Fortoul, J. (1941) - El Hombre y La Historia. (3a. Ed.) - Editorial Cecilio Acosta
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DEL MISMO AUTOR
pegan en duda el progreso de las sociedades suramerica- en acción que caracterizan cada estado social d e cada
nas; y los publicistas americanos se apegan a menudo a pueblo; y comprobar que pueblos distintos, pertenecientes
uno de estos dos sistemas: o al optimismo lírico que, abs- a razas diversas o a grupos de una misma raza, tienen,
traído de la realidad de las cosas, lo ve todo brillante y hala- en un momento dado, costumbres diferentes, es simple-
güeño, o al pesimismo disgustado que concentra en la mente comprobar un fenómeno, pero no determinar su
América intertropical todos los vicios y defectos, y, extra- causa.
viado por una ilusión óptica, acuerda siempre a Ingla- El autor citado halla en el estudio d e la historia uni-
terra, a Suiza y a los Estados Unidos el privilegio de las versal tolo dos fuentes de las costumbres sociales; a saber:
instituciones liberales y de las costumbres democráticas. las leyes y las religiones, y añade, como ilustración de
Sea cual fuere el estado actual, o triste y desconsola- su juicio, que "fueron las leyes y el culto romano los que
dor como lo ven los unos, o floreciente y henchido de fundaron en la gran nación costumbres corruptoras que
promesas como lo pintan otros, es sin duda indispensable, aniquilaren el carácter de sus hijos, envilecieron el Estado
para dar base científica a cualquiera d e esas conclusio- y lo llevaron a una afrentosa muerte" (2) El error histórico
nes contradictorias, estudiar antes en los medios orgánico es evidente. No fueron sin duda las leyes d e Roma las que
y físico el origen y motivo de las costumbres suramerica- causaron su ruina, puesto que fué justamente al empezar
nas, y la manera especial como funcionan las institucio- la decadencia cuando la legislación llegó a la cumbre de
nes políticas. su desarrollo; ni fué tampoco el culto religioso, el cual
Los sociólogos venezolanos se contentan frecuente- tendía a desaparecer en las clases superiores, y habría
mente con observar y caracterizar las costumbres naciona- desaparecido en todas las clases sociales a no ser por el
les, para elogiarlas o censurarlas, sin buscar ni analizar triunfo del cristianismo que llegó a ingertar las prácticas
sus causas naturales, Por ejemplo, el autor del estudio ti- politeístas del oriente en el deísmo amplio y tolerante de
tulado El P e r s o n a l i s m o y el L e g a l i s m o (1) elimina una los espíritus más cultos de la civilización romana. Ya en
por una las causas etnográficas y físicas, para señalar las los últimos años d e la República las funciones de los sa-
costumbres como factor casi exclusivo del estado social cerdotes se reducían a ordenar las . pompas religiosas, y
y político. Sin embargo, explicarlo todo por la influencia "su influencia moral sobre los sentimientos y las ideas era
de las costumbres vale tanto cuanto renunciar a toda expli- nula" (3). Un filósofo moderno observa que el dogma y el
cación. Las costumbres son hechos que varían en el es- culto religiosos ejercen una influencia considerable en el
pacio y en el tiempo, conjuntos de sentimientos e ideas estado social y político de cada país en los primeros perío-
dos de su desarrollo . . . majores nostri, religiosissimi
(1) J . Muñoz Tebar, El Personalismo y el Legalismo, Nueva-York, 1891. m o r t a l e s , decía Catón . . . pero que a medida que evo-
No obstante su entusiasmo exagerado por las costumbres norteamericanas, que, al
menos en la vida política, revelan vicios análogos a los de las costumbres latino-
luciona y progresa "el Estado tiende a desligarse de la
americanas, y a pesar de su fé en la supuesta virtud moralizadora de los partidos
doctrinarios, la obra citada es quizá el esfuerzo más notable que se ha hecho en
(2) J . Muñoz Tebar, op. cit. p . 35.
Venezuela en los últimos años por plantear con imparcialidad los problemas políti-
cos e indicar soluciones científicas. (3) M. Pellisson, Cicerón, p . 174.
10 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 11
forma especial de religión conque estuvo unido en sus de la civilización europea. Léase en seguida lo que relata
comienzos". (4) Durante el Imperio, la primitiva religión un cronista español. "Hallándose Alfinger tan crecido
romana no existía ya como poder social, y lejos de influir de caudal como falto de gente", en su exploración de la
en las costumbres de la decadencia, fué más bien su de- provincia de Tamalameque, ''despachó al capitán Basco-
saparición la que contribuyó a facilitar el triunfo de la na con veinticinco hombres a buscar gente a Coro". Ex-
religión cristiana. traviáronse, y consumidos todos los bastimentos, ya medio
En parte alguna es posible comprobar una relación muertos de hambre "fueron matando uno por uno los in-
constante de causa a efecto entre la legislación, la mo- dios que les habían quedado de servicio, y sin despreciar
ral religiosa y las costumbres. En el antiguo México, a los intestinos ni otra parte alguna de sus cuerpos, se los
-pesar de una legislación semibárbara, las costumbres so- comieron todos..." Encontraron en el río Chama a unos
ciales progresaban rápidamente cuando empezó la con- indios que, compadecidos, se apresuraron a socorrerlos
quista española; y en el imperio chino, la crueldad semi- con una canoa "cargada de maíz, yucas, batatas y otras
salvaje de una legislación antiquísima coincide todavía raíces". "Apenas llegaron los indios a socorrerlos pia-
con costumbres domésticas y públicas superiores a veces dosos, cuando recibiendo el bastimento que trajeron, pa-
a las costumbres de la civilización occidental. (5) En cier- reciéndoles era poco para saciar las ganas que tenían,
tas tribus de legislación y de religión rudimentarias, las embistieron con ellos para matarlos y comérselos; pero
costumbres se radican y depuran independientemente de como por su mucha flaqueza no pudieron sujetarlos, vien-
las leyes y de la religión. Sobre los indios americanos, do que se les escapaban de las manos acogiéndose al re-
Colón escribía al rey de España que "no podía haber me- fugio de su canoa para ponerse a salvo, por no perder la
jor raza", y el padre Las Casas decía: "los indios no son ocasión y que se les fuesen todos, dejaron ir a los tres, y
capaces de apoderarse del bien ajeno; no hacen daño a pegando con el otro todos juntos, le quitaron la. vida, ha-
nadie, ni cometen violencias". (6) ciéndolo luego cuartos, que guardaron asados, satisfa-
ciendo por entonces su apetito con las asaduras, pies y
Al emprender los españoles la conquista de América manos, que comieron con tanto gusto como si fueran de
iniciáronse y propagáronse prácticas atroces, en contra- un carnero". (7)
dicción con las leyes y las religiones así de España como
de América. El primer acto de canibalismo en la conquis- "Execrable abominación entre cristianos", exclama el
ta de Venezuela no lo cometió la raza inculta de los indios, cronista. La verdad es que, a pesar de los dogmas religio-
sino la raza española, que brillaba entonces en la cumbre sos y de los preceptos legales, esas abominaciones son
posibles y aun frecuentes en todas las épocas y en todas
las luchas de razas. En primer término, la historia univer-
(4) J. R. Seeley, Introduction to Political Science, Londres, 1896, p. 59. sal confirma en parte la teoría de Buckle de que la cul-
(5) Véase la monografía de E. Simón, La cité chinoise.
(6) Véase C. Marcano, Ethnographie précolombienne da Venezuela, París, (7) Oviedo y Baños, Historia de la conquista y población de la provincia de
1689. Venezuela (edición de 1885), t. I, p. 51 a 54.
12 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 13
tura moral no se desarrolla siempre en razón directa de de la voluntad o del ingenio -humano. Todo hecho físico
la cultura intelectual; y además, cada vez que dos razas, de aplicación general determina, pues, una costumbre: to-
desigualmente civilizadas, luchan por el mismo territorio, do hecho moral constante o que por intervalos fijos se re-
no se mantiene entre ellas la analogía de sentimientos mo- pite en el seno de la sociedad, produce el mismo efecto;
rales que liga entre sí los pueblos pertenecientes a la y éste será general o particular si se aplica al pueblo o a
misma civilización. Los ingleses, los franceses, los alema- algunas de sus clases; profundo o somero, si es pequeña o
nes y los italianos tratan hoy a los habitantes del África, grande su influencia en la dicha de los pueblos. Así que,
con el pretexto de civilizarlos, del mismo modo que los lejos de ser inexacto dividir las costumbres según las di-
españoles trataron a los indios americanos. (8) versas circunstancias físicas y morales de un pueblo, es
En suma, existe entre las leyes, las religiones y las de ese modo como únicamente deben considerarse cuando
costumbres un cambio perpetuo de influencias y reaccio- se quiere estudiar su origen, fuerza y desarrollo". (9) Por
nes; pero, así como las costumbres no son siempre el único desgracia, ningún otro historiador ha puesto en práctica
origen de las religiones y de las leyes, éstas no son tam- la teoría expuesta por Baralt con tanta precisión.
poco en todo caso origen de las costumbres. Sus oríge- El siguiente ensayo sobre la raza, el medio físico, la
nes son más profundos y remotos; y el problema esencial, evolución histórica y las hipótesis corrientes del doctrina-
en un estudio sociológico, consiste menos en caracterizar rismo político, tiende a explicar, en nuestro entender, el
ciertas o todas las costumbres existentes, que en determi- estado actual de la República, e indica cómo y en qué
nar sus causas, y en averiguar por qué difieren de un sentido se realizará probablemente la transformación na-
medio étnico y físico a otro, y por qué y cómo se transfor- cional que algunos presienten ya y que todos desean.
man en el mismo medio social, al propio tiempo que las Si el lector observa que nuestros juicios, conclusiones
leyes, unas veces, y casi siempre antes que éstas. y conjeturas difieren radicalmente de los postulados, en
general gratuitos, que forman la trama de las pasiones y
El historiador Baralt escribió, cincuenta años hace, lo
contiendas políticas, observe también que el autor circuns-
siguiente: "Las costumbres públicas o el conjunto de in-
cribe su ensayo en el campo neutral de la especulación
clinaciones y usos que forman el carácter distintivo de un
científica, y que, según la máxima dé Spencer, todo autor
pueblo, no son hijas ni de la casualidad ni del capricho.
que considera una teoría como verdadera e importante,
Proceden del clima, de la situación geográfica, de la na-
tiene el deber de propagarla, sin preocuparse de sus re-
turaleza de las producciones, de las leyes y de los gobiernos,
sultados, cualesquiera que sean.
ligándose de tal manera con estas diversas circunstancias,
que es el nudo que las une indisoluble. Mas o menos J. GIL FORTOUL.
arraigadas en la sociedad están ellas, según provienen de París, 1890.
las cualidades invariables que sólo la naturaleza puede
dar al suelo, o de accidentes transitorios que son efecto
(9) R. M. Baralt y R. Díaz, Resumen de la Historia de Venezuela {edición
(8) J . Gil Fortoul, Filosofía penal, Bruselas, 1891; cap. I. de 1887), t. I, p . 433.
EL HOMBRE Y LA HISTORIA
L
r
CAPITULO I
LA BAZA
Stuart Mili, "atribuir las diversidades de conducta y te, si no físicamente, los efectos de la civilización en
de carácter a diferencias naturales inherentes". Sin que nace (7): cada nueva generación se encuentra
embargo, la¡s más recientes Icomprobaciones de la con una acumulación mayor de conocimientos en su
antropología y de la psicología no permiten aceptar medio social, y posee, o una herencia de facultades
tal afirmación, al menos en la forma exclusivista que más refinadas, o al menos mayor propensión a asi-
emplean los dos filósofos ingleses. Aun suponiendo milarse la civilización ambiente.
verificable la hipótesis de la unidad primordial del
género humano, ¿cómo negar las diferencias radica- La acumulación más o menos grande de conoci-
les de organización cerebral existentes entre los gru- mientos en cada medio étnico, y la mayor o menor
pos étnicos menos semejantes; por ejemplo, entre propensión hereditaria en los individuos a asimilár-
el blanco de la Europa central y el negro del Áfri- selos y a acrecerlos, son hoy distintivos de lo que pu-
ca interior? Hablando de la herencia y de la selección, diéramos llamar razas sociales. Gran Bretaña, Fran-
De Candolle comprueba que el hombre que ha reci- cia, Alemania, Italia, España, por ejemplo, aun cuan-
bido de sus padres y antepasados una combinación do antropológicamente pertenezcan a la misma es-
favorable de actividad, atención, juicio y voluntad, pecie o raza natural, constituyen razas sociales per-
puede fácilmente sobresalir en los trabajos que re- fectamente definidas. Cuando el vulgo distingue la
quieren moralidad y capacidad intelectual, y que, con raza anglo-sajona de la raza latina, y especialmente
toda probabilidad, la aptitud natural es siempre he- la raza inglesa de la raza española, se inspira incons-
redada, "pues que los padres son la causa que prece- cientemente en la misma idea que el sociólogo de pro-
de y determina la existencia del individuo" (5). Es fesión cuando éste distingue el carácter o tempera-
claro, añade Bagehot, que existe una tendencia, más mento medio de un inglés y de un español, carácter
o menos grande según las circunstancias, pero siem- o temperamento que es consecuencia más o menos
pre considerable, en virtud de la cual los descendien- directa de los diferentes modos como influyen en el
tes de padres cultos tendrán probablemente, por su desarrollo social la raza natural, el medio físico, el
organización nerviosa, mayor aptitud para la cultura aislamiento o el contacto con grupos más o menos
intelectual que no los descendientes de padres incul- civilizados, las tradiciones más o menos largas, etc.
tos, y, "sin la noción de un elemento nervioso trasmi- Cada pueblo y cada agrupación de pueblos solidarios
tido por la herencia, dudo que pueda nunca compren- obran preferentemente de acuerdo con su historia,
derse el tejido conjuntivo de la civilización" (6) .Sea y la historia la constituyen las costumbres de las
generaciones anteriores, costumbres que a su vez
lo que fuere, el hombre civilizado hereda mentalmen-
son resultado de todas las condiciones de la exis-
(5) A. De Candolle, Historie des sciencies et des savants depuis deux
siédes, 2a. edición, p. 524-25.
(7) G. J. Romanes, Darwin and after Darwin, vol. II, página 33.
(6) W. Bagehot, Physics and Pol'tics, lib. I.
24 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 25
tencia colectiva, así orgánicas o etnográficas como fí- América estaba poblada por una sola raza, bien que
sicas o geográficas. dividida en diversos grupos desigualmente civiliza-
El alma de un pueblo o de una raza es "la sínte- dos. La creencia de que la población de las cordille-
sis de toda su historia y la herencia de todos sus an- ras pertenecía a una raza radicalmente distinta de
tepasados", dice un psicólogo; y de ahí que haya po- la de los otros indios, proviene del postulado super-
dido afirmarse con razón que los muertos gobiernan ficial de que existe una relación necesaria entre la
a los vivos (8). Cada generación se apoya sobre el identidad o diferencia de raza y los distintos grados,
tesoro de experiencia legado por las generaciones de civilización (9). La etnografía comprueba lo con-
muertas, y vence con él los obstáculos que encuentra trario; pues, como observaba Lubbock, "razas dife-
en su marcha progresiva. La herencia orgánica y rentes en etapas análogas de civilización presentan
la herencia mental trasmiten al través de las genera- a menudo más puntos de semejanza entre sí, que no
ciones las fuerzas y los ideales, lo sentimientos y las la misma raza en distintos períodos de su histo-
aspiraciones, la facilidad para el individuo de adap- ria" (10).
tarse a su medio y el poder colectivo de conformar Durante la conquista lucharon a muerte dos ra-
el medio con las necesidades sociales. zas perfectamente definidas y de civilizaciones del
En suma, las condiciones de raza y de medio todo diversas: la raza española y la raza americana.
son en todas partes condiciones esenciales de los ac- Poseedora ya ésta de una civilización secular en Mé-
tos de la vida social; la repetición constante de los xico y en el Perú, su estado social era todavía infe-
mismos actos origina costumbres, y las costumbres rior en las costas y en el interior del territorio vene-
forman la trama de la historia. Sin recordar ésta zolano; y si bien muchas tribus venezolanas no se
es imposible darse cuenta del estado social de un mostraron nunca inferiores a los españoles, en cuan-
pueblo, y, al propio tiempo, la historia es incompren- to a ardor guerrero, prefiriendo siempre la muerte a
sible si no se analizan previamente los elementos or- la derrota (11), érales imposible resistir indefinida-
gánicos y físicos que han contribuido a constituirla mente a las grandes ventajas de los conquistadores:
y a determinarla. el caballo y las armas de fuego y el perro cazador.
Examinemos desde luego el elemento de raza La desaparición de las tribus indígenas más aboca-
en la historia de Venezuela. das a la civilización era fatalmente necesaria.
Tomando el término raza en su acepción más En su empeño patriótico de disculpar la devasta-
lata, no hay duda que a la llegada de los españoles, la ción universal que caracteriza la conquista, los escri-
tores españoles afirman a menudo que las "razas
(8) J. Ruskin dice poéticamente: Men cannot benefit those that are with
them as they can benefit those who come after them; and of alt the pulpits from (9) J. Fiske, The Discovery of America, vol. I, p. 23.
which human voice is ever sent forth, there is none from wbich it reaches so (10) J. Lubbock, Origin of dvilixation, p. 11.
far as from the grave.—The seven Lamps of Archttecture, cap. VI. (11) Véase G. Marcano, Ethnographie précolombienne du Venezuela, p. 76.
26 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 27
indígenas de América no han desaparecido", puesto Hacia los primeros años del presente siglo, y úl-
que el elemento indio figura aún en la población ac- timos de la colonia, la población de la Capitanía Ge-
tual (12). Subsiste, sí, pero representado por los res- neral de Venezuela contaba aproximadamente 800.000
tos de las tribus inferiores, que sólo debieron la vi- almas, divididas, según Humboldt, así:
da a la fuga o a la sumisión. En Venezuela, las tri- Blancos nacidos en Europa 12.000
bus superiores de Caracas y de Aragua, que quizá Blancos hispanoamericanos o criollos . . 200.000 (14)
se habrían civilizado rápidamente por el contacto Castas mixtas o gentes de color 406.000
con otra raza que no la raza española del siglo XVI, Esclavos negros 62.000
desaparecieron todas en la guerra de la conquista. Indios de raza pura 120.000
A la invasión destructora se sustrajeron sólo las tri- Esos distintos elementos étnicos constituían cla-
bus menos belicosas, y esto explica por qué los in- ses separadas, "no por meros accidentes, dice Ba-
dios puros sobrevivientes figuraron tan poco en las ralt, sino por el alto valladar de las leyes y de las
clases dominantes de la colonia; sin contar que el costumbres" (15).
régimen de ésta, —no obstante ciertas concesiones Los blancos nacidos en Europa, en su mayoría
humanitarias de las leyes, no bien dictadas en Es- catalanes y vizcaínos (16), eran o empleados del go-
paña cuando olvidadas o violadas en América—, fué bierno español o simples mercaderes, y pocos en nú-
siempre opuesto a elevar al indio a la misma catego- mero, por las trabas que España ponía a la emigra-
ría social y política del europeo (13). ción europea.
Los descendientes blancos de europeos, llamados
(12) J. Valera, Nuevas cartas americanas, Madrid, 1890, p. 145.—El mis- criollos, eran casi todos cultivadores, militares, clé-
mo autor afirma, p . 146, que "los indios estaban en decadencia", pero no aduce
prueba alguna de tan peregrina hipótesis. rigos, frailes, empleados en rentas o en los tribuna-
(13) Perdone el lector la siguiente nota.—Aunque extintos ya en los co- les: muy pocos negociantes.
razones españoles y americanos los odios de las guerras de la conquista y de la "Las artes útiles a la comodidad de la vida y las
independencia, y aún cuando sean cada día más amistosas las relaciones oficiales
entre España y sus antiguas colonias, suscítanse de vez en cuando en los libros
liberales, desestimadas como serviles, eran abando-
y en los periódicos polémicas ardientes sobre la responsabilidad moral de los
conquistadores en la destrucción de la r?.za americana. Hasta un escritor como (14) Hay que observar, sin embargo, que a veces los reyes de España ele-
don Juan Valera, cuyas obras son gloria de todos los pueblos que hablan caste- vaban, por medio de edictos, a la categoría de blancos a todos los zambos o
llano, contribuyó hace poco, con la ironía y con las aventuradas insinuaciones mestizos de toda una villa, como sucedió con los de Nirgua bajo el reinado de
de sus admirables 'Cartas americanas, a enardecer esas polémicas que son ya Carlos III.
inútiles, o al menos anacrónicas. Ni España es hoy la misma España conquis- (15) Los datos sobre la distinción de clases, que van en seguida, los to-
tadora de los siglos XV y XVI ni los americanos de hoy pueden decirse descen- mamos de Baralt y Díaz (Resumen de la Historia de Venezuela, t. I, p . 326 a 338),
dientes legítimos de la raza conquistada; y lo mismo al citar hechos históricos quienes completan las observaciones de los viajeros Humboldt y Bompland.
evidentes que al estudiar sucesos problemáticos, ni tienen los americanos el de- (16) Los valles de Caracas y de Aragua fueron colonizados principalmente
recho de incriminar, ni los españoles el deber de defenderse. Además, por cima por los vascongados. Vascongado era Simón de Bolívar, que llegó a La Guaira
de todo orgullo patriótico y de todo rencor de raza, deben resplandecer siempre la en 1590, y de cuya familia nació dos siglos más tarde el Libertador de Co-
verdad histórica y la exactitud científica. lombia, Perú y Bolivia.
JOSE GIL PORTOUL 29
28 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
je; habitador de las selvas, nómade o con domicilio
nadas a los pardos libres o gentes de color... mez-
fijo, tenía más inteligencia y virtudes que el que vi-
cla del europeo, del criollo o del indio con el africa-
vía sometido al régimen colonial, en caseríos y al-
no, y las derivaciones de esa mezcla; clase interme-
deas arregladas, tan protegido por las leyes y tan
dia entre el esclavo y el colono español, y que con-
oprimido por los hombres." (17)
tenia con diversas denominaciones una larga escala
Mientas duró el régimen colonial, los indios y
de colores, hasta que éstos, después de muchas ge-
los negros llevaron vida de parias o de esclavos, y
neraciones, se confundían con el de la raza de los.
la lucha por la supremacía social y política se cir-
conquistadores, y participaban de sus privilegios".
cunscribió entre los blancos europeos y los criollos
Los colonos introdujeron los esclavos negros con americanos. Fué sólo al iniciarse en 1810 la revo-
el pretexto de conservar la raza indígena y en reali- lución de la Independencia cuando todas las clases
dad con el objeto de dedicarlos a los trabajos agrí- sociales comprendieron la necesidad de unirse con-
colas y a la explotación de las minas. tra el enemigo común para fundar la nueva patria.
De los indios que escaparon a la destrucción de No hubo ya distinción de derechos civiles entre blan-
la conquista quedaron algunas tribus independientes cos, criollos e indios, y desde 1811 empezó el movi-
en las regiones más remotas, y las otras se sometie- miento en favor de la libertad de los esclavos. Mu-
ron al gobierno español. Eran éstas últimas gober- chos patriotas de la Independencia, empezando por
nadas al principio "por un magistrado de su nación* Bolívar,, libertaron a sus ¡esclavos para enrolarlos
descendiente de los antiguos señoreas indígenas, o como soldados en la guerra contra España: en el
nombrado por el rey donde no había", y más tarde Congreso de Cúcuta de 1821 se decretó la manumisión
se dispuso que estuviesen bajo la autoridad de "un de los hijos de esclavos, y se crearon fondos especia-
cabildo de dos alcaldes y otros tantos regidores, to- les para la gradual emancipación de todos; por úl-
dos indios" y por varios empleados españoles llama- timo, el Congreso de 1854 decretó la abolición com-
dos "protectores de los indios". pleta de la esclavitud (existían por aquella época,
La suerte de los indios sometidos continuó sien- según Codazzi, 49.782 esclavos), y desdje entonces
do hasta peor que la de los esclavos negros. "Cuan- la constititución nacional declara libre a los escla-
do no se les imponían trabajos públicos y particula- vos que ingresen en el territorio venezolano.
res fuera de toda regla y medida, se les obligaba a La fusión social de las razas no se verificó, co-
comprar por precios subidos las más insignificantes, mo es de suponer, inmediatamente y de un modo
baratijas, o se les retenían, en fin, sus salarios so co- absoluto. Terminada la guerra con España, las tres
lor de asegurarse del tributo". Todo ello, natural- regiones que constituyeron la efímera república de
mente, a pesar de las leyes y reglamentos teóricamen-
te humanitarios que de vez en cuando llegaban de
(17) Hasta aquí las observaciones de Baralt y Díaz.
la metrópoli. De donde resultó que "el indio salva-
30 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 31
Colombia se preocuparon con preferencia de allanar 414.151 individuos de razas mixtas: europeos,
los conflictos que las dividían, y hasta 1830, fecha de criollos, indios, africanos y sus varieda-
la disolución de la Colombia y de la constitución de des. (19)
las repúblicas de Venezuela, Nueva Granada y Ecua- En 1881, la población total era de 2.075.245, y en
dor, es fácil observar aún el antiguo antagonismo de 1891, fecha del tercero y último censo, de 2.323.527,
las razas. Mostrábanse los indios muy apegados a sus con 42.898 extranjeros no nacionalizados. (20)
costumbres, y oponían una resistencia tenaz a las me- Por temor quizá de herir suscepitbilidades de
joras que el gobierno republicano quiso introducir en los negros y de los descendientes de esclavos, el re-
su condición política. Los negros esperaban aún los sumen oficial del último censo no contiene indica-
efectos de las leyes que preparaban su libertad com- ción alguna respecto de las razas, bien que, por la
pleta. Predominaban en el movimiento social y po- frecuencia de uniones de blancos con indios, negros
lítico los blancos descendientes de europeos; y la y mestizos, las preocupaciones del color no tengan
gente de color, aunque asimilada ya a los blancos ya influencia notable en la vida social, y menos aún
por las leyes, eran aún, en las relaciones sociales, en la vida política donde no es raro ver los más
víctima de su origen mezclado. "Colombia tendrá altos puestos del gobierno ocupados por gente de co-
mucho que desear, cjfice un [publicista de aquella lor (la cual, sea dicho de paso, no se muestra infe-
época, mientras la acción del tiempo no permita que rior, en cuanto a capacidad gubernativa, a los blan-
se sientan los benéficos efectos de la revolución, y cos de raza pura). Puede, empero, comprobarse fá-
no haga que se confunda nuestra población." (18) cilmente que los individuos pertenecientes a las ra-
En 1839, la población era, según Codazzi, de zas puras no forman sino una fracción muy pequeña.
945.344 habitantes, divididos así: No hay negros, en número apreciable, sino en las
ciudades del litoral marítimo, y provienen casi to-
52.411 indios independientes.
dos de las Antillas. Sin duda desaparecerán pronto,
14.000 indios sometidos, pero que conservaban como raza, por su cruzamiento con la población del
sus costumbres. interior. Las tribus de indios independientes, que
155.000 indios civilizados y mezclados que con- quedan aún en las selvas del Orinoco y en la Goa-
servaban el carácter de su raza, pero que
habían olvidado su idioma. (19) A. Codazzi, Atlas físico y político de la República de Venezuela, Ca-
49.782 negros esclavos. racas, 1840.
(20) En la década de 188.1 a 1891, el aumento de la población extranjera,
260.000 blancos hispanoamericanos y extranjeros. Sin contar los transeúntes o domiciliados de las otras repúblicas americanas, se
verificó en el orden siguiente: ingleses, españoles, holandeses y franceses. El
(18) Véase en los Documentos para los anales de Venezuela, 1er. período, número de alemanes disminuyó de 254, y el de italianos de 207.—Resumen ge-
t.I, p. 35 y siguientes, la Meditación tercera de las que publicó Juan García del neral del tercer censo de la República (publicación oficial), Caracas, 1891,
Río, de fecha 24 de setiembre de 1829. p. 81.
32 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
JOSÉ GIL FORTOUL 33
jira, no forman en realidad parte esencial de la na-
ción: su vida, costumbres e instituciones son muy di- ropeo en las dotes morales e intelectuales (22)", tam-
versas, y están también condenados a desaparecer, bién es evidente que su origen tiene una importan-
sea por destrucción en caso de guerra, sea por ab- cia sociológica capital. El venezolano de hoy no es
sorción cuando se colonicen aquellas regiones. De el español, ni el indio, ni el negro. Es imposible ase-
los españoles de la colonia quedan poquísimas fa- gurar a qué familia humana pertenecemos, decía Bo-
milias en algunos pueblos del interior, donde han lívar. No pertenecemos, sin duda, a ninguna de las
degenerado. El autor recuerda haber visitado, hace familias humanas anteriores a la época que iluminó
quince años, uno de esos pueblos, donde dos o tres el genio del Libertador: pertenecemos a la familia
familias españolas, restos probables de las expedi- constituida por la fusión de tres elementos étnicos
ciones de Spira, Federmann y Utten en el siglo XVI, distintos; y nuestro carácter nacional, nuestra histo-
conservábanse puras de toda mezcla. Los miembros ria, nuestros ideales, y en suma, nuestro espíritu, es
de esas familias se habian unido siempre entre si, una resultante étnica y social. Del indio tenemos el
de suerte que ya no formaban sino una sola; y pro- amor a la independencia y el odio hereditario a los
bablemente por las repetidas uniones entre próxi- privilegios de castas: del negro, en parte siquiera, la
mos parientes, notábase una frecuencia singular de energía necesaria para la adaptación rápida a una
deformaciones físicas, como cráneos enormes y na- naturaleza exuberante y bravia, y quizá el tono me-
rices y orejas desmesuradas, a más de un número lancólico y nostálgico que predomina en nuestros
proporcionalmente exorbitante de sordomudos y de poetas genuinamente nacionales; y de uno y otro,
locos. La falta de vías de comunicación que llevasen el escepticismo radical con que la parte menos cul-
vida nueva a aquella célula social aislada y la falta ta de la población presencia a menudo las luchas
de cruzamiento con elementos étnicos extraños, fue- sangrientas de las voltarias sectas políticas. Del es-
ron causas evidentes de la degeneración ( 2 1 ) . . . La pañol nos vino la poca capacidad natural para la in-
inmensa mayoría de la población se compone de dustria, el débil espíritu de iniciativa, la costumbre
mestizos, que es la clase social directora. de esperarlo todo del gobierno, la pasión de las in-
En la historia de la República, desde 1830, pre- trigas políticas, el gusto de la oratoria brillante y
domina el hombre de raza mezclada, y si bien es majestuosa hasta el extremo de convertirla en di-
justo reconocer que éste se ha mostrado a menudo lettantismo estético, la honestidad de las relaciones
de familia, y, con el amor refinado de las bellas
"más fuerte y vigoroso que el indio, más activo e
letras, también, por desgracia, el instinto indoma-
inteligente que el africano, e igual al criollo y al eu-
ble de la g u e r r a . . . (23) A lo cual hay que agre-
(21) J . Gil Fortoul, Le mouvement social au Vénétuela, en la Revue
internationale de sociologie, París, octubre de 1894. ^ J Baralt y Díaz, op. cit. t. I, p . 330.
