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Iberia y El Reino Franco - Ad - Limina - VIII. 03 - Benjamin Z. Kedar

El artículo examina la participación de hombres de Iberia en las cruzadas y sus actividades en el reino franco de Jerusalén, incluyendo el asentamiento de pobladores ibéricos. También se aborda la relación entre la iglesia del Santo Sepulcro y la de Santiago de Compostela, así como las peregrinaciones entre Iberia y Tierra Santa. Se destaca la influencia de las súplicas de Jerusalén en las donaciones a la iglesia del Santo Sepulcro desde tierras hispanas.
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Iberia y El Reino Franco - Ad - Limina - VIII. 03 - Benjamin Z. Kedar

El artículo examina la participación de hombres de Iberia en las cruzadas y sus actividades en el reino franco de Jerusalén, incluyendo el asentamiento de pobladores ibéricos. También se aborda la relación entre la iglesia del Santo Sepulcro y la de Santiago de Compostela, así como las peregrinaciones entre Iberia y Tierra Santa. Se destaca la influencia de las súplicas de Jerusalén en las donaciones a la iglesia del Santo Sepulcro desde tierras hispanas.
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Benjamin Z.

Kedar Iberia y el reino franco de Jerusalén

Iberia y el reino franco


de Jerusalén

Benjamin Z. Kedar
The Hebrew University of Jerusalem

Resumen: Este artículo presenta datos acerca de la participación de hombres procedentes de Iberia en las
cruzadas, así como de las actividades del clero y los nobles de esa misma procedencia en el reino franco de
Jerusalén y del asentamiento de pobladores de Iberia en sus ciudades y aldeas. Ofrece también información
sobre las peregrinaciones desde Iberia a Tierra Santa y viceversa, así como sobre las numerosas posesiones
de la iglesia del Santo Sepulcro en tierras hispanas. Es posible que esta iglesia recibiera esas dádivas a raíz
de las súplicas de ayuda y donaciones que llegaron a Iberia desde Jerusalén. Las relaciones entre la iglesia
del Santo Sepulcro, en Jerusalén, y de Santiago de Compostela parecen haber sido estrechas, pero no
desprovistas de competencia y rivalidad.

Palabras clave: Cruzadas, Peregrinaciones, Jerusalén, Santo Sepulcro, Compostela, Diego Gelmírez,
santo Martino de León, Rodrigo González de Lara.

Iberia and the Frankish Kingdom of Jerusalem

Abstract: The article presents data on Iberian participation in the crusades; on the activities of Iberian clerg y and
nobles in the Frankish Kingdom of Jerusalem; and on the settling down of Iberian commoners in its towns and villages.
Information on pilgrimage from Iberia to the Holy Land and vice versa, and on the numerous Iberian possessions on
the Church of the Holy Sepulchre is also presented. These possessions may have been granted to this church in the wake
of supplications from Jerusalem for help and donations. The relations between the Church of the Holy Sepulchre in
Jerusalem and the church of Santiago de Compostela appear to have been close, yet devoid of competition and rivalry.

Key words: Crusades, Pilgrimages, Jerusalem, Holy Sepulchre, Compostella, Diego Gelmírez, Saint Martin of León,
Rodrigo González de Lara.

Ad Limina / Volumen 8 / N.º 8 / 2017 / Santiago de Compostela / ISSN 2171-620X [ 39]


Benjamin Z. Kedar Iberia y el reino franco de Jerusalén

Iberia e o reino franco de Xerusalén

Resumo: Este artigo presenta datos acerca da participación de homes procedentes de Iberia nas cruzadas,
así como das actividades do clero e mais dos nobres desa mesma procedencia no reino franco de Xerusalén
e do asentamento de poboadores de Iberia nas súas cidades e aldeas. Ofrece tamén información sobre as
peregrinacións desde Iberia a Terra Santa e viceversa, así como sobre as numerosas posesións da igrexa
do Santo Sepulcro en terras hispanas. É posible que esta igrexa recibise esas dádivas a raíz das súplicas de
axuda e doazóns que chegaron a Iberia desde Xerusalén. As relacións entre a igrexa do Santo Sepulcro en
Xerusalén e de Santiago de Compostela parece que foron estreitas, pero non desprovistas de competencia
e rivalidade.

Palabras clave: Cruzadas, Peregrinacións, Xerusalén, Santo Sepulcro, Compostela, Diego Xelmírez,
santo Martino de León, Rodrigo González de Lara.

C uando, en tiempos de la Primera Cruzada, el papa Urbano II exhortó a los con-


des de Cataluña a que reocuparan Tarragona, ganando a cambio la absolución
de sus pecados, dejó claro que los que de entre ellos quisieran ir a Asia –es decir,
incorporarse a la cruzada a Jerusalén– deberían manifestar su piedad luchando en
su propio país, “porque no hay virtud en rescatar a cristianos de manos de los sa-
rracenos en un lugar exponiéndolos a la tiranía y a la opresión sarracena en otro”1.
Y cuando en la primavera de 1099 llegó a Roma Bernardo, arzobispo de Toledo, que
había tomado la cruz y tenía la intención de embarcar rumbo a Siria para integrar-
se allí en las filas de la Primera Cruzada, Urbano II le prohibió hacerlo y le ordenó
regresar a su sede, que había sido establecida tras la toma de Toledo a los musul-
manes catorce años antes. El papa, según escribe Rodrigo Jiménez de Rada, quería
asegurarse así de que la Iglesia de Toledo, recientemente implantada, no se viera en
peligro a causa de la ausencia de su pastor2. Es evidente que Urbano II promovió la
lucha tanto en Oriente como en Occidente pero, en el caso de los cristianos ibéricos,
pensaba que debían confinar sus esfuerzos al ámbito local. Del mismo modo, en
1100 y 1101, el papa Pascual II prohibió a los caballeros y clérigos de Castilla-León
incorporarse a la cruzada a Jerusalén y los hizo regresar para defender su país natal
en peligro3. Un concilio reunido en Coimbra en 1145, prohibió a los cristianos ir a

1 Papsturkunden in Spanien. Vorarbeiten zur Hispania pontificia I: Katalanien, Kehr, P. (ed.), Göttingen, 1970 (Ber-
lin, 1926), nº 23, p. 287-288. Erdmann fecha de forma convincente la carta del papa entre 1096 y 1099: Erdmann,
C., Die Entstehung des Kreuzzugsgedankens, Stuttgart, 1935, p. 294, n. 37.
2 Rodericus Ximenius de Rada, Historia de rebus Hispanie sive Historia Gothica, VI, 26, Fernández Valverde, J.
(ed.), CCCM 72, Turnhout, 1987, p. 209; para la fecha véase Erdmann, C., Die Entstehung, op. cit., p. 295, n. 38.
Véase también Defourneaux, M., Les Français en Espagne aux XIe et XIIe siècles, Paris, 1949, p. 35.
3 Historia Compostellana 1.9, 39, Falque Rey, E., (ed.), CCCM 70, Turnhout, 1988, p. 25, 77-78; cf. Reilly, B.F., The
Kingdom of León-Castilla under King Alfonso VI, 1065-1109, Princeton, 1988, p. 301. Véase también Barton, S.,
The Aristocracy in Twelfth-Century León and Castile, Cambridge, 1997, p. 155-156; Purkis, W.J., Crusading
Spirituality in the Holy Land and Iberia, c. 1095-c. 1187, Woodbridge, 2008, p. 120-128.

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Jerusalén, exhortándolos a acudir en defensa del castillo de Leiria (al suroeste de


Coimbra) y de Extremadura4. En 1196 –un año después de la victoria almohade en
Alarcos– el papa Celestino III desligó a Diego López II de Haro, el portaestandarte
del rey Alfonso VIII de Castilla, del voto que había hecho de ir a Jerusalén y defender
la orientalis terra, conmutándolo por su lucha contra los bárbaros que recientemente
habían invadido España. Una lucha más fácil, puesto que se llevaría a cabo, como
señalaba, “en su provincia natal”5. No fue sino tras la caída definitiva de Jerusalén,
en 1244, que el papa Inocencio IV pidió al rey Jaime I de Aragón y a Alfonso, herma-
no del rey de Portugal, que acudieran en ayuda del Oriente latino, prometiendo la
absolución de los pecados a los futuros cruzados6.
Con todo, la Península Ibérica sí estuvo en alguna medida representada en las
expediciones cruzadas que se encaminaron al Este. Ekkehard de Aura, en la versión
de su crónica terminada en 1106, menciona entre los participantes en la Primera
Cruzada a algunos procedentes de Galicia7. Sigebert de Gembloux (m. 1112), en otra
lista similar, menciona a hombres llegados ab Hispania8. Otros cronistas hacen refe-
rencia a participantes específicos llegados de la Península: La Historia peregrinorum
euntium Jerusolymam cuenta que el conde Gausfred de Rosselló murió a causa de las
heridas sufridas en la batalla del Puente de Hierro, junto a Antioquía, al igual que
su hermano el obispo, muerto durante el asedio a dicha ciudad; ambos, así como
su hermano Girard, habían ido al Este con el ejército de Bohemundo de Tarento9.
Guibert de Nogent afirma que el conde Raymond IV de Saint-Gilles fue en cruza-
da con su esposa, de la que sabemos por otras fuentes que se llamaba Elvira y era

