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La Guerra de la Independencia: sus causas, la composición de los
bandos en conflicto y el desarrollo de los acontecimientos.
El levantamiento contra los franceses, que se inició con los acontecimientos
del 2 de mayo de 1808 en Madrid y derivó en una guerra contra la Francia de
Napoleón Bonaparte, 1808-1814 (Guerra de la Independencia) se enmarca en la crisis
final del Antiguo Régimen en España y de la monarquía de Carlos IV, con varios
factores; a) las sucesivas guerras anteriores que causaron la ruina de la Hacienda y
la pérdida progresiva del control de las colonias, b) la conspiración aristocrática y
ultra conservadora anti-Godoy, el todopoderoso y odiado primer ministro de Carlos
IV (conspiración de El Escorial y motín de Aranjuez con la caída de Godoy y
abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando), c) el descontento popular por la
escasez, hambrunas generalizadas y las obligaciones del pago de impuestos, diezmos
y rentas (protestas y motines populares).
Todos estos factores confluyeron en los episodios de mayo de 1808. El Tratado
de Fontainebleau (1807) había permitido a Napoleón, árbitro de la situación
internacional, la llegada de tropas francesas a España de camino para la invasión de
Portugal. Pero Napoleón también quiso ser el árbitro de la crisis interna española y
llamó a Bayona a Carlos IV y Fernando VII para forzar su renuncia a la corona, que
había traspasado a su propio hermano, José Bonaparte, 30 de abril de 1808, las
“abdicaciones de Bayona”, haciéndole rey de España. El 2 de mayo los rumores de la
salida de Madrid del resto de la familia real provocaron un alboroto y protestas
callejeras que los disparos de los soldados franceses convirtieron en un levantamiento
multitudinario en la capital (jornadas del 2 y 3 de mayo inmortalizadas por Goya) que
derivó en un levantamiento generalizado en todo el país, espoleado por el malestar de
los sectores populares que sufrían el paso de las tropas francesas. Se ponía en marcha la
“guerra contra el francés”, en versión española, la “maldita guerra de España” para
Napoleón. “Levantamiento, Guerra y Revolución” tituló su libro el conde de Toreno
para referirse a los distintos procesos, cambios y novedades que se pusieron en marcha
durante esos años.
Los bandos enfrentados en la guerra eran, de un lado, las tropas francesas y la
administración de gobierno en Madrid encabezada por el rey José Bonaparte y, del
otro, los llamados patriotas o defensores de la independencia frente a la administración
francesa y el rechazo a la ocupación militar del país por Napoleón. Entre los
primeros figuraban también españoles que colaboraron con las autoridades francesas
atraídos por el modelo revolucionario francés y las reformas políticas que los franceses
representaban (“afrancesados”). Este grupo defendió la aplicación del Estatuto de
Bayona, una Carta Otorgada por Napoleón con contenidos liberales muy avanzados
incorporados de la legislación revolucionaria francesa. Entre los segundos podían
distinguirse dos grandes filiaciones ideológicas, absolutistas, defensores del viejo orden
y liberales, partidarios de cambios y reformas políticas y sociales, tal y como se
manifestará en las reuniones de las Cortes de Cádiz.
Los franceses fiaban su poderío en el extraordinario potencial del Ejército
invasor, la “Grande Armée” que controlaba Europa y que desplazó a más de 250.000
hombres a España, encabezados por el propio Napoleón que entró en Madrid en
diciembre de 1808 para ponerse al mando. Los patriotas, con un Ejército inferior en
recursos y potencial, a pesar de algunas victorias importantes en el campo de batalla,
como la de Bailén (julio 1808), utilizaron la guerrilla como instrumento de resistencia
popular y espontánea pegada al terreno (sabotajes, atentados, asaltos…), con unos
50.000 campesinos armados (guerrilleros o bandoleros, el cura Merino o Juan Martín, el
Empecinado) que dificultaron y debilitaron a las tropas francesas. El vacío de poder
(monarca, gobierno, ayuntamientos) a nivel nacional y local fue paliado con el
fenómeno del juntismo o formación de las Juntas, formadas por representantes de la
autoridad anterior (nobles y eclesiásticos) así como prestigiosos o notables con
influencia social (militares, eclesiásticos, abogados, escritores, comerciantes o
burgueses en general…) que se reunieron en Juntas locales, Juntas de Defensa
(decisiones militares) y Juntas Provinciales, que plasmaban la voluntad de los
ciudadanos y materializaban una nueva soberanía nacional, al desembocar en la
formación de la Junta Suprema Central, septiembre 1808, posteriormente Consejo de
Regencia que convocaría las Cortes en Cádiz.
Resultó también determinante la ayuda militar de Inglaterra, que envió tropas
al mando de Wellington (agosto 1808) para ayudar a Portugal y a los patriotas
españoles. Desde la victoria francesa en Ocaña (1809), el avance francés hacia el Sur
culminó con el control de prácticamente toda la península a excepción de Cádiz y
buena parte del litoral mediterráneo. Sin embargo, las campañas napoleónicas en Rusia
(1812) distrajeron soldados y recursos de la península y permitieron victorias de la
coalición anglo-española en Los Arapiles, 1812, con el abandono de Madrid por
parte de José Bonaparte que se refugió en Valencia y ya en 1813 en Vitoria y San
Marcial (Irún, cerca de la frontera), que precipitaron su salida de España.
Napoleón, al borde la derrota en Europa, se vio obligado a firmar el Tratado de
Valencay, diciembre de 1813, por el que finalizaban las hostilidades y Fernando VII
era repuesto en el trono. En marzo de 1814, permitió el regreso de la familia real
española y el rey repuesto se dispuso a restaurar no solo el trono, aceptado por la
mayoría de los españoles, sino el Antiguo Régimen y el absolutismo monárquico en
la línea de la Restauración asentada en Europa tras el Congreso de Viena lo que
representaría dificultades, tensiones y conflictos a partir de 1815.