[G1] Formación inicial para directivos de las escuelas
salesianas en América
Tema 3 El Sistema Preventivo como modelo de
educación
Tema 3 "El Sistema Preventivo como
modelo de educación"
3.El Sistema Preventivo como modelo de educación
3.1.Una propuesta educativa orgánica y unitaria
Don Bosco no ha dejado un tratado teórico, sistemático y completo de educación; pero ha
dejado –en su vida, en su experiencia pedagógica y en sus escritos– «una propuesta
educativa orgánica y unitaria». El «Sistema preventivo», en el sentido más extenso de la
fórmula, contiene «núcleos doctrinales» de vigoroso contenido y gran eficacia práctica.
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En el clima de cristiandad del siglo XIX, Don Bosco propone una educación cristiana sin
recortes ni vacilaciones; pero, al mismo tiempo, quiere que la obra educativa esté orientada
hacia una franca apertura humana: el Buen cristiano y honrado ciudadano, fórmula
preferida, que llega a convertirse en la expresión clásica de las finalidades pedagógicas de Don
Bosco. Al subrayar la dimensión vertical-transcendente del proyecto, no descuida la horizontal,
es decir, la realidad corporal y material del joven: comida, vestido, habitación, cuidado del
cuerpo, formación intelectual, valores éticos, preparación profesional, trabajo, deporte, juego y
tiempo libre. En el programa de compromiso cristiano y humano se insertan los objetivos que
persigue, expresados con fórmulas al alcance de sus muchachos: «salud, sabiduría, santidad»;
«alegría, estudio, piedad»; «trabajo, religión, virtud»; «trabajo, instrucción, humanidad»;
«iluminar la mente y hacer bueno el corazón», «educación moral, intelectual y ciudadana».
Hoy podríamos añadir a esta propuesta educativa, algunos núcleos temáticos o aspectos más
actuales, por ejemplo: la educación afectivo-sexual, el desarrollo del sentido crítico, el
compromiso político-social, la educación para la ecología y la paz, etc. El camino señalado por
Don Bosco –su humanismo pedagógico– no es impermeable a nuevos objetivos y
concreciones. Se trata de « hacer buenos ciudadanos en esta tierra para que fuesen después
un día dignos habitantes del cielo» (Don Bosco en la Introducción al Plan de Reglamento).
La fórmula utilizada por Don Bosco refleja una postura firme y equilibrada. Seriamente
preocupado por el destino eterno de los jóvenes, no descuida sus intereses terrenos y
temporales. Los quiere, al mismo tiempo, miembros activos de la sociedad civil y personas
comprometidas en la comunidad eclesial.
El Sistema preventivo tiene muchos matices que trascienden a algo más que un sistema
educativo. Se trata efectivamente de:
● Una Metodología Pedagógica (Pedagogía)
El joven encuentra en las presencias salesianas una casa donde se le acoge, escuela donde se
le educa y patio donde puede jugar. Fe, razón y amor impregnan cada una de las acciones de
las presencias salesianas como las tres patas de una mesa donde debemos conseguir que el
joven asiente su vida y aprenda los valores necesarios para ser ‘honrado ciudadano y buen
cristiano’. “Con Don Bosco y con los tiempos”, esta frase se cita mucho en los ambientes
salesianos queriendo decir que nuestro fundador es la referencia que tenemos, pero también
tenemos que adaptarnos a los tiempos que nos toca vivir pues las necesidades de los jóvenes
actuales no coinciden con las necesidades de los jóvenes que vivieron en su época.
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● Una Propuesta de Evangelización Juvenil (Pastoral)
Esta propuesta original de evangelización juvenil parte del encuentro con los jóvenes donde
éstos se encuentran, valorizando el patrimonio natural y sobrenatural que todo joven lleva
consigo, en un ambiente educativo cargado de vida y rico en propuestas; se actúa a través de
un itinerario educativo que privilegia a los últimos y a los más pobres; promueve el desarrollo
de los recursos positivos que tienen y propone una forma particular de vida cristiana y de
santidad juvenil. Este proyecto original de vida cristiana se organiza alrededor de algunas
experiencias de fe, opciones de valores y actitudes evangélicas que constituyen la
Espiritualidad Juvenil Salesiana (EJS).
