LA NARRATIVA DEL SIGLO XX Lengualia Resumido
LA NARRATIVA DEL SIGLO XX Lengualia Resumido
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I. LA NOVELA ANTERIOR AL 36
La primera mitad del siglo XX es muy rica desde el punto de vista literario. Los autores de la Generación
del 98 utilizan la novela como vehículo fundamental de expresión y lo convierten en el género por
excelencia de la literatura del siglo XX. Posteriormente, los autores pertenecientes al Novecentismo o
Generación del 14 lo cultivan con profusión, junto con el ensayo, y en ambos se proponen buscar nuevas
vías narrativas.
1. NOVELA DEL 98
La novela es el género más importante de cuantos cultivaron los miembros de este grupo que incluye a
autores como Unamuno, Baroja, Maeztu, Valle-Inclán, Benavente, Rubén Darío, caracterizados por su
espíritu de protesta y su profundo amor al arte.
El germen de esta generación fue el “grupo de los Tres”, constituido por Baroja, Azorín y Maeztu, que
en 1901 publican un manifiesto en el que defienden la regeneración de España.
La mentalidad del 98 está marcada por los siguientes rasgos:
Idealismo
Entronque con las corrientes irracionalistas europeas: Nietzsche, Schopenhauer y el
neorromanticismo.
Preocupaciones existenciales y religiosas: interrogantes sobre el sentido de la vida, el destino del
hombre, precursores del existencialismo
Tema de España.
Los temas principales, además de los relacionados con la regeneración del país y el problema de España,
serán dos: la reflexión sobre el sentido de la vida y de la muerte y el paso del tiempo.
En cuanto a la forma, buscan la sencillez y la claridad. Huyen de la retórica vacía y de los largos periodos
oracionales. Lo más importante es el argumento, el fondo, y la forma no debe ser un obstáculo para la
comprensión del mensaje implícito en la novela.
Entre los miembros de la Generación del 98, los principales novelistas son:
Miguel de Unamuno (1864-1936) Escibr novelas de denso contenido filosófico: San Manuel
Bueno, mártir; Niebla (1914).
Pío Baroja (1872-1956) El árbol de la ciencia; trilogía “la lucha por la vida”.
Valle Inclán (1866-1936): Las Sonatas, obra de estética modernista; protagonizadas por el
Marqués de Bradomín, “un don Juan feo, católico y sentimental”. La trilogía La guerra carlista y
Tirano Banderas (sobre un dictador americano que humilla y degrada a los hombres).
José Martínez Ruíz, “Azorín”, escribió la trilogía de Antonio Azorín: La Voluntad, Antonio
Azorín y Las confesiones de un pequeño filósofo (obras de carácter autobiográfico).
Publicaron sus novelas durante las tres primeras décadas del s. XX, y desempeñaron su magisterio sobre
los autores más jóvenes. Con su renovación estética inauguran la Edad de Plata de nuestra literatura.
2. NOVELA NOVECENTISTA
Como puente entre la Generación del 98 y la Generación del 27, encontramos a un grupo de escritores que
se dan a conocer entre 1910 y 1914 y que reciben la denominación de novecentistas. Se trata de filósofos,
historiadores y literatos: José Ortega y Gasset, Eugenio D’Ors, Américo Castro, Gregorio Marañón,
Gabriel Miró, Ramón Pérez de Ayala y Ramón Gómez de la Serna.
Las características comunes que presenta este grupo tan heterogéneo son las siguientes:
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Herederos de la Generación del 98 y contrarios a lo que la literatura había significado en el siglo
XIX (sentimentalismo romántico, vulgaridad realista) y en el Modernismo. Se vuelven a plantear el
problema de España, al igual que los autores del 98, aunque con un tratamiento más intelectual.
Adoptan una actitud europeísta: España debe acercarse a Europa.
Su método se basa en el rigor y el análisis racional (se desprenderán del sentimentalismo).
Surge un tipo de literatura en la que lo intelectual prevalece sobre lo emotivo o sentimental.
Se trata de obras con un cuidado estilo lingüístico, llenas de tecnicismos y metáforas.
Comparten un estilo brillante y perfeccionista. Buscan la rigurosidad y la obra bien hecha.
Desvinculan el arte de la vida, y lo convierten en arte deshumanizado (Ortega y Gasset).
Los principales novelistas y obras son:
Ramón Pérez de Ayala1 (1880, Oviedo-1962, Madrid). Entre las novelas de la primera época
destaca Troteras y danzaderas, situada en el Madrid bohemio de principios de siglo. Son relatos
costumbristas y satíricos, con un toque de pesimismo muy cercano a las preocupaciones de los
autores del 98.
Gabriel Miró. Novela lírica: El obispo leproso.
Ramón Gómez de la Serna (1891-1963): Autor inclasificable, cultivó todos los géneros, además
de inventar uno: la greguería (definida por él mismo como ‘metáfora + humor’), y sirve como
puente entre el Novecentismo y los movimientos de vanguardia. Destaca El torero Caracho
(1926).
II. LA NOVELA POSTERIOR A 1936
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ANEXO I: El novecentista asturiano. R. Pérez de Ayala. Tigre Juan y El Curandero de su honra.
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La novela se puede clasificar dentro de tres tendencias. En todos ellos hay una visión pesimista y
existencial de la realidad:
Ideológica: Novela triunfalista, auspiciada por el régimen, los vencedores son los buenos y los
vencidos los malos. Javier Mariño (1943) de Gonzalo Torrente Ballester.
Realista clásica: Mariona Rebull (1943) de Ignacio Agustí.
De humor y fantasía: se crean mundos imaginarios para evadirse de una realidad demasiado
terrible. El bosque animado (1943) de Wenceslao Fernández Flórez.
Por otro lado, se produce una renovación de la novela con La familia de Pascual Duarte (1944) de
Camilo José Cela2. Esta obra, con influencias de Quevedo y del Lazarillo, pero con un tono más agrio
y directo, inauguró el llamado tremendismo que se caracteriza por mostrar los aspectos más sórdidos
de la realidad de una manera cruda. Pascual Duarte vive en un pueblo de Extremadura y solo conoce la
violencia como forma de solucionar los problemas que le surgen en la vida. El argumento es truculento,
sórdido, violento. Su influencia llega a los años 50 hasta el realismo social.
Otra obra que renueva la novela en este periodo son Nada (1945) de Carmen Laforet3, situada en el
ambiente urbano de Barcelona, cuenta la historia de una chica que se traslada a casa de su abuela en
Barcelona para estudiar en la universidad.
En conclusión, la novela de la década de los cuarenta se ve totalmente condicionada por las
circunstancias de la guerra.
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ANEXO II: Del tremendismo de La familia de Pascual Duarte a la novela social de Camilo José Cela.
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ANEXO VI: La novela impresionista: Nada de Carmen Laforet.
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4. LA RENOVACIÓN DE LAS TÉCNICAS NARRATIVAS EN LOS AÑOS 60: LA SUPERACIÓN
DEL REALISMO
La renovación en la novela tiene que ver con la influencia de modelos europeos y norteamericanos de los
años 20, como Kafka, Proust y Joyce, así como de la novela hispanoamericana con Vargas Llosa, La
ciudad y los perros, y Cortázar, Rayuela, fundamentalmente.
La obra fundamental que renueva este periodo es Tiempo de silencio (1962) de Luis Martín-Santos4.
Rompe con el realismo social precedente para llegar a lo que el autor llama “realismo dialéctico” a través
de nuevas técnicas narrativas inspiradas en la obra de James Joyce, autor del Ulises, como el monólogo
interior. Además, utiliza también la segunda persona y el estilo indirecto libre. La novela habla de la
frustración, la impotencia y el desarraigo de un joven médico investigador del cáncer en el Madrid de los
años 50, reflejando la realidad nacional en ese marco social concreto.
Otras obras importantes son: la trilogía de Los gozos y las sombras (1957-62) de Gonzalo Torrente
Ballester; Cinco horas con Mario (1966) de Miguel Delibes; Señas de identidad (1966) de Juan
Goytisolo; Últimas tardes con Teresa (1966) de Juan Marsé; Volverás a Región (1967) de Juan Benet y
San Camilo 1936 (1969) de Camilo José Cela.
Características de la novela experimental:
Desaparición del narrador omnisciente.
Uso del perspectivismo (diversos enfoques de la misma historia)
Se relega a un segundo plano el argumento. Finales abiertos.
En la estructura desaparece el capítulo y aparecen las secuencias (no numeradas).
