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803-Texto Del Artículo (Obligatorio) - 1787-2-10-20220228

El artículo analiza la inmigración polaca en España, destacando las condiciones sociopolíticas que han influido en su llegada y asentamiento. A pesar de ser un grupo no numeroso, su presencia ha sido significativa debido a factores como la economía sumergida y la falta de legislación adecuada. Se discuten las leyes de asilo y refugio, así como los procesos de regularización que han impactado en la situación de los inmigrantes polacos en el país.

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803-Texto Del Artículo (Obligatorio) - 1787-2-10-20220228

El artículo analiza la inmigración polaca en España, destacando las condiciones sociopolíticas que han influido en su llegada y asentamiento. A pesar de ser un grupo no numeroso, su presencia ha sido significativa debido a factores como la economía sumergida y la falta de legislación adecuada. Se discuten las leyes de asilo y refugio, así como los procesos de regularización que han impactado en la situación de los inmigrantes polacos en el país.

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Vicente Rodríguez Rodríguez Estudios Geográficos, vol. 56, n.

220 (1995)

LOS POLACOS EN ESPAÑA:


DE REFUGIADOS A INMIGRANTES

POR

VICENTE RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ

Introducción

La dinámica migratoria europea ha sido alterada en los últimos años


por las notables transformaciones sociales y políticas ocurridas en muchos
países, con consecuencias diversas (demográficas, sociales, políticas). Los
países europeos, en su conjunto, no tienen un comportamiento uniforme,
sino diferenciado según su propia historia reciente y el marco institucional
del que participan. Esto es destacable en el caso de España que ha visto
alterada su tradición emigratoria por un balance netamente inmigratorio,
en similares circunstancias a las apreciadas en otros países del Sur de
Europa (Fielding, 1993).
Desde hace 10 años la inmigración extranjera en España ha adquirido
un significado desconocido en la historia demográfica reciente, no tanto
porque los inmigrantes extranjeros sean muy numerosos, sino, sobre todo,
por su significado social. Una economía en alza, con desequilibrios secto­
riales, laborales y regionales, una escasa y limitada legislación sobre
inmigración, una presión demográfica del entorno geográfico y el cambio

Vicente Rodríguez Rodríguez. Departamento de Geografía. Instituto de Economía y


Geografía. Pinar, 25. 28006 Madrid.

Estudios Geográficos
Tomo LVI, n.9 220, julio-septiembre 1995

- 521 -

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VICENTE RODRÍOUEZ RODRÍOUEZ

en las condiciones sociopolíticas en el Este de Europa (Commission E. C.,


1989) crean, en su conjunto, unas condiciones suficientes para que muchos
�rrupos humanos consideren a países como España una meta deseable
para superar las dificultades vitales que encuentran en los de origen.
Como consecuencia de ello la inmigración en España se ha incrementado,
como ha quedado señalado en diversos estudios que han utilizado para
ello las fuentes disponibles (Colectivo IOE, 1987; Gozálvez Pérez, 1990;
Instituto Español de Emigración, 1990; Izquierdo Escribano, 1992; Mar­
cos y Rojo, 1991; Muñoz Pérez e Izquierdo, 1989).
El objetivo de este artículo 1 es hacer un análisis de las condiciones
sociopolíticas que han influido en la llegada y asentamiento de inmigrantes
polacos en España, como grupo no muy numeroso, pero diferenciado
frente a otros del Tercer Mundo, para detenerse en las condiciones legales
que enmarcan la inmigración, como base previa al análisis de un grupo
concreto, los rasgos sociodemográficos de los inmigrantes polacos, los
recursos humanos y económicos puestos a su disposición y la reacción de la
sociedad receptora y de los inmigrantes.

Las condiciones sociales y políticas en las que se enmarca la


inmigración polaca

El cambio de modelo migratorio que afectó a Europa en los años 70 se


basó en parámetros claros ( diferentes países de origen y destino, distintos
grupos migratorios implicados, modificación de las condiciones políticas y
socioeconómicas en los países de origen y en España, como determinantes
de los procesos migratorios) (King, 1993). Este proceso es particularmente
notable en los países del Sur de Europa (Commission E. C., 1989). La
apertura de nuevos países, del Tercer Mundo y del Este de Europa, hacia
el Mediterráneo europeo es el elemento más destacado para definir una
nueva «inmigración internacional de la pobreza», con un fuerte componen­
te de inmigrantes refugiados y con tendencia a asentarse en la economía
sumergida (Gretic, 1993).

1
Este trabajo es un resultado de diversas investigaciones llevadas a cabo junto a las
doctoras Aguilera Arilla y González-Yanci, del Departamento de Geografia de la Univer­
sidad Nacional de Educación a Distancia.

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A pesar de que el mayor número de inmigrantes proviene de áreas del


Tercer Mundo (África, Asia, Latinoamérica), no es despreciable en ningún
caso los que provienen del Este de Europa, aunque su número no sea
comparable. Las causas hay que buscarlas tanto en origen como en
destino. En el primer caso se suelen citar las diferencias de nivel de vida
entre el Este y el Oeste europeos (Kupiszewski, 1994), especialmente
manifestadas en la vivienda (Grecic, 1993), las elevadas tasas de desem­
pleo en casi todos los sectores productivos, especialmente en la agricultura
(Kupiszewski, 1994), el potencial demográfico y, por último, el cambio de
las condiciones sociopolíticas que favorecen la movilidad (Okolski, 1992;
Grupo Ad Hoc de Inmigración, 1992). Incluso muchos inmigrantes del
Este de Europa han considerado a los países occidentales como un paso
hacia destinos mejores (Estados Unidos, Canadá) (Kupiszewski, 1994). El
futuro de estas migraciones inevitablemente debe llevar a considerar
aspectos tales como la composición étnica, el potencial demográfico, el
atraso económico (Chesnais, 1991) o las convulsiones políticas (Merrit,
1992) como condicionantes destacados.
Entre los factores de atracción de los países receptores, en segundo
lugar, cabe mencionar también la economía sumergida existente que
potencia el trabajo de inmigrantes ilegales, la falta de una legislación que
controle adecuadamente los nuevos flujos de inmigrantes, los «efectos
secundarios de las medidas restrictivas en los países del Norte en la CEE»
(Commission E. C., 1989, 40; King, 1993), y, por último, el conocimiento
por parte de los inmigrantes de la existencia de categorías como las de
asilado y refugiado, dotadas de unos caracteres que hacen posible la
entrada en el país de inmigrantes económicos en busca de asilo y el
mantenimiento posterior en el país, ante la falta de un control efectivo de
la situación (Fielding, 1993 ).
La administración pública española durante los años 80 tomó decisio­
nes propias de un país con pretensiones de integrarse en la Comunidad
Europea, y, en concreto, elaboró la legislación adecuada en materia de
inmigración. De este contexto nacieron las dos leyes básicas de la política
inmigratoria española, la Ley 5/84, de 26 de marzo, reguladora del dere­
cho de asilo y de la condición de refugiado (modificada por la Ley 9/94, de
19 de mayo) y la Ley 7/85, sobre derechos y libertades de los extranjeros en
España.
Ahora bien, la propia novedad del fenómeno inmigratorio y la falta de
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adecuación administrativa y social a la nueva legislación han modelado


