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Trabajo Sobre La Vivienda

El documento analiza la evolución de las tipologías de vivienda en Argentina entre 1880 y 1930, destacando cómo la situación económica de las familias determinó el tipo de vivienda que poseían. Se observa un cambio en el diseño y la funcionalidad de las casas, desde las opulentas de la clase alta hasta las más simples de los sectores populares, reflejando una mezcla de influencias europeas y locales. Además, se menciona la transición hacia la construcción de departamentos y casas colectivas, impulsada por la modernización y la necesidad de maximizar el uso del espacio urbano.

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Trabajo Sobre La Vivienda

El documento analiza la evolución de las tipologías de vivienda en Argentina entre 1880 y 1930, destacando cómo la situación económica de las familias determinó el tipo de vivienda que poseían. Se observa un cambio en el diseño y la funcionalidad de las casas, desde las opulentas de la clase alta hasta las más simples de los sectores populares, reflejando una mezcla de influencias europeas y locales. Además, se menciona la transición hacia la construcción de departamentos y casas colectivas, impulsada por la modernización y la necesidad de maximizar el uso del espacio urbano.

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Para reconocer y caracterizar las distintas tipologías de vivienda que se desarrollaron en nuestro

país entre los años 1880-1930, analizaremos los distintos textos otorgados por la cátedra,
haciendo algunos breves comentarios sobre los mismos que nos permitan entender un poco más
el tema planteado.

En el texto “La vivienda opulenta en Buenos Aires: 1880-1900, hechos y testimonios”, el arquitecto
Rafael Iglesias comienza estableciendo consideraciones previas que ayuden a poner en contexto la
problemática de la vivienda. Enuncia que a finales del siglo XIX, el tipo de vivienda con el que
contaría una familia dependería exclusivamente de la situación económica que esta enfrentase,
formándose tres grupos: los ricos y sus viviendas opulentas, la burguesía y sus casas medianas, y
los pobres junto con su hábitat.

Con la relocalización urbana que transitaron los ricos en la ciudad de Buenos Aires a partir de la
década del ‘60, trasladando sus familias a la zona norte de la calle Rivadavia, extendiéndose hasta
el Barrio Norte, se dio lugar a un nuevo diseño de sus viviendas, intentando cumplir con el cobijo,
la realización de actividades, el símbolo, gasto y arte. Para 1900 la tendencia estaba consolidada y
era en la parte norte de la ciudad donde se localizarían, además de los ricos, los bancos, teatros,
hoteles; todos símbolos de la cultura y la riqueza con la que contaba la ciudad, y era por esto que
éste era el lugar ideal para la localización de las familias más ricas de aquel entonces. Continuando
con la idea de cambio la tipología se sufre un cambio en el partido de las viviendas ricas. Se
abandona la casa patriacal de planta baja organizada a través de un eje perpendicular a la calle,
con techos planos y accesibles y fachadas no muy ornamentales. Es importante destacar de que a
pesar que se abandonan muchos criterios constructivos, la idea de PATIOS sigue pensándose como
la clave de la organización territorial de la vivienda, contando siempre que se pueda, con más de
uno, pudiéndose destinar estos a cada uno de los integrantes de la familia rica, sus criados y sus
actividades.

Hasta cerca de 1880 la casa patriarcal siguió siendo un modelo para las clases medias, al mismo
tiempo que los ricos la abandonaron.

Para 1900, muchas casas se habían demolido o utilizado para otras funciones, ya que sus
dimensiones y flexibilidad permitían que se las adapte a otro partido. Los modos culturales, tales
como el abandono de una vida hogareña, el pasaje a pequeñas reuniones protocolares en vez de
grandes eventos, distintos avances tecnológicos, y una creciente imitación de las costumbres
europeas, habían cambiado, acompañando y motivando al reemplazo tipológico de la vivienda. A
su vez, se impone cada vez más la tendencia de construir viviendas en altura, abandonando la casa
de un nivel de mediados del siglo XIX, pudiendo mediante la construcción en altura aprovechar la
planta baja para negocios.

