I.
DERECHO
MERCANTIL 1. ASPECTOS HISTÓRICOS
DEL DERECHO MERCANTIL:
El Derecho Mercantil, como rama del Derecho en general, es
reciente si se toma en cuenta la antigüedad de otras
disciplinas jurídicas. Ello obedece a circunstancias históricas
precisas en el desarrollo de la civilización. Ciencias como la
Historia, la Sociología o la Antropología, nos enseñan que el
hombre, en los iniciales estadios de su vida, satisfacía sus
necesidades con los bienes que la naturaleza le
proporcionaba de manera espontánea; y si más tarde puso
en práctica sus
facultades intelectuales y físicas para transformar lo que el
ambiente le brindaba, el producto de sus actos creadores no
tenía más objeto que llenar necesidades de su núcleo
familiar o del reducido grupo al que pertenecía. En otras
palabras, producía para su consumo y sin ningún propósito
de intercambio.
Conforme la organización social fue evolucionando y las
necesidades se hicieron más complejas, la actividad
económica del hombre sufrió una transformación que habría
de inducir el desarrollo de la civilización: la progresiva
división del trabajo.
Este fenómeno histórico, ampliamente planteado por
Federico Engels en su obra El origen de la Familia, la
propiedad y el Estado, va a coordinar relaciones sociales que
posteriormente hicieron surgir el Derecho Mercantil. Por esa
división apareció el "mercader", que, sin tomar parte directa
en el proceso de la producción, hace circular los objetos
producidos llevándolos del productor al consumidor. Así
surge el profesional comerciante; y así también la riqueza
que se produce adquiere la categoría de "mercancía" o
"mercadería" en la medida en que es elaborada para ser
intercambiada; para ser vendida. Los satisfactores tienen
entonces, un valor de cambio y se producen con ese objeto.
En principio, ese intercambio era de producto por producto,
por medio del trueque. Pero, cuando apareció la moneda
como representativa de valor, se consolidaron las bases
para el ulterior desarrollo del comercio y del derecho que lo
rige.
2. CODIFICACIÓN DEL DERECHO MERCANTIL:
Guatemala, al igual que el resto de los dominios españoles
en América, regía su vida jurídica por la legislación de la
metrópoli. La Recopilación de Leyes de Indias, la Leyes de
Castilla, las Siete Partidas y la Ordenanza de Bilbao, para
citar las más conocidas, contenían normas destinadas al
comercio. La Capitanía General del Reino de Guatemala
estaba sujeta al Virreynato de la Nueva España; de esa
cuenta, el comercio lo controlaba el Consulado de México y
éste ejercía jurisdicción en los países centroamericanos para
resolver las controversias que se pudieran ocasionar. Ante la
insistencia de los comerciantes de la Capitanía, se creó el
Consulado de Comercio de Guatemala, por Real Cédula del
11 de diciembre de 1793. En esa cédula:
"...se dispuso... que rigieran las ordenanzas de Bilbao, que
era entonces el Código de más aceptación en la Metrópoli.
La cédula que creó el Consulado importó la separación de la
justicia mercantil de los tribunales comunes, reservando a
jueces especiales el conocimiento de los negocios del
comercio; esa misma cédula prestó el servicio de dar leyes
propias y adecuadas a su naturaleza"
El Derecho Comercial contenido en esas leyes servía más a
los intereses de la Corona, que a los de los propios
comerciantes, ya que como dice Ots Capdequí:
"La política económica del Estado Español en las Indias
estuvo inspirada por las doctrinas mercantiles imperantes
en la época de los grandes descubrimientos en el nuevo
continente. Esta política se basaba en dos principios: el
exclusivismo colonial y la llamada teoría de los metales
preciosos"
Bajo dichas tesis el tráfico comercial en estas colonias no
favorecía en mayor grado el desarrollo económico de la
región. Al suceder la independencia política de Centro
América no se dio como consecuencia una legislación
propia. Las leyes de España siguieron teniendo vigencia por
algunos años. En el gobierno del doctor Mariano
Gálvez se hizo el intento de modernizar las leyes del país,
sustituyendo la leyes españolas por los llamados Códigos de
Livingston, que eran un conjunto de normas redactadas para
el Estado de Luisiana, por el jurista Eduardo Livingston,
dentro de las cuales se comprendían disposiciones
referentes al comercio. El hecho de haberse formulado esos
códigos para pueblos de idiosincrasia diferente dio como
resultado una resistencia de los destinatarios, lo que les
restó positividad.
Aunado a eso, la llegada del gobierno conservador de Rafael
Carrera significó el estancamiento de nuestra evolución
legislativa, ya que se volvió a la legislación española, al
grado de que los estudios facultativos de Derecho se hacían
sobre las Leyes de Toro y la Novísima Recopilación. Como
consecuencia, se volvió al Consulado de Comercio y se
introdujeron algunas variantes de procedimiento,
advirtiéndose que la vigencia de ese régimen era temporal;
pero, la verdad es que rigió durante todo el gobierno
carrerista y se prolongó hasta la renovación legislativa
impulsada por la Revolución de 1871. Especial atención
merece el Código de la Revolución Liberal. En el año de
1877, al promulgarse los nuevos códigos de Guatemala, se
incluyó un Código de Comercio, con una ley especial de
enjuiciamiento mercantil. La comisión redactora del código,
al informar del mismo, asentaba:
"La comisión no se lisonjea de que su proyecto sea original.
