Las organizaciones internacionales
DIEZ DE VELASCO, Manuel
La formación del derecho internacional por las organizaciones
internacionales
1. Ideas generales
Las OI han proliferado y adquirido un papel clave en la formación del Derecho
Internacional, ya sea mediante nuevas técnicas centralizadas de creación
normativa o influyendo en los métodos tradicionales como la costumbre y el
tratado. Aunque el artículo 38 del Estatuto del Tribunal Internacional de Justicia
no las menciona como fuente del Derecho Internacional, su actividad
normativa ha crecido significativamente. Actualmente, sus actos jurídicos
pueden considerarse parte del ordenamiento internacional.
Las OI poseen voluntad jurídica propia, independiente de sus Estados
miembros, pero su actividad normativa debe ajustarse a las competencias
otorgadas en su instrumento constitutivo y a los objetivos fijados por sus
miembros. Para determinar su competencia normativa, es necesario analizar
sus reglas internas, incluyendo su tratado constitutivo y resoluciones
adoptadas.
Cada OI tiene un orden jurídico particular compuesto por un derecho originario
(su tratado fundacional y anexos) y un derecho derivado (normas creadas por
sus órganos). Este derecho derivado, de carácter secundario y autoritario,
contribuye a la creación de normas internacionales de forma directa, mediante
sus propios actos jurídicos, o indirectamente, influyendo en la formación de
tratados y costumbres internacionales.
2. Los actos jurídicos de las organizaciones internacionales como fuente
autónoma del derecho internacional
Las OI son sujetos de Derecho Internacional creados por los Estados, con
estructura institucional propia y capacidad para generar voluntad jurídica
independiente. Esta voluntad se manifiesta a través de actos unilaterales o
mediante la concertación de tratados, si su normativa lo permite.
La participación de las OI en tratados ha sido reconocida en el Convenio de
Viena de 1986. Sin embargo, aquí se analizarán exclusivamente sus actos
unilaterales. La capacidad de una OI para crear normas unilaterales depende
de su instrumento constitutivo. Cuando lo permite, sus actos pueden adoptar
diversas denominaciones (resoluciones, decisiones, recomendaciones, etc.),
aunque su carácter obligatorio no depende del nombre, sino de su contenido y
de las normas internas de la OI.
Algunas resoluciones generan efectos jurídicos vinculantes, mientras que otras
son meras recomendaciones. Por ello, es necesario analizar cada caso según el
instrumento constitutivo y la práctica de la OI. En ciertos casos, órganos
judiciales internos, como el Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina o el de
la UE, precisan su alcance.
La actividad normativa de las O.I. se divide en normas auto-reguladoras, que
rigen su funcionamiento interno, y normas dirigidas a otros sujetos
internacionales, sean Estados u otras OI. Algunas normas tienen efectos
mixtos, combinando ambos aspectos.
a. Competencia normativa interna
Las reglas de una OI regulan su funcionamiento, administración y evolución en
el entorno internacional. Estas normas, de carácter constitucional,
administrativo o financiero, afectan a la propia OI, sus órganos, Estados
miembros, funcionarios y, en algunos casos, a personas físicas y jurídicas.
A través de estas normas, la OI define la competencia y funciones de sus
órganos, los procedimientos internos y la representación internacional.
También regula la función pública internacional, su régimen financiero y el uso
de sus instalaciones.
Algunas resoluciones tienen alcance individual, atribuyendo estatus o
funciones a personas, Estados u otras O.I. (ej. admisión, suspensión,
designación). Otras son de alcance general, como reglamentos internos y
financieros.
Excepcionalmente, algunas OI pueden modificar sus normas fundamentales
con efecto obligatorio para los Estados miembros, como ocurre en la UE bajo
ciertas condiciones. También existen resoluciones financieras que fijan gastos
y contribuciones estatales.
La normativa interna de una OI incluye actos no vinculantes (recomendaciones,
dictámenes) y actos obligatorios (reglamentos, resoluciones). Los instrumentos
constitutivos suelen otorgar a los órganos de la O.I. competencia para adoptar
reglamentos internos, crear órganos secundarios y regular la función pública y
el presupuesto. Ejemplos de ello son las comisiones económicas de la ONU, los
tribunales penales internacionales o los reglamentos financieros que
determinan los recursos de la OI, sean contribuciones estatales o fondos
propios.
b. Competencia normativa externa
Algunas OI emiten decisiones obligatorias (UE, Comunidad Andina, OMS) o
recomendaciones no vinculantes (ONU, Consejo de Europa).
i. Las recomendaciones
Las OI pueden emitir recomendaciones no obligatorias, pero con impacto
político y valor jurídico. En algunos casos, los Estados deben informar sobre su
cumplimiento o justificar su rechazo. Si los destinatarios aceptan la
recomendación, esta puede adquirir carácter obligatorio como acuerdo
simplificado.
ii. Las decisiones
Las OI pueden emitir decisiones obligatorias, especialmente cuando se adoptan
por mayoría, afectando a todos los Estados miembros, incluso a quienes
votaron en contra o se abstuvieron. Algunas decisiones son individuales,
dirigidas a destinatarios específicos, mientras que otras tienen alcance general,
imponiendo obligaciones de resultado o de comportamiento.
La UE es el ejemplo más avanzado de OI con capacidad legislativa,
diferenciando entre actos legislativos y no legislativos. Otras OI técnicas, como
la OMS y la OACI, también pueden adoptar normas obligatorias en sus áreas. El
Consejo de Seguridad de la ONU emite decisiones con carácter universal y
obligatorio, esenciales para el mantenimiento de la paz y la seguridad, como
confirmó el TIJ en el caso Namibia.
3. La incidencia indirecta de los actos jurídicos de las organizaciones
internacionales en la formación del derecho internacional
Actualmente, más de trescientas Organizaciones operan en la Sociedad
internacional, algunas con vocación universal, otras regional, y con objetivos
generales o particulares. Todas contribuyen a institucionalizar la Sociedad,
creando foros permanentes para discusiones y resoluciones. Aunque la
mayoría de estas resoluciones no crean normas jurídicas obligatorias,
especialmente las provenientes de Organizaciones universales, pueden influir
en el desarrollo del Derecho internacional, contribuyendo a la formación de
tratados y costumbres.
a. La incidencia de las OI en la preparación y adopción de Tratados
multilaterales
Las Organizaciones pueden contribuir esencialmente de dos maneras a la
formación de normas convencionales: en primer lugar, directamente a través
de procedimientos institucionalizados y centralizados que conducen a la
negociación y adopción en su seno de un convenio multilateral; y, en segundo
lugar, indirectamente mediante la preparación y convocatoria de una
conferencia internacional destinada a la elaboración de un convenio
multilateral.
i. Elaboración de un convenio multilateral
El primer método ocurre cuando las reglas de una OI permiten que un órgano
adopte un convenio internacional previamente preparado dentro de la
Organización. Este órgano, con la participación de todos los Estados, facilita su
discusión y posterior aceptación. El tratado se firma y ratifica, y no obliga hasta
que entre en vigor y los Estados se conviertan en partes.
Numerosas OI, tanto regionales como universales, utilizan este procedimiento.
Ejemplos incluyen el Consejo de Europa, la OIT y la ONU, que adoptan
convenios como el Pacto Internacional de los Derechos Humanos. Además,
algunas Organizaciones imponen comportamientos a los Estados para facilitar
el cumplimiento, como establecer plazos para la ratificación.
ii. La convocatoria de Conferencias internacionales
Las OI pueden influir indirectamente en la elaboración de normas
convencionales mediante la convocatoria de conferencias internacionales,
especialmente para elaborar convenios multilaterales. En este sentido, la
Asamblea General de las Naciones Unidas, con la ayuda de la Comisión de
Derecho Internacional, promueve el desarrollo y la codificación del derecho
internacional (art. 13.1a).
La labor de las OI, especialmente de la ONU, es crucial para la codificación del
Derecho internacional, con ejemplos como las Conferencias de Ginebra
(1958-1960), la Tercera Conferencia de las NU sobre el Derecho del Mar
(1982), y las Conferencias de Viena sobre el Derecho de los tratados (1968-
1986). Estas conferencias han sido esenciales para la adopción de convenios
internacionales. La ONU ha estado presente en todo el proceso, desde la
determinación de los temas hasta la adopción del tratado. Además, la
Asamblea General ha impulsado conferencias sobre temas clave, como medio
ambiente, derechos humanos y cambio climático.
b. La incidencia de los actos de las Organizaciones internacionales
en la formación de la costumbre
Las resoluciones de las OI, especialmente las de la Asamblea General de las
NU, desempeñan un papel relevante en la formación de la costumbre
internacional, pudiendo declarar un derecho consuetudinario preexistente,
cristalizar una costumbre en proceso de formación o generar una nueva
práctica. A pesar de no ser un parlamento mundial, la Asamblea General
facilita la manifestación de opiniones de los Estados sobre normas jurídicas,
impulsando cambios jurídico-sociales.
Estas resoluciones, en su mayoría declarativas o programáticas, pueden influir
en la creación de normas consuetudinarias. Algunas resuelven cristalizar
normas ya existentes, como la Declaración sobre los principios de las
relaciones de amistad entre los Estados, mientras que otras contribuyen al
desarrollo de normas en proceso de formación, como la Declaración sobre la
actividad de los Estados en el uso del espacio ultraterrestre. Otras
resoluciones, de carácter prospectivo, pretenden impulsar la práctica estatal
para configurar futuras normas consuetudinarias, especialmente en áreas
como el desarrollo y el medioambiente.
A veces, estas resoluciones incluyen considerandos declarativos y
programáticos, lo que genera que ciertos Estados, generalmente occidentales,
se abstengan o voten en contra. Sin embargo, el análisis de estas resoluciones
debe ser detallado para determinar su valor jurídico, tomando en cuenta el
contexto, las circunstancias del voto y la práctica posterior de los Estados. El
TIJ ha utilizado este enfoque al evaluar el valor jurídico de estas resoluciones,
como se vio en los casos de Namibia, el Sahara Occidental y Nicaragua. En
resumen, las resoluciones de la Asamblea General de las NU facilitan la
formación de normas consuetudinarias y contribuyen a adaptar el Derecho
internacional a las relaciones internacionales contemporáneas.