(23) En la Independencia y en los primeros períodos de la República era
cosa corriente dedicarse a un tiempo a las profesiones liberales y a la carrera
34 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
JOSÉ GIL FORTOUL CJ
EL MEDIO FÍSICO
Parece cosmopolita el hombre, solamente cuan- den distinguirse en el hombre social dos especies de
do ha llegado a una civilización muy avanzada, cuan- evolución, inconsciente la una, e intelectual o cons-
do la ciencia, el arte y la industria le han hecho ca- ciente la otra. Verifícase la primera lo mismo en la
paz de neutralizar fácilmente o modificar aquellas naturaleza inorgánica que en la naturaleza organi-
condiciones del medio que amenazan su salud y su zada y en el mundo social. La nebulosa, la estrella,
vida. De suerte que no es su organización natural el planeta y el satélite evolucionan; es decir: cam-
la que le permite soportar las variaciones de todos bian de aspecto material según leyes naturales, sin
los climas y prosperar en ellos, sino la adaptación; que en este resultado influya ninguna fuerza extra-
y ésta, cuando se realiza, resulta de un gran número ña a la misma materia. Las plantas y los animales,
de causas y de circunstancias ocasionales. incluso el hombre, evolucionan; esto es: se trasfor-
Hablando de la insalubridad del campo roma- inan, cambiando de aspecto material las primeras y
no, Mommsen observa que, en las etapas inferiores- de aspecto físico y condición cerebral los últimos,
de la civilización, el hombre tiene generalmente una en virtud de leyes fatales, como la lucha por la exis-
percepción más rápida de las exigencias de la natu- tencia la adaptación al medio y la supervivencia de
raleza, y mayor facilidad para conformarse a ellas: los más fuertes. Los grupos humanos, la sociedad,
"quizá, también, una constitución física más elásti- la nación, la raza y la especie evolucionan; es decir:
ca que le adapta más pronto a las condiciones del progresan o se trasforman mediante leyes naturales,
suelo donde vive". (1) Sin embargo, para adaptar- o independientes de la voluntad humana, y a este
se con mayor facilidal a otro medio necesitan los movimiento necesario y fatal llamamojs evolución
pueblos haber progresado de un modo considerable, inconsciente. Pero en el hombre colectivo se verifi-
pues si es cierto que las influencias locales tuvieron, ca además otro movimiento que podemos calificar
como dice Spencer, un poder máximo en los comien- de intelectual o consciente. A medida que el enten-
zos de la evolución social, también es' verdad que dimiento se ensancha en la lucha por la existencia
sólo nuestra civilización, con su organización más y en la vida social, el hombre amplía la esfera de
completa, puede florecer en los climas más desfavo- su aotividad productora, satisface más íácilmertte
rables. En general, la bonanza del clima favorece sus necesidades, depura sus costumbres y perfeccio-
el desarrollo social en sus comienzos, como sucedió na sus instituciones. Los esfuerzos intelectuales y
en la India y en el Egipto, en México y en el Perú. sus resultados inmediatos, —la ciencia, el arte y la
En otra ocasión y en un estudio de otro género industria, — son agentes libres que imprimen fuer-
intentamos desarrollar la teoría siguiente. (2) Pue- zas, las más poderosas de todas, al desenvolvimien-
to de las sociedades y de las naciones, determinan-
(1) T. Mommsen, Romische Geschichte, lib. I, cap. III. do, por consiguiente, una evolución consciente. La
(2) J . Gil Fortoul, Filosofía constitucional, París, 1890, págs. 41 y si
evolución inconsciente se verifica con rapidez pro-
guientes.
42 JOSE GIL FORTOUL 43
EL HOMBRE Y LA HISTORIA
porcional a las condiciones favorables de la raza y zo de una raza en vía de civilizacón, como la raza
del medio físico, y la evolución consciente va acele- indígena, por una raza de esclavos, incapaz de toda
rándose en razón del perfeccionamiento de la mis- iniciativa individual y de todo esfuerzo colectivo,—
ma organización social. En suma, las dos especies dieron por resultado fatal que durante el régimen
de evolución coexisten siempre en todas las etapas colonial la influencia del hombre sobre el medio fue-
del progreso humano; pero es más notable la evo- se casi nula.
lución inconsciente en las etapas inferiores, predo- Averigüemos en seguida cuáles son las princi-
minando entonces las influencias de la raza y del pales influencias del medio físico sobre la población
medio físico, y es más enérgica la evolución cons- mixta actual y sobre la inmigración extranjera lla-
ciente en las civilizaciones más avanzadas, predo- mada a acrecerla y a modificarla.
minando entonces la influencia del hombre sobre el El desarrollo de la raza mestiza, observa de Qua-
medio. trefages, depende de las influencias que en ella ejer-
El estado social de Venezuela, lo mismo durante ce el conjunto de las condiciones de existencia; esto
el régimen colonial que durante el régimen republi- es: el medio. Y en el medio, que puede distinguir-
cano, comprueba la teoría que acabamos de bosque- se en orgánico, social y físico, una de las condiciones
jar. Los españoles, que emprendieron la conquista de vida es el clima. (3)
del territorio, menos con el propósito de cultivarlo y
crear en él una civilización análoga a la europea, El clima de Venezuela comprende las tres zonas,
que con el fin de someter por la fuerza a la raza cálida, templada y fría. En la primera el promedio
indígena y cargar con las riquezas naturales, cuya de la temperatura es de 25 a 29 grados centígrados;
explotación no requiriese ningún esfuerzo industrial, en la zona templada, de 15 a 25 grados, y de 2 a 3
establecieron la trata de esclavos negros, a poco de grados en la Sierra Nevada de Mérida, cuya altura
haber exterminado o dominado las tribus indias más máxima de 5.000 metros marca el límite superior de la
enérgicas, con la creencia de que aquellos soporta- vegetación.
rían mejor las influencias nocivas del clima en los En los puertos de mar, donde la temperatura es
trabajos de la agricultura y de las minas. En cuan- apenas soportable en ciertas horas del día, la pobla-
to a los restos que sobrevivieron de las tribus indias, ción se compone casi exclusivamente de mercade-
su sangre se .mezcló pronto con la de los españoles res, animosos todos de realizar fortuna y escaparse
y negros, o buscaron refugio en las más lejanas sel- a otra región más benigna.
vas, donde subsisten aún independientes y bravios
hasta que la colonización llegue a destruirlos o ab- (3) Hipócrates entendía por clima: el conjunto de las condiciones físicas
de una localidad, en sus relaciones con los seres organizados Recuérdese esu
sorberlos. Estos dos hechos, —el espíritu de destruc- definición siempre que en las páginas siguientes se trate de cltfna o medio
ción que inspiró a los conquistadores, y el reempla- físico.
44 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 45
Las llanuras de la zona cálida, con su clima se como base de su carácter: desapego a toda espe-
abrasador y sus inmensas soledades, no son habita- cie de sujeción y de trabajo, indiferencia por la cosa
bles sino para el llanero allí nacido. En ninguna pública, el amor genial del hombre salvaje por la
otra parte es más notable la influencia del medio independencia; y una dulzura de carácter que pro-
sobre el hombre. Mezcla de indio, blanco y negro, venía a un tiempo de indolencia, falta de energía y
el llanero debe su carácter y costumbres, más que a bondad del corazón".
las razas madres, a las condiciones de la naturaleza Las mismas cualidades y defectos se observan
que le rodea. Baralt y Díaz resumen así las obser- hoy en las regiones más lejanas, no invadidas toda-
vaciones de Humboldt: "El clima abrasador de sus vía por la ola de la civilización extranjera. Las con-
desiertos y las inundaciones de su territorio obligan diciones del medio físico siguen determinando allí
a los llaneros a adoptar un vestido muy sencillo, y el carácter y las costumbres del hombre. En cam-
moran ordinariamente en cabanas a las riberes de bio, el dominio del hombre sobre la naturaleza se
los ríos y los caños, en incesante lucha con los ele- acrecienta en los centros más poblados, puestos ya
mentos y las fieras. Sus ocupaciones principales son en contacto con la civilización de otras tierras.
la crianza y pastoreo de ganados, la pesca y la caza; Del establecimiento de fáciles y numerosas vías
si bien algunos cultivan pequeñas porciones de te- de comunicación, y, sobre todo, de la rápida adap-
rreno para obtener raices Comestibles. Esta vida tación de la inmigración europea al medio intertro-
activa y dura, su marcha continua y su necesaria pical, depende hoy, en parte principal, el porvenir
frugalidad, desarrollan en ellos gran fuerza muscu- y prosperidad de la nación. Pero, ¿puede el hom-
lar y una agilidad extraordinaria Acostumbra- bre blanco europeo vivir y aclimatarse en las regio-
dos al uso constante de la fuerza y de los artificios nes de la América intertropical? No es raro leer en
para defender su existencia contra todo linaje de autores europeos la afirmación categórica de que el
peligros, son por necesidad astutos y cautelosos blanco encuentra allí obstáculos insuperables en las
En fin, el llanero ama como su verdadera y única condiciones que caracterizan el medio intertropical;
patria las llanuras y fuera de ellas, halla es- a saber: la alta temperatura y ciertos agentes mor-
trecha la tierra, el agua desabrida, triste el cielo..." (4) bosos, como la fiebre amarilla y las fiebres palú-
Los mismos historiadores observan, con referen- dicas.
cia al resto de la población en los últimos años de la En cuanto a la temperatura, el hecho de haber
colonia, que "la soledad, la benignidad del clima y sido siempre reducidísima la población de la zona
la carencia de necesidades, desarrollaron en ella va- más cálida, donde el centígrado marca por término
rios sentimientos principales que pueden considerar- medio de 25 a 29 grados, demuestra sin duda que la
inmigración no podrá fijarse en esa zona, a lo me-
(4) Baralt y Díaz, t. I, págs. 438-39. nos en los comeinzos y si se trata de inmgrantes de
EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL PORTOUL 47
46
países septentrionales. Mas, al propio tiempo, la cuanto a inmunidad del paludismo, entre la raza in-
experiencia de tres siglos comprueba que la pobla- dígena y las razas inmigradas de Europa y África; y
ción europea aumenta y prospera en la» zonas tem- la neutralización de su influencia será obra exclu-
plada y fría. "El clima venezolano por excelencia, siva de la higiene pública y privada no bien se mul-
observa Elíseo Reclus, es el de las ciudades y cam- tipliquen y progresen los centros de población. Un
pos situados más arriba de la zona cálida, en las pla- distinguido médico venezolano, que ha estudiado el
nicies y en las faldas de las montañas El es- paludismo en las regiones donde hace más estragos,
pañol se ha aclimatado perfectamente, no sólo en nos comunica las siguientes observaciones: —"El
las faldas de los montes de la zona templada, sino paludismo no respeta razas. F. Roux, en su "Trata-
también en la zona cálida, en el litoral marítimo y do de enfermedades de los países cálidos, dice: "es
en los llanos. Los americanos del norte y los euro- un error creer que la raza negra esté relativamente
peos de los países septentrionales viven por milla- al abrigo de la fiebre palúdica; es verdad que los ne-
res en Caracas y en las otras ciudades altas del sis- gros soportan mejor que el europeo los ataques de
tema andino, y su salud no parece sufrir con el nue- la enfermedad en su país, pero a eso se reduce la
vo clima". (5) pretensa inmunidad de dicha raza". Todos los ha-
bitantes, sin excepción de color, de los lugares esen-
Es evidente, sin embargo, que los agentes mor- cialmente palúdicos son más o menos atacados por
bosos especiales —paludismo y amarillismo— del me- la enfermedad; y ésta, junto con el ardor del clima,
dio a que nos referimos, tienen todavía influencia contribuye en gran parte a producir las anemias que
considerable en las condiciones de vida de la pobla- con tanta frecuencia se observan en aquellos luga-
ción venezolana, y contribuyen, por consiguiente, a res. Ninguna condición favorable falta allí para el
caracterizar sus costumbres. desarrollo del paludismo: qalor excesivo, terrenos
El paludismo es una enfermedad telúrica provo- húmedos y pantanosos, ríos que se desbordan perió-
cada por un animálculo unicelular perteneciente a dicamente todos los años y producen inundaciones
la clase de los Esporozoarios. (6) Evoluciona este tales que hay que cruzar los caminos en pequeñas
parásito en los glóbulos rojos de la sangre del hom- embarcaciones: las aguas son de muy mala calidad;
bre, y determina así una de las causas principales de en las regiones lejanas de los ríos hay que excavar
la anemia fisiológica que debilita y deprime a me- cisternas de donde filtra un agua muy poco potable,
nudo a los habitantes de la zona tórrida. No se ha y apropiada, por consiguiente, para la propagación
demostrado aún que existan diferencias notables, en de la enfermedad: las aguas de los mismos ríos, en
(5) E. Reclus, Nouvelle Géographie universelle, t. XVIII, págs. 141 y 162.
el principio de las lluvias, son turbias y malsanas.
(6) La existencia del hematozoario de Laveran fué comprobada por primera El azote no desaparecerá en aquellas regiones, que
vez en Venezuela, en 1894, por el médico venezolano Dr. Santos A. Dominici. son fuente de tanta riqueza, sino cuando la pobla-
Véase la Gaceta Médica de Caracas, 30 de noviembre de 1894.
48 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 49
ción aumente; cuando se logre secar los terrenos con viduo con respecto a la fiebre amarilla, dependa del
el cncauzamiento y canalización de los ríos; cuando hecho de pertenecer a tal o cual raza, sino de las
la mano del hombre lleve el cultivo a todas partes y condiciones de vida y medio ambiente a que esté
extienda la higiene su benefactor dominio". (7) acostumbrado. La receptibilidad individual está en
La fiebre amarilla comparte con el paludismo la razón inversa de la temperatura del lugar de origen
más constante influencia morbosa de la América in- del individuo. La mínima inmunidad de que gozan
tertropical. Originaria del mar de las Antillas, pro- los negros, y no la raza negra, depende de que por
págase a las regiones interiores y forma allí focos de lo general residen en las tierras ardientes del litoral
infección tanto más persistentes cuanto son peores o de las riberas de los grandes ríos; pero los que vi-
las condiciones higiénicas de las localidades infes- ven en el interior de los países son atacados tanto o
tadas. casi tanto como los blancos colocados en condicio-
Recién llegados al nuevo mundo, los españoles nes análogas". (8) El Dr. E. Ochoa dice: "las tem-
se vieron diezmados en la Isabela por la epidemia peraturas elevadas, las malas condiciones higiénicas
de 1494, y desde entonces la fiebre amarilla sirve a y cierto estado climatérico especial, no bien deter-
menudo de espantajo a la inmigración europea, a la minado todavía, favorecen el desarrollo del germen
que se hace creer fácilmente que la fiebre azota más de la fiebre amarilla. De los focos endémicos es
al blanco que no al negro y al indio. Sin embargo, importada a las regiones templadas, donde las epi-
las diferencias de raza, suponiendo que exista algu- demias que se producen toman a veces caracteres in-
na, en cuanto a la mayor o menor predisposición tensos. Gozan de inmunidad los individuos que na-
para contraer la fiebre, no están aún comprobadas cen y viven en esos focos, o que han sufrido un pri-
de un modo definitivo. Los especialistas surame- mer ataque. Los goajiros, dice nuestro distinguido
ricanos difieren en sus conclusiones. El Dr. Cuervo maestro el Dr. Dagnino en su Tratado de la fiebre
Márquez, que ha estudiado las epidemias de amari- amarilla, son muy propensos a contraerla al llegar
llismo en las regiones de Colombia colindantes con a Maracaibo; los mestizos no escapan a ella, y en
Venezuela, dice: "No creemos que la receptibilidad cuanto a los negros, que algunos autores afirman ser
esté en razón directa de la blancura de la piel como inmunes, bueno es hacer notar que, por lo menos en
lo dice Roux (Maladies infectieusesi, París, 1886), ni Venezuela, gran parte de esos individuos, o son ori-
tampoco que todas las razas sean igualmente aptas ginales de las costas y viven en ellas, —donde por
para contraerla; pero no admitimos que la relativa lo regular es endémica la fiebre amarilla,— o pro-
inmunidad o la predisposición de que goce un indi- vienen de las Antillas, donde la referida enfermé-
(7) Dr. E. Ochoa, de la Universidad de Caracas. Comunicación espe- i s ) Dr. L. Cuervo Márquez, de la Academia de Medicina de Bogotá, La
cial al autor. fiebre amarilla en el interior de Colombia, Curazao, 1891, p. 71.
50 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL PORTOUL 51
dad reina bajo igual forma; de suerte que, en ambos tado de ella una mayor resistencia para la adquisi-
casos, los negros gozan de la inmunidad que se ad- ción de las enfermedades que son exclusivas a ese
quiere en lales sitios". (9) En cambio, el Dr. S. A. clima". (11)
Dominici, si bien reconoce que son muchos los casos El fenómeno de la adaptación explica cómo la
de negros atacados por la fiebre amarilla en tiempo raza mestiza de blanco, indio y negro, aclimatada
de epidemia, concluye que la raza negra goza de desde hace siglos, puede vivir y prosperar en la par-
una inmunidad casi completa comparada con los in- te inferior de la zona templada y aún en la cálida;
dios, blancos y mestizos, que tienen igual aptitud cómo la raza blanca, recientemente inmigrada, deba
para contraer la enfermedad. "La influencia de la escoger su habitación en las regiones de clima menos
raza, dice, sobre la mayor o menor susceptibilidad ardiente; y cómo tanto la una cuanto la otra nece-
al virus amarillo, no puede negarse. Algunos opi- sitan acordar sus costumbres con las exigencias del
nan que la inmunidad de que goza la raza negra no medio físico, esforzándose al propio tiempo por mo-
es una cualidad inherente a ella, sino que depende dificarlo.
de su más fácil adaptación al clima y a las causas
La adaptación del hombre al medio físico, y la
ocasionales. Mas, ¿podrá aceptarse que la raza im-
modificación de éste por el hombre, son las condi-
portada se aclimate mejor que la indígena? y aún
ciones esenciales de vida y de progreso lo mismo en
cuando la enfermedad fuera también importada con
Europa que en América. Así como los habitantes
ella, como han creído otros sin fundamento alguno,
de los países muy fríos resisten a las inclemencias
resalta siempre el hecho, en todas partes comproba-
del medio apropiando a ellas sus casas, vestidos, ali-
do, de la resistencia especial de los negros a la fiebre
mentos y estimulantes nerviosos, asi la población de
amarilla, que no se explica sino por la inmunidad
los países más cálidos empieza ya a neutralizar la
natural de la raza". (10)
parte desfavorable de las condiciones climatéricas,
Sea cual fuere en esta materia la conclusión de- apropiando al medio sus habitaciones, alimentos,
finitiva de la patología comparada, los especialistas horas de trabajo y de recreo, costumbres domésticas
se acuerdan en reconocer el hecho de que "la acción y hábitos sociales. En las habitaciones mejor insta-
lenta y sostenida del clima produce la adaptación ladas de los climas fríos, los caloríferos son los más
del organismo al medio en que vive, y como resul- directos agentes de bienestar y de salud: en los cli-
mas cálidos, los frigoríferos harán respirable y be-
(9) Dr. E. Ochoa. Comunicación especial al autor. néfico en el interior de las casas el aire abrasado
(10) Dr. Santos A. Dominici, de la Universidad de Caracas y de la Fa- que las rodea. Contra la languidez y propensión a
cultad de medicina de París. Comunicación especial al autor.—Además, el Dr.
H. Finol, de Maracaibo (donde la fiebre amarilla es endémica) nos dice: "Se
la indolencia que produce el calor excesivo, la volun-
citan casos de fiebre amarilla en negros, pero yo no he podido observar uno
solo siquiera".
(11) Dr. Cuervo Márquez, op. cit. p. 73.
JOSÉ GIL PORTOUL 53
52 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
de toda la Europa. Si el eje de la civilización no
tad humana reacciona con un régimen especial de continuó en los trópicos, debióse principalmente a
alimentación y con el ejercicio metódico al aire li- causas etnográficas, a migraciones forzosas, a vici-
bre. Los que se dejen tentar por las delicias de la situdes de la guerra y a los cruzamientos de las po-
siesta y el vaivén adormeciente del chinchorro, pen- blaciones del norte con las del mediodía. ¿Por qué
sarán que para conservar la energía física y moral negar que el eje de la civilización universal pueda
es indispensable, como dice un viajero, "declarar una volver a situarse en la misma zona donde florecieron
guerra encarnizada a la hamaca". En los países de las primeras civilizaciones? Después de viajar por
sol ardiente, los efectos dañosos de las bebidas fer- largos años en la América intertropical, un natura-
mentadas son más rápidas y desastrosas; pero el lista exclama con entusiasmo lírico: "¡Sólo bajo el
hombre de todas las latitudes sabe que la sobriedad ecuador podrá la raza perfecta del porvenir alcan-
es en todas partes compañera de la fortaleza. Si zar el goce completo de la bella herencia del hom-
el suramericano tiene que luchar siempre contra el bre, la tierra! " (13) Pero demos todavía tre-
calor y el lodo, contra los insectos nocivos y las fie- guas a la fantasía y a la esperanza, y comprobemos
bres, también el europeo del norte vive en lucha solamente que cuando el hombre suramericano lle-
continua con el frío y con la lluvia, con el suelo ári- gue a someter a su inteligencia y a su voluntad todas
do y con la atmósfera caliginosa En suma, las las fuerzas de las hermosas regiones tropicales, fun-
mismas fuerzas industriales que han hecho habita- dida ya su raza en una sola y neutralizadas las in-
bles los países de la nieve, harán, aplicadas de un fluencias nocivas del medio ambiente, su historia
modo diverso, deliciosamente habitables los países será del todo diferente de la que vamos a bosquejar.
de la perenne primavera; y en lugar de seguir ce-
diendo aquí a las influencias debilitantes del medio,
el hombre apropiará éste a sus necesidades y de-
seos.
Si estas previsiones se realizan, la civilización
volverá a fecundar toda la zona que fué su cuna y
la del hombre. (12) El hombre se civilizó rápida-
mente en Egipto, cuyo territorio pertenece en gran
parte a la zona tórrida, y de esta zona partió la co-
rriente intelectual que fecundó la Grecia y más tar-
(12) Como las especies de donde probablemente surgió el hombre, y como (13) H. W. Bates, The Naturalist on the river Amazons, 6a. edición,
los animales superiores que más se acercan a au organización (monos antropo- p. 389.
morfos) aparecieron o viven en las regiones intertropicales, no es aventurada la
hipótesis de la primera aparición del hombre en las mismas regiones.
CAPITULO III
biernos personalistas, sostenidos por pueblos perso- la hipótesis, nunca comprobada, de la coexistencia
nalistas, lógica consecuencia de las costumbres espa- de dos partidos doctrinarios, liberal el uno y conser-
ñolas que heredamos y que no cambiamos cuando vador el otro, en lucha continua desde los comienzos
cambiaron nuestras instituciones políticas". (1) El de la República; pero, no bien se trata de caracteri-
mismo escritor niega en otros lugares de su estudio zar los programas y procedimientos de cada parti-
las influencias combinadas de la raza y del medio do, cuando aquella conformidad de opiniones se con-
físico, y su conclusión resulta, por consiguiente, par- vierte en verdadera anarquía crítica. Cada autor
cial e incompleta. La historia de Venezuela no la juzga a su manera los hombres y los hechos, y atri-
confirma sino en parte. buye los calificativos de conservador y de liberal con
Empezó la evolución histórica de Venezuela con un criterio que al lector desprevenido parece siem-
la guerra entre la raza española y la raza india, gue- pre arbitrario.
rra que ocasionó, una vez destruida o domada la Sucede a las veces que historiadores adversa-
población indígena, la adaptación del régimen auto- rios en el modo de examinar los hechos políticos, coin-
ritario que es carecterístico, si no de toda la nación ciden en afirmar que las denominaciones de conser-
española, sí de los españoles que realizaron la con- vador y de liberal no son exactas. Por ejemplo, el
quista. Al cabo de tres siglos, formada ya otra raza señor Olavarría, considerado generalmente como
por la mezcla de españoles, indios y negros, estalló conservador, dice: "Los verdaderos liberales de Ve-
la guerra de la Independencia, que determinó la nezuela han sido los que llevan los apodos opuestos;
constitución de una nueva nacionalidad y de un nue- pero los llamados liberales han tenido la habilidad
vo Estado político, diferentes una y otra de la raza de tomarse insistentemente ese calificativo.... al paso
conquistadora y de la raza conquistada, pero conser- que los otros han incurrido en la candidez de dejar-
vando en su temperamento y costumbres la influen- se apostrofar al gusto de sus contrarios". (2) Y el
cia de los elementos étnicos primitivos. De esta in- general Level de Goda, historiador liberal, dice: "El
fluencia, combinada con la del medio físico y con los partido político que estuvo en el poder en Venezue-
factores ocasionales que obran siempre en la evolu- la desde el año de 1858 hasta el dé 1863 y que volvió
ción de todo grupo social, proviene el carácter espe- a ejercerlo en 1869, no tenía entonces, ni lo ha tenido
cial de la historia que vamos a bosquejar y que de- después en realidad, nombre propio aceptado por
muestra la exactitud de las premisas apuntadas en todos sus hombres, y éstos se han dejado bautizar por
los capítulos anteriores. sus enemigos, primero con el calificativo de oligarcas
La totalidad casi de los historiadores y publicis- y seguidamente con el de godos, a veces con el de
tas venezolanos basan sus juicios y conclusiones en
(2) Domingo A. Olavarría, Estudio histórico-político, Valencia, 1893, p.
(1) J. Muñoz Tébar, El Personalismo y el Legalismo, pág. 162. 130.
58 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 59
conservadores". (3). Entrambos historiadores acep- conservadores aventurarse a realizar reformas radi-
tan como cosa demostrada la coexistencia, al menos cales, ni los llamados liberales se apresuraban a des-
en algunas épocas, de los dos partidos doctrinarios; hacerse de las leyes con que habían gobernado sus
y tal supuesto les impide descubrir el verdadero mo- predecesores. Los ministerios se componían casi
tivo y significación de aquella confusión o arbitra- siempre de hombres pertenecientes a ambas denomi-
riedad de los nombres aplicados a los bandos oca- naciones de conservadores y liberales, olvidando en
sionales que lucharon por el poder desde 1848. el poder los unos y los otros las contradicciones que
Es también digno de notarse aquí la manera co- les separaban en la oposición; y la generalidad de las
mo el vulgo entendía hasta hace pocos años los nom- revoluciones se hacía, menos para trasformar el ré-
bres de conservador y liberal. Conservador, u oli- gimen político y social, que para cambiar los hom-
garca, o godo, términos equivalentes en el lenguaje bres, alegando siempre los revolucionarios que ellos
popular, significaba: hombre perteneciente a una fa- gobernarían con mayor obediencia a las leyes y con
milia distinguida por sus antepasados, por su rique- respeto mayor a las libertades públicas.
za, por su ilustración o por sus simpatías hacia todo Desde 1830 hasta 1839, durante las presidencias
gobierno fuerte, despótico o cruel. Liberal, y desde del general J. A. Páez y del doctor José Vargas, no exis-
el 58 hasta el 70, federal, quería decir: hombre sin tió lucha alguna entre dos partidos doctrinarios. La
ideas políticas fijas, poco respetuoso de la ley, ene- oposición no se manifestaba entonces sino por algu-
migo de la clase más rica o más instruida y amigo nas insurrecciones militares y por una que otra cen-
de las clases populares, inclinado al militarismo y a sura de los periódicos sobre el sistema económico
los cambios frecuentes de leyes y gobiernos. (4) del gobierno.
El instinto popular se equivocaba en esto, extra- En agosto de 1840, un periódico importante de-
viado sin duda por los odios y exclusivismos de las cía: "No existen en Venezuela dos partidos nacio-
guerras civiles. Desde 1848 hasta 1870 no hubo di- nales que se hayan dado fórmulas de ninguna espe-
ferencias constantes de doctrina, ni en los hombres cie, lo cual es sabidío generalmente. Sólo existen
ni en sus obras. Todos los gobiernos emplearon el partidos locales en las ciudades capitales de cuatro
mismo método, respetando algunas veces las liber- o cinco provincias. De ellos tomaremos las fórmu-
tades públicas y las tradiciones, y violándolas o con- las que con más generalidad se han dado algunos.
trariándolas muchas veces. Ni temían los llamados Hombres nuevos (Partido Liberal) por una parte;
Constitución, paz y orden (Partido Conservador) por
(3) Luis Level de Goda, Historia contemporánea de Venezuela política y
militar, Barcelona, 1893. Discurso preliminar, XX. otra. Por hombres nuevos entienden o quieren ha-
(4) En mi Historia Constitucional de Venezuela (la. edición: Berlín, 1897- cer entender los partidarios de esta fórmula,
98); 2a. edición: Caracas, 1930, clasificamos la historia política-social en pe-
ríodos denominados Oligarquía conservadora, 1830 a 1848 y Oligarquía liberal,
la elevación a los puestos públicos de los ciudada-
1848 a 1863. nos que no los han ocupado, y la separación de ellos,
60 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
JOSÉ GIL FORTOUL 61
de los que hoy los desempeñan. Y por Constitución,
paz y orden entienden o quieren entender los que tal el nombramiento del señor Guzmán (para redactor
fórmula proclaman, que son ellos únicamente los del periódico) había sido tan desacertado como no-
amigos sinceros y cordiales de los tres motes que bla civo a los levantados propósitos que les animaban.
sonan Creemos haber probado que no existen El señor Guzmán aprovechó la feliz coyuntura para
hoy partidos políticos nacionales, y a ello añadiré* iniciar una campaña periodística, de ambiciones y
mos que los partidos locales que se notan, están úni- concupiscencias, que había de llevarle al patíbulo
camente fundados en el deseo de que sean éstas o o al poder. A causa de esa campaña se retiraron los
aquéllas las personas que ocupan los destinos pú- fundadores de El Venezolano, y retiraron las sub-
blicos". (5) venciones que cobraba el periódico, quedando éste
Sin embargo, en la misma fecha en que se pu- en manos dt Guzmán". (8)
blicó lo que acabamos de reproducir, los partidos El Venezolano continuó activamente su propa-
locales'que pedian hombres nuevos en el gobierno ganda contra todos los hombres que habían gober-
empezaron a unirse para formar un partido nacio- nado desde 1830, tratándoles de oligarcas. Extraña
nal de oposición, a lo cual contribuyó eficazmente a primera vista que a presidentes como Páez, Var-
la propaganda del periódico titulado El Venezolano, gas, Narvarte y Soublette, —a quienes, si se pone de
cuyo primer número apareció en Caracas en agosto lado la pasión política, es imposible no considerar
de 1840. Para fundarlo se habían juntado los se- como personalidades eminentísimas en su época, ya
ñores Tomás Lander, Tomás J. Sanavria, José Ga- por la gloria adquirida en la Independencia, en cuan-
briel Lugo, Rafael María Lugo, José Austria, Jacin- to a Páez, y ya por la ilustración y patriotismo indis-
to Gutiérrez, José Julián Ponce, José Bernardo Aré- cutibles de los otros,— se les aplicase el calificativo
valo y Antonio Leocadio Guzmán, que fué nombra- de oligarcas, que denota, en nuestro vocabulario po-
do redactor. (6) El historiador Rojas (7) cita tam- lítico, intransigencia, exclusivismo y hasta crueldad
bién entre los fundadores de El Venezolano a Ma- despótica. Compréndese esto, sin embargo, si se re-
nuel Felipe de Tovar, el cual debía figurar más tarde cuerda que el poder director del gobierno fué siem-
como uno de los jefes del llamado partido conser- pre en realidad el general Páez. Cuando una perso-
vador. Según el mismo historiador, "muy luego hu- nalidad cualquiera adquiere tal influjo, los hombres
bieron de convencerse los señores de la junta de que alejados del gobierno tienden naturalmente, para
hacerse populares, a presentar aquel influjo como
(5) El Liberal, Caracas, 25 de agosto de 1840, citado en los Documentos una usurpación antidemocrática.
para los anales de Venezuela, 2o. período, t. 1, p. 317. Por otra parte, los liberales de aquella época y
(C) Véase el Manifiesto del partido liberal a la Nación, Caracas, 31 de
julio de 1893. sus sucesores suelen encomiar con entusiasmo la hon-
(7) J . M. de Rojas, Bosquejo histórico de Venezuela, París, 1888, p. 54.
radez personal de los hombres que gobernaron del la República, si es cierto que se caracteriza en la ma-
30 al 48, y hasta hay quien llame a este período, yoría de los gobernantes por la ausencia de aquellos
"edad de oro de la república". Hablando en térmi- vicios y peculados vergonzosos que distinguirán más
nos generales, es cierto que el gobierno manejaba tarde a otros gobiernos, caracterizase también por
con pulcritud al tesoro nacional. El l 9 de julio de el estado de pasividal e ignorancia de la población.
