RESUMEN SOCIEDAD Y ESTADO - 2do Parcial - CBC UBA
RESUMEN SOCIEDAD Y ESTADO - 2do Parcial - CBC UBA
Presentación.
Democracia: definición(es).
En Grecia, la democracia estaba muy asociada a la noción de igualdad entre los ciudadanos, no
careciendo de opositores (Aristóteles, Platón) y limitaciones (la igualdad solo se limitaba a los
ciudadanos varones de la polis). En conclusión, esa noción de igualdad no se concebía como un
derecho natural de la humanidad.
Con el surgimiento del Estado nacional moderno, surgen nuevas ideas e instituciones
políticas, como la representación, los mecanismos de elección de autoridades y la noción de derechos
civiles y políticos (concepciones democráticas). De ese modo, impulsa la democracia (van de la mano,
el estado apoya ese régimen).
Por ese motivo, han existido problemas a la hora de definir qué es y que no es democracia. Así,
surgen perspectivas más filosóficas y prescriptivas (Nino, Gargarella), que utilizan una definición
maximalista, y otras más empíricas y descriptivas (Dahl, Sartori), con definiciones más
minimalistas, asociadas a la presencia de variables mensurables.
Esta tensión lleva a Dahl a definir a la democracia como un régimen universal perfecto que sirve
como modelo, pero al que nunca se puede alcanzar en su totalidad (lo perfecto no puede verse en la
cotidianeidad). Por lo tanto, llama poliarquía a las democracia posibles. Paradójicamente su noción
de poliarquía se convirtió en la definición clásica de la democracia, asociada a 8 requisitos:
1. Derecho al voto.
2. Derecho a ser electo.
3. Derecho de los líderes a competir por el voto popular: es lo contrario a lo que sucede, por
ejemplo, en los regímenes autoritarios o totalitarios, donde no se tiene en cuenta la voz del
pueblo.
4. Elecciones libres y justas.
5. Libertad de asociación: oportunidad o libertad que tiene la ciudadanía de agruparse con
quienes desee, formar coaliciones (alianza entre dos o más partidos).
6. Libertad de expresión: libertad de la ciudadanía de expresar posturas o posicionamientos
frente a diversos temas, sin restricciones.
7. Libertad de prensa: va de la mano de la libertad de expresión, ya que es la libertad que tienen
los medios de informar sin ningún tipo de restricción o presión.
8. Que las instituciones públicas dependan del voto popular (de manera indirecta): las
instituciones deben estar ligadas al pueblo, ya que este elige al presidente de la nación, quien
luego elige los representantes de las instituciones (por eso es indirecto).
Así, una democracia posible va a ser catalogada como poliarquía en tanto y en cuanto se
cumplan estos 8 requisitos. Como la poliarquía es una variable discreta, estos requisitos sirven para
distinguir entre poliarquía y régimen no poliárquico. Estos requisitos les permiten a los ciudadanos
formar sus preferencias, manifestarlas y recibir igual trato en la ponderación de las mismas.
Los autores afirman que si se vincula la definición de régimen político (introducción) con la de
Dahl se llega a la conclusión de que cualquiera puede aspirar a ejercer el poder político siempre y
cuando haya sido sometido a la voluntad popular.
Como los factores socioeconómicos, las prácticas culturales y los diseños institucionales
dependen de cada país, las democracias van ser diferentes. No van a presentar algún orden
socioeconómico en particular: van a existir las democracias liberales (menor participación del estado)
y las socialdemocracias (mayor participación del estado). Por consiguiente, las democracias pueden
diferir en varios aspectos, como el nivel de participación, el acceso de los ciudadanos a los servicios
básicos, el material electoral, el diseño institucional (presidencialista/parlamentario), etc.
1. La Democracia directa: la participación, sin intermediación, de los ciudadanos con su voz y voto
en los procesos institucionales de toma de decisiones. El ciudadano reunido en la asamblea delibera y
decide. Este tipo de democracia está relacionado con las polis, donde los ciudadanos participaban
activamente y en igualdad de condiciones en las Asambleas. En la democracia griega, todo ciudadano
tenía el derecho de participar de esa Asamblea. Para que la democracia directa funcione, debe haber
unidades políticas pequeñas, un número reducido de ciudadanos habilitados para participar de la
Asamblea y un alto grado de homogeneidad de intereses entre ellos.
Como las sociedades modernas se caracterizan por unidades políticas grandes, alta densidad
demográfica acompañada por complejidad social y heterogeneidad, la democracia directa no se puede
aplicar con éxito. Por ese motivo, se aplica la democracia representativa.
Aunque hoy en día las alternativas no democráticas no gozan de reputación alguna, siguen
existiendo. Los autores toman al politólogo Juan Linz, que se destacó en el estudio de la interacción
entre democracia y las alternativas no democráticas. Linz afirma que, aunque las no democráticas
poseen características diferentes entre ellas, todas niegan la utilización de elecciones como medio
para llegar al poder.
Linz caracteriza los regímenes a partir de las siguientes características básicas: la ideología, el
pluralismo, el liderazgo y la participación ciudadana. A partir de esto, explica 4 regímenes no
democráticos:
1. El Totalitarismo (nazismo).
3. El régimen postotalitario.
Son los regímenes totalitarios que surgieron luego de la primer ola de totalitarismos. Estos
últimos están muy relacionados con la figura del líder (Hitler, Mussolini, Stalin), por lo que surgen
serios inconvenientes para sobrevivir a su desaparición (más inestable).
4. Regímenes sultanistas.
La primera democratización.
La primera, tiene un enfoque más cuantitativo: es una manera de estudiar el surgimiento de las
democracias a partir de datos y variables socioeconómicas, las cuales correlaciona estadísticamente
para explicar su surgimiento. Esta corriente también es ahistórica, su interés se centra en el estudio
de datos, desconsiderando el análisis histórico de cada país. Esta escuela defiende la hipótesis de que
hay una relación directa entre desarrollo y democracia, independientemente de los procesos
históricos.
La segunda, posee un enfoque más cualitativo: usan la historia como herramienta explicativa
de los caminos que conducen a la democracia. Este enfoque afirma que las democracias son producto
de una sucesión de eventos históricos en un país determinado.
En pocas palabras, mientras la cuantitativa hace hincapié en las condiciones necesarias para el
surgimiento la democracia, la cualitativa resalta las trayectorias que conducen a ella. Existen varios
autores que intentan explicar el surgimiento de la democracia, pero solo algunos son mencionados.
Por ejemplo, Max Weber sostuvo que la democracia moderna sólo era posible en Estados con
regímenes económicos capitalistas, y a su vez sugirió que los países protestantes estaban mejor
preparados que los católicos para desarrollar un régimen democrático.
Entre más o menos 1917-1939 las democracias empiezan a caer y corrientes ideológicas que
legitimaban alternativas autoritarias (contrarias a la ideología democrática) empiezan a crecer. Este
fenómeno se dio tanto en Europa, cuanto en América Latina y demuestra una pérdida de legitimidad a
los líderes democráticos. Los autores nombran 3 grupos con diferentes hipótesis sobre la caída de las
democracias:
a) Lipset - Europa.
Afirma en primer lugar que cuanto más desarrollado sea un país, más democrático este será.
Su trabajo parte del supuesto de que existen factores estructurales, aparte del papel jugado por los
liderazgos antidemocráticos individuales (como Hitler y Mussolini), que explican la caída de las
democracias.
Lipset afirma que la modernización económica y social produce tensiones que muchas
veces las democracias no pueden controlar. Los regímenes democráticos que no pueden afrontar los
avances de la industria y la tecnología, caen. Ya aquellos que si lo logran, se desenvuelven y se
vuelven más democráticos.