Las técnicas más usadas son el contrapunto (combinar diversas historias) y el caleidoscopio
(mostrar muchos elementos a la vez).
Se rompe la regularidad temporal y se crea un caos cronológico (por influencia del cine) con
avances y retrocesos temporales (prolepsis y analepsis).
El protagonista está en conflicto con el entorno o consigo mismo.
Se utiliza el monólogo interior, que reproduce en primera persona los pensamientos de un
personaje como brotan de su conciencia, desordenados, caóticos, sin lógica ni articulación
coherente.
El narrador interviene y denuncia (sátira, parodia).
Estilística: gran riqueza lingüística. Nuevas palabras (neologismos). Desaparece la frontera entre
prosa y verso, así como la puntuación.
Adquiere importancia lo visual.
5. PERIODO PREDEMOCRÁTICO
Durante los 60 se cierra el periodo de posguerra, si bien la contienda bélica sigue siendo motivo de muchas
novelas actuales. Se produce una mínima relajación de la censura. Paralelamente se desarrolla la nouveau
roman y el boom de la novela hispanoamericana, así como el contacto con novelistas en el exilio. Ello
favorece una mayor libertad para los novelistas, y ello, permite la experimentación narrativa.
Destacamos obras como Una meditación (1970) y Un viaje de invierno (1972), de Juan Benet;
Reivindicación del Conde don Julián (1970), de Juan Goytisolo; La saga/fuga de J. B. (1972), de
Gonzalo Torrente Ballester.
Cuando se empieza a dejar atrás el interés por la experimentación, los autores se centran más en la trama y
la estructura de la novela es más simple y lineal, más tradicional. Surge una gran variedad de tendencias:
novelas policíacas, de aventuras, de intriga, costumbristas, fantásticas, de amor, novela negra, etc.
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ANEXO III: Tiempo de silencio, la novela experimental de Luis Martín Santos.
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Entre los autores y obras más destacados de esta época están Eduardo Mendoza con La verdad sobre el
caso Savolta (1975); Juan Marsé con La oscura historia de la prima Montse (1970) o Si te dicen que caí
(1973) y Manuel Vázquez Montalbán con la saga del detective Pepe Carvalho iniciada en 1972 con Yo
maté a Kennedy.
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III. NARRATIVA DESDE 1975 HASTA LA ACTUALIDAD
1. CONTEXTO HISTÓRICO
En 1975, tras la muerte de Franco, es proclamado rey Juan Carlos I. Adolfo Suárez, presidente del
gobierno, es el principal protagonista de la llamada Transición. Se legalizan los partidos políticos
prohibidos y muchos exiliados regresan al país (Rafael Alberti.) Tienen lugar las primeras elecciones
generales y en 1978 se firma la Constitución.
La novela es el género por excelencia de esta época. Además, la novela es un objeto de consumo y por ello
la importancia del mercado condiciona la creación literaria. Muchos autores se ven dominados por las
exigencias editoriales, la obsesión por las ventas, la publicidad de las obras y la propaganda que suponen
los premios (un premio es un reclamo editorial y por ello proliferan).
2. CARACTERÍSTICAS LITERARIAS
Aunque hay tendencias diversas, todos ellos coinciden en los siguientes rasgos:
Tienden a utilizar recursos más tradicionales (sin abandonar el camino de la experimentación).
Su objetivo principal es la anécdota, es decir, todos valoran el placer de contar.
El tono humorístico es una nota dominante en casi todos los autores.
Ya no hay grandes héroes en las novelas. Muchos personajes aparecen como seres desvalidos.
Se observa una tendencia al intimismo, a contar experiencias personales.
3. AUTORES Y OBRAS
En la década de los 70 coexisten varias tendencias, por lo que respecta a la novela. Se mantienen los estilos
anteriores y aparecen algunas novedades. En muchas ocasiones se emplea el término de novela
posmoderna, para referirse a la novela posterior a 1975. Destacamos dos características importantes:
Los novelistas renuncian a explicar el mundo y los problemas que derivan de él.
Son habituales los juegos del autor, que construyen textos sorprendentes, aludiendo a referencias
conocidas por el lector.
4. LOS AÑOS 80
Entra en crisis la fiebre experimental y se vuelve a una novela más tradicional, en la que lo más importante
sigue siendo el argumento. Se pierde el afán por acumular novedades y se emplean con moderación los
experimentos anteriores. Lo más importante vuelve a ser contar bien una historia.
Varias tendencias:
Experimentalismo: Se trata de la renovación formal de los 60, pero no tan radical como en esa década. La
característica dominante es la búsqueda de un lenguaje perfecto muy elaborado. Además, incluye la
reflexión en sus obras. La obra cumbre de este periodo es Volverás a Región de Juan Benet.
La novela policíaca: Este tipo de novela relata una historia policíaca que resulte interesante y atractiva al
lector, y al mismo tiempo, denuncia aspectos sociales.
Muchas veces narra momentos históricos, pero son una trama de ficción. El primer autor que empleó todas
estas características es Eduardo Mendoza5 con La verdad sobre el caso Savolta (1975), que incluye en su
novela los acontecimientos de la Semana Trágica de Barcelona. Esta novela contiene muchas de las
características estudiadas (perspectivismo, varios tipos de narrador, desorden cronológico), pero, además,
parodia algunos géneros y destaca la utilización de diversos materiales narrativos (como cartas, artículos de
periódico, entrevistas, informes policiales…).
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ANEXO IV: La novela policíaca en Eduardo Mendoza, La verdad sobre el caso Savolta.
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Otros autores reconocidos son Manuel Vázquez Montalbán, creador de la serie del detective Carvalho; y
Lorenzo Silva cuyos protagonistas son una pareja de Guardias Civiles, Bevilacqua y Chamorro.
Novela histórica: Se trata de un tipo de novela influida por El nombre de la rosa de Umberto Eco.
Podemos mencionar El hereje de Miguel Delibes y El capitán Alatriste de Arturo Pérez-Reverte.
Eduardo Mendoza con La ciudad de los prodigios y Gonzalo Torrente Ballester con Crónica del rey
pasmado.
Novela lírica: De tono intimista o autobiográfico. Destacan Juan José Millás, Julio Llamazares, Soledad
Puértolas o José María Merino.
La metanovela: Se trata de novelas que fabulan acerca del proceso de la escritura. Destaca Luis Landero
con Juegos de la edad tardía.
Literatura y periodismo: Muchos escritores colaboran en la prensa y escriben artículos para el periódico:
Rosa Montero, Elvira Lindo, Juan José Millás.
Novela fantástica: Olvidado rey Gudú, de Ana Mª Matute6.
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ANEXO V: La novela fantástica en Olvidado rey Gudú de Ana Mª Matute.
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IV. ANEXO I: El novecentista asturiano R. Pérez de Ayala. Tigre Juan y El Curandero de su honra.
LA NOVELA NOVECENTISTA
Los autores novecentistas comparten los siguientes rasgos:
Herederos de la Generación del 98 y contrarios a lo que la literatura había significado en el siglo
XIX (sentimentalismo romántico, vulgaridad realista) y en el Modernismo. Se vuelven a plantear el
problema de España, como los autores del 98, aunque le dan un tratamiento más intelectual y
preciso.
Adoptan una actitud europeísta: están en contacto con las corrientes más importantes del
pensamiento europeo, pues piensan que una de las causas de la “enfermedad de España” es el
alejamiento de Europa.
Su método se basa en el rigor y el análisis racional (se desprenderán del sentimentalismo).
Surge un tipo de literatura en la que lo intelectual prevalece sobre lo emotivo o sentimental.
Estilísticamente, se trata de obras con un cuidado estilo lingüístico, conceptualmente densas y
llenas de tecnicismos y metáforas.
Comparten un estilo brillante y perfeccionista. Buscan la rigurosidad y la obra bien hecha.
Desvinculan el arte de la vida, y lo convierten en arte deshumanizado (de Ortega y Gasset).
Ortega y Gasset publicó en 1925 un ensayo denominado Ideas sobre la novela, en el que especificaba
para la narrativa la estética plasmada en La deshumanización del arte. Las características que propone
son:
— Debe presentar cosas más que describir
— Los personajes y el ambiente deben dominar sobre la trama. Se ralentiza el ritmo.