opiniones, cada vez más contradictorias, sobre la regulación legal entre
dos posiciones. Una de ellas está definida por la administración pública en
relación con las líneas marcadas por los diversos comités europeos sobre
inmigración, que serían básicamente dos: la estabilidad política y jurídica
de la población extranjera y la adecuación entre admisiones de inmigrantes
y la coyuntura sociolaboral (Lucas, 1992, 84), a través de proceso de
armonización legislativa, del que emanan aspectos más concretos (Aragón,
1991; Comunicación del Gobierno, 1991; García Bilbao, 1993), como:
políticas que restrinjan la concesión de visados y de control de fronteras,
medidas de cooperación policial interestatal, persecución del trabajo clan­
destino, coordinación administrativa, reforma de la legislación de asilo y
refugio, cooperación política al desarrollo de los países emisores, medidas
para la integración de los inmigrantes y sus familias y lucha contra el
racismo y la xenofobia.
En buena medida el problema de la legislación inmigratoria española
es concretar todos estos principios en unas normas que sean asequibles a
los múltiples puntos de vista que existen sobre la inmigración y entre los
que sobresalen los de las ONGs, las asociaciones de inmigrantes y la
propia sociedad española.
Las principales críticas, y ésta sería la segunda posición, provienen de
todos estos elementos sociales. Se insisten en cuestiones negativas, como
los procedimientos de admisión y expulsión, el intento de control del
mercado de trabajo (Lucas, 1992), los procedimientos de control de
inmigrantes ilegales, la cesión de soberanía en materia de extranjería en
relación con las instituciones comunitarias (Gracia das Neves, 1992). En
definitiva, todas las opiniones contrarias se concretan en el papel de
control de flujos migratorios, junto al resto de países comunitarios, es
decir, el «muevo muro» frente a los inmigrantes de países pobres que
quieren entrar en la Europa rica.
La realidad es que la inmigración, a pesar de las leyes o precisamente
por ellas, ha desbordado las previsiones en España. La situación ha
demandado medidas drásticas, como procesos de regularización (Aragón y
Chozas, 1993), de la misma manera que sucedió en Francia o Italia
(Conferencia ... , 1991), aunque no siempre se soluciona todo el problema:
los que no se regularizan quedan en situación irregular, empleados en
trabajos clandestinos y en constante movilidad geográfica. Las motivacio-
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nes para tomar esta decisión en España son el reconocimiento del enorme
volumen de población inmigrante en situación irregular y el deseo de
acabar con esa situación, al mismo tiempo que «acabar con los flujos
migratorios ilegales (!)» (Aragón, 1991). Después de la Ley de 1985 ha
habido dos procesos de regularización, uno en 1985-86, que afectó a más
de 45.000 inmigrantes, y otro en 1991, en el que se aprobaron aproximada­
mente 108.000 solicitudes de regularización. Sin embargo, el éxito de
ambos procesos puede haber sido limitado tanto por la dificultad de
conocer el número de personas que podrían haberse beneficiado como por
el paso a la situación irregular de muchos inmigrantes al no poder
mantener el contrato de trabajo después de la regularización. En el
proceso de 1985 más del 50 % de los inmigrante regularizados no
pudo mantener su contrato de trabajo y teóricamente pasó a situación
irregular.
Las últimas medidas sobre inmigración en España han sido dos: una
política de cupos y medidas de integración social para los inmigrantes y
sus familias. La primera se estableció en 1993 con una oferta de puestos
de trabajo para 20.600 inmigrantes, no más del 5 % del total de inmigrantes
legales en España, en el servicio doméstico y la agricultura. Sólo se
presentaron 5.331 solicitudes de las que se concedieron 2.965 debido a las
dificultades inherentes al proceso y a la desconfianza de muchos
inmigrantes (Misiti et al., 1994). En 1994 la oferta fue idéntica, pero con
una demanda muy superior a la oferta de puestos de trabajo, especialmen­
te en Cataluña, Madrid y Murcia. La mayor difusión entre sindicatos y
ONGs ha favorecido esta mayor demanda. Para 1995 la cuota ofertada es
de 25.000 permisos de trabajos, de los que 17 .000 se cubrirán con la
demanda de 1994 y el resto se ofrecerán a trabajadores del servicio
doméstico (2.500), procedentes de Perú, República Dominicana, Filipinas
y otros países para trabajar sobre todo en Madrid y Barcelona, y de la
agricultura de temporada (5.000), de los que la mayor parte se dirige a
trabajadores marroquíes que ofrecerán su trabajo en Andalucía y Murcia.
La segunda es el Plan para la Integración Social de los Inmigrantes
que fue aprobado por el Gobierno para 1994, como una medida esencial de
«desarrollo de una política activa» que persigue contrarrestar las causas
de la inmigración en origen, conocer los flujos inmigratorios para estable­
cer cuotas e integrar a los inmigrantes en la sociedad española (Plan,
1995). Pretende, como principales objetivos, eliminar la discriminación
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injustificada, promover la coexistencia basada en valores y actitudes


tolerantes, garantizar la situación legal y social de los inmigrantes, supe­
rar los obstáculos que dificultan la integración, luchar contra la explota­
ción de los trabajadores extranjeros y movilizar a la sociedad contra el
racismo y la xenofobia. Se han diseñado en el Plan dos entes, el Observato­
rio y el Foro, con objeto de disponer de recursos analíticos para implementar
las medidas previstas, hasta un total de 26, algunas de las cuales ya están
funcionando, como la modificación de la Ley de Asilo para simplificar los
procedimientos administrativos. Éstas pretenden abarcar aspectos lega­
les, de condiciones de trabajo, educativos y culturales, sociales y de partici­
pación política.

