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Etica Filosofica 2024 U2

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Ética Filosófica: Unidad II

Ética filosófica

UNIDAD II: EL ACTUAR HUMANO

“La moral no es una rama de la filosofía, sino la filosofía primera”.

Lévinas abandona todo proyecto metafísico. La pregunta por el ser es abandonada a


favor de la pregunta por el otro. La ontología, como pregunta por el ser, piensa en la
identidad, lo cual excluye lo diferente, lo otro.
Frente a una ontología que reduce toda la realidad a la pregunta por el ser y que toda
la diferencia del mundo la reduce a la identidad de las esencias, él inicia un proyecto
filosófico basado en la alteridad. Pero ¿quién es este otro de Lévinas? ¿Cómo lo
caracteriza?: «El Otro no es otro con una alteridad relativa como en una comparación
[…] La alteridad del Otro no depende de una cualidad que lo distinguiría del yo».
La diferencia del otro no reside en que no es como yo, porque, de esta manera,
estaríamos entendiendo su diferencia desde nuestra identidad. Nuestras
comparaciones con el otro suponen siempre un modo de acercarnos a él que anula su radical alteridad. Para
entender la radical alteridad necesitamos dejar de compararla desde nuestro propio marco. La alteridad es
constitutiva, el otro es el otro, no la falta de nuestra identidad.
El otro es «presencia que desborda, fija su jerarquía de infinito». Justamente por esto la relación con el otro
no puede ser una relación cognoscitiva, porque toda etiqueta o categoría fallaría en su intento de capturar
la infinitud que supone el otro. El otro siempre nos desborda, siempre sobrepasa nuestros intentos de
conocerlo. La alteridad es una alteridad radical, infinita.
Necesitamos trascender el ser y la identidad para poder llegar al otro. Un otro que se nos presenta como
infinito.
Para Lévinas, la trascendencia es la exterioridad, lo que sale de mi identidad. Así, el «yo» se trasciende en su
contacto con el otro, cuya alteridad es siempre infinita. El carácter infinito de la alteridad desborda toda
relación epistemológica para sólo permitir una relación ética. Y es justamente esta relación ética con el otro
la que nos impone una responsabilidad hacia él. El otro me importa, me afecta, y su presencia nos exige que
nos encarguemos de él como mandato ético.
«Desde el momento en que el otro me mira, yo soy responsable de él […] su responsabilidad me incumbe. Es
una responsabilidad que va más allá de lo que yo hago». No estamos en una relación ante iguales, sino en
una relación asimétrica donde la responsabilidad nos imprime unos deberes morales con el otro en vez de
unos derechos personales. Una responsabilidad que no exige al otro nada, sino que es entrega pura. El buen
hacer, el comportamiento ético, se basa en un ser-para-otro, en una apertura hacia la diferencia y la
alteridad, hacia el infinito. Esta responsabilidad marca un límite a nuestra libertad, y es que la libertad
pensada como libre albedrío de un sujeto forma parte del olvido del otro, de la violencia discursiva que busca
soterrar su diferencia. Frente a la libertad del sujeto clásico, opone la responsabilidad por el otro: nuestras
acciones influyen en los demás y esa influencia es nuestra responsabilidad.
Pero el otro no se nos presenta como infinito en sí, sino que su encuentro tiene como mediador el rostro.
Este concepto es clave, porque, a pesar de la infinita alteridad que supone el otro, el rostro es la frontera
visible de todo un horizonte ético del que somos responsables. «El rostro es precisamente la única apertura
en la cual la significancia de lo Trascendente no anula la trascendencia para hacerla entrar en un orden
inmanente». El rostro supone una revelación del infinito, es el comienzo de un movimiento que parte de la
diferencia del otro. Con este concepto, emprende una de las más importantes fundamentaciones
existenciales de la ética. Toda relación ética se basa y reduce al cara a cara, al plano existencial de nuestra
relación con el otro. En resumen, el rostro sobrepasa el dato empírico, no es la forma de la cara, es el cara-
a-cara con el infinito, el fundamento de toda relación ética.
La huella es ausencia de una presencia. No podemos captar el infinito. No hay correlato en la idea de infinito.
Sin embargo, nos relacionamos con la absoluta alteridad a través de la huella. La huella es una ausencia
presente, una ausencia que no se puede captar, que, sin embargo, nos toca. El rostro del otro es una huella
de su infinita alteridad.
Para muchos autores, el horror que dejó la Segunda Guerra Mundial desbarataba cualquier intento
intelectual de categorizar al ser humano como animal racional y colocarlo en la cúspide de la creación.