— El tiempo y el espacio se concentran
— Estructura cuidada y elaborada
— Evitar trascendentalismo y excesivo realismo
Estas reflexiones de Ortega, a menudo en polémicas con Pío Baroja, fueron seguidas por los novelistas
novecentistas, pero no a rajatabla. Gabriel Miró generó una novela lírica con trasfondo autobiográfico (El
libro de Sigüenza, Años y leguas, de 1928). Ramón Gómez de la Serna también escribió obras de género
narrativo, pero sin argumento lógico, por lo que se convierten en divagaciones o historietas (El torero
Caracho, 1927).
RAMÓN PÉREZ DE AYALA (Oviedo, 1881 - Madrid, 1962)
En su obra muestra una notable inclinación hacia los enfoques intelectuales, simbólicos y ensayísticos.
Hizo sus primeros estudios con los jesuitas, quienes le proporcionaron amplios conocimientos
humanísticos, pero provocaron en él un profundo sentimiento anticlerical.
Al inicio de la Guerra Civil se exilió en Francia y América del Sur. Regresó a España en 1954.
El género que mejor cultivó fue la novela. Sus obras tienen un sentido denso, complicado, en el que se
mezcla la ironía y la seriedad, lo popular y lo culto. Su obra va evolucionando hacia una mayor
complejidad y así se observa en las tres etapas en las que se suele dividir su obra:
1ª etapa: novelas autobiográficas, a través de su “alter ego” Alberto Díaz de Guzmán. Las más conocidas
son A.M.D.G. (siglas del lema jesuita: “Ad maiorem Dei gloriam”) (1910), de temática antijesuítica, y
Troteras y danzaderas, descripción de la vida bohemia de Madrid (1913).
2ª etapa: novelas “poemáticas” (mezcla de poesía y novela). Desaparece lo autobiográfico. Novelas
cortas recogidas en Bajo el signo de Artemisa (1916): “Prometeo”, “Luz de domingo” y “La caída de los
limones”.
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3ª etapa: novelas intelectuales. Pierde importancia el argumento y la cobran fragmentos ensayísticos,
comentarios… Utiliza un lenguaje rebuscado donde abundan los cultismos, helenismos, las citas
encubiertas y, en ocasiones, la técnica del esperpento. Abunda el perspectivismo y el contrapunto, que
incluso aparece representado tipográficamente en dos columnas paralelas en El curandero de su honra.
La primera novela de esta etapa (para algunos, su mejor obra) es Belarmino y Apolonio (1921), en la que
plantea las dudas de un alma religiosa. En Luna de miel, luna de hiel y su segunda parte, Los trabajos de
Urbano y Simona, (ambas de 1923) propone una crítica a la educación rígida y estricta alejada de la
naturaleza humana. En Tigre Juan y su segunda parte, El curandero de su honra (1926), hace un
profundo análisis del machismo y su evolución hacia posturas más humanas.
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V. ANEXO II: Del tremendismo de La familia de Pascual Duarte a la novela social de Camilo José Cela.
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En la obra se advierten claras influencias de la novela picaresca, los romances de ciego, la novela
naturalista y el primitivo Valle-Inclán; todo ello unido a la selección de los aspectos más duros y
desagradables de la realidad (recreándose muchas veces en lo más sórdido), lo que da lugar a lo que ha
sido calificado como “tremendismo” (“estética de la violencia”)
Características del “tremendismo”
a) Insistencia por lo escabroso.
b) Retrato de la sociedad, pero insistiendo en aspectos duros y degenerados.
c) Los personajes están relacionados con ambientes sórdidos y oscuros que son el resultado directo
del conflicto de la Guerra Civil, sobre todo, en lo que tiene que está relacionado con lo moral.
d) La estructura narrativa, el tiempo y el espacio continúan la tradición realista del siglo XIX.
LA COLMENA (1951)
Con ella se inaugura el realismo social que se cultivó en los cincuenta y que responde a la percepción, por
parte de los novelistas de los cambios socioeconómicos de la década de los 50. De esta forma, el
pesimismo existencialista, propio de la novelística anterior, se transmuta en visión crítica de la sociedad.
Dos son las grandes tendencias en que se subdivide el realismo social en España: el realismo objetivista y
el realismo crítico, en el que se inscribe esta obra de Cela.
Argumento
El argumento se rompe en multitud de pequeñas anécdotas: un panorama de vidas cruzadas, como las
abejas de una colmena. El marco espacio-temporal es unos días en el Madrid de 1942. El desarrollo
narrativo se estructura en múltiples secuencias o viñetas, de longitud variable, que nunca sobrepasan unas
pocas páginas. En estas secuencias se salta de unos personajes a otros y de unos espacios a otros, de modo
que asistimos a hechos que acaecen a veces de forma simultánea en lugares distintos. Este ir y venir de
multitud de personajes, (el protagonista es colectivo; hay unos trescientos personajes, la mayoría de clase
media baja, pequeña burguesía venida a menos, con una situación inestable y un futuro incierto), que se
cruzan y entrecruzan (técnica caleidoscópica) aspira a ofrecer un panorama colectivo de la vida del
Madrid de los primeros años de posguerra. Las innovaciones de esta obra serán aprovechadas por los
autores de los 60.
Características del realismo crítico
a) Reducción al mínimo de la presencia del autor, que no opina, sólo narra.
b) Limitación del protagonismo de los personajes. Predomina el contexto.
c) Eliminación de la introspección. No interesa el mundo interior de los personajes, sólo aparece una
caracterización exterior: se definen por lo que hacen y por lo que dicen. De ahí la importancia del
diálogo.
d) Disolución del argumento en una sucesión de anécdotas. Los argumentos se concentran en cortos
periodos de tiempo.
e) Sencillez estructural y estilística. Son novelas ordenadas de manera lineal. Hay concentración
espacial y temporal
f) Mayor intencionalidad crítica. El autor selecciona los aspectos que sirven a su propósito de
denuncia.
g) Uso de personajes representativos de una clase social.
El autor no es neutral, interviene de dos maneras: técnica objetivista (se limita a describir desde fuera) o
actitud omnisciente (comenta irónicamente el comportamiento de los personajes). El estilo de esta novela
presenta una apariencia de espontaneidad; aunque predomina el tono brusco y directo, aunque a veces se
abren fragmentos líricos. Las innovaciones de esta obra serán aprovechadas por los autores de los 60.
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Tras estas dos novelas Cela continuó con diversos intentos de experimentación novelesca, de mayor o
menor fortuna: Mrs. Caldwell habla con su hijo, Oficio de tinieblas 5, Cristo versus Arizona…
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VI. ANEXO III: Tiempo de silencio, la novela experimental de Luis Martín Santos.
LA NOVELA EXPERIMENTAL ESPAÑOLA comienza a desarrollarse a partir de los años 60 del siglo
pasado, una vez que la novela social pierde impulso debido a sus limitaciones estructurales y a su escasa
entidad literaria. La literatura experimental nace en Occidente entre finales del siglo XIX y comienzos del
XX, cuando ciertas técnicas novedosas comienzan a imponerse para renovar la novelística del siglo XIX.
Los grandes renovadores de los años 20 fueron: James Joyce, Hemingway, Kafka, Faulkner, Virginia
Woolf, etc. Asimismo, el boom latinoamericano de los años 50-60 también contribuyó a la renovación de
la narrativa española. Podríamos decir que la novela experimental española de esos años se produce por
el cansancio de los lectores frente a la novela realista y social previa, que había agotado todos sus recursos
expresivos.
Un hito fundamental en este camino fue la excelente novela Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos.
También autores que provenían de la novela social, como Juan Marsé o Juan Goytisolo, comenzaron a
escribir en clave de novela experimental. Incluso autores de generaciones anteriores, como Cela o Delibes,
llegaron a hacerlo.
Características de la novela experimental
La mayor diferencia de la nueva novela experimental con la novela social precedente es la forma de
contar la historia. Incluso la novela que abrió el camino, Tiempo de silencio, puede considerarse novela
social, por su temática y ambientación. En cambio, las técnicas empleadas para su escritura son
absolutamente novedosas. Técnicas de la narrativa experimental frente a la novela social precedente.
Desaparición del narrador omnisciente.
Uso del perspectivismo (diversos enfoques de la misma historia)
Desaparición del argumento clásico. La historia que se cuenta no deja de ser una excusa para
todo tipo de digresiones por parte del autor. Se relega a un segundo plano el argumento: la
anécdota tiene un papel más importante. Finales abiertos.
Aparición de significados simbólicos dentro de la historia: los relatos se convierten en parábolas o
alegorías generales de la condición humana.
En la estructura desaparece el capítulo y aparecen las secuencias (no numeradas).
