El sol y la Luna
Autor: Clara Pérez
Personajes:
Narradora. ILSE PARRA.
Sol: muy seguro de sí mismo, capaz de lograr todo lo que se propone. BENJAMÍN
LEVIQUEO.
Luna: Muy insegura de sí, se deja convencer por el sol para ayudarlo en su propósito.
EMILIA REYES.
Habitante 1: Sufre las consecuencias del acuerdo entre el sol y la luna. NICOLÁS
INFANTE.
Habitante 2: Decide hablar con el sol y revertir el daño. AMANDA PÉREZ.
Habitante 3: Miedoso y pesimista, no tiene confianza en el grupo. VICENTE
GONZÁLEZ PÉREZ.
Juan, es un niño. ESTEBAN REYES.
Amelia, es una niña. SOFÍA VÁSQUEZ.
Estrella 1. ÁGHATA COFRÉ.
Estrella 2. IGNACIA VÁSQUEZ.
Acto 1
Ambientación: El cielo en pleno atardecer.
Narrador: ¿Se han imaginado alguna vez lo que conversan el sol y la luna cuando
una vez al día se encuentran?
Todos los días ellos se encuentran, una y otra vez, cuando uno acaba, el
otro comienza, atardeceres y amaneceres esos son los momentos en que
el sol y la luna se encuentran para conversar.
Sol: Hola luna, que flojera siento, todas las tardes hacer lo mismo. Yo me
oculto y tú sales.
Luna: Así debe ser sol, la gente espera que se haga de noche para poder
descansar.
Sol: No estoy tan seguro de que sea así, yo veo que las personas lo pasan tan
bien en el día y cuando llega la hora de dormir nadie quiere hacerlo.
Luna: Puede ser sol… pero tú sabes que así es este trabajo.
Sol: (Hablando con mucha convicción) Pero no tiene por qué ser así, estás
equivocada, mira, a la gente le gusto yo, soy la claridad, durante mi
estadía pueden salir, trabajar, jugar, pasear. Además, soy el rey sol.
Todos me quieren.
Luna: (Sintiéndose insegura como siempre) ¿Tú crees sol? No sé…
Sol: (Siendo muy astuto) ¡Por supuesto! ¿Dime luna, que les das tú a las
personas? Al caer la noche la gente debe encerrarse en sus casas ¿Y
cuándo es que ocurren los robos y los asaltos? En la noche. Todo se
paraliza con tu llegada… la verdad es que no les haces ningún bien.
Luna: (Sintiéndose triste) No había pensado en todo eso… no sirvo para nada,
¡Soy una cosa inútil!
Sol: (Aprovechando la inseguridad de la luna) Eso podríamos arreglarlo…
¡Eliminemos los atardeceres! yo no dejaré de brillar en todo el día y tú no
saldrás. Así la gente vivirá feliz siempre bajo el sol.
Luna: (Decepcionada de ella misma) Está bien, tienes razón… nadie me echará
de menos… Pero tengo que pedirte un favor ¿puedes dejar que las
estrellas salgan un momento a brillar?
Sol: Mmmm… no lo sé… es que sólo con mi brillo alcanza
Luna: ¡Por favor!
Sol: Está bien, pero solo un momento
Luna: Muchas gracias sol, iré de inmediato a decirles (sale).
Sol: Ingenua… como si una de esas estrellas pudiera brillar más que yo.
Acto 2
Una calle en la ciudad
Narrador: Nadie sabe si ha pasado un día, una semana, un mes o un año…
El sol ya no se esconde y la noche no existe.
Habitante 1: Esto es insoportable, necesitamos la noche, el sol debe
esconderse.
Habitante 2: ¡Ya no aguanto más! ¡Necesito dormir! Y la luz del sol no me
deja.
Habitante 3: No podemos seguir viviendo de esta manera. Alguien debe hacer
algo.
Habitante 1: Podríamos ir a buscar a la luna y…
Habitante 2: No, mejor hablemos con el sol.
Habitante 3: ¿Hablar con el sol? Eso es imposible, además no nos haría caso.
Habitante 1: Nada nos cuesta probar, vamos ahora mismo.
