TEMPLAR La Encomienda Del Orden Del Temple en Novillas (Sex XII) LAPENA 1979
TEMPLAR La Encomienda Del Orden Del Temple en Novillas (Sex XII) LAPENA 1979
de
ESTUDIOS BORJANOS
III
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LA ENCOMIENDA DE LA ORDEN DEL TEMPLE
EN NOVILLAS (Siglo XII)
INTRODUCCIÓN
El códice 691 del Archivo Histórico Nacional de Madrid ha sido la fuente principal
utilizada para realizar el presente estudio sobre la Encomienda templaría de Novillas du-
rante el siglo XII.
Comencemos con una breve descripción del códice: está escrito con letra francesa
del siglo XII sobre vitela y consta de ciento noventa y nueve folios numerados que
contienen más de cuatrocientos cincuenta documentos. La tinta utilizada es de color
negro a excepción de las iniciales y títulos que van en rojo; está encuadernado en
pergamino. Según se indica en el prólogo, firmado en 1794 por fray Juan Antonio
Fernández, encargado de revisar y ordenar el archivo de la Castellanía de Amposta que
contenía documentos de la Orden de San Juan de Jerusalén y de la Orden del Temple,
este cartulario se escribió en tiempos de fray Arnaldo de Torroja, Maestro del Temple
en la Provenza y Partes de España (1166-1181), aunque posteriormente fueron añadidos
otros documentos, cuando Poncio Mariscal ocupó el mismo puesto (diciembre 1196 -
junio 1199).
Contiene privilegios reales, donaciones, contratos de compraventa, permutas, concor-
dias, etc. desde el año 1117 hasta 1198, y probablemente fue compilado en Novillas.
Los documentos son cortos, abreviados, sin algunos formularios; suelen ir fechados por
el cómputo de la Era Hispánica, y algunas veces por el año del Señor, aunque hay
numerosos documentos sin data de ningún tipo. Fue copiado por distintas manos, y en
ocasiones con no mucho cuidado. El estudio de este códice es trascendental para el
conocimiento del establecimiento y crecimiento de la Orden del Temple en Aragón.
Trata principalmente de la Encomienda de Novillas y de lo que de ella dependió, apor-
tando gran número de datos no sólo sobre los bienes y posesiones de la Orden, sino
también de villas y lugares de Aragón, Castilla y Navarra.
Nuestro propósito con este estudio histórico y documental ha sido aportar unos
nuevos conocimientos sobre una de las primeras encomiendas fundadas en Aragón y una
de las más importantes en el siglo XII. La Encomienda de Novillas fue el origen de todas
las casas templarías en el valle medio del Ebro, incluida la de Zaragoza, que una vez
desgajada de la Casa Madre pasó a ser la encomienda principal de esta zona.
De todos los documentos utilizados nos han parecido los más interesantes aquellos
que nos han permitido conocer el proceso de formación del dominio, por medio de
cauces tales como donaciones, compras y cambios; y una vez conseguido todo el terri-
torio sobre el que dominó la Encomienda, los que nos han suministrado interesantes
datos sobre cultivos, formas de explotación, técnicas agrícolas, etc., principalmente en la
ribera del Huecha y la comarca de Borja.
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I. LA ORDEN DEL TEMPLE
Cuando estudiamos una obra humana siempre nos preguntamos con qué finalidad
fue hecha, quién fue su autor y qué motivos tuvo para hacerla así y no de otra manera,
cuándo se hizo, qué mentalidad tenía la época en que se creó. Vamos a intentar contestar
todas estas preguntas puesto que son indispensables para nuestro trabajo. Nunca podre-
mos entender el motivo de la llegada de esta Orden Militar a España si no conocemos
el espíritu que imbuía a la Orden desde su fundación; éste es el motivo que nos ha
llevado a preparar este breve capítulo aun sabiendo que tendremos que recurrir a las
obras impresas sobre estos aspectos.
La finalidad que desde los primeros momentos guió a la Orden del Temple fue la
de proteger a los peregrinos que visitaban los Santos Lugares. Hemos de considerar la
importancia que tenía la ciudad de Jerusalén en la mentalidad medieval ya que era
considerada por los cristianos como el centro del mundo espiritual. El deseo de acudir
a la Ciudad Santa persistió al final del mundo romano, a pesar de que la inseguridad
aumentó, y ni siquiera las conquistas árabes lograron detener este movimiento aunque
sí lo atenuaron. Los motivos que impulsaban a los cristianos a empezar este largo viaje,
no exento de peligros, radicaban en el deseo de visitar los sitios donde vivió y predicó
Jesucristo, a la vez que, desde el siglo XI se extendió la idea de que la realización de
este viaje redimía los pecados del peregrino, es decir, la peregrinación a Jerusalén
empezó a ser impuesta por la Iglesia como penitencia.
Una fecha cabe destacar en el proceso de afluencia de los cristianos de todo el
mundo a Palestina: en 1033 se conmemoraba el primer milenario de la Muerte de Cristo
y por este motivo un gran número de personas decidieron emprender este viaje para
visitar el Santo Sepulcro en una fecha tan especial. Las condiciones de seguridad habían
aumentado desde fines del siglo X por una serie de circunstancias, tales como la cristia-
nización de Hungría a partir de la batalla de Lech y bajo el reinado de San Esteban,
y el fin de la piratería en Creta, que facilitaban las rutas terrestres y marítimas. Los
fatimíes, por su parte, protegían estas peregrinaciones a cambio del pago de varios
tributos que garantizaba a los peregrinos una seguridad relativa. La destrucción del Santo
Sepulcro en 1009, que posteriormente fue restaurado, no fue más que un hecho excep-
cional aunque ya entonces se pensó en una acción militar por parte del Papa Silvestre II
y el Emperador Otón III. Durante todo el siglo XI los peregrinos no dejan de acudir, a
pesar de la toma de Jerusalén por los turcos selyúcidas, por lo cual se organiza el
movimiento de peregrinos, se crean nuevos monasterios y se levantan hospitales para
atender las necesidades del viaje. Estos grupos de peregrinos realizaban el viaje con
dinero para sufragar los gastos por lo que, en ocasiones, eran asaltados por los beduinos.
Por otra parte, la Iglesia, especialmente desde el siglo IX, estaba interesada en crear
una institución, una «milicia» de Cristo, que defendiera el mundo cristiano amenazado
por las invasiones húngaras, normandas o musulmanas. El Papa Juan VIII prometió la
vida eterna a los que lucharan defendiendo la fe católica, y la aparición del ideal del
caballero que proteje al débil y lucha contra los bandidos e infieles se extiende por toda
Europa, junto con el concepto de «Guerra Santa» contra los que persiguen a los cristianos
y el perdón de los pecados de los que luchan en defensa de la Iglesia.
Todas estas circunstancias preparan las Cruzadas para la liberación de Tierra Santa
por los cristianos. El Papa Gregorio Vil ya había lanzado esta ¡dea pero no fue hasta 1095
cuando se materializó. Del Concilio de Clermont salió la promesa de indulgencia plenaria
para todo aquel que acudiera a liberar la ciudad de Jerusalén. El 15 de julio de 1099 la
Ciudad Santa fue tomada por los cruzados, extendiéndose rápidamente la noticia por
Europa. Nuevas oleadas de peregrinos prepararon su salida disponiéndose a partir hacia
Tierra Santa. Pero en 1105 se inició la contraofensiva contra el Reino Cristiano de
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Jerusalén con la victoria turca de Harran, seguida de ataques contra la ciudad de
Edesa (1110) y diversas campañas como la de 1113, que sembraron la inseguridad de
los peregrinos. En este contexto podemos enmarcar el nacimiento de la Orden del Temple:
la necesidad de proteger a los peregrinos en la ruta desde Jaffa a Jerusalén, todavía
poco segura a principios del siglo XII, hizo que a un grupo de caballeros, originarios de
Champaña, les fuera encargada la misión de garantizar la seguridad a estos peregrinos.
Su fundador, Hugo de Payns, junto con Godofredo de Saint-Omer, Andrés de
Montbard y otros caballeros que se unen desde el primer momento, hasta un total de
nueve, constituyen el núcleo originario de esta futura gran institución religioso-militar
que llegarla a contar con miles de miembros. El primer nombre que ellos mismos se
dieron fue el de «Los Pobres Caballeros de Cristo» pero posteriormente fueron instalados
por Balduino II en una parte de su primera residencia real que fue identificada con el
Templo de Salomón; desde este momento será la «Orden del Temple» y sus miembros
los «Templarios», «equites Templi» o «Milites Templi».
Una de las cuestiones más estudiadas de la Orden del Temple ha sido su fecha de
fundación. Dos son las fechas que se barajan por los distintos autores: 1118 ó 1119, y
para cada una de ellas existen argumentos favorables. Los que afirman que la fundación
de la Orden fue en 1118 se basan en la obra de Guillermo de Tiro, «Historia rerum
in partibus transmarinis gestarum», redactada hacia fines del siglo XII. Pero los autores
que fijan en 1119 el año de la creación de esta nueva institución señalan que este
mismo autor afirma más tarde que el concilio de Troyes (1128) tuvo lugar en el noveno
año de la Orden, e incluso en el mismo prólogo de la Regla encontramos esta afirma-
ción (1); también se apoyan en un documento que refiere una donación al Temple reali-
zada el 13 de septiembre de 1128 en el que igualmente se dice que fue redactado en
el noveno año de la existencia de la Orden (2). No vamos a detenernos más en esta
cuestión pues no la consideramos fundamental para el estudio de la Orden ya que sólo
supone el punto de partida de ésta.
Como en toda institución fue necesario fijar por escrito unos estatutos o reglas y
observancias por las que debían regirse los miembros de la Orden. La preparación de
estas normas de conducta fueron encargadas a San Bernardo de Claraval y constituyen
la Regla de la Orden, inspirada en la regla cisterciense. A esta primera redacción siguió
otra realizada por Esteban de Chartres, Patriarca de Jerusalén (1128-1130): es la Regla
Latina, su texto se conserva y además existe una versión francesa posterior, de 1140.
La Regla reglamentó cualquier aspecto de la vida de los templarios, como el vestido o el
número de veces por semana que podían tomar carne; como hábito quedó establecido
que los caballeros llevarían ropa y capa blanca,, mientras que los frailes sargento y los
escuderos vestirían capa negra. La cruz roja que llevaban sobre el hombro izquierdo
les fue concedida por Eugenio III a partir de 1145.
Guillermo de Tiro, en la obra citada anteriormente, cuenta: «En este mismo año (1118)
algunos nobles con rango de Caballeros, devotos a Dios, piadosos y temerosos de El,
hicieron un voto ante el señor Patriarca, de vivir perpetuamente en castidad y obediencia,
y sin propiedades, a la manera de los canónigos regulares, entregándose al servicio de
Cristo» (3). En efecto, al principio los templarios no hacían más que tres votos: castidad,
pobreza y obediencia, pero inmediatamente les fue encargada su primera misión que,
según este mismo autor, fue la seguridad de los peregrinos en los caminos que conducían
a Jerusalén (4). Este encargo fue asumido totalmente por la nueva institución de tal
manera que llegó a constituir un cuarto voto y su principal función: defender la Iglesia
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con la espada, ayudar a la conquista y defensa de la Tierra Santa y de la causa cristiana:
«a vosotros, soldados, que os ofrecisteis a Dios en Jerusalen, en el lugar que es llamado
Templo de Salomón, para salvar la Ciudad Santa, defender la Santa Cristiandad y
castigar a la gente pagana» (5).
El concilio de Troyes (1128) supone, en realidad, la fundación de la Orden del
Temple, pues en él se aprobó la Regla por la que se regiría la comunidad. 1118 ó 1119
sólo supone un primer momento, cuando unos caballeros decidieron emprender esa
nueva forma de vida, pero durante los años que transcurren entre esta fecha y 1128 la
Orden no parece haber dejado mucha huella; su número de miembros no había aumen-
tado ni se les menciona en las diferentes crónicas y obras que cubren estos años. Parece
ser que en 1127, Hugo de Payns regresó a Europa buscando la aprobación pontificia y
la ayuda material que necesitaba para llevar a cabo su tarea. Tras viajar por Champaña
y Flandes acudió al concilio convocado en Troyes donde hizo la relación de su fundación
y expuso sus costumbres; 1128 supone el reconocimiento de la Iglesia a la obra de
Hugo de Payns, por eso hemos afirmado que esta fecha supone la fundación de la
Orden del Temple.
Cuando Hugo de Payns y sus compañeros regresan a Jerusalen lo hicieron acom-
pañados por un buen número de caballeros de familias nobles de todo Occidente. La
Orden estaba ya en marcha, las donaciones para su mantenimiento eran numerosas y
harían que esta institución se extendiera y fundara casas en toda Europa; en efecto,
los caballeros del Temple podían poseer tierras, casas, etc. y sus derechos en este sen-
tido fueron definidos con mayor precisión en la Bula «Omne Datum Optimum», sobre
la que se fundan los principales privilegios de la Orden, como por ejemplo la exención
de la jurisdicción episcopal, la exención de los diezmos, etc. (6). La bula fue otorgada
por Inocencio II en 1139, fecha que constituye otro importante hito en la historia de
esta Orden Militar.
Uno de los mayores problemas con que nos enfrentamos a la hora de estudiar la
difusión de la Orden del Temple es su llegada a la Península Ibérica. Así, mientras Rai-
mundo Bernard recibía de la reina portuguesa Teresa, el castillo de Soure, en marzo
de 1128, en la frontera con los musulmanes, en la zona N.E. de España no poseemos,
hasta 1131, documentos libres de toda sospecha.
Repasemos las fechas, anteriores a 1128, dadas por los distintos autores e investiga-
dores del tema para precisar lo más posible en qué año fue el asentamiento de los
templarios en la Corona de Aragón.
Miret y Sans afirma que las donaciones al Temple en Occidente comenzaron en
1124 y 1125. Pone en duda la data de una donación de derechos del conde de Urgel,
en el término de Pons, hecha a Geraldus Nocura, representante de los templarios
en 1123, pensando que hay un error en la fecha pues el documento es una copia
de 1185 (1).
Trata después un decreto del conde de Barcelona fechado en 1125 en la villa de
Ejea, concerniente a aquéllos que habían reclamado contra la Orden. Pero la data no puede
ser correcta pues en esta fecha el conde de Barcelona no puede titularse «Príncipe de
Aragón», ya que este título sólo se utilizó a partir de 1137, tras la unión de Ramón Be-
rengúer IV y Petronila. Este mismo autor fecha en 1126, dos años antes de la aprobación
pontificia, una donación hecha por Pedro de Malany a los Templarios (2); sin embargo
Forey piensa que esta donación debe ser de 1155, basándose en los nombres del escriba
y testigos mencionados (3).
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Según Miret y Sans en 1127 doña Titborgs, hija de Berenguer de Santa Coloma,
se dona como religiosa a la Orden del Temple a la vez que concede la tierra de Casella,
sin embargo rectifica más adelante la fecha de este documento fechándolo en 1197.
Una de las fechas que más han sido utilizadas para fijar el establecimientoa de los
Templarios en Aragón es, siguiendo a Zurita, la de 1127, cuando el rey Alfonso I
puebla Mallén y lo dona conjuntamente a los Hospitalarios y Templarios (4). No sólo
Miret y Sans sino también García Larragueta se basan en los Anales de Zurita, pero
Forey rechaza la fecha pensando que se trata de una errata, en lugar de una «X» fue
impresa una «V», resultando así la fecha de 1127 en vez de 1132 como aparece en
los índices de Zurita (5). Si además atendemos al fuero dado en Novillas, a mediados
de 1132, otorgado por Alfonso I el Batallador a los pobladores mozárables de Mallén (6),
observamos que no aparece ninguna referencia a que los Hospitalarios y Templarios
fueran los dueños de la villa, lo cual resulta extraño, aunque puede ser porque se les
concediera en la segunda mitad del año. Así pues, siguiendo al autor inglés Forey,
creemos que las fechas anteriores a 1128 deben ser rechazadas porque todas ellas pueden
ser rebatidas.
También los documentos atribuidos a los años 1128-1130 son cuestionados por este
autor, por ejemplo, la donación hecha por Miro Pedro de sus derechos en las iglesias de
Gallur con sus honores de Boquiñeni, Luceni y Razazol, fechada por Albon en 1129 (7).
En realidad no conocemos la fecha de esta donación incluida en otra de Alfonso I a Miro
Pedro de estos mismos derechos. La fecha que aparece en el documento parece ser
diciembre de 1167 de la Era (1129), aunque Lacarra lo fecha en 1128 porque fue confir-
mado por Pedro, obispo de Zaragoza, que en aquellos momentos era Pedro de Librana,
el cual en diciembre de 1129 ya había muerto (8). Con todo, sea el documento de 1128
ó 1129, se refiere sin duda a la donación reaL sin poder atribuir esta fecha, de ningún
modo, a la donación de Miro Pedro a los Templarios.
El 14 de julio de 1130 según el Cartulario del Temple, o en 1131 según una copia
del Archivo del Gran Priorato de Cataluña de la Orden del Hospital, Ramón Berenguer III,
siguiendo los consejos de su hijo, donó a la Milicia del Temple, el castillo de Grañena
(Lérida), a la vez que se donó él mismo para el resto de su vida. El 8 de julio de 1131
Ramón Berenguer redactó su testamento en su palacio de Barcelona dejando al Temple
un caballo y una armadura. Si la donación de Grañena y de sí mismo fuera de 1131
estaría redactada posteriormente a su testamento y pocos días antes de su muerte, que
según el «Necrologicum» de Ripoll fue el 19 de julio, y podríamos afirmar que el conde
de Barcelona entró al final de su vida en la Orden (9). Miret y Sans piensa que se
trata de una falsificación. Fecha el documento como anterior a 1132 por la titulación del
conde de Barcelona, Ramón Berenguer III, pero en el documento aparecen algunos testigos
que existieron años más tarde.
Los primeros documentos que conteniendo referencias a esta Orden Militar en Aragón,
están fechados con toda seguridad, son de 1131. Entre ellos el más importante es el
testamento del Batallador, redactado durante el sitio de Bayona, en octubre de 1131 (10).
No puede extrañarnos que el rey Alfonso, sin descendencia, y cuyo único hermano,
Ramiro, era monje, instituyera como herederas de sus reinos a las tres Ordenes Militares
de Jerusalén: el Santo Sepulcro, el Hospital de San Juan y la del Temple. Al designarlas
como sus sucesoras en Aragón y Navarra, Alfonso I les confiaba la tarea de proseguir
la lucha contra el infiel, encargo que constituía una de las obligaciones de la última
de las Ordenes citadas.
La conquista de Zaragoza emprendida cono una auténtica Cruzada, la creación de la
cofradía de Belchite para defender Zaragoza, la expedición a Andalucía, son algunos de
los hechos que nos llevan a pensar que el ideal de Cruzada guió los actos del rey
aragonés durante su reinado. No conocemos las intenciones de Alfonso I en el momento
de redactar su testamento pero pensamos que al nombrar a las Ordenes Militares here-
deras de sus posesiones su intención era la de implicar a estas instituciones en la recon-
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quista aragonesa. Avalando esta afirmación tenemos una carta sin data, pero que Lacarra
fecha con interrogantes en 1128, de Guillermo, arzobispo de Auch, que parece contener
una referencia a la Milicia de Jerusalén. La carta trata de la cofradía que Alfonso I había
establecido en Monreal del Campo tras la conquista de Daroca, y menciona cómo le
había sido concedido a esta Orden, al igual que a la Milicia de Jerusalén, no tener que
pagar el quinto del botín tomado a los moros (11).
Sin embargo la Orden no debía estar establecida en Aragón. Lo más posible es que
en estos años sólo estuviera algún miembro del Temple que estudiara las posibilidades
de que ésta se instalara en Aragón. Por esto, unos pocos años más tarde Ramón Be-
renguer IV, titulándose ya Principe de Aragón, pidió al Maestro del Temple diez caba-
lleros para establecer la Orden en sus estados de Aragón y Cataluña (12).
El 4 de septiembre de 1134, en Sariñena, Alfonso I ratificaba las disposiciones de
su testamento respecto a la sucesión de sus reinos, poco antes de su muerte. Sin
embargo ni sus subditos navarros ni los aragoneses aceptaron el testamento que estaba
en contradicción con las normas consuetudinarias del Derecho Público navarro-aragonés,
por las cuales el rey debería designar, como heredero, a su primogénito, o en su defecto,
a sus otros hijos o a sus hermanos. Probablemente el rechazo se debió sobre todo, a
que los nobles preferirían tener un rey antes que a las instituciones eclesiásticas gober-
nándoles.
Los magnates aragoneses reconocieron como rey al monje Ramiro, y los señores
navarros elegían a García Ramírez, el Restaurador, biznieto de García Sánchez III de
Navarra, mientras Alfonso Vil de Castilla se presentaba en Zaragoza, en diciembre de
1134, y la Santa Sede sostenía los derechos de las Ordenes Militares a la herencia del
Batallador.
En junio de 1136, el papa Inocencio II se dirigía a Alfonso Vil y a los príncipes y
magnates de España, ordenándoles que cumpliesen el testamento del rey Alfonso; y en
septiembre de 1136, Roma enviaba a Guido de San Cosme y San Damián para tratar
de solucionar este asunto.
Ramiro II nunca fue reconocido por la Santa Sede como rey de Aragón. Esto, junto
con las difíciles relaciones que mantenía con los reyes de Castilla y Navarra, hicieron que,
tras casar a su hija Petronila con Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, cediera a
éste la potestad sobre el reino de Aragón. Ramón Berenguer, por su condición de miem-
bro de la Orden del Temple (13), podía negociar mejor un acuerdo con el Papado y las
Ordenes de Jerusalén.