En materia de legislación, y principalmente de legislación
comercial muy poco o nada puede decirse de nuevo. La
comisión lo que ha hecho es examinar las necesidades y las
tendencias del comercio de la República, y buscar entre los
códigos más reputados de Europa, y particularmente de
América, los principios y reglas que mejor satisfagan las
necesidades que mejor correspondan a esa tendencia. No
ha desatendido tampoco la comisión en sus trabajos los
usos establecidos en el comercio de la República, porque ha
considerado que éstos son generalmente el resultado de
una necesidad legal; o el signo de un progreso y ha
conservado todos aquellos que deben respetarse por su
tendencia a facilitar las transacciones comerciales y a
mantener la buena fe que siempre debe presidirlas".
Este código, al que César Vivante califica como una
imitación del código chileno, se emitió por Decreto
Gubernativo número 191 de fecha 20 de julio de 1877.
De la fecha anterior llegamos hasta 1942, oportunidad en
que promulgó un nuevo
Código de Comercio contenido, en el Decreto número 2946
del presidente de la
República. Este código es calificado por el profesor
guatemalteco Edmundo Vásquez Martínez, como una mejor
sistematización de las instituciones de 1877, a la vez que
reunió en un mismo cuerpo una serie de leyes dispersas; y,
sobre todo, las convenciones internacionales en materia de
letra de cambio, pagaré y cheque.
En 1970 se promulgó el Decreto 2-70 del Congreso de la
República, que contiene el actual Código de Comercio de
Guatemala, el que pretende ser un instrumento moderno,
adaptado a las nuevas necesidades de tráfico comercial de
Guatemala, tanto en el aspecto nacional como internacional.
Para su elaboración se tomaron en cuenta otros códigos de
Centroamérica, sobre todo el de Honduras; ello con la idea
de buscar una unificación legislativa que hiciera viable el
movimiento comercial que generaría el llamado Mercado
Común Centroamericano.
El Código de Comercio de Guatemala, vigente en la
actualidad, incorporó instituciones nuevas y mejoró la
sistematización de la materia jurídica mercantil. Es
importante señalar la creación del Registro Mercantil, pues
tal función, en forma limitada, la cumplía el Registro Civil. En
materia de títulos de crédito se incorporó la factura
cambiaria. Se trasladaron aquellos contratos que,
considerados mercantiles, como el de fideicomiso o los que
se refieren a la edición, radiodifusión o representación
escénica, formaban parte del Código Civil. A este Código se
le han
hecho modificaciones que reseñaremos posteriormente, en
cuanto al procedimiento de inscripción de sociedades
nacionales y extranjeras, principalmente. Sin embargo, por
lo dinámico que es el comercio y sus formas de
manifestarse, es indudable que debe estar sujeto a
constante revisión.
Por último, debemos decir que el Derecho Mercantil
Guatemalteco, en su expresión legal, no se agota en el
Código de Comercio, pues existen una serie de leyes sobre
materia comercial, no codificadas, las que deben tenerse
como integrantes del ordenamiento jurídico mercantil del
país: leyes bancarias, de seguros, de auxiliares de comercio;
y en su parte adjetiva, la reciente Ley de Arbitraje
Comercial, que forma parte de las normas que regulan la
justicia mercantil.
3. CONCEPCIÓN SUBJETIVA Y OBJETIVA DEL DERECHO
MERCANTIL:
1) CONCEPTO SUBJETIVO
El Derecho Mercantil es el conjunto de principios
doctrinarios y normas de derecho sustantivo que rigen la
actividad de los comerciantes en su función profesional.
Hemos visto en el desenvolvimiento histórico de esta
materia, que en la época medieval la normatividad
comercial estaba destinada única y exclusivamente para
los comerciantes. Principió siendo un derecho que
delimitaba un fuero especial, tanto en lo sustantivo como
en lo adjetivo. Por esta razón, a la idea que se da desde
este ángulo, se le conoce como concepto subjetivo, ya
que el elemento principal a tomar en cuenta es el sujeto
que interviene en el movimiento comercial. Advirtiendo
que el término se usa como sinónimo de grupo
profesional, se ha dicho que el Derecho Mercantil
principió siendo un derecho de clase; y aún en la época
moderna no pocos códigos están referidos en su esencia
al sujeto comerciante (código alemán y código japonés).
Pero el comercio se fue volviendo muy complejo y
muchas de sus manifestaciones no dependen de que
intervenga un sujeto que tenga la calidad de
comerciante. Por ejemplo, un cheque lo puede girar
cualquier persona y la naturaleza mercantil de ese título
no está referida a la calidad del sujeto librador. El cheque
siempre estará sometido al régimen legal mercantil. Por
otro lado, contribuyó a la ineficacia de este concepto el
hecho de que, ni doctrinaria ni legalmente se diera un
concepto único de lo que debe entenderse por
comerciante. Se ha dicho que es la persona que realiza
actos de comercio en forma habitual; otros piensan que
la nota que debe tomarse en cuenta es tener un
establecimiento abierto al público; y, hay quienes exigen
como elemento definitorio el registro mercantil. Si nos
ponemos a pensar cómo se desenvuelve el comercio en
la época moderna, es fácil colegir lo insuficiente que
resulta el concepto subjetivo para explicar lo que debe
entenderse por Derecho Mercantil.