En este trabajo el autor refuta la hipótesis de Lipset sobre la relación entre democracia y
desarrollo económico. Sostiene que en el Cono Sur fueron, sorpresivamente, los países más
desarrollados económicamente los que vieron sus democracias desmoronarse. Donde la teoría
esperaba que la democracia se fortaleciera se instalaron, en cambio, los llamados regímenes
burocrático-autoritarios.
Esta modalidad, aunque exitosa en el corto plazo, mostró sus limitaciones en el tiempo. Los
países nunca pudieron desarrollar una industria que pudiera competir con la extranjera y su
producción se dirigió al mercado interno. A su vez, seguían siendo dependientes de las importaciones
necesarias para el desarrollo industrial, lo cual generó continuas crisis.
Ello abrió el paso a presiones para volver a una estrategia económica que privilegiaba los
intereses agrarios. Sin embargo, la clase obrera no se mostró dispuesta a deponer sus demandas,
sobre todo en situaciones económicas delicadas. Esto incentivó la alianza de intereses agrarios y
fuerzas armadas con el objetivo de desactivar a la clase obrera y reorientar el programa económico.
Estos autores sostienen que la inestabilidad de las democracias se debe a la forma de gobierno
adoptado en la región, el presidencialismo. Consideran que el régimen parlamentario está mejor
capacitado para afrontar las crisis políticas; mientras que en el presidencialismo no (gobierno
“peligroso”).
Según esta visión, en el parlamentarismo, la dependencia del jefe de gobierno de una mayoría
parlamentaria, favorece la formación de alianzas. Además, hay una flexibilidad en la duración de
los cargos, lo cual evita las situaciones de gobierno dividido que con frecuencia ocurren en el
presidencialismo.
En conclusión, este debate académico muestra con claridad que no existe una única
explicación para la quiebra de las democracias. En ellas intervienen muchos factores en el que
difícilmente sea posible considerar uno de ellos como el más sobresaliente.
Transiciones a la democracia: entre en fin de los 70’ y el principio de los 80’ se produjo una “ola de
democratización”: paso de los regímenes no democráticos a los democráticos. Los factores que
desembocaron en la instalación de un régimen democrático fueron diferentes en cada “ola” de
democracia.
● Primer Ola (mitad del siglo XIX comienzo del XX): Tuvieron un desempeño fundamental el
desarrollo económico, la industrialización, la urbanización y el surgimiento de una clase media.
● Segunda Ola (finales de 1945): Los factores militares y geopolíticos fueron la explicación
fundamental para el paso a la democracia. Sin embargo, en esta ola, la democracia aparece
como el resultado de la imposición de los Aliados en los países derrotados.
● Tercer Ola (entre 1974-1989). De acuerdo con Huntington, los factores que explican la
democratización son:
- Los profundos problemas de legitimidad provocados por el bajo desempeño económico de
los regímenes autoritarios, además del bajo bienestar de la población.
- La aceptación universal de la democracia como un valor.
- El comportamiento de actores externos, como la Comunidad Europea e incluso una renovada
Iglesia Católica, que también contribuyó en el cambio democrático (opositora de las
dictaduras).
- Las actitudes de los medios de comunicación.
La crisis de legitimidad de los regímenes autoritarios tuvo lugar cuando estos no pudieron
mostrarse como más eficientes que la democracia para alcanzar el ansiado desarrollo económico y
una garantía de bienestar para sus ciudadanos. En ello influyeron las consecuencias económicas
desatadas por la Crisis del Petróleo, además de las coyunturas sociales de cada país.
Por último, el efecto demostración o “bola de nieve” es relevante ya que genera incentivos en
los agentes democratizadores de algunos países para buscar su democratización. Estos incentivos son
fuertes si estos actores son testigos del éxito de procesos similares en otros países.
Introducción.
Parte importante del problema es que aunque la globalización ya está y seguirá estando, existen
muy pocos estados con las características mencionadas. Otra parte del problema es que el avance de
la globalización sin un estado que la domestique disminuye la probabilidad de lograr ese estado.
Frente a eso, los países se hacen todavía más desiguales y desarticulados.
De este modo, el autor pretende que se pueda establecer, principalmente en los países Latino-
Americanos, un estado fuerte y amplio para poder domesticar los mercados y acabar con los
problemas que genera.
Hasta el día de hoy vivimos en una época atravesada por muchos cambios que solemos ponerle
el nombre de globalización. Este fenómeno posee un movimiento contradictorio: mientras implica
en el rápido achicamiento del mundo (mayor conexión entre los ciudadanos y los países), también
provoca el ensanchamiento geográfico y temporal con que la conciencia moderna se piensa a sí misma
y a su circunstancia.
1) La sensación de que el destino individual está influenciado por fuerzas y actores que operan
más allá de nuestra capacidad de controlarlas (flujo de capital, cambio climático).
2) La erosión de todo tipo de fronteras, tanto de la vida individual como la de los estados
nacionales. Hoy, capitales, transacciones y personas se mueven por el mundo con una
inusitada e inconveniente libertad.
Entiende a la ciudadanía como aquella que tiene derecho al voto y que tiene completa
conciencia de sus derechos y su cumplimiento por parte del Estado. Cuando la ciudadanía se expresa
como pueblo o nación, constituye un sistema de solidaridades, un sentido de partencia a un
“nosotros”. La erosión de las fronteras permite que estos sistemas no se limiten a un solo territorio
(positivo).
Existieron otras épocas en donde el mundo también sufrió cambios abruptos como el de
actualmente, lo cual llevó a autores de dichas épocas a formular síntesis para intentar encontrar
dirección y sentido a la historia que vivían. Aún nos alimentamos de las ideas de estos autores, pero
estamos condenados a sentirnos lejanos a ellos, por todos los cambios que atravesamos y por no tener
conocimiento suficiente para predecir el futuro como ellos.
Principalmente, debido a que, como las sociedades son tan complejas y experimentan cambios
de gran magnitud, se hace imposible intentar repetir las teorías generales de estos genios. Solo
logramos conocer partes de una sociedad cada vez más globalizada, compleja y multidimensional,
sin saber qué ocurrirá después.
Por lo tanto, se necesitan crear definiciones (de estado, ciudadanía y democracia) que se
adapten a nuestra nueva realidad. De acuerdo con el autor, estas definiciones no pueden ser
estrechamente técnicas, o sea, no pueden estar parceladas y aisladas de otros temas relacionados.
Tampoco pueden negarse a reconocer los cambios ocurridos y cometer gruesas simplificaciones que
renuncian la complejidad del mundo.
1) El estado es una entidad que circunscribe efectivamente toda la vida política, económica y
cultural de una nación.
2) El estado es una ficción que en su lenta agonía entorpece el libre juego de los bienes, servicios
e ideas que la magia del mercado global desata.
- El estado aspira a constituir, delimitar y representar esa sociedad nacional, no sólo por medio
de mapas, fronteras y embajadas, sino también de símbolos, rituales y edificantes historias
contadas a generaciones y generaciones.
- Cuando el estado convive con un régimen democrático, se le otorga a la ciudadanía un cierto
reconocimiento.
- El estado está relacionado con una sociedad civil transnacional: redes de diversos tipos de
asociaciones que luchan por la vigencia universal de los derechos básicos y que, muchas veces,
transgreden fronteras. Esto genera, además de estímulos transnacionales, una sociedad activa
y consciente de la importancia de esos derechos.
- El estado desea constituirse como una autoridad para la nación. Esto está relacionada con el
bien común y la legitimidad: el estado basa su legitimidad en convencer que sus acciones se
orientan a lo largo del bien común de la población (a partir del discurso) para ganar votos y
poder constituir la autoridad de los gobiernos.
