Reseñas/CeLeHis
Año 7, número 20, diciembre – marzo 2020
ISSN 2362-5031
Jorge Dubatti
Teatro y Territorialidad. Perspectivas de Filosofía del
Teatro y Teatro Comparado
Barcelona
Editorial Gedisa
2020
241 páginas
PALABRAS CLAVE: JORGE DUBATTI – FILOSOFÍA DEL TEATRO–
TERRITORIALIDAD
KEYWORDS: JORGE DUBATTI – PHILOSOPHY OF THEATER –
TERRITORIALITY
Cinco años de admirable producción científica sobre Teatro de Jorge Dubatti
Nidia Burgos1
El autor de este texto es el notable estudioso argentino Jorge Dubatti, incansable
viajero de cartografías, interioridades y poéticas teatrales. El libro incluye dos
prólogos, uno del teatrista argentino radicado en España, Jorge Eines y el otro, el
texto “El tiempo y el teatro” de Mauricio Kartun, título que Jorge Dubatti adoptó
para su programa radial semanal por Radio Nacional en este particular año de
pandemia.
Luego de una introducción del propio Dubatti, donde explica el para qué y el
por qué de una Filosofía del Teatro, el libro se organiza en dos partes, conformadas
por las versiones ampliadas y enriquecidas de conferencias dictadas por él en foros
nacionales e internacionales, durante el último quinquenio. En la primera parte:
1
Doctora en Letras por la Universidad Nacional del Sur. Ejerció la carrera docente y se jubiló en
diciembre de 2017 como Profesora Titular full time y Directora de la Editorial de esa Universidad.
Participó de la redacción de Historia del Teatro Argentino en las Provincias, Volúmenes I, II, dirigido
por Osvaldo Pellettieri. Fue vicepresidenta 2003-2005 y presidenta 2005-2007 de la Asociación
Argentina/Internacional de Teatro Comparado. Dirigió el Proyecto de Investigación Grupal “Bahía
Blanca en la cartografía teatral argentina de postdictadura” entre 2011 y 2017. AINCRIT le otorgó el
Premio a la Trayectoria en 2017. Mail de contacto: [email protected]
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“Acontecimiento, Liminalidad, Territorialidad”, aparecen sus preocupaciones por el
vínculo de la territorialidad con el acontecimiento teatral desde la teoría, y en la
segunda: “Filosofía aplicada y Teatro Comparado”, aquel vínculo con diversos
aspectos de la actividad escénica. Finalmente, ofrece una muy nutrida y actualizada
guía bibliográfica de sesenta y tres páginas que cierra el volumen.
Con su notable experiencia de investigador y avezado espectador que ha
presenciado más de seis mil doscientos espectáculos por diversas geografías
nacionales e internacionales –pues desde hace treinta y un años, ve críticamente más
de doscientos obras de teatro por año–, señala que el teatro necesita la presencia
territorial de los cuerpos en convivio y él demuestra que se necesita una Filosofía del
Teatro para acceder a lo que “el teatro sabe” y nos ofrece en su experiencia de teatrar. 2
Por años, el método de estudio de Dubatti ha sido seguir el pensamiento
teatral de los artistas y eso constituye la base teórica de enunciación de su Filosofía
del Teatro. Esta Filosofía no es filosofía a secas, la Filosofía del Teatro no es un saber
radical, sino un saber radicante y es marco y reinscripción de nuevos contextos
epistemológicos.
Por eso, considero que este libro, si bien es de investigación, es también el
más autobiográfico de Dubatti porque podemos seguir el derrotero de su río de vida
intelectual, en sus búsquedas y con sus hallazgos, siguiendo los meandros de su
productivo recorrido.
Jorge Eines dice en su prólogo: “Soy deudor intelectual y práctico de los
libros de este autor”. Qué diremos entonces los lectores de este libro, donde Dubatti
con su caracterizada docencia, explica e instrumentaliza toda su experiencia de
espectador y de estudioso, partiendo de tres historias personales que sacudieron su
experiencia desde lo epistemológico y lo ontológico, y que lo llevaron a realizar
innovaciones en su manera de entender y estudiar el acontecimiento teatral.
La primera historia habla de los intensos veintidós años que transitó como
estudioso junto al artista-investigador Eduardo “Tato” Pavlovsky, desde que lo
conoció personalmente para hacer su tesis doctoral sobre el actor y dramaturgo. Del
impacto de aquellos encuentros resultó que en los años noventa abandonara la
Semiótica que por entonces era central en los análisis teatrales, para reemplazarla
por una indagación ontológica que partió de la sencilla frase de Pavlovsky: “Si no
hago teatro, me muero”.
2
Verbo acuñado por Mauricio Kartun con el que da cuenta de la ancestral energía generadora del
fluir del proceso teatral. Lo ha tomado de David Bohm que introdujo el “reomodo” (“rheo” del
griego: fluir). Ver: Kartun, Mauricio “El teatro teatra” en el libro homónimo de Jorge Dubatti, Bahía
Blanca: EDIUNS, 2010, pp.7-8.
