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Tarea en Clase - 12 Septiembre 2024 - Cap. 5 Barbosa de Sousa

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Tarea en clase - 12 septiembre 2024 - Cap.

5 Barbosa de Sousa

Rocío, Anabel, Analía y Mariela

 El arrepentimiento trae consigo el poder de desenmascarar el pecado y


nos conduce a la tarea de denunciarlo. Confesión es el acto de juzgar la
mentira y las tinieblas, y hace del pecador un hijo de la luz y del día.
 palabra que utiliza el apóstol Juan para describir a Jesús es verdad. «Yo
soy el camino, la verdad y la vida. En efecto, Jesús es mensajero de la
verdad.
 Por lógica, entonces, Juan define el pecado como mentira. Andar en la
verdad y hacer la verdad están en contraste con andar en la mentira y
practicarla
 Jesús es la verdad y vino para traer la verdad. Su adversario, el diablo, es
el «padre de la mentira» (Jn 8:44). Cuando él habla mentiras habla de
aquello que le es propio. Todo engaño y falsedad le pertenecen.
 El pecado nos amolda al espíritu de este mundo, nos hace esclavos de las
ilusiones y fantasías que él crea.
 La verdad a la cual las Escrituras se refieren no es únicamente la verdad
sistemática, confesional, sino toda la verdad. «Y conocerán la verdad, y
la verdad los hará libres»
 el verdadero testimonio cristiano es fruto de la práctica de la verdad,
cuyas obras son expuestas a la luz, porque nacen de Dios (Jn 3:21)
 El verdadero testimonio bíblico es el triunfo de la verdad sobre la
mentira.
 Todo pecado es un acto de solidaridad con el reino de las tinieblas. Jesús
es la luz verdadera que ilumina a todo ser humano, y en él no hay tiniebla
alguna (Jn 1:4).
 Si, por un lado, Juan describe el pecado como mentira, por el otro lado,
lo presenta como «tinieblas» y «oscuridad», y toda su manifestación no
es simplemente la acción mala como hecho aislado sino un estado
pecaminoso.
 Cuando las Escrituras hablan de vivir en las tinieblas, no están
refiriéndose únicamente a los impíos e incrédulos que viven lejos de Dios
y de su luz, sino también a muchos cristianos que insisten en mantener
oscuros los cuartos del alma.
 Todo aquel que se esconde en la oscuridad de su mundo interior se torna
esclavo del miedo y de las limitaciones impuestas por su inseguridad
 Somos justificados por la fe en Cristo, pero somos pecadores. Y «si
afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su
palabra no está en nosotros» (Jn 1:10
 La confesión es el acto de lanzar luz sobre nuestro corazón, de buscar la
verdad sobre nosotros mismos ante Dios, de vernos con los ojos santos y
tiernos del Padre, de impedir que las tinieblas determinen el rumbo de
nuestra vida.
 Cuando un pecador reconoce ante Dios, la iglesia y el prójimo que
anduvo en tinieblas y amó más la mentira que la verdad, demuestra que
la luz y la verdad, en definitiva, triunfan sobre la mentira y las tinieblas
 La confesión, como afirmamos anteriormente, es desenmascarar la
falsedad y exaltar la verdad, que es Dios.
 El esfuerzo por hacer que la confesión sea sincera y verdadera llevará al
pecador a un profundo conocimiento de sí mismo.
 La virtud bíblica y cristiana más recomendada para realizar los actos del
arrepentimiento y de la confesión es la humildad.
 Ya fueran personales, comunitarias o litúrgicas, todas han contribuido de
una u otra manera a la edificación de la iglesia.
 Por medio de la confesión, me conozco a mí mismo, y a través de la
gratitud y la alabanza, conozco a Dios y su amor.
 La tiranía del individualismo, que genera una conciencia alienada,
promueve desvíos tanto en el conocimiento de Dios, y de nosotros
mismos como en la forma de la confesión.
 Muchas veces categorizamos la confesión como una lista de pecados y
que nos arrepentimos, por otro lado están los que generalizan sus
pecados para no tener que mencionar cada uno de ellos.
 la confesión es el acto del desenmascarar este estado de deformación
respecto a los propósitos del Creador.
 Cualquier postura impersonal en el acto de la confesión distorsiona su
naturaleza y nuestra comprensión de la gracia de Dios.
 Un fenómeno más reciente, que compromete la confesión personal o
comunitaria, es la identificación de los pecados con sus demonios
correspondientes. Tenemos el demonio de la pereza, el del sueño, el de la
discordia, el de la miseria, el de la prostitución, y así sucesivamente. Se
sustituye la responsabilidad personal respecto al pecado por el demonio
correspondiente.
 La impersonalidad en el acto de la confesión nos impide disfrutar tanto
de la gracia del perdón como de la reconciliación.
 En la tradición católica encontramos, entre otros, el modelo de la
confesión auricular que se hace en el confesionario. La práctica de la
confesión auricular es bíblica y fue recomendada por Santiago, el texto
bíblico no especifica a quién se debe hacer la confesión. Dice solamente