Muchas veces los estados dejan de ser verosímiles, porque dejan de procurar por logro del bien
común, perdiendo credibilidad. Como consecuencia, empiezan a emerger los partidos políticos
autoritarios o antidemocráticos. Aunque en nuestra región no hay amenazas no democráticas, si existe
la posibilidad de la pérdida de la verosimilitud, causada por la globalización.
El autor afirma que el estado-nación moderno atraviesa una crisis de legitimidad, pero eso no
decreta su muerte, o la de la nación y la ciudadanía. Sostiene que, el estado está, seguirá estando y
deberá seguir estando en relación contradictoria con el mercado, o los mercados.
Por un lado, los gobiernos ayudan al bien común tratando de apoyar y promover mercados lo
más ágiles y eficientes posible; pero, además, el estado moderno debe ser un estado de derecho, es
decir, debe preservar el conjunto de reglas que hacen efectivos los derechos de todos sus habitantes.
Así, el estado se complementará con el mercado en tanto y en cuanto promueva la existencia de
mercados hábiles y eficientes, de tal forma que funcione como garante del bien común.
Empezamos a ver aquí una paradoja: al mismo tiempo que la globalización tiende a erosionar la
autoridad del estado sobre su territorio, requiere de estados con la gran autoridad necesaria para
mantener la efectividad de su legalidad, incluyendo un poder judicial ágil, eficiente y honesto. Para
esto hace falta un estado que sea fuerte y amplio.
Al decir fuerte, hace referencia a un estado que se ocupe de sostener leyes y normas aunque su
autoridad se encuentre desgastada por la globalización; y amplio en el sentido de ser aquel que
abarca diversas actividades y normas regulatorias para que los mercados puedan funcionar de forma
ágil. Aparte, para poder lograr ser un estado fuerte y amplio, es muchísimo más conveniente que haya
un régimen democrático, donde cada miembro de la ciudadanía sea tratado respetuosamente como
real portador de los derechos.
El estado y la economía capitalista se originaron conjuntamente, y sobre todo desde que esta
economía y sus mercados son el eje motor de la globalización, los estados se han tenido que enfrentar
con la tarea, sumamente difícil pero necesaria de, no sólo fomentar el mercado, sino también
controlarlo. Bajo la globalización, esta tarea es más necesaria, difícil y cambiante que nunca.
Por otra parte, el estado no debe ser otro sino uno que incluya un régimen democrático. En
estos tiempos de la globalización un régimen democrático es más necesario que nunca por al menos
dos razones:
1) En una democracia existen una multicidad de voces que pueden dialogar y coexistir
pacíficamente. Esto, sumado a buenos liderazgos y mucho de diálogo es más útil que la voz
monocorde del autoritarismo.
2) El estado democrático debe cumplir sus funciones primarias, es decir, fomentar un mercado
ágil y al mismo tiempo proteger a la ciudadanía de los efectos de ese mercado, garantizando el
bien común.
Clasificaciones.
Según Reif, las elecciones pueden clasificarse según estatus político en: las de carácter
nacional, de mayor relevancia, sea para miembros del congreso, como para titulares de órganos
ejecutivos (presidente), pues en ellas se decide quién estará a cargo de la maquinaria central del
gobierno y, por lo tanto, involucra a toda la ciudadanía del país. En cambio, las elecciones para
autoridades de unidades políticas subnacionales (gobernadores y legisladores provinciales), las de
nivel supranacional (como el parlamento europeo) y, las municipales (intendente o alcalde) suelen
ser consideradas de “segundo orden”.
Las elecciones también pueden distinguirse según su nivel de intermediación y, por tanto, en
directas e indirectas. En las directas, los propios electores deciden inmediatamente quiénes serán
los ocupantes de los cargos, mientras que en las indirectas éstos votan por un grupo de personas más
reducido, unos delegados o representantes, que toma tal determinación por ellos (más comunes en
países federales).
Según Hermet, las elecciones pueden clasificarse según según su grado de pluralismo, libertad
e importancia. Una elección es plural cuando existe la posibilidad de postular múltiples candidaturas,
a la vez que los distintos aspirantes poseen una sincera aspiración de obtener el o los cargos en
disputa. La libertad electoral implica:
a) que los electores estén en condiciones de decidir su voto sin presiones ni amenazas y con un
mínimo de información sobre las diversas propuestas que se presentan.
b) que los candidatos puedan desarrollar sus actividades de proselitismo de modo tal que no
encuentren obstáculos significativos para comunicarse con los votantes.
Por último, la importancia de una elección se vincula con su impacto sobre los procesos
políticos de la comunidad política en que se ha celebrado y, muy especialmente, sobre el ejercicio del
gobierno.
Desde un máximo de pluralismo, libertad e importancia a una completa ausencia de estos tres,
existe entre los especialistas un consenso generalizado en catalogar las elecciones en competitivas,
semi-competitivas y no-competitivas.
La importancia de las elecciones semicompetitivas para el régimen político puede ser muy
variable (de media a mínima) y sólo en unos pocos casos son llamadas para legitimar el orden
autoritario existente.
Las elecciones no competitivas son aquellas donde solo hay una fuerza política y estas
“elecciones” son aclamatorias. Es lo que sucede en un régimen totalitario. El votante no dispone de
ninguna facultad ni para decidir ni para manifestar su opinión en libertad. Sólo se admite la presencia
de una única organización política o “partido oficial” o de una sola lista de postulantes a cargos
públicos. No funcionan como un mecanismo para legitimar a los gobernantes, sino como un ejercicio
de movilización de las masas con énfasis puesto en la participación, como un acto ritual de
confirmación de la lealtad hacia un partido político, o como un proceso de “educación” de la
población. No hay ni pluralidad, ni libertad, ni importancia.
Reglas básicas.
En toda elección, cualquiera que sea su ámbito o jurisdicción y su nivel de competencia, existe
un conjunto de normas que estipulan los requisitos para ser elector o candidato y que determinan el
contexto en el cual tanto unos como otros participan en la contienda. Estas pautas se encuentran
presentes en las constituciones, las leyes y en las reglamentaciones de menor jerarquía y, por su
importancia, son casi invariablemente objeto de un alto nivel de formalización.
En los regímenes no democráticos, tal formalización está estrechamente vinculada con los
nulos o bajos niveles de tolerancia y pluralismo admitidos y, en especial, con la pretensión de
controlar todas las fases del proceso de gobierno. En cambio, en las democracias esta intensa
regulación está orientada a garantizar las funciones que las elecciones cumplen en ellas. Por ello, en
los regímenes abiertos y plurales es posible encontrar en estas normas variaciones significativas a lo
largo del tiempo.
Toda elección organizada requiere resolver de antemano y de modo preciso quiénes poseen el
derecho de votar. En las democracias de hoy, la amplia participación del pueblo en la elección del
gobierno está garantizada por la vigencia del principio del voto universal, es decir el sufragio libre
de condicionamientos por motivos políticos, económicos, sociales, religiosos, culturales o de género.
Esta condición de universalidad no implica, sin embargo, que toda la población goce del derecho de
voto: aun en las democracias más avanzadas existen ciertas restricciones para el ejercicio del derecho
de sufragio.
La razón de la inmadurez fija limitaciones para el voto a los menores de edad, y se funda en la
importancia de los comicios y en la necesidad de poder evaluar la relevancia de los mismos. La
legislación de casi todos los países exige como requisito para gozar del derecho a voto la posesión de
la ciudadanía de la nación donde rige, ya sea originaria o adquirida.