2) CONCEPTO OBJETIVO:
El Derecho Mercantil es el conjunto de principios
doctrinarios y normas de derecho sustantivo que rigen
los actos objetivos de comercio. Este concepto es un
aporte del Código de Napoleón. Como se decía que el
Derecho Mercantil era un derecho de clase, este código
liberalizó la función de la ley y estableció un nuevo punto
de referencia conceptual: el acto objetivo de comercio. La
Ley Mercantil ya no funcionaría en torno a los sujetos
destinatarios, exclusivamente, sino que se refería a una
serie de relaciones jurídicas tipificadas por el código
como mercantiles, cualquiera fuera el sujeto que
resultara dentro de las mismas.
Los actos o negocios que la ley califica como mercantiles
venían a ser la materia jurídica mercantil. Este concepto
encontró la misma dificultad: precisar una idea sobre lo
que es un acto de comercio. Las legislaciones se
inclinaron en dos sentidos:
a. Elaborar una lista de actos que debían considerarse
mercantiles. Casi nunca la enumeración podía agotar
el infinito mundo del comercio y siempre resultaba
insuficiente; y,
b. Se establecían elementos que debían concurrir en un
acto o negocio
para deducir que se estaba ante un acto
objetivo de
comercio. Estos elementos eran: que fuera a título
oneroso; que fuera sobre bienes muebles; y, que
hubiera especulación. Tampoco esta fórmula fue
feliz. Que fuera oneroso no daba dificultades
porque si algo caracteriza los actos o negocios
mercantiles es que no son gratuitos; su esencia es
la onerosidad en contra de la gratuidad. Pero ¿qué
sucede cuando nos encontramos con actos
mercantiles que son declaraciones unilaterales de
voluntad? Obviamente aquí no podría funcionar la
onerosidad. En cuanto a que fuera sobre bienes
muebles, reñía con la práctica porque hoy en día
los inmuebles se trafican como mercancías. Por
último, la exigencia de la especulación no siempre
se da en una negociación mercantil, ya que
muchas veces el comerciante vende al costo con el
fin de salir de un lote de mercaderías que, por
ejemplo, han pasado de moda. Este argumento se
rebatió con la idea de que no era necesaria la
especulación real o exitosa, sino que existiera la
intención de lucrar, lo que se acercaba más a la
verdad del tráfico.
Resumiendo, los conceptos ya vistos podemos afirmar que,
en la realidad, nunca han existido legislaciones subjetivas u
objetivas puras. Lo que se ha dado es el predominio de un
elemento sobre otro. Hay actos mercantiles que lo son por
su propia naturaleza; y otros en los que la mercantilidad
depende del sujeto que los realice.
4. AUTONOMÍA DEL DERECHO MERCANTIL:
El problema de la autonomía del Derecho Mercantil
pareciera que, por haberse superado en gran medida, ya
no tiene importancia mayor plantear las dificultades que
se presentan en la aplicación del Derecho Privado en
general. Ya hemos visto, al referirnos a los aspectos de su
desenvolvimiento histórico, que no siempre existió un
Derecho Mercantil autónomo; un Derecho Mercantil como
rama especializada dentro de las subdivisiones
tradicionales del Derecho.
No es sino hasta la Edad Media en que se principia a
gestar la separación del Derecho Privado en dos ramas:
Derecho Civil y Derecho Mercantil. Ahora bien, cuando se
creía que la división del Derecho Privado era un hecho
consagrado, surgió la idea de César Vivante, el gran
maestro italiano del Derecho Mercantil, quien al
inaugurar su cátedra en la Universidad de Bologna, en el
año de 1892, planteó la necesidad de hacer un solo
código que reuniera las dos materias. Esa idea la
tomaron en cuenta algunas legislaciones, aunque
parcialmente; por eso encontramos que en Suiza e Italia
se unificaron las obligaciones en un mismo cuerpo legal.
César Vivante explica así el motivo de su inquietud:
"Mi proposición fue inspirada originalmente por el
desarreglo científico en que encontré nuestra disciplina,
condenada a vivir a media distancia entre el empirismo
de la práctica y las doctrinas tradicionales consagradas
por el Derecho Civil, bloqueándose en la impotencia
jurídica de los contratos 'sui géneris'. Y todavía estimo
que aquella fusión es un deber de quien estudia y de
quien enseña. Un deber científico y didáctico, porque la
ciencia y la escuela deben tender a construcciones
unitarias; y considero también que es un deber judicial
porque la magistratura no puede cumplir su función
social si no tiende hacia el equilibrio de los intereses y
hacia la unidad de las reglas dictadas para su tutela".
Esta posición unificadora del Derecho Privado fue
abandonada por Vivante en oportunidad posterior. Con la
honestidad que caracteriza a los científicos serios, hubo
de reconocer más tarde que, si bien sus argumentos
tenían validez teórica y acaso práctica en alguna medida,
la realidad demostraba que los cambios operados en las
formas del tráfico comercial obligaban a hacer del
Derecho Mercantil un derecho con características muy
especiales. Por otro lado, había que tomar en cuenta los
siguientes aspectos:
a. El origen de la codificación varía del Derecho Civil
al Derecho Mercantil. La Ley Mercantil siempre
deviene de lo empírico, de lo fáctico, de las
prácticas comerciales que preceden al concepto
teórico. En cambio, el Derecho Civil postula
exigencias de una profunda cohesión en la
sistematización de los conceptos más generales.