El derecho internacional económico: la promoción del desarrollo
Este capítulo introduce el estudio del Derecho Internacional Público en relación
con las relaciones económicas internacionales, un ámbito que, cuando
involucra a Estados o su acción exterior, puede ser regulado por este
ordenamiento jurídico. La regulación internacional de este ámbito debe
respetar los principios generales de Derecho Internacional, como la igualdad
soberana de los Estados y la cooperación.
Sin embargo, no todas las relaciones económicas internacionales están
reguladas por el Derecho Internacional Público. Muchas se rigen por el Derecho
Internacional Privado, el Derecho Interno de los Estados o las reglas de
comportamiento establecidas por actores económicos privados, conocidas
como ius mercatorium.
Este estudio se centra en dos cuestiones: la noción del Derecho
Internacional Económico y la promoción del Desarrollo, buscando establecer
un hilo lógico entre ambas. Para facilitar la comprensión, el capítulo se divide
en cuatro apartados:
1) Relaciones Económicas Internacionales y Derecho Internacional Público.
2) El Derecho Internacional Económico.
3) El sistema de las Naciones Unidas en la esfera económica y social.
4) La promoción internacional del Desarrollo.
1. Relaciones económicas internacionales y Derecho Internacional Público
Todas las ramas jurídicas, incluido el Derecho Internacional Público, protegen
intereses económicos y regulan las relaciones que se establecen en torno a
ellos. Sin embargo, cada ordenamiento jurídico formaliza esta protección de
manera diferente, respondiendo a realidades económicas y sociales diversas.
Examinaremos estas cuestiones en relación con el Derecho Internacional
Público.
a. Contenido económico del Derecho Internacional Público
Desde sus orígenes, el Derecho Internacional Público ha regulado las relaciones
entre Estados soberanos, protegiendo los intereses económicos de sus
nacionales. Principios como la libertad de los mares de Vázquez de Menchaca y
Hugo Grocio, o el ius comunicationis de Francisco de Vitoria, respondían a las
necesidades comerciales de la época. Igualmente, el derecho consular surgió
para proteger a los comerciantes. Instituciones más recientes, como la cláusula
de la nación más favorecida y la protección diplomática, surgieron para
obtener mejores ventajas comerciales y proteger inversiones y bienes en
terceros países. Muchas normas e instituciones, como el derecho colonial o los
protectorados, también tuvieron un enfoque económico. Como señala Aguilar
Navarro, los problemas económicos siempre han influido en el orden jurídico
internacional. La regulación jurídica internacional de la “mundialización de la
economía” tras la Segunda Guerra Mundial es fundamental para entender el
sistema económico actual.
b. Mundialización de la economía
Después de la Segunda Guerra Mundial, surgió la necesidad de establecer
bases jurídicas para la economía mundial, abordando producción y comercio
internacional. Esta perspectiva se plasmó en la Conferencia de Bretton Woods
de 1944, que creó el BIRF y el FMI, y en el GATT de 1947.
Se trazaron dos líneas de acción: una para organizar la economía mundial y
otra para resolver problemas económicos internacionales. En la primera, el
BIRF financia proyectos de desarrollo, el FMI regula el sistema monetario y el
GATT, luego la OMC, promueve la liberalización comercial.
En la segunda, la ONU ha aumentado su atención a los problemas económicos,
formulando principios y programas de acción. Ambas tendencias comparten un
mismo objetivo: el desarrollo económico, que ha influido en la evolución del
derecho internacional.
c. La ideología del desarrollo
Promover el bienestar, el crecimiento económico y el desarrollo ha sido
tradicionalmente una tarea de los gobiernos, pero hoy es un objetivo central de
la política estatal e internacional. A nivel global, esta tendencia se reflejó en la
Declaración de Filadelfia de 1944 de la OIT, que reconoce la obligación de
fomentar el pleno empleo y la mejora del nivel de vida. En 1945, la Carta de la
ONU incorporó el desarrollo económico y social como una función clave,
estableciendo en su artículo 55 la promoción de mejores niveles de vida y
empleo.
Desde entonces, organizaciones como el Consejo de Europa y la OEA han
adoptado estos objetivos, mientras que la creación de organismos de
cooperación económica y la proliferación de conferencias y textos
internacionales han consolidado el desarrollo como un principio rector del
derecho internacional. Esta “ideología del desarrollo” no impone un modelo
único, sino que deja su aplicación a la práctica internacional.
2. Derecho Internacional Económico
La mundialización de la economía y sus problemas jurídicos impulsaron, desde
los años sesenta, el debate sobre la creación de una disciplina jurídica
unificada: el Derecho Internacional Económico. Este debate, en el que
participaron iusinternacionalistas españoles como Miaja de la Muela y Aguilar
Navarro, sigue sin resolverse respecto a su autonomía del Derecho
Internacional y del Derecho interno. Sin profundizar en esta discusión, a
continuación, se expone el concepto y contenido del Derecho Internacional
Económico, con una referencia al Derecho Internacional del Desarrollo.
a. Concepto de Derecho Internacional Económico
El Derecho Internacional Económico puede definirse como el conjunto de
normas que rigen el orden económico internacional, regulando la producción y
el intercambio de bienes cuando estos procesos trascienden las fronteras de un
Estado. Estas normas pueden provenir del Derecho Internacional Público, el
Derecho Internacional Privado o el derecho interno de los Estados. Según
Carreau, este derecho abarca tanto el establecimiento de factores de
producción extranjeros en un territorio como las transacciones internacionales
de bienes, servicios y capitales.
Algunos autores, como Pons Rafols, consideran que forma parte del Derecho
Internacional Público. Dado que no existe un consenso sobre su autonomía,
aquí se abordará de manera descriptiva, centrándose en las normas del
Derecho Internacional Público que lo regulan.
b. Contenido del Derecho Internacional Económico
La mayoría de los autores consideran el comercio internacional como el núcleo
del Derecho Internacional Económico, incluyendo transacciones privadas y
compromisos entre Estados. También abarca relaciones financieras y
monetarias, inversiones extranjeras e instituciones económicas
internacionales, tanto de cooperación como de integración.
La regulación de estas materias involucra contratos privados, tratados
internacionales, normas estatales y disposiciones de organizaciones
internacionales, así como mecanismos de resolución de controversias. Su
regulación requiere el uso del Derecho Internacional y del derecho interno,
tanto público como privado.
Según Aguilar Navarro, este derecho se estructura en tres áreas: Derecho
Internacional del Comercio, Derecho Privado Mercantil Internacional y Derecho
Internacional del Desarrollo. A continuación, se abordará este último en
detalle.
c. Derecho Internacional del Desarrollo
El Derecho Internacional del Desarrollo se enfoca en el desarrollo
económico y social de los países subdesarrollados, diferenciándose de la
ideología del Desarrollo en general. Su objetivo es modificar las relaciones
económicas internacionales que perpetúan el subdesarrollo, beneficiando a
estos países.
Incluye normas e instituciones que canalizan ayuda internacional, mejoran el
acceso al comercio global, fomentan la industrialización y el desarrollo
tecnológico, y establecen mecanismos de financiamiento. La ONU ha sido la
principal promotora de este derecho, por lo que es relevante analizar su
sistema en materia económica y social.
3. El sistema de las UN en las esferas económicas y sociales
La ONU ha desarrollado un amplio sistema internacional en las áreas
económica y social, adaptándose a los cambios y necesidades de la sociedad
internacional.
a. La solución de problemas internacionales de carácter económico
como propósito y función de las UN. El sistema establecido en la
Carta
El artículo 1.3 de la Carta de la ONU establece como propósito la cooperación
internacional en asuntos económicos y sociales, desarrollado en el Capítulo
IX. La Asamblea General es el órgano principal en esta área, mientras que el
Consejo Económico y Social ejecuta sus competencias (art. 60). Los Estados
miembros deben cooperar en la solución de problemas económicos y sociales
(art. 56).
El sistema se complementa con organismos especializados (art. 57), cuya
coordinación con la ONU se realiza mediante acuerdos aprobados por la
Asamblea General (art. 65). Inicialmente, este sistema estaba diseñado para
una comunidad internacional limitada y centrado en la reconstrucción de
Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Con la descolonización y el aumento
de Estados miembros, el problema del subdesarrollo tomó relevancia,
marcando un cambio en la cooperación internacional, simbolizado por la
Conferencia de Bandung en 1955.
b. La evolución del sistema de las UN: la cooperación internacional
para el desarrollo
La evolución del sistema económico y social de la ONU ha estado marcada por
la brecha Norte-Sur, el aumento de la desigualdad económica y el
estancamiento del desarrollo en países subdesarrollados. Desde los años
cincuenta, la ONU ha considerado el subdesarrollo un problema internacional,
promoviendo un sistema de cooperación para el desarrollo. Este sistema se
caracteriza por:
a) Falta de planificación previa: se ha desarrollado en respuesta a
necesidades urgentes de los países en vías de desarrollo.
b) Identificación de problemas: la ONU ha evidenciado obstáculos como la
condicionalidad de la ayuda bilateral, la deuda externa, el deterioro de
los términos de intercambio, la dependencia tecnológica y el éxodo
intelectual.
c) Institucionalización de la cooperación: se han creado organismos clave
como el PNUD, que canaliza la ayuda multilateral; la UNCTAD, que busca
mejorar la participación de países en desarrollo en el comercio
internacional; y la ONUDI, que fomenta la industrialización.
d) Financiación voluntaria: las actividades de cooperación no se financian
con el presupuesto de la ONU, sino con aportes voluntarios de los
Estados miembros al PNUD y otros organismos.
El desarrollo ha sido incorporado en el Derecho Internacional Público como un
valor de interés global, un conjunto de normas bajo el Derecho Internacional
del Desarrollo y una política de cooperación internacional impulsada por
la ONU.
