Diana Quattrocchi­
Woisson, 111). La utilización del término 'imperialismo' no esca­
op. cit. p.
pó a la despreocupación por la teoría que caracterizó a la generalidad de
100 Daniel Campione
-

los revisionistas, ya que se lo aplicó en un sentido vago que permitía ha­


blar de 'imperialismo financiero' en fecha tan temprana corno 1820, yen­
do contra los análisis de los clásicos del terna corno Hobson, Hilferding y
Lenin. José María Rosa titularía un libro suyo, centrado en el emprésti­
to Baring, Riuadanna y el i mperiatismo financiero.
"'o
Esta obra fue sin duda la fundamental de Irazusta en el terreno histo­
riográfico. Iniciada su edición 1941, y continuada a lo largo de una dé­
en

cada, en 1970 aparece la edición definitiva, en ocho tomos, en ediciones


Trivíum.
"o
Ver Roberto Etchepareborda, Rosas Controuertida. historioarafia; Plea­
mar, 1972 y Hebe Clementi, Rosas en la historia nacional, La Pléyade, 1970.
""
Al decir de
Halperín Donghi cuando describe ciert.as críticas al rosis­
mo historiográfico, los revisionistas valorizaban en el gobierno de Rosas
que" resolvía los problemas planteados por la exigencia democrática al
...

dar a la plebe un lugar en el sistema político, pero sin otorgarle por ello
ningún influjo real en las decisiones del poder." (T. Halperín Donghi, "El
revisionismo histórico argentino como visión decadentista de la historia
nacional" en Punto de Vista, Año 7, n° 23, abril de 1985, p. 11.
""
La prosapia intelectual de ese revisionismo remite con claridad a la se­
gunda mitad del XIX, representada por los pensadores que sostuvieron
el federalismo antirrosista posterior a Caseros y denunciaron las accio­
nes políticas del 'mitrisrno', desde la
ejecución del Chacho él la guerra del
Paraguay; tales como Carlos Guido y Spano, Olegario V. Andrade, José
Hernández, y el propio Alberdi de Pequeños y grandes hombres del Pla­
ta y otros escritos de su exilio europeo. Un interesante
enfoque al res­
pecto es efectuado por el estudioso norteamericano Nicolás Shumway,
en el capítulo correpondiente de su libro La inven.ción de la
Arqentina
Historia de una idea, Emecé, 2a. edición, 1995, pp. 235 y ss.
)11
cf. Armando Raúl Bazán, La investigación histórica en la Argenti­
na (l940-19í:3) Buenos Aires, 1974, p. 226. Este autor plantea esa ver­
tiente revísionista como una defensa de los caudillos y del pueblo de las
provincias en tanto que 'componentes genuinos del alma argentina',
frente a los ingredientes 'aluviales' provenientes de la
ciudad-puerto.
En una línea diferente, también los historiadores de la 'izquierda nacio­
nal' planteaban una diferenciación fuerte respecto del 'porteñismo' de
los revisionist.as 'tradicionales', con José María Rosa a la cabeza. Cf. Al­
fredo Terzaga, "Rosismo y mitrismo: Dos alas de un mismo partido", en
AAVV. El revisionismo histórico socialista, Octubre, 1974. En un senti­
do parecido se expresó por esos años, A.J. Pérez Amuchástegui: "Los his­
toriadores provincianos se hicieron presentes para clarificar problemas y
situaciones desatendidas, desdeñadas o, incluso, subvertidas maligna­
mente para justificar arteros intereses. En los últimos años ha cobrado
Argentina la escritura de su historia -

1 01

cuerpo una historiografía federalista, nada proclive a la exaltación de


Rosas, cargada de íntencionalidad vindicadora del caudillismo medite­
rráneo." A. J. Pérez Amuchástegui, "Federalismo e historiografía", en

Revista de la Escuela de Dcjcu.sa Nacional, Año IV, N° 13, 1976.



