PATRIARCADO DE SERBIA
Diócesis de Buenos Aires, Sudamérica y
Centroamérica.
OFICIOS DE SEMANA SANTA
TOMO II
PARROQUIA SAN BASILIO DE OSTROG
Barranquilla-Colombia
1
GRAN VIERNES SANTO
LAUDES
(En las parroquias, el oficio se hace normalmente la noche del Jueves)
El Sacerdote y el Diácono, si hay, vestidos con razo y calimafio, hacen una
metanía al Trono Episcopal, y luego entran al Santuario. Habiéndose vestido
con el epitraquílio, el Sacerdote abre el Bello Velo, y comienza el oficio
exclamando:
Sacerdote: Bendito sea nuestro Dios, eternamente, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Sacerdote: Gloria a Ti, Dios Nuestro, Santísima Trinidad
Gloria a Ti.
Rey Celestial, Consolador, Espíritu de Verdad, Tú que
estás en todo lugar llenándolo todo, tesoro de bienes y
dador de vida, ven a habitar en nosotros, purifícanos de
toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras
almas.
Lector: Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten
piedad de nosotros. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros Señor,
purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona
nuestras transgresiones. Santo, visita y cura nuestras
enfermedades, por la gracia de tu nombre.
Señor, ten piedad. (tres veces)
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Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
Nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad
así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro
sustancial de cada día dánoslo hoy. Perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a
nuestros deudores. No nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, y el poder, y la
gloria: del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Señor, ten piedad. (doce veces)
Vengan adoremos y postrémonos ante nuestro Rey y Dios.
(Postración profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante Cristo, nuestro Rey
y Dios. (Postración profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante el mismo Cristo,
nuestro Rey y nuestro Dios. (Postración profunda)
3
EL OFICIO REAL (antiguamente dedicado al
Emperador)
Luego se leen los Salmos siguientes, y mientras tanto, el sacerdote inciensa el
altar, todo el santuario, y saliendo por la puerta norte, el trono, el iconostasio
y toda la iglesia y el pueblo.
Salmo 19
¡Oh Señor, salva al rey, atiéndenos, pues hoy a ti
clamamos! Que el Señor te responda en el día aciago y te
proteja el Nombre del Dios de Jacob. Que del Santuario te
envíe socorro y desde Sión te venga su auxilio. Que se
acuerde de todas tus ofrendas y reciba con agrado tu
holocausto. Que te conceda según tus deseos y lleve a
buen fin todos tus proyectos.
Que podamos celebrar tu victoria y enarbolar el nombre
de nuestro Dios. ¡Que el Señor atienda todas tus
peticiones! Ahora sé que el Señor salva a su ungido; le
respondió desde su santo cielo y le dio la victoria: su
diestra hace proezas. Unos en carros, otros a caballo,
pero nosotros sólo recurrimos al nombre del Señor,
nuestro Dios. Ellos tropiezan y caen, mientras nosotros
nos levantamos y nos recuperamos.
Salmo 20
«Te pidió vida y se la diste, vivir por años y años sin fin.»
Señor, tu fuerza regocija al rey: ¡cómo se alegra si tú lo
haces triunfar! Le has cumplido sus más caros deseos, no
le has negado lo que te pedía. Tú le presentas buenas
bendiciones, con oro fino coronas su cabeza. La vida que
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te pidió, tú se la diste: largos días, muchos y muchos años.
Debido a tu favor, será muy famoso, derramas sobre él
honor y majestad. Has puesto sobre él bendiciones
eternas, tú lo haces feliz con tu presencia. El rey confía en
el Señor, el favor del Altísimo lo hace inquebrantable. Tu
mano encontrará a tus adversarios, tu diestra encontrará
a los que te odian; los dejarás, en cuanto te presentes,
como si estuvieran en un horno. El Señor, en su ira, se los
engullirá y un fuego los devorará. Arrancarás de la tierra
sus frutos y su semilla de entre los hombres. Si contra ti
traman algún mal, o meditan un plan, no se la podrán.
Pues tú harás que te den vuelta la espalda y contra ellos
dispararás tus flechas. ¡Señor, levántate, muestra tu poder
y cantaremos con salmos tus proezas! ¡Oh Señor, salva al
rey, atiéndenos, pues hoy a ti clamamos!.
Lector: Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten
piedad de nosotros. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros Señor,
purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona
nuestras transgresiones. Santo, visita y cura nuestras
enfermedades, por la gracia de tu nombre.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
Nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad
así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro
sustancial de cada día dánoslo hoy. Perdónanos
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nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a
nuestros deudores. No nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, y el poder, y la
gloria: del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Y lee los siguientes tropários:
Lector: Salva Señor a tu pueblo y bendice tu heredad;
concede la victoria a los cristianos ortodoxos sobre sus
adversarios, y preserva a los que te pertenecen, por el
poder de tu Cruz.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Tú que, voluntariamente ascendiste a la Cruz, concede tus
compasiones, Cristo Dios, al pueblo nuevo que lleva tu
nombre. Alegra con tu poder a los cristianos ortodoxos,
concediéndoles victorias sobre sus adversarios.
Teniendo tu alianza en el combate, tu arma de paz,
trofeo invencible.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Buena y alabadísima Madre de Dios, nuestra temible e
infalible protección, no desprecies nuestras súplicas,
confirma el vivir de los ortodoxos, salva a tu pueblo y
concédele la victoria que proviene de lo alto, Tú que
diste a luz a Dios, la única bendita.
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Sacerdote: Ten piedad de nosotros, oh, Dios, por tu gran
misericordia, te suplicamos, escúchanos y ten piedad.
Lector: Señor, ten piedad. (tres veces)
Sacerdote: Te suplicamos por los piadosos Cristianos
Ortodoxos.
Lector: Señor, ten piedad. (tres veces)
Sacerdote: Suplicamos por nuestro Arzobispo N. y por
toda nuestra hermandad en Cristo.
Lector: Señor, ten piedad. (tres veces)
Sacerdote (Exclamación): Porque eres Dios
misericordioso y amas a la humanidad, y a Ti elevamos
glorias, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén. En el nombre del Señor, bendice, Padre.
Sacerdote (Exclamación): Gloria a la santa,
consubstancial, vivificadora e indivisible Trinidad,
eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los
siglos.
Coro: Amen.
Ahora se comienza a leer los Seis Salmos y todos escuchamos de pie, en
silencio y con reverencia.
Si se celebran los maitines como parte de la Vigilia Nocturna, inmediatamente
después de la bendición menor de Vísperas, el lector comienza a leer Gloria a
Dios en las alturas... Señor, abre mis labios... y los Seis Salmos.
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El principal en la asamblea, o el Lector: Gloria a Dios en
las alturas y en la tierra paz, a los hombres Su buena
voluntad (tres veces).
Señor, abrirás mis labios y mi boca proclamará tu
alabanza (dos veces).
Salmo 3
Señor, ¿por qué se han multiplicado los que me atribulan?
Muchos se levantan contra mí. Muchos dicen a mi alma:
no hay salvación para él en su Dios. Mas Tú, Señor, eres
mi protector, mi gloria y el que levanta mi cabeza. Con mi
voz llamé al Señor y me oyó desde su monte santo. Yo
dormí y tuve profundo sueño y me levanté, porque el Señor
me protegerá. No temeré a los diez millares de gentes que
me rodean y atacan. Resucita, Señor, sálvame, Dios mío.
Por cuanto Tú has vencido a todos, quienes sin causa se
enemistaron contra mí: has quebrantado los dientes de los
pecadores. La salvación es del Señor y sobre tu pueblo tu
bendición. Yo dormí y tuve profundo sueño y me levanté
porqué el Señor me protegerá.
Salmo 37
Señor, no me reprendas con tu furor ni me castigues con tu
ira. Porque tus saetas se me han clavado y has asentado
sobre mí tu mano. No hay curación para mi carne a causa
de tu ira: no hay paz en mis huesos a causa de mis
pecados. Porque mis iniquidades sobrepasaron mi cabeza
y como carga pesada se agravaron sobre mí. Hedían
pudriéndose mis llagas a causa de mi necedad. He sido
hecho miserable y encorvado estoy hasta lo sumo: todo el
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día caminaba contristado. Porque cargados están de
escarnio mis lomos y no hay curación para mi carne.
Enfurecido estaba y me humillé en gran manera: rugía a
causa del lamento de mi corazón. Señor, delante de Ti está
todo mi deseo y mi gemido no te es desconocido. Mi
corazón está conturbado, me ha abandonado mi fuerza y
aún la luz de mis ojos no está ya conmigo. Mis amigos y
mis más allegados se acercaron y volvieron contra mí. Y
los que junto a mí estaban se alejaron y me fastidiaron los
que buscaban mi alma. Y los que buscaban mi mal
hablaron vanidades y todo el día urgían engaños. Mas yo
como un sordo no oía y fui como un mudo que no abre su
boca. Y me hice como hombre que no oye y que no tiene en
su boca réplica. Porque en Ti, Señor, esperé: Tú me
escucharás, Señor Dios mío.
Pues dije: no sea que alguna vez se rían de mí mis
enemigos y mientras mis pies vacilaban, hablaron con
soberbia contra mí. Porque preparado estoy para las
heridas y mi dolor está siempre delante de mí. Pues yo
publicaré mi trasgresión y me preocuparé por mi pecado.
Mas mis enemigos viven y se han hecho más fuertes que yo
y se han multiplicado los que me aborrecen sin verdad.
Los que devuelven mal por bien, murmuraban sobre mí
porque yo seguía lo bueno.
No me desampares, Señor Dios mío: no te apañes de mí.
Acude prontamente a socorrerme, Señor Dios de mi
salvación (dos veces).
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Salmo 62
Dios, Dios mío, desde que amanece en vela estoy elevando
mis plegarias. Mi alma tuvo sed de Ti y aún más mi carne
con ímpetu anhela por Ti. En tierra yerma, intransitable y
sin agua: allí también me presenté como en tu santuario
para ver tu fuerza y tu gloria. Porque tu misericordia es
mejor que la vida: mis labios te alabarán. Y así bendeciré
durante mi vida y en tu nombre alzaré mis manos. Como
de grosura y de gordura sea saciada mi alma y con labios
de regocijo te alabará mi boca. Si me he acordado de Ti
sobre mi lecho, en las madrugadas medité en Ti: porque
fuiste mi ayudador. Y al amparo de tus alas me regocijaré.
Mi alma se apegó a Ti, tu diestra me ha amparado. Mas
ellos que en vano buscaron mi alma, entrarán en lo más
bajo de la tierra: serán entregados en manos de espada,
ración serán de los zorros. Mas el Rey se alegrará en
Dios, aprobados serán todos los que juran por Él: pues fue
tapada la boca de los que hablan cosas inicuas.
En la madrugada meditaré en Ti: porque fuiste mi
ayudador. Y al amparo de tus alas me regocijaré. Mi alma
se apegó a Ti: tu diestra me ha amparado.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya, aleluya, aleluya, gloria a Ti, Señor (tres veces, sin
metanías).
Señor, ten piedad. (Tres veces)
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmo 87
Señor Dios de mi salvación, de día y de noche clamé
delante de Ti. Que llegue a Ti mi oración: inclina tu oído a
mi plegaria: porque se colmó mi alma de maldades y mi
vida se ha acercado al infierno. He sido contado con los
que descienden al hoyo: he sido como hombre sin socorro,
abandonado entre los muertos, así como los heridos que
duermen en los sepulcros, de quienes no te acuerdas ya
más y ellos son desechados de tu mano. Me has puesto en
una fosa profunda: en lugares tenebrosos y en sombra de
muerte. Sobre mi se ha confirmado tu furor y todas las
olas has echado sobre mí. Has alejado de mí a mis
conocidos: me han tenido como abominación para ellos.
Entregado fui y no me libraré: mis ojos han desfallecido
de miseria. A Ti, Señor, he clamado todo el día: he
extendido hacia Ti mis manos. ¿Acaso harás maravillas
por los muertos o los médicos los resucitarán y Te
alabarán? ¿Acaso contará alguno en el sepulcro tu
misericordia y tu verdad en el Abadán? ¿Acaso serán
conocidos en las tinieblas tus milagros y tu verdad en la
tierra del olvido? Más yo a Ti he clamado y mi oración
madrugará ante Ti. ¿Por qué, Señor, desechas mi alma y
apartas de mí tu rostro? Pobre soy yo y en sufrimientos
estuve desde mi juventud. Me elevé, me humillé y
desfallecí. Sobre mí han pasado tus iras y tus
intimidaciones me han conturbado. Me han cercado como
agua, aunados me han dominado todo el día. Has alejado
de mí al amigo y al cercano y a mis conocidos por causa
de las pasiones.
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Señor Dios de mi salvación, de día y de noche clamé
delante de Ti. Que llegue a Ti mi oración: inclina tú oído a
mi plegaria.
Salmo 102
Bendice, alma mía, al Señor y todas las cosas que hay
dentro de mí, a su Santo Nombre. Bendice, alma mía, al
Señor y no Te olvides de todos sus galardones. Él redime
tu vida de la corrupción, Él te corona de misericordias y
de generosidades. Él colma de bienes tu deseo: se
renovará como la del águila tu juventud. El Señor hace
misericordias y justicia a todos los que sufren agravios.
Hizo conocer sus caminos a Moisés y sus deseos a los
hijos de Israel. Generoso y misericordioso es el Señor:
pacientísimo y muy misericordioso. No estará enojado
para siempre ni se enemistará eternamente. No nos ha
tratado según nuestras iniquidades ni nos ha retribuido
según nuestros pecados. Porque cuan alto está el cielo
sobre la tierra, tanto ha confirmado el Señor su
misericordia sobre los que le temen. Cuanto dista el
oriente de occidente, tanto ha alejado de nosotros nuestras
iniquidades. Así como un padre se compadece de los hijos,
así el Señor se apiada de los que le temen, Porqué Él
conoce de qué estamos plasmados, recuerda que somos
polvo. Los días del hombre son como la hierba y él como
la flor del campo que desflorecerá, pasará por él un soplo
y ya no estará y hasta su propio lugar no le reconocerá.
Mas la misericordia del Señor está desde los siglos por los
siglos, sobre los que le temen. Y su verdad sobre los hijos
de los hijos, de aquellos que guardan su alianza y se
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acuerdan de sus mandamientos para cumplirlos. El Señor
ha confirmado en el cielo su trono y su reino domina sobre
todos. Bendecid al Señor todos sus ángeles, poderosos en
fortaleza, ejecutores de su orden en cuanto oyen la voz de
sus palabras. Bendecid al Señor todas sus fuerzas, siervos
suyos, ejecutores de su voluntad. Bendecid al Señor todas
sus obras.
En todo lugar de su señorío, bendice, alma mía, al Señor
(dos veces).
Salmo 142
Señor, escucha mi oración; esclarece mi ruego en tu
verdad: óyeme en tu verdad y no entres en juicio con tu
siervo, porque ningún viviente será justificado ante Ti.
Porque ha perseguido el enemigo a mi alma, ha echado mi
vida por tierra. Me ha colocado en lugares obscuros,
como a los muertos del siglo. En mi se ha angustiado mi
espíritu y dentro de mí se ha turbado mi corazón. Me he
acordado de los días antiguos, he meditado sobre todas
tus obras, sobre los hechos de tus manos reflexionaba. He
tendido mis manos a Ti: mi alma a Ti como tierra sin
agua. Óyeme prontamente Señor, mi espíritu ha
desfallecido. No apartes de mí tu rostro para que no sea
semejante a los que descienden a la fosa. Hazme oír al
alba tu misericordia porque en Ti he puesto mi esperanza.
Dime por cual camino iré porque con ímpetu he adherido
mi alma a Ti. Sácame de entre mis enemigos, Señor,
porque a Ti he acudido. Enséñame a hacer tu voluntad,
porque Tú eres mi Dios, tu Espíritu bueno me guiará a
tierra de rectitud. Por tu nombre, Señor, me vivificarás
según tu verdad, sacarás de la tribulación mi alma. Y por
tu misericordia destruirás a mis enemigos y vencerás a
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todos los que atribulan a mi alma, porque yo, siervo Tuyo
soy.
Óyeme, señor, en tu verdad y no entres en juicio con tu
siervo (dos veces).
Tu espíritu bueno me guiará a tierra de rectitud.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya. Aleluya. Aleluya. Gloria a ti, oh Dios. (tres veces).
Señor, esperanza nuestra, gloria a Ti.
SÚPLICA DE PAZ
El Diácono, saliendo a la Solea, exclama:
Diácono: En paz, roguemos al Señor.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz de lo Alto y por la salvación de
nuestras almas, roguemos al Señor.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz del mundo entero, la estabilidad de
las Santas Iglesias de Dios, y la unión de todos,
roguemos al Señor.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta santa casa y por todos los que en ella
entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al
Señor.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Por los cristianos piadosos y ortodoxos,
roguemos al Señor.
Lector: Señor, ten piedad.
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Diácono: Por nuestro arzobispo N., por el honorable
presbiterado y el diaconado en Cristo; por todo el clero
y el pueblo, roguemos al Señor.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Por nuestra piadosa nación, por toda autoridad
y poder, por el ejército que ama a Cristo, roguemos al
Señor.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta ciudad (o por este monasterio), por
toda ciudad y país, y por los fieles que en ellos habitan,
roguemos al Señor.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Por un clima benéfico, por la abundancia de los
frutos de la tierra, y por tiempos pacíficos, roguemos al
Señor.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Por quienes viajan por tierra, mar o aire, por
los enfermos, los afligidos y los cautivos, y por su
salvación, roguemos al Señor.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Para que seamos liberados de toda tribulación,
ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y
protégenos, Dios, por tu gracia.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
santísima, Purísima, benditísima y gloriosa Madre de
Dios y siempre Virgen María, junto con todos los
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santos, encomendemos: cada uno a sí mismo, y unos a
otros, y nuestra vida entera, a Cristo nuestro Dios.
Lector: A ti, Señor.
Sacerdote (Exclamación): Porque a ti se debe toda gloria,
honor y adoración: al Padre y al Hijo y al Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Los Coros cantan Aleluya cuatro veces
Lector: Desde la noche mi espíritu vela ante Ti, oh Dios,
porque tus preceptos son luz sobre la tierra.
Coro derecho: Aleluya, aleluya, aleluya. (cantado lenta y
solemnemente)
Lector: Aprended la justicia, los que habitáis sobre la
tierra. (salmodiado)
Coro izquierdo: Aleluya, aleluya, aleluya.
Lector: Tu cólera caerá sobre el pueblo indócil, y el fuego
devorará ahora a los enemigos.
Coro derecho: Aleluya, aleluya, aleluya.
Lector: Arroja sobre ellos males, Señor, arroja males
sobre los gloriosos de la tierra.
Coro izquierdo: Aleluya, aleluya, aleluya.
Se canta tres veces por ambos Coros el ‘Himno del Novio’, intercalando el
‘Gloria’ y ‘Ahora’, y cada vez con una terminación diferente:
Cuando los gloriosos Discípulos, en el lavatorio de la
Cena, estaban siendo iluminados; entonces Judas el
impío, enfermo de avaricia, se entenebrecía. Y a jueces
sin Ley, a Ti el justo Juez, te entregaba. Vea bien,
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amante de dinero, a quien por esto acabó endeudado
con la horca. Huye, alma mía insaciable, de atrever
algo semejante contra el Maestro. Él, quien es bueno
para con todos, Señor, gloria a Ti.
‘Gloria…’
Segunda vez.
‘Ahora…’
Tercera vez.
PRIMER EVANGELIO
Los Evangelios son leídos por el sacerdote desde la Puerta Real, y solamente
el doceavo Evangelio es leído por el Diácono desde el ambón.
Sacerdote: Y para que nos conceda dignos de escuchar el
santo Evangelio, roguemos al Señor nuestro Dios.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Sacerdote: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
Sacerdote: Paz a todos. (Bendice al pueblo)
Coro: Y a tu espíritu.
Sacerdote: Proclamación del Santo Evangelio de san
Juan. ¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
(Juan 13, 31 – 18,1)
Cuando Judas salió, Jesús dijo: «Ahora es glorificado el
Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él. Por lo tanto,
Dios lo va a introducir en su propia Gloria, y lo glorificará
muy pronto. Hijos míos, yo estaré con ustedes por muy
poco tiempo. Me buscarán, y como ya dije a los ju díos,
ahora se lo digo a ustedes: donde yo voy, ustedes no
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pueden venir. Les doy un mandamiento nue vo: que se
amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a
otros como yo los he amado. En esto reconocerán todos
que son mis discípulos: en que se aman unos a otros.»
Simón Pedro le preguntó: «Señor, ¿adónde vas?» Jesús le
respondió: «Adonde yo voy no puedes seguirme ahora,
pero me seguirás más tarde.» Pedro le dijo: «Señor, ¿por
qué no puedo seguirte ahora? Estoy dispuesto a dar mi
vida por ti.» Jesús le respondió: «¿Dar tú la vida por mí?
En verdad te digo que antes de que cante el gallo me ha
brás negado tres veces.» «No se turben; crean en Dios y
crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas
habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a
prepararles un lugar. Y después de ir y prepararles un
lugar, volveré para tomarlos conmigo, para que donde yo
esté, estén también ustedes. Para ir a donde yo voy,
ustedes ya conocen el camino.»
Entonces Tomás le dijo: «Señor, nosotros no sabemos
adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?» Jesús
contestó: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va
al Padre sino por mí. Si me conocen a mí, también
conocerán al Padre. Pero ya lo conocen y lo han visto.»
Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre, y eso nos
basta.» Jesús le respondió: «Hace tanto tiempo que estoy
con ustedes, ¿y todavía no me conoces, Felipe? El que me
ve a mí ve al Padre. ¿Cómo es que dices: Muéstranos al
Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre
está en mí? Cuando les enseño, esto no viene de mí, sino
que el Padre, que permanece en mí, hace sus propias
obras.
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Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanme en
esto; o si no, créanlo por las obras mismas. En verdad les
digo: El que crea en mí hará las mismas obras que yo hago
y, como ahora voy al Pad re, las hará aún mayores. Todo
lo que pidan en mi Nombre lo haré, de manera que el
Padre sea glorificado en su Hijo. Y también haré lo que me
pidan invocando mi Nombre.
Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos, y yo
rogaré al Padre y les dará otro Protector que permanecerá
siempre con ustedes, el Espíritu de Verdad, a quien el
mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Pero
ustedes lo conocen, porque está con ustedes y permanecerá
en ustedes. No los dejaré huérfanos, sino que volveré a
ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero
ustedes me verán, porque yo vivo y ustedes también
vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre
y ustedes están en mí y yo en ustedes. El que guarda mis
mandamientos después de recibirlos, ése es el que me ama.
El que me ama a mí será amado por mi Padre, y yo
también lo amaré y me manifestaré a él.» Judas, no el
Iscariote, le preguntó: «Señor, ¿por qué hablas de
mostrarte a nosotros y no al mun do?» Jesús le respondió:
«Si al guien me ama, guardará mis palabras, y mi Padre lo
amará. En ton ces vendremos a él para poner nuestra
morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras;
pero el mensaje que escuchan no es mío, sino del Padre
que me ha enviado. Les he dicho todo esto mientras estaba
con ustedes. En adelante el Espíritu Santo, el Intérprete
que el Padre les va a enviar en mi Nombre, les enseñará
todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho.
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Les dejo la paz, les doy mi paz. La paz que yo les doy no es
como la que da el mundo. Que no haya en ustedes angustia
ni miedo. Sa ben que les dije: Me voy, pero volveré a
ustedes. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al
Padre, pues el Padre es más grande que yo.
Les he dicho estas cosas aho ra, antes de que sucedan,
para que cuando sucedan ustedes crean. Ya no hablaré
mucho más con us tedes, pues se está acercando el príncipe
de este mundo. En mí no encontrará nada suyo, pero con
esto sabrá el mundo que yo amo al Padre y que hago lo
que el Padre me ha encomendado hacer. Ahora levántense
y vayámonos de aquí. «Yo soy la vid verdadera y mi Padre
es el labrador. Toda rama que no da fruto en mí la corta.
Y todo sarmiento que da fru to lo limpia para que dé más
fruto. Ustedes ya están limpios gracias a la palabra que les
he anunciado, pero permanezcan en mí como yo
permanezco en ustedes. Un sarmiento no puede producir
fruto por sí mismo si no permanece unido a la vid; tampoco
ustedes pueden producir fruto si no permanecen en mí. Yo
soy la vid y ustedes los sarmientos. El que permanece en mí
y yo en él, ése da mucho fruto, pero sin mí no pueden hacer
nada. Al que no permanece en mí lo tiran y se seca; como
a los sarmientos, que los amontonan, se echan al fuego y se
queman. Mientras ustedes permanezcan en mí y mis
palabras permanezcan en ustedes, pidan lo que quieran y
lo conseguirán. Mi Padre es glorificado cuando ustedes
producen abundantes frutos: entonces pasan a ser
discípulos míos. Como el Padre me amó, así también los
he amado yo: permanezcan en mi amor. Si cumplen mis
mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he
cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en
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su amor. Les he dicho todas estas cosas para que mi
alegría esté en ustedes y su alegría sea completa.
Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como
yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida
por sus amigos, y son ustedes mis amigos si cumplen lo que
les mando. Ya no les llamo servidores, porque un servidor
no sabe lo que hace su pa trón. Los llamo amigos, porque
les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre.
Ustedes no me eligieron a mí; he sido yo quien los eligió a
ustedes y los preparé para que vayan y den fruto, y ese
fruto permanezca. Así es como el Padre les concederá todo
lo que le pidan en mi Nombre. Amense los unos a los otros:
esto es lo que les mando. Si el mundo los odia, sepan que
antes me odió a mí. No sería lo mismo si ustedes fueran
del mundo, pues el mundo ama lo que es suyo. Pero ustedes
no son del mundo, sino que yo los elegí de en medio del
mundo, y por eso el mundo los odia. Acuérdense de lo que
les dije: el servidor no es más que su patrón. Si a mí me
han perseguido, también los perseguirán a ustedes. ¿Acaso
acogieron mi enseñanza? ¿Cómo, pues, acoge rían la de
ustedes? Les harán todo esto por causa de mi nombre,
porque no conocen al que me envió. Si yo no hubiera
venido ni les hubiera hablado, no tendrían pecado. Pero
ahora su pe cado no tiene disculpa. El que me odia a mí,
odia también a mi Padre. Si yo no hubiera hecho en medio
de ellos obras que nadie hizo jamás, no serían culpables de
pecado; pero las han visto y me han odiado a mí y a mi
Padre. Así se cumple la palabra que se puede leer en su
Ley: Me odiaron sin causa alguna. Cuando venga el
Protector que les enviaré desde el Padre, por ser él el
Espíritu de verdad que procede del Padre, dará testimonio
21
de mí. Y ustedes también darán testimonio de mí, pues han
estado conmigo desde el principio. Les hablo de todo esto
para que no se vayan a tam balear. Serán expulsados de
las comunidades judías; más aún, se acerca el tiempo en
que cualquiera que los mate pensará que está sirviendo a
Dios. Y actuarán así porque no conocen ni al Padre ni a
mí. Se lo advierto de antemano para que, cuando llegue la
hora, recuerden que se lo había dicho.
No les hablé de esto al principio porque estaba con
ustedes. Pero ahora me voy donde Aquel que me envió, y
ninguno de ustedes me pregunta adónde voy. Se han
llenado de tristeza al oír lo que les dije, pero es verdad lo
que les digo: les conviene que yo me vaya, porque mientras
yo no me vaya el Protector no vendrá a ustedes. Yo me voy,
y es para enviárselo.
Cuando venga él, rebatirá al mundo en lo que toca al
pecado, al camino de justicia y al juicio. ¿Qué pecado?
Que no creyeron en mí. ¿Qué camino de justicia? Mi
partida hacia el Padre, ustedes ya no me verán. ¿Qué
juicio? El del príncipe de este mundo: ya ha sido
condenado.
Aún tengo muchas cosas que decirles, pero es demasiado
para ustedes por ahora. Y cuando venga él, el Espíritu de
la Verdad, los guiará en todos los caminos de la verdad.
El no viene con un mensaje propio, sino que les dirá lo que
escuchó y les anunciará lo que ha de venir. El tomará de
lo mío para revelárselo a ustedes, y yo seré glorificado por
él. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso les he dicho
que tomará de lo mío para revelárselo a ustedes.»
«Dentro de poco ya no me verán, pero después de otro
poco me volverán a ver.»
22
Algunos discípulos se preguntaban: «¿Qué querrá decir
con eso: “Dentro de poco ya no me verán y después de
otro poco me volverán a ver”? ¿Y qué significa: “Me voy
al Padre”?» Y se preguntaban: «¿A qué se refiere ese
“dentro de poco”? No entendemos lo que quiere decir.»
Jesús se dio cuenta de que querían preguntarle y les dijo:
«Ustedes andan discutiendo sobre lo que les dije: “Dentro
de poco tiempo no me verán y después de otro poco me
volverán a ver”. En verdad les digo que llorarán y se
lamentarán, mientras que el mundo se alegrará. Ustedes
estarán apenados, pero su tristeza se convertirá en gozo.
La mujer se siente afligida cuando está para dar a luz,
porque le llega la hora del dolor. Pero después que ha
nacido la criatura se olvida de las angustias por su alegría
tan grande; piensen: ¡un ser humano ha venido al mundo!
Así también ustedes ahora sienten tristeza, pero yo los
volveré a ver y su corazón se llenará de alegría, y nadie les
podrá arrebatar ese gozo. Cuando llegue ese día ya no
tendrán que preguntarme nada.
En verdad les digo que todo lo que pidan al Padre en mi
Nombre se lo concederá. Hasta ahora no han pedido nada
en mi Nombre. Pidan y recibirán, así conocerán el gozo
completo.
Hasta ahora los he instruido por medio de comparaciones.
Pero está llegando la hora en que ya no los instruiré con
comparaciones, sino que les hablaré claramente del Padre.
Ese día ustedes pedirán en mi Nombre, y no será necesario
que yo los recomiende ante el Padre, pues el Padre mismo
los ama, porque ustedes me aman a mí y creen que salí de
Dios. Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo
y vuelvo al Padre.»
23
Los discípulos le dijeron: «Aho ra sí que hablas con
claridad, sin usar parábolas. Ahora vemos que lo sabes
todo y no hay por qué hacerte preguntas. Ahora creemos
que saliste de Dios.» Jesús les res pondió: «¿Ustedes dicen
que creen? Está llegando la hora, y ya ha llegado, en que
se dispersarán cada uno por su lado y me dejarán solo.
Aunque no estoy solo, pues el Padre está conmigo.
Les he hablado de estas cosas para que tengan paz en mí.
Ustedes encontrarán la persecución en el mundo. Pero,
ánimo, yo he vencido al mundo.» Dicho esto, Jesús elevó
los ojos al cielo y exclamó: «Padre, ha llegado la hora;
¡glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te dé gloria a ti!
Tú le diste poder sobre todos los mortales y quieres que
comunique la vida eterna a todos aquellos que le
encomendaste. Y ésta es la vida eterna: conocerte a ti,
único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesús, el
Cristo. Yo te he glorificado en la tierra y he terminado la
obra que me habías encomendado. Ahora, Padre, dame
junto a ti la misma Gloria que tenía a tu lado antes que
comenzara el mundo.
He manifestado tu Nombre a los hombres: hablo de los que
me diste, tomándolos del mundo. Eran tuyos, y tú me los
diste y han guardado tu Palabra. Ahora reconocen que
todo aquello que me has dado viene de ti. El mensaje que
recibí se lo he entregado y ellos lo han recibido, y
reconocen de verdad que yo he salido de ti y creen que tú
me has enviado.
Yo ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los
que son tuyos y que tú me diste —pues todo lo mío es tuyo
y todo lo tuyo es mío—; yo ya he sido glorificado a través
de ellos.
24
Yo ya no estoy más en el mun do, pero ellos se quedan en el
mun do, mientras yo vuelvo a ti. Padre Santo, guárdalos en
ese Nombre tuyo que a mí me diste, para que sean uno
como nosotros.
Cuando estaba con ellos, yo los cuidaba en tu Nombre,
pues tú me los habías encomendado, y ninguno de ellos se
perdió, excepto el que llevaba en sí la perdición, pues en
esto había de cumplirse la Escritura. Pero ahora que voy
a ti, y estando todavía en el mundo digo estas cosas para
que tengan en ellos la plenitud de mi alegría.
Yo les he dado tu mensaje y el mundo los ha odiado porque
no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te
pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del
Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy
del mundo.
Conságralos mediante la verdad: tu palabra es verdad.
Así como tú me has enviado al mundo, así yo también los
envío al mundo; por ellos ofrezco el sacrificio, para que
también ellos sean consagrados en la verdad.
No ruego sólo por éstos, sino también por todos aquellos
que creerán en mí por su palabra. Que todos sean uno,
como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también
sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me
has enviado. Yo les he dado la Gloria que tú me diste, para
que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en
mí. Así alcanzarán la perfección en la unidad, y el mundo
conocerá que tú me has enviado y que yo los he amado a
ellos como tú me amas a mí.
Padre, ya que me los has dado, quiero que estén conmigo
donde yo estoy y que contemplen la Gloria que tú ya me
das, porque me amabas antes que comenzara el mundo.
25
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te
conocía, y éstos a su vez han conocido que tú me has
enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo
seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me
amas esté en ellos y también yo esté en ellos.» Cuando
terminó de hablar, Jesús pasó con sus discípulos al otro
lado del torrente Cedrón. Había allí un huerto, y Jesús
entró en él con sus discípulos.
Coro: Gloria a tu Gran Bondad, Señor, gloria a Ti.
LAS ANTÍFONAS
Las antífonas son pequeños tropários cantados entre dos coros:
1ª Antífona. Tono 8.
Los jefes del pueblo se reunieron contra el Señor y contra
su Ungido.
Han puesto contra mí una palabra impía; Señor, no me
abandones.
Ofrezcamos a Cristo nuestros sentidos puros; y como
amigos suyos sacrifiquemos por Él nuestras almas. No
nos dejemos arrastrar como Judas, por las solicitudes
mundanas; repitamos en cambio en nuestro pecho:
Padre nuestro, que estás en los cielos, líbranos del
maligno.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
26
Teotoquio
Virgen que has dado a luz virginalmente y has
permanecido Virgen, Madre que desconoces las bodas,
Deípara Maria; ruega a Cristo, nuestro Dios, que nos
salve.
2ª Antífona.
Judas corrió a decir a los escribas inicuos: ¿Cuánto me
dais si os lo entrego? En medio de los que hacían el
acuerdo estabas invisiblemente presente, Tú, el objeto
del contrato. ¡Conocedor de corazones, ten piedad de
nuestras almas!
Sirvamos a Dios con ternura como la Magdalena en el
banquete; no cedamos a la avaricia como Judas, para
poder estar siempre con Cristo Dios.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Teotoquio
No ceses nunca de rogar a Aquel a quien has dado a luz de
un modo inefable, para que él, El que es amigo de los
hombres, libre del mal a aquellos que recurren a Ti.
27
3ª Antífona.
A causa de la resurrección de Lázaro los hijos de los
hebreos te aclamaban con el "Hosanna," oh amigo de
los hombres. Pero Judas, el prevaricador, no quiso
entender.
Durante tu Cena, oh Cristo Dios, has predicho a tus
discípulos: uno de vosotros me traicionará. Pero Judas,
el prevaricador, no quiso entender.
Ante la pregunta de Juan: "Señor, ¿quién es el que te
traiciona?" Tú lo manifestaste por medio del pan. Pero
Judas, el prevaricador, no quiso entender.
Por treinta monedas de plata y por un beso traidor, Señor,
los Judíos buscaban matarte. Pero Judas, el
prevaricador, no quiso entender.
.
En el lavatorio de los pies, oh Cristo Dios, has ordenado
a tus discípulos: Haced como me habéis visto hacer.
Pero Judas, el prevaricador, no quiso entender.
Vigilad y orad para no caer en la tentación: así dijiste a
tus a Tus discípulos oh, Cristo Dios. Pero Judas, el
prevaricador, no quiso entender.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
28
Teotoquio
Libra del mal a tus siervos, Madre de Dios; a Ti, nos
dirigimos, después de Dios, como a fortaleza
indestructible y Abogada nuestra.
Catisma
En la Cena, cuando alimentabas a los discípulos y aunque
conocías el proyecto de traición has intentado con todo
disuadir a Judas a quien sabías incorregible. Querías
que fuese claro para todos que te entregabas
voluntariamente para recuperar el mundo de manos del
enemigo. ¡Oh Longánimo, gloria a Ti!
SEGUNDO EVANGELIO
Sacerdote: Y para que nos conceda dignos de escuchar el
santo Evangelio, roguemos al Señor nuestro Dios.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Sacerdote: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
Sacerdote: Paz a todos. (Bendice al pueblo)
Coro: Y a tu espíritu.
Sacerdote: Proclamación del Santo Evangelio de san
Juan. ¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
(Juan 18,1-28)
Cuando terminó de hablar, Jesús pasó con sus discípulos
al otro lado del torrente Cedrón. Había allí un huerto, y
Jesús entró en él con sus discípulos. Judas, el que lo
29
entregaba, co nocía también ese lugar, pues Je sús se
había reunido allí muchas veces con sus discípulos. Judas
hizo de guía a los soldados romanos y a los guardias
enviados por los jefes de los sacerdotes y los fariseos, que
llegaron allí con linternas, antorchas y armas. Jesús, que
sabía todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les dijo:
«¿A quién buscan?» Contestaron: «A Jesús el Nazoreo.»
Jesús dijo: «Yo soy.» Y Judas, que lo entregaba, estaba
allí con ellos.
Cuando Jesús les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron
al suelo. Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscan?»
Dijeron: «A Jesús el Nazoreo.» Jesús les respondió: «Ya
les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos
se vayan.» Así se cumplía lo que Jesús había dicho: «No
he perdido a ninguno de los que tú me diste.»
Simón Pedro tenía una espada, la sacó e hirió a Malco,
siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha.
Jesús dijo a Pedro: «Co loca la espada en su lugar.
¿Acaso no voy a beber la copa que el Padre me ha dado?»
Entonces los soldados, con el comandante y los guardias
de los judíos, prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron
primero a casa de Anás. Este Anás era suegro de Caifás,
sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había dicho
a los judíos: «Es mejor que muera un solo hombre por el
pueblo.» Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús.
Como este otro discípulo era conocido del sumo sacerdote,
pudo entrar con Jesús en el patio de la casa del sumo
sacerdote, mientras que Pedro se que dó fuera, junto a la
puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del
sumo sacerdote, y habló con la portera, que dejó entrar a
Pedro. La muchacha que hacía de portera dijo a Pedro:
30
«¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre.»
Pedro le respondió: «No lo soy». Los sirvientes y los
guardias tenían unas brasas encendidas y se calentaban,
pues hacía frío. También Pedro estaba con ellos y se
calentaba. El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus
discípulos y su enseñanza. Jesús le contestó: «Yo he
hablado abiertamente al mundo. He enseñado
constantemente en los lugares donde los judíos se reúnen,
tanto en las sinagogas como en el Templo, y no he
enseñado nada en secreto. ¿Por qué me preguntas a mí?
Interroga a los que escucharon lo que he dicho.»
Al oír esto, uno de los guardias que estaba allí le dio a
Jesús una bofetada en la cara, diciendo: «¿Así contestas
al sumo sacerdote?» Jesús le dijo: «Si he respondido mal,
demuestra dónde está el mal. Pero si he hablado
correctamente, ¿por qué me golpeas?» Al fin, Anás lo
envió atado al sumo sacerdote Caifás. Simón Pedro estaba
calentándose al fuego en el patio, y le dijeron:
«Seguramente tú también eres uno de sus discípulos.» El
lo negó diciendo: «No lo soy.» Entonces uno de los
servidores del sumo sacerdote, pariente del hombre al que
Pedro le había cortado la oreja, le dijo: «¿No te vi yo con
él en el huerto?» De nuevo Pedro lo negó y al instante
cantó un gallo. Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al
tribunal del gobernador romano. Los judíos no entraron
para no quedar impuros, pues ése era un lugar pagano, y
querían participar en la comida de la Pascua.
Coro: Gloria a tu Gran Bondad, Señor, gloria a Ti.
31
4a Antífona.
Hoy Judas abandona al Maestro y sigue al diablo;
enceguecido por la pasión de la codicia y privado de la
luz se halla envuelto en tinieblas. ¿Cómo hubiera
podido ver a aquel al que había vendido por treinta
monedas de plata y que era el Iluminador? Pero para
nosotros El difunde su luz, habiendo sufrido por el
mundo. ¡Oh Tu que has padecido y has compadecido a
los hombres, Señor, Gloria a TI!
Hoy Judas finge piedad y se sustrae a la gracia, de
discípulo que era se vuelve traidor. Bajo el beso
acostumbrado esconde el engaño. Al amor del Señor,
prefiere, insensato, el amor del dinero. Se constituye
cabeza del grupo de los condenados. Pero nosotros que
de Cristo hemos recibido la salvación, glorifiquémoslo.
Nutramos el amor fraterno, porque en Cristo somos
hermanos y no quedemos indiferentes al prójimo para
no ser condenados como el siervo al que el amor del
dinero había vuelto impasible y para que nuestro
arrepentimiento no quede como el de Judas,
infructuoso.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
32
Teotoquio
En todas partes se celebran tus glorias: has dado a luz al
Creador de todo, hecho hombre, Oh Madre de Dios
María, objeto de nuestros cantos y siempre Virgen.
5a Antífona.
El discípulo se pone de acuerdo sobre el precio del
Maestro; por treinta monedas de plata traicionó al
Señor, con un falso beso, lo entrega a los malvados
para que lo lleven a la muerte.
Hoy el Creador del cielo y de la tierra dice a sus
discípulos: La hora está cercana: Judas está a punto de
traicionarme: ninguno de ustedes reniegue de Mí
viéndome en la cruz entre dos malhechores: sufro como
hombre y salvo, como amante de la humanidad, a los
que creen en Mí.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Aquel a quien has dado a luz de manera inefable, oh Tu
que has traído al mundo a tu Creador, ruégale para que
salve nuestras almas.
6a Antífona.
Hoy Judas vela para entregar al Señor, el sempiterno
Salvador del mundo, quien con cinco panes ha nutrido
una multitud. Hoy el desgraciado rechaza al Maestro, el
33
discípulo entrega al Señor. Vende por un poco de
dinero a aquel que con el Maná ha saciado al hombre.
Hoy los judíos han clavado en la cruz al Señor, que, con la
vara había separado las aguas y los había introducido
en el desierto. Hoy han traspasado con la lanza el
costado de Aquel que por ellos había golpeado con
llagas a Egipto. Dieron de beber hiel a aquel que había
hecho llover como alimento el Maná.
Oh Señor, habiendo llegado a tu voluntaria Pasión,
exclamaste, volviéndote a tus discípulos. Si no habéis
podido velar una hora conmigo, ¿cómo me habéis
prometido morir por Mí? En cambio mirad a Judas: él
no duerme, sino que procura ponerme en manos de los
malvados. Levantaos, orad, que ninguno reniegue de mí
Mi cuando me vea en la cruz. ¡Oh Bondadoso, Gloria a
Ti!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Teotoquio
Ave, oh Madre de Dios, aquel a quien los cielos no pueden
contener ha hecho de tu seno su morada. Ave, Virgen,
anunciada por las profecías gracias a la cual el
Emmanuel ha derramado sobre nosotros su luz. Ave,
Madre de Cristo Dios.
34
Catisma:
¿Que es lo que te ha convertido, oh Judas, en el traidor
del Salvador? ¿Acaso te ha separado del coro de los
apóstoles? ¿Te ha quitado tal vez el don de las
curaciones? ¿O te ha excluido otros? ¡Que inmensos
beneficios olvidas! Ahora queda desenmascarada tu
ingrata conducta. Ahora queda patente Su ilimitada
paciencia, Su gran misericordia.
TERCER EVANGELIO
Sacerdote: Y para que nos conceda dignos de escuchar el
santo Evangelio, roguemos al Señor nuestro Dios.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Sacerdote: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
Sacerdote: Paz a todos. (Bendice al pueblo)
Coro: Y a tu espíritu.
Sacerdote: Proclamación del Santo Evangelio de san
Mateo. ¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
(Mateo 26, 57-75)
Los que tomaron preso a Jesús lo llevaron a casa del sumo
sacerdote Caifás, donde se habían reunido los maestros de
la Ley y las autoridades judías. Pedro lo iba siguiendo de
lejos, hasta llegar al palacio del sumo sacerdote. Entró en
el patio y se sentó con los policías del Templo, para ver en
qué terminaba todo.
35
Los jefes de los sacerdotes y el Consejo Supremo andaban
buscando alguna declaración falsa contra Jesús, para
poderlo condenar a muerte. Pero pasaban los falsos
testigos y no se encontraba nada. Al fin llegaron dos que
declararon: «Este hombre dijo: Yo soy capaz de destruir el
Templo de Dios y de reconstruirlo en tres días.»
Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y preguntó a
Jesús: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué es esto que
declaran en contra tuya?» Pero Jesús se quedó callado.
Entonces el sumo sacerdote le dijo: «En el nombre del
Dios vivo te ordeno que nos contestes: ¿Eres tú el Mesías,
el Hijo de Dios?» Jesús le respondió: «Así es, tal como tú
lo has dicho. Y yo les digo más: a partir de ahora ustedes
contemplarán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del
Dios Todopoderoso, y lo verán venir sobre las nubes del
cielo.» Entonces el sumo sacerdote se rasgó las ropas,
diciendo: «¡Ha blasfemado! ¿Para qué necesitamos más
testigos? Ustedes mismos aca ban de oír estas palabras
blasfemas. ¿Qué deciden ustedes?» Ellos contestaron:
«¡Merece la muerte!» Luego comenzaron a escupirle en la
cara y a darle bofetadas, mien tras otros lo golpeaban
diciéndole: «Mesías, ¡adivina quién te pegó!» Mientras
Pedro estaba sentado fuera, en el patio, se le acercó una
sirvienta de la casa y le dijo: «Tú también estabas con
Jesús de Galilea.» Pero él lo negó delante de todos,
diciendo: «No sé de qué estás hablando.»
Y como Pedro se dirigiera hacia la salida, lo vio otra
sirvienta, que dijo a los presentes: «Este hombre andaba
con Jesús de Nazaret.» Pedro lo negó por segunda vez,
jurando: «Yo no conozco a ese hombre.»
36
Un poco después se acercaron los que estaban allí y
dijeron a Pedro: «Sin duda que eres uno de los galileos: se
nota por tu modo de hablar.» Entonces Pedro empezó a
proferir maldiciones y a afirmar con juramento que no
conocía a aquel hombre. Y en aquel mismo momento cantó
un gallo. Entonces Pedro se acordó de las palabras que
Jesús le había dicho: «Antes de que cante el gallo me
negarás tres veces». Y saliendo fuera, lloró amargamente.
Coro: Gloria a tu Gran Bondad, Señor, gloria a Ti.
7a Antífona.
A los impíos que te habían apresado, les dijiste
pacientemente, Señor: aunque hayáis herido al pastor y
dispersado las doce ovejas, yo hubiera podido convocar
doce legiones de ángeles. Pero Yo sufro por cumplir los
misterios secretos y escondidos que os he manifestado
por medio de los profetas. ¡Oh Señor, Gloria a Ti!
Luego de haberte negado tres veces, Pedro comprendió
inmediatamente lo que le fue dicho y te ofreció las
lágrimas de la contrición: ¡Dios, purifícame y sálvame!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Teotoquio
Saludamos todos con nuestro "Ave" a la que es Virgen
Santa, puerta de la salvación, paraíso admirable, nube
de la eterna Luz.
37
8a Antífona.
Decid impíos ¿qué os ha enseñado vuestro Salvador? ¿No
ha confirmado acaso la ley y las enseñanzas de los
profetas? ¿Cómo habéis podido tramar el entregar a
Pilatos al Verbo, Dios de Dios y libertador de nuestras
almas?
¡Que sea crucificado! Gritaban los que antes habían
disfrutado de tus dones. Pedían que les fuese entregado
un malhechor en lugar del Benefactor, estos asesinos de
justos. Y Tú, oh Cristo has callado tolerando su
jactancia. Queréis sufrir y salvar nuestras almas. ¡Oh
amigo de los hombres!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Teotoquio
Ya que nuestros muchos numerosos pecados nos quitan la
confianza de ser oídos, ruega Tu a Aquel que ha nacido
de Ti, Virgen Madre de Dios; mucho puede la oración
Materna sobre la bondad del corazón del Maestro. No
desprecies las súplicas de los pecadores, ¡oh Purísima!;
Es misericordioso y puede salvarnos, Aquel que se ha
dignado sufrir por nosotros.
9ª Antífona.
Fijaron en treinta monedas de plata el precio de Aquel que
los hijos de Israel quisieron evaluar. Vigilad y orad
para no caer en la tentación. El espíritu ciertamente
está pronto pero la carne es débil. Por lo tanto, vigilad.
38
Me dieron como alimento mirra y en mi sed me dieron
vinagre. Tú Señor, apiádate de mí Mi, resucítame y les
daré lo que merecen.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Teotoquio
Nosotros que venimos del mundo de los gentiles, Te
cantamos, o purísima Madre de Dios, porque Has
traído al mundo a Cristo, nuestro Dios, Aquel que,
gracias a Tu intervención, libera al hombre de la
maldición.
Catisma:
¿Cómo ha podido Judas, que fuera Tu discípulo, meditar
contra Ti la traición? Luego de haber cenado
hipócritamente Contigo, se dirigió a los sacerdotes:
¿Cuánto me dan si se los vendo. A Él, al Trasgresor de
la ley, al Violador del sábado? ¡Señor grande en
bondad, gloria a Ti!
CUARTO EVANGELIO
Sacerdote: Y para que nos conceda dignos de escuchar el
santo Evangelio, roguemos al Señor nuestro Dios.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Sacerdote: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
39
Sacerdote: Paz a todos. (Bendice al pueblo)
Coro: Y a tu espíritu.
Sacerdote: Proclamación del Santo Evangelio de san
Juan. ¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
(Juan 18, 28 – 19, 16)
Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al tribunal del
gobernador romano. Los judíos no entraron para no
quedar impuros, pues ése era un lugar pagano, y querían
participar en la comida de la Pascua. Entonces Pilato salió
fuera, don de estaban ellos, y les dijo: «¿De qué acusan a
este hombre?» Le contestaron: «Si éste no fuera un
malhechor, no lo habríamos traído ante ti.» Pilato les
dijo: «Tómenlo y júzguenlo según su ley.» Los judíos
contestaron: «Nosotros no tenemos la facultad para
aplicar la pena de muerte.»
Con esto se iba a cumplir la palabra de Jesús dando a
entender qué tipo de muerte iba a sufrir.
Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le
preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Jesús le
contestó: «¿Viene de ti esta pregunta o repites lo que te
han dicho otros de mí?» Pilato respondió: «¿Acaso soy yo
judío? Tu pueblo y los jefes de los sacerdotes te han
entregado a mí; ¿qué has hecho?»
Jesús contestó: «Mi realeza no procede de este mundo. Si
fuera rey como los de este mundo, mis guardias habrían
luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero
mi reinado no es de acá.»
40
Pilato le preguntó: «Entonces, ¿tú eres rey?» Jesús
respondió: «Tú lo has dicho: yo soy Rey. Yo doy testimonio
de la verdad, y para esto he nacido y he venido al mundo.
Todo el que está del lado de la verdad escucha mi voz.» 38
Pilato dijo: «¿Y qué es la verdad?»
Dicho esto, salió de nuevo donde estaban los judíos y les
dijo: «Yo no encuentro ningún motivo para condenar a este
hombre. Pero aquí es costumbre que en la Pascua yo les
devuelva a un prisionero. ¿Quie ren ustedes que ponga en
libertad al Rey de los Judíos?» Ellos empezaron a gritar:
«¡A ése no! Suelta a Barrabás.» Barrabás era un bandido.
Entonces Pilato tomó a Jesús y ordenó que fuera azotado.