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Cinco años de admirable producción científica
Dubatti descubrió que el mundo de Pavlovsky no se interesaba por la
comunicación, el lenguaje y los signos, sino que era ¡Acontecimiento, existencia,
deseo, intensidad, micropolítica, multiplicidad! Y ahí comenzó el distanciamiento de
nuestro investigador con los estudios europeos. Nadie hablaba allá, por entonces, en
esos términos. En cambio, ya en 1976, Pavlovsky, en Reflexiones sobre el proceso
creador, había introducido nuevas bases epistemológicas. Así, cuando iniciaron su
trabajo juntos, surgió una Filosofía de la Praxis que Dubatti extendió a cómo estudiar
el teatro en general y en cómo hacerlo a futuro para orientar, dirigir, articular y
fundar, pues no fue ajena a aquellas inquietudes, el nacimiento en 2001 de la
Asociación Argentina/Internacional de Teatro Comparado y La Escuela de
Espectadores de Buenos Aires y libros como El teatro laberinto (1999), El teatro
jeroglífico (2002), El convivio teatral (2003), Cartografía Teatral (2008), entre
otros.
Seguir una filosofía de la praxis implicó para Dubatti darle prioridad a los
teatristas por sobre los teatrólogos. Un buen ejemplo es El teatro sabe. La relación
escena/conocimiento en once ensayos de Teatro Comparado (2005) y el surgimiento
de textos que aquí enuncio en desordenada cronología sobre Batato Barea, Alejandro
Urdapilleta, Ricardo Bartís, Ana María Bovo, Rafael Spregelburgd, Javier Dolte,
Mauricio Kartun, etc.
Jorge Dubatti demuestra que al teatro, definitivamente, no se lo debe estudiar
aplicando un principio radical a priori, sino enfrentando el objeto de estudio con una
actitud radicante, reconociendo en cada autor y en cada obra, un territorio particular
con sus diferencias y cualidades. Existencia y acontecimiento comenzaron a ser
claves y así nacieron Filosofía del Teatro I, II y III.
La segunda historia que nos comunica la sitúa en los ochenta y se refiere a
los cambios de actitud que fue adoptando con respecto a la bibliografía internacional,
al entender que esos textos no constituían las “Tablas de la Ley”, puesto que
comprobaba que se estaba produciendo un pensamiento cartografiado porque
vivimos una Teatralogía destotalizada. Por eso siempre le escuchamos decir: No hay
un teatro argentino, sino teatros argentinos, y sobre cada país y dramaturgo se puede
decir lo mismo.
La tercera historia narra cuando conoció personalmente a Hans-Thies
Lehmann, en 2013, y pudo, con mucho pudor, confesarle que él no veía relación
entre el teatro postdramático que estudiaba el alemán, con el teatro que se veía en
Buenos Aires. Lehmann le manifestó que él había escrito su libro a partir de su
experiencia con el teatro europeo entre 1970 y 1990, y que desconocía qué teatro se
veía por entonces en Buenos Aires. Lehmann reivindicaba en su respuesta una
experiencia claramente territorial. Nunca pretendió universalizar a priori lo
postdramático como entendieron muchos estudiosos.
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Por ello, Dubatti viene impulsando una Filosofía del Teatro entendida en
primer lugar como Filosofía de la Praxis Teatral que extrae teoría, no solo de los
gabinetes académicos de investigación, sino también y especialmente de los
escenarios y las discusiones sobre teatro, porque todos los agentes del campo teatral
–actores, directores, dramaturgos, técnicos, escenógrafos, gestores culturales y
público– están produciendo conocimiento y porque debemos, como pedía Pavlovsky,
aproximarnos cada vez con mayor precisión y variados instrumentos a la alta
complejidad de los fenómenos artísticos.
Dubatti dice que los nuevos acontecimientos que se suscitan en todos los
órdenes, que los grandes cambios, nos llevan a la necesidad de comprender el
presente, pero también el pasado. Necesitamos elaborar precuelas teóricas:
conceptos que se formulan hoy pero que sirven para pensar fenómenos anteriores.
Incluso permitirnos reelaborar territorialmente desde nuestros contextos las teorías
que provienen de otros contextos, pues necesitamos una meta-investigación –asevera
Dubatti–; es decir, investigar cómo, desde dónde, para qué y por qué, para alcanzar
posicionamientos rigurosos, fundamentados, sistemáticos, críticos, sensibles,
intuitivos y validados por una comunidad de expertos.
Propone la experiencia como forma de existencia y como producción de
conocimiento y aprendizaje. Su derrotero es el ejemplo y así, a lo largo de los siete
capítulos de este fructuoso libro, con rigurosas formulaciones, demuestra
acabadamente que Epistemología y Ontología van de la mano para formular
construcciones científicas del Teatro.
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