1845 había un sobrante en metálico, pagarés del co- Al despartar ésta a la vida política, había de tras-
mercio y acciones del Banco Nacional, de más de formarse el sistema de gobierno y el carácter na-
un millón de pesos; (9) pero la oposición observa- cional. La propaganda liberal del 40 al 46 trabajó
ba con razón que, a pesar de la prosperidad del te- por este resultado, y si bien no lo consiguió en se-
soro, el gobierno no se ocupaba eficazmente en fo- guida, logró sí abrir la era de las luchas democráti-
mentar el progreso material ni en adaptar a las ne- cas.
necidades modernas sus planes económicos. (10) El ¿Hizo bien? La respuesta depende de la t e o -
rápido aumento de la renta no sugirió al gobierno sino ría con que se examinen el estado del pueblo y los
estos tres planes: o aplicar los sobrantes a la amor- medios empleados para apresurar su evolución pro-
tización de la deuda exterior, o repartirlos en todo gresiva. Para el autor de este ensayo no cabe duda
el país por medio de las Diputaciones provinciales, que la propaganda liberal despertó la conciencia na-
o crear un Banco Nacional. (11) Adoptóse el úitimo cional, y este hecho sólo basta para disculpar mu-
plan, y dio el banco tan malos resultados que, a los chas faltas de los hombres que, valiéndose de una
pocos años tuvo que declararse en liquidación. Hay, idea fecunda, no tuvieron luego ni la honradez ni el
pues, que oponer serias restricciones a la vanagloria patriotismo de consagrarse a realizarla pacificamen-
de los conservadores y a los elogios que les tributan te. Causará tal vez tristeza, a quien contemple la
los liberales. (12) El llamado período patriarcal de historia con preocupaciones de moralista, ver cómo
una evolución que parecía redentora aceptó por jefe
(9) Exactamente, $ 1.346.912,25. Véase £7 Liberal, Caracas, 4 de julio a un hombre como A. L. Guzmán, que había vivido
de 1846. inspirándose en las más contradictorias ideas y di-
(10) Véase El Agricultor, Caracas, 11 de setiembre de 1844.
( 1 1 ) J. M. de Rojas, Bosquejo histórico de Venezuela, p. 58. vorciado siempre con la consecuencia política. El
(12) El granadino Juan García del Río escribía en 1829: "Por falta de general Santander, en 1826, y el doctor de Álamo, en
sistema, como también por la ineptitud, inmoralidad y pobreza de varios emplea-
dos subalternos, hay.. una escandalosa depredación en las rentas. Los recauda-
1828, escribían al Libertador que "Guzmán merecía
dores entran a veces en transacciones criminales con los contribuyentes, en per- la peor opinión en el país". (13) El historiador libe-
juicio del fisco". (Véase el t. I de los Documentos para los anales de Ve-
nezuela, pág. 6 7 ) . Esto prueba, a lo menos, que ciertos vicios son de todas las
ral Level de Goda dice del mismo que, habiendo sido
épocas, y que las diferencias de moralidad entre unas y otras consisten sólo en
la mayor o menor intensidad de aquellos vicios. Sea lo que fuere, los historia-
(13) D. A. Olavarrfa, Estudios histérico-políticos, Valencia, 1894, p.
dores están acordes en afirmar que de 1830 a 1848 el peculado fué infinitamen-
203 y 204.
te más raro que en otros períodos, anteriores, como el período a que se refiere
García del Río, o posteriores.
JOSÉ GIL PORTOUL 65
años fué luchador audaz, constante en la ambición, ra de una revolución, negada a su propio programa
fervoroso en la esperanza, y logró por un instante, y se hacía imposible para el porvenir.
infundiendo en el pueblo sus propias pasiones, sa- Vencida la conspiración, Guzmán fué sometido
cudirlo y despertarlo de un sueño secular. a juicio. Condenóle a muerte el juez de primera ins-
Guando se abrió el período electoral de 1846, tancia, en virtud de la ley de 15 de junio de 1831,
la oposición liberal era ya una agrupación fuerte y y las cortes superior y suprema confirmaron la pri-
numerosa. Comprendía su programa dos fines po- mera sentencia. ¿Por venganza quizá, o por cruel-
líticos: 1*?, procurar que el mayor número posible de dad del vencedor? El respeto a la ley es la prime-
ciudadanos se ocupase en los problemas de la cosa ra condición esencial de la normalidad en un Esta-
pública, y 2 9 modernizar una administración que te- do, y la ley de la época aplicaba la pena de muerte
al delito de conspiración. Sin duda alguna la ley de
nía marcadas tendencias al quietismo.
1831 era no solamente atroz, sino también inadecua-
Con tales fuerzas y propósitos, pareció asegura- da para Venezuela,—donde la mayoría de los hom-
do el triunfo de la oposición, y podía esperarse una bres políticos, empezando por el general Monagas,
era nueva para la vida republicana. Por desgracia, que había sido conspirador en 1835 e iba a ser Pre-
si había sabido Guzmán imponerse como propagan- sidente de la República en 1847, había ya conspi-
dista, la superioridad de sus adversarios como tác- rado contra el gobierno,—pero a su respeto y apli-
ticos políticos iba a hundirle para siempre en vís- cación no podían sustraerse, en tanto que existiese,
peras del triunfo. Deslumhrado por la popularidad ni liberales ni conservadores. La conducta de los
de su nombre, y engañado por las ilusiones de sus jueces, todos jurisconsultos eminentes, resulta, ade-
parciales, no vio el abismo que le atraía, e incau- más de correcta, insospechable. Y, ¡curiosa mora-
tamente cayó en él, malogrando su obra. lidad de los sucesos humanos! Guzmán era quizá el
Despavoridos los liberales ante la supuesta o único venezolano que no podía protestar contra la
real protección del gobierno a las candidaturas pre- aplicación de la ley terrible, por haberla refrendado
sidenciales de Rafael Urdaneta* primero, y de José él mismo en 1831 como Ministro del Interior y Jus-
Tadeo Monagas, después, abandonaron la lucha le- ticia !
gal, y con inaudita imprudencia tramaron una cons- Sin embargo, la Corte Suprema dio una prue-
piración. Equivalía esto a paralizar en una hora ba elocuente de sentimientos humanitarios excitando
la propaganda de seis años. Derrotada en la con- al Presidente de la República a que usase de su atri-
tienda electoral, aun por las malas artes de un go- bución constitucional para conmutar la pena de
bierno arbitrario, la oposición liberal habría sub- muerte; y el Presidente se apresuró a conmutarla
sistido, y contado, en una época próxima, con una en la de expulsión perpetua del territorio de la Re-
victoria segura y decisiva: entregándose a la aventu- pública.
68
EL HOMBRE Y LA HISTORIA
JOSE GIL PORTOUL 69
Con el enjuiciamiento y destierro de Guzmán, la
tía aún el antagonismo de las razas. Blancos, indios
propaganda liberal perdió todo prestigio y todo influ-
y mestizos gozaban, según la ley, de los mismos de-
jo, y el partido político que ella quiso y pudo quizá
rechos civiles y políticos; pero en realidad, el pre-
fundar, no logró ya transformarse de embrión en
dominio social y político era de una oligarquía de
organismo, de ideal en realidad viviente. ¿Acaso por-
grandes propietarios y de jefes militares, y la raza
que su nervio y su alma estaban concentrados en un
negra no había de alcanzar la libertad completa
solo hombre? ¿Tal vez porque los hombres de la
sino en 1854. La escasa población de entonces vivía
oposición perseguían el fin exclusivamente egoísta
desparramada en el inmenso territorio nacional don-
de sustituir en el gobierno a sus adversarios? ¿O bien
de no había ni caminos numerosos para la circula-
porque nuestro estado social no tenía aún las condi-
ción del comercio y de las ideas, ni grandes focos
ciones de viabilidad necesaria para servir de base
intelectuales para difundir las ciencias y las artes
a la contienda de dos doctrinas antagónicas? en las clases inferiores, ni centros industriales para
Los sucesos de 1847 no se explican filosóficamente enseñar al agricultor y al criador a domar las fuer-
por el solo examen de la responsabilidad moral que zas y a utilizar las riquezas de una naturaleza virgen.
en ellos y en sus consecuencias incumbe al bando Con tales circunstancias y en tal medio las conse-
del gobierno, llamado conservador, y al bando de cuencias inmediatas de la propaganda liberal inicia-
la oposición, llamado liberal. Es cierto que el pri- da en 1340 y paralizada en 1847, habían de ser nece-
mero, a pesar de la corrección jurídica del proceso sariamente más políticas que sociales y menos pro-
seguido a Guzmán, queda siempre bajo la sospecha fundas que ruidosas. Empezó a revelarse en la na-
de haber intervenido ilegalmente en las elecciones, ción el deseo de sustituir su voluntad soberana a las
protegiendo las candidaturas de Urdaneta y de Mo- ambiciones exclusivistas de los gobernantes; pero el
nagas, e impidiendo así que los "hombres nuevos", desarrollo completo de las energías nacionales tenía
que pedían los partidos locales en 1839, ensayasen que ser retardado aun por largos y turbulentos años.
en el gobierno nacional sus aptitudes y teorías; es En tanto que la vida social iba a transformarse len-
verdad también que la oposición liberal no puede tamente por la acción pausada del tiempo y por las
sustraerse a la responsabilidad de haber apelado a comunicaciones cada vez más frecuentes con la civi-
la guerra civil, sin esperar a que los electores deci- lización extranjera, la vida política iba a seguir su
diesen pacificamente entre uno y otro bando; pero curso fatal entre las trabas del personalismo y el hu-
no es menos evidente que por cima de la voluntad racán de las revoluciones.
de los hombres, y más profundas que sus pasajeros
errores, obraron entonces causas sociales que retar-
daron la realización de la república ideada por los
patriotas de 1811 y por los legisladores de 1830. Exis-
CAPITULO IV
EL PERSONALISMO Y LAS REVOLUCIONES
"espíritu impasible, de pasiones en calma, cortés por En diciembre de 1847, la diputación provincial de
carácter y cortesano por inclinación" (1). Su go- Caracas formuló una acusación para presentarla a
bierno, lejos de ser considerado como despótico, es la cámara de representantes, contra las "arbitrarie-
tildado más bien de débil, y recuérdase al efecto el dades" del presidente Monagas; y desde entonces pa-
motín del 10 de marzo de 1845, durante el cual el reció inevitable un conflicto entre el presidente y sus
pueblo se hizo por varias horas dueño de la capital, amigos, en su mayoría liberales, por una parte, y por
dando mueras al presidente y vivas a Guzmán. otra, el parlamento, donde predominaban los amigos
El Congreso de 1847 proclamó presidente a José de Páez, llamados conservadores u oligarcas.
Tadeo Monagas, bajo el influjo, o al menos con las Para sustraerse a la influencia, y quizá a las ame-
simpatías de Páez y su círculo. Creyó éste que Mo- nazas del poder ejecutivo, quiso el congreso trasladar-
nagas continuaría gobernando con los mismos hom- se fuera de la capital, usando al efecto de una atribu-
bres, y hasta pareció confirmarse esta creencia por ción constitucional; pero el presidente y su círculo se
las personalidades que constituyeron el primer mi- consideraron amenazados a su vez por tal resolución,
nisterio del nuevo presidente. Pero Monagas, políti- y procuraron hacerla imposible. La constitución
co metódico, frío y astuto, comprendió en seguida (art. 75)confería a las cámaras legislativas el derecho
que su poder sería puramente nominal si seguía ba- exclusivo de policía en la casa de sus sesiones, y pre-
jo la inspiración de su protector y aliado el antiguo tendió el ejecutivo negárselos. Discutíase este asun-
círculo oligarca, se propuso gobernar con un partido to el 24 de enero, en la cámara de representantes,
nuevo compuesto exclusivamente de sus amigos per- cuando la guardia del congreso fué atacada por un
sonales. Al doctrinarismo que quiso plantear la opo- ^'tumulto popular", según el ministro del Interior Sa-
sición liberal de 1840 a 1846, iba a suceder ya el per- navria, o, según otros, por gente del pueblo que se
sonalismo. (2) había armado en el parque nacional. En los prime-
Una de las fechas más sombrías de nuestros ana- ros choques resulta herido Smith, jefe de la guardia
les marca los comienzos del gobierno de Monagas. y muerto un miliciano. De los agresores mueren un
Detengámonos un momento a considerar los antece- capitán de milicias y un sargento, y de los diputa-
dentes y la significación de lo acontecido el 24 de ene- dos muere Salas y es herido Michelena. "Pretende la
ro de 1848. (3) cámara salir en cuerpo junto con algunos espectado-
res, y en una nueva descarga que hacen los agresores
(1) Véase El Nacional, Caracas, 7 de julio de 1834. mueren los diputados Juan García y Francisco Argo-
(2) Veintidós años más tarde, los adversarios de Guzmán Blanco le atribui- te, y los espectadores Julián García y Manuel María
rán la desorganización de los partidos políticos y la imposición de la autocracia.
Ambos fenómenos tienen su origen en los sucesos de 1847 y, sobre todo, en el
sistema gubernativo iniciado en 1848. por J . M. de Rojas en su Bosquejo histórico de Venezuela; y 2a. el estudio del
(3) Acudiremos a dos fuentes: la. la relación del coronel Guillermo Smith, doctor Lisandro Alvarado sobre Los delitos políticos en la historia de Venezuela,
que mandaba la guardia encargada de la policía del local del congreso, reproducida 'Caracas, 1895.
74 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 75
Alemán". Desbándanse, al salir, los diputados, y se puede haber nacido instantáneamente, a despecho de
dispersa luego la turba agresora. Monagas y contra la persona de algunos a quienes él
No obstante la relación del coronel Smith, cuya no aborrecía (5)".
autoridad es generalmente respetada, es difícil descu- La explicación es plausible. Cuando Monagas su-
brir a quién corresponde la responsabilidad de aquel bió a la presidencia, las pasiones estaban exaltadísi-
drama espantoso. El presidente Monagas dijo al día mas, asi en la turba de hombres políticos como en la
siguiente en un Mensaje que la causa de lo sucedido turba popular. En aquella, porque todos esperaban
el 24 fué haberse puesto "en pugna la guardia de la con un cambio completo en el personal gubernativo,
cámara de representantes con la masa popular que la satisfacción de sus ambiciones y apetitos; y en el
quería asistir, como siempre, a la barra de las cá- pueblo, porque de las últimas elecciones populares
maras a presenciar la discusión parlamentaria". Pos- acababan de salir vencidos y burlados sus candida-
teriormente los escritores conservadores atribuyeron tos predilectos. Era lógico que hacia el 24 de enero
toda la responsabilidad a Monagas, y defendiéronlo el pueblo de Caracas no tuviese simpatías por el con-
los escritores liberales. Hay, no obstante, un historia- greso, que era aun la representación del antiguo go-
dor liberal que afirma que la agresión del 24 fué a bierno; y aunque sería también lógico creer que sus
un tiempo, contra el congreso y contra Monagas "El simpatías no acompañaban tampoco a Monagas, que
24 de enero, dice, fué un golpe popular contra el con- no era director reconocido de ninguna tendencia na-
greso oligarca y contra Monagas que no quería libe- cional, la turba no reflexiona en tales casos, y sigue
ralizar su gobierno francamente (4)". a quien la empuja contra un enemigo real o aparente.
El historiador que con mayor sagacidad y con La turba de aquel día, compuesta de unos cuantos
más penetrante instinto filosófico ha examinado el su- soldados y de muchas personas del pueblo, creyó cie-
ceso, dice: "Yo imagino que Monagas no pensó en gamente que el enemigo común era el congreso. Pro-
llevar las cosas tan al extremo, y que llegado a un bablemente los unos y los otros eran, individualmen-
punto crítico a que lo condujo la oposición parlamen- te, gente pasiva y honrada; pero el alma de una tur-
taria, fué a su vez arrastrado por la exasperación de ba en momentos de excitación, no es ni igual ni idén-
las tropas y del pueblo: la consecuencia es que nos tica a la suma de las almas individuales que la com-
ponen. Los individuos piensan, sienten y obran de
encrontraríamos aquí en presencia de lo que se ha
un modo cuando están aislados, y de otro modo cuan-
denominado "la turba delincuente..." "Repárese
do están reunidos y ligados por una pasión, que pue-
en todo lo sucedido, añade, y se tendrán los indicios
de ser, o preexistente, como sucede en la generalidad
de un delito colectivo, en que la idea del asesinato
de las revoluciones, o provocadas sur place, como
(4) A. Guzmán Blanco, En defensa de la causa liberal, 2a. edición, Paríí,
1894, pág. 67. (5) L. Alvarado, Los delitos políticos en la historia de Venezuela.
JOSÉ GIL FORTOUL 77
76 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
gan a veces los apasionamientos políticos, o, como di-
acontece en el teatro y en los meetings. En los mo- ce el Dr. Alvarado, "la sugestionabilidad de las asam-
tines y sediciones vese a menudo que individuos hon- bleas". — Por fortuna, el congreso de 1858, en un ac-
rados cometen actos criminales (6). La sugestión to de contrición patriótica, quiso "condenar a perpe-
provocada por un tribuno, por un hombre prestigio- tuo olvido" la fecha nefasta (9).
so o por un simple accidente, logra transformar ins- Cualquiera que sea el criterio con que se juzgue
tantánea y radicalmente el alma de la turba, la cual el conflicto de 1848 entre el poder ejecutivo y el le-
suele obrar entonces como masa inconsciente.—En re- gislativo, resulta siempre que en él tomaron raíz cier-
solución, de lo que se sabe acerca del 24 de enero tos vicios políticos que iban ya a retardar el progreso
puede colegirse que el sangriento conflicto tuvo ori- nacional. Por largos años, bajo los gobiernos de Mona-
gen en un primer disparo ocasional y quizá involun- gas, la independencia del parlamento fué imposible;
tario, de parte de la guardia o de parte de los amoti- las agrupaciones oposicionistas perdieron toda con-
nados; y de ser esto exacto, resultaría anónima la res- fianza en las propagandas pacíficas, y ambas cosas
ponsabilidad de la sangre vertida en aquel día ne- determinaron, en parte principal, el sistema de go-
fasto . . . bierno personalista y el sistema de oposición revolu-
El 25 de enero, Monagas procuró volver a la le- cionaria.
galidad haciendo que el congreso reanudase sus se- Desde 1848 hasta 1858 dominaron los hermanos
siones; y así sucedió, gracias a haber seguido el pre- José Tadeo y José Gregorio Monagas (10), y así como
sidente en esa ocasión los sabios consejos de su ami- del 30 al 47 la oposición liberal había tratado de oli-
go personal el doctor Diego Bautista Urbaneja (7). garcas a Páez, Vargas, Narvarte y Soublette, porque
Pero el conflicto del 24 tuvo de todos modos conse- se repartían entre sí el poder, así la nueva oposición,
cuencias tristes y lamentables. El 14 de marzo de compuesta de antiguos oligarcas y de antiguos libera-
1849, el congreso declaró día de fiesta nacional el ani- les, censuraba a los Monagas porque se repartían en-
versario del 24 de enero de 1848, porque en aquella tre sí el poder y constituían, según la expresión de
fecha "agotado el sufrimiento bajo una nueva y odio- ambos Guzmanes, una verdadera dinastía. Deduci-
sa tiranía que rebosaba en abusos y pretensiones re- rá de aquí cualquier observador imparcial, que si
trogradantes y destructoras, supo el pueblo espontá- del 30 al 47 hubo oligarquía, también la hubo, y por
nea y valientemente recobrar su dignidad sostenien- motivo idéntico, del 48 al 58, y rechazará, además, :o-
do los fueros de la libertad (8)". A tal extremo He-
(9) Véase el núm. 1.144 de la Recopilación de leyes y decretos.
te) Véase S. Sighele, La folla delinqueente, 2a. edición, Turín, 1895.
(10) José Gregorio Monagas fué electo presidente en 1850, y en los cuatro
(7) De este hombre notable, que venía figurando desde la Independencia,
años que duró su presidencia, venció dos revoluciones. En 1854, su hermano
decía un periódico en 1834: "Fibra fuerte capaz de meditaciones profundas, ve coa
José Tadeo fué electo presidente por segunda vez, y gobernó hasta 1858, teniendo
claridad, juzga con lentitud y ejecuta con tacto". Víase £1 Nacional, Caracas, 7
por vicepresidente a su sobrino Francisco J. Orisch.
de julio de 1834.
(8) Véase el núm. 694 de la Recopilación de leyes y decretos.
78 EL, HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL Í9
mo arbitaria la distinción entre conservadores y libe- ral, sino entre agrupaciones ocasionales de hombres
rales, puesto que en aquellos veintiocho años no hu- que posponen las teorías de gobierno al hecho de go-
bo contienda aígu.ia entre Hos doctrinas antagónicas. bernar. Los jefes de cada agrupación se entregan a
Empero, todos los publicistas hablan, como de cosa un juego de combinaciones sin fin, llamado fusión
evidente, de dos partidos políticos, conservador el en nuestro vocabulario político (12). No bien se unen
uno, y el otro liberal, coexistentes del 48 al 58, reco- liberales y conservadores para constituir un gobierno,
nociendo aquél como jefe a Páez y éste a Monagas,— cuando otros conservadores y liberales se unen para
con la originalidad de que Páez, jefe de los oligarcas derrocarlo. A Monagas iban a derribarlo ya sus pro-
o conservadores, era demócrata por origen, sentimien- pios amigos liberales, conjurados con los amigos
tos e inclinaciones, y Monagas, jefe de los liberales, conservadores de Páez (12).
tenia tendencias autocráticas y era, por temperamen- En 1858, la fiebre revolucionaria, contenida has-
to autoritario. Un historiador dice de Páez, conser- ta entonces por el prestigio militar de Páez y de Mo-
vador: "hombre del puehlo, nacido obscuramente nagas, quienes habían logrado siempre vencer a la
y así criado; amigo de las masas populares, y dado oposición en los campos de batalla, se convierte en un
a e l l a s . . . partidario en ocasiones del poder civil, y verdadero delirio. Asustadiza de que Monagas (Jo-
su iniciador en Venezuela...; en lo privado, muy ex- sé Tadeo) se hiciese elegir presidente por vez tercera,
pansivo, decidido por las fiestas y diversiones, y ha- la oposición, compuesta de antiguos conservadores,
cía alarde de una vida un tanto escandalosa en el como Manuel Felipe de Tovar y Julián Castro, y de
hogar;" y de Monagas, liberal: "nacido de una fami- antiguos liberales, como Wenceslao Urrutia y Manuel
lia notable, y él de costumbres austeras, ejemplar en María Echeandía, apela a una revolución armada, y
su vida privada, un tanto aristócrata, de una circuns- estalla ésta en marzo, capitaneada por el general Ju-
pección extraordinaria..., el más rico propietario lián Castro, gobernador de la provincia de Carabo-
del país, y, como lo ha dicho un ilustrado liberal, bo; por el coronel Pedro Ramos, comandante de ar-
"instintivamente autoritario, conservador y poco li-
beral", aunque esto no hava sido literalmente exac- (12) Fusión equivale en Venezuela a lo que los franceses de la tercera repú-
to (11)". blica llaman concentración republicana.
(13) Cuando se hable de conservadores en el curso de este ensayo, entién-
Al evocar los sucesos posteriores vamos a ver que dase por tales los hombres que gobernaron de 1830 a 1847 y sus hijos y nietos;
los partidos de aquella época eran tan personalistas y cuando de liberales, los hombres que figuraron en la oposición de 1840 a 1847
sus descendientes. Así entendidas, esas denominaciones parecen referirse, más que a
como sus respectivos jefes. Durante muchos años la partidos políticos, a clases sociales, supuesto que entre liberales y conservadores
lucha por el poder no existe entre un partido de pro- no hubo nunca programas políticos antagónicos, ni menos aún sistemas de gobier-
grama conservador y otro partido de programa libe- no contradictorios. Nótese, sin embargo, que entre unos y otros no existieron tam-
poco diferencias sociales, provenientes o de la raza o de la riqueza. El estudio
imparcial de la historia demuestra a cada instante que aquellas denominaciones
(11) L. Leve! de Goda, op. cit. p. 52 y 53. son una verdadera aberración.
80 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
JOSÉ GIL FORTOUL 81
mas de la misma, y por el doctor Joaquín Herrera,
gobernador de Caracas. parte su elección a los conservadores. La conspira-
Vese obligado Monagas a renunciar la presiden- ción contra Castro, hecha por liberales y conservado-
cia, y los revolucionarios entran triunfantes a la ca- res unidos o revueltos, fué a poco tan popular cuan-
pital, festejados por las aclamaciones populares. El to habíalo sido la revolución contra Monagas, hecha
pueblo de Caracas trató a Monagas de tirano y espe- también por una fusión ocasional de conservadores
culador, por la misma razón con que doce años antes y liberales.
había tratado a Páez y a Soublette de oligarcas y go- Cualesquiera que fuesen los calificativos con que
dos. El pueblo suele ser exclusivista asi en sus ado- pretendían distinguirse aquellos hombres, todos ape-
raciones como en sus odios. ¿Fué acaso la revolución laban a la revolución como único medio de sustituir
de marzo una reacción del partido conservador con- en el poder a los gobernantes. Si los hombres del
tra el partido liberal? Entre los que gritaban por las gobierno olvidaban las prácticas legales y se arma-
calles de Caracas ¡abajo los Monagas y los ladrones! ban para conservar el poder a toda costa, los hom-
figuraba Antonio Leocadio Guzmán, primer jefe del bres de la oposición violaban las leyes y se armaban
partido liberal. La revolución de marzo no significó para arrebatar el poder a sus adversarios; y las tur-
el triunfo de un programa político. A lo más podría bas populares, víctimas de una mentirosa ilusión,
decirse que si tuvo un ideal fué el de acabar con la ti- regaban con sangre el suelo patrio. Cuando se reu-
ranía de un hombre o de una familia; pero el mis- nían los congresos, resonaban, 4es ¡cierto, palabras
mo ideal animará después a todas las revoluciones, elocuentísimas de concordia, y surgían constitucio-
contra Castro, contra Tovar, contra Falcón y contra nes ataviadas con todas las galas de una virginidad
Guzmán Blanco. inmaculada. Pero a poco, al entusiasmo generoso su-
Desembarazados de Monagas los revolucionarios, cedían las intrigas y cabalas revolucionarias, y no
siguieron conspiranado los unos contra los otros sin bien quedaba jurada la constitución, cuando se la
pensar para nada en teorías de gobierno. El efímero guardaba en los archivos del congreso, y volvían a
gobierno de Castro, que sucedió al de Monagas, y su atronar los espacios los tiros de fusil. ¡Tristes tiem-
fin miserable, es otra prueba decisiva de que los su- pos!
puestos partidos doctrinarios de aquella época fue- En la convención de Valencia, reunida a raíz del
ron, o simples metáforas, o farsas puras. A Castro triunfo de la revolución de marzo, creyóse por un
le censuraron en seguida que se echaba en brazos de momento que al huracán revolucionario sucedería un
los conservadores, no obstante deber en parte su período de tranquilidad y bonanza. Allí brilló con
triunfo a los liberales, de igual modo y con el mismo intensos resplandores la elocuencia parlamentaria, y
criterio con que le habían censurado a Monagas que quedaron formuladas en hermosos proyectos diversas
se echaba en brazos de los liberales, aunque debía en reformas constitucionales y administrativas, todas en
el sentido sensatamente liberal. Por desgracia, la
82 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSE GIL FORTOUL 83
tregua de paz iba a ser cortísima. Las buenas inten- to de los liberales Estanislao Rendón, Francisco Aran-
ciones y mejores proyectos de la convención no iban da, Manuel María Echeandía y Laurencio Sliva. Sin
a durar más que los discursos de sus grandes orado- embargo, ¡la revolución liberal continúa contra el
res. Cuando se separaron los diputados, ya estaba gobierno liberal! Aunque Castro se decía liberal, y
preparada otra revolución. éralo su ministerio, el presidente es preso en su pro-
La convención eligió presidente de la República pia casa y por su propia guardia el l 9 de agosto del
al general Julián Castro, vicepresidente al señor Ma- mismo año, y, ¡fenómeno inaudito! los triunfadores
nuel Felipe de Tovar, y designado al doctor Pedro del 19 de agosto, conservadores en su mayoría, se apre-
Gual. Obsérvese, siquiera de paso, que esa manera suran . . . ¿a organizarse para combatir la revolu-
de elegir a los hombres para los más altos puestos ción liberal? no, ¡apresúranse a dar el grito de
en el orden inverso de sus aptitudes políticas, debía federación y vivas a Falcón! Además, ellos, conser-
necesariamente originar resultados nefastos. Era vadores, constituyen un gobierno provisional de li-
Gual un estadista austero, instruido y honrado, y ade- berales, con José Manuel García, Juan Crisóstomo
más hábil diplomático y liberal de principios. Pare- Hurtado, José Manuel Rivero, Juan de Dios Morales
cía natural que le correspondiese el primer puesto en y Etanislao Rendón. Por último, obligan a Castro
el gobierno, o al menos el que se dio a Tovar, que si a renunciar el 2 de agosto, y encárgase de la presi-
bien era hombre respetable, íntegro y cultísimo, no dencia el doctor Gual, conservador. (14)
pasaba de mediano como político. En cuanto a Cas-
A más de las revoluciones que con tanta rapi-
tro, este militar no demostró aptitudes sino para tra-
dez se sucedían en Caracas, existía otra que iba a
mar traiciones como la de marzo de 1858 y para en-
adoptar el grito de federación, y reconocía ya como
redarse en inconsecuencias como lias de junio de
jefe militar al general Juan Crisóstomo Falcón. Dé
1859.
este hecho resulta otra prueba evidente de que no
Cuando se estudia hoy el sistema gubernativo de existía entonces contienda alguna entre dos partidos
Castro, cree uno asistir a una farsa teatral. Sepára- de ideales diferentes. Confundidos liberales y con-
se Castro temporalmente de la presidencia el 7 de ju- servadores en los gobiernos de Castro, Gual y Tovar,
nio de 1859, con el mal disimulado propósito de sepa- confundíanse igualmente en la oposición revolucio-
rarse también de sus ministros conservadores, y en- naria. Oposición de principios en cuanto a la forma
cárgase en seguida el vicepresidente Tovar, quien de gobierno, no la hubo entre liberales y conserva-
constituye su ministerio el día 11. Pero al día si- dores. La revolución federal tomó ese nombre al
guiente resuelve Castro reasumir sus funciones de acaso. En el congreso de 1867, Antonio Leocadio
presidente y así lo hace el día 13. Los liberales con-
sideran tales manejos como actos de consumada ha-
(14) Gual, que no era sino designado, tuvo que ceder la presidencia al vice-
bilidad. Nombra Castro el 21 un ministerio compues- presidente Tovar el 29 de setiembre del propio año.
JOSÉ GIL FORTOUL 85
84 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
de diciembre de 1812, Bolívar deoía: "Lo que más
Guzmán decía: "Supuesto que toda revolución ne-
debilitó al gobierno de Venezuela fué la forma fede-
cesita bandera, ya que la convención de Valencia
ral que adoptó El sistema federal, bien que sea
no quiso bautizar su constitución con el nombre de
el más perfecto, y más capaz de proporcionar la fe-
federal, invocamos nosotros esa idea, porque si los
licidad humana en la sociedad, es, no obstante, el
contrarios hubieran dicho Federación, nosotros hu-
más opuesto a los intereses de nuestros nacientes
biéramos dicho Centralismo'*.
