"Todo el mundo es loco...
" y la locura de la
época.
José Fernando Velásquez 2023
“No infle mucho su ego que se le pixela”
Participo como Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, en un
movimiento que estudia y lee los acontecimientos presentes en el sujeto de
hoy. La locura de la época y la locura de cada uno, los factores que inciden
sobre el sujeto, lo que se conoce como despatologización, las implicaciones
que ello tiene para el sujeto y para nuestra práctica como psicoanalistas.
1. La locura.
“Loco” y “locura” son palabras con valor significante en esta conversación.
Son significantes porque para cada uno significan algo, hacen evocar algo.
Ese algo no es universal porque cada uno unirá esa palabra a otra, o a una
experiencia, o a un sentimiento y ello adquiere para cada uno, un sentido. Sin
embargo, podemos acercarnos a un punto común, pero siempre teniendo en
cuanta que no son conceptos rígidos, herméticos, con una definición ya
establecida.
La locura siempre ha sido definida como aquello que esta por fuera de la
regla, aquello extraño, aquello excluido, raro, diferente; lo que no funciona
bajo norma o una lógica establecida. Entonces siempre vamos a tener que
referir locura a otro concepto, “el loco respecto a”. “La locura” siempre tiene
esa característica de poder remitir a una ley, a una norma o a un Otro que
tiene una estructura previamente establecida, que nos da aquello que
podemos llamar lo normal, lo estándar, aquello que cumple con la norma.
La locura es relativa. Lo que para un integrante del Opus Dei es locura, para
un ateo no lo es. Hoy hay comportamientos que podrían decirse hace cien
años que eran locos, pero que hoy están inscritos en nuestra manera de ser,
estar o hacer y que no son, para nada, calificados de locos.
Freud hace cien años hablaba de que había un malestar en la cultura, un
malestar que de alguna manera tenía que ver con lo sintomático que podría
tener la cultura misma, la forma de organización social. Bueno, cien años
después ya no hay sólo malestar si no locura en la cultura, y esto respecto a
las que nos preceden.
2. La locura de la época, los factores más
sobresalientes, y sus efectos en el sujeto
Es un buen ejercicio identificar los factores que han implicado variaciones que
afectaron esa lógica en la que funcionábamos, todos ordenados alrededor de
ese ápice.
2.1. la destrucción de un antiguo orden social
Los hombres están inmersos en un tiempo que llamamos globalizado, en el
que se presentan realidades disruptivas, novedosas, extremas, que surgen de
la destrucción del antiguo orden social. A ese orden social le llamó la historia:
Los Imperios, uno tras otro. Un Imperio sucede cuando todo corresponde a un
orden establecido por un uno que comanda. Ahora este ordenamiento social
ha sido sustituido por los imperialismos.1 (Lacan, La alocución sobre la
psicosis en el niño, 1967).
Amo, S1
Imperio Imperialismos
Reconocemos una inconformidad del sujeto contemporáneo con ese
ordenamiento que existía hasta hace 100 años, así era la dimensión Simbólica
que funcionaba para los sujetos, el imperio representado en un modelo
piramidal, donde había algún poder ordenador que se ubica en la cúspide y al
que todo lo que está bajo su manto, deberá someterse; por ejemplo, el poder
que tenían antaño el padre en la familia, el dueño de la empresa, el tirano, la
reina Victoria. Muchas cosas han cambiado en estos últimos cien años, de la
época de Freud a hoy. J.A. Miller y E. Laurent la llamaron “la Época del Otro
que no existe”. Ese Otro que ya no existe, era el agente de un discurso que
imponía lo que era el modelo unitario para todos. Eso ha cambiado, por
ejemplo, respecto a los géneros sexuales, la moda, el lugar de las mascotas o
los hijos en las familias, la relación con los objetos de consumo, las redes
sociales que nos ha hecho ver todo absolutamente diferente e inmediatamente
conectado. La deconstrucción de ese orden social llamado imperio, tenía un
vértice tan significante para todos que tenía la capacidad de comandarlo todo.