Ya como Príncipe de Aragón, el conde catalán escribe a don Roberto, Maestro
General de la Milicia del Temple de Jerusalén, ofreciéndole establecer la Orden en sus
estados e indemnizarla por el incumplimiento del testamento del Batallador, dándoles la
villa de Daroca y otros bienes (14).
En 1140 se produce la renuncia del patriarca Guillermo, por el Santo Sepulcro, y del
Gran Maestro Raimundo, por el Hospital de San Juan, a los derechos que se les reco-
nocían en el testamento, reservándose un hombre de cada religión en todas las villas del
reino de Aragón si Ramón Berenguer IV moría sin sucesión directa.
El Conde de Barcelona, algunos caballeros Templarios, entre ellos Pedro de Rovira,
Maestro de Provenza y España, y el cardenal Guido, legado pontificio, se reunieron en
Gerona en 1143, para estudiar las compensaciones que el Temple recibiría tras una cesión
análoga a la hecha por las otras dos Ordenes. La escritura del 27 de noviembre de 1143
nos da el resultado de esta concordia: El Príncipe de Aragón dona a los Templarios los
castillos de Monzón, Montegaudio (Mongoy), con todos sus territorios y pertenencias,
los castillos de Chalamera, Barbera, Remolinos y el castillo de Corbíns si lo conquistase
a los moros. Concede además mil sueldos en Huesca, otros mil en Zaragoza y el quinto
de lo que ganase a los musulmanes (15). No obstante no fue hasta 1158 cuando el papa
Adriano IV decidió confirmar a Ramón Berenguer IV las posesiones a las que habían
renunciado las tres Ordenes Militares como herederas del Batallador.
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11.2. Problemas fronterizos tras la muerte del Batallador
Tras la aclamación de García Ramírez como rey de Navarra, Alfonso Vil de Castilla,
enterado de la derrota del Batallador en Fraga y de la muerte de éste, se dirigió hacia
la frontera castellano-aragonesa para marchar a Zaragoza, y presentarse en diciembre de
1134 en la ciudad sobre la que alegaba derechos sucesorios.
Parece ser que entre García Ramírez y Ramiro II, rey de Aragón, se celebró una
entrevista en Vadoluengo para solucionar los problemas surgidos con el testamento del
Batallador (16). El acuerdo entre el Restaurador y Ramiro II, por el que el navarro reco-
nocía la supremacía de Ramiro II con la esperanza de que posteriormente éste renunciara
al reino aragonés en su favor, no duró demasiado.
Ramiro II, tras la entrada triunfal de Alfonso Vil en Zaragoza, reconoció la posesión
del rey castellano sobre la ciudad ya que él se veía incapaz de defender el territorio de
un posible ataque almorávide. El matrimonio entre Ramiro e Inés de Poitou debió acabar
con la esperanza de García Ramírez de acceder al trono aragonés por lo que éste, olvi-
dando el acuerdo de Vadoluengo, prestó vasallaje a Alfonso Vil quien, dueño del «Regnum
Caesaraugustanum», lo donó al navarro.
El «Regnum Caesaraugustanum», compuesto por los territorios que Alfonso I conquistó
a los musulmanes en el valle del Ebro, tenía como ciudades importantes las de Zaragoza,
Daroca, Calatayud y Tarazona. Tudela era propiedad de doña Margarita, esposa de
García Ramírez. La cesión de esta zona debió ser, según Ubieto, a fines de septiembre
de 1135, de todas formas en junio de 1135, Monteagudo, Cascante y Arguedas ya no
pertenecían a Ramiro II.
La primera vez que encontramos en un documento alguna referencia sobre esta cesión
de Alfonso Vil es en un documento fechado en 1135: «en el mes de noviembre, el día
de San Brido, en el mismo año que el rey emperador Alfonso dio Zaragoza al rey
don García» (17).
Es en este momento cuando podemos enmarcar la donación que García Ramírez hizo
a la Orden del Temple del castillo y villa de Novillas (18). La explicación de que la primera
donación al Temple en territorio aragonés sea del rey navarro es porque desde fines de
septiembre de 1135 y hasta el verano de 1136 poseía el «Regnum Caesaraugustanum».
En agosto de 1136 parece ser que se celebró una entrevista en Alagón entre Ramiro II
y Alfonso Vil cuyo resultado fue la cesión de Zaragoza a cambio del vasallaje del rey
aragonés al Emperador. Por este acuerdo García Ramírez se veía privado del reino de
Zaragoza, por lo que rompió con el castellano y los dos se enfrentaron en la comarca
de Estella. La lucha entre los dos reyes debió comenzar en septiembre-octubre de 1136 (19).
Según Antonio Ubieto Arteta, entre otros puntos, la concordia se había basado en
el reconocimiento de la posesión del «Regnum Caesaraugustanum» a Ramiro, quien al no
poder defenderlo, lo cedió al Emperador mientras éste viviese; a su muerte estas tierras
revertirían al monarca aragonés o a su sucesor. Finalmente los dos reyes habían acor-
dado luchar contra García Ramírez y apoderarse de su reino (20).
Pasajeramente los dominios navarros se habían extendido en territorio aragonés. A
García Ramirez, dueño de las tierras de la región de Tudela y cuyo dominio se extendía
a las zonas fronterizas entre Navarra y Aragón que pertenecían al «Regnum Caesarau-
gustanum», lo encontramos en 1137 donando a Raimundo de Cortes sus dominios en
Razazol (21).
La presión de la Santa Sede para que se llevara a cabo el testamento de Alfonso I
de Aragón debió condicionar el acuerdo entre el Emperador y Ramiro II en agosto de
1136. Probablemente se estudió la situación de Ramiro quien nunca había sido aceptado
por el Papado como rey de Aragón, y se decidiría el matrimonio entre Petronila, hija de
Ramiro, y Ramón Berenguer IV, siendo el reino de Aragón la dote que aportaría la
princesa aragonesa. Los esponsales se concertaron el 11 de agosto de 1137 y tres
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meses más tarde, Ramiro II ordenaba a los tenentes de honores en su nombre que
en adelante los tuvieran por Ramón Berenguer IV y que le obedecieran como a él mismo.
Antonio Ubieto afirma que posiblemente en diciembre de 1137 Alfonso Vil devolvía
el «Regnum Caesaraugustanum» al Príncipe de Aragón, y éste, a cambio, prestaba home-
naje al Emperador por estas mismas tierras. Pero hasta abril del año siguiente no tenemos
la primera mención segura sobre el dominio del conde catalán en Zaragoza (22).
Mientras García Ramírez continuaba con sus correrías y saqueos en las zonas fronte-
rizas con Castilla y Aragón, Alfonso Vil y Ramón Berenguer IV decidían actuar contra
él. Alfonso Vil penetró en Navarra y llegó ante Pamplona, al mismo tiempo que García
Ramírez vencía al conde catalán en Gallur el 10 de abril de 1138, pero la rápida ayuda
del Emperador obligó a retirarse a los navarros. Ramón Berenguer pasó a ocupar y a
disponer de estas tierras como parte que eran del reino de Zaragoza. Prueba de esto
es la donación de Razazol con todos sus terrenos que recibía el Temple el 27 de abril (23).
En 1140 Alfonso Vil y García Ramírez arreglaron sus diferencias, pero no ocurrió
igual entre el rey navarro y Ramón Berenguer IV. Así nos encontramos con que en la
segunda mitad de 1146, Pradilla de Ebro y Bierlas eran conquistadas por García en un
intento de recuperar el «Regnum Caesaraugustanum».
En abril de 1147 hubo una tregua entre ellos y se reunieron con sus respectivos
ejércitos en algún punto entre Gallur y Cortes para acudir a la conquista de Almería,
empresa emprendida por Alfonso Vil. Este acuerdo debió ser esporádico porque en ese
mismo año Tauste fue tomado por García Ramírez. Finalmente, navarros y aragoneses
firmaron la paz en julio de 1149. Las conquistas navarras, tales como Tauste, Pradilla,
Los Fayos y Espetiella, fueron devueltas a Ramón Berenguer IV.
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El intento de Ramón Berenguer de que los Templarios tomaran parte en la Recon-
quista peninsular queda definitivamente constatado en el acuerdo con el Temple en 1143
«...para defensa de la Iglesia Occidenteal que está en España; para abatir, vencer y
expulsar a los musulmanes; para exaltar la fe de la Santa Cristiandad y la religión; para
ejemplo de la Milicia del Templo de Salomón en Jerusalén que defiende la Iglesia Oriental
con sumisión y obediencia de acuerdo con la Regla... (24). Tras el consentimiento del
Gran Maestro, la Orden pasó a servir al mismo fin en España y en Tierra Santa. Su
participación en la Reconquista aragonesa fue continua hasta su fin con la conquista
del reino de Valencia.
Encontramos a los Templarios en el ataque a Tortosa en 1148, presencia confirmada
en un acuerdo hecho con los Hospitalarios durante el sitio de esta ciudad. También en
el sitio de Lérida al siguiente año, conocido por otro acuerdo entre la Orden y el obispo
de Roda, o en el asedio de Miravet en el verano de 1152.
Su participación en la lucha contra los musulmanes fue premiada con donaciones y
exenciones de los gobernantes de Aragón y Cataluña. Asi, por su ayuda en el sitio de
Lérida, obtienen la quinta parte de la ciudad después de su toma; al terminar la conquista
del Bajo Segre y del Ebro, Ramón Berenguer les concedió varios lugares entre Mequi-
nenza y Benifallet en la ribera del Ebro. El mismo Principe de Aragón les confirma la
posesión de todos los sarracenos que la Milicia tuviera y los que adquiriera en adelante,
en un privilegio dado en la ciudad de Huesca en diciembre de 1146 (25).
La protección con que contó la Orden no fue sólo a nivel de los reyes peninsulares,
el Papado también les dispensó un trato especial y son bastantes las bulas otorgadas
por diferentes papas ratificando las donaciones hechas a estos caballeros o exhortando
a los cristianos a que contribuyeran a su mantenimiento por los grandes servicios prestados
a la Cristiandad (26).
Pero al margen de estas donaciones reales y favores pontificios encontramos otras
hechas por los habitantes del reino aragonés que contribuyeron al establecimiento y
desarrollo de la Milicia en nuestras tierras. Así, por ejemplo, Fortún Garcés Cajal y su
mujer Tota, al morir su hijo García y quedar sin sucesión, hacen un testamento similar
al del rey Alfonso I por el cual donan toda su heredad en Zaragoza, Tudela, Tarazona
y Novillas a las Ordenes Militares (27).
Donaciones parecidas a ésta no son difíciles de encontrar en estos primeros años
del Temple en Aragón. En 1133 ó 1134 tenemos el testamento de Lope Garcés Peregrino
por el que deja la mitad de sus bienes a su esposa y la otra mitad para que sea dividida
entre el Hospital, el Temple y Santa María la Mayor. O la donación por Pedro Deusde y
su esposa de la heredad que poseían en Zaragoza al partir hacía Jerusalén (28).
Estos son los primeros pasos de la Orden del Temple en Aragón, a partir de ahora
seguirá extendiéndose, adquiriendo una extraordinaria importancia en la vida del Reino
hasta su extinción a principios del siglo XIV.
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En todos estos documentos observamos que no se cita a ningún miembro de la
Orden, sino que se habla en general de la Caballería de Jerusalén, o de los frailes del
Temple. Esto significa que en estas fechas aún no estaba establecida aquí La Encomienda
y, por tanto, los Templarios no se habían hecho cargo de lo recibido en las donaciones
anteriores. Poco después, en un documento redactado en Borja en 1139, se habla de que
Pedro Taresa y su madre conceden el castillo de Alberite a «Rigaldo, maestro en
Novillas», y en 1141, cuando la confirmación de esta misma donación, podemos afirmar
que existía ya una comunidad templaría en Novillas por la expresión que aparece en el
documento: «y yo fray Rigaldo, maestro, con el consentimiento y voluntad de nuestros
otros frailes». Unos años más tarde, en 1144, en el testamento de Pedro Berenguer apa-
recen ya citados los nombres de algunos miembros de la comunidad de Novillas (3).
Observamos, pues, que la Orden tardó unos años en tomar posesión de los bienes
que le habían sido concedidos por donaciones ya sean reales, eclesiásticas, o particulares;
y también cómo las primeras menciones de miembros no pasan de ser meras citas de
uno o dos nombres. Esto nos sugiere que, posiblemente, la Orden señalaría un número
determinado de frailes que vinieron como administradores para recoger las donaciones
hechas en una comarca particular, antes de su definitivo asentamiento. Tras los primeros
establecimientos en España, la Orden fue extendiéndose rápidamente, con lo cual necesitó
una organización más compleja que en los primeros momentos (4).
Las primeras grandes áreas administrativas evolucionaron en provincias de la Orden,
regidas por los Maestros Provinciales. Aragón perteneció a la provincia denominada «Proven-
za y algunas partes de España», aunque a veces también aparece como «Provenza y
España» o «Provenza y de las partes de España».
Aunque Miret y Sans afirma que esta provincia fue creada entre 1138 y 1141, la
más temprana referencia que tenemos lleva la fecha de 1143, cuando se cita a Pedro
de Rovira como «magistri Províncie et cuiusdem partís Ispanie» (5). Posiblemente en los
primeros años esta provincia dependía, en parte, de la provincia de la Galia, como parece
indicárnoslo el hecho de que, en este mismo documento, el maestro de la Galia, Everardo,
precede a Pedro de Rovira; y posteriormente, al crecer el número de casas a ambos lados
del Pirineo, la provincia de Provenza y España se desgajó. Esta provincia fue exten-
diéndose conforme la Reconquista avanzaba y llegó a incluir, a fines del siglo XII, las
zonas más al sur de Aragón y Cataluña.
La unidad básica en la Orden del Temple era la «Encomienda» o «Convento», pero
este término no nos da por él mismo ninguna indicación de la naturaleza de esta clase
de fundación templaría. Posteriormente, en el siglo XIII y principios del siglo XIV, el
término «Convento» era utilizado por los Templarios en el sentido de una comunidad
cuyo encargado dependía directamente del Maestro Provincial. A cargo de estos conventos
estaban los comendadores, denominados a veces «Preceptores», «Procuradores» e Incluso
«Maestros» (6).
La documentación del período anterior a 1143 no menciona ni el término «Convento»,
ni las características de éstos. Posteriormente a esta fecha, tras el acuerdo entre Ramón
Berenguer IV y los Templarios, fueron surgiendo distintos enclaves cercanos a la frontera
musulmana, en zonas recientemene conquistadas. En la zona norte de Aragón los
conventos establedidos se engrandecían con las donaciones de particulares. El número de
conventos dependientes del Maestro Provincial de Aragón y Cataluña, a fines del siglo
XIII, llegaría casi a los cuarenta (7).
Las encomiendas constituían la unidad administrativa de la Orden del Temple y de
otras Ordenes militares, como por ejemplo, la de San Juan. Los Templarios tras fundar
sus casas en los distintos territorios, basaban la economía de éstas en la explotación
agrícola de las tierras que rodeaban a la casa.
¿Cuál fue el motivo que les decidió a asentarse, tanto a la Orden de San Juan como
a la del Temple, en esta parte de Aragón? Lo más probable es que la razón en la que
se basó la elección fue la fertilidad de estas tierras que se extienden en una llanura, a
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la margen derecha del Ebro, cerca de la confluencia con el rio Huecha; esto junto con el
gran número de donaciones que tempranamente recibieron en esta zona.
La Encomienda de Novillas, que comenzaría con la explotación de una pequeña ex-
tensión de tierra, fue engrosando su patrimonio con las múltiples entregas de los fieles
y con las sucesivas compras que fueron realizando los frailes, llegando a ser la principal
Encomienda del Temple en esta zona. Sin embargo, la importancia de esta Encomienda,
después de un primer período de esplendor, fue disminuyendo ante el crecimiento de otros
enclaves Templarios, especialmente Zaragoza, ciudad que por su situación y por el papel
que pasó a desempeñar en la vida del reino, llegó a ser la cabeza de las encomiendas
del Temple en esta parte de Aragón. Años más tarde sólo la localidad de Novillas y sus
dos dependencias, Razazol y Cabanas, formaban este convento (8). El proceso de creci-
miento de la Encomienda de Novillas y su posterior estancamiento, en beneficio de Zara-
goza, es paralelo al de la encomienda de la Orden del Hospital en Mallén.
En estas dos unidades, encomienda y provincia, encontramos una estructura neta-
mente jerarquizada. Ya hemos dicho anteriormente que las provincias estaban a cargo del
Maestro Provincial, veamos ahora cuáles eran algunos de los deberes inherentes a su
cargo, y los distintos cargos que había en un convento Templario.
Según la Regla el Maestro Provincial era uno de los cargos que eran elegidos por
el Maestro General y el Capítulo; y tras su elección, uno de los deberes más importantes
que tenía era el de visitar las diferentes casas de su provincia donde resolvía los asuntos
más importantes o participaba en las campañas contra los musulmanes. En estas visitas
reunía los Capítulos a los que en ocasiones acudían de todos los conventos de la provincia,
y en otras sólo de unas zonas determinadas. El cargo no era vitalicio, pero sobre todo
en el siglo XII hubo Maestros Provinciales que ocuparon el cargo durante bastantes años;
a mediados del siglo XIII parece ser que se adoptó la práctica del nombramiento por un
período de cuatro años que a veces se renovaba en períodos de esta misma duración.
El Maestro contaba con un pequeño número de frailes que le acompañaban en sus
desplazamientos y que le aconsejaban; entre estos encontramos un capellán que, a la vez
que formaba parte de su consejo, le asistía en lo religioso y le servía como escriba. Como
delegado suyo el Maestro Provincial contaba con el lugarteniente sobre el que delegaba su
autoridad en algunos negocios o cuando estaba fuera de la provincia nombraba a alguien
que ocupaba su lugar durante su ausencia.
Los miembros de los conventos debían a los Maestros Provinciales una obediencia
estricta y éstos a su vez, dentro de la jerarquía Templaría, al Maestro de las Partes
Cismarinas, el Maestro General y al consejo de los frailes. Igualmente juraban obediencia
al Papa.
Además del Maestro de Provenza y España, en la documentación que hemos estu-
diado, hemos encontrado en numerosas ocasiones el título «Maestro en Novillas», a veces
como equivalente a «comendador», pero no en todas las ocasiones puesto que, en otros
documentos aparece además junto al Maestro de Novillas, el comendador de este mismo
lugar (9). Por tanto, podemos pensar que este Maestro era un representante del Maestro
Provincial en esta zona particular del valle del Ebro. Hasta 1160 aproximadamente, la casa
de Novillas tuvo el control de todas las propiedades Templarías en Aragón y Navarra,
exceptuando las que estaban en los límites de Aragón y Cataluña que dependían de la
Casa de Monzón (10). En los primeros años de la Orden, el título de Maestro era
sinónimo de autoridad, y en este caso, el Maestro de Novillas era el superior de todos
los Templarios en esta zona y solía residir en esta localidad, por eso se le denominó con
este título de Maestro, puesto que su poder era más amplio que el de un comendador
(11). Este título fue dejando de utilizarse cuando en esa extensa área, dependiente al
principio de Novillas, fue creciendo el número de miembros, casas y bienes, e inde-
pendizándose (12).
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III.3. El comendador
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Generalmente el fraile que ejercía este cargo de clavero lo hacía por un corto período,
quizás para evitar que esta importante tarea recayera siempre en la misma persona o por
un largo periodo. El cargo se concedía a distintos miembros de un convento o bien
a un mismo fraile en diversos momentos.
III.5. El Capellán
Parece ser que en los primeros años la Orden no tuvo miembros eclesiásticos por lo
que necesitaron de sacerdotes seculares para atender las necesidades espirituales de los
conventos. Posteriormente para solucionar este problema, el Temple tuvo el derecho de
admitir clérigos. La confirmación para admitir que estos clérigos podían entrar en la Orden
se dio en 1139 con la bula de Inocencio II «Omne Datum Optimum». Estos eclesiásticos,
tras un período de prueba que duraba un año, pasaban a ser miembros de la Orden y
como tales estaban sujetos al Maestro. Su comida y vestido eran el mismo que el de
los restantes miembros. Generalmente el color de su hábito era oscuro mientras que el
de los caballeros era blanco (18).
Ya hemos dicho que la Orden del Temple era propiamente de legos, por eso no
todos los conventos tenían capellán que a su vez perteneciera a la Orden. Por tanto
hubo que recurrir en estas ocasiones, a sacerdotes seculares. La bula «Omne Datum
Optimum» permitía que los frailes fueran absueltos por sacerdotes. En la documentación
a los sacerdotes Templarios se les designaba como «frater», «presbiter» y «capellán»,
y formaban parte del consejo del comendador. Al igual que el comendador o el clavigero,
el capellán solía detentar el cargo durante un corto espacio de tiempo.
Los capellanes Templarios tuvieron amplios poderes en materia de confesión y absolu-
ción, y solamente en faltas muy específicas no podían dar la absolución, por ejemplo,
si un fraile Templario mataba a un cristiano o si agredía a un miembro de otra Orden,
a un clérigo o a un sacerdote. Tampoco podía absolver a cualquier fraile al que se
probara que había entrado en la Orden con prácticas simoniacas.
Junto a la asistencia espiritual el capellán prestaba otros servicios en el convento,
por eso en ocasiones los encontramos actuando como escribas en la redacción y escritura
de los documentos del convento. Los capellanes Templarios, como parte que eran en los
conventos, intervenían en los negocios y administración de los bienes de la casa.
