Lección No 50 ELISEO Y EL HIJO DE LA SUNAMITA
2Reyes cap. 4 vers. 17-37 Texto: S. Lucas 10:9a
2ªReyes 4:17-20 2ªReyes 4:21
2ªReyes 4:22-28 2ªReyes 4:29-35
2ªReyes 4:36-37
17
Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había
dicho.
18
Y el niño creció. Pero aconteció un día, que vino a su padre, que estaba con los
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segadores; y dijo a su padre: ¡Ay, mi cabeza, mi cabeza! Y el padre dijo a un criado: Llévalo
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a su madre. Y habiéndole él tomado y traído a su madre, estuvo sentado en sus rodillas
21
hasta el mediodía, y murió. Ella entonces subió, y lo puso sobre la cama del varón de Dios,
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y cerrando la puerta, se salió. Llamando luego a su marido, le dijo: Te ruego que envíes
conmigo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de
23
Dios, y regrese. El dijo: ¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo.* Y
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ella respondió: Paz. Después hizo enalbardar el asna, y dijo al criado: Guía y anda; y no
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me hagas detener en el camino, sino cuando yo te lo dijere. Partió, pues, y vino al varón de
Dios, al monte Carmelo.
Y cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Giezi: He aquí la sunamita.
26
Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla, y le digas: ¿Te va bien a ti? ¿Le va bien
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a tu marido, y a tu hijo? Y ella dijo: Bien. Luego que llegó a donde estaba el varón de
Dios en el monte, se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla; pero el varón de
Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el
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motivo, y no me lo ha revelado. Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no
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te burlases de mí? Entonces dijo él a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi báculo en tu
mano, y ve; si alguno te encontrare, no lo saludes, y si alguno te saludare, no le
respondas; y pondrás mi báculo sobre el rostro del niño. 30Y dijo la madre del niño: Vive
Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. 31El entonces se levantó y la siguió. Y Giezi
había ido delante de ellos, y había puesto el báculo sobre el rostro del niño; pero no tenía
voz ni sentido, y así se había vuelto para encontrar a Eliseo, y se lo declaró, diciendo: El
niño no despierta.
32
Y venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba muerto tendido sobre su cama.
33
Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró a Jehová. 34Después subió y se
tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y
sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del niño entró en
calor. 35Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se
tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos. 36Entonces
llamó él a Giezi, y le dijo: Llama a esta sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo:
Toma tu hijo. 37Y así que ella entró, se echó a sus pies, y se inclinó a tierra; y después
tomó a su hijo, y salió. 17Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el
tiempo que Eliseo le había dicho.
18
Y el niño creció. Pero aconteció un día, que vino a su padre, que estaba con los
19
segadores; y dijo a su padre: ¡Ay, mi cabeza, mi cabeza! Y el padre dijo a un criado:
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Llévalo a su madre. Y habiéndole él tomado y traído a su madre, estuvo sentado en sus
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rodillas hasta el mediodía, y murió. Ella entonces subió, y lo puso sobre la cama del
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varón de Dios, y cerrando la puerta, se salió. Llamando luego a su marido, le dijo: Te
ruego que envíes conmigo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya
corriendo al varón de Dios, y regrese. 23El dijo: ¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva
luna, ni día de reposo.* Y ella respondió: Paz. 24Después hizo enalbardar el asna, y dijo al
criado: Guía y anda; y no me hagas detener en el camino, sino cuando yo te lo dijere.
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Partió, pues, y vino al varón de Dios, al monte Carmelo.
Y cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Giezi: He aquí la sunamita.
26
Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla, y le digas: ¿Te va bien a ti? ¿Le va bien
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a tu marido, y a tu hijo? Y ella dijo: Bien. Luego que llegó a donde estaba el varón de
Dios en el monte, se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla; pero el varón de
Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el
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motivo, y no me lo ha revelado. Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no
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te burlases de mí? Entonces dijo él a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi báculo en tu
mano, y ve; si alguno te encontrare, no lo saludes, y si alguno te saludare, no le
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respondas; y pondrás mi báculo sobre el rostro del niño. Y dijo la madre del niño: Vive
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Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. El entonces se levantó y la siguió. Y Giezi
había ido delante de ellos, y había puesto el báculo sobre el rostro del niño; pero no tenía
voz ni sentido, y así se había vuelto para encontrar a Eliseo, y se lo declaró, diciendo: El
niño no despierta.
32
Y venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba muerto tendido sobre su cama.
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Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró a Jehová. 34Después subió y se
tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y
sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del niño entró en
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calor. Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se
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tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos. Entonces
llamó él a Giezi, y le dijo: Llama a esta sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo:
Toma tu hijo. 37Y así que ella entró, se echó a sus pies, y se inclinó a tierra; y después
tomó a su hijo, y salió.