Las técnicas más usadas son el contrapunto (combinar diversas historias) y el caleidoscopio
(mostrar muchos elementos a la vez).
Se rompe la regularidad temporal y se crea un caos cronológico (por influencia del cine) con
avances y retrocesos temporales (prolepsis y analepsis).
El protagonista está en conflicto con el entorno o consigo mismo. Presencia de personajes con
problemas de identidad, que intentan dilucidar la razón de su existencia.
Se utiliza el monólogo interior, que reproduce en primera persona los pensamientos de un
personaje como brotan de su conciencia, desordenados, caóticos, sin lógica ni articulación
coherente.
El narrador interviene y denuncia (sátira, parodia).
Estilística: gran riqueza lingüística. Nuevas palabras (neologismos). Desaparece la frontera entre
prosa y verso, así como la puntuación.
LUIS MARTÍN-SANTOS (Larache, Marruecos, 1924 – 1964)
A principios de 1964 perdió la vida en un accidente de automóvil.
Luis Martín-Santos fue hombre de excepcionales dotes intelectuales. Unió a su preparación científica una
sólida formación filosófica, cuyos dos polos fueron el existencialismo y el marxismo.
Su formación literaria era muy extensa y abarcaba desde los clásicos griegos a los autores
contemporáneos. Conocía con profundidad a los clásicos españoles y sentía particular fervor por
Cervantes. Es significativo su interés por Kafka, Faulkner y el “nouveau roman”, pero debe destacarse su
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proclamada admiración por Joyce: en efecto, Tiempo de silencio tiene muy en cuenta el Ulises y representa
una incorporación a nuestra novelística de algunos de los procedimientos del genial irlandés.
TIEMPO DE SILENCIO
Tiempo de silencio se publicó en 1962. El autor innova utilizando tres personas narrativas, el monólogo
interior, la segunda persona y el estilo indirecto libre, procedimientos narrativos que venían ensayándose
en la novela europea desde James Joyce pero que eran ajenos al realismo social de la época. Todo ello
contribuye a lo que el propio Martín-Santos llama realismo dialéctico.
Argumento
Esta novela es sencilla en cuanto a que desarrolla una historia lineal que sigue la división clásica de
principio, nudo y desenlace.
El protagonista de la novela es Pedro, un joven médico investigador en el Madrid de finales de la década
de los 40. La paupérrima situación económica y social impiden el avance de las investigaciones sobre el
cáncer que realiza con una cepa de ratones. Estos ratones habían sido traídos desde Estados Unidos y no se
había podido mantener un ritmo de reproducción superior al de su muerte. Su ayudante en el laboratorio,
Amador, había regalado meses antes algunos ejemplares a un pariente suyo, el Muecas. Este ha logrado
criar estos ratones en su chabola con ayuda de sus hijas. Pedro y Amador acuden a esa chabola para
comprar algunos de esos ratones y poder continuar con las investigaciones.
Tras esa visita, Pedro entra en contacto con los bajos fondos de Madrid, y el Muecas acude a él por su
condición de médico, cuando su hija mayor, Florita, se desangra debido a un aborto que su padre ha
practicado en casa. La chica muere cuando Pedro, que no ejerce la medicina, intenta salvarla. El
protagonista se encuentra entonces perseguido por la policía, que acaba por detenerle y sólo lo libera
cuando la madre de Florita defiende su inocencia al afirmar que la chica ya se había desangrado cuando
Pedro llegó.
Pedro vuelve entonces a su vida en la pensión, donde las mujeres que la regentan pretenden que se case
con la más pequeña, Dorita. Sin embargo, Cartucho, personaje violento de clase baja, decide vengar la
muerte de Florita, su novia. Para ello saca una navaja y mata a Dorita durante una verbena a la que había
acudido con Pedro. Cartucho está convencido de que Pedro había dejado embarazada a Florita y la había
dejado morir. Pedro acaba por perder su trabajo como investigador y termina siendo médico de provincias.
El asunto y su tratamiento
El asunto de la obra, si se reduce a su puro esqueleto, tiene mucho de relato folletinesco, con algunos
tintes de novela policiaca. Lo que sucede es que su tratamiento logra conferir a la anécdota un amplio
alcance existencial. Ante todo, el autor desecha el realismo objetivista para dar entrada a una desbordante
imaginación que somete a la realidad a una elaboración metafórica y simbólica. Martín-Santos tiene el
Ulises de Joyce como modelo, y así Tiempo de silencio prodiga las alusiones a la Odisea (de “odisea” se
califican las peripecias de Pedro) y otros mitos clásicos.
Este tratamiento hace que la ironía y el sarcasmo invadan la obra. Nos referimos aquí al desfase entre la
realidad presentada (vulgar o cursi, deleznable o cruel) y un enfoque plagado de referencias culturales
nobles. Nos hallamos ante un tratamiento “inadecuado” de aquellas realidades (“inadecuado en
comparación con el tratamiento realista objetivista). Ello responde a un deliberado propósito de ironía
revulsiva.
Alcance existencial
Desarraigo, impotencia y frustración: estos son los temas que confieren a Tiempo de silencio su
significación existencial. Pedro, el protagonista, se nos aparece como un desarraigado: siente envidia y
resentimiento ante los ricos, pero quisiera ser como ellos; y ante los miserables oscila entre la compasión y
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la repugnancia. Su comportamiento está lleno de contradicciones. La indecisión y la impotencia son otros
de sus rasgos: da la impresión de una criatura llevada o arrastrada a lo largo de la novela por unos y por
otros. En suma, se ve arrastrado de modo absurdo a su fracaso, al silencio.
Los personajes restantes confirman su desoladora concepción existencial porque sus existencias están
amputadas en uno u otro sentido. En conjunto, son el reflejo de una humanidad degradada, que parece
estar ahí para producir también en el lector una sensación de desagrado.
Aspectos sociales. Denuncia y sátira
Tiempo de silencio sitúa la miseria existencial en un marco social concreto: el Madrid de los años del
hambre, del que los personajes son víctimas.
El protagonista sufre la presión del ambiente sobre él: (1) la lamentable situación de la ciencia y la
investigación, (2) el significativo desprecio del intelectual, (3) un mundo de hipocresías y
convencionalismos —representado por la pensión— y (4) el mundo de la miseria (chabolas).
La trayectoria del protagonista hilvana distintos estratos sociales que se presentan en brutal contraste:
— La clase alta (casa de Matías): mundo de gente adinerada y elegante, con sus bajezas y su inutilidad.
Es un mundo que vive de espaldas a la dolorosa realidad.
— La clase media o media-baja (la pensión): deformada mentalidad de clase en la que destacan los
anhelos de medrar por encima de cualquier consideración moral.
— La clase baja (las chabolas): mundo sofocante donde se dan cita todas las miserias.
Pero la crítica de Martín-Santos no es solo social, sino nacional. Hay en la obra una reflexión histórica:
son abundantes las referencias al pasado de España y a cómo ese pasado ha ido formando al pueblo. El
resultado es negativo: un “monstruoso país”, “un país que no es Europa”, paralizado y un pueblo
envilecido, mezquino y violento (digresión sobre los toros). Especialmente sangrantes son las ironías sobre
los “valores espirituales” de un pueblo que construye chabolas. Y muy curiosa resulta la visión negativa de
Castilla y del “hombre de la meseta”, tan alejada de la visión de los noventayochistas o de Ortega.
La actitud del autor
Al rechazar el enfoque objetivista, confesó adoptar un realismo dialéctico, lo cual significaba para él lo
siguiente: se trataba de proporcionar no solo un testimonio o unos datos tomados de la realidad, sino unos
elementos complejos y contradictorios a partir de los cuales el lector debería construir una interpretación
dinámica de cuanto se le presenta en la obra.
Esto es inseparable de su posición como narrador. Ha sido definido como autor omnisciente, pero tal
vez sea más exacto hablar de una técnica mixta: en unos casos se cede la palabra totalmente a los
personajes (así, en los monólogos); y en otros, el autor ve los hechos desde el protagonista; hay, en fin,
hechos vistos desde el narrador que está presente en su obra, prodigando juicios y comentarios, muchas
veces irónicos, sobre sus criaturas. Tiempo de silencio tiene tal complejidad que exige del lector una
actitud siempre alerta, una actitud también dialéctica.
Aspectos técnicos
1. Estructura externa: la obra se presenta como una sucesión de 63 secuencias (no capítulos) que van
separadas por un espacio en blanco, sin numeración.
