Maíz planta maravillosa
El maíz es el cultivo agrícola más importante de nuestro país, desde el punto de
vista alimentario, industrial, político y social.
El cultivo del maíz se producen principalmente dos variedades de maíz: blanco y
amarillo. El maíz blanco se produce exclusivamente para el consumo humano, en
virtud de su alto contenido nutricional. Por otra parte, el maíz amarillo se destina al
procesamiento industrial y a la alimentación animal. Ambos se produce en dos
ciclos productivos: primavera-verano (PV) y otoño-invierno (OI), bajo las más
diversas condiciones agroclimáticas (humedad, temporal y riego) y diferentes
tecnologías.
Época prehispánica
El maíz era un alimento básico y un elemento fundamental en la cultura de los
pueblos mesoamericanos. Se utilizaba para la alimentación, en ceremonias
religiosas y festividades.
Además, para las culturas mesoamericanas, el maíz no solo significaba una
mercancía o parte de la alimentación básica junto con el frijol y el chile, era un
elemento crucial en su cultura y en su identidad, ya que el desarrollo de las
civilizaciones nahuas, mayas, zapotecas, olmecas, entre otras, se cimentó en su
cultivo y su aprovechamiento.
En diversas culturas mesoamericanas el maíz era considerada una planta sagrada
que representaba el universo, materia prima que crea a los primeros humanos.
Formó parte vital del calendario agrícola y de varias de sus festividades
relacionadas con la fertilidad y la creatividad.
Alimentación
Se usaba para preparar atoles, tamales, tortillas, esquites, chilaquiles, elotes,
tacos y tlayudas.
El pozole, un caldo hecho con maíz cacahuazintle, es un platillo que proviene de la
época prehispánica.
Ceremonias religiosas
Se formaban figuras de dioses con maíz y amaranto.
Los mexicas adoraban a Centéotl, la diosa del maíz.
Los mayas creían que los dioses crearon al hombre con maíz.
Festividades
Formaba parte del calendario agrícola y de festividades relacionadas con la
fertilidad y la creatividad.
El maíz y el amaranto eran elementos indispensables en los altares de muertos.
Simbolismo
Se le consideraba una planta sagrada que representaba el universo.
Se le veía como un componente fundamental en el arreglo del universo.
El dios del maíz frecuentemente aparecía rodeado por cuatro espigas de la planta.
Actualidad
En México se produce un promedio anual de más de 27 millones de toneladas de
maíz blanco en una superficie de más de 7 millones de hectáreas y de maíz
amarillo más de 15 millones de toneladas en una superficie de 553 mil hectáreas.
Uno de los principales objetivos del Gobierno de México es incrementar la
producción de maíz blanco para satisfacer las necesidades nacionales con la
producción interna, es decir, avanzar por medio de programas como Producción
para el Bienestar y Precios de Garantía taria, con el fin de avanzar en la estrategia
de autosuficiencia alimentaria.
El maíz no es sólo alimento, también sirve para producir muchas cosas, más de
las que imaginamos, es ingrediente esencial de cerca de cuatro mil productos que
conocemos, los cuales tienen como base los subproductos del maíz, por ejemplo
jarabe, aceite, harina o fécula, por mencionar sólo algunos.
Además de ello, actualmente, con maíz se hace incluso un combustible conocido
como bioetanol, por eso, en el mundo, cada vez más extensiones de tierra se
dedican al cultivo de este cereal con este fin.
Por otro lado, la alimentación animal y uso industrial para generar otros bienes es
el destino principal del maíz amarillo, del cual, apoyado con las importaciones, se
garantiza el abasto para la industria almidonera, alimentos balanceados para el
ganado, así como de frituras y hojuelas.
Retos y desafíos
A pesar de su importancia cultural, económica y alimentaria, el maíz
enfrenta retos importantes en la actualidad. El cambio climático, la degradación
del suelo, la competencia por recursos hídricos y las plagas y enfermedades son
algunos de los desafíos que ponen en riesgo la producción y el futuro de este
cereal.
Es fundamental fortalecer la investigación científica para desarrollar variedades de
maíz más resistentes y adaptables a las condiciones cambiantes, la promoción de
prácticas agrícolas sostenibles y la implementación de políticas públicas que
apoyen a los pequeños productores son claves para garantizar la seguridad
alimentaria y la conservación de este patrimonio biocultural.