El voto igual garantizó la elección de las autoridades gubernamentales por una auténtica
mayoría de los ciudadanos y no por una minoría privilegiada con más de un voto o con un voto con
mayor peso o influencia. En varias democracias aún subsiste la desigualdad del voto en razón del
lugar de residencia: en ciertas naciones los electores de determinadas zonas tienen un voto con mayor
valor que los de otras regiones, a consecuencia del “malapportionment” o distribución injusta de la
base poblacional entre los distintos distritos electorales en que se divide el país.
El voto secreto, estuvo orientado a proteger a los ciudadanos de los sectores sociales
económicamente dependientes y, por tanto, más expuestos a apremios o coacciones; pero también a
aquellos que deseaban expresar sus preferencias por propuestas que no eran las más difundidas entre
los de su propia clase social o grupo de pertenencia.
Por último, entre las regulaciones más relevantes relativas a la modalidad del voto, se
encuentra la referida a su obligatoriedad. En algunos países el voto es un derecho ejercido con total
libertad, es una facultad a disposición de todos los ciudadanos adultos; en cambio, en otros países, es
tanto un derecho como una obligación frente a la cual el ciudadano no es libre de abstenerse. En
general, el establecimiento del voto obligatorio ha contribuido a asegurar la participación en las
elecciones de los sectores sociales más pobres y marginados, contribuyendo así a su incorporación a
la vida política.
3) Candidaturas.
Estas limitaciones configuran una situación jurídica bien definida denominada “capacidad
electoral pasiva”. Se requiere, por ejemplo, que las postulaciones sean respaldadas por un partido
político.
La selección de los candidatos es una de las facultades más importantes que poseen las
organizaciones partidarias. El proceso de designación se ha convertido, de este modo, en el crucial del
partido: su naturaleza determina la de aquél y el que puede llevar las riendas de ella es el verdadero
dueño; éste es, pues, uno de los mejores puntos de referencia para observar la distribución de poder
dentro del partido.
4) Campaña electoral.
En esta etapa de proselitismo, los candidatos también se valen de recursos como las encuestas
o los sondeos de opinión. Asimismo, en los últimos tiempos las campañas electorales se han visto
transformadas por el uso cada vez más intensivo de nuevas tecnologías.
Cada vez es más común la aprobación de iniciativas legislativas que habilitan la intervención
estatal para garantizar la igualdad de oportunidades para los contrincantes o para que el dinero no
influya de manera determinante en el resultado de una elección. Fijan, por ejemplo, límites en materia
de duración de las campañas.
Según Douglas Rae, éste puede definirse como “un conjunto de reglas y procedimientos que
gobierna el proceso por el que las preferencias electorales se articulan en votos y por el cual estos
votos se traducen en la distribución de la autoridad gubernamental (típicamente en bancas
parlamentarias) entre los partidos políticos en competencia”.
Dieter Nohlen sostiene que “los sistemas electorales contienen, desde un punto de vista
técnico, el modo según el cual el elector manifiesta a través del voto el partido o candidato de su
preferencia, y según el cual esos votos se convierten en escaños”.
Mientras Giovanni Sartori precisa que “los sistemas electorales determinan el modo en que los
votos se transforman en curules, y por consiguiente afectan la conducta del votante”, a la vez que
aclara que tal sentencia se ajusta a la competencia por bancas parlamentarias y que, por tanto, es
necesario evaluar por separado las elecciones presidenciales y cualquier votación para un cargo
indivisible.
Como conjunto de reglas y procedimientos, todo sistema electoral presenta una serie de
atributos o elementos constitutivos, entre los cuales los más importantes son: en primer lugar, el
distrito electoral, el tamaño de la asamblea legislativa, la fórmula electoral y la barrera o umbral de
exclusión; y, en segundo término, la estructura de la boleta o lista de votación y la posibilidad de unir
listas.
Por distrito o circunscripción electoral se entiende cada una de las secciones en las que el
electorado es dividido o agrupado a los fines de la votación y el cómputo de los sufragios, y a las
cuales se le asignan un número determinado de bancas a repartir entre los distintos partidos políticos
en competencia.
La creación del distrito electoral conlleva la toma de dos decisiones: la relativa a los límites de
la circunscripción y la concerniente a su base poblacional. La delimitación de los distritos
electorales se realiza mediante alguno de estos dos procedimientos:
Tanto las manipulaciones en la delimitación de los distritos electorales como los desajustes en
la base poblacional de las circunscripciones pueden corregirse mediante el rediseño (redistricting
entre los especialistas de procedencia anglosajona) como a través de la reasignación de las bancas
por distrito (o reapportionment).
- Fórmula electoral.
La barrera, piso o umbral electoral es un número mínimo de votos establecido para que un
candidato o partido político pueda acceder al reparto de cargos. El objetivo es excluir de la
distribución de bancas a los partidos minoritarios. De este modo, la barrera electoral promueve un
efecto no proporcional sobre el resultado del comicio: cuanto más elevada, mayor será el número de
votos excluidos del acceso a la representación y, por tanto, más distorsionada la distribución de las
bancas en competencia.
1. Presentación
Durante siglos, numerosos pensadores han procurado caracterizar los distintos gobiernos. Para
eso han utilizado, entre otras, cuestiones como los diferentes grados de legitimidad, eficiencia,
gobernabilidad, o responsabilización.
Una adecuada aproximación al concepto de gobierno requiere identificar las principales líneas
de desarrollo que se trazaron sobre el mismo a través del tiempo.
Autores como Aristóteles o Maquiavelo asocian la idea de gobierno al diseño que adoptan las
configuraciones políticas particulares. Ya Gaetano Mosca considera al gobierno como uno de los
tantos ámbitos donde la clase política se manifiesta y dirime sus intereses. Otros pensadores, como
John Locke y Montesquieu, a partir del desarrollo teórico del Liberalismo del siglo XVIII, identifican al
gobierno como la órbita en la que se interrelacionan los poderes ejecutivo, legislativo y judicial que
hoy se conocen. Estas distinciones revelan que la búsqueda de una definición del concepto es una
tarea muy compleja.
Las autoras comienzan su definición a partir del origen etimológico de la palabra gobierno:
proviene de kubernao (griego), que significa timón. Es así como “gobierno” nace unido a la idea de
conducción.
Una vez asentada esta particularidad, se necesita aún formular una definición que contemple
todas las dimensiones del concepto. Las autoras proponen: se entiende al gobierno como el lugar o
ámbito donde individuos e instituciones poseen autoridad para tomar decisiones, formular políticas
públicas y conducir una sociedad. De esta manera, el gobierno expresa una relación entre dos
sujetos colectivos: los gobernantes y los gobernados.
Al mismo tiempo, el gobierno se encuentra relacionado con otros tres conceptos: el poder, la
legitimidad y la política. Por un lado, la relación entre gobernantes y gobernados existe sólo en la
medida en que existe poder. A su vez, la autoridad de los gobernantes proviene de la legitimidad de
un gobierno, entendida como su capacidad para transformar la obediencia en adhesión voluntaria
(Weber) y que está fuertemente relacionada al voto; la ciudadanía es la que da legitimidad. Pero
fundamentalmente el gobierno se encuentra vinculado a la política, que garantiza que el vínculo
entre gobernantes y gobernados sea fluido, estable y esté garantizado en la constitución.
Estas dimensiones en conjunto crean el concepto de legitimidad que conocemos y que suele
cambiar conforme lo hacen los distintos contextos históricos.
Con el fin de continuar analizando las complejidades del estudio del gobierno, se adoptarán
tres aristas para abordarlo como objeto de estudio: los actores, las funciones y las instituciones.
Su análisis implica entender al gobierno como fenómeno político, pues siempre se podrá distinguir en
él un conjunto de individuos que ejercen la autoridad a través del cumplimiento de actividades
específicas.