4 “Ut omnes qui voluerint ire Jherosolimam non habeant licenciam eundi, sed in auxilio illius castelli de Leirena
et tocius Extremature; et quicumque ibi fuerit mortuus, habeat talem remissionem, sicut illi qui migraverit in
Jherosolimis”. Livro Preto. Cartulário da Sé de Coimbra, Rodrigues, M.A. y Cónego da Costa, A de J, (ed.), Coim-
bra, 1999, nº 576, p. 772.
5 Papsturkunden in Spanien. Vorarbeiten zur Hispania pontificia II: Navarra und Aragon, Kehr, P. (ed.), Göttingen,
1970 (Berlin, 1926), N.o 217, p. 572-573; cf. Rodríguez López, A., “Légitimation royale et discours sur la croisade
en Castile aux XIIe et XIIIe siècles”, Journal des savants (2004), p. 132-138.
6 Ibid., p. 150, que cita a Quintana Prieto, A., La documentación pontificia de Inocencio IV, (1243-1254), vol. 1,
Rome, 1987, doc. 94, 96, p. 104-108.
7 Frutolfs und Ekkehards Chroniken und die Anonyme Kaiserchronik, Schmale, F.J., y Schmale-Ott, I. (ed. y trad.),
Darmstadt, 1972, p. 138-139; véase también Ekkehard, “Hierosolymita”, en Recueil des Historiens des Croisades.
Historiens Occidentaux, vol. 5, Paris, 1895, p. 16.
8 Sigebert of Gembloux, Chronica, MGH SS, vol. 6, p. 367. La lista de Sigebert se reproduce asimismo en
“Notitiae duae Lemovicenses”, en Recueil des Historiens..., op. cit., vol. 5, p. 351 (véase la observación del editor,
p. lxxxii).
9 “Historia peregrinorum euntium Jerusolymam”, en Recueil des Historiens…. op. cit., vol. 3, 1866, p. 176, 189;
véase también Chronica monasterii Casinensis, MGH, vol. 34, p. 477. Los tres aparecen mencionados como
nº 514-516 en la lista preliminar confeccionada por Jonathan Riley-Smith, de hombres y mujeres que se incor-
poraron a la Cruzada con seguridad o, al menos, con mucha probabilidad: Riley-Smith, J., The First Crusaders,
1095-1131, Cambridge, 1997, p. 204, 207, 208. Riley-Smith se basa en otras fuentes para inferir la participación
del conde Goffridus (Gausfred) y da Ermengald, de la sede de Elne, como nombre del obispo. Basándose en
Albert de Aachen, incluye en la lista de participantes al obispo Manasses de Barcelona (no 107, p. 215); pero
Susan Edgington, en su edición de la crónica de Albert, mantiene que Manasses de Barzenona no podía ser
obispo de Barcelona: Albert of Aachen, Historia Ierosolimitana, 8. 41, Edgington, S.B. (ed. y trad.), Oxford, 2007,
véase p. 632, nº. 70.

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Benjamin Z. Kedar Iberia y el reino franco de Jerusalén

hija ilegítima del rey Alfonso VI de Castilla-León10. Un fragmento de una Chanson


d’Antioche provenzal que data de ca. 1200, presenta a “lo com[s] de Sardan[h]a” como
cruzado que luchó en Antioquía; el editor de dicho fragmento, Paul Meyer, señala
que pudiéramos estar aquí ante una vaga alusión al conde Guillem Jordà de Cer-
danya, que tomó la cruz en 110211. Albert de Aachen indica que Bernardus Witarzh
de terra Galacie fue uno de los líderes de los peregrinos del noroeste de Europa que
llegaron a la asediada Jaffa en julio de 1102 y ayudaron al rey Balduino I a rechazar a
los sitiadores egipcios12. La evidencia documental apunta a más cruzados proceden-
tes de Iberia: en una carta redactada en 1097, Fortún Íñiguez hace una donación al
monasterio de Leire, en Navarra, el día mismo de su partida a Jerusalén; menciona
además que su hermano Sancho ha tomado ese mismo camino en fecha anterior
y toma en consideración la contingencia de que ambos mueran in ista via13. Es po-
sible, además, que podamos considerar como cruzados al leonés Muño Pérez, que
en junio de 1100 dio en hipoteca algunas propiedades al monasterio de Sahagún
a cambio de un préstamo que le permitiría ir al sepulcro del Señor en Jerusalén14;
a Pedro Gutiérrez, que hizo donación de sus bienes al mismo monasterio el 24 de
noviembre de ese año, ya que no tenía la seguridad de volver vivo de Jerusalén15; y a
Henrique, primer conde de Portugal, al que menciona una carta de 1103 señalando
que todavía no ha vuelto de Jerusalén16. Por otro lado, esos tres hombres podrían

10 Guibert de Nogent, Dei gesta per Francos, 2.18, Huygens, R.B.C. (ed.), CCCM 127A, Turnhout, 1996, p. 134;
Rodericus Ximenius de Rada, Historia de rebus Hispanie, op. cit., 6. 20, p. 202; Riley-Smith, J., The First
Crusaders, op. cit., nº 599, p. 209.
11 Meyer, P., “Fragment d’une Chanson d’Antioche en provençal », Archives de l’Orient latin 2B (1884), p. 476, v. 116
y p. 497, n. 9. Riley-Smith menciona al conde en su lista (nº 196, p. 225), añadiendo asimismo a su inventario
a los condes Bernardo II de Besalù ( nº197, p. 201) y Hug d’Empúries (nº 198, p. 212), ya que a ambos exhortó
Gregorio VII, al igual que a los condes de Rosseló y Cerdanya, a que manifiestaran su piedad luchando en Iberia
y no en Asia. El papa les escribió además: “Si quis ergo vestrum in Asiam ire deliberaverit” (Papsturkunden in
Spanien I, N.o 23, p. 288), lo que parece significar que algunos de los destinatarios de la carta, pero no todos,
tenían la intención de integrarse en las filas de la Primera Cruzada.
12 Albert of Aachen, Historia Ierosolimitana, 9. 11-12, p. 648-652.
13 Documentación medieval de Leire (siglos IX a XII), Martín Duque, Á.J. (ed.), Pamplona, 1983, nº 161, p. 230.
Cf. Ubieto Arteta, A., “La participación navarro-aragonesa en la primera cruzada”, Príncipe de Viana, 8 (1947),
p. 364, 377-378; Riley-Smith, J., The First Crusaders, op. cit., nº 4738-4739, p. 205, 222. Riley-Smith incluye en su
lista a Aznar Exemenones [=Jiménez] de Oteiza (nº 4757, p. 200), que el 15 de febrero de 1102 hizo una donación
al monasterio de Leire y volvió después ab Iherusalem de sepulcro Domini: en Documentación medieval de
Leire, nº 192, p. 270-272. Ubieto Arteta, que señala que la fecha de la vuelta de Aznar es desconocida, no lo
considera, sin embargo, un cruzado: “La participación navarro-aragonesa”, op. cit., p. 370-71. A lo largo de todo
su artículo, cuestiona la participación de hombres que historiadores y anticuarios anteriores presentaban como
cruzados; de la larga lista de supuestos cruzados que menciona, solo Fortún y Sancho Iñiguez resultan serlo
verdaderamente.
14 Colección diplomática del monasterio de Sahagún (857-1230), Herrero de la Fuente, M., (ed.), vol. 3: 1073-1109,
León, 1988, nº 1053, p. 396-97; cf. Barton, S., The Aristocracy, op. cit., p. 155, n. 38, 209, 211-212, que ofrece
también algunos datos sobre peregrinaciones a Jerusalén en fechas posteriores, e.g., la de la condesa Elvira
Ramírez, que en 1161 estaba a punto de iniciar el viaje a Jerusalén.
15 Colección diplomática del monasterio de Sahagún, op. cit., vol. 3, nº 1060, p. 403-4; cf. Rodríguez López, A.,
“Légitimation royale”, op. cit., p. 131, n. 4.
16 “…usque ad venitam comitis [Henrrici] de Jherusalem, ubi erat”. Livro Preto, nº 80, p. 127-29. Agradezco al Pro-
fesor Kurt Villads Jensen que llamara mi atención sobre esta carta. El Livro Preto contiene cuatro testamentos
que estipulan donaciones al Hospital de Jerusalén: nos 27, 236, 276, 544, p. 51, 367, 411, 770.

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ser también peregrinos que tomaron el camino de Jerusalén después de la conquista


de la ciudad17. Y en un reciente (y excelente) estudio, Nikolas Jaspert ha presentado
evidencia documental de la partida de 30 catalanes (28 hombres y 2 mujeres) rumbo
a Jerusalén en los años 1096-110318. Los términos en que están redactadas las cartas
o la documentación que viene a complementarlas no dejan lugar a duda de que siete
de ellos tomaron la cruz19; pero, aunque no es seguro, puede que los otros 23 parti-
ciparan asimismo en la Primera Cruzada.
También en la Quinta Cruzada tomaron parte algunos hombres procedentes de
Iberia. El cardenal Pelagio, el legado papal que desempeñó un papel decisivo aunque
perjudicial en la expedición, era de origen leonés. Una continuación de Guillermo de
Tiro escrita en francés menciona un contingente de “li Espaignol” que luchó junto
a los caballeros hospitalarios y provenzales20. Sin embargo, hasta el día de hoy solo
conocemos el nombre de un puñado de hombres procedentes de Iberia. La lista que
da James Powell de 854 individuos que hicieron voto de participar en la cruzada entre
1213 y 1221 solo contiene cinco nombres que parecen ser de origen ibérico. El más
prominente de todos ellos es el arzobispo de Girona, Ramón de Palafolls21.
Solo un caudillo ibérico estuvo al frente de una expedición cruzada al Este.
Se trata del conde Thibaud IV de Champagne (1201-1253), que en 1234 se convir-
tió asimismo en rey de Navarra y fue elegido en 1239, en Acre, para encabezar la
así llamada Cruzada de los Barones, que, tras un desastre militar cerca de Gaza,
consiguió por medios diplomáticos algunas ventajas territoriales para el reino de
Jerusalén. Pero Thibaud había tomado la cruz siguiendo el ejemplo de su abuelo,
el conde Henri II de Champagne, que había gobernado el citado reino en los años
1192-1197, y de su padre, el conde Thibaud III de Champagne, cuya muerte en 1201
le impidió acaudillar la cuarta cruzada. En otras palabras, su participación en las