Ello inclina a muchos autores a señalar al Derecho
Mercantil como poco científico. Pareciera que el
comercio es tan cambiante que no da tiempo para
mayores elucubraciones doctrinarias; aunque en su
defensa se ha dicho que, a cambio de una posible
inconsistencia científica, está poseído de una gran
facilidad para adaptarse a la realidad.
b. El Derecho Mercantil tiende a ser internacional.
c. La existencia de los llamados títulos de crédito sólo
puede funcionar dentro de un derecho flexible,
rápido y poco formalista como el Derecho
Mercantil.
d. Los negocios a distancia provocan problemas que el
Derecho Civil no resuelve. La apertura de crédito
que los facilita sí está prevista en lo mercantil. Y
e. Los negocios mercantiles se desarrollan en masa, a
diferencia de los civiles que generalmente son
aislados.
Todo lo anterior ha inclinado la balanza en favor de la
separación, la que hoy día no sólo está consolidada, sino
que ya podemos ver cómo el Derecho Civil retrocede y
deja campo al Derecho Mercantil.
Ahora bien, ¿cuáles son los alcances de esa separación?
¿En qué sentido debemos entenderla? Recordemos que
ambos derechos tienen una vinculación histórica. Por eso
el maestro español Joaquín Garríguez, al prologar la obra
del jurista italiano Alfredo Rocco, dice que coincide con
éste:
"...cuando afirma que la autonomía de una ciencia no
debe confundirse con su independencia, o, mejor con su
aislamiento. He creído siempre que en este punto de las
relaciones del Derecho Civil y Mercantil hay que
distinguir una cuestión de separación y una cuestión de
independencia, para devenir a la conclusión de que
ciertamente el Derecho Mercantil debe vivir de leyes
propias, separado del civil, pero con la dependencia que
impone la comunidad de origen y la substancial analogía"
O sea que la separación, siendo necesaria por la materia
que cada uno regula, no debe hacernos olvidar que el
abolengo científico e histórico de la legislación civil hace
que ella sirva para auxiliar a la mercantil cuando sus
disposiciones resultan insuficientes para dar una solución
ante un caso práctico. El estudio coordinado de las dos
ramas vale, pues, en el terreno de la docencia, de la
investigación o de la jurisprudencia. Con relación a este
problema ¿cómo se orienta el Derecho guatemalteco?
Nuestra legislación consagra la separación del derecho
sustantivo, aunque tiene unificado el derecho adjetivo.
Tenemos un Código Civil y un Código de Comercio que
operan por separado; y, a su vez, hay un Código Procesal
Civil y Mercantil. En el derecho sustantivo el Código de
Comercio se encarga de establecer la interdependencia
entre la Ley Civil y la Ley Mercantil, pues el artículo
primero regula la supletoriedad del primero para con el
segundo, bajo la estricta observancia de los principios del
Derecho Mercantil. Por último, en cuanto al Derecho
Procesal, si bien está unificado, hay que hacer la
salvedad de que, para la pretensión procesal en el
terreno mercantil, el Código de Comercio señala las vías
más rápidas para dar soluciones jurisdiccionales: juicios
sumarios, ejecutivos o arbitrales. En pocos y muy
especiales casos está prevista la vía del juicio ordinario.
Esto en obsequio a la característica de rapidez del
Derecho Mercantil. El comercio exige soluciones prontas
para sus conflictos y por eso se prescriben los cauces
más expeditos.
5. CONCEPTO DEL DERECHO MERCANTIL:
El concepto del Derecho Mercantil no tiene uniformidad en la
doctrina, porque para elaborarlo se han tomado en cuenta
diferentes elementos que se encuentran en las relaciones
del comercio y que caracterizan la forma en que se
desarrollan. El sujeto comerciante, los actos objetivos de
comercio, la organización empresarial, la cantidad de
negocios jurídicos mercantiles que se dan en el tiempo y en
el espacio, han servido de base para presentar diferentes
conceptos de este derecho.
6. CARACTERÍSTICAS DEL DERECHO MERCANTIL:
CARACTERÍSTICAS:
Las características de toda rama del Derecho devienen de la
materia que trata. En el caso del Derecho Mercantil, el
comercio, que es su materia, tiene la particularidad de darse
en masa, cambia constantemente en los modos de operar,
exige rapidez en las formas de negociar, se desenvuelve a
nivel nacional e internacional. Estas particularidades inciden
en las características que se le señalan al Derecho Mercantil,
encontrándose entre las más específicas, las siguientes:
i. ES POCO FORMALISTA:
La circulación para que sea fluida, exige que la formalidad
esté relegada a la mínima expresión, salvo en los casos en
que su ausencia puede sacrificar la seguridad jurídica. Los
negocios mercantiles se concretan en simples formalidades
sólo explicables para un conjunto de relaciones que por su
cantidad no podrían darse fácilmente de otra manera. Por
ejemplo, la representación en lo civil exige un contrato de
mandato; en cambio, la representación en materia de títulos
de créditos se da por un sencillo endoso en procuración. Así
también, vemos cómo el simple acto de abordar un autobús,
pagar el valor del pasaje y recibir el boleto, configura un
contrato de transporte entre el usuario y el propietario del
medio de transporte, representado entre el usuario y el
propietario del medio de transporte, representado a la vez
por el piloto, quien ejerce una representación sin mandato
expreso. Estos dos casos sirven para demostrar cómo el
Derecho Mercantil tiende a ser poco formalista, para
adaptarse a las peculiaridades del tráfico comercial.