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Ética filosófica

Para Lévinas, el fracaso del proyecto no es un fracaso del humanismo en general, sino de un tipo muy
particular de humanismo que centra la acción del hombre en existir y su libertad. La libertad no es la esencia
de la subjetividad, sino que esta tiene una forma previa y originaria basada en la responsabilidad.
Se necesita, un humanismo que incorpore al otro como infinito que nos interpela, un humanismo cuyo centro
no sea la libertad para actuar, sino una responsabilidad absoluta hacia la alteridad. Este humanismo
abandona también cualquier idea de un ser humano pleno y autosuficiente para colocarlo en una red de
relaciones éticas con el otro, un ser humano no encerrado en sí mismo, sino en constante apertura moral
hacia el otro.

PARA SEGUIR PROFUNDIZANDO:

https://youtu.be/-5jXIkjG0Tk

1. ¿Cuál es la diferencia entre tolerancia y hospitalidad?


2. ¿Qué quiere decir la frase: "Toda búsqueda de sentido es siempre una búsqueda de seguridad”?
3. Transcribe una frase que más te haya llamado la atención o gustado
4. ¿Qué conclusión sacás del video?

https://youtu.be/N7aYUmEcFQA

LA LIBERTAD

El peso más pesado


Qué pasaría si un día o una noche se introdujera a hurtadillas un demonio en tu más solitaria soledad para
decirte: “Esta vida tal como la vives ahora y la has vivido, tendrás que vivirla, no solo una, sino innumerable
veces más; y sin que nada nuevo acontezca, una vida en la que cada dolor y cada placer, cada pensamiento,
cada suspiro, todo lo indeciblemente pequeño y grande de tu vida habrá de volver a ti, y todo en el mismo
orden y la misma sucesión, como igualmente esta araña y este claro de luna entre los árboles, igualmente
este momento, incluido yo mismo. Al eterno reloj de arena de la existencia se le dará la vuelta una y otra vez,
y ¡tú con él, minúsculo polvo en el polvo! (…) Si aquel pensamiento llegara apoderarse de ti, tal como eres,
te transformaría y tal vez te aplastaría; la pregunta decisiva respecto a todo y en cada caso particular sería
ésta: ¿Quieres repetir esto una vez más e innumerables veces más? ¡Esto gravitaría sobre tu acción como el
peso más pesado! …

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Ética filosófica

https://youtu.be/NFfOW-dv7vk

Lo más inmediatamente libre y moral son las acciones. En ellas la libertad se manifiesta como real; pero
también como limitada de varias maneras que, descubren, sin embargo, nuevas dimensiones de libertad.
Los elementos del actuar humano son el conocimiento, el querer voluntario y la afectividad. Los diversos
modos que esas tres dimensiones pueden adoptar influyen en la acción y, por tanto, en su moralidad.

La libertad del comportamiento humano


La ética se ocupa de todas las manifestaciones del comportamiento humano libre.
Luego será útil observar qué y cómo es la libertad humana. Y se hará partiendo de
las acciones, que son lo más directa e inmediatamente libre y alcanzan de algún
modo a las restantes manifestaciones de la vida moral (deseos, sentimientos,
hábitos y carácter). La experiencia muestra que realizamos acciones que parten de
nosotros, y que por eso las llamamos libres.

Libertad interior y libertad exterior


Una mirada más atenta descubre que hay distintos sentidos de libertad en las acciones, según se atienda al
acto exterior que la acción ejecuta o al acto interior que origina la acción:

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Ética filosófica

a) Los actos exteriores son actos de alguna facultad humana (motriz si quiero
moverme, rememorativa si quiero recordar algo, fonética si quiero hablar,
etc.). Se llaman voluntarios y libres porque son queridos, son la parte externa
de una acción querida. Son, por tanto, responsables y moralmente calificables.
Se dice que tienen libertad exterior (o libertad de coacción, pues pueden
realizarse si no hay coacción).

b) Los actos interiores son actos de la voluntad (en su capacidad de ejercicio de querer
algo o no quererlo, y en su capacidad de especificación de querer una cosa u otra).
Son libres porque son el origen del obrar. Constituyen el corazón de la acción y por
tanto de su moralidad. Por eso se dice que poseen libertad interior (o libertad de
arbitrio o psicológica, porque pertenece a nuestra interioridad)

Pues bien, la libertad exterior puede perderse o quitársele al sujeto: se puede impedir
un acto exterior mediante coacción. Pero la libertad interior no puede ser sustraída,
no puede ser suplantada. (A lo sumo, se puede impedir que alguien quiera algo -
dragándole, por ejemplo-, pero no se puede causar que quiera realmente otra cosa).