(Salen del escenario en busca del sol)
Acto 3
Narrador: El sol en su majestad nunca sospecharía que la gente lo buscaba
para pedirle que se ocultara.
Sol: Queridos habitantes ¿Qué los trae por aquí?
Habitante 1: Queremos hablar contigo y la luna.
Sol: ¿Con la Luna? Imposible, no está… salió
Habitante 2 ¡Entonces ya volvió la noche!
Sol: Eeehhh…no, ahora solo brillo yo. La luna… se tomó unas largas
vacaciones… y no se sabe cuándo volverá.
Habitante 3: ¿Y no tienes su teléfono? Quizá podemos llamarla.
Sol: No, no tiene… o sea, en verdad lo dejó aquí.
Habitante 1: Qué lástima, de verdad queríamos hablar con ella, la
necesitamos…
Habitante 2: Sol, ¿podrías decirle que estuvimos aquí y que queríamos hablar
con ella?
Sol: Por supuesto, no se preocupen.
Habitante 3: Sabes sol, aunque no esté la luna te lo voy a decir igual,
necesitamos que dejes de salir o que te escondas en algún
momento, necesitamos a la luna, queremos volver a vivir de día,
pero sobre todo de noche.
Sol: Mmmmm… estaría difícil, como les dije… la luna no está, se fue
y sin ella no puedo esconderme. Porque nadie estaría vigilando.
Habitante 2: ¿Y las estrellas? Ellas pueden encargarse.
Sol: No lo sé… es complicado… pero hablaré con ellas, déjenmelo a
mí, no se preocupen por nada.
Habitante 1: Muchas gracias Sol, eres muy amable, hasta luego (salen)
Sol: ¡Qué se creen estos mal agradecidos! Ahora quieren a esa
aburrida luna… No puedo permitir que hablen con ella… Creo
que las estrellas me serán de utilidad en este momento.
¡Estrellitas! ¡Estrellitas!
Estrella 1: ¡Hola sol!
Estrella 2: ¿Nos llamaste?
Sol: Sí, las llamé. Le prometí a la luna que las dejaría salir un
momento y ahora creo que llegó ese momento.
Estrella 1: ¿Hablas en serio?
Estrella 2: ¿Ya te aburriste de brillar?
Sol: Eso nunca, pero estuve pensando y decidí que voy a compartir mi
día con ustedes y desde hoy en adelante les daré 10 minutos para
que puedan salir.
Estrella 1: ¿De verdad nos vas a dejar salir?
Sol: Sí
Estrella 2: (ambas celebran) ¡Qué emoción! ¡Qué emoción! Vamos a
prepararnos… hay que retocar el maquillaje
Estrella 1: Lavar los vestidos, peinarnos, tenemos mucho que hacer, vamos
rápido (Salen).
Sol: Espero que con esto las personas no vuelvan a reclamar y valoren
todo lo que estoy haciendo por ellos.
Escena 4
Narrador: El sol seguía siendo el rey, el dueño del día y la noche, que ahora
solo era día. Les daba solo 10 minutos a la semana a las estrellas
para salir. En ese momento las personas se quedaban dormidas sin
importar lo que estuviesen haciendo, una vez a la semana todo el
mundo se detenía para descansar. Pero eso no era suficiente y
Juan junto a su amiga Amelia decidieron que encontrarían a la
luna y la convencerían de volver.
Juan: ¡Luna…! ¡Luna...! ¿Dónde estás?
Amelia: Luna queremos hablar contigo, es muy importante.
Juan: Luna por favor dinos donde estás
Luna: (escondida) ¿Quién me busca?
Amelia: Somos Juan y Amelia ¿Te acuerdas de nosotros?
Luna: Sí, ¡Niños! (sale de su escondite) Qué alegría de verlos ¿Pero, qué
hacen aquí? ¿Y sus padres?
Juan: Están en el trabajo, yo no he visto a papá hace días porque como
ahora solo es de día mi papá solo trabaja.
Amelia: Mis padres están en casa, pero de tanto café que han tomado ya
parecen zombis.
Luna: ¿En serio? Yo pensé que estarían todos contentos por poder
disfrutar siempre del día.
