HISTORIA DE AMÉRICA LATINA 5°1° PROFESORA:CAROLINA MORALES
El expansionismo norteamericano sobre Centroamérica y el Caribe: de la Doctrina
Monroe al corolario Roosevelt y la diplomacia del dólar.
Desde principios del siglo XIX, existieron voces en los Estados Unidos partidarias
de convertir a Centroamérica y al Caribe en un área de dominación norteamericana. En
1823, el presidente James Monroe expuso una declaración —conocida como doctrina
Monroe— que prevenía a las potencias europeas de la restauración absolutista —por
entonces nucleadas en la Santa Alianza— contra posibles intervenciones en América,
expresando que los Estados Unidos considerarían un peligro a su paz y seguridad a todo 1
intento armado por restaurar el dominio colonial o extender el sistema monárquico a
cualquier región del hemisferio occidental. Esta declaración, de aparente solidaridad
con los nacientes países latinoamericanos, germinaba en sí misma la vinculación del
sistema político republicano que Estados Unidos lideraba en ese momento con su
determinismo geopolítico como protector de Occidente. Por tal motivo, a lo largo del
siglo XIX, Estados Unidos no solo no reaccionó conforme a su «doctrina», cuando las
potencias europeas efectivamente intervinieron en diversas oportunidades en
Latinoamérica (en defensa de la expansión del mercado capitalista industrial), sino que
llevó a cabo una serie de intervenciones en los asuntos internos de algunos de los nuevos
Estados latinoamericanos, inspirados en una formulación geopolítica fundada en una
suerte de conciencia sobre su misión histórica. Esta se inspiraba en la consideración de
que su nación era la expresión material de una «Nueva Israel» americana (supuesto
sustentado por los primeros colonos puritanos y cuáqueros británicos) predestinada por
Dios para expandir la civilización. Esta autopercepción de redención expansionista, que
fijó su primer objetivo en alcanzar la costa del Pacífico por la llamada «Conquista del
Lejano Oeste», fue bautizada en 1845 por el periodista John O’Sullivan, manifest destiny
(destino manifiesto): «El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos
por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo
del gran experimento de libertad y autogobierno». Alcanzado el objetivo territorial
nacional hacia 1890, el objetivo se ampliaba hacia el resto del continente. Por ello, en
1893 los norteamericanos se reformularon el concepto de «frontera», a partir del
debate interno sobre la necesidad de un mercado exterior, que les resolviera y financiara
las crisis cíclicas de su propio mercado. El progreso material de Estados Unidos sería
ilimitado y duradero, siempre y cuando consiguiese abrir mercados dependientes en el
Jaramillo, A (Dir.). (2016). Atlas histórico de América Latina y el Caribe. Aportes para la descolonización cultural y pedagógica.
Remedios de Escalada: EDUNLa. http://atlaslatinoamericano.unla.edu.ar/
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exterior protegidos con métodos imperialistas, pero de un imperialismo informal, es
decir, a través de acuerdos, cónsules, barcos o cañones. De esta manera, le otorgaron
un carácter universalista al «Destino Manifiesto», extendiendo su potencialidad
económica a todo el continente americano. La política expansionista sobre el Caribe
obedeció a la necesidad de dar salida a los productos de su industria y agricultura. Con
este objetivo se llevó a cabo en Washington en 1889 la Primera Conferencia
Panamericana, con la idea de constituir una unión comercial panamericana,
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argumentando el provecho mutuo que tendría para todos los países, e instituir una
unión aduanera con un banco interamericano y tribunales de arbitraje comercial. Pero
los delegados latinoamericanos no se dejaron seducir por los intereses británicos. En ese
contexto, en 1898 Cuba comenzó la segunda guerra de la Independencia, última colonia
de España en Latinoamérica. Estados Unidos era lo suficientemente poderoso como
para expulsar a España de Cuba y establecer en ella un área de influencia con proyección
a todo el Caribe, impidiendo el surgimiento de una República independiente,
auténticamente revolucionaria en la región. El Presidente McKinley resolvió intervenir
en la guerra bajo pretexto de preservar la paz y garantizar la salvaguardia de los
intereses de los ciudadanos norteamericanos en la isla, después de enviar al acorazado
Maine a detenerse en La Habana. Misteriosamente, el Maine explotó en el puerto de La
Habana —en lo que se presume fue un autoatentado, ya que la causa de la explosión
nunca se esclareció— y por este suceso Estados Unidos declaró la guerra a España. Al
finalizar, trece meses después, Estados Unidos negoció el tratado de paz con España por
el cual, Cuba, (a quien no se le permitió intervenir en él) obtenía la independencia; por
su parte, a los Estados Unidos se le otorgaba el derecho de garantizar el orden y la
defensa de la isla, además de la posesión de las islas Filipinas, Guam y el control político
sobre Puerto Rico. La nueva situación internacional ampliaba la injerencia
norteamericana al océano Pacífico y Asia, por ello, ese mismo año, el Congreso aprobó
la anexión de las islas Hawai y Wake (para garantizar su presencia en el Pacífico) y
sostener la declaración de una política comercial de «puertas abiertas» con China. Esta
política requería contar con un canal interoceánico que conectase el océano Pacífico con
el Atlántico, proyecto que se concretaría luego de la declaración de la independencia de
Panamá el 3 de noviembre de 1903, creando un Gobierno que firmara un tratado sobre
el usufructo del canal y del territorio adyacente, al cual controlaría militar, social y
Jaramillo, A (Dir.). (2016). Atlas histórico de América Latina y el Caribe. Aportes para la descolonización cultural y pedagógica.