Es llamativo que, si bien el exponente máximo de la historia oficial, Ri­
cardo Levcne (p. ej en su libro Las Ludias no eran colonias. Austral

1 Wil), y al menos algunos de sus adlát.eres más importantes, como En­


rique de Gandia (ES)HU7a 1"1/ la conquista del mundo, Historia de lo
conqu.isto del Rio de la Plata :/j del PWUglWY: los aobiernos de Don Pe­
dro de Mendoza; Alrar Nuúe: y DO/ni ;I{JO de Iraia 15;35-1556, Crori ica
del moauitico adelantarlo don Pedro de Mendoza. entre otros trabajos),
compartían una visión apologética de la actuación hispánica en el perío­
do colonial, los revisionistas la emprendieran contra la 'leyenda negra'
sobre la conquista y colonización española, como si la mirada adversa so­
bre ésta, construida en la época de la independencia y afirmada por la
generación de 18:3(, siguiera formando parte de la versión hist.órica ofi­
cial (como sí lo había sido en la época anterior a la Nueva Escuela). Pa­
reciera existir cierta
incapacidad. desde las filas del revisionismo, para
defender cualquier posición, si no era en vena polémica contra supues­
tas conspiraciones de ocultamiento y distorsión ele la verdad histórica.
Por añadidura, tomar nota de la benevolencia hacia la dominación colo­
nial, y hasta el
hispanismo declarado que campeaba en buena parte de
la Academia (Ricardo Zorraquín Becú es un caso claro, además de los ya
nombrados) hubiera significado para ellos reconocer que el liberalismo
no era el único
componente ideológico en la historia oficial, y que el ca­
rácter de descendientes directos de la historia escrita
por Mitre, López
y la generación del '80 que asignaban a los portavoces de la historiogra­
fía erudita, no era tan lineal y completo cómo les
gustaba suponer.
:c
Palacio, entre otros, afirma la existencia en Argentina de una hispani­
dad que excluye cualquier herencia
indígena: "Somos españoles; mejor
dicho, somos la prolongación de España en el Río de la Plata, por la persis­
tencia entre nosot.ros de los dos element.os diferenciales, de
const.ituyentes
cult.ura, que son la
religión y el idioma. No provenimos, espiritualmente ha­
blando, de españoles e indios, sino exclusivamente de los
primeros." ( ) ...

"La influencia indígena ha sido aquí, en la


Argentina, nula como contribu­
ción de cult.ura e ínfima corno aporte de
sangre." (E. Palacio, La historia
falsificada, Colección La Silinga, Peña Lillo, 1960, p. 24)
"Tbidem.
"
Véase en ese sentido el relato sobre el período de Mayo cont.enido en
el torno JI, de la Historia Arqentiua de José María Rosa.
;',
El ataque cont.ra Sarrniento de más éxito en el
gran público fue el de Ma­
nuel Gálvez, autor de una biografía del
sanjuanino que lo deja mal parado,
102 Daniel Campione
.

hasta en su salud
no pensarnient.o y actitudes políticas, sino
ya por su

mental. Cf. Manuel Gálvez. Vida de Sccrm.ien.t o, el hombre de autori­


dad, Emecé, 1845
la época de los gobiernos radicales, dentro de ese partido apare­
;';
Ya en

cen defensores dp algunos de los ternas qu« posteriormente


tornara el
de Mendo­
revisionismo, corno lo fueron Dardo Corval.u Mendilaharzu,
,

santafesino Ricardo Caball,'" Los caudillos tendían a


za, y el dirigente 1,

ser como representantes de un liderazgo popular y


exaltados democrá­

Rosas entendido defensor de las ideas Iederalistas con


tico, y como un

las que la U,c'R. se identificaba, (cf. D, Quattrocchi-Woisson, Los males


de la memoria; pp. 61 y ss.). Esa relect.ura el" la historia en clave a la
vez democrática y nacionalista, no llegaría a imponerse, ni siquiera en
las filas del propio radicalismo vrigoyenista, y no daría lugar a obras his­
t.óricas de importancia, Caballero se c!pdicó más bien a la historia del
partido radical, trabajo, entre otros, sobre la revolución radical
con un

de 1905. Serían los hombres de FO R..JA años después, los que tomarían
,

un sendero parecido, pero al precio de romper con


el partido radical.