El uso del recurso al asilo y refugio como puerta de entrada

La publicación en 1984 de la Ley de Asilo representó el intento de


canalizar una situación en auge creciente en esos años en España, la de los
refugiados. 2 El número de inmigrantes polacos a lo largo de los años 80
vino condicionado por el uso de la solicitud de asilo y refugio como puerta
de entrada en España ( cuadro 1). Las solicitudes de asilo y refugio ha
aumentado desde 1988, triplicando su valor en 1993, situación mucho más
acentuada para los inmigrantes polacos entre 1988 y 1990 (figura 1), que
llegaron a representar el 40 % de todos los solicitantes, en los momentos
más álgidos del cambio político polaco que sustituyó un régimen totalita­
rio por otro «democrático». El año 1991 marcó un cambio en esa tendencia
como consecuencia del proceso de regularización, que vino a cegar la vía de
entrada de inmigrantes polacos en España a través del asilo y refugio: sólo
el 1'7 % de las solicitudes presentadas en 1994, en total 201, eran de
polacos (Oficina de Asilo y Refugio, 1995). Otros países del Este de Europa
(Rumanía, Bulgaria, Bosnia) o latinoamericanos (Perú, República Domi­
nicana) han ocupado el espacio dejado por los polacos.
La cumpliment�ción de las solicitudes de asilo y refugio ha estado
dificultada por la imposibilidad de justificar, por la mayor parte de los

2
Las cifras de asilo y refugio en España son poco importantes en comparación con
otros países europeos como Alemania (430.000 refugiados), Austria, Holanda o Suecia
(Ogata, 1993).

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LOS POLACOS EN ESPAÑA: DE REFUGIADOS A INMIGRANTES

CUAlll{O I
PRINCIPALES PAÍSES SOLICITANTES DE ASILO Y REFUGIO EN ESPAÑA
( 1988-1993)

1988 1989 1990

PAISES CASOS% PAISES CASOS % PAISES CASOS%

POLONIA 2086 46.2 POLONIA 1723 42.3 POLONIA 3279 37.9


IRAN 819 18.2 IRAN 233 5.7 ANGOLA 561 6.5
CHfi.E 190 4.2 RUMANIA 221 5.4 SENEGAL 491 5.7 i
CUBA 189 4.2 SENEGAL 220 5.4 NIGERIA 422 4.9
ANGOLA 145 3.2 CHil..E 176 4.3 PERU 373 4.3
CHECOSLOV. 141 3.1 ANGOLA 169 4.1 RUMANIA 344 4.0

1 TOTAL
...
1 4516
11 TOTAL
1 4077
11 TOTAL
1 8647

1991 1992 1993

PAISES CASOS% PAISES CASOS% PAISES CASOS%

PERU 1618 19.9 PERU 2580 22.0 REP. DOMIN. 1809 14.3
POLONIA 972 11.9 POLONIA 1190 10.2 PERU 1530 12.1
RUMANIA 813 10.0 REP. DOMIN. 1041 8.9 CHINA 1.516 12.0
BULGARIA .577 7.1 SENEGAL 959 8.2 RUMANIA 1478 11.7
ANGOLA 497 6.1 RUMANIA 891 7.6 BOSNIA 710 .5.6
LIBERIA 339 4.4 LIBERIA 472 4.0 POLONIA 602 4.8

1
TOTAL 8138 TOTAL 11708
11 TOTAL
1 1261.5
]
FUENTE: Ministerio de Interior. Ofícina de Asilo y Refugio.

demandantes, una situación de persecución en sus países de origen según


la Ley de Asilo y Refugio, situación que ha sido comprobada en otros
países (Salt, 1993). Ha sido, pues, una constante la consideración de esta
vía como un subterfugio para la entrada de inmigrantes económicos en
España bajo la pretensión de serlo de carácter político, de manera que la
administración española ha estado aplicando «a priori» las condiciones
restrictivas de la Ley de Asilo a inmigrantes procedentes de países poco
sospechosos de persecución a sus nacionales (Cornelius, 1994). Esta situa­
ción fue claramente aplicable a los inmigrantes polacos, sobre todo desde
1990.