«Un hombre puede ser atado a pesar suyo, porque no quiere que lo aten; se le puede quitar la vida a pesar
suyo, porque no quiere que lo asesinen; pero no puede querer a pesar suyo, porque no puede querer no querer.
Pues todo el que quiere, quiere su propio querer». San Anselmo, Del libre albedrío V, BAC.

Este inexpugnable dominio de la libertad interior es uno de los signos más claros de la peculiar dignidad de
la persona frente a los seres no personales (llamada dignidad ontológica, porque la persona la posee por ser
como es en cuanto persona).

Límites de la libertad y sus dimensiones


La experiencia muestra que muchas veces no somos todo lo libre que queremos, que la libertad humana está
limitada o condicionada. Sin embargo, la experiencia muestra que esos límites no anulan la libertad interior,
no la convierten en irreal o ilusoria. La libertad humana no es absoluta, pero sí es real. Tenemos siempre un
abanico de acciones libres posibles para nosotros, un margen de acción: ante los límites que experimentemos
siempre podemos adoptar una u otra postura interior (esos límites podemos aceptarlos, rebelarnos contra
ellos, buscar su sentido, ignorarlos, etc.)
Por otro lado, esos límites los experimentamos como tales. Lo cual quiere decir que en cierto sentido los
rebasamos, porque de lo contrario no podríamos percibirlos precisamente como límites. Curiosamente, la
conciencia de la finitud tiene algo de infinito.
Por eso, el examen de esos límites (que agrupamos en dos tipos) sacan a la luz no solo que mantenemos la
libertad interior, sino que poseemos otras dimensiones o sentidos de libertad.

1) Lo imposible y la libertad trascendental


La primera forma de limitación de nuestra libertad es que hay muchas acciones que nos es imposible realizar:
bien hechos que nos vienen dados y no podemos cambiar (como el haber nacido en este tiempo o lugar),

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Ética filosófica

bien posibilidades que nosotros mismos nos hemos clausurado por haber actuado ya de cierto modo
(elecciones impedidas porque ya se ha elegido antes algo incompatible).
Pero esas acciones imposibles pueden, sin embargo, ser imaginadas y deseadas. Pues bien, esa capacidad de
ser consciente y de desear todo lo pensable es una forma de libertad: la libertad trascendental o fundamental
(porque trasciende los límites de lo factible y porque funda el querer lo factible).
Esta apertura potencialmente infinita del ser humano -tanto cognoscitiva como tendencial- es una señal de
que el hombre posee una capacidad superior e independiente de lo material y biológico, el espíritu.

2) La dependencia y la libertad moral


La segunda manera de vivir nuestra libertad como finita es que
nuestras elecciones, aunque realmente libres, no dependen total y
exclusivamente de nosotros. No elegimos de un modo totalmente
independiente, absoluto, indiferente, respecto de los objetos
queridos. Sino que nuestro querer se inclina a ellos seducido por su
atractivo, o los rehúye por su carácter repulsivo.
Nuestros actos libres dependen y están condicionados, en cierto
modo, por los motivos: los que encontramos en las cosas (motivos
objetivos) y los que se despiertan en nuestras tendencias ante ellas
(motivos subjetivos). El ejercicio de una acción supone a la vez: que el objeto elegido se presenta como
atractivo o bueno (motivo objetivo), y que nuestra capacidad de querer se halla como predispuesta o
inclinada hacia lo atractivo o bueno (motivo subjetivo). Así, de una acción generosa podemos decir (desde el
punto de vista objetivo) que se hace porque se presenta una necesidad ajena, o (desde la perspectiva
subjetiva) que se lleva a cabo porque su sujeto es generoso y tiende a hacer acciones benevolentes.