4. La promoción del desarrollo
El término “promoción del desarrollo” no se refiere a la creación de normas
obligatorias, instituciones internacionales o medidas operativas para el
desarrollo. En cambio, abarca las acciones de Estados y organizaciones,
especialmente la ONU, para generar consenso sobre la necesidad de superar el
subdesarrollo, definir el concepto de desarrollo y acordar políticas
internacionales al respecto. Analizaremos esta idea en tres aspectos: la
internacionalización del concepto de desarrollo, la formulación de una
estrategia global y su impacto en el Derecho Internacional Público.
a. La internacionalización de la noción de desarrollo
La noción de desarrollo en Derecho Internacional ha evolucionado para abarcar
no solo los problemas internos de los Estados, sino también las circunstancias
económicas y políticas internacionales. En sus primeras etapas, el desarrollo se
definía como crecimiento económico, medido por indicadores como el ingreso
per cápita. Sin embargo, en los años 60, tras la descolonización, se reconoció
que el crecimiento económico no resolvía problemas como la pobreza o el
analfabetismo. Esto llevó a la adopción de una noción de desarrollo social en
1969.
Desde los años ‘70, el desarrollo se entendió como un equilibrio entre
crecimiento económico y social, buscando que los beneficios del crecimiento
mejoraran el nivel de vida de toda la población. Actualmente, el concepto de
desarrollo en Derecho Internacional se refiere a un desarrollo económico y
social coordinado, abarcando áreas como educación, salud y vivienda, reflejado
en el concepto de “Desarrollo Humano” del PNUD. Por lo tanto, la promoción
del desarrollo internacional requiere adoptar estrategias universales de
desarrollo a medio y corto plazo.
b. La estrategia internacional del desarrollo
En el ámbito de las NU, la Asamblea General ha marcado la estrategia para
afrontar el subdesarrollo, comenzando en 1961 con la proclamación de
sucesivos decenios de desarrollo. En 1960, la Resolución 1515 (XV) planteó la
necesidad de un plan global para identificar los problemas del subdesarrollo y
sus soluciones. Las principales resoluciones que establecen estrategias de
desarrollo incluyen: la Resolución 1710 (XVI) para el primer decenio (1960-
1970); la Resolución 2626 (XXV) para el segundo decenio (1970-1980); la
Resolución 3201 (S-VI) sobre el Nuevo Orden Económico Internacional (1974); y
las Resoluciones 35/56 (1981), 45/199 (1990) y 50/107 (1995), que abordan los
decenios y estrategias de desarrollo hasta la erradicación de la pobreza. A
continuación, se detallan las características de estos decenios y la situación
actual respecto a la formulación de una estrategia internacional de desarrollo.
i. Los decenios de las Naciones Unidas para el desarrollo
Inicialmente, la estrategia de las NU para el desarrollo partió de la idea de que
el subdesarrollo es un atraso en el que los países deben aumentar su
crecimiento económico con la ayuda de los países desarrollados. Los objetivos
cuantificables eran alcanzar una determinada tasa de crecimiento económico y
que la transferencia de recursos de los países desarrollados fuera al menos el
1% del PNB de estos países, con el 0,7% destinado a ayuda oficial al desarrollo.
A medida que avanzaban los decenios, se incorporaron nuevas concepciones
sobre las causas del subdesarrollo. En el segundo decenio se incluyó el
progreso social, y en el tercer decenio se abordaron los problemas de los
países menos adelantados. A partir de 1990, la Asamblea General reconoció
que la mayoría de las metas no se habían alcanzado debido a factores externos
imprevisibles, por lo que el cuarto decenio (1990-2000) no cuantificó objetivos
de crecimiento.
La estrategia de los noventa establece que cada país debe asumir la
responsabilidad de su desarrollo, con un enfoque en erradicar la pobreza y el
hambre. La Asamblea General declaró que la lucha contra la pobreza es
responsabilidad común de todos los países, y se establecieron objetivos como
la eliminación del hambre, la reducción de la malnutrición y la mortalidad
infantil, y la eliminación de enfermedades relacionadas con la nutrición.
ii. El establecimiento de un Nuevo Orden Económico
Internacional (NOEI)
La Declaración sobre el establecimiento de un Nuevo Orden Económico
Internacional (NOEI), formulada en 1974, propuso una reestructuración del
sistema económico internacional para respaldar mejor los esfuerzos de los
países en desarrollo. Aunque la propuesta produjo resultados sectoriales, su
aplicación global ha sido impracticable en la coyuntura actual y no figura en las
medidas del último decenio de las NU para el desarrollo.
El NOEI parte de la idea de que el sistema económico internacional actual
perpetúa la desigualdad y es incompatible con la evolución de las relaciones
internacionales. Propone reformas institucionales para los mercados de
productos básicos, la industria, las empresas transnacionales y las relaciones
comerciales y financieras internacionales. Además, promueve el principio de
autonomía colectiva, priorizando las relaciones de cooperación económica
entre los países en desarrollo, con un enfoque en el control de sus recursos
naturales y comercio. Aunque las propuestas del NOEI tuvieron una aplicación
limitada, su filosofía sigue influyendo en la formulación de nuevos enfoques
sobre el desarrollo en el Derecho Internacional Público.
iii. La formulación de una estrategia internacional para el
desarrollo en el inicio del nuevo milenio
Tras el cuarto decenio de las Naciones Unidas para el desarrollo, el
Secretario General presentó en 2000 una propuesta para una estrategia
internacional de desarrollo, pero la Asamblea General pospuso su decisión.
Actualmente, la formulación de una estrategia internacional de desarrollo se
basa en la “Declaración del Milenio” (Res. 55/2 de 2000), especialmente en sus
objetivos sobre “desarrollo y erradicación de la pobreza”. Los trabajos de las
NU se centran en dos áreas: la participación de los países subdesarrollados en
el comercio internacional y la necesidad de un enfoque integral para la
financiación del desarrollo.
c. La nueva dimensión del desarrollo en el Derecho Internacional
Público
Al principio de este epígrafe señalamos cómo se favorece el consenso
internacional sobre la noción y el modelo de desarrollo. Actualmente, se
observa un nuevo planteamiento con un consenso en torno a dos aspectos: la
vinculación del desarrollo con los derechos humanos y el medio ambiente.
i. Desarrollo y derechos humanos: el derecho al desarrollo
La vinculación entre derechos humanos y desarrollo no es nueva, pero lo es la
concepción del derecho al desarrollo como un derecho humano. Esta noción se
formaliza en la “declaración sobre el derecho al desarrollo” (1986), donde el
desarrollo se entiende como un proceso global que busca mejorar el bienestar
de todos, y el derecho al desarrollo se concibe como un derecho humano
inalienable que permite la participación plena en el desarrollo.
En 1993, la Conferencia Mundial de Derechos Humanos reafirmó este derecho.
Las Naciones Unidas establecieron un mecanismo para concretar y controlar su
aplicación, que incluye un Grupo de Trabajo, un Experto Independiente y un
Equipo Especial de Alto Nivel, con énfasis en la elaboración de programas de
desarrollo, la concertación de pactos y la evaluación de la aplicación del
derecho al desarrollo. La función de este mecanismo es integrar un enfoque
que vincule el desarrollo con el ejercicio de todos los derechos humanos.
ii. Desarrollo y medioambiente: el desarrollo sostenible
En 1975 se plantea como alternativa al desarrollo vinculado al crecimiento
económico la idea de “el otro desarrollo”, con énfasis en la satisfacción de
necesidades y la armonía con el medio ambiente. Este enfoque establece
límites al desarrollo, como el agotamiento de recursos no renovables o la
pérdida de capacidad de renovación de los ecosistemas.
Esta vinculación entre desarrollo y medio ambiente fue reforzada por el
informe de la “Comisión sobre Medioambiente y Desarrollo” (Informe
Bruntland), que acuñó el término “desarrollo sostenible”. En la Conferencia
de Río de Janeiro de 1992 se consolida este concepto, con un programa
detallado (Programa 21) y una comisión encargada de su implementación.
Desde 1992, las grandes conferencias mundiales organizadas por las
Naciones Unidas han destacado la relación entre desarrollo, derechos humanos
y medioambiente. Estas conferencias, como la de Río de Janeiro (1992), Viena
(1993) y Copenhague (1995), han promovido una noción integrada de
desarrollo en un mundo interdependiente, abordando las condiciones
económicas, sociales, ecológicas y políticas globales.
El derecho internacional económico: el comercio internacional
Las relaciones comerciales, junto a las monetarias y la cooperación al
desarrollo, conforman el Derecho Internacional Económico, que regula las
relaciones comerciales internacionales. Este sector está relacionado con la
regulación monetaria y la cooperación al desarrollo, aunque estos temas se
tratan en otros capítulos.
El Derecho Internacional Económico abarca tanto disposiciones jurídico-
internacionales, derivadas de tratados y organizaciones internacionales, como
normas de derecho interno que afectan al comercio internacional. Sin
embargo, las normativas nacionales y privadas no son objeto de este análisis.
El Derecho Internacional Público se encarga de analizar las normas que regulan
las actuaciones de los Estados y organizaciones internacionales en el comercio
internacional. Este marco normativo es complejo, con una importante
regulación multilateral bajo la OMC, creada tras la Ronda Uruguay (1986-
1993). Este capítulo se centra en la regulación jurídico-material del sistema,
analizando el proceso histórico entre proteccionismo y liberalización, los
obstáculos al comercio internacional, los principios y normas para eliminarlos,
y el sistema de resolución de controversias.
1. El marco general de la regulación de las relaciones comerciales
El origen de estas normas comerciales multilaterales se remonta a los años
posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Con los acuerdos de Bretton Woods
de 1944 se crearon el Fondo Monetario Internacional y el Banco Internacional
de Reconstrucción y Desarrollo. La creación de una organización en el ámbito
del comercio internacional quedó aplazada hasta la Conferencia de La Habana
en 1948, donde se adoptó la Carta de La Habana, que preveía la creación de la
OIC. Sin embargo, el Congreso de EEUU no autorizó su ratificación, lo que
paralizó la creación de la OIC.
El vacío jurídico se intentó paliar con el GATT, adoptado en 1948 por 23
Estados. El GATT carecía de disposiciones institucionales, pero se gestionó a
través de una Secretaría en Ginebra. Desde 1948 hasta la creación de la OMC,
el GATT fue el principal instrumento regulador del comercio internacional.
El GATT se basaba en la filosofía económica liberal, promoviendo un comercio
internacional libre de obstáculos mediante principios jurídicos como la no
discriminación y la transparencia. Su éxito impulsó la necesidad de reforzar el
sistema multilateral, lo que se logró con la creación de la OMC en 1995,
heredera del GATT.