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LOS POLACOS EN ESPAÑA: DE REFUGIADOS A INMIGRANTES

A pesar de las dificultades, los refugiados permanecieron en España


contribuyendo de alguna manera al fracaso de la legislación sobre inmi­
gración económica en España (ley de extranjería), ya que «las normas de
asilo y refugio son mucho más abiertas que las de extranjería» (Llinares y
Molpeceres, 1992, 48). Otros autores consideran también que este aumen­
to de solicitudes de asilo y refugio «ha servido de pretexto para que los
procedimientos de admisión (normales) se hayan hecho más rígidos»
(López Garrido, 1991, 183). En efecto, más del 80 % de los solicitantes de
asilo y refugio polacos son adultos jóvenes entre 18 y 34 años, casi el 70 %
son hombres y sin población mayor de 65 años, casi en su totalidad
localizados en Madrid, de donde se dispersaron por diversas provincias.
Todos ellos son componentes de una inmigración típicamente económica.
Esta situación llevó, a principio de los año 90, a plantear un serio proble­
ma político, dadas las dificultades de separar los inmigrantes económicos
de los políticos, y a reflexionar sobre las posibles soluciones a tomar
(Conferencia ... , 1991).
Durante el tiempo de la resolución los solicitantes de asilo y refugio
podían estar en España acogiéndose a una serie de ayudas oficiales y de
ONGs como se verá más adelante, aunque todavía no hubieran consegui­
do el estatuto, situación definida como «quasi-refugiados» o de refugiados
«de facto» (Bringuier, 1989). Así, entre 1988 y 1993 sólo se concedió el
estatuto de asilado y refugiado al 10 % de los solicitantes, siendo entre los
polacos un porcentaje prácticamente nulo. Por lo tanto, los no beneficiados
pasaron, o bien a engrosar el volumen de inmigrantes irregulares, o bien
utilizaron a España como un trampolín para su posterior emigración a
otros países como Estados Unidos, Canadá o Australia. En escasísimas
ocasiones se procedió a su devolución al país de origen. En todos los casos,
las dificultades para la expulsión aumentan a medida que el inmigrante
permanece durante un cierto tiempo en España (Grupo Ad Hoc de Inmi­
gración, 1992), debido sobre todo a la lentitud administrativa en resolver
los expedientes (Aragón, 1991) y a la incapacidad real por controlar y
expulsar a los solicitantes de asilo rechazados (Comelius, 1994).

El marco institucional para la integración en España

La presencia notable de refugiados polacos antes de 1990 supuso una


nueva situación para la sociedad española y las asociaciones de apoyo a los
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VICENTE RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ

inmigrantes. No obstante ello, el Instituto Nacional de Servicios Sociales


(INSERSO) y diversas ONGs han prestado ayuda bastante intensa en los
últimos años 80 y principios de los 90. Dentro de la administración
pública, el INSERSO es el encargado, como parte del Ministerio de Asun­
tos Sociales, de prestar ayudas a diversos colectivos humanos sometidos a
procesos de marginación (tercera edad, minusválidos y refugiados). Cum­
ple dos funciones esenciales, la de subvencionar programas económicos de
ONGs para ayudar a refugiados y la de atenderles directamente mediante
la oferta de plazas en Centros de Acogida a Refugiados (CAR).
La función de estos centros es la adaptación social y cultural de los
solicitantes de asilo y refugio, mediante la prestación de alojamiento y
manutención, atención social y psicológica, actividades formativas y asis­
tencia para facilitar la integración social de aquellos inmigrantes que
carecen de medios económicos para atender sus necesidades en España.
Existen centros en Madrid, Valencia y Sevilla, con alrededor de 300 plazas
en total.3 En los años de mayor presencia de polacos en España, los CAR
han acogido a 172 inmigrantes polacos, un 13 % del total, después de los
iraníes e iraquíes. Casi el 70 % de los refugiados polacos en CAR son
hombres, frente al 53 % del total de acogidos. Más del 80 % de los polacos
acogidos tienen entre 18 y 34 años, con una edad media de 28 años (frente
a 35 del total de acogidos), rasgos todos propios de un tipo migrante
económico.
La Cruz Roja inició su programa de ayuda a refugiados en 1961,
recibiendo la delegación de funciones por parte del Gobierno en 1974. En
la actualidad, la Cruz Roja tiene un concierto económico con el Instituto
Nacional de Servicios Sociales para la subvención del Programa de Aten­
ción a Solicitantes de Asilo o Refugio.
Las condiciones para recibir ayuda son el haber solicitado el estatuto
de asilado o refugiado y el carecer de recursos económicos. Las ayudas en
1993 son de varios tipos: a) acogida y primera inserción, para situaciones
de urgente necesidad (atención en la frontera, información sobre la solici­
tud del estatuto de asilo, en conexión con otras ONGs implicadas); b)

3
A finales de 1994 había además 500 plazas en CAR gestionadas por otras institu­
ciones (Cruz Roja, Comisión Española de Ayuda al Refugiado, Comisión Católica de
Migraciones), pero concertadas con el INSERSO.

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LOS POLACOS EN ESPAÑA: DE REFUGIADOS A INMIGRANTES

alojamiento y manutención en casas propias (albergues) o de otras ONGs;


c) servicios sanitarios semejantes a los de la Seguridad Social; d) servicios
de carácter educativo-cultural, y e) prestaciones económicas de carácter
asistencial en pago mensual para aquellos refugiados que no se benefician
de alojamiento y manutención, en un pago mensual que osciló en 1991
entre 34.000 pesetas a personas sin familiares a su cargo y 61.000 pesetas
a familias con hijos menores, o en un pago único para atender situaciones
excepcionales. El presupuesto total para ayudas en dicho año, último en el
que los polacos fueron atendidos con más intensidad, fue de 1.455 millo­
nes, subvencionado por el INSERSO en un 90 %.
Las dificultades que tienen los inmigrantes polacos (en general todos
los refugiados) vienen derivadas de su situación legal que les dificulta
ejercer cualquier trabajo en situación normal, hace extremas sus condicio­
nes de trabajo (inestabilidad, precariedad) y favorece su marginación.
Cuando se acaban las ayudas, los refugiados no tienen otra salida que
«actividades productivas de supervivencia», que suponen muchas veces
condiciones casi de explotación. Sin embargo tienden a ocupar sectores no
cubiertos por la población española (servicio doméstico, hostelería, reparto
comercial, talleres mecánicos ... ).

11 CUADRO
INMIGRANTES ATENDIDOS POR CRUZ ROJA ESPAÑOLA, 1989-1991

1990 1991 TOTAL

POLACOS 2432 3519 1864 7815


EUROPEOS DEL ESTE 2824 4497 3326 10647

TOTAL 5084 11506 10117 26707

FUENTE: Cruz Roja Española. Memorias.