ii. INSPIRA RAPIDEZ Y LIBERTAD EN LOS MEDIOS
PARA TRAFICAR:
El poco formalismo comentado se relaciona con la agilidad
del tráfico comercial. El comerciante debe negociar en
cantidad y en el menor tiempo posible. Al mismo tiempo
vive imaginando fórmulas que le permitan resultados
empresariales exitosos por medio de novedosas
modalidades de contratar. Ello obliga a que el derecho
funcione a la par de la realidad que se le presenta. Un juez,
por ejemplo, no podría negarse a resolver un conflicto de
intereses en el campo comercial pretextando que un negocio
no está regulado por el derecho vigente, ya que, si en algún
campo el contrato atípico se da con suma facilidad, es en el
mundo del hacer comercial.
iii. ADAPTABILIDAD:
Esta característica, bien señalada por el profesor Edmundo
Vásquez Martínez, se explica, en nuestro criterio, así: el
comercio es una función humana que cambia día a día. Por
diversos motivos -políticos, científicos, culturales — las
formas de comerciar se desenvuelven progresivamente. De
ello resulta que la legislación siempre va en zaga de la
práctica. Entonces, una característica de este derecho para
tomarse en cuenta es que, en su contexto general, debe irse
adaptando a las condiciones reales del mismo fenómeno
comercial.
iv. TIENDE A SER INTERNACIONAL:
La producción de bienes y servicios no es exclusivamente
para el comercio local de una sociedad organizada
políticamente. Se produce para el mercado interno; para el
mercado internacional. Ello obliga a que las instituciones
jurídicas tiendan a ser uniformes porque así se permite la
facilidad del intercambio a nivel internacional. El mundo
moderno ha visto logros importantes en este aspecto y un
ejemplo de ello es la uniformidad que se ha dado en materia
de títulos de crédito. Todos los países, en menor o mayor
escala, tienden a abarrotar el mercado extranjero con sus
mercancías; y de ahí que organismos internacionales, como
Naciones Unidas, fomenten el estudio y sistematización del
Derecho Mercantil Internacional. Esta característica es más
sensible ahora que ha surgido el fenómeno de la
globalización de las economías.
v. POSIBILITA LA SEGURIDAD DEL TRÁFICO
JURÍDICO
El valor seguridad jurídica lo explica la Filosofía del Derecho
como la observancia de mecanismos consagrados para el
surgimiento de la normatividad, dentro de los cuales se
encuentra la forma de contratar. ¿Cómo se garantiza
entonces la seguridad si la formalidad es incipiente en el
tráfico mercantil? En la observancia estricta de que la
negociación mercantil está basada en la verdad sabida y la
buena fe guardada, de manera que ningún acto posterior
puede desvirtuar lo que las partes han querido al momento
de obligarse. Ante un conflicto entre la seguridad del tráfico
mercantil y la seguridad del derecho, dice Vásquez Martínez:
"...el Derecho Mercantil tiende a garantizar la primera, lo
cual se traduce en la subordinación de la realidad a la
apariencia jurídica""'
7. FUENTES DEL DERECHO MERCANTIL:
a. LA COSTUMBRE:
La costumbre fue la primera fuente formal del Derecho
Mercantil, ya fuera como práctica general de los
comerciantes o como usos del comercio. Generalmente son
estos últimos los que funcionan en la práctica mercantil, los
que pueden ser locales o internacionales; generales o
especiales; y normativos o interpretativos. El párrafo
segundo del artículo 2o. de la Ley del Organismo Judicial, le
da categoría de fuente de derecho a la costumbre, y por lo
mismo al uso, en defecto de ley aplicable al caso y siempre
que no sea contraria a la moral y al orden público y que
resulte probada. En el Código de Comercio vamos a
encontrar que se nos remite a los usos para resolver un
problema legal en ausencia de una norma específica, tal el
caso de fijar el precio de una compraventa en que se omitió
establecer tal prestación. Los usos, sean locales o
internacionales, generales o especiales, pueden servir para
normar una situación mercantil que la ley no contempla; y
en el caso de los interpretativos, se utilizarían en los
términos que permite el artículo 10 de la misma Ley del
Organismo Judicial.
b. LA JURISPRUDENCIA:
La jurisprudencia está concebida en Guatemala, según lo
expresa el primer párrafo del artículo 20. de la Ley del
Organismo Judicial, como fuente complementaria. En ese
orden lo es del Derecho Mercantil, no obstante, lo limitado
de su efecto vinculante. De acuerdo con lo establecido en el
Código Procesal Civil y Mercantil, cuando se producen cinco
fallos reiterados en juicios sometidos al conocimiento de la
Corte Suprema de Justicia, por medio del recurso de
casación, se genera la doctrina legal que puede citarse
como fundamento de pretensiones similares. Sin embargo, si
se trata de interpretar la ley que ya existe, estos fallos no
están generando nuevas normas, y por lo mismo no son
fuentes directas de lo normativo. Cosa distinta sucede
cuando hay ausencia de norma para el caso concreto y se
falla en observancia de los artículos 10 y 15 de la Ley del
Organismo Judicial, porque en tal caso sí se está
produciendo una norma, con la particularidad de ser
individualizada para el caso concreto, con imposibilidad de
traerla a cuento para solucionar un caso similar. Esto
demuestra que en nuestro ordenamiento hay muy poca
estimación por la jurisprudencia como fuente de derecho y,
en consecuencia, también del Derecho Mercantil.