17 Riley-Smith incluye en su lista al rey Pedro I de Aragón (no 4752, p. 216), ya que una donación de 1101 se fecha
como “fuit facta in anno quando rex accepit crucem per ad [sic] Iherosolimitanis partibus”: Colección diplomáti-
ca de Pedro I de Aragón y de Navarra, Ubieto Arteta, A. (ed.), Zaragoza, 1951, p. 113, n. 6. Pero Ubieto Arteta
asume que dicha frase la introdujeron los monjes de San Juan de la Peña, que creían que era esa la intención
del monarca (ibid., p. 113-114); de igual forma, Bernard Reilly escribe que “the assertion that the Aragonese
monarch took the cross and intended to proceed to Jerusalem in early 1101 seems fabulous”: Reilly, B.F., The
Kingdom of León-Castilla, op. cit., p. 304. La frase que asegura en la provenzal Chanson d’Antioche que “el coms
[sic] Peir d’Aragon” estaba entre los cruzados de Antioquía (Archives de l’Orient latin 2B [1884], p. 492, v. 653),
puede descartarse ya que las numerosas actas que nos han llegado de Pedro of Aragón no dejan duda de que
no salió de su reino en los años pertinentes.
18 Jaspert, N., “Eleventh-Century Pilgrimage from Catalonia to Jerusalem: New Sources on the Foundations of the
First Crusade”, Crusades, 14 (2015), p. 42-47. Véase también Claverie, P.-V., “La dévotion envers les Lieux saints
dans la Catalogne médiévale”, en Chemins d’outre-mer. Études d’histoire sur la Méditerranée médiévale offertes à
Michel Balard, ed. Coulon, D., Otten-Froux, C., Pagès, P. y Valérian, D., 2 vols., Paris, 2004, p. 129.
19 Jaspert, N., “Eleventh-Century Pilgrimage”, op. cit., N.os 67, 74, 80, 88, 91, 92, 94, p. 42-47. Los nos 67 y 91
corresponden a Girard de Rosselló y Guillem Jordà, mencionados más arriba.
20 “L’Estoire de Eracles Empereur”, en Recueil des Historiens des Croisades…, op. cit., vol. 2, 1859, p. 337.
21 Véase Powell, J.M., Anatomy of a Crusade, 1213-1221, Philadelphia, 1986, p. 239. Los otros cuatro son Bernar-
dus de Villafrancha, D. canonicus Columbrensis, G. Palencia y Guidonus de Valencia (p. 215, 218, 220, 224).
Pero ¿no es plausible que Guidonus de Valencia procediera de dicha ciudad que todavía estaba bajo dominio
musulmán?

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cruzadas hay que verla en el contexto de una tradición familiar, así como de su
accidentada involucración en los asuntos políticos franceses; en Navarra, fue su
condición de cruzado la que le proporcionó protección papal contra las intrigas
hostiles de los nobles locales y de otros gobernantes peninsulares22.
En una ocasión, sin embargo, un gobernante ibérico parece haber desempeñado
un importante papel en la historia del reino franco. Tras la tregua del 2 de septiem-
bre de 1192 entre Ricardo Corazón de León y Saladino, que puso fin a la tercera
cruzada, Hubert Walter, obispo de Salisbury, llegó en peregrinación a Jerusalén y fue
respetuosamente recibido por el sultán. Cuando Saladino le ofreció que escogiera
un regalo, el obispo pidió que se permitiera a dos sacerdotes latinos y a dos diáconos
latinos celebrar el oficio divino en la iglesia del Santo Sepulcro, así como, a ese mis-
mo número de clérigos, hacer otro tanto en la iglesia de la Natividad en Belén y en la
de la Anunciación, en Nazaret. Saladino dio su permiso y Hubert Walter se apresuró
a establecer a los clérigos y diáconos latinos en los mencionados lugares de culto23.
No obstante, su mantenimiento no estaba suficientemente asegurado y, al final, en
1194, el rey Alfonso II de Aragón legó a la iglesia del Santo Sepulcro los pueblos de
Palafrugell y Llofriu, situados al este de Girona, con el fin de mantener con sus ren-
tas a cinco sacerdotes: tres en la iglesia del Santo Sepulcro, uno en Santa María en el
Valle de Josafat y uno en la iglesia de la Natividad en Belén, así como para proporcio-
nar un cáliz, un incensario y una pixis a cada una de las iglesias mencionadas. Esta
ayuda estaría vigente “hasta que los cristianos recuperen la terra Iherosolimitana por
gracia del Espíritu Santo”24.
La presencia de cristianos procedentes de Iberia en el reino franco de Jerusalén
fue más numerosa de lo que parecería desprenderse de los datos que nos han llegado
acerca de la participación ibérica en las cruzadas. En la propia Jerusalén había una
rua Ispanie, probablemente habitada por gente procedente de las regiones hispánicas;
Denys Pringle conjetura que dicha calle, mencionada en una carta de 118625, estaba
situada justo al noroeste del Templum Domini, la cristianizada Cúpula de la Roca 26.
También en Jerusalén se encontraba el vicus Girardi de Lissebone, la calle de Gerardo de

22 Rodríguez López, A., “Légitimation royale”, op. cit., p. 148-49; Lower, M., The Barons’ Crusade. A Call to Arms and
Its Consequences, Philadelphia, 2005, p. 49-52, 93-115, 158-177; sobre la oposición de una liga de nobles navarros
véase p. 95, 99-100.
23 Ambroise, L’estoire de la guerre sainte. Histoire en vers de la troisième croisade (1190-1192), ed. y trad. Paris, G.,
Collection de documents inédits sur l’histoire de France 39, Paris, 1897, línee 12168-2189l., col. 326-327 (texto),
p. 462 (traducción); Itinerarium peregrinorum et Gesta Regis Ricardi, 6.34, ed. Stubbs, W., Rolls Series 38.1,
London, 1864, p. 438.
24 Para el texto latino véase Castiñeiras, M., “Catalan Panel Painting around 1200, the Eastern Mediterranean and
Byzantium”, en Romanesque and the Mediterranean. Patterns of Exchange Across the Latin, Greek and Islamic
Worlds c.1000-c.1250, ed., Bacile, R. y McNeill, J., Leeds, 2015, p. 326, n. 85; véase también p. 320.
25 Cartulaire général de l’ordre des Hospitalliers de Saint-Jean de Jérusalem, 1100-1310, Delaville Le Roux, J. (ed.),
4 vols. (Paris, 1884-1906), [de aquí en adelante Cart Hosp], nº 803, vol. 1, p. 502-503.
26 Pringle, D., The Churches of the Crusader Kingdom of Jerusalem. A Corpus, 4 vols., Cambridge, 1993-2009, vol. 3,
p. 207-208.

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Lisboa 27. Balduinus de Lisabona actuó como testigo de un documento legal en Jerusa-
lén y sus casas se mencionan en 123528.
Uno de los canónigos de la iglesia del Santo Sepulcro entre 1120 y 1144 fue Petrus
Barchinonensis o de Barcilona29; su posición en las listas de canónigos parece indicar
su prominencia y, de hecho, en dos documentos se le da el título de subprior30. En
1130 fue nombrado prior y en 1151, arzobispo de Tiro31, lo que lo convierte en el
único miembro procedente de Iberia del episcopado de Outremer32. Entre los años
1144 y 1155, la Península estuvo representada entre los canónigos del Sepulcro por
el subdiácono Willelmus de Yspania o Yspanus33 y, en 1177, por otro Petrus Barchilonen-
sis34 . En la misma época aproximadamente, la mujer de Petrus de Yspania, una her-
mana laica del capítulo, legó a este último una casa en Jerusalén35. En 1175, uno
de los doce monjes del monasterio del monte Tabor, que actúa como testigo en un
acuerdo, es Johannes Hyspanus (los otros tres cuyo origen se especifica proceden de
Le Puy, Nazaret y Provenza)36. En 1152, uno de los canónigos de Tortosa era Poncius
Cathalanus37; en 1242 un tal Iohannes Yspanus era canónigo de Acre38; y, en 1255, los
sacerdotes Petrus Yspanus de Nazareth, Ylarius Yspanus y Andreas Yspanus dan fe de una
donación al arzobispo de Nazaret (el primero de los tres adjunta el sello del arzobis-
po al documento)39.
La población de los asentamientos rurales comprendía algunos hombres
procedentes de Cataluña. De los 142 pobladores francos de Mahumeria (al-Bira), al
norte de Jerusalén, que en 1156 juraron fidelidad al capítulo de la iglesia del Santo

27 Le Cartulaire du chapitre du Saint-Sépulcre de Jérusalem, Bresc-Bautier, G. (ed.), Documents relatifs à l’histoire


des croisades, vol. 15, Paris, 1984 [de aquí en adelante Cart St Sép], no 169, p. 323; véase también no 168, p. 321,
donde se le menciona como vicus Girardi Lissebovette.
28 Cart Hosp, no 371, vol. 1, p. 255-256; no 2127, vol. 2, p. 494.
29 Cart St Sép, nos 22, 27, 38, 97, 102, p. 79, 89, 109, 215, 222; Delaville Le Roulx, J., Les archives, la bibliothèque
et le trésor de l’Ordre de Saint-Jean de Jérusalem à Malte, Paris, 1883, doc. 5, p. 74; Cart Hosp no 53, vol. I,
p. 45.
30 Kohler, Ch., “Chartes de l’abbaye de Notre Dame de la Vallée de Josaphat en Terre-Sainte (1108-1291)”, Revue de
l’Orient latin, 7 (1900), p. 127-129 (doc. 17); Cart St Sép, Ap. 1, p. 348.
31 Guillermo de Tiro, Chronicon, 16.17, Huygens, R.B.C. (ed.), CCCM 63-63A, Turnhout, 1986, p. 739; Hamilton, B.,
The Latin Church in the Crusader States: The Secular Church, London, 1980, p. 119-120.
32 Véase Hiestand, R., “Der lateinische Klerus der Kreuzfahrerstaaten: geographische Herkunft und politische
Rolle”, en Die Kreuzfahrerstaaten als multikulturelle Gesellschaft, Mayer, H. E. (ed.), München, 1997, p. 53-54.
33 Cart St Sép, nos 67, 69, 114, 115, p. 164, 167, 235, 236.
34 Ibidem, no 162, p. 315.
35 Ibidem, no 168, p. 322.
36 Ibidem, no 159 y App. 4, p. 311, 354.
37 Riley-Smith, J., “The Templars and the Castle of Tortosa: An Unknown Document Concerning the Acquisition of
the Fortress”, English Historical Review, 84 (1969), p. 287.
38 Tabulae Ordinis Theutonici, Ernst Strehlke, E. (ed.), Berlin, 1869, reimpreso en Jerusalén, 1975, no 91, p. 73.
39 Rey, E.G, Recherches géographiques et historiques sue la domination des Latins en Orient, Paris, 1877, p. 36-
38. Hiestand llega a la conclusión de que, de unos 150 de los miembros del bajo clero y de las instituciones
monásticas cuyos nombres implican un origen geográfico, 12 (es decir, 8%), procedían de Iberia: Hiestand, R.,
“Der lateinische Klerus”, op. cit., p. 53.