● Una Experiencia Espiritual (Espiritualidad)
El Sistema Preventivo encuentra su fuente y su centro en la experiencia de la caridad de Dios,
que previene a toda criatura con su Providencia, la acompaña con su presencia y la salva
dando la vida. Esta experiencia dispone al educador para acoger a Dios en los jóvenes,
convencido de que en ellos Dios le ofrece la gracia del encuentro con Él y lo llama a servirle
en ellos, reconociendo su dignidad, renovando la confianza en sus recursos de bien y
educándolos para la plenitud de la vida. Esta caridad pastoral crea una relación educativa a
la medida del adolescente y del adolescente más necesitado, fruto de la convicción de que
toda vida, aún la más pobre, compleja y precaria, tiene en sí misma, por la presencia
misteriosa del Espíritu, la fuerza de la liberación y la semilla de la felicidad.
3.2.La atención preventiva
Observado el contexto de Don Bosco, la idea de prevención se afirmó a lo largo del siglo XIX
en diversos sectores de la cultura y de la vida cotidiana: en las opciones políticas, en la
promoción de iniciativas religiosas y escolares, en el terreno penal, en la aplicación de los
descubrimientos médicos, en la búsqueda de una solución para el vasto fenómeno del
pauperismo y de la mendicidad. Pero dicha idea se hizo más vigorosa en el campo social y en
el ámbito de la educación.
Son dos orientaciones que marcaron hondamente la experiencia de Don Bosco. Su atención
preventiva socio-asistencial (en el sentido literal del término: garantizar a sus jóvenes
protección física, seguridad, salud, comida, vestido, preparación para ganarse el pan) se colocó
–y de manera cada vez más explícita y consecuente– en un horizonte pedagógico. Don
Bosco no tuvo la concepción marcadamente defensiva de la prevención («huir de los
peligros»); advierte que la finalidad de su obra consiste en evitar las causas que facilitan,
favorecen o generan las situaciones peligrosas y los errores graves. En sus visitas a las
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cárceles, observa que del abandono y falta de instrucción y trabajo de los jóvenes inmigrantes
«nacen muchos vicios»; constata que la permanencia en los «lugares de castigo» no produce
mejoría alguna. Pensando en esos jóvenes, adopta estructuras abiertas y flexibles: los oratorios
festivos.
Sabe que los muchachos tienen necesidad de «una mano amiga» que los preserve del vicio,
pero es al mismo tiempo consciente de que esa mano debe acompañarlos, promover sus
energías y «conducirlos a la virtud». La prevención tiene –para Don Bosco– un carácter
fundamentalmente positivo: sugiere metas que alcanzar, con el fin de que el joven
experimente el bien. La suya es una «actitud que supone en el educador la capacidad para
asumir la responsabilidad de indicar caminos, acompañar a lo largo de recorridos peligrosos,
garantizar el regreso en caso de fracaso» (BRAIDO, P., [ed.], Don Bosco per i giovani:
l’«Oratorio» una «Congregazione degli oratori». Documenti, Roma, LAS, 1988, 8).
Al hacer un primer balance de su trabajo entre los jóvenes necesitados de instrucción,
especialmente los que habían salido de la cárcel, anota esta reflexión en las Memorias: «Fue
entonces cuando pude darme cuenta de que los muchachos salidos del lugar de castigo, si
encuentran una mano benévola que se cuide de ellos, los acompañe los días de fiesta,
trate de colocarlos a trabajar con algún patrón honrado y vaya a verlos durante la semana,
estos muchachos se entregan a una vida honrada, olvidan el pasado y se convierte en buenos
cristianos y honrados ciudadanos»
Situado siempre en una óptica positiva de sugerencias, añade enseguida: «Aunque mi objetivo
era recoger sólo a los niños en peligro, preferentemente a los que salían de las cárceles, para
tener alguna base sobre la que levantar la disciplina y la moralidad, invité, sin embargo, a
algunos otros de buena conducta y ya instruidos».
3.3.Confianza en la juventud: no es mala por sí misma
La opción preferente por los jóvenes va unida al optimismo educativo. Pues la juventud es
la porción más «delicada y preciosa» de la sociedad humana, «sobre la que se fundan las
esperanzas de un futuro feliz». La juventud «no es por sí misma de índole perversa […] si
sucede alguna vez que ya están dañados a esa edad, es más por inconsciencia que por
malicia consumada» (Don Bosco en la Introducción al Plan de Reglamento). Don Bosco
repite que los contactos iniciales con los correccionales le han hecho ver «que en general la
juventud no es mala por sí misma».