;7
impugnación global de la forma­
Atilio García Mellid fue autor de una

ción ideológica argentina, titulada Proceso al liberalismo arqeruino,


René Orsi t.uvo su obra hist.órica más conocida en Historia de la disqre­
gación rioplutcnse, la que abonaba ot.ra tesis favorita del revisionis­
en

mo, la 'balcanización' de América del Sur (y del antiguo virreinato del

Río de la Plata en particular), como resultado ele las políticas británicas,


lideradas por George Canning.
lM
FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), fue
organización política que, como tal, tomó el debate
so­
quizás la primera
bre la historia nacional como una tarea central. Esa decisión alcanzó ma­

t.orno a 1940, la organización definió su


yor claridad y alcance cuando en
de
abandono de la Unión Cívica Radical (con el ccnsiguient.e alejamiento
en el
Gabriel del Mazo y Luis Dellepiane, que optaron por permanecer
corrientes naciona­
'tronco' radical), y su creciente vinculación con las
Jauretche reconocerá
listas, sin fundirse nunca del todo con ellas, que,
realizaron investigación original, sino que to­
en general, los forjistas no

historiadores nacionalistas, para reinter­


rnaron el trabajo previo de los

pretarlo parcialmente y volcarlo en escritos polémicos,


".
Norberto Galasso, libros dedicados a Scalabrini Ortiz, Jauretche,
con sus
en el antiírnperíalismo
e inclusive él Manuel Ugarte (socialista enrolado
últimos años
en sus adhirió al peronísmo), fue quizás quien más t.ra­
que
filiación entre FORJA y la 'izquierda nacional',
bajó para fundamentar la
histórico de R, Scalabrini Or­
Beatriz Sarlo caracterizando el enfoque
1"

visión de la historia que impulsa el forjis­


tiz, apunta a los rasgos de la
InO, tant.o en su
falencia en el plano historiográfico, como en su eficacia
Argentina la escritura de su historia -

lfl3

"

política: la teoría monocausalista y fuertemente conspirat.iva que se


...

propondrá como explicación global de los males nacionales: bajo las for­
mas de la independencia política no somos sino una colonia. ( ) Sin du­ ...

da, es enorme el poder persuasivo de esta historia sencilla donde acon­


tecimientos Y actores están perfectament.e clasificados según la dicot.o­
mía nacíonal-antinacional." Y más adelante: "( ) la lógica binaria que
...

despliega está entre las razones básicas de su eficacia Un claro sistema


de valores define los lugares y un movimiento imaginativo coloca a los
actores, les atribuye intenciones simples y comprensibles, los mueve en
acciones perfectamente encadenadas." (B. Sarlo. Una modernidad pe­
riférica: Buenos Aires 1920 y 1980. Nueva Visión, 3a edición, marzo de
1999, p. 210-220). Estas coordenadas de interpretación de la repercu­
sión de Scalabrini son, a nuestro juicio, aplicables al éxito de público de
otros cultores del revisionismo.

11
Para Alberto Pla, la visión de los revisionist.as es "( ) la misma de los ...

liberales, pero el caso es que se trata de la misma metodología del resto


de los revisionistas nacionalistas. O sea se trata de una historia fáctica,
de tiempo corto, y que entiende la historia básicamente como historia
política." A. J. Pla, Ideología. y método en la nistorioarafia argentina.
Buenos Aires. Nueva Visión, 1972, p. 4l.
1�
"Se const.ruyeron dos panteones paralelos y perfectamente opuestos,
donde cada elemento se insertaba en una línea coherente: 'civilización
"