Ad Limina / Volumen 8 / N.º 8 / 2017 / Santiago de Compostela / ISSN 2171-620X [ 45]


Benjamin Z. Kedar Iberia y el reino franco de Jerusalén

Sepulcro, dos procedían de Cataluña: Johannes Catalanus y Petrus Catalanus40. De igual


manera, entre los 41 habitantes de la aldea establecida en la fortaleza hospitalaria de
Bethgibelin, al sudoeste de Jerusalén, se contaban en 1168 un tal Petrus Cathalanus
y su yerno Martinus41. En ambas localidades, la gran mayoría de los colonos cuyo
origen europeo no ofrece dudas llegaron del centro y del sur de Francia; unos pocos
procedían de Lombardía y de otras partes de Italia42. Incluso así, la presencia de
catalanes en ambos núcleos de población es significativa. Se trata de una presencia
modesta, sin duda, pero que contrasta llamativamente con la ausencia total de
colonos procedentes del norte de Francia, las tierras alemanas o Inglaterra.
Los burgenses catalanes aparecen también en otros lugares del este franco: por
ejemplo, en 1145 y 1157, el burgensis Raymundus Cathalanus actúa como testigo en al-
gunos documentos legales en Trípoli43. En 1187, Conrado de Montferrato recom-
pensó a los burgenses et cives de St. Gilles, Montpellier, Marsella, Barcelona y Nîmes
por su ayuda en la defensa de Tiro contra Saladino, proporcionándoles privilegios
comerciales y de otra índole, así como un barrio en Tiro que provenzales y catalanes
tendrían que compartir44; esta concesión de un barrio común a provenzales y catala-
nes que procedían de cinco ciudades indica que el número de mercaderes provenien-
tes de ellas era demasiado reducido como para justificar que se les otorgaran cinco
barrios separados45. También en Acre encontramos catalanes: durante la Guerra de
San Sabas (1256-1258), los Espaignoz tomaron el partido de los genoveses y fueron
derrotados junto con ellos46. A pesar de eso, el papel desempeñado por los catalanes en
el comercio del reino de Jerusalén fue bastante limitado47. Los catalanes, sin embargo,
desempeñaron algún papel en el transporte de peregrinos a Tierra Santa: en 1219, el
conde Hug IV d’Empúries –que había peregrinado a Jerusalén hacia 1200 aproxima-
damente–, firmó un acuerdo con Marsella por el que se le permitía llenar un barco de
peregrinos que tenían la intención de ir “más allá del mar”, es decir, a Tierra Santa48.

40 Cart St Sép, N.o 117, p. 237-40. Manuel Castiñeiras sugiere considerar catalán a un tercer poblador, Petrus Bonet:
“Catalan Panel Painting around 1200”, p. 326, n. 84.
41 Cart Hosp, N.o 399, vol. I, p. 272-73.
42 Véase Prawer, J, “Colonization Activities in the Latin Kingdom”, en su Crusader Institutions, Oxford, 1980,
p. 121,127 [el artículo se publicó originalmente en 1951]; Ronnie Ellenblum, Frankish Rural Settlement in the Latin
Kingdom of Jerusalem, Cambridge, 1998, p. 75-76, con un desglose por regiones.
43 Cart Hosp, no 160, vol. I, p. 130; Riley-Smith, J., “The Templars and the Castle of Tortosa”, p. 288. En 1175-85
Willelmus Catalanus actúa como testigo en ciertos documentos en Trípoli: Cart Hosp, nos 482, 620, 754, vol. 1,
p. 332, 421, 480.
44 Urkunden der lateinischen Könige von Jerusalem, Mayer, H.E. (ed.), 4 vols., MGH, Hannover, 2010, N.o 520, vol.
3, p. 866-869; véase también Mayer, H.E., Marseilles Levantehandel und ein akkonensisches Fälscheratelier des 13.
Jahrhunderts, Tübingen, 1972, p. 39-41, 70-73.
45 Véase la observación de Mayer en Urkunden, vol. 3, p. 867.
46 L’Estoire de Eracles Empereur, p. 633-34; Crusader Syria in the Thirteenth Century. The Rothelin Continuation of
the History of William of Tyre with part of the Eracles or Acre Text, trad. Janet Shirley, Aldershot, 1999, p. 115-117.
47 Véase Prawer, J, The Latin Kingdom of Jerusalem: European Colonialism in the Middle Ages, London, 1972, p. 92.
48 Fagniez, G., Documents relatifs à l’histoire du commerce de France, Collection de textes pour servir à l’étude et
à l’enseignement de l’histoire, 22, 2 vols., Paris, 1898-1900, 1:126; d’Olwer, L.N., L’expansió de Catalunya en la
Mediterrània oriental, Barcelona, 1926, p. 21.

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Benjamin Z. Kedar Iberia y el reino franco de Jerusalén

También hubo caballeros procedentes de Iberia que se enrolaron en las órdenes


del Temple y del Hospital y llegaron al Este franco. Entre ellos, algunos alcanzaron
la posición más alta: en 1180, el catalán Arnau de Torroja, que murió en 1184, fue
elegido gran maestre de la Orden del Temple. Es probable que Girbert Eral y Pere
de Montagut, grandes maestres en 1194-1200 y 1219-1232, respectivamente, fueran
aragoneses49. Guillem de Montanyana, comandeor de Saette (Sidón) en 1262 y, un poco
después, grant comandeor dou Temple, era catalán50. Afonso de Portugal era gran maes-
tre de la Orden del Hospital en los años 1203-1206. 51
En la lucha contra Saladino en Tiro (1187) y en Trípoli (1188), se distinguió un
chevalier d’Espaigne portador de armas verdes y cuyo gran caballo iba cubierto de una
tela asimismo verde; Ernoul, la única fuente que nos menciona a este guerrero, cuen-
ta que los sarracenos le llamaban le Vert chevalier y añade que a Saladino le causó una
gran impresión y trató en vano de convencerle para que entrara a su servicio52. Este
detalle tiene todo el aspecto de pertenecer al dominio de la leyenda.
En una carta escrita en francés el 4 de mayo de 1250, encontramos la elusiva
figura de García Álvarez, sire de Cayphas debido a su matrimonio con Helvis, dame
de Cayphas. Se ha conservado un dibujo de su sello (Fig. 1); en el anverso muestra un
caballero galopando y un texto que dice: SIGILLUM GARSIE ALVAREZ, DOMINI
CAYPHE, y, en el reverso, CASTRUM CAIFE. Todo lo que sabemos de este gobernan-
te del pequeño señorío de Haifa es que en 1250, con consentimiento de su esposa,
cedió algunas tierras al monasterio del monte Tabor53.
En 1269, el caballero catalán Cordate, que cayó prisionero de los mamelucos
en una batalla cerca de Acre y fue encarcelado en una aldea próxima a Safed, dio
una noche prueba de su arrojo escapando y logrando volver a Acre tras una penosa

49 Bulst-Thiele, M.L., Sacrae domus militiae Templi hierosolymitani magistri. Untersuchungen zur Geschichte des
Templerordens 1118/19 -1314, Göttingen, 1974, p. 99-105, 135-146, 170-188.
50 Burgtorf, J., The Central Convent of Hospitallers and Templars. History, Organization, and Personnel (1099/1120
– 1310), Leiden, 2008, p.683-684. Véase también Claverie, P.-V., “La contribution des Templiers de Catalogne à
la defense de la Syrie franque (1290-1310)”, en Egypt and Syria in the Fatimid, Ayyubid and Mamluk Eras, vol. 3,
Vermeulen, U. y Van Steenbergen, J. (ed.), Leuven, 2001, p. 172.
51 Riley-Smith, J., The Knights Hospitallers in the Levant, c.1070-1309, Houndmills, 2012, p. 50-51, 233. Sobre las
cartas enviadas por su predecesor, el gran maestre Geofroy de Donjon, al rey Sancho VII de Navarra, véase
Mayer, H.E., “Two Unpublished Letters on the Syrian Earthquake of 1202”, en Medieval and Middle Eastern
Studies in Honor of A.S. Atiya, Hanna, S. A. (ed.), Leiden, 1972, p. 295-310, reimpreso en su Kreuzzüge und
lateinischer Osten, London, 1983, artículo X.
52 Chronique d’Ernoul et de Bernard le Trésorier, De Mas Latrie, L. (ed.), Paris, 1871, cc. 20-21, p. 237-238, 251-52.
Cf. Rodríguez López, A., “Légitimation royale”, op. cit., p. 130.
53 Cart Hosp, vol. 2, App.: Chartes du Mont-Thabor, no 26, p. 913-914; Schlumberger, G., Chalandon, F. y
Blanchet, A., Sigillographie de l’Orient latin, Paris, 1943, p. 41 y lámina 17/5. Pringle da por cierto que el
reverso muestra tres castillos: en la cima de la montaña, el castillo Templario del Monte Carmelo; otro no
identificado cerca de su pie; y el castillo de Haifa mismo, con el pendón de García al viento: Pringle, D.,
“Town Defences in the Crusader Kingdom of Jerusalem”, en The Medieval City under Siege, ed. I.A. Corfis
y M. Wolfe, Woodbridge, 1995, p. 75, reimpreso en su Fortification and Settlement in Crusader Palestine,
Aldershot, 2000, artículo I.
García Álvarez es un nombre recurrente en la noble familia Álvarez de Toledo a partir del siglo XIII: véase
De Moxó, S., “El auge de la nobleza urbana de Castilla y su proyección en el ámbito administrativo y rural a
comienzos de la baja Edad Media”, Boletín de la Academia Real de la Historia ,178 (1981), p. 482-486, 509.

