ESTHER DÍAZ
editora
METODOLOGÍA DE LAS
CIENCIAS SOCIALES
SUSANA DE LUQUE / ESTHER DÍAZ
ENRIQUE MORALEJO / RUBÉN H. PARDO
SILVIA RIVERA
Editorial Biblos
METODOLOGÍAS
La problemática del método en ciencias naturales y sociales 73
constituye tal reduccionismo, la problemática acerca de los aspectos
epistemológicos y metodológicos de las ciencias sociales, y su relación con
las naturales quedará en suspenso para ser tratada en el último apartado
de este capítulo ("Algunos aspectos de la problemática del método en las
ciencias sociales"}. 2
CIENCIAS FORMALES
Objeto: entes formales, signos vacíos, carentes de contenido empírico.
Método: demostración lógica.
Enunciados: analíticos o tautológicos.
Verdad: necesaria y formal, coherencia lógica.
Ejemplos: lógica y matemáticas.
CIENCIAS FÁCTICAS
Objeto: entes empíricos (hechos, procesos).
Método: contrastación empírica (observación y experimentación).
Enunciados: sintéticos o denotativos.
Verdad: contingente y fáctica (siempre provisoria y contrastada empí-
ricamente).
Ejemplos: ciencias naturales y sociales.
2. LA ESTRUCTURA DE LAS TEORÍAS CIENTÍFICAS: EL PROBLEMA DEL MÉTODO
EN LA VALIDACIÓN DE HIPÓTESIS
Las ciencias fácticas, tanto las naturales como las sociales, pretenden
explicar y comprender acontecimientos que tienen lugar en la experiencia,
en el mundo empírico, y s u s enunciados, por tanto, requieren algo m á s que
coherencia lógica, si es que aspiran a ser aceptados. Ya se h a dicho que la
lógica formal no es suficiente para sostener u n a verdad fáctica o material en
ningún ámbito particular; si bien interviene en todo conocimiento científico,
no alcanza para fundamentar u n a hipótesis referida a la experiencia, tal
como las que formulan las ciencias fácticas. Éstas sólo serán aceptables si,
además de poseer coherencia lógica, están convenientemente sustentadas
en u n a base empírica. Ahora bien, dado que, como ya se h a explicado
extensamente, la ciencia aspira a ser u n saber crítico, es necesario precisar
2. Aunque para un tratamiento más amplio de este tema puede consultarse el
siguiente texto: R. Bernstein, La reestructuración de la teoría social y política, México,
FCE, 1983, trad. de E.L. Suárez.
74 Rubén H. Pardo
cómo se produce tal justificación; dicho de otro modo, la pregunta a
responder sería ¿cómo se llega a la formulación y a la justificación de
hipótesis? Éste es el problema de los métodos de validación. En lo que sigue
se verán al respecto tres posturas: el inductivismo, el hipotético-deductivis-
mo y el falsacionismo.
2.1. La relación entre datos e hipótesis
¿inductivismo o hipotétíco-deductivismo?
2.1.1. EL INDUCTIVISMO
¿Cómo se llega a hipótesis adecuadas? ¿Cómo debe desarrollarse metodo-
lógicamente u n a investigación cabalmente científica? Una primera respuesta
histórica al respecto estuvo constituida por el inductivismo. Según él, de lo
que se trata, tal como queda indicado en su nombre, es de que las hipótesis
se infieran de datos recogidos previamente, por medio de u n a inferencia
inductiva. La inducción, como ya se sabe, es u n tipo de razonamiento que, a
diferencia de la deducción, nos lleva de premisas sobre casos particulares a
u n a conclusión cuyo carácter es u n a ley o principio general. Vale decir que,
según los inductivistas, sólo se llegará a la formulación de hipótesis científi-
cas partiendo exclusivamente de "hechos". La observación h a de ser el punto
de partida de la ciencia y la base segura del conocimiento, tal como reza el
precepto empirista que sustenta filosóficamente tal metodología. Por lo tanto,
el núcleo de este método está constituido por la afirmación de u n a prioridad
de los datos observacionales respecto de las hipótesis. Y a ellas debería
llegarse a partir de u n acopio de aquéllos, m á s u n a aplicación, casi mecánica,
de u n a generalización inductiva.