Pero, podemos desear no depender de las cosas y de nuestras tendencias. Podemos desear una libertad
absoluta e indiferente; ser completamente dueños de nuestra relación con las cosas. Y aquí descubrimos que
poseemos cierta capacidad de elevarnos por encima de nuestras motivaciones objetivas y subjetivas
(exteriores e interiores, puede decirse también) y moldearlas. No podemos, ciertamente, evitar ser
motivados, ni dejar de ver las cosas como agradables o desagradables, ni tampoco acallar por completo
nuestras inclinaciones a ellas. Pero sí podemos, en mayor o menor grado y no sin esfuerzo, elegir los motivos
que nos muevan realmente, modular su fuerza, moldear nuestras inclinaciones y sistema de preferencias.

Pues bien, esa capacidad de moldear nuestro querer, nuestras preferencias (a


nosotros mismos), es un tipo de libertad: la libertad en sentido práctico o
libertad moral. Es una libertad más alta, que nos dota de una dignidad peculiar,
una dignidad moral (pues se refiere al carácter moral). Esta libertad y dignidad
morales no se poseen automáticamente por el simple hecho de ser persona,
sino que se conquistan con el ejercicio de la libertad de arbitrio (evitando y
resistiendo a unos motivos para favorecer y dar preferencia a otros).

Sin embargo, esa automodelación, por así decir, topa también con un límite.
No podemos cambiar totalmente nuestras tendencias con respecto a las cosas.
(Aunque el transhumanismo sueñe con ello, esa utopía no pasa de ser una
ficción imposible).
Hay en el ser humano un núcleo de tendencias invariables, una constante que
durante siglos se llamó «naturaleza humana»: un «principio de movimiento y
de reposo» (Aristóteles) que en parte limita la libertad, pero que también y en
mayor medida la hace posible.

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Ética filosófica

https://youtu.be/gx9JMgJA9A0

- Leemos: La libertad de BALMACEDA T.


Preguntas orientadoras para trabajar el texto:

1. ¿Cuándo somos libres para los libertarios?


2. El autor afirma: “Cuál es el sentido de postular el cielo o el infierno si de antemano ya está estipulado
qué acciones voy a realizar", ¿Qué pensás?
3. ¿Qué función tiene la gracia para San Agustín, en la vida moral?
4. ¿Qué hace a una persona responsable?
5. ¿A qué se denomina determinismo?
6. ¿Qué consecuencia trae aplicar nuestra forma de ver las cosas a la realidad?
7. ¿Qué significa la siguiente afirmación: "los agentes tienen la capacidad de afectar a la cadena casual
del universo por su propia voluntad"?
8. ¿Cuándo considera libre una acción el compatibilismo?
9. ¿Qué opinas de la opción de Harry Frankfurt?
10. ¿Cómo se explica que la responsabilidad es compatible con el determinismo para Frankfurt?
11. ¿Cuál es la verdadera pregunta que debemos hacernos según la filósofa Patricia Churchland?

EL CONOCIMIENTO

Evidentemente, un elemento necesario en una acción libre (y, por tanto, moral) es ser consciente de ella,
realizarla con conocimiento o conciencia. También es claro que lo normal es actuar de ese modo: a los actos
inconscientes y a las conductas automáticas no se les considera propiamente acciones, ni se les atribuye
ninguna calificación o responsabilidad morales.
Una de las funciones de la conciencia psicológica humana es acompañar todas las acciones relevantes, no de
modo totalmente reflexivo, lo cual solo puede hacerse después de actuar, sino con una reflexividad
espontánea o concomitante en el mismo actuar.

Esta conciencia de saber que se está haciendo algo y qué es ese algo que se está haciendo se suele llamar
«advertencia» (es decir, advertir o notar lo que hacemos). Necesaria para la moralidad de las acciones:

a) Grados: la advertencia puede darse en grados diversos. La acción


puede ser más o menos consciente; y, por tanto, más o menos libre,
imputable y moralmente calificable. Cuando alguien se da perfecta
cuenta de lo que hace se habla de advertencia plena; mientras que, si
alguna circunstancia enturbia la atención de esa conciencia, la
advertencia es semiplena o parcial, y la voluntariedad de la acción será
menor.

b) Actual y virtual: la advertencia puede darse en el mismo momento del


acto o haberse dado en un acto anterior cuya intención aún perdure o
influya. Por ejemplo, quien realiza acciones de servicio con explícita
conciencia de estar ayudando a otros tiene advertencia actual de