Los actores son quienes ocupan puestos de autoridad, y actúan sobre un conjunto de
individuos que por definición los supera en número (la población). Según Bobbio, en toda sociedad, el
poder político pertenece siempre a un círculo restringido de personas. Es importante destacar que el
poder yace en el cargo y se traslada a la persona sólo en la medida en que lo ocupa y que son las
instituciones las que imponen los límites a los gobernantes.
El ejercicio de estas dos funciones supone por parte del gobierno acciones negativas de
coerción como última instancia (Weber), así como también acciones positivas relativas a la
previsión y provisión de bienes y servicios públicos.
Se puede sostener la imagen concreta y tradicional del gobierno como timón, porque el mismo
tiene por función dirigir políticamente una sociedad.
Desde un análisis, se han propuesto dos perspectivas para evaluar las funciones de gobierno en
relación al desarrollo y los cambios que éstas han sufrido. La primera de ellas se concentra en
analizar a partir del nivel de intervención sobre la sociedad (cuantitativo). Para ello el presupuesto
público se revela como el indicador más apropiado, ya que permiten identificar las prioridades de un
gobierno.
Este tipo de mediciones, sin embargo, no alcanzan para identificar con claridad con qué
criterios se procede a la toma de decisiones. Será necesario pasar a la dimensión cualitativa de las
funciones de gobierno. En este sentido, se reconocen como componentes fundamentales la educación,
la provisión de servicios sociales, el mantenimiento del orden, la defensa y el desarrollo económico.
En el Estado mínimo, por ejemplo, las funciones de gobierno serán reducidas a su expresión
más limitada, priorizando su dedicación a las actividades tradicionales: defensa exterior y consecución
del orden interno. El Estado productor, por su parte, se caracterizará por la intervención económica
y la provisión de servicios públicos a la sociedad que, sumados, superarán a las actividades
tradicionales. A su turno, en el Estado benefactor los servicios sociales se constituyen en la
prioridad del gobierno.
Finalmente, en las últimas décadas se asiste a una significativa alteración de los objetivos
asumidos por los gobiernos. El equilibrio fiscal se convierte en una prioridad constante, controlando
cualquier tipo de función que el gobierno esté dispuesto a asumir. Este tipo de estado se denomina
neoliberal.
Otra manera de aportar precisión respecto a las funciones de gobierno podría hallarse en la
constitución. En ella, cada órgano encuentra establecidas sus áreas de competencia y la modalidad
de relación que deben establecer. Finalmente, una crítica que con frecuencia se realiza al gobierno
como conjunto de funciones se ubica en los problemas de sobrecarga: exceso de demandas y
incapacidad del gobierno de procesarlas y generar políticas públicas satisfactorias.
Una vez asentada esta definición, cabe explicar la idea de gobierno como conjunto de
instituciones. Para ello será necesario dar respuesta a tres preguntas fundamentales: ¿dónde reside el
poder?, ¿cuál es su naturaleza? y ¿qué estructuras aparecen como referentes específicos del
gobierno?
La respuesta al primer pregunta es que el poder reside en las instituciones. Pero ello sólo
ocurre a partir de dos procesos previos: el primero remite al cambio en relación al titular de la
soberanía, es decir, a la idea democrática de que el poder reside en el pueblo, y que los gobernantes
obtienen su poder de autoridad por delegación. El segundo proceso refiere a la racionalización y
juridización del poder político. La racionalización se da a partir de la impersonalización del mando, la
diferenciación del control y la especialización en órganos e instituciones. La juridización implica el
monopolio legítimo de la violencia y la limitación al ejercicio del gobierno.
Las instituciones poseen atribuciones para el ejercicio del poder que independen de las
personas que las integran. A partir de esta afirmación, se puede responder la segunda pregunta: la
naturaleza del poder es objetiva, ya que depende del cargo. Además, la acción de los
gobernantes no será ejecutada en su propio nombre, sino en el de la autoridad conferida, mientras
que la obediencia no se debe a la persona sino a la institución de gobierno.
a) la comunidad política: los ciudadanos y todo sujeto que esté expuesto a la decisión de las
autoridades y a la forma de funcionamiento del régimen.
b) la autoridad, conformada por quienes ocupan los cargos institucionales.
c) el régimen político, entendido como las normas, reglas, y procedimientos de formación y
funcionamiento de las instituciones entre las que se encuentra, lógicamente, la constitución.
Como estas definiciones eran muy generales, Leonardo Morlino divide el régimen político en
algunos elementos:
5. La
Para ubicar su incidencia sobre el gobierno debe señalarse que, en primer lugar, opera sobre
los tres componentes del régimen político. Así, definirá las estructuras de los poderes ejecutivo,
legislativo y judicial, con qué recursos cuentan y cómo actúan.
Sobre las reglas de juego, indicará los mecanismos de acceso al gobierno y la mecánica
de interacción entre las instituciones. Respecto de las ideologías y valores, establecerá aquellos
que serán dominantes y dignos de respeto, al colocarlos como idearios de una sociedad.
Existen dos criterios para dividir el poder. El primero obedece a una consideración de tipo
territorial y supone una división vertical (existencia de un poder central) del poder. El segundo es de
tipo funcional y se corresponde con la división horizontal (igualdad de poderes), que separa las
diferentes ramas del gobierno.
El gobierno central y los poderes locales tendrán diferentes dinámicas de relación, que estarán
condicionadas por el tipo de división del poder y su grado de concentración o dispersión. De
acuerdo con esto es posible entonces distinguir entre gobiernos unitarios, federales y confederados.
En un gobierno unitario, los gobiernos locales realizan una serie de funciones importantes,
pero son “criaturas” del gobierno central, ya que sus poderes no están garantizados
constitucionalmente, no tienen independencia para tomar decisiones, ni son autónomos a nivel
financiero. Tampoco poseen autarquía, o sea, no pueden autoabastecerse. El Reino Unido es el
ejemplo más claro de gobierno unitario.
Se delinea entonces una clara jerarquía vertical en la relación entre las instituciones
centrales y las instituciones territoriales locales. Estos esquemas tienden a homogeneizar el conjunto
social ya que suelen prevalecer la misma lengua y las mismas costumbres para todos los ciudadanos.
Sistema político en el que cada nivel del gobierno tiene la autoridad para tomar
decisiones con independencia de los otros gobiernos. Las provincias poseen autarquía y
autonomía: pueden tomar decisiones de manera autónoma y autoabastecerse. Lijphart sostiene que
un federalismo se caracteriza por:
El gobierno federal, entonces, prevé la distribución del poder (división más horizontal) entre
instituciones que controlan ámbitos territoriales diferentes. Hay un acuerdo para compartir el poder,
anulando la existencia de un único centro de poder con capacidad para imponerse frente a otras
unidades institucionales.
La ausencia total de sanción para sus leyes y el requisito de la unanimidad genera una alta
inestabilidad. En general, los países que adoptaron estos diseños se han disgregado o bien han
entrado en una fase de transición hacia modelos de mayor grado de integración.
El estudio de las formas de gobierno requiere analizar la evolución histórica que han tenido.
Eso exige precisar que cada una de las formas presenta rasgos nuevos y a la vez conserva estructuras
y modos de relación anteriores. La emergencia de los gobiernos modernos puede situarse a partir del
desarrollo y transformación de las monarquías europeas anteriores al siglo XIX.
El modo en que fueron percibidos los cambios y continuidades de las formas de gobierno puede ser
sistematizado a partir de distintos desarrollos teóricos.
Los primeros planteos sobre los diseños gubernamentales aparecen asociados a Aristóteles. Este
pensador divide los gobiernos a partir criterios diferenciadores: uno cuantitativo y otro cualitativo. El
primer parámetro establece si el gobierno será ejercido por una persona (en cuyo caso se denominará
monarquía), pocas (aristocracia) o por la mayoría de ellas (república). El segundo criterio permite
evaluar si lo que se busca es el bien de toda la comunidad o el beneficio propio, dando pie a la
distinción entre formas de gobierno “buenas” y formas “corruptas”.