Así, la primera tarea del investigador h a de ser registrar todos los hechos
referentes a su objeto de estudio. Luego, mediante análisis y comparación,
podrá clasificarlos para, entonces sí -inductivamente- poder arribar a u n a
hipótesis general. Y esta última, claro está, deberá ser, finalmente, sometida
a contrastación. En síntesis, los pasos serían:
1. observación y registro de todos los hechos referentes al objeto de estudio;
2. análisis y clasificación de los mismos;
3. formulación de hipótesis a partir de u n a generalización inductiva;
4. contrastación.
Nótese bien, pues esto es lo decisivo, que según este modo de explicar la
metodología científica las hipótesis aparecerían recién en el tercer paso del
proceso y serían subsidiarias, a todas luces, y en forma absoluta, de la
recolección de datos particulares, dado que su formulación significa el
pasaje de ese conjunto formado por u n número limitado de casos (o
La problemática del método en ciencias naturales y sociales 75
proposiciones particulares) a u n a proposición universal. Así, la forma lógica
implicada en tal razonamiento sería la siguiente:
Al e s B
Enunciados observacionales
}
A2 e s B
A3 e s B
A4esB
Todo A es B } Enunciado general (hipótesis)
La hipótesis incluye, entonces, todos los casos observados y afirma que
cualquier fenómeno del tipo A posee la propiedad B, estableciendo, por
tanto, u n principio general a partir de los hechos particulares observados.
Este intento de explicación inductivista del proceso de formulación de
hipótesis científicas puede ser sintetizado en los siguientes p u n t o s o tesis:
1. el punto de partida de la ciencia es la observación;
2. las hipótesis se obtienen inductivamente a partir de los hechos o datos
observacionales recogidos;
3. las condiciones básicas para el aumento de probabilidad de la inducción
son:
- se debe observar u n número suficientemente amplio de casos;
- las condiciones de la observación deben ser variadas;
- ningún enunciado observacional debe contradecir la conclusión.
Sin embargo, estas condiciones básicas, si bien son necesarias para
a u m e n t a r el grado de probabilidad de la verdad de la conclusión, no
constituyen suficiente respaldo lógico para ésta: dado que en este tipo de
razonamiento la conclusión siempre agrega información respecto de las
premisas, a u n q u e ellas sean verdaderas, siempre existe la posibilidad de
que la conclusión sea falsa. Dicho de otro modo, la inferencia inductiva
n u n c a será necesaria, forzosa, sino sólo m á s o menos probable. Y esta
observación lógica, justamente, es u n b u e n punto de partida para realizar
u n a evaluación crítica de las afirmaciones del inductivismo.
2.1.2. CRÍTICAS AL INDUCTIVISMO
¿Cómo evaluar el inductivismo? ¿Qué grado de aceptabilidad tienen s u s
tesis en cuanto al problema de la fundamentación de las hipótesis científi-
cas? ¿Explican adecuadamente el procedimiento en virtud del cual se
desarrolla u n a investigación en ciencia?
Las críticas al inductivismo, al menos en esta versión esquematizada y
estrecha que se acaba de presentar, suelen ser variadas. Podríamos
dividirlas en dos grupos: las referidas a la legitimidad del procedimiento
76 Rubén H. Pardo
mediante el cual se infieren las conclusiones desde los datos observaciona-
les, por u n lado, y las concernientes a la prioridad de estos últimos respecto
de las hipótesis, por otro.
El primer tipo de crítica ya la hemos rozado, al menos en parte.
Lógicamente, está claro que el pasaje de proposiciones singulares a u n a
proposición universal no garantiza que la verdad de las premisas se
conserve en la conclusión o, lo que es lo mismo, la inferencia inductiva
n u n c a es necesaria, pues en la medida en que la conclusión agrega
información respecto de las premisas, éstas n u n c a serán fundamento
suficiente para garantizar la transferencia de la verdad.