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es lo que yo estoy haciendo en el momento, puntuales... tuve un inicio tomado conciencia, pero se termina
siendo habito
Ética filosófica

acciones benevolentes. Mientras que quien comenzó a ayudar y, continuando en acciones de ese tipo, olvida
al menos en parte su intención inicial, tiene advertencia virtual de acciones benevolentes (porque está
virtualmente bajo el influjo de su intención pasada).

c) Advertencia moral: la advertencia psicológica (el saber lo que se hace) conlleva cierto grado de advertencia
moral espontánea (el saber en cierto grado la moralidad de lo que se hace). Es un hecho de experiencia que
la advertencia de la naturaleza de la acción conlleva la advertencia de cierta calidad moral: al considerar una
acción emitimos siempre y sin especial reflexión un juicio sobre su moralidad (como bueno y debido, o como
malo e indebido). Es lo que se suele llamar el «sentido moral común».

Evidentemente, caben divergencias y errores en esa advertencia moral. Si alguien dice ignorar un valor ético
elemental de una acción sencilla:
-o la acción es demasiado compleja y no se ven bien todas sus dimensiones (un «no ver» a veces involuntario
y a veces voluntario),
- o la capacidad de advertir la bondad y corrección de algo se encuentra mermada (sobre todo, por no
haberse ejercitado, también voluntaria o involuntariamente).

De hecho, el método de la ética -que consistía en identificar evidencias morales, contrastarlas y buscar
criterios generales- equivale a afinar la advertencia moral mediante:
-una mayor atención a la situación que enfrentamos y a la acción que proyectamos, detectando en ellas lo
digno de amor y de respeto;
-un cultivo de la sensibilidad interior para reconocer tal bien o exigencia, sensibilidad que cuaja en hábitos
también operativos.

https://youtu.be/9YyXkeUG0XY

¿Qué responderías a su pregunta?

LA VOLUNTARIEDAD
El otro factor decisivo de la acción como libre es precisamente la
autodeterminación de la persona, el querer interior, la elección o
decisión que constituye el acto como libre. A este acto de la libertad
interior o de arbitrio la filosofía moral lo llama «consentimiento» (el
consentir lo que se realiza, tanto inmediato como sus consecuencias).

Grados: El consentimiento puede asimismo darse en grados, puede ser perfecto o imperfecto. Es perfecto o
pleno cuando nos entregamos sin reserva una determinada motivación, cuando por completo la secundamos
o hacemos nuestra. La acción entonces es moralmente calificable y responsable de modo cabal.

Y es imperfecto o no pleno en dos casos:


- cuando la advertencia no es plena, porque no se puede querer enteramente lo que no se conoce del todo;
- cuando la decisión misma no es total o plena.
En realidad, el consentimiento imperfecto trunca una acción o la reduce a un comportamiento superficial, y
en esa medida su moralidad no es tampoco perfecta.

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Ética filosófica

Fines y medios
El consentimiento puede ser simple o complejo. Puede referirse sencillamente a
situaciones que queremos realizar (fines), o, además -en función de la estructura de la
realidad-, a ciertas condiciones (medios) que es preciso efectuar para que se produzca
la situación en cuestión. Cuando se quieren fines que requieren medios, y se ponen por
obra éstos, se trata de una acción doble: una acción que incluye dos acciones, dos actos
de querer: se quiere los fines y se quieren también los medios. Ambos actos de querer
son moralmente calificables y responsables.
La moralidad de querer un fin no sustituye ni anula la moralidad de los medios. Las
acciones con este tipo de complejidad han de considerarse moralmente en su integridad, tanto el querer
fines como el querer medios: ambos poseen moralidad propia y han de considerarse en la moralidad de la
entera y unitaria acción.

Voluntario indirecto y doble efecto.


El consentimiento puede ser directo o indirecto. Puede quererse directamente algo, pero -de nuevo por la
complejidad de la realidad- causar indirectamente un efecto previsto pero no deseado. Aunque no se quiera
dicho efecto previsto (los imprevistos evidentemente no pueden entrar en la acción), al ser causado por la
acción, de algún modo forma parte de ella, en cierta medida somos responsables de él.
Esos efectos previstos no deseados, pero causados por el agente en su intención de realizar otra cosa, se
llaman voluntarios «indirectos» o secundarios o colaterales.