Con el Renacimiento, las consideraciones medievales serán dejadas de lado. En los desarrollos
teóricos de Nicolás Maquiavelo se introduce una nueva categorización (además del criterio
numérico de Aristóteles) a partir de cuán concentrado o disperso se encuentra el poder.
Los pensadores de la Inglaterra del siglo XVII serán quienes provoquen la segunda ruptura en esta
línea teórica. Thomas Hobbes apunta fundamentalmente a justificar el poder absoluto y John Locke
justifica una monarquía parlamentaria. A partir de la discusión entre estos dos autores surge la
diferenciación entre gobierno absoluto y gobierno limitado.
La tercera ruptura teórica se da a partir de los escritos de Montesquieu quien retoma el contenido
antes mencionado e identifica tres nuevas formas. Estas formas son la república (poder reside en el
pueblo), la monarquía (un solo hombre gobierna concentrando todo el poder ) y el despotismo
(soberanía reside en sólo un hombre pero que no se ajusta a ninguna ley, actuando de acuerdo con su
propia voluntad).
Luego del pasaje de la monarquía a los regímenes democráticos, puede haber una distinción entre
ellos a partir de tres criterios:
6.1 El Parlamentarismo
Los parlamentarismos están compuestos por el Jefe de Estado (monarca, no gobierno sino que
se encarga de lo diplomático), el Jefe de Gobierno (primer ministro, equivalente a presidente) y el
Parlamento; y posee las siguientes características importantes:
2) Estructura de la toma de decisiones: el primer ministro o jefe de gobierno trabaja junto con su
gabinete y el Parlamento de manera recíproca.
3) Naturaleza del poder ejecutivo: es dual, ya que se encuentra integrado por el jefe de gobierno
(se encarga de la orientación político-administrativa) y el jefe de estado (representación
básicamente simbólica y de corte ceremonial). Y también es colegiado, ya que está
conformado por un primer ministro y otros ministros que administran las distintas áreas
políticas (gabinete). La duración del poder ejecutivo es indefinida, mientras que la del
Parlamento no.
6.2 El Presidencialismo
Forma de gobierno compuesto por el Presidente (jefe de gobierno y jefe de estado) y el
Congreso (parlamento).
1) Naturaleza de la legitimidad: es directa, ya que, tanto él como el Congreso, son elegidos por
voto popular. No puede ser despedido del cargo por una votación del parlamento o congreso
durante su período preestablecido.
1. Elección directa: tiene lugar cuando el candidato que gana las elecciones es designado
presidente sin más trámite, ya que no existe ninguna instancia intermedia entre los votantes y
la elección del primer mandatario. La gran mayoría de los presidencialismos responden a esta
forma.
2. Elección indirecta a través de un colegio electoral: los votantes eligen a los electores que
designan al presidente. Este es el caso de los EUA.
3. Carácter indirecto: existe un cuerpo intermedio entre la voluntad de los votantes y la elección
final del presidente que puede alterar las preferencias del electorado. El caso ejemplificador lo
constituye Bolivia, en donde el congreso debe elegir entre los dos candidatos más votados si
ninguno de ellos reuniera la mayoría absoluta de los votos.
La segunda configuración es el gobierno dividido. Aquí no existe unión entre los dos poderes,
sino que a la separación institucional se le adiciona a división política. En este caso, la mayoría de
bancas en ambas cámaras son dominadas por el partido contrario al presidente. Este escenario
afectará el ejercicio del gobierno, dando lugar a cinco posibles resultados: parálisis en la toma de
decisiones, alto nivel de conflicto, altos costos para la toma de medidas de gobierno y desviaciones
significativas de los preceptos básicos del presidencialismo (amenaza de disolver el congreso,
amenaza de juicio político (impeachment)).
6.3 El Semipresidencialismo
1) Naturaleza de la legitimidad: es por un lado directa (ya que la ciudadanía elige al presidente,
que tiene mandato fijo y es independiente del parlamento), pero por otro lado indirecta,
debido a que el pueblo vota al parlamento que luego elige al primer ministro (el cual, por lo
tanto no posee legitimidad directa). Esto es debido a que se trata de una forma “mixta” de
gobierno. Sustituye la estructura monocéntrica de autoridad del presidencialismo y pasa a
basarse en la idea de poder compartido: el presidente debe compartir el poder con un
primer ministro.
3) Naturaleza del poder ejecutivo: es dual, con dos centros de poder, uno de ellos está
representado por el presidente, mientras que el otro está en la figura del primer ministro. Es
necesario que el presidente y el primer ministro interactúen entre sí.
PEREZ BOURBÓN
La administrativa está compuesta por los presidentes de cámara, los secretarios, los
departamentos, las divisiones, oficinas, etc. La legislativa, por su parte, está integrada por 3
estamentos: uno superior, que implica a la cámara reunida en sesión; uno intermedio, compuesto por
comisiones, es decir, diputados y senadores que trabajan mancomunadamente acerca de un tema; y
por último, uno inferior, compuesto por los legisladores.
Finalmente, la estructura política, la cual está compuesta por bloques, que poseen una
organización propia. Un bloque político puede definirse como un órgano parlamentario compuesto por
legisladores pertenecientes a un mismo partido político. Su función, así, es aglutinar a los legisladores
que manifiesten un mismo tinte político.
Procede diciendo que los legisladores pueden encontrarse trabajando en cualquiera de las 5
estaciones o ámbitos que se les asigna, donde desempeñan diferentes funciones. Estas 5 estaciones
son:
3) Bloques: tienen que fijar un posicionamiento frente a determinados temas. Por más que sean
del mismo partido político, dos legisladores pueden abordar temas de manera distinta, y por
esta razón el bloque debe fijar una opinión unánime. Cumplen la función de enlace, ya que
unen o hacen una conjunción de opiniones, llevando al bloque la opinión de la comisión sobre
un tema. Sin embargo, puede haber dificultades para llevar a cabo esta función, y, en este
caso, el legislador da vuelta los papeles intentando que alguno ceda.
4) Recinto: la cámara se encuentra reunida en sesión; cada legislador explica su posición frente
a un proyecto de ley en discusión. El bloque también manifiesta su opinión al respecto
(representando a la voz de la mayoría). Finalmente, se vota.
La conclusión del autor y la idea del texto es dar a conocer y explicar que muchas veces se los
juzga a l os legisladores por el trabajo que realizan, pero es importante tener en cuenta que
aunque no esté llevando a cabo su trabajo en una estación determinada, debe estar haciéndolo en
otra.
ALBERDI
● Introducción
En el texto, Alberdi intenta brindar diferentes argumentaciones para justificar el tipo de gobierno que
considera que Argentina debería tener en 1853. Además, analiza otras Constituciones sudamericanas
y las fallas que presenta, afirmando que no sería adecuado imitarlas, ya que cada constitución se
elabora en base al contexto de ese país.
De este modo, en su libro, Alberdi se propone a ayudar a los diputados y a la prensa constituyente a
fijar las bases de criterio para marchar en la cuestión constitucional. Ocupándome de la cuestión
argentina, también toca en la cuestión de la América del Sur, para explicar con más claridad de dónde
viene, dónde está y adónde va la República Argentina, en cuanto a sus destinos políticos y sociales.