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Destacó la importancia de «prevenir» los riesgos del mal y la necesidad de una «mano amiga»,
capaz de evitar los peligros. Don Bosco es realista. Recibe en Valdocco muchachos «díscolos»,
jóvenes entregados por la policía. No asume la actitud pesimista, pero tampoco toma la
postura ingenuamente optimista. Conserva una imagen positiva de los jóvenes. Está
convencido de que aun en los más depravados «hay un punto accesible al bien». Pese a
reconocer que los jóvenes son, a veces, «descuidados» y «peligrosos», cree sin restricciones
mentales que hay en ellos una profunda disponibilidad al bien.
3.4.Tres pilares del Sistema preventivo: razón, religión, amor
Se lee en el opúsculo de Don Bosco sobre El Sistema preventivo: «La práctica de este sistema
se apoya enteramente en las palabras de san Pablo: Charitas benigna est, patiens est: omnia
suffert, omnia sperat, omnia sustinet. La caridad es benigna y paciente; sufre todo, lo espera
todo y soporta cualquier molestia».
● Para Don Bosco, la religión constituye el objetivo máximo, el elemento unificador de todo su
sistema de educación, y al mismo tiempo, es instrumento de educación para una vida
cristiana. Don Bosco está convencido de que no es posible una verdadera educación si no
existe: encuentro incondicional entre la persona y Dios que nos ama como somos; una
apertura a lo transcendente, que despierte una fe viva, arraigada en la realidad; una
confrontación sólida y profunda entre la fe, la ciencia y la cultura del entorno; un ambiente
rico en valores y experiencias evangélicos que presente a Jesucristo como sentido de vida y
camino de santificación personal. La religión favorece también experiencias de respeto a las
diferentes opciones religiosas y creyentes.
● El término “amorevolezza” es omnipresente en la literatura salesiana y es el principio
supremo del Sistema Preventivo. Significa verdadera disponibilidad y presencia entre los
jóvenes; afecto personal demostrado y simpatía profunda por ellos; espíritu de familia,
libertad y alegría. Intentamos vivir el amor como acogida incondicional de las personas;
relación constructiva y rica en propuestas educativas, capaz de traducir en signos concretos
el amor educativo.
● En el Sistema Preventivo la razón aparece como un medio educativo fundamental. De cara al
educador implica: el conocimiento de las ciencias humanas y de la realidad juvenil; la
claridad en los fines educativos; la “búsqueda juntos” (educador y educando) de los mejores
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caminos de crecimiento; ayudar a desarrollar lo positivo del joven y a obrar con convicción.
La razón nos permite también: ayudar a generar convicciones firmes; valorar la vida y las
cosas con profundidad, sentido positivo y espíritu crítico; vivir la esperanza en la persona y
en los aspectos positivos de la cultura actual.
Madre Mazzarello, en el camino compartido con Don Bosco, hace su aportación original al
sistema preventivo subrayando: el descubrimiento desde la impronta femenina de las
necesidades de la persona, sus capacidades y sus límites; así como el cuidado de la vida; la
responsabilidad en lo pequeño y lo sencillo, mediante el trabajo bien hecho; la presencia
constante de Dios en todo lo que la persona es y hace; el sentido de la alegría, expresión de
libertad interior, que impregna el ambiente educativo; la presencia constante de María, mujer
que acoge la Palabra y la vive.
Poner en práctica este Sistema Educativo supone:
● Desarrollar positivamente las fuerzas interiores de la persona.
● Crear un ambiente positivo que estimule, sostenga y desarrolle el gusto por lo bueno.
● Estar presente en la vida de los niños y los jóvenes para anticiparse a las situaciones
negativas.
● Lograr de todos unos “honrados ciudadanos y buenos cristianos”.
La decidida apelación a la dimensión religiosa está muy lejos de traducirse en
espiritualismo intimista y desencarnado; pues esta dimensión aparece sólidamente anclada
entre la razón y el amor. Tampoco el amor se identifica, sin más, con la virtud teologal de la
caridad. Don Bosco, al enunciar los fundamentos del Sistema preventivo, utiliza el vocablo
amorevolezza, una palabra que se ha traducido al español por «amabilidad» y, más
propiamente, por «afecto correspondido». En realidad, ninguno de esos términos agota la
densidad del significado original. La amorevolezza indica amor manifestado: el rasgo
mediante el cual se expresa la propia simpatía, el propio afecto, la comprensión, la
participación en la vida del otro.