El problema moral se plantea cuando tales efectos son perjudiciales, incorrectos,


pero se derivan de una acción que persigue un efecto de gran valor. Se trata de
las llamadas acciones de doble efecto. El sentido común moral señala tres
condiciones simultáneas (que constituyen el denominado principio de doble
efecto) para que la producción de un fin bueno sea aceptable aun a costa de un
efecto malo previsible:
- que el efecto directamente querido y ejecutado sea bueno;
- que el efecto bueno supere con creces, o proporcionadamente, el malo previsto;
- que, evidentemente, no se vislumbre una acción alternativa que evite el efecto
malo.

en el sentimiento no entra la voluntad los deseos estan en otra


LA AFECTIVIDAD una manera de habitar el mundo
La afectividad es una dimensión esencial en la subjetividad humana. Es una dimensión íntima que nos define
y llena de modo muy característico, y a la vez colorea nuestra relación con el mundo y con los demás. También
es un campo esencial en el sentido moral: los sentimientos poseen carácter moral; y, además, la afectividad
influye mucho en las acciones. Como las acciones, el grado de moralidad de la afectividad dependerá de su
grado de libertad, lo cual se medirá por su relación con el entendimiento (advertencia) y con la voluntad
(consentimiento).

Los afectos en general son vivencias peculiares que se distinguen:


- de las sensaciones físicas: porque los afectos son psíquicos, no localizados corporalmente (lo que no impide
que ciertas sensaciones induzcan sentimientos o afectos, ni que los sentimientos redunden y se manifiesten
a veces en sensaciones);

- de las intelectuales: porque los afectos no contemplan su objeto neutral o indiferentemente, sino que son
tomas de posición favorables o desfavorables (aunque los actos del entendimiento pueden causar
sentimientos; como cuando una buena noticia produce alegría);

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Ética filosófica

- de las acciones voluntarias: porque los afectos no imperan directamente ninguna realización, ni tampoco
pueden ser causados directamente por la voluntad (lo propio de la voluntad respecto a los afectos es
consentirlos o rechazarlos -apropiárselos o repudiarlos, por así decir-, solo indirectamente puede influir en
que el sujeto posea ciertos afectos);

- de los deseos: porque los afectos no siempre tienden a algo que querríamos realizar, pues pueden dirigirse
a situaciones ya dadas presentes o pasadas (aunque a veces es difícil distinguir entre un deseo de haber
hecho algo, o de que las cosas fueran de otra manera, y el pesar que sentimos ante esa situación dada e
insatisfactoria).

Ahora bien, el ámbito de la afectividad es muy amplio y difuso. De hecho, se han propuesto diversas
clasificaciones y denominaciones. Aquí se propone una triple clasificación:

a) Los estados de ánimo


Son situaciones afectivas o anímicas en las que se encuentra la persona. Por ejemplo, el buen o mal humor,
la euforia o la depresión, la vitalidad o el cansancio, la melancolía, el sentirse satisfecho.
Estas vivencias son meramente subjetivas, en el sentido de que nos hablan fundamentalmente de la situación
anímica del sujeto, muchas veces ligada al cuerpo en general. Son estados causados por algo, aunque su
vivirlos no incluye la conciencia de su causa, que muchas veces incluso ignoramos. Respecto a ellos el sujeto
es fundamentalmente pasivo, y no está en su mano crearlos ni eliminarlos directamente; aunque sí
indirectamente hasta cierto punto, poniendo medios para cambiarlos, pues igual que son causados, puede
procurarse la causación de los contrarios.
Como en los estados de ánimo no hay conocimiento ni voluntad, carecen de moralidad. Sin embargo, si un
estado de ánimo predispone a una acción incorrecta (por ejemplo, si cierto estado de tristeza paraliza el
cumplimiento de un deber), el sujeto ha de poner los medios para evitar esa consecuencia y, tal vez, para
cambiar en lo posible tal estado de ánimo.