Algunos de los frailes del convento, aunque no ocupaban los puestos más impor-
tantes, participaban en la administración de bienes y tenían unas responsabilidades
particulares. A menudo eran encargados de un determinado grupo de propiedades
y haciendas que dependían de esa casa, y eran responsables de la administración
diaria de éstas.
Con el tiempo, algunas de estas propiedades de la Orden encargadas a uno o varios
frailes llegaron a ser nuevos conventos. Así en 1149 encontramos al fraile Domingo
como encargado de los derechos de la Orden de Boquiñeni, y unos años más tarde, en
1158, esta localidad ya tenía su propia encomienda al frente de la cual estaba el fraile
Berenguer (19).
No todos los frailes encargados de los bienes en una zona se independizaron, así
algunos conventos, además de la casa principal tuvieron varias dependencias; por ejemplo,
Novillas tuvo dos: Cabanas y Razazol, mientras que otras encomiendas como la de
Monzón llegaron a tener hasta ocho.
Entre los frailes existían varias clases de miembros: los caballeros, los sargentos,
los capellanes y los sirvientes. Los caballeros se dedicaban exclusivamente al servicio
de las armas, debían ser de familia noble. En los documentos se les llama «fratres
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milites». Los frailes sargentos no eran caballeros y no tenían las mismas prerrogativas
que los frailes caballeros aunque como ya hemos visto podían llegar a ser comendadores.
Además de los capellanes que ya hemos estudiado anteriormente estaban los sir-
vientes y también entre ellos había dos clases: los sirvientes de los caballeros y los que
trabajaban en las faenas domésticas de la casa.
Estas diferencias entre los Templarios quedan reflejadas en la misma documentación,
así en el códice 691 encontramos: «vobis séniores de ¡lio Templo, nomine Ramón Bernar-
dus, et totos alios fratres et séniores maiores et minores qui estis de supradicto
Templo» (20).
Los frailes del convento que no ejercían ningún cargo de los mencionados hasta
ahora también participaban en la administración de la Casa a través del consejo de
frailes o capítulo conventual que tenía lugar semanalmente. Según la Regla, el capítulo
debía ser convocado la víspera de Navidad, Pascua, Pentecostés, y cada domingo,
excepto en las octavas de estas tres festividades, en cualquier lugar donde hubiera cuatro
o más Templarios. En estas reuniones el comendador solicitaba consejo a los que más
experiencia tenían en esa materia y después a los demás miembros.
Fstos capítulos del convento servían también para que los miembros de la casa
confesaran sus faltas voluntariamente, y si alguno no lo hacía los restantes frailes
podían acusarle. La acusación debía ser sostenida por varios frailes y el acusado podía
solicitar a otros miembros que testificaran a su favor. Los consejos de frailes trataban
además de asuntos que atañían a todo el convento como, por ejemplo, la admisión de
un nuevo miembro pero parece ser que, más que un órgano decisorio, era consultivo
pues, en realidad, la autoridad del convento la tenía el comendador, y todos los frailes
de la casa estaban totalmente subordinados a él.
En la documentación suelen aparecer los nombres de varios frailes de los que se dice
expresamente que dan su consentimiento. García Larragueta intentó calcular el número
de miembros de una casa por el número de frailes que aparecen dando su consentimiento
a un hecho o aconsejando (21). Sin embargo creemos que con este método no podríamos
dar ni siquiera una cifra aproximada pues con bastante frecuencia en los documentos,
junto a los frailes citados, suelen estar las frases: «et ceteris alus fratribus de Novellas»,
«cum consensu aliorum fratrum», «cum consilio et volúntate de aliorum fratribus», etc.
pero no nos especifican un número exacto de frailes.
Al igual que en los monasterios, durante el siglo XII van a proliferar entre las Ordenes
Militares, las hermandades y cofradías. La Orden del Temple no va a ser la excepción y
desde los primeros momentos de su asentamiento en la Península Ibérica fomentó este
espíritu de asociación, dando lugar a dos tipos de cofradías: unas de tipo particular y
otras de tipo colectivo.
En las de tipo particular, uno o varios de los componentes de una misma familia
donaban parte o todos sus bienes a la comunidad religiosa de la que querían formar
parte a cambio de la participación en las oraciones y bienes espirituales de ésta. Las de
tipo colectivo podían ser entre instituciones religiosas o con grupos de personas unidas
entre sí por lazos de vecindad sirviendo esto para enriquecerse mutuamente en lo
espiritual.
Los motivos de estos laicos para entrar en una cofradía eran de lo más variado e
iban desde lo puramente material, como, por ejemplo, asegurar su sustento y vestido
durante el resto de su vida, hasta lo estrictamente espiritual, como la participación en
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oraciones, abstinencias, limosnas, ya fueran particulares o realizadas por la comunidad
en general. La entrada en estas en estas hermandades, según Puyol (22) constituía
una especie de seguro de enfermedad, pobreza y vejez. Aunque García Villada piensa
que los cofrades no entraban en la hermandad sólo por motivos económicos, más bien
al contrario, esta institución tenía un carácter esencialmente espiritual (23).
Sabemos, pues, que los donados y cofrades no eran frailes pero a través de con-
tratos de protección y confraternidad pasaban a formar parte de la Orden. El fin que
guiaba a estas personas era el de conseguir la protección de las Ordenes Militares en
unos años en que la inseguridad era la tónica general. Ésta protección, que los reyes,
los señores y las Ordenes Militares aseguraban, tenía su contrapartida, y en el caso de la
Orden del Temple, quienes pasaban a ser parte de la comunidad, generalmente estuvieron
de acuerdo en pagar una pequeña renta anual que, en algunas ocasiones, encontramos
detallada (24). Pero no todos los cofrades se comprometieron a pagar una suma fija al
año y, otras veces, la cantidad a pagar no quedó consignada. En algún caso se especi-
ficaba en la carta de la cofradía que la renta anual se iba a tomar de una determinada
pieza de tierra.
Con frecuencia los cofrades además de los pagos y regalos a la Orden, se donaban
ellos mismos en cuerpo y alma (25). El donado entregaba sus bienes, o parte de ellos,
y a cambio recibía vestido y sustento mientras viviera, y a su muerte el Temple debía
enterrarle en su cementerio, incluso cuando el fallecimiento se produjera fuera de la
residencia habitual. En alguna ocasión el cofrade, a cambio de lo que entregaba,
se reservaba la posibilidad de hacer una peregrinación para lo cual la Orden le daría
dinero y medios (26). Tras la entrega de parte de sus bienes el cofrade podía disponer
de los que aún conservaba con entera libertad y también adquirir otros. En algunas
ocasiones en las cartas de donación se especificaba que el cofrade se reservaba el
usufructo de lo que donaba y que a su muerte estos bienes pasarían a pertenecer
a la Orden.
En los documentos estudiados no hemos encontrado ninguna referencia a la
ceremonia que, sin duda alguna, se realizaba en estas ocasiones, especialmente si el
número de personas que decidían entrar en la cofradía era elevado. Seguramente las
dos partes interesadas se reunirían el día señalado y estudiarían los términos, deberes
y obligaciones de cada parte, en que se basaría este acuerdo recíproco. Tras esta
reunión el siguiente paso sería la redacción de un documento por duplicado, uno para la
comunidad religiosa, y el otro para los miembros admitidos en la hermandad. Estos
documentos solían llevar alguna cláusula en la que se aludía a los castigos y penas en
que incurriría aquella persona que contraviniera la carta de la cofradía.
Los documentos existentes sobre estas cofradías aluden a la obligación que tenía el
cofrade de prometer obediencia y el cumplimiento de sus nuevos deberes dentro de la
hermandad, especialmente el de ser enterrado en el cementerio de la comunidad que le
acogía, lo cual siempre beneficiaba a la Orden. Posteriormente si el cofrade quería ser
relegado de sus obligaciones, quizá para entrar en alguna nueva comunidad, debía dar una
compensación material. Este es el caso de Nicholao (27) que donó a la Orden del Temple
tres piezas de tierra a cambio de que la Orden renunciara a los derechos que tenía
para enterrar su cuerpo. Como estos donados y cofrades,a pesar de ser laicos, formaban
parte de la Orden, necesitaban el permiso del Maestro para conseguir la dispensa. Algunas
veces la permanencia en la casa del Temple era temporal (28). En el momento en que
lo desearan, donados y cofrades podían profesar en esta misma comunidad (29), y no
era extraño que solicitasen vestir el hábito religioso cuando, por alguna grave enfermedad,
creían estar en peligro de muerte.
Al hacer una donación si el cofrade estaba casado debía constar la autorización
de su esposa. Frecuentemente la entrega se hacía conjunta, de marido y mujer. Los
motivos expresados en los documentos suelen ser dos principalmente: por amor a Dios,
y por la salvación de sus almas y por la de sus familiares, aunque también solían hacerse
como agradecimiento por algún favor recibido; para poder convivir durante alguna tempo-
rada en la comunidad, etc.
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Las mujeres también podían ser recibidas como donadas y cofrades, ya fuera junto
con su marido o bien solas. Quizás por esta razón no se fundara una rama femenina
de religiosas Templarías, como pasó en otras órdenes religiosas. Las mujeres que se daban
como donadas y las que entraban en las cofradías del Temple pasaban a participar de
todos los bienes espirituales y temporales de la Orden.
No sabemos en qué fecha empezó la orden del Temple a tener cofrades y a fomentar
la entrada de laicos en las hermandades pero sí conocemos con seguridad que desde
1131 ya contaba la Orden con miembros de esta clase (30).
Aunque no conocemos la regla exacta por la que se regía la cofradía de Novillas
podemos imaginarnos, en parte, cual era su funcionamiento a través de la cofradía
de Tudela bajo la advocación de Santa Cristina, única cofradía entre las del siglo XII
cuya regla se ha conservado íntegra y a través de la cual podemos estudiar cómo se
regían los miembros (31). Según la documentación conservada los cofrades debían
participar y acudir conjuntamente a la misa, confesaban en público sus faltas, se ayu-
daban mutuamente, y socorrían a los otros cofrades que tuvieran unas necesidades
más apremiantes que ellos.
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Creemos que, tras estas donaciones, existe toda una intencionalidad política. Segura-
mente en la donación de Novillas por García Ramírez la verdadera intención era la de
dejar constancia de sus derechos en el reino de Zaragoza. Un motivo similar pudo ser
el que llevó a Ramón Berenguer IV a donar Razazol. El conde de Barcelona se consi-
deraba heredero de los reyes aragoneses y por tanto dueño de estos territorios (1). A la
vez necesitaba contrarrestar el poder de García Ramírez en estos territorios el cual el
año anterior, 1137, había donado esta misma villa a Raimundo de Cortes. Una de las
soluciones que tenía Ramón Berenguer IV era la de donar esta villa a una institución
como el Temple a la que el mismo García Ramírez estaba ligado como cofrade y contra
la cual no iba a disputar la procedencia de los derechos sobre esta localidad.
En 1149 finalizó la guerra entre Navarra y Aragón, y dos años más tarde, Ramón
Berenguer otorgaba a la Encomienda de Novillas las villas y los castillos de Ambel y
Alberite, y Cabanas, entre Novillas y Mallén, posiblemente con la misma intención que
en la anterior donación, es decir la ratificación de sus derechos en la zona. Años más
tarde, en enero de 1166, Alfonso II dona y confirma a esta Encomienda todas sus
posesiones desde Tauste a Novillas. Por esta documentación conocemos que los Tem-
plarios adquirieron un número considerable de castillos y villas en el Valle del Ebro sobre
los que ejercían su señorío.
No todas las donaciones reales al Temple fueron territoriales, sino que en otras
ocasiones les fueron concedidos privilegios y exenciones. Así, por ejemplo, en 1146 Ra-
món Berenguer IV hacía una carta de donación a Pedro de Rovira, Maestro del Temple
en Provenza y España, garantizando a la Orden el dominio sobre los musulmanes que
tuvieran y los que pudieran tener más adelante (2). La población musulmana en el valle
del Ebro era numerosa debido al sistema de capitulaciones llevado a cabo por Alfonso I
tras la reconquista de esta zona. Por esto mismo el nuevo rey de Aragón debía regular
la condición de sus vasallos musulmanes en las encomiendas templarías, y asegurar que
ningún hombre pudiera arrebatar a la Orden estos musulmanes que solían trabajar los
campos de la Encomienda como exaricos, puesto que representan un importante contin-
gente humano y su trabajo era necesario para el cultivo de las tierras aragonesas. Por
consiguiente, dada la importancia que tenían estos musulmanes en la economía del
Temple, podemos pensar que fue el Maestro, Pedro de Rovira, quien presionaría a
Ramón Berenguer IV para que les concediera este privilegio. Pocos años antes, en 1143,
el mismo conde de Barcelona les había concedido que no fuese pagada lezda y otros
tributos en las posesiones de la Orden. Otra donación del mismo tipo es la de García
el Restaurador, quien exime del pago de lezda y portazgo a la Orden del Temple en
sus tierras (3). En numerosas ocasiones estas donaciones solían ser hechas a perpetuidad.
Estas concesiones y exenciones parecen ir encaminadas a dotar a la Milicia de Jerusalén
de los medios necesarios para proseguir su misión contra el infiel.
Veamos en este apartado las donaciones que recibió la Orden del Temple de los
distintos miembros de la Iglesia, principalmente de los obispos de Zaragoza y Tarazona.
No estudiamos en este capítulo la concesión de ciertos beneficios y privilegios papales
puesto que afectaron a todos los Templarios aragoneses, y no exclusivamente a la
Encomienda de Novillas.
Tras la reconquista de Zaragoza, Tudela y Tarazona existía la necesidad de reorga-
nizar las diócesis, pero como entre los obispados de Tarazona y Zaragoza no estaban
claros los límites hubo que llegar a un acuerdo. Desde 1121, y por la concordia hecha
entre los obispos de Zaragoza y Tarazona, las localidades de Novillas, Ffescano, Mallén,
Cortes y Cabanas pasaron a depender del primero de los obispos citados, aunque no
todos los territorios que estaban sometidos a la jurisdicción de la Casa de Novillas
estaban comprendidos en la demarcación de la diócesis zaragozana. Por esto mismo las
donaciones que aquí se dieron fueron otorgadas por varias sedes. La Encomienda de
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Novillas recibió no sólo concesiones reales y particulares sino también de miembros del
estamento eclesiástico, especialmente en los primeros años transcurridos tras su estable-
cimiento en la localidad mencionada. Estas donaciones realizadas por presbíteros, y
sobre todo por obispos, consistieron la mayor parte de las veces en la cesión de los
derechos episcopales y de iglesias con las rentas anejas a éstas.
El Temple, como Orden Militar, tenía la misión de luchar contra los musulmanes
que amenazaban a la Cristiandad, y al ser éste su cometido principal no podían mante-
nerse por ellos mismos, con su trabajo, como se hacía en los restantes monasterios,
por lo cual los recursos que necesitaban para su empresa solían provenir de las rentas que
los bienes donados producían. En el caso especial de bienes de iglesias, el motivo de la
donación pudo ser, además, la voluntad de que el Temple contribuyera a la restauración
eclesiástica en las tierras reconquistadas. Los obispados estaban interesados en que la
repoblación fuera estimulada puesto que ésta podía incrementar los ingresos episcopales.
Con todo, el clero, al contrario que el pueblo llano, no fue un entusiasta protector
de la Orden. Quizá valoraban más las oracioners dichas en los monasterios que por
estos frailes guerreros, o tal vez, conociendo el trato especial que el Papado dispensaba
a la Orden por las numerosas e importantes concesiones, pensaron que el Temple había
adquirido ya demasiados derechos (4). Parece ser que desde sus primeros tiempos la
Orden estaba exenta del pago de diezmos (5), aunque la primera referencia a esta
concesión es de 1139, en la bula «Omne Datum Optimum»: «Y como los que son
defensores de la Iglesia, con los bienes de la Iglesia deben vivir y ser sustentados,
de los bienes muebles o de los que son trabajados por quienquiera que pertenezca a
vuestra venerable casa, prohibimos en todo caso que a vosotros os sean exigidos los
diezmos contra vuestra voluntad». (6)
Los obispos de Zaragoza, Tarazona y otros territorios aragoneses necesitaban unos
ingresos que contribuyeran a la reconstrucción de iglesias, por lo cual buscaron controlar
las iglesias y monasterios establecidos en sus diócesis y cobrar las rentas a las que
tenían derecho. En el caso de que la Orden estuviera totalmente exenta de pagar los
diezmos, el obispo necesitaba hacer un acuerdo con los Templarios que le reportase algún
beneficio y algunos ingresos. Creemos que en este sentido podemos enmarcar las
donaciones eclesiásticas en la Encomienda de Novillas. El hecho de que el mismo obispo
fuera quien donara la iglesia al Temple haría que la Orden reconociera su sujección, en
parte, a la autoridad episcopal y, por tanto, el pago de ciertas cantidades. La primera
donación que conocemos es la de García, obispo de Zaragoza, y lleva la fecha de 17 de
octubre de 1135. Consiste en la donación de la iglesia de Novillas y de sus derechos
episcopales a la Orden del Temple, con la condición de que paguen anualmente la
cantidad de doce dineros a la sede zaragozana por los bienes que disfrutaban en esta
localidad, y la obligación de concurrir a los concilios de esta diócesis y recoger allí
el Santo Oleo para la impartición de los Sacramentos (7).
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MAPA -A-
POSESIOME6 DE LA CMCOMICMDA b e NOVILLA»
Tauste : Logares en los que se reciben donaciones.
Ambel : Lugares en Los cjue además se efectúan compras.
-113-
fechado en 1157 y es de Pedro, igualmente obispo de la sede zaragozana; en él se
confirman los derechos de la Orden sobre las iglesias de Novillas, Boquiñeni, Razazol y
el término de Cabanas (11).
Si estudiamos los derechos que se reservan los obispos de Zaragoza observamos
que llegó a ser costumbre que el obispo se reservara un cuarto de los diezmos del pan
y vino de las iglesias Templarías, reteniendo además la «cena» de las iglesias (12). En
algún caso el obispado renunció a esta cuarta parte (13). Por tanto la entrega por parte
de la Orden de ciertos pagos por la posesión de iglesias a los respectivos obispados
dependió de los acuerdos locales. En la diócesis de Pamplona parece ser que no se
reclamó parte alguna de los diezmos y primicias eclesiásticas en alguna ocasión, aludiendo
a la costumbre de los frailes Templarios que no pagaban diezmos en las tierras que
ellos mismos cultivaran.
En uno de los documentos leemos: «De vuestra labranza con vuestros bueyes no
queremos que paguéis diezmos según la costumbre que tenéis» (14), mientras que la
diócesis de Calahorra se reservaba la tercera parte de los diezmos (15).
No fueron solamente los obispos quienes otorgaron donaciones a esta Encomienda.
Aunque no fue frecuente, conocemos algún caso, por ejemplo, el de Giraldo, presbítero
de Novillas, quien se donó a sí mismo con todos sus bienes. Hay que tener en cuenta
que siendo Novillas cabecera de toda la Encomienda del Temple no abundaría el número
de personas pertenecientes al estamento eclesiástico que no fueran miembros de la
Orden. No es este el único caso, en efecto, conocemos otra donación efectuada por
otro presbítero, Raimundo, quien dona a su muerte unas casas en el burgo de Luesia y
durante su vida cuatro medidas anuales entre pan y vino.
Entre todas las donaciones, el bloque más importante lo constituye el de las dona-
ciones particulares, de variable naturaleza e importancia. En este apartado englobamos
todas las de aquellas personas que no pertenecen a la realeza, al estamento eclesiástico,
ni tienen ningún lazo de unión con la Orden como los donados y cofrades.
Veamos las donaciones, generalmente de tipo territorial, recibidas por la Orden de
manos de la nobleza que a su vez había recibido los derechos sobre iglesias y territorios
de los reyes aragoneses y navarros. El primero de estos donativos es el que Alfonso I
otorgó a don Miro Pedro sobre las iglesias de Gallur con los honores de Boquiñeni y
Luceni, y Razazol; documento redactado en Tudejen, en diciembre de 1128. Posterior-
mente este mismo noble hizo donación a la Orden de Jerusalen de sus derechos sobre
las Iglesias de Boquiñeni y Razazol.
El siguiente documento es la donación que otorgó, en octubre de 1134, Ramiro II
a Calvet y a sus herederos sobre Razazol con todos sus términos, villa que más tarde
fue donada por el mismo Calvet a los Templarios. Un documento redactado en Tudela
en 1137 nos refiere la donación que García Ramírez concedió a Raimundo de Cortes de
sus dominios en Razazol, y la posterior entrega que de esta villa hizo doña Urraca,
mujer de don Raimundo de Cortes, a la Casa de Novillas. En 1151 un documento
de Ramón Berenguer IV recoge la renuncia que los frailes de esta Encomienda hicieron
sobre los castillos de Borja y Magallón, que Pedro Taresa les había donado (16), y en
1162 doña Sancha de Gallur dona a la Orden el término de Cabanas.