Además, esto tampoco queda solucionado por la observancia de las
condiciones que los inductivistas enuncian para aumentar la probabilidad
de la inferencia, dado que ellas son de por sí bastante ambiguas. ¿Cuándo
u n a cantidad de enunciados observacionales es suficientemente amplio?
¿Cuáles de las condiciones en las que se efectúa la observación deben ser
variadas? Desde el punto de vista de la lógica, la inducción n u n c a queda
validada, a u n cuando pueda argumentarse en favor de ella arguyendo el
aval de la experiencia.
Pero hay todavía u n a objeción m á s . Una que es a u n más contundente e
importante que la anterior, teniendo en cuenta las implicancias concreta-
mente metodológicas: aquella que critica la pretendida prioridad de los
datos y de la observación como punto de partida de toda investigación
realmente científica. El inductivista, sabemos, sostiene que ellos constitu-
yen la única base segura para el conocimiento y la ciencia, y esto es
objetable, entre otras razones, por dos motivos fundamentales.
En primer término, porque u n a p u r a recolección de datos sin u n a
hipótesis previa sería lisa y llanamente impracticable. ¿Qué hechos, ante
u n a investigación cualquiera, debería, como científico, observar?; ¿de qué
datos tomar nota? Si, por ejemplo, u n investigador tiene que afrontar el
estudio de las causas que contribuyeron al crecimiento de la desocupación
en u n lugar y tiempo determinados (pensemos, por caso, en nuestro país
desde el 94 hasta la fecha) con vistas a elaborar luego estrategias para su
solución: ¿cuáles serían los datos a recoger?; ¿cómo iniciar la investigación
sin antes trazar u n a línea que permita distinguir lo relevante de lo
irrelevante? Porque, seguramente, cabría pensar que u n dato importante a
ser tenido en cuenta podría ser el grado de reconversión tecnológica
acaecida en ese período o el impacto de u n a excesiva apertura importadora.
Pero, ¿por qué no, por ejemplo, el aumento del régimen de lluvias o el listado
de los últimos campeones del torneo de fútbol local? La respuesta es obvia:
no tiene sentido ningún relevamiento de datos observacionales sin u n a
hipótesis que guíe la búsqueda.
Para ese investigador del ejemplo anterior será relevante tomar nota del
desarrollo tecnológico o del aumento de las importaciones y no de los otros
datos, porque ya desde el vamos en su investigación está operando u n a
La problemática del método en ciencias naturales y sociales 77
hipótesis (en esos casos la del impacto del avance tecnológico en la mano de
obra productiva, o la del perjuicio industrial de u n modelo económico
hiperliberal). Por tanto, los hechos, o datos empíricos, sólo se pueden
calificar como relevantes o no en referencia a u n a hipótesis previa que guía
la observación. Así, la máxima inductivista según la cual la obtención de
datos observacionales debe realizarse sin intervención de hipótesis alguna
no se aviene con la práctica científica concreta. En todo caso describiría u n a
metodología ideal, pero impracticable desde el punto de vista de la finitud
de la racionalidad h u m a n a . No hay reglas mediante cuya aplicación
mecánica podamos pasar desde "hechos puros" a principios generales.
El segundo motivo, en virtud del cual también puede objetarse la
prioridad de los datos respecto de las hipótesis, pregonada por el inducti-
vismo, se relaciona con la pretendida "pureza" y "neutralidad" de la
observación. No hay percepciones p u r a s sin teorías; no hay hechos puros
sin interpretaciones previas. 3 Vale decir, toda observación está siempre
condicionada por u n a serie de factores, sean éstos históricos, lingüísticos,
culturales. Aquí, nuevamente nos enfrentamos con el tema de la "objetivi-
dad", esto es, con la problemática acerca de la posibilidad de trascender el
horizonte de historicidad y finitud de n u e s t r a subjetividad.
Ahora bien, más allá del grado de objetivismo o subjetivismo al cual u n o
adhiera en u n a discusión epistemológica puntillosa, en esta parte del
trabajo sólo nos interesa señalar que la observación n u n c a puede ser
totalmente pura, sino que siempre de algún modo está condicionada y, por
lo tanto, n u n c a puede ser el punto de partida de la investigación científica.