Estados. Generalmente hablando, todavía nuestros
Los adversarios de los federalistas no eran de-
conciudadanos no se hallan en aptitud de ejercer por
fensores del centralismo. El problema de la forma
sí mismos y ampliamente sus derechos; porque ca-
de gobierno no había sido planteado en los progra-
recen de las virtudes políticas que caracterizan al
mas políticos, ni por el gobierno conservador o por
verdadero republicano, virtudes que no se ad-
la oposición liberal del 40 al 46, ni por los gobiernos
quieren en los gobiernos absolutos (como el de la
liberales o por las agrupaciones de oposición con-
colonia). Esta opinión de Bolívar resume la de la
servadora del 47 al 58. Guando se discutió la cues-
mayoría en su época. La minoría de partidarios
tión en los congresos del 30 y del 58, los estadistas
teóricos de la federación replicaba que, si bien era
más notables, así conservadores como liberales, acep-
cierto que no existían en la América latina tradicio-
taron en principio el régimen federalistas y procu-
nes republicanas capaces de asegurar el buen fun-
raron adoptarlo progresivamente en la constitución,
cionamiento del régimen federalista, el pueblo no
difiriendo sólo en cuanto a la extensión de la auto-
había \de ciomprendierlo sino practicándolo, y era,
nomía, que todos deseaban, de los municipios y pro-
por consiguiente, lógico y necesario que el ensayo
vincias. En resolución, desde 1830 hasta 1858 el ca-
empezase cuanto antes, siquiera de un modo ate-
lificativo de liberal no se confundió nunca con el de
nuado.
federalista, ni el de conservador con el de centra-
lista. Cuandp Venezuela se separó de Colombia, se
Abramos un paréntesis, para poder evidenciar planteó la cuestión ante el cuerpo electoral. En 13
la signifcación histórica de la revolución federalis- de enero de 1830, el general Páez, jefe civil y militar
ta. Mientras duró la primera república de Colom- de Venezuela, expidió un decreto convocando a elec-
bia, el problema de la federación fué considerado ciones nacionales para el primer congreso constitu-
sólo como materia de especulación y teorías; y la yente, y practicadas las elecciones, se reunió éste en
mayor parte de los hombres públicos, resfriados ya Valencia el 6 de mayo del mismo año. En las ins-
del entusiasmo federalista de 1811, veía más bien un trucciones de los colegios electorales a sus diputados,
peligro en la imitación sistemática del régimen nor- (15) hubo alguna provincia, como la de Maracaibo,
teamericano. En su Memoria a los ciudadanos de la (15) Algunos colegios dieron a sus instrucciones la forma de un mandato
Nueva Granada, fecha en Cartagena de Indias a 15 imperativo, —precedente que, por desgracia, no logró luego convertirse en costum-
bre política.
86 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL PORTOUL 87
que pidiesee el régimen federalista; pero casi la tota- éstos faltaban a sus deberes o cuando su continua-
lidad se circunscribió a pedir un gobierno "popular, ción era perjudicial al bien de las respectivas pro-
representativo, responsable y alternativo". vincias, pudiendo también denunciar al ejecutivo
De acuerdo con la voluntad de los electores, el nacional o a la cámara de representantes los abusos
Congreso resolvió sabiamente el conflicto teórico y mala conducta de los gobernadores Estos te-
entre el centralismo y el federalismo adoptando una nían el derecho de objetar en el término de cinco
forma mixta de gobierno que procuraba mantener días las ordenanzas o resoluciones de la diputación
en equilibrio el poder nacional y la autonomía de las provincial; pero si ésta, consideradas las objeciones
provincias. Los titulos XXIII y XXIV de la consti- del gobernador, insistía en su primer acuerdo por
tución de 1830 trataban de la organización política el voto de las dos terceras partes de sus miembros,
provincial. Tenía cada provincia una diputación prevalecía la voluntad de la diputación y se lleva-
(legislatura) que se reunía el l 9 de noviembre de ban a efecto sus ordenanzas y resoluciones.
cada año en la capital de la provincia, por espacio Era, pues, muy amplia la autonomía de las pro-
de treinta días, prorrogables hasta cuarenta; y entre vincias, así en lo político como en lo judicial y eco-
otras funciones, las diputaciones provinciales ejer- nómico, y podía este régimen mixto preparar pru-
cían las siguientes: presentar a la corte suprema de dentemente la transición al federalismo absoluto, sin
justicia listas de letrados para los nombramientos necesidad de revoluciones. (16) Ello explica por qué
de ministros de las cortes superiores de los distritos la oposición teórica que se hiciera después a la cons-
judiciales, y al gobernador de la provincia, ternas titución del año 30, no se fundase en que fuese poco
para el nombramiento de los jefes de cantón y de los federalista, porque en realidad lo era mucho, sino en
empleados en la administración de las rentas pro- que no reconocía la universalidad del sufragio. En
vinciales; establecer impuestos provinciales o muni- efecto, para ser elector se requería (art. 27) ser due-
cipales para proveer a sus gastos; contratar emprés- ño de una propiedad raíz, cuya renta anual fuese de
titos para las obras locales; establecer bancos pro- doscientos pesos; o tener una profesión, oficio o in-
vinciales; reglamentar la policía urbana y rural; fo- dustria útil que produjese trescientos pesos anua-
mentar la instrucción primaria;crear nuevas vías de les; o gozar de un sueldo anual de cuatrocientos pe-
comunicación; favorecer los proyectos de inmigra- sos. Tales restricciones duraron hasta que la nueva
ción y colonización de extranjeros; conceder tem- constitución de 1858 reconoció a todos los ciudada-
poralmente privilegios a los autores de inventos úti- nos mayores de veinte años el derecho de sufragio.
les y a los empresarios de obras públicas. Además,
las mismas diputaciones presentaban al ejecutivo (16) La revolución de 1835 contra Vargas, aunque se llamó reformista, fué
más bien un movimiento militarista. Únicamente los revolucionarios de Maracaibo
nacional ternas para el nombramiento de goberna- pretendieron justificarla proclamando la federación. Esa revolución fué vencida
dores de provincia, y pedían su remoción cuando por Páez, como jefe del ejército nacional.
88 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL PORTOUL 89*
Sancionada la constitución de 1830, el congreso ¿Por qué entonces la revolución de 1859, capitanea-
dijo a los pueblos: "Tened presente, que es mucho da por Falcón, tomó como bandera y nombre la pa-
menos expuesto y más fácil y seguro ir corrigiendo labra federación ? Las frases cínicas de Antonio Leo-
en la estructura de un gobierno los pocos defectos cadio Guzmán en el congreso de 1867 responden ca-
que la experiencia demuestre, que por perfeccionar- tegóricamente: la revolución se llamó federal por-
la, destruirla toda de un golpe. Este procedimiento que la convención de Valencia no quiso bautizar su
marca siempre los manejos de un partido, que lo constitución federalista con el nombre de federal!. ..)
trastorna todo para preparar la senda de sus miras El paréntesis que aquí cerramos era necesario
interesadas. Imitemos al escultor, que prendado de para demostrar: 19, que la revolución del 59 al 63
su obra, sé ocupa sin cesar en retocar sus formas y no tuvo por objeto reemplazar un régimen centra-
en pulirla. Que esta obra nacional sea el objeto san- lista, que no existía ya, con el régimen federalista,
to de los cuidados de los venezolanos, y su correc- y 2 9 , que cometen un error histórico evidente cuan-
ción será hecha oportunamente y sin riesgo". (17) tos califican a los gobernantes de aquellos años de
Los pueblos siguieron por muchos años tan sabios conservadores-centralistas, y a los revolucionarios de
consejos en materia de reformas constitucionales. Es liberalesr-federalistas. (18)
verdad que el Congreso de 1857, para favorecer la La guerra civil de los cinco años fué, como tan-
ambición de mando de José Tadeo Monagas, intentó tas otras, guerra entre partidos puramente persona-
una reacción centralista poniendo el régimen políti- listas. El período de 1859 a 1863 es quizá el más
co de las provincias a cargo de un gobernador **de- triste de nuestra historia. Así los hombres del go-
pendiente y de libre nombramiento del poder ejecu- bierno como los hombres de la revolución parecen
tivo" (art. 88 de la constitución de aquel año); pero poseídos de un delirio creciente. Desde el punto de
esa reacción debia ser efimera. Pocos meses des- vista militar, ambos bandos dejan recuerdos de he-
pués, quedó reanudada la tradición progresista con roicidad y de pericia consumada; los federales, con
la constitución de 1858 que amplió aún más la au- la brillantísma victoria de Santa Inés, que forma au-
tonomía de las provincias, determinando (artículo reola inmortal al nombre de Zamora, y los constitu-
137) que los gobernadores, cuya elección dependía cionales con la gloriosa campaña de Valencia a Co-
en parte del ejecutivo nacional según la constitución pié, que hace imperecedero el nombre de León de
del año 30, fuesen elegidos por la mayoría absoluta Febres Cordero. El genio militar de la Independen-
de los ciudadanos en votación directa y secreta. cia volvió a inspirar a los venezolanos durante aque-
Quedaba así planteado el régimen federalista.
(18) El historiador liberal Level de Goda, que fué revolucionario federalista,
reconoce que, salvo en lo relativo a la pena de muerte y a las restricciones de la
(17) El Congreso constituyente de Venezuela a los pueblos sus continentes, libertad de imprenta, la constitución de 1858 era "lo más liberal posible en aque-
Valencia, 7 de octubre de 1830. lla circunstancia, mucho mis de lo que podía esperarse".
90 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 91
líos años. Pero la vida política continuó como un Por fin, el 22 de mayo de 1863 se firmó en Co-
enredo trágico. En el seno mismo del gobierno cons- che el convenio de paz que puso término a la más
titucional todo era caótico. No había trascurrido un larga de nuestras luchas fratricidas, consagrando el
año de la presidencia de Manuel Felipe de Tovar triunfo completo del bando de Falcón; y el 22 de
cuando ya se tramaba otra conspiración para arre- abril de 1864 fué sancionada la constitución federa-
batarle el poder y reconocer como dictador al gene- lista que dio a las provincias el nombre de "Estados
ral Páez (1860). ^independientes" y a la República el de "Estados Uni-
El 20 de mayo de 1861, Tovar presenta su re- dos de Venezuela".
nuncia al congreso, y éste llama a ocupar la presi-
dencia al vicepresidente doctor Gual, quien se rodea Por desgracia, el triunfo de la federación no sig-
en seguida de una agrupación compuesta de libera- nificaba por sí solo el comienzo de un régimen polí-
les y conservadores. Nombra a Páez jefe del ejér- tico más avanzado. Ni se logró la descentralización
cito, y Páez, rodeado de otra agrupación compuesta del poder, porque los nuevos Estados quedaron de
de conservadores y liberales, se apresura a derrocar hecho más sometidos al gobierno central que no lo
el gobierno legítimo de Gual. El presidente Gual es fueran con la constitución de 1858, (19) ni perdió el
reducido a prisión, de igual modo que lo fuera dos sistema gubernativo uno solo de sus inveterados vi-
años antes el presidente Castro, y Páez se encarga cios. No era Falcón estadista ni hombre capaz de
del mando supremo, como dictador, el 10 de setiem- poner orden en el caos producido por la guerra de
bre. cinco años. Magnánimo para con los vencidos, y
poco amigo de pompas autocráticas, gozó, a raíz del
La guerra civil continuó entonces entre Páez y
triunfo, de gran prestigio personal; pero, indeciso de
Falcón. ¿Existía acaso en aquellos jefes militares,
carácter, onduloso e inconsecuente en sus propósitos,
revolucionarios entrambos contra el gobierno legíti-
más dado a la vida apacible de su provincia, a donde
mo, el propósito sincero de encaminar por nuevos
se retiraba con frecuencia, que a las intrigas y enre-
rumbos la política nacional? Páez, para quien era
dos de la capital, donde su entendimiento se encon-
indiferente que la República siguiese bajo el régimen
traba como en país desconocido, perdió de luego a
constitucional de 1858 o bajo cualquier otro, preten-
luego toda autoridad personal, y es maravilla que
día sólo que la revolución se sometiese de buen gra-
pudiese gobernar por cuatro años, con la más com-
do a su dictadura; y Falcón, aunque menos intransi-
gente que su adversario, no cejaba tampoco en su
empeño de apoderarse del gobierno a toda costa. (19) Aún suponiendo a los Estados independientes del poder central, resultó
que, como los municipios no eran bastante autónomos c.ada Estado siguió siendo
Las conferencias de Garabobo, en diciembre de 1861, un organismo centralizado. El ideal consistía, menos en ampliar la autonomía
demostraron que las ambiciones personales de am- de las provincias, reconocida ya por la constitución del 58, que en hacer posible
la vida municipal independiente, cosa que no logró la federación ni se ha logrado
bos caudillos eran irreconciliables. aún del todo.
92 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
JOSÉ GIL FORTOUL 9a
% •
pleta anarquía en la administración y amenazado a les, como la instrucción laica, la supresión de los
diario por nuevas guerras civiles. Su único apoyo conventos y el registro del estado civil. (21) Por
fuerte fué el genio organizador de Antonio Guzmán otra parte, puso siempre empeño en llamarse jefe
Blanco, el cual preparaba, al lado y a la sombra del del partido liberal; pero contra tal propósito protes-
caudillo federal, su porvenir politice tan a una la historia politica desde 1848 y la genera-
En 1864, en 1866 y en 1867, a oposición compues- lidad de los hombres notables que desde entonces se
ta de conservadores y liberales trama tres revolucio- han llamado liberales. Como Monagas en 1848, como
nes contra Falcón, y éste logra vencerlas. Pero en Páez en 1861 y como Falcón en 1864, Guzmán Blan-
1868, otra revolución, hecha también por liberales y co dominó con un partido personalista al cual seria
conservadores y capitaneada por José Tadeo Mona- absurdo calificar de conservador o de liberal. El
gas, acaba con el gobierno de Falcón. En febrera mismo confiesa que su gobierno "logró acrecer (sic)
de 1869, se encarga de la presidencia José Ruperto cuanto tenia de pacífico, honrado y respetable el par-
Monagas, hijo de José Tadeo; y en seguida los ven- tido oligarca (conservador), hasta el punto de que
cidos de 1868 vuelven a tomar las armas para entrar al fin no hubo sino un solo partido"; (22) esto es, el
triunfantes a Caracas con su jefe Guzmán Blanco», partido de Guzmán Blanco. El fin de su influencia
en abril de 1870. política cierra también el ciclo del personalismo. En
Gobernó Guzmán Blanco diez y nueve años, ya 1889, la mayoría de hombres políticos, de publicistas
como presidente, ya con el carácter de inspirador y -de electores realizó la primera reacción pacífica
de la politica nacional, imitando en esto el papel que de nuestra historia, destruyendo el prestigio personal
representó Páez de 1830 a 1848. Más hábil que Mo- de Guzmán Blanco, sin apelar a la revolución arma-
nagas, más instruido que Páez y más enérgico que da, ni valerse de otros medios que la propaganda le-
Falcón, Guzmán Blanco logró someter el militarismo^ gal y el ejercicio del derecho
formado en la guerra de cinco años y en las revolu-
De lo dicho en este capítulo podemos concluir
ciones del 64 al 70. Mantuvo la paz, reorganizó la
que, a no ser que se confundan las metáforas con los
administración, revivió el crédito exterior, fomentó
el progreso material, perfeccionó la legislación, y,
(21) Para ser imparcial es preciso añadir, siquiera en una nota, que los ad-
si no permitió nunca que su personalidad fuese dis- versarios de Guzmán Blanco procuraron siempre demostrar que los progresos que
cutida o censurada, (20) dio en cambio muestras de caracterizan su gobierno son infinitamente menores que los males que desencadenó.
Dícese de su personalidad, que se enriqueció con los caudales de la nación, y de
liberalismo solicitando la colaboración de sus ad- su sistema de gobierno, que contribuyó más que otro alguno a corromper las cos-
versarios y llevando a las leyes algunos de sus idea- tumbres políticas. Es imposible juzgar aquí en pocas frases un período de 19
años, cuya significación histórica provoca a menudo polémicas violentas; y, además,
el objeto circunscrito de este ensayo nos inpide detenernos en una larga y prolija
(20) Sus inclinaciones y gustos autocráticos podrían quizá explicarse fisio-
averiguación. El autor prepara actualmente un estudio especial sobre la historia
lógicamente. Guzmán Blanco parece ser un ejemplo característico de la aberra- de 1870 a 1889.
ción moral que Taine llamaba hipertrofia del yo. (22) Guzmán Blanco, En defensa de la causa liberal, pág. 39.
94 E L HOMBRE Y L A HISTORIA JOSE GIL FORTOUL 95
hechos, y los1 odios banderizos con las aspiraciones al tidos irreconciliables durante el periodo de las re-
progreso, la historia de la República desde 1848 has- voluciones, porque sólo esto hizo posible que, olvi-
ta 1889 no se caracteriza por la lucha entre dos idea- dándose a las veces las pasiones banderizas, se unie-
les diferentes, conservador el uno, y el otro liberal. sen todas las buenas voluntades para preparar, si-
Los hombres que se llamaron conservadores y los quiera en las leyes, un porvenir mejor. El progreso
que se llamaron liberales en el periodo de 1840 a tuvo, sin duda, largos paréntesis; pero no hubo nun-
1847, no volvieron a figurar nunca solos ni en el go- ca retroceso. A pesar del personalismo y de las re-
bierno ni en la oposición: fieles los unos y los otros voluciones, la serie de reformas progresistas se hizo
a la politica de la fusión, aparecieron siempre uni- cada vez más rápida. Sin tradiciones republicanas,
dos con sus antiguos adversarios, lo mismo cuando y en cambio, con las tradiciones del coloniaje; sin
se trataba de urdir revoluciones que cuando había haber podido allanar desde el principio el conflicto
de darse impulso al progreso nacional. Todos aque- entre los diversos elementos étnicos de la población,
llos partidos personalistas y ocasionales comparten ni aumentado ésta con la inmigración extranjera, to-
la responsabilidad de nuestros errores y desdichas. dos aquellos gobiernos dejaron, sin embargo, en las
Rebeldes contra el gobierno legítimo, todos lo fue- leyes una obra civilizadora que constituye hoy el
ron; y todos, también, capaces de escándalos como tesoro político de la patria.
el del 24 de enero; de crueldades, como las deporta- Después de haber citado los hechos más lamen-
ciones a Bajo-seco, y de injusticias como la prisión, tables de la historia (y era preciso hacerlo así, por-
en el castillo de San Antonio, de Páez, ¡que había que el patriotismo no consiste en silenciar o discul-
fundado la patria y la República! y como el confina- par los errores nacionales, sino en evidenciarlos to-
miento y muerte, en Maracaibo, de José Gregorio Mo- dos para corregirlos o para evitar que se repitan),
nagas, que había realizado la igualdad de todos los es justo recordar ahora algunas de las leyes tutela-
venezolanos decretando la libertad de los esclavos! res que resplandecen en los anales sombríos del per-
Pero si es cierto que todos los partidos persona- sonalismo: abolición de la esclavitud, abolición de
listas comparten la responsabilidad de nuestras mi- la pena de muerte por delitos políticos, desafuero
serias históricas, también es verdad que siempre hu- militar, supresión de los conventos, secularización
bo en el seno de todos ellos muchos hombres que de los cementerios, registro del estado civil, aboli-
trabajasen de continuo en el perfeccionamiento de ción de los diezmos y de los derechos de exporta-
las instituciones patrias. Si fué quizás un mal la ción, supresión de los peajes, tratados de comercio
derrota y dispersión de la agrupación liberal que, le con las otras naciones, sufragio universal, libertad
haber existido tradiciones democráticas en los co- de cultos, de contratos y de la prensa, e instrucción
mienzos de la República, hubiera triunfado en 1847, popular gratuita y laica ¿Cómo continuar esta
fué en cambio un bien relativo la ausencia de par- obra, y cómo destruir al propio tiempo las últimas
«96 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
Mientras duró el último gobierno personalista, rules (1). En mayo de 1889 se fundó en Caracas una
que fué el de los períodos conocidos por los nombres sociedad que tomó el nombre de "Unión democrática",
de septenio y quinquenio, cuantos esperaban una reac- y publicó luego un periódico titulado El Partido De-
ción en el sentido legalista esperábanla de la constitu- mocrático (2). Su programa político contenía, fuera
ción de un partido doctrinario de oposición, con pro- de las generalidades comunes a todos los grupos o
grama definido, jefe autorizado y huestes disciplina- partidos, el proyecto de adoptar el jurado, el homes-
das, el cual había de esforzarse por demostrar a la na- tead, la representación proporcional y la ley de To-
ción la necesidad de sustituir al procedimiento guber- rrens. Tuvo al principio gran resonancia la propa-
namental existente, tachado de personalista, otro pro- ganda "democrática", por el entusiasmo juvenil, la
cedimiento inspirado en el respeto de la ley y demás vasta ilustración y el generoso patriotismo de sus es-
prácticas republicano-democráticas. Y los hombres critores y tribunos; pero redújose su influencia polí-
del gobierno, lejos de combatir en principio esos pro- tica a hacer triunfar en las primeras elecciones de di-
pósitos y esperanzas, se asociaban teóricamente a putados algunas personas que aceptaban los ideales
ellos. El mismo presidente de la República, que era del programa, y disolvióse la "Unión" luego que ter-
entonces Guzmán Blanco, empleaba en sus discursos minó el período electoral. Sus miembros más activos,
y escritos un lenguaje análogo al de sus naturales ad- o abandonaron la lucha política, o ingresaron como
versarios, y de continuo recomendaba, pedía y hasta particulares en las filas del gobierno. ¿Por el con-
exigía la pronta formación de un partido que discutie- vencimiento quizá, adquirido al ponerse en contacto
se sus actos y le disputase el poder. Creían, así la opo- con las realidades de la vida política, de que los par-
sición como el gobierno, que por ese modo se trasfor- tidos no surgen de la noche a la mañana al conjuro
marían favorablemente las costumbres políticas y las de unas cuantas voces elocuentes, ni se trasforman
prácticas gubernativas. Sin embargo, la nación perma- las costumbres nacionales en sólo unos meses de en-
neció indiferente a la propaganda de la oposición y al tusiasmo patriótico? Los partidos son siempre y en
consejo del gobierno, y cuando se verificó la reacción todas partes efecto de largas luchas y largas tradicio-
definitiva contra el prestigio personal de Guzmán nes colectivas que van depositando en los entendi-
Blanco, verificóse, no por obra de un partido nuevo, mientos y en los corazones un fondo común de ideas y
sino por acuerdo unánime de los gobernantes, de la sistemas, de pasiones y odios, y que se encarnan en
j prensa y del pueblo.
Durante las presidencias constitucionales del Dr. (1) Es digno de notarse que en Venezuela ningún hombre de gobierno y
Rojas Paúl, del Dr. Andueza Palacio y del General ningún grupo oposicionista quiere llamarse ni ser llamado conservador.
(2) Los primeros fundadores de la "Unión democrática" fueron Antonio
Crespo, continuó de nuevo la propaganda por la for- Valero Lara, Nicomedes Zuloaga, Guillermo Morales, M. V. Romero García, J.
mación de partidos doctrinarios, o más bien de un R. Silva Bonalde, Alejandro Urbaneja y Manuel Clemente Urbaneja; y brillaron
partido doctrinario con propósitos y tendencias libe- en la redacción de El 'Partido democrático, además de las personas citadas, Luis
López Méndez, David Lobo y Leopoldo Baptista.
100 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 101
cada período en un jefe reconocido y acatado por to- plenipotenciarios (uno por cada Estado y uno por el
dos sus secuaces. Faltóle tiempo a la "Unión demo- Distrito Federal) para elegir la dirección del Partido.
crática" para convertirse en partido, y, además, su Hubo en la asamblea dos tendencias: los unos que-
programa mismo contenía una declaración categóri- rían un directorio compuesto de varios miembros, y
ca que, si bien daba mayor importancia filosófica a pedían los otros que se eligiese en seguida un "jefe
las teorías expuestas en el periódico, hacía imposible del partido". Triunfaron éstos, y la asamblea nom-
que la "Unión" llegase a ser pronto uno de esos parti- bró jefe del partido liberal al general Joaquín Cres-
dos que el vulgo llama doctrinarios y que en verdad po, Presidente de la República. Pero, "reconstituido"
no son sino sectas. "Los miembros de esta sociedad — o "unificado" así el partido liberal, no existe aún otro
decían sus fundadores — rechazan como contrario a partido conservador que contradiga la doctrina o pro-
la dignidad humana el principio según el cual la per- grama de aquél y le dispute el poder. ¿Por qué?
sonalidad del ciudadano puede quedar ahogada en la Porque en la actualidad, y desde 1848, no hay ni ha
colectividad de un p a r t i d o . . . y de ninguna manera habido dos tendencias antagónicas, conservadora la
asumirán, ni ahora ni después, el carácter de solda- una y la otra liberal, ni en la nación ni en los gobier-
dos sujetos a una obediencia pasiva, que recogen las nos. Muéstrase aquella indiferente a la lucha de las
armas de los que han caído en el combate y se hacen sectas políticas, y están de acuerdo los hombres de
cómplices de sus errores y cobardías" (3). gobierno en conservar y en acrecer todas las reformas
En octubre de 1893 pretendió fundar otro parti- liberales y democráticas. Decía el "Manifiesto del
do que había de llamarse "Republicano-liberal", y pu- partido liberal a la nación" que su programa sería el
blicó un programa calcado casi sobre el de la antigua mismo de la propaganda liberal de 1840 a 1846; es a
"Unión democrática" (4). Este partido duró menos saber: "combatir con el lenguaje de la razón y de los
aún que el de 1889. principios la oligarquía política, los errores de la ad-
ministración y los extravíos de las legislaturas pasa-
Por último, en julio del propio año de 1893, una
das, y sostener y consolidar la opinión de los que hoy
agrupación compuesta en su mayoría de antiguos
forman el partido de los verdaderos principios cons-
partidarios de Guzmán Blanco, dirigió a la nación un titucionales y la marcha franca y liberal de la Repú-
Manifiesto abogando por la unificación u organiza- blica". Lo mismo el gobierno que las diversas agru-
ción de las varias agrupaciones del partido liberal (5). paciones de oposición aceptan ese programa. Ni po-
Al efecto, reunióse en Caracas una asamblea de diez día suceder otra cosa, puesto que la opinión pública
está unánime en el deseo de impedir la oligarquía, en
(3) Véase la página 9 del folleto titulado Sociedad "Unión democrática",
Programa, Caracas, 1889, imprenta editorial de Soriano Sucesores.
el propósito de perfeccionar la administración y en el
4) Véase El Republicano, Caracas, 11 de octubre de 1893. esfuerzo por liberalizar cada vez más las leyes. P, "*
(5) Firmaron el Manifiesto, Vicente Amengual, Aníbal Dominici, Eduardo Cal-
caño, Tomás Martin Sanavria y otras personas no menos conocidas en el período
de 1870 a 1889. tiese al propio tiempo un partido conservador, fo
2
que existiese un partido liberal sería preciso que 4
102 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 103
menos una tendencia retrógrada. No se observa esto diente cortejo de revoluciones.—Generalizar y arrai-
último en Venezuela, al contrario de lo que ha suce- gar las tradiciones democráticas y los hábitos legales
dido en otras Repúblicas americanas: Colombia, por constituye hoy el ideal político de la República, y se
ejemplo. En Colombia existió siempre un partido hace difícil creer que a realizarlo contribuiría la for-
conservador-católico, enemigo irreconciliable del par- mación de partidos sectarios, cuyo resultado inme-
tido liberal. En Venezuela, los hombres llamados con- diato sería entregar la vida nacional a las intrigas de
servadores figuraron siempre entre los radicales (6), los politicastros, que reducen la política al arte de
y el clero católico, lejos de tomar parte en las con- idear teorías, lógicas rara vez y casi siempre absur-
tiendas políticas, procura más bien apartarse de ellas, das, para triunfar con ellas y satisfacer así, o el ape-
y se conforma con la ley de patronato que le permite tito de mando o la ambición de renombre personal.
vivir de la renta del Estado. Si, en cambio, la sociología y la ciencia política han
Sin embargo, si no existieron nunca en Venezue- de ser hoy y en el porvenir el estudio metódico de la
la dos tendencias antagónicas e irreconciliables, si vida nacional, para prever las soluciones posibles de
existieron los nombres de conservador y liberal para todos los problemas sociales y administrativos, será
distinguir, en momentos dados, a los partidos perso- preciso evitar cuanto divida a variar los ciudadanos
nalistas o accidentales; y como la vida política con- en bandos o sectas irreconciliables, y facilitar en to-
siste no sólo en hechos sino también en metáforas c do caso los medios de armonizar en el gobierno las
ilusiones, no sería imposible que, en circunstancias es- mejores voluntades y el mayor número de entendi-
peciales por venir, apareciese un partido que, aun no mientos ilustrados.
siendo conservador en sus propósitos, adoptase ese
nombre para oponerlo como grito de combate a las No creemos aventurado decir que el ciclo de las
diversas agrupaciones que sucesivamente se han lla- teorías idealistas, de las fórmulas mágicas y de los
mado "partido liberal". Por desgracia, si tal suce- evangelios redentores toca a su término. Con la uni-
diese es lógico prever que pronto volveríamos a las versalidad de la instrucción y del sufragio, los pue-
calamidades de otros tiempos. Como no existen tra- blos, víctimas hasta ahora de los politicastros que, con
diciones históricas antagónicas ni tendencias naciona- la pretensión de regenerarlos por fuerza, los esclavi-
les contradictorias, los partidos serían forzosamente zaban siempre, van mostrándose ya capaces de diri-
personalistas, y florecería de nuevo, así en los hom- girse a sí propios, y empiezan a comprender que, a las
bres del gobierno como en los hombres de la oposición, antiguas luchas ideológicas, es necesario sustituir la
el antiguo sistema de la "fusión" con su correspon- observación científica de los fenómenos sociales para
deducir de ella la ley que en cada circunstancia es-
(6) Hasta el color de las banderas políticas es digno de nota en nuestros pecial ha de regirlos temporalmente. Comprenden
partidos personalistas. Los liberales tuvieron hasta 1868 una bandera de color además, o comprenderán pronto, el evidente ilogismo
amarillo, y los conservadores, hasta 1863, una bandera de color rojo, que es en
otras partes distintivo de los revolucionarios y demagogos. que vicia el sistema de dividir siempre la opinión pú-
104 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 105
blica en dos tendencias antagónicas, conservadora la Italia (7) los antiguos partidos doctrinarios se han
una, y la otra progresista. Orden y progreso no son subdividido en numerosas agrupaciones, y es fácil
conceptos que se excluyan ni contradigan. Es el uno prever que en la política de todos esos países desapa-
condición indispensable del otro, sobre todo en un Es- recerá pronto el concepto de los dos partidos antagó-
tado nuevo, con historia corta y tradiciones recientes. nicos que se sucedían alternativamente en el poder.