b) Los movimientos afectivos


Son dinamismos donde el sujeto se ve pasivamente conducido en la dirección de ese movimiento. Por
ejemplo, la ira, la indignación, los celos, el miedo, el deseo sexual, la avaricia; también se llaman «pasiones»
porque es algo que padece el sujeto.
Lo característico de ellas es su intensidad o vehemencia, muy vinculada al cuerpo -incluso a veces radicada
en instintos-, que dificulta el ejercicio de actos del entendimiento y de la voluntad, y que impulsan o arrastra
a actuar. Son impulsos en gran medida irracionales. Pero, a diferencia de los estados de ánimo, la relación
con el estímulo que causa esos movimientos es más clara. En esa medida cabe hablar de cierta objetividad:
en concreto, puede verse si tal movimiento y las acciones a las que impulsa son o no adecuados o
proporcionados a su causa. Pues su dinamismo irracional puede nublar intelectualmente la proporción y
debilitar el dominio de la voluntad, llegando incluso a dirigirse hacia objetos distintos del que causó la pasión.
Respecto a la moralidad, los movimientos afectivos están entre los estados de ánimo y las acciones. De suyo
no tienen carácter moral, porque son vivencias que se padecen sin libertad, irracional e involuntariamente.
Pero, en la medida en que son adecuados o inadecuados a su objeto -y además a la acción que sugieren- esos
movimientos son correctos o incorrectos. Y los actos de voluntad que los aceptan, que los hace propios
dejándose llevar por ellos (o los que los rechazan repudiándolos), son actos plenamente morales. Y entonces
tales movimientos, al ser asumidos y elevados al plano voluntario, son también morales.

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Ética filosófica

Por otra parte, la responsabilidad moral de las acciones influidas por un movimiento afectivo o pasión
dependerá del grado de consentimiento en esas acciones, aunque también de las acciones que acaso
desencadenaron dicha pasión (causando entonces acciones que son, como se vio antes, voluntarios
indirectos).

c)Las respuestas afectivas espirituales


Son tomas de postura sentimentales independientes del cuerpo, espirituales. Por ejemplo, el amor, el odio,
la compasión, el agradecimiento, el pesar por algo, la admiración, el desprecio, la envidia, el rencor, el
entusiasmo, la veneración, la alegría por algo.
Se trata de sentimientos no orgánicos, aunque puedan tener repercusiones sensibles y acarrear pasiones. En
ellos el sujeto da una auténtica respuesta a un objeto o situación: una respuesta activa y libre, más allá de
una simple y automática resonancia o eco. Por eso son respuestas no físicamente causadas, sino
significativamente motivadas. Además, no son actos instantáneos; son actitudes que se adoptan con una
plenitud que reclama la participación de todo nuestro espíritu, aunque lógicamente se manifiesten de modo
concreto en actos voluntarios ocasionales. (Es la diferencia, por ejemplo, entre el sentirse profundamente
agradecido y el acto de dar las gracias en un instante y acaso externamente).
En estas respuestas la libertad es real, pero indirecta. Lo es porque no tenemos dominio inmediato sobre esa
plenitud de nuestro carácter que debe acompañar y secundar esa respuesta. Pero este hecho, y el que sean
ciertamente los actos voluntarios los que favorezcan la formación de estas respuestas afectivas profundas y
las manifiesten o traduzcan en obras, no anula la consistencia propia de esas respuestas. (Como el hecho de
que los actos de la voluntad sedimenten y configuren un hábito no resta consistencia a éste).
En cuanto a su moralidad, al ser espirituales y libres, estas vivencias son morales en sí mismas, pues son
tomas de postura adecuadas o inadecuadas (hacia lo bueno o lo malo) que se adoptan y mantienen con el
consentimiento de la voluntad. Es verdad que son libres solo indirectamente. Pero ello no disminuye su valor
moral, como no merma su consistencia en cuanto actitud. El valor moral que poseen no viene tanto de la
libertad ejercida a modo de sanción directa, cuanto de que estas respuestas son libres en un plano más
profundo de la persona, plano que precisamente es la fuente de toda la vida moral.
Estas respuestas configuran la calidad moral del carácter global de la persona. Lo cual tampoco disminuye,
evidentemente, el valor moral de los actos voluntarios que configuran y manifiestan estas respuestas
afectivas.
En el ejemplo de antes, los actos ocasionales de gratitud van configurando la actitud y el hábito del ser
agradecido. La moralidad de esos actos va alimentando y enriqueciendo la moralidad del hábito o virtud, que
a su vez será fuente de nuevos actos de agradecimiento ya como manifestación espontánea de la persona
agradecida, moralmente buena.

https://youtu.be/KvpsjJOpPoQ

https://youtu.be/C0TFX1cLT0M

• 20 frases de Inteligencia Emocional: https://youtu.be/8-wMLCNGBH8

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Ética filosófica

PARA SEGUIR PENSANDO

https://youtu.be/2iOd5YYstQk
Se construye a sí mismo.