Estas donaciones a la Encomienda de Novillas por parte de la nobleza podemos
entenderlas de varias maneras. Una de las razones por las cuales los nobles pudieron
desprenderse de estos castillos y territorios y donarlos al Temple pudo ser porque tuvieran
problemas para conseguir poner en cultivo todas sus tierras, acrecentadas en los últimos
tiempos con las concesiones que recibieron de los reyes tras la Reconquista, por lo cual
buscaron un nuevo propietario que se hiciera cargo de la colonización y repoblación del
territorio, en efecto, los frailes de Novillas contaban con donados y colonos que podían
-114-
realizar las labores agrícolas. También pudo ser que la Orden, interesada en adquirir
el total dominio en esta extensa zona, apelara a los sentimientos religiosos de los
nobles para que éstos cedieran «voluntariamente» sus posesiones. Otra de las razones por
las cuales estos nobles pudieron donar sus bienes y señoríos pudo radicar en el ejemplo
dado por los reyes aragoneses al ceder ciertas posesiones al Temple por su participación
en la Reconquista y en la defensa del reino, para que se proveyeran de recursos para
la lucha contra los musulmanes en España y Tierra Santa, etc.
No todas las concesiones que recibió el Convento de Novillas fueron hechas por
los miembros de la nobleza; por el contrario el mayor número de donaciones, aunque
de menor cuantía, se debió a los vecinos de las villas sobre las cuales la Encomienda
de Novillas ejercía su señorío. En este apartado incluimos no sólo las donaciones sino
también los testamentos.
Los motivos de entrega y ofrecimiento son muy variados. La mayor parte de las
veces se piden las oraciones de los frailes para conseguir la salvación del alma del
donante y sus familiares, en este caso las fórmulas más usuales son «pro redemtione
anime mee», «propter amorem Dei», «pro salute anime mee et pro redemptione animarum
parentum meorum»; en alguna ocasión se especifica que la donación se hace por la
salvación del alma de una persona determinada. Estas donaciones de índole meramente
espiritual eran fomentada por la Orden puesto que aumentaban la potencia económica
de la Encomienda y su prestigio, lo que según García de Cortázar «hacen crecer las
posibilidades de nuevas y más importantes donaciones» (17). No siempre se citan los
motivos que han tenido los donantes al hacer entrega de algunos de sus bienes.
La Encomienda de Novillas tuvo en sus primeros años de establecimiento un gran
número de donaciones. Estas donaciones no se dieron sólo en las localidades más
cercanas a la casa central de Novillas como Mallén, Cortes o Gallur, sino también
en otros puntos alejados tales como Ayeibe o Agreda (18). Podemos suponer algunos
de los motivos que tuvieron los donantes para realizar estas entregas a la Orden.
Aparte de la religiosidad de la época que guiaba algunas de estas donaciones como
ya hemos indicado, en ocasiones el donante actuaba así para agradecer algún favor
recibido o para satisfacer alguna promesa anterior no cumplida, es decir con un carácter
de reparación (19). Los pobladores del valle medio del Ebro viendo que la Orden acudía
a prestar su ayuda en las empresas de la Reconquista tales como la toma de Tortosa
y de Lérida seguramente decidieron ayudar al mantenimiento de esta Milicia con sus
donaciones. En otros casos la finalidad de la donación sería la de que la Encomienda
recogiera al donante cuando éste fuera viejo o estuviera enfermo; este caso debió darse
con frecuencia pues fue algo general en los monasterios españoles. Por lo menos un
caso de este tipo tenemos en el Cód. 691: Mateo y su hermana Martina, hijos de
Pedro Cosin, donan a la Casa de Novillas dos piezas de tierra en Cabanas a cambio
del alimento durante dos años y vestido durante uno.
-115-
la persona que aprobó la venta de una heredad. La Orden le dio a cambio dos mora-
betinos y un queso (21) como agradecimiento a esta autorización.
La naturaleza de los bienes concedidos fue también muy distinta. Abundan las
donaciones de bienes territoriales, especialmente de piezas de tierra y heredades, aunque
también podemos encontrar donaciones de viñas, huertos, casas y casales, pozos, solares,
molinos, e incluso los cimientos de una casa. Anteriormente ya vimos las donaciones de
villas enteras, castillos y derechos sobre iglesias. Conocemos también la donación de la
Orden de dos exaricos por parte de doña Sancha de Gallur. Los documentos que se
refieren exclusivamente a donaciones de cantidades en metálico no son frecuentes, puesto
que se han conservado menos que las donaciones territoriales que los frailes procuraban
guardar para prevenirse de futuras reclamaciones.
Entre las donaciones podemos encontrar dos tipos. Unas son donaciones cuyo dis-
frute por el Temple era inmediato, y otras retrasan su efectividad hasta el momento de
la muerte del otorgante. En este último caso usan la fórmula «post morten» o «post
obitum» (22); en éstas el cofrade se reserva el usufructo de los bienes que entrega.
Las donaciones de este tipo fueron frecuentes aunque no podemos decir en qué pro-
porción, porque a menudo los documentos no dicen nada sobre cuándo empezaba a
tener efecto la donación simple. También nos resulta difícil explicar la diferencia entre
una donación «post obitum» y un testamento puesto que en ambos casos la Orden
no toma posesión de lo legado hasta la muerte del otorgante. Además de estas dona-
ciones con restricciones en su entrada en vigor, es decir restricciones temporales,
contamos con otras en que la donación tendrá lugar si se cumplen determinadas
condiciones, por ejemplo si el donante muere sin hijos. A veces la donación era parcial
porque el donante no tenía la total propiedad sobre lo donado, sino que estaba com-
partida con otros. En algunos casos la reclamación de un particular sobre una heredad
se solucionó con la retirada de los frailes del litigio a cambio de que el particular donara
a la Orden esta propiedad a su muerte.
-116-
trigo y cebada, vino, pan, toallas, e incluso el lecho del cofrade. El cofrade Miguel
Muñoz hizo donación de dos exaricos y García, rey de Navarra, donó a la Orden la
décima parte del quinto que se le pagaba y durante dos años la mitad de lo que
fuera tomado a los musulmanes.
Este documento no lleva fecha pero pensamos que su primera parte fue redactada
entre 1134, muerte del Batallador y proclamación de García Ramírez como rey de
Navarra, y 1142, fecha en que muere Sancho, obispo de Pamplona (1122-1142), que
encabeza la lista de cofrades. Incluso nos atreveríamos a decir que fue escrito a fines
de 1134, puesto que aparece el nombre de Martín López como señor de Estella, el
cual tuvo esta tenencia entre julio de 1134 y enero de 1135 (24). Posteriormente fueron
añadidos los restantes nombres de los cofrades.
La Casa de Novillas tuvo también su propia cofradía formada por los vecinos de
esta localidad (25). Las donaciones que hacen éstos son de menor cuantía que las del
documento anterior porque también es menor la riqueza de estos vecinos, ya que los
cofrades que se enumeran en el otro documento pertenecían a la nobleza. En este caso
las donaciones son de distintas cantidades en metálico o en especie, e incluso algún
campo, sumando en total cincuenta y dos acuerdos.
Las donaciones realizadas por los donados llevan consigo una contraprestación
material y espiritual. Generalmente estas donaciones adquieren la forma de testamento
y donación «post obitum», es decir el donante ofrece unos bienes (heredades, viñas,
casas...) que pasarán a ser propiedad de la Orden cuando se produzca la muerte del
otorgante. Además de esta entrega de bienes por lo general territoriales, el donado
entrega su cuerpo para ser enterrado en el cementerio templario.
Desde 1145, por lo menos, el Temple tenía la facultad de construir cementerios
en sus encomiendas según la bula otorgada por Eugenio III (26) y en éstos los donados
podían ser enterrados. El hombre medieval busca enterrarse, bien en el cementerio que
solía estar junto a la iglesia de la localidad donde había vivido, o bien en algún monas-
terio importante o en una casa de alguna Orden Militar, puesto que así los frailes
rezarían las oraciones para la salvación de su alma. Hay que tener en cuenta que la
Encomienda de Novillas como cualquier otra, obtenía importantes beneficios económicos
por los bienes que recibían cuando un particular donaba su cuerpo para ser enterrado
en el cementerio de la Orden, y la posibilidad de futuras donaciones de los familiares
del donado. A la vez el prestigio de la Casa aumentaba, lo cual llevaba consigo nuevas
entregas. Los documentos que expresan el deseo de ser enterrado en la Casa de
Novillas, en algún caso, especifican el lugar concreto en que querían ser enterrados.
Este es el caso de Urraca de Cortes que solicitaba ser enterrada en la iglesia de San
Juan en Novillas (27).
El donado, como «familiar» del Temple, tenía también otros derechos además del
de recibir sepultura en el cementerio de la Casa a la que se había vinculado. Sus
necesidades materiales pasaban a ser cubiertas por la Orden del Temple; en la documen-
tación la fórmula expresada es: «date mihi victum et vestitum». En algún caso el donado
prevee una posible enfermedad, por lo cual la Orden debería darle diez sueldos y si
desea emprender una peregrinación, la Casa de Novillas deberá cederle un caballo
para realizarla. (28)
En todas estas donaciones suele expresarse la naturaleza de los bienes donados,
que en su mayor parte eran propiedades territoriales, especialmente los derechos sobre
piezas de tierra que tenían un rendimiento agrícola. Con todo, es difícil apreciar la
importancia de estas adquisiciones, puesto que en los documentos rara vez se nos dan
las dimensiones, a no ser el deslinde de estas propiedades que nada nos indica; además
los términos tales como «pezas», «campum», «vinea», etc. se emplean frecuentemente
sin indicar su extensión. Entre las cláusulas finales de este tipo de documentos encon-
tramos también la mención de las «fianzas de salvedad», es decir de dos personas
distintas del donante que se obligaban a que lo expresado en la donación o en los
contratos, se cumpliera. Además suelen citarse los nombres de, al menos, dos testigos.
-117-
IV. 1 .f Donaciones contenidas en el códice 691
donados y
reales eclesiásticas particulares cofrades total
1131-1140: 4 2 2 2 = 10
1141-1150: 2 7 38 5 = 52
1151-1160: 6 2 24 9 = 41
1161-1170: 1 — 12 3 = 16
1171-1180: — — — — = —
1181-1190: — — 2 — = 2
1191-1200: 2 — — — = 2
S.d.: - 1 27 2 = 30
153
A la vista de estos datos podemos deducir las siguientes conclusiones respecto a las
donaciones recibidas por la Encomienda de Novillas. Lo primerro que observamos son
los dos bloques perfectamente diferenciados:
A) Donaciones otorgadas en la primera mitad del siglo XII, 1131-1150: Es el bloque
más numeroso pues en él se incluyen más de la mitad de estas entregas al Convento de
Novillas. Entre las donaciones reales que se otorgan en estos años, exceptuando el
Testamento del Batallador que no hemos incluido en la relación pues afectó a la Orden
del Temple en Aragón y no a la Encomienda de Novillas en particular, creemos que
en ocasiones se esconden unos motivos bien distintos de los religiosos. En primer
lugar nos encontramos con donaciones a la Orden en un momento en que ni siquiera
está aquí establecida (29) lo cual nos lleva a pensar que serían realizadas con el objeto
de atraer esta Orden Militar para que a su vez tomara parte en la tarea reconquistadora.
Ya hemos visto anteriormente la intencionalidad de otras donaciones como la de la
villa de Novillas por García Ramírez y la de Razazol por Ramón Berenguer; las restantes
donaciones reales podemos enmarcarlas como entregas de bienes cuya explotación
beneficiará a la Encomienda y ayudará a financiar las empresas del Temple en la Recon-
quista (30).
Las donaciones eclesiásticas deben ser estudiadas conociendo los problemas con
que se enfrentaban los obispos para reorganizar sus diócesis y poner en marcha la
vida espiritual de estos territorios. Son concesiones de iglesias a cambio de que la Orden
las mantenga para que los fieles de estos territorios no queden abandonados en lo
espiritual. Los obispos conceden también bienes a los frailes de Novillas que contribuyen
a sufragar los gastos, tales como construcción de nuevas iglesias. Cuando se realizó la
reorganización de las distintas sedes, las donaciones eclesiásticas disminuyeron, como
veremos en la segunda mitad del siglo XII.
El mayor número de donaciones lo forma el grupo de las concesiones de par-
ticulares. Las dos únicas que se dan entre 1131 y 1140 (31) pensamos que están motivadas
por el ejemplo dado por el Batallador en su testamento, por lo menos en la donación
de Fortún Garcés Cajal, quien había suscrito el testamento de don Alfonso. Las res-
tantes, de variable importancia, pensamos que pueden estar motivadas por causas
muy variadas, por ejemplo, por un profundo sentimiento de religiosidad, para contribuir
al mantenimiento de la Milicia, e t c . . En cuanto a las donaciones efectuadas por los
donados y cofrades son un poco menos numerosas que las que se realizaron en la
segunda mitad de siglo pero no creemos que influyan otras causas que el sentimiento
religioso de la persona que entra como cofrade o donado, y la particular situación
económica de este último.
-118-
B) Donaciones otorgadas en la segunda mitad del siglo XII: Al pasar a estudiar
las donaciones que se otorgaron a la Encomienda de Novillas en la última mitad del
siglo XII lo primero que observamos es una decadencia generalizada e incluso una
ausencia total de este acto jurídico en alguna década: 1171-1180. Veamos cuáles
pudieron ser las causas. Las donaciones reales se limitan a la concesión de alguna
viña, un collazo, o alguna localidad. Los demás documentos reales son confirmaciones
a la Casa de Novillas de bienes que poseían anteriormente. Las donaciones eclesiásticas
desaparecen si exceptuamos una de Pedro, obispo de Zaragoza que en realidad es una
confirmación de donaciones anteriores y la de Rodrigo, obispo de Calahorra, sobre la
iglesia de Alcanadre (32). Creemos que la falta de donaciones eclesiásticas en estos
cincuenta años pudo ser porque las diócesis de estas zonas ya estuvieran reestruc-
turadas y las iglesias locales atendidas, por lo que aquí no harían falta esas entregas a
la Orden, sino en las zonas recientemente conquistadas como Lérida o Tortosa.
Las donaciones particulares también sufrieron un descenso cada vez mayor según
avanzaba el siglo, hasta casi desaparecer por completo, ¿por qué?. Pensamos que la
razón está en que Novillas fue cabecera de una gran extensión que a partir de
1160 fue fraccionándose en varias encomiendas por lo que las donaciones que ahora
se hicieran en Zaragoza, por ejemplo, ya no se registrarían en la casa de Novillas sino
en la de Zaragoza. Las fechas de separación de algunas de estas nuevas casas son:
Zaragoza en 1162, Luna en 1167, Ambel en 1162. Las donaciones que desde 1160 se
registraron en Novillas fueron todas en Razazol, Cabanas, Cortes, es decir, en las zonas
más cercanas a la casa de Novillas que siguieron dependiendo de ella. Además de este
fraccionamiento de la Encomienda de Novillas asistimos en todos los monasterios e
instituciones religiosas a una recesión de las donaciones que pudo ser ocasionada
según García de Cortázar por «un progreso demográfico que exija la totalidad de las
tierras para hacer vivir a las familias cada vez más numerosas. Y más todavía cabe
pensar en el agotamiento o pérdida de fertilidad de ciertas tierras roturadas alegremente
a fines del siglo XI» (33).
Otro de los sistemas que utilizó la Orden del Temple para hacerse con un mayor
número de propiedades fue el de la compra, que a su vez era una manera de invertir
la riqueza que iban adquiriendo con las donaciones, ya fueran territoriales o monetarias,
y con los ingresos que provenían de la guerra.
IV.2.a Motivos
La donación de heredades y propiedades en los primeros años del establecimiento
de la Orden en Aragón había originado una gran dispersión geográfica de los bienes
que la Encomienda de Novillas controlaba (34), por tanto el siguiente paso fue el de
concentrar lo más posible sus posesiones y con este fin efectuaron las compras y los
cambios de bienes.
Generalmente la Orden compraba los derechos sobre las propiedades de los vecinos
de la Encomienda sobre todo si éstas limitaban con tierras que ya pertenecieran a los
frailes. Podemos afirmar que estas compraventas, exceptuando las que se realizaron
por una situación económica apurada del vendedor, estarían encaminadas a conseguir, por
parte del Convenio de Novillas, extender sus propiedades de los vecinos de la Encomienda
sobre todo si éstas limitaban con tierras que ya pertenecieran a los frailes. Podemos
por una situación económica apurada del vendedor, estarían encaminadas a conseguir, por
parte del Convento de Novillas, extender sus propiedades, logrando así el control de estas
tierras cercanas a la Encomienda (35). Cuando el Temple adquiría el señorío sobre una villa
intentaba acaparar, mediante compraventas y permutas, todos los derechos que tuvieran
-119-
otras personas, para así evitar las posibles disputas que inevitablemente surgirían al
estar estas propiedades en varias manos. Este parece ser el fin que guió a los
frailes de Novillas: hacerse con todas las casas que tuvieran los particulares dentro del
castillo. Este hecho nos lo confirma el gran número de compras de casas que nos ha
quedado documentado (36). En otras ocasiones el Temple adquiría los derechos que
algún señor feudal disfrutaba en esas propiedades (37), especialmente si estos terra-
tenientes atravesaban dificultades financieras.
Otro motivo que impulsó al Temple a comprar ciertas propiedades en un deter-
minado sector fue el de acercarse más a otras encomiendas templarías. En 1166 Razazol
tuvo comendador aunque debió ser por muy poco tiempo puesto que no volvemos a
encontrar este cargo en Razazol; pero si debió haber una pequeña comunidad de
frailes dependientes de la casa de Novillas que serían los encargados de las numerosas
compras que hizo la Orden en este término (38). Si observamos los cuadros A y B, y el
mapa A observamos cómo la Casa de Novillas realiza sus compras en localidades
cercanas; las compraventas que se hicieron en otros lugares más distantes, por ejemplo,
en Zaragoza, pueden estar motivadas por la importancia de la localidad, en este caso
sería por el papel de capital del reino que desempeñaba esta ciudad en la que el
Temple estaría muy interesado en establecerse definitivamente dando lugar posteriormente
a una nueva encomienda.
A la hora de adquirir ciertas propiedades la Casa de Novillas seguía ciertos
criterios importantes como, por ejemplo, las posibilidades de un fácil acceso a las
propiedades que deseaban comprar, así en los documentos de compraventas suele
detallarse que la pieza de tierra o la viña eran adquiridas «cum exiis et regressis», y
otras veces observando las afrontaciones de una pieza nos encontramos con que están
junto a los caminos que comunicaban los diferentes términos de la Encomienda.
Otras veces la Orden estaba interesada en ciertas tierras por otros motivos; así, por
ejemplo, la Orden adquiere una pieza de tierra en Agón con su agua junto a otra que
ya tenía al lado del molino de esta localidad, la causa de esta adquisión pensamos
que radica en la necesidad de utilizar esta energía hidráulica para hacer funcionar
el molino.
No todos los documentos expresan el mes en que se realizó la venta pero si en
algunos casos; cuando estudiamos los meses en que hubo más compraventas observamos
que fueron los de marzo, agosto-septiembre y noviembre, los momentos en que con
mayor intensidad se realizaron estos negocios en la Casa de Novillas. La causa de estas
ventas, especialmente en marzo, puede ser explicada por la necesidad que los campe-
sinos tenían para disponer de dinero y así comprar la simiente necesaria para la siembra
de primavera. Septiembre y Noviembre podían estar en relación, según García de Cortázar
«con la necesidad del campesino de obtener dinero para comprar la simiente en
año de mala cosecha, o de poder abonar la Martiniega» (39).
Número de compras realizadas en los diferentes meses del año:
Algunas de las transacciones que están documentadas como ventas fueron en realidad
acuerdos que seguían a las disputas sobre la tierra. La dificultad de establecer a quién
pertenecía totalmente la propiedad de una pieza llevó a numerosas reclamaciones que
solian solucionarse con adjudicación a uno de los que reclamaban la pieza en litigio,
a la vez que éste debía compensar a la otra parte pagándole una suma de dinero
o concediendo otras propiedades (40). Algunas de las compraventas pudieron ser hechas
por los donados y cofrades en nombre de la Orden (41).
-120-
IV.2.b Clases de bienes
Los frailes de Novillas, con sus primeras compras, intentaron hacerse con el mayor
número de casas que estuvieran dentro del recinto amurallado de esta población.
En una ocasión encontramos la compra de un corral y en diversos momentos la
Orden adquirió las heredades de los vecinos de la Encomienda. El concepto «heredad»
es, en la documentación, muy impreciso en cuanto a la extensión pero suele abarcar
todos los bienes que una persona o una familia poseía; algunas veces la documentación
detalla qué bienes concretos formaban esta heredad (42). El mayor número de compra-
ventas que hace el Temple en esta Encomienda es de piezas de tierra, término que
como ya hemos señalado con anterioridad es también muy vago (43). Solamente en
unas cuantas ocasiones la documentación especifica la clase de tierra que era comprada
por la Orden, y en este caso las tierras estaban dedicadas al cultivo de la vid.
Debemos considerar que, aparte de la posesión de todos los territorios adyacentes
a la Encomienda, el Temple buscaba poseer el mayor número posible de campos y tierras
porque ellos los explotaban con fines agrícolas para solucionar el problema de la
manutención de la comunidad tanto de frailes como de donados, a la vez que le repor-
taba unos beneficios con los cuales contribuían a los gastos del sostenimiento de la
Milicia en Oriente y Occidente.
En contadas ocasiones los documentos nos dan la extensión de la propiedad
comprada y viene medida por cahizadas de trigo («Sunt illas pezas... et tenent semi-
natura I kaficada de tritici») (44). Generalmente en los documentos se dan los límites
de estos campos y las casas vecinas a la que era vendida. Los precios varían según
la naturaleza del bien adquirido y son expresados en sueldos tudelanos, en sueldos
jaqueses, en morabetinos ayares, lopinos o merchantes, en cahíces o arrobas de trigo,
cebada o mijo e incluso de animales dados como pago de la compra o el precio de éstos
No conocemos de una manera detallada el valor de un cahiz de trigo a lo largo del
siglo XII aunque sí conocemos por un documento que en 1158 el precio de un cahiz
de trigo era equivalente a cinco sueldos, lo cual nos puede servir para conocer
aproximadamente el valor de una heredad o de una casa cuando era pagada con
esta moneda (45).