Los soldados hicieron una corona con espinas y se la
pusieron en la cabeza, le echaron sobre los hombros una
capa de color rojo púrpura y, acercándose a él, le decían:
«¡Viva el rey de los ju díos!» Y le golpeaban en la cara.
Pilato volvió a salir y les dijo: «Miren, se lo traigo de
nuevo fuera; sepan que no encuentro ningún delito en él.»
Entonces salió Jesús fuera llevando la corona de espinos y
el manto rojo. Pilato les dijo: «Aquí está el hombre.»
Al verlo, los jefes de los sacerdotes y los guardias del
Templo comenzaron a gritar: «¡Crucifícalo! ¡Cru
cifícalo!» Pilato contestó: «Tómenlo ustedes y
crucifíquenlo, pues yo no encuentro motivo para
condenarlo.» Los judíos contestaron: «Nosotros tenemos
una Ley, y según esa Ley debe morir, pues se ha
proclamado Hijo de Dios.»
Cuando Pilato escuchó esto, tuvo más miedo. Volvió a
entrar en el palacio y preguntó a Jesús: «¿De dónde eres
tú?» Pero Jesús no le contestó palabra. Entonces Pilato le
dijo: «¿No me quieres hablar a mí? ¿No sabes que tengo
41
poder tanto para dejarte libre como para crucificarte?»
Jesús respondió: «No tendrías ningún poder sobre mí si no
lo hubieras recibido de lo alto. Por esta razón, el que me
ha entregado a ti tiene mayor pecado que tú.»
Pilato todavía buscaba la manera de dejarlo en libertad.
Pero los judíos gritaban: «Si lo dejas en libertad, no eres
amigo del César: el que se proclama rey se rebela contra
el César.» Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús al
lugar llamado el Enlosado, en hebreo Gábbata, y lo hizo
sentar en la sede del tribunal.
Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el
mediodía. Pilato dijo a los judíos: «Aquí tienen a su rey.»
Ellos gritaron: «¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!» Pilato
replicó: «¿He de crucificar a su Rey?» Los jefes de los
sacerdotes contestaron: «No tenemos más rey que el
César.» Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo
crucificaran.
Coro: Gloria a tu Gran Bondad, Señor, gloria a Ti.
10a Antífona.
Aquel que se reviste de luz como un manto, comparece,
desnudo ante el tribunal, recibe sobre las mejillas los
golpes de las manos que había creado. Hombres inicuos
clavaron sobre la Cruz al Señor de la gloria. Entonces
el velo del templo se rasgó, el Sol se oscureció: no
podían ver sufrir Al ver cubierto de ignominia, a Dios
ante Él cual tiemblan todas las cosas. ¡Adorémoslo!
El discípulo Te traicionó, el Ladrón exclamó: Acuérdate
de Mí, Señor, en Tu Reino.
42
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Teotoquio
Pacifica al mundo, Señor que Te has dignado revestirte de
la carne de una Virgen, por amor de a Tus siervos; para
que unánimes Te glorifiquemos, ¡Oh, amante de la
humanidad!
11a Antífona.
A cambio de los beneficios que has dado, oh Cristo, al
pueblo hebreo, el Te ha condenado a la crucifixión, Te
ha dado de beber vinagre y hiel. Devuélveles, Señor,
según sus obras porque no han comprendido Tu
condescendencia.
No satisfechos con entregarte,¡ oh! Cristo, los hijos de los
judíos movían la cabeza profiriendo injurias y
blasfemias. Devuélveles, Señor, según sus obras porque
no han comprendido Tu economía mensaje.
Ni la tierra cuando tembló ni las piedras cuando se
partieron, convirtieron a los Judíos, ni el velo del
templo, ni la resurrección de los muertos. Devuélveles,
Señor, según sus obras porque han tramado contra Ti
vanas conjuras.
43
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Teotoquio
Hemos reconocido que Dios se ha encarnado en Ti, oh
Virgen Madre de Dios, Única Pura, Única Bendita; por
eso en todo tiempo Te magnificamos.
12a Antífona.
Esto dice el Señor a los judíos: ¿Pueblo mío, que te he
hecho? ¿En que te he contristado? He iluminado a tus
ciegos, curado los leprosos, puse nuevamente de pie al
hombre que yacía en la litera. Pueblo mío ¿que te he
hecho, y que me has dado en cambio? Por el Maná, la
hiel; por el agua, el vinagre; en lugar de amarme me
has clavado en la Cruz. Ahora no toleraré más: invitaré
a los pueblos paganos, ellos Me glorificarán con el
Padre y con el Espíritu Santo y Yo les daré la Vida
Eterna.
Hoy el velo del templo, en signo de protesta contra los
inicuos, se parte. El sol esconde sus rayos al ver
crucificado al Señor.
Doctores de la ley de Israel, Judíos y Fariseos, el coro de
los apóstoles les grita: he aquí el templo que han
destruido, he aquí el Cordero que han crucificado,
puesto en la tumba. Él ha resucitado con Su poder, no
se burlen Judíos! Él es aquel que los salvó en el mar
44
Rojo, que los alimentó en el desierto. Él es la Vida y la
Luz y la Paz del mundo.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Teotoquio
Salve, oh camino del Rey de la gloria, transitado
únicamente por el Altísimo; Puerta que Él dejó sellada
para la salvación de nuestras almas.
Catisma
Cuando compareciste ante Caifás y cuando fuiste
entregado al juez Pilatos, oh Dios, las huestes
celestiales se estremecieron de horror. Cuando fuiste
elevado en la cruz entre dos malhechores y contado
entre los criminales para salvar a la humanidad. ¡Oh
Señor, de tal manera te haz sometido, gloria a Ti!
QUINTO EVANGELIO
Sacerdote: Y para que nos conceda dignos de escuchar el
santo Evangelio, roguemos al Señor nuestro Dios.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Sacerdote: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
Sacerdote: Paz a todos. (Bendice al pueblo)
Coro: Y a tu espíritu.
Sacerdote: Proclamación del Santo Evangelio de san
Mateo. ¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
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(Mateo 27, 3-32)
Entonces Judas, el que le entregó, viendo que había sido
condenado, fue acosado por el remordimiento, y devolvió
las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los
ancianos, diciendo: «Pequé entregando sangre inocente»
Ellos dijeron: «A nosotros, ¿qué? Tú verás» Él tiró las
monedas en el Santuario; después se retiró y fue y se
ahorcó. Los sumos sacerdotes recogieron las monedas y
dijeron: «No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas,
porque son precio de sangre» Y después de deliberar,
compraron con ellas el Campo del Alfarero como lugar de
sepultura para los forasteros. Por esta razón ese campo se
llamó «Campo de Sangre», hasta hoy. Entonces se cumplió
el oráculo del profeta Jeremías: «Y tomaron las treinta
monedas de plata, cantidad en que fue apreciado aquel a
quien pusieron precio algunos hijos de Israel, y las dieron
por el Campo del Alfarero, según lo que me ordenó el
Señor». Jesús compareció ante el procurador, y el
procurador le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?»
Respondió Jesús: «Sí, tú lo dices.» Y, mientras los sumos
sacerdotes y los ancianos le acusaban, no respondió nada.
Entonces le dice Pilato: «¿No oyes de cuántas cosas te
acusan?» Pero él a nada respondió, de suerte que el
procurador estaba muy sorprendido. Cada Fiesta, el
procurador solía conceder al pueblo la libertad de un
preso, el que quisieran. Tenían a la sazón un preso famoso,
llamado Barrabás. Y cuando ellos estaban reunidos, les
dijo Pilatos: «¿A quién quieren que les suelte, a Barrabás
o a Jesús, el llamado Cristo?», pues sabía que le habían
entregado por envidia. Mientras él estaba sentado en el
tribunal, le mandó a decir su mujer: «No te metas con ese
46
justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su
causa.» Pero los sumos sacerdotes y los ancianos lograron
persuadir a la gente que pidiese la libertad de Barrabás y
la muerte de Jesús. Y cuando el procurador les dijo: «¿A
cuál de los dos quieren que les suelte?», respondieron: «¡A
Barrabás!» Pilatos les dijo: «Y ¿qué voy a hacer con Jesús,
el llamado Cristo?» Y todos a una: «¡Sea crucificado!»
«Pero ¿qué mal ha hecho?», preguntó Pilatos. Mas ellos
seguían gritando con más fuerza: «¡Sea crucificado!»
Entonces Pilatos, viendo que nada podía hacer, sino que
más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las
manos delante de la gente diciendo: «Inocente soy de la
sangre de este justo. Ustedes verán.» Y todo el pueblo
respondió: «¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros
hijos!» Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después
de azotarle, se lo entregó para que fuera crucificado.
Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a
Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la
cohorte. Le desnudaron y le echaron encima un manto de
púrpura; y, trenzando una corona de espinas, se la
pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña;
y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla
diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»; y después de
escupirle, tomaron una caña y le golpeaban en la cabeza.
Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le
pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle. Al salir,
encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le
obligaron a llevar su cruz.
Coro: Gloria a tu Gran Bondad, Señor, gloria a Ti.
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13ª Antífona.
La turba de los judíos pidió a Pilatos que Te crucificara,
Señor. No hallando en Ti culpa alguna, liberaron al
malhechor Barrabás y Te condenaron a Ti, el inocente,
cometiendo así un pecado de horrible homicidio.
Devuélveles, Señor, según sus obras porque han
tramado contra Ti vanas conjuras.
A aquel ante quien todas las criaturas temen y tiemblan:
Cristo, objeto de los cantos de todos los labios, Divino
Poder y Divina Sabiduría, los sacerdotes lo golpean en
el rostro y le ofrecen vinagre; El se digna a soportar
todo esto, queriendo rescatarnos de nuestras
iniquidades al precio de Su sangre, ¡Él, el amigo de los
hombres!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Teotoquio
Oh Madre de Dios que, con una palabra has dado a luz de
modo inefable a Tu creador, ruégale que salve nuestras
almas.
14ª Antífona.
Señor, que has acogido como compañero de camino a un
ladrón de manos ensangrentadas, cuéntanos también a
nosotros con él, porque Eres bueno y amante de la
humanidad.
El ladrón sobre la cruz emitió una débil palabra y obtuvo
una gran fe: en un instante fue salvado. Él fue el
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primero en abrir las puertas del paraíso y en entrar. Oh
Tu que has aceptado su arrepentimiento, Señor, gloria a
Ti!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Teotoquio
Salve, Tu que has recibido del ángel la alegría para el
mundo.Salve Tu que has dado a luz a tu Creador y
Señor. ¡Salve, Tu que fuiste digna de ser la Madre de
Dios!
Al final de la decimacatorce Antífona, El Diácono y el Sacerdote vestidos con
Epitraquilio y Felónio, salen con el crucificado en procesión. Comienzan
desde el Altar, salen por la puerta septentrional, precedidos con velas y las
exaptérigas, y el Diácono incensando. Bajan por el costado septentrional y
regresan por el centro del templo hasta la solea, donde debe estar ya colocada
la base de la cruz. Dan tres vueltas a la base y luego coloca al crucificado, lo
inciensa tres veces, y junto con el Diácono lo veneran. Luego entran de nuevo
al Santuario, y todo el pueblo pasa a venerarlo.
Durante toda la procesión, el Sacerdote va cantando lentamente el primer
tropario de la quinceava Antífona. Para facilitarle al sacerdote, alguien del
Coro puede acompañar la procesión, y va cantando parte por parte del
tropario, mientras el Sacerdote va repitiendo.
Al final de la procesión, el Coro vuelve a cantar el mismo tropario, junto con
el resto de la quinceava Antífona.
15ª Antífona.
Hoy pende de la cruz el que ha suspendido la tierra sobre
las aguas. (tres veces)
Está revestido con una púrpura de burlas, aquel que
reviste el cielo de nubes;
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Es abofeteado, aquel que en el Jordán liberó a Adán;
Está atravesado con clavos, el Esposo de la Iglesia;
Está traspasado por una lanza el Hijo de la Virgen.
Adoramos Tu Pasión, Cristo, (tres veces)
Muéstranos también tu gloriosa Resurrección!
No celebramos la fiesta al modo de los judíos, porque en
Nuestra Pascua, Cristo, fue inmolada o por nosotros.
Purifiquémonos mas bien de toda mancha y roguémosle
con corazón puro: Resucita Señor y sálvanos, Tu
amante de la humanidad.
Tu cruz, Señor, es vida y abogada de Tu pueblo,
esperanzados do en ella, Te cantamos, Dios Nuestro
crucificado: Ten piedad de nosotros!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Teotoquio
Viéndote suspendido de en la cruz, oh Cristo, Aquella que
Te ha traído al mundo exclamaba: ¿Qué misterio
inusitado contemplo, Hijo Mío? ¿Cómo puedes morir
sobre el madero, traspasado en la carne, oh Dador de
la vida?
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Catisma (coincide con el Apolitíquio del día)
Nos has rescatado de la maldición de la ley con tu
preciosa Sangre. Clavado en la Cruz y traspasado por
la lanza, Eres fuente de inmortalidad para los hombres.
Oh Salvador nuestro, gloria a Ti.
SEXTO EVANGELIO
Sacerdote: Y para que nos conceda dignos de escuchar el
santo Evangelio, roguemos al Señor nuestro Dios.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Sacerdote: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
Sacerdote: Paz a todos. (Bendice al pueblo)
Coro: Y a tu espíritu.
Sacerdote: Proclamación del Santo Evangelio de san
Marco. ¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
(Marcos 15, 16-32)
Los soldados le llevaron dentro del palacio, es decir, al
pretorio y llaman a toda la cohorte. Le visten de púrpura y,
trenzando una corona de espinas, se la ciñen. Y se pusieron
a saludarle: «¡Salve, Rey de los judíos!» Y le golpeaban en
la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las
rodillas, se postraban ante él. Cuando se hubieron burlado
de él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y le
sacan fuera para crucificarle. Y obligaron a uno que
pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre
51
de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz. Le conducen
al lugar del Gólgota, que quiere decir: Calvario. Le daban
vino con mirra, pero él no lo tomó. Le crucifican y se
reparten sus vestidos, echando a suertes a ver qué se
llevaba cada uno. Era la hora tercia cuando le
crucificaron. Y estaba puesta la inscripción de la causa de
su condena: «El Rey de los judíos.» Con él crucificaron a
dos salteadores, uno a su derecha y otro a su izquierda. Y
los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza
y diciendo: «¡Eh, tú!, que destruyes el Santuario y lo
levantas en tres días, ¡sálvate a ti mismo bajando de la
cruz!» Igualmente los sumos sacerdotes se burlaban entre
ellos junto con los escribas diciendo: «A otros salvó y a sí
mismo no puede salvarse. ¡El Cristo, el Rey de Israel!, que
baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.»
También le injuriaban los que con él estaban crucificados.
Coro: Gloria a tu Gran Bondad, Señor, gloria a Ti.
Luego comienzan a ser cantadas las Bienaventuranzas
BIENAVENTURANZAS
¡En Tu Reino, acuérdate, de nosotros Señor, cuando
llegues a Tu Gloria!
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es
el Reino de los Cielos.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán
consolados.
52
Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la
tierra.
1º Estiquerio: Por el árbol Adán fue exiliado del paraíso
pero por el árbol de la cruz el ladrón fue a habitar al
Paraíso. El primero, en efecto, gustando el fruto,
transgredió la orden de su Creador, mientras que el
segundo, crucificado con El, confesó al Dios escondido.
¡Acuérdate también de nosotros, oh Salvador, en Tu
reino!
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ellos serán saciados.
2º Estiquerio: Los transgresores de la ley compraron al
discípulo al Hacedor de la Ley y lo presentaron al
tribunal de Pilatos como un criminal, gritando:
¡Crucifícalo! a Aquel que los había nutrido con el maná
en el desierto; pero nosotros, imitando al buen ladrón,
gritamos con fe: Acuérdate también de nosotros cuando
estés en Tu reino!
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos
obtendrán misericordia.
3º Estiquerio
La turba de los deicidas, el pueblo impío de los judíos
gritaba a Pilatos y decía con furor: ¡Crucifica a Cristo
El inocente! Y preferían a Barrabás. Pero nosotros
53
elevamos ante Él la voz del ladrón que lo reconoció:
acuérdate también de nosotros cuando estés en Tu
reino!
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán
a Dios.
4º Estiquerio
Tu costado vivificante, como fuente bullente del Edén,
baña Tu Iglesia, ¡Oh Cristo! Como un Paraíso
espiritual, dividiéndose, como en el principio, en los
cuatro Evangelios, para regar el mundo, alegrar la
creación, enseñar a los pueblos a adorar con fe Tu
reino.
Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán
llamados hijos de Dios.
5º Estiquerio
Fuiste crucificado por mí, para darme el perdón, fuiste
traspasado en el costado para hacer surgir en mí
fuentes de vida; fuiste fijado con clavos para que yo,
creyendo en la excelsitud de Tu poder, aún en medio del
abismo de Tus padecimientos, Te grite: ¡Cristo, dador
de vida, gloria a Tu Cruz y a Tu Pasión, Oh Salvador!
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
6º Estiquerio
Oh Cristo, viéndote crucificado toda la creación se
estremecía: los fundamentos de la tierra se
conmovieron por el temor de Tu poder, las luminarias
del cielo se escondieron, el velo del templo se rasgó, los
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montes temblaron y se quebraron las piedras, mientras
el ladrón fiel Te gritaba con nosotros: ¡Acuérdate en Tu
reino!
Bienaventurados sean cuando los injurien y los persigan, y
digan toda clase de mal contra ustedes por mi causa,
mintiendo.
7º Estiquerio
Sobre la cruz, Oh Señor, has rasgado el manuscrito de
nuestra condena y, contado entre los muertos, has
encadenado al tirano que allí reinaba, salvando a todos
de las cadenas de la muerte con Tu resurrección. Que
seamos iluminados por ella ¡Oh Señor amante de la
humanidad! y Te gritamos: ¡Acuérdate también de
nosotros, Oh Salvador, en Tu reino!
Alegraos y regocijaos, porque es grande su recompensa en
los cielos.
8º Estiquerio:
Tu Señor, que fuiste levantado en la Cruz, y desataste el
poder de la muerte, y como Dios borraste nuestro
manuscrito, recibe de nosotros, amante de la
humanidad, como recibiste el arrepentimiento del
Ladrón, a los que te veneramos con fé, Cristo Dios
nuestro, y te cantamos: acuérdate de nosotros,
Salvador, en tu Reino.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
55
9º Estiquerio:
Que sea este, oh, fieles, vuestro voto: ¡Glorifiquemos
todos, concordes, de manera digna al Padre, al Hijo y
al Espíritu Santo, Deidad una que subsiste en tres
personas, permaneciendo inconfusa, simple, indivisible,
inaccesible. ¡Por Ella fuimos rescatados del fuego de la
condena!
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos amén.
Teotoquio.
Presentamos en nuestra oración, ¡Oh Cristo!, a Tu Madre,
quien habiéndote dado a luz virginalmente en la carne,
Ella, la verdaderamente Virgen, permaneció intacta
también después del parto, Soberano pleno de
misericordia, y Te pedimos que concedas siempre el
perdón de los pecados a los que Te exclamamos:
¡Acuérdate Señor, de Nosotros en Tu reino!
Lector: Proquimeno. Tono 4º. Salmo 21.
Coro derecho: Reparten entre sí mi ropa, y se echan a
suertes mi túnica.
Coro izquierdo: Reparten entre sí mi ropa, y se echan a
suertes mi túnica.
Lector: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has
abandonado?
Coro derecho: Reparten entre sí mi ropa, y se echan a
suertes mi túnica.
56
SEPTIMO EVANGELIO
Sacerdote: Y para que nos conceda dignos de escuchar el
santo Evangelio, roguemos al Señor nuestro Dios.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Sacerdote: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
Sacerdote: Paz a todos. (Bendice al pueblo)
Coro: Y a tu espíritu.
Sacerdote: Proclamación del Santo Evangelio de san
Mateo. ¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
(Mateo 27, 33-54)
Llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es,
«Calvario», le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero
él, después de probarlo, no quiso beberlo. Una vez que le
crucificaron, se repartieron sus vestidos, echando a
suertes. Y se quedaron sentados allí para custodiarle.
Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la causa de su
condena: «Este es Jesús, el Rey de los judíos.» Y al mismo
tiempo que a él crucifican a dos salteadores, uno a la
derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban por allí le
insultaban, meneando la cabeza y diciendo: «Tú que
destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a
ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!»
Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas y
los ancianos se burlaban de él diciendo: «A otros salvó y a
sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje
ahora de la cruz, y creeremos en él. Ha puesto su confianza
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en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere;
ya que dijo: “Soy Hijo de Dios.”» De la misma manera le
injuriaban también los salteadores crucificados con él.
Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra
hasta la hora nona. Y alrededor de la hora nona clamó
Jesús con fuerte voz:«¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», esto es:
«¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?» Al
oírlo algunos de los que estaban allí decían: «A Elías
llama éste.» Y enseguida uno de ellos fue corriendo a
tomar una esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola a
una caña, le ofrecía de beber. Pero los otros dijeron:
«Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle.» Pero Jesús,
dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu. En esto,
el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo;
tembló la tierra y las rocas se hendieron. Se abrieron los
sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos
resucitaron. Y, saliendo de los sepulcros después de la
resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se
aparecieron a muchos. Por su parte, el centurión y los que
con él estaban guardando a Jesús, al ver el terremoto y lo
que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:
«Verdaderamente éste era Hijo de Dios.»
Coro: Gloria a tu Gran Bondad, Señor, gloria a Ti.
El Salmo 50 es leído por el principal de la asamblea, o por el Lector.
58
Salmo 50.
Ten piedad de mí, oh Dios, según tu gran misericordia;
según la multitud de tus piedades, borra mi iniquidad.
Lávame más y más de mis transgresiones, y límpiame de
mis pecados. Pues reconozco mi maldad, y mi pecado está
siempre ante mí. Contra Ti sólo he pecado, he hecho el
mal en tu presencia, por lo tanto, eres justo en tu
sentencia, soberano en tu juicio. Considera que en maldad
fui formado, y en pecado me concebido mi madre.
Ciertamente, Tú amas la verdad; me has revelado los
misterios ocultos de tu sabiduría. Rocíame con hisopo y
seré limpio; lávame y emblanqueceré más que la nieve.
Hazme oír gozo y alegría, y se alegrarán mis huesos tan
humillados. Aparta tu rostro de mis pecados, y borra todas
mis iniquidades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y
restaura en mis entrañas un espíritu recto. No me arrojes
de tu presencia, y no retires de mí tu Espíritu Santo.
Devuélveme el gozo de tu salvación, y sostenme con
espíritu soberano. Enseñaré a los pecadores tus caminos,
y los impíos volverán hacia Ti. Líbrame de la sangre, oh
Dios, Dios de mi salvación; se alegrará mi lengua de tu
justicia. Abre Señor mis labios y mi boca proclamará tus
alabanzas. Porque si quisieras sacrificio, te lo ofrecería;
más no te complacen los holocaustos. Sacrificio a Dios es
el espíritu contrito; el corazón contrito y humillado, Tu
Dios, no lo desprecias. Señor, en tu bondad, trata
benignamente a Sión, para que puedan reedificarse los
muros de Jerusalén. Entonces aceptarás el sacrificio de
justicia, las ofrendas y los holocaustos, entonces se
ofrecerán becerros sobre tu altar.
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OCTAVO EVANGELIO
Sacerdote: Y para que nos conceda dignos de escuchar el
santo Evangelio, roguemos al Señor nuestro Dios.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Sacerdote: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
Sacerdote: Paz a todos. (Bendice al pueblo)
Coro: Y a tu espíritu.
Sacerdote: Proclamación del Santo Evangelio de san
Lucas. ¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
(Lucas 23, 3249)
Llevaban además otros dos malhechores para ejecutarlos
con él. Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron
allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la
izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónales, porque no
saben lo que hacen.» Se repartieron sus vestidos, echando
a suertes. Estaba el pueblo mirando; los magistrados
hacían muecas diciendo: «A otros salvó; que se salve a sí
mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido.» También los
soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían
vinagre y le decían: «Si tú eres el Rey de los judíos,
¡sálvate!» Había encima de él una inscripción: «Este es el
Rey de los judíos.» Uno de los malhechores colgados le
insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a
nosotros!» Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no
temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros
con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros
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hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho.» Y decía:
«Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.»
Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el
Paraíso.» Era ya cerca de la hora sexta cuando, al
eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta
la hora nona. El velo del Santuario se rasgó por medio y
Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, “en tus manos
pongo mi espíritu” y, dicho esto, expiró. Al ver el centurión
lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: «Ciertamente este
era Hijo de Dios.» Y todas las gentes que habían acudido a
aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se volvieron
golpeándose el pecho. Estaban a distancia, viendo estas
cosas, todos sus conocidos y las mujeres que le habían
seguido desde Galilea.
Coro: Gloria a tu Gran Bondad, Señor, gloria a Ti.
EL CANON
Hoy, Gran Viernes Santo se cantan tres Odas.
ODA QUINTA
Irmos:
A Ti dirijo mi oración matutina, impulsado por la
misericordia, te has anonadado sin sufrir cambio; has
venido a la pasión y has permanecido impasible. Dame
la paz a mi, caído, ¡Oh amante de la humanidad!
¡Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti!
¡Hoy, Cristo, Tus siervos, después de haber participado en
el lavatorio de los pies y en la comunión de Tus divinos
61
misterios, suben contigo al glorioso monte de los olivos,
cantándote, oh amante de la humanidad!
¡Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti!
.
Ved de no turbaros amigos, decías Tu en efecto, está
cercana la hora en la que seré prendido y muerto por
mano de los impíos. Todos os dispersaréis dejándome
solo pero yo os reuniré para que anunciéis mi amor por
la humanidad.
Irmos:
A Ti dirijo mi oración matutina, impulsado por la
misericordia, te has anonadado sin sufrir cambio; has
venido a la pasión y has permanecido impasible. Dame
la paz a mi, caído, ¡Oh amante de la humanidad!
Después de la Oda Quinta, se dice otra vez la letanía menor. A partir de
ahora, y hasta el final de la Procesión con el Epitafio, todas las peticiones,
Letanías y los comienzos de incensaciones, se hacen enfrente al Crucificado.
Diácono: Una y otra vez en paz roguemos al Señor.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros, y
protégenos oh, Dios por tu gracia.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
Santísima, Purísima, Benditísima y Gloriosa Madre
de Dios, y Siempre Virgen María, junto con todos los
Santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a
otros, y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.
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Lector: A Ti, Señor.
Sacerdote (exclamación): Porque Tú eres Rey de paz y
Salvador de nuestras almas, y a Ti elevamos gloria,
Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los
siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Luego son leídos el Contáquio, el Ikos, y el Synaxario del Gran Viernes.
CONTAQUIO
¡Venid, cantemos al que fue crucificado por nosotros!
María lo vio sobre el madero y exclamó: ¡Aún sufriendo
la crucifixión, Tu eres mi Hijo y mi Dios!
IKOS
La cordera contemplaba a su Cordero conducido al
matadero. María lo seguía, los cabellos sueltos, con
algunas otras mujeres y le decía: ¿Dónde vas, Hijo?
¿Por qué esta rápida carrera? ¿Hay acaso otras bodas
en Caaná de Galilea y Tú te apresuras hacia allí para
cambiar nuevamente el agua en vino? ¿Iré también Yo
contigo, Hijo, o más bien Te esperaré? Dime una
palabra, oh Verbo; no pases de largo callando junto a
Aquella a la que has conservado Pura: Tú eres mi Hijo
y mi Dios.
63
ODA OCTAVA
Irmos.
Los jóvenes llenos de Dios despreciaron públicamente la
estatua maléfica del enemigo de Dios, pero el impío
sinedrio, rugiendo contra Cristo maquina
imprudencias, proyecta matar a Aquel que tiene en su
mano la Vida, a Aquel a quien toda la Creación bendice
glorificándolo por los siglos.
¡Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti!
Has dicho a Tus discípulos: quitad el sueño de vuestros
párpados, vigilad y orad para no caer en la tentación,
tanto más tú Simón: la tentación es en efecto mas fuerte.
Reconóceme Pedro: a Aquel a quien toda la Creación
bendice, glorifícame por los siglos.
¡Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti!
Nunca saldrá de mis labios una palabra impía, ¡Oh Señor!
Aún si todos renegaran de Ti, yo quedaré junto a Ti con
reconocimiento porque ni la carne ni la sangre, sino Tú
Padre te ha revelado a mí. A quien bendice toda la
creación, glorificándote por los siglos.
Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
¡Oh hombre! Tú no has escrutado toda la profundidad de
la sabiduría y la ciencia divina, Tú no has comprendido
el abismo de mis juicios, decía el Señor, eres carne, no
te envanezcas, porque me negarás tres veces ¡A mí Mi a
quien bendice toda la creación glorificándome por
todos los siglos!
64
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Tu niegas, Simón Pedro, lo que pronto tendrás que admitir
que ocurrió según se te dijo: ""Una pequeña sierva se
te acercará de improviso y te hará aterrorizar, decía el
Señor; pero llorarás amargamente y me hallarás
misericordioso a Mí a quien todo bendice
glorificándome por los siglos!
Alabemos, bendigamos y veneremos al Señor.
Irmos:
Los jóvenes llenos de Dios despreciaron públicamente la
estatua maléfica del enemigo de Dios, pero el impío
sinedrio, rugiendo contra Cristo maquina
imprudencias, proyecta matar a Aquel que tiene en su
mano la Vida, a Aquel a quien toda la Creación bendice
glorificándolo por los siglos.
El Pueblo se levanta.
El Diácono, sale a la Solea y exclama ante el icono de la Madre de Dios:
Diácono: A la Madre de Dios y Madre de la Luz,
magnifiquemos con cánticos.
ODA NOVENA
Irmos.
A Ti, más venerable que los Querubines, e
incomparablemente más gloriosa que los Serafines, que
sin corrupción has dado a luz al Verbo Dios, Tu que
eres la verdadera Madre de Dios, a Ti, Te celebramos.
¡Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti!
La nefasta reunión de los enemigos de Dios, la sinagoga
de los impíos deicidas se ha levantado contra Ti, Oh
65
Cristo, y mata como a un malhechor al Creador de todo
a quien exaltamos.
¡Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti!
Ignorando la ley y meditando vanamente las palabras de
los profetas, aquellos impíos Te llevaban a una muerte
inicua. Como a una oveja, a Ti, el Señor de todo a quien
nosotros exaltamos.
¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!
Sacerdotes y escribas impulsados por el mal de una
envidia desmesurada, lo entregaron a los gentiles para
que fuese muerto. A Aquel que es la Vida y que por Su
naturaleza da la vida, Aquel a quien exaltamos.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Te circundaron como una jauría de perros, te golpearon
¡Oh Rey! Con una bofetada en la mejilla, te
interrogaron, dieron falso testimonio contra Ti, y Tú
has soportado todo, y has salvado a todos.
Irmos.
A Ti, más venerable que los Querubines, e
incomparablemente más gloriosa que los Serafines, que
sin corrupción has dado a luz al Verbo Dios, Tu que
eres la verdadera Madre de Dios, a Ti, Te
magnificamos.
Mientras que el coro canta la Oda Novena, el Diácono, entra al Santuario y
acerca el incensario al Sacerdote para que lo bendiga.
Diácono: (en voz baja) Bendice Padre el incienso.
66
Sacerdote: (en voz baja) Bendito sea nuestro Dios
eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén.
Sacerdote: (en voz baja) Incienso Te ofrecemos, Cristo
Dios nuestro, como olor de fragancia espiritual; al
recibirlo en tu Altar celestial, envíanos a cambio la
gracia de tu Santísimo Espíritu.
Cuando el Coro comienza a cantar, el Diácono comienza a incensar alrededor
del Crucificado (4 veces x 3), el icono del Trono y al Obispo, si está, y los
iconos del iconostasio. Después incesa al pueblo, comenzando por el costado
septentrional del templo, y volviendo por el meridional. Vuelve a incesar al
Crucificado, el Trono, los iconos, y entra al santuario por la puerta
meridional, para incensar el Altar, la mesa de la Prótesis, al sacerdote, y
termina.
Si no hay Diácono, el Sacerdote es quien debe hacer la incensación, vestido
con el felónio.
Cuando el Coro termine la Oda, el Diácono recita la letanía menor, cuya
exclamación sacerdotal es:
Diácono: Una y otra vez en paz roguemos al Señor.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros, y
protégenos oh, Dios por tu gracia.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
Santísima, Purísima, Benditísima y Gloriosa Madre
de Dios, y Siempre Virgen María, junto con todos los
Santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a
otros, y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.
Lector: A Ti, Señor.
Sacerdote (exclamación): Porque Te alaban todas las
potestades celestiales, y Te elevan glorias, a Ti, Padre,
67
Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos
de los siglos.
Lector: Amén.
EXAPOSTILARION
Se canta tres veces el Exapostilarion, lenta y solemnemente por los dos Coros
y comenzando por el derecho.
Al ladrón, Señor, hiciste digno el mismo día del Paraíso; a
mí también, por el madero de la Cruz, ilumíname y
sálvame. (tres veces)
NOVENO EVANGELIO
Sacerdote: Y para que nos conceda dignos de escuchar el
santo Evangelio, roguemos al Señor nuestro Dios.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Sacerdote: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
Sacerdote: Paz a todos. (Bendice al pueblo)
Coro: Y a tu espíritu.
Sacerdote: Proclamación del Santo Evangelio de san
Juan. ¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
(Juan 19, 25-37)
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de
su madre, María, mujer de Cleopás, y María Magdalena.
Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien
amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde
68
aquella hora el discípulo la acogió en su casa. Después de
esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que
se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo sed.» Había allí
una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de
hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron
a la boca. Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está
cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el espíritu. Los
judíos, como era el día de la Preparación, para que no
quedasen los cuerpos en la cruz el sábado - porque aquel
sábado era muy solemne - rogaron a Pilatos que les
quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los
soldados y quebraron las piernas del primero y del otro
crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron
ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los
soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante
salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua y su
testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que
también ustedes creans. Y todo esto sucedió para que se
cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso alguno. Y
también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
Coro: Gloria a tu Gran Bondad, Señor, gloria a Ti.
LAUDES
Luego se cantan los Laudes.
Coro derecho: Todo lo que tiene aliento alabe al Señor.
Alabad al Señor desde los cielos: alabadle en las
alturas. A Ti pertenece el himno, ¡oh Dios!
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Coro izquierdo: Alabadle todos sus ángeles; alabadle
todas sus potestades. A Ti pertenece un himno, ¡oh
Dios!
Alabadle por Sus poderíos; alabadle por la multitud de Su
grandeza.
Dos males ha hecho Israel, mi primogénito, me ha
abandonado a Mí, fuente de agua viva y se ha excavado
un pozo agrietado. Me ha crucificado sobre un leño y
ha elegido a Barrabás y lo ha liberado. El cielo quedó
estupefacto ante esto y el sol escondió sus rayos. Pero
tú, Israel, no te has conmovido y me has entregado a la
muerte. Perdónalos, Padre Santo, porque no saben lo
que han hecho.
Alabadle al son de la trompeta; alabadle con salterio y
cítara.
Cada parte de tu carne Santísima ha soportado la
ignominia por nosotros: la cabeza, las espinas; el
rostro, los salivazos; las mejillas, las bofetadas; la
boca, la hiel mezclada en el gusto con el vinagre; los
oídos, las impías blasfemias; las espaldas, los flagelos;
la mano, la caña; todo el cuerpo, el estiramiento de en
la cruz; las extremidades, los clavos; el costado, la
lanza. ¡Oh, Tu que has padecido por nosotros y que nos
has librado de las pasiones! ¡Oh Tu que te has abajado
hasta nosotros por tu amor a la humanidad y nos has
elevado! ¡Oh Salvador Todopoderoso, ten piedad de
nosotros!
70
Alabadle con címbalos sonoros; alabadle con címbalos de
júbilo. Todo lo que tiene aliento, alabe al Señor.
Cuando fuiste crucificado, Oh Cristo, toda la creación lo
vio y tembló. Los fundamentos de la tierra se
convulsionaron por el temor de tu poder. Al ser elevado
hoy, la estirpe de los Hebreos se precipitó en la ruina:
el velo del templo se rasgó en dos, se abrieron las
tumbas, los muertos resucitaron de los sepulcros, el
centurión vio el prodigio y tembló; pero tu Madre,
estando junto a la cruz, exclamaba gimiendo
maternalmente: ¿cómo podría no llorar y no golpearme
el pecho, viéndote sin vestiduras, clavado a un leño
como un condenado? Tú que has sido crucificado,
sepultado y resucitaste, ¡Gloria a Ti!
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Me han despojado de mis vestiduras y mMe han revestido
de una clámide de púrpura; han puesto sobre mMi
cabeza una corona de espinas, en mi diestra una caña
para que los quiebre como una vasija de barro.
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
He ofrecido mis espaldas a los golpes, no he quitado el
rostro a los salivazos, he comparecido ante el tribunal
de Pilatos, he soportado la cruz por la salvación del
mundo.
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DÉCIMO EVANGELIO
Sacerdote: Y para que nos conceda dignos de escuchar el
santo Evangelio, roguemos al Señor nuestro Dios.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Sacerdote: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
Sacerdote: Paz a todos. (Bendice al pueblo)
Coro: Y a tu espíritu.
Sacerdote: Proclamación del Santo Evangelio de san
Marco. ¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
(Marco 15, 43-47)
Vino José de Arimatea, miembro respetable del Consejo,
que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía
de entrar donde Pilatos y pedirle el cuerpo de Jesús. Se
extraño Pilato de que ya estuviese muerto y, llamando al
Centurión, le preguntó si había muerto hacía tiempo.
Informado por el centurión, concedió el cuerpo a José,
quien, comprando una sábana, lo descolgó de la cruz, lo
envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba
excavado en roca; luego, hizo rodar una piedra sobre la
entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de José
se fijaban dónde era puesto.
Coro: Gloria a tu Gran Bondad, Señor, gloria a Ti.
72
LA DOXOLOGIA MENOR
La Doxología Menor es leída por el Principal de la asamblea, o por el Lector
.
A Ti se debe gloria, Señor, Dios nuestro, y a Ti elevamos
glorias, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Gloria a Ti que has mostrado la luz.
Gloria en las alturas a Dios y en la tierra paz; entre los
hombres, benevolencia.
Te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias por tu gran gloria.
Señor, Rey, Dios celestial, Padre Todopoderoso; Señor
Hijo unigénito, Jesús Cristo; y el Espíritu Santo.
Señor, Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre, que quitas
el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Tú que
quitas los pecados del mundo.
Recibe nuestra oración, Tú que estás sentado a la diestra
del Padre, y ten piedad de nosotros.
Porque sólo Tú eres santo, sólo Tú eres Señor, Jesús
Cristo, en la gloria de Dios Padre. Amén.
Día a día te bendeciré, y alabaré tu Nombre para siempre,
y por los siglos de los siglos.
Señor, te has hecho nuestro refugio de generación en
generación.
Dije: Señor, ten piedad de mí, sana mi alma, porque he
pecado contra ti.
Señor, a Ti acudo; enséñame a hacer tu voluntad, porque
Tú eres mi Dios.
Porque en Ti está la fuente de la vida; en tu luz veremos la
luz.
Extiende tu misericordia a quienes te conocen.
73
Concede, Señor, guardarnos este día sin pecado.
Bendito eres Señor, Dios de nuestros padres, y alabado y
glorificado sea tu Nombre por los siglos. Amén.
Sea sobre nosotros tu misericordia, Señor, así como hemos
esperado en Ti.
Bendito seas, Señor: instrúyeme en tus mandatos.
Bendito seas. Soberano, hazme entender tus estatutos .
Bendito seas. Santo, ilumíname con tus estatutos.
Tu misericordia, Señor, es para siempre, no desprecies las
obras de tus manos.
Te pertenece la alabanza, te pertenece un himno, te
pertenece la gloria, al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Amén.
El Diácono sale a pararse enfrente al Crucificado y recita:
LA LETANÍA COMPLEMENTARIA
Diácono: Completemos nuestra súplica matutina al Señor.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y
protégenos, Dios, por tu gracia.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Que el día entero sea perfecto, santo, pacífico, y
sin pecado, pidamos al Señor.
Lector: Concédelo, Señor.
Diácono: Un ángel de paz, guía fiel, custodio de nuestras
almas y cuerpos, pidamos al Señor.
Lector: Concédelo, Señor.
Diácono: Perdón y remisión de nuestros pecados y
transgresiones, pidamos al Señor.
74
Lector: Concédelo, Señor.
Diácono: Cuanto es bueno y conveniente para nuestras
almas, y por la paz del mundo, pidamos al Señor.
Lector: Concédelo, Señor.
Diácono: Que el tiempo restante de nuestra vida se
complete en paz y penitencia, pidamos al Señor.
Lector: Concédelo, Señor.
Diácono: Un fin cristiano de nuestra vida, exento de dolor
y de vergüenza, pacífico, y una buena defensa ante el
temible tribunal de Cristo, pidámosle.
Lector: Concédelo, Señor.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
santísima, Purísima, benditísima y gloriosa Madre de
Dios y siempre Virgen María, junto con todos los
santos, encomendemos: cada uno a sí mismo, y unos a
otros, y nuestra vida entera, a Cristo nuestro Dios.
Lector: A ti, Señor.
Sacerdote (Exclamación): Porque eres Dios de
misericordia, de compasión y de amor a la humanidad,
y a Ti elevamos glorias, al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
El Sacerdote se voltea hacia el pueblo y lo bendice.
Sacerdote: La paz sea con todos.
Coro: Y con tu espíritu.
Diácono: Inclinemos la cabeza ante el Señor.
75
Coro: Ante Ti, Señor.
Sacerdote (en secreto): Señor santo, que moras en lo
alto y miras a los humildes, y que con tu ojo
omnividente miras a toda tu creación, ante Ti
hemos inclinado la cerviz de nuestra alma y
cuerpo, y Te suplicamos, Santo de los Santos,
extiende tu invisible mano desde tu Santa Morada
y bendícenos a todos nosotros. Y si en algo hemos
pecado, voluntaria o involuntariamente, siendo
Dios bueno y amante de la humanidad,
perdónanos; concediéndonos tus bienes en este
mundo y en el venidero.
Sacerdote (Exclamación): Porque a Ti Dios nuestro, Te
pertenece el tenernos misericordia y el salvarnos, y a Ti
elevamos glorias al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
UNDÉCIMO EVANGELIO
Sacerdote: Y para que nos conceda dignos de escuchar el
santo Evangelio, roguemos al Señor nuestro Dios.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Sacerdote: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
Sacerdote: Paz a todos. (Bendice al pueblo)
Coro: Y a tu espíritu.
76
Sacerdote: Proclamación del Santo Evangelio de san
Juan. ¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
(Juan 19, 38-42)
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de
Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a
Pilatos autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato
se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo. Fue
también Nicodemo - aquel que anteriormente había ido a
verle de noche - con una mezcla de mirra y áloe de unas
cien libras. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en
vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de
sepultar. En el lugar donde había sido crucificado había
un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie
todavía había sido depositado. Allí, pues, porque era el día
de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca,
pusieron a Jesús.
Coro: Gloria a tu Gran Bondad, Señor, gloria a Ti.
APÓSTICAS
En seguida se cantan las Apósticas.
Toda la creación quedó invadida de terror, al verte
suspendido de la cruz, ¡Oh Cristo! El sol se cubrió de
tinieblas, los fundamentos de la tierra se estremecieron;
todas las cosas padecían con el creador de todo. Tú que
has sufrido voluntariamente por nosotros, Señor,
¡Gloria a Ti!
77
Reparten entre sí mi ropa, y se echan a suertes mi túnica.
¿Por qué el pueblo impío e inicuo medita vanos designios?
¿Por qué ha condenado a muerte a la Vida de todos?
¡Oh gran prodigio! El creador de todo el universo es
entregado en manos de los impíos, es elevado sobre un
leño el que ama a la humanidad, para librar a los
prisioneros retenidos en el Hades, quienes exclaman
¡Magnánimo Señor, Gloria a Ti!
Me dieron hiel como alimento y para mMi sed me dieron a
beber vinagre.
Hoy la Virgen Purísima, viéndote elevado en la cruz, Oh
Verbo, sufría en sus entrañas de Madre, tenía el
corazón amargamente traspasado, y gimiendo con
dolor desde la profundidad del alma, fue consumida
ahora por los dolores que antes no conoció en el parto;
por esto, llorando abundantemente, exclamó gimiendo:
¡Ay de mí, Hijo divino! ¡Ay de mí, Luz del mundo! ¿Por
qué te quitas de mi vista, Cordero de Dios? Las
legiones de los incorpóreos, poseídas de temor decían:
Inabarcable Señor, ¡Gloria a Ti!
Pero nuestro Dios y Rey, ha obrado antes de los siglos, la
salvación en medio de la tierra.
Viéndote suspendido del madero, Oh Cristo, a Ti, el
Creador de todo, Aquella que te engendró sin varón
gritó amargamente: ¿Hijo mío dónde está la belleza de
tu rostro? No soporto verte crucificado injustamente;
78
Apresúrate, pues, resucita, para que también vea Tu
resurrección de entre los muertos al tercer día.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Señor, cuando subiste a la cruz, el temor y el temblor
cayeron sobre la creación. Mas no sólo impediste a la
tierra tragar a los que te crucificaban sino que
ordenaste al Hades dejar en libertad a sus prisioneros
para la regeneración de los mortales. Oh Juez de vivos
y muertos, has venido a dar la vida y no la muerte. ¡Oh
amante de la humanidad, Gloria a Ti!
Y ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Ya está preparada la pluma para firmar la condena por
parte de los jueces inicuos; Jesús es juzgado y
condenado a la cruz y la creación sufre al ver al Señor
en la cruz. Mas a Ti bondadoso Señor que padeces por
mí en la naturaleza de tu cuerpo, Gloria a Ti.
DUODÉCIMO EVANGELIO
El duodécimo y último Evangelio es leído por el Diácono. Así que hacia el final
del último Estiquerio de las Apósticas, sale con el Evangelario al ambón, y
exclama:
Diácono: Y para que nos conceda dignos de escuchar el
santo Evangelio, roguemos al Señor nuestro Dios.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Sacerdote: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
79
Sacerdote: Paz a todos. (Bendice al pueblo)
Coro: Y a tu espíritu.
Diácono: Proclamación del Santo Evangelio de san
Mateo. ¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
(Mateo 27, 62-66)
Al otro día, el siguiente a la Preparación, los sumos
sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato y le
dijeron: «Señor, recordamos que ese impostor dijo cuando
aún vivía: “A los tres días resucitaré.” Manda, pues, que
quede asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que
vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo:
“Resucitó de entre los muertos”, y la última impostura sea
peor que la primera.» Pilatos les dijo: «Tienen una
guardia. Vayan y aseguren el lugar.» Ellos fueron y
aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo una
guardia.
Coro: Gloria a tu Gran Bondad, Señor, gloria a Ti.
El Sacerdote dice en voz alta la siguiente oración.
Sacerdote: Bueno es confesar al Señor, y cantar a tu
nombre, Altísimo; anunciar por la mañana tu
misericordia, y de noche tu verdad.
Se dice el Trisagio.
Lector: Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten
piedad de nosotros. (tres veces)
80
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor,
purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona
nuestras transgresiones. Santo, visita y cura nuestras
enfermedades, por la gracia de tu nombre.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
Nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad
así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro
sustancial de cada día dánoslo hoy. Perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a
nuestros deudores. No nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, y el poder, y la
gloria: del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
El Coro canta el Apolitiquio del día.
APOLITIQUIO
Nos has rescatado de la maldición de la ley con tu
preciosa Sangre. Clavado en la Cruz y traspasado por
la lanza, eres fuente de inmortalidad para los hombres.
Oh Salvador nuestro, gloria a Ti.
81
Diácono sale a la solea y recita:
LA LETANÍA DE SÚPLICA FERVIENTE
Diácono: Digamos con toda el alma, y con todo nuestro
entendimiento, digamos:
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Señor Omnipotente, Dios de nuestros padres, te
suplicamos: escúchanos y ten piedad.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu
gran misericordia, escúchanos y ten piedad.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Te suplicamos una vez más por los piadosos
cristianos ortodoxos.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por nuestro arzobispo N.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por nuestros hermanos los
sacerdotes, los hieromonjes, los hierodiáconos, los
monjes, y por toda nuestra hermandad en Cristo.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por piedad, vida, paz, salud,
salvación, visitación, perdón y remisión de los pecados
de los servidores de Dios, de todos los piadosos
cristianos ortodoxos, de los habitantes y visitantes que
están en esta ciudad (o pueblo, o monasterio); de las
parroquias, los administradores y bienhechores de esta
santa iglesia.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por los bienaventurados y
siempre recordados fundadores de esta santa iglesia (o
82
monasterio), y por todos nuestros padres y hermanos
que nos precedieron y que yacen piadosamente aquí, y
por todos los ortodoxos.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por los benefactores y
bienhechores de este santo y venerable templo, por los
que se fatigan trabajando en él, por sus cantores, y por
todo el pueblo presente que espera de ti tu grande y
copiosa misericordia.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Sacerdote (Exclamación): Porque eres Dios
misericordioso y amante de la humanidad, y a Ti
rendimos gloria: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro derecho: Amén.
Diácono: Sabiduría.
Coro: Bendice.
Sacerdote (mirando hacia el oriente): El que Es bendito,
Cristo nuestro Dios, eternamente; ahora y siempre y
por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote, o el primero de la asamblea : Que el Señor
Dios afirme la fe santa e irreprochable de los cristianos
piadosos y ortodoxos, junto con esta Santa Iglesia (o este
Monasterio) y esta ciudad (o este pueblo, o esta isla) por los
siglos de los siglos. Amén.
83
El Sacerdote sale a la Solea, y mirando hacia el pueblo, dice:
Sacerdote: Santísima Madre de Dios sálvanos.
Coro: Más honorable que los querubines e
incomparablemente más gloriosa que los serafines, Tú
que incorrupta diste a luz a Dios el Verbo, verdadera
Teotocos (Deípara), te magnificamos.
Sacerdote: Gloria a Ti, Cristo esperanza nuestra, gloria a
Ti.
Lector: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Bendice Padre.
Sacerdote: El que soporto escupidas, latigazos, bofetadas,
crucifixión y muerte por la salvación del mundo,
Cristo, verdadero Dios nuestro, por la intercesión de su
purísima Madre, por el poder de la vivificante y preciosa
Cruz, la protección de las celestiales potestades
incorpóreas, las súplicas del venerable y glorioso profeta,
Precursor y Bautista, Juan; de los santos gloriosos y
alabadísimos Apóstoles, de nuestros santos Padres,
grandes jerarcas y ecuménicos maestros, de los santos,
gloriosos y victoriosos mártires, de nuestros justos y
teóforos Padres, de los santos y justos familiares del
Señor, Joaquín y Ana, de san N. (del santo titular del
templo), y (se conmemora al santo del día), cuya memoria
84
celebramos, y de todos los santos, tenga misericordia de
nosotros y nos salve, pues es Dios bondadoso y amante de
la humanidad.
El Sacerdote se voltea hacia el icono del Señor y hace la exclamación final:
Sacerdote (exclamación): Por las oraciones de nuestros
Santos Padres, Señor Jesús Cristo, Dios nuestro, ten
piedad de nosotros y sálvanos.
Coro: Amén.
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GRAN VIERNES SANTO
LAS HORAS REALES
HORA PRIMA
El Sacerdote entra al Santuario, abre el Bello Velo, y mirando hacia el oriente,
exclama:
Sacerdote: Bendito sea nuestro Dios, eternamente, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Sacerdote: Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti.
Rey Celestial, Consolador, Espíritu de Verdad, Tú que
estás en todo lugar llenándolo todo, Tesoro de bienes y
Dador de vida, ven a habitar en nosotros, purifícanos de
toda mancha, y salva, Tú que eres bondadoso, nuestras
almas.
Lector: Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten
piedad de nosotros. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros Señor,
purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona
nuestras transgresiones. Santo, visita y cura nuestras
enfermedades, por la gracia de tu nombre.