1
Lacan, J. “Alocución sobre las psicosis del niño”. En: Otros escritos. Bs As. Paidós, 2012. Pág. 383.
Lo que un psicoanalista, Lacan, vaticinó que ese régimen iba a ser sustituido
por los imperialismos. Así en lugar de ser uno, ahora van a ser muchos;
infinita cantidad de imperios o imperios pequeñitos. Ustedes lo pueden ver
simplemente en las formas de llevar el cuerpo, que dejó de ser una y ahora
estamos bajo una pluralización. Preciso la característica que Lacan les da, no
dejan de ser imperios, y eso es un dato importante.
En el primer modelo tradicional en el que hay un solo comando, era muy fácil
nombrar las cosas y las personas, como aquellos que están en la norma, “son
normales”, y aquellos que no calzaban en la norma, “los locos”. Pero bajo este
nuevo modelo, no sabemos cómo referenciarnos para calificar o descalificar
algún comportamiento como “anormal” o “loco”.
2.2. La deshumanización
Durante el siglo XX se hizo evidente un grado de deshumanización que tomó
varias formas: En la época freudiana tuvo su ápice en la primera guerra
mundial, con millones de jóvenes muertos en trincheras. La Shoah fue la
expresión de cómo lo humano puede gozar al extremo del sufrimiento de otro
ser humano. En la época actual la deshumanización se infiltrado en nuestra
cotidianidad de una forma silenciosa y se ha vuelto paisaje.
Un ejemplo que tiene que ver de cerca con mi práctica. Donde manda la
ciencia no habla el sujeto. Ahora está de moda entre científicos achacarle la
existencia del síntoma a trastornos neurobioquímicos cerebrales tal vez
transmitidos genéticamente. Es cierto posiblemente que hay procesos de ese
orden involucrados sin saberse bien qué es primero, el huevo o la gallina, si es
consecuencia o si es su origen. Combatir el síntoma con la intervención
farmacológica sin tener en cuenta lo humano, lo subjetivo, lo singular, ha
tenido dos efectos contraproducentes: 1) el fortalecimiento de síntomas como
la hiperactividad, la depresión, los trastornos de pánico, etc. 2) el síntoma así
definido alimenta la existencia de laboratorios farmacéuticos que se han
multiplicado y se enriquecen, y comunidades médicas que comen del pastel.
En estos 40 o 50 años, cada vez que la ciencia y el mercado han dominado,
cuando han ofertado la plena satisfacción, el resultado ha sido el
fortalecimiento del malestar, la segregación y la exclusión.
2.3. La relación entre el sujeto y los objetos de goce. La vida es sueño….
Y hoy, la vida es goce y consumo.
“Que rico jugar”, “que rico que apostemos moneditas”, o “que rico ganar”, se
convierte en ludopatía. Una paciente anoréxica me decía que inició una dieta
a partir del Ramadan sin ser musulmán. “Qué bueno hacer ayuno” y empezó
con un mes de ayuno; simplemente reunió el tiempo, treinta y dos días, y
siguió así, reuniendo días de ayuno y al cabo de un año tuvo una
hospitalización médica durante un mes.
El sujeto compromete su estabilidad psíquica en un objeto, haciendo existir
algo que a otro nivel psíquico es un imposible. Este tipo de vínculo con el
objeto Freud lo llamó anaclítico, un arquetipo cuyo modelo es el tipo de
relación que establece el niño en forma tempranísima con el pecho materno 2,
quiere tenerlo, dominarlo a tal punto, que lo alucina. Se unen sujeto y objeto
en un lazo rígido, bajo un ideal ofertado, por ejemplo, una pareja que comenzó
con el ideal, se casó y vivieron juntos; y cuando menos se espera ocurre una
pérdida del objeto psíquico, no el real, como en el caso; él le confiesa a ella
que hace más de 10 años hubo una experiencia extramatrimonial. Este saber
generó un estrago psíquico, una desgracia subjetiva. La mujer se resquebraja
síquicamente y no dura con él más de ocho días.