Un concepto importante luego de las distintas re-direcciones que había sufrido la vivienda, es la
idea de “habitar a la Europa”, abandonando el “sello local” tras la europeización que sufría el país,
dada por la inmigración creciente y la transculturación practicada por las clases sociales más altas.
En estas mezclas de lo nuevo europeo con la tradición patriarcal, los patios, muy disminuidos,
siguen alineando según el eje perpendicular a la línea de fachada; los dormitorios se ubican en la
planta alta y aparecen otras habitaciones con nuevas funciones: la gran sala de recepción y sus
espacios sirvientes (vestíbulo, ante-sala, sala, saloncitos y hall de escalera) y el comedor. Comenzó,
así, una mutación que habría de culminar en una extrema diafragmación de los espacios
interiores, cuyos centros son la sala de fiestas y el comedor, a los que se accede a través de
pequeños espacios sirvientes enhebrados como un rosario y con funciones a veces
arbitrariamente diferenciadas: fumar, charlar, tomar café, etc. Más allá de cuán bellas puedan
verse dichas construcciones de la época, es importante destacar que por lo general estas estaban
lejos de ofrecer el confort de la gran mayoría de viviendas europeas.

Con el pasar de las épocas y las distintas modificaciones normativas y de gusto que sufrió Buenos
Aires, se dejaron de lado las casas tan grandes, compactándose los terrenos y las construcciones,
dejando de lado un partido de extensas e innecesarias habitaciones, para pasar a reducirse sólo en
lo que ahora se creía importante mantener. “El lujo ha cambiado de naturaleza”, y es este
concepto el que ha dado el pie a cambios de tipología en la vivienda de la clase burguesa,
distinguiéndose como hotel particular ubicado en plena ciudad, petit hotel y su solución más
económica, y el palacete, llegando luego el modelo francés, cuyos ejemplos son más notorios en
el siglo XX, contando con un subsuelo de servicio, una planta noble de recepción con gran hall de
escalera, salas de recepción, comedor, saloncillos, jardín de invierno, una planta para los
dormitorios principales, recibo íntimo y un ático o buhardilla con habitaciones de servicio.

En los distintos tipos de construcciones analizadas, esta arquitectura, al igual que en Europa,
estuvo animada por el Eclecticismo. El carácter de los ornamentos, los arreglos y su disposición
son de un estudio totalmente personal del arquitecto, que lleva a la diversificación y
heterogeneidad de las viviendas, tanto de sus fachadas como de su mobiliario e interiores. La idea
del ornamento ecléctico estuvo animada por la exhibición del rango social, a través de la
ostentación de riquezas. La casa, como objeto de uso, se transformó en símbolo de status, dando
importancia a la connotación social que esta señala, otorgándole el título de “ciudadano
importante” a quien la habite. Esta fue una estrategia practicada en la ciudad de Buenos Aires, ya
que al manifestarse un importante aumento en la población en los años cercanos al 1900, ya era
imposible conocer a todas las familias que acobijaba la ciudad. La vivienda opulenta entonces, se
caracterizó por estar cargada de adornos con grandes y pesadas cortinas en las puertas, lujosos
muebles, profusión de cuadros y bronces, lucida cristalería en los aparadores, una impresión
fuerte de pesadez, de aglomeración excesiva, nada de mérito a pesar de su precio. La
transculturación excesiva llevo a la mezcla y convivencia de distintos estilos dentro de una misma
vivienda, siendo este criterio bien visto, ya que reflejaba la libre elección, el carácter
extraordinario y curioso, junto con la “necesidad de aparecer” que era signo de situación social.
Destacamos la función del arquitecto y su ingenio en este punto, ya que la casa lujosa fue
considerada un objeto de arte y arquitectura, más que una actividad práctica. El arquitecto era
considerado un artista más que un constructor, y su deber era de embellecer la monumentalidad,
dándole más importancia a la apariencia que a la funcionalidad. Sumado a esto, se agrega la
preocupación por la higiene y la comodidad, en la que varios críticos de la época demarcan la
necesidad de una mayor preocupación por estos temas, dejando de lado la importancia de la
excesiva decoración.