2. Estructura interna (desarrollo del argumento): pueden distinguirse episodios compuestos por varias
secuencias, los cuales pueden agruparse, a su vez, en núcleos o partes más amplias; por ejemplo, las
secuencias 1-11 cubren el planteamiento de la novela y en ellas conocemos, primero, a Pedro y sus
circunstancias (escenas 1-4) y, a continuación, su contacto con el suburbio (escenas 5-11).
3. Rasgos originales en el desarrollo de la acción: (1) la presentación abrupta de monólogos sin saber
quién habla, (2) los saltos bruscos de una escena a otra, de un ambiente a otro —contrastes—, y (3) las
síncopas tajantes que dejan lagunas en el desarrollo temporal.
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4. La organización del tiempo no presenta innovaciones chocantes, su desarrollo es lineal, salvo las
síncopas mencionada o algún “salto atrás” muy secundario.
5. Presentación de los personajes: La ironía y los desajustes entre realidad y expresión son una técnica
frecuente en Martín-Santos a la hora de presentar a sus personajes, así como su tratamiento mítico y la
caracterización metafórica o simbólica.
El diálogo también juega un papel importante en la caracterización de los personajes: presentan una
variedad notable y responden a diversos registros. En la obra encontramos también usos del estilo
indirecto libre.
El monólogo interior es explotado sistemáticamente en la obra con una función destacada: caracterizar a
los personajes. Además, cumplen una función narrativa (un personaje cuenta su pasado) y una tercera
función reflexiva o interpretativa (el personaje comenta sucesos o problemas).
6. Las digresiones: las reflexiones del autor al hilo del relato son continuas (sobre Cervantes, sobre un
cuadro de Goya, sobre los toros, etc.)
7. El barroquismo de su lenguaje contrasta con la prosa sobria del realismo social. Su función es
evidente, ya que la ironía es consecuencia de la inadecuación entre lenguaje y realidad. Hay en el autor un
decidido propósito de alejarse del prosaísmo de los años 50 y de explotar los nuevos poderes del lenguaje
para lograr un enriquecimiento del lenguaje en la novela.
*****
VII. ANEXO IV: La novela policíaca de Eduardo Mendoza: La verdad sobre el caso Savolta.
LA NOVELA POLICIACA
Origen de la novela policiaca
Comúnmente se considera que la “novela policiaca” tiene su origen en el siglo XIX, con Edgar Allan Poe
porque fue quien introdujo una serie de rasgos fundamentales del género: el crimen como un
rompecabezas, la destreza analítica del detective amateur, la impotencia de la policía, la solución-
sorpresa…
Tradicionalmente, no se había dado mucha importancia a la novela policiaca en España, habiendo muchas
más traducciones de obras extranjeras que producciones nacionales. Los temas de violencia y sexo, así
como la crítica a la corrupción y a la ineficacia de las instituciones gubernamentales, no podían ser
permitidos por la Dictadura que las censuraba inmediatamente. Sin embargo, en las décadas de los ochenta
y noventa se produce una proliferación de dichas novelas: aumenta el índice de criminalidad urbana, lo que
provoca un sentimiento de desilusión, frustración y desencanto y lleva a los escritores de novelas
policiacas a hacer duras críticas de esta situación. El género policiaco adquiere una mayor importancia y
desaparece poco a poco la conciencia generalizada de considerar este género inferior.
Características comunes en todas las obras
1. Reflejo de la vida urbana en forma crítica.
2. Todos los temas giran en torno a la inseguridad ciudadana provocada por la ineficacia y corrupción
policial y la denuncia de la conexión entre el crimen y las altas esferas.
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3. Todas estas obras están motivadas por los profundos cambios políticos que se estaban produciendo en
España. Los escritores utilizan sus novelas como respuesta a esa nueva realidad política y social.
4. El valor del entretenimiento es también un factor importante en el “boom” que se produjo con el
género policiaco en el panorama literario de la Transición.
Podemos concluir que los tres motivos principales para el desarrollo y evolución de la novela policiaca en
España son el entretenimiento, la crítica social y la exploración literaria. Todos estos elementos aparecen
en las obras de Eduardo Mendoza, pues en cada uno de sus libros hace una crítica a diferentes sucesos
sociales a través del humor y experimentando con nuevas técnicas narrativas.
EDUARDO MENDOZA (Barcelona, 1934)
Publica su primera novela en 1975, La verdad sobre el caso Savolta, que le sitúa como una de las grandes
personalidades del panorama literario de la época, extendiéndose hasta la actualidad. Esta obra supuso una
gran novedad que, con el paso del tiempo, nos ha permitido ver la influencia que tuvo en otros muchos
escritores que, hoy en día, conforman el catálogo de los grandes escritores de la Transición, los cuales
siguieron el camino iniciado por Mendoza para crear unas obras marcadas por la innovación. La novela
policiaca, cuyo título inicial era Los soldados de Cataluña, se trataba de una obra completamente original,
consiguiendo provocar un cambio total en lo que se estaba haciendo en ese momento y despertando las
ganas de cambio de muchos escritores. Aviva una serie de deseos ocultos que afloran a partir del éxito
obtenido por dicha obra. Tras la muerte de Franco obtiene el Premio de la Crítica, siendo considerada la
primera novela de la Transición democrática.
Recibió en 2010 el premio Planeta por su novela Riña de gatos. Madrid 1936 y en 2016 el premio
Cervantes.
*****
VIII. ANEXO V: La novela fantástica en Olvidado rey Gudú de Ana Mª Matute.
ANA Mª MATUTE (1926-2014), fue sin duda la escritora de mayor prestigio de las letras españolas. Su
primera novela, Pequeño teatro la escribe a los 17. En 1949 escribe Luciérnagas y queda semifinalista del
Premio Nadal, pero la censura le impide publicarla, y en 1955 publica una revisión de esta obra llamada En
esta tierra. En 1993 recuperará la versión original y rechaza la segunda versión.
En 1953 publica la novela La pequeña vida. Comienza su trilogía Los mercaderes en 1960. Ha sido
premiada muchas veces; algunos de sus premios son:
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Premio Planeta 1954 con Pequeño Teatro.
Premio de la Crítica 1958 y Premio Nacional de Literatura de 1959 por Los hijos muertos.
Premio Nadal 1959 con Primera Memoria,
Premio Fastenrath de la Real Academia Española 1962 con Los soldados lloran de noche.
Ingresa en la Real Academia Española de la Lengua en 1996 ocupando el asiento K anteriormente ocupado
por Carmen Conde, siendo así la tercera mujer en ingresar en 300 años.
En 2010 se convierte en la tercera mujer en obtener el Premio Cervantes.
Trayectoria novelística
Esta autora pertenece al grupo de escritores que se dieron a conocer en los años 50 ( Generación de los 50),
y que, a pesar de ser niños cuando estalló la Guerra Civil, cultivaron una literatura que ha sido fiel
testimonio de toda su generación y que estuvo marcada por las consecuencias de esta contienda. Junto con
Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Juan y Luis Goytisolo y Elena Quiroga, entre otros, la obra de
Ana Mª Matute constituye un punto de partida de la narrativa de aquellos años.
1. OBRAS NEORREALISTAS: Se inició en el panorama literario español con obras como Los Abel
(1948) y Fiesta al noroeste (1953). En estas obras y en otras posteriores (como la trilogía Los mercaderes
o Los soldados lloran de noche, 1964), su narrativa se caracteriza por evocar el mundo de la infancia y
de la Guerra Civil española, temas tratados con intensos recursos sensoriales y poéticos. Las novelas de
Ana María Matute no están exentas de compromiso social, aunque no se adscriben a ninguna ideología
política
2. LITERATURA FANTÁSTICA: Sin embargo, aparte de pertenecer a esta generación de los años 50,
Matute desarrolló un estilo personal que configura un mundo lírico y sensorial propio. Así a partir de La
torre del vigía (1971), que es la historia de un adolescente que debe iniciarse en las artes de la caballería;
se da en ella un cambio de ambientación histórica hacia el período medieval, rasgo que se prolongó en las
obras de su madurez, publicadas tras un dilatado período de silencio literario. En 1997 publicó su extensa
obra Olvidado rey Gudú, novela que tiene una ambientación medieval con elementos de la literatura
fantástica, libro de caballerías y cuento de hadas.