A lo largo de las rondas de negociaciones, se han tratado temas como la
relación entre comercio y medio ambiente, la protección social y la solución de
controversias. La OMC continúa evolucionando para adaptarse a los nuevos
desafíos del comercio internacional.
La Ronda Uruguay transformó el GATT en la OMC, y desde entonces, diversas
Conferencias Ministeriales han abordado temas clave. La Conferencia de
Doha en 2001, por ejemplo, lanzó un nuevo proceso de negociación global y
promovió la incorporación de China a la OMC.
En la Conferencia de Cancún de 2003, el fracaso en las negociaciones sobre el
Programa de Doha para el Desarrollo reflejó la necesidad de resolver las
preocupaciones de los países en desarrollo. Sin embargo, la agenda
negociadora se redujo a temas clave como la agricultura y los servicios. La
Conferencia de Hong Kong en 2005 logró algunos avances, pero no concretó
compromisos sustanciales. Estas experiencias muestran un cambio en el poder
dentro de la OMC a favor de los países en desarrollo, lo que podría llevar a
algunos Estados miembros a buscar acuerdos alternativos, como los
plurilaterales o regionales.
2. Los obstáculos al comercio internacional de mercancías y servicios
Las restricciones que dificultan las transacciones internacionales de
mercancías y servicios son numerosas y variadas, lo que hace difícil clasificar
todas las posibles. A continuación, se presenta una clasificación de los
obstáculos al comercio de mercancías, y luego se tratarán las particularidades
en las transacciones de servicios.
Estos obstáculos pueden originarse en medidas estatales o en actos privados.
Las restricciones privadas provienen de comportamientos de agentes
económicos o de poderes públicos cuando actúan iure gestionis, como el abuso
de posición dominante, acuerdos anticompetitivos o concentraciones de
empresas. Por otro lado, los obstáculos públicos se originan en las autoridades
estatales al ejercer sus competencias.
a. Obstáculos arancelarios
Las aduanas tienen como función principal el control del movimiento de
mercancías que entran y salen del territorio del Estado, permitiendo influir
sobre los flujos de importación y exportación mediante “obstáculos
arancelarios”. Estos obstáculos incluyen cargas pecuniarias y restricciones que
gravan la importación y exportación de mercancías.
Entre los obstáculos arancelarios clásicos, destacan los derechos de aduana,
que son cargas pecuniarias que gravan productos importados y, en algunos
casos, las exportaciones. Originalmente concebidos como un impuesto
indirecto para generar ingresos fiscales, hoy su principal función es proteger la
producción nacional frente a la competencia extranjera.
Además de los derechos de aduana, existen otras cargas pecuniarias como los
controles veterinarios o fitosanitarios, que afectan el precio de las mercancías
importadas o exportadas. Estas cargas no figuran en el arancel aduanero y
están reguladas por los artículos II y VIII del GATT, que prohíbe su uso como
alternativa a la reducción de derechos de aduana.
b. Obstáculos no arancelarios
Los obstáculos no arancelarios comprenden medidas distintas a los derechos
de aduana que distorsionan los intercambios internacionales. Han aumentado
en número debido a la pérdida de eficacia de los derechos de aduana, que han
disminuido considerablemente desde 1947. Actualmente, los Estados emplean
principalmente obstáculos no arancelarios, cuyo impacto es difícil de medir.
Entre los obstáculos más relevantes están:
a) Restricciones cuantitativas: limitan la cantidad de productos importados,
a menudo combinadas con licencias de importación. Un ejemplo reciente
es el régimen de importación de plátanos de la UE, que fue declarado
incompatible con el GATT por la O.M.C.
b) Obstáculos técnicos: surgen de las diferencias en las regulaciones
nacionales sobre comercialización y producción de mercancías, como en
el caso de la prohibición de carne tratada con hormonas en la UE, que
fue considerada incompatible con la OMC.
c) Medidas de defensa comercial: incluyen cláusulas de salvaguardia y
derechos antidumping o compensatorios. Los derechos antidumping se
imponen cuando una mercancía se vende por debajo de su valor normal,
y los derechos compensatorios se aplican a mercancías que reciben
subvenciones del país de origen.
d) Empresas comerciales del Estado: pueden generar obstáculos al
discriminar importaciones en favor de productos nacionales. Esto incluye
monopolios nacionales que afectan el comercio internacional.
e) Tributos internos discriminatorios: son impuestos que gravan más a las
mercancías importadas que a los productos nacionales, como en el caso
de un impuesto más alto a la importación de vino en un país productor
de cerveza.
f) Formalidades aduaneras: incluyen los procedimientos aduaneros para
determinar el valor de las mercancías y aplicar los derechos de aduana.
g) Pagos corrientes: restricciones a las transferencias monetarias
internacionales dificultan el comercio.
Otros obstáculos no arancelarios emergentes incluyen restricciones
relacionadas con derechos de propiedad intelectual, condiciones laborales y
protección ambiental, que afectan el comercio internacional de mercancías y
servicios. Los Estados imponen obstáculos más fuertes en el comercio de
servicios, especialmente cuando requieren la presencia física de personas,
como en la abogacía, la sanidad o el turismo.
3. La articulación de las disposiciones materiales del sistema jurídico de la
OMC
El sistema jurídico de la OMC busca instaurar un régimen de comercio
internacional libre de obstáculos y discriminación, promoviendo beneficios
recíprocos para todos los Estados. Su objetivo, el comercio libre y limpio, se
refleja en las normas destinadas a eliminar proteccionismos, particularmente
los obstáculos al comercio de mercancías y servicios. La evolución del sistema
jurídico de la OMC, desde el GATT, responde a la necesidad de adaptarse al
cambio de los instrumentos proteccionistas, pasando de los tradicionales
derechos de aduana y restricciones cuantitativas a un neoproteccionismo más
sofisticado, con obstáculos no arancelarios difíciles de detectar. Estudiaremos
la reglamentación en dos perspectivas: formal, analizando la estructura del
sistema, y material, examinando los principios y técnicas para desmantelar los
obstáculos al libre comercio y sus excepciones.
a. Estructura formal
Tras la conclusión de la Ronda Uruguay, el sistema jurídico de la OMC se
estructura de la siguiente manera:
a) El Acuerdo de Marrakech establece la OMC y sus disposiciones
institucionales. Las normas sustantivas están en sus cuatro anexos.
b) El Anexo J contiene la reglamentación básica del comercio internacional,
subdividido en tres sub-anexos: comercio de mercancías, comercio de
servicios y derechos de propiedad intelectual relacionados con el
comercio.
c) El GATT de 1994 regula el comercio de mercancías, con acuerdos
adicionales para sectores específicos como agricultura y textiles.
También incluye acuerdos sobre obstáculos no arancelarios, adaptados a
las restricciones comerciales modernas.
d) El Anexo 1B regula el comercio de servicios, mediante el GATS, que
liberaliza y regula los servicios internacionales. Existen anexos
específicos para telecomunicaciones, transporte aéreo, servicios
financieros y el movimiento de personas.
e) El Anexo JC aborda los derechos de propiedad intelectual relacionados
con el comercio.
f) El Anexo 4 contiene acuerdos plurilaterales sobre aeronaves,
contratación pública y productos lácteos y carne de bovino, con
participación voluntaria de los Estados.
g) Los Anexos 2 y 3 garantizan el cumplimiento de las normas, regulando la
solución de diferencias y el examen de políticas comerciales.
El sistema jurídico de la OMC es complejo, y su análisis exhaustivo excede este
capítulo, pero se presentarán los principios básicos y sus excepciones.
b. Principios, técnicas y excepciones
El GATT de 1994 y otros acuerdos comerciales multilaterales del sistema
jurídico de la OMC recogen principios destinados a reducir los obstáculos al
comercio internacional. Estos son:
a) Protección aduanera exclusiva. La protección aduanera exclusiva implica
que los Estados miembros solo pueden usar derechos de aduana para
proteger su producción, prohibiendo obstáculos no arancelarios. Las
rondas de negociaciones, como la Ronda Uruguay, han reducido los
derechos aduaneros de los productos industriales del 40% en 1947 al
3,8% actual
b) No discriminación. El principio de no discriminación se manifiesta en la
cláusula de la nación más favorecida y el principio de trato nacional. La
cláusula de nación más favorecida asegura que cualquier ventaja
concedida a un país se otorgue igualmente a todos los países miembros
de la OMC. El trato nacional impide que los Estados discriminen
productos importados frente a los nacionales.
c) Least trade-distorting regulation principle. El least trade-distorting
regulation principle busca que los Estados utilicen sus competencias de
manera que afecten lo menos posible al comercio internacional,
limitando las regulaciones proteccionistas
d) Transparencia. La transparencia implica que los Estados publiquen y
comuniquen sus medidas comerciales a los órganos competentes de la
OMC, reduciendo los obstáculos derivados del secreto de las normas
comerciales.
c. Las excepciones, derogaciones y medidas de salvaguardia
Dada la complejidad del comercio internacional, la aplicación de los principios
liberalizadores del sistema jurídico de la OMC es flexible, lo que justifica las
múltiples excepciones, derogaciones y cláusulas de salvaguardia que forman
parte de su funcionamiento. Las principales excepciones son:
a) Cláusula de salvaguardia general (art. XIX del GATT de 1994 y art. X del
GATS), utilizada cuando hay desorganización del mercado que afecta a
los productores nacionales. Esta medida debe seguir procedimientos
establecidos y ser no discriminatoria.
b) Excepciones generales (art. XX del GATT y art. XIV del GATS), que
permiten a los Estados adoptar medidas contrarias a los principios de la
OMC para proteger intereses sociales esenciales, como la moral pública,
la salud y los derechos de propiedad intelectual. También existe una
excepción para la seguridad nacional (art. XXI del GATT).
c) Derogación general o waiver (art. XXV del GATT y art. IX.3 del Acuerdo
OMC), que permite a las partes desvincularse de sus obligaciones en
circunstancias excepcionales.
d) Integraciones económicas regionales (art. XXIV del GATT y art. V del
GATS), que permiten acuerdos entre Estados que favorecen el comercio
entre ellos sin extenderse a otros países. Esta excepción es aplicable a
procesos de integración económica como la Unión Europea y Mercosur.
e) Tratamiento favorable a los países en vías de desarrollo (parte IV del
GATT y arts. IV y otros del GATS), que establece un trato diferenciado
para estos países, permitiendo que se beneficien de las normas
liberalizadoras de la OMC sin estar obligados a aplicarlas a los países
desarrollados. Esto incluye mecanismos arancelarios favorables como el
Sistema de Preferencias Generalizadas.