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políticamente. En Panamá, Estados Unidos sentó una de las bases para el
intervencionismo armado en Latinoamérica. En América del Sur, en 1902, se produjo un
suceso que los estadounidenses supieron aprovechar para reforzar los argumentos
sobre seguridad hemisférica. La situación se presentó cuando Venezuela no pudo hacer
frente a las obligaciones de su deuda con los países europeos, por lo que británicos,
franceses y alemanes resolvieron enviar buques de guerra para bloquear sus puertos
para que pagase su deuda. Esto ponía de relieve las argumentaciones sobre la amenaza
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que significaba para los intereses norteamericanos que buques de guerra europeos
interviniesen en Latinoamérica. El presidente Theodore Roosevelt, en su discurso
presidencial del 6 de diciembre de 1904, afirmaba que: «Mientras aquellos —los vecinos
del sur— obedezcan las leyes primarias de la sociedad civilizada pueden estar seguros
que serán tratados por nosotros con espíritu de cordialidad y simpatía. Nosotros
interferiríamos solo en último recurso». Este tipo de declaraciones, que hacía más
explícita la política intervencionista y expansiva norteamericana, formaría parte de un
nuevo instrumento de justificación teórica denominado «corolario Roosevelt» (1904)
que actualizaba la doctrina Monroe, adaptándola a este momento histórico y a la
necesidad de los Estados Unidos, de ejercer el papel de «gendarme» del continente. Así,
se impuso en Centroamérica y el Caribe la máxima de Theodore Roosevelt «no hables
mucho y utiliza la estaca», denominada The big stick (o «política del garrote»), con la
cual Estados Unidos, apoyándose en el poderío militar y económico, intervino en los
territorios del Caribe y Centroamérica alcanzando la supremacía en toda la región. Entre
1904 y 1935, las intervenciones norteamericanas se efectuaron bajo múltiples pretextos
(guerras civiles, luchas partidistas, conflictos sociales, bancarrota, deuda externa),
combinando la intervención armada con medidas de tipo financiero y político, que
permitiesen —pasada la intervención— dejar a resguardo los intereses del mercado
estadounidense y de sus socios interiores. Así, verifica históricamente:
● Cuba: 1898-1902; 1909; 1911-1912; 1917-1922.
● Panamá: 1903 y 1904; 1916 a 1921 supervisaron las elecciones y en 1925
nueva intervención.
Jaramillo, A (Dir.). (2016). Atlas histórico de América Latina y el Caribe. Aportes para la descolonización cultural y pedagógica.
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● República Dominicana: 1903, 1904 y 1905, controló los ingresos aduaneros
hasta 1941.
● Haití: de 1914 a 1934 fue protectorado financiero de los Estados Unidos.
● Nicaragua: 1909, de 1912 hasta 1925; de 1927 hasta 1933.
● Honduras: en 1903, 1907, 1911 y 1912, 1920 y en los años 1924 y 1925.
● México: en 1914 durante la revolución bombardearon y ocuparon Veracruz. 4
En 1908, llegó a la Casa Blanca el presidente William Howard Taft, quien continuó
con las políticas intervencionistas de su predecesor, pero no ya por la «debilidad
crónica» o «incapacidad permanente» de los latinoamericanos, sino con el objeto de
promover y expandir los intereses financieros y bancarios norteamericanos. Esta
preocupación por afianzar la consolidación en Latinoamérica de los negocios monetarios
de los bancos de los Estados Unidos se conoce como «diplomacia del dólar». En la
práctica, la «diplomacia del dólar» se implementó mediante la intervención de
representantes bancarios, como el National City Bank of New York, en los asuntos
económico-financieros o en situaciones de bancarrota por deuda externa o déficit en la
balanza de pagos de naciones latinoamericanas, como por ejemplo los casos de Haití
(1910-1920), Nicaragua (1914) o República Dominicana (1912-1924). En lugar de
intervenir militarmente en una etapa de crisis, intervenían los banqueros a través del
apoyo financiero y diplomático ante los acreedores europeos, para el «salvataje» de sus
economías. Los bancos facilitaban préstamos de millones de dólares a cambio del
derecho de controlar las aduanas, participar de las inversiones de infraestructura de los
ferrocarriles e intervenir en los bancos nacionales. En 1912, los demócratas recuperaron
el poder en Estados Unidos con la llegada de Woodrow Wilson a la Casa Blanca. Sin
embargo, la política intervencionista no varió, puesto que Wilson tenía la firme
convicción de que los Estados Unidos debían asegurar que las democracias
constitucionales se establecieran fuertemente en Latinoamérica, para «… enseñarles a
los suramericanos a elegir hombres buenos… ningún Gobierno latinoamericano debería
ser reconocido [por Estados Unidos] si no se ha formado según las líneas
constitucionales» (Wilson, 1931).
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