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Significación
Esta novela ha sido caracterizada como una alegoría antibelicista, aunque otros críticos le dan un carácter
universal, una «obra sobre el tiempo y sus criaturas» donde la historia que se narra es «la historia de las
emociones humanas». Asimismo, en 1999 publicó su novela Avanmarot (1999) cuya historia está
ambientada en la misma época de su Olvidado rey Gudú.
1. LA NOVELA IMPRESIONISTA
La novela de los primeros años de posguerra está marcada por una ruptura con las tendencias que se habían
esbozado inmediatamente antes del conflicto. En 1939 el panorama cultural es desolador; muchos autores
se han exiliado y la literatura se encuentra determinada por la presión de la censura, que impide que se
pueda expresar una denuncia explícita. Las consecuencias de la guerra civil en el panorama narrativo de la
inmediata posguerra son evidentes, puesto que algunos de los mejores novelistas españoles de preguerra,
como Valle-Inclán o Unamuno habían muerto, y otros se habían exiliado. Entre ellos, sólo Baroja y Azorín
regresaron a España y siguieron publicando.
Las características de la novela española durante los años 40 son:
La situación de incomunicación de la sociedad española explica que los novelistas no contacten
con el exterior. El resultado es el estancamiento de la narrativa española de la época, que se limita
al modelo narrativo "realista" del siglo XIX.
Falta de "maestros-modelos" y críticos orientadores en el interior: sólo Baroja asume este papel,
pero de forma poco importante.
La novela española, pese a todo, arranca de nuevo impulsada por "estímulos" como el Premio
"Nadal", con el que se darán a conocer novelistas que se convertirán en figuras importantes.
La crítica literaria era, sólo, ideológica: se valoraba una novela por el grado de afinidad ideológica
de su autor hacia el sistema político establecido tras la guerra. El papel jugado por la censura
franquista es, en este sentido, fundamental.
En cuanto a las tendencias, en la narrativa de la inmediata posguerra dominaban por un lado los novelistas
de ideología conservadora y de realismo (Gonzalo Torrente Ballester con Javier Mariño) y, por otra,
tendencias renovadoras como el tremendismo representado por la novela La familia de Pascual Duarte
(1942) de Camilo José Cela. Por otra parte, también destaca la novela impresionista de corte existencial,
donde se suele situar Nada de Carmen Laforet, ganadora del Nadal en 1945, y La sombra del ciprés es
alargada, premio Nadal en 1947, de Miguel Delibes. Desde las vivencias personales, estos novelistas
existenciales expresan en sus relatos la miseria y la sordidez de aquellos años. Los temas suelen ser la
frustración, la inadaptación, la angustia, la muerte, etc. Se intentaba reflexionar sobre el sentido de la
existencia en un ámbito desagradable, absurdo. Para ello utilizaron técnicas narrativas tradicionales y de
influencia barojiana.
2. CARMEN LAFORET
En enero de 1944 comienza la redacción de Nada, que termina en septiembre. Su amiga Linka (polaca), a
quien dedicará la novela, le presenta al editor y periodista Manuel Cerezales, quien la animó a presentar la
obra al premio Eugenio Nadal de novela, que gana y en mayo del mismo año saldrá publicada. La obra es
muy bien acogida por la crítica y será el primer gran éxito de librería de la época. En 1948 se le concederá
otro premio, el Fastenrath de la Real Academia Española.
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En 1952 publicó La isla y los demonios, donde evocaba los años de su infancia y adolescencia en
Canarias. Tres años después vio la luz La mujer nueva, un título que podría ser la definición de su vida en
esta época, pero que era en realidad el relato de su «reconversión» al catolicismo tras unos años de
agnosticismo, aunque tuvo más de un problema con la censura eclesiástica. En 1963 la Editorial Planeta
publica La insolación, prevista como la primera entrega de una trilogía titulada Tres pasos fuera del
tiempo.
En 1965 hace un viaje por EE. UU., del cual surgió un libro de viajes, Paralelo 35 (1967). En 1970 publicó
la recopilación de cuentos La niña y otros relatos.
Carmen Laforet, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite y Josefina Aldecoa fueron algunos de los pocos
nombres femeninos que desafiaron el oscuro papel reservado a la mujer en la España franquista.
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1ª PARTE (capítulos I-IX, abarca de octubre a febrero) y se centra en la vida en la calle Aribau. Se abre
con la llegada de Andrea a Barcelona y su ingreso en el ambiente “endiablado” del piso familiar de la calle
Aribau y se cierra con la marcha de su tía Angustias a un convento.
2ª PARTE (capítulos X-XVIII, de marzo a junio): mayor apertura al exterior, universidad y Ena; el eje
narrativo se traslada al exterior de la vivienda, a la Universidad y a la calle. El final de esta parte lo marca
el primer baile fracasado de Andrea en la mansión burguesa de Pons.
3ª PARTE (capítulos XIX-XXV, se desarrolla entre julio y septiembre): llega la resolución, aunque hay
que señalar que es una novela abierta. Esta parte se inicia con la conversación entre la madre de Ena y
Andrea En esta última parte los universos antagónicos de Aribau y el exterior se mezclan, en el presente y
en el pasado, a través de la relación de Román y Ena y, años atrás, con la madre de Ena.
Esta división de la novela en tres partes obedece a los tres estadios que atraviesa Andrea en la lucha para
alcanzar la independencia, es decir, la victoria sobre Angustias, la superación del hambre y el desamor y
finalmente, el desencanto y la destrucción de las ilusiones. No obstante, el final abierto genera esperanza.
3.4. Temas
Nada es una novela de tono existencial, que refleja el desolado mundo de la posguerra desde una
perspectiva pesimista. A través de sus personajes, del ambiente y de la narración en general, muestra los
efectos desastrosos de la guerra civil en la España de los años 40.
Los temas básicos que plantea son variados:
Búsqueda de la libertad (capítulos I, X, XVIII, XX y XXV)
Deseo de liberación femenina: la emancipación de la mujer es un tema recurrente a lo largo de la
novela. Así se refleja una imagen de la mujer abnegada, sumisa y sacrificada, como se advierte en
el personaje de Gloria o en el capítulo XIX Margarita se confiesa a Andrea y explica qué entiende
por emancipación personal.
Las consecuencias de la guerra civil se perfilan en las dificultades económicas que padecen los
personajes. En la novela, el hambre, la necesidad económica y la pobreza son hechos indiscutibles
a los que Carmen Laforet alude en varias ocasiones, particularmente en el personaje de Andrea, la
protagonista. El hambre aparece en la segunda parte de la novela, y llega a desequilibrar a Andrea,
frente a la abundancia de la burguesía de la familia de Ena. Sin embargo, parece como si la autora
no quisiera entrar en temas polémicos como los políticos.
La religión católica, pero no vivida auténticamente, puesto que los aspectos religiosos se presentan
determinados por la situación histórica y política de la posguerra.
Crítica hacia ciertos patrones de la sociedad, como:
— búsqueda de un modelo femenino,
— rechazo del matrimonio y del amor romántico,
— crítica a los tópicos románticos,
— retrato de la sociedad catalana de la posguerra,
— la amistad, la violencia doméstica,
— la tiranía psicológica, etc.
La novela narra un fragmento vital de corte existencial, puesto que está abocado a la soledad y a la nada.
Esta palabra que da título a la novela aparece en varios pasajes de la obra, la primera cuando escucha tocar
a su tío Román y afirma no sentir nada. En otras ocasiones, como después del baile con Pons, reflexiona
sobre su papel en la vida y se deshace en llanto. Los proyectos personales de Andrea, el amor y la amistad,
resultan un fracaso y están llenos de sinsabores. Al final, cuando abandona la casa y hace balance final de
su estancia, reitera el sentimiento de vacío.
3.5. Narrador
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La novela, a pesar de que Carmen Laforet negara que fuera una autobiografía, contiene elementos de este
género, no sólo por la primera persona, sino por las coincidencias entre Andrea y la escritora (la edad de la
autora y la narradora, además, ambas han viajado hasta Barcelona para estudiar Letras, se alojan en la casa
de la calle Aribau y al final se marchan a Madrid).
Andrea es la narradora del relato, y por ello, su perspectiva es subjetiva, omite detalles y selecciona los
detalles de la realidad que le interesan o que quiere destacar. Así, oculta informaciones de las diferentes
historias que se entrecruzan en el relato. Y no sólo son historias que no se completan, puesto que algunos
finales de capítulo no quedan explicados, lo que deja una imagen de misterio. Su visión se va haciendo
cada vez más introspectiva y reflexiva, en consonancia con su proceso de maduración personal.