El sujeto de hoy, cree en lo que experimenta. “Busca la sobredosis como
éxtasis”. La relación con el objeto está en los terrenos de lo adictivo. Es una
“bacanal” de experiencias en muy frecuentes ocasiones, desenfrenadas y sin
moderación. Esta sobredosis en los comportamientos, no solo se observa en
los gestos e intentos suicidas de adolescentes y jóvenes, o en las toxicomanías.
El sujeto puede matarse trabajando, elegir la práctica de deportes peligrosos.
Puede también elegir el suicidio político, convertirse en bomba humana y
gozar con su muerte”3. En la contemporaneidad el sujeto se infantiliza frente
al objeto de consumo, perdiendo la responsabilidad de sí mismo. Lacan se
anticipa a su época en una ocasión advirtiendo un efecto del devenir del goce
en la sociedad sobre el sujeto: “el niño generalizado” 4. Lacan propone que
la persona mayor sería aquella que se hace responsable de su goce, como lo
indica Kant.
El consumo es algo superficial, alienante, y que esto, lo superficial, tiene
efectos siempre negativos y nefastos sobre el individuo y la sociedad, es lo que
afirma Lipovetsky.
2.4. La locura de la época se observa en los cuerpos,
¿Cómo vivimos o experimentamos hoy eso de tener un cuerpo? En un centro
comercial, un aeropuerto, una playa, encontramos una gran diversidad de
usos del cuerpo, los cuerpos de hoy vestidos de una manera plural, peinados
de una manera variada, cuidados y vivenciados de modos singulares y
2
Freud, S. “El Yo y el Ello”.
3
Laurent, E. “Lógica del cuerpo hablante en la civilización”. Textos de orientación hacia las XXI Jornadas de
la EOL. Descargable en: file:///C:/Users/USUARIO/Downloads/Lo%CC%81gica%20del%20cuerpo
%20hablante%20en%20la%20civilizacio%CC%81n_Laurent.pdf
4
Lacan, J. Alocución sobre las psicosis en el niño. Otros escritos. BsAs, Paidós, 2012.
diferentes. Hay una manera cada vez más fuera de la norma para vivir los
goces del cuerpo.
El cuerpo es el lugar que experimenta afectos y pasiones, más allá de lo
biológico y fisiológico. Hoy el cuerpo se ha convertido en un objeto político.
Desde la clínica que hago puedo decirles que todo retrocede en el psiquismo
ante la relación que cada uno tiene al cuerpo5.
2.4. Donde estaba el símbolo ahora ya está el signo, el algoritmo.
A partir del momento en que juntamos signos de cierta manera o según modos
diversos y superpuestos, aparece el algoritmo de una imagen, un dato, un
reconocimiento facial, una voz, etc.
Un filósofo italiano, Luciani Rivero6, que ha trabajado estos cambios
fundamentales que ha habido en estos últimos cien años, dice que uno de los
elementos que viene a explicar esta locura de la época es la sustitución del
símbolo por el signo; donde estaba el símbolo ahora ya está el signo.
En occidente ha ido procesualmente dominando un modo de conocer
fundamentado en función del signo y lo simbólico ha perdido fuerza. Es
simbólico que el papá se siente en la cabecera de la mesa, es simbólico que
cuando el profesor llegue entonces los alumnos se levanten y digan buenos
días. Nada de eso pasa ahora. Quiero mostrarles dos ejemplos: 1) en el arte de
Duchamp, quien con un simple orinal puesto en una sala de un gran museo lo
convierte en una obra de arte, descontextualizado de la función que tiene.