Un Estado joven que no mantiene un orden legal La historia de España en este siglo tiene puntos
cualquiera, cae fatalmente o en la anarquia o en el de comparación con la historia de las repúblicas que
despotismo. El orden legal constituye la tradición, y nacieron de sus colonias americanas. En España, las
sin ésta el progreso es siempre aventurado. Sólo es revoluciones y los "pronunciamientos" fueron un mal
rápido y seguro el progreso allí donde existe, con el endémico hasta hace poco; y así como sería candido
respeto a la ley, el hábito de no aspirar a reformas afirmar que en la América Latina ha terminado ya
legislativas sino por los medios lógicos que la misma la era de las revoluciones, en España es muy proba-
ley ofrece. Prueba de ello Inglaterra, donde la tradi- ble que la República triunfará de la monarquía en
ción está más arraigada que en ningún otro país civi- un porvenir próximo, no por virtud de la propaganda
lizado y donde, al propio tiempo, son más enérgicas legal y pacífica, sino a consecuencia de otras guerras
que en parte alguna las tendencias de expansión y de civiles. La raza española parece aún destinada, lo
progreso.—En suma, si la sociología y la ciencia polí- mismo en la madre patria que en América, a fluc-
tica no son utopías, su período de aplicaciones socia- tuar, durante un período más o menos largo, entre las
les y gubernativas ha de coincidir inevitablemente con turbulencias militares o demagógicas y el despotismo
el abandono del antiguo concepto escolástico de las (monárquico éste o covachuelista en España y oligár-
dos fuerzas antagónicas de orden y de progreso, y con quico o autocrático en América), bien que en esta úl-
el desprestigio absoluto de los dos partidos enemigos tima se implantarán sin duda más pronto las prácticas
llamados conservador y liberal. republicano-democráticas, por la ausencia de tradi-
ciones retrógradas, por la mezcla de varias razas en
Ilustremos esta afirmación con una ojeada a lo la población y por la influencia predominante de otros
que sucede actualmente en Estados más viejos que el países más civilizados.
nuestro, fijándonos con preferencia en aquellos con
quienes hemos cultivado más constantes relaciones in- Con la constitución de Cádiz (1812) empezó en
telectuales y económicas, y cuyas instituciones han España la evolución liberal. De 1812 a 1833, la na-
influido más directamente en el carácter especial de ción luchó contra el absolutismo de Fernando VIL
nuestra organización política.
(7) La obra de L. Sentupéry titulada L'Europe poliíique (París, Laoéne,
En España, Inglaterra, Estados Unidos, Francia e Oudin y Ca., editores) contiene un resumen bastante exacto de la organización de
los partidos en los otros países europeos, que no citamos en el texto para no
parecer demasiado prolijos.
JOSÉ GIL FORTOUL 107
106 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
En los años siguientes, bajo la regencia de María Cris- conservadora moderna, militar, reformista, carlista,
tina y el reinado de Isabel II, a la guerra carlista su- silvelista, etc.; y subdivídese el partido liberal en par-
cedieron los "pronunciamientos" continuos tanto de tidos constitucional o liberal dinástico, democrático,
liberales como de conservadores. A la caída y des- derecha liberal, etc. El antiguo partido republicano
tierro de Isabel II en 1868 siguió un gobierno militar, se divide también en sectas irreconciliables que se lla-
man centralista, federalista, posibilista, etc.—Cuando
luego el reinado de Amadeo de Saboya, después la
en España llegue a practicarse sinceramente el sufra-
República con sus contiendas entre federalistas y uni-
gio universal y queden proporcionalmente representa-
tarios, y por último la segunda guerra carlista que du-
das en el parlamento todas las tendencias de la opi-
ró hasta 1876. Desde 1874, fecha de la restauración nión pública, desaparecerán sin duda las denomina-
de la monarquía nacional con Alfonso XII, los parcia- ciones de partido conservador y partido liberal, para
les de aquéllas se dividieron en dos partidos llamados ser reemplazadas con los nombres de los subgrupos
conservador y liberal. En teoría, los dos partidos mencionados, los cuales formarán entre sí alianzas
aceptan y acatan todas las reformas liberales sancio- provisionales sobre problemas concretos para consti-
nadas desde los tiempos de Fernando VII; y en cuanto tuir en cada circunstancia especial la mayoría minis-
a procedimientos gubernamentales ,entrambos parti- terial.
dos puede decirse que no tienen sino uno sólo. Dis- Los que consideran como cosa esencial en la vida
tínguense únicamente por los nombres, y aun esto úl- política la coexistencia de dos partidos doctrinarios, y
timo no es del todo exacto puesto que el partido lla- su alternabilidad en el gobierno, citan el ejemplo de
mado conservador por los liberales se llama a sí mis- Inglaterra. Sin embargo, en el país clásico del par-
mo liberal-conservador. En realidad, desde que se lamentarismo se verifica también una evolución sig-
estableció el matrimonio civil, el jurado y el sufragio nificativa. Los conservadores (Toríes) gobernaron
universal, instituciones respetadas hoy lo mismo por de 1886 a 1892 con una mayoría parlamentaria com-
los liberales que por los conservadores, el antagonis- puesta de los antiguos conservadores y de una frac-
mo de los partidos no se revela sino en las luchas elec- ción del antiguo partido liberal que tomó el nombre
torales. Obsérvase además un fenómeno curioso: ca- de "unionista", por ser opuesta al proyecto de home
da vez que un Gabinete es derrocado por el parla- rule para Irlanda; y los liberales (Whigs) triunfaron
mento, el Gabinete que le sucede disuelve el parla- en 1892 y gobernaron dos años aliados con los par-
mento, hace practicar nuevas elecciones de diputados tidos irlandés, obrero y socialista, que aceptaban el
y obtiene infaliblemente la mayoría.—No existe tam- home rule propuesto por Gladstone. "El viejo táctico
poco en los partidos la unidad de doctrina que les ca- parlamentario — hase dicho de Gladstone — logró
racterizaba en épocas anteriores. Divídese el partido agrupar a su rededor elementos muy diversos, en los
conservador en numerosas agrupaciones que se dis- cuales debe verse más bien un partido gladstonista,
tinguen con los nombres de ultramontana, moderada, que no el gran partido liberal en el sentido histórico
J O S É GIL FORTOUL 109
108 E L HOMBRE Y L A HISTORIA
de la palabra" (8). Derrotado en las elecciones de lo relativo a los derechos de la mujer, los conservado-
1895 el partido ocasional que había formado Gladsto- res y los liberales rompen también la disciplina, y
ne, sus diversas fracciones continuaron con los nom- piensan y votan independientemente de la opinión de
bres de liberal, nacionalista, irlandesa, obrera, socia- sus jefes. El proyecto de ley que se discutió en 1893
lista, y por último, en mayo de 1896, partido radical con el fin de acordar el derecho de voto en las elec-
independiente. ciones para la cámara de las comunas a las mujeres
Es tal la rapidez con que van trasformándose en inscritas ya como electoras para los concejos munici-
Inglaterra los dos partidos clásicos, que pronto ape- pales, contaba con propagandistas y defensores, lo
nas podrán hallarse ligeras diferencias entre sus res- mismo entre los conservadores que entre los liberales,
pectivos programas. Los nombres de tonj y de whig y esta reforma, cuando triunfe, no será tampoco obra
subsistirán, sin duda, por mucho tiempo, a causa de de un solo partido.—En cuanto a la cuestión obrera,
su prestigio tradicional; pero en la práctica, que es lo que tanto preocupa hoy a los estadistas europeos, los
esencial, cada vez que surge una gran cuestión polí- programas de los conservadores y de los liberales en
tica o social, la nación no espera su solución de la las elecciones de 1892 eran idénticos en el fondo. De-
lucha intransigente de los partidos, y vense éstos obli- cía entonces el jefe del partido tory que "la diminu-
gados a romper la antigua disciplina para seguir las ción del pauperismo, la supresión de las luchas entre
tendencias de la opinión pública. Citaremos como el capital y el trabajo, y la protección de la vida y sa-
ejemplo la cuestión del home rule para Irlanda, la de lud de los obreros, eran cuestiones que se imponían
los derechos civiles y políticos de la mujer y la cues- a todo parlamento", y el partido whig hacía exacta-
tión obrera. En las discusiones sobre el home rule mente las mismas declaraciones. Así en Inglaterra
en la prensa y en el parlamento de 1892 a 1895, el como en los otros países, los problemas del industria-
partido liberal se dividió en dos fracciones, favorable lismo y del proletariado serán sin duda estudiados, y
la una y adversaria la otra al proyecto presentado por quizá resueltos, por agrupaciones ocasionales de con-
el jefe del partido. La fracción adversaria tomó el servadores y liberales desligados ya de los dogmas y
nombre de liberal unionista, votó en el parlamento reglas de los partidos clásicos.
contra Gladstone y, aliada con los conservadores, con- En su "disertación sobre los partidos" ingleses en
tribuyó a la derrota de los liberales en las elecciones el siglo XVII, Bolingbroke caracteriza al partido tory
de 1895.—Si llega a triunfar algún día el home rule por la tendencia a conservar el derecho divino heredi-
para Irlanda, el triunfo se deberá a una mayoría com- tario y los privilegios autoritarios de la corona, y al
puesta de antiguos conservadores y de antiguos libera- partido whig, por la tendencia a hacer independientes
les que, en esa como en otras cuestiones, habrán aban- el pueblo, el parlamento y los diversos órganos de la
donado el antagonismo histórico de sus partidos.—En administración política. Spencer, en su estudio sobre
el new Toryism, comprueba que esos partidos se han
(8) L. Seétupéry, L'Europe politlque, t. I, p. 777. modificado profundamente; que el partido whig,.que
110 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 111
luchaba siempre, dos siglos hace, por la libertad indi- el progreso. Si en materia económica, por ejemplo,
vidual contra la coerción del Estado, ha cambiado de el partido conservador acepta como dogma el pro-
ideal y de método en el presente siglo y tiende ahora teccionismo, y el partido liberal el librecambio (dos
a ensanchar la esfera de intervención del Estado en doctrinas que son igualmente hipotéticas en su abso-
la cooperación social; y prevé el día en que los con- lutismo), no habrá por qué extrañar que una legisla-
servadores se conviertan en campeones de la libertad tura en que dominen los conservadores cometa tantos
individual, y los liberales en partidarios de la acción pecados como otra legislatura en que dominen sus
preponderante del gobierno. Pero la crítica del gran adversarios. Igual cosa sucedería si los conservado-
filósofo resulta aquí incompleta (9). Sugestionado res tendiesen siempre a aumentar la coerción del Es-
por su teoría acerca de contradicción radical entre el tado y los liberales a restringirla, sin armonizarla
militarismo y el industrialismo, y por su hipótesis de nunca con las necesidades y aspiraciones colectivas
que el tipo social más perfecto no podrá ser sino con- del momento. Dice también Spencer que la "gran su-
secuencia del triunfo absoluto del individualismo que perstición de la política de hoy es el derecho divino de
ha de realizar el régimen de la cooperación volunta- los parlamentos" (10): igualmente exacto sería decir
ria, no observa que esa modificación reciente de los que la gran superstición política ha sido hasta hoy el
partidos hasta el punto de confundir en uno solo sus prestigio y supuesta eficacia de los programas de los
métodos de gobierno, es prueba evidentísima de que partidos doctrinarios...
los credos y prácticas de los antiguos partidos no co- En los Estados Unidos aparecieron desde los co-
rresponden ya ni convienen al presente período de la mienzos de la república dos partidos, el uno inspirado
evolución social: en otros términos, que el progreso por Hamilton que se proponía vigorizar el poder fe-
político no depende de la coexistencia de dos gran- deral y que tomó el nombre de federalista, e inspirado
des partidos, antagónicos en sus métodos y procedi- el otro por Jefferson que se proponía restringir la in-
mientos, sino, al contrario, de la no existencia de esos tervención del gobierno federal en los Estados y que
exclusivismos sectarios, y en la adaptación por todos se distinguió con los nombres de republicano o repu-
los hombres de gobierno de unos mismos métodos y blicano-democrático. En el curso del presente siglo
procedimientos para lograr los mismos fines. Los entrambos partidos se han modificado varias veces y
pecados que Spencer atribuye a los legisladores son, tomado otros nombres. Llámanse hoy "partido re-
en gran parte, consecuencia inmediata de la fe que publicano" y "partido democrático". Pretende el pri-
cada partido tiene en la eficacia de su método exclu- mero continuar la tendencia iniciada por Hamilton,
sivista para corregir los errores existentes y acelerar y el segundo la tendencia de los parciales de Jeffer-
son; pero en teoría solamente, porque en la práctica
(9) Nos referimos aquí a la obra titulada The Man versus the State. En sus contiendas se circunscriben a menudo a rivalida-
sus Principies of Sociology, Spencer cree, como veremos luego, que la guerra entre
los partidos desaparecerá no bien se realice en la sociedad el régimen dt la
"cooperación voluntaria". (10) H. Spencer, The Man versus State, edición de 1894, pág. 78.
112 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
JOSE GIL PORTOUL 113
des de personas.—J. Bryce observa que los partidos
americanos no equivalen, en cuanto a doctrinas, a los jana los "conservadores" y los "liberales" venezola-
partidos que actualmente luchan, o que han luchado nos. Así como nuestros conservadores trataban de
hasta ahora, en Europa, y que han querido establecer demagogos y desordenados a nuestros liberales, y és-
una distinción profunda entre la tendencia al orden tos a aquéllos, de godos y autoritarios, así en los Es-
y la tendencia a la libertad. Conservador y liberal, en tados Unidos los republicanos tratan a los demócra-
el sentido clásico europeo, son calificativos inaplica- tas de vicious and recklers, y éstos a aquéllos de dan-
bles a los partidos americanos. Republicanos y de- gerous, o poco respetuosos de la constitución (11).
mócratas "tienen tradiciones, y pretenden representar En Francia, hablando teóricamente, existen dos
tendencias: los unos y los otros poseen banderas de grandes tendencias de la opinión, favorable la una
combate y organizaciones e intereses que los apoyan; al régimen monárquico, y al republicano la otra; pe-
pero el interés principal para todos consiste en obte- ro en las luchas electorales y en las discusiones parla-
ner o conservar la protección del gobierno. Todos mentarias es imposible descubrir dos partidos con
los dogmas y sistemas, todas las cuestiones de doctri- programas definidos y constantes. Entre los parti-
na o de práctica política han desaparecido casi del darios de la monarquía la diversidad de propósitos
t o d o . . . por la acción del tiempo y el curso de los su- es tan evidente como entre los republicanos. Unos
cesos". En efecto, en cuanto a doctrinas, ninguno de monárquicos desean la reacción legitimista y otros la
los dos partidos tiene una definida y constante sobre reacción imperialista; los hay que atacan en toda
las grandes cuestiones nacionales, como la reglamen- ocasión a la república y los hay que la aceptan (ra-
tación o extinción del tráfico de licores, el librecam- lliés); y todos gustan de juntarse a veces con los re-
bio o la protección, el socialismo de Estado o el laissez publicanos para promover reacciones puramente ce-
faire, la reglamentación federal de los ferrocarriles saristas como sucedió en la propaganda dirigida por
y telégrafos, los derechos electorales de la mujer, etc.: Boulanger. En el parlamento votan a las veces con
según las circunstancias del momento y según las lo- los republicanos moderados y a menudo con los ra-
calidades, cada partido se muestra favorable u opues- dicales y sobre todo cuando se trata de derrocar al
to a cada reforma, dominados siempre ambos por sus Gabinete.—Igual diversidad de propósitos e igual con-
intereses electorales. Y en cuanto a procedimientos, fusión de procedimientos entre los republicanos. Di-
"republicanos" y "demócratas" emplean siempre los vídense en agrupaciones de moderados oportunistas,
mismos. Ni de aquéllos ni de éstos puede decirse que radicales, socialistas, etc., y sus contiendas periodísti-
son amigos o adversarios de la intervención del Esta- cas y parlamentarias se reducen con demasiada fre-
do: los unos y los otros apelan a ella cuando lo creen cuencia a la lucha por el poder, posponiendo u olvi-
necesario o cuando la opinión pública lo exige. Por dando casi siempre el estudio de las cuestiones econó-
último, ambos partidos se juzgan recíprocamente con micas y sociales. Sin embargo en los paréntesis de
un criterio análogo al que empleaban en época no le-
(11) Véase J. Bryce, The American Commonwealth, cap. LIV.
r
114 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 115
sensatez todas las agrupaciones ocasionales que for- las religiones (14); pero es tal la contradicción entre
man y derrocan a los gabinetes procuran practicar el la teoría de los partidos doctrinarios y el aspecto ac-
sistema llamado oportunismo desde la época de Gam- iual de la evolución político social, que, hasta el so-
betta (12), y el cual tiene a lo menos apariencia cien- cialismo, no obstante el espíritu de fervorosa propa-
tífica, puesto que consiste en plantear y resolver los ganda que lo anima ofrece diferencias radicalísimas
problemas políticos, sucesivamente y según las cir- con el docirinarismo político. Divídese el socialis-
cunstancias. mo en un sinnúmero de agrupaciones, algunas de las
En Italia, la situación es análoga a la de Francia. cuales se contradicen entre si por su constitución y
En un estudio sobre el régimen parlamentario, ob- por sus procedimientos; y, además, las agrupaciones
serva el marqués Pareto que la política de Ita- socialistas no fundan sus programas ni se inspiran
lia se caracteriza por la ausencia casi completa de para librar sus combates en la distinción clásica de
partidos políticos. Los partidos, dice, existen sin du- dos fuerzas sociales que obran, la una en el sentido
da de nombre; pero sus nombres sirven sólo para de- del orden y la otra en el de la libertad. Esto explica
signar agrupaciones de hombres unidos por ciertos que los socialistas no establezcan distinciones doctri-
intereses estrictamente personales, o por cierta co- nales entre los conservadores y los liberales. La
munidad de temperamentos. Es imposible hallar una realidad de las cosas les demuestra que cada vez que
diferencia real entre esos partidos nominales, en cuan- se trata de cuestiones sociales, las viejas denomina-
to a su actitud respecto de los problemas políticos ciones de conservadores y de liberales pierden toda
y sociales a que está abocado el país (13). significación positiva: hasta el príncipe de Bismarck
y el emperador Guillermo II, hasta el Papa León XIII,
Observa también el autor citado, que de los par- son, cada cual a su modo, socialistas, y aparecen de
tidos italianos sólo el partido socialista es realmente acuerdo en ocasiones con las sectas más revoluciona-
activo. Esta observación es aplicable a todos los paí- rias. — Filosóficamente considerado, el socialismo no
ses europeos, bien que el nombre partido no corres- es un partido político, sino una aspiración general a
ponde del todo a las tendencias socialistas. Es ver- mejorar la suerte de las clases proletarias y a resol-
dad que el socialismo presenta hoy algunos de los ver con nuevos métodos los problemas sociales (15)..
caracteres que distinguen a los antiguos partidos po-
líticos, con su programa o credo análogo al credo de (14) Nada se parece tanto al nacimiento y desarrollo de las religiones como
la formación y tendencias de los partidos doctrinarios. Apoyándose en una serie
de postulados indemostrables, las unas y los otros resuelven teóricamente todos los
problemas, y marchan a la conquista del poder inspirándose en una biblia que no
admite discusión y obedeciendo a jefes que se creen infalibles.
(12) El mismo sistema se llama en Italia trasformismo.
(15) "Entendemos por socialismo integral —dice uno de sus propagandistas—
(13) Marqués Pareto, The parlamentary regime in Italy en la Political Science
el socialismo considerado en todos sus aspectos, en todos sus elementos de for-
Quarlerly, diciembre de 1893.
mación y en todas sus manifestaciones posibles. Entendido asi, el socialismo es
JOSÉ GIL FORTOUL 117
116 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
gio popular, tan variable en sus tendencias como son
No obstante lo dicho en su estudio sobre el nue- variables las necesidades de cada medio y momento
vo lorismo inglés, Spcnecr prevé la desaparición del históricos, es hoy origen y fuente de todos los manda-
antagonismo entre los partidos tan luego como se con- tos públicos; y el sufragio popular desconfía cada
sume la transición social del tipo militar al tipo in- vez más de los evangelios políticos declamados por
dustrial; y si prescindimos del exclusivismo con que los partidos. Por otra parte, cuando el sufragio,
el gran sociólogo opone siempre la tendencia indus- circunscrito aun en una parte de la población, se ex-
trialista a la tendencia militarista, nuestra idea re- tienda a toda ella, comprendiendo también a las mu-
sulta confirmada por las frases siguientes: "Cuando jeres; cuando se logre que el número de electores
remontamos hasta el origen del espíritu de partido, abstencionistas sea siempre infinitamente menor que
hallamos de un lado la conservación de alguna des- el número de votantes, y cuando se obtenga en ios po-
igualdad, y del otro la oposición a esa desigualdad. deres públicos, especialmente en los parlamentos, la
Los dos partidos existentes se acusan recíprocamen- representación proporcional de todas las agrupacio-
te de dañar a la sociedad, lo que prueba que existe nes de electores, el antagonismo doctrinario, encar-
una injusticia, ora en el hecho incriminado, ora en nado en dos o más partidos conservadores y libera-
la alegación que lo contradice... Tan luego como el les, se hará materialmente imposible...
régimen de la operación voluntaria penetre en la so-
ciedad entera, con sus ideas, sentimientos y usos Las anteriores consideraciones militan todas con-
apropiados... la guerra de los partidos c e s a r á . . . y tra el propósito de los publicistas venezolanos de for-
subsistirán únicamente diferencias de opinión acerca mar partidos doctrinarios. En primer lugar, no bas-
de las cuestiones de detalle y sobre puntos secunda- ta la sola voluntad de unos cuantos propagandistas
rios de administración... La división creciente de para constituir partidos nacionales: nacen éstos es-
los partidos impedirá todo abuso del poder por una pontáneamente y se desarrollan fuera de todo cálcu-
mitad de la nación para oprimir la otra mitad'* (16). lo ideológico, en medios especialísimos y con el con-
Nótase, en efecto, en todos los países que los partidos curso de un sinnúmero de circunstancias que no es
históricos se subdividen ya en innumerables agrupa- dable a la voluntad humana crear de súbito. Y lue-
ciones; pero, a la causa que Spencer atribuye a ese go, considerada la cuestión desde el punto de vista
fenómeno es preciso agregar otra esencial. El súfra- histórico, obsérvase a las claras la ausencia de tradi-
ciones contradictorias que permitan alentar y propa-
la resultante sintética de todas las actividades progresivas de la humanidad mili-
gar tendencias doctrinarias antagónicas.
tante, y debe, en consecuencia, aprovecharse, no sólo de los progresos políticos y
económicos, sino también de todos los esfuerzos de ciencia, filosofía, mejoramiento En Venezuela, desde que se proclamó la Inde-
social y aplicación práctica, en todas las direcciones humanas".—B. Malón, Le pendencia, no existió nunca antagonismo alguno en-
So'cialisme integral, introducción, pág. 17.
tre la clase aristocrática y el pueblo. En 1811 la oli-
(16) H. Spencer, Principies of Sociology, p. 578.
118 EL HOMBRE Y L A HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 119
garquía venezolana se reducía a tres condes y cinco pueden abrirse camino en las profesiones liberales,
marqueses, y todos ellos, imitando al Libertador, que en el comercio o en la industria; y en tiempos de re-
desdeñó siempre el título nobiliario, fueron después, volución, las personas cultas que se van al ejército
o defensores ardorosos de la causa patriótica o ami- aparecen de buenas a primeras con el grado de gene-
gos decididos de las instituciones democráticas. Pa- ral, o al menos con el de coronel... y se apresuran a
reció formarse al principio una clase de grandes pro- olvidar o desdeñar tales títulos no bien se restablezca
pietarios opuestos a las reivindicaciones populares; la paz (17). De manera que la desorganización de
pero a poco las fortunas más considerables empeza- la carrera militar tuvo el feliz resultado de hacer im-
ron a repartirse rápidamente, gracias al régimen su- posible el militarismo.
cesoral, y por causa también, en parte, de las frecuen- Un partido conservador no encontraría apoyo,
tes guerras civiles que subdividieron e hicieron cam- ni en la aristocracia, que no existe; ni en una clase
biar de manos las riquezas acumuladas. Hubo tam- de grandes propietarios, que carece de tradiciones; ni
bién conatos de establecer una clase militar; pero el en el militarismo que ha perdido todo prestigio.
militarismo halló pronto su correctivo en el exceso En el seno de la legislatura nacional sería igual-
mismo de las insurrecciones militares y en la repul- mente imposible el antagonismo permanente entre
sión que la gente más culta mostró luego por el ofi- una tendencia conservadora y otra liberal, como su-
cio militar. Si bien es cierto que durante la guerra cede en los Estados europeos donde los parlamentos
de la Independencia las personas más notables por están reunidos casi todo el año y donde los ministe-
su posición social, ilustración y riquezas, brillaron en rios viven siempre a merced de las volubles mayo-
el ejército, también es verdad que, concluida la gue- rías parlamentarias. En Venezuela las sesiones anua-
rra y fundada la República en 1830, los descendientes les del congreso nacional son cortísimas (el máxi-
de los libertadores se alejaron cada vez más de la mum es de 90 días); el Presidente de la República
carrera militar, la cual cayó en fin en la más comple- nombra sus ministros independientemente del con-
ta desorganización durante la guerra federal de 1859 greso, y aunque tiene éste la facultad constitucional
a 1863. Para ganar prosélitos, el caudillo del ban- de dar votos de censura a los ministros, rarísima vez
do federalista firmaba en blanco despachos de coro- la usa. De suerte que, libres nosotros casi por com-
nel y de general y los distribuía sin método alguno, pleto de los vicios e inconvenientes del parlamenta-
de suerte que, ya en 1870, apenas había exageración rismo a la europea, es difícil comprender cuál sería
en decir que el número de generales era igual al de
soldados. En nuestros días los grandes militares no (17) Según el censo de 1S91, había entonces 2.950 generales y 3.366 coro-
neles! (Véase la página 70 del resumen oficial del censo). Sin embargo, estos
tienen ningún prestigio por sí solos. Si corren tiem- números fantásticos se explican poique, para figurar en el censo como general o
pos de paz, al oficio de las armas se dedican casi ex- coronel, bastaba declararse tal, sin comprobarlo. Además, la inmensa mayoría de
los generales y coroneles se contenta con sus grados honoríficos, pues ni cobran
clusivamente los que, por cualquier circunstancia, no sueldo ni están obligados a ningún servicio activo.
120 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 121
la utilidad de los partidos en el congreso. ¿Sería aca- greso puede citarse que haya sido dominado exclusi-
so la oposición que uno de los partidos hiciese a la vamente por la reacción o por el quietismo conser-
política del presidente? Esa oposición no sería efi- vador . . . ¿ por qué trocar ahora una tradición civili-
caz sino durante los tres meses que dura el congreso, zadora por la imitación de un sistema exótico que,
quedando impotente en el resto del año: la única en lugar de corregir las costumbres nacionales, con-
oposición permanente y eficaz la hacen los periódi- tribuiría más bien a transformarlas en un sentido re-
cos, y los tribunos en las conferencias y en los mee- trógrado?
tings, y ello sin necesidad de enrolarse en ningún par-
En todos los países civilizados, así de América
tido doctrinario. Por otra parte, aun suponiendo po-
como de Europa, sin exceptuar siquiera a Gran Breta-
sible que cada año se formase en el congreso un par-
ña ni a Suiza, nótase el disgusto creciente de los pen-
tido gubernamental y otro de oposición, con programas
sadores y de la población trabajadora ante los mane-
definidos y huestes disciplinadas, caeríamos infalible-
jos, intrigas e inconsecuencias de los partidos y de
mente en la esterilidad legislativa de los parlamen-
los politicastros: — disgusto de los pensadores, que
tos europeos, que posponen sus naturales funciones
observan imparcialmente los vicios del doctrinaris-
a la lucha personalista por el poder. Si, conforme a
mo y prevén sus probables remedios, y disgusto de la
nuestro régimen constitucional, el Gabinete no está
población trabajadora, la cual, a pesar del sufragio
nunca a merced de las mayorías parlamentarias, la
universal y de las llamadas libertades políticas, sufre
obra de éstas no consiste en imponer una política
más directamente de una organización inadecuada
determinada, sino simplemente en legislar (18).
a las necesidades del presente y aspira con mayor
Por último, la historia venezolana demuestra que, energía a un estado mejor. Los pueblos más civili-
justamente por no existir partidos doctrinarios en el zados de Europa viven hoy con dos calamidades cró-
parlamento, pudo formarse desde temprano la tradi- nicas : — La amenaza de la guerra internacional, que
ción de unir todas las buenas voluntades para mejo- les obliga a gastar, o malgastar, sus mejores fuerzas
rar siempre la legislación; de suerte que, a pesar de sociales en el mantenimiento de ejércitos enormes,
las revoluciones y no obstante la lucha por el poder y las injusticias inherentes al capitalismo que concen-
entre los bandos extraparlamentarios, ni un solo con- tran en las clases proletarias el odio que estallará
quizás pronto en explosiones revolucionarias. Los
o s ) A este respecto, el parlamento suizo es un modelo digno de imitarse. males crónicos de la América latina han sido hasta
La asamblea federal -(compuesta del consejo de los Estados, que equivale al senado ahora el personalismo y las revoluciones. Ni estos
de otras repúblicas, y del consejo nacional, euivalente a la cámara de diputados)
no se divide en partidos ministerial y de oposición, ni el consejo federal, que es males ni aquellas calamidades desaparecerán por
el poder ejecutivo, es nunca representante o eco de un partido. Cuando un pro- obra y gracia de las viejas ilusiones doctrinarias.
yecto de ley del ejecutivo es rechazado por la asamblea federal, o por el pueblo
en un referendum, los consejeros federales continúan ea sus puestos. En Suiza
¿Cómo se verificará la transformación deseada y
no existen las crisis ministeriales. esperada? En Europa, todo parece depender del ca-
122 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
CAPITULO VI
PREVISIONES Y CONJETURAS
Sumario;.—Condiciones ide una evolución acelerada.—Circuns-
tancias favorables del medio social.—Aumento rápido de
la población por la inmigración de otras razas.—Cuáles
serán las consecuencias de la inmigración.—La instrucción
pública: crítica del sistema actual.—Necesidad de armoni-
zar la instrucción pública con las ideas y aspiraciones del
presente.—Transformación de las costumbres políticas.—
Teoría de las revoluciones.—La paz y el progreso.—Las
reformas legislativas.—La ley social y la ley escrita.—La
obra de los gobiernos y la obra de los publeos.—La civili-
zación tiende a hacerse solidaria, así en Europa como en
América.—El gran problema para la América intertropi-
cal no es hoy un problema político, sino exclusivamente
etnográfico o sociológico.