«unos a otros», lo cual significa que todo hermano en Cristo puede ser un
confesor.
 Después de oír las confesiones, el sacerdote exige a quién se confiesa
algunas tareas espirituales. No hay ninguna duda en cuanto al hecho que
únicamente Dios puede perdonar pecados y que su gracia es suficiente
para hacerlo.
 Estos ejercicios no son expiatorios sino didácticos. No remueven la culpa
sino que nos colocan en el camino de la transformación del carácter y
testifican acerca de nuestro deseo sincero de arrepentimiento y
contrición.
 La confesión personal y secreta siempre corre el riesgo de nacer de un
corazón corrupto y engañoso. Por esta dificultad, precisamente, la Biblia,
Lutero, Calvino y muchos otros cristianos en la historia de la iglesia
enfatizaron que la presencia de un hermano o una hermana, o aun del
sacerdote, es fundamental para que el acto de la confesión sea una
expresión sincera de aquello que realmente somos.
 Para algunas iglesias protestantes, la práctica pública de la confesión se
ha mantenido como elemento litúrgico dentro de sus más diversas
tradiciones.
 Muchas personas le temen a esa confesión pública y por eso dejan sus
propias iglesias para no tener que pasar por eso, por eso mismo muchos
pastores optaron por crear súper-iglesias en las cuales te hacen sentir
mejor de lo que eres realmente.
 La confesión pública nos ayuda a recordar siempre que somos pecadores,
que la iglesia también es pecadora y que todos necesitamos de la gracia
de Dios.
 La confesión pública también nos ayuda a reconocer que el pecado por el
cual acusamos a la iglesia es también el nuestro, ya que nosotros somos
la iglesia.
 La confesión no es un fin en sí mismo, y no existe para proteger a la
institución eclesiástica, ni al testimonio cristiano. Existe como un medio
de transformación de nuestro carácter, deformado por el vicio causado
por el pecado.
 Cuando Jesús inaugura el Reino de Dios, en su discurso trata de la
inversión de los valores predominantes en las estructuras sociales de su
tiempo (El Sermón del Monte).
 En la sociedad secular no hay lugar para los débiles, se buscan
características contrarias a esta en los líderes.
 En el Reino de Dios, el fuerte es aquel que descubrió sus flaquezas y se
volvió dependiente de Dios y de su gracia.
 Solo en las debilidades constatamos la eficiencia de la gracia.
 Compartir nuestros dolores y debilidades nos hace capaces de socorrer a
los hermanos.
 El acto de confesión es un encuentro con la libertad.
 Cuando conocemos a Dios nos conocemos a nosotros mismos.
 El juicio no es un evento jurídico sino revelador.
 La confesión ante el hermano es la humillación más profunda.
 El cristianismo nos libera de las falsas exigencias del mundo.
 La relación entre salud emocional y pecados no confesados es más
profunda de lo que imaginamos.
 Crecemos en un mundo en el cual, desde muy temprano, aprendemos a
representar, a hacer aquello que otros esperan de nosotros. Como
recompensa, recibimos aprobación y aceptación. En verdad, todo lo que
esperamos en este mundo es aprobación y aceptación, y para conseguir
esto estamos dispuestos a representar cualquier papel que nos traiga tales
beneficios. Nos engañamos e ilusionamos, y creamos un mundo irreal en
cual la gran víctima somos nosotros mismos.
 Es necesario considerar el pecado no sólo como un acto ejecutado contra
Dios y su santidad, sino como una realidad intrínseca de la condición
humana. Somos pecadores. No sólo cometemos pecados, sino que somos
pecadores. El pecado no es únicamente aquello que hago o digo, sino la
realidad más secreta de mi ser, la motivación que mueve mis ambiciones,
las deformaciones de mi carácter, construidas a lo largo de mi existencia.
 Confesión no es solamente la declaración de aquello que hacemos o
dejamos de hacer, sino la confrontación con nuestra propia naturaleza,
con los vicios que fueron incorporados a nuestro carácter. Cuando
tratamos con el pecado únicamente en la perspectiva de lo que hacemos o
dejamos de hacer, no somos confrontados con nuestro carácter sino
apenas con ciertas actitudes. Por tanto, el pecado no es solamente un
acto, un desliz o un resbalón, sino lo que somos. Somos pecadores,
miserablemente pecadores. Ésta es nuestra naturaleza y es ella la que
debe ser confrontada en el acto de la confesión.
 Es posible tener experiencias con los más diversos dones del Espíritu, o
tener acceso al conocimiento teológico y bíblico, sin experimentar por
eso una verdadera transformación de nuestro carácter. Esto vemos hoy en
el escenario evangélico: muchas experiencias espirituales, milagros,
elaboraciones teológicas, avivamientos y muy poca o ninguna
transformación en el carácter. La confesión es desenmascarar nuestra
falsedad y caminar hacia la transformación.

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