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Del Estado Del Hombre Después de La Muerte

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DEL ESTADO DEL HOMBRE DESPUÉS DE LA

MUERTE
Comentario a la Confesion de Fe de Westminster.
Por Archibal A. Hodge
CAPÍTULO XXXII

DEL ESTADO DEL HOMBRE DESPUÉS DE LA MUERTE Y DE LA RESURRECCIÓN


DE LOS MUERTOS

SECCIÓN I
El cuerpo del hombre después de la muerte vuelve al polvo y ve la corrupción. (Gen. 3:
19. Hch 13: 36) pero su alma (que no muere ni duerme,) por tener una subsistencia
inmortal, vuelve inmediatamente a Dios que la dio. (Luc. 22: 43. Ecles. 12: 7.) El alma
de los justos: siendo hecha entonces perfecta en santidad, es recibida en el más alto
cielo en donde contempla la faz de Dios en luz y gloria, esperando la completa
redención de su cuerpo. (Heb. 12: 23. Fil. 1: 23. I Juan 3: 2. II 5: 1, 6; 8.) El alma de los
malvados es arrojada al infierno en donde permanece atormentada y envuelta en
densas tinieblas, reservada para el juicio del gran día. (Luc. 16: 23, 24. Jud. 6, 7.) Fuera
de estos dos lugares para las almas separadas de sus cuerpos; las escrituras no
reconocen ningún otro.

Esta sección enseña:

1ª Que el hombre está compuesto de dos elementos distintos, un cuerpo y una alma, y
que la muerte consiste en la separación temporal de éstos.

2ª Que mientras el cuerpo se descompone en sus elementos químicos, el alma del


creyente—(a)—es hecha inmediatamente perfecta en santidad,— (b)—que durante
todo el estado intermedio entre la muerte y la resurrección continúa consciente, activa
y feliz, y—(c)— está en la presencia de Cristo, quien, después de su ascensión, está
sentado a la diestra de Dios.

3ª Que las almas de los malos continúan durante su estado intermedio, conscientes y
activas, pero en un estado de tormento penal, esperando el juicio del gran día.

4ª Estas condiciones, sin ser finales, son irrevocables—esto es. que ninguno de los que
están con Cristo se perderá, ni ninguno de los que están en tormento se salvará.

5ª La Escritura no ofrece ninguna base para la doctrina Romanista sobre que hay más
lugares o condiciones ocupados por los hombres que han muerto, sino sólo habla de los
dos estados mencionados arriba.

6ª. La dualidad de la naturaleza humana, como compuesta de dos elementos


separables —alma y cuerpo— teniendo existencia y atributos distintos e
independientes, es tomada de la Escritura y se implica constantemente en el lenguaje
de ella. Así se dice que Dios hizo el cuerpo del polvo de la tierra y alentó en su nariz
soplo de vida, y fue el hombre en ánima viviente. Gén. 2:7.

Cristo nos enseña a no "temer a los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden
matar." Mat. 10:28. La muerte es definida en el Ecles. 12:7, como la disolución de la
unión personal de los dos elementos; "Y el polvo se torne a la tierra, como era, y el
espíritu se vuelva a Dios que lo dio."
De un modo semejante, Pablo 2 Cor. 5:8; Fil. 1:22-24, la define como una partida, como
estar con Cristo, como cesando de vivir en la carne, estar ausente del cuerpo en la
parte de la conciencia personal del alma.

7ª. Sabemos que cuando el alma deja el cuerpo, éste vuelve a sus elementos químicos
originales que gradualmente se incorporan con las corrientes variables de la materia
en la superficie de la tierra. Las Escrituras, sin embargo, nos enseñan que, a pesar de
este cambio de constitución material, la identidad real de nuestros cuerpos será pre-
servada, y que, como miembros de Cristo, todo lo que es esencial a ellos será
preservado hasta lo último y traído a una resurrección gloriosa.

En cuanto a la condición y lugar que ocupan las almas de los hombres durante el
intervalo que trascurre entre la muerte de cada individuo y la resurrección general y
simultánea de los cuerpos de todos los que han muerto, lo que las Escrituras enseñan
puede presentarse bajo los puntos siguientes:

(1) Las almas de los creyentes así como las de los reprobos continúan después de la
muerte conscientes y activas, aun cuando permanezcan separadas de sus cuerpos
hasta la resurrección.