Aunque no conocemos ningún caso en que lo comprado por los frailes de Novillas
sea cabezas de ganado, pensamos que estas compras debieron existir pues la ganadería
era un complemento necesario para las labores agrícolas. Sabemos que la Encomienda
contó con cierto número de caballos y otros animales, pues en algunas ocasiones
el precio pagado en una compra fue el de un caballo, o el de una yegua y un
potro (46). Además el códice registró alguna donación de animales como, por ejemplo,
un caballo y ciento quince cabezas de ganado entre ovejas y cabras.
1141 - 1150 = 22
1151 - 1160 = 40
1161 - 1170 = 22
1171 - 1180 = 17
1181 - 1190 = -
1191 - 1200 = -
Total 101
-121-
MAPA - B -
| Lona] ; Principales Encomienda* del Temple en Aragdn.
Zaidin : Dependencias de estas Encomiendas del Ternple..
Libros : Localidades donde «n alguna ocasión Wubo Comendador.
-122-
1151 y 1170. Creemos que la causa puede radicar en la necesidad de invertir
los ingresos procedentes de las donaciones que entre 1141 y 1160 habían sido
numerosísimas. El Convento de Novillas no podía dejar inmóvil el dinero que recibía de
donaciones y de las cantidades anuales otorgadas por los cofrades puesto que tenía
que sufragar los gastos de la Encomienda, los gastos militares de las campañas
contra los musulmanes y contribuir al mantenimiento de la casa central de Jerusalén.
Esta necesidad de inversión se encaminó a la adquisición de casas y tierras en los
territorios circundantes de Novillas. Donde mayor número de casas fueron compradas
fue en la localidad de Novillas, mientras que heredades y piezas de tierra fueron
compradas principalmente en Razazol, Cabanas, Navas, Velilla... Desde 1161 las compras
reseñadas en el Códice 691 se restringen a Novillas, Razazol y Cabanas, es decir, en la
casa central de la Encomienda y sus dos dependencias puesto que es en estos años
cuando se disgregan varias localidades formando nuevas encomiendas cuyas compras
se registran en otros códices. El número de estos negocios fue disminuyendo para
llegar a una total ausencia en los últimos años del siglo XII. La Casa de Novillas
tenía todo el territorio que le rodeaba sometido a su influencia, a partir de ahora serán
las nuevas encomiendas las que realizan las compras en sus territorios circundantes. La
Encomienda de Novillas resolverá el problema de la explotación de los bienes que
disfrutaba y la rentabilidad de los mismos con un nuevo sistema: los censos o treudos.
A continuación detallamos las compras que efectuaron los frailes en las distintas
localidades junto con los precios que pagaron por lo adquirido.
IV.3.a Motivos:
Otro de los sistemas que utilizó la Orden del Temple para concentrar sus pro-
piedades fue el de cambio o permuta. Hemos de recordar lo que anteriormente ya
hemos comentado en el apando de las donaciones: las entregas que la Encomienda
de Novillas recibió se hicieron en una amplia zona (48); y por la necesidad de orga-
nización y administración de estos bienes, la Orden intentó desprenderse de los bienes
más alejados y los que no les interesaban por no ser rentable su explotación. Para
ello utilizó el sistema del cambio de estos bienes por otros ubicados en zonas en las
que estaban más interesados.
-123-
IV.3.b Clases de bienes:
Contamos con más de veinte documentos que nos refieren las permutas realizadas
por la Orden del Temple en Novillas, Cabanas y Razazol. El bloque más numeroso
está constituido por los documentos que contienen los cambios de casas y casales
en Novillas. Sabemos que los frailes intentaban hacerse con las casas dentro de Novillas,
y en algunos casos los documentos especifican dónde estaban las casas que los tem-
plarios habían conseguido. A cambio de éstas, los frailes solían dar otras, aunque en
algunos casos entregaban otros bienes.
En otras ocasiones los cambios eran de piezas de tierra y tampoco en este caso
nos suelen dar los documentos las dimensiones de estas piezas. A veces una pieza
de tierra era cambiada por una era o por una casa. Conocemos también permutas de
viñas, y de heredades e incluso el cambio de la parte que la Orden tenía en un
molino por una pieza de tierra.
1141 - 1150 = 17
1151 - 1160 = 10
1161 - 1170 = 3
1171 - 1180 = -
1181 - 1190 = -
1191 - 1200 = -
30
Como vemos de las treinta permutas contenidas en el códice 691, la mayor parte
fueron realizadas en los primeros veinte años de la constitución de la Encomienda puesto
que son estos años los definitivos para la formación del dominio regido por la Casa de
Novillas. Una vez constituido éste, esta forma de adquisición por cambios fue utilizándose
cada vez menos hasta incluso desaparecer.
100
91 91
/ ' ' •
Cambios
''/V/'/
• *' s
75
140."
-7T-
50
41
52
41
30
25 17
10 16
£5; 2 2
i
(1) Incluimos en el gráfico los documentos que no ha sido posible datar y que
ascienden a 30, colocándolos al final de la época estudiada.
-124-
V. EXPLOTACIÓN DE LA PROPIEDAD
Una vez constituido el dorrtiñio de la Encomienda, los frailes tuvieron que plantearse
el problema de cómo explotarlo, de tal manera que pudieran obtener el mejor provecho
posible a tantos y tan variados bienes recibidos y adquiridos en una amplia zona. Para
ello utilizaron dos sistemas distintos: 1) La explotación por contratos censuales: sistema
que empieza a utilizarse alrededor de la segunda mitad del siglo XII y que consiste
en la entrega de unos bienes, principalmente casas y piezas de tierra, a cambio de una
cuota anual. Los frailes dispusieron de una gran extensión de tierra para el cultivo
de cereal, parte de la 'cual se la reservaron para su control directo, pero al ser
esta zona de buen rendimiento y al autoabastecerse en trigo y cebada, principalmente,
buscaron un nuevo sistema que les proporcionará otro tipo de beneficio. 2) La explo-
tación directa de la propiedad: En el capitulo en que hemos tratado la formación del
dominio de la Encomienda mencionamos ya las clases de bienes que recibían, compraban
o cambiaban los frailes de Novillas. En este apartado vamos a intentar conocer el
aprovechamiento que obtuvieron los frailes de sus restantes posesiones pues donde
existió una encomienda ésta fue el centro de una organización y explotación rural.
Especialmente los frailes se reservan las viñas, huertas, pastos y otros productos que
complementaban su economía; este sistema empezó a utilizarse desde el momento en
que los frailes se hicieron con unas cuantas posesiones por un medio u otro. Este
sistema de autoabastecimiento contribuyó a reducir los gastos que ocasionarían las com-
pras de los productos necesarios para su subsistencia.
La finalidad de estos dos sistemas es una sola: poner en producción la mayor exten-
sión posible de tierras y no dejar yermo ningún terreno que pudiera tener un aprovecha-
miento agrícola o ganadero. Dentro de esta explotación habrá una diversificación en zonas
y cultivos para conseguir una variedad de productos que completarán todas las necesidades
e incluso que permitirán una venta de estos productos en los mercados cercanos, un
intercambio con otras encomiendas templarias y unas rentas en metálico que servirán
para realizar más compras y por tanto ampliar el dominio.
-125-
las fórmulas típicas de este tipo de documentos, no aparecen en él. Esto nos lleva a
pensar que la Casa de Novillas aún no utilizaba regularmente este sistema. Al año
siguiente el Maestro de Novillas, Rigald Viger, dona a Fortún Aznar y a su mujer
Sancha la sexta parte de un baño en el barrio de San Nicolás con un censo de tres
sueldos de Zaragoza (2), aunque igual que en el documento anterior no están las fórmulas
típicas de los treudos.
En 1151 encontramos el primer censo otorgado por los frailes en la localidad de
Novillas. El Maestro de Novillas dio al escriba Bernardo una heredad, libre e ingenua,
para que hiciera con ella su voluntad; por su parte Bernardo se comprometía a pagar
una cantidad anual, a escribir cinco semanas para los frailes, y a entregar una tercera
parte de sus posesiones al morir. Si vendía la heredad concedida, la Orden recibiría la
cuarta parte del precio pagado. Aunque en este documento tampoco aparece el término
«censo», encontramos ya que el destinatario podía vender lo recibido, lo cual consti-
tuye uno de los elementos de los treudos. Tras esta concesión observamos un parén-
tesis de seis años en los cuales no se redacta ningún documento de este tipo para
Novillas, Cabanas, Razazol y sus términos. A partir de 1157 el sistema se generaliza
y pasan de cuarenta el número de entregas con censo que hemos estudiado.
Este momento coincide con una disminución del número de frailes en la Casa de
Novillas que se produce en la segunda mitad de siglo; algunos de los que marchan de la
Encomienda los encontramos haciéndose cargo de bienes en otras ciudades de Aragón
en el mismo año de su partida; éste es el caso de Raimundo de Castellnou a quien
encontramos en Novillas entre julio de 1147 y 1161 (4), y en este mismo año empieza
a hacerse cargo de los bienes de Huesca. Quizá esta disminución de frailes en
la Encomienda, que coincide con el nacimiento de otras nuevas, ocasionara problemas en
la administración del dominio, por lo cual los restantes frailes decidieran entregar parte
de estas tierras a treudo por ser excesivamente grande el dominio y por consiguiente con
una administración cada vez más complicada que ahora recaía sobre un número menor
de frailes.
Las propiedades entregadas a cambio del pago de un censo anual solían ser casas
y casales y tierras; en algunas ocasiones entregaron heredades, compuestas, por ejemplo,
por un solar, un huerto, dos cahizadas de tierra y una pieza; un soto; un «ramello»
o zona de arbustos; varios quiñones, etc. y aunque no hemos encontrado con respecto
a la Encomienda de Novillas la entrega de molinos, hornos y tiendas a treudo, sabemos
que en ocasiones se hizo (5).
El censo variaba según el bien entregado; así, por ejemplo, el pago que debía
abonarse anualmente por una casa recibida de la Orden, solía pagarse en metálico,
mientras que, cuando la concesión era de tierras y heredades el pago se hacía en
especie: unas veces el quinto de los frutos, otras la décima parte, etc., según la
calidad de las tierras. Por supuesto la cantidad a satisfacer también variaba según la
extensión de la pieza de tierra, aunque al igual que en las donaciones, compraventas
y cambios, la documentación no nos ofrece muchos detalles; quizá estos censos pudieran
estar también en relación con la persona concreta que recibía un contrato a censo, en
efecto conocemos el caso concreto de Aparicio que estaba exento, excepto del pago de
diezmos y primicias (6).
En los documentos estudiados el término utilizado es el de «censo» como canon
anual que debían pagar todos aquellos que disfrutaban un bien de la Orden. Más tarde
la misma documentación de la Orden utilizó el término de «treudo» pero en el mismo
sentido, por eso utilizamos los dos términos indistintamente.
Como ya hemos mencionado el censo se pagaba anualmente, en una o dos veces.
Las fechas en que se abonaban solían coincidir con fiestas religiosas, tales como Año Nuevo
San Miguel o Todos Santos. Si el censo era por el disfrute de una casa los documentos
de la Encomienda especifican casi siempre que debía pagarse en enero, y cuando lo cedido
era una pieza de tierra no suele concretarse la fecha exacta pues dependía del producto
-126-
sembrado y de su recolección, puesto que, en este caso, el pago del censo solfa
hacerse en especie. Seguramente debió haber un plazo o prórroga de varios días
para el abono del treudo; en el caso de que no fuera pagado, la Orden tenia derecho
a recobrar lo entregado a treudo.
Con la concesión de estas propiedades a cambio del pago de un canon sucedía igual
que con las compraventas, en el sentido de que al disponer de bienes de la Orden,
el comendador debía contar con la aprobación de los demás miembros de la Casa, por
eso junto a su nombre aparecen los de varios frailes o bien la expresión «con el
consejo de los otros frailes». En los casos de pago del censo en especie, es decir,
cuando los frailes entregaban una pieza de tierra a cambio de una parte proporcional
de la cosecha, que variaba desde la mitad de los frutos hasta la undécima parte, solía
estar presente en la recolección un delegado de la Encomienda para evitar los posibles
fraudes en el pago (7).
Una vez que los frailes cedían sus bienes por el sistema de censos quien lo
recibía podía hacer con él su voluntad, incluso vender lo entregado («et habeat et
possideat et faciat propriam suam voluntatem, daré, venderé»). Las únicas condiciones
expresadas eran que no podían vender a determinadas personas, como veremos más
adelante, ni dividir la heredad o la pieza de tierra si la vendían; en este caso el nuevo
propietario debía pagar el correspondiente censo a los frailes, y, en ocasiones, con el
cambio de dueño la Orden actualizaba la cantidad a pagar. De todas maneras la Orden
tenía prioridad para recuperar la casa o la pieza entregada.
Este sistema de censos no fue exclusivo de la Orden del Temple, al contrario, fue
un sistema que también utilizaron las restantes Ordenes Militares, y los grandes terra-
tenientes qué no podían poner en cultivo todas sus propiedades. Fue beneficioso para las
dos partes, por un lado el que recibía estos bienes «atreudados» entraba a formar parte,
en cierto modo, de la poderosa organización del Temple y, por tanto, pasaba á ser prote-
gido por ella; incluso, en ocasiones, se dio el caso de personas que vendieron primero
sus propiedades para después recibirlas a treudo. También el Temple resultó beneficiado
puesto que así ponían en cultivo tierras que de otro modo hubieran quedaro yermas,
a la vez que con este sistema obtenían unas rentas anuales y unos productos que
necesitaban para su consumo.
-127-
heredad con la condición de que entregase la cuarta parte del dinero cobrado a los
frailes (9). La única explicación de esta entrega puede estar en que el destinatario, el
escriba Bernardo, pertenecía a la cofradía de Novillas.
No conocemos los criterios exactos utilizados por la Encomienda para fijar los censos
puesto que podían basarse en la calidad de lo entregado, en las dimensiones e
incluso en las posibilidades económicas del tributador, aunque nos inclinamos por
cualquiera de los dos primeros ya que en el caso de que el valor del censo se fijara
atendiendo al poder adquisitivo de una determinada persona, si ésta vendía lo cedido,
el nuevo comprador debía seguir abonando el mismo censo aunque su categoría
económica fuera menor, por lo que le crearía ciertas dificultades que no contribuirían
a la llegada de nuevos colonos.
-128-
puesto que pagaban los mismos impuestos. Las capitulaciones de Zaragoza y Tudela
especifican que la población musulmana podía continuar en sus casas durante un año
y después pasar a los barrios extramuros; probablemente estos mismos acuerdos se
aplicaron a las villas del territorio de Novillas, e incluso, en estas pequeñas poblaciones
casi con seguridad que no se les obligaría a salir de la villa; en efecto, en un documento
de 1164, al dar las afrontaciones de una casa que los frailes entregan a censo se cita que
ésta limita con las casas de los moros y en Razazol se habla de una mezquita (13). Sin
embargo el documento 441 habla de la expulsión de los musulmanes de la villa de
Novillas, pensamos que el término «expulsión» quiere decir en este caso sustitución
del poder político musulmán por el nuevo poder cristiano.
Aunque en el valle del Ebro la población musulmana constituyó un importantísimo
elemento, en las comunidades de Novillas, Razazol y Cabanas no debió tener un
peso específico determinante puesto que los nombres árabes no son muy abundantes en
los documentos estudiados; hay que tener en cuenta que, a partir de la expedición rea-
lizada por Alfonso I a Andalucía, la población cristiana de estos términos aumentó;
en efecto, sabemos que una parte de los mozárabes que trajo consigo el Batallador se
estableció en Mallén, localidad a sólo seis kilómetros de Novillas. Según Lacarra
el establecimiento de esta nueva población cristiana en estos territorios empeoró la
situación de los pobladores musulmanes (14) aunque no por esto emigrarían totalmente.
Los frailes de Novillas, dueños de un importante número de heredades y piezas
de tierra, así como de casas en el interior del castillo de Novillas, necesitan poner en
explotación las tierras recibidas y unos de los sistemas que empleó fue el contrato a
treudo. La Orden tenía que ofrecer unas buenas condiciones de tenencia, con lo cual
conseguiría frenar la emigración de cristianos a zonas reconquistadas más al sur donde
se les ofrecían buenas posibilidades. Los tenentes de tierras del Temple estuvieron
exentos en ocasiones de realizar trabajos y servicios laborales, o se les imponía unas
rentas bajas, e incluso en las cartas de población como la otorgada a Novillas se
especifica que los colonos no tenían que pagar, como ya hemos dicho anteriormente,
otros tributos que los diezmos y primicias a la Iglesia (15). Estos intentos de colo-
nización debían ser anunciados y el sistema que los templarios utilizaron fue el de las
cartas de población, en las que se especificaban las condiciones, derechos y deberes
de los colonos de estos territorios y de los que se establecieran más adelante. La
carta puebla de Novillas explica cómo fue la Orden quien llevó la tarea de colonizar estos
territorios.
-129-
V.1.e Las entregas a treudo como sistema de adquisión de rentas
Con la entrega de determinados bienes a los colonos de los señoríos del Temple,
las encomiendas recogían cantidades variables de dinero que servían a su vez para ser
invertidas en nuevas compras y en sufragar los costos de mantenimiento de los conventos
e iglesias templarías.
Generalmente si la Orden entregaba casas y casales solía cobrar el censo anual en
metálico; la cantidad variaba y al no conocer las dimensiones de estas casas, ni el número
de habitaciones no podemos saber el criterio que siguieron los frailes al fijar el censo
pagadero por el disfrute de estas casas. Con todo, la cantidad que más hemos encon-
trado cuando se había cedido una casa o un casal suele oscilar entre dos y tres
sueldos (17).
En las entregas de tierra la Orden solía pedir el pago de especie, bien por el
sistema de rentas fijas o por el de rentas proporcionales. Si la renta era fija consistía en
una determinada cantidad de dinero o de trigo y cebada. La Casa de Novillas parece
que prefirió el sistema de rentas proporcionales que variaban desde el pago de la
mitad de los frutos recogidos hasta la undécima parte. En el primero de estos casos,
si la Orden exigía la mitad de lo obtenido debía proporcionar la mitad de la simiente
o agua para regar la tierra. La proporción más habitual fue la quinta y la undécima
parte.
Pero estos sistemas tenían sus ventajas e inconvenientes. En el caso de los pagos
con una determinada suma de dinero la mayor desventaja estribaba en la disminución
del valor de éste con las subidas de precios. Este problema no se daba con el sistema
de rentas proporcionales o con el de rentas fijas en especie. Los años en que se daba
una buena cosecha la Orden recogía una mayor cantidad de productos si utilizaba la renta
proporcional; pero si, por el contrario, la cosecha no había sido abundante las enco-
miendas recogían muy poco con este sistema.
Cada encomienda utilizaba el método que más conviniera a sus intereses, y aunque
no podemos establecer una regla fija si puede verse la tendencia a cobrar las rentas en
metálico en las grandes ciudades puesto que para los pobladores urbanos era más fácil
pagar con dinero que en especie, y por el contrario para la población rural que
trabajaba sus campos, el sistema más fácil era el pago proporcional de los frutos
recogidos. Como además el Temple debía inspeccionar que el censo abonado era el
correcto, se tendía a cobrar las rentas en dinero, aunque lo cedido fueran tierras,
sobre los bienes más alejados del centro de la Encomienda (18) para así evitar el despla-
zamiento de los frailes para la supervisión de la cosecha, a la vez que se suprimía
el gasto del transporte de los productos recogidos.
Anteriormente hemos dicho que una de las condiciones que se repiten constante-
mente en los documentos, es la prohibición de vender los bienes entregados a treudo
a determinadas personas, éstas son «clérigos et milites», es decir caballeros, infanzones,
órdenes religiosas, etc. La razón de esta prohibición estriba en que estas personas
estaban exentas de pagar tributaciones territoriales y por lo tanto no era rentable a la
Orden. Esta prohibición no fue exclusiva de la Casa de Novillas, al contrario, un
documento de los estudiados nos dice que era costumbre de la Orden del Temple
el hacerlo así (19).
La documentación no nos suele explicar cuál era el destino de las tierras que, por un
medio u otro pertenecían a los frailes de Novillas, pero pensamos que principalmente
-130-
estarían dedicadas al cultivo de cereales ya que eran esenciales para la alimentación. Para
esta afirmación nos basamos en: a) los pagos que en ocasiones realizó la Encomienda
por sus compras fueron en cahíces y arrobas de trigo, cebada y mijo, por tanto los frailes
tenían que obtener éstos por la administración o explotación directa de sus tierras o por
las cantidades en especie que entregaban anualmente quienes disfrutaban las tierras a
censo; b) los estudio realizados sobre la comarca de Borja, como el de García Manrique,
afirman que en el ciclo agrícola tradicional, que pervivió hasta el siglo XIX en la ribera
del Huecha, fue fundamental el cultivo del cereal en el secular ciclo cuatrienal de cáñamo-
trigo-lino-trigo o cebada (20). Igualmente Ignacio de Asso (21) detalla la producción de
cereal en el área dominada por Novillas; c) por lo menos en una ocasión un documento
especifica que lo donado a los frailes eran dos «sernas», término que se aplicaba a una
tierra sembrada de cereales (22).