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Benjamin Z. Kedar Iberia y el reino franco de Jerusalén

Fig. 1. Sello de García Álvarez, Señor de Haifa, 1250. Fuente: Schlumberger, G., Chalandon, F. y Blanchet, A.
Sigillographie de l’Orient latin (Paris, 1943), ilustr. 17/5.

travesía por campos y senderos apartados, guiándose por una estrella para saber
la dirección54.
Durante la conquista mameluca de Trípoli, en 1289, fue hecho asimismo prisione-
ro el caballero Templario Huguet, hijo del conde de Empúries55. Unos caballeros del
Temple y del Hospital de origen aragonés, que llegaron algo más tarde ante el sultán
como emisarios de Acre, fueron también tomados como cautivos cerca de Trípoli.
Más de una década después, el rey Jaime II de Aragón trató de conseguir en varias
ocasiones que se les pusiera en libertad56.

54 Cronaca del Templare di Tiro (1243-1314). La caduta degli Stati Crociati nel racconto di un testimone oculare,
§115.8-11, Minervini, L. (ed. y trad.), Napoli, 2000, p. 116-117. En la crónica se da como fecha 1267, pero otras
fuentes permiten datarla en 1269: ibid., p. 364. Es posible que Cordate llegara a Outremer con los hijos ilegíti-
mos del rey Jaime I de Aragón (véase más abajo).
55 Ibid., §241.6, p. 198-199. Por la posibilidad de que dos otros prisioneros, “Piere de Moncade, coumandour dou
Temple, et Guilerme de Cardone, frere dou Temple” (ibid.), fueran catalanes, véase Claverie, P.-V., “La contribu-
tion des Templiers de Catalogne”, p. 172-173.
56 Los nombres de los enviados eran Lop de Liranes, G. de Vilalba, Barthomeu de Vilafranca y G. Dostarrich. El
primero, que era de la Orden del Hospital y el segundo, templario, fueron liberados algo después de 1303:
Golubovich, G., Biblioteca bio-bibliografica della Terra Santa e dell’Oriente francescano, vol. 3: Dal 1300 al 1332,
Quaracchi, 1919, p. 75-76, 185-86; Finke, H. (ed.), Acta Aragonensia. Quellen zur deutschen, italienischen, fran-
zösischen, spanischen, zur Kirchen- und Kulturgeschichte aus der diplomatischen Korrespondenz Jaymes II (1291-
1327), 3 vols., Berlin y Leipzig, 1908-1922, vol. 2, p. 744, 751-752; Kedar, B.Z., “Segurano-Sakran Salvaygo: Un
mercante genovese al servizio dei sultani mamalucchi, c. 1303-1322”, en Fatti e idee di storia economica nei secoli
XII-XX. Studi dedicati a Franco Borlandi, Bologna, 1976, p. 79, nº 19, 91; reimpreso en mi The Franks in the Levant,
11th to 14th Centuries, Aldershot, 1993, artículo XXI. Puede que los enviados fueran hechos prisioneros junto con
Phelipe Mainebeuf: véase Cronaca del Templare di Tiro, op. cit., §249.1-2, p. 204-205. Véase también Claverie,
P.-V., “La contribution des Templiers de Catalogne”, p. 174-175.

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Benjamin Z. Kedar Iberia y el reino franco de Jerusalén

Además de los cristianos procedentes de Iberia que se instalaron en el reino


franco o llegaron para luchar en él, hubo muchos otros que llegaron en peregrina-
ción; hay que decir también que la línea divisoria entre el peregrino y el cruzado no
siempre fue clara. El peregrino más famoso fue probablemente un subdiácono que
sería después conocido como Santo Martino de León, el famoso teólogo que murió
en 1203. En el transcurso de su peregrinación, que se prolongó durante décadas
y le llevó hasta Santiago, Roma y Constantinopla, así como a Francia, Inglaterra
e Irlanda antes de volver a León después de 1180, llegó también a Tierra Santa.
Su contemporáneo y biógrafo, Lucas de Tuy, escribe que Martino estuvo durante
dos años en el sanctum Jerosolymitanum hospitale, la pionera institución médica del
mundo latino, y después visitó a los sancti eremitae de las montañas de Antioquía, es
decir, a algunos de los ermitaños que vivían en Montana Nigra 57. El estudio de ma-
terial de archivo puede arrojar luz sobre el alcance y ritmo de las peregrinaciones
de personas procedentes de la Península Ibérica a Tierra Santa. Así, por ejemplo, un
estudio basado principalmente en la documentación del Archivo Histórico Nacio-
nal en Madrid, ha identificado a 18 peregrinos gallegos que, en los años 1133-1246,
estaban a punto de partir rumbo a Tierra Santa; de ellos, tres hicieron el viaje entre
1133 y 1137, ocho entre 1152 y 1184, tres entre 1192 y 1210 y cuatro entre 1232 y
1246. De esos 18 peregrinos, seis eran clérigos: tres presbíteros, dos diáconos y un
arcediano; había también un miles y una madre que emprendió el viaje junto con
su hijo58.
Un prominente peregrino gallego fue el conde Rodrigo Pérez de Traba, un magnate
que en 1137 apoyó la invasión de Galicia por los portugueses y fue consiguientemen-
te expulsado de la corte por el rey Alfonso VII de Castilla-León, sin que se le volviera
a admitir en ella hasta 114159. Este magnate aparece en Jerusalén en 1138 como el
conde Rodericus Petri, dueño del castillo de “Trava” [sic]. En una carta redactada en

57 Lucas de Tuy, “Vita sancti Martini”, c. vi, en Migne, J.P., Patrologia Latina, vol. 208 (Paris, 1855), col. 13. Véase
Fernández González, E., “Santo Martino de León, viajero culto y peregrino piadoso”, Anuario de estudios
medievales, 17 (1987), p. 49-73, esp. p. 51. Sobre el hospital de Jerusalén y los ermitaños de Montana Nigra,
véanse mis artículos “A Twelfth-Century Description of the Jerusalem Hospital”, en The Military Orders, vol.
2: Welfare and Warfare, ed. Nicholson, H., Aldershot, 1998, p. 3-26, reimpreso en mi Franks, Muslims and
Oriental Christians in the Latin Levant: Studies in Frontier Acculturation, Aldershot, 2006, artículo X; y “The
Latin Hermits of the Frankish Levant Revisited”, en ‘Come l’orco della fiaba’. Studi per Franco Cardini, ed.
Montesano, M., Firenze, 2010, p. 185-202, reimpreso en mi Crusaders and Franks. Studies in the History of the
Crusades and the Frankish Levant, Abingdon, 2016, artículo XVIII.
58 Fernández de Viana y Vieites, J. I., “Documentos sobre peregrinos gallegos a Jerusalén en la Edad Media”,
Estudios Mindonienses, 7 (1991), p. 405-421. Más datos sobre peregrinos de Iberia en Gudiol, J., “De peregrins
i peregrinatges religiosos catalans”, Analecta Sacra Tarraconensia, 3 (1927), p. 93-119; Jaspert, N., “Pro nobis
qui pro vobis oramus, orate. Die Kathedralkapitel von Compostela und Jerusalem in der ersten Hälfte des
12. Jahrhunderts”, en Santiago, Roma, Jerusalén. Actas del III Congreso Internacional de Estudios Jacobeos,
Santiago de Compostela, 14-16 septiembre 1997, ed. Caucci von Saucken, P., Santiago de Compostela, 1999,
p. 192-193.
59 Chronica Adefonsi Imperatoris 1.74, 77, 87, en Chronica Hispana saeculi XII, ed. Emma Falque, Juan Gil y Antonio
Maya, CCCM 71, Turnhout, 1990, p. 185-186, 189-190. Véase Barton, S., The Aristocracy, op. cit., p. 110, 117,
130, 297-298. Sobre el apodo del conde, véase Barton, S., “Sobre el conde Rodrigo Pérez el Velloso”, Estudios
Mindonienses, 5 (1989), p. 653-661.