Además, Andrea no es una narradora protagonista, sino un testigo que buscar reconstruir la memoria de
una época. Se trata de una narradora-testigo que nos cuenta sobre todo lo que observa, por lo que solo
tenemos su perspectiva. Sin embargo, la autora introduce otros puntos de vista en algunos episodios, como
los capítulos XV y XX, que cuentan la visita al barrio chino por parte de Juan; esta visita está narrada de
forma dinámica y sin apenas estilo poético primero (según Andrea) y luego según Gloria: Esto vuelve a
suceder en los capítulos XVI y XXI con una escena evocada por Iturdiaga y luego por Ena.
3.6. Personajes
Nada es una novela de crecimiento personal y de búsqueda de identidad por parte de Andrea, la
protagonista. Esta tiene la necesidad de reconocerse como ser humano frente a un mundo, frente a una
sociedad y, sobre todo, frente a ella misma.
La Andrea del relato es una adolescente que se ve enfrentada a múltiples situaciones que la obligan a un
continuo mirarse y evaluarse. Pero existe otra Andrea, voz narradora que, desde el presente, mira al
pasado. La narración, así, es un movimiento hacia adentro, hacia lo íntimo y la escritura. La narración de
Andrea se presenta a menudo llena de incógnitas, de vacíos. La casa familiar es la decadencia moral, física
y económica y Andrea siempre está tratando de escapar a su influencia. Cuando al fin consigue dejarla para
ir a Madrid, se siente liberada por completo de aquel ambiente, como se refleja en el último párrafo de la
novela.
Andrea se muestra como una observadora de lo que sucede a su alrededor. Es ella quien va configurando
los espacios y personajes de la novela. Posee una extremada sensibilidad e ingenuidad, es impresionable e
inestable. Describe sus sensaciones con una intensa carga poética. Sabemos de su afición a la literatura
porque al comienzo, cuando describe su equipaje, dice que estaba casi lleno de libros. De su pasado,
Andrea no da muchos datos: es huérfana y viene de un pequeño pueblo donde ha estado bajo la tutela de su
prima Isabel. El nombre de su madre, Amalia, está escrito detrás de una de las fotografías que guardaba la
abuela en un cajón. Ha cursado el Bachillerato en un colegio de monjas, y en palabras de Angustias, la
familia de su padre “ha sido rara”.
Como afirma Carmen Martín Gaite, la protagonista es una chica rara, infrecuente, hermética. Apenas
tenemos datos sobre su aspecto físico (son los demás quienes describen su tez oscura y ojos claros). Ella
como narradora tampoco detalla sus vivencias ni cuenta sus proyectos. Tras liberarse de Angustias, intenta
abrirse al mundo de la Universidad, de los amigos y vive sus fracasos amorosos, primero con Gerardo, por
quien siente un asco repentino, y luego con Pons, pues la cenicienta Andrea es rechazada de ese mundo
burgués y opulento. En ocasiones se ha sugerido una posible atracción lésbica hacia su amiga Ena.
Los personajes femeninos tienen gran importancia en la obra. En la casa de la calle de Aribau destacan
Angustias, Gloria, la abuelita y la criada. Podemos identificar sus conductas con las de las protagonistas
del folletín (Gloria) o la novela realista del XIX (Angustias).
Angustias representa el principal obstáculo en la búsqueda de libertad de Andrea, la moral
represiva y la disciplina, la falsa moralidad y religiosidad. Así lo demuestra su relación con
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Jerónimo, a quien rechazó al principio por ser pobre y después, cuando regresó adinerado, lo
sedujo y arruinó su matrimonio.
Gloria está descrita como “la mujer serpiente”, su belleza contrasta con la oscuridad de la casa.
Superficial, sus palabras son simples como su comportamiento, se muestra egoísta e interesada.
Ella, contra el desprecio general, proclama sus virtudes, su bondad y la belleza.
Resiste las palizas y luego nuestra impresión cambia, a pesar de todo conserva su ingenuidad y va
desmantelando la casa poco a poco. Es el objeto de escarnio y deseo por parte de Román, pero
también autora de dos denuncias hacia su cuñado. En la última cena tiene pan y pescado en
abundancia.
La abuelita (diminutivo cariñoso) es bondadosa y fantasmal, solo sale de su silencio y de sus rezos
con el único arrebato de cólera ante los planes de Gloria. Tira al suelo la carta liberadora de
Andrea, es casi su último gesto de madre protectora.
Antonia, la criada, aparece como un ser animalizado y hosco, de instintos primarios, que goza de
la miseria de sus señores como una especie de triunfo personal. Salva la vida a Román, hacia el que
siente un oscuro amor.
De los personajes femeninos del mundo universitario destaca Ena, guapa, rica, inteligente. Esta chica
irrumpe con fuerza en su vida, conocerla supone para Andrea liberarse del espacio cerrado de la casa y la
inmersión en la naturaleza. Es un personaje idealizado, al igual que su madre. La amistad de Andrea con
Ena sufre un quiebro cuando, tras su fracaso con Gerardo, llega a casa y encuentra a su amiga con Román.
Desde ese día Ena rehúye a Andrea, aunque luego se producirá la reconciliación. Tanto Ena como su
madre representan a las protagonistas de la novela sentimental romántica. La madre de Ena le confiesa su
atracción juvenil hacia Román, le ruega que la ayude a romper el hechizo que ahora sufre Ena. El deseo de
esta de conocer a Román estaba alimentado por el deseo de descubrir la fascinación de su madre hacia él y
por la búsqueda de una venganza.
Los personajes masculinos; son pocos, tienen menor relieve psicológico y aparecen mucho más
desdibujados que los personajes femeninos. Tenemos, por un lado, a los de ambiente universitario como
Jaime, novio de Ena, y a los acompañantes de Andrea:
Gerardo es un personaje episódico que la aborda una noche en las proximidades de la catedral y
con quien luego tendrá su primera cita, tras la que solo siente asco.
Pons: después de su distanciamiento de Ena, tiene otra cita con este otro personaje del ambiente
universitario, que será el causante de su segundo fracaso sentimental. Pons también la introduce en
un grupo de jóvenes bohemios con pretensiones artísticas que se reúnen en el barrio gótico de
Barcelona, Guíxols, Pujol e Iturdiaga. Allí Andrea se siente dichosa. Con Pons vivirá Andrea una
nueva decepción, pues éste la rechaza de su mundo, trivial y opulento, vacío y ajeno al suyo.
En la casa de la calle Aribau destacan:
El enloquecido Juan, que era un militar republicano. Es una figura patética en su brutalidad y
destrozado por la sinrazón de la guerra y por la traición de su hermano Román, que domina el
espacio de la casa con su encanto maléfico, que va desapareciendo poco a poco y queda reducido a
un pelele ridículo.
Román que abandona sus ideas y actúa como un delator. Traiciona a su hermano acosando a
Gloria. Es un artista malogrado, antes de la guerra había conseguido un prestigio como violinista,
pero ahora malvive en oscuros negocios de contrabando, obstinado cruelmente en la destrucción de
la familia y jugando con el destino de quienes le rodean gracias a sus facultades de seducción y
sometimiento. Ena y Gloria acaban con su poder y su seducción.
El mordisco en la oreja del perro queda como último acto de su animalidad. Su suicidio es una
especie de justicia poética por el sadismo con el que ha martirizado a sus allegados. Muere
degollado, como un cerdo.
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3.7. Espacio y tiempo
ESPACIO
Hay dos grandes mundos en la novela, identificados con dos espacios: uno que representa la represión y
otro la libertad.
El piso de Aribau simboliza el pasado, actúa a modo de prisión, y sus habitantes están sumidos en la ruina
económica y la degradación. Andrea, a sus dieciocho años, será testigo mudo de lo que allí sucede. Allí
entra a su llegada a la ciudad y de allí sale cuando la abandona. Su primera mirada al interior recoge ya su
caos, suciedad y decadencia. Andrea siente este espacio como una pesadilla, como una escena angustiosa.
El aire le parece estancado y podrido, las paredes sucias. Se asemeja a una casa de brujas, dominada por la
locura. Le asignan como habitación el salón de la casa, lleno de muebles viejos. Los espacios de la casa
también se asocian con los personajes: la criada Angustias, siempre de negro con su perro, también negro,
en la cocina. La pelirroja Gloria, su enloquecido esposo y el niño –sin nombre— en su habitación. Tía
Angustias limpiando y ordenando el cuarto. La abuela, como un fantasma, deambulando por toda la casa.