4. La solución de controversias en la OMC
La mundialización y la globalización de las relaciones económicas
internacionales, junto con la transformación del sistema jurídico del GATT en
un ordenamiento unificado con la creación de la OMC, ha replanteado la
solución de controversias. El sistema de solución de controversias de la OMC,
regulado en el Entendimiento relativo a las normas y procedimientos de
solución de controversias, se aplica a todos los acuerdos administrados por la
OMC, con algunas excepciones.
Este sistema integrado ha sido reforzado por dos elementos clave: la mayor
juridicidad del sistema de la OMC y la creación de órganos específicos para la
solución de controversias. Por un lado, el sistema de la OMC impone mayores
obligaciones a los Estados miembros que el del GATT y prohíbe contramedidas
unilaterales, requiriendo que las disputas se resuelvan mediante los
procedimientos previstos en el Entendimiento. Por otro lado, se ha creado el
Órgano de Solución de Diferencias (OSD) y el Órgano Permanente de
Apelación, que contribuyen a consolidar una “jurisprudencia” interpretativa.
El procedimiento se inicia cuando un Estado considera que otro ha incumplido
sus obligaciones o ha causado perjuicio mediante una medida incompatible con
las normas de la OMC. El primer paso es la consulta bilateral, y si no se
resuelve, se puede recurrir a medios diplomáticos o jurisdiccionales, como el
arbitraje o la creación de un panel. Los paneles, establecidos por el OSD, son
compuestos por expertos independientes que siguen un procedimiento similar
a un juicio.
El informe del panel no es vinculante, pero tiene un valor persuasivo y, si el
OSD no lo rechaza por consenso, debe adoptarse. Si no se cumple la
resolución, se pueden adoptar contramedidas o acuerdos de compensación. En
caso de incumplimiento persistente, el Estado perjudicado puede adoptar
contramedidas con la autorización del OSD.
El sistema de la OMC sigue siendo un modelo autónomo de solución de
controversias, con un enfoque propio que ha sido consolidado desde el GATT y
reforzado en la Ronda Uruguay. Aunque el sistema presenta áreas de mejora,
como la reducción de los plazos, su uso frecuente y la mayor previsibilidad en
las decisiones reflejan la confianza creciente de los Estados en su eficacia.
Desde 1995 hasta 2007, 361 controversias se han sometido a este sistema, lo
que lo convierte en el más utilizado en Derecho internacional público.
La protección internacional del medioambiente: régimen general
1. Cuestiones generales
El medioambiente humano resulta de la interacción de la humanidad con la
naturaleza. Abarca tanto los productos culturales humanos, como los recursos
naturales esenciales, agua, aire, tierra y seres vivos, que mantienen el
equilibrio ecológico necesario para la vida. Alteraciones en estos componentes
pueden dañar dicho equilibrio y deteriorar la calidad de vida humana.
Las políticas culturales, sociales y económicas, sin tener en cuenta el impacto
ambiental, han ocasionado daños al medio ambiente y a las personas,
particularmente por actividades peligrosas que involucran sustancias
contaminantes, como la energía nuclear y los hidrocarburos. El Derecho
Internacional del Medio Ambiente se enfoca en la protección del medio
ambiente. A pesar de no haber una definición universalmente aceptada, el
medio ambiente se entiende como los recursos naturales y su interacción.
Una de las principales metas del desarrollo de normas internacionales
ambientales ha sido combatir la contaminación en sus diversas formas. La
contaminación se define como la introducción de sustancias o energía que
pueda dañar recursos vivos, poner en peligro la salud humana y afectar
negativamente los usos del entorno. Inicialmente, el enfoque fue la reparación,
pero luego se centró en la prevención de daños y la distribución equitativa de
cargas y beneficios ambientales entre los Estados. Finalmente, la protección
del medioambiente ha sido incorporada a las políticas de desarrollo
sostenible, entendiendo que la protección ambiental es una responsabilidad a
largo plazo que trasciende a las generaciones actuales y futuras.
a. Desarrollo histórico
Los antecedentes históricos del Derecho Internacional del medioambiente se
remontan al siglo XIX, cuando se adoptaron tratados para proteger la vida
salvaje y, de forma limitada, ríos y ambientes marinos. En 1893, se resolvió
una controversia sobre la sobreexplotación de focas entre EEUU y el Reino
Unido, base para la conservación de esta especie. En 1949, el ECOSOC
impulsó la acción internacional sobre el medioambiente.
La Conferencia de Estocolmo de 1972 fue clave para organizar la protección
ambiental global, adoptando la Declaración sobre el Medio Humano y creando
el PNUMA y el Plan de Acción para el Medio Humano. En 1992, la Conferencia
de Río introdujo el principio de sostenibilidad y la responsabilidad diferenciada,
según el grado de desarrollo, para la protección del medioambiente. Esto se ha
supervisado mediante instrumentos como la “Agenda 21” y la Comisión sobre
el Desarrollo Sostenible.
Durante las últimas décadas, el Derecho Internacional del medioambiente ha
evolucionado, reconociendo la soberanía estatal sobre los recursos
naturales, pero también la necesidad de equilibrar el desarrollo económico
con la protección ambiental. Además, las normas ambientales han desafiado la
noción tradicional de “territorio estatal”, promoviendo un enfoque de espacio
medioambiental global. Por último, algunos tratados comienzan a reconocer el
derecho humano a un medioambiente sano.
b. Características y formación del Derecho Internacional del
medioambiente
El Derecho Internacional del medioambiente se caracteriza por el desarrollo
rápido de normas, que incluyen textos normativos no siempre obligatorios (soft
law) y disposiciones generales o programáticas en tratados, que se concretan
en protocolos adicionales. Estos tratados, a menudo, establecen compromisos
temporales y diferencian entre países desarrollados y subdesarrollados en
términos de derechos y obligaciones.
Aunque algunos temas, como la protección del suelo, siguen siendo objeto de
recomendaciones y no tratados específicos, la “Agenda 21” abarca todas las
áreas relevantes del desarrollo sostenible. La acción de Organizaciones
Internacionales, como la ONU y la CEE, es clave en la formulación y aplicación
de estas normas. Además, se ha destacado la importancia de la acción de las
ONG en la elaboración de acuerdos internacionales.
Los mecanismos de vigilancia y control en los tratados son esenciales para la
aplicación de las normas, y muchos instrumentos incluyen procedimientos
modificables para adaptarse a avances científicos y técnicos. El Derecho
Internacional del medioambiente se implementa principalmente a través del
Derecho interno de los Estados, como lo establece la Constitución de España
de 1978 y leyes posteriores.
El conjunto de instrumentos internacionales sobre medioambiente es vasto,
con numerosos tratados multilaterales y bilaterales, y la armonización de
acuerdos ha cobrado gran relevancia. En el estudio del Derecho Internacional
del medio ambiente se deben abordar los principios generales y las soluciones
jurídicas a problemas globales, como la protección del clima, la biodiversidad y
la lucha contra la desertización, así como la protección de sectores específicos
y espacios comunes como el ultraterrestre y los polos.
2. Principios y normas de derecho internacional general en la materia
La conservación y mejora del medioambiente se ha integrado progresivamente
al ordenamiento jurídico internacional, convirtiéndose en un verdadero
programa constitucional que obliga a todos los sujetos, especialmente a los
Estados, a cooperar en su protección. La ONU ha realizado esfuerzos
codificadores importantes, como el “proyecto de artículos sobre prevención del
daño transfronterizo” en 2001 y el “proyecto de principios sobre la asignación
de la pérdida” en 2006. Aunque aún en fase de elaboración, ambos textos
contienen normas primarias de Derecho Internacional, sin abordar cuestiones
de responsabilidad internacional propiamente dicha. El Derecho Internacional
en este ámbito sigue en evolución.
a. La responsabilidad internacional en la prevención de daños
medioambientales transfronterizos
Un principio fundamental en este ámbito es el de la máxima latina sic utere
tuo ut alienum non laedas, que obliga a los Estados a prevenir daños
medioambientales transfronterizos. Este principio impone la responsabilidad de
prevenir daños y, en su caso, minimizar el impacto sobre terceros Estados.
Además, los Estados tienen derecho a no sufrir daños medioambientales
derivados de actividades de otros Estados (art. 3 del Proyecto de artículos
sobre prevención).
El principio ha sido confirmado en jurisprudencia, como el Laudo de Trail
Smelter, que establece la responsabilidad por daños causados por actividades
contaminantes transfronterizas. Otros casos relevantes incluyen el Canal de
Corfú, Lago Lanós y Gut Dam, y también instrumentos como el Convenio de
Montego Bay de 1982 y la Declaración de Estocolmo de 1972, que subrayan la
obligación de proteger el medio ambiente.
La protección del medioambiente ha evolucionado hacia el concepto de
Patrimonio Común de la Humanidad, con énfasis en la gestión sostenible de
recursos y en la equidad intergeneracional. La ONU ha integrado este enfoque
en su estrategia de desarrollo sostenible.
Aunque aún no se reconoce un derecho universal para presentar
reclamaciones por daños al medio ambiente, algunos tratados, como la
Convención de Montego Bay, abren esa posibilidad. La Comisión de Derecho
Internacional propuso que la contaminación masiva de mares y atmósfera sea
un crimen internacional, aunque esta idea no fue adoptada. En resumen, el
principio de sic utere establece la obligación de prevenir daños
transfronterizos, y aunque la responsabilidad por daños ambientales sigue
siendo compleja, los tratados internacionales y la jurisprudencia siguen
evolucionando en esta dirección.
b. Responsabilidad internacional por daños medioambientales:
perspectivas y límites
No se admite en la práctica que un Estado sea responsable de reparar los
daños medioambientales u otros derivados de actividades lícitas, peligrosas
para terceros Estados o el medio ambiente, realizadas en su territorio o bajo su
control. Sin embargo, podría invertirse la carga de la prueba en casos de falta
de diligencia en la autorización o control de la actividad. La responsabilidad
objetiva de los Estados no está generalmente aceptada, aunque algunos
proponen que la falta de normas adecuadas para proteger el medio ambiente
podría originar responsabilidad si se produce un daño.