liberal' o 'nacionalismo' ...Silvia Siga!. Intelectuales y poder en. la. dé­


cada del sesenta. Puntosur, 1991, p. 28.
"José María Rosa, El Reinsionismo Responde, Prólogo y Apéndice Biblio­
gráfico por Alberto A. Mondragon, Ediciones Pampa y Cielo, 1964, p. 15.
11
"El control del
pasado por el poder es un fenómeno común a todas las
sociedades de clase; pero se efect.úa según modalidades específicas, en
función de las exigencias de cada modo de producción dominante." cf.
Jean Chesneaux, op. cit. p. 37.
'"
Esta tendencia adudar preventivamente de toda afirmación de la his­
toriografía académica, y buscar el modo de afirmar lo opuesto sin ana­
lizar seriamente el problema correspondiente, fue estigmatizada en su
momento por Halperín: "Los revisionistas no revisan los esquemas here­

dados; invierten tan sólo los signos valorativos que tradicionalmente


marcaban a cada uno de los términos en ellos contrapuestos." T. Halpe­
rín Donghi, "La historiografía argentina en la hora de la libertad", en Ar­
gentina en el callejón, edición definitiva, Ariel, 1995.
1"
La 'Marcha de la Constitución y la Libertad', gigantesca demostración
pública de todo el arco antiperonísta, realizada el 19 de septiembre de
1945, puso en escena esa iconografía (carteles con la efigie de Echeverría,
104 -

Daniel Campione

Rivadavia, Urquiza, Mitre, Sarmiento, Roque S,Íf�IlZ Peña), acompañada


de la presencia a la cabeza de la manilr-st.ación del emb.ii.rdor Spruille

Bradr-n, días antes de retornar a su país. Cf Félix Luna, El 4:) Crcrnica


de ten o.ño decisivo, p. 199 él 202.
1;
Afirmaba un destacado diputado peronista: "Yo creo que para quien
observa mirada sagaz y penetrante el acontecer histórico argentino
con

tiene que llegar, sea o no especializado en la historia argent ina, a una


conclusión ( ) y ella es que d hombre puro, PI héroe impoluto, el héroe
...

por ant.onoruasia c. ) PS ( ) el hombre masa c. ) A su vera cualquier hé­


.. ... ..

roe, cualquier personalidad de la historia argentina, empalidece y se re­


"

duce a proporciones minúsculas Diputado Joaquín Díaz de Vivar,


...

CDDS, 1946, t. V, p. :39G (Citado en C. Pittelli-M. Somoza Rodríguez, "Pe­


rouisrno: Notas acerca de la producción y el control de símbolos. La his­
toria y sus usos", incluido en Adriana Puiggrós (dir.) Discursos pedaqo­

aicos e irruuji.no.rio social en. el peron.isrno (1945-1.955), Galerna,


Buenos Aires, 1995, p.214)
1K
Narra el episodio del proyecto de 'Monumento al Descamisado', incluso
aprobado por Ley N° 12.876, Alberto Ciria en Politica y cultura popular"
la Aracru ina peron.ista 1.946-1955, Ediciones de la Flor, 1983, p. 9�3.
1"
Esa entronización de las masas humildes como constructoras de la na­

cionalidad, y la transferencia a las mismas de valores ant.es exclusiva­


mente atribuidos a los próceres (desinterés, espíritu de sacrificio, leal­

tad, preocupación excluyente por la


grandeza de la patria), es estudia­
do minuciosamente en C. Pittelli-M. Somoza
Rodríguez, en A. Puiggrós
(cornp.) op. cit. pp. 209 y ss. Como allí también se explica, esa 'eleva­
ción' del rol de las clases populares, no se libra de un vínculo de subor­
dinación con el 'líder', en una relación asimétrica y no exent.a de ambi­
güedades, donde aquél juega el papel de 'conductor-disciplinador'.
C,O¡
T. Halperín Donghi, "El revisionismo histórico argentino corno visión
decadentista de la historia nacional." En Punto de Vista. Arlo VII, N° 2:3.
Abril de 19SG, p. 1:3