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Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
Nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad
así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro
sustancial de cada día dánoslo hoy. Perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a
nuestros deudores. No nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, el poder y la gloria,
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Señor, ten piedad. (doce veces)
Vengan adoremos y postrémonos ante nuestro Rey y Dios.
(Metanía profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante Cristo, nuestro Rey y
Dios. (Metanía profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante el mismo Cristo,
nuestro Rey y nuestro Dios. (Metanía profunda)
SALMO 5
Escucha mis palabras, Señor, repara en mi lamento,
atiende a la voz de mi clamor, oh mi Rey y mi Dios. Porque
a ti te suplico, Señor; ya de mañana oyes mi voz; de
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mañana te presento mi súplica, y me quedo a la espera.
Pues no eres tú un Dios que se complace en la impiedad,
no es huésped tuyo el malo. No, los arrogantes no resisten
delante de tus ojos. Detestas a todos los agentes de mal,
pierdes a los mentirosos; al hombre sanguinario y
fraudulento le abomina Señor. Mas yo, por la abundancia
de tu amor, entro en tu Casa; en tu santo Templo me
prosterno, lleno de tu temor. Guíame, Señor, en tu justicia,
por causa de los que me acechan, allana tu camino ante
mí. Que no hay en su boca lealtad, en su interior, tan sólo
subversión; sepulcro abierto es su garganta, melosa
muévese su lengua. Trátalos, oh Dios, como culpables, haz
que fracasen sus intrigas; arrójalos por el exceso de sus
crímenes, por rebelarse contra ti. Y se alegren los que a ti
se acogen, se alborocen por siempre; tú los proteges, en ti
exultan los que aman tu nombre. Pues tú bendices al justo,
Señor, como un gran escudo tu favor le cubre.
SALMO 2
¿Por qué se agitan las naciones, y los pueblos mascullan
planes vanos? Se yerguen los reyes de la tierra, los
caudillos conspiran aliados contra Yahveh y contra su
Ungido: «¡Rompamos sus coyundas, sacudámonos su
yugo!» El que se sienta en los cielos se sonríe, Yahveh se
burla de ellos. Luego en su cólera les habla, en su furor los
aterra: «Ya tengo yo consagrado a mi rey en Sión mi monte
santo.» Voy a anunciar el decreto de Yahveh: El me ha
dicho: «Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy. Pídeme,
y te daré en herencia las naciones, en propiedad los
confines de la tierra. Con cetro de hierro, los
quebrantarás, los quebrarás como vaso de alfarero.» Y
ahora, reyes, comprended, corregíos, jueces de la tierra.
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Servid a Yahveh con temor, con temblor besad sus pies; no
se irrite y perezcáis en el camino, pues su cólera se inflama
de repente. ¡Venturosos los que a él se acogen!
SALMO 21
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
¡lejos de misalvación la voz de mis rugidos! Dios mío, de
día clamo, y no respondes, también de noche, no hay
silencio para mí. ¡Mas tú eres el Santo, que moras en las
laudes de Israel! En ti esperaron nuestros padres,
esperaron y tú los liberaste; a ti clamaron, y salieron
salvos, en ti esperaron, y nunca quedaron confundidos. Y
yo, gusano, que no hombre, vergüenza del vulgo, asco del
pueblo, todos los que me ven de mí se mofan, tuercen los
labios, menean la cabeza: «Se confió a Yahveh, ¡pues que
él le libre, que le salve, puesto que le ama!» Sí, tú del
vientre me sacaste, me diste confianza a los pechos de mi
madre; a ti fui entregado cuando salí del seno, desde el
vientre de mi madre eres tú mi Dios. ¡No andes lejos de mí,
que la angustia está cerca, no hay para mí socorro!
Novillos innumerables me rodean, acósanme los toros de
Basán; ávidos abren contra mí sus fauces; leones que
desgarran y rugen. Como el agua me derramo, todos mis
huesos se dislocan, mi corazón se vuelve como cera, se me
derrite entre mis entrañas. Está seco mi paladar como una
teja y mi lengua pegada a mi garganta; tú me sumes en el
polvo de la muerte. Perros innumerables me rodean, una
banda de malvados me acorrala como para prender mis
manos y mis pies. Puedo contar todos mis huesos; ellos me
observan y me miran, repártense entre sí mis vestiduras y
se sortean mi túnica. ¡Mas tú, Yahveh, no te estés lejos,
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corre en mi ayuda, oh fuerza mía, libra mi alma de la
espada, mi única de las garras del perro; sálvame de las
fauces del león, y mi pobre ser de los cuernos de los
búfalos! ¡Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio
de la asamblea te alabaré!: «Los que a Yahveh teméis,
dadle alabanza, raza toda de Jacob, glorificadle, temedle,
raza toda de Israel». Porque no ha despreciado ni ha
desdeñado la miseria del mísero; no le ocultó su rostro,
mas cuando le invocaba le escuchó. De ti viene mi
alabanza en la gran asamblea, mis votos cumpliré ante los
que le temen. Los pobres comerán, quedarán hartos, los
que buscan a Yahveh le alabarán: «¡Viva por siempre
vuestro corazón!» Le recordarán y volverán a Yahveh
todos los confines de la tierra, ante él se postrarán todas
las familias de las gentes. Que es de Yahveh el imperio, del
señor de las naciones. Ante él solo se postrarán todos los
poderosos de la tierra, ante él se doblarán cuantos bajan al
polvo. Y para aquél que ya no viva, le servirá su
descendencia: ella hablará del Señor a la edad venidera,
contará su justicia al pueblo por nacer: Esto hizo él.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya, aleluya, aleluya. Gloria a ti, oh Dios. (tres veces).
Señor, ten piedad. (doce veces)
Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo,
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APOLITIQUIO (leido)
Por Tu Cruz, Cristo, el usurpador fue aniquilado y el poder
del enemigo pisoteado; Pues ni Ángel ni hombre, sino
Tú, Señor, nos has salvado. Gloria a Ti.
Ahora y siempre…
TEOTOQUÍO (leido)
Lector: ¿Cómo te llamaremos, tú que eres llena de gracia?
Cielo, porque diste a luz al Sol de Justicia; Paraíso,
porque de ti brotó la Flor de la incorruptibilidad;
Virgen, porque permaneciste incorrupta; Madre
purísima, porque llevaste en tus brazos santos al Hijo
que es Dios de todos. Suplícale que nos salve.
PROFECÍA: (Zacarías 11, 10-13)
Tomé luego mi cayado «Gracia» y lo partí, para romper
la alianza que Yahveh había concluido con todos los
pueblos. Quedó roto aquel día, y los tratantes de ovejas
que me observaban supieron que era una palabra de
Yahveh. Yo les dije: «Si os parece bien, dadme mi jornal;
sino, dejadlo.» Ellos pesaron mi jornal: treinta siclos de
plata. Yahveh me dijo: «¡Echalo al tesoro, esa lindeza de
precio en que me han apreciado!» Tomé, pues, los treinta
siclos de plata y los eché en la Casa de Yahveh, en el
tesoro.
EPISTOLA: (Gálatas 6, 14-18)
En cuanto a mí ¡Dios me libre gloriarme si nos es en la
cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es
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para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo!
Porque nada cuenta ni la circuncisión, ni la incircuncisión,
sino la creación nueva. Y para todos los que se sometan a
esta regla, paz y misericordia, lo mismo que para el Israel
de Dios. En adelante nadie me moleste, pues llevo sobre mi
cuerpo las señales de Jesús. Hermanos, que la gracia de
nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.
EVANGELIO: Mateo (27, 1-56)
Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los
ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para
darle muerte. Y después de atarle, le llevaron y le
entregaron al procurador Pilato. Entonces Judas, el que le
entregó, viendo que había sido condenado, fue acosado por
el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a
los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: «Pequé
entregando sangre inocente.» Ellos dijeron: «A nosotros,
¿qué? Tú verás.» El tiró las monedas en el Santuario;
después se retiró y fue y seahorcó. Los sumos sacerdotes
recogieron las monedas y dijeron: «No es lícito echarlas en
el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre.» Y
después de deliberar, compraron con ellas el Campo del
Alfarero como lugar de sepultura para los forasteros. Por
esta razón ese campo se llamó «Campo de Sangre», hasta
hoy. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías:
= «Y tomaron las treinta monedas de plata, cantidad en
que fue apreciado aquel a quien pusieron precio algunos
hijos de Israel, y las dieron por el Campo del Alfarero,
según lo que me ordenó el Señor.» Jesús compareció ante
el procurador, y el procurador le preguntó: «¿Eres tú el
Rey de los judíos?» Respondió Jesús: «Sí, tú lo dices.» Y,
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mientras los sumos sacerdotes y los ancianos le acusaban,
no respondió nada. Entonces le dice Pilato: «¿No oyes de
cuántas cosas te acusan?» Pero él a nada respondió, de
suerte que el procurador estaba muy sorprendido. Cada
Fiesta, el procurador solía conceder al pueblo la libertad
de un preso, el que quisieran. Tenían a la sazón un preso
famoso, llamado Barrabás. Y cuando ellos estaban
reunidos, les dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a
Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo?», pues sabía que le
habían entregado por envidia. Mientras él estaba sentado
en el tribunal, le mandó a decir su mujer: «No te metas con
ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su
causa.» Pero los sumos sacerdotes y los ancianos lograron
persuadir a la gente que pidiese la libertad de Barrabás y
la muerte de Jesús. Y cuando el procurador les dijo: «¿A
cuál de los dos queréis que os suelte?», respondieron: «¡A
Barrabás!» Díceles Pilato: «Y ¿qué voy a hacer con Jesús,
el llamado Cristo?» Y todos a una: «¡Sea crucificado!» -
«Pero ¿qué mal ha hecho?», preguntó Pilato. Mas ellos
seguían gritando con más fuerza: «¡Sea crucificado!»
Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más
bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos
delante de la gente diciendo: «Inocente soy de la sangre de
este justo. Vosotros veréis.» Y todo el pueblo respondió:
«¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de
azotarle, se lo entregó para que fuera crucificado.
Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a
Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la
cohorte. Le desnudaron y le echaron encima un manto de
púrpura; y, trenzando una corona de espinas, se la
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pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña;
y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla
diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»; y después de
escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza.
Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le
pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle. Al salir,
encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le
obligaron a llevar su cruz. Llegados a un lugar llamado
Gólgota, esto es, «Calvario», le dieron a beber vino
mezclado con hiel; pero él, después de probarlo, no quiso
beberlo. Una vez que le crucificaron, se repartieron sus
vestidos, echando a suertes. Y se quedaron sentados allí
para custodiarle. Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la
causa de su condena: «Este es Jesús, el Rey de los judíos.»
Y al mismo tiempo que a él crucifican a dos salteadores,
uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban
por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: «Tú
que destruyes el Santuario y en tres días lo levantas,
¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la
cruz!» Igualmente los sumos sacerdotes junto con los
escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo: «A
otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel
es: que baje ahora de la cruz, y creeremos en él. Ha puesto
su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de
verdad le quiere; ya que dijo: “Soy Hijo de Dios.”» De la
misma manera le injuriaban también los salteadores
crucificados con él. Desde la hora sexta hubo oscuridad
sobre toda la tierra hasta la hora nona. Y alrededor de la
hora nona clamó Jesús con fuerte voz: «¡Elí, Elí! ¿lemá
sabactaní?», esto es: «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me
has abandonado?» Al oírlo algunos de los que estaban allí
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decían: «A Elías llama éste.» Y enseguida uno de ellos fue
corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y,
sujetándola a una caña, le ofrecía de beber. Pero los otros
dijeron: «Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle.»
Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el
espíritu. En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de
arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron. Se
abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos
difuntos resucitaron. Y, saliendo de los sepulcros después
de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se
aparecieron a muchos. Por su parte, el centurión y los que
con él estaban guardando a Jesús, al ver el terremoto y lo
que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:
«Verdaderamente éste era Hijo de Dios.» Había allí
muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían
seguido a Jesús desde Galilea para servirle. Entre ellas
estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y
de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
Coro: Gloria a tu Gran Bondad, Señor, gloria a Ti.
Lector: Dirige mis pasos según tu palabra, que ninguna
transgresión tenga dominio sobre mí. Redímeme de las
calumnias de hombres y guardaré tus mandamientos.
Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, y
enséñame tus estatutos.
Sea llena mi boca de tu alabanza, Señor, para cantar tu
gloria, tu magnificencia todo el día.
Se dice el Triságio.
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Lector: Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten
piedad de nosotros. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor,
purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona
nuestras transgresiones. Santo, visita y cura nuestras
enfermedades, por la gracia de tu nombre.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
Nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad
así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro
sustancial de cada día dánoslo hoy. Perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a
nuestros deudores. No nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, el poder y la gloria,
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
CONDAQUIO (leido)
¡Vengan todos alabemos al que ha sido crucificado por
nosotros! Porque a Éste, cuando María, lo vio sobre el
Madero, Dijo: Aunque, voluntariamente, has soportado
la crucifixión, seguirás siendo mi Hijo y mi Dios.
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Señor, ten piedad. (Cuarenta veces).
Tú que en todo tiempo y a toda hora, tanto en el cielo como
en la tierra, eres adorado y glorificado, Cristo Dios,
paciente, grande en misericordia y ternura, que amas al
justo y tienes piedad del pecador, que a todos los
hombre llamas a la salvación por la promesa de bienes
venideros; tú mismo, Señor, recibe también nuestras
súplicas en esta hora; dirige nuestra vida en tus
mandamientos, santifica nuestras almas, limpia nuestros
cuerpos, dirige nuestros pensamientos, limpia nuestra
mente, líbranos de toda tribulación, iniquidad y
aflicción, y rodéanos de tus ángeles santos, para que
guardados y guiados por sus huestes, seamos dignos de
la unidad de la fe y del entendimiento de tu inaccesible
gloria. Porque bendito eres por los siglos de los siglos,
amén.
Señor, ten piedad. (tres veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos, amén.
Más honorable que los querubines e incomparablemente
más gloriosa que los serafines, Tú que incorrupta diste a
luz a Dios el Verbo, verdadera + Teotocos (Deípara), te
magnificamos..
Si hay sacerdote: En el nombre del Señor, bendice, padre.
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Sacerdote: Dios, se compasivo con nosotros, bendícenos y
haz resplandecer sobre nosotros tu rostro, y ten piedad
de nosotros.
Lector: Amén.
El sacerdote dice esta oración:
Cristo, Luz verdadera, que iluminas y santificas a todos los
hombres que vienen a este mundo, que la Luz de tu
rostro sea una señal sobre nosotros, que en ella
podamos ver la Luz inaccesible. Dirige nuestros pasos
en el ejercicio de tus mandamientos, por las
intercesiones de tu Purísima Madre y de todos tus
santos. Amén.
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HORA TERCIA
Vengan adoremos y postrémonos ante nuestro Rey y Dios.
(Metanía profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante Cristo, nuestro Rey y
Dios. (Metanía profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante el mismo Cristo,
nuestro Rey y nuestro Dios. (Metanía profunda)
SALMO 34
Ataca, Yahveh, a los que me atacan, combate a quienes
me combaten; embraza el escudo y el pavés, y álzate en mi
socorro; blande la lanza y la pica contra mis
perseguidores. Di a mi alma: «Yo soy tu salvación.»
¡Confusión y vergüenza sobre aquellos que andan
buscando mi vida! ¡Vuelvan atrás y queden confundidos
los que mi mal maquinan! ¡Sean lo mismo que la paja al
viento, por el ángel de Yahveh acosados; sea su camino
tiniebla y precipicio, perseguidos por el ángel de Yahveh!
Pues sin causa me han tendido su red, han cavado una fosa
para mí. ¡Sobre cada uno de ellos caiga de improviso la
ruina: le prenda la red que había tendido, y en su fosa se
hunda! Y mi alma exultará en Yahveh, en su salvación se
gozará. Dirán todos mis huesos: Yahveh, ¿quién como tú,
para librar al débil del más fuerte, al pobre de su
expoliador? Testigos falsos se levantan, sobre lo que
ignoro me interrogan; me pagan mal por bien, ¡desolación
para mi alma! Yo, en cambio, cuando eran ellos los
enfermos, vestido de sayal, me humillaba con ayuno, y en
mi interior repetía mi oración; como por un amigo o un
hermano iba y venía, como en duelo de una madre,
sombrío me encorvaba. Ellos se ríen de mi caída, se
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reúnen, sí, se reúnen contra mí; extranjeros, que yo no
conozco, desgarran sin descanso; si caigo, me rodean
rechinando sus dientes contra mí. ¿Cuánto tiempo, Señor,
te quedarás mirando? Recobra mi alma de sus garras, de
los leones mi vida. Te daré gracias en la gran asamblea, te
alabaré entre un pueblo copioso. No se rían de mí, mis
enemigos pérfidos, ni se guiñen sus ojos losque me odian
sin razón. Pues no es de paz de lo que hablan a los
pacíficos de la tierra; mascullan palabras de perfidia,
abren bien grande su boca contra mí; dicen: «¡Ja, Ja,
nuestros ojos lo han visto!» Tú lo has visto, Yahveh, no te
quedes callado, Señor, no estés lejos de mí; despiértate,
levántate a mi juicio, en defensa de mi causa, oh mi Dios y
Señor; júzgame conforme a tu justicia, oh Yahveh, ¡Dios
mío, no se rían de mí! No digan en su corazón: «¡Ajá, lo
que queríamos!» No digan: «¡Le hemos engullido!»
¡Vergüenza y confusión caigan a una sobre los que se ríen
de mi mal; queden cubiertos de vergüenza y de ignominia
los que a mi costa medran! Exulten y den gritos de júbilo
los que en mi justicia se complacen, y digan sin cesar:
«¡Grande es Yahveh, que en la paz de su siervo se
complace!» Y tu justicia musitará mi lengua, todo el día tu
alabanza.
SALMO 108
¡Oh Dios de mi alabanza, no te quedes mudo! Boca de
impío, boca de engaño, se abren contra mí. Me hablan con
lengua de mentira, con palabras de odio me envuelven, me
atacan sin razón. En pago de mi amor, se me acusa, y yo
soy sólo oración; se me devuelve mal por bien y odio por
mi amor: «¡Suscita a un impío contra él, y que un fiscal
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esté a su diestra; que en el juicio resulte culpable, y su
oración sea tenida por pecado! «¡Sean pocos sus días, que
otro ocupe su cargo; queden sus hijos huérfanos y viuda su
mujer! «¡Anden sus hijos errantes, mendigando, y sean
expulsados de sus ruinas; el acreedor le atrape todo lo que
tiene, y saqueen su fruto los extraños! «¡Ni uno solo tenga
con él amor, nadie se compadezca de sus huérfanos, sea
dada al exterminio su posteridad, en una generación sea
borrado su nombre! «¡Sea ante Yahveh recordada la culpa
de sus padres, el pecado de su madre no se borre; estén
ante Yahveh constantemente, y él cercene de la tierra su
memoria!» Porque él no se acordó de actuar con amor:
persiguió al pobre, al desdichado, y al de abatido corazón
para matarle; amó la maldición: sobre él recaiga, no quiso
bendición: que de él se aleje. Se vistió de maldición como
de un manto: ¡que penetre en su seno como agua, igual que
aceite dentro de sus huesos! ¡Séale cual vestido que le
cubra, como cinto que la ciña siempre! ¡Tal sea de parte
de Yahveh la paga de mis acusadores, de los que dicen mal
contra mi alma! ¡Y tú, Señor Yahveh, actúa por mí en
gracia de tu nombre, porque tu amor es bueno, líbrame!,
Porque soy pobre y desdichado, y tengo dentro herido el
corazón; cual sombra que declina me voy yendo, me han
sacudido igual que a la langosta. Por tanto ayuno se
doblan mis rodillas, falta de aceite mi carne ha
enflaquecido; me he hecho el insulto de ellos, me ven y
menean su cabeza. ¡Ayúdame, Yahveh, Dios mío, sálvame
por tu amor! ¡Sepan ellos que tu mano es ésta, que tú,
Yahveh, lo has hecho! ¡Maldigan ellos, pero tú bendice, los
que me atacan sean confundidos y tu siervo se alegre! ¡Los
que me acusan queden vestidos de ignominia, como en un
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manto en su vergüenza envueltos! ¡Copiosas gracias a
Yahveh en mi boca, entre la multitud le alabaré: porque él
se pone a la diestra del pobre para salvar su alma de sus
jueces!
SALMO 50
Tenme piedad, oh Dios, según tu gran misericordia;
según la multitud de tus piedades, borra mi iniquidad.
Lávame más y más de mis transgresiones, y límpiame de
mis pecados. Pues reconozco mi maldad, y mi pecado está
siempre ante mí. Contra Ti sólo he pecado, he hecho el mal
en tu presencia, por lo tanto, eres justo en tu sentencia,
soberano en tu juicio. Considera que en maldad fui
formado, y en pecado me concebido mi madre.
Ciertamente, Tu amas la verdad; los misterios escondidos y
ocultos de tu sabiduría, me los has revelado. Rocíame con
hisopo y seré limpio; lávame y emblanqueceré más que la
nieve. Hazme oír gozo y alegría, y se alegrarán mis huesos
tan humillados. Aparta tu rostro de mis pecados, y borra
todas mis iniquidades. Crea en mí, oh Dios, un corazón
limpio, y restaura en mis entrañas un espíritu recto. No me
arrojes de tu presencia, y no retires de mí tu Espíritu
Santo. Devuélveme el gozo de tu salvación, y sostenme con
espíritu soberano. Enseñaré a los pecadores tus caminos, y
los impíos volverán hacia Ti. Líbrame de la sangre, oh
Dios, Dios de mi salvación; se alegrará mi lengua de tu
justicia. Abre Señor mis labios y mi boca proclamará tus
alabanzas. Porque si quisieras sacrificio, te lo ofrecería;
más no te complacen los holocaustos. Sacrificio a Dios es
el espíritu contrito; el corazón contrito y humillado, Tu
Dios, no lo desprecias. Señor, en tu bondad, trata
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benignamente a Sión, para que puedan reedificarse los
muros de Jerusalén. Entonces aceptarás el sacrificio de
justicia, las ofrendas y los holocaustos, entonces se
ofrecerán becerros sobre tu altar.
Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya, aleluya, aleluya. Gloria a Ti, oh Dios (tres veces).
Señor, ten piedad (tres veces).
Si es un día en que se ha cantado en Maitines Dios es
Señor…, luego se dice:
Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo,
APOLITIQUIO
¡Señor y Vida de todos! Los Judíos Te condenaron a
muerte; y aquellos que, por medio de la vara de Moisés,
hiciste atravesar por el Mar Rojo, ahora te clavan en la
Cruz; Y los que hiciste lactar miel de la roca, ahoraTe
ofrecen hiel. Pero Tú, a todo lo has soportado
voluntariamente, para liberarnos de la esclavitud del
enemigo. ¡Cristo Dios nuestro, Gloria a Ti!
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
THEOTOKIO
Tú, Madre de Dios, eres la verdadera viña que diste el
fruto de la Vida para nosotros; te suplicamos, Señora,
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intercede juntamente con los apóstoles y todos los
santos, que El tenga piedad de nosotros.
PROFECÍA: (Isaías 50, 4-11)
El Señor Yahveh me ha dado lengua de discípulo, para
que haga saber al cansado una palabra alentadora.
Mañana tras mañana despierta mi oído, para escuchar
como los discípulos; el Señor Yahveh me ha abierto el
oído. Y yo no me resistí, ni me hice atrás. Ofrecí mis
espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que
mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y
salivazos. Pues que Yahveh habría de ayudarme para que
no fuese insultado, por eso puse mi cara como el pedernal,
a sabiendas de que no quedaría avergonzado. Cerca está el
que me justifica: ¿quién disputará conmigo?
Presentémonos juntos: ¿quién es mi demandante? ¡que se
llegue a mí! He aquí que el Señor Yahveh me ayuda:
¿quién me condenará? Pues todos ellos como un vestido se
gastarán, la polilla se los comerá. El que de entre vosotros
tema a Yahveh oiga la voz de su Siervo. El que anda a
oscuras y carece de claridad confíe en el nombre de
Yahveh y apóyese en su Dios. ¡Oh vosotros, todos los que
encendéis fuego, los que sopláis las brasas! Id a la lumbre
de vuestro propio fuego y a las brasas que habéis
encendido. Esto os vendrá de mi mano: en tormento
yaceréis.
EPISTOLA: (Romanos 5, 6-10)
En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el
tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad,
104
apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de
bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que
Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía
pecadores, murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón,
pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él
salvos de la cólera! Si cuando éramos enemigos, fuimos
reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con
cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos
salvos por su vida!
EVANGELIO: (Marcos 15, 16-41)
Los soldados le llevaron dentro del palacio, es decir, al
pretorio y llaman a toda la cohorte. Le visten de púrpura y,
trenzando una corona de espinas, se la ciñen. Y se pusieron
a saludarle: «¡Salve, Rey de los judíos!» Y le golpeaban en
la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las
rodillas, se postraban ante él. Cuando se hubieron burlado
de él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y le
sacan fuera para crucificarle. Y obligaron a uno que
pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre
de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz. Le conducen
al lugar del Gólgota, que quiere decir: Calvario. Le daban
vino con mirra, pero él no lo tomó. Le crucifican y se
reparten sus vestidos, echando a suertes a ver qué se
llevaba cada uno. Era la hora tercia cuando le
crucificaron. Y estaba puesta la inscripción de la causa de
su condena: «El Rey de los judíos.» Con él crucificaron a
dos salteadores, uno a su derecha y otro a su izquierda. Y
los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza
y diciendo: «¡Eh, tú!, que destruyes el Santuario y lo
levantas en tres días, ¡sálvate a ti mismo bajando de la
105
cruz!» Igualmente los sumos sacerdotes se burlaban entre
ellos junto con los escribas diciendo: «A otros salvó y a sí
mismo no puede salvarse. ¡El Cristo, el Rey de Israel!, que
baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.»
También le injuriaban los que con él estaban crucificados.
Llegada la hora sexta, hubo oscuridad sobre toda la tierra
hasta la hora nona. A la hora nona gritó Jesús con fuerte
voz: «Eloí, Eloí, ¿lema sabactaní?», - que quiere decir -
«¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?» Al
oír esto algunos de los presentes decían: «Mira, llama a
Elías.» Entonces uno fue corriendo a empapar una esponja
en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber,
diciendo: «Dejad, vamos a ver si viene Elías a
descolgarle.» Pero Jesús lanzando un fuerte grito, expiró.
Y el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo. Al
ver el centurión, que estaba frente a él, que había expirado
de esa manera, dijo: «Verdaderamente este hombre era
Hijo de Dios.» Había también unas mujeres mirando desde
lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de
Santiago el menor y de Joset, y Salomé, que le seguían y le
servían cuando estaba en Galilea, y otras muchas que
habían subido con él a Jerusalén.
Coro: Gloria a tu Gran Bondad, Señor, gloria a Ti.
Lector: Bendito es el Señor Dios, bendito es el Señor día a
día, el Dios de nuestra salvación nos hace prosperar;
nuestro Dios es Dios que salva.
Se dice el Triságio.
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Lector: Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten
piedad de nosotros. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor,
purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona
nuestras transgresiones. Santo, visita y cura nuestras
enfermedades, por la gracia de tu nombre.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
Nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad
así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro
sustancial de cada día dánoslo hoy. Perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a
nuestros deudores. No nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, el poder y la gloria,
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
CONTAQUIO (leído)
¡Vengan todos alabemos al que ha sido crucificado por
nosotros! Porque a Éste, cuando María, lo vio sobre el
Madero, Dijo: Aunque, voluntariamente, has soportado
la crucifixión, serás siempre mi Hijo y mi Dios.
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Señor, ten piedad. (cuarenta veces).
Lector: Tú que en todo tiempo y a toda hora, tanto en el
cielo como en la tierra, eres adorado y glorificado,
Cristo Dios, paciente, grande en misericordia y ternura,
que amas al justo y tienes piedad del pecador, que a
todos los hombre llamas a la salvación por la promesa
de bienes venideros; tú mismo, Señor, recibe también
nuestras súplicas en esta hora; dirige nuestra vida en
tus mandamientos, santifica nuestras almas, limpia
nuestros cuerpos, dirige nuestros pensamientos, limpia
nuestra mente, líbranos de toda tribulación, iniquidad y
aflicción, y rodéanos de tus ángeles santos, para que
guardados y guiados por sus huestes, seamos dignos de
la unidad de la fe y del entendimiento de tu inaccesible
gloria. Porque bendito eres por los siglos de los siglos,
amén.
Señor, ten piedad. (tres veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos, amén.
Más honorable que los querubines e incomparablemente
más gloriosa que los serafines, Tú que incorrupta diste a
luz a Dios el Verbo, verdadera + Teotocos (Deípara), te
magnificamos..
Si hay sacerdote: En el nombre del Señor, bendice, padre.
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Sacerdote: Dios, se compasivo con nosotros, bendícenos y
haz resplandecer sobre nosotros tu rostro, y ten piedad
de nosotros.
Oración (de San Mardario)
Dueño, Dios, Padre omnipotente, Señor, Hijo unigénito,
Jesucristo, y Espíritu Santo, una sola deidad, un solo
poder, ten piedad de mí, pecador, y por los juicios que tú
has establecido, sálvame a mí, tu siervo indigno, porque
bendito eres tú por los siglos de los siglos. Amén.
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HORA SEXTA
Vengan adoremos y postrémonos ante nuestro Rey y Dios.
(Metanía profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante Cristo, nuestro Rey y
Dios. (Metanía profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante el mismo Cristo,
nuestro Rey y nuestro Dios. (Metanía profunda)
SALMO 53
Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda.
Poema. De David. Cuando los zifitas vinieron a decir a
Saúl: «¿No está escondido David entre nosotros?» ¡Oh
Dios, sálvame por tu nombre, por tu poderío hazme
justicia, oh Dios, escucha mi oración, atiende a las
palabras de mi boca! Pues se han alzado contra mí
arrogantes, rabiosos andan en busca de mi alma, sin tener
para nada a Dios presente. Mas ved que Dios viene en mi
auxilio, el Señor con aquellos que sostienen mi alma. ¡El
mal recaiga sobre los que me asechan, Señor, por tu
verdad destrúyelos! De corazón te ofreceré sacrificios,
celebraré tu nombre, porque es bueno, porque de toda
angustia me ha librado, y mi ojo se recreó en mis enemigos
SALMO 139
Líbrame, Yahveh, del hombre malo, del hombre violento
guárdame, los que en su corazón maquinan males, y peleas
albergan todo el día, aguzan su lengua igual que una
serpiente, veneno de víbora hay bajo sus labios.
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Presérvame, Yahveh, de las manos del impío, del hombre
violento guárdame, los que proyectan trastornar mis pasos,
los insolentes que me han ocultado cepo y lazos, y tienden
una red bajo mis pies, y al borde del sendero me han
emplazado trampas. Yo he dicho a Yahveh: Tú eres mi
Dios, escucha, Yahveh, la voz de mis súplicas. Oh Yahveh,
Señor mío, fuerza de mi salvación, tú cubres mi cabeza el
día del combate. No otorgues, Yahveh, al impío su deseo,
no dejes que su plan se realice. Los que me asedian no
alcen sobre mí su cabeza, ahóguelos la malicia de sus
labios; llueva sobre ellos carbones encendidos, en el
abismo hundidos, no se levanten más; no arraigue más en
la tierra el deslenguado. Al violento lo atrape de golpe la
desgracia. Sé que Yahveh al humilde hará justicia, y
llevará el juicio de los pobres. Sí, los justos darán gracias
a tu nombre, los rectos morarán en tu presencia.
SALMO 90
El que mora en el secreto de Elyón pasa la noche a la
sombra de Sadday, diciendo al Señor: «¡Mi refugio y
fortaleza, mi Dios, en quien confío!» Que él te libra de la
red del cazador, de la peste funesta; con sus plumas te
cubre, y bajo sus alas tienes un refugio: escudo y armadura
es su verdad. No temerás el terror de la noche, ni la saeta
que de día vuela, ni la peste que avanza en las tinieblas, ni
el azote que devasta a mediodía. Aunque a tu lado caigan
mil y diez mil a tu diestra, a ti no ha de alcanzarte. Basta
con que mires con tus ojos, verás el galardón de los impíos,
tú que dices: «¡Mi refugio es el Señor!», y tomas a Elyón
por defensa. No ha de alcanzarte el mal, ni la plaga se
acercará a tu tienda; que él dará orden sobre ti a sus
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ángeles de guardarte en todos tus caminos. Te llevarán
ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie;
pisarás sobre el león y la víbora, hollarás al leoncillo y al
dragón. Pues él se abraza a mí, yo he de librarle; le
exaltaré, pues conoce mi nombre. Me llamará y le
responderé; estaré a su lado en la desgracia, le libraré y le
glorificaré. Hartura le daré de largos días, y haré que vea
mi salvación.
Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos, Amén.
Aleluya, aleluya, aleluya. Gloria a ti, oh Dios. (tres veces).
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
APOLITIQUIO
Cuando extendiste Tus Manos Purísimas sobre la Cruz,
obraste la salvación en medio de la tierra, Cristo Dios
nuestro y atrajiste hacia ti a todas las naciones que
claman: “¡Señor, gloria a Ti!”.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
TEOTOQUIO
Puesto que no tenemos osadía por la multitud de nuestros
pecados, Tu oh Madre de Dios y Virgen, ruega al que de
ti nació, porque los ruegos de la Madre pueden mucho
con la buena voluntad del Maestro; no desprecies las
súplicas de pecadores, oh Venerabilísima, porque
misericordioso y poderoso para salvar es el que quiso
sufrir por nosotros.
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PROFECÍA: (Isaías 52, 13 – 54, 1)
He aquí que prosperará mi Siervo, será enaltecido,
levantado y ensalzado sobremanera. Así como se
asombraron de él muchos - pues tan desfigurado tenía el
aspecto que no parecía hombre, ni su apariencia era
humana - otro tanto se admirarán muchas naciones; ante
él cerrarán los reyes la boca, pues lo que nunca se les
contó verán, y lo que nunca oyeron reconocerán. ¿Quién
dio crédito a nuestra noticia? Y el brazo de Yahveh ¿a
quién se le reveló? Creció como un retoño delante de él,
como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni
presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos
estimar. Despreciable y desecho de hombres, varón de
dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se
oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta. ¡Y
con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y
nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos
por azotado, herido de Dios y humillado. El ha sido herido
por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El
soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales
hemos sido curados. Todos nosotros como ovejas erramos,
cada uno marchó por su camino, y Yahveh descargó sobre
él la culpa de todos nosotros. Fue oprimido, y él se humilló
y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era
llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está
muda, tampoco él abrió la boca. Tras arresto y juicio fue
arrebatado, y de sus contemporáneos, ¿quién se preocupa?
Fue arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías
de su pueblo ha sido herido; y se puso su sepultura entre
los malvados y con los ricos su tumba, por más que no hizo
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atropello ni hubo engaño en su boca. Mas plugo a Yahveh
quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en
expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que
plazca a Yahveh se cumplirá por su mano. Por las fatigas
de su alma, verá luz, se saciará. Por su conocimiento
justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él
soportará. Por eso le daré su parte entre los grandes y con
poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó
a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó
el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes. Grita
de júbilo, estéril que no das a luz, rompe en gritos de júbilo
y alegría, la que no ha tenido los dolores; que más son los
hijos de la abandonada, que los hijos de la casada, dice
Yahveh.
EPISTOLA: (Hebreos 2, 11-18)
Por tanto el santificador como los santificados tienen
todo el mismo origen. Por eso no se avergüenza de
llamarles = hermanos cuando dice: “Anunciaré tu nombre
a mis hermanos; en medio de la asamblea te cantaré
himnos.” Y también: “Pondré en él mi confianza.” Y
nuevamente: “Henos aquí, a mí y a los hijos que Dios me
dio. Por tanto, así como los = hijos = participan de la
sangre y de la carne, así también participó él de las
mismas, para aniquilar mediante la muerte al señor de la
muerte, es decir, al Diablo, y libertar a cuantos, por temor
a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud.
Porque, ciertamente, no se ocupa de los ángeles, sino de la
“descendencia de Abraham.” Por eso tuvo que asemejarse
en todo a sus hermanos, para ser misericordioso y Sumo
Sacerdote fiel en lo que toca a Dios, en orden a expiar los
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pecados del pueblo. Pues, habiendo sido probado en el
sufrimiento, puede ayudar a los que se ven probados.
EVANGELIO: (Lucas 23, 32-49)
Llevaban además otros dos malhechores para
ejecutarlos con él. Llegados al lugar llamado Calvario, le
crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha
y otro a la izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónales,
porque no saben lo que hacen.» Se repartieron sus
vestidos, echando a suertes. Estaba el pueblo mirando; los
magistrados hacían muecas diciendo: «A otros salvó; que
se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido.»
También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le
ofrecían vinagre y le decían: «Si tú eres el Rey de los
judíos, ¡sálvate!» Había encima de él una inscripción:
«Este es el Rey de los judíos.» Uno de los malhechores
colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues
¡sálvate a ti y a nosotros!» Pero el otro le respondió
diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma
condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos
merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo
ha hecho.» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando
vengas con tu Reino.» Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy
estarás conmigo en el Paraíso.» Era ya cerca de la hora
sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre
toda la tierra hasta la hora nona. El velo del Santuario se
rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito, dijo:
«Padre, en tus manos pongo mi espíritu» y, dicho esto,
expiró. Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios
diciendo: «Ciertamente este hombre era justo.» Y todas las
115
gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo
que pasaba, se volvieron golpeándose el pecho. Estaban a
distancia, viendo estas cosas, todos sus conocidos y las
mujeres que le habían seguido desde Galilea.
Coro: Gloria a tu Gran Bondad, Señor, gloria a Ti.
Lector: Adelántanos pronto tus misericordias, Señor,
porque estamos muy abatidos. Ayúdanos, Dios, salud
nuestra, por la gloria de tu nombre; y líbranos, y
aplácate sobre nuestros pecados por amor de tu nombre.
Se dice el Triságio.
Lector: Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten
piedad de nosotros. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor,
purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona
nuestras transgresiones. Santo, visita y cura nuestras
enfermedades, por la gracia de tu nombre.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
Nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad
así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro
sustancial de cada día dánoslo hoy. Perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a
116
nuestros deudores. No nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, el poder y la gloria,
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
CONTAQUIO (leído)
¡Vengan todos alabemos al que ha sido crucificado por
nosotros! Porque a Éste, cuando María, lo vio sobre el
Madero, Dijo: Aunque, voluntariamente, has soportado
la crucifixión, serás siempre mi Hijo y mi Dios.
Señor, ten piedad. (cuarenta veces).
Tú que en todo tiempo y a toda hora, tanto en el cielo como
en la tierra, eres adorado y glorificado, Cristo Dios,
paciente, grande en misericordia y ternura, que amas al
justo y tienes piedad del pecador, que a todos los
hombre llamas a la salvación por la promesa de bienes
venideros; tú mismo, Señor, recibe también nuestras
súplicas en esta hora; dirige nuestra vida en tus
mandamientos, santifica nuestras almas, limpia nuestros
cuerpos, dirige nuestros pensamientos, limpia nuestra
mente, líbranos de toda tribulación, iniquidad y
aflicción, y rodéanos de tus ángeles santos, para que
guardados y guiados por sus huestes, seamos dignos de
la unidad de la fe y del entendimiento de tu inaccesible
117
gloria. Porque bendito eres por los siglos de los siglos,
amén.
Señor, ten piedad. (tres veces).
Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo. Ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos, amén.
Más honorable que los querubines e incomparablemente
más gloriosa que los serafines, Tú que incorrupta diste a
luz a Dios el Verbo, verdadera + Teotocos (Deípara), te
magnificamos.
Si hay presbítero: En el nombre del Señor, bendice padre.
Sacerdote: Dios, se compasivo con nosotros, bendícenos y
haz resplandecer sobre nosotros tu rostro, y ten piedad
de nosotros.
Luego esta oración de San Basilio Magno:
Dios y Señor de las potestades y de la creación entera el
Autor, que por la ternura de tu incomparable
misericordia enviaste a tu Hijo Unigénito, Nuestro
Señor Jesucristo, para la salvación de nuestro género
humano, y por medio de su preciosa Cruz destruiste la
cédula de nuestros pecados, y con ella triunfaste sobre
los orígenes y poderes de la obscuridad, tú mismo,
Dueño, que amas a los hombres, acepta estas acciones
de gracias y oraciones de súplica de nosotros
pecadores. Líbranos de toda caída oscura y dañina y de
todo enemigo visible e invisible que nos busque para
hacernos maldad. Enclava nuestra carne al temor de ti y
no inclines nuestros corazones a palabras o
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pensamientos de maldad, mas hiere nuestras almas con
el anhelo de ti, para que siempre mirándote y siendo
guiados por la luz que viene de ti, y viéndote, luz
inaccesible y sempiterna, podamos rendir incesante
confesión y gracias, al Padre, que es sin principio,
juntamente con tu Hijo Unigénito, y tu Santísimo
Espíritu Bueno y Vivificador, ahora y siempre, y por los
siglos de los siglos. Amén.
HORA NONA
Vengan adoremos y postrémonos ante nuestro Rey y Dios.
(Metanía profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante Cristo, nuestro Rey y
Dios. (Metanía profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante el mismo Cristo,
nuestro Rey y nuestro Dios. (Metanía profunda)
SALMO 68
¡Sálvame, oh Dios, porque las aguas me llegan hasta el
cuello! Me hundo en el cieno del abismo, sin poder hacer
pie; he llegado hasta el fondo de las aguas, y las olas me
anegan. Estoy exhausto de gritar, arden mis fauces, mis
ojos se consumen de esperar a mi Dios. Son más que los
cabellos de mi cabeza los que sin causa me odian; más
duros que mis huesos los que me hostigan sin razón. (¿Lo
que yo no he robado tengo que devolver?) Tú, oh Dios, mi
torpeza conoces, no se te ocultan mis ofensas. ¡No se
avergüencen por mí los que en ti esperan, oh Yahveh
Sebaot! ¡No sufran confusión por mí los que te buscan, oh
119
Dios de Israel! Pues por ti sufro el insulto, y la vergüenza
cubre mi semblante; para mis hermanos soy un extranjero,
un desconocido para los hijos de mi madre; pues me
devora el celo de tu casa, y caen sobre mí los insultos de
los que te insultan. Si mortifico mi alma con ayuno, se me
hace un pretexto de insulto; si tomo un sayal por vestido,
para ellos me convierto en burla, cuento de los que están
sentados a la puerta, y copla de los que beben licor fuerte.
Mas mi oración hacia ti, Yahveh, en el tiempo propicio:
por tu gran amor, oh Dios, respóndeme, por la verdad de
tu salvación. ¡Sácame del cieno, no me hunda, escape yo a
los que me odian, a las honduras de las aguas! ¡El flujo de
las aguas no me anegue no me trague el abismo, ni el pozo
cierre sobre mí su boca! ¡Respóndeme, Yahveh, pues tu
amor es bondad; en tu inmensa ternura vuelve a mí tus
ojos; no retires tu rostro de tu siervo, que en angustias
estoy, pronto, respóndeme; acércate a mi alma, rescátala,
por causa de mis enemigos, líbrame! Tú conoces mi
oprobio, mi vergüenza y mi afrenta, ante ti están todos mis
opresores. El oprobio me ha roto el corazón y desfallezco.
Espero compasión, y no la hay, consoladores, y no
encuentro ninguno. Veneno me han dado por comida, en mi
sed me han abrevado con vinagre. ¡Que su mesa ante ellos
se convierta en un lazo, y su abundancia en una trampa;
anúblense sus ojos y no vean, haz que sus fuerzas sin cesar
les fallen! Derrama tu enojo sobre ellos, los alcance el
ardor de tu cólera; su recinto quede hecho un desierto, en
sus tiendas no haya quien habite: porque acosan al que tú
has herido, y aumentan la herida de tu víctima. Culpa
añade a su culpa, no tengan más acceso a tu justicia; del
libro de la vida sean borrados, no sean inscritos con los
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justos. Y yo desdichado, dolorido, ¡tu salvación, oh Dios,
me restablezca! El nombre de Dios celebraré en un
cántico, le ensalzaré con la acción de gracias; y más que
un toro agradará a Yahveh, más que un novillo con
cuernos y pezuñas. Lo han visto los humildes y se alegran;
¡viva vuestro corazón, los que buscáis a Dios! Porque
Yahveh escucha a los pobres, no desprecia a sus cautivos.
¡Alábenle los cielos y la tierra, el mar y cuanto bulle en él!
Pues salvará Dios a Sión, reconstruirá las ciudades de
Judá: habitarán allí y las poseerán; la heredará la estirpe
de sus siervos, los que aman su nombre en ella morarán.
SALMO 69
¡Oh Dios, ven a librarme, Yahveh, corre en mi ayuda!
¡Queden avergonzados y confusos los que buscan mi vida!
¡Atrás!, sean confundidos los que desean mi mal,
retrocedan de vergüenza los que dicen: ¡Ja, ja! ¡En ti se
gocen y se alegren todos los que te buscan! ¡Repitan sin
cesar: «Grande es Dios», los que aman tu salvación! ¡Y yo,
desventurado y pobre, oh Dios, ven presto a mí! ¡Tú, mi
socorro y mi libertador, Yahveh, no tardes!
SALMO 85
Tiende tu oído, Yahveh, respóndeme, que soy
desventurado y pobre, guarda mi alma, porque yo te amo,
salva a tu siervo que confía en ti. Tú eres mi Dios, tenme
piedad, Señor, pues a ti clamo todo el día; recrea el alma
de tu siervo, cuando hacia ti, Señor, levanto mi alma. Pues
tú eres, Señor, bueno, indulgente, rico en amor para todos
los que te invocan; Yahveh, presta oído a mi plegaria,
atiende a la voz de mis súplicas. En el día de mi angustia
121
yo te invoco, pues tú me has de responder; entre los dioses,
ninguno como tú, Señor, ni obras como las tuyas. Vendrán
todas las naciones a postrarse ante ti, y a dar, Señor,
gloria a tu nombre; pues tú eres grande y obras maravillas,
tú, Dios, y sólo tú. Enséñame tus caminos Yahveh, para que
yo camine en tu verdad, concentra mi corazón en el temor
de tu nombre. Gracias te doy de todo corazón, Señor Dios
mío, daré gloria a tu nombre por siempre, pues grande es
tu amor para conmigo, tú has librado mi alma del fondo
del seol. Oh Dios, los orgullosos se han alzado contra mí,
una turba de violentos anda buscando mi alma, y no te
tienen a ti delante de sus ojos. Mas tú, Señor, Dios
clemente y compasivo, tardo a la cólera, lleno de amor y de
verdad, ¡vuélvete a mí, tenme compasión! Da tu fuerza a tu
siervo, salva al hijo de tu sierva. Haz conmigo un signo de
bondad: Que los que me odian vean, avergonzados, que tú,
Yahveh, me ayudas y consuelas.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos, amén.
Aleluya, aleluya, aleluya. Gloria a ti, Oh Dios. (tres veces).
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
APOLITIQUIO (leido)
Cuando el ladrón contempló a la Esencia de la vida
suspendida en la Cruz, dijo: “Si el crucificado con
nosotros no fuera un Dios Encarnado, el sol no habría
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ocultado sus rayos, ni la tierra se hubiera estremecido,
temblando. ¡Pero Tú que todo lo soportaste, acuérdate
de mí, Señor, cuando vengas en Tu Reino!”.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
TEOTOQUÍO (leido)
Tú, que, por nosotros, naciste de la Virgen; Sufriste la
crucifixión, destruiste a la muerte con Tu Muerte y
manifestaste la resurrección siendo Dios. No desprecies
a los que Tú has creado con Tu Mano, oh Bondadoso,
sino revela, Misericordioso, Tu Amor a la humanidad; Y
acepta las intercesiones de Quien Te dio a luz, la Madre
de Dios, y salva a un pueblo desesperado ¡oh Salvador
nuestro!
Mientras se cantan las siguientes Idiomálatas, el sacerdote
inciensa con el incensario en la mano.
Idiomálatas - Tono Séptimo
Una maravilla acontecía, “¿Cómo es que el Creador del
Cielo y de la Tierra está suspendido en una Cruz?”, El
Sol se oscureció, el Día se transformó en noche y en la
tierra, los sepulcros, se abrieron y expulsaron los
cuerpos de los muertos. ¡Sálvanos, pues, que con ellos
nos postramos ante Ti!
(Stíjo) Reparten entre sí mi ropa y se echan a suertes mi
túnica. (Salmo 12 ‘22’:19) Me han echado veneno en la
comida, han apagado mi sed con vinagre. (Salmo 68
‘69’: 22) Tono Segundo
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Cuando los impíos, Te clavaron en la Cruz, oh Señor de
gloria, Tú clamaste hacia ellos: “¿Con qué os
entristecí? Y ¿Con qué os he irritado? ¿Quién, antes que
yo, os liberó de la tristeza? Y ahora, ¿Con qué, me
recompensáis? ¡En vez del bien, con Mal; en vez de la
columna de fuego, me claváis en una Cruz; En vez de las
nubes, me caváis una tumba; En vez del maná me
ofrecéis hiel; Y en vez del agua me dais a beber vinagre!
Convocaré, pues, en adelante, a los gentiles, y ellos Me
glorificarán junto al Padre y al Espíritu Santo.
De pie, en medio del Templo y ante un Crucifijo, el
sacerdote dice:
Gloria... Ahora - Tono Sexto
¡Hoy fue colgado sobre el madero, Aquél que suspendió la
tierra sobre las aguas! (Tres veces) *¡Una Corona de
espinas ciñó la Cabeza del Rey de los ángeles! *¡Una
Púrpura de burla vistió, Aquél que cubrió los cielos con
las nubes! *¡Recibió una bofetada, Aquél que liberó a
los hijos Adán en las aguas el Jordán! *¡El Novio de la
Iglesia fue clavado en la Cruz; y el Hijo de la Virgen,
fue herido con una lanza! *¡Nos postramos ante Tu
Pasión, oh Cristo! (Tres veces) *¡Muéstranos, pues, Tu
Gloriosa Resurrección!
Luego el sacerdote y los fieles hacen una genuflexión o
metanía profunda y en silencio pasan a besar el
crucifijo, mientras el coro canta lo siguiente:
124
¡Oh Cruz fiel! el más noble de los árboles; ningún
bosque produjo otro igual en hoja, ni en flor, ni en
fruto.
¡Oh dulce leño, dulces clavos los que sostuvieron tan dulce
peso!
1. Canta, lengua, la victoria del más glorioso combate, y
celebra el noble triunfo de la Cruz, y cómo el Redentor
del mundo venció inmolado en ella.
R. ¡Oh Cruz fiel! el más noble de los árboles; ningún
bosque produjo otro igual en hoja, ni en flor, ni en
fruto.
2. Compadecido el Creador del engaño de nuestro primer
padre, incurriendo en la muerte por haber gustado del
fruto prohibido, señaló otro árbol para reparar el daño
del primero.
R. ¡Oh dulce leño, dulces clavos los que sostuvieron tan
dulce peso!
3. Este modo de obrar nuestra salvación requería que una
estratagema burlase las artes del traidor, y hallase el
remedio donde hirió el enemigo con su engaño.
R. ¡Oh Cruz fiel! el más noble de los árboles; ningún
bosque produjo otro igual en hoja, ni en flor, ni en
fruto.
125
4. Cuando vino pues la plenitud del tiempo sagrado, fue
enviado del seno del Padre, su hijo, Creador del
mundo, y, revestido de la carne, nació de un vientre
virginal.
R. ¡Oh dulce leño, dulces clavos los que sostuvieron tan
dulce peso!
5. Llora el tierno Infante reclinado en angosto pesebre;
envuelve en pañales su tiernos miembros la Virgen
madre; y enfaja los pies y las manos de un Dios.
R. ¡Oh Cruz fiel! el más noble de los árboles; ningún
bosque produjo otro igual en hoja, ni en flor, ni en
fruto.