En la codificación realizada por la CDI, se empleó el término “responsabilidad
internacional por consecuencias perjudiciales de actos no prohibidos por el
Derecho Internacional”. No obstante, en la práctica, esto ha sido desplazado, y
la responsabilidad internacional se origina por la violación de obligaciones
primarias, no solo por el daño sensible causado sin tal violación.
c. Mecanismos de solución de controversias en la protección del
medioambiente internacional
Aunque los tratados sobre protección del medio ambiente contemplan medios
para resolver controversias, la negociación es el más privilegiado por los
Estados. Hasta 1997, las reclamaciones entre Estados por daños
transfronterizos eran escasas y no resolvieron de forma estrictamente jurídica.
El único precedente significativo hasta entonces era el laudo del caso Trail
Smelter. Sin embargo, en 1997, el TIJ resolvió la controversia sobre el proyecto
Gabcikovo-Nagymaros, clarificando la noción de “estado de necesidad”
ecológica y reafirmando el principio de “desarrollo sostenible”. Otro caso
relevante fue el de la Mox Plant (Irlanda c/Reino Unido), que concluyó en 2003
con una decisión en contra de Irlanda.
Algunos Estados han aceptado reparar daños por actividades peligrosas, pero
generalmente de manera no obligatoria. Un caso único de responsabilidad
internacional absoluta es el artículo 2 del convenio sobre responsabilidad por
daños causados por objetos espaciales de 1972. Además, pocos tratados
internacionales especifican la reparación de daños ambientales, como el
Protocolo sobre la protección del medio ambiente adicional al Tratado sobre la
Antártida de 1991.
d. Responsabilidad internacional y protección medioambiental en
casos de contaminación transfronteriza
Cuando la contaminación transfronteriza proviene de accidentes en
instalaciones privadas, la responsabilidad recae en el explotador, y el Estado
sólo tiene responsabilidad subsidiaria. Los convenios internacionales sobre
responsabilidad civil por daños ambientales buscan des-internacionalizar estos
litigios. Instrumentos como la Declaración de Estocolmo y la Declaración de Río
fomentan el desarrollo del Derecho en esta área, orientándose hacia regímenes
internacionales específicos para actividades peligrosas y la indemnización de
daños transfronterizos, incluidos los ambientales.
El Consejo de Europa adoptó la Convención de Lugano sobre responsabilidad
civil por daños ambientales, y la Directiva 2004/35/CE aborda la
responsabilidad medioambiental. Se están desarrollando nuevas técnicas de
protección a través del Derecho interno uniforme, buscando trato igualitario
para nacionales y extranjeros en la reparación de daños transfronterizos. Este
principio puede considerarse una norma de Derecho Internacional general.
Además, en ciertos casos, como daños por objetos espaciales, la protección
diplomática se ejerce sin cumplir requisitos como la nacionalidad de la víctima
o el agotamiento de los recursos internos.
e. El rol de los Estados y los derechos humanos en la protección
medioambiental internacional
Los Estados tienen posibilidades limitadas de recurrir a contramedidas en
reciprocidad para hacer respetar normas medioambientales, especialmente en
contextos comerciales como el GATT y la OMC. La protección medioambiental
también refuerza derechos humanos fundamentales, como el derecho a la
vida, la salud y el desarrollo. Aunque aún no existe un consenso sobre el
derecho humano a un medioambiente saludable, se ha incrementado la
protección por derechos internos. Casos como el de López Ostra c. España y
Moreno Gómez, del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, han reconocido
violaciones del derecho a la intimidad por la pasividad ante daños
medioambientales.
La Declaración de Río de 1992 afirma que los seres humanos tienen derecho a
una vida saludable en armonía con la naturaleza. La protección del
medioambiente es vista como esencial para un sistema democrático, e incluso
en los procesos de adopción de decisiones, los ciudadanos deben tener acceso
a la información y participación, como establece el principio 10 de la
Declaración. Esto se materializa en instrumentos como la Convención de
Aarhus de 1998, que promueve el acceso a la información, participación y
justicia en cuestiones medioambientales.
f. Obligaciones internacionales en casos de accidentes
transfronterizos: responsabilidad y cooperación
El Derecho Internacional general impone a los Estados, en caso de accidentes
que causen daños transfronterizos, dos obligaciones:
1) Informar inmediatamente a los posibles afectados.
2) Cooperar en las tareas urgentes para minimizar los daños.
El accidente nuclear de Chernóbil impulsó la opinión juris en esta materia,
reflejada en convenios internacionales como el Convenio de Montego Bay (art.
198) y la Declaración de Río (Principio n. 18). También se consolidó en la
Convención de Helsinki de 1992 y su Protocolo de Kiev de 2003 sobre
responsabilidad civil e indemnización por daños en aguas transfronterizas. El
incumplimiento de estas obligaciones constituye un hecho ilícito internacional.
g. Principios del derecho internacional para la prevención de daños
medioambientales y el desarrollo sostenible
El Derecho Internacional está incorporando principios que imponen a los
Estados obligaciones para prevenir daños medioambientales y asegurar el
desarrollo sostenible. Los Estados deben evaluar previamente el impacto
medioambiental de actividades peligrosas para terceros Estados o el
medioambiente, y están obligados a informar e intercambiar consultas con los
Estados afectados. En algunos casos, especialmente con recursos naturales
compartidos, se exige una cooperación continua, basada en acuerdos
internacionales reguladores. Este principio está reflejado en textos
programáticos como la Declaración de Estocolmo, la Declaración de Río y
convenios internacionales como el Convenio de Montego Bay y la Convención
de Espoo.
h. Principios del derecho internacional en la protección del
medioambiente
El Derecho Internacional ha incorporado varios principios clave relacionados
con la protección medioambiental. Uno de ellos es el principio de precaución,
que establece que la falta de certidumbre científica no justifica la falta de
medidas preventivas. Sin embargo, su aceptación es limitada en la práctica,
como lo demuestra la sentencia del T.I.J. en el caso Gabcikovo-Nagymaros, que
establece criterios estrictos para la aplicación del “estado de necesidad”.
Otro principio es el deber de no transferir riesgos medioambientales entre
zonas, ni transformar un riesgo en otro. También destaca el principio de que
quien contamina debe asumir los costos de prevención y eliminación de la
contaminación, aunque este aún no ha sido aceptado como una norma general
de Derecho Internacional.
Además, se reconoce el principio de “mejor tecnología disponible” y “mejores
prácticas medioambientales”, relacionados con la responsabilidad compartida
pero diferenciada de los Estados según su desarrollo. Este enfoque también se
refleja en los tratados multilaterales y en los acuerdos de Río de 1992, que
establecen responsabilidades diferenciadas y financiamiento de los países
desarrollados para apoyar a los Estados en desarrollo en su camino hacia un
desarrollo sostenible.
3. Problemas de protección del medioambiente a escala global
a. Protección del medioambiente frente a armas nucleares y otras
de destrucción masiva o especialmente dañosas
El Principio 24 de la Declaración de Río establece que la guerra es enemiga del
desarrollo sostenible y que los Estados deben proteger el medioambiente en
tiempos de conflicto armado. La Resolución A.G. 47/37 de 1992 reitera la
importancia de las consideraciones medioambientales durante los conflictos,
destacando que la destrucción no justificada del medio ambiente es contraria
al Derecho Internacional.
El art. 35.3 del Protocolo I de Ginebra de 1977 prohíbe los ataques que causen
daños graves y permanentes al medio ambiente. Este principio se aplica
especialmente a las armas nucleares, cuya utilización bélica es considerada
ilícita por su impacto ambiental. El Tribunal Internacional de Justicia ha
declarado que el uso de armas nucleares constituiría una catástrofe
medioambiental, y ha subrayado la necesidad de desarme nuclear.
Además, existen otros convenios internacionales que regulan el uso de armas,
como el Convenio de Ginebra de 1925, que prohíbe el uso de gases tóxicos, y
el Convenio de 1980 sobre armas excesivamente nocivas. Estos instrumentos
buscan mitigar el impacto ambiental de las técnicas militares. Finalmente, la
Convención de 1976 prohíbe el uso de técnicas de modificación ambiental con
fines militares, y la protección del patrimonio cultural durante los conflictos
está asegurada por la Convención de La Haya de 1954 y sus protocolos.
b. La protección de la capa de ozono
El 22 de marzo de 1985 se adoptó en Viena la Convención para la protección
de la capa de ozono, que obliga a las partes a tomar medidas para proteger la
salud humana y el medio ambiente de los efectos adversos derivados de
actividades que afecten la capa de ozono. El Protocolo de Montreal, firmado el
16 de septiembre de 1987, establece limitaciones y prohibiciones sobre las
sustancias que agotan la capa de ozono, como los fluorocarbonos y el bromuro
de metal.
El protocolo prohíbe la importación de estas sustancias desde países no parte y
establece una reducción progresiva del consumo. Ha sido enmendado varias
veces, con enmiendas obligatorias incluso para los países que voten en contra,
si son aprobadas por una mayoría cualificada. Algunos países desarrollados
han reducido su producción y consumo por encima de los niveles exigidos. La
CE es parte de la Convención de Viena y el Protocolo de Montreal, y los
proyectos para proteger la capa de ozono son financiados por el Fondo para el
Medioambiente Mundial, creado en 1994.
c. La protección del clima global frente al recalentamiento de la
atmósfera
El 5 de junio de 1992 se adoptó en la Conferencia de Río de Janeiro la
Convención marco sobre el cambio climático, que tiene como objetivo
estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero para evitar
interferencias peligrosas en el sistema climático. El convenio establece un
marco institucional que permite adoptar acuerdos ejecutivos y exige a los
Estados partes realizar investigaciones sobre el clima, compartir tecnología y
presentar inventarios de emisiones y sumideros de gases.