(2) Las almas de los creyentes son hechas después de la muerte perfectas en
santidad.

(3) Las almas de los creyentes, así perfeccionadas, son introducidas inmediatamente a
la presencia de Cristo, y continúan disfrutando de revelaciones brillantes de Dios y de
la sociedad de los santos ángeles.

(4) Las almas de los reprobos son desde luego introducidas al lugar preparado para el
diablo y sus ángeles, y continúan en una miseria inalterable.

(5) Este estado de las dos clases no admite ningún cambio o traspaso, sino que su
condición actual es el principio de su progresión inevitable en direcciones opuestas. No
obstante esto, es intermedio en el sentido—(a)—de que las personas de los hombres
continúan incompletas, mientras las almas están separadas de los cuerpos.— (b)—Que
ni la redención de los salvos ni la perdición de los perdidos ha llegado todavía a su
estado final.— (c)—Que probablemente en el caso de Jos últimos, y mayormente en el
caso de los redimidos, los lugares que ocupan en la actualidad, no son los mismos que
ocuparán para siempre después de la sentencia final.

(6) En cuanto a la situación del lugar en que las almas de los reprobos sufren, las
Escrituras no dan ninguna luz. En Judas, verso 6, se dice que: "Los ángeles que no
guardaron su dignidad, mas dejaron su habitación, los ha reservado debajo de
oscuridad en prisiones eternas hasta el juicio del gran día." En Mat. 25:41, el Juez, en el
último día, dice a los que están a su mano izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al
fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles." El hombre rico, Luc. 16:23,
alzaba sus ojos en el infierno, estando en tormento, mientras sus hermanos estaban
todavía en la tierra. Pero dónde están situados estos lugares, y si la localidad del
tormento ahora es idéntica a la de los tormentos después del juicio, ningún hombre
puede decirlo, porque Dios no lo ha revelado. De contado que los términos "arriba",
"abajo", "sobre", "encima", usados al tratar tales asuntos, deben ser simplemente
metafóricos, y no pueden señalar la dirección absoluta, cuando se habla
indistintamente a los habitantes de una esfera que está moviéndose y rotando
siempre.
(7) En cuanto al lugar en donde por ahora están congregados los redimidos, no es
revelado nada absolutamente, si no es que están donde se encuentra la humanidad
glorificada de Cristo. Ellos están con Él v esta es su gloria. 2 Cor. 5:1-8. Véanse
también las representaciones que da el Apocalipsis. Cristo, en su ascensión, se asentó
a la diestra de Dios, a "la diestra de la Majestad en las alturas." Mar. 16:19; Rom. 8:34;
Heb. 1:33; 10:12, etc. Esto debe ser un lugar, porque siendo finita la humanidad de
Cristo, su presencia debe ocupar un lugar definido; así, la frase "diestra de Dios", debe
señalar con toda evidencia más bien la condición de honra y poder al cual Cristo ha
sido elevado como Rey medianero. En cuanto a la situación del lugar donde Cristo y la
esposa glorificada tendrán su morada central por toda la eternidad, hay gran
probabilidad de que sea nuestro planeta la tierra, una vez que haya sido quemada con
fuego y acondicionada gloriosamente para ello. Véase Rom. 38:19-23; 2 Ped. 3:5-13;
Rev. 21:1.

La prueba de todas las proposiciones sentadas arriba —por ejemplo, que en el estado
intermedio las almas conservan su conciencia y actividad, que los redimidos son
hechos perfectamente santos y felices con Cristo, que los reprobados estarán con el
diablo y sus ángeles en el tormento, y que estas condiciones son inmutables— puede
presentarse mejor colectiva que distributivamente. Es como sigue: La reaparición de
Samuel en un estado consciente, en el uso de todas sus facultades, al llamamiento de
Saúl y la pitonisa de Endor. I Sam. 28:7-20; la aparición de Moisés y Elias en la
transfiguración de Cristo en el monte, Mat. 17:3; las palabras que Cristo dirigió al
ladrón en la cruz, Luc. 23:43; la parábola del Rico y Lázaro, Luc. 16:23,24; Lázaro
estaba consciente en el seno de Abraham; el Rico estaba consciente en los tormentos
del infierno (Hades), mientras sus hermanos viven todavía en la carne. Cuando la
muerte de Esteban se dice, Act. 7:55-59, que, estando lleno del Espíritu Santo, vio los
cielos abiertos, y a Jesucristo sentado a la diestra de Dios y mirando esto clamó:
"¡Señor Jesús, recibe mi espíritu!" y así murió.