Entre los años 1989 y 1991, la Cruz Roja atendió a 26.707 inmigrantes
(cuadro 11), de los que 7.815 eran polacos (29'3 %), que suponían, a su vez,
más del 73 % de los refugiados procedentes del Este de Europa, seguidos a
cierta distancia por rumanos y búlgaros. Tres de cada cuatro polacos
atendidos por la Cruz Roja lo fueron en Madrid, con gran diferencia
respecto a Valencia, Alicante, Málaga, Guadalajara y Segovia. Se trata de
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una población masculina (73 %), con un fuerte componente joven, entre 20
y 40 años (73 %), aunque no faltan niños (13 %). Su nivel académico y
preparación profesional de tipo medio son otros rasgos de este colectivo
que favorecieron su posterior integración en el mercado laboral.
Ante el aumento del número de solicitantes de asilo (y muchos de ellos
beneficiarios de las prestaciones) y del cambio de las condiciones políticas
en los países del Este, especialmente en Polonia, fueron retiradas en 1991
las ayudas a los polacos, lo que provocó situaciones de desprotección social.
La salida a esta situación para muchos refugiados, además de la posible
entrada en el mercado laboral sumergido, fue su legalización a través del
proceso de regularización de 1991.
La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) es una asocia­
ción voluntaria, privada y no gubernamental, de la que forman parte otras
asociaciones y que trabaja en colaboración con la administración pública.
Está federada con la Asociación Catalana de Ayuda al Refugiado, en
relación con el Comité Español de ACNUR. Su misión es la defensa de los
derechos y libertades de los refugiados y la atención de sus necesidades.
Son beneficiarios los inmigrantes que, careciendo de recursos económicos,
han conseguido el estatuto de refugiado y tienen la voluntad de permane­
cer en España. Los principales servicios son el asesoramiento jurídico en
sus relaciones con la administración pública y las ayudas para la integra­
ción de los refugiados (aprendizaje de la lengua española, cursos de
capacitación laboral, alojamiento y manutención, retorno al país de ori­
gen, ayudas para la consecución de actividades laborales). 4
Desde un ámbito cercano a la Iglesia católica, la Asociación Comisión
Católica Española de Migración (ACCEM), creada en 1954, también
desarrolla una amplia actividad con los inmigrantes y refugiados, concer­
tando algunos de sus servicios con el INSERSO. Dirigida a los solicitantes
de asilo y refugio, la atención prestada por ACCEM pretende cubrir las
necesidades de vivienda y manutención, la asesoría jurídica, la formación
educativa, la reunificación familiar, la repatriación voluntaria y, sobre
todo, el reasentamiento de refugiados en terceros países, especialmente

4
Dada la escasa significación del número de asilados y refugiados polacos a los que
se les concedió el estatuto, las ayudas de la CEAR con respecto a los polacos han sido muy
reducidas.

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LOS POLACOS EN ESPAÑA: DE REFUGIADOS A INMIGRANTES

CUADRO 111
REASENTAMIENTO DE REFUGIADOS POLACOS EN TERCEROS PAÍSES,
1988-1991

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TOTALES
(2) (1)/(2)
(1)
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TOTAi.ES
(2) ( l J/(2)

REGISTRADOS:
USA 744 201 428 47.0
CANADA 168 402 492 81.7
AUSTRALIA 76 111 1116 59.7

TOTAL 757 (36.3) 1201 63.0 714(41.4) 1106 64.6

REASHNTADOS:
USA 72 141 51.1 96 131 73.3
CANADA 19 43 44.2 144 182 79.l
AUSTRALIA 11 56 19.6 27 57 47.◄

TOTAL !02 (4.9) 240 42.5 267 (15.5) 370 72.2

SOLICITANTF..S 2086 1723


DEASLOY
RERJGJO (3)

1990 1991

POLACOS INMIGRANTES % POLACOS INMIGRANTES %


(1) TOTALES ( 1) TOTAUiS
(%)•(1)/(3) (2) {l)/(2) (%) •(l)/(3) (2) (1)/(2)

11 242 3.3 139


609 683 89.2 50 144 34.7
141 193 73.0 69 217 31.8

758 (23.1) 1117 67.9 119 (12.2) 500 23.8

39 169 23.1 5 143 3.5


216 226 95.6 54 54 100.0
64 107 59.8 62 77 80.5

319(9.7) 502 63.5 121 (12.4) 274 44.2

3279 972

FUENTE: Asociación Comisión Católica Española de Migración (ACCEM). Memoria de


Actividades 1988, 1989, 1990 y 1991.

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Canadá, Estados Unidos y Australia por encontrarse allí comunidades de


polacos muy fuertes.
La asesoría legal en la ACCEM entre 1988 y 1991 procuró información
sobre la situación legal de los inmigrantes económicos, los solicitantes de
asilo y refugio y de los ilegales. Los inmigrantes polacos, junto a otros
procedentes del Este de Europa, fueron los principales beneficiarios, de la
misma manera que de ayudas para la consecución de ropa, de viviendas
en alquiler, de la bolsa de trabajo creada y de la asistencia a comedores
públicos, gestionados por ACCEM, en porcentajes que oscilan entre el
70 % y 30 % de todos los inmigrantes atendidos, dependiendo del año de
referencia.
El programa de reasentamiento en terceros países desde 1988 a 1991,
el más importante desarrollado por ACCEM, muestra las vicisitudes de
los polacos en España, considerada como un paso en su proceso migratorio
(cuadro 111). El número de polacos registrados en la ACCEM para buscar
un tercer país ha tenido una evolución semejante al de los solicitantes de
asilo y refugio, con un ritmo sostenido hasta 1991, siendo el promedio de
estancia en España de 2 años: en 1989 de 100 polacos solicitantes de asilo
y refugio en España, 41 se registraron para emigrar a otro país. Durante
esos años, los polacos eran el principal grupo solicitante de reasentamiento
en terceros países con porcentajes del 50 % y en algunos casos bastante
superiores, especialmente para Canadá y Australia. Con el proceso de
regularización muchos polacos tomaron la decisión de quedarse en Espa­
ña ante las dificultades creadas en los países receptores (sobre todo en
Estados Unidos y Canadá) para acoger a más polacos, que ya eran
considerados como inmigrantes económicos y no como refugiados,5 siendo
después sólo admitidos en un número muy reducido como inmigrantes
económicos, o «esponsorizados» por familiares o grupos de apoyo (Congre­
so Canadiense-Polaco). Estos hechos explican la disminución del número
de polacos reasentados en Estados Unidos, en contraposición con el au­
mento en Canadá y Australia.
Una perspectiva no ligada a la administración pública es la que

Hasta 1990 Estados Unidos y Canadá tuvieron abiertas sus fronteras a los polacos
•5

refugiados, hasta el momento en que los cambios democráticos en Polonia invalidaron las
razones para pretender reasentarse en estos países.