Generalmente los documentos utilizan los términos de «campo», «pezas» y «térras»,
y en numerosas ocasiones se habla de compras, cambios o donaciones de «heredades»
que cuando se detallan comprenden siempre una cierta extensión de tierra. La mayoría
de estos documentos no nos dan las dimensiones de estas tierras y por tanto no podemos
calcular el aprovechamiento que los frailes obtenían de ellas. Estos cereales servirían para
la alimentación de los frailes, donados y criados de la Encomienda, y también para
abastecer a otras encomiendas que carecieran de estos productos, bien porque no se
dieran en sus tierra, bien porque hubieran tenido una mala cosecha.
Las localidades donde mayor número de tierras explotaron los frailes, tales como
Novillas, Cabanas, Borja, Bisimbre, Agón, etc., son tierras aluviales con un gran rendi-
miento; constituyen la zona de huerta del Huecha que se cultivaba sin interrupción año
tras año, esto nos lleva a pensar que la Encomienda de Novillas no sería, en absoluto,
deficitaria en su producción cerealística, aunque los documentos no nos ofrezcan ningún
dato sobre el rendimiento de las semillas, utillaje, empleo de estiércol, etc..
-131-
quisieran. Estos documentos nos demuestran cómo la Encomienda intentó conservar la
explotación directa de sus viñas, pues en ambos casos las condiciones que ofrecían no
fueron tan beneficiosas para el cultivador como en otros contratos de censos, por tanto,
los cultivadores no estarían interesados en estas tierras que tan pocas ventajas les ofre-
cían. Además el cultivo del viñedo exigía un trabajo realizado con azadas y layas, y una
mano de obra numerosa que los pequeños cultivadores no podían mantener, por lo que
los frailes explotarían directamente estas tierras con sus siervos en vez de entregarlas
a censo.
El destino de esta producción seria el mismo que el del cereal: abastecer a la
Encomienda; posiblemente el sobrante se llevaría a otras casas o se comercializaría.
Aparte de lo que producían las viñas, los frailes obtuvieron vino de otras procedencias,
por ejemplo, de las donaciones. Conocemos incluso la donación de una tina y de una
cuba con una capacidad de treinta metros entre las dos, recipientes que servirían para
conservar parte del vino que poseía la Encomienda.
Cuando el bien de donación o compra es una heredad encontramos con que ésta
comprende sotos, hierbas, leñas y madera, etc. y sin embargo, los frailes no suelen
entregar esto a censo, ¿por qué? probablemente porque su explotación fue llevada direc-
tamente por los frailes que de esta manera podrían completar su alimentación con el
ganado que se alimentaba en estos pastos y con los productos que obtenían de los bos-
ques. Sólo en contadas ocasiones encontramos a los frailes entregando un «soto» a
censo para que los pobladores lo roturen y preparen los campos para la siembra (28). Hay
que tener en cuenta que a veces las comunidades religiosas dejaban utilizar sus espacios
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de bosques y pastos a cambio del pago de una cantidad de dinero; en épocas de insu-
ficiencia de cereal se roturaban estas zonas.
Los prados y pastos servirían, pues, para alimentar la cabana de la Encomienda.
No conocemos qué número de cabezas de ganado vacuno, porcino, ovino o equino for-
maban esta cabana. Todas las adquisiciones de este tipo fueron por donación; no
tenemos documentada ninguna compra de animales y la clase de ganado que reciben
es: bueyes, cerdos, gallinas, muías, caballos, ovejas y cabras. Parte de estos animales
pastarían en los prados y pastos, y en la zona de «monte», es decir, la que no se riega.
Tendrían también animales domésticos que completarían la dieta alimenticia, pues conoce-
mos la compra de corrales en Novillas que servirían para guardar estos animales (29).
El ganado proporcionaba carne, lana, abono para la agricultura... Del bosque los frailes
sacaban productos tales como leña y madera que seria utilizada para los hornos, carbón,
ceniza, material para la construcción...
La única mención de nuestra documentación sobre las técnicas agrícolas es una dona-
ción de una yunta de bueyes que se empleaba para arar los campos. Tradicionalmente
la comarca de Borja ha utilizado un utillaje formado por el arado romano con punta de
hierro, la azada, el azadón, la ligana, el escopleño y las layas, aunque los documentos
nada dicen de su uso en la- Encomienda. Para el abono de los campos los frailes emplea-
rían las deyecciones de los animales y tal vez el sistema de quema de ramas, hierbas
y rastrojos.
Todas estas tierras de cereal, viñas, huertas y las restantes propiedades que la Orden
no cedió para su explotación tuvieron que ser cultivadas por los frailes, seguramente a
través de los donados, que constituyeron una buena fuente de mano de obra, tempo-
reros y cultivadores asalariados, colonos y siervos.
Los documentos hablan de collazos, exaricos y siervos (31) aunque nada nos dicen
de su condición social ni jurídica. Sólo en una ocasión los frailes de Novillas otorgaron
una carta de ingenuidad por la cual hicieron francos y libres a tres hombres, igualándolos
a los vecinos de Novillas, a cambio debían abonar cada uno de ellos tres sueldos, es
decir, pagan una especie de rescate (32). Podemos afirmar que además de cultivar sus
tierras contribuirían con sus prestaciones a la explotación de las posesiones de la Enco-
mienda de Novillas.
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VI. LA ENCOMIENDA DE NOVILLAS: UN SEÑOR/O ECLESIÁSTICO
Conocemos ya la formación del dominio y sus etapas sucesivas; los cauces jurí-
dicos a través de los cuales la Encomienda empezó a desarrollarse, es decir, las
donaciones, compraventas y permutas; la forma de explotación de los bienes adquiridos
por estos medios y la clase de bienes que lo componían, ahora debemos intentar
conocer otros aspectos de la Encomienda, tales como las relaciones entre los frailes
del Temple y los pobladores de algunas localidades, los poderes judiciales y militares,
o los ingresos y gastos.
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1128 (3). Esta indicación del pago del quinto del botín en la carta puebla de Novillas
nos pone en relación con la ayuda que esta Encomienda aportaba en las tareas recon-
quistadoras, aunque nada conocemos sobre el número de caballeros que podían salir
de Novillas para luchar contra los musulmanes, ni todas las campañas en que parti-
ciparon, con todo si conocemos alguna; así, por ejemplo, encontramos al Maestro de
Novillas, Rigald Viger, participando en el sitio de Tortosa (4).
¿Cuándo se fijaron las relaciones entre los frailes y los pobladores de esta
zona? Pensamos que tuvo que ser en los primeros momentos tras el establecimiento
de los Templarios en Novillas. El documento a que nos hemos referido en varias
ocasiones, número 441 del códice 691, no es más que una confirmación de mitad del
siglo XII de un documento anterior. En realidad la carta puebla debió concederse
anteriormente pues, Garner, el fraile que llevó a cabo la labor de repoblación y reparto
de tierras, es mencionado en otro documento de 1135 (5) pero no volvemos a encon-
trarlo en los numerosos documentos que tenemos en los primeros años de la Enco-
mienda. Por tanto es posible que esta fraile estuviera en Novillas en los últimos
años de la década de 1130, cuando Rigald Viger era ya Maestro de Novillas y se
emprendió la tarea de repoblar esta localidad. Otra mención de este mismo fraile la
encontramos en el cambio que la Orden del Temple y la del Hospital efectuaron
con las villas de Novillas y Mallén. Estas dos localidades fueron entregadas conjuntamente
a estas dos Ordenes Militares pero, más adelante, la Orden de San Juan de Jerusalén
renunció a su parte en Novillas y la Orden del Temple hizo lo propio con su
parte en Mallén, con lo cual el Temple pasó a disponer enteramente de este
lugar (6). El documento lo conocemos por una confirmación que se efectuó en
el sitio de Tortosa pero el cambio debió tener lugar con anterioridad, primero por
la mención de este fraile, y segundo porque en ningún caso aparece la Orden del
Hospital actuando en Novillas, por ejemplo, en los documentos dados por los obispos
de Zaragoza en los que, en caso de no haber realizado la permuta, tendrían que haber
sido mencionados. Por tanto este cambio debió darse en la misma época que la carta
puebla, incluso quizá un poco antes. La Orden del Temple una vez que dispusiera
totalmente de la villa de Novillas se decidiría a emprender la tarea de repoblación por
su cuenta, entregando casas y tierras a todos aquellos que estuvieran establecidos
o a los que más adelante decidieran asentarse aquí.
Varios tipos de dependencia encontramos entre los frailes y los habitantes de esta'
Encomienda; por una parte los donados que se acogían a la protección del Temple
tenían una dependencia meramente personal, por otra los que disfrutaban de una tierra
concedida por los frailes cuya dependencia se basaba entonces en las tierras que cultivaba
y una tercera clase que estaba formada por los habitantes de lugares bajo el señorío
templario. Este vínculo entre los frailes y sus hombres se materializaba en el juramento de
fidelidad.
Tres son los elementos constitutivos de un señorío: la reserva, las tierras que el señor
cedía a los colonos para su explotación a cambio de una contrapartida, y el coto. Como
los dos primeros elementos han sido ya estudiados en el capítulo anterior, ahora vamos
a referirnos brevemente al tercero; el coto, donde estaba ubicada la residencia del señor;
la iglesia; los almacenes para los cereales y bodegas; el horno; molino; fragua, etc. En
nuestro caso la residencia de los frailes estaba en el interior del castillo.
Generalmente el uso de estos edificios como el horno o el molino eran monopolios
señoriales. Nuestros documentos sólo mencionan que ese horno o tal pajar, molino (7),
etc., pertenecían a los frailes aunque nada dicen de como explotaban estos monopolios.
Además de los ya citados solían ser derechos señoriales la venta del vino y el poder
exigir una parte del pescado recogido en la Encomienda, aspecto que no hemos tratado
pero que tuvo que ser un capítulo importante en la alimentación de los frailes. La Regla
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prohibe a sus miembros tomar carne más de tres veces por semana, por tanto la dieta
tenía que componerse de pescado y verduras los restantes días; los frailes aprovecharían
la riqueza piscícola que podían obtener de los importantes cursos de agua que regaban
la Encomienda como son el Ebro y el Huecha.
Como hemos dicho estos servicios de interés común para los habitantes de la Enco-
mienda eran explotados por los frailes que a su vez solían ser sus constructores.
Debían ser utilizados por todos los pobladores y como pagaban una cantidad, en
especie o en metálico, por el uso de estos monopolios señoriales, constituían una buena
fuente de ingresos para los frailes.
Para estudiar este apartado hemos de tener en cuenta que «en la Edad Media se
considera la administración de justicia no como una función que sólo puede y debe
ser ejercida por el poder público sino como un derecho útil y enajenable por el Estado
a los particulares» (8). Este es el caso de la Orden del Temple pues Ramón Be-
renguer IV concedió que nadie pudiera juzgar a los hombres del Temple en determinados
asuntos y que la misma Orden juzgara a sus hombres (9). En numerosas ocasiones las
concesiones que el conde catalán hizo sobre castillos y localidades eran con todas
las jurisdicciones sin que los habitantes de estos señoríos pudieran recurrir ni al conde
ni a su tribunal de justicia; esta afirmación la tenemos documentada en 1145 cuando en
un documento se mencionan los lugares dados por Ramón Berenguer IV a la Orden
dos años antes (10).
Casi con toda seguridad las distintas encomiendas tuvieron sus propios tribunales
para juzgar la mayoría de los delitos que se dieran en sus demarcaciones. Algunos casos
concretos como, por ejemplo, la ruptura de «pax et treuga» estuvieron reservados a los
oficiales reales en las encomiendas templarías. Sin embargo, el método más común
para arreglar sus problemas fue el arbitraje en el que los frailes se sometían a tribunales
laicos. Cuando Pedro Guillem de Lalacuna demandó a los frailes una heredad en Riba-
forada, éstos fueron a juicio en Tudela y se sometieron al tribunal del alcalde
local (11).
Generalmente las disputas documentadas en nuestro códice entre los frailes y los
vecinos de la Encomienda se refieran a la posesión de bienes como casas, viñas,
heredades, etc. Algunas veces, cuando un particular hacía alguna reclamación, éste
llegaba a un acuerdo con los frailes en el que éstos cedían lo reclamado para que fuera
disfrutado por quien reclamaba a cambio de que lo donara a su muerte. Otras veces
el arreglo entre las dos partes era monetario; los frailes abonaban una cantidad de
dinero a cambio de que renunciara a su reclamación. En una ocasión los frailes
entregaron un potro con el mismo fin. Estas cantidades que los frailes entregaron
fueron cuantiosas y van desde cien sueldos a veinte morabetinos, o ese potro que
entregan lo cual es importante porque la tónica de los frailes era la de reservarse
los animales. Otros documentos no especifican cómo fue arreglada la reclamación.
Casi todos estos acuerdos eran hechos por el Maestro de Novillas y los frailes
de la Encomienda.
El documento más interesante respecto a la aplicación de justicia es un acuerdo entre
los frailes de la Encomienda, algunos hombres importantes de esa comarca y los
vecinos de Novillas respecto a la prueba que debía realizar el vecino que fuera acusado
de hurto (12) quien tomaría el hierro caliente y si esta prueba le era desfavorable
debía pagar una calonia o multa. Por la carta de población sabemos que si lo robado
ascendía a diez sueldos el acusado al que se comprobara el delito sería arrojado
desde una torre.
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VI.4 Servicios militares
La Orden del Temple tuvo una finalidad esencialmente militar que los reyes arago-
neses intentaron aprovechar en beneficio de su labor reconquistadora. Como ya hemos
visto la Orden tomó parte en las más importantes empresas militares y a cambio
de su participación les fueron concedidas distintas exenciones y derechos sobre los ser-
vicios militares. Una de las más importantes concesiones que tuvo el Temple consistió
en no pagar al rey la quinta parte del botín de guerra, pero no fue esta la única.
Aunque no tenemos documentado para la Encomienda de Novillas ninguna exención
de servicio militar sabemos que en otras encomiendas la Orden las tuvo, por ejemplo,
en 1182 Alfonso II prometió no solicitar hueste ni cabalgada de los habitantes de
Aseó y Tortosa.
Por una confirmación de los privilegios del Temple que Pedro II hizo, conocemos
que los habitantes de los señoríos francos de la Orden estaban exentos de hueste,
cabalgada, apellido y de cualquier pago que redimiera estos servicios a la Corona. Esto
no quiere decir que el Temple no participara en las campañas militares, al contrario,
a pesar de no tener la obligación de hacerlo la Orden estaría interesada por los impor-
tantes ingresos que obtendría con el quinto de lo tomado en estas campañas contra
los musulmanes; el hecho de que se les recuerde a los habitantes de Novillas que
«paguen fielmente el quinto a los frailes del Temple» nos hace pensar que, a pesar de estar
esta Encomienda alejada de las fronteras musulmanas, acudirían con los frailes a luchar en
estas empresas. También el rey García Ramírez de Navarra les hizo una concesión
parecida: durante dos años la mitad de lo que tomaran a los musulmanes sería para
los frailes y la décima parte del quinto real. Conocemos además las múltiples dona-
ciones de armas y caballos que los frailes de Novillas recibieron y que servirían
para pertrechar a los que participaban.
VI.5. Ingresos
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ingresos como las donaciones que, aunque importantes eran inciertos, mientras que por
este sistema de censos los ingresos tenían una periodicidad anual, y eran cuantiosos
generalmente si en ese año no habian ocurrido variaciones climatológicas u otros proble-
mas que hubieran afectado a las cosechas.
d) Aportaciones diversas: La Encomienda contó con unos ingresos de muy variada
procedencia. Los frailes percibían ciertas cantidades que provenían de las «calonias» que
se aplicaban a los vecinos de Novillas por determinados delitos. Igualmente obtenían
importantes ganancias de las campañas militares en las que tomaban parte pues en
la zona aragonesa de la Encomienda tenían derecho a reservarse el quinto del botín
y por otro lado García Ramírez les había concedido una décima parte del quinto del botín
debido al rey navarro, y la mitad de lo que lograsen en estas empresas contra los
musulmanes durante dos años.
En 1251, Jaime I confirmó el derecho que los frailes tenían sobre una balsa que
cruzaba el Ebro en Novillas (13). Pensamos que este privilegio pudo ser ya disfrutado
por los frailes durante el siglo XII puesto que este documento es sólo una confirmación.
La Encomienda tuvo bastantes posesiones al otro lado del Ebro, por tanto intentaría
hacerse, desde el primer momento, con un medio de transporte que a la vez que
facilitaba el acceso a estas posesiones, proporcionaría unas aportaciones en metálico
por su utilización por los vecinos de la Encomienda. Nada más sabemos de otros peajes
que pudieran ser cobrados por los frailes de la Encomienda de Novillas.
Otra fuente de ingresos sin contabilizar fue lo percibido por las limosnas recaudadas
en las iglesias parroquiales. Sabemos que los Templarios de la Casa de Novillas tuvieron
diversas iglesias dentro de sus límites, e incluso edificaron alguna nueva (14); en ellas
recogerían ciertas cantidades que contribuirían a sufragar los gastos de mantenimiento de
estas iglesias. Según R. Pernoud estaban autorizados a hacer una cuestación en cada una
de las iglesias de la Cristiandad occidental una vez al año (15). Con todo esta fuente
de ingresos ocasionó ciertos problemas a los Templarios como veremos más adelante.
Otros ingresos con los que contaba la Encomienda provenían del derecho de ente-
rramiento en los cementerios templarios ya que Eugenio III les había concedido que
pudieran construir cementerios (16).
Los préstamos constituyeron otro de los cauces de ingresos en las encomiendas
templarías. No contamos con ningún documento de este tipo en la Casa de Novillas,
aunque es casi seguro que se dieran, pero por esta falta de referencia no conocemos
el interés y las condiciones que la Orden imponía por las cantidades prestadas; otras
encomiendas si tienen registrados en su documentación estos préstamos.
e) Diezmos y primicias: Durante la Edad Media existió la costumbre de ofrecer
a la Iglesia los primeros frutos de la cosecha, en cantidad indeterminada que posterior-
mente quedó fijada en la décima parte de lo obtenido. Debían entregarlas todos los
habitantes en la Encomienda que utilizasen las iglesias del Temple, y continuamente los
frailes de Novillas exigieron los diezmos y primicias sobre las tierras entregadas
a censo (17).
Una de las exenciones papales más importantes, por su cuantía, de las conocidas al
Temple, fue la que se refería al pago de los diezmos. La primera referencia segura
que conocemos sobre esta exención está contenida en la bula «Omne Datum Optimum» de
Inocencio II que más tarde fue precisada por Anastasio IV. En 1149 el obispo de
Pamplona recordaba en un documento que la Orden tenía el derecho de no pagar
diezmos de las tierras que cultivaran ellos mismos (18). Este privilegio pronto ocasionó
un enfrentamiento entre los obispos y las encomiendas pues las diócesis reclamaron
basándose en que Alfonso I había concedido, tras la Reconquista del Valle medio
del Ebro, que las nuevas sedes tuvieran como dotación, entre otras cosas, los diezmos
y primicias de los frutos que debían pagar los cristianos a sus iglesias.
Por otra parte Alejandro III concedió a la Orden que en los lugares que conquistaran
a los musulmanes donde anteriormente no hubiera habido cristianos, podían construir
-138-
Fachada principal del antiguo Palauu üe ios huspitdianos.
-139-
iglesias, las cuales quedaban sujetas directamente a Roma, y por tanto los obispos no
tenían ningún derecho sobre ellas (19). También esta concesión creó problemas con los
obispados pues objetaron que en el caso de España, antes de los musulmanes, había
existido una organización cristiana y por tanto no se podía aplicar este privilegio
en nuestras tierras.
Finalmente debieron llegar a un acuerdo entre la Orden y las autoridades episcopales
pues las iglesias del Temple en Aragón estuvieron todas sujetas a los obispados y
en muchos casos fueron los mismos obispos quienes donaron iglesias a la Orden. La
Encomienda no pagó diezmos y primicias, en efecto, en 1157 el obispo de Zaragoza,
Pedro, renovó la donación a la Orden del Temple sobre las iglesias de Novillas, Boquiñeni
y Razazol con los diezmos y primicias (20). Probablemente cada encomienda regularía
su situación particular con su diócesis, reservándose los obispos ciertos derechos como,
por ejemplo, la cuarta episcopal, pero sobre este aspecto concreto del pago de diezmos
afirmamos que la Orden del Temple estuvo exenta, pues son numerosos los privilegios
papales que se dieron sobre el particular.
VI.6. Gastos
-140-
Vil. FIN DE LA ENCOMIENDA TEMPLARÍA DE NOVILLAS
¿Cómo la Orden del Temple, con el poderío que tenía en todos los reinos occiden-
tales y estando bajo la protección directa del Papado, pudo ser extinguida por una bula
papal tan inesperadamente?. Nadie podía imaginar el rápido fin de la Orden cuando
cuatro años antes de comenzar la persecución, Jaime II entregaba al Maestro de Aragón
y Cataluña sus joyas y atributos reales en calidad de depósito. La Orden seguía con sus
actividades normales en las distintas encomiendas, por ejemplo, en Zaragoza, como lo
atestiguan las casas y heredades entregadas a censo entre 1300 y 1307 (2).