"El Instit.ut.o de Investigaciones Históricas .Iuan Manuel de Rosas, pur­
gado de los miembros que pretendían alejarlo del nuevo movimiento,
opera su completa peronización bajo la dirección de José María Rosa. La
manifestación más evidente de esta 'peronización' es la presencia en
1 !)f) 1 del
diputado peronista Cooke en la sede del Instit.ut.o, dando una
conferencia dirigida contra Echeverría, y más aún, contra los que honra­
ban su memoria. Cooke es elegido luego vicepresident.e del Instituto."
Diana Quatt.rocchi-Woisson, op. cit. p. 291.
Ce
Vicente D. Sierra, de formación autodidacta, constituye un ejemplo de
historiador católico, identíficado con el nacionalismo de derecha, volcado
Argentina la escritura de su historia -

1 05

COIl entusiasmo al peronismo a partir ele 1946. De formación aut.odidac­


ta, varias de sus obras principales están dedicadas al papel de la Iglesia

en período colonial: El sen/ido misional de la conqu.isto. de Améri­


el
ca. Así se hizo Amcrica-La e.cpartsicrri de la h.ispa.n.idad en el siglo

XVI. Produjo también una Historia de la Argentino, de doce tornos,


que empezó a publicar en 1956, La obra quedó algo opacada por el tra­
bajo algo posterior de .1. M. Rosa, que en un estilo mas popular, convir- .

tió a su Historia.. en un éxito masivo.


..
Diego Luis Molinari había sido considerado una de
Como hemos visto,
las figuras principales de la 'Nueva Escuela Histórica' desde los comien­
zos, y formó parte por largo tiempo, primero de la Sección de Historia, y
luego del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filo­
sofía y Letras de la lIBA. Sólo después se volcaría a posiciones revisio­
nistas, con su obra La Representación de los Hacendados de Mariano
Moreno, su ninguna influencia en la i.ida economice del país .1} en los
sucesos de Mauo de 1810, entre otras. Ya bajo la presidencia de .Iuan Do­

mingo Perón, y luego de un período a cargo de Vicente D. Sierra, fue


puesto en la dirección del mencionado Instituto, lo que al tiempo provo­
có el alejamiento de Ravignani, al parecer hostilizado por el nuevo direc­
tor. Colaboró en la Historia de la Nación Argentina, en capítulos de­
dicados al período colonial.
'"
La publicación de la Historia
no quedó completada hasta 1950, año
...

en que apareció el tomo sobre el


período resista, dirigido por Enrique M.
Barba, De todos modos, la Academia, pese a los esfuerzos de Levene por
mantener la tradicional cercanía al poner, resultó marginada ele un mo­
do ostensible en los fastos conmemorativos de 1950 (" Ai10 del Liberta­
dor General San Martín") y terminó por ser intervenida en el año 1952
(si bien como parte de una medida general, aplicada a todas las Acade­
mias Nacionales), con el resultado de la completa cesación de sus acti­
vidades hasta después del golpe de 1955, Entonces fue reabierta y Le­
vene regresó a la dirección, hasta su fallecimiento,

c.
Halperín Donghi lo señala con agudeza: "Aun sin identificarse por en­

tero con el peronisrno, el revisionismo debía beneficiarse de todos mo­


dos con la disrupción que éste había provocado en los centros defenso­
res de una 'historia oficial' que había dejado de serlo." T.
Halperín Dong­
hi, El revisionismo histórico argentino, Siglo XXI, 1970, p. 35,
'

•.
cf. Adrián G, Zarrilli, Talía V Gutierrez y Osvaldo Graciano, Los Estudios
Históricos e-n la Unicersidad Nacional. de La Plata (1905-1990) Tradi­
ción, renovación. /j sinaularidad. Academia Nacional de la Historia, 1998,
.,
Al menos tres destacados historiadores fueron parlamentarios durante
el peronismo: Molinari y Palacio, por el oficialismo y Ravignani, de la
opo­
sición radical. Con todo, las principales intervenciones parlamentarias
106 Daniel Campione
.