El Protocolo de Kyoto, adoptado en 1997, establece límites a las emisiones de
seis gases entre 2008 y 2012, y crea mecanismos como permisos negociables
de emisión y un mecanismo de desarrollo limpio. Los países en vías de
desarrollo reciben trato favorable. El Protocolo entró en vigor el 16 de febrero
de 2005 tras la ratificación de Rusia. España ratificó el Protocolo en 2002 y
creó la Oficina Española de Cambio Climático en 2001. Algunos países que no
aceptan los compromisos de Kyoto han firmado acuerdos alternativos, como el
de 2005 entre Australia, China, Estados Unidos, India, Japón y Corea del Sur.
d. La protección de la biodiversidad
La Convención sobre la Diversidad Biológica fue adoptada en Nairobi el 22 de
mayo de 1992 y abierta a la firma en Río de Janeiro el 5 de junio de 1992. Su
objetivo es la conservación de la biodiversidad, el uso sostenible de sus
componentes y la participación equitativa en los beneficios derivados de los
recursos genéticos. Establece obligaciones para identificar y seguir los
componentes de la biodiversidad, conservar in situ y ex situ, y evaluar el
impacto ambiental de proyectos. Promueve la cooperación entre las partes en
el acceso a recursos y tecnologías, especialmente en países en desarrollo. En
2000, se adoptó el Protocolo de Cartagena sobre la seguridad de la
biotecnología, que busca asegurar la protección de la biodiversidad y la salud
humana frente a los organismos vivos modificados, mediante acuerdos que
proporcionen información previa para tomar decisiones.
e. La lucha contra la desertización
El problema de la desertificación fue examinado en la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre desertificación de 1977, que elaboró un Plan de Acción.
En 1994, se adoptó la Convención de las Naciones Unidas para combatir la
desertificación en países afectados por sequía grave o desertificación,
especialmente en África. Esta Convención reconoce la desertificación y la
sequía como problemas globales interrelacionados con la pobreza, la salud, la
nutrición y la seguridad alimentaria.
La implementación de la Convención depende de la acción de la Conferencia
de las Partes, con apoyo del Secretariado y el Comité de Ciencia y Tecnología.
La Primera Conferencia de las Partes, en 1997, destacó la necesidad de
financiación internacional para combatir la desertificación, que puede provenir
del FMAM.
La protección internacional del medioambiente: regímenes
particulares
1. Protección de sectores medioambientales determinados
a. La protección de la atmósfera
La contaminación del aire puede ser causada por la emisión de gases o
partículas por fábricas, vehículos, barcos, aeronaves o actividades en la tierra.
El aire contaminado afecta el clima, puede generar “lluvias ácidas” y dañar la
capa de ozono. Este tipo de contaminación tiene un alcance global y sus
efectos pueden ser catastróficos, como en el desastre de Bhopal en 1984.
La acción internacional comenzó con el laudo de 1941 en el caso Trail Smelter,
que trató la contaminación atmosférica entre Canadá y Estados Unidos. El
principio de no causar daños “sensibles” a terceros se estableció como norma.
En cuanto a tratados, el más importante es el Convenio de Ginebra de 1979,
que busca reducir la contaminación atmosférica transfronteriza, especialmente
por dióxido de sulfuro y óxidos de nitrógeno, los cuales provocan “lluvias
ácidas”. Los Estados Partes se comprometen a reducir gradualmente la
contaminación y a colaborar en el intercambio de datos. Además, se adoptaron
varios protocolos adicionales para reducir las emisiones de gases
contaminantes, como los de 1985, 1988 y 1991. Finalmente, aunque la
contaminación acústica también es un problema, la protección de la atmósfera
en este aspecto es menos desarrollada, con estándares adoptados por la OACI
en 1980 sobre ruidos producidos por aviones.
b. Protección del agua dulce: ríos y lagos
La utilización de las aguas de ríos y lagos internacionales para diversos fines,
incluidos desagües de refrigeradores de centrales nucleares y térmicas, ha
aumentado en las últimas décadas, generando problemas de contaminación
transfronteriza. Un ejemplo reciente es el vertido de sustancias químicas al Rin
en 1986. Aunque la preocupación por la contaminación de aguas surgió
temprano, la formulación de instrumentos internacionales generales ha sido
reciente y mayormente recomendatoria.
La protección de las aguas fluviales y lacustres frente a la contaminación no
fue objeto de tratados específicos hasta la década de 1950, aunque ya en 1909
el tratado entre el Reino Unido y Estados Unidos incluía normas para la
protección de la calidad de las aguas. Sin embargo, de los tratados
internacionales sobre aprovechamiento de aguas, solo una pequeña proporción
incluye cláusulas medioambientales.
El principio general aplicable es el de “sic utere tuo”, que obliga a los Estados a
prevenir daños transfronterizos significativos. El IDI, en 1979, adoptó una
resolución que subraya la obligación de los Estados de evitar la contaminación
de las aguas de ríos y lagos internacionales. A nivel internacional, la
“Convención sobre el Derecho de los Usos de los Cursos de Agua
Internacionales para Fines Distintos de la Navegación” de 1997 y la
“Convención sobre la Protección y Utilización de Cursos de Aguas
Transfronterizos y de los Lagos Internacionales” de 1992 son fundamentales en
el desarrollo de normas en este ámbito.
Además, se han adoptado varios protocolos, como el de responsabilidad e
indemnización por daños derivados de accidentes industriales en aguas
transfronterizas. En cuanto a ríos internacionales, tratados como el de Berna
de 1963, la Comisión del Danubio y la Comisión del Rin supervisan la
contaminación en varias cuencas hidrográficas.
En América, destaca la cooperación en la Cuenca del Río de la Plata y el
Tratado de Cooperación Amazónica, mientras que en África y Asia existen
acuerdos para la gestión de ríos como el Níger, el Nilo y el Indo. Estos acuerdos
buscan el desarrollo sostenible y la prevención de la contaminación en las
cuencas hidrográficas compartidas.
c. La protección internacional del medio marino contra la
contaminación
i. Principios y normas generales
La creciente utilización de los mares, su vulnerabilidad a la contaminación y los
daños que esta puede causar explican la acción internacional en su protección.
La contaminación puede originarse desde tierra, el aire, los fondos marinos o
actividades en la superficie, como los vertidos desde buques. El petróleo es
una de las principales sustancias contaminantes, con accidentes notorios como
el Torrey Canyon (1967) y el Exxon Valdés (1989). Además, la contaminación
por desechos radiactivos es un tema de gran preocupación internacional.
Muchos Estados han dictado normas internas para la protección marina, como
la Ley de 1978 sobre la Zona Económica Exclusiva en España y la ley francesa
de 2003 tras el naufragio del Erika. El Principio 7 de la Declaración de
Estocolmo (1972) subraya que los Estados deben prevenir la contaminación de
los mares. El Convenio de Montego Bay (1982) establece en su Parte XII la
obligación de proteger y preservar el medio marino, requiriendo a los Estados
medidas para prevenir y controlar la contaminación y asegurando que sus
actividades no perjudiquen a otros Estados.
El Convenio también establece la cooperación internacional para la
vigilancia de la contaminación, y obliga a los Estados a tomar medidas para
proteger el medio marino en áreas como la Alta Mar y la Zona Económica
Exclusiva. Asimismo, el Convenio regula la jurisdicción estatal sobre la
contaminación, destacando la competencia del Estado del pabellón, el Estado
ribereño y el Estado del puerto para abordar la contaminación. El Estado
ribereño tiene competencia para actuar contra buques extranjeros
responsables de contaminación en su territorio o Zona Económica Exclusiva.
Finalmente, los instrumentos de la Conferencia de 1992 sobre medio ambiente
y desarrollo abogan por la protección de los océanos, mares y zonas costeras,
y la utilización sostenible de sus recursos vivos.
ii. Convenciones internacionales específicas
El Convenio de Montego Bay (art. 237) se establece como marco normativo de
referencia para otros convenios sobre la protección del medio marino contra la
contaminación. Entre ellos, destacan los siguientes:
a) Convenios de protección global:
i. El Convenio MARPOL (1973) regula la prevención de la
contaminación por los buques, con anexos sobre hidrocarburos y
otras sustancias nocivas.
ii. El Convenio de Londres (1972) regula el vertimiento de desechos
y prohíbe ciertos vertidos, incluidos los radiactivos, con
enmiendas hasta 1993 que prohibieron los vertidos radiactivos en
el mar.
iii. El Convenio sobre la cooperación en casos de contaminación por
hidrocarburos (1990) sigue el principio de “quien contamina
paga”.
b) Convenios sobre intervención en Alta Mar: el Convenio de Bruselas
(1969) regula la intervención en alta mar por contaminación por
hidrocarburos y su ampliación a otras sustancias en 1973.
c) Convenios sobre responsabilidad civil:
i. El Convenio de Bruselas (1969) sobre responsabilidad por daños
causados por contaminación por hidrocarburos, modificado en
1992.
ii. El Convenio de Londres (1976) sobre responsabilidad civil por
contaminación por hidrocarburos debido a la explotación del
fondo marino.
d) Convenios regionales:
i. Mar del Norte: el convenio de Bonn (1969) y su complemento de
1983 sobre contaminación por hidrocarburos.
ii. Mar Báltico: el Convenio de Helsinki (1974) cubre la protección del
medioambiente en el área del Mar Báltico.
iii. Mediterráneo: el Convenio de Barcelona (1976) y sus protocolos
cubren la protección contra la contaminación y la gestión
integrada de las zonas costeras.
iv. Mar Caspio: el Convenio de Teherán (2003) aborda la protección
del medio ambiente marino y los protocolos adicionales.
Este enfoque regional adapta las disposiciones a las características locales y
promueve la cooperación en la gestión de las zonas costeras y marinas.
d. Conservación de la naturaleza. La protección de especies
naturales y de sus ecosistemas
Existen ejemplos antiguos de convenios internacionales sobre protección
ambiental, como el Convenio de París de 1902 y su modificación en 1950, que
amplió la protección de aves silvestres. En cuanto a animales marinos,
destacan el Acuerdo de 1885 sobre la pesca de focas y la Convención de 1911
sobre la protección de las focas peleteras. La conservación de especies en
peligro, como focas, osos polares y ballenas, ha sido regulada por convenios
específicos, como el de 1946 sobre la pesca de ballenas.
La conservación de otras especies se centra en objetivos económicos, como los
tratados sobre pesquerías, por ejemplo, el de Ginebra de 1958. Además, la
Convención de Montego Bay estableció principios generales de conservación
de todas las especies marinas.