Ad Limina / Volumen 8 / N.º 8 / 2017 / Santiago de Compostela / ISSN 2171-620X [ 49]


Benjamin Z. Kedar Iberia y el reino franco de Jerusalén

la iglesia del Santo Sepulcro, el conde Rodrigo hace donación a esta última de la
villa de Pasarelos, al nordeste de Santiago de Compostela; seis de los siete testigos,
presentados como amici et compatriote mei, parecen ser oriundos de Galicia; el séptimo
es un caballero templario, Petrus Hyspanensis60. Al parecer, el conde Rodrigo se puso
en camino a Jerusalén con un reducido séquito tras su ruptura con el rey Alfonso en
1137. El hermanastro de Rodrigo, el conde Fernando Pérez de Traba, fue dos veces a
Jerusalén; su segundo viaje data de 115361.
Otro magnate que cayó en desgracia ante Alfonso VII, en 1137, fue el conde Ro-
drigo González de Lara, que había sido gobernador de Toledo62. También él deci-
dió tomar el camino a Jerusalén. La Chronica Adefonsi Imperatoris relata que, una vez
allí, luchó varias veces contra los sarracenos y erigió frente a Ascalón un castillo
muy fortificado llamado Torón, que pertrechó con caballeros, soldados de a pie y
provisiones para regalárselo después a los caballeros templarios. Rodrigo González
regresó más tarde a la Península, pero no a su Castilla natal; pasó algún tiempo con
los gobernantes de Barcelona y Navarra y, a continuación, con el gobernante sarra-
ceno de Valencia, donde se dice que fue envenenado y enfermó de lepra. Tras 1143
volvió a Jerusalén causa orationis y permaneció en ella hasta su muerte63. Resulta
sintomático de la superespecialización que priva en nuestro ámbito de investiga-
ción, que hasta el relativamente reciente año de 1994 no mencionara este episodio el
historiador de las cruzadas Rudolf Hiestand, que identificó de forma concluyente el
castillo de Torón de la Chronica Adefonsi con el castillo de Latrún (Toronum Militum),
que domina la vía que sube de la costa a Jerusalén64. Hiestand ha probado asimis-
mo que el conde Rodrigo González fue el destinatario de la versión de la Descriptio
de locis sanctis que Rorgo Fretellus dedicó “Domino Rodrico, Dei gratia Toletano

60 Cart St Sép, no 72, p. 170-171. Los seis amici et compatriote son Arissa Varich de Ripa Migno [Ripa Miño];
Johannes Aris, de terra Sancti Martini Latronis; Rodericus abbas, de terra Pena Regine [Penha de la Reina,
Portugal]; Johannes Tirant, germanus episcopi de Toy [Tui]; Nunuranna de Limia; y Helvitu Saniz de terra Sancti
Jacobi. Nikolas Jaspert sugiere identificar a Arissa Varich con Arias Savariquiz, mencionado en Historia Com-
postellana 1.32, p. 63: Jaspert, N., “Pro nobis”, p. 193, n. 36.
61 Sobre su segundo viaje véase Barton, S., The Aristocracy, op. cit., p. 241-242, cita Madrid, Archivo Histórico
Nacional, Clero, 527/6, 1126/6. Otro miembro de la familia Traba, Menendo Rodríguez, inició el viaje a Jerusalén
en 1137: ibid., p. 187. Acerca de las peregrinaciones y donaciones de miembros de esta importante familia, así
como de sus posibles motivos, véase Jaspert, N., “Pro nobis”, p. 198.
62 Barton, S., The Aristocracy, op. cit., p. 116, 175, 292-93.
63 Chronica Adefonsi Imperatoris, 1.47-48, 2.30, p. 172, 209. Barton da las fechas. Véase también Rodríguez López,
A., “Légitimation royale”, op. cit., p.129-130, que todavía no se hace eco de la identificación de Torón con Latrún
que hace Hiestand.
64 Hiestand, R., “Un centre intellectuel en Syrie du Nord? Notes sur la personnalité d’Aimery d’Antioche, Albert
de Tarse et Rorgo Fretellus”, Le Moyen Age, 100 (1994), p. 29-32. Véase también Pringle, D., “Templar Castles
between Jaffa and Jerusalem”, en The Military Orders 2: Welfare and Warfare, Nicholson, H. (ed.), Aldershot,
1998, p. 94-102. Ambos autores mantienen de forma convincente que el propio Rodrigo perteneció a los
caballeros templarios. Para una hipótesis acerca del origen del toponímico árabe al-Latrūn véase Aslanov, C. y
Kedar, B.Z., “Problems in the Study of Trans-Cultural Borrowing in the Frankish Levant”, en Hybride Kulturen im
mittelalterlichen Europa, Borgolte M. y Schneidmüller, B. (ed.), Berlin, 2010, p. 280, reimpreso en mi Crusaders
and Franks (op. cit.), artículo XXII.

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Benjamin Z. Kedar Iberia y el reino franco de Jerusalén

comiti”65. En cuanto al castillo que Rodrigo construyó, puede que siguiera estando
en manos de templarios peninsulares porque Benjamín de Tudela –uno de los dos
viajeros nacidos en la Península que visitaron el reino de Jerusalén en el siglo XII; el
segundo fue el musulmán andalusí Ibn Yubair– lo llama Torón de los Gaballeros [sic],
aproximadamente en 117066. Sería un día radiante para los estudios sobre las cru-
zadas aquel en que arqueólogos españoles e israelíes (y quizás también palestinos)
unieran sus esfuerzos para excavar este castillo castellano situado en el camino a
Jerusalén. (Fig. 2-3)
Aunque la evidencia que hay de las peregrinaciones a Tierra Santa procedentes
de Iberia es abundante, también hay unos pocos documentos que mencionan o alu-
den a las peregrinaciones del Levante franco a Santiago de Compostela. En 1169,
Hugo, el señor de Ibelin y Ramla, menciona el hecho de que hizo voto de tomar
la via Sancti Jacobi. En 1219, el papa Honorio III dio permiso al deán de Antioquía
para que peregrinara desde Roma a Compostela67. En 1234, el sultán de Konya,
‘ I, por su parte, informó al papa Gregorio IX de que, en años
recientes, le había enviado seis mensajeros disfrazados de monjes que supuesta-
mente iban de camino a rezar en Roma y en Compostela68 –el disfraz, cuyo objetivo
era prevenir que fueran detenidos por el enemigo, indica que esas peregrinaciones
de Este a Oeste eran bastante conocidas.
Las súplicas de los jerosolimitanos pidiendo ayuda constituyen otro aspecto de
nuestro tema. Hacia 1120, el patriarca Warmund de Jerusalén, en una carta enviada
al arzobispo Diego Gelmírez de Compostela, describía la suerte de su ciudad en los
términos más calamitosos, asegurando que nadie se atrevía a salir de las murallas
de Jerusalén sin una escolta armada, y pidiendo perentoriamente ayuda69 (quizás lo
que nos dice la Historia Compostellana de que, aproximadamente en esos mismos años,

65 Hiestand, R., “Un centre”, op. cit., p. 26-31. Para el texto de la Descriptio véase Boeren, P.C., Rorgo Fretellus de
Nazareth et sa Description de la Terre Sainte. Histoire et édition du texte, Koninklijke Nederlandse Akademie
van Wetenschappen, Afdeling Letterkunde, Verhandelingen, nieuwe reeks, 105, Amsterdam, 1980. Geneviève
Bresc-Bautier conjeturó previamente que Rodrigo de Traba podría haber sido el destinatario de la Descriptio de
Rorgo Fretellus: Cart St Sép, p. 170, n. 2.
66 The Itinerary of Rabbi Benjamin of Tudela, Adler, M.N. (ed. y trad.), London, 1907, p. 27, n. 37 (variante del
texto hebreo). El Torón de los Gaballeros se menciona en un único manuscrito: Roma, Biblioteca Casanatense,
no. 3097 (a.1429-1430), fol. 11r. El Dr. Abraham David está preparando una edición crítica del itinerario,
que los Monumenta Germaniae Historica y la Academia de Ciencias y Humanidades de Israel publicarán
conjuntamente, en la serie “Hebräische Texte aus dem mittelalterlichen Deutschland”.
67 Marsy, A. Ch. A., “Fragments d’un cartulaire de l’ordre de Saint-Lazare, en Terre Sainte”, Archives de l’Orient la-
tin, 2B (Paris, 1884), p. 142-143, doc. XXV; Claverie, P.-V., Honorius III et l’Orient (1216-1227). Étude et publication
de sources inédites des Archives vaticanes (ASV), Leiden, 2013, 340, doc. 39.
68 Lupprian, K.E., Die Beziehungen der Päpste zu islamischen und mongolischen Herrschern im 13. Jahrhundert
anhand ihres Briefwechsels, Studi e Testi 291, Città dell Vaticano, 1981, p. 132-134, No. 15; véase también
p. 36-37. Los documentos de 1169, 1219 y 1234 vinieron a mi conocimiento mediante la Revised Regesta
Regni Hierosolymitani Database, creada por mi difunto amigo Jonathan Riley-Smith: http://crusades-
regesta.com.
69 Historia Compostellana, op. cit., 2.28, p. 272. Para la fecha, c. 1120, véase Richard, J., “Quelques textes sur les
premiers temps de l’Eglise latine de Jérusalem”, en Recueil de travaux offerts à M. Clovis Brunel, Paris, 1955, vol.
2, p. 428; reimpreso en su Orient et Occident au Moyen Age: contacts et relations (XIIe-XIVe siècles), London, 1976.

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Fig. 2 a. Ruinas del Castillo de Latrún (Torón de los Caballeros). Foto: B.Z. Kedar.

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Fig. 2 b. Ruinas del Castillo de Latrún (Torón de los Caballeros). Foto: B.Z. Kedar.

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Fig. 2 c. Ruinas del Castillo de Latrún (Torón de los Caballeros). Foto: B.Z. Kedar.

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Fig. 2 d. Ruinas del Castillo de Latrún (Torón de los Caballeros). Foto: B.Z. Kedar.

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Fig. 3. Plano del Castillo de Latrún. Fuente: Pringle, D., Secular Buildings in the Crusader Kingdom of Jerusalem.
An Archaeological Gazetteer, Cambridge, 1997, p. 65. Por cortesía del Prof. R. Denys Pringle.

muchos gallegos tomaron la cruz y fueron en cruzada a Jerusalén, se deba a la peti-


ción del patriarca70. La desesperada súplica del patriarca Eraclio, pocas semanas antes
de que Jerusalén se rindiera a Saladino, también llegó a la Península71.
Puede que esas peticiones de auxilio desde Jerusalén, fueran el catalizador de no
pocas donaciones de posesiones ibéricas a entidades jerosolimitanas. Un escrutinio
de la lista de posesiones europeas de la iglesia del Santo Sepulcro, confirmada el 4 de
septiembre de 1128 por el papa Honorio II, revela que, en su gran mayoría (45 de un
total de 57), estaban situadas en distintas diócesis de la Península72. Cuando locali-
zamos dichas posesiones en el mapa (Fig. 4), se ve claramente que, en su mayoría, se
encuentran en Castilla-León, de donde pocos cruzados parecen haber ido a Jerusalén.