sobre el terna estuvieron cargo de otros legisladores, como el peronis­


a

Cooke y los radicales Arturo Frondizi y Ernesto Sammartino Cf.


ta J. W.
D. Quattrocchi-Woisson, op. cit. p. 244 y ss.
·.x
Halperín Donghi presta atención a una de las derivas del revisionismo
post-55: la de aparecer corno una vía de conciliación entre distintos cam­
pos ideológicos dentro de lo que él denomina los defensores del stat u
quo, facilitando una conciliación unificadora en la visión del pasado, yen
esa línea menciona principalmente al Irazusta del posperonismo y a Mar­

cos Merchensky en Las corrientes ideolooicas de la historia argenti­

na. Si bien es cierto que tal tendencia tuvo su gravitación, corno él mis­

mo Halperín reconoce fueron las nuevas vertientes contestatarias, inspi­

radas más o menos libremente en el marxismo, las destinadas a prevale­


cer. Cf. T. Halperín Donghi, El reuision.ismo histórico pp. 44 y ss.
...
,

e,"
.Iohn William Cooke, el
importante entre los impulsores tempra­
más
nos (fines de los '50 y comienzos de los '60) de la convergencia entre el

peronismo y el marxismo, participó también del movimiento revisionis­


ta, dando incluso conferencias de contenido hist.órico en el Instituto
Juan Manuel de Rosas. Durante las presidencias de Perón, y en su carác­
t.er de parlamentario, tuvo importantes intervenciones de contenido re­
visionista en el recinto legislativo. (cf. Diana Quat.trocchi-Woisson, pp.
244 y ss.)
¡;¡)
Miguel Mazzeo, John Williarn. Cooke, Textos traspapelados (1957-
1961) en La Rosa Blindada, 2000, 'Estudio Introductorio', p. 37. En
cuanto a los cambios de los 'viejos' revisionistas, los experimentará el

propio J. M. Rosa, figura estelar del movimiento antes y durante el go­


bierno de Perón, quien, por ejemplo, no se privó de expresiones de sim­
patía por la Revolución Cubana, aun después de la expresa proclamación
de su carácter 'marxista-leninista'.
'd
opinión de A. Cattaruzza, en esta nueva etapa, el revisionismo
En la
proponía un relato histórico que se enlazaba con la historia de la nación
desde sus momentos iniciales "pero est.a vez proponiendo una genealo­
gía que lo emparentaba con los perseguidos, con los derrot.ados. En es­
ta visión, ellos se alzaban una y otra vez para proseguir un combate más

que secular, que era el de la entera nación, contra las minorías del privi­
legio que usurpaban el gobierno aliadas a alguna potencia extranjera." A.
Cattaruzza, "Algunas reflexiones sobre el revisionismo histórico" en F.
Devot.o (comp.) op. cit 1, p. 124.
"
h"
Horacio Tarcus caract.eriza así este rasgo: el antiintelectualismo, fi­
...

gura que se acrecent.ará a lo largo de los '60 y primeros '7n, pero que ya
t.oda claridad en autores corno'Jaurct che, que des­
aparece perfilada con

pectivamente llamaba la intelligentzia ( )" a la que le atribuía "las mar­


...

cas negativas de la extranjería, el eterno divorcio de la realidad nacional,


Argentina la escritura de su historia· 1 07

H Tarcus, El ma.r.cisrno oloidado en la Ar­


"

su carácter colonizado ...

Peña. el Cielo por Asalto, 1996.,


gentina. Siluio Froruiiei y Milciades
de Rusia, país donde
pp. 12:3-124. El término irueüiaerueia proviene
enfrentada con el Estado,
designaba a una clase media intelectual que,

no acertaba a vincularse con el pueblo.