En medio de los cambios de partido, la tecnología impuso otras modificaciones: hierro y acero,
perfiles laminados que reemplazaron a las vigas de madera dura, ladrillos cocidos unidos con
mortero a la cal, revestimientos de papel, azulejos y cerámica, cemento, pizarras y cinc,
iluminación a gas y luego eléctrica, reemplazo del fogón por la cocina económica de hierro
fundido, agua corriente y cloacas, chimeneas. Cambios muy importantes se dieron en las
instalaciones y que dieron su principal fruto en el diseño y mejoramiento de los baños y cocinas de
la época. Estos adelantos apoyaron la idea de lo higiénico, el perfecto aseo y la comodidad
absoluta del arte sanitario. El baño a partir de esto se generalizó después de 1910, necesitando de
un recinto costoso donde se ubicaran la bañera, el lavabo, la ducha, el inodoro de sifón y pedestal,
etc. Sin embargo, la higiene preocupó más en el diseño de las “casas para pobres” que en el de las
casas para ricos, recomendando medidas dentro de todo accesibles para todos que había que
cumplir para una buena higiene y salubridad en estos sectores.

Luego de exponer algunos de los principales motivos que le dieron fuerza a la realización de
viviendas opulentas en la ciudad de Buenos Aires a finales del siglo XIX, destacamos nuevamente
que estas viviendas estaban destinadas a otorgar seguridad social. En los momentos de extrema
fluidez social, era difícil saber quién era quién, sobre todo respecto a los recién llegados. Como
indicadores de status, las casas eran instrumentos necesarios para el desarrollo de relaciones
sociales, políticas y comerciales.

Habiendo utilizado este primer texto como referencia para explicar las viviendas de las clases altas,
continuaremos con el texto de Jorge Francisco Liernur “XVIII. Casas y Jardines. La construcción del
habitar humano” que nos permitirá avanzar un poco más sobre las ideas propuestas y completar
algunos conceptos que no fueron tomados con anterioridad.

Este autor comparte la idea de que desde un punto de vista sintético, la casa de esta época puede
ser vista como la complejización de las acciones elementales de abrigo y guardado, critiando a la
vivienda desarrollada hasta ese entonces y proponiendo una mayor privatización de los espacios
de la vivienda que se creían más bien públicos. Dentro de este contexto posmoderno, también
hunde sus raíces la casa de patio lateral con cuartos de ristra, la casa chorizo.

Bajo el título de “vida nueva, casa nueva”, Liernur, al igual que lo hizo Iglesias, establece tipos de
vivienda según las tres clases sociales de la época, entendiendo que este fenómeno se da por un
cambio en la concepción de la vivienda acompañado de una modernización incesante que afecta a
todos los órdenes de la vida, incluyendo el habitar doméstico. En este proceso, se logra
principalmente una clara separación entre los espacios de la intimidad y el mundo exterior,
público o privado. En las viviendas apra ricos se adoptará el pasillo como circulación separadora de
cuerpos y cosas; las tuberías y la novedosa energía de la electricidad.
Mientras las casas de ricos se especializan y engordan en sus servicios y funciones, los sectores
populares del Río de la Plata continuarán prefiriendo el tipo antiguo y austero de patio lateral, Su
resistencia a los cambios tiene varios motivos. Los más obvios son la falta de recursos, pero hay
que considerar otras razones. La relativa inestabilidad de la estructura productiva argentina, sus
cambios y adaptaciones a los vaivenes de la demanda internacional, las variaciones estacionarias
de empleo en el campo, las oscilaciones del movimiento inmigratorio están también en la base de
la persistencia. Por todos estos motivos se prefiere la casa de patio lateral, ya que puede albergar
a una unidad familiar compleja y ampliada, puede funcionar como fuente de recursos eventual
mediante el alquiler de sus cuartos por separado o puede elojar pequeños talleres de costura,
artesanías o reparaciones. Y mientras tanto determina y permite, en su relativa transparencia, las
relaciones fluidas entre los seres.