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desarrolla la Federación de Organizaciones de Refugiados y Asilados


(FEDORA). Su formación en 1989 permitió dar solución a diversas actua­
ciones de asociaciones relacionadas con los asilados y refugiados, teniendo
para ello, a través del INSERSO, recursos económicos encaminados a
proporcionar diversas ayudas a los inmigrantes ( acogida en pisos tutelados,
cursos de español, formación sociolaboral, ... ), por un lado, y crear un
estado de opinión favorable entre la sociedad española a los inmigrantes,
por otro. Entre las asociaciones que participan en FEDORA está la polaca
«Águila Blanca» que se encarga de ofrecer ayuda a los inmigrantes polacos
para la integración social y laboral y actividades de carácter cultural.

La respuesta oficial española: el proceso de regularización

Durante el proceso de regularización se concedieron 3.328 permisos de


trabajo a inmigrantes polacos, el 96'5 % de las solicitudes presentadas
frente al 81 % para el total de los inmigrantes. Los inmigrantes polacos
estuvieron en mejores condiciones de cumplir los requisitos exigidos por la
ley para ser regularizados, al tener, sobre todo, mayores facilidades para
conseguir trabajos de forma estable.
La distribución espacial dista mucho de ser uniforme y tiende a ser
diferente a la de los inmigrantes del Tercer Mundo. Madrid concentra a
más de la mitad del total de inmigrantes con permiso concedido (figura 2),
como consecuencia de su posición central en la economía española y su
condición de capital y punto de entrada en España. 6 Su influencia se
extiende hacia cuatro provincias limítrofes (Segovia, Guadalajara, Ávila y
Toledo, por este orden). Otro área es la costa mediterránea donde destaca
Barcelona, seguida de Valencia, Alicante, Baleares, Castellón y Tarragona.
Son provincias con ventajas económicas y de accesibilidad, con mayor
oferta de trabajo y también a las que la llegada desde su país puede ser
más fácil, por la existencia de aeropuertos y puertos.
Las solicitudes de regularización son llevadas a cabo sólo por aquellas

6
Un 24'5 % (816 inmigrantes regularizados) no indica la provincia española en la
que reside, presentando su solicitud en la Dirección General de Migraciones, en Madrid,
por lo que podría suponerse que residen en Madrid. Pero también podría tratarse de
trabajadores que no tienen residencia fija, en función del trabajo que realicen, pero
siempre en el entorno de la capital.

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personas individuales que poseen residencia y trabajo, por lo que algunas


cifras están influidas por la ausencia de familiares de la persona que
trabaja, es decir, las mujeres casadas que no trabajan y los niños no se
contemplan en el proceso inicial. 7 Ello repercutirá en variables demográfi­
cas como el sexo, el estado civil, la edad, etc., además de en el número total
de polacos en España.
Sus rasgos demográficos son también muy distintos a los de otros
grupos inmigrantes.
- El grupo más numeroso es el de solteros seguido muy de cerca por
los casados, señal inequívoca de la importancia relativa de la estructura
familiar básica.
- La concentración en edades de 20 a 30 años es un claro indicador de
su juventud.
- Más de las tres cuartas partes son de sexo masculino, mientras sólo
un 23'3 % son mujeres, porcentaje mucho menor que la que presentan
globalmente todos los inmigrantes que solicitaron su regularización, de los
que el 32 % eran mujeres. Su relación de masculinidad es alta en los
adultos en edad de trabajar y se reduce al aumentar la edad.
Sin duda, son los parámetros económicos de los inmigrantes polacos los
más diferenciadores con otros grupos. Un primer aspecto a destacar entre
los inmigrantes polacos, como tiende a suceder con toda población migrante
de carácter económico, es la diferenciación que se establece, en relación
con su actividad económica, entre hombres y mujeres, situación que puede
acentuarse cuando, además, hay motivos políticos originariamente, como
es el caso polaco. Aunque a través del proceso de regularización no es
posible conocer la tasa de actividad, otras fuentes no oficiales insisten en
considerar que los inmigrantes polacos activos (trabajando o parados) son
la gran mayoría, sin que haya diferencias en la tasa de actividad según
sexo, aunque numéricamente haya menos mujeres. No obstante, ni su tipo
de actividad económica ni los períodos de trabajo son estables, en el marco
de la economía española, que desde el año 1992 está acusando los efectos
de una crisis de dimensiones importantes. Por ello, el paro entre inmigrantes

7
Un proceso de regularización dirigido a familiares de inmigrantes legalizados en
1991 se llevó a cabo en 1992, al que se presentaron casi 7.000 solicitudes.

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polacos tiende a ser muy elevado en cortos períodos de tiempo, siendo


también muy destacada la magnitud del mercado de trabajo sumergido.
La profesión declarada hace posible establecer una relación entre la
cualificación y las actividades económicas que desarrollan ]os inmigrantes
polacos en España. Existe una concentración de trabajadores con empleos
encuadrados en dos grandes sectores ( figura 3 ): e] primero es el de los
profesionales de la industria y la construcción ( algo más del 40 % entre los
solicitantes de regularización), en segundo lugar se sitúan los profesiona­
les de servicios de hostelería, personales y domésticos (en tomo al 30 %) y
los profesionales superiores que apenas llegan al 4 %, al igual que los
profesionales del sector primario. Parece detectarse, pues, una cierta
dicotomía entre los profesionales de baja y alta cualificación, muy numero­
sos los primeros, escasos los segundos, pero muy notables por su impor­
tancia cualitativa, si se comparan con los inmigrantes de otros países en
desarrollo, lo que influye, sin duda, en su imagen social (Aguilera, González­
Yanci, Rodríguez, en prensa).
Un análisis más detallado de los grandes grupos indica que entre los
profesionales del sector secundario predominan, a grandes rasgos, albañi­
les y peones de la construcción, de baja cualificación, electricistas,
montadores eléctricos, así como conductores y operadores de vehículos,
con una preparación algo más elevada, mayoritariamente varones, que
trabajan en actividades casi siempre relacionadas con su cualificación
(industria, construcción y transportes). En segundo lugar, los trabajado­
res de hostelería y de servicio doméstico son mayoritariamente mujeres,
especialmente personal de limpieza y de servicio en hogares. Aunque su
cualificación no es específica para desempeñar actividades de servicio
doméstico (sí lo es en el caso de la hostelería), existe una imagen de
seriedad y buen hacer de las inmigrantes polacas, a pesar de las dificulta­
des del idioma, que no es un obstáculo insalvable para ejercer esta
actividad.
Aunque no es posible conocer a través de esta fuente estadística el
nivel educativo de los inmigrantes regularizados, otros estudios señalan la
diferencia que existe entre inmigrantes polacos y de otros países del
Tercer Mundo en lo que se refiere al nivel de estudios. Más del 50 % de los
polacos tienen una formación académica media, es decir, bachillerato. Es
escaso el número de analfabetos, mientras que las personas con estudios
universitarios suponen casi un tercio, en razón de una generalización de la
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educación en los niveles superiores. Se aprecia, sin embargo, en muchos