Al fin y al cabo, siempre hablamos, pensamos, y también observamos,
"desde" algún lugar (dejando, por ahora, sin precisar, el sentido de este
"algún lugar").
Sin embargo, a pesar de todas estas críticas, pertinentes y muy atinadas
por cierto, no puede dejar de señalarse el valor que la inducción tiene en el
proceso de la investigación científica. Si bien ella no garantiza la necesidad
lógica de llegar a u n a conclusión verdadera a partir de premisas verdaderas,
ni tampoco podemos confiar en la seguridad de la verdad de las premisas
observacionales (las cuales, como quedó dicho, siempre están sujetas a
condicionamientos teóricos previos), la inducción es de gran utilidad en
ciencia. En ésta, como quizá en la vida cotidiana, no podría darse u n solo
paso sin hacer suposiciones y generalizaciones inductivas. La contingencia
del resultado de toda contrastación (como luego se explicará) hace que
debamos apoyarnos en ella para admitir u n a teoría como verdadera,
aunque sea sólo provisionalmente (como es obvio, a partir del resultado
3. Esta temática del carácter interpretativo del conocimiento se relaciona con la
visión hermenéutica o comprensivista de las ciencias sociales. Cf. la última sección
del capítulo.
78 Rubén H. Pardo
positivo de todos los casos de la puesta a prueba}. En síntesis, siempre
debemos suponer que las cosas seguirán comportándose del mismo modo,
a u n cuando no tengamos ninguna garantía lógica de que así sea; debemos
creer que existe cierta regularidad en la naturaleza, y en la necesidad de
dicha creencia -sin la cual no habría "experiencia" alguna- estriba la
eficacia y la ineludibilidad de los razonamientos inductivos.
2.2. El hipotético-deductivismo
Ha quedado bien establecida, después de nuestro paso por el inducti-
vismo, la imposibilidad de iniciar u n a investigación científica sin u n a
solución tentativa que guíe toda recolección de datos. La idea de b u s c a r
la verdad ateniéndose a los "hechos puros", a partir de cuya observación
y registro - m e c á n i c a m e n t e - podrían formularse enunciados generales es
errónea e impracticable. Así, los hipotético-deductivistas erigen s u inter-
pretación del método sobre la b a s e de estas dos grandes fallas de los
inductivistas: la prioridad de la observación como única base del conoci-
miento y la fundamentación de la práctica científica en u n a forma de
razonamiento inválida.
Para quienes defienden este método, la ciencia no parte de observacio-
nes, sino de problemas, ante los cuales los científicos proponen hipótesis
como intentos de solución. Y estas hipótesis - a d e m á s - no se obtendrán,
como pretendían los inductivistas, mediante generalización de datos, sino
que serán el resultado de la formación y de la capacidad creativa del
investigador. Aunque, obviamente, luego estas soluciones tentativas ha-
brán de ser puestas a prueba mediante contrastación empírica para poder
ser aceptadas.
Por lo tanto, los pasos que h a n de desarrollarse metodológicamente en
u n a investigación científica serán los siguientes:
1. Planteamiento del problema. La observación no es el punto de partida de
las teorías, sino que se parte de problemas, sean teóricos o prácticos. Un
problema surge cuando lo conocimientos que poseemos no alcanzan
para explicar determinado hecho, vale decir, cuando tiene lugar u n a
dificultad que desafía a nuestra razón a encontrar nuevas soluciones. Y
es justamente esta dificultad o problema el que guía la búsqueda de
regularidades. En síntesis, el científico es -básicamente- u n problema-
tizador, y nuestra racionalidad está estructurada -primariamente-
según la forma de u n diálogo pregunta-respuesta.
Ahora bien, como es obvio, no todo problema será u n problema
científico: para adquirir el s t a t u s de tal habrá de ser planteado sobre u n
trasfondo científico y ser estudiado con medios científicos. Después,
podrá diferenciarse, atendiendo a cuál sea su objetivo primario, teórico
La problemática del método en ciencias naturales y sociales 79
o práctico, si se está ante u n problema propiamente científico (es decir,
de investigación básica) o ante u n o de ciencia aplicada o tecnología.