Dos períodos esencialmente diferentes comprenden la historia constitucional de nuestra América del
Sur:
Todas las constituciones dadas en Suramérica durante el primer periodo (a) expresan la necesidad
dominante de ese tiempo. Esa necesidad consistía en acabar con el poder político que Europa había
ejercido en este continente (conquista y coloniaje). La independencia y la libertad exterior eran los
vitales intereses de ese tiempo. En ese período la riqueza, el progreso material, el comercio, la
población, la industria y todos los intereses económicos, eran beneficios secundarios, intereses de
segundo orden.
● Capítulo X: Cuál debería ser el espíritu del nuevo derecho constitucional en Sud-
América
En el segundo periodo (b) los intereses se modifican completamente y, por lo tanto, es impensable una
constitución con los intereses del primer periodo (a). De hoy en más los trabajos constitucionales
deben tomar por punto de partida la nueva situación de la América del Sur, interesada principalmente
en la economía, la inmigración libre y la industria. Estos son intereses tanto económicos, cuánto
sociales (los ciudadanos deseaban desplazarse libremente, sin amenazas constantes).
La constitución debe presentar, por lo tanto, las necesidades de la época (fines) y los medios para
lograr tales fines, además de ser producto de una unidad general (consenso entre los distintos
miembros de la clase política).
En esta época, América del Sur se encuentra en una pésima posición. Esto es el resultado de la
república establecida por la ley del gobierno, la cual no es totalmente verdadera en suelo
latinoamericano, ya que el pueblo no estaba preparado para regirse por este sistema superior a su
capacidad.
El sistema político del país se encuentra, entonces, en una “posición falsa”, con baja calidad de vida,
bajos niveles de alfabetización y precarios ámbitos y condiciones laborales.
Volver a la monarquía de otro tiempo (como en el caso de Brasil) no sería la solución, ya que, de
acuerdo con Alberdi no estábamos bastante sazonados para el ejercicio del gobierno representativo,
sea monárquico o republicano.
La solución sería entonces un gobierno adecuado para este periodo de preparación y transición: la
República posible, es decir, el presidencialismo. Este último sería capaz de garantizar el orden interno
y la paz social, gracias a la concentración de poder que aseguraba. Además, era un vía necesaria para
poder pasar, en algún momento, a una república verdadera.
Para que la república posible pueda ser establecida, se necesitaba, primero, elevar la calidad de vida
de la población, hacer el pueblo digno de la república. Esto ocurriría a partir de:
Una vez planteados los fines, era necesario organizar los medios. Uno de los medios fundamentales
era la modificación, a partir de las nuevas exigencias económicas e industriales, de las leyes civiles de
tramitación y comercio.
Esta modificación era necesaria porque nuestra constitución usaba como modelo a la legislación
francesa. Aunque los Códigos Civil y de Comercio franceses tenían muchísimo de bueno, no estaban
en armonía con las necesidades económicas de la época.
1. La simplificación de la burocracia: hacer con que la población pueda comercializar sin tanto
trámite y de manera más ágil.
2. Su nacionalización: la legislación tendría que ser uniforme (no podrían haber diferencias entre
las provincias). La uniformidad de la legislación no daña en lo mínimo las atribuciones de
soberanía local, y favorece el desarrollo de la nacionalidad argentina.
3. La institución de leyes orgánicas: leyes prácticas y eficientes, que se apliquen a la realidad,
para darles facultades positivas a las industrias.
Otro medio fundamental es la educación del pueblo. Esta misma sería operada mediante la acción
civilizante de Europa, es decir, mediante la inmigración. Por otra parte, esta última serviría también
para poblar Argentina, que en ese momento contaba con pocos habitantes.
Existen dos posicionamientos de Alberdi frente a los puntos de partida de la Constitución: uno
político y otro religioso.
En relación al religioso, Alberdi afirma que casi todas las Constituciones comienzan declarando que
son dadas en nombre de Dios, legislador supremo de las naciones. En efecto, El se encarga de darle a
cada pueblo su propia Constitución.
Los hechos y la realidad (que son obra de Dios y existen por la acción del tiempo y de la historia
anterior a nuestro país) serán los que deban imponer la Constitución que la República Argentina
recibirá de las manos de sus legisladores constituyentes.
En relación a la política, la historia nos muestra que los antecedentes políticos de Argentina se
dividen en dos clases, que se refieren a los dos principios federativo y unitario. El problema más
difícil es determinar cuál de esas será la base más conveniente para el arreglo general del gobierno.
El unitarismo defiende una Argentina central con provincias subordinadas al poder central, siendo
prohibidas de autoabastecerse. Ejemplos de antecedentes unitarios son la unidad de colores
simbólicos de Argentina, la unidad de costumbre y idioma y la misma palabra Argentina.
Ya el federalismo defiende la existencia de un poder central pero exige que las provincias sean
autónomas y autárquicas. Ejemplos de antecedentes federativos son las diversidades provinciales, las
extensas franquicias municipales y las enormes distancias que separan las provincias.
Aunque Alberdi era unitario, propone, para la república Argentina, un sistema mixto: fusión entre
ideales unitarios y federativos, que concilie las libertades de cada provincia y las prerrogativas de
toda la Nación. Esto sería una solución inevitable y única, que combina la individualidad con la
generalidad, el localismo con la nación y la libertad con la asociación.
En este capítulo se van a exponer los fines que deben proponerse en la nueva Constitución
sudamericana.
La primera deberá ser la libertad de culto: el derecho constitucional moderno debe separarse del
derecho colonial basado en la exclusividad religiosa. La constitución moderna debe mantener y
proteger el catolicismo, pero debe protegerla a partir de la libertad, la tolerancia y todos los medios
propios del régimen democrático y liberal, sin exclusiones y prohibiciones de otros cultos cristianos.
Los otros grandes fines de la constitución argentina no serán, como se ha demostrado, los que eran en
el primer período de la revolución (fines políticos), hoy se debe preocupar especialmente con los fines
económicos. Tampoco se puede imitar el régimen externo de naciones antiguas, ya civilizadas,
exuberantes de población y escasas de territorio (características totalmente diferentes a las de
Argentina). Los fines económicos son:
1. Política exterior: se necesita incentivar la inmigración para intentar poblar el país y educar la
población. Para poder hacerlo, debe por un lado, garantizar la libertad religiosa y facilitar los
matrimonios mixtos (entre argentinos y extranjeros). Además, se debe brindar domicilio al
extranjero, derechos civiles y abrirles acceso a empleos públicos de rango secundario. A partir
de esos empleos, se aprovechará de su aptitud para la gestión de nuestros negocios públicos y
facilitará la educación oficial de nuestros ciudadanos por la acción del ejemplo práctico.
2. Libertad comercial: Para desarrollar el comercio interior y exterior, marítimo y terrestre, se
necesita garantizar la inviolabilidad del derecho de propiedad y la libertad completa del trabajo
y de la industria. Para eso, es necesario abolir todas las antiguas leyes coloniales que
esclavizan la industria. Se debe, entonces, establecer una aduana nacional y deshacerse de las
internas, lo que favorecerá la libertad de comercio. interior.
3. Libertad fluvial: La libertad de comercio sin libertad de navegación fluvial es un contrasentido.
Por lo tanto, todas las provincias con puertos deben tener el derecho de comercializar, y no
solamente Buenos Aires.
Después de los grandes intereses económicos, entrará la defensa de la independencia contra los
ataques improbables de las potencias europeas. En este punto no debemos seguir el ejemplo de los
Estados Unidos, que tienen en su vecindad Estados europeos con más territorio que el suyo, los cuales
han sido enemigos en otro tiempo, y hoy son sus rivales en comercio, industria y navegación.
Como el origen de nuestra civilización y progreso reside en el exterior, nuestra constitución debe ser
calculada para atraer y facilitar la acción de ese influjo externo, en vez de contenerlo y alejarlo. A este
respecto la República Argentina solo tendrá que generalizar y extender a todas las naciones
extranjeras los antecedentes que ya tiene consignados en su tratado con la Inglaterra.