-141-
Salvo una acusación de corrupción por parte del General de los Dominicos, Humberto
de Romanos, en 1277, ningún otro ataque había sido dirigido contra esta Institución
hasta que Felipe IV de Francia lanzó sus acusaciones contra los Templarios en 1307,
cuando mandó hacer prisioneros a todos los frailes de la Orden en sus estados; parece
ser que esta ¡dea ya estaba en su mente desde dos años antes. El rey francés pidió a
Clemente V que dictara el procesamiento contra la Orden. El Papa convocó al Gran
Maestro y a otras jerarquías templarías para que respondieran a las acusaciones de
herejía, idolatría e inmoralidad que habían sido vertidas contra ellos (3). En octubre de
1307, Felipe el Hermoso escribía a Jaime II informándole del proceso que contra el
Temple se iniciaba en Francia, a la vez que invitaba al rey aragonés a que hiciera lo
mismo. También en Navarra había empezado ya la persecución pues en esos momentos
gobernaba Luis I, hijo del rey francés.
Jaime II decidió no tomar ninguna medida contra los frailes mientras no fuera
requerido por la Iglesia para llevar a cabo esta medida en su reino. Finalmente el 3 de
diciembre de 1307 ordenó que fueran hechos prisioneros y que sus bienes fueran secues-
trados. La bula papal, «Pastoralis Preminentie», que ordenaba la prisión de los Templarios
y la retención de sus bienes fue redactada el 22 de noviembre de 1307 aunque no se
recibió en Aragón hasta enero de 1308, cuando el rey había tomado su decisión y
publicado un edicto en todos los pueblos pertenecientes a la Orden para que nadie
ayudase a los frailes, a la vez que les convocaba en Valencia para responder de los
cargos imputados.
En algunas zonas de la Corona de Aragón las órdenes del rey se llevaron a cabo
sin dificultades, pero en otras los Templarios, fortificados, ofrecieron resistencia. El sitio
de Cantavieja comenzó el 23 de enero de 1308, rindiéndose en el mes de agosto; el 16 de
mayo caía Alfambra y en los meses de octubre, noviembre y diciembre se rendían
Villel, Castellote y Miravete respectivamente. La encomienda de Monzón no se entregó
hasta el 24 de mayo de 1309 (4).
Mientras, Clemente V había nombrado a varios encargados para cada país con la
misión de investigar la conducta de los frailes conjuntamente con los obispos de estos
países. Las investigaciones debían ser expuestas en los concilios provinciales donde se
dictaría la sentencia individualmente. Los Templarios aragoneses fueron conducidos pri-
mero a Lérida y luego a Montblanch para ser juzgados. En los interrogatorios fueron
torturados por orden del Papa quien no estaba satisfecho de los informes que recibía de
los encargados destinados a Aragón. Los obispos de Lérida y Vich habían sido nombrados
sus jueces.
En octubre de 1311 había comenzado un concilio general en Vienne (Francia) cuyos
resultados fueron la extinción de la Orden por una bula expedida el 22 de marzo de 1312:
«...considerando lo más conveniente, expedito y útil al honor del Todopoderoso, a la
conservación y sostén de la fe cristiana... adoptar la Vía de provisión y ordenanza de la
Sede Apostólica suprimiendo dicha Orden... Nos suprimimos por una sanción irrefragable
y legítima perpetuamente, (no sin amargura y dolor en el corazón) la Orden de los
Templarios, su estado, su hábito y su nombre...» (5). Otros acuerdos del concilio fueron
la incorporación de los bienes del Temple al Hospital, excepto en Mallorca, Cataluña,
Aragón, Valencia, Rosellón, Castilla y Portugal, cuyo destino quedaba reservado a la
Santa Sede.
En Aragón los miembros de la Orden fueron absueltos en el concilio celebrado el
4 de noviembre de 1312. De este concilio salieron también varios acuerdos sobre la
alimentación, lugares de residencia y pensiones según las personas.
A partir de los acuerdos del concilio general comenzaron nuevas negociaciones
entre el Pontificado y los reyes de la Península Ibérica. Sobre las intenciones de Jaime II,
Zurita nos dice: «el rey no dio lugar a la unión que se quería hacer de las rentas y
bienes que tenían a la del Hospital de San Juan, y como estuviese suspendida la
determinación de lo que tocaba a los lugares y rentas que tenían en estos reinos que
-142-
habían sido de los templarios, pretendiendo el rey que se proveyese de manera que se
empleasen las rentas en los usos para que habían sido formados, y se hiciese guerra
a los moros...» (6). El rey aragonés intentaba engrosar el tesoro público con el patrimonio
de la Orden y resarcirse de los gastos que los asedios a las encomiendas le habían
ocasionado. Se oponía a que la Orden de San Juan de Jerusalen se hiciera con los
bienes anteriormente poseídos por el Temple porque temía que el poder de los Hospita-
larios se acrecentase demasiado. Por eso cuando se dio cuenta de que no podía hacerse
con las posesiones templarías se inclinó a favor del plan de asignar los bienes del Temple
a una nueva orden militar española que defendiera las fronteras del reino de Valencia y
las costas, de los moros granadinos y de los berberiscos.
El papa Juan XXII aceptó la propuesta y el 10 de junio de 1317 por la bula «Ad
fructus liberes» era creada la Orden de Santa María de Montesa, con la regla de Cala-
trava. A esta nueva institución se le asignaron todos los antiguos bienes del Temple en el
reino de Valencia, menos las encomiendas de Torrente y Valencia capital que junto con
«todos los otros lugares y bienes que la Orden del Temple tenía en los reinos y señoríos
del rey de Aragón, fueron unidos e incorporados en la orden y religión del Hospital de
San Juan de Jerusalen... Y así fue aquella orden de San Juan en Aragón y Cataluña
muy acrecentada y enriquecida» (7).
A fines de 1317 los bienes templarios de Aragón, Cataluña, Mallorca, Rosellón, y
las dos encomiendas valencianas no otorgadas a la Orden de Montesa, pasaron a ser
administrados por los Hospitalarios, en total cuarenta y una encomiendas templarías que
fueron sumadas a las veintiocho que formaban la Castellanía de Amposta, lo que hacía
difícil su administración. Por esta razón se tomó la decisión de dividir la Castellanía en
dos distritos cuya línea divisoria fue trazada siguiendo el río Ebro y Segre, a la altura
de la villa de Almacellas, subiendo hacia el Norte con el curso del Noguera Ribagorzana.
Al Gran Priorado de Cataluña quedaron incorporadas las encomiendas catalanas, excepto
dos, y las posesiones de Rosellón y Mallorca. A la Castellanía de Amposta le correspon-
dieron todas las encomiendas aragonesas (8), más Aseó y Orta que, aunque estaban en
territorio catalán, quedaban al sur del Ebro, y también las encomiendas valencianas de
Torrente y Valencia capital.
La relación de las encomiendas que formaron esta Castellanía de Amposta es la
siguiente: La Almunia de Doña Godina, Alfambra, Aliaga, Ambel, Amposta, Anón, Aseó,
Barbastro, Calatayud, Caspe, Castellote, Cantavieja, Castiliscar, Chalamera, Huesca, Encina-
corba, Mallén, Miravete, Mirambel, Monzón, Novillas, Orrios, Orta, Samper de Calanda,
Sigena, Torrente de Valencia, Torrente de Cinca, Ulldecona, Valencia, Villel, Villarluengo
y Zaragoza.
Este es el fin de la Encomienda templaría de Novillas cuya organización, formación,
crecimiento y crisis hemos estudiado a lo largo de estas páginas, especialmente durante
el siglo XII. A partir de ahora será la Orden de San Juan de Jerusalén quien administrará
sus posesiones hasta su desaparición (9).
-143-
NOTAS AL CAPITULO I
NOTAS AL CAPITULO II
1.— MIRET Y SANS, ¿es cases de Templers et Hospitalers en Catalunya, Barcelona, 1910,
p. 15. El documento lleva la siguiente data: «Facta carta donatíonis idus ianuarü in anno incarnatione
Domini C° XX o II o post M°». Forey también rechaza esta fecha ya que Geraldus de Nocura es
mencionado en otros documentos escritos entre 1134 y 1137: V. ALBON, Cartulaire..., p. 57,
doc. 73: p. 101, doc. 144; V. FOREY, The Templars in the Corona de Aragón. Londres, 1973, p. 13,
nota 46.
2—MIRET, ¿es cases..., p. 16. La donación se hace el 6 de las calendas de marzo del
año XVIII del rey Luis, sin especificar bajo qué rey Luis se hizo. Miret lo fecha el 24 de febrero
de 1126. Es el documento 325 del armario de Cervera, Archivo del Gran Priorado de Cataluña.
3—FOREY, The Templars..., p. 6-7; Forey al estudiar otro documento dado en Vallespirans
(doc. 374, armario de Cervera, Archivo del Gran Priorado de Cataluña), fechado en el año XVII de
Luis el Joven (1154), observa que los nombres de los testigos y del escriba son los mismos que
en el documento anterior, por tanto la donación de Pedro de Malany no será de 1126 sino de 1155.
4.—ZURITA, Anales de Aragón, ed. A. Canellas López, Institución Fernando el Católico,
C.S.I.C, Zaragoza, 1967, I., 51, p. 164.
5.—ZURITA, índices rerum ab Aragoniae regibus gestarum ab initiis regnia'd annum MCDX,
Zaragoza, 1578, p. 59.
6.—T. MUÑOZ Y ROMERO, Colección de fueros municipales y cartas pueblas de los reinos de
Castilla, León, Corona de Aragón y Navarra, Madrid, 1847, p. 503-504.
7.-V. Cód. 691, doc. 1 y 2.
8. —LACARRA, J. M.",Documentos para el estudio de la Reconquista y Repoblación del Valle
del Ebro (2.' serie) en «Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón», III, p. 548-549, doc. 150.
9. —Esta afirmación quedaría corroborada por las palabras de su hijo Ramón Berenguer IV,
que en 1143 afirmaba que su padre acabó gloriosamente sus días siendo caballero de la Milicia del
Temple: publ. ALBON, Cartulaire..., p. 204, doc. 314; CODOIN, IV, p. 93, doc. 43. Es frecuente
que los frailes solicitasen el hábito religioso en el curso de una grave enfermedad que pudiera po-
nerles en peligro de muerte. La recepción del hábito venía a considerarse como el signo de arrepen-
timiento cristiano en la hora de la muerte.
1 0 . - V . Cód. 691, doc. 38 y 426.
11.-LACARRA, Documentos... (2.' Serie) en «E. E. M. C. A.», III, p. 549-550, doc. 151.
12.-MIRET, ¿es cases..., p. 16 y 23-24; CODOIN, IV, p. 368, doc. 153.
13.-CODOIN, IV, p. 29,, doc. 11. El día 15 de abril de 1134 se reunieron con el conde de
Barcelona: Olaguer, arzobispo de Tarragona; Berenguer, obispo de Gerona; Ramón, obispo de Vich;
los condes de Ampurias y Urgel; Berenguer de Queralt; Ramón de Torroja y otros para determinar
las franquicias e inmunidades que tendría la Orden del Temple en Cataluña. En este mismo docu-
mento Ramón Berenguer promete servir a Dios en dicha Orden durante un año («Raimundi,
comes Barchinonensis, dabit in ipsa milicia primo anno sub obedientia magistri...»).
-144-
14.-A.H.N. Cód. 1032, p. 29, doc. 26 y CODOIN, IV, p. 368, doc. 153. El documento no
lleva fecha pero ha de ser posterior a agosto de 1137, puesto que Ramón Berenguer ya se titula
«príncipe de Aragón». Además de la ciudad de Daroca con sus pertenencias y habitantes, promete
a la Orden el señorío de Lope Sanz de Belchite con los castillos de Osa y Belchite, su heredad
en Cutanda; un cristiano, un moro y un judío con sus haciendas; la cuarta parte de Cuarte, villa
cercana a Huesca, y algunas rentas.
15.-CODOIN, IV, p. 93, doc. 43; ALBON, Cartulaire... p. 204-205, doc. 314; MAGALLON.
Los Templarios de la Corona de Aragón. índice de su cartulario del siglo XIII. En «Boletín de la Real
Academia de la Historia», vol. 33, p. 453.
16.—No tenemos referencias exactas sobre este encuentro; las únicas noticias las encontramos
en una narración histórica que Bofarull publicó en CODOIN, IV, p. 360. doc. 150. Según Ubieto
este acuerdo debió hacerse en la segunda quincena de enero de 1135: ANT. UBIETO ARTETA,
Navarra-Aragón y la idea imperial de Alfonso Vil, en «E.E.M.C.A.», VI, p. 46.
17.-Publ. LACARRA, Documentos... 12' serie), p. 580, doc. 189.
18.-Publ. ALBON, Cartulaire..., p. 73, doc. 100.
19. —Con toda seguridad podemos fechar el acuerdo entre aragoneses y castellanos, y el enfren-
tamiento entre García Ramírez y el Emperador como anterior al 28 de octubre, fecha en la que
tenemos un documento que nos dice: «in anno quando imperator intravit super regem Garciam
in Stella et fecit concordiam cum rege Rainimiro et cum sua uxore regina Agnes», publ. LACARRA,
Documentos... 12.° serie), p. 587, doc. 197.
20.-ANT. UBIETO ARTETA, Navarra-Aragón..., p. 50. Según este autor el acuerdo entre Alfon-
so Vil y Ramiro II fue guiado por la carta que Inocencio II envió al rey castellano para que se
cumpliera el testamento de Alfonso I, pero Forey, basándose en la «Chronica Adefonsi Imperatoris»
y en la «Historia Compostellana» piensa que fue García Ramírez quien comenzó las hostilidades
contra Alfonso Vil por lo que éste buscó un aliado en Ramiro II a la vez que le cedía el reino
de Zaragoza para asegurarse la ayuda aragonesa y no por cumplir el testamento de Alfonso I:
FOREY, The Templars..., p. 18-19.
21.-V. Cód. 691, doc. 27.
22.-Publ. LACARRA, Documentos... 12.' serie), p. 592, doc. 204. Con todo Alfonso Vil siguió
titulándose señor de Zaragoza durante bastante tiempo: V. Cód. 691, doc. 272 y 392. En un
documento de Ramón Berenguer IV se afirma que reina en Aragón y Zaragoza en 1141: V. Cód.
691 doc. 326. Esto es porque Alfonso Vil se atribuyó el señorío sobre el reino de Zaragoza que
seria gobernado por Ramón Berenguer IV a modo de feudatario.
23.-V. Cód. 691, doc. 25.
24.-CODOIN, IV, p. 93, doc. 43; ALBON, Cartulaire..., p. 204-205, doc. 314.
25.-V. Cód. 691, doc. 365.
26. —Sobre estas bulas concedidas a la Orden: V. MAGALLON, Los Templarios en la Corona de
Aragón..., en «B.R.A.H.», 33 p. 90-95, y apéndice I del presente trabajo.
27—V. Cód. 691, doc. 286. Fortún Garcés Cajal conocía el testamento del Batallador puesto
que aparece suscribiendo el documento. En el Cód. 691 lleva la fecha de 1131, sin embargo Lacarra
piensa que es una confusión y lo fecha en 1133: V. LACARRA, Documentos... 12.' serie),
p. 568-569, doc. 175.
28.-Publ. LACARRA, Documentos... (2.' serie), p. 570, doc. 177; y p. 579, doc. 188.
1. —V. Cód. 691, doc. 40 y 282. Los documentos llevan la fecha de 1135 pero Albon los
fecha en 1134: ALBON, Cartulaire..., p. 70, doc. 94.
2 . - V . Cód. 691, doc. 283.
3 . - V . Cód. 691, doc. 43 y 429.
-145-
4. —Para estudiar la organización general de la Orden, su jerarquía, etc.: V. R. PERNAUD, ¿es
Templiers, Presses Universitaires de France, colección «Que sais-je?», París, 1974; BASTUS, J.
Historia de los Templarios, Barcelona, 1834.
5.-MIRET, ¿es Cases..., p. 97; V. también el documento 314, publ. ALBON, cartulaire...
p. 204; CODOIN; IV, p. 93, doc. 43.
6—Este último título se dio en ocasiones a los superiores de Miravet, Tortosa, Gardeny,
Palau y Novillas a mitad del siglo XII, pero posteriormente cayó en desuso.
7. —Además de los establecidos en la Corona de Aragón, dependían de este Maestro Provincial
dos conventos en Navarra: Ribaforada y Aberín. Una lista de las comunidades sujetas a este
Maestro de Aragón y Cataluña es dada por Forey: FOREY, The Templars..., p. 417-419; V. mapa B
del apéndice cartográfico.
8.—Todas las compraventas, donaciones, treudos, etc., de estas dos localidades son adminis-
trados por los frailes de Novillas; sólo en 1166, en mayo, Razazol contó con una administración
separada aunque sólo fue momentáneamente: V. Cód. 691, doc. 154 y 156: Un tal Oddo lleva
el título de Comendador de Razazol.
9 . - V . Cód. 691, doc. 104, 105, 107, 235, 237, 301...
10 —Todo el Cód. 691 es prueba de esta afirmación. Las propiedades de este convento
de Novillas se extendían desde Ribaforada en Navarra hasta Zaragoza, y de Añesa hasta Calatayud;
V. mapa A en el apéndice cartográfico.
11. — En los escasos meses que Pedro Martín fue Maestro en Novillas (febrero-septiembre de
1159) lo encontramos en transacciones tanto en Aragón como en Navarra. En 1163, Pedro Tizón
aún se titula comendador de Novillas y de las tierras de Zaragoza: V. Cód. 691, doc. 94.
12. —Después de 1173 el título de Maestro de Novillas no es mencionado, coincide con la
época de creación de nuevos conventos: Huesca en 1160, Ambel en 1162, Luna en 1167, etc.
13. —En el documento 5 del Cód. 691 encontramos el título de «procurator»; en los docu-
mentos 9, 10, 11, 15 y 16, el título es el de «preceptor».
14. —Por lo general eran ellos los que pagaban el dinero en las compraventas realizadas por
el Temple: V. Cód. 691, doc. 34, 57, 89. Aunque los asuntos económicos los llevaba el claviger,
las transacciones comerciales debían hacerse con el consentimiento y ante la presencia del comen-
dador si era posible.
15.-FOREY, The Templars..., p. 266.
16. —En numerosos documentos de los que hemos estudiado encontramos la frase «cum con-
sensu fratrum meorum»: V. Cód. 691, doc. 53 b, 62, 77, 108... que nos indica la participación
de los frailes en las decisiones de los comendadores.
17—No hemos encontrado este cargo en Novillas pero sabemos que existió en otras enco-
miendas; Ana Bonet da una lista de clavigeros de la casa de Zaragoza: A. BONET PUNSODA, La
Orden del Temple y su Encomienda de Zaragoza, Tesis doctoral inédita, Zaragoza, 1966-67, t. II,
p. 473; BONILLA Y SAN MARTIN, El derecho aragonés en el siglo XII, en «II Congreso de
Historia de la Corona de Aragón», vol. I, P. 236, Huesca, 1920, menciona al fraile Guillen que
tenía el cargo de clavero en la Encomienda de Ambel.
18. —Los caballeros vestían túnica de lana blanca según recomendaba la Regla, (art. 20). El
manto también era blanco con una cruz roja. Los frailes sargentos vestían igual pero la tela era
de peor calidad y la capa era negra con la cruz roja.
19.-V. Cód. 691, doc. 220 y Cód. 470, también del A.H.N., doc. 11.
20.-V. Cód. 691, doc. 279.
21.-GARCÍA LARAQUETA, El Gran Priorado de Navarra de la Orden de San Juan de Jeru-
salén, siglos XII-XIII. Pamplona, 1957, vol. I, p. 249.
22.-PUYOL Y ALONSO, J., El abadengo de Sahagún, Discurso leído en la Real Academia
de la Historia, Madrid, 1915, p. 226-227.
23.-Z. GARCÍA VILLADA, Historia Eclesiástica de España, III, Madrid, 1936, p. 311.
24.-Tres documentos del Cód. 691 (421, 422, 442) detallan las donaciones que realizaban los
que pertenecían a estas cofradías. Así, por ejemplo, en la cofradía de Novillas (doc. 442) algunos
de los cofrades abonaban su contribución anual con cantidades variables, mientras otros lo hacían
-146-
en especie, dando a la Orden una determinada cantidad de trigo. Los dos documentos restantes
detallan a su vez lo que debía ser entregado anualmente por los cofrades: doc. 421, 422.
2 5 . - V . Cód. 691, doc. 41, 43, 46, 102, 276, 296, 298, 429, 436; V. J. ORLANDIS, Traditio
corporis et animae, en «Anuario de Historia del Derecho Español», 24, 1954, p. 95-279; T. RUIZ
JUSUE, Las cartas de hermandad en España, en «Anuario de Historia del Derecho Español», 15,
1945, p. 367-463.
2 6 . - V . Cód. 691, doc. 41, 102, 276.
27. - V . Cód. 691, doc. 149.
28.—V. Cód. 691, doc. 414; en algunas ocasiones la estancia temporal era para suplicar la
concesión de algún favor solicitado a Dios: V. Cód. 691, doc. 357.
29. —Quizá puede ser éste el caso de Aparicio de Novillas que, tras donarse él mismo con
algunos de sus bienes (doc. 143), aparece recibiendo una donación junto con el Maestro de
Novillas, posiblemente porque hubiera ingresado como fraile en la Orden: V. Cód. 691, doc. 430,
fol. 190 v; también conocemos algunos documentos en los que los donados del Temple compran
y venden distintos bienes en Razazol y Novillas, probablemente en nombre de la Orden: V. doc. 44,
95, 120, 153.
30. —El doc. 422, fol. 169v nos dice: «et hoc stabilivit quam rex Adefonsus erat in Baiona».