2. Formulación de las hipótesis. Frente a u n problema el científico b u s c a
u n a solución posible que guíe y oriente el desarrollo de la investigación.
Esa solución tentativa o conjetura es la hipótesis. Una hipótesis,
entonces, es u n enunciado que se propone como base para explicar por
qué o cómo se produce u n fenómeno. En torno de ella se despliegan dos
problemas para la ciencia: ¿cómo se justifica u n a hipótesis? y ¿cómo se
llega -científicamente- a formular u n a hipótesis? El primero se abordará
cuando sea el momento de tratar el tema de la contrastación.
Respecto del segundo, puede decirse que no hay reglas ni métodos de
cuya aplicación mecánica p u e d a n derivarse hipótesis. Ya se aclaró que
las hipótesis no se derivan de los hechos observados sino que se crean
para dar cuenta de ellos. Si en el apartado anterior se hizo referencia al
valor de la inducción p a r a la ciencia (a la hora de sostener la aceptabi-
lidad contingente de u n a teoría), es aquí - e n la decisiva etapa de la
creación de hipótesis- donde se realza la función de otro tipo de
razonamiento: la analogía. En ella, se trata de inferir algo desconocido
a partir de lo conocido, por comparación. Así, no hay método fijo a seguir
para la elaboración de hipótesis: en todo caso, se requiere de u n a gran
cantidad y calidad de conocimientos previos en la materia y de talento
creativo que permita "ver" las similitudes y las analogías entre lo sabido
y lo desconocido.
3 . Deducción de las consecuencias observacionales. Una vez formulada u n a
hipótesis, habrá que contrastarla empíricamente para someter a prueba
su valor, puesto que a priori todas tienen el mismo grado de conjetura -
lidad. Sin embargo, al ser las hipótesis enunciados universales y no
observacionales, el primer paso de la contrastación será el deducir las
consecuencias de la misma: ¿qué sucedería de ser verdadera la hipóte-
sis? Así, a ese enunciado verificable inferido deductivamente de la
hipótesis se lo denomina "consecuencia observacional". Y ésta, al ser
contrastada con la experiencia, confirmará o refutará la hipótesis, al
comprobarse la verdad o falsedad del enunciado observacional.
En el ejemplo de la sección anterior, si alguien sustentara la hipótesis
de que la causa de la desocupación radica en la rigidez de la legislación
laboral, para someterla a prueba deberá inferir primero u n a consecuen-
cia implicada lógicamente en ella. Podría ser la siguiente: si la hipótesis
es verdadera, entonces si flexibilizamos las leyes del trabajo, la desocu-
pación descenderá. Luego, si (como de hecho está ocurriendo) esto no
sucede, quedará refutada la hipótesis.
4. Contrastación empírica. Como quedó dicho anteriormente, u n a vez
obtenidas las consecuencias observacionales, se procederá a constatar
si ellas se verifican o no en la realidad. Si así sucede la hipótesis habrá
sido confirmada (provisoriamente); de ser negativo el resultado, se
80 Rubén H. Pardo
reformulará o directamente se abandonará la hipótesis (un poco m á s
adelante se volverá sobre las particularidades de este tema).
5. Posible formulación de leyes o teorías. En el caso en que esa suerte de
respuesta tentativa que es la hipótesis pase la prueba de u n a suficiente
cantidad de contrastaciones, es posible -bajo ciertas condiciones-
tomarla como ley. Vale decir, u n a ley no sería otra cosa que u n a hipótesis
confirmada que capta u n a regularidad u orden objetivo en la realidad.
Además puede darse el caso de que dicha ley se inserte en u n conjunto
de leyes relacionadas deductivamente. Estaríamos, entonces, ante u n a
teoría. Este concepto alude a u n entramado relacional en el cual se
destacan leyes de m á s alto nivel teórico (que operan al modo de premisas
o axiomas) respecto de otras que son s u s consecuencias (algo así como
teoremas deducidos de las primeras). Por lo tanto, u n a teoría será u n
conjunto de leyes interrelacionadas deductivamente, en la medida en
que están b a s a d a s en los mismos supuestos fundamentales.