c. LA LEY:
Conforme a los artículos 2o. y 3o. de la ley del Organismo
Judicial, la ley, o la legislación con más propiedad, es la
fuente primaria del derecho. En el caso de Guatemala, la
normatividad mercantil se integra a partir de su Constitución
Política, cuyos preceptos mercantiles se desarrollan en el
Código de Comercio y demás leyes y reglamentos que
norman la actividad de los comerciantes, las cosas y los
negocios mercantiles.
d. LA DOCTRINA:
A la doctrina no pocos autores le niegan calidad de fuentes
del Derecho. Sin embargo, en el Derecho Mercantil sucede
algo especial. Por el lento proceso legislativo, es indudable
que la doctrina planteada por los científicos del derecho va
adelante del derecho vigente. La doctrina corre pareja con la
práctica; lo que no sucede con la ley. Entonces, para que
este derecho sea viable fácticamente, los principios que ya
estudiamos, y que son doctrinarios, vienen a ser fuente
coadyuvante en la interpretación del contexto legal, por
disposición del artículo lo. del Código de Comercio. Pero, no
debe considerársele una fuente aislada y que produzca
efectos ella sola. Creemos que la doctrina puede funcionar
como los usos: coadyuvar al esclarecimiento del derecho
vigente, con la diferencia de que, por su solidez científica,
juega un papel preponderante en el conocimiento de los
problemas que tienen que resolverse dentro del contexto del
Derecho Mercantil.
e. EL CONTRATO:
El contrato ha sido considerado como fuente del Derecho
sobre todo en el campo del Derecho Privado. Olvidando un
poco la teoría Kelseniana en donde la única fuente del
Derecho es la ley, podemos considerar que el contrato es
fuente del Derecho Mercantil en la medida en que recoge
convenciones de los particulares, provenientes de la esfera
de la autonomía de la voluntad. Si observamos
detenidamente algunos ejemplos de contratos formularios
que se dan la práctica comercial, nos encontramos que
muchos de ellos contienen una serie de convenios propios
de cierto tipo de negocios o bien regulan características del
comercio local, nacional o internacional. Si en algún campo
del Derecho Privado se dan modalidades muy especiales al
celebrar un contrato, en el terreno mercantil existen y por
ello lo podríamos considerar como una fuente. Sin embargo,
recordamos que el contrato ha sido definido como "Ley entre
las partes"; y en ese sentido vendría a ser una fuente muy
particular, que sólo tiene radio de acción para los sujetos
que en él hayan intervenido como par-tes; pero no generaría
disposiciones de observancia general. Sin embargo, en la
práctica mercantil existen el contrato normativo, el contrato
tipo, el contrato por adhesión, que de cierta manera norma
obligaciones de más de un contrato singular.
8. RELACIONES DEL DERECHO MERCANTIL CON OTRAS
DISCIPLINAS:
El derecho mercantil es integrante de un contexto jurídico
vigente, motivo por el que se relaciona con otras ramas
del derecho; siendo las mismas las que a continuación se
explican brevemente:
a. Derecho constitucional: la relación del derecho
mercantil con el derecho constitucional es de
jerarquía, debido a que las normas constitucionales
cuentan con supremacía sobre las leyes ordinarias y
reglamentarias. Consecuentemente, el derecho
mercantil como conjunto de normas jurídicas
ordinarias tiene que superarse a lo que dispone la
Constitución Política de la República de Guatemala.
b. Derecho civil: se aplica de forma supletoria al
derecho mercantil, cuando las normas de este no sean
suficientes para la regulación de los negocios,
obligaciones y contratos mercantiles.
c. Derecho administrativo: el mismo al regular la
organización y la actividad de la administración
pública, se relaciona con el derecho mercantil, en el
momento en el cual el comerciante queda a sujeción
de distintos controles por parte del Estado. Ejemplo de
ello es cuando el comerciante queda inscrito en el
Registro Mercantil o cuando el mismo se inscribe en la
Dirección General de Rentas Internas para efectos
relativos al pago y control de los impuestos.
d. Derecho procesal: el mismo, es referente al conjunto
de normas
encargadas de la regulación de la actividad
jurisdiccional que lleva a cabo el Estado para la
aplicación del derecho. Dicha actividad jurisdiccional
la lleva a cabo el Estado mediante los Tribunales de
Justicia, a quienes se les atribuye la facultad de juzgar
dentro de determinados límites legales, sea por
motivo de la materia o por razón del territorio. De
conformidad con la materia jurídica de la cual tiene
conocimiento el juez, así recibe su denominación.
e. Con el derecho tributario: es referente, a la rama
del derecho público que se encarga de la regulación
de la actividad del Estado, en cuanto a los órganos
que se encargan de la recaudación y aplicación de los
impuestos, presupuesto, crédito público y en general
todo aquello que se relaciona con el patrimonio del
Estado; así como también de su utilización.
f. Derecho internacional: entre las características del
derecho mercantil, se encuentra la tendiente a la
internacionalización, justamente debido a que la
actividad comercial traspasa las fronteras de la patria.