En II Cor. 5: 1-8, Pablo dice que morar en el cuerpo es estar ausente del Señor; y, estar
ausente del cuerpo, es estar presente con el Señor, y por esto Pablo dice, Fil. 1:21-24,
que para él, morir era ganancia, y estaba "en estrecho, teniendo deseos de partir y
estar con Cristo, que es mucho mejor, no obstante permanecer en la carne es más
necesario por causa de vosotros." En I Tes. 5:10, Pablo también dice que el sueño de la
muerte, es "un vivir juntamente con Cristo." En Efes. 3:15, se declara que toda la
Iglesia es una sola familia, de la que en el presente una parte está en el cielo y otra en
la tierra. En Heb. 6:12-20, se dice que después de que Abraham (y otros santos
antiguos) esperó pacientemente, "obtuvo las promesas", cuyas promesas, como
sabemos, tenían una verdadera significación espiritual y celestial. En Act. 1:25, se dice
que Judas se fue a su propio lugar. En Judas 6-7, se dice que los ángeles perdidos están
reservados en prisiones eternas, en tinieblas, para el juicio del último día, sufriendo la
venganza del fuego eterno. En Heb. 7:23, se representa a los espíritus de los justos
como hechos perfectos y felices con los ángeles en el cielo. En Rev. 6:9-11, se
representa a las almas de los mártires como estando bajo el altar en el cielo, clamando
por el castigo de sus perseguidores en la tierra, y esto de contado será antes de la
resurrección. En Rev. 5:9;7:9;14:l-3, se representa a las almas de los creyentes como
estando en la actualidad con Cristo y con sus santos ángeles.

8ª. Nuestra Confesión enseña que en la Escritura no hay ningún fundamento para la
doctrina Romanista respecto al estado intermedio de los hombres que han muerto. Los
papistas sostienen que hades o el mundo inferior comprende varias regiones distintas,
a las cuales son destinadas las almas humanas:—(1)—Las almas de los niños no
bautizados van al "Limbus Infantum", donde ellos permanecen sin sufrimientos, pero
sin la visión de Dios.— (2)—Los creyentes que vivieron en el Antiguo Testamento se
fueron al "Limbus Patrum", donde, aunque sin sufrimientos y sin la visión de Dios,
permanecieron como "espíritus en prisión", hasta que Cristo, en los tres días que
permaneció bajo el poder de la muerte, vino a libertarlos. I Ped. 3:19.20.— (3)—Todos
los adultos que no son bautizados, y aquellos que subsecuentemente pierden la gracia
del bautismo y mueren sin reconciliarse con la Iglesia, van desde luego al infierno
eterno.— (4)—Todos los cristianos que alcanzan cierto grado de perfección cristiana
pasan inmediatamente al cielo.— (5)—La gran mayoría de cristianos santificado'
parcialmente, que mueren en comunión con la Iglesia, estando sobrecargados con sus
imperfecciones, van al purgatorio.

Respecto al Purgatorio, el Concilio de Trento enseña—(a)—Que allí hay un fuego


purificador por el cual pasan los cristianos imperfectos.—(b)—Que puede beneficiarse
a las almas que están en el purgatorio, por las oraciones y misas ofrecidas en favor
suyo aquí en la tierra.

Esta doctrina es falsa, porque—(1)—no se enseña en ninguna parte de la Biblia.— (2)


—Se opone a las enseñanzas de la Escritura sobre un estado intermedio, según lo
vimos arriba.— (3)—Descansa sobre principios anticristianos en cuanto a la expiación
de Cristo, en cuanto a la eficacia de los sufrimientos temporales para expiar el pecado
y para purificar el alma, en cuanto al sacrificio de la misa, las oraciones por los
muertos, etc.

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