,,'
se cruzaban en varias direcciones, ya que la asimi­
Las contradicciones
se solía de­
lación de buena parte de los revisionistas iniciales a lo que
colocaba prima [acie a aqué­
nominar como 'nacionalismo oligárquico'
llos en las filas enemigas, las de la 'oligarquía'.
,"
"El Revisionismo Histórico Socialist.a constituye el trasfondo que nos
nacional en sus rasgos
permite explicar, no sólo el carácter del drama
actuales,sino su resolución futura que es lo que más importa. Porque al
seudohisto­
fin y al cabo toda visión del pasado resulta historia muerta,
ria, cuando no es capaz de señalarnos los cauces del porvenir." (AAY'V.
histórico socialista, Octubre, 1974, prólogo de Bias
El revisionismo
Manuel Alberti, p. 14). El libro aquí citado reúne artículos de dirigentes
principales de la
'izquierda nacional', tales como Ramos, Spilimbergo, Al­
fredo Terzaga y otros. Alberti en el prólogo citado, y Terzaga en su artí­
decadentista' del re­
culo, atacan también lo que ot.ros llamarían 'visión
de Ro­
visionismo, que creía ver al país frustrado ya a part.ir de la derrot.a
sas en Caseros.
"lO
Véase Nos, los representantes ... de José María Rosa

Ese reconocimiento al Inst.it.uto fue a su


h,ó
vez anulado por decreto del

presidente de la Rúa, durante el año 2000.


'ó,
Cf. A. Cattaruzza, art cit. en F. Devoto, op. cit. p. 1:32.

Luna atravesó el auge del revisionismo asimilándose a sus temas, y en


'óx

cierta medida a sus enfoques. Así escribió Los caudillos, y El 45, entre
ot.ros. Siempre atento y perceptivo a las tendencias del mercado, los 'SO
Soi) Roca, la Historia
lo encontraron en un plan diferente, marcado por

integral de los argentinos, y otros productos más cercanos a la nueva


'corriente principal'. Esa 'ductilidad' junto con la decadencia de sus

'competidores' revisionistas, le permitió no sólo mantener sino ampliar


su nivel de ventas y explorar canales nuevos para la difusión de sus t.ra­

bajos. 'Félix Luna' tiende a convertirse en una 'marca' con promesa cer­

tera de buenas ventas, más que en un indicador de la autoría efectiva de


los trabajos.
,,',
Más adelante nos ocuparemos de esa producción novelística, en el

apartado específicamente dedicado a la divulgación.

Un artículo sobre el revisionismo, escrito desde la historiografía uni­


,o

versitaria, diagnostica el declive en estos términos: "En la Argentina de

/
108 -

Daniel Campione

comienzos de los años '!)O aquella potencia que había caracterizado al re­
visionismo, y al menos sorprendido a sus antagonistas, parece agotada.
Esta opinión, que retomaremos más adelante, no supone 'decretar' la
muerte de un movimiento inte-lectual, sino sostener que, aprisionado ell­
t.re su todavía penetración académica y su mínimo registro de los
escasa

cambios problemas históricos que interesan al público, el grupo


en los
ya no logra hacer oír su voz: el revisionismo no se halla hoy en condicio­
nes de participar activamente en las discusiones colectivas sobre el
pa­
sado nacional." A. Cattaruzza, "Algunas reflexiones sobre el revisionis­
mo histórico." En F. Devoto (cornp.) op. cit. J. p. 113 .

;,
Nos referimos a la temática de obras recientes de Norberto Galasso,
que ha publicado biografías de J. W. Cooke, de Arturo .Jauretche, e inclu­
so de Enrique Santos Discépolo, para luego dar a luz una
biografía de
San coincidente con cumplirse un siglo y medio de su muerte.
Martín,
Galasso quizás el único revisionista que aun cuenta con audiencia fue­
es

ra de CÍrculos donde comienza a predominar el ejercicio de la


nostalgia
por un pasado irrepetible más que la producción actual relevante.

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