casos, un proceso claro de infrautilización de su capacitación profesional
como consecuencia de una falta de adecuación entre su preparación acadé­
mica originaria y la actividad desarrollada en España. Solamente la
permanencia más continuada y un mayor conocimiento del mercado de
trabajo hacen posible un acercamiento entre preparación y trabajo desem­
peñado.8
En cuanto a la actividad de la empresa en la que trabajan los
inmigrantes polacos, casi el 33 % lo hacen en la construcción como una
actividad de baja cualificación, ejercida sobre todo por hombres, que
declaran una profesión relacionada con el trabajo que realizan. Se locali­
zan esencialmente en áreas urbanas. En un segundo lugar se sitúa el
servicio doméstico, el 18 % de los inmigrantes regularizados, siendo una
actividad ejercida por mujeres y a veces por matrimonios, que no requie­
ren una cualificación alta. Un 10 % de los inmigrantes polacos trabaja en
la hostelería con una preparación adecuada para ello y se localizan tanto
en áreas urbanas como en provincias con actividad turística destacada.
Las actividades de servicios prestados a empresas y a la administración
pública concentran entre el 11 %, localizados en áreas urbanas (Madrid,
Barcelona, Valencia): son en su mayoría varones con origen profesional
diversificado para desarrollar este trabajo.
Los escasos inmigrantes polacos que trabajan en la agricultura se
localizan en provincias españolas con actividad agrícola importante (Bar­
celona, Valencia, Alicante, Cáceres), siendo en su gran mayoría hombres y
con cualificación agrícola personal. La demanda de trabajadores para este
sector en España, especialmente en trabajo de temporada, es una causa
directa del número de trabajadores agrícolas polacos que se regularizaron
en 1991.
En conclusión, el proceso de regularización de 1991 cumplió en buena
medida la función que se le encomendó, pero no estuvo exento de proble­
mas. Representó una continua adaptación a la normativa legal de todas
las partes implicadas: los propios inmigrantes polacos, demandantes de

8
Este proceso está bien documentado en otros países (Austria) receptores de inmi­
gración polaca y de otros países de Europa del Este (Fassman, Kohlbacher y Reeger,
1993).

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LOS POLACOS EN ESPAÑA: DE REFUGIADOS A INMICRANTES

puestos de trabajo, los empresarios y las organizaciones no gubernamen­


tales que canalizaron la asistencia legal. Entre los primeros era notable su
falta de cualificación para los puestos ofertados, la inadecuación entre su
preparación profesional y trabajo ofertado, o la dificultad con el idioma.
Entre los segundos, existió un cierto rechazo social, una falta de informa­
ción y hasta un vago temor a enfrentamientos con trabajadores españoles.
Precisamente, las condiciones de falta de información, el apresuramiento
en el desarrollo del proceso y la propia situación de precariedad de los
inmigrantes polacos favoreció un cierto fracaso del proceso en los años
siguientes: más de un 25 % no renovaron su permiso de trabajo. No
obstante, los inmigrantes polacos han ido acoplándose a la situación de
precariedad del mercado de trabajo, hasta apreciarse actualmente indi­
cios de su progresiva adecuación al mercado de trabajo y sociedad
española.

Percepciones de la inmigración polaca

Como se ha señalado recientemente, «la evolución de la política


migratoria de Europa dependerá de las actitudes frente a los inmigrantes»
(Conferencia..., 1991). En efecto, de nuevo subyacen dos posturas en
España en la percepción de los inmigrantes. A nivel institucional se
perciben como un problema político a solucionar. Para los grupos de apoyo
y ONGs es, ante todo, una cuestión de solidaridad, ante la dificultad de
contener la inmigración como respuesta a situaciones de profunda
insolidaridad internacional.
Pero, ¿cómo entiende la inmigración en general, y la polaca en particu­
lar, la sociedad española? La inmigración reciente es una experiencia
nueva para los españoles, por lo que las opiniones, positivas y negativas,
no están arraigadas.9 A través de varias encuestas de los año 1992 y 1993,
momentos de especial presencia de los inmigrantes en la sociedad españo­
la, se puede comprobar que el «núcleo duro» del racismo en España afecta
a entre el 7 % y 16 % de la población, aunque este porcentaje puede ser
muy inferior si se considera que existe todavía un contingente de españo-

9
Quizás esta misma es la razón por la que, entre los europeos, los españoles son los
menos racistas según datos del Eurobarómetro.