6. Cuando cumplió los treinta años, terminando ya el
tiempo de la vida mortal, ofrecióse libremente el
Redentor a las penas: el Cordero es levantado en la
Cruz, para ser sacrificado.
R. ¡Oh dulce leño, dulces clavos los que sostuvieron tan
dulce peso!
7. Mira cómo languidece, gustando amarga hiel,
traspasado su cuerpo de espinas, clavos y lanza:
manando sangre y agua: la tierra, el mar, el cielo, el
mundo entero quedan lavados en este río.
126
R. ¡Oh Cruz fiel! el más noble de los árboles; ningún
bosque produjo otro igual en hoja, ni en flor, ni en
fruto.
8. Dobla tus ramas, oh árbol elevado, pliega tus tersas
fibras, ablándese tu nativa dureza; y extiende
dulcemente tus brazos a los miembros del Rey soberano.
R. ¡Oh dulce leño, dulces clavos los que sostuvieron tan
dulce peso!
9. Tú sola fuiste digna de sostener la víctima del mundo, y
preparar el puerto de salvación al arca del mundo
náufrago, rociado con la sangre sagrada del Cuerpo del
Cordero.
R. ¡Oh Cruz fiel! el más noble de los árboles; ningún
bosque produjo otro igual en hoja, ni en flor, ni en
fruto.
10. Gloria eterna a la Trinidad soberana; gloria igual al
Padre y al Hijo; igual honor al Espíritu Consolador. El
universo alabe el nombre del que es Uno y Trino. Así
sea.
R. ¡Oh dulce leño, dulces clavos los que sostuvieron tan
dulce peso!
Las Lecturas Sagradas
El Prokímenon - Tono Cuarto
Sacerdote o Diácono: Atendamos.
127
Lector: Dice el necio en su interior: “¡No existe Dios!”
(Salmo 13 ‘14’: 1a) y (Salmo 52 ‘53’: 2a) (Stíjo)
Corrompidos están, da asco su conducta, no hay quien
haga el bien. (Ídem. 1b) y (Ídem. 2b)
Sacerdote o Diácono: Sabiduría.
Lector: Lectura de la Profecía del Jeremías. [Jeremías 11:
18-23 y 12: 1-5, 9-10, 14-15]
Sacerdote o Diácono: Atendamos.
PROFECÍA: (Jeremias 11, 18-23 & 12, 1-5 & 9-11 & 14-
15)
Yahveh me lo hizo saber, y me enteré de ello. Entonces
me descubriste, Yahveh, sus maquinaciones. Y yo que
estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber
que contra mí tramaban maquinaciones: «Destruyamos el
árbol en su vigor; borrémoslo de la tierra de los vivos, y su
nombre no vuelva a mentarse.» ¡Oh Yahveh Sebaot, juez de
lo justo, que escrutas los riñones y el corazón!, vea yo tu
venganza contra ellos, porque a ti he manifestado mi
causa. Y en efecto, así dice Yahveh tocante a los de Anatot,
que buscan mi muerte diciendo: «No profetices en nombre
de Yahveh, y no morirás a nuestras manos». Por eso así
dice Yahveh Sebaot: He aquí que yo les voy a visitar. Sus
mancebos morirán por la espada, sus hijos e hijas morirán
de hambre, y no quedará de ellos ni reliquia cuando yo
traiga la desgracia a los de Anatot, el año en que sean
visitados. Tu llevas la razón, Yahveh, cuando discuto
contigo, no obstante, voy a tratar contigo un punto de
128
justicia. ¿Por qué tienen suerte los malos, y son felices
todos los felones? Los plantas, y enseguida arraigan, van a
más y dan fruto. Cerca estás tú de sus bocas, pero lejos de
sus riñones. En cambio a mí ya me conoces, Yahveh; me
has visto y has comprobado que mi corazón está contigo.
Llévatelos como ovejas al matadero, y conságralos para el
día de la matanza. (¿Hasta cuándo estará de luto la tierra
y la hierba de todo el campo estará seca? Por la maldad de
los que moran en ella han desaparecido bestias y aves.)
Porque han dicho: «No ve Dios nuestros senderos.» - Si
con los de a pie corriste y te cansaron, ¿cómo competirás
con los de a caballo? Y si en tierra abierta te sientes
seguro. ¿qué harás entre el boscaje del Jordán? ¿Es por
ventura un pájaro pinto mi heredad? Las rapaces
merodean sobre ella. ¡Andad, juntaos, fieras todas del
campo: id al yantar! Entre muchos pastores destruyeron mi
viña, hollaron mi heredad, trocaron mi mejor campa en un
yermo desolado. La convirtieron en desolación lamentable,
en inculta para mí. Totalmente desolado está todo el país
porque no hay allí nadie que lo sienta. Así dice Yahveh: En
cuanto a todos los malos vecinos que han tocado la
heredad que di en precio a mi pueblo Israel, he aquí que yo
los arranco de su solar. (Y a la casa de Judá voy a
arrancarla de en medio de ellos.) Pero luego de haberlos
arrancado, me volveré y les tendré lástima, y les haré
retornar, cada cual a su heredad y a su tierra.
EPISTOLA: (Hebreos 10, 19-31)
Teniendo, pues, hermanos, plena seguridad para entrar
en el santuario en virtud de la sangre de Jesús, por este
camino nuevo y vivo, inaugurado por él para nosotros, a
129
través del velo, es decir, de su propia carne, y con un Sumo
Sacerdote al frente de la casa de Dios, acerquémonos con
sincero corazón, en plenitud de fe, purificados los
corazones de conciencia mala y lavados los cuerpos con
agua pura. Mantengamos firme la confesión de la
esperanza, pues fiel es el autor de la Promesa. Fijémonos
los unos en los otros para estímulo de la caridad y las
buenas obras, sin abandonar vuestra propia asamblea,
como algunos acostumbran hacerlo, antes bien,
animándoos: tanto más, cuanto que veis que se acerca ya
el Día. Porque si voluntariamente pecamos después de
haber recibido el pleno conocimiento de la verdad, ya no
queda sacrificio por los pecados, sino la terrible espera del
juicio y la furia del fuego pronto a devorar a los rebeldes.
Si alguno viola la Ley de Moisés es condenado a muerte sin
compasión, por la declaración de dos o tres testigos.
¿Cuánto más grave castigo pensáis que merecerá el que
pisoteó al Hijo de Dios, y tuvo como profana la sangre de
la Alianza que le santificó, y ultrajó al Espíritu de la
gracia? Pues conocemos al que dijo: “Mía es la venganza;
yo daré lo merecido.” Y también: “El Señor juzgará a su
pueblo. ¡Es tremendo caer en la manos de Dios vivo!”
EVANGELIO: (Juan 23-37)
Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron
sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para
cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida
de una pieza de arriba abajo. Por eso se dijeron: «No la
rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca.»
Para que se cumpliera la Escritura: “Se han repartido mis
vestidos, han echado a suertes mi túnica. Y esto es lo que
130
hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su
madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás,
y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a
ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer,
ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a
tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en
su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo
estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice:
«Tengo sed.» Había allí una vasija llena de vinagre.
Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en
vinagre y se la acercaron a la boca. Cuando tomó Jesús el
vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E inclinando la
cabeza entregó el espíritu. Los judíos, como era el día de la
Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz
el sábado - porque aquel sábado era muy solemne -
rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los
retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las
piernas del primero y del otro crucificado con él. Pero al
llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron
las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el
costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El
que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe
que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y
todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: “No
se le quebrará hueso alguno.” Y también otra Escritura
dice: “Mirarán al que traspasaron.”
Coro: Gloria a tu Gran Bondad, Señor, gloria a Ti.
Lector: No nos abandones para siempre, por Tu Santo
Nombre; No quebrantes Tu Promesa; Y no alejes de
nosotros Tu Misericordia. Por Abraham Tu Amado,
131
por Isaac Tu Siervo y por Israel Tu Santo. (Alabanza
de los tres varones, versos 11 - 12)
Se dice el Triságio.
Lector: Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten
piedad de nosotros. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor,
purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona
nuestras transgresiones. Santo, visita y cura nuestras
enfermedades, por la gracia de tu nombre.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
Nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad
así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro
sustancial de cada día dánoslo hoy. Perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a
nuestros deudores. No nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, el poder y la gloria,
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
CONDAQUIO (leido)
132
¡Vengan todos alabemos al que ha sido crucificado por
nosotros! Porque a Éste, cuando María, lo vio sobre el
Madero, Dijo: Aunque, voluntariamente, has soportado
la crucifixión, serás siempre mi Hijo y mi Dios.
Señor, ten piedad. (cuarenta veces).
Tú que en todo tiempo y a toda hora, tanto en el cielo como
en la tierra, eres adorado y glorificado, Cristo Dios,
paciente, grande en misericordia y ternura, que amas al
justo y tienes piedad del pecador, que a todos los
hombre llamas a la salvación por la promesa de bienes
venideros; tú mismo, Señor, recibe también nuestras
súplicas en esta hora; dirige nuestra vida en tus
mandamientos, santifica nuestras almas, limpia nuestros
cuerpos, dirige nuestros pensamientos, limpia nuestra
mente, líbranos de toda tribulación, iniquidad y
aflicción, y rodéanos de tus ángeles santos, para que
guardados y guiados por sus huestes, seamos dignos de
la unidad de la fe y del entendimiento de tu inaccesible
gloria. Porque bendito eres por los siglos de los siglos,
amén.
Señor, ten piedad. (tres veces).
Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo. Ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos, amén.
Más honorable que los querubines e incomparablemente
más gloriosa que los serafines, Tú que incorrupta diste a
luz a Dios el Verbo, verdadera + Teotocos (Deípara), te
magnificamos.
133
Si hay presbítero: En el nombre del Señor, bendice padre.
Sacerdote: Dios, se compasivo con nosotros, bendícenos y
haz resplandecer sobre nosotros tu rostro, y ten piedad
de nosotros.
Amén.
Oh Maestro Divino, Señor Dios nuestro Jesucristo, que
eres paciente con nuestros pecados y nos has permitido
llegar hasta la hora presente, en la cual fuiste colgado
al vivificante Madero de la Cruz, desde donde abriste el
paraíso al ladrón arrepentido, destruyendo a la vez la
muerte con tu muerte: purifícanos a nosotros,
pecadores, tus indignos siervos /porque hemos pecado
inicuamente sin piedad, no somos dignos ni siquiera de
levantar los ojos al cielo al habernos apartado del
camino de tu justicia y dejándonos llevar por los deseos
torcidos de nuestro corazón. Mas imploramos tu infinita
bondad: retórnanos, oh Señor, a tu Gracia, por la
multitud de tus misericordias, y sálvanos por amor a tu
nombre, pues nuestros días han pasado en solo vanidad.
Líbranos de las manos del adversario, perdona nuestros
pecados y mortifica nuestros planes carnales, a fin de
que, quitando de nosotros el hombre corrompido por los
vicios, podamos revestirnos del hombre nuevo para
poder vivir en ti, nuestro Maestro y Benefactor; así,
obedeciendo tus mandamientos, podamos disponernos al
descanso eterno, donde esperan todos aquellos tus fieles
que gozan ya por anticipado, pues tú eres, en verdad, la
verdadera Alegría y Exultación de aquellos que te aman,
oh Cristo nuestro Dios, y a ti pertenece la gloria,
conjuntamente con tu Padre que es sin origen, y tu
134
Santísimo Espíritu Bueno y Vivificante, ahora y siempre,
y por los siglos de los siglos, amén.
Lector: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Bendice Padre.
Sacerdote: El que soporto escupidas, latigazos, bofetadas,
crucifixión y muerte por la salvación del mundo,
Cristo, verdadero Dios nuestro, por la intercesión de su
purísima Madre, por el poder de la vivificante y
preciosa Cruz, la protección de las celestiales
potestades incorpóreas, las súplicas del venerable y
glorioso profeta, Precursor y Bautista, Juan; de los
santos gloriosos y alabadísimos Apóstoles, de nuestros
santos Padres, grandes jerarcas y ecuménicos maestros,
de los santos, gloriosos y victoriosos mártires, de
nuestros justos y teóforos Padres, de los santos y justos
familiares del Señor, Joaquín y Ana, de san N. (del santo
titular del templo), y (se conmemora al santo del día),
cuya memoria celebramos, y de todos los santos, tenga
misericordia de nosotros y nos salve, pues es Dios
bondadoso y amante de la humanidad.
El Sacerdote se voltea hacia el icono del Señor y hace la exclamación final:
Sacerdote (exclamación): Por las oraciones de nuestros
Santos Padres, Señor Jesús Cristo, Dios nuestro, ten
piedad de nosotros y sálvanos.
Coro: Amén.
135
136
GRAN VIERNES SANTO
VISPERAS
El Sacerdote y el Diácono, si hay, vestidos con razo y calimafio, hacen una
metanía al Trono Episcopal, y luego entran al Santuario. Hacen tres metanías
delante del Altar, después de las cuales besa el Sacerdote el Evangeliario, la
Cruz y el Altar, y el Diácono la esquina derecha del altar. Habiéndose vestido
con el epitraquílio, sale el Sacerdote y enfrente al Crucificado comienza el
oficio. Todas las peticiones, letanías y los comienzos de incensaciones son
hechos enfrente al Crucificado.
Sacerdote: Bendito sea nuestro Dios, eternamente, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Se lee el Trisagio
Sacerdote: Gloria a Ti, Dios Nuestro, Santísima
Trinidad Gloria a Ti.
Sacerdote: Rey Celestial, Consolador, Espíritu de
Verdad, Tú que estás en todo lugar llenándolo
todo, Tesoro de bienes y Dador de vida, ven a
habitar en nosotros, purifícanos de toda mancha,
y salva, Tú que eres bueno, nuestras almas.
Lector: Santo Dios, Santo Poderoso, Santo
Inmortal, ten piedad de nosotros. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora
y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros Señor,
purifícanos de nuestros pecados. Soberano,
perdona nuestras transgresiones. Santo, visita y
137
cura nuestras enfermedades, por la gracia de tu
nombre.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora
y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado
sea tu Nombre, venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad así en la tierra como en el
cielo. El pan nuestro sustancial de cada día
dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, así
como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
No nos dejes caer en la tentación, mas líbranos
del maligno.
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, y el poder, y
la gloria: del Padre, y del Hijo y del Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los
siglos.
Lector: Amén.
Señor, ten piedad. (doce veces)
El principal de la asamblea o el Lector comienza a leer el Salmo de Entrada
(Salmo 103)
Vengan adoremos y postrémonos ante nuestro Rey y Dios.
(Metanía profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante Cristo, nuestro Rey y
Dios. (Metanía profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante el mismo Cristo,
nuestro Rey y nuestro Dios. (Metanía profunda)
138
Salmo 103, (leído)
El principal de la asamblea o el Lector:
Bendice, alma mía, al Señor. Señor, Dios mío, Te has
ensalzado sobremanera.
Te has vestido de gloria y magnificencia; te arropa la luz
como un manto.
El que extiende el cielo como una piel; el que sobre las
aguas levanta sus altas moradas.
El que pone nubes para su ascensión; el que camina sobre
las alas del viento.
El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros
llamas de fuego.
El que fundó la tierra sobre sus bases; no vacilará por los
siglos de los siglos.
Océanos abismales como manto la cubren; sobre los
montes se establecen las aguas.
Con tu reprensión huirán; a la voz de tu trueno se
atemorizarán.
Suben los montes y descienden los valles, al lugar donde
las fundaste.
Les pusiste límite, el cual no traspasarán, ni volverán a
cubrir a la tierra.
El que hace salir manantiales en precipicios; en medio de
las montañas fluirán las aguas.
Abrevan a todas las bestias del campo; reciben a los
onagros para que calmen su sed.
Junto a ellas habitarán las aves del cielo; en medio de las
piedras darán cantos.
139
Riegas los montes desde tus altas moradas; del fruto de tus
obras se saciará la tierra.
El que levanta el heno para los ganados, y verduras al
servicio del hombre.
Para obtener pan de la tierra; el vino alegra el corazón del
hombre.
El aceite hace lucir su rostro, y el pan sustenta su corazón.
Se sacian los árboles del llano, los cedros del Líbano que
Tú plantaste.
Allí anidarán las aves; soberano a ellos, el nido de la
cigüeña.
Los montes altos para los ciervos; las piedras,
madrigueras para conejos.
Hizo la luna para marcar los tiempos; el sol conoció su
ocaso.
Puso las tinieblas, y se hizo de noche; en ella rondan todas
las fieras de la selva.
Los leoncillos rugen para raptar y para clamarle a Dios
por su alimento.
Al levantarse el sol se reúnen, a echarse en sus guaridas.
Sale el hombre a sus cultivos, y a su labor hasta el
atardecer.
¡Cuánto se han engrandecido tus obras, Señor! Todo lo
has creado con sabiduría. Se llenó la tierra de tus
criaturas.
He aquí el mar, el grande y dilatado; en él habitan reptiles
sin número, animales pequeños y grandes.
Allí surcan navíos; el Leviatán que creaste para que jugase
en él.
140
Todos ellos esperan de Ti que les des su alimento a buen
tiempo. Al darles, lo recogen.
Al abrir tu mano, integras las cosas se hartan de bondad.
Cuando retiras tu rostro, se turban.
Les retiras su aliento y expiran; al polvo que son retornan.
Envías tu aliento, y son creados; y renuevas la faz de la
tierra.
Sea la gloria del Señor por los siglos; se alegra el Señor en
sus obras.
El que mira a la tierra y la hace temblar; el que toca los
montes y humean.
Al Señor cantaré en mi vida; salmodiaré a mi Dios
mientras exista.
Que le sea dulce mi poema; mas yo, me alegraré en el
Señor.
Que desaparezcan los pecadores de la tierra y los inicuos,
para que no existan.
Bendice, alma mía, al Señor.
Y repite: El sol conoció su ocaso. Puso las tinieblas, y se
hizo de noche. ¡Cuánto se han engrandecido tus obras,
Señor! Todo lo has creado con sabiduría.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya. Aleluya. Aleluya. Gloria a ti, Dios. (Tres veces)
Señor, esperanza nuestra, gloria a Ti.
(Mientras se lee el Salmo 103, el Sacerdote lee enfrente al Crucificado las 7
oraciones de la Luz, que se encuentran al final)
141
El Diácono mientras es leído el Salmo 103, se viste el estiquário y el orario.
Finalizado el Salmo, sale por la puerta septentrional al Crucificado y recita la
súplica de paz:
SÚPLICA DE PAZ
Diácono: En paz, roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz de lo Alto y por la salvación de
nuestras almas, roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz del mundo entero, la estabilidad de
las Santas Iglesias de Dios, y la unión de todos,
roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta santa casa y por todos los que en ella
entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al
Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por los cristianos piadosos y ortodoxos,
roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por nuestro arzobispo N., por el honorable
presbiterado y el diaconado en Cristo; por todo el clero
y el pueblo, roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por nuestra piadosa nación, por toda autoridad
y poder, por el ejército que ama a Cristo, roguemos al
Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
142
Diácono: Por esta ciudad (o por este monasterio), por toda
ciudad y país, y por los fieles que en ellos habitan,
roguemos al Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por un clima benéfico, por la abundancia de los
frutos de la tierra, y por tiempos pacíficos, roguemos al
Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por quienes viajan por tierra, mar o aire, por los
enfermos, los afligidos y los cautivos, y por su salvación,
roguemos al Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Para que seamos liberados de toda tribulación,
ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y
protégenos, Dios, por tu gracia.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
santísima, Purísima, benditísima y gloriosa Madre de
Dios y siempre Virgen María, junto con todos los
santos, encomendemos: cada uno a sí mismo, y unos a
otros, y nuestra vida entera, a Cristo nuestro Dios.
Coro izquierdo: A ti, Señor.
Sacerdote (Exclamación): Porque a ti se debe toda gloria,
honor y adoración: al Padre y al Hijo y al Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro izquierdo: Amén.
143
No hay lectura del Salterio
El Diácono, entra al Santuario y acerca el incensario al Sacerdote para que
lo bendiga.
Diácono: (en voz baja) Bendice Padre el incienso.
Sacerdote: (en voz baja) Bendito sea nuestro Dios
eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén.
Sacerdote: (en voz baja) Incienso Te ofrecemos, Cristo
Dios nuestro, como olor de fragancia espiritual; al
recibirlo en tu Altar celestial, envíanos a cambio la
gracia de tu Santísimo Espíritu.
Cuando el Coro comienza a cantar, el Diácono comienza a incensar alrededor
del Crucificado (4 vecesx3), el icono del Trono y al Obispo, si está, y los
iconos del iconostasio. Después incesa al pueblo, comenzando por el costado
septentrional del templo, y volviendo por el meridional. Vuelve a incesar al
Crucificado, el Trono, los iconos, y entra al santuario por la puerta
meridional, para incensar el Altar, la mesa de la Prótesis, al sacerdote, y
termina.
Si no hay Diácono, el Sacerdote es quien debe hacer la incensación, vestido
con el felónio.
Salmo 140 (141)
Coro derecho: Señor, a Ti he clamado, óyeme;* óyeme,
Señor.* Señor, a Ti he clamado, óyeme;* presta
atención a la voz de mi petición,* cuando a Ti clamaré;*
óyeme, Señor.
Coro izquierdo: Que mi oración se dirija* como el
incienso a tu presencia;* sea la elevación de mis manos,
como sacrificio vespertino;* óyeme, Señor.
144
Estiquerio: Si acechares la iniquidad, Señor; ¿quién
Señor, resistiría?* mas por Ti la propiciación es
aceptada.
Toda la creación quedó invadida de terror, al verte
suspendido de en la cruz, ¡Oh Cristo! El sol se cubrió de
tinieblas, los fundamentos de la tierra se estremecieron;
todas las cosas padecían con el creador de todo. ¡Gloria
a Ti Señor que has sufrido voluntariamente por
nosotros!
Estiquerio: Desde la vigilia matutina hasta la noche;*
desde la vigilia matutina,* tened Israel esperanza en el
Señor.
¿Por qué el pueblo impío e inicuo medita vanos
designios? ¿Por qué ha condenado a la muerte al que es
Vida de todos? ¡Oh gran prodigio! El creador de todo el
universo es entregado en manos de los impíos, es
elevado sobre un leño, el que ama a la humanidad, para
librar así a los prisioneros retenidos en el Hades,
quienes exclaman ¡Magnánimo Señor, Gloria a Ti!
Estiquerio: Porque de parte del Señor es la misericordia, y
en Él hay abundante redención;* y Él redimirá a Israel
de todas sus iniquidades.
Hoy la Virgen Purísima, viéndote elevado en la cruz, ¡Oh
Verbo!, Sufría en sus entrañas de Madre, tenía el
corazón amargamente traspasado, y gimiendo con dolor
en la profundidad de Su alma, fue consumida ahora por
los dolores que antes no conoció en el parto; por esto,
llorando abundantemente, exclamó gimiendo: ¡Ay de mí,
Hijo divino! ¡Ay de mí, Luz del mundo! ¿Por qué te
145
quitas de mi vista, Cordero de Dios? Las legiones de los
incorpóreos, poseídas de temor decían: ¡Inabarcable
Señor, Gloria a Ti!
Estiquerio: Alabad al Señor todas las naciones;*
ensalzadle todos los pueblos.
Viéndote suspendido del madero, ¡Oh Cristo!, a Ti, el
Creador de todo, Aquella que te engendró sin varón
gritó amargamente: ¿Hijo mío dónde está la belleza de
tu rostro? No soporto verte crucificado injustamente.
¡Apresúrate, pues, resucita, para que también vea Tu
resurrección de entre los muertos al tercer día!
Estiquerio: Porque se ha afirmado su misericordia sobre
nosotros;* y la verdad del Señor permanecerá
eternamente.
Ante Pilatos comparece en este día el Señor de la creación
y el creador del Universo como un cordero se deja
llevar a la cruz; lo atraviesan con clavos, traspasan su
costado; Aquel que hizo llover el maná, bebe la hiel, el
Salvador del mundo es golpeado con burla, el Creador
de los hombres es insultado por sus propios siervos; el
Maestro nos ama hasta el punto de rogar por sus
verdugos: ¡Padre, perdónales el pecado, pues no saben
lo que hacen contra ti!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Cómo puede la asamblea de los impíos condenar a muerte
al Rey de la creación sin avergonzarse, con la memoria
de sus beneficios que la voz del Maestro podía
recordarles: "Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿No he
146
colmado de milagros la Judea? ¿No he resucitado los
muertos con mi sola palabra? ¿No he sanado toda
debilidad y toda enfermedad? ¿Con qué me retribuyes?
¿Por qué me olvidas? Por mis curaciones, tú me cubres
de llagas; a cambio de la vida, tú me entregas a la
muerte; como a un criminal cuelgas de la cruz a tu
Bienhechor, como a un malhechor, a tu Legislador,
como a un condenado, al Rey del universo!" ¡Señor
magnánimo, gloria a ti!
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Un terrible y paradójico misterio vemos cumplirse en este
día: El intangible es apresado, es encadenado El que
libera a Adán de la maldición, aquél que sondea los
corazones y las entrañas es injustamente examinado, es
encerrado en prisión Aquel que cierra el abismo, es
presentado ante Pilatos Aquel ante el cual están con
temor las Potencias de los cielos, es abofeteado por la
mano de la criatura lo criado, el Creador, es condenado
a la cruz el que juzga a vivos y muertos, es puesto en
una tumba el destructor del Hades. ¡Señor que soportas
todo esto con paciencia y a todos salvas de la maldición,
gloria a Ti!
Cuando el coro canta "Ahora ...", el Diácono abre las Puertas Reales, y
Sacerdote y Diácono realizan la Entrada con el Evangeliario. Salen por la
puerta septentrional, llegan hasta enfrente al Crucificado y dice el Diácono al
Sacerdote en voz baja:
Diácono (en voz baja): Bendice, Soberano, la Santa
Entrada.
147
Sacerdote (en voz baja y bendiciendo hacia el Altar):
Bendita es la entrada de tus Santos, eternamente, ahora y
siempre, y por siglos de los siglos.
Diácono (en voz baja): Amén.
El Sacerdote recita la oración de la Entrada.
Sacerdote: (en voz baja) A la tarde, a la mañana y al medio
día, Te alabamos, Te bendecimos, Te damos gracias y te
suplicamos, Maestro de todo, Señor amante de la
humanidad. Dirige nuestra oración como incienso ante Ti,
y no inclines nuestros corazones a palabras o
pensamientos de maldad; antes bien, líbranos de todos los
que persiguen nuestras almas, pues, Señor, Señor, en Ti
están nuestros ojos y en Ti esperamos; no nos dejes
avergonzados, Dios nuestro.
Porque a Ti se debe toda gloria, honor y adoración, al Padre,
al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos.
Al acabar el Coro de cantar el Teotokío, el Diácono exclama elevando el
Evangeliario:
Diácono. Sabiduría. ¡Estemos de pie!
El himno de “agradecimiento con la luz de las lámparas”, es leído
solemnemente por el primero de la asamblea. En el caso que la Entrada halla
sido efectuada por varios sacerdotes, entonces es cantado por ellos.
El primero de la asamblea:
Luz apacible de la santa gloria* del Padre inmortal;*
celestial, santo y bendito Jesús Cristo.* Al llegar a la
puesta del sol;* viendo la luz vespertina;* cantamos
148
himnos al Padre, Hijo y Espíritu Santo, Dios;* digno es
en todo tiempo* cantarte con voces propicias,* Hijo de
Dios, Dador de vida;* por lo cual el mundo Te
glorifica.
Diácono: Proquímeno vespertino.
LECTURAS
Lector: Proquimeno. Tono 4º. Salmo 21.
Reparten entre sí mi ropa, y se echan a suertes mi túnica.
Verso: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has
abandonado?
En las vísperas de las fiestas mayores hay tres lecturas del Antiguo
Testamento. El Diácono (o el Sacerdote) exclama antes de cada una;
‘Sabiduría’, y el lector anuncia el título del libro bíblico; (por ejemplo:
‘Lectura del Génesis’), y el Diácono concluye: ‘Atendamos’. El lector lee, y
esto se repite al comenzar cada una de las tres lecturas.
Lector: Lectura del libro del Éxodo (33, 11-23)
Yahvé hablaba con Moisés cara a cara, como habla un
hombre con su amigo. Luego volvía Moisés al
campamento, pero su ayudante, el joven Josué, hijo de
Nun, no se apartaba del interior de la Tienda. Dijo Moisés
a Yahvé: «Mira, tú me dices: Haz subir a este pueblo; pero
no me has indicado a quién enviarás conmigo; a pesar de
que me has dicho: “Te conozco por tu nombre”, y también:
“Has hallado gracia a mis ojos.” Ahora, pues, si realmente
he hallado gracia a tus ojos, hazme saber tu camino, para
149
que yo te conozca y halle gracia a tus ojos, y mira que esta
gente es tu pueblo.» Respondió él: «Yo mismo iré contigo y
te daré descanso.» Le contestó: «Si no vienes tú mismo, no
nos hagas partir de aquí. Pues ¿en qué podrá conocerse
que he hallado gracia a tus ojos, yo y tu pueblo, sino en
eso, en que tú marches con nosotros? Así nos
distinguiremos, yo y tu pueblo, de todos los pueblos que
hay sobre la tierra.» Respondió Yahvé a Moisés: «Haré
también esto que me acabas de pedir, pues has hallado
gracia a mis ojos, y yo te conozco por tu nombre.»
Entonces dijo Moisés: «Déjame ver, por favor, tu gloria.»
Él le contestó: «Yo haré pasar ante tu vista toda mi bondad
y pronunciaré delante de ti el nombre de Yahvé; pues hago
gracia a quien hago gracia y tengo misericordia con quien
tengo misericordia.» Y añadió: «Pero mi rostro no podrás
verlo; porque no puede verme el hombre y seguir
viviendo.» Luego dijo Yahvé: «Mira, hay un lugar junto a
mí; tú te colocarás sobre la peña. Y al pasar mi gloria, te
pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi
mano hasta que yo haya pasado. Luego apartaré mi mano,
para que veas mis espaldas; pero mi rostro no se puede
ver.»
Lector: Proquimeno. Tono 4º. Salmo 34.
Juzga Señor, a los que me hacen injusticia; Lucha
contra los que luchan contra mí.
Verso: Me devolvieron mal por bien, y esterilidad a mi
alma.
150
Lector: Lectura del libro Job (42, 12-17)
Yahvé bendijo la nueva situación de Job más aún que la
antigua: llegó a poseer 14.000 ovejas, 6.000 camellos, mil
yuntas de bueyes y mil asnas. Tuvo además siete hijos y
tres hijas. A la primera le puso el nombre de «Paloma», a
la segunda el de «Canela» y a la tercera el de «Cuerno de
afeites». No había en todo el país mujeres tan bonitas como
las hijas de Job. Y su padre les dio parte en la herencia
entre sus hermanos. Después de esto, vivió Job todavía 140
años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, cuatro
generaciones. Después Job murió anciano y colmado de
días.
Lector: Lectura de las profecías de Isaías (52, 13 – 54, 1)
He aquí que prosperará mi Siervo, será enaltecido,
levantado y ensalzado sobremanera. Así como se
asombraron de él muchos - pues tan desfigurado tenía el
aspecto que no parecía hombre, ni su apariencia era
humana - otro tanto se admirarán muchas naciones; ante
él cerrarán los reyes la boca, pues lo que nunca se les
contó verán, y lo que nunca oyeron reconocerán.¿Quién
dio crédito a nuestra noticia? Y el brazo de Yahvé ¿a quién
se le reveló? Creció como un retoño delante de él, como
raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; (le
vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar.
Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y
sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el
rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta. ¡Y con todo
eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros
151
dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por
azotado, herido de Dios y humillado. Él ha sido herido por
nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Él soportó
el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos
sido curados. Todos nosotros como ovejas erramos, cada
uno marchó por su camino, y Yahvé descargó sobre él la
culpa de todos nosotros. Fue oprimido, y él se humilló y no
abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y
como oveja que ante los que la trasquilan está muda,
tampoco él abrió la boca. Tras arresto y juicio fue
arrebatado, y de sus contemporáneos, ¿quién se preocupa?
Fue arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías
de su pueblo ha sido herido; y se puso su sepultura entre
los malvados y con los ricos su tumba, por más que no hizo
atropello ni hubo engaño en su boca. Mas plugo a Yahvé
quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en
expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que
plazca a Yahvé se cumplirá por su mano. Por las fatigas de
su alma, verá luz, se saciará. Por su conocimiento
justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él
soportará. Por eso le daré su parte entre los grandes y con
poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó
a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó
el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes. Grita
de júbilo, estéril que no das a luz, rompe en gritos de júbilo
y alegría, la que no ha tenido los dolores; que más son los
hijos de la abandonada, que los hijos de la casada, dice
Yahvé.
Lector: Proquimeno. Tono 6º. Salmo 87.
152
Me has puesto en una fosa profunda: en lugares
tenebrosos y en sombra de muerte.
Verso: Señor, Dios de mi salvación, de día y de noche he
clamado ante Ti..
EPÍSTOLA
Lector: Lectura de la primera epístola del Apóstol Pablo a
los Corintios (1, 18 – 2, 2)
Pues la predicación de la cruz es una necedad para los
que se pierden; mas para los que se salvan - para nosotros
- es fuerza de Dios. Porque dice la Escritura: Destruiré la
sabiduría de los sabios, e inutilizaré la inteligencia de los
inteligentes. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el docto?
¿Dónde el sofista de este mundo? ¿Acaso no entonteció
Dios la sabiduría del mundo? De hecho, como el mundo
mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su
divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes
mediante la necedad de la predicación. Así, mientras los
judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría,
nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo
para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los
llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de
Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es más
sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad
divina, más fuerte que la fuerza de los hombres. ¡Mirad,
hermanos, quiénes habéis sido llamados! No hay muchos
sabios según la carne ni muchos poderosos ni muchos de la
nobleza. Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo
para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil
153
del mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y
despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es,
para reducir a la nada lo que es. Para que ningún mortal
se gloríe en la presencia de Dios. De él os viene que estéis
en Cristo Jesús, al cual hizo Dios para nosotros sabiduría
de origen divino, justicia, santificación y redención, a fin
de que, como dice la Escritura: El que se gloríe, gloríese
en el Señor. Pues yo, hermanos, cuando fui a vosotros, no
fui con el prestigio de la palabra o de la sabiduría a
anunciaros el misterio de Dios, pues no quise saber entre
vosotros sino a Jesucristo, y éste Crucificado.
Aleluya, (tres veces) tono 5º , Salmo 68
Sálvame, oh Dios, porque aguas han llegado hasta mi
alma.
Aleluya, (tres veces)
Vergüenza y aflicción recibieron mi alma.
Aleluya, (tres veces)
Como alimento me han dado hiel, y a mi sed me dieron a
beber vinagre
EL EVANGELIO
Hacia el final del canto, el Diácono sale por la Puerta Real con el
Evangeliario, y cuando llega al púlpito exclama:
Diácono: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
El Sacerdote, parado en la Puerta Real, bendice al pueblo.
Sacerdote: Paz a todos.
154
Coro: Y a tu espíritu.
Diácono: Proclamación del Santo Evangelio de san
Mateo. (Mateo 27, 1-38. Lucas 23, 29-43. Mateo 27, 39-54.
Juan 19, 31-37. Mateo 27, 55-61)
Sacerdote: ¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los
ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para
darle muerte. Y después de atarle, le llevaron y le
entregaron al procurador Pilatos. Entonces Judas, el que
le entregó, viendo que había sido condenado, fue acosado
por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de
plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:
«Pequé entregando sangre inocente.» Ellos dijeron: «A
nosotros, ¿qué? Tú verás.» Él tiró las monedas en el
Santuario; después se retiró y fue y se ahorcó. Los sumos
sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: «No es lícito
echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de
sangre.» Y después de deliberar, compraron con ellas el
Campo del Alfarero como lugar de sepultura para los
forasteros. Por esta razón ese campo se llamó «Campo de
Sangre», hasta hoy. Entonces se cumplió el oráculo del
profeta Jeremías: «Y tomaron las treinta monedas de plata,
cantidad en que fue apreciado aquel a quien pusieron
precio algunos hijos de Israel, y las dieron por el Campo
del Alfarero, según lo que me ordenó el Señor.» Jesús
compareció ante el procurador, y el procurador le
preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Respondió
Jesús: «Sí, tú lo dices.» Y, mientras los sumos sacerdotes y
155
los ancianos le acusaban, no respondió nada. Entonces le
dice Pilatos: «¿No oyes de cuántas cosas te acusan?» Pero
él a nada respondió, de suerte que el procurador estaba
muy sorprendido. Cada Fiesta, el procurador solía
conceder al pueblo la libertad de un preso, el que
quisieran. Tenían a la sazón un preso famoso, llamado
Barrabás. Y cuando ellos estaban reunidos, les dijo
Pilatos: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a
Jesús, el llamado Cristo?», pues sabía que le habían
entregado por envidia. Mientras él estaba sentado en el
tribunal, le mandó a decir su mujer: «No te metas con ese
justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su
causa.» Pero los sumos sacerdotes y los ancianos lograron
persuadir a la gente que pidiese la libertad de Barrabás y
la muerte de Jesús. Y cuando el procurador les dijo: «¿A
cuál de los dos queréis que os suelte?», respondieron: «¡A
Barrabás!» Díseles Pilatos: «Y ¿qué voy a hacer con
Jesús, el llamado Cristo?» Y todos a una: «¡Sea
crucificado!» «Pero ¿qué mal ha hecho?», preguntó
Pilatos. Mas ellos seguían gritando con más fuerza: «¡Sea
crucificado!» Entonces Pilatos, viendo que nada
adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó
agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo:
«Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis.»
Y todo el pueblo respondió: «¡Su sangre sobre nosotros y
sobre nuestros hijos!» Entonces, les soltó a Barrabás; y a
Jesús, después de azotarle, se lo entregó para que fuera
crucificado. Entonces los soldados del procurador llevaron
consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a
toda la cohorte. Le desnudaron y le echaron encima un
manto de púrpura; y, trenzando una corona de espinas, se
156
la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una
caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla
diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»; y después de
escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza.
Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le
pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle. Al salir,
encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le
obligaron a llevar su cruz. Llegados a un lugar llamado
Gólgota, esto es, «Calvario», le dieron a beber vino
mezclado con hiel; pero él, después de probarlo, no quiso
beberlo. Una vez que le crucificaron, se repartieron sus
vestidos, echando a suertes. Y se quedaron sentados allí
para custodiarle. Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la
causa de su condena: «Este es Jesús, el Rey de los judíos.»
Y al mismo tiempo que a él crucifican a dos salteadores,
uno a la derecha y otro a la izquierda. Uno de los
malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo?
Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!» Pero el otro le respondió
diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma
condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos
merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo
ha hecho.» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando
vengas con tu Reino.» Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy
estarás conmigo en el Paraíso.» Los que pasaban por allí
le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: «Tú que
destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a
ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!»
Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas y
los ancianos se burlaban de él diciendo: «A otros salvó y a
sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje
ahora de la cruz, y creeremos en él. Ha puesto su confianza
157
en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere;
ya que dijo: “Soy Hijo de Dios.”» De la misma manera le
injuriaban también los salteadores crucificados con él.
Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra
hasta la hora nona. Y alrededor de la hora nona clamó
Jesús con fuerte voz: «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», esto
es: «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?»
Al oírlo algunos de los que estaban allí decían: «A Elías
llama éste.» Y enseguida uno de ellos fue corriendo a
tomar una esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola a
una caña, le ofrecía de beber. Pero los otros dijeron:
«Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle.» Pero Jesús,
dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu. En esto,
el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo;
tembló la tierra y las rocas se hendieron. Se abrieron los
sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos
resucitaron. Y, saliendo de los sepulcros después de la
resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se
aparecieron a muchos. Por su parte, el centurión y los que
con él estaban guardando a Jesús, al ver el terremoto y lo
que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:
«Verdaderamente éste era Hijo de Dios.» Los judíos, como
era el día de la Preparación, para que no quedasen los
cuerpos en la cruz el sábado - porque aquel sábado era
muy solemne - rogaron a Pilatos que les quebraran las
piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y
quebraron las piernas del primero y del otro crucificado
con él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no
le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le
atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre
y agua. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido,
158
y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros
creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la
Escritura: No se le quebrará hueso alguno. Y también otra
Escritura dice: Mirarán al que traspasaron. Había allí
muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían
seguido a Jesús desde Galilea para servirle. Entre ellas
estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y
de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Al atardecer,
vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se
había hecho también discípulo de Jesús. Se presentó a
Pilatos y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilatos dio
orden de que se le entregase. José tomó el cuerpo, lo
envolvió en una sábana limpia y lo puso en su sepulcro
nuevo que había hecho excavar en la roca; luego, hizo
rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se
fue. Estaban allí María Magdalena y la otra María,
sentadas frente al sepulcro.
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
El Diácono sale por la puerta septentrional al Crucificado para recitar las
letanías de la Súplica Ferviente y la Complementaria.
LA LETANÍA DE SÚPLICA FERVIENTE
Diácono: Digamos con toda el alma, y con todo nuestro
entendimiento, digamos:
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Señor Omnipotente, Dios de nuestros padres, te
suplicamos: escúchanos y ten piedad.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
159
Diácono: Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu
gran misericordia, escúchanos y ten piedad.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Te suplicamos una vez más por los piadosos
cristianos ortodoxos.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por nuestro arzobispo N.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por nuestros hermanos los
sacerdotes, los hieromonjes, los hierodiáconos, los
monjes, y por toda nuestra hermandad en Cristo.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por piedad, vida, paz, salud,
salvación, visitación, perdón y remisión de los pecados
de los servidores de Dios, de todos los piadosos
cristianos ortodoxos, de los habitantes y visitantes que
están en esta ciudad (o pueblo, o monasterio); de las
parroquias, los administradores y bienhechores de esta
santa iglesia.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por los bienaventurados y
siempre recordados fundadores de esta santa iglesia (o
monasterio), y por todos nuestros padres y hermanos
que nos precedieron y que yacen piadosamente aquí, y
por todos los ortodoxos.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por los benefactores y
bienhechores de este santo y venerable templo, por los
que se fatigan trabajando en él, por sus cantores, y por
todo el pueblo presente que espera de ti tu grande y
copiosa misericordia.
160
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Sacerdote (Exclamación): Porque eres Dios
misericordioso y amante de la humanidad, y a Ti
rendimos gloria: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro derecho: Amén.
El primero de la asamblea, o el Lector:
Concédenos, Señor, esta tarde guardarnos sin pecado.
Bendito eres, Señor Dios de nuestros padres y alabado y
glorificado es tu nombre por los siglos. Amén.
Que tu misericordia sea sobre nosotros, Señor, como
hemos puesto nuestra esperanza en Ti.
Bendito eres, Señor, enséñame tus justísimos preceptos.
Bendito eres, Soberano, hazme entender tus justísimos
preceptos.
Bendito eres, Santo, ilumíname con tus justísimos
preceptos.
Tu misericordia, Señor, es para siempre; no desprecies las
obras de tus manos.
Te pertenece la alabanza, te pertenece un himno, te
pertenece la gloria, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
El Diácono, permaneciendo enfrente al Crucificado, recita la Letanía
Complementaria:
LA LETANÍA COMPLEMENTARIA
161
Diácono: Completemos nuestra súplica vespertina al
Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y
protégenos, Dios, por tu gracia.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Que la tarde entera sea perfecta, santa, pacífica,
y sin pecado, pidamos al Señor.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Un ángel de paz, guía fiel, custodio de nuestras
almas y cuerpos, pidamos al Señor.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Perdón y remisión de nuestros pecados y
transgresiones, pidamos al Señor.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Cuanto es bueno y conveniente para nuestras
almas, y por la paz del mundo, pidamos al Señor.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Que el tiempo restante de nuestra vida se
complete en paz y penitencia, pidamos al Señor.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Un fin cristiano de nuestra vida, exento de dolor
y de vergüenza, pacífico, y una buena defensa ante el
temible tribunal de Cristo, pidámosle.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
santísima, Purísima, benditísima y gloriosa Madre de
Dios y siempre Virgen María, junto con todos los
162
santos, encomendemos: cada uno a sí mismo, y unos a
otros, y nuestra vida entera, a Cristo nuestro Dios.
Coro izquierdo: A ti, Señor.
Sacerdote (Exclamación): Porque eres Dios bueno y
amante de la humanidad, y a ti rendimos gloria: al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y
por los siglos de los siglos.
Coro izquierdo: Amén.
El Sacerdote se voltea hacia el pueblo y lo bendice.
Sacerdote: La paz sea con todos.
Coro: Y con tu espíritu.
Diácono: Inclinemos la cabeza ante el Señor.
Coro: Ante Ti, Señor.
El Sacerdote lee la oración llamada ‘de inclinación de cabeza’.
Sacerdote (en secreto) Señor, Dios nuestro, que agachaste
los cielos y bajaste para la salvación del género
humano, mira a tus siervos y a tu herencia. Pues a Ti, al
temible y filántropo Juez, tus siervos han inclinado sus
cabezas y han sometido sus cervices; no están esperando
la ayuda de los hombres, sino aguardan tu misericordia
y esperan recibir tu salvación. Protégenos en todo
tiempo, en esta tarde y en la noche que se aproxima, de
todo enemigo, de toda acción diabólica adversa, de
pensamientos vanos y de recuerdos malignos.
163
Sacerdote (Exclamación): Bendito y glorificado sea el
poder (dominio) de tu Reino, del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los
siglos.
Coro: Amén.
Una vez haya terminado la exclamación, comienza la salida del Epitátfio, en
solemne procesión, precedido por velas, las exaptérigas, el Coro, que va
cantando lenta y solemnemente las Apósticas, el Diácono quien va
incensando, y los sacerdotes quienes llevan sobre la cabeza el Epitáfio. El
primero de los sacerdotes lleva consigo además el Evangeliario. La procesión
sale por la puerta septentrional, y baja por el costado del templo, para luego
subir por el centro hacia donde debe ya estar colocado el Sepulcro adornado
con flores. Cuando toda la procesión haya hecho tres vueltas alrededor del
Sepulcro, colocan los sacerdotes el Epitáfio, y a los pies de Cristo el
Evangeliario. Una vez colocado, comienzan a venerar los Sacerdotes, el
Diácono, el Coro y el todo el pueblo, mientras el Coro termina de cantar las
Apósticas.
Cuando José de Arimatea te bajó muerto de la Cruz, ¡Oh
Vida de todas las cosas! Te ungió con aromas ¡Oh
Cristo! Y te envolvió con un lienzo y era impulsado por
el amor a besar con el corazón y con los labios tu
cuerpo inmaculado, pero contenido por un temor
reverencial, decía con alegría: ¡Gloria a tu
condescendencia, Señor, Amigo de los hombres!
Estiquerio: El Señor ha reinado, de magnificencia se ha
vestido. El Señor se ha vestido de poder y se ha ceñido.
164
Cuando fuiste depositado en un sepulcro nuevo para salvar
a todos, Salvador del universo, el Hades burlado,
viéndolo, se aterrorizó, fueron rotos sus cerrojos,
arrancadas las puertas; se abrieron las tumbas y se
levantaron los muertos, entonces Adán, lleno de
gratitud, alegrándose te exclamó: ¡Gloria a tu
condescendencia, Señor, Amigo de los hombres!
Estiquerio: Cimentó, en efecto al mundo, el cual no
tambaleará.
Cuando, con tu beneplácto, fuiste enterrado corporalmente
en la tumba permaneciendo inabarcable e
incircunscriptible en cuanto a la naturaleza de tu
divinidad, ¡Oh Cristo!, Has clausurado los calabozos de
la muerte y has vaciado el reino entero del Hades;
entonces también has hecho digno a este sábado de la
bendición divina, de la gloria y de tu esplendor.
Estiquerio: A tu casa Señor, es debido santificación, por
largos días.
Cuando las Potencias celestiales te vieron ¡Oh Cristo!
Calumniado por los impíos como impostor y vieron la
piedra del sepulcro sellada por las manos que
atravesaron tu purísimo costado, se estremecieron ante
tu inefable Magnanimidad, pero alegrándose por
nuestra salvación te exclamaban: ¡Gloria a tu
condescendencia, Amigo de la humanidad!
Gloria…
Ahora…
165
A Ti que te revistes de la luz como de un manto José junto
con Nicodemo te bajaron del leño y contemplándote
muerto, desnudo e insepulto, comenzaron el lamento
lleno de compasión y decían gimiendo: ¡Ay, dulcísimo
Jesús! Poco ha, el sol se revistió de tinieblas al verte
suspendido de la cruz, y la tierra ha temblado de
espanto y el velo del Templo se ha desgarrado, es mas,
he aquí que ahora yo mismo te veo cuando ya has
penetrado voluntariamente en la muerte por mi causa.
¿Cómo podré sepultarte, Dios mío? ¿Cómo te envolveré
en el lienzo? ¿Con qué manos tocaré tu cuerpo
inmaculado? ¿Qué cantos cantaré a esta, tu partida, oh
compasivo? Yo magnifico tu Pasión, canto himnos a tu
sepulcro junto con la Resurrección diciendo: ¡Señor,
gloria a ti!
Al completarse los Aposticos, el Sacerdote, en voz alta lee el himno de San
Simeón.
Sacerdote: Ahora despide, Soberano, a tu siervo en paz,
conforme con tu palabra; porque han visto mis ojos tu
salvación, la cual has preparado a la vista de todos los
pueblos. Luz para revelación a los gentiles, y gloria de
tu pueblo Israel.
Se dice el Trisagio.
Lector: Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten
piedad de nosotros. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
166
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor,
purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona
nuestras transgresiones. Santo, visita y cura nuestras
enfermedades, por la gracia de tu nombre.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
Nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad
así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro
sustancial de cada día dánoslo hoy. Perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a
nuestros deudores. No nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, y el poder, y la
gloria: del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Enseguida el Coro canta los Apolitíquios (tropários de despedida).
APOLITIQUIOS
El noble José, habiendo descendido de la cruz tu cuerpo
inmaculado, lo envolvió con un lienzo limpio y lo ungió
con preciosos perfumes y lo colocó en un sepulcro
nuevo. (tres veces)
Gloria…
Ahora…
167
A las mujeres Miróforas que estaban junto al sepulcro, el
ángel les clamaba: la mirra es adecuada para los
mortales; Cristo sin embargo, se ha mostrado ajeno a la
corrupción.
Diácono, (desde el Santuario): Sabiduría.
Coro: Bendice.
Sacerdote (mirando hacia el oriente): El que Es bendito,
Cristo nuestro Dios, eternamente; ahora y siempre y por
los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote, o el primero de la asamblea: Que el Señor Dios
afirme la fe santa e irreprochable de los cristianos
piadosos y ortodoxos, junto con esta Santa Iglesia (o
este Monasterio) y esta ciudad (o este pueblo, o esta
isla) por los siglos de los siglos. Amén.
El Sacerdote sale a la Solea, y mirando hacia el pueblo, dice:
Sacerdote: Santísima Madre de Dios sálvanos.
Coro: Más honorable que los querubines e
incomparablemte más gloriosa, que los serafines; Tú
que incorrupta diste a luz a Dios el Verbo, verdadera +
Teotocos, te maganificamos.
168
Sacerdote: Gloria a Ti, Cristo Dios, esperanza nuestra,
gloria a Ti.
Lector: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Bendice Padre.
Sacerdote: El que por nosotros los hombres y por nuestra
salvación; aceptó libremente en su carne la terrible
Pasión, la cruz vivificante y la sepultura, Cristo,
nuestro verdadero Dios, por las oraciones de su
purísima Madre, de los santos gloriosos e ilustres
apóstoles, de los santos y justos antepasados de Cristo,
Joaquín y Ana, y de todos los santos, tenga piedad de
nosotros y nos salve, porque es bueno y ama a la
humanidad.