L
124 ÉL HOMBRE Y LA HISTORIA
JOSÉ GIL PORTOUL 125
intelectual y material realizado en los últimos años,
no puede tacharse de optimista la afirmación de que sin duda, ni por obra del gobierno, cuya función se
es laníos ya abocados a una evolución acelerada, si reduce necesariamente a aplicar la ley existente, ni
se obtiene el concurso de ciertas circunstancias fa- por obra y magnanimidad de los grandes propieta-
vorables en el medio social y en las costumbres po- rios,. Acrecida la población, el obrero urbano y el
líticas. peón de los campos podrán formar asociaciones de
Las circunstancias favorables del medio social resistencia contra la opresión de los industriales y
nacerán, si no todas, en su mayor parte del aumen- de los dueños de la tierra. . . .
to de la población por la inmigración. No progresa
más rápidamente la población actual, tanto por su —Manifiéstase a las veces el temor de que las
escaso número cuanto por hallarse diseminada en grandes corrientes de inmigración destruyan en se-
un inmenso territorio (menos de 3 habitantes por guida por absorción el carácter, el espíritu y las as-
kilómetro cuadrado). Concentrarla seria imposible: piraciones genuinamente nacionales. Temor infun-
¿podríase acaso obligar al llanero a vivir en los va- dado, porque si bien es cierto que la inmigración oca-
lles y en las montañas de las zonas templada y fría? sionará profundas transformaciones, nuestra influen-
Proteger por todos los medios conocidos la inmigra- cia será siempre, si no superior, a lo menos igual a
ción de extranjeros es el único recurso práctico para la de los nuevos pobladores. Nos traerán éstos las
establecer una proporción favorable entre la exten- fuerzas musculares que nos faltan, los procedimien-
sión del territorio y el número de habitantes. Cier- tos industriales que no conocemos y algunas de las
tos problemas sociales no tienen materialmente otra tradiciones seculares de sus razas; y, en cambio, con-
solución. Citemos uno. Existe en Venezuela una tribuirán nuestros nacionales a la obra común, con
clase social intermedia entre el indigente y el pro- la m a y o r vivacidad de sus inteligencias, con su
pietario, la clase de los peones, que se dedican es- aspiración al progreso rápido, con su amor por
pecialmente a los trabajos agrícolas. El peón traba- las novedades y con la artística nerviosidad de sus
ja siempre anormal, y es raro que en toda su vida lo- temperamentos Y una vez fundidos en uno solo
gre adquirir con sus ahorros los medios de sustraer- los diversos elementos de raza, costumbres e ideales,
se a su condición de siervo de la gleba. En algunas será posible apropiar a las necesidades del hombre
localidades la suerte del peón es quizás más triste civilizado las selvas vírgenes, los ríos torrenciales y
que la de Jos antiguos esclavos (1), y no mejorará las llanuras inmensas. Sólo entonces nacerán las in-
dustrias, se propagarán las ciencias, florecerán las
(1) "Hemos abolido la esclavitud, pero sin haber resuelto la cuestión del artes; cesarán quizá para siempre las calamidades
trabajo: en derecho no hay ya esclavos, pero de hecho los hay", escribía H. F. de la política banderiza y sectaria, y, olvidando sus
Amiel (Fragments d'un Journal intime, 6a. edición, t. I, página 6 7 ) . Esta ob-
servación del pensador ginebrlno es también aplicable a Venezuela.
luchas fratricidas, podrá el hombre de la zona tó-
rrida seguir el consejo melodioso del poeta:
126 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL PORTOUL 127
teóricos formulados en las nuevas leyes no son con- JOSÉ GIL PORTOUL 13$
secuencia inmediata de una necesidad social. Un pro-
greso legislativo cualquiera no ejerce en parte algu- visiones del distinguido escritor colombiano. Ln
na un influjo considerable si no es la consiguiente constitución de 1881, que estuvo vigente hasta 1893*
manifestación de un progreso social previo. Ya Aris- fué casi un calco de constitución suiza. Según ella, él
tóteles observaba que las mejores leyes son inefica- congreso nacional nombraba cada cuatro años un
ces allí donde a leyes perfectas no corresponden consejo federal compuesto de tantos miembros, citan-
costumbres igualmente perfectas. tos eran los Estados, y el consejo federal nombraba
de su seno, cada dos años, al Presidente de la Re-
—Por olvidar que en todas partes las leyes po- pública. Las atribuciones del consejo y las del pre-
sitivas resultan ineficaces cuando no las determiuan sidente eran, con diferencias secundarias, las mis-
y requieren las costumbres sociales, aun los publi- mas que en Suiza. Rigió doce años esta constitución,
cistas de más penetrante ingenio olvidan también a no originó ninguna transformación apreciable ni en
veces las reglas del método inductivo, y basan sus la vida política ni en las tradicionales prácticas gu-
conclusiones sobre meros prejuicios. Al estudiar las bernativas que se quiso corregir; y resultó tan evi-
costumbres políticas de la república de Colombia- dente su ineficacia, que la República no opuso re-
costumbres análogas, si no idénticas, a las de Vene- sistencia alguna para aceptar la nueva constitución
zuela—un escritor de aquel país señala como causas de 1893, que restableció el antiguo sistema de un pre-
eficientes de la instabilidad del orden público "el sidente nombrado por cuatro años en elecciones po-
ejercicio del gobierno por un partido político con ex- pulares y de un consejo de gobierno nombrado por
clusión de los demás y el ejercicio del poder ejecu- el congreso y con voto puramente consultivo.
tivo por un solo individuo"; y concluye que el reme- No, en vez de imitar siempre las constituciones
dio soberano consistiría en la imitación del sistema extranjeras, es preferible procurar corregir la cos-
suizo sobre la organización del poder federal (6). tumbre misma que ha hecho tan fáciles los cam-
Sin embargo, la historia constitucional de Venezue- bios legislativos. Sucede a menudo que se re-
la ofrece un precedente contradictorio con las pre- forma una ley pocos meses después de sancionada;
y de ese modo es imposible que se forme la juris-
(6) R. Rocha Gutiérrez, La verdadera y la falsa demacrada, París, 1887, p . prudencia y se desarrolle lo que Bagehot llama muy
120 y siguientes. La constitución suiza confiere la autoridad directiva y ejecuti- bien fibra legal (7). La tradición legal es condición
va de la confederación a un consejo federal de siete mUmbros nombrados cada
tres años por las cámaras legislativas, las cuales también aombran anualmente, de
esencial de todo progreso positivo, puesto que el
los miembros del consejo federal, un presidente de la confederación y un vicepre- fondo mismo de la vida social consiste en la repe-
sidente áei consejo. No hay ministerio: los mismos consejeros federales dirigen
los siete departamentos de la administración nacional. Sobre el funcionamiento
tición de los mismos actos, o, como dice el filósofo
del sistema suizo puede consultarse la excelente obra de Adams, The Suris Con- Tarde, en la imitación (8), y donde quiera que tó
federation, 1889.
(7) W. Bagehot, Pkysict and PmUUes.
(8) G. Tarde, Les ioig i* l'imitatlon.
134 EL HOMBRE T LA HISTORIA JOSÉ GIL PORTOUL 135
tradición legal no es profunda ni larga, toda refor- y al progreso legislativo. ¿Cómo lograrlo? Las cos-
ma legislativa es, por lo menos, aventurada.—Lle- tumbres que se ponen aún a abandonar el sistema
vados de la ilusión de que las leyes escritas tienen existente, no cambiarán sin duda mientras la afluen-
por si solas la virtud de originar en seguida mara- cia de población y de capitales o empresas del exte-
villosas transformaciones, persuádense fácilmente los rior no modifique el estado social, apresurando la
congresos de que sus funciones consisten en crear la creación y desenvolvimiento de grandes intereses na-
ley, por más que este prejuicio resulte siempre en cionales que determinen las tendencias del poder
contradicción con la esencia misma de la ley y, por político, en vez de dejar a éste como único factor
consiguiente, con el verdadero carácter de la fun- de toda la evolución así en las leyes como en el sis-
ción legislativa. En un régimen democrático, la ley tema de gobierno.—Pero, ¿cómo atraer, para poblar
positiva no es, o no debiera ser, sino la manifesta- rápidamente nuestras soledades, el exceso de la po-
ción escrita de la ley social. Los ciudadanos que blación europea y asiática? Aunque esta cuestión
poseen una influencia moral e intelectual conside- pertenece más bien a la administración política, y no
rable propagan en la multitud los nuevos principios, entra, por consiguiente, en el cuadro especial de nues-
valiéndose del diario, del libro y de la conferencia; tro ensayo, observemos, siquiera de paso, que en par-
pero la ley misma, que es, en resolución, la práctica te alguna ha bastado el esfuerzo solo del gobierno
constante de un principio, no se forma sino cuando para promover un aumento rápido de la población.
la casi unanimidad de los ciudadanos adopta el prin- La acción del gobierno es necesariamente circuns-
cipio en sus relaciones sociales. De suerte que, la crita e incompleta. Requiérese el concurso de mu-
función de los congresos se reduce, o debiera redu- chas circunstancias, a las veces fortuitas y casi siem-
cirse, a formular y redactar la ley que ya existe en pre imprevisibles. Nótese, por ejemplo lo que sucede
el cuerpo social (9). En este sentido, el ideal seria en el Transvaal, que hace diez años era una región
lograr que la obra de los pueblos fuese superior a casi desierta y apenas conocida. Bastó que se descu-
la obra de los gobiernos, y que la evolución o progre- briesen allí ricas minas de oro para que la inmigra-
so social precediese siempre a la evolución política ción acudiese a millares, y con ella todos los adelan-
tos de la civilización (10). Gomo la suerte de los in-
(9) Burke decía en 1777: "El verdadero fin de la legislación consiste en dividuos, el destino de los pueblos depende a menu-
seguir, no en forzar,-la inclinación pública; y en dar una dirección, una forma
técnica y una sanción específica a la opinión general de la comunidad". (Leter to
do del acaso.
the Sheriffs of Bristol). Y Buckle repetía ochenta años después, que "la función Así en Europa como en América, la civilización
del legislador consiste en seguir las corrientes de su tiempo, y de ningún modo en
intentar dirigirlas". "El legislador, añadía, se dará por satisfecho con estudiar tiende a hacerse solidaria por la ciencia y las artes,
lo que sucede a su rededor, y modificará sus planes, no de acuerdo con las no-
ciones que ha heredado de sus antepasados, sino de acuerdo con las exigencias (10) Actualmente llegan al Transvaal 2.000 inmigrantes blancos por mes.
actuales de su propio tiempo". History of the Civilización in. England, vol. I, La ciudad de Johannesburg, que se componía en 1886 de un grupo de pobres ca-
pág. 505. lañas, cuenta hoy 70.000 almas.
136 EL HOMBRE T LA HISTORIA
de éste por aquél, se obtiene un cuociente que varía la llaman muchos sabios alemanes), la cual es doli-
de 0.62 a 0.98, cifras extremas obtenidas en cráneos cocéfala. Es la cantidad de sangre aria, dice textual-
normales, sin contar algunos casos aislado» y excep- mente Ammon, la que determina el rango de cada
cionales. El cuociente así obtenido se llama índice pueblo en la vida civilizada.
cefálico de un cráneo; y el de un lote de cráneos se Sin embargo, la llamada raza aria no es una raza
obtiene dividiendo la suma de las anchuras por la de pura. Según el mismo Ammon, las poblaciones eu-
las longitudes. Diremos, pues, de un individuo o gru- ropeas contemporáneas se han formado en el curso
po, que es braquicéfalo cuando su índice cefálico es de los siglos por la mezcla de elementos diferentes.
de 85 a 98; subbraquicéfalo, de 80 inclusive a 85; De donde resulta dificilísimo distinguir en una po-
mesaticéfalo, de 75 inclusive a 80; subdolicocéfalo, de blación cualquiera cuáles son los elementos genuina-
70 inclusive a 75, y dolicocéfalo cuando es inferior mente arios. No basta observar el aspecto exterior.
a 70. La apariencia engaña a menudo.
En cuanto a la talla, entiéndese por pequeña la Las características exteriores del hombre ario,
inferior a 1 m 60, y grande la de 1 m 70. son: la piel blanca, los ojos azules, los cabellos rubios
Ammon (escrito de propaganda publicado en la y la alta talla. No obstante, encontramos a menudo
Deutsche Zeitung, de Viena, 1896), empezó sus estu- individuos con esa apariencia que son braquicéfalos y
dios de antroposociologia observando la corriente de carecen de las cualidades psíquicas del ario dolicocé-
población, que se verifica en todos los países europeos, falo. Y a la vez, observa Ammon en su estudio sobre
de los medios rurales a los medios urbanos, y creyó la "selección natural en el hombre'*, "la cabellera más
comprobar que en esta corriente predomina el ele- obscura puede abrigar el cráneo de un dolicocéfalo,
mento dolicocéfalo. De este fenómeno deduce dos el cual, a pesar de sus cabellos negros y ojos pardos,
consecuencias importantes: 1*, que la población ru- se halla dotado de cualidades enteramente germáni-
ral se hace cada vez más braquicéfala, y la urbana cas'*. De suerte que, en realidad, la única prueba po-
cada vez más dolicocéfala: 2*, que la mayor riqueza sitiva de que un individuo pertenece a la raza aria,
en elementos sociales superiores del medio urbano, se sería la forma especial de su cráneo; esto es, un ín-
explica justamente por el predominio de la dolicoce- dice cefálico inferior a 0,70.
falía. Y ampliando sus observaciones, concluye que Tropezamos aquí con una de las más serias difi-
donde quiera que predomine el elemento dolicocéfa- cultades de la teoría de Ammon. Por interesantes y
lo, trátese de una ciudad, o nación, o grupo de nacio- exactas que sean las estadísticas de él y de los que co-
nes, la civilización es más intensa que no en los me- mo él piensan, son todavía insuficientes para basar
dios donde predomina el braquicéfalo. Si en Europa una ciencia; y es preciso evitar el pecado de generali-
se ha desarrollado tan rápidamente la civilización, ha zar demasiado, en tanto que la estadística de todos los
sido por el dominio de la raza aria, o germana (como pueblos de sangre aria no venga a demostrarnos ri-
144 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
JOSÉ GIL FORTOUL 145
gurosamente la relación íntima y decisiva, la rela-
ción de causa a efecto, entre el índice cefálico y las El examen de las ideas de Vacher de Lapouge
manifestaciones de la civilización. contribuirá a esclarecer el concepto capital de la An-
Desde el punto de vista psicológico, no faltan troposociología, y nos llevará a decir en qué sentido
antropólogos eminentes, Manouvrier, por ejemplo, y hasta qué punto, en mi entender, resulta confirma-
que nieguen la importancia capital de la diferencia da la nueva ciencia por la sociología pura y por la
de tamaño o forma de los cráneos; y desde el punto historia, y cuál parte de ella me parece generaliza-
de vista sociológico hay más de un especialista que ción prematura.
replique, que si la forma ancha del cráneo tuviese Según Lapouge, la mayoría de las poblaciones
tanta importancia en las manifestaciones de la inte- europeas se compone de mestizos de dos razas pri-
ligencia y de la voluntad, no se explica cómo los ne- mordiales; a saber, Homo Europaeus, "verdadera es-
gros, que son en su mayoría dolicocéfalos, perma- pecie formada por variación y selección", y Homo
nezcan en un estado evidente de inferioridad social. Alpinus, probablemente resultado de un cruzamien-
(Véase A. Fouillée, Psychologie du peuple francais, to o cruzamientos múltiples. El primero es dolico-
París, 1898, p. 121). céfalo, braquicéfalo el segundo. Lu superioridad,
así de un individuo como de un pueblo, consistiría
Además, cuando Ammon comprueba que en las
más bien en el carácter enérgico que en la inteli-
ciudades predomina el elemento dolicocéfalo, com-
gencia cultivada (2), y el carácter enérgco sería,
prueba al propio tiempo que, siendo la vida urbana
generalmente hablando, consecuencia natural de la
mucho más excitante que la vida del campo, destru-
dolicocefalía que distingue al Homo Eupaeus, o raza
ye tanto más elementos superiores cuanto más in-
aria de la tierra. Unas ocho o dieez unidades de in-
tensa; de donde resulta la tendencia, en todas partes
tervalo en el índice cefálico bastarían a separar el
y por todos los antropólogos observada, a una bra-
límite de inteligencia suficiente y energía máxima, del
quicefalía universal, que nos hace pensar, dice Am-
límite en que la energía es insuficiente. La energía
mon, en el próximo "crepúsculo de los arios".
máxima sería privilegio del Homo Europaeus.
¿Habremos llegado ya, según eso, al crepúsculo Admitamos provisionalmente que la observación
vespertino de la civilización europea? Si es verdad y la estadística comprueben tal hipótesis, así en los
que todos los indicios sociales revelan un próximo individuos como en los grupos sociales; y veamos
cambio radical en la constitución de las sociedades cuáles son sus consecuencias sociológicas.
contemporáneas, no es menos cierto que los mismos
indicios nos permiten prever el florecimiento de otra Un pueblo empieza a civilizarse cuando en él
civilización que no ceda en intensidad ni en esplen- aparece una clase Isocial compuesta de elementos
dor a las anteriores ni a la actual. (2) El doctor G. Le Bon llega a la misma conclusión en sus estudios so-
bre la psicología de los pueblos.
146 E L HOMBRE Y L A HISTORIA
JOSÉ GIL FORTOUL 147
traen al trabajo civilizador, aproximadamente 9 mi- tas son sus Ventajas. La caridad, tanto pública co-
llones de hombres en toda la fuerza de la salud y mo privada, es efecto de un sentimiento generoso,
de la producción. Recordemos que en tiempo de y, por insuficiente que sea para resolver el tormen-
guerra toda la población de hombres adultos puede toso problema de la miseria, tiene siquiera la virtud
ser llamada al servicio activo, y no tendremos para de hacernos presentir lo que será una sociedad que
qué insistir sobre la selección regresiva que determi- se base en la justicia y en la simpatía, cuando los
na el régimen de la paz armada. hombres sustituyan el noble ideal del bienestar co-
Selección moral.—La moral que predomina en mún por la común cooperación, al triste ideal de
un momento dado de la historia de un pueblo cual- nuestros días de luchar sólo por la riqueza y por el
quiera, predomina por haber triunfado de otra mo- poder que ella da.
ral preexistente, o por paralizar otras tendencias mo- Selección legal.—Las leyes, que en cierto senti-
rales, coexistentes, pero menos enérgicas. La mo- do pueden considerarse como la codificación de la
ral no es otra cosa que un sistema de ideas, que se moral, son también origen de selecciones progresi-
han trasmitido por herencia y dominan tiránicamente vas o regresivas. En los países donde la ley acepta
en el medio social hasta que otro sistema de ideas las el derecho de primogenitura, la propiedad adquiere
suprima o sustituya. Nuestras ideas de la decencia una influencia social mucho mayor que en aquellos
y del pudor nos han obligado a adoptar vestidos in- otros en que la ley limita el derecho de propiedad
cómodos y nocivos al desarrollo físico, y han dismi- poniendo trabas a la libertad del testador. En los
nuido donde quiera el número de los baños públi- unos, como Inglaterra, la propiedad de la tierra se
cos. De ahí, en parte, que nuestros cuerpos sean concentra en pocas manos; en los otros, como Fran-
hoy menos hermosos y elegantes, al contrario de lo cia, la propiedad de la tierra tiende a repartirse cada
que sucedía en Grecia y en Roma, donde los juegos vez más. Cuál sistema contribuya a la superioridad
gimnásticos y la frecuentación diaria de las termas de un pueblo, y cuál a su inferioridad, son problemas
públicas acostumbraban a admirar la agilidad y la que se resuelven por modos diferentes, según el cri-
belleza de los cuerpos desnudos. Nuestra idea de terio económico, moral o sociológico con que se plan-
la caridad puede también originar una selección re- teen. Con nuestro propósito se relacionan más las leyes
gresiva cuando se aplica a todos los enfermos o in- referentes a las uniones sexuales. La civilización
válidos, al contrario de lo que, obedeciendo a otra europea, y las que de ellas se han derivado, prohiben
idea moral, practicaban los espartanos, los cuales la unión sexual entre los más próximos parientes, al
preferían la supresión de los individuos inútiles. No contrario de lo que sucedía en Caldea, en Fenicia,
obstante, paréceme que se va demasiado lejos al se- en Egipto, donde la moral permitía habitualmente
ñalar los inconvenientes de la caridad contemporá- el matrimonio entre los miembros de una misma fa-
nea. Sus inconvenientes no serán nunca tantos cuan- milia. ¿Hemos de ver en la prohibición moderna
150 E L HOMBRE Y LA HISTORIA JOSE GIL FORTOUL 151
una causa de selección regresiva? A no dudarlo, si gimen plutocrático tiende, en efecto, a disminuir, si
los consanguíneos fuesen siempre individuos física e no a eliminar, la influencia social de la aristocracia
intelectualmente superiores, porque entonces propa- intelectual; y, sin que estemos obligados a convertir-
garían por la herencia su superioridad social; pero nos en socialistas comunistas, sí podemos aspirar al
como no es esa la regla general en nuestro tempera- implantamiento de otro régimen en que el predo-
mento extremadamente nervioso, las ventajas e in- minio social corresponda, antes que al solo hecho de
convenientes de ambos sistemas puede decirse que poseer una parte considerable de la riqueza común,
se neutralizan. Cree también Lapouge, que la poli- a los esfuerzos de los individuos realmente superio-
gamia primitiva contribuyó a la formación de razas res por su carácter y su entendimiento.
nobles, porque únicamente los guerreros y jefes no- Selección política.—Cita también Lapouge, en-
bles podían poseer un harem, y reproducirse así más tre las causas de selección regresiva, la política, la
que las clases inferiores. Quizás; pero el solo he- cual inutiliza y consume gran parte de los mejores
cho de que en nuestra civilización los hombres su- caracteres; y pone como ejemplo la revolución fran-
periores no son a menudo ricos ni directores inme- cesa, que acabó por eliminar a todos sus grandes
diatos de la sociedad, basta para no aceptar que la hombres. Hallo en esto otro error de generalización.
poligamia sea por sí sola favorable a la selección El consumo de hombres superiores en la política
progresiva. Además, la condición de la mujer en la puede ser o perjudicial o reproductivo, según los
sociedad legalmente poligámica, como la musulma- casos; y justamente paréceme erróneo ver en el caso
na, no es comparable con la que ella obtiene en la citado una selección regresiva* El ejemplo de la
monogamia, por más que ésta no sea nunca absolu- vida y la muerte misma de aquella pléyade de gran-
ta en parte alguna. Los defensores teóricos de la po- des hombres, equivalen a fuerza sociales que conti-
ligamia desdeñan en esta cuestión la suerte de la núan obrando por largo tiempo después de la des-
mujer, la cual contribuye por parte igual al hombre aparición de los individuos que las encarnaron.
a la propagación de la especie. La unión poligámi- Tanto es así, que la vida política francesa se ha
ca no seria causa de una selección favorable sino en inspirado, durante un siglo, en aquel foco resplan-
el caso de permitirse solamente la unión de indivi- deciente. La idea y la palabra, la manera de vivir
duos superiores de ambos sexos; y como es evidente y el modo de morir, triunfan de la muerte misma
que nuestras sociedades no llevarán el amor del cuando son nobles y grandes, y enriquecen el tesoro
"eugenismo" hasta decretar esa selección artificial, común de un pueblo. A propósito del ejemplo, Dar-
han de buscar en otra parte los medios de su mejo- win escribe: "el hombre que, aun cuando no sea
ramiento. Por ejemplo, atacando en su base misma impulsado por un profundo sentimiento instintivo a
el régimen plutocrático, que es hoy el más enérgico sacrificar su vida por el bien de los demás, llega, sin
factor de la más nefasta selección económica. El ré- embargo, a tal acción obedeciendo al sentimiento de
152 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 153
la gloria, excita con su ejemplo el mismo deseo de democracia ateniense fué, propiamente hablando,
gloria en otros hombre, y vigoriza el noble senti- una oligarquía; la de la clase de hombres libres, bajo
miento de la admiración" (3). Ya Pericles celebraba la cual vivía sin derechos políticos la clase de los
la memoria de los que habían muerto por la patria esclavos. A Atenas podría aplicarse también lo que
diciendo que el más alto premio les reservaba la Plutarco decía de Esparta, donde el hombre libre lo
posteridad al recordar sus nombres en toda ocasión era en absoluto, y el hombre esclavo más esclavo
en que el honor fuese el objeto de cada palabra y que en parte alguna. Además, el estado ateniense
de cada acto, y que los descendientes serían grandes bajo Pericles, si bien llamado democracia, fué de
por la emulación de sus nobles antepasados (4). hecho, como dice Tucídides, una monarquía, donde
¿Y la democracia no será también una selección j el gran orador, guerrero y político reinaba sin coro-
política regresiva? Los fundadores de la antropo- na. En cuanto a los pueblos modernos, el que más
sociología lo afirman. La democracia, según ellos, se acerca a la democracia ideológica es la Suiza; y
tiende a nivelarlo todo, y a destruir, por consiguiente sin embargo, en ella vemos también planteados con
los elementos superiores, de tal suerte que el nombre carácter agudo los problemas sociales que atormen-
que más le cuadraría sería el de mediocracia. Paré- tan a las naciones monárquicas: por ejemplo, el in-
cerne que exageran demasiado quienes califican de dustrialismo o la contradicción irreductible entre la
democrático el régimen social que hoy predomina influencia del capitalismo y las aspiraciones del pro-
en la civilización europea. La aristocracia heredi- letariado. Ni es tampoco la abolición de los privile-
taria pierde terreno en muchos países; pero no se gios de la antigua aristocracia, un indicio seguro de la
nota en ellos que sea la democracia la que la reem- realización del ideal democrático. En Francia, don-
place. Es más bien la plutocracia, con el prestigio de ya no predomina la nobleza, las clases populares
y la fuerza irresistible del oro. Por otra parte, la > son menos libres que en Inglaterra, donde la aristo-
democracia, a lo menos bajo su aspecto absoluto, cracia conserva gran parte de sus privilegios históri-
es más bien un ideal filosófico, y no una forma de cos.
constitución pojlítica perfectamente definida en la
realidad. Los atenienses llamaban democracia a su Los ejemplos citados de selección social bastan
forma de gobierno, porque en ella los destinos de la quizás para dar una idea suficientemente clara de
sociedad, lejos de depender de una clase social, esta- la teoría antroposociológica. ¿Hasta qué punto la
ban encomendados a todos los ciudadanos, los cuales confirma la historia? ¿Podemos explicarnos cientí-
por la sola virtud del mérito personal podían aspirar a ficamente la grandeza y decadencia de los pueblos,
las más altas funciones del Estado. No obstante, la por la superioridad de la raza dolicocéfala rubia, y
por el influjo preponderante de los elementos eugé-
(3) Descent of Man, p. 132.
(4) Tucídides, lib. II. nicos?
154 E L HOMBRE Y L A HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 155
Según Lapouge, la grandeza de Roma se debió a ninguna otra comparable en la historia, no se ex-
únicamente a las familias patricias; y cuando éstas plica sino por el apogeo a que llegó allí la raza doli-
empezaron a bastardear su sangre noble con la mez- cocéfala pura. "Si en cien años —dice— poetas líri-
cla de sangre plebeya y extranjera o bárbara, em- cos, trágicos y cómicos, prosadores de todo orden,
pezó tamién la decadencia romana. Lo que sucede filósofos, historiadores, escultores, arquitectos y pin-
con la nobleza hereditaria parece confirmar en parte tores, llenan la Grecia de obras inmortales ,es preci-
esta tesis. Los sentimientos, ideas y costumbres que samente porque durante ese siglo domina por com-
constituyen la fuerza social de la nobleza, disminu- pleto un pueblo de eugénicos". Las poesías homéri-
yen en intensidad cuando las familias nobles se mez- cas y las pinturas egipcias representan a los griegos
clan con las plebeyas, al extremo que nada hay más destructores de Troya como un pueblo rubio y de
débil que un representante degenerado de una fa- alta talla, de piel blanca y ojos azules. De donde
milia de sangre ilustre. Pero, ¿proviene, en realidad, deduce Lapouge que todos eran dolicocéfalos, y que
la degeneración, de la mezcla con sangre no eugé- sus descendientes de la época clásica venían todos
nica?; o, al contrario, ¿no será justamente resultado por selección social de aquellas familias eugénicas.
de la falta de mezcla con sangre nueva, sea plebeya Pura hipótesis! Los bustos de los grandes hombres
o bárbara? Los genios, que representan el desarrollo griegos muestran cráneos de todas formas, y es no-
máximo de la energía humana, —energía intelectual table entre ellos, por su braquicefalia, el busto de
en unos casos (ejemplos: Goethe y Darwin), y en Sócrates. Es cierto que los dioses genuinamente he-
otros, energía moral, (ejemplos: Jesús y Sócrates)— lenos, como Minerva, Diana y Apolo, y los héroes o
surgen indiferentemente de las clases aristocráticas semidioses como Aquiles, son rubios en la poesía
o de las clases plebeyas; y, además, sería fácil com- épica; pero ¿demostrará esto que los griegos de la
probar que en los pueblos contemporáneos, los hom- época clásica fuesen todos dolico-blondos? ¿O reve-
bres de carácter más enérgico, filósofos o guerreros, lará sólo que los poetas atribuían convencionalmente
sabios o inventores, mercaderes o industriales, na- ese aspecto a sus dioses y héroes, justamente porque
cen a menudo en las clases populares. ¿Serán todos Ja piel blanca, el cráneo ancho y los cabellos rubios
dolicocéfalos? ¿Descenderán todos de antepasados eran menos comunes? Ambas suposiciones son igual-
eugénicos? La prueba científica es materialmente mente plausibles.
imposible, porque aun cuando la medida de sus crá-
neos demostrase la dolicocefalía, no habría modo A mi entender, si la superioridad de la raza
de averiguar si la sangre de sus antepasados ha per- contribuyó por mucho a la grandeza de los pueblos
manecido pura, o se ha mezclado con sangre de bra- griegos, no contribuyeron menos las condiciones so-
quicéfalos, plebeyos o bárbaros. ciales en que se hallaron. En Atenas, los ciudadanos
libres no tenían sino dos ocupaciones obligatorias,
Pero la grandeza de Grecia —replica Lapouge— a saber: la guerra y la administración de la justicia,
156 E L HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 157
dejando los oficios inferiores para los esclavos y los pueblo se entiende también los elementos étnicos
bárbaros. Con lo que los hombres superiores podían que lo componen. Si los estados sociales se agotan,
dedicar toda su actividad libre a las cosas del enten- pasan o se transforman, el hombre queda, y con él
dimiento y del arte. Y, si no ha vuelto a ver el hom- la posibilidad de otras combinaciones sociales, enér-
bre en parte alguna un florecimiento igual al de la gicas y gloriosas. La historia del hombre europeo,
Atenas de Pericles, que es la verdadera maravilla considerado éste desde el doble punto de vista antro-
de la historia, ¿no será simplemente porque los me- pológico y social, es una sucesión de largos periodos
dios sociales han cambiado por completo? Ni la de transformaciones lentas y obscuras, y rápidos pe-
Roma de Augusto, ni el renacimiento italiano pue- ríodos de florecimiento moral e intelectual. Cuando
den compararse con el medio social del apogeo ate- en un punto geográfico cualquiera concurren cir-
niense. París mismo no es comparable a Atenas. cunstancias favorables del medio, y felices combina-
Aquel equilibrio portentoso de fuerzas intelectuales ciones etnográficas, vemos allí florecer estados so-
y sociales dura sólo un momento en la sucesión de ciales brillantísimos: Grecia, Roma, la Italia del re-
las edades históricas, y su ejemplo permanece ais- nacimiento, España y Portugal, Holanda, Inglaterra,
lado y ú n i c o . . . Quizá la reunión en la historia, de —las cuales, en otras circunstancias, han vivido vida
una pléyade de genios, sea un hecho tan fortuito co- de luchas y conflictos aparentemente estériles.
mo la aparición, en un pueblo cualquiera, de uno
Dos objeciones más, esenciales como las ante-
o varios genios aislados; y no sería imposible que riores, ocurren al examinar las conclusiones de los
las sociedades tuviesen, como los individuos, rápi- fundadores de la Antroposociología. Por una parte,
dos momentos de inspiración genial, que se traducen reducen la sociología a mera cuestión de craneolo-
en obras inmortales o hechos gloriosos solamente en gía, al extremo de querer explicar las diferencias de
un estado de excitación nerviosa, imprevisible y fu- aptitudes en las diversas poblaciones europeas, por
gitivo . . . las diferencias de grado en el solo índice cefálico,
"Todo progreso aparente —cree, en suma, La- llegando con Ammon a no hallar otra raza superior
pouge— se paga con el capital de fuerza y energía, sino la raza germánica, y a no descubrir Lapouge
de voluntad e inteligencia; y este capital se agota: sino un pueblo eugénico, el inglés. Por otra parte,
cuando los eugénicos se agotan en un pueblo, ningu- circunscriben el problema a la sola raza indoeuropea
na resurrección es posible". Sin duda, si por pueblo o aria. ¿Qué decir de las otras razas y pueblos de
se entiende aquí un estado social determinado; una otros continentes, que han tenido también sus perío-
combinación especial de energías sociales; el mero dos de florecimiento, y que, hipotéticamente (pues
equilibrio, forzosamente instable, de un conjunto de en esta materia todo es aún hipótesis) pudieran lle-
ideas morales, filosóficas y políticas que no otra cosa gar a producir el porvenir otras civilizaciones? Sería
es, en resolución, una sociedad civilizada. No, si por preciso demostrar que en el Asia la civilización chi-
158 E L HOMBRE Y L A HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 159
na, y en la América la civilización precolombiana, es el caso de las teorías de Ammon y Lapouge); pero
fueron también resultado exclusivo de la domina- no puede aún aspirar a sistematizar las leyes de la
ción de un pueblo dolicocéí'alo sobre otro u otros sociología universal.
braquicéfalos. La raza que realizó en el Perú el ideal Otro origen de errores, demasiado general en
del Estado comunista, al amparo de una monarquía nuestro tiempo, consiste en tomar como tipo único
paternal que llegó a hacer feliz a todo un pueblo, su superioridad la sociedad europea. Nada demues-
sucumbió ante los conquistadores españoles, los cua- tra que el organismo social europeo sea el modelo
les, si bien llegaban mejor armados para la destruc- definitivo, ni menos el tipo perfecto de la civiliza-
ción, no eran por esto superiores en todos sentidos. ción. En Europa misma, la inquietud precursora de
Aquella raza habría quizás, abandonada a su propio una honda transformación social es evidente y ge-
destino, completado pronto la armonía de todas las neral. El feudalismo capitalista e industrialista es
partes de su organización interna, con el incremento atacado por todas partes, y ya comienza a bambo-
de la ciencia y el desarrollo de las artes industriales, lear. ¿Qué le sustituirá? El porvenir lo dirá. Mi
y revelado tal vez otros sistemas de organismo so- propósito se circunscribe hoy a observar que, ni la
cial. En cuanto a la raza amarilla, que fundó la civi- energía social de los arios dolicocéfalos parece ago-
lización china, ¿por qué declarar dogmáticamente tada en Europa, ni tampoco aparecen agotadas para
que sus selecciones progresivas están ya consuma- siempre las energías de las otras razas. Si es cierto
das para siempre? Separado de ella por pecas mi- que los estados sociales desaparecen o se transfor-
llas de mar, y emparentado con ella por la sangre, el man, las razas no degeneran ni desaparecen por
Japón nos ha sorprendido en menos de medio siglo consunción interna. Los estados sociales no son sino
con ama evolución fsocial y política rapidísima,— una sistematización de ciertas ideas y costumbres
más rápida que la de otros pueblos descendientes predominantes en un momento dado de la vida de
de arios, y en que ningún antroposociólogo hubiera un pueblo o raza; y, por consiguiente, instables y
creído. Y en África, hace apenas dos años que el pasajeros, como toda sistematización humana. Las
imperio negro de Abisinia llevó al colmo la sorpresa razas, en cambio, tienden a vivir indefindamente, a
de los italianos, que pensaban habérselas allí con fijarse, como las especies de la botánica y de la zoo-
una despreciable horda de salvajes... El porvenir logía, y no mueren sino de muerte violenta; esto es,
nos reserva, sin duda, otras sorpresas. por la conquista destructora de otra raza, como su-
En tanto que una ciencia que tiene pDr objeto cedió con la raza americana precolombina, y como
el hombre, bajo su doble aspecto individual y social, sucederá probablemente con la raza negra de Áfri-
no funde sus conclusiones en observaciones y esta- ca. Mientras lo último no acontece, toda raza es
dísticas de todas las razas existentes, sus hipótesis virtualmente capaz de producir estados sociales ci-
serán interesantes y sugestivas en grado sumo (tal vilizados, ora permanezca relativamente pura como
160 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSE GIL FORTOUL 161
la indoeuropea, ora combine sus energías con las to que el hombre es un animal social, o político, co-
de otras razas, como sucede en la América postco- mo decía Aristóteles) las condiciones sociales.
lombina. Permítaseme abrir un paréntesis.