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les expectante ante el fenómeno migratorio. No obstante, la percepción de


los distintos grupos es muy distinta: los más apreciados serían los euro­
peos del Oeste (6'4 sobre 10) y del Este (y entre ellos, sobre todo, los
polacos), frente a los africanos de raza negra y árabes que apenas llegan a
5 (Diez Nicolás, 1991; Aguilera, González-Yanci, Rodríguez, 1993;
Alcobendas y Arnal, 1993; Pumares, 1994). Por el contrario, la integración
es valorada en un sentido más positivo para los europeos del Este que para
los africanos negros. Cada grupo tiene un estigma que limita su integra­
ción: en el caso de los polacos la lengua y las diferencias culturales son sus
rasgos más limitantes, frente a la discriminación por el color de la piel, su
relación con la delincuencia o su bajo nivel educativo, propios de otros
inmigrantes. Sin embargo, existe una opinión generalizada de que los
polacos en España apenas presentan problemas de integración, porque su
adaptación a las costumbres y lengua española es relativamente fácil: «el
aspecto fisico, no muy diferente del español, hace que no padezcan proble­
mas de racismo» (Berlín, 1994). En efecto, está documentada su «facili­
dad» para aprender el español, a lo que hay que unir sus mayores
posibilidades para procurarse un trabajo (Cruz Roja Española, 1990). No
obstante, el trabajo de base con inmigrantes polacos también ha detectado
problemas que surgen, no sólo de las características de los inmigrantes,
sino también de la sociedad de acogida que propician situaciones de
aculturación producidas por cambios biológicos, personales, económicos,
psicológicos... (Cruz Roja Española, 1991).
¿Cómo se ven a sí mismos los inmigrantes polacos cuando pretenden
insertarse en la sociedad española? No es fácil detectar este hecho. A
través de los anuncios que los trabajadores polacos insertan en periódicos
gratuitos con objeto de buscar trabajo se pueden tener algunas referen­
cias. Lo más destacado es su pretensión de demostrar que son personas
«serias, responsables y con ganas de trabajar», que tienen una cierta
experiencia, a jóvenes, sin que el género tenga una gran influencia a la
hora de buscar trabajo. Sin embargo, algunos matrimonios buscan al
mismo tiempo trabajos compleme�tarios al servicio de familias y hogares.
En efecto, la mayor parte de las solicitudes de trabajo tienen que ver con el
empleo doméstico, bien sea interno en la casa, bien sea trabajando algu­
nas horas y después regresando al domicilio propio, o como empleados de
talleres mecánicos y como conductores de vehículos, alegando para ello la
disposición del permiso de conducir. Se comprueba también su interés por
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LOS POLACOS EN ESPAÑA: DE REFUGIADOS A INMIGRANTES

demostrar que son trabajadores «polacos», porque es una imagen cotizada


entre la sociedad española (Aguilera, González-Yanci, Rodríguez, en pren­
sa) y con los «documentos» en regla, es decir, con permiso de residencia.
Sin embargo, como inmigrantes, aprecian los polacos problemas buro­
cráticos en la búsqueda de trabajo, dificultades administrativas para
acceder a la condición de asilado y refugiado o para la renovación de
permisos de trabajo y, a veces, recelos entre personas que sufren proble­
mas de paro y precariedad en el empleo y que ven en ellos competidores
por el mismo empleo. No obstante ello, su proceso de integración ya
empieza a dar resultados a partir de la formación de matrimonios mixtos,
de la asistencia de sus hijos a colegios públicos y de su interés por
aprender la lengua y costumbres españolas. De la misma manera, la
asociación «Águila Blanca» ya está desarrollando actividades de integra­
ción social que incluyen la participación de los inmigrantes en actividades
culturales y deportivas en los municipios de mayor presencia polaca, a la
vez que mantienen sus elementos culturales (sobre todo el idioma) entre la
segunda generación, utilizando para ello recursos sociales públicos (ayun­
tamientos) o privados (Iglesia).

Conclusiones

La inmigración ha aumentado de forma espectacular en España en un


proceso coetáneo a la gestión de cambios legislativos en materia de inmi­
gración, en la estructura administrativa implicada, en la percepción del
fenómeno inmigratorio por la sociedad española e, incluso, en la investiga­
ción científica. Se trata, en definitiva, de un proceso en el que están
implicados grupos humanos, de diferentes rasgos demográficos y económi­
cos, uno de los cuales es el de los polacos, no tanto por su número, cuanto
por sus caracteres.
Aprovechando la laxitud de la política inmigratoria española a finales
de los 80, llegaron a España como demandantes de asilo y refugio, condi­
cionados por la gravedad de la situación política y social de su país. Ante la
dificultad de justificar motivaciones políticas y de reasentarse en países
terceros, los polacos regularizaron su situación en 1991. Sus rasgos perso­
nales les permiten una posición ventajosa para integrarse en la sociedad
española, dada su juventud, en muchos casos sin familia directa, su

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preparac1on académica y predisposición al trabajo. A ello también ha


contribuido la labor desarrollada por la administración pública y organi­
zaciones no gubernamentales. Además, su imagen pública favorece su
integración en la sociedad española, faceta que ellos mismos desean y
hacen posible, aunque todavía subsistan problemas derivados del cambio
cultural y social en el que están inmersos.

BIBLIOGRAFÍA

AGUILERA, M. J.; ÜONZÁLEZ-YANcI, M. P., y RODRÍGUEZ, V. (1993): «Actitudes de la población


española ante los inmigrantes extranjeros», Estudios Geográficos, LIV, 210, pp. 145-
154.
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RESUMEN.-La inmigración que se ha producido en la última década ha favorecido


notables cambios en la legislación, en la estructura administrativa implicada y en la
percepción de la inmigración por la sociedad española. Los inmigrantes polacos han
pasado de refugiados políticos a inmigrantes económicos aprovechando el proceso de
regularización de 1991. Su adaptación a la sociedad española encuentra posibilidades
favorables (sus propios rasgos sociodemográficos, su voluntad de integración, la ayuda de
ONGs, ... ), pero también barreras que nacen de la propia sociedad y administración
españolas.

ABsTRACT.-Some changes on the inmigrant legislation, on the involved civil service


and on the perception of immigrants have occurred in the eighties since the mass
migrants begin to enter in Spain. Polish refugees changed their status to become economic
immigrants taking part in the 1991 rgularization process when organized by the Spanish
officials. Their demographic, economic and social features run for the real integration into
the Spanish society helped by their interest to be integrated and the NGOs activities. But
there are sorne other barriers to trouble, coming from the behaviour ofSpanish bureaucracy
and society regarding the immigrants.

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