Sacerdote: Aquel que por nosotros los hombres y por
nuestra salvación, aceptó voluntariamente, en la carne,
la terrible pasión, la cruz vivificante y la sepultura,
Cristo, verdadero Dios nuestro, por la intercesión de su
purísima Madre, por el poder de la vivificante y
preciosa Cruz, la protección de las celestiales
potestades incorpóreas, las súplicas del venerable y
glorioso profeta, Precursor y Bautista, Juan; de los
santos gloriosos y alabadísimos Apóstoles, de nuestros
santos Padres, grandes jerarcas y ecuménicos maestros,
de los santos, gloriosos y victoriosos mártires, de
nuestros justos y teóforos Padres, de los santos y justos
familiares del Señor, Joaquín y Ana, de san N. (del santo
titular del templo), y (se conmemora al santo del día),
169
cuya memoria celebramos, y de todos los santos, tenga
misericordia de nosotros y nos salve, pues es Dios
bondadoso y amante de la humanidad..
El Sacerdote se voltea hacia el Epitáfio y hace la exclamación final:
Sacerdote (exclamación): Por las oraciones de nuestros
Santos Padres, Señor Jesús Cristo, Dios nuestro, ten
piedad de nosotros y sálvanos.
Coro: Amén.
170
GRAN SÁBADO SANTO
En el cual celebramos la sepultura corporal y el descenso
al Hades de nuestro Señor Jesús Cristo
LAUDES
(En las parroquias, el oficio se hace normalmente la noche del Viernes)
El Sacerdote y el Diácono, si hay, vestidos con razo y calimafio, hacen una
metanía al Trono Episcopal, y luego entran al Santuario. Habiéndose vestido
con el epitraquílio, el Sacerdote sale a enfrente del Epitafio, y comienza el
oficio. Todas las peticiones, letanías y comienzos de incensaciones se hacen
enfrrente al Eítafio (Sepulcro).
Sacerdote: Bendito sea nuestro Dios, eternamente, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Sacerdote: Gloria a Ti, Dios Nuestro, Santísima Trinidad
Gloria a Ti.
Rey Celestial, Consolador, Espíritu de Verdad, Tú que
estás en todo lugar llenándolo todo, Tesoro de bienes y
Dador de vida, ven a habitar en nosotros, purifícanos
de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras
almas.
Lector: Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten
piedad de nosotros. (tres veces)
171
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros Señor,
purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona
nuestras transgresiones. Santo, visita y cura nuestras
enfermedades, por la gracia de tu nombre.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
Nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad
así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro
sustancial de cada día dánoslo hoy. Perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a
nuestros deudores. No nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, y el poder, y la
gloria: del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Señor, ten piedad. (doce veces)
Vengan adoremos y postrémonos ante nuestro Rey y Dios.
(Metanía profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante Cristo, nuestro Rey
y Dios. (Metanía profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante el mismo Cristo,
nuestro Rey y nuestro Dios. (Metanía profunda)
172
EL OFICIO REAL (antiguamente dedicado al
Emperador)
Luego se leen los Salmos siguientes, y mientras tanto, el sacerdote inciensa el
altar, todo el santuario, y saliendo por la puerta norte, el trono, el iconostasio
y toda la iglesia y el pueblo.
Salmo 19
¡Oh Señor, salva al rey, atiéndenos, pues hoy a ti
clamamos! Que el Señor te responda en el día aciago y
te proteja el Nombre del Dios de Jacob. Que del
Santuario te envíe socorro y desde Sión te venga su
auxilio. Que se acuerde de todas tus ofrendas y reciba
con agrado tu holocausto. Que te conceda según tus
deseos y lleve a buen fin todos tus proyectos.
Que podamos celebrar tu victoria y enarbolar el nombre
de nuestro Dios. ¡Que el Señor atienda todas tus
peticiones! Ahora sé que el Señor salva a su ungido; le
respondió desde su santo cielo y le dio la victoria: su
diestra hace proezas. Unos en carros, otros a caballo,
pero nosotros sólo recurrimos al nombre del Señor,
nuestro Dios. Ellos tropiezan y caen, mientras nosotros
nos levantamos y nos recuperamos.
Salmo 20
«Te pidió vida y se la diste, vivir por años y años sin fin.»
Señor, tu fuerza regocija al rey: ¡cómo se alegra si tú lo
haces triunfar! Le has cumplido sus más caros deseos,
173
no le has negado lo que te pedía. Tú le presentas buenas
bendiciones, con oro fino coronas su cabeza. La vida
que te pidió, tú se la diste: largos días, muchos y
muchos años. Debido a tu favor, será muy famoso,
derramas sobre él honor y majestad. Has puesto sobre
él bendiciones eternas, tú lo haces feliz con tu
presencia. El rey confía en el Señor, el favor del
Altísimo lo hace inquebrantable. Tu mano encontrará a
tus adversarios, tu diestra encontrará a los que te
odian; los dejarás, en cuanto te presentes, como si
estuvieran en un horno. El Señor, en su ira, se los
engullirá y un fuego los devorará. Arrancarás de la
tierra sus frutos y su semilla de entre los hombres. Si
contra ti traman algún mal, o meditan un plan, no se la
podrán. Pues tú harás que te den vuelta la espalda y
contra ellos dispararás tus flechas. ¡Señor, levántate,
muestra tu poder y cantaremos con salmos tus proezas!
¡Oh Señor, salva al rey, atiéndenos, pues hoy a ti
clamamos!
Lector: Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten
piedad de nosotros. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros Señor,
purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona
nuestras transgresiones. Santo, visita y cura nuestras
enfermedades, por la gracia de tu nombre.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
174
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
Nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad
así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro
sustancial de cada día dánoslo hoy. Perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a
nuestros deudores. No nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, y el poder, y la
gloria: del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Y lee los siguientes tropários:
Lector: Salva Señor a tu pueblo y bendice tu heredad;
concede la victoria a los cristianos ortodoxos sobre sus
adversarios, y preserva a los que te pertenecen, por el
poder de tu Cruz.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Tú que, voluntariamente ascendiste a la Cruz, concede tus
compasiones, Cristo Dios, al pueblo nuevo que lleva tu
nombre. Alegra con tu poder a los cristianos ortodoxos,
concediéndoles victorias sobre sus adversarios.
Teniendo tu alianza en el combate, tu arma de paz,
trofeo invencible.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Buena y alabadísima Madre de Dios, nuestra temible e
infalible protección, no desprecies nuestras súplicas,
175
confirma el vivir de los ortodoxos, salva a tu pueblo y
concédele la victoria que proviene de lo alto, Tú que
diste a luz a Dios, la única bendita.
Sacerdote: Ten piedad de nosotros, oh, Dios, por tu gran
misericordia, te suplicamos, escúchanos y ten piedad.
Lector: Señor, ten piedad. (tres veces)
Sacerdote: Te suplicamos por los piadosos Cristianos
Ortodoxos.
Lector: Señor, ten piedad. (tres veces)
Sacerdote: Suplicamos por nuestro Arzobispo N. y por
toda nuestra hermandad en Cristo.
Lector: Señor, ten piedad. (tres veces)
Sacerdote (Exclamación): Porque eres Dios
misericordioso y amas a la humanidad, y a Ti elevamos
glorias, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén. En el nombre del Señor, bendice, Padre.
Sacerdote (Exclamación): Gloria a la santa,
consubstancial, vivificadora e indivisible Trinidad,
eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los
siglos.
Coro: Amen.
Ahora se comienza a leer los Seis Salmos y todos escuchamos de pie, en
silencio y con reverencia.
Si se celebran los maitines como parte de la Vigilia Nocturna, inmediatamente
después de la bendición menor de Vísperas, el lector comienza a leer Gloria a
Dios en las alturas... Señor, abre mis labios... y los Seis Salmos.
176
El principal en la asamblea, o el Lector: Gloria a Dios
en las alturas y en la tierra paz, a los hombres su buena
voluntad (tres veces).
Señor, abrirás mis labios y mi boca proclamará tu
alabanza (dos veces).
Salmo 3
Señor, ¿por qué se han multiplicado los que me
atribulan? Muchos se levantan contra mí. Muchos dicen a
mi alma: no hay salvación para él en su Dios. Mas Tú,
Señor, eres mi protector, mi gloria y el que levanta mi
cabeza. Con mi voz llamé al Señor y me oyó desde su
monte santo. Yo dormí y tuve profundo sueño y me levanté,
porque el Señor me protegerá. No temeré a los diez
millares de gentes que me rodean y atacan. Resucita,
Señor, sálvame, Dios mío. Por cuanto Tú has vencido a
todos, quienes sin causa se enemistaron contra mí: has
quebrantado los dientes de los pecadores. La salvación es
del Señor y sobre tu pueblo tu bendición. Yo dormí y tuve
profundo sueño y me levanté porqué el Señor me
protegerá.
Salmo 37
Señor, no me reprendas con tu furor ni me castigues con
tu ira. Porque tus saetas se me han clavado y has asentado
sobre mí tu mano. No hay curación para mi carne a causa
de tu ira: no hay paz en mis huesos a causa de mis
pecados. Porque mis iniquidades sobrepasaron mi cabeza
y como carga pesada se agravaron sobre mí. Hedían
pudriéndose mis llagas a causa de mi necedad. He sido
177
hecho miserable y encorvado estoy hasta lo sumo: todo el
día caminaba contristado. Porque cargados están de
escarnio mis lomos y no hay curación para mi carne.
Enfurecido estaba y me humillé en gran manera: rugía a
causa del lamento de mi corazón. Señor, delante de Ti está
todo mi deseo y mi gemido no te es desconocido. Mi
corazón está conturbado, me ha abandonado mi fuerza y
aún la luz de mis ojos no está ya conmigo. Mis amigos y
mis más allegados se acercaron y volvieron contra mí. Y
los que junto a mí estaban se alejaron y me fastidiaron los
que buscaban mi alma. Y los que buscaban mi mal
hablaron vanidades y todo el día urgían engaños. Mas yo
como un sordo no oía y fui como un mudo que no abre su
boca. Y me hice como hombre que no oye y que no tiene en
su boca réplica. Porque en Ti, Señor, esperé: Tú me
escucharás, Señor Dios mío. Pues dije: no sea que alguna
vez se rían de mi mis enemigos y mientras mis pies
vacilaban, hablaron con soberbia contra mí. Porque
preparado estoy para las heridas y mi dolor está siempre
delante de mí. Pues yo publicaré mi trasgresión y me
preocuparé por mi pecado. Mas mis enemigos viven y se
han hecho más fuertes que yo y se han multiplicado los que
me aborrecen sin verdad. Los que devuelven mal por bien,
murmuraban sobre mí porque yo seguía lo bueno.
No me desampares, Señor Dios mío: no te apartes de mí.
Acude prontamente a socorrerme, Señor Dios de mi
salvación (dos veces).
Salmo 62
178
Dios, Dios mío, desde que amanece en vela estoy
elevando mis plegarias. Mi alma tuvo sed de Ti y aún más
mi carne con ímpetu anhela por Ti. En tierra yerma,
intransitable y sin agua: allí también me presenté como en
tu santuario para ver tu fuerza y tu gloria. Porque tu
misericordia es mejor que la vida: mis labios te alabarán.
Y así bendeciré durante mi vida y en tu nombre alzaré mis
manos. Como de grosura y de gordura sea saciada mi alma
y con labios de regocijo te alabará mi boca. Si me he
acordado de Ti sobre mi lecho, en las madrugadas medité
en Ti: porque fuiste mi ayudador. Y al amparo de tus alas
me regocijaré. Mi alma se apegó a Ti, tu diestra me ha
amparado. Mas ellos que en vano buscaron mi alma,
entrarán en lo más bajo de la tierra: serán entregados en
manos de espada, ración serán de los zorros. Mas el Rey se
alegrará en Dios, aprobados serán todos los que juran por
Él: pues fue tapada la boca de los que hablan cosas
inicuas.
En la madrugada meditaré en Ti: porque fuiste mi
ayudador. Y al amparo de tus alas me regocijaré. Mi alma
se apegó a Ti: tu diestra me ha amparado.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya, aleluya, aleluya, gloria a Ti, Señor (tres veces, sin
metanías).
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo 87
179
Señor Dios de mi salvación, de día y de noche clamé
delante de Ti. Que llegue a Ti mi oración: inclina tu oído a
mi plegaria: porque se colmó mi alma de maldades y mi
vida se ha acercado al infierno. He sido contado con los
que descienden al hoyo: he sido como hombre sin socorro,
abandonado entre los muertos, así como los heridos que
duermen en los sepulcros, de quienes no te acuerdas ya
más y ellos son desechados de tu mano. Me has puesto en
una fosa profunda: en lugares tenebrosos y en sombra de
muerte. Sobre mi se ha confirmado tu furor y todas las olas
has echado sobre mí. Has alejado de mí a mis conocidos:
me han tenido como abominación para ellos. Entregado fui
y no me libraré: mis ojos han desfallecido de miseria. A Ti,
Señor, he clamado todo el día: he extendido hacia Ti mis
manos. ¿Acaso harás maravillas por los muertos o los
médicos los resucitarán y Te alabarán? ¿Acaso contará
alguno en el sepulcro tu misericordia y tu verdad en el
Abadán? ¿Acaso serán conocidos en las tinieblas tus
milagros y tu verdad en la tierra del olvido? Mas yo a Ti he
clamado y mi oración madrugará ante Ti. ¿Por qué, Señor,
desechas mi alma y apartas de mí tu rostro? Pobre soy yo y
en sufrimientos estuve desde mi juventud. Me elevé, me
humillé y desfallecí. Sobre mí han pasado tus iras y tus
intimidaciones me han conturbado. Me han cercado como
agua, aunados me han dominado todo el día. Has alejado
de mí al amigo y al cercano y a mis conocidos por causa de
las pasiones.
Señor Dios de mi salvación, de día y de noche clamé
delante de Ti. Que llegue a Ti mi oración: inclina tu oído a
mi plegaria.
180
Salmo 102
Bendice, alma mía, al Señor y todas las cosas que hay
dentro de mí, a su Santo Nombre. Bendice, alma mía, al
Señor y no Te olvides de todos sus galardones. Él redime tu
vida de la corrupción, Él te corona de misericordias y de
generosidades. Él colma de bienes tu deseo: se renovará
como la del águila tu juventud. El Señor hace
misericordias y justicia a todos los que sufren agravios.
Hizo conocer sus caminos a Moisés y sus deseos a los hijos
de Israel. Generoso y misericordioso es el Señor:
pacientísimo y muy misericordioso. No estará enojado
para siempre ni se enemistará eternamente. No nos ha
tratado según nuestras iniquidades ni nos ha retribuido
según nuestros pecados. Porque cuan alto está el cielo
sobre la tierra, tanto ha confirmado el Señor su
misericordia sobre los que le temen. Cuanto dista el
oriente de occidente, tanto ha alejado de nosotros nuestras
iniquidades. Así como un padre se compadece de los hijos,
así el Señor se apiada de los que le temen, Porqué Él
conoce de qué estamos plasmados, recuerda que somos
polvo. Los días del hombre son como la hierba y él como la
flor del campo que desflorecerá, pasará por él un soplo y
ya no estará y hasta su propio lugar no le reconocerá. Mas
la misericordia del Señor está desde los siglos por los
siglos, sobre los que le temen. Y su verdad sobre los hijos
de los hijos, de aquellos que guardan su alianza y se
acuerdan de sus mandamientos para cumplirlos. El Señor
ha confirmado en el cielo su trono y su reino domina sobre
todos. Bendecid al Señor todos sus ángeles, poderosos en
fortaleza, ejecutores de su orden en cuanto oyen la voz de
181
sus palabras. Bendecid al Señor todas sus fuerzas, siervos
suyos, ejecutores de su voluntad. Bendecid al Señor todas
sus obras.
En todo lugar de su señorío, bendice, alma mía, al Señor
(dos veces).
Salmo 142
Señor, escucha mi oración; esclarece mi ruego en tu
verdad: óyeme en tu verdad y no entres en juicio con tu
siervo, porque ningún viviente será justificado ante Ti.
Porque ha perseguido el enemigo a mi alma, ha echado mi
vida por tierra. Me ha colocado en lugares obscuros, como
a los muertos del siglo. En mi se ha angustiado mi espíritu
y dentro de mí se ha turbado mi corazón. Me he acordado
de los días antiguos, he meditado sobre todas tus obras,
sobre los hechos de tus manos reflexionaba. He tendido
mis manos a Ti: mi alma a Ti como tierra sin agua. Óyeme
prontamente Señor, mi espíritu ha desfallecido. No apartes
de mí tu rostro para que no sea semejante a los que
descienden a la fosa. Hazme oír al alba tu misericordia
porque en Ti he puesto mi esperanza. Dime por cual
camino iré porque con ímpetu he adherido mi alma a Ti.
Sácame de entre mis enemigos, Señor, porque a Ti he
acudido. Enséñame a hacer tu voluntad, porque Tú eres mi
Dios, tu Espíritu bueno me guiará a tierra de rectitud. Por
tu nombre, Señor, me vivificarás según tu verdad, sacarás
de la tribulación mi alma. Y por tu misericordia destruirás
a mis enemigos y vencerás a todos los que atribulan a mi
alma, porque yo, siervo Tuyo soy.
182
Óyeme, señor, en tu verdad y no entres en juicio con tu
siervo (dos veces).
Tu espíritu bueno me guiará a tierra de rectitud.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya. Aleluya. Aleluya. Gloria a ti, oh Dios. (tres veces).
Señor, esperanza nuestra, gloria a Ti.
SÚPLICA DE PAZ
El Diácono, saliendo a la Solea, exclama:
Diácono: En paz, roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz de lo Alto y por la salvación de
nuestras almas, roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz del mundo entero, la estabilidad de
las Santas Iglesias de Dios, y la unión de todos,
roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta santa casa y por todos los que en ella
entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al
Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por los cristianos piadosos y ortodoxos,
roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
183
Diácono: Por nuestro arzobispo N., por el honorable
presbiterado y el diaconado en Cristo; por todo el clero
y el pueblo, roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por nuestra piadosa nación, por toda autoridad
y poder, por el ejército que ama a Cristo, roguemos al
Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta ciudad (o por este monasterio), por
toda ciudad y país, y por los fieles que en ellos habitan,
roguemos al Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por un clima benéfico, por la abundancia de los
frutos de la tierra, y por tiempos pacíficos, roguemos al
Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por quienes viajan por tierra, mar o aire, por
los enfermos, los afligidos y los cautivos, y por su
salvación, roguemos al Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Para que seamos liberados de toda tribulación,
ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y
protégenos, Dios, por tu gracia.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
santísima, Purísima, benditísima y gloriosa Madre de
Dios y siempre Virgen María, junto con todos los
184
santos, encomendemos: cada uno a sí mismo, y unos a
otros, y nuestra vida entera, a Cristo nuestro Dios.
Coro izquierdo: A ti, Señor.
Sacerdote (Exclamación): Porque a ti se debe toda gloria,
honor y adoración: al Padre y al Hijo y al Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro izquierdo: Amén.
Los Coros cantan, si es sábado, en el tono de la semana. Si es otro día, en el
tono del Apolitíquio (Himno de despedida).
Coro derecho: Dios el Señor, se nos ha revelado. Bendito
el que viene en nombre del Señor.
Lector: Confesad al Señor, clamad a Su Santo Nombre.
Coro izquierdo: Dios el Señor, se nos ha revelado. Bendito
el que viene en nombre del Señor.
Lector: Todas las naciones adversas me han rodeado, mas
en el nombre del Señor las he rechazado.
Coro derecho: Dios el Señor, se nos ha revelado. Bendito
el que viene en nombre del Señor.
Lector: De parte del Señor proviene esto y es maravilloso
a nuestros ojos.
Coro izquierdo: Dios el Señor, se nos ha revelado. Bendito
el que viene en nombre del Señor.
APOLITIQUIOS Y TEOTOQUIO
Luego se cantan el o los Apolitíquios (himnos de despedida)
185
APOLITIQUIOS
El noble José, habiendo descendido de la cruz tu cuerpo
inmaculado, lo envolvió con un lienzo limpio; lo ungió
con preciosos perfumes y lo colocó en un sepulcro
nuevo.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Cuando descendiste a la muerte, Vida Inmortal, entonces
diste muerte al Hades, con el esplendor de tu divinidad.
Y cuando a los muertos levantaste, de las entrañas de la
tierra, todas las potestades celestiales exclamaron:
¡Dador de Vida, Cristo nuestro Dios, gloria a Ti!
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
A las mujeres Miróforas que estaban junto al sepulcro, el
ángel les clamaba: la mirra es adecuada para los
mortales; Cristo sin embargo, se ha mostrado ajeno a la
corrupción.
No hay lectura del Salterio.
El Diácono, saliendo al Eítafio (Sepulcro), recita la Letanía Menor:
Diácono: Una y otra vez en paz roguemos al Señor.
Lector: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros, y
protégenos oh, Dios por tu gracia.
Lector: Señor, ten piedad.
186
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
Santísima, Purísima, Benditisima y Gloriosa + Madre
de Dios, y Siempre Virgen María, junto con todos los
Santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a
otros, y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.
Lector: A Ti, Señor.
Sacerdote (Exclamación): Porque Tuyo es el dominio, y
Tuyos son el Reino, el poder y la gloria, del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los
siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Después de la lectura del segundo Catisma, el Diácono recita otra vez la
letanía menor, con la siguiente exclamación sacerdotal.
Sacerdote (Exclamación): Porque Tú eres Dios bueno que
amas a la humanidad, y rendimos gloria a Ti, Padre,
Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos
de los siglos.
Coro: Amen.
CATISMATAS
Los Coros cantan un Catísma de tres tropários, intercalados con el
“Gloria…” y el “Ahora…”
Con una sábana limpia y con aromas divinos, tu venerable
cuerpo fue pedido a Pilatos, perfumado y colocado en
una tumba nueva. Entonces muy de temprano las
mujeres Miróforas clamaron: muéstranos Cristo, como
habías predicho, la resurrección.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
187
Muéstranos Cristo, como habías predicho, la resurrección.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
.
El coro de los ángeles quedó estupefacto, al ver Aquel que
esta sentado en el seno del Padre, puesto en el sepulcro,
como muerto, el Inmortal y al que contemplan y
glorifican las órdenes de los Ángeles junto a los
muertos en los infiernos, al Creador y Señor.
El Lector lee el Salmo 50
Salmo 50.
Lector: Ten piedad de mí, oh Dios, según tu gran
misericordia; según la multitud de tus piedades, borra
mi iniquidad.
Lávame más y más de mis transgresiones, y límpiame de
mis pecados.
Pues reconozco mi maldad, y mi pecado está siempre ante
mí.
Contra Ti sólo he pecado, he hecho el mal en tu presencia,
por lo tanto, eres justo en tu sentencia, soberano en tu
juicio.
Considera que en maldad fui formado, y en pecado me
concebido mi madre.
Ciertamente, Tú amas la verdad; me has revelado los
misterios ocultos de tu sabiduría.
Rocíame con hisopo y seré limpio; lávame y
emblanqueceré más que la nieve.
Hazme oír gozo y alegría, y se alegrarán mis huesos tan
humillados.
188
Aparta tu rostro de mis pecados, y borra todas mis
iniquidades.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y restaura en mis
entrañas un espíritu recto.
No me arrojes de tu presencia, y no retires de mí tu
Espíritu Santo.
Devuélveme el gozo de tu salvación, y sostenme con
espíritu soberano.
Enseñaré a los pecadores tus caminos, y los impíos
volverán hacia Ti.
Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios de mi salvación; se
alegrará mi lengua de tu justicia.
Abre Señor mis labios y mi boca proclamará tus
alabanzas.
Porque si quisieras sacrificio, te lo ofrecería; más no te
complacen los holocaustos.
Sacrificio a Dios es el espíritu contrito; el corazón contrito
y humillado, Tu Dios, no lo desprecias.
Señor, en tu bondad, trata benignamente a Sión, para que
puedan reedificarse los muros de Jerusalén.
Entonces aceptarás el sacrificio de justicia, las ofrendas y
los holocaustos, entonces se ofrecerán becerros sobre tu
altar.
EL CANON
Los Coros cantan el Canon de ocho Odas(no se canta la segunda Oda). Cada
Oda consta de un Hirmós y de dos a cuatro troparios. Se comienza con el
Hirmós, y de ahí en adelante, entre cada tropario se canta el Verso: “Gloria a
Ti, Dios nuestro, gloria a Ti”. Después del peúltimo tropario se canta
189
“Gloria”, y del último “Ahora”, y por último se vuelve a cantar el Hirmós,
como Katavasía.
ODA PRIMERA
Hirmós:
Coro derecho: Los hijos de los que se salvaron en el mar,
ocultaron bajo la tierra al Dios que sepultó al tirano
con las olas del mar. Pero nosotros como varones
piadosos alabamos al Señor que gloriosamente se
glorificó.
Coro izquierdo: Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
Señor, Dios mío, te canto un himno fúnebre y una oda
sepulcral, porque con tu sepultura me abriste las
puertas de la Vida y con tu muerte diste muerte a la
muerte y al infierno.
Coro derecho: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Los que estaban en el mundo y bajo la tumba, cuando te
vieron en las alturas, mi Salvador, en tu trono. En el
sepulcro abajo se estremecieron por tu muerte; a Ti
Fuente de Vida te vieron muerto de manera
inconcebible.
Coro izquierdo: Ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén
Descendiste a las profundidades de la tierra, para colmar
a todos con tu gloria; y mi naturaleza subsistente en
Adán no te fue oculta y cuando fuiste sepultado, me
190
renovaste a mi el corrompido. Oh amante de la
humanidad.
Hirmós:
Coro derecho: Los hijos de los que se salvaron en el mar,
ocultaron bajo la tierra al Dios que sepultó al tirano
con las olas del mar. Pero nosotros como varones
piadosos alabamos al Señor que gloriosamente se
glorificó.
ODA TERCERA
Hirmós:
Coro izquierdo: Tu que suspendiste la tierra sobre las
aguas al verte la creación colgado en el Gólgota se
asombró grandemente y clamó: No hay santo sino solo
Tú, Señor.
Coro derecho: Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
Por muchas visiones has revelado los símbolos de tu
sepultura. Pero ahora revelaste tu misterio como Dios y
Hombre también a los que estaban en el Infierno, oh
Soberano, por esto clamaron; No hay santo sino Tú,
Señor.
Coro izquierdo: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo
Extendiste tus manos y reuniste a los dispersos de antaño,
y por tu envoltura en el sudario y tu sepultura, libraste
a los cautivos que clamaron: No hay santo sino Tú,
Señor.
191
Coro derecho: Ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén
Te rodeó un sepulcro sellado, oh Incontenible, pero
mostraste tu poder con obras divinas, por esto todos te
cantan: No hay santo sino Tú, Señor.
Hirmós:
Coro izquierdo: Tu que suspendiste la tierra sobre las
aguas al verte la creación colgado en el Gólgota se
asombró grandemente y clamó: No hay santo sino solo
Tú, Señor.
Después de la tercera Oda, el Diácono o el Sacerdote sale enfrente al Epitafio
dice la letanía menor.
Diácono: Una y otra vez en paz roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros, y
protégenos oh, Dios por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
Santísima, Purísima, Benditisima y Gloriosa + Madre
de Dios, y Siempre Virgen María, junto con todos los
Santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a
otros, y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.
Coro: A Ti, Señor.
Sacerdote (exclamación): Porque Tú eres nuestro Dios, y
Te elevamos glorias, al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
192
Se canta el Carisma:
KATISMA
Tu sepultura, oh Salvador, los soldados que custodiaban
quedaron como muertos por el resplandor del ángel que
apareció anunciando a las mujeres tu resurrección. Te
glorificamos porque alejaste de nosotros la corrupción
y nos prosternamos ante Ti que resucitaste del sepulcro,
nuestro único Dios.
ODA CUARTA
Hirmós:
Coro derecho: Habakuk previó y contempló tu divina
humillación hasta la Cruz, oh Bondadoso, y se
estremeció clamando: Has derribado el poder de los
fuertes cuando apareciste a los que estaban en el
infierno, porque eres Todo Poderoso.
Coro izquierdo: Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
Oh Salvador, santificaste el séptimo día, el cual bendijiste
con el descanso de tu labor porque revelaste y renovaste
todo devolviendo al sábado su antigua veneración y lo
guardaste.
Coro derecho: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Habiendo vencido con el poder de más fuerte, tu alma se
separó de la carne; y destruiste ambos, los vínculos de
la muerte y del infierno, por tu poder, oh Verbo.
Coro izquierdo: Ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén
193
¡Oh Verbo! Habiendo el Infierno salido a tu encuentro
quedó amargado al ver un mortal divinizado llagado y
poderoso; por esta visión clamó atemorizado.
Hirmós:
Coro derecho: Habakuk previó y contempló tu divina
humillación hasta la Cruz, oh Bondadoso, y se
estremeció clamando: Has derribado el poder de los
fuertes cuando apareciste a los que estaban en el
infierno, porque eres Todo Poderoso.
ODA QUINTA
Hirmós:
Coro izquierdo: Isaías vio tu compasiva manifestación por
nosotros de la luz sin ocaso, se levantó en la noche y
exclamó: ¡Resucitarán los muertos, se levantarán los
que están en los sepulcros y todos los que están en la
tierra se regocijarán.
Coro derecho: Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
Cuando te hiciste terrenal renovaste a los dela tierra. El
sudario y el sepulcro revelaron tu inerte misterio, oh
Verbo, porque el honorable Consejo realizó el plan de
tu Padre por cuyo medio me renovaste con tu
majestuoso poder.
Coro izquierdo: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo
Transformaste la muerte por la muerte, la corrupción con
la sepultura. Siendo Dios hiciste inmortal e
incorruptible la naturaleza que asumiste y tu cuerpo, oh
194
Soberano, no vio la corrupción y tampoco tu alma no
quedó abandonada en el infierno.
Coro derecho: Ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén
Naciste de una Virgen que te dio a luz sin dolor, y tu
costado fue llagado con un alanza, oh Creador mío, por
medio del cual devolviste a Eva cuando te hiciste Adán.
Y dormiste vivificando la naturaleza, levantando la Vida
de la muerte y la corrupción porque eres Omnipotente.
Hirmós:
Coro izquierdo: Isaías vio tu compasiva manifestación por
nosotros de la luz sin ocaso, se levantó en la noche y
exclamó: ¡Resucitarán los muertos, se levantarán los
que están en los sepulcros y todos los que están en la
tierra se regocijarán.
ODA SEXTA
Hirmós:
Coro derecho: Jonás el profeta fue tomado pero no
retenido en el seno de la ballena porque era figura tuya.
Tú que sufriste y fuiste entregado al sepulcro, saliste de
la ballena como se sale de un tálamo clamando a los
guardias: Ustedes que guardan la vanidad, han
descuidado la misericordia.
Coro izquierdo: Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
Sufriste la muerte, oh Verbo, pero no te separaste del
cuerpo que tomaste, pues aunque tu templo fue destruido
195
en el tiempo de la pasión, la Persona de tu Divinidad y
Humanidad es una sola y en ambas eres el Hijo
Unigénito, el Verbo de Dios, Dios y Hombre.
Coro derecho: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
La ciada de Adán resultó mortal para el hombre, no para
Dios, aunque padeció tu cuerpo terrenal, tu Divinidad
permaneció impasible trasformando lo corrupto en
incorrupto y por tu Resurrección descubriste la Fuente
inmortal de la Vida.
Coro izquierdo: Ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén
El infierno reinó sobre la raza humana pero no
eternamente porque Tú, oh Poderoso, cuando te
pusieron en la tumba rompiste los cerrojos de la muerte
con tu mano, primicia de Vida, proclamando a los que
ahí yacían desde siglos la redención verdadera, porque
Tú, oh Salvador, eres el Primogénito de entre los
muertos.
Hirmós:
Coro derecho: Jonás el profeta fue tomado pero no
retenido en el seno de la ballena porque era figura tuya.
Tú que sufriste y fuiste entregado al sepulcro, saliste de
la ballena como se sale de un tálamo clamando a los
guardias: Ustedes que han guardado la vanidad, han
descuidado la misericordia.
Después de la sexta Oda, el Diácono o el Sacerdote sale enfrente al Epitafio
dice la letanía menor.
196
Diácono: Una y otra vez en paz roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros, y
protégenos oh, Dios por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
Santísima, Purísima, Benditisima y Gloriosa + Madre
de Dios, y Siempre Virgen María, junto con todos los
Santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a
otros, y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.
Coro: A Ti, Señor.
Sacerdote (exclamación): Porque Tú eres Rey de paz y
Salvador de nuestras almas, y a Ti elevamos gloria,
Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los
siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Luego son leídos el Contáquio, el Ikos, y el Synaxario del Gran Miércoles.
CONTAQUIO
Lector:
El que clausuró el abismo parece muerto envuelto en lino,
embalsamado con mirra el Inmortal es puesto en el
sepulcro como muerto. Las mujeres vienen a
embalsamarle llorando amargamente y clamando: Este
es el Sábado bendito en el cual Cristo descansa para
resucitar al tercer día.
IKOS
197
Lector:
El que sostiene todas las cosas ha sido elevado en la Cruz
y toda la creación lamenta al verlo suspendido, desnudo
sobre el madero. El sol ocultó sus rayos, las estrellas no
dieron su luz, la tierra se estremeció con gran temor, el
mar huyó y las piedras se partieron, muchos sepulcros
se abrieron y cuerpos de hombres santos se levantaron.
Abajo el infierno gimió y los judíos tramaron mentiras
para ocultar la Resurrección de Cristo. Las mujeres
claman: ¡He aquí el benditísimo sábado en el cual
durmió Cristo y resucitará al tercer día.
SYNAXARIO
En el Santo y Gran Sábado celebramos la santa sepultura
del Divino Cuerpo, de nuestro Señor, Dios y Salvador
Jesús Cristo y si descenso a los infiernos con el cual
redimió nuestra naturaleza dela corrupción y la
transplantó a la Vida eterna.
Versículo:
En vano guardáis el sepulcro, centinelas, porque la tumba
no puede retener la Fuente de la Vida.
Por tu inefable condescendencia, oh Cristo nuestro Dios,
ten piedad de nosotros.
ODA SEPTIMA
198
Hirmós:
Coro izquierdo: Inefable milagro. Aquel que salvó los
justos varones de las llamas del horno, fue puesto en un
sepulcro, muerto y exánime por nuestra salvación,
cantamos: Bendito eres Tú, oh Dios Redentor.
Coro derecho: Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
El infierno ha sido destruido en su corazón, por el poder
del fuego divino al recibir Aquel que fue herido en su
costado con un alanza por nuestra salvación, cantamos:
Bendito eres Tú, oh Dios Redentor.
Coro izquierdo: Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
¡Bendita sepultura! Habiendo al Creador como dormido,
manifestaste los divinos tesoros de vida, por nuestra
salvación, cantamos: Bendito eres Tú, oh Dios Redentor.
Coro derecho: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
La vida de todos, en acuerdo con la ley de los muertos, se
sometió a la sepultura y mostró ser manantial de
Resurrección, por nuestra salvación, nosotros que
cantamos: Bendito eres Tú, oh Dios Redentor.
Coro izquierdo: Ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén
La Divinidad de Cristo era una sola e inseparable, estando
en el infierno, en el sepulcro, en el Edén y con el Padre
y el Espíritu Santo, por nuestra salvación, nosotros que
cantamos: Bendito eres Tú, oh Dios Redentor.
Hirmós:
199
Coro derecho: Inefable milagro. Aquel que salvó los justos
varones de las llamas del horno, fue puesto en un
sepulcro, muerto y exánime por nuestra salvación,
cantamos: Bendito eres Tú, oh Dios Redentor.
ODA OCTAVA
Hirmós:
Coro derecho: Se conmueve maravillado el cielo y se
cimbran los cimientos de la tierra. Porque Aquel que
habita en las alturas fue contado entre los muertos y en
un estrecho sepulcro se hospedó. A Él, varones
bendecidle, sacerdotes alabadlo, pueblos ensalzadlo,
por todos los siglos.
Coro izquierdo: Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
Fuiste disuelto el inmaculado pero se levantó el
tabernáculo que había caído, por que el segundo Adán
que mora en las alturas, descendió hasta el primer
Adán, hasta lo mas profundo del infierno. A Él, varones
bendecidle, sacerdotes alabadlo, pueblos ensalzadlo,
por todos los siglos.
Coro derecho: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
La audacia de los discípulos se extinguió; superior fué, sin
embargo la de José de Arimatea. Viendo a un cuerpo
muerto y desnudo, al Dios de todo va y solicita, dándole
sepultura y clamando: a Él, varones bendecidle,
200
sacerdotes alabadlo, pueblos ensalzadlo, por todos los
siglos.
Coro izquierdo: Ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén
¡Oh maravilla! ¡Bondad infinita! ¡Paciencia inefable! El
que habita en las alturas es sellado bajo tierra
voluntariamente y Dios es juzgado como impostor. A Él,
varones bendecidle, sacerdotes alabadlo, pueblos
ensalzadlo, por todos los siglos.
Coro: Alabamos, bendecimos, y nos prosternamos al
Señor!
Hirmós:
Coro derecho: Se conmueve maravillado el cielo y se
cimbran los cimientos de la tierra. Porque Aquel que
habita en las alturas fue contado entre los muertos y en
un estrecho sepulcro se hospedó. A Él, varones
bendecidle, sacerdotes alabadlo, pueblos ensalzadlo,
por todos los siglos
El Diácono, sale a la Solea y exclama ante el icono de la Madre de Dios:
Diácono: A la Madre de Dios y Madre de la Luz,
magnifiquemos con cánticos.
ODA NOVENA
El Magníficat no se canta.
201
Hirmós:
Coro izquierdo: No lamentes por mí, madre mía,
contemplándome postrado en el sepulcro. Soy tu Hijo
que concebiste virginalmente en tu seno. Resucitaré y
seré glorificado y como Dios exaltaré con gloria a los
que fe y deseo te engrandecen.
Coro derecho: Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
Hijo mío eterno. Fui exenta de los dolores en tu nacimiento
milagroso y maravillosamente bien aventurada. Pero
ahora que te contemplo exánime y muerto, Dios mío,
estoy clavada con la espada acerba de la tristeza
¡Levántate para que sea engrandecida por Ti.
Coro izquierdo: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo
La tierra, oh madre, me cubrió por mi voluntad. Los
porteros del infierno temblaron viéndome vestido con la
túnica ensangrentada de la venganza, siendo Dios, por
la Cruz vencí a los enemigos. Resucitaré y te
engrandeceré.
Coro derecho: Ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén
Alégrese toda la creación y se regocijen todos los
terrenales porque el enemigo, el Hades ha sido
despojado. Vengan mujeres con mirra porque rescaté a
Adán con Eva y a sus descendientes, y resucitaré al
tercer día.
202
Hirmós:
Coro izquierdo: No lamentes por mí, madre mía,
contemplándome postrado en el sepulcro. Soy tu Hijo
que concebiste virginalmente en tu seno. Resucitaré y
seré glorificado y como Dios exaltaré con gloria a los
que fe y deseo te engrandecen.
Mientras se canta la Novena Oda, el sacerdote se viste con todas sus
vestimentas, y apenas termine la Novena Oda, sale con el Diácono hacia el
Eítafio (Sepulcro), cantando las Alabanzas, e incendiando primero el Eítáfio
por los cuatro costados, luego el Trono, los iconos del iconostasio, y todo el
templo y el pueblo. Mientras el sacerdote inciensa, el Coro continua cantando
las Alabanzas.
LAS ALABANZAS
La alabanzas están divididas en tres agrupaciones de versos, cada uno
cantado en forma diferente. Al final de cada agrupación, entre los dos últimos
versos, se intercala un “Gloria…” y un “Ahora…”, y se repite el primer
verso. Después se hace una Letanía menor, y comienza la siguiente
agrupación de versos.
PRIMERA PARTE
Oh Cristo Vida, fuiste colocado en un sepulcro, y los
ejércitos angelicales se maravillaron glorificando Tu
condescendencia.
Te engrandecemos, oh Jesús Rey, y honramos tu Pasión y
203
Sepultura, por la cual nos libraste de la corrupción.
Oh Jesús, mi Cristo, oh Rey de todos: ¿Qué viniste a
buscar en los infiernos, sino a rescatar al género
humano?
Oh Cristo Vida, has sido colocado en un sepulcro, y por tu
muerte temeraria has destruido la muerte, e hiciste
brotar la
El más hermoso de todos los mortales y el que embellece a
toda naturaleza, se contempla muerto, exánime,
aniquilado.
Oh Jesús, mi dulce y salvadora luz ¿Cómo has sido
ocultado en un sepulcro oscuro? Oh indescriptible e
inefable paciencia.
Cuando fuiste puesto en el sepulcro, oh Jesús Creador,
todos los cimientos del infierno se estremecieron y las
tumbas de los mortales se abrieron.
Ahora el cuerpo de Dios, es ocultado bajo tierra como una
luz bajo el celemín iluminando las tinieblas del infierno.
Bajaste a la tierra para salvar a Adán, y no encontrándolo
allí, oh Soberano, descendiste al infierno en la
búsqueda.
Tu Madre purísima, clamó con lágrimas: ¿Cómo te
colocaré Hijo mío en un sepulcro oscuro, ¡Oh Jesús
mío, carísimo!
Oh Salvador, los coros angelicales, al verte muerto por
nosotros se deslumbraron y se ocultaron bajo sus alas.
Oh Salvador, gozo de los ángeles, ahora eres la causa de
su tristeza contemplándote muerto, exánime.
Cuando fuiste elevado sobre el madero, elevaste a los
204
vivientes, y levantaste a los sepultados sobre la tierra,
cuando estuviste en su seno, oh Verbo.
Tu Madre purísima clamó con lágrimas: “¡Ay de mí, oh
Luz del mundo, ay de mí, oh Luz mía! ¡Oh Jesús mío,
muy amado!”
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Oh Verbo, Dios de todos, te alabamos, con tu Padre y el
Espíritu Santo, y glorificamos tu divina sepultura.
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Te alabamos Purísima Madre de Dios y honramos
fielmente la sepultura de tres días de tu Hijo y Dios
nuestro.
Y otra vez el 1er. Tropario.
Oh Cristo Vida, fuiste colocado en un sepulcro, y los
ejércitos angelicales se maravillaron glorificando Tu
condescendencia.
Se dice la Letanía menor.
Diácono: Una y otra vez en paz roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros, y
protégenos oh, Dios por tu gracia.
205
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
Santísima, Purísima, Benditisima y Gloriosa Madre
de Dios, y Siempre Virgen María, junto con todos los
Santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a
otros, y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.
Coro: A Ti, Señor.
Sacerdote (Exclamación): Porque bendito es tu nombre y
glorificado tu Reino, del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
SEGUNDA PARTE
Digno es engrandecerte, ¡oh Dador de la Vida! ¡Que
extendiste tus manos sobre la Cruz y quebrantas el
poder del enemigo!
Digno es engrandecerte, ¡Creador de todos, y alabar tu
Pasión y sepultura, pues por estas fuimos librados de la
corrupción!
Los Serafines temblaron, ¡Oh Salvador! Al verte en las
alturas inseparablemente con el Padre, y abajo en la
tierra yaciendo muerto.
El velo del Templo se rasgó, por tu crucifixión ¡Oh Verbo!
Y los astros se ocultaron, cuando te ocultaste bajo la
tierra ¡Oh Sol!
¡Te ocultaste bajo tierra! Tú que creaste al hombre con tus
manos: para levantar al mundo de la caída, por tu
poder divino.
206
Venid, cantemos lamentaciones divinas, a la muerte de
Cristo, como las mujeres portadoras de bálsamo a fin
de escuchar como ellas el anuncio de gozo.
Verdaderamente las mujeres vinieron a Ti con aromas,
como para muerto, oh Verbo, para embalsamar tu
Cuerpo Divino.
¡Oh Astro de Justicia! Te ocultaste bajo tierra, y
levantaste los muertos como de un sueño, y alejaste de
nosotros las tinieblas del infierno.
El Grano de Trigo de doble naturaleza es sembrado en
este día con lágrimas, en el seno de la tierra: y se
alegrarán los postreros cuando crezca.
Adán se atemorizó cuando escuchó los pasos de Dios en el
paraíso. Mas ahora se regocijará a su venida a los
infiernos, por que será levantado después que había
caído.
¡Reverentemente, José te colocó en un sepulcro nuevo,
cantando lamentaciones dignas, con llantos, gemidos y
sollozos!
¡Verbo de Dios! Clamó con temor José de Arimatea.
¿Cómo cerraré tus labios y tus ojos? ¿Cómo voy a
colocarte de manera digna de Ti?
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Se dice la Letanía menor.
Diácono: Una y otra vez en paz roguemos al Señor.
207
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros, y
protégenos oh, Dios por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
Santísima, Purísima, Benditisima y Gloriosa Madre
de Dios, y Siempre Virgen María, junto con todos los
Santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a
otros, y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.
Coro: A Ti, Señor.
Sacerdote (Exclamación): Porque eres santo, oh Dios, y
descansas sobre un glorioso trono de los Querubines y
a Ti elevamos glorias, junto con tu Padre sin principio,
y tu santísimo, bondados y vivificador Espíritu, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Coro: Amén.
TERCERA PARTE
Todas las generaciones ofrecen alabanzas a tu sepultura,
oh Cristo.
Aquél de Arimatea, te descendió del Madero y te colocó en
un sepulcro.
208
Las portadoras del bálsamo te presentaron diligentemente
bálsamo, oh Cristo mío.
Oh creación toda, ahora presentemos nuestras
lamentaciones al Creador.
José y Nicodemo entierran al Creador, como se hace con
los muertos.
Glorificamos tu Majestad, oh Vivificador y Salvador, que
nos concedes la salvación.
Al contemplarte la purísima, yaciendo exánime oh Verbo,
se lamentó como Madre.
Oh mi dulce primavera, Hijo mío dulcísimo ¿Dónde se ha
ocultado tu hermosura?
Tus verdugos perecieron, oh Verbo e Hijo de Dios ¡Rey de
todos!
Oh Creador y Dios mío, Hijo de Dios Rey, ¿Cómo
consentiste la Pasión?
Se lamentó la Virgen, viendo al Cordero elevado sobre el
Madero.
La Doncella gritó con lágrimas ardientes, desgarrando las
entrañas.
¡Oh Luz de mis ojos! ¡Hijo mío dulcísimo! ¿Cómo te
ocultas en un sepulcro?
No te lamentes Madre, porque sufro para salvar a Adán y
Eva.
Temblaron de temor los ejércitos Celestiales, cuando te
contemplaron muerto.
¡Visión temeraria, extraña, oh Verbo! ¿Cómo te oculta la
tierra?
Los seres celestiales se atemorizaron, oh Hacedor de la
Creación, ante tu extraño sepelio.
209
Las portadoras del bálsamo, vinieron al sepulcro muy
temprano para verter aromas. (tres veces).
Concede por tu Resurrección, paz a la Iglesia, y salvación
a tu pueblo.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Oh Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ten
misericordia del mundo.
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Concede, Virgen, a tus siervos, ver la resurrección de tu
Hijo.
Y otra vez el 1er Tropario.
Todas las generaciones ofrecen alabanzas a tu sepultura,
oh Cristo.
Se dice la Letanía menor.
Diácono: Una y otra vez en paz roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros, y
protégenos oh, Dios por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
Santísima, Purísima, Benditisima y Gloriosa Madre
de Dios, y Siempre Virgen María, junto con todos los
Santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a
otros, y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.
Coro: A Ti, Señor.
210
Sacerdote (exclamación): Porque Tú eres Rey de paz y
Salvador de nuestras almas, y a Ti elevamos gloria,
Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los
siglos de los siglos.
Coro: Amén.
LAS BENDICIONES
Se cantan los siguientes Troparios de la Resurrección en el tono 5, con su
versículo:
Coro derecho: Bendito eres Señor, enséñame tus
mandamientos.
El concilio angelical se asombró al verte contado entre los
muertos, Salvador, a Ti, que destruiste el poder de la
muerte, levantando contigo a Adán, y liberando a todos
del infierno.
Coro izquierdo: Bendito eres Señor, enséñame tus
mandamientos.
El ángel radiante que estaba cerca del sepulcro, dijo a las
Miróforas: ¿discípulas: por qué mezcláis el bálsamo
con lágrimas de compasión? Contemplad el sepulcro y
entiendan, ya que el Salvador resucitó de la tumba.
Coro derecho: Bendito eres Señor, enséñame tus
mandamientos.
211
Las Miróforas muy temprano, lamentándose, fueron
presurosas a tu sepulcro; mas el ángel se les presentó
diciéndoles: ¡no lloréis! ha pasado el tiempo de los
lamentos; anunciad, pues, a los apóstoles la
resurrección.
Coro izquierdo: Bendito eres Señor, enséñame tus
mandamientos.
Las mujeres Miróforas, al llegar con miro a tu sepulcro,
¡oh, Salvador! lloraron. Mas les habló el ángel
diciendo: Por qué pensáis que el que Vive está entre los
muertos? Siendo Dios, ha resucitado del sepulcro.
C. de.: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Adoremos al Padre y a Su Hijo y al Espíritu Santo,
Trinidad Santísima, Una en esencia, clamando con los
serafines: Santo, Santo, Santo eres Señor.
C. izq.: Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Amén.
Habiendo dado a luz al Dador de Vida, ¡oh, Doncella!
salvaste a Adán del pecado; cambiaste en júbilo la
tristeza de Eva. El Dios y Hombre encarnado de Ti,
encaminó hacia la vida a quienes de ella habían caído.
Coros derecho e izquierdo: Aleluya, aleluya, aleluya,
Gloria a Ti, ¡oh Dios! (tres veces).
El Diácono, saliendo al Eítafio (Sepulcro), recita la Letanía Menor:
Diácono: Una y otra vez en paz roguemos al Señor.
212
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros, y
protégenos oh, Dios por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
Santísima, Purísima, Benditisima y Gloriosa Madre de
Dios, y Siempre Virgen María, junto con todos los
Santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a
otros, y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.
Coro: A Ti, Señor.
Sacerdote (exclamación): Porque Te alaban todas las
potestades celestiales, y Te elevan glorias, a Ti, Padre,
Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos
de los siglos.
Coro: Amén.
EL EXAPOSTILÁRIO
Se canta lentamente:
Santo es el Señor nuestro Dios. (tres veces).
LAUDES
Luego se cantan los Laudes.
Coro derecho: Todo lo que tiene aliento alabe al Señor.
Alabad al Señor desde los cielos: alabadle en las
alturas. A Ti pertenece el himno, ¡oh Dios!
213
Coro izquierdo: Alabadle todos sus ángeles; alabadle
todas sus potestades. A Ti pertenece un himno, ¡oh
Dios!
Alabadle por Sus poderíos; alabadle por la multitud de Su
grandeza.
El que tiene el universo en sus manos está en el sepulcro y
el que cubre los cielos con virtudes lo cubre una piedra.
La vida duerme y el infierno tiembla, Adán es liberado
de sus cadenas. Gloria a tu dispensación por la cual
concluiste todo: Tu santa Resurrección de entre los
muertos, regálanos un sábado eterno.
Alabadle al son de la trompeta; alabadle con salterio y
cítara.
¿Qué espectáculo es el que se ve? ¿Qué descanso es el
presente? El Rey de lo siglos habiendo cumplido los
designios por medio de la pasión, observa el Sábado en
el sepulcro dándonos un nuevo Sábado. Clamemos a Él:
¡Levántate, oh Dios, y juzga a la tierra porque Tú
reinas por los siglos! Tú que tienes sin medida la gran
misericordia.
Alabadle con pandero y coro; alabadle con cuerdas y
órgano.
Venid, contemplemos nuestra Vida yaciente en un sepulcro
para vivificar a los yacen en el sepulcro. Venid hoy y
clamemos como el profeta al descendiente de Judá,
nuestro Dios que duerme. Dormiste como un león
214
¿Quién te levantará, oh Rey? Resucitas por tu propio
poder, Tú que por nosotros te entregaste, ¡oh Señor,
gloria a Ti!
Alabadle con címbalos sonoros; alabadle con címbalos de
júbilo. Todo lo que tiene aliento, alabe al Señor.