La evolución de la raza indoeuropea confirma Hablando en términos generales, .a fisiología hu-
lo dicho. Desde los comienzos conocidos de la histo- mana admite:
ria europea, el hombre, como entidad zoológica, no l 9 Que el cerebro es el órgano del pensamiento;
ha cambiado. El ateniense contemporáneo de Só- pero no quiere esto decir que en las funciones del ce-
crates, y el romano contemporáneo de Lucrecio, no rebro no influyan las de los otros órganos esenciales.
difieren por su constitución orgánica, ni del italiano Con razón se ha dicho que la inteligencia en sus di-
que conoció a Dante o a Leonardo de Vinci, ni del versos grados, es una propiedad general de la mate-
alemán o del inglés que han leído a Kant o a Dar- ria orgánica, en vía de renovación molecular; y no
win. Lo que ha cambiado, varía y se transformará, nos parece unida a ciertos órganos sino porque se
son los estados sociales, el conjunto de ideas y costum- manifiesta en ellos con una intensidad particular. El
bres comunes que ligan íntimamente a los elementos amphioxus no tiene cerebro, y sin embargo, revela
étnicos en un medio geográfico especial, y durante una vida psíquica que parece consciente... La inte-
una serie, más o menos larga, de años o siglos. ligencia, dice Munk, reside en todas las partes de la
Que la prosperidad, brillo y duración de un es- corteza cerebral, y en ninguna parte en particular.
tado social, dependan en gran parte del predominio Es, en efecto, la suma y resultante de todas las imá-
que en él alcanzan los elementos superiores de la genes o representaciones provenientes de las percep-
misma raza (superiores por la fuerza física, la ener- ciones de los sentidos. (Véase a este respecto, J. Sou-
gía moral y la vivacidad intelectual), no es posible ry, Les Fonctions du cerveau). En resolución, la per-
dudarlo; y de ahí que el conocepto verdaderamente sonalidad mental es una resultante del funcionamien-
fecundo de la antroposociología sea el del "eugenis- to armónico de todo el organismo.
mo", formulado por Galton, y ampliado por sus con- 2 9 La parte anterior del cerebro es el foco de
tinuadores. Pero que esa superioridad sea resultado las facultades de percepción y de reflexión, y las par-
exclusivo de las diferencias del índice cefálico, no es tes posterior e inferior son, probablemente, los focos
posible admitirlo en el estado actual de la antropolo- del sentimiento y de los instintos animales. No obstan-
gía. La forma del cráneo es solamente un factor, con te, las localizaciones cerebrales, con excepción de la
el que concurren: —la capacidad craneal, que, a su relativa a la palabra, son aun problemáticas.
vez, no tiene importancia sino en su relación armóni- 39—La forma del cráneo, en el individuo sano,
ca con la talla; la conformación íntima del cerebro, corresponde a la forma del cerebro; y el peso de és-
que no es dable determinar aun por el sólo aspecto te, más bien que su forma y tamaño, es un indicio de
exterior de los huesos craneales; y, sobre todo, (pues- mayor o menor potencia intelectual. Sin embargo,
162 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 163
el índice intelectual no proviene sólo del peso abso- lodos los ciudadanos tenían iguales derechos y po-
luto del cerebro, porque, si así fuese, algunos grandes dían aspirar a todos los cargos públicos, por el sólo
mamíferos, como el elefante, serían intelectualmente mérito personal, ora fuesen de origen obscuro y hu-
superiores al hombre; ni tampoco del peso relativo, milide, ora de origen ilustre; y este régimen políti-
porque varios animales de talla pequeña le serían co, que era función social, "no de unos pocos sino de
también superiores. Lo único interesante, dice muy toda la masa del pueblo", como decía Pericles, no
bien el doctor Manuovrier, es el peso proporcional impidió la aparición y supremacía del más brillante
del cerebro con relación al peso y dimensiones de conjunto de hombres eminentes, así en la guerra co-
todo el cuerpo. Sin contar, por supuesto, las circuns- mo en la política, y lo mismo en las artes que en la
voluciones o sinuosidades de la sustancia gris. filosofía. Ni sería contradictorio el eugenismo con
Volvamos a la materia especial de nuestra tesis. una organización colectivista (suponiéndola a priori
Si la antropología es base de la sociología, lo es posible). Si todos los ciudadanos tuviesen asegurada
porque aquella estudia al hombre como individuo, la vida material; si la riqueza estuviese nacionaliza-
y es preciso conocer los elementos para comprender da, en vez de ser instrumento de poder material en
su combinaciones. Pero el hombre es uno como in- manos de unos pocos, y si una pacífica armonía so-
dividuo, y otro como miembro permanente de la co- cial se sustituyese al fin a los conflictos actuales en-
lectividad; y de ahí que los fenómenos del organis- tre el capital y el trabajo y entre el patrón y el pro-
mo social (materia de la sociología) no sean idénti- letario;—no por eso desaparecería la natural des-
cos a los fenómenos de la anatomía y fisiología del igualdad de los hombres en sus aptitudes, o congéni-
organismo individual. tas o adquiridas, ni en sus esfuerzos personales, ni
Decíamos hace poco, que el concepto del eugenis- en sus vicios o virtudes; no dejarían por eso los indi-
mo es el más fecundo de la teoría antroposociológica. viduos de ambos sexos, de escoger, para reproducir-
Lo es, si se descarta el exclusivismo que lo funda sólo se, los maridos y esposas a quienes les inclinasen la
en el índice cefálico. Lo es, si por enugenismo enten- simpatía de ideas, sentimientos y costumbres; y en
demos la superioridad de un grupo social, cualquie- la evolución progresiva de la sociedad irían siempre
ra que sea el origen de sus elementos, y la trasmisión adelante, formando el grupo de guías y precursores,
por herencia, si no de la superioridad misma, cosa los elementos étnicos superiores por la energía del
más que problemática, sí de la propensión orgánica carácter, el brillo del entendimiento y la noble ab-
a adquirirse en condiciones sociales análogas. dicación del interés egoísta ante los intereses comu-
¿Será preciso, para que el eugenismo se forme y nes de la familia humana.
perdure, que exista también una clase aristocrática? Por último, que las razas que hoy pueblan el
No: en la democracia ateniense (haciendo abstrac- planeta sean desiguales, nadie lo niega. Que unas
ción de los esclavos, especie de animales domésticos) se muestren hoy superiores a otras, es cosa tan evi-
164 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
poralmente o para siempre. De este modo fué some- La conquista, que era hace poco el término fatal
tida por los conquistadores españoles, hasta desapa- de la lucha entre las razas, va haciéndose cada vez
recer en muchas partes como raza independiente, la menos frecuente. Como destructora de la raza ven-
india de América. cida, sólo se observa hoy en África, donde la raza
¿Revela el solo hecho de la conquista la superio- blanca somete y aniquila a la raza negra.
ridad absoluta de la raza conquistadora comparada En los otros continentes, y aun en aquellas par-
con la raza vencida? No siempre, y esta circunstancia tes de África, como Argelia, donde no predomina el
es característica de la lucha armada entre razas, la elemento negro, la lucha entre las razas no se carac-
cual, si determina a las veces el establecimiento de teriza por la conquista sino por la colonización, la cual
una organización social superior en el territorio con- se diferencia de aquélla por el empeño de la raza vic-
quistado, origina otras veces una organización menos toriosa en mejorar el estado social de la raza vencida.
favorable al progreso social, así del vencido como del Es cierto que la colonización conserva todavía en va-
vencedor. Esto último sucedió en América. En Méxi- rias partes algunos de los caracteres de la conquista;
co, en Yucatán y en el Perú, la raza india se había por ejemplo, la explotación exagerada de la pobla-
desarrollado en una civilización notable, — incomple- ción colonizada en favor de los intereses económicos
ta, sin duda, cuando la juzgamos con el criterio del de la metrópoli, como sucede en el Imperio inglés de
siglo XIX, pero superior al estado social que la reem- la India; pero la tendencia universal consiste en am-
plazó por tres siglos; superior en Centroamérica por pliar cada vez más la autonomía de las colonias, pre-
la cultura intelectual y el florecimiento de una arqui- parándolas así a convertirse en nuevos Estados, co-
tectura grandiosa, y superior en el Perú por la orga- mo sucede en el Canadá y en Australasia. La evolu-
nización de una especie de comunismo familiar que ción actual de las colonias más prósperas permite pre-
aseguraba a un tiempo el bienestar de los individuos ver que, en un porvenir no lejano, todos los pueblos
y la riqueza del Estado. (1) Todo fué destruido por colonizados se convertirán en naciones independien-
los conquistadores, que revelaron durante tres siglos tes.
su absoluta incapacidad para trasplantar a América la Si de la lucha entre razas pasamos a la lucha
civilización de la metrópoli. La América no vuelve entre pueblos de una misma raza, notamos que se ve-
a progresar sino cuando, poblada en el Norte por una rifica por dos modos: por la guerra y por el comercio,
raza realmente superior, e invadida en lo que fué co- y que a medida que la lucha armada disminuye en
lonia española por las ideas revolucionarias de Ingla- intensidad, si no en frecuencia, la lucha por los inte-
terra y Francia, abandona para siempre el régimen reses mercantiles se hace universal. Digo que la lu-
de la raza conquistadora. cha armada disminuye en intensidad, porque ya no
es el estado normal de las relaciones internacionales
(1) Mi eminente amigo Andrés Lefévre insiste sobre este contraste en una ni el único medio de resolver los conflictos entre los
página elocuente de su último libro. FHistoire, París, 1897, pág. 579.
pueblos ni entre sus gobiernos, y porque la lucha ar-
168 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 169
mada entre los pueblos no envuelve necesariamente, propiedad de la tierra y los medios industriales de
como sucedía en otros tiempos, a todas o a la mayoría acrecentar la riqueza, y que, al propio tiempo, otra
de las naciones pertenecientes a la misma civiliza- clase infinitamente más numerosa, lucha a todas ho-
ción. (2). ras por la vida y por el derecho a mejorar su condi-
Desgraciadamente, la guerra en la segunda mi- ción. A medida que el poder de la una aumenta, la
tad de este siglo no ha sido menos frecuente que en la miseria de la otra se hace cada vez más desesperada.
primera. En el mundo civilizado, Italia y Austria, La clase capitalista es cada vez más rica, y la clase
Rusia y Turquía, Prusia y Dinamarca, Austria y Pru- proletaria cada día más pobre.
sia, Alemania y Francia, Chile y el Perú y Bolivia, la
En Inglaterra, el producto anual del trabajo se
China y el Japón, Grecia y Turquía, los Estados Uni-
calcula en 1.350 millones de libras esterlinas, y este
dos y España, Inglaterra y el Transvaal, Rusia y el Ja-
producto se reparte de un modo tan desigual que, un
pón, han confiado a la guerra la solución de sus con-
millón de personas de la clase rica reciben más del
flictos. Pero, en primer lugar, no han sido menos nu-
doble de lo que reciben los veintiséis millones de per-
merosos los conflictos resueltos por medios pacíficos.
sonas que forman la clase del trabajo manual. En
Sin embargo, la lucha económica entre los pue- los Estados Unidos, la desigualdad es aún mayor:
blos, aun cuando llegue a unlversalizarse, y aun cuan- 4.047 familias ricas poseen, aproximadamente, cin-
do logre sustituirse por completo a la guerra, no re- co veces más propiedades que 6.599.796 familias po-
solverá los más angustiosos problemas contemporá- bres. Lo cual explica el fenómeno en apariencia pa-
neos, los cuales se plantean por modo análogo en el radógico, de que a medida que la riqueza aumenta,
seno mismo de cada pueblo. aumenta también la miseria. Demos la palabra a un
¿Qué entendemos aquí por clases sociales? No ilustre naturalista, a quien sus estudios predilectos ale-
el pueblo y la plebe, como en Roma, ni la nobleza he- jan de las luchas sociales. Tanto en los Estados Uni-
reditaria y el pueblo, como en los antiguos Estados dos como en Inglaterra, — observa, — la clase de los
aristocráticos. Las revoluciones políticas han colma- capitalistas monopoliza la tierra y su riqueza mine-
do en unos países, y tienden a colmar en los otros, el ral, y, por consiguiente, también los productos del
abismo que separaba a la clase hereditariamente pri- trabajo provenientes de las aplicaciones industriales
vilegiada y a la clase destinada de todo derecho polí- de la ciencia. Los que no poseen tierra ni capital es-
tico. Pero con este fenómeno coincide el de una nue- tán necesariamente obligados a trabajar para los que
va diferenciación social. poseen, y éstos disponen de todos los descubrimientos
Vemos dondequiera, que el poder social se con- científicos y de toda la habilidad inventiva de la Na-
centra en una clase de individuos que monopolizan la ción. "De suerte que, el desarrollo de la navegación
al vapor, de los ferrocarriles y telégrafos, de la cien-
(2) La guerra mundial, 1914 a 1918, volvió atrás en este sentido.
cia mecánica y química, y el aumento de la población,
EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 171
170
mientras acrecientan prodigiosamente el poder pro- de las funciones del cuerpo en su estado normal; hom-
ductor y la suma de productos materiales, o sea la ri- bres, mujeres y niños se ven obligados a amontonarse
queza, — la cual se acrece con una rapidez por lo me- en antros donde toda decencia desaparece, y donde
nos diez veces mayor a la del crecimiento de la pobla- son imposibles las más ordinarias comodidades de una
ción, — han puesto casi todo aquel enorme incremen- existencia saludable: por único recreo, no existen sino
to en manos de la clase de propietarios y capitalistas, la brutalidad y la embriaguez: las penas se acumulan
dejando a los productores de esa riqueza (trabajado- en forma de inanición, enfermedad, penalización del
res industriales e inventores) en una condición ape- desarrollo físico, y degradación moral: la perspec-
nas mejor que antes". (3). tiva de una asidua y honesta industria es vida de ba-
Juzgad ahora del aumento de la miseria en las tallar sin éxito con el hambre al rededor del sepulcro
grandes ciudades, por lo que sucede en Londres. Mr. común de los p o b r e s . . . Tomo por una verdad incon-
Carlos Booth nos revela que, considerando como po- trovertible, concluye, que en toda la Europa industrial
bres las familias que ganan menos de una guinea por no existe una sola gran ciudad manufacturera donde
semana (esto es, que con menos de una guinea no pue- no se halle una gran masa de gente cuya condición
den vestirse, alimentarse ni ocupar una habitación de no sea exactamente la que acabo de describir, y una
condiciones higiénicas, para conservar así la salud y masa aún mayor que, viviendo justamente en el bor-
la energía), existen en Londres, aproximadamente, de del abismo social, no esté condenada a ser precipi-
1.300.000 personas que viven con un salario o renta tada en él". (4).
menor, y que, si a este número se añade el de la gente Si al aumento de la miseria se añade el aumento
pobre que vive en los Workhouses, prisiones, hospi- también indiscutible en todas partes, del alcoholismo,
tales y asilos, resulta que la tercera parte de la pobla- de la locura, del suicidio, de la prostitución y del cri-
ción total de Londres, lleva una existencia miserable. men, tendremos que nuestra civilización, si brilla en
En las otras grandes ciudades europeas sucede, su cumbre con los resplandores de la ciencia y del ar-
poco más o menos, lo mismo. Un sabio de fama uni- te, contiene en sus estratos inferiores la más espan-
versal, el profesor Huxley, nos ha dejado una pintura tosa acumulación de infortunios y tristezas que han
exacta de la miseria de la clase obrera. Permitidme visto los siglos.
traducir la parte esencial, porque en nuestra América De ahí, señores, el grito universal de desespera-
intertropical no tenemos idea de lo que pasa en los ción y de ira que surge a menudo de las masas prole-
barrios pobres de ciudades como Londres, Manches- tarias. De ahí también la preocupación constante de
ter o Birminghan. "La miseria, dice, es una condi- todas las mentes reflexivas y de todas las almas no-
ción en la cual no puede obtenerse el alimento, el ves- bles por hallar la solución definitiva del gran proble-
tido y el calor necesarios para el mero mantenimiento ma. Que la actual lucha entre la clase capitalista y
(4) Véase la Nineteenth Century, febrero de 1888.
(3) A. R. Wallace, The Wonderful Century, cap. XX.
172 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
JOSÉ GIL FORTOUL 173
la clase miserable no puede ser condición permanente
de la civilización, todo el mundo lo piensa; y que el
industriales que constituye la riqueza, coincide en to-
conflicto ha de resolverse necesariamente en una nue-
das partes el aumento de la miseria, — consuélanse»
va organización social que sustituya la armonía y la
sin embafgo, las almas humanitarias, observando que
solidaridad a la injusticia y al odio, todo el mundo lo
en todas partes se acrecientan cada día el sentimiento
prevé, — lo mismo el filósofo impasible que el político
y la práctica de la caridad, así pública como privada,
omnipotente, así el pontífice máximo de la iglesia ca-
tólica como los Jefes de los vastos Imperios ,y tanto el y ven en esto, si no el único remedio, a lo menos uno
sabio que estudia las leyes de la evolución humana de los más eficaces para mejorar la condición de las
cuanto el poeta que se lanza a explorar el porvenir. masas miserables.
¿Quiénes aciertan y quiénes confunden la utopía No sólo se multiplican dondequiera los hospitales,
con la realidad? Mi propósito aquí consiste en exa- asilos y casas de socorro bajo la protección de los Go-
minar únicamente aquellas soluciones con más ahin- biernos, pero también se multiplica el número de in-
co propagadas, y al propio tiempo más discutidas, en dividuos, pertenecientes a todas las clases sociales, que
el dominio de la sociología, reservando para otra oca- consagran, unos la vida, otros su ciencia y todos par-
sión el análisis de las teorías, más o menos científicas, te de su fortuna, a obras de caridad, de tal suerte que
que se agrupan en lo que hoy llamamos socialismo. en ninguna época de la historia ha prevalecido más
Entre las soluciones propuestas, merecen examen que en la nuestra el sentimiento de la simpatía para
especial tres, que distinguiremos así: con los desgraciados. Y esto, sin que las contradiccio-
1* Solución humanitaria, o sea la caridad, como nes religiosas, ni las diferencias de origen étnico, ni
remedio de las miserias sociales; los antagonismos políticos, impidan nunca la unión de
todos los esfuerzos en la prosperidad de los Institutos
2 9 Solución naturalista, o sea la lucha por la
caritativos. Judíos y católicos, nobles y plebeyos,
existencia, conforme al concepto de la historia natu- grandes y medianos capitalistas, rivalizan en la obra
ral, como previsión de que en la lucha humana triun- del bien, y a tal punto que, en las grandes ciudades es
farán siempre los más fuertes y mejores; y hasta prueba de buen tono y motivo de orgullosa os-
3* Solución política, o sea la libertad, con la tentación contribuir de algún modo al incremento de
creencia de que las sociedades, abandonadas a su evo- la caridad. Las damas elegantes dan y piden públi-
lución espontánea, y los individuos, por sus propios camente para sus pobres; los teatros establecen a sus
esfuerzos, hallarán al fin rumbos desconocidos para puertas un impuesto especial que se llama "de los po-
encaminarse al cumplimiento de su destino. bres", y para los pobres restan de sus ganancias can-
Si es triste para las sociedades contemporáneas tidades considerables los hipódromos, velódromos y
comprobar que, con el incremento de los medios de otros lugares análogos de placeres mundanos. En su-
producción y con la suma de productos naturales e m a : desde el punto de vista moral, nuestros tiempos
pudieran calificarse de "era de la caridad".
174 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSE GIL FORTOUL 175
Sin embargo, el desarrollo mismo de los senti- des males, los pequeños remedios no sólo no producen
mientos humanitarios ha contribuido a comprobar la pequeños efectos, sino que son totalmente ineficaces".
progresión creciente de la miseria, y demuestra ya su Si la solución humanitaria es a todas luces insu-
absoluta insuficiencia para resolver el terrible proble- ficiente, la solución que hemos calificado de natura-
ma. En la mayoría, en la totalidad casi, de las gran- lista me parece errónea, no ciertamente porque el
des ciudades, la proporción entre el número de defun- principio biológico en que se apoya sea per se discu-
ciones en los workhouses, hospitales, asilos, etc., y la tible, pero sí por la manera con que se pretende apli-
suma de defunciones de toda la población, es cada vez carlo a la sociología.
mayor. Aumenta también el número de muertes por El principio de la "lucha por la existencia", —
hambre, frío, agotamiento de fuerzas en las minas y con sus consecuencias: la "selección natural" y la "su-
fábricas, y enfermedades contraídas en los oficios pervivencia" de los más aptos, o mejor armados, o
malsanos. más fuertes (la frase inglesa es surviual of the fittes),
—ha originado una revolución completa en la biología
Si los hechos son evidentes, sus causas no lo son general y en la antropolgía: en la primera, por haber
menos. No obstante la acción de la caridad, subsiste comprobado el modo de formarse y subsistir las espe-
cada vez más violento el antagonismo entre la clase cies orgánicas, y en la segunda, por haber revelado el
capitalista, que absorbe la mayor parte de la riqueza, origen natural del hombre y el aspecto de su vida en
y la clase proletaria que, produciendo con su trabajo los primeros períodos de la evolución colectiva.
una suma de riqueza cada día más considerable, no
recibe nunca un salario proporcional a su esfuerzo A Carlos Darwin corresponde la gloria de la de-
muscular y cerebral, ni ve mejorarse su condición en mostración científica, y de aquí que la teoría se llame
armonía con el prodigioso incremento de los medios comúnmente "Darwinismo", aunque más correcto se-
de bienestar social. En tal estado de cosas, las obras ría llamarla "Evolución orgánica". Umversalmente
caritativas, por nobles y frecuentes que sean, son sim- conocida, no tenemos para qué insistir aquí en sus
plemente las migajas del banquete, bastantes sólo pa- análisis. Advertiré únicamente, con Wallace, que lo
ra calmar un instante el hambre de los mendigos que que hoy se discute, no es el hecho de la evolución, que
esperan a la puerta. todo el mundo científico admite, sino el problema de
saber si las causas invocadas por Darwin son por sí
Lo que se espera es una obra de justicia. El con-
solas suficientes para explicar la evolución de las es-
flicto de la clase proletaria con la clase capitalista es
pecies, o si es preciso completamentarlas con otras
lucha por la vida y por el derecho, y su solución no
causas conocidas o desconocidas. (Estas cuestiones,
está en la caridad, cuya eficacia se circunscribe fatal-
que el naturalista inglés Jorge Juan Romanes ha lla-
mente a aliviar miserias aisladas. En resolución: la
mado "post-darwinianas", pudieran ser materia de
caridad es un paliativo, no un remedio. Con razón
otro estudio.
decía Juan Stuart Mili que "cuando se trata de gran-
176 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 177
Lo que toca a mi propósito de hoy es el examen Decíamos que el principio de la "lucha por la
de aquellos corolarios del "Darwinismo" que algunos existencia" no es aplicable a los fenómenos sociales
califican de "Darwinismo social". Pero, mi bonda- por modo igual que a la evolución de las especies ve-
doso auditorio me permitirá antes una ligera digre- getales y animales. Ni menos comprueba la sociolo-
sión para citar varios nombres que perdurarán aso- gía la previsión de quienes quisieran que en las lu-
ciados al del gran naturalista, y para recordar el ori- chas sociales triunfasen siempre los mejores, aban-
gen y la fecha de la más fecunda revolución intelec- donadas las sociedades a su evolución natural. Dar-
tual de nuestro siglo. win mismo se oponía a tan exagerada ampliación de
Sospechada, pudiéramos decir, en Grecia por las su doctrina. El título exacto de su obra capital es
escuelas de Domócrito y Epicuro, y cantada en Roma Origin of Species by Means of Natural Selection, y el
en versos inmortales por Lucrecio; sospechada tam- solo factor de la selección natural es insuficiente para
bién por San Agustín (De Genesi ad litteram); previs- explicar todos los aspectos de la evolución social,
ta en el siglo XVIII por Goethe, Erasmo Darwin y como se deduce de las siguientes frases del gran natu-
Buffon; adivinada por el genio de Lamarck (Philoso- ralista. "Por importante que haya sido y sea todavía
phie zoologique, 1809); ordenada en sistema científico —dice—la lucha por la existencia, existen, sin embar-
por Roberto Chambers (Vestiges of the Natural His- go, otros factores más importantes en lo relativo a la
tory of Creation, 18H), y aplicada luego a la evolución parte más alta de la naturaleza humana; porque las
social por Heriberto Spencer;—la doctrina de la evo- cualidades morales se acrecientan, sea directa o indi-
lución orgánica triunfa definitivamente con la obra rectamente mucho más por los efectos del hábito, del
capital de Garlos Darwin sobre el "Origen de las es- poder reflexivo, de la instrucción, de la religión, etc.,
pecies", 1859. Al propio tiempo, otro sabio inglés, que no por la selección natural, — bien que a este
Alfredo Russel Wallace, residente entonces en las Mo- último factor podamos seguramente atribuir los ins-
meas, llegaba exactamente a las mismas conclusiones tintos sociales que sirven de base al desarrollo del
que su ilustre compatriota, sin que por esto perdiese sentido moral."
Darwin la prioridad de la doctrina, porque desde 1844 El genio de Darwin previo así la objeción deci-
había comunicado sus manuscritos a Carlos Lyell y siva que podía oponerse a la aplicación absoluta en
José Hooker, y porque el primer escrito importante la sociología del principio de la lucha por la existen-
de Wallace data solamente de 1855. Darwin y Wa- cia. Si ésta determina, sin duda alguna, la evolución
llace no conocieron sus respectivas e idénticas con- natural e inconsciente que es común al hombre y a las
clusiones hasta el año de 1858, singular coincidencia demás especies, no explica la evolución consciente y
de que hay pocos ejemplos en la historia de la cien- voluntaria de las sociedades humanas en los más re-
c i a . . . (5).
íos cálculos de Adams y Leverrier sobre la existencia del entonces desconocido
(5) Otra coincidencia memorable es la simultaneidad, pocos años antes, de planeta Neptuno.
7
cientes períodos de su desenvolvimiento. La evolu- que siguieron a la conquista. (Claro está que no pre-
ción natural, como efecto de la lucha por la existencia, tendo yo negar la superioridad social de los españo-
predomina en los estados inferiores de la organiza- les en España. Lo que importa es el hecho histórico,
ción social, en tanto que la evolución consciente, co- que los conquistadores establecieron aquí por tres si-
mo resultado de las fuerzas propias de las socieda, glos un régimen socialmente inferior al de los indios
des, predomina en las civilizaciones más intensas. de Centroamérica y del Perú). En cuanto a luchas
Con otros términos: en el primer caso, el destino del de pueblo a pueblo, basta recordar que Esparta, con
hombre depende casi exclusivamente de la sola com- su organización guerrera, sometió la maravillosa civi-
binación de las fuerzas naturales; y en el segundo, el lización de Atenas, cuna y germen de la civilización
destino del hombre depende sobre todo del mayor o contemporánea. También el Imperio romano se dis-
menor dominio que sus facultades intelectuales y mo- locó para siempre bajo la invasión de los pueblos bár-
rales (reveladas en la ciencia, en el arte, en la indus- baros del Norte.
tria, en las costumbres, en las instituciones políticas, Lo propio acontece en las luchas internas de las
etc.), adquieren sobre el medio ambiente. Abando- sociedades, en las cuales, una clase militarista, por
nadas las sociedades y las clases sociales a la lucha ejemplo, suele triunfar de una clase intelectual, y un
fatal por la vida que determina la evolución natural, grupo de individuos fanatizados por una idea retró-
el progreso de la civilización sería más que proble- grada puede someter la mayoría de una población
mático. "La historia de la civilización; esto es, de la progresista. Triunfos que serían definitivos, si el solo
sociedad — dice Huxley — es la suma de esfuerzos factor de la evolución social fuese la lucha por la exis-
que la raza humana ha hecho para libertarse de la tencia: triunfos pasajeros, cuando los factores socia-
condición de la lucha por la existencia, en la cual so- les llegan a ser más enérgicos que los factores pu-
breviven los más aptos para luchar con las circuns- ramente naturales. La civilización ateniense revive
tancias, pero no los mejores en todos sentidos". en sus fórmulas espirituales, y perdura en la existen-
cia intelectual de todos los pueblos europeos; y la evo-
La historia comprueba, en efecto, que el triunfo lución jurídica del pueblo romano subsiste, acrecen-
de una raza o pueblo no equivale siempre a la super- tándose, en las Naciones que ocupan hoy los dominios
vivencia de los elementos étnicos superiores en orga- del antiguo Imperio.
nización social. Al contrario, en muchos casos sig-
nifica que la raza o pueblo que triunfan en la lucha, Cuando una especie animal es vencida en la lu-
son superiores únicamente en cuanto a los medios de cha por la existencia, desaparece para siempre: cuan-
destrucción que les favorecen en ciertas circunstan- do una especie intelectual es vencida en la lucha so-
cias. Hemos visto que la raza española que conquistó cial, su resurrección es posible, y aun probable, si las
a América, implantó aquí un régimen social inferior ideas cardinales que la constituyen son en realidad
al de la raza india, a lo menos durante los tres siglos
JOSÉ GIL FORTOUL 181
EL HOMBRE Y LA HISTORIA
180
y su "iliminada generalización", que permite expresar
superiores a las que se imponen momentáneamente a confusamente una infinidad de cosas, es lo que le
causa de una efímera combinación de circunstancias. hace tan caro a los poetas y oradores ideológicos (6).