Y el diabólico Román manejando los hilos de la casa desde la buhardilla, por encima de todos,
perturbándolos y destruyéndolos en su mundo aparte, limpio y en orden, lleno de encanto y de objetos
caros.
En definitiva, la casa es un espacio a la medida de sus moradores, su aire estancado condensa la imagen de
esos seres. La casa de Aribau recuerda el ambiente gótico de algunos relatos de Edgar Allan Poe (por
ejemplo, La caída de la casa Usher) o la mansión de Cumbres borrascosas de Emily Brönte, espacios
subjetivos que esconden secretos terribles.
Por otra parte, el exterior, materializado en la Universidad y sobre todo en Ena, representan el fututo, el
cambio de vida, aunque al final éste no llegue a materializarse. Las vidas de sus amigos se desarrollan en la
vía Layetana, donde vive Ena y su familia, en la playa, en la montaña, en la calle Montcada, donde tiene el
estudio Guíxols o en la mansión burguesa de Pons.
Dentro de los espacios exteriores, Barcelona es el que domina el relato, no se limita a ser un marco de lo
que ocurre. El nombre aparece en la segunda línea de la novela y a menudo se citan sus rincones, sus calles
y monumentos y las impresiones que provoca en Andrea (las Ramblas, la plaza de la Universidad, la
catedral, el Tibidabo, el parque de Montjuïc). De Barcelona, dos espacios tienen especial importancia: el
barrio chino y el de la Bonanova. Andrea entra en el barrio del misterio, del peligro y el vicio detrás de su
enloquecido tío Juan. En el otro extremo de la ciudad, en lo alto, la riqueza anida en hermosas villas,
alejadas de la miseria. Andrea será rechazada de ese mundo adinerado y, como cenicienta, regresa a su
ambiente.
Además, los espacios determinan la configuración de los personajes: Angustias transita la iglesia, luego
el convento y los sitios de caridad; Gloria, el barrio chino con la culpa marcada en su cuerpo, con el castigo
de Juan. Román, los bares bohemios, los licores, la buhardilla, como corresponde a su carácter solitario.
TIEMPO
En cuanto al tiempo, Nada presenta una estructura clásica de narración lineal. El tiempo de la narración
está enmarcado por dos comienzos de otoño, y no tiene fecha histórica precisa, aunque sí sabemos que es
los primeros años de la posguerra. A pesar de que hay similitudes entre el inicio y el final y de que por
tanto la novela es circular, podemos considerar que el desenlace es abierto.
El fluir del tiempo se marca mediante la mención de la estación, del mes y las sensaciones que conllevan:
el frío o el calor, las fiestas que marcan la sucesión temporal (Navidades o San Juan). En ocasiones hay
analepsis (saltos al pasado), a través de los recuerdos de otras estancias de Andrea en Barcelona, cuando
iba a pasar los veranos en casa de sus abuelos, en la calle Aribau, antes de la guerra, así como algunos
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acontecimientos adelantados (como el final de su estancia barcelonesa), que delatan una escritura posterior
a la estancia en Aribau.
3.8. Forma y estilo
Desde su aparición, se elogió en Nada el estilo sobrio y sencillo de su prosa. No obstante, la sencillez
esconde un estilo cuidado en el que predominan imágenes de gran fuerza plástica, de luz y color. Por ello,
el estilo es impresionista, intenta reflejar un fragmento de vida estancada, sin aire, con suciedad, un gusto
amargo, una rara luz, como dicen los versos de Juan Ramón Jiménez que encabezan la novela. La
narradora cuenta sus sensaciones, sus impresiones, y el lector, como hace ante un cuadro impresionista,
recompone con su mirada las pinceladas que están en el cuadro. La subjetividad y el reflejo de las
sensaciones de Andrea se manifiestan en la presencia de verbos de duda, percepción y reflexión (“notar”,
“parecer”, “tener la impresión”…).
En otros momentos sin embargo el estilo es expresionista por la deformación a la que somete la
descripción de los ambientes (sobre todo la casa familiar o algunos personajes), que llega a la caricatura, o
por la animalización y cosificación a la que somete a los personajes (recordemos que hombres y animales
conviven en la obra y se identifican en ocasiones). Esta estética de lo oscuro y extraño, le permite a la
autora construir una atmósfera asfixiante. En este sentido, se ha señalado la influencia de las Pinturas
negras de Goya, en especial Los caprichos, sobre la novela.
La prosa es sencilla, pero a la vez impregnada de lirismo y de figuras retóricas como las comparaciones
(“los dolores que pululaban vivos como gusanos”), las sinestesias (“húmedas melancolías”),
personificaciones (“el escalofrío de los nervios”), las elipsis del verbo (“silencio absoluto. En la calle, de
cuando en cuando, los pasos del vigilante…), las metáforas continuas a lo largo de la obra (citaremos como
ejemplo la significativa imagen de la raya para expresar lo que se tuerce en el curso de una vida o de un
instante y resulta ya definitivo)… También podemos citar los símbolos, por ejemplo, la necesidad que tiene
Andrea de ducharse continuamente, con el valor purificador que tiene este acto, frente a la miseria moral
que la rodea. El agua aleja la culpa, la lluvia es purificadora y regenera la amistad de Andrea y Ena tras la
irrupción de la primera en la buhardilla de Román. Andrea busca un refugio en la ducha fresca, como al
principio de la novela, tras descubrir el cadáver de Román.
En otros pasajes, predomina la naturalidad en el estilo y el tono coloquial, sobre todo los pasajes de
conversación con Gloria que reflejan el habla coloquial (ay, chica…).
A pesar de que la novela no posee una intriga central basada en el esquema tradicional lineal (inicio, nudo
y desenlace), mantiene el interés del lector gracias a una serie de técnicas narrativas destinadas a crear una
atmósfera de incertidumbre, como los pocos datos que conocemos de Andrea y, sobre todo, la elusión
narrativa, es decir, plantear intrigas secundarias que no acaban de resolverse: ¿qué papel ocupó Román
durante la guerra civil?, ¿cuáles son las relaciones sentimentales de Román?, ¿qué relación tiene Angustias
con su jefe?, ¿cuál es el futuro de Andrea después de salir de Barcelona?...
3.9. Significación
Nada ha sido considerada, fundamentalmente, como una versión femenina de un “Bildungsroman”, es
decir, de una novela que describe el desarrollo de un personaje protagonista desde la juventud hasta algún
estadio de su vida adulta. Todas las señales parecen apuntar hacia la progresiva madurez de Andrea. Sin
embargo, hay algo ligeramente misterioso y paradójico en su solución novelística. Las grandes
expectativas de la protagonista parece que llegan a cumplirse, pero si es verdad que eso sucede, resulta que
es fuera de la acción.
La novela no aborda la cuestión de la victoria de Andrea, que se queda fuera de la narración, sino
justamente lo contrario. Nada es la historia del no cumplimiento de los sueños de Andrea; es una novela
ejemplar sobre cómo no comportarse y sobre cómo no debe uno fiarse de las concepciones infantiles del
amor. La novela narra un fragmento vital de corte existencialista, puesto que está abocado a la soledad y
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a la nada. Esta palabra que da título a la novela aparece en varios pasajes de la obra, la primera cuando
escucha tocar a su tío Román y afirma no sentir nada. En otras ocasiones, como después del baile con
Pons, reflexiona sobre su papel en la vida y se deshace en llanto. Los proyectos personales de Andrea, el
amor y la amistad, resultan un fracaso y están llenos de sinsabores.
Al final, cuando abandona la casa y hace balance final de su estancia, reitera el sentimiento de vacío, que
resume el lema de la obra y que también está presente en los versos de Juan Ramón Jiménez que encabezan
la novela:
“A veces un gusto amargo, / Un olor malo, una rara / Luz, un tono desacorde, / Un contacto que desgana, /
Como realidades fijas / Nuestros sentidos alcanzan / Y nos parecen que son /La verdad no sospechada…”
No obstante, esa nada tiene para ella un profundo sentido, puesto que en ella se encierra una profunda
vivencia a través de la mirada de una adolescente.
El lector queda apresado por la profundidad de la ausencia que vive Andrea y no por la superficialidad de
muchas cosas que suceden a su alrededor. Ese “anegarse en la nada” alude a que todo el contenido está en
el interior de sí misma, en su palabra literaria, no en sus relaciones con los demás. En este sentido, también
podemos afirmar que nada le ha sucedido a Andrea en un año, pero emocionalmente ha cambiado mucho.
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