José pidió el cuerpo de Jesús y lo depositó en un sepulcro
nuevo. Porque debía levantarse del sepulcro como de
bodas. Oh Tú, que quebrantaste el poder de la muerte y
abriste las puertas del paraíso a los hombres, gloria a
Ti.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Esl Gran Moisés anunció místicamente este día diciendo:
“Y bendijo Dios el séptimo día; pues este es el sábado
bendito, este es el día de descanso en el que el Hijo
Unigénito de Dios descanso de todas sus obras,
observando el sábado corporalmente, mediante el
cumplimiento el plan que lo llevó a sufrir la muerte,
volviendo de nuevo a lo que era por la Resurrección
concediéndonos vida eterna. Oh único bondadoso y
amante de la humanidad.
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén
¡Tú excedes todas las bendiciones, oh Virgen Madre de
Dios! Por que el infierno fue vencido por Aquél que de
ti se encarnó y Adán rehabilitado, la maldición ha sido
anulada y Eva liberada, la muerte vencida y nosotros
vivificados. Por esto te alabamos clamando: Bendito
215
eres Cristo nuestro Dios, que así te complaciste, gloria
a Ti.
LA GRAN DOXOLOGIA
Se canta la Gran Doxología.
Coro derecho: Gloria a Ti, que nos has mostrado la luz. (si
la Doxología es leída, este verso no se dice)
Coro derecho: Gloria a Dios en las alturas, en la tierra
paz, en los hombres buena voluntad.
Coro izquierdo: Te alabamos, Te bendecimos, nos
inclinamos ante Ti, Te glorificamos, Te damos gracias
por tu gran gloria.
Coro derecho: Señor, Rey celestial, Dios Padre
todopoderoso, Señor, Hijo unigénito Jesucristo y el
Espíritu Santo.
Coro izquierdo: Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del
Padre, que tomas el pecado del mundo, ten piedad de
nosotros. Tú que tomas los pecados del mundo.
Recibe nuestra oración, Tú que estas sentado a la diestra
del Padre, y ten piedad de nosotros.
Porque sólo Tú eres santo, sólo Tú eres Señor, Jesucristo,
para gloria de Dios Padre. Amén.
Cada día Te bendeciré, y alabaré tu nombre para siempre
y por los siglos de lo siglos.
Concédenos, Señor, guardar este día sin pecado.
Bendito eres, Señor Dios de nuestros padres, y alabado y
glorificado es tu nombre por siempre. Amén.
Que tu misericordia sea sobre nosotros, Señor, como
hemos puesto nuestra esperanza en Ti.
216
Bendito eres, Señor, enséñame tus mandamientos.
Bendito eres, Señor, enséñame tus mandamientos.
Bendito eres, Señor, enséñame tus mandamientos.
Señor, Tú has sido nuestro refugio de generación en
generación.
Te dije, Señor, ten piedad de mí, cura mi alma, porque he
pecado contra ti.
Señor, a ti recurrí, enséñame a hacer tu voluntad, porque
Tú eres mi Dios.
Porque en ti está la fuente de la vida; en tu luz
encontraremos la luz.
Extiende tu misericordia a los que te conocen.
Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten piedad de
nosotros.
Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten piedad de
nosotros.
Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten piedad de
nosotros.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.
Santo Dios.
Santo Poderoso.
Santo Inmortal,
Ten piedad de nosotros.
Hacia el final del Trisagio de la Doxología, comienza la gran procesión con el
Epitafio (Sepulcro). Salen los sacerdotes por la Puerta Real, cargando sobre
la cabeza el Epitafio, y el primer de los sacerdotes lleva además el
Evangeliario. Se dirigen por el centro del templo, salen por la puerta
principal y voltean hacia la izquierda para comenzar la procesión por el
costado meridional del templo.
217
Durante la procesión alrededor del templo, el Coro y todo el pueblo puede ir
cantando lentamente el Triságio, y/o las Alabanzas.
La procesión se detiene cuatro veces (en los cuatro puntos cardinales del
templo) para hacer cuatro peticiones. La primera petición se hace en el
costado meridional. La segunda en el oriental. La tercera en el septentrional,
y la última en el costado occidental, a la entrada del templo. Las peticiones
son las siguientes:
PRIMERA PETICIÓN:
Diácono: Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu
gran misericordia, escúchanos y ten piedad.
Coro: Señor, ten piedad (tres veces).
Diácono: Suplicamos aún por nuestro arzobispo Nombre,
por nuestros hermanos los sacerdotes, los hieromonjes,
los hierodiáconos, los monjes, y por toda nuestra
hermandad en Cristo
Coro: Señor, ten piedad (tres veces).
Sacerdote: Porque eres Dios misericordioso y amante de
la humanidad, y rendimos gloria a ti: al Padre, al
Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos.
Coro: Amén.
SEGUNDA PETICIÓN:
Diácono: Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu
gran misericordia, escúchanos y ten piedad.
218
Coro: Señor, ten piedad (tres veces).
Diácono: Suplicamos aún por el Presidente de esta
Nación, por toda autoridad civil y por las fuerzas
armadas filo cristianas, de los habitantes y visitantes
que están en esta ciudad (o pueblo, o parroquia, o
monasterio); de las parroquias, los administradores y
bienhechores de esta santa iglesia.
Coro: Señor, ten piedad (tres veces).
Sacerdote: Porque eres Dios misericordioso y amante de
la humanidad, y rendimos gloria a ti: al Padre, y al
Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos.
Coro: Amén.
TERCERA PETICIÓN:
Diácono: Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu
gran misericordia, escúchanos y ten piedad.
Coro: Señor, ten piedad (tres veces).
Diácono: Suplicamos aún por los bienaventurados y
siempre recordados fundadores de esta santa iglesia (o
monasterio), y por todos nuestros padres y hermanos
que nos precedieron y que yacen piadosamente aquí, y
por todos los ortodoxos.
Coro: Señor, ten piedad (tres veces).
Sacerdote: Porque eres Dios misericordioso y amante de
la humanidad, y rendimos gloria a ti: al Padre, y al
219
Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos.
Coro: Amén.
CUARTA PETICIÓN:
Diácono: Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu
gran misericordia, escúchanos y ten piedad.
Coro: Señor, ten piedad (tres veces).
Diácono: De nuevo suplicamos para que guarde esta
ciudad (este pueblo) y este santo templo, y toda ciudad
y país, de ira, hambre, peste, temblor, inundación,
fuego, espada, invasión y guerra civil, y de la muerte
repentina, que nuestro bondadoso Dios que ama al
hombre nos sea favorable, conciliatorio y
misericordioso y aparte y disipe toda ira dirigida contra
nosotros y toda enfermedad, y que nos libre de su justo
castigo, que nos espera, y tenga piedad de nosotros.
Coro: Señor, ten piedad (tres veces).
Sacerdote: Porque eres Dios misericordioso y amante de
la humanidad, y rendimos gloria a ti: al Padre, y al
Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Después de la última petición, entran al templo los sacerdotes con el Eítafio
(Sepulcro), y parándose a ambos lados de la puerta, y manteniendo el Eítáfio
220
en alto, pasa todo el pueblo por debajo de él. Cuando ya todo el pueblo haya
entrado, continua la procesión hasta el centro del templo, donde el Diácono
exclama en voz alta:
Diácono: Atendamos. Paz a todos. Sabiduría.
Luego entran con el Epitafio al Santuario, dan la vuelta al Altar, y lo
depositan sobre el mismo, colocando el Evangelario sobre el Epitafio.
Mientras tanto, los Coros van cantando los Apolitíquios:
APOLITIQUIOS
Cuando descendiste a la muerte, Vida Inmortal, entonces
diste muerte al Hades, con el esplendor de tu divinidad.
Y cuando a los muertos levantaste, de las entrañas de la
tierra, todas las potestades celestiales exclamaron: ¡
Dador de Vida, Cristo nuestro Dios, gloria a Ti!
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
A las mujeres Miróforas que estaban junto al sepulcro, el
ángel les clamaba: la mirra es adecuada para los
mortales; Cristo sin embargo, se ha mostrado ajeno a la
corrupción.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
El noble José, habiendo descendido de la cruz tu cuerpo
inmaculado, lo envolvió con un lienzo limpio y lo ungió
221
con preciosos perfumes y lo colocó en un sepulcro
nuevo.
Luego se canta el tropario de la Profecía:
.
Concediste Cristo, ser contenido en una tumba, Tú que
sostienes hasta los extremos del mundo; para pisotear al
Hades, liberar a la humanidad, y darnos vida,
inmortalizándonos, cual Dios inmortal.
LECTURAS
Lector: Proquímeno Tono 4º. Salmo 43.
Levántate Señor, ayúdanos; rescátanos por la gracia de tu
nombre.
Verso: Oh Dios, con nuestros oídos escuchamos, y nuestros
padres nos contaron.
Profecía del Profeta Ezequiel (37, 1-14)
La mano de Yahveh fue sobre mí y, por su espíritu, Yahveh
me sacó y me puso en medio de la vega, la cual estaba
llena de huesos. Me hizo pasar por entre ellos en todas
las direcciones. Los huesos eran muy numerosos por el
suelo de la vega, y estaban completamente secos. Me
dijo: «Hijo de hombre, ¿podrán vivir estos huesos?» Yo
dije: «Señor Yahveh, tú lo sabes.» Entonces me dijo:
«Profetiza sobre estos huesos. Les dirás: Huesos secos,
escuchad la palabra de Yahveh. Así dice el Señor
Yahveh a estos huesos: He aquí que yo voy a hacer
222
entrar el espíritu en vosotros, y viviréis. Os cubriré de
nervios, haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré
de piel, os infundiré espíritu y viviréis; y sabréis que yo
soy Yahveh.» Yo profeticé como se me había ordenado,
y mientras yo profetizaba se produjo un ruido. Hubo un
estremecimiento, y los huesos se juntaron unos con
otros. Miré y vi que estaban recubiertos de nervios, la
carne salía y la piel se extendía por encima, pero no
había espíritu en ellos. El me dijo: «Profetiza al
espíritu, profetiza, hijo de hombre. Dirás al espíritu: Así
dice el Señor Yahveh: Ven, espíritu, de los cuatro
vientos, y sopla sobre estos muertos para que vivan.»
Yo profeticé como se me había ordenado, y el espíritu
entró en ellos; revivieron y se incorporaron sobre sus
pies: era un enorme, inmenso ejército. Entonces me
dijo: «Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de
Israel. Ellos andan diciendo: Se han secado nuestros
huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, todo ha
acabado para nosotros. Por eso, profetiza. Les dirás:
Así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo abro vuestras
tumbas; os haré salir de vuestras tumbas, pueblo mío, y
os llevaré de nuevo al suelo de Israel. Sabréis que yo
soy Yahveh cuando abra vuestras tumbas y os haga
salir de vuestras tumbas, pueblo mío. Infundiré mi
espíritu en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestro
suelo, y sabréis que yo, Yahveh, lo digo y lo haga,
oráculo de Yahveh.»
Lector: Proquímeno Tono 7º. Salmo 9.
223
Levántate Señor, Dios mío, que se levante tu mano; no te
olvides de los mendigos.
Verso: Te confesaré Señor, con todo mi corazón; hablaré
de todos tus prodigios.
EPÍSTOLA
Lector: Lectura de la primera epístola del Apóstol Pablo a
los Corintios (5, 6-8. Galatas 3, 13-14)
Hermanos. ¡No es como para gloriaros! ¿No sabéis que
un poco de levadura fermenta toda la masa? Purificaos
de la levadura vieja, para ser masa nueva; pues sois
ázimos. Porque nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido
inmolado. Así que, celebremos la fiesta, no con vieja
levadura, ni con levadura de malicia e inmoralidad,
sino con ázimos de pureza y verdad. Cristo nos rescató
de la maldición de la ley, haciéndose él mismo
maldición por nosotros, pues dice la Escritura: Maldito
todo el que está colgado de un madero, a fin de que
llegara a los gentiles, en Cristo Jesús, la bendición de
Abraham, y por la fe recibiéramos el Espíritu de la
Promesa.
Aleluya, (tres veces) tono 5º , Salmo 67
Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos, y huyan de
su presencia los que le odian.
Aleluya, (tres veces)
Como se desvanece el humo, se desvanecerán; como Se
derrite la cera delante del fuego.
224
Aleluya, (tres veces)
Así se perderán los pecadores ante el rostro de Dios, mas
los justos se alegrarán.
EL EVANGELIO
Hacia el final del canto, el Diácono sale por la Puerta Real con el
Evangelario, y cuando llega al púlpito exclama:
Diácono: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
El Sacerdote, parado el la Puerta Real, bendice al pueblo.
Sacerdote: Paz a todos.
Coro: Y a tu espíritu.
Diácono: Proclamación del Santo Evangelio de san
Mateo. (Mateo 26, 1-20. Juan 13 3-17. Mateo 26, 21-39. Lucas
22, 43-44. Mateo 40 – 27, 2)
Sacerdote: ¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
Al otro día, el siguiente a la Preparación, los sumos
sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilatos y le
dijeron: «Señor, recordamos que ese impostor dijo
cuando aún vivía: “A los tres días resucitaré.”Manda,
pues, que quede asegurado el sepulcro hasta el tercer
día, no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan
luego al pueblo: “Resucitó de entre los muertos”, y la
225
última impostura sea peor que la primera.» Pilatos les
dijo: «Tenéis una guardia. Id, aseguradlo como sabéis.»
Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la
piedra y poniendo la guardia.
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
El Diácono sale a la solea y recita:
LA LETANÍA DE SÚPLICA FERVIENTE
Diácono: Digamos con toda el alma, y con todo nuestro
entendimiento, digamos:
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Señor Omnipotente, Dios de nuestros padres, te
suplicamos: escúchanos y ten piedad.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu
gran misericordia, escúchanos y ten piedad.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Te suplicamos una vez más por los piadosos
cristianos ortodoxos.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por nuestro arzobispo N.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por nuestros hermanos los
sacerdotes, los hieromonjes, los hierodiáconos, los
monjes, y por toda nuestra hermandad en Cristo.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por piedad, vida, paz, salud,
salvación, visitación, perdón y remisión de los pecados
226
de los servidores de Dios, de todos los piadosos
cristianos ortodoxos, de los habitantes y visitantes que
están en esta ciudad (o pueblo, o monasterio); de las
parroquias, los administradores y bienhechores de esta
santa iglesia.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por los bienaventurados y
siempre recordados fundadores de esta santa iglesia (o
monasterio), y por todos nuestros padres y hermanos
que nos precedieron y que yacen piadosamente aquí, y
por todos los ortodoxos.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por los benefactores y
bienhechores de este santo y venerable templo, por los
que se fatigan trabajando en él, por sus cantores, y por
todo el pueblo presente que espera de ti tu grande y
copiosa misericordia.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Sacerdote (Exclamación): Porque eres Dios
misericordioso y amante de la humanidad, y a Ti
rendimos gloria: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro derecho: Amén.
LA LETANÍA COMPLEMENTARIA
Diácono: Completemos nuestra súplica matutina al Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y
protégenos, Dios, por tu gracia.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
227
Diácono: Que el día entero sea perfecto, santo, pacífico, y
sin pecado, pidamos al Señor.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Un ángel de paz, guía fiel, custodio de nuestras
almas y cuerpos, pidamos al Señor.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Perdón y remisión de nuestros pecados y
transgresiones, pidamos al Señor.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Cuanto es bueno y conveniente para nuestras
almas, y por la paz del mundo, pidamos al Señor.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Que el tiempo restante de nuestra vida se
complete en paz y penitencia, pidamos al Señor.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Un fin cristiano de nuestra vida, exento de dolor
y de vergüenza, pacífico, y una buena defensa ante el
temible tribunal de Cristo, pidámosle.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
santísima, Purísima, benditísima y gloriosa Madre de
Dios y siempre Virgen María, junto con todos los
santos, encomendemos: cada uno a sí mismo, y unos a
otros, y nuestra vida entera, a Cristo nuestro Dios.
Coro izquierdo: A ti, Señor.
Sacerdote (Exclamación): Porque eres Dios de
misericordia, de compasión y de amor a la humanidad,
y a Tí elevamos glorias, al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Coro izquierdo: Amén.
228
El Sacerdote se voltea hacia el pueblo y lo bendice.
Sacerdote: La paz sea con todos.
Coro: Y con tu espíritu.
Diácono: Inclinemos la cabeza ante el Señor.
Coro: Ante Ti, Señor.
Sacerdote (en secreto): Señor santo, que moras en lo
alto y miras a los humildes, y que con tu ojo
omnividente miras a toda tu creación, ante Ti
hemos inclinado la cerviz de nuestra alma y
cuerpo, y Te suplicamos, Santo de los Santos,
extiende tu invisible mano desde tu Santa Morada
y bendícenos a todos nosotros. Y si en algo hemos
pecado, voluntaria o involuntariamente, siendo
Dios bueno y amante de la humanidad,
perdónanos; concediéndonos tus bienes en este
mundo y en el venidero.
Sacerdote (Exclamación): Porque a Ti Dios nuestro, Te
pertenece el tenernos misericordia y el salvarnos, y a Ti
elevamos glorias al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Diácono: Sabiduría.
Coro: Bendice.
229
Sacerdote (mirando hacia el oriente): El que Es bendito,
Cristo nuestro Dios, eternamente; ahora y siempre y
por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote, o el primero de la asamblea : Que el Señor
Dios afirme la fe santa e irreprochable de los cristianos
piadosos y ortodoxos, junto con esta Santa Iglesia (o este
Monasterio) y esta ciudad (o este pueblo, o esta isla) por los
siglos de los siglos. Amén.
El Sacerdote sale a la Solea, y mirando hacia el pueblo, dice:
Sacerdote: Santísima Madre de Dios sálvanos.
Coro: Más honorable que los querubines e
incomparablemente más gloriosa que los serafines, Tú
que incorrupta diste a luz a Dios el Verbo, verdadera
Teotocos (Deípara), te magnificamos.
Sacerdote: Gloria a Ti, Cristo esperanza nuestra, gloria a
Ti.
Lector: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Bendice Padre.
230
Sacerdote: Aquel que por nosotros los hombres y por
nuestra salvación, aceptó voluntariamente, en la carne,
la terrible pasión, la cruz vivificante y la sepultura,
Cristo, verdadero Dios nuestro, por la intercesión de su
purísima Madre, por el poder de la vivificante y
preciosa Cruz, la protección de las celestiales
potestades incorpóreas, las súplicas del venerable y
glorioso profeta, Precursor y Bautista, Juan; de los
santos gloriosos y alabadísimos Apóstoles, de nuestros
santos Padres, grandes jerarcas y ecuménicos maestros,
de los santos, gloriosos y victoriosos mártires, de
nuestros justos y teóforos Padres, de los santos y justos
familiares del Señor, Joaquín y Ana, de san N. (del
santo titular del templo), y (se conmemora al santo del
día), cuya memoria celebramos, y de todos los santos,
tenga misericordia de nosotros y nos salve, pues es Dios
bondadoso y amante de la humanidad.
El Sacerdote se voltea hacia el icono del Señor y hace la exclamación final:
Sacerdote (exclamación): Por las oraciones de nuestros
Santos Padres, Señor Jesús Cristo, Dios nuestro, ten
piedad de nosotros y sálvanos.
Coro: Amén.
231
232
GRAN SÁBADO SANTO
VISPERAS
El Sacerdote y el Diácono, si hay, vestidos con razo y calimafio, hacen una
metanía al Trono Episcopal, y hacen el oficio de tomar tiempo. Luego entran
al Santuario, hacen tres metanías delante del Altar, después de las cuales
besa el Sacerdote el Evangeliario, la Cruz y el Altar, y el Diácono la esquina
derecha del Altar. Habiéndose vestido con todas sus vestimentas, el Sacerdote
vá a la Santa Prótesis y prepara los santos Dones. Cuando ya esté listo, abre
el Bello Velo, sale el Diácono por la puerta septentrional a la solea y
exclama:
Diácono: Bendice Soberano.
Sacerdote: Bendito sea el Reino del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo, eternamente, ahora y siempre, y por los
siglos de los siglos.
Lector: Amén.
La Hora Nona es normalmente leída antes de comenzar Vísperas. Si es leída,
no es necesario leer el Tressanto; de lo contrario hay que decirlo:
Sacerdote: Gloria a Ti, Dios Nuestro, Santísima
Trinidad Gloria a Ti.
Sacerdote: Rey Celestial, Consolador, Espíritu de
Verdad, Tú que estás en todo lugar llenándolo
todo, Tesoro de bienes y Dador de vida, ven a
habitar en nosotros, purifícanos de toda mancha,
y salva, Tú que eres bueno, nuestras almas.
233
Lector: Santo Dios, Santo Poderoso, Santo
Inmortal, ten piedad de nosotros. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora
y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros Señor,
purifícanos de nuestros pecados. Soberano,
perdona nuestras transgresiones. Santo, visita y
cura nuestras enfermedades, por la gracia de tu
nombre.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora
y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado
sea tu Nombre, venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad así en la tierra como en el
cielo. El pan nuestro sustancial de cada día
dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, así
como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
No nos dejes caer en la tentación, mas líbranos
del maligno.
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, y el poder, y
la gloria: del Padre, y del Hijo y del Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los
siglos.
Lector: Amén.
Señor, ten piedad. (doce veces)
El principal de la asamblea o el Lector comienza a leer el Salmo de Entrada
(Salmo 103)
234
Vengan adoremos y postrémonos ante nuestro Rey y Dios.
(Metanía profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante Cristo, nuestro Rey y
Dios. (Metanía profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante el mismo Cristo,
nuestro Rey y nuestro Dios. (Metanía profunda)
Salmo 103, (leído)
El principal de la asamblea o el Lector:
Bendice, alma mía, al Señor. Señor, Dios mío, Te has
ensalzado sobremanera.
Te has vestido de gloria y magnificencia; te arropa la luz
como un manto.
El que extiende el cielo como una piel; el que sobre las
aguas levanta sus altas moradas.
El que pone nubes para su ascensión; el que camina sobre
las alas del viento.
El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros
llamas de fuego.
El que fundó la tierra sobre sus bases; no vacilará por los
siglos de los siglos.
Océanos abismales como manto la cubren; sobre los
montes se establecen las aguas.
Con tu reprensión huirán; a la voz de tu trueno se
atemorizarán.
Suben los montes y descienden los valles, al lugar donde
las fundaste.
Les pusiste límite, el cual no traspasarán, ni volverán a
cubrir a la tierra.
El que hace salir manantiales en precipicios; en medio de
las montañas fluirán las aguas.
235
Abrevan a todas las bestias del campo; reciben a los
onagros para que calmen su sed.
Junto a ellas habitarán las aves del cielo; en medio de las
piedras darán cantos.
Riegas los montes desde tus altas moradas; del fruto de tus
obras se saciará la tierra.
El que levanta el heno para los ganados, y verduras al
servicio del hombre.
Para obtener pan de la tierra; el vino alegra el corazón del
hombre.
El aceite hace lucir su rostro, y el pan sustenta su corazón.
Se sacian los árboles del llano, los cedros del Líbano que
Tú plantaste.
Allí anidarán las aves; soberano a ellos, el nido de la
cigüeña.
Los montes altos para los ciervos; las piedras,
madrigueras para conejos.
Hizo la luna para marcar los tiempos; el sol conoció su
ocaso.
Puso las tinieblas, y se hizo de noche; en ella rondan todas
las fieras de la selva.
Los leoncillos rugen para raptar y para clamarle a Dios
por su alimento.
Al levantarse el sol se reúnen, a echarse en sus guaridas.
Sale el hombre a sus cultivos, y a su labor hasta el
atardecer.
¡Cuánto se han engrandecido tus obras, Señor! Todo lo
has creado con sabiduría. Se llenó la tierra de tus
criaturas.
He aquí el mar, el grande y dilatado; en él habitan reptiles
sin número, animales pequeños y grandes.
236
Allí surcan navíos; el Leviatán que creaste para que jugase
en él.
Todos ellos esperan de Ti que les des su alimento a buen
tiempo. Al darles, lo recogen.
Al abrir tu mano, integras las cosas se hartan de bondad.
Cuando retiras tu rostro, se turban.
Les retiras su aliento y expiran; al polvo que son retornan.
Envías tu aliento, y son creados; y renuevas la faz de la
tierra.
Sea la gloria del Señor por los siglos; se alegra el Señor en
sus obras.
El que mira a la tierra y la hace temblar; el que toca los
montes y humean.
Al Señor cantaré durante mi vida; salmodiaré a mi Dios
mientras exista.
Que le sea dulce mi poema; mas yo, me alegraré en el
Señor.
Que desaparezcan los pecadores de la tierra y los inicuos,
para que no existan.
Bendice, alma mía, al Señor.
Y repite: El sol conoció su ocaso. Puso las tinieblas, y se
hizo de noche. ¡Cuánto se han engrandecido tus obras,
Señor! Todo lo has creado con sabiduría.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya. Aleluya. Aleluya. Gloria a ti, Dios. (Tres veces)
Señor, esperanza nuestra, gloria a Ti.
(Mientras se lee el Salmo 103, el Sacerdote lee en secreto las 7 oraciones que
se encuentran al final)
237
Finalizado el Salmo, sale por la puerta septentrional a la solea y recita la
SÚPLICA DE PAZ:
SÚPLICA DE PAZ
Diácono: En paz, roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz de lo Alto y por la salvación de
nuestras almas, roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz del mundo entero, la estabilidad de
las Santas Iglesias de Dios, y la unión de todos,
roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta santa casa y por todos los que en ella
entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al
Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por los cristianos piadosos y ortodoxos,
roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por nuestro arzobispo N., por el honorable
presbiterado y el diaconado en Cristo; por todo el clero
y el pueblo, roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por nuestra piadosa nación, por toda autoridad
y poder, por el ejército que ama a Cristo, roguemos al
Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
238
Diácono: Por esta ciudad (o por este monasterio), por toda
ciudad y país, y por los fieles que en ellos habitan,
roguemos al Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por un clima benéfico, por la abundancia de los
frutos de la tierra, y por tiempos pacíficos, roguemos al
Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por quienes viajan por tierra, mar o aire, por los
enfermos, los afligidos y los cautivos, y por su salvación,
roguemos al Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Para que seamos liberados de toda tribulación,
ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y
protégenos, Dios, por tu gracia.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
santísima, Purísima, benditísima y gloriosa Madre de
Dios y siempre Virgen María, junto con todos los
santos, encomendemos: cada uno a sí mismo, y unos a
otros, y nuestra vida entera, a Cristo nuestro Dios.
Coro izquierdo: A ti, Señor.
Sacerdote (Exclamación): Porque a ti se debe toda gloria,
honor y adoración: al Padre y al Hijo y al Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro izquierdo: Amén.
239
No hay lectura del Salterio.
El Diácono, entra al Santuario y acerca el incensario al Sacerdote para que
lo bendiga.
Diácono: (en voz baja) Bendice Padre el incienso.
Sacerdote: (en voz baja) Bendito sea nuestro Dios
eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén.
Sacerdote: (en voz baja) Incienso Te ofrecemos, Cristo
Dios nuestro, como olor de fragancia espiritual; al
recibirlo en tu Altar celestial, envíanos a cambio la
gracia de tu Santísimo Espíritu.
En el momento en que el Coro canta “... como el incienso...”, el Diácono
comienza a incensar el Altar, dándole la vuelta y la mesa de la Prótesis.
Luego sale por la puerta septentrional, inciensa el icono del Trono y al
Obispo, si está, y los iconos del iconostasio. Después incesa al pueblo,
comenzando por el costado meridional del templo, y volviendo por el
septentrional. Vuelve a incesar el Trono, los iconos, y entra al santuario por
la puerta meridional, para volver a incensar el Altar, la mesa de la Prótesis,
al sacerdote, y termina.
Si no hay Diácono, el Sacerdote es quien debe hacer la incensación, vestido
ya con el felónio.
Salmo 140 (141)
Coro derecho:
Señor, a Ti he clamado, óyeme;* óyeme, Señor.* Señor, a
Ti he clamado, óyeme;* presta atención a la voz de mi
petición,* cuando a Ti clamaré;* óyeme, Señor.
Coro izquierdo:
Que mi oración se dirija* como el incienso a tu
presencia;* sea la elevación de mis manos, como
sacrificio vespertino;* óyeme, Señor.
240
De lo profundo a Ti clamé, Señor;* Señor, mi voz escucha.
Oh Señor Santo, recibe nuestras oraciones vespertinas, y
concédenos perdón de nuestros pecados, porque tú solo
has revelado la Resurrección al mundo.
Si acechares la iniquidad, Señor; ¿quién Señor,
resistiría?* mas por Ti la propiciación es aceptada .
Circunvalad a Sión, oh pueblos, y rodeadla, y glorificad al
que en medio de ella se levantó de entre los muertos,
porque Él es nuestro Dios, que nos ha librado de
nuestras transgresiones.
Por amor a tu nombre, Señor, Te he aguardado; mi alma
ha aguardado tu palabra;* mi alma tiene esperanza en
el Señor.
Venid, oh pueblos, y cantemos a Cristo, y postrémonos ante
Él, glorificando su Resurrección de entre los muertos,
porque Él es nuestro Dios, que al mundo libró del
engaño del enemigo.
Desde la vigilia matutina hasta la noche;* desde la vigilia
matutina,* tened Israel esperanza en el Señor.
Regocijaos, oh cielos, tocad trompetas, cimientos de la
tierra, dad estruendos de alegría, montes, porque he
aquí que Emmanuel ha clavado en la Cruz nuestros
pecados, y el Dador de Vida ha dado muerte a la
muerte, levantando a Adán, como Amante de los
hombres.
241
Porque de parte del Señor es la misericordia, y en Él hay
abundante redención;* y Él redimirá a Israel de todas
sus iniquidades.
Hoy el infierno exclama gimiendo: ¡No hubiera recibido al
que nació de Maria, porque habiendo venido a mí,
destruyó mi poder, destruyó las puertas de bronce,
siendo Dios resucitó las almas que tenía en mi poder!
Gloria Señor a tu Cruz y Resurrección.
Alabad al Señor todas las naciones;* ensalzadle todos los
pueblos.
Hoy el infierno exclamó gimiendo: Mi autoridad fue
quebrantada, recibí un mortal como los mortales, pero
éste es Único, no le he podido retener en mi poder; sino
que con Él soy despojado de los que estaban bajo mi
poder. He reinado sobre los muertos desde el principio
del mundo pero Éste resucita a todos. Gloria Señor a tu
Cruz y Resurrección.
Porque se ha afirmado su misericordia sobre nosotros;* y
la verdad del Señor permanecerá eternamente.
Hoy el infierno exclama gimiendo: Mi poder ha sido
anulado. El pastor ha sido crucificado y resucitó Adán.
He sido privado de aquellos sobre los cuales reinaba,
los que con mi poder retenía, a todos he devuelto. El
crucificado vació los sepulcros venciendo el poder de la
muerte. Gloria Señor a tu Cruz y Resurrección.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
242
El Gran Moisés anunció místicamente este día diciendo:
“Y bendijo Dios el séptimo día; pues este es el sábado
bendito, este es el día de descanso en el que el Hijo
Unigénito de Dios descanso de todas sus obras,
observando el sábado corporalmente, mediante el
cumplimiento el plan que lo llevó a sufrir la muerte,
volviendo de nuevo a lo que era por la Resurrección
concediéndonos vida eterna. Oh único bondadoso y
amante de la humanidad.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Alabemos a la Virgen Maria, gloria universal; la que
nació de la raza humana y dio a luz Soberano, ella es la
Puerta del Cielo, cántico de potestades celestiales y
adorno de los fieles. Ella nos abrió el Reino y es Templo
de la Divinidad. Habiendo destruido el muro de la
enemistad nos trajo la paz. Teniéndola como ancora de
la fe, tenemos como aliado al Señor que de ella nació.
Confiad, confiad pueblo de Dios, Él combatirá contra
nuestros enemigos porque es Omnipotente.
Cuando el coro canta "Ahora ...", el Diácono abre las Puertas Reales, y
Sacerdote y Diácono realizan la Entrada con el Evangeliario. Salen por la
puerta septentrional y hacen la vuelta hasta llegar en frente de las Puertas
Reales y en medio de los dos coro, dice el Diácono al Sacerdote en voz baja:
Diácono (en voz baja): Bendice, Soberano, la Santa
Entrada.
Sacerdote (en voz baja y bendiciendo hacia el Altar ):
Bendita es la entrada de tus Santos, eternamente, ahora y
siempre, y por siglos de los siglos.
Diácono (en voz baja): Amén.
243
El Sacerdote recita la oración de la Entrada.
Sacerdote: (en voz baja) A la tarde, a la mañana y al medio
día, Te alabamos, Te bendecimos, Te damos gracias y te
suplicamos, Maestro de todo, Señor amante de la
humanidad. Dirige nuestra oración como incienso ante Ti,
y no inclines nuestros corazones a palabras o
pensamientos de maldad; antes bien, líbranos de todos los
que persiguen nuestras almas, pues, Señor, Señor, en Ti
están nuestros ojos y en Ti esperamos; no nos dejes
avergonzados, Dios nuestro.
Porque a Ti se debe toda gloria, honor y adoración, al Padre,
al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos.
Al acabar el Coro de cantar el Teotokío, el Diácono exclama elevando el
Evangeliario:
Diácono. Sabiduría. ¡De pie!
El himno de “agradecimiento con la luz de las lámparas”, es leído
solemnemente por el primero de la asamblea. En el caso que la Entrada halla
sido efectuada por varios sacerdotes, entonces es cantado por ellos.
El primero de la asamblea:
Luz apacible de la santa gloria* del Padre inmortal;*
celestial, santo y bendito Jesús Cristo.* Al llegar a la
puesta del sol;* viendo la luz vespertina;* cantamos
himnos al Padre, Hijo y Espíritu Santo, Dios;* digno es
en todo tiempo* cantarte con voces propicias,* Hijo de
Dios, Dador de vida;* por lo cual el mundo Te
glorifica.
244
Concluido el himno por el Coro, el Diácono dice desde la Puerta Real y
dirigiéndose al pueblo:
Diácono: Proquímeno vespertino.
LECTURAS
En las vísperas de las fiestas mayores hay tres lecturas del Antiguo
Testamento. El Diácono (o el Sacerdote) exclama antes de cada una;
‘Sabiduría’, y el lector anuncia el título del libro bíblico; (por ejemplo:
‘Lectura del Génesis’), y el Diácono concluye: ‘Atendamos’. El lector lee, y
esto se repite al comenzar cada una de las tres lecturas.
Lector: Lectura del libro del Éxodo (1, 1-13)
En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra
era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y
un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo
Dios: «Haya luz», y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba
bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad; y llamó Dios a
la luz «día», y a la oscuridad la llamó «noche». Y
atardeció y amaneció: día primero. Dijo Dios: «Haya un
firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas
de otras.» E hizo Dios el firmamento; y apartó las aguas de
por debajo del firmamento, de las aguas de por encima del
firmamento. Y así fue. Y llamó Dios al firmamento
«cielos». Y atardeció y amaneció: día segundo. Dijo Dios:
«Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un
solo conjunto, y déjese ver lo seco»; y así fue. Y llamó Dios
a lo seco «tierra», y al conjunto de las aguas lo llamó
«mares»; y vio Dios que estaba bien. Dijo Dios: «Produzca
la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles
frutales que den fruto, de su especie, con su semilla dentro,
245
sobre la tierra.» Y así fue. La tierra produjo vegetación:
hierbas que dan semilla, por sus especies, y árboles que
dan fruto con la semilla dentro, por sus especies; y vio
Dios que estaban bien. Y atardeció y amaneció: día
tercero.
Lector: Lectura de profecías de Jonás. (1 - 4)
La palabra de Yahveh fue dirigida a Jonás, hijo de
Amittay, en estos términos: «Levántate, vete a Nínive, la
gran ciudad, y proclama contra ella que su maldad ha
subido hasta mí.» Jonás se levantó para huir a Tarsis, lejos
de Yahveh, y bajó a Joppe, donde encontró un barco que
salía para Tarsis: pagó su pasaje y se embarcó para ir con
ellos a Tarsis, lejos de Yahveh. Pero Yahveh desencadenó
un gran viento sobre el mar, y hubo en el mar una borrasca
tan violenta que el barco amenazaba romperse. Los
marineros tuvieron miedo y se pusieron a invocar cada uno
a su dios; luego echaron al mar la carga del barco para
aligerarlo. Jonás, mientras tanto, había bajado al fondo
del barco, se había acostado y dormía profundamente. El
jefe de la tripulación se acercó a él y le dijo: «¿Qué haces
aquí dormido? ¡Levántate e invoca a tu Dios! Quizás Dios
se preocupe de nosotros y no perezcamos.» Luego se
dijeron unos a otros: «Ea, echemos a suertes para saber
por culpa de quién nos ha venido este mal.» Echaron a
suertes, y la suerte cayó en Jonás. Entonces le dijeron:
«Anda, indícanos tú, por quien nos ha venido este mal, cuál
es tu oficio y de dónde vienes, cuál es tu país y de qué
pueblo eres.» Les respondió: «Soy hebreo y temo a Yahveh,
246
Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra.» Aquellos
hombres temieron mucho y le dijeron: «¿Por qué has
hecho esto?» Pues supieron los hombres que iba huyendo
lejos de Yahveh por lo que él había manifestado. Y le
preguntaron: «¿Qué hemos de hacer contigo para que el
mar se nos calme?» Pues el mar seguía encrespándose. Les
respondió: «Agarradme y tiradme al mar, y el mar se os
calmará, pues sé que es por mi culpa por lo que os ha
sobrevenido esta gran borrasca.» Los hombres se pusieron
a remar con ánimo de alcanzar la costa, pero no pudieron,
porque el mar seguía encrespándose en torno a ellos.
Entonces clamaron a Yahveh, diciendo: «¡Ah, Yahveh, no
nos hagas perecer a causa de este hombre, ni pongas sobre
nosotros sangre inocente, ya que tú, Yahveh, has obrado
conforme a tu beneplácito!» Y, agarrando a Jonás, le
tiraron al mar; y el mar calmó su furia. Y aquellos
hombres temieron mucho a Yahveh; ofrecieron un
sacrificio a Yahveh y le hicieron votos. Dispuso Yahveh un
gran pez que se tragase a Jonás, y Jonás estuvo en el
vientre del pez tres días y tres noches. Jonás oró a Yahveh
su Dios desde el vientre del pez. Dijo: Desde mi angustia
clamé a Yahveh y él me respondió; desde el seno del seol
grité, y tú oíste mi voz. Me habías arrojado en lo más
hondo, en el corazón del mar, una corriente me cercaba:
todas tus olas y tus crestas pasaban sobre mí. Yo dije:
¡Arrojado estoy de delante de tus ojos! ¿Cómo volveré a
contemplar tu santo Templo? Me envolvían las aguas hasta
el alma, me cercaba el abismo, un alga se enredaba a mi
cabeza. A las raíces de los montes descendí, a un país que
echó sus cerrojos tras de mí para siempre, mas de la fosa
tú sacaste mi vida, Yahveh, Dios mi oración llegó hasta ti,
247
hasta tu santo Templo. Los que veneran vanos ídolos su
propia gracia abandonan. Mas yo con voz de acción de
gracias te ofreceré sacrificios, los votos que hice cumpliré.
¡De Yahveh la salvación! Y Yahveh dio orden al pez, que
vomitó a Jonás en tierra. Por segunda vez fue dirigida la
palabra de Yahveh a Jonás en estostérminos: «Levántate,
vete a Nínive, la gran ciudad y proclama el mensaje que yo
te diga.» Jonás se levantó y fue a Nínive conforme a la
palabra de Yahveh. Nínive era una ciudad grandísima, de
un recorrido de tres días. Jonás comenzó a adentrarse en
la ciudad, e hizo un día de camino proclamando: «Dentro
de cuarenta días Nínive será destruida.» Los ninivitas
creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de
sayal desde el mayor al menor. La palabra llegó hasta el
rey de Nínive, que se levantó de su trono, se quitó su
manto, se cubrió de sayal y se sentó en la ceniza. Luego
mandó pregonar y decir en Nínive: «Por mandato del rey y
de sus grandes, que hombres y bestias, ganado mayor y
menor, no prueben bocado ni pasten ni beban agua. Que se
cubran de sayal y clamen a Dios con fuerza; que cada uno
se convierta de su mala conducta y de la violencia que hay
en sus manos. ¡Quién sabe! Quizás vuelva Dios y se
arrepienta, se vuelva del ardor de su cólera, y no
perezcamos.» Vio Dios lo que hacían, cómo se convirtieron
de su mala conducta, y se arrepintió Dios del mal que
había determinado hacerles, y no lo hizo. Jonás, se
disgustó mucho por esto y se irritó; y oró a Yahveh
diciendo: «¡Ah, Yahveh!, ¿no es esto lo que yo decía
cuando estaba todavía en mi tierra? Fue por eso por lo que
me apresuré a huir a Tarsis. Porque bien sabía yo que tú
eres un Dios clemente y misericordioso, tardo a la cólera y
248
rico en amor, que se arrepiente del mal. Y ahora, Yahveh,
te suplico que me quites la vida, porque mejor me es la
muerte que la vida.» Mas Yahveh dijo: «¿Te parece bien
irritarte?» Salió Jonás de la ciudad y se sentó al oriente de
la ciudad; allí se hizo una cabaña bajo la cual se sentó a la
sombra, hasta ver qué sucedía en la ciudad. Entonces
Yahveh Dios dispuso una planta de ricino que creciese por
encima de Jonás para dar sombra a su cabeza y librarle
así de su mal. Jonás se puso muy contento por aquel ricino.
Pero al día siguiente, al rayar el alba, Yahveh mandó a un
gusano, y el gusano picó al ricino, que se secó. Y al salir el
sol, mandó Dios un sofocante viento solano. El sol hirió la
cabeza de Jonás, y éste se desvaneció; se deseó la muerte y
dijo: «¡Mejor me es la muerte que la vida!» Entonces Dios
dijo a Jonás: «¿Te parece bien irritarte por ese ricino?»
Respondió: «¡Sí, me parece bien irritarme hasta la
muerte!» Y Yahveh dijo: «Tu tienes lástima de un ricino
por el que nada te fatigaste, que no hiciste tú crecer, que
en el término de una noche fue y en el término de una
noche feneció. ¿Y no voy a tener lástima yo de Nínive, la
gran ciudad, en la que hay más de ciento veinte mil
personas que no distinguen su derecha de su izquierda, y
una gran cantidad de animales?»
Lector: Lectura de profecías de Daniel. (3, 1-23 y el Himno
de los tres Jóvenes)
El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, de
sesenta codos de alta por seis de ancha, y la erigió en el
llano de Dura, en la provincia de Babilonia. El rey
Nabucodonosor mandó a los sátrapas, prefectos,
gobernadores, consejeros, tesoreros, juristas y jueces y a
249
todas las autoridades provinciales, que se reunieran y
asistieran a la dedicación de la estatua erigida por el rey
Nabucodonosor. Se reunieron, pues, los sátrapas,
prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, juristas y
jueces y todas las autoridades provinciales para la
dedicación de la estatua erigida por el rey
Nabucodonosor; todos estaban en pie ante la estatua
erigida por el rey Nabucodonosor. El heraldo pregonó con
fuerza: «A vosotros, pueblos, naciones y lenguas, se os
hace saber: En el momento en que oigáis el cuerno, el
pífano, la cítara, la sambuca, el salterio, la zampoña y toda
clase de música, os postraréis y adoraréis la estatua de oro
que ha erigido el rey Nabucodonosor. Aquél que no se
postre y la adore, será inmediatamente arrojado en el
horno de fuego ardiente.» Con tal motivo, en cuanto se oyó
sonar el cuerno, el pífano, la cítara, la sambuca, el
salterio, la zampoña y toda clase de música, todos los
pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la
estatua de oro que había erigido el rey Nabucodonosor.
Sin embargo, algunos caldeos se presentaron a denunciar
a los judíos. Tomaron la palabra y dijeron al rey
Nabucodonosor: «¡Viva el rey eternamente! Tú, oh rey, has
ordenado que todo hombre, en cuanto oiga sonar el
cuerno, el pífano, la cítara, la sambuca, el salterio, la
zampoña y toda clase de música, se postre y adore la
estatua de oro, y que aquél que no se postre para adorarla
sea arrojado en el horno de fuego ardiente. Pues hay
algunos judíos a quienes has encargado de la
administración de la provincia de Babilonia: Sadrak,
Mesak y Abed Negó, que no te hacen caso, oh rey; no
sirven a tu dios ni adoran la estatua de oro que has
250
erigido.» Ebrio de cólera, Nabucodonosor mandó llamar a
Sadrak, Mesak y Abed Negó, que fueron introducidos ante
el rey. Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: «¿Es
verdad, Sadrak, Mesak y Abed Negó, que no servís a mis
dioses ni adoráis la estatua de oro que yo he erigido?
¿Estáis dispuestos ahora, cuando oigáis sonar el cuerno, el
pífano, la cítara, la sambuca, el salterio, la zampoña y toda
clase de música, a postraros y adorar la estatua que yo he
hecho? Si no la adoráis, seréis inmediatamente arrojados
en el horno de fuego ardiente; y ¿qué dios os podrá librar
de mis manos?» Sadrak, Mesak y Abed Negó tomaron la
palabra y dijeron al rey Nabucodonosor: «No necesitamos
darte una respuesta sobre este particular. Si nuestro Dios,
a quien servimos, es capaz de librarnos, nos librará del
horno de fuego ardiente y de tu mano, oh rey; y si no lo
hace, has de saber, oh rey, que nosotros no serviremos a
tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has
erigido.» Entonces el rey Nabucodonosor, lleno de cólera y
demudada la expresión de su rostro contra Sadrak, Mesak
y Abed Negó, dio orden de que se encendiese el horno siete
veces más de lo corriente, y mandó a los hombres más
fuertes de su ejército que ataran a Sadrak, Mesak y Abed
Negó y los arrojaran al horno de fuego ardiente. Fueron,
pues, atados estos hombres, con sus zaragüelles, túnicas,
gorros y vestidos, y arrojados al horno de fuego ardiente.
Como la orden del rey era perentoria y el horno estaba
excesivamente encendido, la llamarada mató a los hombres
que habían llevado allá a Sadrak, Mesak y Abed Negó. Y
los tres hombres, Sadrak, Mesak y Abed Negó, cayeron,
atados, en medio del horno de fuego ardiente.
251
Iban ellos entre las llamas alabando a Dios y bendiciendo
al Señor.
Y Azarías, de pie, en medio del fuego, tomó la palabra y
oró así:
ORACIÓN DE AZARÍAS
“Bendito seas, Señor, Dios de nuestro padres, digno de
loor, y tu nombre sea glorificado eternamente.
Por que eres justo en todo lo que nos has hecho, todas tus
obras son verdad, rectos todos tus caminos, verdad
todos tus juicios.
Juicio fiel has en todo lo que a nosotros has traído, y sobre
la ciudad santa de nuestros padres, Jerusalén. Pues con
verdad y justicia has provocado todo esto, por nuestros
pecados.
Sí, pecamos, obramos inicuamente alejándonos Ti, sí,
mucho en todo pecamos no dimos oído a tus
mandamientos,
no los observamos, no cumplimos lo que se nos mandaba
para nuestro bien.
Sí, todo lo que sobre nosotros has traído, todo lo que nos
has hecho, con juicio fiel lo has hecho.
Nos has entregado en juicio de nuestros enemigos, gentes
sin ley, pésimos impíos, en manos de un rey injusto, el
más perverso de la tierra toda.
Y hoy no podemos abrir nuestra boca, la vergüenza y el
oprobio han alcanzado a las que te sirven y te adoran.
¡Oh, no nos abandones para siempre, por amor de tu
nombre, no repudies tu alianza,
no nos retires tu misericordia, por Abraham tu amado, por
Isaac tu siervo, por Israel tu santo,
252
a quienes prometiste multiplicar su linaje como las
estrellas del cielo y como la arena de la orilla del mar!
Señor, que somos mas pequeños que todas las naciones,
que hoy estamos humillados en toda la tierra, por causa
de nuestros pecados;
Ya o hay en esta hora, príncipe, profeta ni caudillo,
holocausto, sacrificio, oblación ni incienso ni lugar
donde ofrecerte primicias,
Y hallar gracia a tus ojos. Mas con calma contrita y
espíritu humillado te seamos aceptos, como con
holocaustos de carneros y toros, y con millares de
corderos pingües;
tal sea hoy nuestro sacrificio ante Ti, y te agrade que
plenamente te sigamos, porque no hay confusión para
los que en Ti confían.
Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y
buscamos tu rostro. No nos dejes en al confusión,
trátanos conforme a tu bondad y según la abundancia de
tu misericordia.
Líbranos según tus maravillas, y da, Señor, gloria a tu
nombre.
Sean confundidos los que a tus siervos hacen daño, queden
cubiertos de vergüenza, privados de todo poder, sea
aplastada su fuerza.
Y sepan que Tú eres el único Dios y Señor, glorioso por
toda la tierra.”
Los siervos del rey que los habían arrojado al horno no
dejaban de atizar el fuego con nafta, pez, estopa y
sarmientos, tanto que la llama se elevaba por encima
del horno hasta cuarenta y nueve codos, y al extenderse
abrazó a los caldeos que encontró alrededor del horno.
253
Pero el ángel del Señor bajó al horno junto a Azarías y
sus compañeros, empujó fuera del horno la llama de
fuego, y les sopló, en medio del horno, como un frescor
de brisa y de rocío, de suerte que el fuego no los tocó
siquiera ni les causó dolor ni molestia.Entonces los tres,
a coro, se pusieron a cantar, glorificando y bendiciendo
a Dios dentro del horno, y diciendo:
HIMNO DE LOS TRES JOVENES
“Bendito seas, Señor, Dios de nuestro padres, loado,
exaltado eternamente. Bendito el santo nombre de tu
gloria, loado, exaltado eternamente.
Bendito seas en el templo de tu santa gloria, cantado,
enaltecido eternamente.
Bendito seas en el trono de tu reino, cantado exaltado
eternamente.
Bendito Tú, que sondas los abismos, que te sientas sobre
los querubines, loado, exaltado eternamente.
Bendito seas en el firmamento del cielo, cantado,
glorificado eternamente.
A partir del siguiente Verso, se comienzan a salmodiar, y el Coro canta el
siguiente Versículo entre cada Verso.
Coro: Cantadle al Señor, y exaltadlo por todos los siglos.
Bendigan al Señor, todas sus obras.
Coro: Cantadle al Señor, y exaltadlo por todos los siglos.
Bendigan al Señor, ángeles del Señor y cielo del Señor.
Bendigan al Señor, aguas que están por encima del cielo.
Bendigan al Señor, todos sus astros.
254
Bendigan al Señor, sol y luna.
Bendigan al Señor, estrellas del cielo.
Bendigan al Señor, todas las lluvias y el rocío.
Bendigan al Señor, todos los vientos.
Bendigan al Señor, fuego y calor.
Bendigan al Señor, frío y calor.
Bendigan al Señor, rocío y escarcha
Bendigan al Señor, hielo y frío.
Bendigan al Señor, heladas y nieve.
Bendigan al Señor, días y noches.
Bendigan al Señor, luz y oscuridad.
Bendigan al Señor, relámpagos y nubes.
Bendigan al Señor, tierra, montañas y colinas y todas las
cosas que crecen en la tierra.
Bendigan, manantiales, al Señor.
Bendigan al Señor, mares y ríos.
Bendigan al Señor, ballenas y demás animales del agua.
Bendigan al Señor, todas las aves del cielo.
Bendigan al Señor, todos los animales domésticos y
salvajes.
Bendigan al Señor, seres humanos.
Bendice, Israel, al Señor.
Sacerdotes del Señor, bendíganlo.
Siervos del Señor, bendíganlo.
Bendigan al Señor, hombres de espíritu recto.
Bendigan al Señor, santos y humildes de corazón.
Bendigamos al Señor, Ananías, Azarías y Misael.
Bendigan al Señor, Apóstoles, Profetas y Mártires del
Señor.
Bendecimos al Señor, al Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Al Señor cantamos y exaltamos por todos los siglos.
255
Cantamos, bendecimos y veneramos al Señor.
Al Señor cantamos y glorificamos por todos los siglos.
Diácono: Roguemos al Señor:
Coro: Señor ten piedad.