En el dominio de la zoología luchan los organis- Cuando se trata de oponerse a la acción coercitiva del
mos; en el de la sociología, luchan sistemas e ideales. Gobierno, la libertad se confunde con el hecho mismo
La una es lucha animal; la otra, intelectual y moral. de la resistencia a la autoridad política: cuando los
A la edad del conflicto, escribe Bagehot, (Physics and individuos o las clases ejercen ciertos derechos que
Polines), se sustituye la edad de la discusión. Las no están reglamentados por la ley escrita, se dicen li-
opiniones, decía Lord Palmerston, son más fuertes que bres por ser relativamente independientes o autóno-
los ejércitos. Cierto, y de ahí que las presentes lu- mos: cuando los organismos secundarios del Estado;
chas sociales tiendan ya a verificarse, no a mano arr por ejemplo, las comunas, se esfuerzan por descen-
mada o por medios violentos, sino en el campo de la tralizar el poder político y repartirse gran parte de
discusión, donde cada cual opone un sistema a otro él, entienden por libertad local el hecho mismo de la
sistema y un ideal a otro ideal. descentralización.
Lo dicho hasta aquí hará, probablemente, com- A menudo se hace coincidir la libertad con el im-
prender cómo la lucha por la existencia no puede ser plantamiento de las formas de Gobierno teóricamente
solución definitiva del conflicto actual entre el capita- más perfectas, bien que la historia y los hechos actua-
lismo y el proletariado. Más fuerte el uno, porque les no confirmen, por regla general, tal ideologismo.
tiene en su poder la riqueza y los medios de aumen- La República y la Democracia han sido los más
tarla, triunfaría seguramente del otro; y la injusticia caros ideales de los ideólogos políticos: ellas debían
social, antes que disminuir, se haría cada vez más fijar sobre la tierra el reino de la libertad. Observe-
irritante. En lugar de la evolución progresiva, que es mos los hechos. Francia ha implantado tres veces, en
el ideal de las sociedades modernas, se realizaría de el espacio de un siglo, el régimen republicano; y, sin
fijo una evolución regresiva. embargo, los individuos y los que hemos llamado or-
¿Sería más eficaz la solución política? Consiste, ganismos secundarios del Estado, tienen en Francia
según sus propagandistas, en hacer efectiva y garan- menos libertades que en la monárquica y aristocrática
tizar la libertad, así de los individuos como de las cla- Inglaterra. Alemania vive hoy bajo un régimen mi-
ses sociales, de modo que los unos y las otras puedan litarista, y su Emperador cree serlo por derecho divi-
no ; no obstante, en pocas partes es más libre la expre-
sin trabas realizar sus destinos.
sión del pensamiento científico y filosófico, ni son
Desde luego debo decir que esta solución me pa- más frecuentes y numerosas las asociaciones privadas,
rece puramente hipotética o ideológica. (Alemania es la tierra de promisión de los Vereine),—
¿Qué es la libertad? En la esfera científica, ob-
serva Seeley, la libertad es un término tan vago, que, (6) Véase J. R. Seeley, lntroduction to PolBical Science, p. 104.
analizado a fondo, pierde toda significación precisa;
J O S É GIL FORTOUL 183
182 E L HOMBRE Y L A HISTORIA
estaría aún esperando, como los judíos al Mesías, a , libertad, mal interpretada, es la garantía inmoral de
que bajase del cielo la declaración de los derechos del la injusticia o del error. (7)
hombre. Cuando el hombre civilizado llegó a convencerse
de que la esclavitud era un error y una injusticia, aca-
Consiste el error en ver en la libertad una causa, bó con la esclavitud empleando los medios que ha-
cuando no es sino un efecto, o de las revoluciones, o
lló más eficaces. Siempre y donde quiera que se trate
de las leyes, o de la intervención del Estado. Consi-
de destruir o modificar una institución social, procé-
derada de otro modo, la libertad es la garantía inmo-
dcse cercenando, y aun suprimiendo, la libertad de
ral de la injusticia o del error . . .
los que derivan un privilegio o monopolio de aquella
¿Que nó? — Que sí. — No trato yo, señores de ) institución. La República triunfa cuando se desco-
negar la existencia de la libertad. Quisiera sólo rec- noce la libertad de las dinastías: la democracia se im-
tificar el prejuicio de ciertas sectas políticas que ven planta cuando se suprime la libertad de la nobleza
en la libertad una especie de "Providencia." — ¿Qué hereditaria. No son nunca los que viven de una in-
es la libertad en el individuo? — El poder — no ilimi- justicia y se enriquecen con ella, quienes piden la
tado, sin duda, pero cada vez mayor a medida que el proclamación de la ley que restablezca la justicia, ni
individuo se hace más fuerte, moral e intelectual- son los que gozan de un monopolio quienes exigen la
mente — el poder, digo, de formarse a sí mismo, de- intervención del Estado para sustituir al monopolio
terminar su destino, perfecionarse. ¿Y la libertad el derecho colectivo. El capital en manos de una sola
social? — El poder que tiene la sociedad de determi- clase social es un privilegio, un monopolio y una in-
nar su destino en la civilización; poder que se acre- justicia; y no será ciertamente el reconoemiento de
cienta a medida que ésta se perfecciona. Los indi- la libertad del capitalismo y del proletariado el me-
viduos no son independientes unos de otros, sino > dio seguro, o de obligar a aquel a convertir la riqueza
interdependientes, y su libertad consiste en obrar de en tesoro común de la sociedad entera, o de permitir
acuerdo con la interdependencia de sus intereses. En que el otro alcance la parte proporcional de bienestar
la sociedad, la interdependencia es la solidaridad. que justamente le corresponda en los productos del
Pero, la solidaridad completa no existe aún en las so- trabajo social.
ciedades contemporáneas, puesto que una clase im-
Spencer creyó hallar en la libertad o concurren-
pide el desarrollo de los intereses de otra clase. De
cia industrial, en el laisser faire de la economía clá-
modo que hoy el poder social, la libertad social, no
se manifiesta ni es eficaz sino por la intervención del sica, no sólo el factor principal de la portentosa pro-
Estado, de la ley y de las revoluciones. Sin tal inter- ducción de riqueza que distingue a nuestro siglo, sino
vención, la libertad sería el reconocimiento y el res- (7) El concepto especial del conferencista sobre la evolución social y las
peto del status quo, y por eso dije ahora poco que la libertades individuales puede verse, con más pormenores, en su libro titulado
Filosofía Constitucional, Caracas, 1940, Editorial "Cecilio Acosta". Tercera edición.
f
186 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
JOSÉ GIL FORTOUL 187
también, y al propio tiempo, la causa generadora del
otro. En seguida, porque la necesidad de trabajar es
triunfo completo del individualismo. No reflexio-
infinitamente más poderosa que la libertad de esco-
nó, sin embargo, que en la implantación libre de una
ger, y porque si se retarda en el camino, tropieza
concurrencia industrial iba oculto el germen del con-
infaliblemente con la miseria y el hambre.
flicto entre la clase que poseía la mayor parte de la ri-
queza social y la case que contribuía a acrecentarla Capitalistas y proletarios son solidarios en una
con su trabajo; y que con la generalización del indus- cosa: en la producción de la riqueza, a la que con-
trialismo iba necesariamente a coincidir el aumento tribuyen conjuntamente. Sin el capital no hay pro-
de la miseria. ¿Ha coinciddo también el industrialis- ducción; sin el trabajo no hay producción. Pero el
mo, como creyó al principio el gran sociólogo, con el antagonismo estalla tan luego como se produce la ri-
triunfo del individualismo? Guando puso fin hace queza, porque ésta no se reparte de un modo equita-
un año a su incomparable análisis de los principios de tivo. El bienestar de la clase capitalista aumenta y
la sociología, reconoció que la única libertad que con el de la clase proletaria disminuye, o permanece es-
el sistema industrial ha obtenido el obrero, es la li- tacionario. Cuando el capitalista retira de la indus-
bertad de cambiar de amo. (8) tria su capital, puede siempre vivir consumiéndolo:
en cambio, cuando el proletario no trabaja, muere
Decir al obrero: "eres libre de trabajar donde
de hambre. Se dirá quizás que esto es resultado lógi-
quieras, y en las condiciones que te parezcan más^fa-
co de la desigualdad de las condiciones naturales. De
vorables", es simplemente adornarle con bellas pa-
las conideiones naturales no, porque el proletario vi-
labras la realidad de su esclavitud. El obrero es es-
ve en la miseria y muere de hambre, no sólo cuando
clavo de su oficio, y de las personas que, con el ca-
no trabaja porque no quiere (caso en el cual seria in-
pital, hacen posible su oficio. ¿Trabajar donde quie-
justo que pidiese una parte de la riqueza que él no
ra? Sí; pero su libertad se reduce a poder escoger
ha creado) sino también cuando no trabaja por no ha-
entre establecimientos idénticos. En las condiciones
llar dónde ni en qué trabajar, aun solicitándolo por
más favorables los capitalistas de la misma industria
todos los medios posibles. Desigualdad de condicio-
son forzosamente solidarios, y el interés común les
nes sociales, sí; pero desigualdad que depende de
obliga a establecer condiciones iguales para el traba-
una organización imperfecta de la sociedad misma,
jo; de donde resulta que la libertad del obrero con-
la cual, si reconoce la solidaridad en los medios de
siste en sustraerse a la autoridad de un industrial
producir la riqueza, la desconoce por completo cuan-
para someterse en seguida a la autoridad idéntica de
do se trata de distribuirla. De aquí el conflicto entre
la clase capitalista y la clase proletaria: de aquí que
(8) Véase H. Spencer, The Principies o/ Soclology, vol. III, prgfo. 820. Ja una se esfuerce por perpetuar la injusticia, y la
Las páginas 515 y 516 contienen un resumen genial de las idea9 del ilustre pen-
sador. Es superfluo añadir que el conferencista se propone llegar a otra con- otra luche por repararla.
clusión .
Si la organización social que examinamos res-
188 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL 189
tringe la libertad de la clase proletaria, ¿restringe aca- proletarios; pero es igualmente palmario que la con-
so de un modo equivalente la libertad de la clase ca- dición de toda la masa que trabaja, padece hambre
pitalista? No, y aquí llegamos al fondo de la cuestión. y muere de miseria, seguirá siendo la misma o peor
La libertad de una clase disminuye, y la libertad de la mientras la sociedad misma no modifique (por medios
otra permanece intacta, cuando el progreso de la vi- legales, o por medios violentos, o de ambos modos)
da social consistiría justamente en la solidaridad de su organización actual. ¿Teoría aventurada? La his-
intereses, tanto entre los individuos cuanto entre las toria de las sociedades no es otra cosa sino la suce
clases sociales. A riesgo de repetirme, diré que el hom- sión de sus transformaciones. Las de la antigüedad
bre absolutamente libre no es concebible sino en clásica creyeron imposible toda organización que no
aquel estado natural que según el ideologismo de tuviese por base la esclavitud, y las sociedades de la
Rousseau, preexistió a la vida social. En ésta, el Edad Media creyeron perpetuo el feudalismo. En las
hombre depende de sus semejantes, por su interés unas como en las otras, sin embargo, existían ya los
privado y por la solidaridad de los intereses comu- gérmenes de evoluciones diferentes. Si las socieda-
nes. La solidaridad es un lazo; es una restricción de des humanas fuesen efecto sólo de las combinaciones
la libertad individual y de la libertad de las clases; inconscientes de las fuerzas naturales, y su evolu-
de tal suerte que "la más alta forma de sociedad que ción efecto de la lucha por la existencia, su vida se
podemos concebir es aquella en que el deseo de obrar fijaría en una forma definitiva como se fija la vida de
del modo más favorable a la comunidad, limita y do- las especies inferiores. Pero las sociedades humanas,
mina la acción de cada uno de los miembros de la so- a medida que se complican y perfeccionan, determi-
ciedad; y mientras más compleja es la organización nan ellas mismas su destino; y de aquí la lógica ins-
social, mayor es el número de actos de que cada hom- tabilidad de su organización. La organización en que
bre debe abstenerse, si desea obrar conforme al bien hoy vive el mundo civilizado no será ciertamente la
de todos". (9) última.
Volviendo a nuestro asunto, podemos concluir Otro ideal, menos confuso que el de la libertad,
ya, que la organización de las sociedades actuales menos bárbaro que el de la lucha por la existencia,
tiene en sí una antinomia que es irreductile mientras y más alto que el de la caridad, atrae al hombre des-
tal organización subsista, y, por consiguiente, las tres de el origen de la vida social; y lo que llamamos
soluciones examinadas, son, o inadecuadas o inefica- civilización y progreso es la suma de esfuerzos y la
ces. Sin duda, la condición de muchos proletarios serie de tentativas para alcanzarlo. Ese ideal es la
podrá mejorar, hasta convertirlos también en capita- Justicia, así en las relaciones de los individuos co-
listas, y muchos de éstos bajarán a la condición de mo en los conflictos de las clases. En los últimos, he-
mos visto que la justicia no existe, supuesto que a
(9) T. H. Huxley, Collected Essays, vol. 5, Prólogo, p. 53. medida que la riqueza se acrecienta en proporciones
190 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
JOSÉ GIL PORTOUL 191
portentosas, no disminuye la miseria de todos los que hecha al principio hubiera parecido quizá un in-
con su vida y fuerzas contribuyen a someter la mate- dicio de cobardía intelectual, pero que, puesta al
ria a las necesidades y bienestar de la sociedad. fin de estas conferencias, es un acto de sinceridad.
¿En qué sentido se verifica hoy la evolución de Yo no soy socialista, en el sentido que comunmen-
las sociedades que parecen mejor organizadas? Si lo te se da a esta palabra, porque no pertenezco a
dicho hasta aquí no es efecto de un error personal, ninguna de las escuelas o teorías del socialismo mili-
las sociedades más civilizadas se encaminan ya por tante. Sin embargo, por temperamento, y como re-
el rumbo que más las acerca a la realización de la sultado de los estudios que he podido hacer viviendo
justicia. Decir los medios que probablemente emplea- en pueblos de raza y cultura diferentes, yo siento
rán para acelerar su evolución sería entrar de lleno que mi corazón y mi espíritu están siempre con los
en el examen de las teorías que hoy designamos con que padecen y sufren. Y con los que sufren y padecen
el nombre común de socialismo. Tienen éstas, como to- creo en una próxima organización social, menos im-
das las teorías humanas, una parte científica y otra perfecta y más humanitaria, con luchas menos bru-
utópica; pero, el hecho de que todos los espíritus su- tales y leyes más equitativas. En suma creo en el ad-
periores, así en la filosofía como en la política, y lo venimiento de otra civilización que será, a un tiempo,
mismo en la ciencia que en la religión, se preocupen más intensa, más amplia y más alta.
de hallar y aplicar los medios que hagan efectiva la
justicia, nos demuestra que las hipótesis y teorías so- Se ha calculado que el número de caballos de
cialistas no son todas resultado de meras especulacio- vapor de que dispone hoy la industria equivale a los
nes ideológicas. Una teoría religiosa, que se llama esfuerzos de mil millones de hombres; esto es, de los
"socialismo cristiano", se esfuerza por convencer a la dos tercios de la población total de la tierra. Tan ma-
clase proletaria de que la religión posee el remedio ravilloso incremento del poder del hombre sobre la
de sus miserias. Otra teoría política, llamada "socia- naturaleza es resultado casi exclusivo de su actividad
lismo de Estado", pretende resolver sucesivamente en poco más de un siglo. ¿Cómo pensar que el abis-
los problemas sociales por la acción de las leyes. Otra mo de la miseria no se colmará nunca? ¿Por qué
teoría filosófica, llamada "socialismo colectivista", ve pensar que la civilización será incapaz de suprimir
la solución del conflicto en la nacionalización de los el hambre.?
instrumentos de trabajo que producen la riqueza. To- Yo sigo a menudo en los espacios de la imagina-
das coinciden en considerar como necesaria la inter- ción el vuelo ideal de una esperanza consoladora.
vención de la sociedad misma para llegar a una orga- Nuestra civilización industrial posee en sus máquinas
nización en que sean posibles la armonía y la jus- mil millones de esclavos, capaces de multiplicarse por
ticia. mil millones más. Si todas las máquinas trabajasen
para el bienestar individual y colectivo de las pocas
Para concluir, permitidme una advertencia que, centenas de millones de hombres que viven de ellas,
192 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
bertador, de Vargas, de Cajigal, de Rafael Villavi- imagen adusta exorna el respaldo de esta tribuna,
cencio, de Adolfo Ernst. Esta noche me voy, quizás, bajo la simbólica paloma del Espíritu Santo. No im-
a exponer de nuevo al anateema, ahora inofensivo, porta. Por aquí han pasado ya muchas generacio-
del angélico doctor Santo Tomás de Aquino, cuya nes, cada una con su propio ideal; trasmitiéndose
siempre de una a otra el alma de la patria
los geniales lienzos de Tito Salas, pronunciamos el nombre de nuestro inolvidable Nuestra Universidad degeneraría si se volviese
maestro el Doctor Adolfo Ernst, a quien debemos lo mejor de la preparación cien-
tífica que nos ha guiado y guía en la vida. a convertir en centro de credos exclusivistas, —a cuya
¿Cuando le tributaremos en la Universidad el homenaje que merece? ¿Por propaganda bien pueden consagrarse quienes los pro-
qué no colocamos allí su retrato, pintado por Tito? Nos congregaríamos sus fesen, fuera de aquí. Nuestra Universidad no tiene
discípulos y también los que al través de nuestra generación han recibido sus lec-
ciones.
dogmas, no es ni materialista, ni espiritualista, ni
Ernst fué un verdadero civilizador. De su cátedra fluyeron, como de manan- ecléctica: es y ha de seguir siendo un instituto do-
tial inagotable, ideas que en poco tiempo transformaron la inteligencia venezolana. cente, caracterizado en todas sus actividades por el
Con lo que no pretendo, claro está, olvidar a maestros tan eminentes de aque-
llos tiempos, como José de Briceño, discípulo de Vargas, en la cátedra de Anato- método científico.
mía; Rafael Villavicencio y Ángel Álamo en la de Historia; Jesús María Blanco A esto contribuyó más que nadie, de 1861 a 1899,
Arnal, Aníbal Dominici y Manuel Clemente Urbaneja en las de Códigos Naciona-
les; Manuel María Urbaneja en la de Ciencias Exactas; Elias Rodríguez en la de el profesor Ernst, nacido en Alemania, doctor en
Medicina Legal; Rafael Seijas en la de Derecho Internacional. Pero siempre será filosofía de la Universidad de Leipzig, y a poco de
justo señalar con insistencia la cátedra de Ernst, donde se inició la más fecunda
revolución intelectual.
residenciado en Caracas, doctor en filosofía y letras
Usted sabe que no exagero, y que si exagerase un poco lo haría sin embargo de la Universidad Central de Venezuela, a la cual
por gratitud. Porque no iba yo a olvidar que oyendo al maestro y estudiando consagró definitivamente su ciencia y su vida.
con él Historia Natural, empecé a convertirme en abanderado, en este país, de lo
que entonces por necesidad del combate, llamábamos "materialismo" y que ahora Su biografía y comentario de sus obras, es tarea
modestamente llamamos "método científico". que corresponde a mi condiscípulo el sabio doctor
Al volver a mi biblioteca recordé que hace cuarentitrés años comenté con jus- Alfredo Jahn. Yo quisiera esta noche presentar a
ticia y cariño una obra de Ernst. Comentario que, por referirse al sabio, tal vez
contenga todavía algo que pudiera ser de actualidad. quienes no tuvieron la fortuna de conocer a Ernst,
Su afectísimo, una imagen sintética pero fiel del maestro inolvi-
J. Gil Fortoul.
dable. A ello me autorizan, quizá, ciertas circuns-
tancias fortuitas. Estudiante aquí de ciencias poli-
Academia Nacional de la Historia.
Caracas: 3 de junio de 1932. ticas, y aficionado ya también al estudio del orga-
Señor Doctor José Cit Fortoul. nismo humano, la curiosidad me llevó un día a oir,
Presente.
Distinguido amigo:
estimado del profesor Ernst y su continuador en el terreno filosófico, y especial-
En sesión de ayer de este Cuerpo fué Ud. nombrado para decir el discurso
mente en la propaganda de la enseñanza experimental.
de orden en la celebración del centnario del Dr. Adolfo Ernst, el próximo 6 de
Con sentimientos de consideración y alto aprecio, soy de Ud. su atto S. S.
octubre. y amigo,
Al hacer esta designación tuvimos en cuenta la influencia ejercida por Ud. en Vicente Le cuna.
la cultura general del país durante una generación, y que fué Ud. el discípulo más Director.
JOSÉ GIL FORTOUL 197
196 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
turales, especialmente en botánica y zoología, y en
en calidad de alumno libre, el curso de Historia Na- consecuencia por su método rigurosamente científi-
tural (como se decia entonces), y desde la primera co. A su método pudiera aplicarse la memorable
lección de Ernst comprendí que cuanto aprendiese confesión de Carlos Darwin, con quien cultivó Ernst
en las cátedras puramente jurídicas y no obstante la frecuente y cordial correspondencia: "Me he esfor-
competencia de profesores renombrados, sería insu- zado invariablemente en mantener libre mi inteli-
ficiente para encaminar mis ambiciones juveniles a gencia hasta el extremo de abandonar toda hipótesis,
una actividad que no resultase estéril en la vida in- por más amada que me sea, (y no puedo resistir al
telectual y en la venidera vida pública. Por largos hábito de formular hipótesis sobre todo asunto) tan
años le escuché al pié de su cátedra luminosa, y por pronto como los hechos aparecen opuestos a mi hi-
más largos años después, hasta su muerte, le seguí, pótesis". (3)
de cerca o de lejos, con mi gratitud y mi cíariño. Con semejante método, que es el único honesto
Perdónese esta nota personal: la debía el discípulo y fecundo en la actividad mental, todo resulta ne-
a la memoria del maestro y del amigo cesariamente materia de estudio: hechos y teorías,
Tendencias interesadas han pretendido en oca- sentimientos e ideas, tradiciones y revoluciones, el
siones pintar a Ernst como sólo propagandista in- mundo exterior y el mundo espiritual. Las religio-
transigente de ciertas teorías que- llegaron a su apo- nes son también hechos, —psíquicos, sociales, histó-
geo en la segunda mitad del siglo pasado, especial- ricos y actuales,— que el hombre de ciencia ha de
mente desde 1859, año inolvidable en que se publicó estudiar igualmente con el mismo método. Y como
el "Origen de las Especies". (2) Rara vez en la Ernst en su cátedra lo aplicaba siempre, fué fácil
historia se había efectuado una revolución más hon- para entendimientos tradicionalmente dogmáticos pro-
da ni de mayor trascendencia, como esta de la selec- pagar la leyenda de un profesor antirreligioso, ma-
ción natural que vino a completar las hipótesis y terialista o ateo, tomando tales términos en su sen-
comprobaciones parciales de Buffon, de Lamark, de tido vulgar y erróneo Permitidme que insis-
Wallace, de Lyell, formulando ahora una doctrina t a . . . . En cuanto a religión subsiste un equívoco,
más comprensiva del origen y evolución de las es- que ya sería tiempo de olvidar, equívoco que hace
pecies, incluso el hombre. Lógico y oportuno fué hablar de conflictos irreductibles entre la religión y
que la cátedra de Ernst se levantase en la Universi- la ciencia. Pero, si tales conflictos existieron en épo-
dad de Caracas como la más alta cumbre de divul- cas muy pasadas, no se concibe cómo ni por qué han
gación y crítica. Bien preparado estaba Ernst para de subsistir en la vida intelectual moderna. En ci-
esta misión por su técnica en todas las ciencias na- vilizaciones primitivas, religión y ciencia se confun-
(2) On the Origin of Species by. Mears of Natural Selection, or the Pre- (3) Life and Letters, por Francis Darwin, 1887.
servaron of Favoured Races in the Struggle for Life.
198 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSE GIL FORTOUL 199
dían, eran la misma cosa: una explicación más o zo su primogénito, que ya sonreía y la besaba y la
menos satisfactoria del mundo y de la vida. Después abrazaba y empezaba a balbucear mamá. Todas las
religión y ciencia se diferenciaron, distinguiéndose ilusiones caen, entonces, como caen en prematuro in-
ésta como explicación puramente racional y aquélla vierno las flores y las hojas, y la madre ve que el mu-
como explicación sentimental. Lo que sucedió, so- chachito se va vestido de blanco, encerrado en su
bre todo, en la civilización europeoamericana del si- urna blanca, cubierta de coronas blancas, y que en el
glo XIX, del cual es, en esto, heredero inmediato el camposanto arrojan todas esas inertes cosas blancas
siglo XX. Ambas explicaciones parece que continua- en un hoyo oscuro; y la madre regresa a su hogar,
rán en líneas paralelas, quién sabe por cuanto tiem- ahora oscuro y frío, y no encuentra más consuelo que
po. Porque no ha podido aún el entendimiento hu- arrodillarse ante la imagen de una Virgen y pedirle a
mano resolver satisfactoriamente muchos de los pro- la Virgen que reciba en el cielo al muchachito y lo
blemas, o religiosos o científicos, que le preocupan. cuide hasta que la madre desolada llegue también al
Queda todavía por resolver el gran problema; que- cielo a cubrir de besos, por la eternidad, al fruto de
da todavía en el espíritu y en el corazón una aspi- sus entrañas He aquí el sentimiento religioso:
ración o tendencia insaciable. Todos seguimos preo- será una alucinación, pero es también para muchos
cupándonos, todos, o espiritualistas o materiales, (ha- una consoladora esperanza
blo siempre aquí de la civilización europeoamerica- Quienes encontraron a Ernst solamente de paso
na, sin mencionar las diferentes civilizaciones asiá- en la calle, tal vez no conservan sino el recuerdo de
ticas ni las americanas anteriores a la conquista) un extranjero robusto y pesado, de andar lento, muy
nos seguimos preocupando de nuestro origen espi- miope, de aspecto poco simpático. Su exterior pare-
ritual, de nuestra efímera existencia, de nuestro des- cía algo reñido con la belleza y el arte. Pero cuantos
tino después de la muerte. Y éstas no son cuestio- tuvieron la buena suerte de entrar en su hogar y en
nes exclusivamente intelectuales: para muchos, para su biblioteca, guardan el recuerdo imborrable de su
la mayoría aún católica de nuestro país, son cuestio- bondad, de su fina cultura, de la cariñosa diligencia
nes esencialmente sentimentales. Porque el hombre con que educaba a sus hijos. La muerte prematura de
no sólo vive de ideas y experiencias; no sólo vive por su primogénito, ahogado en el Orinoco, le empujó a
el cerebro, vive también por el corazón, en un mun- la senectud y le acercó a la tumba. En su biblioteca,
do de ilusiones y esperanzas. A diario a través de rica y selecta, a donde solía invitar por la noche a sus
la actividad científica y de la especulación filosófica, discípulos predilectos, se transformaba de grave pro-
tropezamos con sentimentalismos que es preciso ob- fesor en amable dilettante. Era de ver cómo sus ma-
servar y anotar, del propio modo que observamos y nos gordas, sus dedos cortos, acariciaban las páginas
anotamos cualquier fenómeno del mundo exte- de una edición de lujo con verdadera voluptuosidad
rior A una madre joven se le muere en el rega- de artista. Lo mismo, de vez en cuando, en su cate-
200 EL HOMBRE Y LA HISTORIA JOSÉ GIL FORTOUL. 201
dra. No he olvidado una mañana que dedicó a no- Gustaba también, sin embargo, de la ironía pun-
ciones de ictiología. Empezó a hablar, como siem- zante. Otra anécdota, y paso. Todo caraqueño está
pre, con su acento rudo, y a los pocos minutos, como orgulloso de la Ceiba de San Francisco, aquí cerca,
si las curiosidades y bellezas de la biología acuática en frente del templo de donde Bolívar fué procla-
convirtiesen en poeta al sabio, terminó su lección re- mado Libertador. La Ceiba es realmente el árbol
citando melodiosamente dos estrofas del monólogo de más hermoso de este verde valle caraqueño; pero sus
Segismundo en "La vida es sueño". Llegó a hablar raices, que dicen se alimentan de los restos de un
el castellano con la misma soltura y elegancia que su ya olvidado cementerio, se alargan por el subsuelo
lengua nativa, salvo una que otra singularidad que a distancias exageradas, y hasta han puesto en pe-
sus discípulos anotábamos sonriendo: invariablemen- ligro la fachada de San Francisco. Los guardianes
te empezaba sus lecciones con esta frase, "vamos imi- del templo pidieron consejo al sabio. Este les con-
tamente a continuar". Sin duda este adverbio le pa- testó con aparente seriedad: "el remedio está claro:
recía demasiado largo Y escribía con un estilo como La Ceiba es sagrada, hay que tumbar a San
llano, fácil, limpio, preciso y acompasado, como si se Francisco y reconstruirlo en otra parte!
inspirase en los grandes clásicos de nuestra lengua, Aquí, en la Universidad, que fué para Ernst ho-
que conocía a perfección. gar intelectual, aquí perdurará desde esta noche su
En la vida social, también se transformaba. El imagen evocada por el prestigioso pincel de Tito Sa-
profesor de la Universidad se convertía en interlocu- las. Rara vez anduvo más afortunado el gran pintor.
tor sencillo, complaciente, ajeno a toda pedantería. Eí maestro revive en su ambiente. En el fondo, el
Una anécdota que le gustaba repetir. Cierta amiga cielo voluble de Caracas, donde se abrazan capricho-
suya, alta dama caraqueña, muy elegante y un sí es samente nubes grises y blancas descolgándose por
no es snob, iba a celebrar su santo. Ernst pensaba en los verdes cerros del contorno: los techos rojos del
algún regalo que no fuese el manoseado, aunque siem- antiguo convento franciscano en cuyos patios culti-
pre precioso "ramo" de flores caraqueñas. La vís- vaban los monjes sus legumbres y algunas macetas
pera fué a herborizar en el Avila (su ciencia prefe- de florecitas humildes. Sobre esta sinfonía de colo-
rida era la botánica), y escogió amorosamente las res se destaca en el primer plano la imagen del maes-
más delicadas ramitas de los más graciosos arbustos tro: vestido con su anticuado "paltolevita" negro,
avílenos. Con esto, ufano de su regalo original, se pesadamente apoyada la mano derecha en un baran-
presentó al día siguiente en casa de su elegante ami- dal del claustro y en la otra un libro de pasta vene-
ga. Quien le dijo entre burla y reproche: "Pero, rable amorosamente aciriciada. Y la noble cabeza
doctor, eso es puro monte"! El sabio sonrió, y le erguida, y aquellos inolvidables ojos azules, donde
besó la mano. supo también el pintor poner una nota de ternura,
ojos que miran ahora a regiones desconocidas como
202 EL HOMBRE Y LA HISTORIA
Í N D I C E
INTRODUCCIÓN
PAGS.
Sumario.—Juicios y conjeturas sobre los pueblos de la
América intertropical.—Los optimistas y los pesimis-
tas.—Sociología venezolana.—Origen de las costum-
bres nacionales.—Las leyes, las religiones y las
costumbres.—El primer acto de canibalismo en la
conquista de Venezuela.—La lucha por el mismo terri-
torio entre razas desigualmente civilizadas.—Dónde
han de buscarse las causas de las costumbres sociales
y políticas.—Plan de esta obra 7
CAPITULO PRIMERO
LA RAZA