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La Bruja Carla y El Bosque Encantado

Escrito por Martin Catalan Berce
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La Bruja Carla y el Bosque Encantado

Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de un espeso bosque, una bruja llamada
Carla. A diferencia de las otras brujas que vivían en lo profundo de los bosques oscuros
y evitaban a las personas, Carla vivía en una casa acogedora al borde del pueblo. Tenía
una gran sonrisa, un sombrero puntiagudo lleno de estrellas doradas y una risa que hacía
que todos los niños del pueblo la adoraran.

Carla no era una bruja malvada, como las historias contaban. Ella usaba su magia para
hacer el bien. Cocinaba brebajes deliciosos que curaban resfriados, preparaba pociones
que ayudaban a que las plantas crecieran fuertes y saludables, y siempre tenía un truco
mágico bajo la manga para solucionar cualquier problema que los aldeanos pudieran
tener. Pero había algo que Carla deseaba más que nada en el mundo: conocer el secreto
del Bosque Encantado.

El Bosque Encantado era un lugar misterioso donde nadie se atrevía a entrar. Se decía
que estaba lleno de criaturas mágicas y plantas que podían hacer que el tiempo se
detuviera. Muchos intentaron explorar sus profundidades, pero nadie regresó con
historias claras, solo murmullos y leyendas. Carla había escuchado tantas historias sobre
él, pero no sabía si eran reales o solo fantasías. Decidió que, si algún día iba a entender
el verdadero misterio de ese bosque, tendría que ir ella misma.

Una mañana, mientras el sol se alzaba, Carla decidió que era el día. Tomó su escoba,
que era su fiel compañera de viajes, y con una pequeña mochila llena de pociones y
dulces, voló hacia la entrada del Bosque Encantado.

El bosque estaba cubierto de niebla, y las sombras de los árboles parecían bailar a su
alrededor. Carla no se sintió asustada, sino curiosa. Su varita mágica brillaba
suavemente, iluminando su camino. Mientras avanzaba, escuchaba susurros y risas en el
viento, pero no veía a nadie. “Quizás son los árboles”, pensó, “o alguna criatura
juguetona.”

De repente, un destello brillante apareció ante ella. Era un pequeño hada con alas que
relucían como diamantes. El hada, al ver a Carla, sonrió y dijo:
— Hola, bruja Carla. He escuchado mucho sobre ti. ¿Qué te trae por aquí?

Carla se sorprendió, pero respondió con su acostumbrada amabilidad:


— He venido a descubrir el secreto del Bosque Encantado. Quiero saber por qué es tan
misterioso y por qué todos temen entrar.

El hada la miró con ternura y dijo:


— El Bosque Encantado no es un lugar de miedo, sino de magia. Pero solo aquellos con
un corazón puro pueden entenderlo. Si estás dispuesta, te mostraré el verdadero secreto.

Carla aceptó con entusiasmo, y el hada la guió a través del bosque. Pasaron por ríos que
cantaban, árboles que susurraban secretos y flores que brillaban como estrellas.
Finalmente, llegaron a un claro donde, en el centro, había un enorme árbol de raíces
doradas y hojas plateadas.
Este árbol, le explicó el hada, era el corazón del bosque. Tenía el poder de mantener el
equilibrio entre la magia y la naturaleza, pero solo un ser con una conexión especial
podía activarlo. El secreto del Bosque Encantado era que no se trataba de un lugar
temido, sino de un lugar lleno de vida, sabiduría y armonía.

Carla, al comprender esto, decidió hacer algo especial. Usó su magia para fortalecer el
vínculo entre el bosque y el pueblo. Con un suave movimiento de su varita, hizo que las
plantas del bosque crecieran aún más hermosas y que los animales se acercaran a los
aldeanos sin miedo. Desde ese día, los niños jugaban en el bosque, y los adultos se
sentaban bajo el árbol dorado a escuchar los secretos de la naturaleza.

Carla, la bruja del pueblo, fue conocida no solo por su magia, sino por su amor y
respeto hacia el Bosque Encantado. Y cada vez que alguien preguntaba sobre el bosque,
los aldeanos sonreían y decían:
— Si tienes un corazón puro y una mente curiosa, el Bosque Encantado no tiene
secretos para ti.

Y así, la bruja Carla se convirtió en la amiga más querida de la naturaleza y del pueblo,
demostrando que la magia no siempre se trata de hechizos oscuros, sino de hacer el bien
y proteger lo que más amamos.

Fin

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