Entre la compleja casa de los ricos y ese organismo simple de los suburbios más pobres, se
desarrollan nuevas formas de habitar de los sectores medios: el cottage y el chalet, destinadas a
familias de profesionales, burócratas, empleados directivos, comerciantes y pequeños industriales,
caracterizados por la tendencia de compactación y la articulación de los espacios que las
componen, ubicadas en terrenos pequeños y generalmente ocupando solo dos plantas.

Por motivos que mencionaba el Arquitecto Iglesias, el fenómeno de compactación citado también
por Liernur, se convierte en algo real y tangible, y fue ésta la que llevó a la concepción de “el
departamento”, producto de la compactación ensayada en cottages o chalets. Se trata de la forma
con que la habitación alcanza el estatuto de la “mercancía”, categoría nuclear de la producción
moderna. El departamento es un producto de autores anónimos destinado a usuarios anónimos.
Con el tiempo, también los procesos de producción de éstos irán apuntando a conseguir la máxima
reproductibilidad. El departamento más frecuentemente utilizado en estos casos constitía en una
casa de patio lateral de dos o tres cuartos. A lo sumo, estas construcciones sumaban unidades de
dos plantas. El apilamento en plantas y la aparición en varios niveles por especulación imnobiliaria,
llevaron al alquiler de las distintas unidades funcionales, pero en sus aspectos más negativos,
sufrían inconvenientes higiénicos, como iluminación y ventilaci´n deficientes en las plantas bajas o
una creciente promiscuidad sonora. En el período analizado, se demarca una multiplicación del
departamento, ya que el intento de reemplazar las organizaciones simples heredadas de período
colonial y el proceso de compactación, llevaron a su creciente desarrollo.

La casa colectiva en altura es un tipo edilicio creado con el objetivo de obtener el máximo
beneficio en operaciones inmobiliarias de tipo comercial. La aparición del ascensor hizo que se
reduzcan al máximo las estructuras y se maximice el aprovechamiento de la verticalidad. Para
obtener un mayor beneficio, fue necesario un incentivo cultural que haga ver al fenómeno de la
compactación como una transformación positiva y no como un símbolo de pobreza. Ampliando
este concepto, la disminución de los espesores, estructuras y tabiques, la desaparición de los
límites formales de los recintos, llevaron a la creación de los “loft” contemporáneos, considerados
estos como la reducción de la casa a un ambiente único en el que las distintas funciones se
desarrollan en ámbitos separados entre sí de manera virtual, transitoria o incompleta. A su vez, la
concentración de las zonas de servicios, la reducción de la zona destinada al personal doméstico,
la radical eliminación de los lugares intermedios y de circulación, el antecomedor, la antecámara,
la antesala y el hall; llevó al abandono de las normativas clásicas de la composición arquitectónica,
tales como el ordenamiento axial, la simetría, la unidad de los recintos, la euritmia, las tramas
modulares constantes, la marche y el poché.

A diferencia de Iglesias, Liernur hace un detallado y especial detenimiento en el significado de las


distintas habitaciones de la vivienda y en su cambio de concepción dependiendo de la etapa que
transcurra. Aclara que así como el período que estudiamos puede dividirse entre una primera
etapa en la que se formularon y construyeron los nuevos dispositivos del habitar moderno y una
segunda etapa en la que todos aquellos se compactaron, una mirada más cercana permite
comprobar que el paso de una fase a la otra fue acompañado por los cambios en las características
de las funciones, formas, texturas, y el equipamiento de los ámbitos que integraban tales
dispositivos.