Dicha actividad mercantil la pueden llevar a cabo los
Estados como entes de derecho
internacional.
g. Derecho penal: es referente, al conjunto de normas
jurídicas impuestas por el Estado en las que se
determina cuáles son los hechos que se consideran
como delitos y la sanción que le corresponde a los
mismos.
h. Derecho laboral: el mismo, tiene por contenido
principal la regulación de las relaciones jurídicas entre
patronos y trabajadores, con motivo del trabajo.
9. EL CÓDIGO DE COMERCIO GUATEMALTECO:
El Nuevo Código de Comercio de Guatemala de 1877
inició la codificación del Derecho mercantil guatemalteco
y se produjo en el marco de la codificación general
efectuada por el gobierno liberal de Justo Rufino Barrios.
Anteriormente hubo varios proyectos, entre ellos uno
elaborado por el jurista Ignacio Gómez.
Mediante acuerdo de 29 de septiembre de 1876, el
gobierno nombró a Manuel Echeverría, Antonio Machado
y J. Esteban Aparicio para redactar un código de
comercio. La comisión consultó el Código de Comercio de
Francia, el Código de Comercio español de 1829 y los de
algunos países hispanoamericanos especialmente los de
México y Chile. En julio de 1877 la Comisión presentó su
proyecto, junto con el texto de un Código de
Enjuiciamiento Mercantil.
El Código Nuevo fue emitido por decreto del presidente
Justo Rufino Barrios, y entró en vigor el 15 de septiembre
de 1877 y derogó las Ordenanzas de Bilbao, que habían
regido en Guatemala desde 1793.
Durante su vigencia, el Código de 1877 sufrió algunas
reformas importantes, entre ellas como consecuencia de
la ratificación por Guatemala en 1913 de la Convención
de La Haya sobre unificación del Derecho relativo a la
letra de cambio, al pagaré y al cheque.
El Código de 1877 fue sustituido por el Código de
Comercio de Guatemala de 1942, que era prácticamente
una refundición suya.
I. LOS SUJETOS DEL DERECHO
MERCANTIL.
COMERCIANTE INDIVIDUAL:
DEFINICIÓN:
Uno de los requisitos que el sujeto individual debe llenar
para ser comerciante, además de los que expusieron al
tratar el artículo 2o., es que sea hábil para obligarse de
conformidad con las disposiciones del artículo 60. del Código
Civil. La ley se refiere expresamente a la capacidad de
ejercicio que implica la de ser sujeto de derechos y
obligaciones. La persona debe estar en posibilidades de
actuar en el campo del orden jurídico, posibilidad que se
adquiere con la mayoría de edad que precisa el Derecho
Común.
El caso de los incapaces y de los interdictos, Joaquín
Rodriguez y Rodríguez afirma con mucha razón que el
comercio es riesgoso y se corre el peligro de perder o ganar
en el tráfico.' En esa virtud, el patrimonio de los menores de
edad o el de los interdictos es aconsejable no
comprometerlo en actividades comerciales. Pero puede
suceder que un menor de edad reciba una empresa
mercantil por herencia o donación; o bien que un
comerciante capaz, por las causas que establece la Ley Civil,
se le declare en estado de interdicción. Ante esos hechos y
haciendo efectivo el principio de conservación de la
empresa, el juez que conozca el caso puede decidir, con
dictamen de experto, si la empresa continúa o no, tomando
en cuenta las posibilidades favorables del negocio y el
beneficio que va a resultar de su conservación. Si el juez
decidiera lo primero, nos encontraríamos ante una
excepción al requisito de la capacidad como condición
necesaria para ser comerciante; en el entendido de que la
actuación de estas personas se haría por medio de sus
representantes legales. Ahora, si la empresa se ha adquirido
por herencia o donación y en la declaración unilateral de
voluntad el testador o donante recomendó la continuidad de
la empresa, debe respetarse su disposición, aunque no es un
deber absoluto, porque si ello ocasiona más inconvenientes
que provechos económicos, el juez puede decidir lo
contrario conforme al artículo 70. del Código de Comercio.
Nuestra ley sigue así la corriente que aconseja la
continuidad de la empresa en el menor o el incapaz; pero,
no el inicio de la misma.
Para un menor de edad, sus representantes no podrían abrir
una empresa mercantil.
CARACTERÍSTICAS:
• Tiene capacidad jurídica plena
• Tiene responsabilidad ilimitada por las deudas de su
negocio
• Debe cumplir con requisitos legales, como registrarse
en el Registro Mercantil, llevar contabilidad y cumplir
con las normativas fiscales
• Puede realizar actividades como comprar para
revender, fabricar productos o prestar servicios
comerciales.
CAPACIDAD:
Código de comercio Decreto 2-70.
Artículo 6.- Capacidad. Tienen capacidad para ser
comerciantes las personas individuales y jurídicas que,
conforme al Código Civil, son hábiles para contratar y
obligarse.
Artículo 7.- Incapaces o interdictos. Cuando un incapaz
adquiera por herencia o donación una empresa mercantil o
cuando se declare en interdicción a un comerciante
individual, el juez decidirá con informe de un experto, si la
negociación ha de continuar o liquidarse y en qué forma, a
no ser que el causante hubiere dispuesto algo sobre ello, en
cuyo caso se respetará la voluntad en cuanto no ofrezca
grave inconveniente a juicio del juez.