31. —A. RUMEU DE ARMAS; Historia de la previsión social en España, Cofradlas-Gremios-
Hermandades-Montepíos, Madrid, 1944, p. 34-36.
NOTAS AL CAPITULO IV
1.— «placuit mihi... donare militibus dominici Templi Salomonis, quod est ¡n Iherusalimjs,
Racacol... pro anima mea et parentum meorum et predecessorum qui terram adquisierunt»; V.
Cód. 691, doc. 25.
2 . - V . Cód. 691, doc. 365.
3. —V. Cód. 691, doc. 74. Debemos tener en cuenta que algunos territorios navarros, como
Ribaforada, dependieron de la Encomienda de Novillas.
4 . - V . apéndice I.
5 . - V . Regla, art. 66, ed. H. de Curzon.
6.-ALBON, Cartulaire..., Bullaire V, p. 377.
7 . - V . Cód. 691, doc. 40 y 282.
8—LACARRA, La Restauración eclesiástica en las tierras conquistadas por Alfonso el Bata-
llador (1118-1134), en «Revista Portuguesa de Historia», vol. IV, Coimbra, 1949, p. 272-273.
9 . - V . Cód. 691, doc. 283.
10.-V. Cód. 691, doc. 29.
11.-V. Cód. 691, doc. 5.
12. —La cena fue un tributo por el que los cristianos contribuían a la alimentación del obispo
y su séquito en sus desplazamientos por las diócesis, V. Cód. 691, doc. 5.
13.—V. Cód. 691, doc. 5 y 29: se renuncia a esta cuarta parte en la iglesia de Razazol.
El obispo de Tarazona, Miguel, se reserva la cuarta parte de los diezmos en la donación de la
iglesia de Ambel a la Encomienda de Novillas (publ. LACARRA, Documentos... 3.* serie, p. 577,
doc. 357), aunque más tarde renuncia a esto (LACARRA, Documentos... 3.* serie, p. 586,
doc. 367). Sobre la concesión de la iglesia de Ribaforada y las condiciones: V. LACARRA, Docu-
mentos... (3.* serie), p. 578, doc. 358.
14.-V. Cód. 691, doc. 75.
15.-V. Cód. 691, doc. 390.
16.-V. Cód. 691, doc. 178. Unos meses antes doña Taresa rendía vasallaje a Ramón Be-
renguer IV con la finalidad de que presionara sobre Templarios y Hospitalarios para recuperar los
castillos de Borja y Magallón, donados por su hijo Pedro Taresa: V. MIRET, Les Cases..., p. 51.
-147-
17.-V. GARCÍA DE CORTÁZAR, El dominio del Monasterio de San Mi/lán de la Cogolla,
Salamanca, 1969, p. 54.
18.—V. mapa A del apéndice cartográfico.
19.—V. Cód. 691, doc. 58 a y 414: se realiza una donación por no haber cumplido la promesa
de servir al Temple un año.
20.-V. Cód. 691, doc. 58 b.
21.-V. Cód. 691, doc. 193.
22.-V. Cód. 691, doc. 65, 66, 147, 148, 149, 421, 422, 442. En algún caso la donación
«post mortem» incluye incluso lo que se adquiere después de hecha la primera donación: V.
doc. 139.
23.—V. Cód. 691, doc. 422. El Cód. 1311 contiene un documento aún más amplio, con los
nombres de unos cuatrocientos cincuenta cofrades navarros y aragoneses. Esta lista abarca hasta
1225. En el doc. 421 aparecen repetidos algunos de los cofrades mencionados en el doc. 422.
24. —V. AG. UBIETO ARTETA, Los «tenentes» en Aragón y Navarra en los siglos XI y XII,
p. 139, Valencia, 1973.
25.-V. Cód. 691, doc. 442.
26.-V. apéndice I.
27.-V. Cód. 691, doc. 122.
28. —V. Cód. 691, doc. 276; en otros casos se pide dinero para el viaje: V. doc. 102.
29.-V. Cód. 691, doc. 380.
30—«(dono) meam desertam villam...ut inde milites ¡Mi qui Deo in Templo serviunt, aliquod
sustentamentum et adiutorium habeant»: V. Cód. 691, doc. 272.
31. - V . Cód. 691, doc. 167 y 286.
32.-V. Cód. 691, doc. 5 y 390.
33.—GARCÍA DE CORTÁZAR, El dominio del monasterio..., p. 53.
34.—V. mapa A del apéndice cartográfico.
35.—V. mapa A del apéndice cartográfico.
36.-Estas compras se hicieron entre 1145 (doc. 52 del Cód. 691) y 1158 (doc. 103) y de las
quince compraventas de casas en Novillas, once se hicieron entre 1145 y 1151: V. Cód. 691,
doc. 34, 47, 48, 52, 78, 86, 87, 89, 238, 241, 290.
37 —Así tenemos un documento sobre la donación que Pedro Taresa hizo al Temple del
castillo de Alberite, pero para recobrar este castillo la Orden había tenido que pagar trescientos
morabetinos: V. LACARRA, Documentos... (3.a serie), p. 364-365, doc. 342.
38.-V. Cód. 691, doc. 12, 154, 155, 158, 161, 162, 163, 205...
39.-V. GARCÍA DE CORTÁZAR, El dominio del monasterio..., p. 72.
40. —En 1166 los frailes de Novillas compraron a Sanz Vaquero una heredad en Razazol por
treinta y cinco sueldos; con este pago los frailes consiguieron a la vez que abandonara las recla-
maciones contra el Temple: Cod. 691, doc. 156.
41—V. Cód. 691, doc. 44, 95, 120 y 153. Los compradores en todos estos documentos
eran miembros laicos de la Orden.
42.—Por ejemplo: «compraverunt fratribus illa hereditate totum ab integro, casas, térras,
vineas, arbores, heremum et populatum, totum quamtum ab illis pertinet vel pertinere debet»
(Cód. 691, doc. 96), V. doc. 37, 98, 107, 131, 151...
43—Más de 40 compras de piezas de tierra nos han quedado documentadas para las localidades
de Novillas, Cabanas y Razazol: V. Cód. 691, doc. 57, 60, 80, 97, 170, 438...
44.-V. Cód. 691, doc. 214; V. también doc. 203, 204, 207, 408.
45.-«Et ago frater Baacalla dedi precio... VI kafici de tritici, et ¡lio tempore vendebat se V
solidos uno kafici»: Cód. 691, doc. 256.
-148-
4 6 . - V . cuadro A, y Cód. 691. doc. 47 y 204.
47.—V. Cód. 691, doc. 198: «alíala pagata de pane et vino et bis carnes»; doc. 220: «omnes
isti comederunt in ipsa alifarra caixiem porci et de carner et de lepore»; doc. 164: «alíala XL panes,
V carapitos de vino, dúos carneros et uno faxo de coles».
48.—V. mapa A del apéndice cartográfico.
NOTAS AL CAPITULO V
-149-
2 6 . - V . Cód. 691, doc. 22, 207, 244, 252, 274.
2 7 . - V . Cód. 691, doc. 244, 274.
28. — «donavimus ad ¡Nos populatores de Novellas ¡lio sotho de Navas ad rumpere et ad
laborare...»: V. Cód. 691, doc. 305.
2 9 . - V . Cód. 691, doc. 130 y 131.
30. — «...nec crepet illa cequia de super ¡lio molino de Brugnem»: V. Cód. 691, doc. 168.
3 1 . - V . Cód. 691, doc. 339 y 409. V. el estudio de E. de HINOJOSA, La servidumbre de la
gleba en Aragón, en «Obras», I, p. 235-244, Madrid, 1948; V. Cód. 691, doc. 124, 140, 169 y 304;
M." L. LEDESMA, La Encomienda de Zaragoza de la Orden de San Juan de Jerusalen en los
siglos XII y XIII. Zaragoza, 1967, p. 168-172; E. de Hinojosa, Mezquinos y exaricos. Datos para
la Historia de la servidumbre en Navarra y Aragón, en «Obras», I, p. 245-256; V. Cód. 691, doc. 7.
3 2 . - V . Cód. 691, doc. 412.
NOTAS AL CAPITULO VI
-150-
19.-V. apéndice I, doc. 6.
2 0 . - V . Cód. 691, doc. 5.
21. —La encomienda de Gardeny, debido a ciertos gastos, no pudo pagar en 1289 la cantidad
que le correspondía: V. MIRET, Inventaris de les cases del Temple de la Corona d'Aragó en 1289,
en «Boletín de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona», VI, 1911, p. 69. En este artículo,
Miret detalla los pagos en especie que hadan las encomiendas de Alfambra, Ambel, Calatayud,
Cantavieja, etc. en concepto de «responsion» al Gran Maestre.
22.-V. FOREY, The templars..., p. 320.
23. — DELAVILLE LE ROULX, Cartu/aire general de l'ordre des Hospitaliers de Saint Jean de
Jerusalen, Paris, 1894-1906, t. I, p. 64, doc. 70.
24. —«In capitulo quod dicebatur quia ipsi fratres extrahebant decima decimarum ad opus
Magistri ita sententiarunt quod fratres nunquam extraherent vel debuerunt extrahere decimam ad
opus Magistri antequam darent quartam domino episcopo de omni acervo»: Publ. FOREY, The
Templars..., p. 383.
-151-
APÉNDICE I
1
1145, abril, 7 CIVITA CASTELLANA
Eugenio III concede a la Orden del Temple que pueda construir oratorios y cementerios en
sus encomiendas. Recuerda también que la Orden puede admitir presbíteros en su seno con permiso
de sus obispos y que nadie se oponga a los privilegios concedidos a la Orden por los pontífices
anteriores.
Cit. MAGALLON, Los Templarios en la Corona de Aragón, índice de su cartulario eclesiástico
del siglo XIII, en B.R.A.H., XXXIII, p. 90.
Eugenio III ordena a los obispos de Pamplona, Huesca y Zaragoza que actúen contra los que
se apoderan de los bienes de la Orden.
Publ. P. KEHR, Papsturkunden in Spanien vorarbeiten aur Hispa nía Pontificia. II, Navarra und
Aragón, p. 360-361, doc. 57.
Adriano IV confirma todas las concesiones de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, a la
Orden del Temple, especialmente la donación de Monzón, Montgoy, Chalamera, Barbera y Corbins
y Remolinos.
Publ. CODOIN, IV, p. 236, doc. 90
Cit. Magallon, los Templarios..., p. 91.
Adriano IV confirma la transacción hecha a Ramón Berenguer IV por las tres Ordenes Militares:
Santo Sepulcro, San Juan de Jerusalen y la Orden del Temple.
Publ. CODOIN, IV, p. 317, doc. 130.
Publ. DELAVILLE LE ROULX, Cartulaire general..., p. 201, doc. 267.
Bula de Alejandro III contra las personas que retienen bienes concedidos al Temple, a los
cuales declara sacrilegos.
Cit. MAGALLON, Los Templarios..., p. 91.
Alejandro III otorga a la Orden todo lo que tome a los infieles. Confirma esta Institución y
reglamenta la elección del Maestro y la entrada de nuevos miembros.
Cit. MAGALLON, Los Templarios..., p. 91.
-152-
11166 ó 11671. mayo, 7 LETRAN
Alejandro III recomienda a los eclesiásticos que actúen contra los que encarcelan y maltratan
a quienes se han refugiado en las casas del Temple.
Cit. MAGALLON, Los Templarios..., p. 91.
Alejandro III ruega a los cristianos que concedan limosnas y ayuden a la Orden por la ayuda
que presta a la Cristiandad.
Cit. MAGALLON, Los Templarios..., p. 92.
Bula de Alejandro III a los arzobispos, obispos y demás prelados para que no recojan diezmos
de las posesiones que la Orden cultivaba por ella misma.
Cit. MAGALLON, Los Templarios..., p. 92.
10
11173], julio, 28 ANAGNI
Alejandro III ruega a los prelados que procedan contra los que maltraten a los familiares de la
Orden y contra los que tomaran bienes pertenecientes al Temple.
Cit. MAGALLON, Los Templarios..., p. 92.
11
11173], agosto, 18 ANAGNI
Alejandro III recomienda a los arzobispos, obispos y otros que protegen a la Orden del Temple
a la vez que les suplica que no fueran retenidas por nadie las oblaciones y limosnas dejadas por
sufragio de sus almas a la Orden del Temple.
Cit. MAGALLON, ¿os Templarios..., p. 92.
12
1173, noviembre, 12 ANAGNI
Alejandro III aclara los privilegios que sobre exención de diezmos habían concedido los anteriores
pontífices a la Orden, porque se hacían muy diversas interpretaciones.
Cit. MAGALLON, Los Templarios..., p. 93.
13
1173. noviembre, 13 ANAGNI
Alejandro III ordena a las autoridades eclesiásticas que no exijan la tercera parte de lo que
los fieles dejan en testamento a la Orden.
Cit. MAGALLON, ¿os Templarios..., p. 93.
-153-
14
1178, septiembre, 5 TUSCULANO (FRASCATI)
Alejandro III recibe bajo su protección a la Orden del Temple y confirma todas las donaciones
que se habían hecho a esta Institución.
Cit. MAGALLON, Los Templarios..., p. 93.
15
1183, enero. 27 TUSCULANO (FRASCATI)
Alejandro III pide a los arzobispos, obispos y demás prelados que atiendan y ayuden a los
templarios venidos de Oriente para recoger medios para su misión en Tierra Santa. Concede las
indulgencias de la Cruzada a todo aquél que colabore con la Orden.
Cit. MAGALLON, ¿os Templarios..., p. 93.
16
[1181], febrero. 5 TUSCULANO (FRASCATI)
Alejandro III confirma, al igual que había hecho Eugenio III, que las personas y bienes que
se acogen a la Orden del Temple quedan bajo la protección de la Santa Sede.
Cit. MAGALLON, ¿os Templarios..., p. 93.
17
11181], febrero, 6 TUSCULANO (FRASCATI)
Alejandro III confirma que la Orden del Temple puede tener sus propios clérigos aunque los
obispos de sus diócesis no dieran su permiso.
Cit. MAGALLON, Los Templarios..., p. 93.
18
1188, marzo, 22 LETRAN
Clemente III confirma las donaciones que Ramón Berenguer IV y Alfonso II habían concedido
a la Orden del Temple.
Cit. MAGALLON, Los Templarios..., p. 94.
19
1195, marzo, 14 LETRAN
Celestino III aprueba el propósito de Pedro II de dar a la Orden un convento en la frontera
con los musulmanes para que lo defiendan.
Cit. MAGALLON, Los Templarios..., p. 95.
20
1196, agosto, 7 LETRAN
Celestino III toma bajo su protección a los miembros de la Orden del Temple.
Cit. MAGALLON, ¿es Templarios..., p. 95.
-154-
21
1199, junio, 22 LETRAN
Inocencio III concede que la Orden pueda sepultar en sus cementerios a los donados y fieles
que lo quisiesen.
Cit. MAGALLON, Los Templarios..., p. 95.
22
1199, junio, 22 LETRAN
Inocencio III se lamenta de que algunos obispos graven los bienes de la Orden que se desti-
naban a la defensa de Tierra Santa.
Cit. MAGALLON, Los Templarios.... p. 96.
APÉNDICE II
(las fechas dadas corresponden a la primera y última vez que es citado en la documentación
estudiada).
— 155 —
FRAILES DE LA CASA DE NOVILLAS (51
Fr. Garner
Fr. Domingo junio 1144 - 1167
Fr. Berenguer de Tarascón junio 1144
Fr. Ricardo 1144 - marzo 1158
Fr. Guitard abril 1146 - 1151
Fr. Melendo Noviembre 1146
Fr. Pedro noviembre 1146
Fr. Berenguer 1146
Fr. Bonafos 1146 - septiembre 1171
Fr. Elias Focald marzo 1147 - 1148
Fr. Raimundo de Castellnou julio 1147 - 1161
Fr. Vital 1147 - julio 1149
Fr. Randulfo 1147 - Junio 1157
Fr. Guillem 1147 - abril 1167
Fr. Guillem Sacriste marzo 1148
Fr. Renols de Zaragoza diciembre 1148
Fr. Pedro Martin noviembre 1150 - julio 1163
Fr. Hugo Alard 1150 - noviembre 1151
Fr. Griset 1151
Fr. Frevol julio 1151 - 1153
Fr. Cimerico de Torrellas julio 1151
Fr. Muño enero 1153 - 1162
Fr. Ponz de Ambel enero 1153
Fr. Arnald de Stopagnam enero 1153 - junio 1157
Fr. Baacalla enero 1153 - julio 1163
Fr. Aymeric enero 1153 - 1167
Fr. Pedro Tizón junio 1154 - 1155
Fr. Pedro Nochareta julio 1154
Fr. Guillen del Basio julio 1154 - marzo 1172
Fr. Bernardo de Salvia agosto 1154 - 1161
Fr. Pedro de Baalug agosto 1154
Fr. Arssi Sanz agosto 1154
Fr. Daniel septiembre 1154 - 1163
Fr. Raimundo octubre 1155 - 1157
Fr. Galindo de Medina octubre 1155
Fr. Pedro de Ambel octubre 1155
Fr. Bermundo diciembre 1155-1157
Fr. Gonzalvo agosto 1156-1162
Fr. Galindo febrero 1157 - febrero 1164
Fr. García Romeo diciembre 1157 - marzo 1162
Fr. Martin López de Estella 1157
Fr. Guillem Bec 1157 - abril 1158
Fr. Lop de Sada 1157 - marzo 1173
Fr. García de Luna abril 1158 - marzo 1162
Fr. Guillem de San Marcial febrero 1159 - abril 1160
Fr. Gil 1159 - marzo 1173
Fr. Gimeno mayo 1166
Fr. Martin Sanz diciembre 1166 - 1167
Fr. Ellas enero 1167 - diciembre 1170
Fr. Guillem Rostang octubre 1167
Fr. Bernardo de la Griva 1168 - agosto 1170
Fr. Aznar Garcez agosto 1170 - diciembre 1170
Fr. Juan septiembre 1170
Fr. Ysol diciembre 1170
Fr. Miguel 1172 - marzo 1173
Fr. Rothlan marzo 1173 - enero 1187
Fr. Egidio febrero 1175 - octubre 1175
Fr. P. de Toleto 1189
Fr. García de Escoron
-156 —
(1) En los primeros años de la Encomienda, los comendadores de Novillas utilizaron el título
de Maestro, pero desde mediados de la década de 1170 dejó de usarse. Pedro Juan fue el último
comendador que lo utilizó.
Los nombres que aparecen con un asterisco fueron los que utilizaron el título de «Maestro de
Novillas». A partir de este momento el título empleado por el superior de la casa fue el de co-
mendador.
(2) Al principio la casa de Novillas tuvo más de un Maestro al mismo tiempo.
13) Estas siglas nos indican que utilizó el título de Comendador, aunque en realidad actuaba
como comendador subordinado del Maestro de Novillas.
(4) Una lista completa de los comendadores de Novillas hasta 1305 la encontramos en Forey,
«The Templars...», p. 437-439.
15) Incluimos en esta lista los nombres de los frailes que desempeñaron también otros cargos
en la casa como Maestros o capellanes, dando las fechas extremas de su permanencia en Novillas,
según nuestra documentación, en calidad de frailes.
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-159-
CUADRO A
-160-
ANO DOC. COMPRA PRECIO LUGAR
Nov.
1158 107 v. heredades 100 m. Cab.
1 casa y 1 pieza Nov.
1156 105 6 m.
de tierra Cab.
-161 —
AÑO DOC. COMPRA PRECIO LUGAR
1 heredad = 6 pie-
1160 212 60 s. jaq. Raz.
zas de tierra
1 heredad menos 2
1161 150 lOOs. jaq. Raz.
piezas de tierra
30 s. jaq., _
1161 146 1 heredad
1 k.mi. y 1 k.c. "az-
1 heredad y 15
1163 150 40 m. Cab.
kahizadas tierra
R
1164 195 v. heredades 30 m. «-
Sal.
1166 156 1 heredad
35 s. jaq. Raz.
1166 155 1 pieza de tierra
3 y 1/2 m. Raz.
h.1166 154 1 pieza de tierra
8 s. Raz.
1167 205 1 pieza de tierra
2 m. y 3 s. Raz.
1167 158 2 piezas tierra
50 s. jaq. Raz.
v. casas y
1169 159
1 pieza de tierra 85 s. jaq. Raz.
-162-
AÑO DOC. COMPRA PRECIO LUGA
Camp.
1170 161 2 piezas de tierra 6 m. y 10 s. Font.
6 m., 1 k.t.
1175 12 1 pieza de tierra Raz.
1 k. ceb.
-163-
m. =morabet¡nos Nov. - Novillas
v. = varias (sin especificar el número) Raz. = Razazol
k.= cahíz Nav. = Navas
t. = trigo Olio = Olio de Mare
s.-sueldos Cab. = Cabanas
d. =dineros La M. = La Marga
mi. = mijo Sal. = Salcet
jaq. = jaqueses Camp. = Campoliel
tud. = tudelanos Font. = Font Petres
ceb. = cebada Ber. = Bergal de Razazol
-164-
CUADRO B
-165 —
AÑO DOC. COMPRA PRECIO LUGAR
-166-
CUADRO C
1 casa 18 dineros
1158 231
1 pieza de tierra 1/5, D. y P.
-167-
AÑO DOC ENTREGA CENSO
-168 —
AÑO DOC ENTREGA CENSO
kah. = cahizada.
D. y P. = diezmos y primicias
v. = varias.
med. = medio.
1/2, 1/5... = proporción de los frutos.
-169—
-170-