Juan: No luna, es terrible, tienes que volver.
Amelia: Te extrañamos mucho y te necesitamos.
Luna: Pero si yo no sirvo para nada.
Juan: No pienses esas cosas, tú eres muy importante para nosotros.
Amelia: Y las estrellas también te necesitan, el sol solo las deja salir una
vez a la semana por solo 10 minutos.
Luna: No les creo, el sol no sería tan egoísta, el me prometió que las
dejaría salir todos los días.
Juan: Luna, lo que decimos es verdad, el sol está fuera de control, mira
hacia abajo un momento y te darás cuenta de lo mucho que
necesitamos la noche.
Luna: Pero ¿para qué quieren la noche? Soy oscuridad, propicio los
asaltos, tienen que encerrarse en sus casas.
Amelia: Luna, la vida es un ciclo. Las personas, los animales, la naturaleza
necesitan tanto del día, como de la noche. ¿Quién te dijo eso?
Luna: El sol.
Juan: Pues no le debiste creer. Necesitamos la noche para descansar,
para refrescar la ciudad, para mirar las estrellas, para que nuestros
padres dejen de trabajar todo el día.
Amelia: ¡Ese travieso sol, solo quiere brillar sin parar! Tenemos que
arreglar esto. ¿Vienes con nosotros Luna?
Luna: No lo sé… (se acerca al borde del escenario y mira hacia abajo)
¡oh! ¡Pobres! ¡Qué cansados se ven! Las flores parecen cansadas.
Está bien iré con ustedes, vamos a hablar con el sol.
Sol: Estuve pensando, que como ya no existe la noche porque ahora soy el
único que puede brillar, debería decirles a las personas que cambien todas
esas canciones que hablan sobre la luna y la noche, toda esa poesía tienen
que tirarla a la basura… ahora todo tiene que ser sobre mí y nadie más.
(Mientras dice esto, llegan los niños y la luna y lo escuchan)
Amelia: ¿Así que eso es lo que querías? Que todo se trate de ti.
Juan: Pero no lo permitiremos sol, fuimos a buscar a la luna y ella nos contó lo
que hiciste.
Sol: ¿Lo que hice yo? Pero si yo no hice nada. Todo fue una amable
conversación entre ella y yo ¿No es cierto amiga Luna?
Luna: (dudando)Yo… es que…
Juan: Tranquila Luna, nosotros te apoyamos, estamos contigo.
Amelia: Vamos, no tengas miedo… nosotros te queremos y creemos en ti.
Luna: Sol, debes devolverme mi lugar, el mundo necesita tanto del día como de
la noche.
Sol: Luna, ya lo hablamos… ¿o quieres que repita todo frente a los niños?
Luna: Recuerdo muy bien lo que me dijiste, pero me necesitan, tienes que
aprender a compartir. Además, teníamos un acuerdo sobre las estrellas y
tú no lo cumpliste.
Sol: No lo creo luna, tú ya no trabajas, renunciaste a tu lugar y yo no dejaré de
brillar.
Luna: (Se llena de valor) ¿En serio? Sol, lo siento, pero hoy habrá luna te guste
o no. Pensé que no servía de nada, pero soy necesaria, así que
devuélvenos la noche.
Narrador: En ese momento, comenzó la gran batalla del día y la noche, el sol contra
la luna... fue sencillamente épico.
No, era broma. Realmente lo que paso es que después de una larga
conversación el sol comprendió que ambos son importantes y necesarios.
Y la Luna por su parte aprendió a ser más segura de sí misma.
Ese día volvió la noche, la luna salió a trabajar y pudo brillar más bella
que nunca junto a las estrellas. Al día siguiente en todo el mundo hubo
fiesta y celebraciones para agradecer al sol el día y a la luna por la noche.
(El sol comienza a ocultarse y la luna a subir)
Estrella 1: Que bella es la luna
Con sus rayos de ternura,
Estrella 2: Ilumina todo el cielo,
con sus brillos y luceros.
Estrella 1: Que afortunada es la noche
de tener tan fiel acompañante,
Estrella 2: Que brilla en la oscuridad
Como un hermoso DIAMANTE.
FIN