Sacerdote: Porque eres Santo, Dios nuestro, y a Ti
rendimos gloria: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo, ahora y siempre …
Diácono: y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén
EL HIMNO TRISAGIO
En lugar del Himno Trisagio, se canta:
Todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo
os habéis revestido. Aleluya. (tres veces)
Gloria…
Ahora…
De Cristo os habéis revestido. Aleluya.
Todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo
os habéis revestido. Aleluya.
EPÍSTOLA
Lector: Proquímeno. Tono 5º. Salmo 65.
Toda la tierra te venerará, y te cantará.
Verso: Proclamad al Señor, toda la tierra, con gritos de
alegría.
256
Lector: Lectura de la epístola del Apóstol Pablo a los
Romanos (6, 3-11)
¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en
Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos,
pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin
de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los
muertos por medio de la gloria del Padre, así también
nosotros vivamos una vida nueva. Porque si hemos hecho
una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya,
también lo seremos por una resurrección semejante;
sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él,
a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y
cesáramos de ser esclavos del pecado. Pues el que está
muerto, queda librado del pecado. Y si hemos muerto con
Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo
que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no
muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. Su
muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre;
mas su vida, es un vivir para Dios. Así también vosotros,
consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en
Cristo Jesús.
En lugar de cantar el “Aleluya…”, sale el sacerdote por la Puerta Real,
esparciendo por todo el templo pétalos de flores y hojas de laureles, y
cantando el siguiente verso:
Levántate Dios, juzgando a la tierra; porque Tú heredarás
en todas las naciones.
El Coro vuelve a cantar este verso otras seis veces, intercalados con los
siguientes versículos leídos lentamente por el Lector:
257
Versículo 1º)
Dios se alza en la asamblea divina, para juzgar en medio
de los dioses.
Versículo 2º)
¿Hasta cuándo juzgarán injustamente y harán acepción de
malvados?
Versículo 3º)
Defiendan al débil y al huérfano, hagan justicia al humilde
y al pobre.
Versículo 4º)
Liberen al débil y al indigente, arránquele de la mano del
malvado
Versículo 5º)
No saben ni entienden, caminan a oscuras; vacilan los
cimientos de la tierra.
Versículo 6º)
Yo había dicho: “Ustedes son dioses, todos ustedes hijos
del Altísimo” Pero ahora morirán como el hombre, caerán
como un príncipe cualquiera.
EL EVANGELIO
Hacia el final del canto, el Diácono sale por la Puerta Real con el
Evangelario, y cuando llega al púlpito exclama:
258
Diácono: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
El Sacerdote, parado el la Puerta Real, bendice al pueblo.
Sacerdote: Paz a todos.
Coro: Y a tu espíritu.
Diácono: Proclamación del Santo Evangelio de san
Mateo. (Mateo 26, 1-20. Juan 13 3-17. Mateo 26, 21-39. Lucas
22, 43-44. Mateo 40 – 27, 2)
Sacerdote: ¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
Y sucedió que, cuando acabó Jesús todos estos
discursos, dijo a sus discípulos: «Ya sabéis que dentro de
dos días es la Pascua; y el Hijo del hombre va a ser
entregado para ser crucificado.» Entonces los sumos
sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el
palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás; y resolvieron
prender a Jesús con engaño y darle muerte. Decían sin
embargo: «Durante la fiesta no, para que no haya alboroto
en el pueblo.» Hallándose Jesús en Betania, en casa de
Simón el leproso, se acercó a él una mujer que traía un
frasco de alabastro, con perfume muy caro, y lo derramó
sobre su cabeza mientras estaba a la mesa. Al ver esto los
discípulos se indignaron y dijeron: «¿Para qué este
despilfarro? Se podía haber vendido a buen precio y
habérselo dado a los pobres.» Mas Jesús, dándose cuenta,
les dijo: «¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues una
“obra buena” ha hecho conmigo. Porque pobres tendréis
siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre. Y
259
al derramar ella este ungüento sobre mi cuerpo, en vista de
mi sepultura lo ha hecho. Yo os aseguro: dondequiera que
se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se
hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria
suya.» Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote,
fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: «¿Qué queréis
darme, y yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta
monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando
una oportunidad para entregarle. El primer día de los
Azimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron:
«¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para
comer el cordero de Pascua?» El les dijo: «Id a la ciudad,
a casa de fulano, y decidle: “El Maestro dice: Mi tiempo
está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis
discípulos.”» Los discípulos hicieron lo que Jesús les había
mandado, y prepararon la Pascua. Al atardecer, se puso a
la mesa con los Doce. sabiendo que el Padre le había
puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a
Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y,
tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un
lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a
secárselos con la toalla con que estaba ceñido. Llega a
Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los
pies?» Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo
entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.» Le dice
Pedro: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le
respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo.» Le
dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las
manos y la cabeza.» Jesús le dice: «El que se ha bañado,
no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis
limpios, aunque no todos.» Sabía quién le iba a entregar, y
260
por eso dijo: «No estáis limpios todos.» Después que les
lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo:
«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me
llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo
soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los
pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.
Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros
hagáis como yo he hecho con vosotros. «En verdad, en
verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el
enviado más que el que le envía. «Sabiendo esto, dichosos
seréis si lo cumplís. Y mientras comían, dijo: «Yo os
aseguro que uno de vosotros me entregará.» Muy
entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso
soy yo, Señor?» El respondió: «El que ha mojado conmigo
la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre
se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien
el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese
hombre no haber nacido!» Entonces preguntó Judas, el que
iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?» Dícele: «Sí, tú
lo has dicho.» Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan
y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo:
«Tomad, comed, éste es mi cuerpo.» Tomó luego una copa
y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella
todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es
derramada por muchos para perdón de los pecados. Y os
digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid
hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el
Reino de mi Padre.» Y cantados los himnos, salieron hacia
el monte de los Olivos. Entonces les dice Jesús: «Todos
vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche, porque
está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas
261
del rebaño. Mas después de mi resurrección, iré delante de
vosotros a Galilea.» Pedro intervino y le dijo: «Aunque
todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.»
Jesús le dijo: «Yo te aseguro: esta misma noche, antes que
el gallo cante, me habrás negado tres veces.» Dícele
Pedro: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré.»
Y lo mismo dijeron también todos los discípulos. Entonces
va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y
dice a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a
orar.» Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de
Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les
dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos
aquí y velad conmigo.» Y adelantándose un poco, cayó
rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible,
que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino
como quieras tú.» Entonces, se le apareció un ángel venido
del cielo que le confortaba. Y sumido en agonía, insistía
más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de
sangre que caían en tierra. Viene entonces donde los
discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro:
«¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo?
Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el
espíritu está pronto, pero la carne es débil.» Y alejándose
de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta
copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu
voluntad.» Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues
sus ojos estaban cargados. Los dejó y se fue a orar por
tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Viene
entonces donde los discípulos y les dice: «Ahora ya podéis
dormir y descansar. Mirad, ha llegado la hora en que el
Hijo del hombre va a ser entregado en manos de
262
pecadores. ¡Levantaos!, ¡vámonos! Mirad que el que me va
a entregar está cerca.» Todavía estaba hablando, cuando
llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo
numeroso con espadas y palos, de parte de los sumos
sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que le iba a
entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé
un beso, ése es; prendedle.» Y al instante se acercó a Jesús
y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso. Jesús le dijo:
«Amigo, ¡a lo que estás aquí!» Entonces aquéllos se
acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron. En esto,
uno de los que estaban con Jesús echó mano a su espada,
la sacó e, hiriendo al siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la
oreja. Dícele entonces Jesús: «Vuelve tu espada a su sitio,
porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán.
¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría
al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles?
Mas, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que así debe
suceder?» En aquel momento dijo Jesús a la gente:
«¿Como contra un salteador habéis salido a prenderme
con espadas y palos? Todos los días me sentaba en el
Templo para enseñar, y no me detuvisteis. Pero todo esto
ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los
profetas.» Entonces los discípulos le abandonaron todos y
huyeron. Los que prendieron a Jesús le llevaron ante el
Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los
escribas y los ancianos. Pedro le iba siguiendo de lejos
hasta el palacio del Sumo Sacerdote; y, entrando dentro, se
sentó con los criados para ver el final. Los sumos
sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando un falso
testimonio contra Jesús con ánimo de darle muerte, y no lo
encontraron, a pesar de que se presentaron muchos falsos
263
testigos. Al fin se presentaron dos, que dijeron: «Este dijo:
Yo puedo destruir el Santuario de Dios, y en tres días
edificarlo.» Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y le
dijo: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos
atestiguan contra ti?» Pero Jesús seguía callado. El Sumo
Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos
digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.» Dícele Jesús:
«Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora
veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y
venir sobre las nubes del cielo.» Entonces el Sumo
Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado!
¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la
blasfemia. ¿Qué os parece?» Respondieron ellos diciendo:
«Es reo de muerte.» Entonces se pusieron a escupirle en la
cara y a abofetearle; y otros a golpearle, diciendo:
«Adivínanos, Cristo. ¿Quién es el que te ha pegado?»
Pedro, entretanto, estaba sentado fuera en el patio; y una
criada se acercó a él y le dijo: «También tú estabas con
Jesús el Galileo.» Pero él lo negó delante de todos: «No sé
qué dices.» Cuando salía al portal, le vio otra criada y dijo
a los que estaban allí: «Este estaba con Jesús el Nazoreo.»
Y de nuevo lo negó con juramento: «¡Yo no conozco a ese
hombre!» Poco después se acercaron los que estaban allí y
dijeron a Pedro: «¡Ciertamente, tú también eres de ellos,
pues además tu misma habla te descubre!» Entonces él se
puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a
ese hombre!» Inmediatamente cantó un gallo. Y Pedro se
acordó de aquello que le había dicho Jesús: «Antes que el
gallo cante, me habrás negado tres veces.» Y, saliendo
fuera, rompió a llorar amargamente. Llegada la mañana,
todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo
264
celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Y
después de atarle, le llevaron y le entregaron al
procurador Pilato.
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
Y el resto de la Divina Liturgia de San Basilio Magno
HIMNO QUERÚBICO
En lugar de cantar el Himno Querúbico, se canta el siguiente:
Que todo mortal guarde silencio y esté en pié con temor y
temblor sin pensar en nada terreno. Porque el Rey de
Reyes y Señor de los señores, viene para ser sacrificado
y entregado como alimento a los fieles. Delante de Él
van los coros de los Ángeles con todos los principados y
Potestades, los Querubines de muchos ojos y los
serafines de seis alas, que cubren su rostro clamando:
Aleluya, aleluya, aleluya.
HIMNO DE LA COMUNIÓN
Se levanto el Señor, como cual duerme, y resucitó para
salvarnos. Aleluya.
En lugar de cantar “Hemos visto la verdadera luz…”, se canta lo siguiente:
Acuérdate Señor también de nosostros, como te acordaste
del Ladrón en el reino de los cielos.
265
DESPEDIDA
Sacerdote: El que resucitó de entre los muertos,
Cristo, verdadero Dios nuestro, por la intercesión de su
purísima Madre, por el poder de la vivificante y
preciosa Cruz, la protección de las celestiales
potestades incorpóreas, las súplicas del venerable y
glorioso profeta, Precursor y Bautista, Juan; de los
santos gloriosos y alabadísimos Apóstoles, de nuestros
santos Padres, grandes jerarcas y ecuménicos maestros,
de los santos, gloriosos y victoriosos mártires, de
nuestros justos y teóforos Padres, de los santos y justos
familiares del Señor, Joaquín y Ana, de san N. (del
santo titular del templo), y (se conmemora al santo del
día), cuya memoria celebramos, y de todos los santos,
tenga misericordia de nosotros y nos salve, pues es Dios
bondadoso y amante de la humanidad.
El Sacerdote se voltea hacia el icono del Señor y hace la exclamación final:
Sacerdote (exclamación): Por las oraciones de nuestros
Santos Padres, Señor Jesús Cristo, Dios nuestro, ten
piedad de nosotros y sálvanos.
Coro:
Amén.
266
DOMINGO DE PASCUA
En el cual celebramos la vivificadora Resurrección
de Nuestro Señor Jesús Cristo
LA VIGILIA
(En las parroquias, el oficio se comienza normalmente a las once de la noche
del Sábado, con el objetivo de leer el Evangelio de la Resurrección a la
medianoche)
El Sacerdote y el Diácono, si hay, vestidos con razo y calimafio, hacen una
metanía al Trono Episcopal, y toman tiempo. Habiéndose vestido
completamente, comienza el oficio de Maitínes del Sábado.
267
Sacerdote: Bendito sea nuestro Dios, eternamente, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Sacerdote: Gloria a Ti, Dios Nuestro, Santísima Trinidad
Gloria a Ti.
Rey Celestial, Consolador, Espíritu de Verdad, Tú que
estás en todo lugar llenándolo todo, Tesoro de bienes y
Dador de vida, ven a habitar en nosotros, purifícanos
de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras
almas.
Lector: Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten
piedad de nosotros. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros Señor,
purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona
nuestras transgresiones. Santo, visita y cura nuestras
enfermedades, por la gracia de tu nombre.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
Nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad
así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro
sustancial de cada día dánoslo hoy. Perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a
nuestros deudores. No nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del maligno.
268
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, y el poder, y la
gloria: del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Señor, ten piedad. (doce veces)
Vengan adoremos y postrémonos ante nuestro Rey y Dios.
(Metanía profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante Cristo, nuestro Rey
y Dios. (Metanía profunda)
Vengan adoremos y postrémonos ante el mismo Cristo,
nuestro Rey y nuestro Dios. (Metanía profunda)
El Lector lee el Salmo 50
Salmo 50.
Lector: Ten piedad de mí, oh Dios, según tu gran
misericordia; según la multitud de tus piedades, borra
mi iniquidad.
Lávame más y más de mis transgresiones, y límpiame de
mis pecados.
Pues reconozco mi maldad, y mi pecado está siempre ante
mí.
Contra Ti sólo he pecado, he hecho el mal en tu presencia,
por lo tanto, eres justo en tu sentencia, soberano en tu
juicio.
Considera que en maldad fui formado, y en pecado me
concebido mi madre.
269
Ciertamente, Tú amas la verdad; me has revelado los
misterios ocultos de tu sabiduría.
Rocíame con hisopo y seré limpio; lávame y
emblanqueceré más que la nieve.
Hazme oír gozo y alegría, y se alegrarán mis huesos tan
humillados.
Aparta tu rostro de mis pecados, y borra todas mis
iniquidades.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y restaura en mis
entrañas un espíritu recto.
No me arrojes de tu presencia, y no retires de mí tu
Espíritu Santo.
Devuélveme el gozo de tu salvación, y sostenme con
espíritu soberano.
Enseñaré a los pecadores tus caminos, y los impíos
volverán hacia Ti.
Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios de mi salvación; se
alegrará mi lengua de tu justicia.
Abre Señor mis labios y mi boca proclamará tus
alabanzas.
Porque si quisieras sacrificio, te lo ofrecería; más no te
complacen los holocaustos.
Sacrificio a Dios es el espíritu contrito; el corazón contrito
y humillado, Tu Dios, no lo desprecias.
Señor, en tu bondad, trata benignamente a Sión, para que
puedan reedificarse los muros de Jerusalén.
Entonces aceptarás el sacrificio de justicia, las ofrendas y
los holocaustos, entonces se ofrecerán becerros sobre tu
altar.
270
EL CANON
Los Coros cantan el Canon de ocho Odas (no se canta la segunda Oda). Cada
Oda consta de un Hirmós y de dos a cuatro troparios. Se comienza con el
Hirmós, y de ahí en adelante, entre cada tropario se canta el Verso: “Gloria a
Ti, Dios nuestro, gloria a Ti”. Antes del penúltimo tropario se canta
“Gloria”, y del último “Ahora”.
ODA PRIMERA
Hirmós: Los hijos de los que se salvaron en el mar,
ocultaron bajo la tierra al Dios que sepultó al tirano
con las olas del mar. Pero nosotros como varones
piadosos alabamos al Señor que gloriosamente se
glorificó.
Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
Señor, Dios mío, te canto un himno fúnebre y una oda
sepulcral, porque con tu sepultura me abriste las
puertas de la Vida y con tu muerte diste muerte a la
muerte y al infierno.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Los que estaban en el mundo y bajo la tumba, cuando te
vieron en las alturas, mi Salvador, en tu trono. En el
sepulcro abajo se estremecieron por tu muerte; a Ti
Fuente de Vida te vieron muerto de manera
inconcebible.
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén
271
Descendiste a las profundidades de la tierra, para colmar
a todos con tu gloria; y mi naturaleza subsistente en
Adán no te fue oculta y cuando fuiste sepultado, me
renovaste a mi el corrompido. Oh amante de la
humanidad.
Hirmós: Los hijos de los que se salvaron en el mar,
ocultaron bajo la tierra al Dios que sepultó al tirano
con las olas del mar. Pero nosotros como varones
piadosos alabamos al Señor que gloriosamente se
glorificó.
ODA TERCERA
Hirmós: Tu que suspendiste la tierra sobre las aguas al
verte la creación colgado en el Gólgota se asombró
grandemente y clamó: No hay santo sino solo Tú,
Señor.
Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
Por muchas visiones has revelado los símbolos de tu
sepultura. Pero ahora revelaste tu misterio como Dios y
Hombre también a los que estaban en el Infierno, oh
Soberano, por esto clamaron; No hay santo sino Tú,
Señor.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Extendiste tus manos y reuniste a los dispersos de antaño,
y por tu envoltura en el sudario y tu sepultura, libraste
a los cautivos que clamaron: No hay santo sino Tú,
Señor.
272
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén
Te rodeó un sepulcro sellado, oh Incontenible, pero
mostraste tu poder con obras divinas, por esto todos te
cantan: No hay santo sino Tú, Señor.
Hirmós: Tu que suspendiste la tierra sobre las aguas al
verte la creación colgado en el Gólgota se asombró
grandemente y clamó: No hay santo sino solo Tú,
Señor.
ODA CUARTA
Hirmós: Habakuk previó y contempló tu divina
humillación hasta la Cruz, oh Bondadoso, y se
estremeció clamando: Has derribado el poder de los
fuertes cuando apareciste a los que estaban en el
infierno, porque eres Todo Poderoso.
Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
Oh Salvador, santificaste el séptimo día, el cual bendijiste
con el descanso de tu labor porque revelaste y renovaste
todo devolviendo al sábado su antigua veneración y lo
guardaste.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Habiendo vencido con el poder de más fuerte, tu alma se
separó de la carne; y destruiste ambos, los vínculos de
la muerte y del infierno, por tu poder, oh Verbo.
273
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén
¡Oh Verbo! Habiendo el Infierno salido a tu encuentro
quedó amargado al ver un mortal divinizado llagado y
poderoso; por esta visión clamó atemorizado.
Hirmós: Habakuk previó y contempló tu divina
humillación hasta la Cruz, oh Bondadoso, y se
estremeció clamando: Has derribado el poder de los
fuertes cuando apareciste a los que estaban en el
infierno, porque eres Todo Poderoso.
ODA QUINTA
Hirmós: Isaías vio tu compasiva manifestación por
nosotros de la luz sin ocaso, se levantó en la noche y
exclamó: ¡Resucitarán los muertos, se levantarán los
que están en los sepulcros y todos los que están en la
tierra se regocijarán.
Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
Cuando te hiciste terrenal renovaste a los dela tierra. El
sudario y el sepulcro revelaron tu inerte misterio, oh
Verbo, porque el honorable Consejo realizó el plan de
tu Padre por cuyo medio me renovaste con tu
majestuoso poder.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Transformaste la muerte por la muerte, la corrupción con
la sepultura. Siendo Dios hiciste inmortal e
274
incorruptible la naturaleza que asumiste y tu cuerpo, oh
Soberano, no vio la corrupción y tampoco tu alma no
quedó abandonada en el infierno.
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén
Naciste de una Virgen que te dio a luz sin dolor, y tu
costado fue llagado con un alanza, oh Creador mío, por
medio del cual devolviste a Eva cuando te hiciste Adán.
Y dormiste vivificando la naturaleza, levantando la Vida
de la muerte y la corrupción porque eres Omnipotente.
Hirmós: Isaías vio tu compasiva manifestación por
nosotros de la luz sin ocaso, se levantó en la noche y
exclamó: ¡Resucitarán los muertos, se levantarán los
que están en los sepulcros y todos los que están en la
tierra se regocijarán.
ODA SEXTA
Hirmós: Jonás el profeta fue tomado pero no retenido en
el seno de la ballena porque era figura tuya. Tú que
sufriste y fuiste entregado al sepulcro, saliste de la
ballena como se sale de un tálamo clamando a los
guardias: Ustedes que han guardado la vanidad, han
descuidado la misericordia.
Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
Sufriste la muerte, oh Verbo, pero no te separaste del
cuerpo que tomaste, pues aunque tu templo fue destruido
en el tiempo de la pasión, la Persona de tu Divinidad y
275
Humanidad es una sola y en ambas eres el Hijo
Unigénito, el Verbo de Dios, Dios y Hombre.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
La ciada de Adán resultó mortal para el hombre, no para
Dios, aunque padeció tu cuerpo terrenal, tu Divinidad
permaneció impasible trasformando lo corrupto en
incorrupto y por tu Resurrección descubriste la Fuente
inmortal de la Vida.
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén
El infierno reinó sobre la raza humana pero no
eternamente porque Tú, oh Poderoso, cuando te
pusieron en la tumba rompiste los cerrojos de la muerte
con tu mano, primicia de Vida, proclamando a los que
ahí yacían desde siglos la redención verdadera, porque
Tú, oh Salvador, eres el Primogénito de entre los
muertos.
Hirmós: Jonás el profeta fue tomado pero no retenido en
el seno de la ballena porque era figura tuya. Tú que
sufriste y fuiste entregado al sepulcro, saliste de la
ballena como se sale de un tálamo clamando a los
guardias: Ustedes que han guardado la vanidad, han
descuidado la misericordia.
ODA SEPTIMA
276
Hirmós: Inefable milagro. Aquel que salvó los justos
varones de las llamas del horno, fue puesto en un
sepulcro, muerto y exánime por nuestra salvación,
cantamos: Bendito eres Tú, oh Dios Redentor.
Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
El infierno ha sido destruido en su corazón, por el poder
del fuego divino al recibir Aquel que fue herido en su
costado con un alanza por nuestra salvación, cantamos:
Bendito eres Tú, oh Dios Redentor.
Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
¡Bendita sepultura! Habiendo al Creador como dormido,
manifestaste los divinos tesoros de vida, por nuestra
salvación, cantamos: Bendito eres Tú, oh Dios Redentor.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
La vida de todos, en acuerdo con la ley de los muertos, se
sometió a la sepultura y mostró ser manantial de
Resurrección, por nuestra salvación, nosotros que
cantamos: Bendito eres Tú, oh Dios Redentor.
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén
La Divinidad de Cristo era una sola e inseparable, estando
en el infierno, en el sepulcro, en el Edén y con el Padre
y el Espíritu Santo, por nuestra salvación, nosotros que
cantamos: Bendito eres Tú, oh Dios Redentor.
277
Hirmós: Inefable milagro. Aquel que salvó los justos
varones de las llamas del horno, fue puesto en un
sepulcro, muerto y exánime por nuestra salvación,
cantamos: Bendito eres Tú, oh Dios Redentor.
ODA OCTAVA
Hirmós: Se conmueve maravillado el cielo y se cimbran
los cimientos de la tierra. Porque Aquel que habita en
las alturas fue contado entre los muertos y en un
estrecho sepulcro se hospedó. A Él, varones bendecidle,
sacerdotes alabadlo, pueblos ensalzadlo, por todos los
siglos.
Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
Fuiste disuelto el inmaculado pero se levantó el
tabernáculo que había caído, por que el segundo Adán
que mora en las alturas, descendió hasta el primer
Adán, hasta lo mas profundo del infierno. A Él, varones
bendecidle, sacerdotes alabadlo, pueblos ensalzadlo,
por todos los siglos.
Bendecimos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, al Señor.
La audacia de los discípulos se extinguió; superior fué, sin
embargo la de José de Arimatea. Viendo a un cuerpo
muerto y desnudo, al Dios de todo va y solicita, dándole
sepultura y clamando: a Él, varones bendecidle,
sacerdotes alabadlo, pueblos ensalzadlo, por todos los
siglos.
278
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén
¡Oh maravilla! ¡Bondad infinita! ¡Paciencia inefable! El
que habita en las alturas es sellado bajo tierra
voluntariamente y Dios es juzgado como impostor. A Él,
varones bendecidle, sacerdotes alabadlo, pueblos
ensalzadlo, por todos los siglos.
Coro: Alabamos, bendecimos, y nos prosternamos al
Señor!
Hirmós: Se conmueve maravillado el cielo y se cimbran
los cimientos de la tierra. Porque Aquel que habita en
las alturas fue contado entre los muertos y en un
estrecho sepulcro se hospedó. A Él, varones bendecidle,
sacerdotes alabadlo, pueblos ensalzadlo, por todos los
siglos
ODA NOVENA
El Magníficat no se canta.
Hirmós: No lamentes por mí, madre mía, contemplándome
postrado en el sepulcro. Soy tu Hijo que concebiste
virginalmente en tu seno. Resucitaré y seré glorificado y
como Dios exaltaré con gloria a los que fe y deseo te
engrandecen.
Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti
Hijo mío eterno. Fui exenta de los dolores en tu nacimiento
milagroso y maravillosamente bien aventurada. Pero
279
ahora que te contemplo exánime y muerto, Dios mío,
estoy clavada con la espada acerba de la tristeza
¡Levántate para que sea engrandecida por Ti.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
La tierra, oh madre, me cubrió por mi voluntad. Los
porteros del infierno temblaron viéndome vestido con la
túnica ensangrentada de la venganza, siendo Dios, por
la Cruz vencí a los enemigos. Resucitaré y te
engrandeceré.
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén
Alégrese toda la creación y se regocijen todos los
terrenales porque el enemigo, el Hades ha sido
despojado. Vengan mujeres con mirra porque rescaté a
Adán con Eva y a sus descendientes, y resucitaré al
tercer día.
Hirmós: No lamentes por mí, madre mía, contemplándome
postrado en el sepulcro. Soy tu Hijo que concebiste
virginalmente en tu seno. Resucitaré y seré glorificado y
como Dios exaltaré con gloria a los que fe y deseo te
engrandecen.
Se dice el Triságio.
Lector: Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten
piedad de nosotros. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
280
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros Señor,
purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona
nuestras transgresiones. Santo, visita y cura nuestras
enfermedades, por la gracia de tu nombre.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
Nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad
así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro
sustancial de cada día dánoslo hoy. Perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a
nuestros deudores. No nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, y el poder, y la
gloria: del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
APOLITIQUIO
Lector: Cuando descendiste a la muerte, Vida Inmortal,
entonces diste muerte al Hades, con el esplendor de tu
divinidad. Y cuando a los muertos levantaste, de las
entrañas de la tierra, todas las potestades celestiales
exclamaron: ¡Dador de Vida, Cristo nuestro Dios,
gloria a Ti!
DESPEDIDA
281
El Sacerdote sale a la Solea, y mirando hacia el pueblo, dice:
Sacerdote: Santísima Madre de Dios sálvanos.
Coro: Más honorable que los querubines e
incomparablemente más gloriosa que los serafines, Tú
que incorrupta diste a luz a Dios el Verbo, verdadera
Teotocos (Deípara), te magnificamos.
Sacerdote: Gloria a Ti, Cristo esperanza nuestra, gloria a
Ti.
Lector: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Bendice Padre.
Sacerdote: Cristo, verdadero Dios nuestro, por la
intercesión de su purísima Madre, por el poder de la
vivificante y preciosa Cruz, la protección de las
celestiales potestades incorpóreas, las súplicas del
venerable y glorioso profeta, Precursor y Bautista,
Juan; de los santos gloriosos y alabadísimos Apóstoles,
de nuestros santos Padres, grandes jerarcas y
ecuménicos maestros, de los santos, gloriosos y
victoriosos mártires, de nuestros justos y teóforos
Padres, de los santos y justos familiares del Señor,
Joaquín y Ana, de san N. (del santo titular del templo),
y (se conmemora al santo del día), cuya memoria
celebramos, y de todos los santos, tenga misericordia de
282
nosotros y nos salve, pues es Dios bondadoso y amante
de la humanidad.
El Sacerdote se voltea hacia el icono del Señor y hace la exclamación final:
Sacerdote (exclamación): Por las oraciones de nuestros
Santos Padres, Señor Jesús Cristo, Dios nuestro, ten
piedad de nosotros y sálvanos.
Coro: Amén.
283
OFICIO DE LA RESURRECCIÓN
En el templo se apagan todas las luces y velas, lo cual simboliza la oscuridad
de la tumba. El Sacerdote, ya habiendo terminado completamente la
preparación de los dones, enciende una vela desde la veladora del Altar, y
tomando en la otra mano el Evangeliario, abre el velo y las Puertas Reales, y
sale con la vela encendida en alto, cantando el siguiente verso, con el cual
llama al pueblo a que vengan todos a encender sus velas:
Sacerdote:
Vengan a tomar luz, de la luz sin ocaso, y glorificad a
Cristo, el Resucitado de entre los muertos.
Los Coros vuelven y repiten este verso cuantas veces sea necesario hasta que
todos los fieles hayan encendido sus velas.
Luego comienza una procesión hacia una plataforma afuera del templo,
previamente preparada y adornada con flores y ramas de árboles. Sale el
Sacerdote con el Evangeliario y su vela encendida, precedido por velas, las
exaptérigas, y el Diácono con el incensario, y seguido por todo el pueblo.
Mientras salen en procesión, van todos cantando el siguiente verso:
En los cielos los ángeles cantan Tu Resurrección, Cristo
Salvador, haznos dignos a nosotros en la tierra de
glorificarte con corazón limpio.
Cuando la procesión llega a la plataforma, el Sacerdote coloca el
Evangeliario sobre un atril igualmente adornado, y el diácono exclama:
EL EVANGELIO
284
Diácono: Y para que nos conceda dignos de escuchar el
santo Evangelio, roguemos al Señor nuestro Dios.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Diácono: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
El Sacerdote se voltea para bendecir al pueblo.
Sacerdote: Paz a todos.
Coro: Y a tu espíritu.
Sacerdote: Proclamación del Santo Evangelio de san
Marcos. ¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
(Marcos 16, 1-8)
Pasado el sábado, María Magdalena, María la de
Santiago y Salomé compraron aromas para ir a
embalsamarle. Y muy de madrugada, el primer día de la
semana, a la salida del sol, van al sepulcro. Se decían unas
otras: «¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del
sepulcro?» Y levantando los ojos ven que la piedra estaba
ya retirada; y eso que era muy grande. Y entrando en el
sepulcro vieron a un joven sentado en el lado derecho,
vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les
dice: «No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el
Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar
donde le pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a
Pedro que irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis,
como os dijo.» Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues
285
un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas, y
no dijeron nada a nadie porque tenían miedo...
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
Sacerdote:
Gloria a la santa, consubstancial, vivificadora e indivisible
Trinidad, eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de
los siglos.
Ahora se comienza a cantar el verso “Cristo ha resucitado…” diez veces.
Cristo ha Resucitado de entre los muertos*, destruyendo a
la muerte con su muerte*; dando la vida a todos sus
fieles* que en los sepulcros yacían.
Las primeras dos son cantadas por el Sacerdote y el Diácono, hasta la
palabra “…tumbas,” y el pueblo termina “dando la vida”. La tercera vez es
cantada enteramente por el Sacerdote y el Diácono. Las siguientes seis veces
es cantado por todo el pueblo, entre los cuales el Sacerdote exclama en voz
alta los versos de abajo, seguidos por un “Gloria…” y un “Ahora…”. El
décimo verso los canta la mitad el Sacerdote, y la otra mitad el pueblo, más
lentamente que todos los demás.
Mientras se cantan todos estos versos, desde el primero hasta el último, el
Sacerdote no deja de incensar lentamente el Evangeliario. Al exclamar los
cuatro versos, le da incluso una vuelta: el primero desde enfrente, el segundo
a la derecha; el tercero por detrás, y el último a la izquierda, para volver a
colocarse enfrente hasta el final.
Los Versos son.
Versículo 1º)
Levántese Dios, sean dispersados sus enemigos, huyan de
su presencia los que le aborrecen.
286
Versículo 2º)
Como se desvanece el humo, así se disipan; como se
derrite la cera en presencia del fuego.
Versículo 3º)
Así se perderán los pecadores del rostro de Dios, mas los
justos se regocijarán.
Versículo 4º)
Este es el día que hizo el Señor; regocijémonos y
alegrémonos en él.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Sacerdote: Cristo ha Resucitado de entre los muertos*,
destruyendo a la muerte con su muerte*;
Coro y pueblo: Dando la vida a todos sus fieles* que en los
sepulcros yacían.
SÚPLICA DE PAZ
El Diácono recita la Letanía de la Paz:
Diácono: En paz, roguemos al Señor.
El Pueblo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz de lo Alto y por la salvación de
nuestras almas, roguemos al Señor.
287
El Pueblo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz del mundo entero, la estabilidad de
las Santas Iglesias de Dios, y la unión de todos,
roguemos al Señor.
El Pueblo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta santa casa y por todos los que en ella
entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al
Señor.
El Pueblo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por los cristianos piadosos y ortodoxos,
roguemos al Señor.
El Pueblo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por nuestro arzobispo N., por el honorable
presbiterado y el diaconado en Cristo; por todo el clero
y el pueblo, roguemos al Señor.
El Pueblo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por nuestra piadosa nación, por toda autoridad
y poder, por el ejército que ama a Cristo, roguemos al
Señor.
El Pueblo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta ciudad (o por este monasterio), por
toda ciudad y país, y por los fieles que en ellos habitan,
roguemos al Señor.
El Pueblo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por un clima benéfico, por la abundancia de los
frutos de la tierra, y por tiempos pacíficos, roguemos al
Señor.
El Pueblo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por quienes viajan por tierra, mar o aire, por
los enfermos, los afligidos y los cautivos, y por su
salvación, roguemos al Señor.
288
El Pueblo: Señor, ten piedad.
Diácono: Para que seamos liberados de toda tribulación,
ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.
El Pueblo: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y
protégenos, Dios, por tu gracia.
El Pueblo: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
santísima, Purísima, benditísima y gloriosa Madre de
Dios y siempre Virgen María, junto con todos los
santos, encomendemos: cada uno a sí mismo, y unos a
otros, y nuestra vida entera, a Cristo nuestro Dios.
El Pueblo: A ti, Señor.
Sacerdote (Exclamación): Porque a ti se debe toda gloria,
honor y adoración: al Padre y al Hijo y al Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
El Pueblo: Amén.
Al final de la Letanía, comienza la procesión de regreso al Templo. Mientras
se dice todo lo anterior, alguien se queda dentro del Templo encendiendo
todas las luces, velas y veladoras, para que cuando todos vuelvan, encuentren
al Templo lleno de luz de la Resurrección.
La procesión de regreso se hace cantando el Canon de la Resurrección. Por
razones prácticas, y por no alargar demasiado el oficio, incluimos únicamente
los Hirmós de cada Oda.
289
EL CANON
ODA PRIMERA:
Hirmós
(Tono 1). Hoy es el día de la resurrección, res-
plandezcamos de alegría, oh naciones, porque la Pascua
es la Pascua del Señor. Porque Cristo, nuestro Dios, nos
ha hecho pasar de la muerte a la vida, y de la tierra al
cielo; ¡Nosotros le cantamos el cántico de victoria y de
triunfo!
ODA TERCERA:
Irmos:
Venid, bebamos una nueva bebida, no extraído
milagrosamente de la roca seca, sino de la Fuente de
incorruptibilidad, que emana del sepulcro de Cristo en
quien nos hemos fortalecido.
EL YPACOÍ
Se lee el Ypacoí
Lector:
Adelantándose al alba las mujeres que estaban con María,
encontraron la piedra apartada del sepulcro, y oyeron
al Ángel decirles: ¿Por qué buscáis como a un muerto al
que mora en la luz eterna? He aquí el sudario. Corred y
anunciad al mundo que el Señor ha resucitado,
habiendo dado muerte a la muerte, porque es el Hijo de
Dios, que salva a la humanidad.
ODA CUARTA:
290
Haciendo la divina guardia, Habacuc, divinamente ins-
pirado, esté con nosotros y nos muestre el Ángel
envuelto en luz diciendo claramente: ¡Hoy es la
salvación del mundo, porque Cristo resucitó, siendo
Omnipotente!
ODA QUINTA:
Madruguemos con el alba y ofrezcamos al Señor, en vez
del bálsamo, alabanzas puras; y contemplemos a Cristo,
el Sol de Justicia, otorgando la vida a todos.
ODA SEXTA:
Descendiste hasta las profundidades de la tierra, oh Cristo,
y aniquilaste las fuerzas que sujetaban los cautivos. Y al
tercer día resucitaste del Sepulcro como Jonás salió de
la ballena. ¡Gloria a Tu Santa Resurrección oh Señor!
CONTAQUIO
Se lee el Contaquio, el Ikos y el Synaxario
Aunque descendiste, oh Inmortal, al Sepulcro; destruiste el
poder del infierno y victorioso resucitaste; oh Cristo
Dios! Y dijiste a las mujeres miróforas: ¡Regocijaos! y a
Tus apóstoles otorgaste la paz. ¡Tú que concedes la
resurrección a los caídos!
IKOS
291
Las doncellas portadoras de bálsamo anticipándose al
alba, fueron en busca, como al día, al Sol anterior al
sol: que se había ocultado temporalmente en un
sepulcro; se decían entre ellas: vamos amigas, a ungir
con aromas al Cuerpo Vivificador, que ha sido
sepultado, el Cuerpo que levantó Adán el caído y ahora
yace en el sepulcro. Vamos, apresurémonos como los
Magos, adorémosle y ofrezcámosle bálsamo en vez de
regalos; al que no está envuelto en pañales sino en
mortaja; lamentémonos llorando y clamemos diciendo:
¡Señor, levántate! ¡Tú que concedes la resurrección a
los caídos!
SYNAXARIO
Tres personas diferentes leen la siguiente oración, comenzando por
el primero de la asamblea, o el Lector:
Habiendo visto la Resurrección de Cristo,* postrémonos
ante el Santo Señor Jesús,* el único sin pecado.* Ante
tu cruz, Cristo nos postramos,* y tu santa resurrección
cantamos y glorificamos;* porque Tú eres nuestro
Dios,* y otro más que Tú, no conocemos;*
pronunciamos tu nombre.* Venid, fieles todos,
adoremos la santa Resurrección de Cristo,* pues por la
Cruz vino el regocijo a todo el mundo.* Siempre
bendiciendo al Señor, cantemos Su Resurrección;* pues
al sufrir la Cruz por nosotros,* con la muerte ha
destruido la muerte. (tres veces)
Las mismas personas dirán la siguiente pequeña oración:
292
Resucitado Jesús de la tumba, como lo había predicho, nos
ha concedido la vida eterna y la gran misericordia. (tres
veces)
ODA SÉPTIMA:
El que libró a los varones del horno ardiente, cuando se
hizo hombre, padeció como mortal; y por su Pasión
revistió al mortal con la belleza de la incorrupción; el
Dios de nuestros padres, ¡sea bendito y glorificado El
solo!
ODA OCTAVA:
En este día llamado Santo, el primero entre los sábados, su
rey y su señor, la fiesta de las fiestas, en el cual
bendecimos al Señor por los siglos.
Diácono: A la Madre de Dios y Madre de la Luz,
magnifiquemos con cánticos.
Mientras que el coro canta el himno de la Virgen, el Diácono, entra al
Santuario y acerca el incensario al Sacerdote para que lo bendiga.
Diácono: (en voz baja) Bendice Padre el incienso.
Sacerdote: (en voz baja) Bendito sea nuestro Dios
eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén.
Sacerdote: (en voz baja) Incienso Te ofrecemos, Cristo
Dios nuestro, como olor de fragancia espiritual; al
293
recibirlo en tu Altar celestial, envíanos a cambio la
gracia de tu Santísimo Espíritu.
Cuando el Coro comienza a cantar la novena Oda, el Diácono comienza a
incensar el Altar, y la mesa de la Prótesis. Luego sale por la puerta
septentrional, inciensa el icono del Trono y al Obispo, si está, y los iconos del
iconostasio. Después incesa al pueblo, comenzando por el costado meridional
del templo, y volviendo por el septentrional. Vuelve a incesar el Trono, los
iconos, y entra al santuario por la puerta meridional, para volver a incensar
el Altar, la mesa de la Prótesis, al sacerdote, y termina.
Si no hay Diácono, el Sacerdote es quien debe hacer la incensación.
ODA NOVENA:
Engrandece alma mía a Aquel que sufrió voluntariamente y
fue sepultado, y resucitó del Sepulcro al tercer día!
¡Resplandece; resplandece, nueva Jerusalén, pues la gloria
del Señor ha brillado sobre ti, alborózate ahora y
alégrate Sión; y tú, oh Purísima Madre de Dios,
regocíjate por la resurrección de Tu Hijo!
Engrandece alma mía, a Cristo el Dador de vida, que
resucitó del Sepulcro en el tercer día!
Oh divina, oh amada, oh dulcísima palabra tuya, pues Tú,
oh Cristo verbalmente prometiste estar con nosotros
hasta el fin de los siglos, y nosotros los fieles, teniendo
esta promesa cual áncora de esperanza nos
regocijamos.
¡Cristo es la Pascua nueva, la Víctima sacrificada, el
Cordero de Dios que quita los pecados del mundo!
294
Oh Pascua grande y sacratísima, Cristo sabiduría, Verbo y
poder de Dios. ¡Concédenos participar de Ti en forma
más clara en el día sin ocaso de Tu Reino!
El Angel clamó a la llena de gracia: Virgen pura;
regocíjate, y de nuevo diré regocíjate, porque tu Hijo
resucitó del Sepulcro al tercer día.
¡Resplandece; resplandece, nueva Jerusalén, pues la gloria
del Señor ha brillado sobre ti, alborózate ahora y
alégrate Sión; y tú, oh Purísima Madre de Dios,
regocíjate por la resurrección de Tu Hijo!
Se dice la Letanía Menor.
Diácono: Una y otra vez en paz roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros, y
protégenos oh, Dios por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
Santísima, Purísima, Benditisima y Gloriosa + Madre
de Dios, y Siempre Virgen María, junto con todos los
Santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a
otros, y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.
Coro: A Ti, Señor.
Sacerdote (exclamación): Porque Te alaban todas las
potestades celestiales, y Te elevan glorias, a Ti, Padre,
Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos
de los siglos.
Coro: Amén.
EXAPOSTILARION
295
Se canta tres veces el Exapostilarion, lenta y solemnemente por los dos Coros
y comenzando por el derecho.
En la carne dormiste cual mortal, el Rey y Señor; al tercer
día resucitaste, levantando a Adán de la corrupción.
(tres veces)
LAUDES
Luego se cantan los Laudes. Al final, entre los últimos cuatro versos se cantan
dos troparios, los cuales se duplican; seguidos por el “Gloria” y el “Ahora”,
después del cual se canta un tercer tropario.
Coro derecho: Todo lo que tiene aliento alabe al Señor.
Alabad al Señor desde los cielos: alabadle en las
alturas. A Ti pertenece el himno, ¡oh Dios!
Coro izquierdo: Alabadle todos sus ángeles; alabadle
todas sus potestades. A Ti pertenece un himno, ¡oh
Dios!
Los troparios comienzan a partir del siguiente estíquio.
Alabadle por Sus poderíos; alabadle por la multitud de Su
grandeza.
¡Oh Cristo, alabamos Tu Pasión salvadora y glorificamos
Tu resurrección!
Alabadle al son de la trompeta; alabadle con salterio y
cítara.
296
Tú que soportaste la Cruz y aniquilaste la muerte,
resucitaste de entre los muertos, salva nuestras vidas,
oh Señor, porque eres el único Omnipotente.
Alabadle con pandero y coro; alabadle con cuerdas y
órgano.
Oh Cristo, Tú que venciste al infierno y levantaste al
hombre con Tu resurrección, concédenos de alabarte
con corazones puros y de glorificarte.
Alabadle con címbalos sonoros; alabadle con címbalos de
júbilo. Todo lo que tiene aliento, alabe al Señor.
Oh Cristo, Te alabamos glorificando Tu condescendencia,
que pertenece a Dios. Tú que naciste de la Virgen sin
separarte del Seno del Padre, padeciste como hombre, y
soportaste la Cruz voluntariamente, y resucitaste del
Sepulcro como salido de bodas, para salvar al mundo;
¡Señor gloria a Ti!
Se canta además los siguientes Estiquérios:
Se levantará Dios, y se dispersarán sus enemigos, e huirán
de su presencia los que le aborrecen.
Nuestra Pascua, Cristo, el Vencedor nos ha concedido hoy
una Pascua noble, nueva bendita, Pascua mística,
Pascua augusta, Pascua sin mancilla, Pascua para les
fieles. Pascua que nos abrió las puertas del Paraíso,
Pascua que santifica a todos los fieles.
Como se desvanece el humo, se desvanecerán; como se
derrite la cera en presencia del fuego.
297
Venid de la visión, oh mujeres heraldas de buenas nuevas,
y decidle a Sión, recibid de nosotros la noticia gozosa de
la resurrección de Cristo. ¡Oh Jerusalén, embriágate de
gozo, y alborózate de alegría, viendo a Cristo tu Rey,
saliendo del Sepulcro como un Esposo!
Así se perderán los pecadores del rostro de Dios, y los
justos se alegrarán.
Cuando las mujeres, portadoras de bálsamo, fueron al alba
al Sepulcro Vivificador, encontraron un ángel sentado
sobre la piedra que les dijo así: ¿Porqué buscáis al Vivo
entre los muertos? ¿Porqué lloráis al Incorruptible en
medio de la corrupción? ¡Id, Y anunciadle a sus
discípulos!+
Este es el día que ha hecho el Señor; regocijémonos y
alegrémonos en él.
La Pascua alegre, la Pascua del Señor! Ha brillado para
nosotros una Pascua toda augusta, Pascua en que nos
perdonamos unos a otros con alegría. Pascua exenta de
tristeza, y esto porque Cristo salió del Sepulcro como se
sale de bodas y llenó de alegría a las mujeres
diciéndoles: ¡Id anunciadle a los Apóstoles!
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
.
¡Hoy es el día de la Resurrección! ¡Resplandezcamos con
la fiesta! Abracémonos unos a otros; oh hermanos! Y a
298
causa de la Resurrección perdonemos en todo a los que
nos odian. Y clamemos así: Cristo ha Resucitado de
entre los muertos*, destruyendo a la muerte con su
muerte*; dando la vida a todos sus fieles* que en los
sepulcros yacían.
Cristo ha Resucitado de entre los muertos*, destruyendo a
la muerte con su muerte*; dando la vida a todos sus fieles*
que en los sepulcros yacían.
HOMILIA CATEQUÉTICA
De nuestro padre entre los santos Juan Crisóstomo.
“Aquél que es devoto y amante de Dios, que disfrute
de esta magnífica y brillante fiesta. Aquél que es un
siervo agradecido, que entre alegremente en el gozo
del Señor. Aquél que está cansado en ayuno, que
reciba ahora el denario de recompensa. Si alguien
ha trabajado desde la primera hora, que reciba su
gratificación correspondiente. Si alguien ha llegado
después de la tercera hora, que participe en la fiesta
agradecido. Aquél que llega después de la sexta
hora, que no dude: él nada pierde. Si alguien ha
demorado hasta la novena hora, que se aproxime,
sin vacilación. Aquél que llega en la undécima hora,
que no tema a causa de su demora, porque el Señor
es de gracia y de generosidad. Él recibe tanto a los
299
últimos como a los primeros. Él concede descanso al
que viene en la undécima hora, igual como aquél
que ha trabajado desde la primera hora. Él tiene
misericordia del último, y satisface al primero. A
aquél da, y a éste regala. Él recibe las obras y
acepta la intención. Honra los hechos, y alaba el
empeño. Por lo tanto, entrad vosotros todos al gozo
de vuestro Señor. Los primeros y los últimos, tomad
vuestra recompensa. Ricos y pobres, regocijaos y
alegraos juntos. Abstinentes y perezosos, honren el
día. Los que han ayunado, y los que no han
ayunado, alégrensen hoy. Porque la mesa está llena,
deleitaos de ella todos. El ternero está cebado
entero; que nadie se retire con hambre. Regocijaos
todos del banquete de la fe. Disfrutad de todas las
riquezas de la bondad. Que nadie se queje de su
pobreza, porque el Reino Universal se ha
manifestado. Que nadie se lamente a causa de los
pecados, porque el perdón ha surgido
resplandeciente del Sepulcro. Que nadie tema la
muerte, porque la muerte del Salvador nos ha
librado. Porque destruyó la muerte cuando ésta se
apoderó de Él. Aquél que descendió al infierno
aniquiló al infierno; y lo hizo experimentar la
amargura; cuando éste tomó su Cuerpo. Esto
predijo Isaías cuando exclamó diciendo: “El
infierno ¡se amargó!, (pueblo: ¡se amargó!) cuando
300
Te encontró abajo. ¡se amargó!, (pueblo: ¡se
amargó!), funestamente, porque ha sido destruido.
¡se amargó!, (pueblo: ¡se amargó!) porque ha sido
encadenado. Recibió un Cuerpo, y he aquí que era
Dios. Tomó tierra, y encontró Cielo. Tomó lo visible,
y fue vencido invisiblemente. ¿Oh muerte dónde está
tu poder? ¿Oh infierno dónde está tu victoria?
¡Cristo resucitó! (pueblo: ¡resucitó!), y fuiste
aniquilado. ¡Cristo resucitó! (pueblo: ¡resucitó!), y
fueron arrojados los demonios, ¡Cristo resucitó!
(pueblo: ¡resucitó!), y los ángeles se regocijaron.
¡Cristo resucitó! (pueblo: ¡resucitó!), y reinó la
Vida. ¡Cristo resucitó! (pueblo: ¡resucitó!), y los
sepulcros se vaciaron de los muertos. Porque Cristo
habiendo resucitado de entre los muertos, fue el
Primogénito de entre los muertos, a Él sea la gloria
y el poder por los siglos de los siglos, amén.”
Inmediatamente se canta el Apolitíquio de San Juan Crisóstomo (Tono VIII).
La gracia de tu boca brillante como fuego iluminó el
Universo, y descubrió para el mundo los tesoros del
desprecio por el dinero y nos ha mostrado la excelencia
de la humildad. Mas tú, oh Padre Juan Crisóstomo, que
nos instruyes con tus palabras, ruega a Cristo Dios, que
salve nuestras almas.
DESPEDIDA
301
La despedida se efectúa de la siguiente manera. El Sacerdote sale a la Solea, y
teniendo en una mano la Cruz y detrás de ella una vela encendida, dice:
Sacerdote: Gloria a Ti, Cristo Dios, esperanza nuestra,
gloria a Ti.
Lector: Cristo resucito de entre los muertos, con muerte,
hollando la muerte; y a los que yacían en las tumbas,
dando la vida.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Bendice Padre.
Sacerdote: El que resucitó de entre los muertos,
Cristo, verdadero Dios nuestro, por la intercesión de su
purísima Madre, por el poder de la vivificante y
preciosa Cruz, la protección de las celestiales
potestades incorpóreas, las súplicas del venerable y
glorioso profeta, Precursor y Bautista, Juan; de los
santos gloriosos y alabadísimos Apóstoles, de nuestros
santos Padres, grandes jerarcas y ecuménicos maestros,
de los santos, gloriosos y victoriosos mártires, de
nuestros justos y teóforos Padres, de los santos y justos
familiares del Señor, Joaquín y Ana, de san N. (del santo
titular del templo), y (se conmemora al santo del día),
cuya memoria celebramos, y de todos los santos, tenga
misericordia de nosotros y nos salve, pues es Dios
bondadoso y amante de la humanidad.
Elevando la Cruz con la vela, y haciendo la señal de la cruz, exclama:
Sacerdote: ¡Cristo ha esucitado!
Coro y pueblo: ¡Verdaderamente ha resucitado!