Todos los sectores sociales pasaron a tener como referente un nuevo imaginario doméstico
común, vinculado a la “gracia”, es decir, un variable gusto medio construido por los medios
masivos de comunicación. A través de distintas publicaciones, se tratan y caracterizan los distintos
tipos de ambientes de una vivienda de la época, entendiendo que durante el período analizado
pueden registrarse tres etapas: la primera se extiende hacia aproximadamente 1910, y entiende
que la habitación debe cumplir con múltiples funciones, siendo un recinto reservado a la mayor
privacidad, sin dejar que esto se reduzca exclusivamente al individuo. Tanto para los pobres como
para los ricos, la alcoba es todavía colectiva, y dicha convivencia es tanto de día como de noche. A
mediados de la primera década del nuevo siglo, parece iniciarse una segunda etapa que se
distingue por la separación entre adultos y niños, y por la caracterización del cuarto en función de
quien lo habita, ya que con respecto al cuarto de niños, esta desea constituirse como una
verdadera máquina pedagógica, que retenga y enseñe. Es importante destacar que las
habitaciones no eran solo una, sino que se constituían y organizaban como veradaeros
apartamentos mediante una serie de cuartos intermedios como el boudoir, la antecámara, el
saloncito, la biblioteca o la sala para fumar. La tercera etapa iniciada aproximadamente en los
promeros años del siglo 1920, fomentó la idea de “nuevo sujeto” solitario, que no remiten a la
imagen de la familia tradicional. Esta individualización del sujeto llevó a la oferta de dormitorios o
habitaciones aisladas, y a su posterior coexistencia de distintas actividades en una misma
habitación, reduciendo en las viviendas el número de espacios existentes. Concentrándonos ahora
en el único cuarto destinado a dormir, reflexionamos acerca de cuestiones como la cama, según el
gusto personal del ocupante; las telas, intentando la reducción de su uso en las habitaciones por
cuestiones médicas de salubridad y normas higienistas, tanto en cortinas como fundas de
cubrecama, almohadas y paredes.

Dentro de este capítulo de distinción de espacios funcionales en la vivienda, el autor señala “el
living” como un nuevo fenómeno en el habitar. En la casa de los primeros años del siglo XX, la sala
no es todavía el lugar donde trabaja, estudia o conversa la familia, lo cual quizás se realizaba en la
habitación o en la cocina. Se consideraba un poco inexplicable la función de dicho ambiente, ya
que aquí ni se come ni se duerme ni se trabaja, entendiendo luego que la sala sería un lugar de
recibimiento, de transición, que no actúa como filtro entre lo privado y lo externo, sino que la sala
se instala más bien como una rótula entre lo doméstico y lo público. La sala es la verdadera cara
de la casa, es un lugar propio para objetos bonitos, retratos de la familia, mesitas, repisas, vitrinas,
sillones, y etc. que pudieran decir cómo es la familia que allí vive. A partir de la multiplicidad
funcional ya nombrada anteriormente, vemos como espacios antes divididos pero en relación
como lo son el comedor y la sala, pasan a convertirse luego del proceso de compactación de
superficies en una fusión inédita: living-room. En 1911 ya se critica a la sala como una pieza
completamente inútil para la mayoría de las familias. El living-room es una habitación que se
transforma y en la cual se puede pasar todo el día.