Se puede decir que la amorevolezza constituye el eje central y el supremo principio
metodológico del Sistema preventivo. Que no significa debilidad o sentimentalismo que
instrumentaliza y «engancha» al joven, sino actitud liberadora, constantemente iluminada por
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la razón y la religión. El amor, en el Sistema preventivo, es razonablemente exigente. Dice
el estudioso Don Braido en su libro Prevenir no reprimir que, de los tres grandes pilares, hoy,
«es, especialmente, “la razón” la que tiene que recuperar la plenitud de su significado y de sus
funciones, teóricas y prácticas: entender, explicar, juzgar, decidir».
De esa manera, la razón se convierte en atento defensor de la afectividad y de la religiosidad,
en arquitrabe de la vida moral y en espacio indispensable para oportunas intuiciones y
proyectos creativas. La razón va acompañada del principio metodológico del «amor
manifestado» para pulir aristas y evitar el riesgo de posturas rígidas poco educativas.
Don Bosco –al indicar el elemento metodológico fundamental del «sistema»– usaba también
otros términos: buena acogida, dulzura, benevolencia, cercanía, delicadeza, comprensión, trato
paternal y amistoso. Recomendaba a los educadores que no se pronunciasen «nunca palabras
humillantes, nunca reprensiones severas delante de otros; al contrario, en las clases suenen las
palabras dulzura, caridad, paciencia. Nunca palabras mordaces, nunca un golpe leve o grave.
Hágase uso de los castigos negativos; siempre de modo que los que los reciben sean más
amigos nuestros que antes, y no se alejen de nosotros envilecidos» (Carta de Don Bosco a G.
Costamagna).
El respeto por la persona se expresa en la atención y comprensión de las razones y
necesidades concretas de cada uno de los educandos. En esa línea se sitúan los consejos
al responsable de una institución educativa: «procura conocer a los alumnos, y para ello: pasa
entre los jóvenes todo el tiempo que puedas y deja caer en el oído, cuando la necesidad lo
aconseje, aquellas afectuosas palabras que tú sabes muy bien».
Es importante el inciso: «cuando la necesidad lo aconseje». Antes, Don Bosco había invitado al
director del centro educativo a hablar frecuentemente con los profesores, por si tuvieran
alumnos necesitados de «atenciones especiales»; pues, ordinariamente, los alumnos más
difíciles son los más atrasados. Al maestro compete el delicado empeño de «adaptar las tareas
y las lecciones a la capacidad de los alumnos» (Memorias Biograficas, vol. XI).
3.5.Amar lo que aman los jóvenes
El «amor manifestado» –siempre en el horizonte de la razón y la religión– se expresa en gestos
y comportamientos acogedores por parte del educador presente en medio de los jóvenes
y dispuesto a cualquier renuncia para lograr su propósito: la educación intelectual, moral y
religiosa. Sobre estos conceptos Don Bosco tornó muchas veces en sus escritos y en sus
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conversaciones familiares, pues advertía que educar es un «arte difícil». Y conocía, por propia
experiencia, que los educadores pueden desalentarse ante las dificultades que presenta. En
1884, en un momento difícil de la institución educativa de Valdocco, dice a los maestros y
asistentes que no basta sacrificarse y amar a los jóvenes, pues faltaría algo esencial desde el
punto de vista educativo. Es necesario que «los jóvenes no sólo sean amados, sino que
ellos mismos se den cuenta de que son amados». Y aún eso no es todavía suficiente. El
conocimiento se transforma finalmente en impulso a la acción cuando los jóvenes se sienten
«amados en las cosas que les agradan, participando en sus inclinaciones». Entonces aprenden
«a ver el amor en las cosas que naturalmente les agradan poco; como son la disciplina, el
estudio, la mortificación de sí mismos» y a «hacer estas cosas con amor» (Carta de Roma,
1884).
Con otras palabras, se pide que el educador sea solidario con los intereses, problemas y
actividades del mundo juvenil. Desde la actitud de amor y respeto por lo que «agrada» a los
jóvenes, en el Sistema preventivo se privilegian las relaciones personales entre educando y
educador. Los responsables de las instituciones formativas se comportan como «padres,
hermanos y amigos». Al director del primer colegio fundado fuera de Turín, Don Bosco le dio
este consejo, que después iba a repetir muchas veces: «hazte amar antes de hacerte temer».