NACIONALES Y EXTRANJEROS:
Artículo 8'. Comerciantes extranjeros. Los extranjeros
podrán ejercer el comercio y representar a personas
jurídicas, cuando hayan obtenido su inscripción de
conformidad con las disposiciones del presente Código. En
estos casos, tendrán los mismos derechos y obligaciones
que los guatemaltecos, salvo los casos determinados en
leyes especiales.
EXCLUSIONES:
Artículo 9.- No son comerciantes. No son comerciantes:
1°. Los que ejercen una profesión liberal.
2°. Los que desarrollen actividades agrícolas, pecuarias o
similares en cuanto se refiere al cultivo y transformación de
los productos de su propia empresa.
3°. Los artesanos que sólo trabajen por encargo o que no
tengan almacén o tienda para el expendio de sus productos.
PERSONAS DE DERECHO PÚBLICO:
Por disposición del artículo 13 del Código de Comercio, las
personas jurídicas que forman parte de la organización
centralizada o descentralizada del Estado no son sujetos de
Derecho Mercantil. Pero, pueden realizar actividades
típicamente mercantiles y se sujetan a los efectos de las
leyes de la materia, sin ser comerciantes; a menos que una
ley especial diga lo contrario. En esa forma, una entidad
descentralizada, la Universidad del Estado, por ejemplo,
puede traficar en el campo del comercio; pero no es
comerciante.
El problema del Estado empresario tanto en su
administración centralizada, como descentralizada, es
discutido en la actualidad con apasionado interés. Se habla
insistentemente de "adelgazar" al Estado, significando con
ello su retiro de aquellas actividades comerciales en que se
involucró, bajo la idea del intervencionismo del poder
público en la vida económica y con el fin de lograr el
bienestar general de la sociedad. Sin embargo, las
prestaciones de servicios o la de proporcionar satisfactores
por parte de entes públicos, no ha sido exitosa. La
burocratización y la corrupción en el manejo del patrimonio
público, ha generado una dura crítica al funcionamiento de
empresas mercantiles estatales. Pero, este cuestionamiento
se traslada al debate político; y es allí donde se encontrará
la solución que más convenga a la sociedad en general.
Código de Comercio Decreto No. 2-70.
Artículo 13.- Instituciones y entidades públicas. El
Estado, sus entidades descentralizadas: autónomas o
semiautónomas, las municipalidades y, en general,
cualesquiera instituciones o entidades públicas, no son
comerciantes, pero pueden ejercer actividades comerciales,
sujetándose a las disposiciones de este Código, salvo lo
ordenado en leyes especiales.
EL COMERCIANTE SOCIAL:
Código de Comercio Decreto No. 2-70.
ARTICULO 3. Comerciantes Sociales. Las sociedades
organizadas bajo forma mercantil tienen la calidad de
comerciantes, cualquiera que sea su objeto.
El fenómeno asociativo es una característica de la
convivencia social. El hombre, individualmente considerado,
busca la colaboración de los demás para conseguir la
satisfacción de intereses que les son comunes. Dentro de las
relaciones comerciales el fenómeno asociativo se presenta
desde el simple contrato de participación, hasta el
entendimiento internacional de los estados para crear
mecanismos regionales que integran la actividad económica
y que contribuyen a la expansión del comercio: zonas
preferenciales, zona de libre comercio, uniones aduaneras,
mercados comunes o uniones económicas. Ante esta
realidad:
"El Derecho se ve obligado a procurar fórmulas o
instituciones que permitan la satisfacción de todas las
exigencias y necesidades que surgen de estos fenómenos
asociativos”.
La sociedad mercantil es una manifestación de ese
fenómeno. Surge de la necesidad que tiene el sujeto
individual de asociar capacidad económica e intelectual con
el fin de que, en un esfuerzo conjunto, se pueda desarrollar
una actividad industrial, de intermediación o de prestación
de servicios. Ante la posibilidad de llevar a cabo una
explotación económica que necesita variados recursos,
viene a ser imperativo el acto de formar una sociedad
mercantil.
«porque sólo con la organización de tales fuerzas se
consiguen finalidades de interés colectivo, generalmente
inaccesibles al empresario individual, porque son superiores
a sus fuerzas y a los límites de una economía individual»
Y esta necesidad de planificar y organizar empresas sociales
no deviene únicamente del interés particular, ya que hay
casos en que la misma ley obliga a que determinados
negocios se les explote por medio de sociedades, como su-
cede, por ejemplo, en el negocio de la banca, de los seguros,
de los almacenes generales de depósito y de las sociedades
financieras o de inversión privadas, en donde el Derecho
guatemalteco exige la calidad de comerciante social para
poder explotar este tipo de actividades mercantiles. Todo
ello justifica el interés de la doctrina y de la legislación por
este capítulo del Derecho Mercantil: El Derecho de las
sociedades.
LA SOCIEDAD CIVIL Y LA SOCIEDAD MERCANTIL:
Debido a que el concepto legal de sociedad se encuentra en
el Código Civil de Guatemala en forma genérica; y que el
Código de Comercio no define lo que debe entenderse por
sociedad mercantil, se hace necesario establecer la
diferencia entre estos dos tipos de sociedades, de manera
que ese concepto genérico sea aplicable tanto a la sociedad
civil como a la sociedad mercantil. Tres son los criterios que
la doctrina ha consagrado pare establecer la diferencia entre
sociedad civil y sociedad mercantil, a saber: profesional,
objetivo y formal.