70 Historia Compostellana, op. cit., 2.16, p. 253.


71 Véase Jaspert, N., “Zwei unbekannte Hilfsersuchen des Patriarchen Eraclius vor dem Fall Jerusalems (1187)”,
Deutsches Archiv, 60 (2004), p. 483-516.
72 Cart St Sép, no 6, p. 39-44. De las doce posesiones europeas no ubicadas en Iberia, diez estaban en el sur de
Francia y dos en Apulia. A las 45 posesiones confirmadas por Honorio II el 4-IX-1128 se puede añadir el pueblo
de Cusanca (entre Ourense y Compostela), que el conde gallego Juan Díaz otorgó el 8 de octubre de 1128 al
patriarca de Jerusalén, los canónigos del Santo Sepulcro y sus ministri: Jaspert, N., “Pro nobis”, p. 197. Acerca
de las posesiones del Santo Sepulcro en Iberia en años posteriores véase ibid., p. 199-200.

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Fig. 4. Número, por arzobispado, de iglesias peninsulares pertenecientes a la del Santo Sepulcro, 1128.
Fuente: Cart St Sép, No. 6, pp. 39-44.

¿Quizás la abundancia de donativos en este reino tuviera por objeto compensar su


escasa participación en la cruzada de Jerusalén? Estamos aquí ante una hipótesis
que merecería la pena investigar. En cualquier caso, el predominio de propiedades
en manos del Santo Sepulcro contrasta con una única representación de Iberia en su
capítulo. También hubo donaciones procedentes de Iberia a las órdenes del Temple
y del Hospital; por otro lado, una orden militar ibérica que no duró mucho, la de
Mons Gaudii, poseía propiedades en el reino de Jerusalén y había recibido el nombre
de una de sus montañas73.
En la carta que el patriarca Warmund envió en 1120, aproximadamente, al arzo-
bispo Diego Gelmírez, le decía que él ordenaba a sus clérigos que rezaran por la Igle-
sia de Compostela e imploraba al arzobispo que correspondiera de la misma forma74.
Unos diez años después, el patriarca Étienne de Jerusalén concluía una misiva a Diego
Gelmírez con las palabras: “Pro nobis, qui pro vobis oramus, orate”75. Se ha interpre-
tado esta fórmula como un testimonio de hermandad entre los capítulos de Jerusalén

73 Delaville Le Roulx, J., “L’Ordre de Montjoye”, Revue de l’Orient latin, 1 (1893), p. 42-57; Forey, A.J., “The Order
of Mountjoy”, Speculum, 46 (1971), p. 250-266. Para el lugar donde se estableció esta orden, véase Kedar, B.Z.,
“Jerusalem’s Two Montes Gaudii”, en Crusader Landscapes in the Medieval Levant. The Archaeology and History of
the Latin East, Sinibaldi, M., Lewis, K.J., Major, B. y Thomson, J.A. (ed.), Cardiff, 2016, p. 11.
74 Historia Compostellana, op. cit., 2.28, p. 271.
75 Ibid., 3.26, p. 463.

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y Compostela76, lo que es una interpretación plausible. Se ha conservado evidencia


de una continua comunicación entre los dos grandes centros de peregrinación: ha-
cia 1118, dos canónigos de Compostela, Pedro Anáyez y Pedro Díaz, estuvieron en
Jerusalén77; el patriarca Warmund, menciona en su carta que sus mensajeros (nuntii)
habían sido bien recibidos en Compostela78 y el patriarca Étienne, que envía su carta
por medio de su canónigo Aymeric, insta al arzobispo a que instale a este último en
la iglesia de Nogueira,79 una de las posesiones del Santo Sepulcro mencionadas en la
confirmación papal de 1128. Se ha conjeturado que el canónigo Aymeric habría lle-
vado a Compostela el Lignum Crucis con su elaborado relicario, que recibe el nombre
de “de Carboeiro”80; según otra hipótesis, la reliquia se habría guardado en un primer
momento en la iglesia de Nogueira, puesta más tarde bajo el control del monasterio
de Carboeiro81. En cuanto al arzobispo Diego Gelmírez, este hizo un llamamiento a
favor de la lucha armada contra los musulmanes de España que beneficiaría al reino de
Jerusalén, puesto que abriría un “camino más corto y menos laborioso al Sepulcro del
Señor”82 –¡evidentemente vía norte de África!–. Además, parece haberse dado un diá-
logo arquitectónico entre los santuarios de Compostela y Jerusalén: la puerta bífora de
la fachada de Platerías, con su doble ventana sobre él, es obvio que sirvió como modelo
al portal de la iglesia del Santo Sepulcro construido por los francos, mientras que el
abocinamiento de los arcos sobre las columnas del primer piso en Jerusalén, parece
haber influido, a su vez, en la remodelación posterior del mismo piso en Compostela83.

76 Jaspert, N., “Pro nobis”, p. 200-202; Castiñeiras González, M., “Compostela, Bari y Jerusalén: tras las huellas
de una cultura figurativa en los Caminos de Peregrinación”, Ad Limina. Revista de Investigación del Camino de
Santiago y las Peregrinaciones, 1 (2010), p. 46; idem, “Santiago-Rome-Jerusalem: Old Issues, New Proposals”,
en Santiago de Compostela. Pilgerarchitektur und bildliche Repräsentation in neuer Perspektive, ed., B. Nicolai, B.
y Rheidt, K., Bern, 2015, p. 406.
77 Historia Compostellana, op. cit., 2.10, p. 240.
78 Ibid., 2.28, p. 271.
79 Historia Compostellana, op. cit., 3.26, p. 463.
80 Castiñeiras, M., “Compostela, Bari y Jerusalén”, p. 46-50; idem, “Puertas y metas de la peregrinación. Roma,
Jerusalén y Santiago hasta el siglo XIII”, en Peregrino, ruta y meta en las peregrinaciones mayores, VIII Congreso
Internacional de Estudios Jacobeos, Santiago de Compostela, 13-15 Octubre 2010, ed. Caucci von Saucken, P.,
Santiago de Compostela, 2012, p. 341; idem, “Santiago-Rome-Jerusalem”, p. 388-389. Sobre los relicarios de la
Vera Cruz hechos en la Jerusalén franca véase Meurer, H., “Zu den Staurotheken der Kreuzfahrer”, Zeitschrift
für Kunstgeschichte, 48 (1985), p. 65-76; Kühnel, B., Crusader Art of the Twelfth Century: A Geographical, an His-
torical, or an Art-Historical Notion?, Berlin, 1994, p. 138-153; Folda, J., The Art of the Crusaders in the Holy Land,
1098-1187, Cambridge, 1955, p. 290-294; y, más recientemente, Jaspert, N., “The True Cross of Jerusalem in the
Latin West: Mediterranean Connections and Institutional Agency”, en Visual Constructs of Jerusalem, ed. Kühnel,
B., Noga-Banai, G., y Vorholt, H., Turnhout, 2014, p. 214-221.
81 Jaspert, N., “Pro nobis”, p. 205. Jaspert menciona la posibilidad de que el autor del Liber sancti Jacobi pudiera
proceder del Levante franco: ibid., p. 207-208.
82 Historia Compostellana, op. cit., 2. 78, p. 379.
83 Castiñeiras, M., “Compostela, Bari y Jerusalén”, p. 50-51; idem, “Puertas y metas de la peregrinación”, p. 350;
idem, “Santiago-Rome-Jerusalem”, p. 406-407. Sobre la hipótesis de que tanto el frontal de altar de Santa Maria
d’Avià (Berguedà) (ca. 1200) como el ciclo de pinturas de la capilla del cercano catillo de Puig-reig fuesen pinta-
dos por artistas influidos por el arte del Levante franco, véase Castiñeiras, M., “Catalan Panel Painting around
1200”, p. 300-304, 318-319. Acerca de la posibilidad de que el gran candelabro de hierro que se encuentra hoy en
la Cúpula de la Roca sea una obra catalana de los siglos XII o XIII, véase Camille Enlart, “Ferroneries catalanes
dans le Levant”, en Mélanges offerts à M. Gustave Schlumberger à l’occasion du quatre-vingtième anniversaire de
sa naissance (17 octobre 1924), Paris, 1924, p. 451-455.

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Benjamin Z. Kedar Iberia y el reino franco de Jerusalén

Junto con el apoyo a los francos de Jerusalém, sin embargo, se daban también la
competencia y la rivalidad84. La Historia Compostellana relata que, hacia 1130, Ber-
nardo, tesorero de la Iglesia de Compostela, decidió hacer una peregrinación a Jeru-
salén. El arzobispo de Compostela, que pensaba que la ausencia del tesorero podía
redundar en perjuicio de su Iglesia, le ordenó permanecer en Compostela; también
le aconsejó que enviara a Jerusalén todo lo que hubiera tenido la intención de llevar
consigo. En cuanto a los gastos en que habría incurrido el viajero, el arzobispo le dijo
que comprara con esa suma un recipiente de gran valor y lo depositara en el tesoro
de…, ¡la Iglesia de Compostela!85 De esta forma, la prohibición de peregrinar a Jeru-
salén redundó en el enriquecimiento del tesoro de Compostela. De igual manera, en
un consejo celebrado en esta última, el arzobispo estableció que quienes murieran
en la batalla contra los violadores de la pax Dei, que estaba imponiendo a toda Espa-
ña (in toto Hispanie regno), gozarían de la misma remisión de los pecados que quienes
perecieran in Hierosolimitano itinere86 . En otras palabras, el arzobispo ponía la lucha
por lograr la paz interna en la Península a la par de hacer la cruzada en Tierra Santa.
Pero Jerusalén era perfectamente capaz de pagar con la misma moneda. En 1169
o principios de 1170, Radulfo, el obispo de Sebaste hizo un llamamiento a toda la
Cristiandad pidiendo ayuda para terminar su catedral. El obispo anunció que el pa-
triarca de Jerusalén –es decir, Amaury de Nesle– prometía, inter alia, que todos los que
tuvieran la intención de peregrinar a Santiago de Compostela, quedaban absueltos
de llevar a cabo su propósito a condición de que donaran a la iglesia de Sebaste la
mitad de los gastos en que habrían incurrido si hubieran llevado a cabo la peregrina-
ción. Además, el patriarca les otorgaba todos los beneficios espirituales que hubieran
podido obtener durante la peregrinación a Compostela. El hecho de que el patriarca
de Jerusalén ofreciera esta conmutación supone tácitamente que, en este tema con-
creto, actuaba como el superior directo de los creyentes de toda la Cristiandad. Cabe
preguntarse cómo reaccionaría la Iglesia de Compostela ante semejante atribución
de autoridad87.
Finalmente, hubo cuatro proyectos que, de haberse materializado, habrían te-
nido importantes consecuencias para las relaciones entre Iberia y Jerusalén. El pri-
mero fue el testamento de Alfonso I “el Batallador”, de 1131, en virtud del cual el
rey legaba sus reinos de Aragón y Navarra al Sepulcro del Señor en Jerusalén y a las