La paz y el orden interior son otro de los grandes fines que debe tener en vista la constitución
argentina; por que esta es necesaria al desarrollo de las instituciones y sin ella serían vanos los
esfuerzos hechos a favor de la prosperidad del país. La paz es por sí misma fundamental para el
progreso de estos países en formación y desarrollo.
Finalmente, por su índole y espíritu, la nueva constitución argentina debe ser una constitución
absorbente y atractiva, con el objetivo de:
1. Dar cuatro o seis millones de habitantes a la República Argentina en pocos años;
2. Trasladar la ciudad de Buenos Aires a un paso de San Juan, de La Rioja y de Salta y llevar a
estos pueblos hasta las márgenes fecundas del Plata, por el ferrocarril y el telégrafo eléctrico
que suprimen las distancias (constitución absorbente de los sectores marginados);
3. Hacer de Santa Fe, Rosario, entre otras, un lugar como Buenos Aires en población y cultura
por el contacto inmediato con la Europa civilizada y civilizante;
4. Arrebatar sus habitantes a Europa, y asimilarlos a nuestra población, haciendo en corto tiempo
tan populoso a nuestro país, que no pueda temer a la Europa oficial en ningún tiempo;
5. Englobar tanto unitarios como federales.
Acabamos de ver cuáles serán los fines que haya de proponerse la constitución. Pero no se buscan
fines sin emplear los medios de obtenerlos.
Es necesario, por lo tanto, una República, compuesta por un poder legislativo permanente
(encargado de elaborar y sancionar las leyes), un poder ejecutivo (ejecutar leyes y encargarse de la
política externa) y un poder judicial (sanción de malas acciones).
Además , es fundamental la democracia, que más que una forma, es la esencia misma del gobierno.
Finalmente, la República Argentina será y no podrá menos de ser un Estado federativo, compuesto
de varias provincias, a la vez independientes y autárquicas, pero subordinadas al gobierno general
creado por ellas.
La idea de una unidad pura (desaparición de todos los gobiernos locales en un solo gobierno nacional)
debe ser abandonada de buena fe. Es un hermoso ideal de gobierno; pero en la actualidad de nuestro
país, imposible en la práctica. De acuerdo con Rossi: “toda confederación, es un estado intermediario
entre la independencia absoluta de muchas individualidades políticas y su completa fusión en una sola
y misma soberanía”.
En el primer periodo, el gobierno colonial del Río de la Plata era unitario y central, a pesar de la
extensión de los gobiernos locales. El poder residía en un solo individuo (el Virrey) que gobernaba
todo el virreinato en nombre del rey de España y de las Indias. Además, las instituciones estatales
eran fuertes y las provincias se encontraban totalmente subordinadas.
Pero, en determinado momento, este modelo se agota y la ciudadanía empieza a ponerse en contra de
este gobierno central, resultando en la Revolución de 1810, en Buenos Aires.
A partir de esta revolución, el pueblo de la ciudad peticionó al Cabildo local para que instalaran la
Junta (compuesta de individuos elegidos por el pueblo) encargada del gobierno provisorio. Ella estaba
compuesta por 9 delegados, es decir, 9 representantes de cada provincia que reemplazarían al virrey.
La junta comenzó con ese número ya que, en ese momento, apenas 9 provincias eran consideradas
como las más importantes. A fin de año, se incorporaron siete miembros más a la junta gubernativa,
quedando el poder ejecutivo compuesto de 16 personas. Desde ese momento empezó la disolución del
poder ejecutivo, que no alcanzó a vivir un año entero.
Alberdi afirma que si se hubiera colocado el gobierno en manos de uno solo, habría sido más fácil
sustituir la autoridad general del virrey por un gobierno general revolucionario; pero la exaltación del
liberalismo naciente era un obstáculo invencible a la concentración del poder en manos de uno solo.
De hecho, el presidente de la Junta, Saavedra, al dar a entender que el poder debía estar concentrado
en una persona, fue desterrado por atentar contra la patria.
Termina el capítulo aludiendo al origen del federalismo, que básicamente se dio debido a que
viéndose sin su legítimo soberano, el pueblo asumió el poder y lo delegó en juntas o gobiernos locales.
La soberanía local tomó entonces el lugar de la soberanía general acéfala (es decir, que carece de
autoridad), dando lugar al federalismo republicano.
● Capítulo XXI: cuál federación es practicable en Argentina.
El autor dice que “una simple federación excluye la idea de un gobierno general y común a los
confederados, pues no hay alianza que haga necesaria la creación de un gobierno para todos los
aliados”; “los federales argentinos de 1826 comprendieron mal el sistema que querían aplicar a
su país”.
Sin embargo, afirma que la idea de los federales no era del todo errónea, sino que se
equivocaba en extrema y exclusiva. Al igual que los unitarios, quienes representaban también un buen
principio, pero impracticable en un país como este. Así, toma la idea de los federales, dándole lugar a
las provincias mediante un gobierno mixto, dividido en gobiernos provinciales + un gobierno
central.
La ejecución del sistema mixto que propone será realizable por la división del cuerpo
legislativo general en dos cámaras:
- Una destinada a representar las provincias en su soberanía local, y por lo tanto debiendo su
elección a las legislaturas provinciales, que deben ser conservadas; es decir los senadores.
- Otra que represente a todo el pueblo de la República, debiendo su elección, entonces, a éste,
sin consideración a localidades, y como si todas las provincias formasen un solo Estado
Argentino; es decir los diputados.
En la primera cámara serán iguales las provincias, teniendo cada una igual número de
representantes en la legislatura general; en la segunda serán representadas según el censo de la
población, y naturalmente serán desiguales. Por una parte es necesario reconocer que, a pesar de las
diferencias que existen entre las provincias bajo el aspecto del territorio, de la población y de la
riqueza, ellas son iguales como cuerpos políticos. Puede ser diverso su poder, pero el derecho es
el mismo.
Así tendremos un Congreso general, formado de dos cámaras, que será el eco de las
provincias y el eco de la nación: Congreso federativo y nacional a la vez, cuyas leyes serán la obra
combinada de cada provincia en particular y de todas en general.
En cuanto al poder ejecutivo, éste será electo por el pueblo, de manera indirecta, debido a que
el país se encontraba en un proceso de maduración, incapaz de realizar elecciones directas. Por su
parte, el poder judicial sería designado por el poder ejecutivo y la cámara de senadores.
Acerca del sistema electoral, es decir, la forma en la cual se vota Alberdi dice básicamente
que Argentina debía formarse y aumentarse con extranjeros de regiones más ilustradas, con el fin de
lograr “civilizarse”: “Sin una alteración grave en el sistema electoral de la República Argentina, habrá
que renunciar a la esperanza de obtener gobiernos dignos por la obra del sufragio”. Dice que debería
implementarse el sistema de elección doble o triple “para purificar el sufragio universal sin
suprimirlo y preparar las masas para el ejercicio futuro del sufragio directo”.
● Capítulo XXIV: facultades que tiene que llevar a cabo el poder central.
Alberdi afirma que el gobierno central no debía tener otro límite más que la constitución, así
como también, que al ser el poder central, debe tener supremacía sobre los actos de los gobiernos
provinciales, los cuales no deben imponer ningún obstáculo.
El poder ejecutivo, por más de encontrarse instalado y establecido en una región, tiene la
obligación de obrar en pos del bienestar de todo el país; es decir, debe gobernar para todos. Y,
finalmente, termina el capítulo haciendo un listado de todas aquellas facultades que las provincias no
tienen; pero sí pueden auto darse una constitución, banderas y poder administrar su presupuesto.