Es posible, ahora -del mismo modo en que antes se hizo con el
inductivismo-, sintetizar las tesis principales de este método:
1. la investigación científica parte de problemas, no de hechos;
2. las hipótesis creadas (y no inferidas mecánicamente por el investigador)
guían todo el desarrollo de la práctica científica, al formular u n a primera
solución tentativa al problema en cuestión;
3. la deducción de las consecuencias observacionales implicadas lógica-
mente en la hipótesis permitirá s u contrastación, con vistas a s u
confirmación o refutación.
Sin embargo, si bien el hipotético-deductivismo da cuenta, de modo m á s
adecuado, del problema de la relación entre datos e hipótesis y de la manera
en que éstas son creadas, no sucede lo mismo con lo concerniente a la
justificación o validación de aquéllas. ¿Qué valor posee la fundamentación de
hipótesis científicas corroboradas en s u s consecuencias observacionales?
Esta temática, la relacionada con las dificultades en derredor de la
cuestión de la justificación del conocimiento científico, está íntimamente
vinculada con u n a variante correctiva del método hipotético-deductivo: el
falsacionismo, cuyo principal representante h a sido Karl Popper.
2.3. El problema de la contrastación y el falsacionismo
2.3.1. LA ASIMETRÍA DE LA CONTRASTACIÓN
La pretensión del hipotético-deductivismo, se h a dicho, es partir de
hipótesis para luego, utilizando formas correctas de razonamiento, validar-
La problemática del método en ciencias naturales y sociales 81
las. Pero cabe repreguntar: ¿realmente se cumple esta aspiración? La
respuesta a este interrogante exige el análisis de la forma lógica en la que
se encuadra la contrastación de hipótesis.
Ya se explicó que la contrastación de u n a hipótesis se realiza a través de
los enunciados verificables implicados lógicamente en ella, o sea, a partir de
s u s consecuencias observacionales. Luego, si la consecuencia observacio-
nal resulta falsa, la hipótesis quedará refutada, mientras que si aquélla
resultara verdadera, ésta, obviamente, sería confirmada.
Comencemos con el análisis de la forma lógica del caso de u n a refuta-
ción. Cuando refutamos u n a hipótesis, dado que s u s consecuencias
observacionales no se dan en la realidad, empleamos el siguiente modo de
razonamiento:
Si p entonces q
no q
no p
Donde "p" sería la hipótesis y "q" la consecuencia observacional:
Si la hipótesis es verdadera, entonces se dará tal consecuencia observa-
cional (primera premisa)
No se da el caso de tal consecuencia observacional (segunda premisa)
La hipótesis no es verdadera (conclusión)
En el caso de la refutación, estamos ante u n a forma lógica válida de
razonamiento, es decir, la inferencia de la conclusión a partir de las
premisas es necesaria. La forma lógica aquí en cuestión se conoce como
modus tollens y, al ser válida, implica que n u n c a podremos encontrar u n
caso de ese tipo en el cual pueda darse la combinación de premisas
verdaderas y conclusión falsa. Dicho de otro modo, u n a forma válida de
razonamiento implica que la verdad de las premisas es garantía de que la
conclusión necesariamente también lo será. Por lo tanto, en el caso que nos
ocupa, si la hipótesis (p) permite deducir ciertas consecuencias observacio-
nales (q) y éstas no se constatan en la experiencia (no q), es lícito concluir
que la hipótesis es falsa (no p).