84 Sobre esta competencia en general, véase Castiñeiras, M., “Compostela, Bari y Jerusalén”, p. 24-28; idem, “San-
tiago-Rome-Jerusalem”, p. 387-392.
85 Historia Compostellana, op. cit., 3.8, p. 432-433. Sobre el nombre de Bernardo véase por ejemplo ibid., 2.92 y
3.32, p. 414, 472.
86 Historia Compostellana, op. cit., 2.71, p. 369-370.
87 Para una discusión de ciertos precedentes parciales de conmutación y del texto de la carta de Radulfo, véase
Kedar, B.Z., “Raising Funds for a Frankish Cathedral: The Appeal of Bishop Radulph of Sebaste”, en Entrepre-
neurship and the Transformation of the Economy (10th-20th Centuries). Essays in Honour of Herman Van der Wee,
Klep, P., y Van Cauwenberghe, E. (ed.), Leuven, 1994, p. 447-450, 454-455, reimpreso en mi Franks, Muslims and
Oriental Christians in the Latin Levant: Studies in Frontier Acculturation, Aldershot, 2006, arttícolo XI.

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órdenes del Temple y del Hospital88. El segundo fue el proyectado matrimonio, en


1206, de Marie la Marquise, heredera de Jerusalén, con el rey Pedro II de Aragón89.
El tercero fue el plan del hijo y sucesor de Pedro, el rey Jaime I “el Conquistador” de
Aragón, de tomar parte en la cruzada para rescatar Outremer. El monarca quiso ha-
cerlo en 1245 y en 1260; en septiembre de 1269, embarcó con una flota en Barcelona,
pero una tormenta le obligó a regresar; en 1274, en el segundo Concilio de Lyon, ma-
nifestó su deseo de ponerse al frente de una nueva cruzada90. Ninguno de estos tres
planes se llevó a cabo. En 1269, sin embargo, una pequeña parte de la flota del rey
logró llegar a Acre, aunque su incidencia fue muy pequeña: a los dos hijos ilegítimos
del monarca que llegaron con ella se les disuadió de lanzar un ataque precipitado
contra las fuerzas de Baybars y volvieron a su lugar de origen poco después91. Por
último, un cuarto plan pudo haber prolongado la existencia del Acre franco por un
cierto tiempo. A primeros de 1290 o 1291, Jaume el Just, rey de Sicilia (insular) entre
1285 y 1295 –que, tras la muerte de su hermano Alfons el Franc acaecida en junio
de 1291 se convertiría en rey de Aragón–, ofreció al papa Nicolás IV enviar a Acre, a
su cargo, 20 galeras con 1.000 almogávares y 1.000 ballesteros que emprenderían
una guerra defensiva y ofensiva contra el sultán mameluco. Las galeras regresarían
a Sicilia y después, en la primavera siguiente, el rey mismo iría a Acre con 40 galeras,
400 caballeros, 1.000 ballesteros y 1.000 almogávares adicionales, y permanecería
allí durante un año92. Pero este plan tampoco se materializó y los mamelucos con-
quistaron Acre el 18 de mayo de 1291.
La investigación preliminar que presentamos en este estudio indica que las rela-
ciones entre Iberia y el Levante franco constituyen un tema prometedor. Un examen
detallado de las fuentes peninsulares, así de las publicadas como de las todavía inédi-
tas, podría ofrecernos una imagen más rica y matizada. Sin embargo, hay una hipó-
tesis que me parece que habría que rechazar: la que sugiere que el patriarca Aimery
de Antioquía habría estudiado en Toledo en su juventud, entrando en contacto, en
dicha ciudad, con el arzobispo Ramón, al que habría enviado desde Antioquía, hacia

88 Acerca de la posible motivación de Alfonso I, véase Lourie, E., “The Will of Alfonso I, ‘El Batallador’, King of
Aragon and Navarre: A Reassessment”, Speculum, 50 (1975), p. 635-651; Forey, A. J., “The Will of Alfonso I
of Aragon and Navarre”, Durham University Journal 73 (1980-1981), p. 59-65; Lourie, E., “The Will of Alfonso
I of Aragon and Navarre: A Reply to Dr. Forey”, Durham University Journal, 77 (1984-1985), p. 165-172. Los
artículos de la Prof. Lourie se reimprimieron en su Crusade and Colonisation, Aldershot, 1990, artícoli III y IV.
89 Urkunden der lateinischen Könige von Jerusalem, op. cit., no 645, vol. 3, p. 1061-1066.
90 Véase Miret I Sans, J., Itinerari de Jaume I “El Conquistador”, Barcelona, 1918, p. 303. El rey planeó una en 1260
“contra populum Tartarorum” (la abortada expedición de 1269); véase p. 424-430; Paterson, L., “James the
Conqueror, The Holy Land and the Troubadours”, Cultura Neolatina, 71 (2011), p. 211-286. Agradezco al Prof.
Jonathan Phillips que atrajera mi atención a este artículo.
91 Cronaca del Templare di Tiro, op. cit., §114.3-4, p. 114-115; cf. Runciman, S., A History of the Crusades, 3 vols.,
Cambridge, 1951-1954, vol. 3, p. 330-331. En 1271-1272 Jaime I reembolsó sus gastos a los caballeros que habían
perdido mulas y caballos peleando cerca de Acre y alquilando casas en la ciudad, “quod loguerium ascendebat
ad summam CXXX bisanciorum ultramarinarum:” Miret I Sans, J., Itinerari de Jaume I, op. cit., p. 447, 464.
92 Finke, H., Acta Aragonensia, op. cit., vol. 1, p. 2-7, doc. 2. Véase también Claverie, P.-V., “La dévotion envers les
Lieux saints dans la Catalogne médiévale”, p. 135.

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1140, el tratado escrito en castellano La Fazienda de Ultra Mar, que denota, entre otras
cosas, un buen conocimiento del hebreo y de la exégesis judía. Lamento haber desem-
peñado involuntariamente un papel en la propagación de esta hipótesis: en una nota
a pie de página de un artículo publicado en 1983, incluí la Fazienda entre los trabajos
escritos en el este franco durante la primera mitad del siglo XII, siguiendo con ello a
Joshua Prawer93. Mi nota fue causa de una minuciosa discusión de Rudolf Hiestand
en 1994 que, a su vez, hizo que Bernard Hamilton adoptara la hipótesis en 199594.
Mea maxima culpa! Pues, si bien es cierto que Moshé Lazar, que editó la Fazienda en
1965, evocó la posibilidad de que su autor, Americh, archidiácono de Antioquía, pu-
diera ser la misma persona que Aimery de Limoges, que sería más tarde patriarca de
Antioquía, diversos expertos en lengua y literatura castellanas rechazaron de plano
la aserción de Lazar según la cual la Facienda habría sido escrita en la primera mitad
del siglo XII, datándola de unos cien años más tarde95. También se puede descartar la
hipótesis de que el texto castellano sea una traducción de uno latino anterior, aunque
sí podría ser dependiente, en parte, de un texto francés del XIII.

Fecha de recepción / date of reception / data de recepción: 1-XII-2016


Fecha de aceptación / date of acceptance / data de aceptación: 1-III-2017

* Una versión anterior de este artículo se leyó en la Octava Conferencia de la Society for the
Study of the Crusades and the Latin East, Cáceres, 25-29 junio 2012. Traducido al español
por Raquel Sperber.

93 Prawer, J., The Latin Kingdom of Jerusalem, op. cit., p. 524-525; Kedar, B.Z., “Gerard of Nazareth: A Neglected
Twelfth-Century Writer in the Latin East. A Contribution to the Intellectual and Monastic History of the Crusader
States”, Dumbarton Oaks Papers, 37 (1983), p. 55, n. 2, reimpreso en mi The Franks in the Levant, op. cit., artículo IV.
94 Hiestand, R., “Un centre intellectuel”, op. cit., p. 8-16, 32-35; Hamilton, B., “Aimery of Limoges, Patriarch of
Antioch: Ecumenist, Scholar and Patron of Hermits”, en The Joy of Learning and the Love of God: Studies in
Honor of Jean Leclercq, Elder, E.R. (ed.), Cistercian Studies 160, Kalamazoo, 1995, p. 271, reimpreso en su
Crusaders, Cathars and the Holy Places, Aldershot, 1999, artículo VIII.
95 Sus argumentos se resumen en Kedar, B.Z., “Sobre la génesis de la Fazienda de Ultra Mar”, Anales de
Historia Antigua y Medieval (Buenos Aires), 28 (1995), p. 131-136, reimpreso en mi Franks, Muslims and
Oriental Christians in the Latin Levant, op. cit., artículo XII; NB ibid., Addenda et corrigenda, p. 3.

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