Sensible a los problemas e intereses de los jóvenes, Don Bosco habla con gusto de jovialidad,
de alegría, de música y canto, de fiestas, de teatro, de juegos, de gimnasia, de paseos,
de diversiones. Reconoce la exigencia de felicidad profundamente enraizada en el ser humano;
y sabe que la felicidad no está en oposición con una vida religiosa y cristiana. En su libro, El
joven cristiano, se propuso ofrecer –en perspectiva religiosa– un método de vida: «servir al
Señor y estar siempre alegres». Y uno de sus alumnos, Domingo Savio, decía a un compañero
que acababa de entrar en colegio: «Nosotros hacemos consistir la santidad en estar siempre
alegres».
3.6.La Asistencia como presencia educativa
Desde la perspectiva del Sistema preventivo, los términos «educador» y «asistente» llegan a
identificarse. Los educadores –«director», «superiores», «asistentes», «maestros» o «jefes de
taller»– están siempre entre los alumnos: hablan, guían, aconsejan, corrigen. Pero tal
asistencia no significa control policial, sino cercanía amable y activa de una persona adulta
madura, que está «consagrado enteramente a los jóvenes»: previene experiencias negativas y
promueve el desarrollo de los recursos y capacidades de cada uno de los individuos.
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Obviamente, la asistencia –como presencia educativa– se realiza a través de formas muy
diversas en los diferentes ambientes educativos: oratorio, internado, escuela, grupos y
asociaciones juveniles. La actitud característica está marcada por Don Bosco en la célebre
carta escrita desde Roma en 1884: «Que el Superior [= educador] sea todo para todos,
dispuesto a escuchar siempre cualquier duda o queja de los jóvenes, todo mirada para vigilar
paternalmente su conducta, todo corazón para buscar el bien espiritual y temporal de los que
la Providencia le ha confiado».
En el pensamiento y en la práctica de Don Bosco, la asistencia aparece arraigada la idea de
una presencia dirigida a la promoción, educación y animación. El educador, siempre
presente, participa de lleno en la vida de los alumnos-educandos, escucha, interviene, precisa
puntos de vista, despierta intereses, acoge iniciativas, sugiere actividades. La validez del
«sistema» queda encomendada, una vez más, al equilibrio y tacto de la persona adulta capaz
de establecer relaciones personales auténticas con los jóvenes.
3.7.Clima de familia
Para definir la relación ideal entre jóvenes y educadores, Don Bosco usa el término
«familiaridad». Ha experimentado que sin familiaridad no se demuestra el amor y que sin esa
demostración es imposible crear el clima de confianza mutua, necesaria para aceptar los
valores que propone el adulto-educador. Sin adentrarse en consideraciones teóricas o
psicológicas, y desde su intuición pedagógica, apuesta por el triunfo de «la familiaridad, de la
amabilidad y del corazón, en un ambiente de sencillez y espontaneidad», donde se abre el
camino de la confianza entre el joven y el educador.
El conjunto de finalidades, el programa, las orientaciones metodológicas encuentran
concreción y eficacia en instituciones educativas empapadas de espíritu de familia, es decir, en
ambientes sanos, serenos, alegres y estimulantes: «casas» de educación que, inspiradas
en el modelo familiar, aspiran a construirse como verdaderas comunidades, en las que se
promueve el diálogo, la aceptación de puntos de vista diferentes, la corresponsabilidad por
parte de todos, el compromiso solidario, el crecimiento personal. Son intuiciones que no han
perdido vigencia.
3.8.Resumen
1. El rápido análisis de los principales elementos y núcleos temáticos que entraña la
propuesta pedagógica, pastoral y espiritual de Don Bosco ha pretendido ofrecer una
aproximación al «Sistema preventivo»: realismo y capacidad de responder a las urgencias
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de su tiempo, sabiduría y firmeza, magnanimidad y sentido de lo concreto; en un sentido
explícitamente cristiano y no sólo pedagógico, un educador de corazón consagrado a Dios y
entregado a los jóvenes.
1. Antes de ser una “teoría”, la pedagogía de Don Bosco es vida vivida, ejemplaridad,
transparencia personal. Se resume en: una propuesta educativa orgánica y unitaria;
una atención preventiva; una confianza en la juventud; los tres pilares de la razón,
religión, amor; amar lo que aman los jóvenes; la «Asistencia» como presencia educativa;
el clima de familia.
1. Únicamente desde tal perspectiva, es posible descubrir los «gérmenes de futuro»
encerrados en el «Sistema preventivo» como proyecto necesariamente abierto a
integraciones y desarrollos teóricos, históricos y metodológicos, que lo enriquezcan sin
alterar sus líneas originales esenciales.
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