Pero ¿qué sucede cuando a través de u n a contrastación las implicancias
observacionales confirman la hipótesis? ¿También estaremos ante u n a
forma válida de razonamiento y, por tanto, podremos estar seguros de la
verdad de la hipótesis? Aquí nuevamente hay que recurrir al análisis de la
forma lógica. En el caso de u n resultado positivo de la puesta a prueba, tal
forma es la siguiente:
82 Rubén H. Pardo
Si p entonces q
q
P
Donde, como en el caso anterior, "p" sigue siendo la hipótesis y "q" la
consecuencia observacional:
Si la hipótesis es verdadera, entonces se dará tal consecuencia observa-
cional (primera premisa)
Se da tal consecuencia observacional (segunda premisa)
La hipótesis es verdadera (conclusión)
Como puede advertirse, la confirmación de la hipótesis, cuando las
implicancias observacionales se constatan efectivamente, da lugar a u n a
forma lógica ligeramente diferente al caso anterior (el de la refutación).
Ahora ya no se está ante u n a forma válida de razonamiento, sino frente a
u n a falacia conocida como "falacia de la afirmación del consecuente". Como
éste es u n caso de razonamiento inválido, en él la verdad de las premisas no
garantiza la verdad de la conclusión; vale decir, puede darse el caso (de
hecho esta forma lógica lo alberga) de que, teniendo premisas verdaderas,
la conclusión sea falsa. Por lo tanto, la verificación de las consecuencias
observacionales implicadas en las hipótesis no es fundamento suficiente
para sostener s u verdad. Tal inferencia no es lógicamente necesaria.
Esta diferencia entre la seguridad (basada en necesidad lógica) de la
refutación y la provisoriedad o contingencia de la confirmación es lo que se
denomina "asimetría de la contrastación"; y, a partir de la observancia de
las consecuencias de tal desfase, Popper formula la corrección falsacionista
del método hipotético-deductivo.
2.3.2. LA CORRECCIÓN FALSACIONISTA
¿Qué dice el falsacionismo? En principio, no debe olvidarse que esta
posición metodológica sigue siendo deductivista aunque, y en esto estriba
su especificidad, ante los inconvenientes recién referidos intenta formular
u n a variación metodológica que permita sortearlos.
El hipotético-deductivismo pretende que u n a hipótesis queda confirma-
da cuando los enunciados deducidos de ella (las consecuencias observacio-
nales) son verificados empíricamente. Así, se presume la verdad de la
hipótesis. Sin embargo, como se h a visto, el procedimiento deductivo
propuesto no permite concluir la verdad de la hipótesis, puesto que la
corroboración empírica positiva de las consecuencias observacionales no es
garantía suficiente para asegurar su verdad. Sin embargo, señala el
La problemática del método en ciencias naturales y sociales 83
falsacionismo, si bien es cierto que no puede verificarse u n a hipótesis por
medio de la comprobación de los enunciados verificables implicados en ella,
esto es, si bien n u n c a podemos estar lógicamente seguros de la confirma-
ción empírica de u n a hipótesis, en cambio sí podemos estarlo cuando ésta
resulta refutada. Por lo tanto, las hipótesis y teorías científicas son válidas
en tanto y en cuanto no logren ser refutadas, a u n q u e tal validez es sólo
provisoria, pues aquéllas pueden ser refutadas en algún momento. Y,
entonces, esta desproporción lógica entre los posibles resultados de la
contrastación lleva a Popper a enfocar la cuestión metodológica desde la
única perspectiva que puede garantizar necesidad lógica: la refutación. Este
nuevo hincapié, puesto ahora en la refutación, cambia de algún modo el
sentido, según el falsacionismo, de la investigación científica: ya no se
tratará de buscar afanosamente la confirmación de u n a hipótesis sino de
intentar mostrar su falsedad.
El falsacionismo sostiene que, dado que n u n c a podemos estar seguros
de la verdad sino sólo del error, el único modo de acercarse a aquélla es a
través de la falsación de las hipótesis. Así, la metodología falsacionista
supone que u n a hipótesis h a de ser científica si cumple con los requisitos
de falsabilidad; en definitiva, u n a hipótesis será falsable y, por lo tanto
científica, cuando pueda formularse al menos u n enunciado observacional
que la contradiga. De este modo lo que se le pide al científico es que formule
hipótesis que contengan enunciados contingentes (que p u e d a n resultar
verdaderos o falsos) y de gran alcance empírico, esto es, arriesgados,
audaces. De más está aclarar que "falsable" no es lo mismo que "falso". La
falsabilidad es requisito de cientificidad; pero la falsedad, en caso de
demostrarse, priva a la hipótesis, inmediatamente, de tal propiedad.