302
Este diálogo se repite tres veces.
Sacerdote: ¡Gloria a su despertar al tercer día!
Coro y pueblo: ¡Veneramos su despertar al tercer día!
En lugar de finalizar con el: “Por las oraciones…”, dice:
Sacerdote: Cristo ha Resucitado de entre los muertos*,
destruyendo a la muerte con su muerte*; y dando la vida a
todos sus fieles* que en los sepulcros yacían.
Coro y pueblo: ¡Verdaderamente Resucitó el Señor!
303
LA LITURGIA PASCUAL
El Sacerdote, teniendo en una mano la Cruz y una vela encendida, y en la otra
el incensario comienza el oficio. El Diácono no sale a la solea, sino que
estando detrás del Altar (acompaña al Sacerdote mientras este inciensa el
Altar, estando opuesto a él), y teniendo una vela encendida exclama:
Diácono: Bendice Soberano.
Sacerdote:
Gloria a la santa, consubstancial, vivificadora e indivisible
Trinidad, eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de
los siglos.
Coro: Amén.
Ahora se comienza a cantar el verso “Cristo resucito…” diez veces.
Cristo resucito de entre los muertos, con muerte,
pisoteando la muerte; y a los que yacían en las tumbas,
dando la vida.
Las primeras dos son cantadas por el Sacerdote y el Diácono, hasta la
palabra “…tumbas,” y el pueblo termina “dando la vida”. La tercera vez es
cantada enteramente por el Sacerdote y el Diácono. Las siguientes seis veces
es cantado por todo el pueblo, entre los cuales el Sacerdote exclama en voz
alta los versos de abajo, seguidos por un “Gloria…” y un “Ahora…”. El
décimo verso los canta la mitad el Sacerdote, y la otra mitad el pueblo, más
lentamente que todos los demás.
Mientras se cantan todos estos versos, desde el primero hasta el último, el
Sacerdote no deja de incensar lentamente el Altar y la Protesis. Al exclamar
304
los cuatro versos, le da incluso una vuelta: el primero desde enfrente, el
segundo a la derecha; el tercero por detrás, y el último a la izquierda, para
volver a colocarse enfrente hasta el final.
Los Versos son:
Entre los versos tercero y el cuarto, y parado todavía en frente al Altar dice el
primer Versículo:
Versículo 1º)
Levántese Dios, sean dispersados sus enemigos, huyan de
su presencia los que le aborrecen.
Coro: Cristo resucito…
En la derecha del Altar:
Versículo 2º)
Como se desvanece el humo, así se disipan; como se
derrite la cera en presencia del fuego.
Coro: Cristo resucito…
Detrás del Altar:
Versículo 3º)
Así se perderán los pecadores del rostro de Dios, mas los
justos se regocijarán.
Coro: Cristo resucito…
A la izquierda del Altar:
Versículo 4º)
Este es el día que hizo el Señor; regocijémonos y
alegrémonos en él.
Coro: Cristo resucito…
En la Santa Prótesis:
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
305
Coro: Cristo resucito…
En frente al Altar:
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Coro: Cristo resucito…
Sacerdote: Cristo resucito de entre los muertos, con
muerte, pisoteando la muerte.
Coro y pueblo: y a los que yacían en las tumbas, dando la
vida.
El Diácono sale por la Puerta Real a la solea y recita la Letanía de la Paz:
SÚPLICA DE PAZ
Diácono: En paz, roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz de lo Alto y por la salvación de
nuestras almas, roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz del mundo entero, la estabilidad de
las Santas Iglesias de Dios, y la unión de todos,
roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta santa casa y por todos los que en ella
entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al
Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
306
Diácono: Por los cristianos piadosos y ortodoxos,
roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por nuestro arzobispo N., por el honorable
presbiterado y el diaconado en Cristo; por todo el clero
y el pueblo, roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por nuestra piadosa nación, por toda autoridad
y poder, por el ejército que ama a Cristo, roguemos al
Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta ciudad (o por este monasterio), por toda
ciudad y país, y por los fieles que en ellos habitan,
roguemos al Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por un clima benéfico, por la abundancia de los
frutos de la tierra, y por tiempos pacíficos, roguemos al
Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por quienes viajan por tierra, mar o aire, por los
enfermos, los afligidos y los cautivos, y por su salvación,
roguemos al Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Para que seamos liberados de toda tribulación,
ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y
protégenos, Dios, por tu gracia.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
307
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
santísima, Purísima, benditísima y gloriosa Madre de
Dios y siempre Virgen María, junto con todos los
santos, encomendemos: cada uno a sí mismo, y unos a
otros, y nuestra vida entera, a Cristo nuestro Dios.
Coro izquierdo: A ti, Señor.
Sacerdote (Exclamación): Porque a ti se debe toda gloria,
honor y adoración: al Padre y al Hijo y al Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro izquierdo: Amén.
PRIMERA ANTÍFONA:
Lector (salmodiado): ¡Cantad al Señor con gozo toda la
tierra!
Coro: Por las intercesiones de la Teotócos, oh Salvador,
sálvanos.
Lector (salmodiado): ¡Cantad un salmo a Su Nombre, dad
gloria a su alabanza!
Coro: Por las intercesiones…
Lector (salmodiado): Decidle a Dios: ¡Qué temibles son
Tus obras!
Coro: Por las intercesiones…
308
Lector (salmodiado): Que toda la tierra Te adore y Te
celebre, que cante un salmo a Tu Nombre ¡oh Altísimo!
Coro: Por las intercesiones…
SEGUNDA ANTÍFONA:
Lector (salmodiado) Que Dios tenga misericordia de
nosotros y nos bendiga.
Coro: Sálvanos Hijo de Dios, que resucitaste de entre los
muertos, Te cantamos aleluya.
Lector (salmodiado) Que la Luz de su rostro resplandezca
sobre nosotros, y tenga misericordia de nosotros.
Coro: Sálvanos Hijo de Dios…
Lector (salmodiado) Para conocer Tu camino sobre la
tierra; Tu salvación en todas las naciones.
Coro: Sálvanos Hijo de Dios…
Lector (salmodiado) Que el pueblo Te confiese, oh Dios;
que todo el pueblo Te alabe.
Coro: Sálvanos Hijo de Dios…
TERCERA ANTÍFONA:
Lector (salmodiado) Levántese Dios, sean dispersados sus
enemigos, huyan de su presencia los que le aborrecen.
Coro: Cristo ha Resucitado de entre los muertos*,
destruyendo a la muerte con su muerte*; y dando la vida
a todos sus fieles* que en los sepulcros yacían.
309
Lector (salmodiado) Como se desvanece el humo, así se
disipan; como se derrite la cera en presencia del fuego.
Coro: Cristo ha Resucitado…
Lector (salmodiado) Así se perderán los pecadores del
rostro de Dios, mas los justos se regocijarán.
Coro: Cristo ha Resucitado…
Lector (salmodiado) Este es el día que hizo el Señor;
regocijémonos y alegrémonos en él.
Coro: Cristo ha Resucitado…
HIMNO DE ENTRADA
Bendecid a Dios en Asambleas, al Señor, de la simiente de
Israel. Sálvanos Hijo de Dios, que resucitaste de entre
los muertos, te cantamos. Aleluya.
Coro: Cristo ha Resucitado de entre los muertos*,
destruyendo a la muerte con su muerte*; y dando la vida
a todos sus fieles* que en los sepulcros yacían.
(tres veces)
EL YPACOÍ
Adelantándose al alba las mujeres que estaban con María,
encontraron la piedra apartada del sepulcro, y oyeron
al Ángel decirles: ¿Por qué buscáis como a un muerto al
que mora en la luz eterna? He aquí el sudario. Corred y
anunciad al mundo que el Señor ha resucitado,
310
habiendo dado muerte a la muerte, porque es el Hijo de
Dios, que salva a la humanidad.
EL CONTAQUIO
Aunque descendiste, oh Inmortal, al Sepulcro; destruiste el
poder del infierno y victorioso resucitaste; oh Cristo
Dios! Y dijiste a las mujeres miróforas: ¡Regocijaos! y a
Tus apóstoles otorgaste la paz. ¡Tú que concedes la
resurrección a los caídos!
EL HIMNO TRISAGIO
En lugar del Himno Trisagio, se canta:
Todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo
os habéis revestido. Aleluya. (tres veces)
Gloria…
Ahora…
De Cristo os habéis revestido. Aleluya.
Todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo
os habéis revestido. Aleluya.
EPÍSTOLA
Lector: Proquímeno. Tono 8º. Salmo 117.
Este es el día que hizo el Señor; regocijémonos y
alegrémonos en él.
Verso: Confesad al Señor, porque es bondadoso, porque es
por los siglos su misericordia.
311
Lector: Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (1,
1-8)
El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre todo lo que
Jesús hizo y enseñó desde un principio hasta el día en que,
después de haber dado instrucciones por medio del
Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue
llevado al cielo. A estos mismos, después de su pasión, se
les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía,
apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles
acerca de lo referente al Reino de Dios. Mientras estaba
comiendo con ellos, les mandó que no se ausentasen de
Jerusalén, sino que aguardasen la Promesa del Padre,
«que oísteis de mí: Que Juan bautizó con agua, pero
vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de
pocos días». Los que estaban reunidos le preguntaron:
«Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el
Reino de Israel?» El les contestó: «A vosotros no os toca
conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con
su autoridad, sino que recibiréis la fuerza del Espíritu
Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en
Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de
la tierra.»
Coro: Aleluya, (tres veces) tono 4: Salmo 101
Lector: Tú Señor, levantándote te compadecerás de Sión,
porque es tiempo de compadecerte de ella, porque llegó el
tiempo.
Coro: Aleluya, (tres veces)
Lector: Observaba el Señor desde el cielo a la tierra, para
escuchar los gemidos de los cautivos, para librar a los
hijos de los difuntos.
312
Coro: Aleluya, (tres veces)
EVANGELIO:
Proclamación del Santo Evangelio según San Juan (1, 1-
17).
En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba
con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio
con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada
de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz
de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las
tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por
Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para
dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él.
No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo
hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el
mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a
su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que
la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los
que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de
deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se
hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos
contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como
Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio
de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene
detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía
antes que yo.» Pues de su plenitud hemos recibido todos, y
gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de
313
Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por
Jesucristo.
HIMNO QUERÚBICO
En lugar de cantar el Himno Querúbico, se canta el siguiente:
El Angel clamó a la llena de gracia: Virgen pura;
regocíjate, y de nuevo diré regocíjate, porque tu Hijo
resucitó del Sepulcro al tercer día.
¡Resplandece; resplandece, nueva Jerusalén, pues la gloria
del Señor ha brillado sobre ti, alborózate ahora y
alégrate Sión; y tú, oh Purísima Madre de Dios,
regocíjate por la resurrección de Tu Hijo!
HIMNO DE LA COMUNIÓN
Recibid Cuerpo de Cristo; gustad fuente de inmortalidad.
Aleluya.
En lugar de cantar “Hemos visto la verdadera luz…”, se canta lo
siguiente:
Coro: Cristo ha Resucitado de entre los muertos*,
destruyendo a la muerte con su muerte*; y dando la vida
a todos sus fieles* que en los sepulcros yacían.
En lugar de cantar “Sea el Nombre del Señor…”, se canta lo
siguiente:
Coro: Cristo ha Resucitado de entre los muertos*,
destruyendo a la muerte con su muerte*; y dando la vida
a todos sus fieles* que en los sepulcros yacían.
314
NOTA: Si la Homilía Catequética de San Juan Crisóstomo no es leída al final
del Laudes, debe ser leída ahora.
DESPEDIDA
La despedida se efectúa de la siguiente manera. El Sacerdote sale a la Solea, y
teniendo en una mano la Cruz y una vela encendida, dice:
Sacerdote: La bendición del Señor y su misericordia, por
su divina Gracia y su amor a la humanidad, desciendan
sobre ustedes eternamente, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos.
Lector: Amén
Sacerdote: Gloria a Ti, Cristo Dios, esperanza nuestra,
gloria a Ti.
Lector: Cristo ha Resucitado de entre los muertos*,
destruyendo a la muerte con su muerte*; y dando la vida
a todos sus fieles* que en los sepulcros yacían.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Bendice Padre.
Sacerdote: El que resucitó de entre los muertos,
Cristo, verdadero Dios nuestro, por la intercesión de su
purísima Madre, por el poder de la vivificante y
preciosa Cruz, la protección de las celestiales
potestades incorpóreas, las súplicas del venerable y
glorioso profeta, Precursor y Bautista, Juan; de los
santos gloriosos y alabadísimos Apóstoles, de nuestros
santos Padres, grandes jerarcas y ecuménicos maestros,
315
de los santos, gloriosos y victoriosos mártires, de
nuestros justos y teóforos Padres, de los santos y justos
familiares del Señor, Joaquín y Ana, de san N. (del santo
titular del templo), y (se conmemora al santo del día),
cuya memoria celebramos, y de todos los santos, tenga
misericordia de nosotros y nos salve, pues es Dios
bondadoso y amante de la humanidad.
Elevando la Cruz con la vela, y haciendo la señal de la cruz, exclama:
Sacerdote: ¡Cristo resucitó!
Coro y pueblo: ¡Verdaderamente resucitó!
Este diálogo se repite tres veces.
Sacerdote: ¡Gloria a su despertar al tercer día!
Coro y pueblo:¡Veneramos su despertar al tercer día!
En lugar de finalizar con el: “Por las oraciones…”, dice:
Sacerdote: Cristo ha Resucitado de entre los muertos*,
destruyendo a la muerte con su muerte*; y dando la vida
a todos sus fieles* que en los sepulcros yacían.
Coro y pueblo:¡ Verdaderamente ha Resucitado el Señor!
316
317
DOMINGO DE PASCUA
VÍSPERAS DEL AMOR
(Celebrado normalmente la tarde del Domingo; en las parroquias se celebra
al mediodía).
El Sacerdote y el Diácono, si hay, vestidos con razo y calimafio, hacen una
metanía al Trono Episcopal, y luego entran al Santuario. Habiéndose vestido
con todas sus vestimentas, el Sacerdote abre el Bello Velo, y teniendo en una
mano la Cruz y una vela encendida, y en la otra el incensario comienza el
oficio. El Diácono no sale a la solea, sino que estando detrás del Altar con
una vela encendida exclama:
El Sacerdote, teniendo en una mano la Cruz y una vela encendida, y en la otra
el incensario comienza el oficio. El Diácono no sale a la solea, sino que
estando detrás del Altar (acompaña al Sacerdote mientras este inciensa el
Altar, estando opuesto a él), y teniendo una vela encendida exclama:
Diácono: Bendice Soberano.
Sacerdote: Gloria a la Santa, Consubstancial, Vivificadora
e Indivisible Trinidad, eternamente, ahora y siempre, y
por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Ahora se comienza a cantar el verso “Cristo ha resucitado…” diez veces.
318
Cristo ha Resucitado de entre los muertos*, destruyendo a la
muerte con su muerte*; y dando la vida a todos sus fieles* que en
los sepulcros yacían.
Las primeras dos son cantadas por el Sacerdote y el Diácono, hasta la
palabra “…tumbas,” y el pueblo termina “dando la vida”. La tercera vez es
cantada enteramente por el Sacerdote y el Diácono. Las siguientes seis veces
es cantado por todo el pueblo, entre los cuales el Sacerdote exclama en voz
alta los versos de abajo, seguidos por un “Gloria…” y un “Ahora…”. El
décimo verso los canta la mitad el Sacerdote, y la otra mitad el pueblo, más
lentamente que todos los demás.
Mientras se cantan todos estos versos, desde el primero hasta el último, el
Sacerdote no deja de incensar lentamente el Altar y la Protesis. Al exclamar
los cuatro versos, le da incluso una vuelta: el primero desde enfrente, el
segundo a la derecha; el tercero por detrás, y el último a la izquierda, para
volver a colocarse enfrente hasta el final.
Los Versos son:
Entre los versos tercero y el cuarto, y parado todavía en frente al Altar dice el
primer Versículo:
Versículo 1º)
Levántese Dios, sean dispersados sus enemigos, huyan de
su presencia los que le aborrecen.
Coro: Cristo ha Resucitado…
En la derecha del Altar:
Versículo 2º)
Como se desvanece el humo, así se disipan; como se
derrite la cera en presencia del fuego.
Coro: Cristo ha Resucitado…
Detrás del Altar:
Versículo 3º)
Así se perderán los pecadores del rostro de Dios, mas los
justos se regocijarán.
319
Coro: Cristo ha Resucitado…
A la izquierda del Altar:
Versículo 4º)
Este es el día que hizo el Señor; regocijémonos y
alegrémonos en él.
Coro: Cristo ha Resucitado…
En la Santa Prótesis:
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Coro: Cristo ha Resucitado…
En frente al Altar:
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Coro: Cristo ha Resucitado…
Sacerdote: Cristo ha Resucitado de entre los muertos*,
destruyendo a la muerte con su muerte
Coro y pueblo: *; y dando la vida a todos sus fieles* que
en los sepulcros yacían.
El Diácono sale por la Puerta Real a la solea y recita la Letanía de la Paz:
SÚPLICA DE PAZ
Diácono: En paz, roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz de lo Alto y por la salvación de
nuestras almas, roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
320
Diácono: Por la paz del mundo entero, la estabilidad de
las Santas Iglesias de Dios, y la unión de todos,
roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta santa casa y por todos los que en ella
entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al
Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por los cristianos piadosos y ortodoxos,
roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por nuestro arzobispo N., por el honorable
presbiterado y el diaconado en Cristo; por todo el clero
y el pueblo, roguemos al Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por nuestra piadosa nación, por toda autoridad
y poder, por el ejército que ama a Cristo, roguemos al
Señor.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta ciudad (o por este monasterio), por toda
ciudad y país, y por los fieles que en ellos habitan,
roguemos al Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por un clima benéfico, por la abundancia de los
frutos de la tierra, y por tiempos pacíficos, roguemos al
Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Por quienes viajan por tierra, mar o aire, por los
enfermos, los afligidos y los cautivos, y por su salvación,
roguemos al Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
321
Diácono: Para que seamos liberados de toda tribulación,
ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y
protégenos, Dios, por tu gracia.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
santísima, Purísima, benditísima y gloriosa Madre de
Dios y siempre Virgen María, junto con todos los
santos, encomendemos: cada uno a sí mismo, y unos a
otros, y nuestra vida entera, a Cristo nuestro Dios.
Coro izquierdo: A ti, Señor.
Sacerdote (Exclamación): Porque a ti se debe toda gloria,
honor y adoración: al Padre y al Hijo y al Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro izquierdo: Amén.
El Coro comienza a cantar el “Señor a Ti he clamado…”, y el Diácono, entra
al Santuario y acerca el incensario al Sacerdote para que lo bendiga.
Diácono: (en voz baja) Bendice Padre el incienso.
Sacerdote: (en voz baja) Bendito sea nuestro Dios
eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén.
Sacerdote: (en voz baja) Incienso Te ofrecemos, Cristo
Dios nuestro, como olor de fragancia espiritual; al
recibirlo en tu Altar celestial, envíanos a cambio la
gracia de tu Santísimo Espíritu.
322
En el momento en que el Coro canta “... como el incienso...”, el Diácono
comienza a incensar el Altar, dándole la vuelta y la mesa de la Prótesis.
Luego sale por la puerta septentrional, inciensa el icono del Trono y al
Obispo, si está, y los iconos del iconostasio. Después incesa al pueblo,
comenzando por el costado meridional del templo, y volviendo por el
septentrional. Vuelve a incesar el Trono, los iconos, y entra al santuario por
la puerta meridional, para volver a incensar el Altar, la mesa de la Prótesis,
al sacerdote, y termina.
Si no hay Diácono, el Sacerdote es quien debe hacer la incensación, vestido ya
con el felónio.
Salmo 140 (141)
Coro derecho:
Señor, a Ti he clamado, óyeme;* óyeme, Señor.* Señor, a
Ti he clamado, óyeme;* presta atención a la voz de mi
petición,* cuando a Ti clamaré;* óyeme, Señor.
Coro izquierdo:
Que mi oración se dirija* como el incienso a tu
presencia;* sea la elevación de mis manos, como
sacrificio vespertino;* óyeme, Señor.
Si acechares la iniquidad, Señor; ¿quién Señor,
resistiría?* mas por Ti la propiciación es aceptada .
Venid adoremos al que ha nacido del Padre antes de los
Siglos, al Verbo de Dios que ha tomado carne de la
Virgen Maria, pues habiendo sufrido la Cruz, fue
entregado al sepulcro como Él había querido; y
resucitado de entre los muertos, me salvó a mí el
hombre descarriado.
323
Por amor a tu nombre, Señor, Te he aguardado; mi alma
ha aguardado tu palabra;* mi alma tiene esperanza en
el Señor.
Cristo nuestro salvador, habiendo traspasado con clavos
en la Cruz nuestra condena, la borró y anuló el poder de
la muerte. Adoremos a El que resucitó al tercer día.
Si hay cuatro estiquerios, a partir del siguiente estíquio.
Desde la vigilia matutina hasta la noche;* desde la vigilia
matutina,* tened Israel esperanza en el Señor.
Cantemos con los Arcángeles la Resurrección de Cristo
por que Él es el Redentor y Salvador de nuestras almas
que con terrible gloria y fuerte poder vendrá de nuevo
para juzgar al mundo que ha creado.
Porque de parte del Señor es la misericordia, y en Él hay
abundante redención;* y Él redimirá a Israel de todas
sus iniquidades.
A Ti que fuiste crucificado y sepultado el Ángel te
proclamó soberano y dijo a las mujeres: Venid a ver
donde yacía el Señor, pues ha resucitado según había
dicho como omnipotente, Por esto te adoramos único
inmortal, Cristo dador de la vida, ten misericordia de
nosotros.
Alabad al Señor todas las naciones;* ensalzadle todos los
pueblos.
Por tu cruz anulaste la maldición del madero y por tu
sepultura diste muerte al poder de la muerte, pero por
Tu Resurrección iluminaste el género humano. Por esto
324
te aclamamos: Cristo nuestro Dios, bienhechor, gloria a
Ti.
Porque se ha afirmado su misericordia sobre nosotros;* y
la verdad del Señor permanecerá eternamente.
Se abrieron ante Ti con temor las puertas de la muerte Oh
Señor, los porteros del infierno quedaron atónitos al
verte, pues quebrantaste las puertas de bronce,
destruiste los cerrojos de hierro, nos sacaste de las
tinieblas y sombras de la muerte, y rompiste nuestras
ataduras.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Entonen nuestros labios el himno de salvación: Venid
todos, postremos en la casa del Señor diciendo: Oh Tu
que fuiste crucificado sobre el madero y que resucitaste
de entre los muertos y que estas en el seno del Padre,
purifica nuestros pecados.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Paso la sombra de la ley, una vez venida la gracia; pues
así como la zarza ardiendo sin consumirse, Tu siendo
Virgen diste a luz permaneciendo Virgen; en vez de la
columna de fuego resplandeció para nosotros el sol de
Justicia, y en vez de Moisés, Cristo es la salvación de
nuestras almas.
325
Cuando el coro canta "Ahora ..." y el Teotoquío, el Diácono abre las Puertas
Reales, y Sacerdote y Diácono realizan la Entrada con el Evangeliario.
Luego, el Diácono dice al Sacerdote en voz baja:
Diácono (en voz baja): Bendice, Soberano, la Santa
Entrada.
Sacerdote (en voz baja y bendiciendo hacia el
Altar): Bendita es la entrada de tus Santos,
eternamente, ahora y siempre, y por siglos de los
siglos.
Diácono (en voz baja): Amén.
El Sacerdote recita la oración de la Entrada.
Sacerdote: (en voz baja) A la tarde, a la mañana y
al medio día, Te alabamos, Te bendecimos, Te
damos gracias y te suplicamos, Maestro de todo,
Señor amante de la humanidad. Dirige nuestra
oración como incienso ante Ti, y no inclines
nuestros corazones a palabras o pensamientos de
maldad; antes bien, líbranos de todos los que
persiguen nuestras almas, pues, Señor, Señor, en
Ti están nuestros ojos y en Ti esperamos; no nos
dejes avergonzados, Dios nuestro.
Porque a Ti se debe toda gloria, honor y adoración,
al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos.
Diácono. Sabiduría. ¡Estemos de pie!
326
El himno de “agradecimiento con la luz de las lámparas”, es leído
solemnemente por el primero de la asamblea. En el caso que la Entrada halla
sido efectuada por varios sacerdotes, entonces es cantado por ellos.
El primero de la asamblea:
Luz apacible de la santa gloria* del Padre inmortal;*
celestial, santo y bendito Jesús Cristo.* Al llegar a la
puesta del sol;* viendo la luz vespertina;* cantamos
himnos al Padre, Hijo y Espíritu Santo, Dios;* digno es
en todo tiempo* cantarte con voces propicias,* Hijo de
Dios, Dador de vida;* por lo cual el mundo Te
glorifica.
Concluido el himno por el Coro, el Diácono dice desde la Puerta Real y
dirigiéndose al pueblo:
Diácono: Proquímeno vespertino.
El Coro canta el Proquímeno lenta y solemnemente.
Proquímeno. Tono 7º, Salmo 76:
Que Dios es grande como nuestro Dios. Tú eres el único
Dios que haces maravillas.
(Lector) Versículo: Mostraste tu poder entre los pueblos.
Que Dios es grande como nuestro Dios. Tú eres el único
Dios que haces maravillas.
327
(Lector) Versículo: Dije yo: ya ha comenzado; esto es uns
transformación de la diestra del Altísimo.
Que Dios es grande como nuestro Dios. Tú eres el único
Dios que haces maravillas.
Que Dios es grande como nuestro Dios. Tú eres el único
Dios que haces maravillas.
EL EVANGELIO
Este Evangelio tradicionalmente se lee en varios idiomas. Se divide en tres
partes: primero el Sacerdote dice la acostumbrada introducción, seguido por
la primera parte de la lectura evangélica. Luego dicen los demás sacerdotes o
personas la primera parte. Continua el sacerdote la segunda parte, la cual es
repetida por los demás, y por último se lee la tercera parte.
Diácono: Y para que nos conceda dignos de escuchar el
santo Evangelio, roguemos al Señor nuestro Dios.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Diácono: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo
Evangelio.
El Sacerdote se voltea para bendecir al pueblo.
Sacerdote: Paz a todos.
Coro: Y a tu espíritu.
Sacerdote: Proclamación del Santo Evangelio de san Juan.
¡Atendamos!
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
328
(Juan 20, 19-25)
Primera parte:
Al atardecer de aquel día, el primero de la semana,
estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del
lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó
Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con
vosotros.» Dicho esto, les mostró las manos y el costado.
Los discípulos se alegraron de ver al Señor.
Segunda parte:
Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el
Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló
sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A
quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados;
a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Terrcera parte:
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con
ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo
en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo
en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su
costado, no creeré.»
LA LETANÍA DE SÚPLICA FERVIENTE
Diácono: Digamos con toda el alma, y con todo nuestro
entendimiento, digamos:
329
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Señor Omnipotente, Dios de nuestros padres, te
suplicamos: escúchanos y ten piedad.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Diácono: Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu
gran misericordia, escúchanos y ten piedad.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Te suplicamos una vez más por los piadosos
cristianos ortodoxos.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por nuestro arzobispo N.
Coro derecho:Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por nuestros hermanos los
sacerdotes, los hieromonjes, los hierodiáconos, los
monjes, y por toda nuestra hermandad en Cristo.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por piedad, vida, paz, salud,
salvación, visitación, perdón y remisión de los pecados
de los servidores de Dios, de todos los piadosos
cristianos ortodoxos, de los habitantes y visitantes que
están en esta ciudad (o pueblo, o monasterio); de las
parroquias, los administradores y bienhechores de esta
santa iglesia.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
Diácono: Suplicamos aún por los bienaventurados y
siempre recordados fundadores de esta santa iglesia (o
monasterio), y por todos nuestros padres y hermanos
que nos precedieron y que yacen piadosamente aquí, y
por todos los ortodoxos.
Coro derecho: Señor, ten piedad. (tres veces)
330
Diácono: Suplicamos aún por los benefactores y
bienhechores de este santo y venerable templo, por los
que se fatigan trabajando en él, por sus cantores, y por
todo el pueblo presente que espera de ti tu grande y
copiosa misericordia.
Coro derecho: Señor, ten piedad.
Sacerdote (Exclamación): Porque eres Dios
misericordioso y amante de la humanidad, y a Ti
rendimos gloria: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro derecho: Amén.
El primero de la asamblea, o el Lector:
Concédenos, Señor, esta tarde guardarnos sin pecado.
Bendito eres, Señor Dios de nuestros padres y alabado y
glorificado es tu nombre por los siglos. Amén. Que tu
misericordia sea sobre nosotros, Señor, como hemos
puesto nuestra esperanza en Ti.
Bendito eres, Señor, enséñame tus justísimos preceptos.
Bendito eres, Soberano, hazme entender tus justísimos
preceptos.
Bendito eres, Santo, ilumíname con tus justísimos
preceptos.
Tu misericordia, Señor, es para siempre; no desprecies las
obras de tus manos. Te pertenece la alabanza, te
pertenece un himno, te pertenece la gloria, al Padre, al
Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los
siglos de los siglos. Amén.
El Diácono, permaneciendo en la solea, recita la Letanía Complementaria:
331
LA LETANÍA COMPLEMENTARIA
Diácono: Completemos nuestra súplica vespertina al
Señor.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y
protégenos, Dios, por tu gracia.
Coro izquierdo: Señor, ten piedad.
Diácono: Que la tarde entera sea perfecta, santa, pacífica,
y sin pecado, pidamos al Señor.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Un ángel de paz, guía fiel, custodio de nuestras
almas y cuerpos, pidamos al Señor.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Perdón y remisión de nuestros pecados y
transgresiones, pidamos al Señor.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Cuanto es bueno y conveniente para nuestras
almas, y por la paz del mundo, pidamos al Señor.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Que el tiempo restante de nuestra vida se
complete en paz y penitencia, pidamos al Señor.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
Diácono: Un fin cristiano de nuestra vida, exento de dolor
y de vergüenza, pacífico, y una buena defensa ante el
temible tribunal de Cristo, pidámosle.
Coro izquierdo: Concédelo, Señor.
332
Diácono: Conmemorando a nuestra Soberana, la
santísima, Purísima, benditísima y gloriosa Madre de
Dios y siempre Virgen María, junto con todos los
santos, encomendemos: cada uno a sí mismo, y unos a
otros, y nuestra vida entera, a Cristo nuestro Dios.
Coro izquierdo: A ti, Señor.
Sacerdote (Exclamación): Porque eres Dios bueno y
amante de la humanidad, y a ti rendimos gloria: al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y
por los siglos de los siglos.
Coro izquierdo: Amén.
El Sacerdote se voltea hacia el pueblo y lo bendice.
Sacerdote: La paz sea con todos.
Coro: Y con tu espíritu.
Diácono: Inclinemos la cabeza ante el Señor.
Coro: Ante Ti, Señor.
El Sacerdote lee la oración llamada ‘de inclinación de cabeza’.
Sacerdote (en secreto) Señor, Dios nuestro, que agachaste
los cielos y bajaste para la salvación del género
humano, mira a tus siervos y a tu herencia. Pues a Ti, al
temible y filántropo Juez, tus siervos han inclinado sus
cabezas y han sometido sus cervices; no están esperando
la ayuda de los hombres, sino aguardan tu misericordia
y esperan recibir tu salvación. Protégenos en todo
tiempo, en esta tarde y en la noche que se aproxima, de
333
todo enemigo, de toda acción diabólica adversa, de
pensamientos vanos y de recuerdos malignos.
Sacerdote (Exclamación): Bendito y glorificado sea el
poder (dominio) de tu Reino, del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los
siglos.
Coro: Amén.
Luego se cantan los Apósticos, el primero en el tono segundo, y el resto de la
fiesta.
Tu resurrección, Oh Cristo nuestro salvador, iluminó a
todo el universo y de nuevo llamaste a tu criatura. Oh
Señor todo poderoso, Gloria a Ti.
Se levantará Dios, y se dispersarán sus enemigos, e huirán
de su presencia los que le aborrecen.
Nuestra Pascua, Cristo, el Vencedor nos ha concedido hoy
una Pascua noble, nueva bendita, Pascua mística,
Pascua augusta, Pascua sin mancilla, Pascua para les
fieles. Pascua que nos abrió las puertas del Paraíso,
Pascua que santifica a todos los fieles.
Como se desvanece el humo, se desvanecerán; como se
derrite la cera en presencia del fuego.
Venid de la visión, oh mujeres heraldas de buenas nuevas,
y decidle a Sión, recibid de nosotros la noticia gozosa de
la resurrección de Cristo. ¡Oh Jerusalén, embriágate de
gozo, y alborózate de alegría, viendo a Cristo tu Rey,
saliendo del Sepulcro como un Esposo!
334
Así se perderán los pecadores del rostro de Dios, y los
justos se alegrarán.
Cuando las mujeres, portadoras de bálsamo, fueron al alba
al Sepulcro Vivificador, encontraron un ángel sentado
sobre la piedra que les dijo así: ¿Porqué buscáis al Vivo
entre los muertos? ¿Porqué lloráis al Incorruptible en
medio de la corrupción? ¡Id, Y anunciadle a sus
discípulos!
Este es el día que ha hecho el Señor; regocijémonos y
alegrémonos en él.
La Pascua alegre, la Pascua del Señor! Ha brillado para
nosotros una Pascua toda augusta, Pascua en que nos
perdonamos unos a otros con alegría. Pascua exenta de
tristeza, y esto porque Cristo salió del Sepulcro como se
sale de bodas y llenó de alegría a las mujeres
diciéndoles: ¡Id anunciadle a los Apóstoles!
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
¡Hoy es el día de la Resurrección! ¡Resplandezcamos con
la fiesta! Abracémonos unos a otros; oh hermanos! Y a
causa de la Resurrección perdonemos en todo a los que
nos odian. Y clamemos así: Cristo ha Resucitado de
entre los muertos*, destruyendo a la muerte con su
muerte*; y dando la vida a todos sus fieles* que en los
sepulcros yacían.
.
335
Cristo ha Resucitado de entre los muertos*, destruyendo a
la muerte con su muerte*; y dando la vida a todos sus
fieles* que en los sepulcros yacían.
Diácono, (desde el Santuario): Sabiduría.
Coro: Bendice.
Sacerdote (mirando hacia el oriente): El que Es bendito,
Cristo nuestro Dios, eternamente; ahora y siempre y por
los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote, o el primero de la asamblea: Que el Señor Dios
afirme la fe santa e irreprochable de los cristianos
piadosos y ortodoxos, junto con esta Santa Iglesia (o
este Monasterio) y esta ciudad (o este pueblo, o esta
isla) por los siglos de los siglos. Amén.
El Sacerdote sale a la Solea, y mirando hacia el pueblo, dice:
Sacerdote: Santísima Madre de Dios Sálvanos.
Lector: Resplandece; resplandece, nueva Jerusalén, pues
la gloria del Señor ha brillado sobre ti, alborózate
ahora y alégrate Sión; y tú, oh Purísima Madre de Dios,
regocíjate por la resurrección de Tu Hijo!
DESPEDIDA
336
La despedida se efectúa de la siguiente manera. El Sacerdote sale a la Solea, y
teniendo en una mano la Cruz y una vela encendida, dice:
Sacerdote: Gloria a Ti, Cristo Dios, esperanza nuestra,
gloria a Ti.
Lector: Cristo ha Resucitado de entre los muertos*,
destruyendo a la muerte con su muerte*; y dando la vida
a todos sus fieles* que en los sepulcros yacían.
Señor, ten piedad. (tres veces)
Bendice Padre.
Sacerdote: El que resucitó de entre los muertos,
Cristo, verdadero Dios nuestro, por la intercesión de su
purísima Madre, por el poder de la vivificante y
preciosa Cruz, la protección de las celestiales
potestades incorpóreas, las súplicas del venerable y
glorioso profeta, Precursor y Bautista, Juan; de los
santos gloriosos y alabadísimos Apóstoles, de nuestros
santos Padres, grandes jerarcas y ecuménicos maestros,
de los santos, gloriosos y victoriosos mártires, de
nuestros justos y teóforos Padres, de los santos y justos
familiares del Señor, Joaquín y Ana, de san N. (del santo
titular del templo), y (se conmemora al santo del día),
cuya memoria celebramos, y de todos los santos, tenga
misericordia de nosotros y nos salve, pues es Dios
bondadoso y amante de la humanidad.
Elevando la Cruz con la vela, y haciendo la señal de la cruz, exclama:
Sacerdote: ¡Cristo ha Resucitado!
337
Coro y pueblo: ¡Verdaderamente ha Resucitado!
Este diálogo se repite tres veces.
Sacerdote: ¡Gloria a su despertar al tercer día!
Coro y pueblo :¡Veneramos su despertar al tercer día!
En lugar de finalizar con el: “Por las oraciones…”, dice:
Sacerdote: Cristo ha Resucitado de entre los muertos*,
destruyendo a la muerte con su muerte*; y dando la vida a
todos sus fieles* que en los sepulcros yacían.
Coro y pueblo: ¡Verdaderamente ha Resucitado el Señor!
338
ORACIONES SECRETAS DEL
SACERDOTE
EN VISPERAS
ORACIONES DE
"ENCENDIMIENTO DE LAS LAMPARAS"
Mientras se lee el Salmo 103, el Sacerdote, parado frente al Altar, lee en
secreto estas 7 oraciones.
Roguemos al Señor; Señor ten piedad.
Primera Oración
Señor, compasivo y misericordioso, pacientísimo y muy
clemente, presta oído a nuestra oración y atiende la voz
de nuestra súplica. Haz una señal con nosotros para
bien. Condúcenos por tu camino, para que caminemos
en tu verdad. Alegra nuestros corazones para que
temamos tu santo Nombre. Porque Tú eres grande y
hacedor de maravillas; Tú sólo eres Dios, y entre dioses
no hay semejante a Ti, Señor; poderoso en misericordia
y bondadoso en fortaleza, para socorrer y consolar y
salvar a todos los que tenemos esperanza en tu santo
Nombre.
339
Porque a ti se debe toda gloria, honor y adoración : al
Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y
por los siglos de los siglos. Amén.
Segunda Oración
Señor, no nos reprendas con tu ira, ni nos amonestes en tu
furor; mas haz con nosotros, Médico y Sanador de
nuestras almas según tu condescendencia. Guíanos al el
puerto de tu voluntad. Ilumina los ojos de nuestros
corazones al conocimiento de tu verdad y concede que el
resto del presente día y todo el tiempo de nuestra vida
sea pacífico y sin pecado. Por las intercesiones de la
santísima Madre de Dios y de todos los santos.
Porque tuyo es el poder, y tuyos son el reinado, la fuerza y
la gloria: del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Tercera Oración
Señor Dios nuestro, acuérdate de nosotros tus pecadores e
inútiles siervos, cuando invocamos tu santo Nombre y no
nos avergüences en nuestra expectación de tu
misericordia; mas concédenos, Señor, todas nuestras
peticiones que nos lleven a la salvación. Haznos dignos
de amarte y de temerte con todo nuestro corazón y de
hacer tu voluntad en todas las cosas.
Porque eres Dios bueno y amante de la humanidad, y a ti
rendimos gloria: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Amén.
340
Cuarta Oración
Tú, a quien ininterrumpidamente te son cantados himnos y
doxologías incesantes por las santas Potestades, llena
nuestra boca de tu alabanza para que podamos
engrandecer tu santo Nombre; y concédenos parte y
herencia con todos los que en verdad te temen y guardan
tus mandamientos. Por las intercesiones de la santísima
Madre de Dios y de todos tus santos.
Porque a ti se debe toda gloria, honor y adoración: al
Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y
por los siglos de los siglos. Amén.
Quinta Oración
Señor, Señor, quien en la purísima palma de tu mano
mantienes el universo; que eres longánimo hacia todos
nosotros y te arrepientes (de castigarnos) por nuestras
maldades; acuérdate de tu compasión y de tu
misericordia. Visítanos con tu bondad, y concédenos
poder evadir, durante el resto de este día, las diversas
maquinaciones del maligno, y conserva nuestra vida sin
sus asechanzas, por la gracia de tu santísimo Espíritu.
Por la misericordia y el amor a la humanidad de tu Hijo
Unigénito, con quien eres bendito, juntamente con tu
santísimo, bueno y vivificador Espíritu, ahora y siempre,
y por los siglos de los siglos. Amén.
Sexta Oración
Dios, grande y maravilloso, que administras todo el
universo con inefable bondad y abundante providencia;
341
que nos has regalado los bienes terrenales, y nos
garantizas el reino prometido por las buenas cosas que
ya nos concediste. Que has hecho que evitemos
cualquier inclinación maligna durante la parte ya
pasada de este día, concédenos completar lo que resta,
sin mancha ante tu santa gloria, y cantándote al único
Dios nuestro, bueno y amante de la humanidad.
Porque Tú eres nuestro Dios y te rendimos gloria: al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y
por los siglos de los siglos. Amén.
Séptima Oración
Dios grande y altísimo, el único poseedor de inmortalidad,
que moras en la luz inaccesible; que has formado toda
la creación con sabiduría; que hiciste división entre la
luz y las tinieblas, y pusiste al sol para regir el día, la
luna y las estrellas para regir la noche; que nos has
hecho dignos a nosotros pecadores, en esta hora
presente, llegar ante tu presencia en confesión, y
presentarte nuestra doxología vespertina. Tú mismo,
Señor, amante de la humanidad, dirige nuestra oración
como incienso ante Ti, y recíbela como olor de dulce
fragancia. Concede también que esta tarde y la noche
que se aproxima sean pacificas. Revístenos con
armadura de luz. Líbranos del temor nocturno y de todo
lo que anda en tinieblas. Danos un sueño, el cual nos
has dado para reposo de nuestra debilidad, libre de toda
fantasía diabólica. Si, Maestro de todo y dador de todo
lo bueno, para que siendo movidos a compunción sobre
nuestro lecho, nos acordemos durante la noche de tu
342
nombre; y siendo iluminados con la meditación en tus
mandamientos, nos levantemos con gozo de alma para
glorificar tu bondad; a presentar a tu compasión
súplicas y plegarias, por nuestros propios pecados y los
de todo tu pueblo; al cual mira, por las intercesiones de
la santísima Madre de Dios, con misericordia.
Porque eres Dios bueno y amante de la humanidad, y a ti
rendimos gloria: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Amén.
ORACIONES SECRETAS DEL
SACERDOTE
EN LAUDES
Primera Oración
Roguemos al Señor; Señor ten piedad.
Te agradecemos, Señor Dios nuestro, que nos levantaste
de nuestros lechos y pusiste en nuestra boca palabras
de alabanza, para protegernos e invocar tu Nombre; e
imploramos tus misericordias, las que siempre tuviste a
favor de nuestra vida. Envía ahora también tu ayuda a
quienes están delante de tu Santa gloria y aguardan
recibir tu abundante misericordia; y concédeles
343
adorarte, alabarte, loarte y reverenciar tu inenarrable
bondad con amor y temor.
Porque a Ti se debe toda gloria, honor y prosternación, al
Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y
por los siglos. Amén.
Segunda Oración
Desde la noche se eleva nuestro espíritu hacia Ti, nuestro
Dios, porque tus mandamientos son luz sobre la tierra;
danos sensatez a fin de practicar la justicia y la y la
santidad en tu temor; porque a Ti te glorificamos, a
nuestro Dios realmente existente, acerca tu oído y
escúchanos; y acuérdate, Señor, de los aquí presentes
que oran por nosotros, de cada uno por su nombre, y
sálvalos por tu poder; bendice a tu pueblo y santifica tu
herencia; concédeles paz a tu mundo, a tus Iglesias, a
los Sacerdotes, a nuestros gobernantes y a todo tu
pueblo.
Porque has sido bendecido y glorificado tu muy honrado y
majestuoso Nombre, del Padre y al Hijo y al Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos. Amén.
Tercera Oración
Desde la noche se eleva nuestro espíritu hacia ti, nuestro
dios, porque tus mandamientos son luz. Enséñanos ¡oh!
Dios, tu justicia, tus mandamientos y tus derechos;
ilumina los ojos de nuestras mentes, no vaya a suceder
que nos adormezcamos en pecados de muerte; aleja
344
toda sombra de nuestros corazones; concédenos el sol
de justicia y mantén nuestra vida exenta de influencias,
con el sello del Espíritu Santo; dirige nuestros pasos
por el camino de la paz; concédenos el alba y el día
llenos de alegría, para que Te elevemos las oraciones
matutinas.
Porque Tuyo es el poder; y Tuyo es el reino, la fuerza y la
gloria, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora
y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Cuarta Oración
Señor dios, santo e incomprensible, que mandaste
resplandecer la luz a partir de la oscuridad; que nos
hiciste descansar con el sueño de la noche y nos
levantaste para glorificar y suplicar a tu bondad,
aplacado por tu propia conmiseración, acéptanos ahora
también, prosternados ante ti, y agradeciéndote con
todas nuestras fuerzas; concédenos todas las súplicas
de salvación; haz con nosotros hijos de la luz y del día,
y herederos de tus bienes eternos. Acuérdate, Señor, en
medio de la multitud de tus conmiseraciones de todo tu
pueblo, de los que están aquí presentes y rezan con
nosotros; y de todos nuestros hermanos que están en
tierra, en el mar y en cualquier lugar de tu dominio, que
están suplicando tu filantropía y tu ayuda, y concédeles
a todos tu gran misericordia.
A fin de que, salvados en alma y en cuerpo, glorifiquemos
siempre, a cara descubierta, tu admirable y bendito
nombre, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
345
Quinta Oración
Tesoro de los buenos, fuente perenne, Padre santo,
hacedor de maravillas, todopoderoso y omnipotente,
todos te adoramos y te suplicamos, invocando tus
misericordias y tus conmiseraciones, como ayuda y
ampara de nuestra humanidad. Acuérdate, Señor, de tus
suplicantes; recibe las súplicas matutinas de todos
nosotros, como incienso delante de ti; y no rechaces a
nadie, sino atiéndenos a todos nosotros con tus
misericordias. Acuérdate, Señor, de quienes trasnochan
y cantan tu gloria y la de tu Hijo unigénito y dios
nuestro, y la de tu Espíritu santo. Séles ayudante y
protector, recibe sus súplicas den tu altar celestial e
imaginario.
Porque Tú eres nuestro Dios y a ti elevamos glorias, al
Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y
por los siglos de los siglos. Amén.
Sexta Oración
Te agradecemos Señor, Dios de nuestra salvación, porque
haces todo para favorecer nuestra vida, a fin de que
tengamos siempre los ojos puestos en ti, salvador y
benefactor de nuestras almas; porque nos hiciste
descansar a lo largo de la noche pasado y nos
levantaste de nuestros lechos y nos paraste para adorar
tu precioso nombre. Por lo cual, Te suplicamos, Señor,
danos la gracia y la fuerza, para que seamos dignos de
cantarte con circunspección y orar sin interrupción, con
temor y estremecimiento, preparando nuestra propia
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salvación, bajo el amparo de tu Cristo. Acuérdate,
Señor, de quienes te imploran por las noches;
escúchales y ten piedad; y destroza bajo sus pies a los
enemigos invisibles y belicosos.
Porque Tú eres el rey de la paz y el Salvador de nuestras
almas; y a Ti elevamos glorias, al Padre y al Hijo y al
Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén.
Después de la sexta oración, el Sacerdote sale del Santuario y lee las
siguientes 6 oraciones enfrente al icono de Jesucristo.
Séptima Oración
Dios y Padre nuestro Señor Jesucristo, que nos levantaste
de nuestros lechos y nos reuniste a la hora de la
oración, concédenos gracia al abrir nuestra boca y
acepta los agradecimientos que te dirigimos, en la
medida de nuestras posibilidades; y enséñanos tus
mandamientos, porque no sabríamos rezar como es
debido, sino nos condujeras Tú, Señor, pro medio de tu
Espíritu Santo. Por lo cual Te suplicamos, si en algo
hemos pecado hasta el presente, palabra, de obra o de
pensamiento, voluntaria o involuntariamente, suéltalo,
déjalo, perdónalo; porque si observases iniquidades,
Señor, Señor ¿quién podrá subsistir? Porque en Ti está
la redención, tú eres el único santo, auxilio, defensor
poderoso de nuestra vida y a Ti se dirige nuestra
alabanza por siempre.
Sea el poder de tu reino bendito y glorificado, del Padre y
al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos. Amén.
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Octava Oración
Señor dios nuestro, que nos quitaste la pereza del sueño y
nos convocaste con santa invitación a elevar nuestras
manos de noche también y confesarte las sentencias de
tu justicia, recibe nuestras súplicas, las peticiones, las
confesiones, las adoraciones nocturnas; y concédenos,
oh Dios, fe invencible, esperanza firme, amor sincero.
Bendice nuestras entradas y salidas, acciones, obras,
palabras, pensamientos; y concédenos llegar a los
comienzos del día alabando, loando, bendiciendo la
bondad de tu indescriptible probidad.
Porque ha sido bendecido tu Santísimo Nombre, y ha sido
glorificado tu reino, del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Amén.
Novena Oración
Haz que brille, Señor filántropo, en nuestros corazones, la
luz incólume de tu divino conocimiento; y abre los ojos
de nuestra mente a la comprensión de tus mensajes
evangélicos. Infúndenos también el temor a tus dichosos
mandamientos, a fin de que, pisoteando los deseos
carnales, pasemos a una vida espiritual, resolviendo y
haciendo todo para tu agrado.
Porque Tú eres nuestra santificación, y a Ti elevamos
glorias, al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Décima Oración
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Señor Dios nuestro, que concediste a los humanos la
remisión a través del arrepentimiento y nos indicaste
como modelo de reconocimiento y de confesión de los
pecados, el arrepentimiento del profeta David; Tú
mismo, Señor, borra nuestras iniquidades, porque
hemos caído en muchas y grandes faltas, ten piedad,
según tu gran misericordia; porque contra Ti hemos
pecado, Señor, que conoces todo lo escondido y lo
secreto del corazón humano, y eres el único que tiene
autoridad para perdonar pecados. Construye en
nosotros un corazón limpio, sostennos con un espíritu
conducente, haznos conocer el regocijo de tu salvación,
y no nos rechaces de tu rostro; sino, ten el beneplácito
de concedernos, como bondadoso y filántropo que eres,
el ofrecerte sacrificios de justicia y oblaciones sobre tus
Santos Altares, hasta nuestro último aliento.
Con la misericordia, la conmiseración y la filantropía de
tu Hijo unigénito, con quien eres bendito, con tu
Santísimo, bondadoso, y vivificador Espíritu, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Undécima Oración
Dios, Dios nuestro, que sometiste las potestades
intangibles e inteligentes a tu voluntad, Te rogamos y
Te suplicamos: Acepta la glorificación que Te
elevamos, en la medida de nuestras posibilidades, junto
a todas tus creaciones, y recompénsanos con las
abundantes gracias de tu bondad. Porque ante Ti
hincan la rodilla todos los seres celestiales, terrenales y
subterráneos, y todo aliento y cosa creada alaba tu
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gloria inalcanzable; porque Tú eres el único Dios
verdadero y muy misericordioso.
Porque a Ti te alaban todas la potestades del cielo, y a Ti
te elevamos glorias, al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Amén.
Duodécima Oración
Te alabamos, te cantamos, te bendecimos y te
agradecemos, Dios de nuestros padres porque corriste
la sombra de la noche y nos mostraste nuevamente la
luz del día; pero le suplicamos a tu bondad:
Compadécete de nuestros pecados y acepta nuestras
súplicas con tu gran misericordia, pues en Ti nos
refugiamos, Dios compasivo y Todopoderoso. Haz que
brille en nuestros corazones el verdadero sol de tu
justicia; ilumina nuestra mente y conserva todos
nuestros sentidos, a fin de que caminando con decoro
por el camino de tus mandamientos, alcancemos la vida
eterna; pues en Ti está la fuente de la vida; seamos
dignos de disfrutar de la luz inaccesible.
Porque Tú eres nuestro Dios y a Ti te elevamos glorias, al
Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y
por los siglos de los siglos. Amén.
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