Con respecto a “la cocina”, el autor hace una especial diferencia de que tanto ésta, como sus
características dependerán fuertemente de la clase social de la que estemos hablando. En cuanto
a la clase alta, la cocina será un gran espacio ocupado por varios sirvientes; si hablamos de la clase
baja, la cocina se reducirá al brasero instalado en la pieza o patio del conventillo; y refiriéndonos a
la clase media, entendemos que se gastaba gran parte de los sueldos en alimentos, los que de por
sí eran bastante caros a menos que se recurra algunos nuevos lugares donde podrían abaratarse
los costos, utilizando como medio de calor el carbón. Más allá de varios detalles que proporciona
Liernur con respecto a la cocina, la importancia de su distinción en el texto radica en comprender
que este ambiente era visto como una habitación oscura, saturada de los gases de combustión,
penetrada hasta el interior de sus paredes de olores de comida, negra de humo y hollín, sucia de
cenizas, con una temperatura endiablada, separándola de otras funciones por considerárselo un
lugar poco habitable y de amenaza. Aquí es importante destacar el cambio de concepción con
respecto a la salubridad que también tomaba Iglesias, ya que la idea de higiene dentro de la cocina
fue un punto importante para cambiar la concepción que se tenía de ella. Se daban consejos para
una máxima higienización de este ambiente, la preservación de los alimentos y el ahorro en los
gastos. Tanto con los avances en la tecnología de la industria, como con el buen aprovechamiento
de materiales constructivos, la “cocina moderna ideal” llega a comparársela con un hospital en el
mejor de los sentidos. Ya en 1923, la cocina se considera “ultramoderna”, eficiente pero fría,
pulcra pero poco atractiva.

Por último en el capítulo desarrollado, Liernur puntualiza sobre “el baño” de la vivienda argentina,
desde el lado de una compartimentación novedosa y moderna como ninguna otra, entendiendo
una vez más que las funciones higienísticas que se realizaron en el dormitorio y la cocina,
competerán también en el baño, y su paso desde un retrete ubicado en una zona alejada de la
casa, a un ambiente mucho más habitable. Aquí es importante saber que las dificultades en redes
cloacales y pozos, las deficiencias económicas, técnicas e higienísticas, llevaban a una incorrecta
localización de estos artefacto, ya que debían estar lo mas cerca posible de la línea municipal.
La introducción del artefacto inodoro aproximadamente a partir de 1885 será determinante en
este proceso de fijación y especialización técnica de la unidad “baño”, junto con la posterior
aparición de mingitorios, lavatorios y bañeras. Con respecto a las ideas de compactación y
unificación, no podemos dejar de nombrar que el cuarto de baño y tocador se funden en un solo
ambiente, convirtiendo en un solo lugar al cuarto de baño de asear y aliñar a una persona.
Para ir concluyendo con el texto analizado, y dejando cerrado todo el detallado análisis de los
distintos ambientes de la vivienda y sus respectivos cambios con respecto a los criterios de
salubridad y compactación, el autor establece mediante distintas teorías y experiencias la
construcción de la noción de “vivienda popular” y sus posibles modelos en nuestro país.
Las primeras casas para obreros se edificaron en torno al Edificio Recoleta en la primera mitad de
la década de 1870, vinculadas a las obras públicas. Con el pasar de los años lograron instalarse en
distintos barrios de la ciudad de Buenos Aires, gracias al municipio y a la participación de los
sectores públicos en su construcción, lograron multiplicarse por toda la ciudad y diversificarse en
las más interesantes propuestas. En general, las viviendas construidas por las empresas no estaban
destinadas a los obreros sino a dirigentes o empleados medios. También era habitual que se
alojara a los obreros en conventillos construidos por las mismas empresas.
En 1907 se produjo una gigantesca huelga contra los altos alquileres por parte de los inquilinos de
la Capital Federal. Garzón Maceda consiguió que se aprobara la ley de Casas Baratas en la
provincia de Córdoba, mientras que en la Capital Federal la donación de un terreno por aprte de
Azucena Butteler dio lugar a la primera inervención de la Municipalidad.
Los primeros proyectos de legislación comenzaron a discutirse al comenzar el nuevo siglo y en
1905 se sancionó la ley que permitía a la Municipalidad de Buenos Aires emitir títulos y transferir
terrenos destinados a la construcción de barrios obreros.

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