En cuanto a la pesca, los tratados regionales, como la Convención sobre peces
migratorios del Pacífico, regulan la explotación y las cuotas. En 2007, dos
pesqueros japoneses fueron liberados tras un conflicto legal con Rusia
relacionado con la pesca en su zona económica exclusiva.
A nivel global, el Convenio sobre especies migratorias de 1979 y el CITES
(1973) son fundamentales en la conservación de fauna y flora silvestre. Otros
tratados importantes incluyen el de Ramsar de 1971 sobre humedales y el
Convenio de Berna de 1979 en Europa. En América, África y el Pacífico Sur
también existen convenios regionales de conservación.
Además, se han establecido tratados específicos para proteger los animales
frente a actividades como la experimentación y el transporte internacional. En
cuanto a la protección de los bosques, se han creado acuerdos como el
Convenio Internacional de Maderas Tropicales (1994) y la Declaración de
Yaundé sobre bosques tropicales (1999). Por último, el Convenio de la Unesco
sobre el patrimonio mundial de 1972 protege el patrimonio cultural y natural,
con sanciones por incumplimiento.
2. Cuestiones relevantes para varios sectores medioambientales
a. El tráfico internacional de desechos y sustancias peligrosas
Los desechos, producto de diversas actividades humanas, pueden ser
peligrosos para el medio ambiente y la salud humana si no se gestionan
adecuadamente. La creciente producción de desechos ha llevado a la adopción
de regulaciones, como la Convención de Basilea de 1989, que controla los
movimientos transfronterizos de desechos peligrosos. Esta convención exige a
los países de origen reducir la producción y exportación de desechos
peligrosos, y prohíbe el tráfico con países no miembros, excepto en acuerdos
basados en criterios medioambientales. Además, se considera criminal el
tráfico ilegal de desechos peligrosos y se fomenta la generación de desechos
menos peligrosos.
En 1999, se adoptó un protocolo sobre responsabilidad y compensación por
daños medioambientales derivados del tráfico de desechos peligrosos. En
2002, las partes adoptaron un Plan Estratégico para la gestión ambiental de
estos desechos hasta 2010. En África, la Convención de Bamako (1993)
prohíbe la importación de desechos peligrosos, mientras que en otros países se
han adoptado disposiciones similares.
En cuanto a desechos radiactivos, la AIEA aprobó un Código de Prácticas en
1990 y la Convención sobre la seguridad en su gestión en 1997. La Comisión
de Derechos Humanos de las N.U. también ha estudiado los efectos de este
tráfico en los derechos humanos. Por último, se han adoptado convenios
internacionales, como el de Rotterdam (1998) y Estocolmo (2001), para
controlar el tráfico de sustancias químicas y pesticidas peligrosos, y promover
la cooperación entre los convenios de Basilea, Rotterdam y Estocolmo.
b. Lucha y prevención de la contaminación radiactiva derivada de
usos pacíficos de la energía nuclear
La lucha contra la contaminación radiactiva derivada de usos pacíficos ha sido
un tema clave en la comunidad internacional, especialmente tras los
accidentes de Three Mile Island (1979), Chernóbil (1986) y Fukushima (2011).
La Convención de 1994 sobre seguridad nuclear, adoptada en el marco de la
AIEA, busca mejorar la seguridad nuclear global, prevenir accidentes y mitigar
sus consecuencias.
En cuanto a la responsabilidad civil por daños nucleares, se han adoptado
varias convenciones, como la Convención de París de 1960, que establece
responsabilidad objetiva para los explotadores de instalaciones nucleares, y la
Convención de Bruselas de 1963, que aumenta la cobertura financiera. Estas
convenciones se han complementado con otros acuerdos, como la
Convención de Viena de 1963 y su enmienda de 1988. Además, en 1997 se
adoptó la Convención de Viena sobre reparación complementaria de daños
nucleares, que amplía la cobertura a daños al medio ambiente.
También se han establecido acuerdos bilaterales y multilaterales para la
cooperación en casos de riesgos de daño nuclear transfronterizo, así como
convenios sobre notificación inmediata de accidentes nucleares y ayuda en
emergencias nucleares, promovidos tras el accidente de Chernóbil.
Recientemente, España adoptó la Ley 127/2011 sobre responsabilidad civil por
daños nucleares, ajustándose a las convenciones internacionales y el
Derecho de la Unión Europea.
3. La protección del medio en espacios sustraídos a la soberanía de los
Estados: espacio ultraterrestre y espacios polares
a. Protección del medio ultraterrestre
Las actividades en el espacio ultraterrestre plantean problemas ambientales
como la acumulación de desechos, contaminación de cuerpos celestes y la
alteración de radiotransmisiones. Estos riesgos, aunque en su mayoría
especulativos, han sido abordados a través de tratados internacionales.
El Tratado de 1967 sobre la exploración y utilización del espacio ultraterrestre
establece que los Estados deben cooperar y evitar la contaminación nociva de
la Tierra por materias extraterrestres. Este tratado no protege directamente el
espacio ultraterrestre, sino los intereses de los Estados al evitar la interferencia
con su uso legítimo.
El Convenio de 1979 sobre la Luna y otros cuerpos celestes establece que los
Estados deben evitar alterar el equilibrio del medioambiente lunar o terrestre
por la introducción de sustancias ajenas. El Convenio de 1971 sobre
responsabilidad por daños causados por objetos espaciales incluye daños al
medio ambiente terrestre, y en 1993 la Asamblea General adoptó la Resolución
47/68 sobre el uso de reactores nucleares en el espacio. La obligación de
prevenir daños al medio ultraterrestre podría surgir en el marco de la
obligación general de prevenir daños a espacios fuera de la soberanía estatal.
Principio de contaminador-pagador: el principio de contaminador-
pagador, también conocido como “quien contamina paga”, establece que
quien contamina debe asumir los costos de la contaminación. Esto incluye los
costos de la prevención y reparación de los daños al medioambiente. El
objetivo de este principio es que los contaminadores internalicen los costos de
su actividad, en lugar de externalizarlos a la sociedad y al Estado. Las
consecuencias del principio de contaminador-pagador son:
o Las empresas que contaminan son responsables de los daños que
causan.
o Las empresas deben tomar medidas preventivas o reparadoras.
o Las empresas deben pagar los costos relacionados con la contaminación.
o El precio de los productos y actividades contaminantes refleja las des-
economías externas.
El principio de contaminador-pagador se basa en los principios de cautela
y de acción preventiva.
Principio de uso sustentable: el principio de uso sustentable es una
estrategia para gestionar la biodiversidad de manera que se obtengan
beneficios sociales, culturales y económicos, al mismo tiempo que se mantiene
su potencial para las generaciones futuras. El uso sustentable es parte del
desarrollo sostenible, que se define como el desarrollo que satisface las
necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras
generaciones.
Algunos principios del desarrollo sustentable son: respeto por el
medioambiente y la biodiversidad, uso responsable de los recursos naturales,
equidad social y justicia económica, participación ciudadana y toma de
decisiones colectivas, educación y conciencia ambiental. Algunas acciones que
se pueden realizar para hacer un uso sustentable son:
o Ahorrar energía lumínica.
o Desenchufar los electrodomésticos sin uso.
o Alternar los métodos de transporte.
o Consumir más verduras y productos agro-sustentables.
o Separar residuos, reparar y reciclar.
o Utilizar menos plástico.
b. Protección del medioambiente polar
El Tratado sobre la Antártida de 1959 prohíbe las pruebas nucleares y el
almacenamiento de residuos radiactivos (art. 5). Establece la cooperación
internacional en la protección de la fauna y flora antárticas, con instrumentos
como el Convenio de Londres (1972) y el Convenio de Canberra (1980). En
1991, el Protocolo sobre protección del medio ambiente fue adoptado, creando
obligaciones en áreas como evaluación del impacto ambiental,
conservación de fauna y flora, y prevención de la contaminación marina.
El Protocolo también crea el Comité para la Protección del Medioambiente, que
emite recomendaciones, pero no tiene poder de decisión. En el Ártico, aunque
existen tratados para proteger el medio ambiente, no hay un tratado global
específico. Los ocho países árticos adoptaron en 1991 una “estrategia ártica de
protección medioambiental” que no es jurídicamente vinculante, pero que dio
lugar a iniciativas como la creación del Consejo Ártico en 1996, aunque la
protección ambiental no es su prioridad principal.
Evolución: la evolución es el proceso de cambio gradual que experimenta la
vida a lo largo del tiempo. En el ámbito biológico, se refiere a la transformación
de las especies a través de cambios en su genoma. La evolución se produce
por mutaciones que alteran los rasgos físicos o las funciones biológicas de los
organismos. Los individuos que están mejor adaptados a su entorno son los
que producen más descendencia, por lo que sus características se transmiten a
las generaciones siguientes. La teoría de la evolución fue formulada por
Charles Darwin, quien la definió como “descendencia con modificación”.
Algunas evidencias de la evolución son: la existencia de fósiles, las homologías
estructurales, las semejanzas entre las moléculas biológicas, la distribución de
los organismos en el espacio y en el tiempo, la biología del desarrollo.
Carta de las Naciones Unidas: la Carta de las Naciones Unidas recoge
los principios de las relaciones internacionales, desde la igualdad soberana de
los Estados, hasta la prohibición del uso de la fuerza en las relaciones
internacionales.
Resoluciones: las resoluciones son decisiones que adoptan las autoridades
públicas o los tribunales. Pueden ser de carácter general o particular, y pueden
ser escritas o emanar de un tribunal. Las resoluciones pueden tener diferentes
propósitos, como:
o Resolver una controversia entre partes.
o Autorizar u ordenar el cumplimiento de medidas específicas.
o Manifestar la voluntad de la autoridad pública hacia los ciudadanos.
o Detallar, desarrollar o complementar lo que estipula la ley.
En el ámbito del derecho, las resoluciones pueden ser: decretos, autos,
sentencias, providencias, fallos de autoridad gubernativa o judicial. En el
ámbito de las pantallas, la resolución se refiere a la cantidad de píxeles que se
puede mostrar. Las escalas de resolución más comunes son: SD (480p), 1K
(540p), HD (720p), 2K (1.080p), Quad HD (1.440p), 4K (2160p), 8K (4.320p).