Popper, al explicitar su metodología falsacionista, en realidad pretende
también establecer u n criterio de demarcación claro y preciso entre el
conocimiento científico y el "seudocientífico". Este último estará constituido
por aquellas teorías que no respetan el criterio de falsabilidad y se presentan
de tal modo que sistemáticamente se sustraen a la posibilidad de ser
falsadas. Sólo, por lo tanto, se considerarán científicas aquellas hipótesis
que, siendo falsables, obviamente a ú n no h a n podido ser refutadas.
Se está en condiciones, entonces, de sintetizar las principales tesis del
falsacionismo:
1. En concordancia con el hipotético-deductivismo (en última instancia no
es m á s que u n a variante de este método), el conocimiento parte de
problemas y las hipótesis, que guían la b ú s q u e d a de u n a solución, son
creadas y no inferidas inductiva y mecánicamente a partir de datos.
2. En u n a contrastación el único caso que garantiza necesidad lógica es la
refutación.
3. La actividad de la investigación científica h a de estar orientada hacia la
refutación y no hacia la confirmación a toda costa.
84 Rubén H. Pardo
4. El conocimiento científico se caracteriza por estar constituido por
hipótesis falsables;
5. Las hipótesis que resulten falsadas deben ser abandonadas y las
confirmadas aceptadas sólo provisionalmente.
6. La ciencia avanza a partir del error, es el único modo de acercarse a la
verdad.
2.3.3. UNA EVALUACIÓN CRÍTICA DEL FALSACIONISMO
En principio, parece que el falsacionismo lograra sortear algunos proble-
m a s metodológicos originados tanto en las visiones inductivistas como en
las hipotético-deductivistas. Y, en parte, así es. Siguiendo a estas últimas,
consigue explicar mejor que las primeras la temática concerniente a la
creación de hipótesis y a la función orientadora que a ellas compete. Por otro
lado, evita con éxito los inconvenientes lógicos que a ambas posiciones se
les presentan en torno de la cuestión de la contrastación y validación de
hipótesis. También resulta atinado el rechazo de toda absolutización del
saber, en favor de u n realce del carácter esencialmente provisorio del
mismo. Sin embargo, esta posición metodológica tampoco escapa a la
posibilidad de recibir ciertas críticas muy pertinentes.
El falsacionismo, y éste es s u principal problema, no puede eludir la
objeción dirigida al supuesto de la pureza de la observación. Esta visión
popperiana del conocimiento científico sigue considerándola como la base
m á s segura y neutral del saber (se le otorga la función de determinar cuáles
teorías deben ser consideradas falsas). Aunque, además, tampoco logra
solucionar el problema de la validación de la posible verdad de las premisas.
Y, como se explicó anteriormente, la observación n u n c a es independiente de
factores teóricos que hacen no sólo a la historia interna de la ciencia sino
también a la historia externa, a saber, los referidos al contexto social,
cultural, político, histórico y h a s t a lingüístico. En última instancia, será la
comunidad científica, enmarcada siempre en estos horizontes de sentido,
y n u n c a mediante observaciones puras, la que decida la aceptabilidad o no
de u n a teoría. Sería, a todas luces, u n a comprensión muy ingenua de las
condiciones en las que se produce y se justifica la ciencia creer que la
aceptación de u n a hipótesis, sea ésta cual fuere, sólo se funda en cuestiones
referidas a metodologías y a racionalidad p u r a y objetiva. La ciencia, en
tanto discurso productor de "verdades", n u n c a puede eludir totalmente el
juego de fuerzas de poder que conforman a la sociedad en la que ella se
inscribe.
Esta problemática, relacionada con las implicancias epistemológicas
derivadas de la imposibilidad de u n a observación absolutamente p u r a y
objetiva, será reabordada - n u e v a m e n t e - en el momento de relacionar, en la
última sección del capítulo, el tema metodológico con la especificidad de las
ciencias sociales.