Ultimo estadio: niño.

Nihilismo activo: Donde no hay nada, hay


que construir...

ANALIZAMOS LA LETRA DEL RAP DE NIETZSCHE: Dios muerto: Dios=fundamento... no hay


objetividad
Nietzsche te diría que no habría nada más sacar a toda costa
que la vida que posees y que vas a pasar el deber ser
que Platón se equivocaba porque no hay sujeción
Y que el mundo de la idea solo fue una invención. cristianismo, platonismo para el pueblo

Que Dios ya se había muerto Nietzsche solo encontró el cuerpo


Si nada es verdadero todo puede ser lo cierto.
El arte ya no esconde el cielo tras la cortina.
lo inmanente es lo presente y lo cierto es la vida.

Los sentidos son la forma más fiable de aprender.


Empujado a no morir por la voluntad de poder.
Eres la creación de ti mismo, nihilismo.
Mirar dentro de ti es asomarte al abismo.

Cuidado, cuidado.. Hay miedo hacia la nada.


Si tu no la iluminas es ella la que te apaga.
Decide cómo eres nadie puede imaginarte
constrúyete a ti mismo tú serás tu propio arte.

Estribillo:
si todo está cambiando todo debe ser verdad
Y el hombre tiene miedo porque no puede parar
Ámbito de acción de la moral que se derrumba
Acompañando a Dios a la tumba!

Si todo está cambiando NADA debe ser verdad


y..¿Qué parte del lenguaje esconde la realidad?
los filósofos retratan una copia de la copia de la cosa que es real.
Lejos de la verdad.

PARTE 2:
Quieres ser un super hombre, acompáñame al desierto
y serás un camello cargando con la moral,
y el peso del deber de ser normal.
Pero no puedes rendirte así que quédate despierto.

y más tarde serás un león hambriento


muy fiero rugiendo dirás ¡YO QUIERO!
Hasta que al final devorarás tu propio ego
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Ética filosófica

Incapaz de crear odiarás al camello.

y así al final volverás a ser un crio,


Diciéndose a si mismo que "este mundo será mío"
Inocente sin miedo al error,
abrazando el presente aceptando el dolor.

Decidiendo sin miedo sobre qué es mejor.


afrontando que todo es un ciclo repetitivo.
el super hombre no teme estar vivo.
Construye valores, acepta el destino

Estribillo:
Si todo está cambiando todo debe ser verdad
Y el hombre tiene miedo porque no puede parar
Ámbito de acción de la moral que se derrumba
Acompañando a Dios a la tumba!

Si todo está cambiando NADA debe ser verdad


y.. ¿Qué parte del lenguaje esconde la realidad?
los filósofos retratan una copia de la copia de la cosa que es real.
Lejos de la verdad.

PREGUNTAS ORIENTADORAS:
1. Dar un ejemplo de cada tipo de acto: interior y exterior
2. ¿Por qué la libertad es un signo de dignidad humana?
3. ¿Cuál es la diferencia entre la libertad de arbitrio y la libertad trascendental?
4. ¿A qué se denomina libertad moral?
5. ¿A qué se denomina advertencia y por qué puede haber errores?
6. ¿Una persona con advertencia virtual es responsable de su acto? Fundamenta
7. ¿Por qué los medios para un fin son relevantes?
8. ¿Cuáles son las condiciones del principio de doble efecto?
9. ¿Qué moralidad poseen los estados de ánimo?
10. ¿Qué moralidad poseen las pasiones?
11. ¿Qué moralidad poseen las respuestas afectivas espirituales?

VIDEOS PARA PENSAR:


1. ¿Arriesgarías una vida para salvar 5?: https://youtu.be/9L3KA79mHQs
2. ¿Existe el destino? - Filosofía en un minuto: https://youtu.be/0jSUSt351Q4
3. No me mueve mi Dios para quererte: https://youtu.be/q9n-SyBDNsQ
4. Lo que nos hace humanos: secretos del lóbulo frontal: Facundo Manes at TEDx Bs As 2012:
https://youtu.be/r5M018pEkL4

Series recomendadas:
• El lugar bueno: https://youtu.be/TqMLZEkVBrU
• El juego del calamar: https://youtu.be/Mj4_xG5NXeo

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