Nadie iba a orinar ahí; ese objeto en ese contexto se convirtió en un signo de
arte. Allí no hay ninguna narrativa, no hay ningún simbolismo, eso no quiere
decir nada, no remite a alguna metáfora. Es un acto que hace que
precisamente allí haya una ruptura. Es “eso no quiere decir nada” pues
simplemente hace una señal, una marca, una muesca en el arte, y este es el
tipo de manifestaciones que hay en la actualidad. 2) Las marcas. Estamos
llenos de marcas por todos lados y la marca se patenta y hay un slogan o el
sintagma que dice todo lo que habría que decir de un producto. Esto tiene una
eficacia semiológica impresionante. La sola botellita de Coca-Cola, con su
forma, ya implica que es signo. Eso trasladémoslo al WhatsApp con los
emoticones y las letritas y abreviaturas.
El síntoma de lo humano hoy es más signo que símbolo: “Tengo esto, pero a
mí no me pregunte qué quiere decir.” Hay una pérdida de todo lo simbólico
del lenguaje por un lenguaje mucho más “sígnico”, del signo o relacionado con
él.
5
Miller, J.A. “Piezas sueltas”. BsAs. Paidós. 2013. Pág. 389
6
Luciani Rivero, Rafael. La palabra olvidada: de la significación a la simbolización. Instituto Universitario
Salesiano Padre Ojeda, 1997.
2.5. La movilidad identitaria y segregación.
Sam Smith, una celebridad británica profesional en el canto y la composición,
dejó perplejos y muy emocionados a sus fans cuando en 2019 anunció a través
de su entrevista en la revista Times que se identificaba como no binario,
declarando lo siguiente: “no soy hombre ni mujer. Creo que floto en algún
punto intermedio… En realidad, no te identificas con un género u otro.
Sencillamente eres tú mismo... Tu propia creación única y especial. Al menos
así es como lo veo yo. No soy masculino ni femenino. Creo que me sitúo en un
punto intermedio, en algún lugar de ese espectro”.
No hay patrones generacionales como los de antes, la tradición libera la
movilidad de la identidad. Es la época donde lo Trans, interroga los discursos
establecidos.
De esta manera ha sucedido un desplazamiento en el discurso, en lo que
llamamos el Otro simbólico, donde ante el Otro que hoy no existe como era
antes, y cada vez predomina más su cara legal, la del “tengo derecho a”. El
resultado es una especie de ilusión de configurarse como “amo de sus propias
decisiones”. La sociedad posmoderna es aquella en que reina la indiferencia
de masa, donde domina el sentimiento de reiteración y estancamiento, en que
la autonomía privada no se discute.
También hay un nihilismo, doctrina filosófica que considera que al final todo
se reduce a nada, y por lo tanto nada tiene sentido. Lipovetsky habla de una
pérdida del sentido de las grandes instituciones colectivas (sociales y
políticas) que tiene como consecuencia el “Estado morboso”7, Estado como
organización social que decepciona profundamente a quién la ha apoyado. La
familia misma la ubica como institución enferma; igual sucede con la justicia,
la atención en salud y salud mental8, y la democracia. Hay mecanismos de
racionalización exagerada de todas las normas9 y en contraste a nivel
subjetivo predomina lo cool, “lo experimental”, “nuevos”, en las relaciones
humanas que hacen que se pueda cuestionar la norma o principio
institucional, desde la autorización del “todo vale” y del “derecho al goce”.
Detengámonos en cómo se afecta la relación con el semejante. Hoy en día
aparece más envidia, más rivalidad, más competencia, más desafíos
imaginarios, más sensibilidad contra ese que está ahí al lado; sensibilidad que
puede convertirse incluso en rechazo, en segregación, en expulsión, porque
7
"La era del vacío: ensayo sobre el individualismo contemporáneo", Ed. Anagrama
8
Los manuales de diagnóstico de psiquiatría hace quince años eran de 150 diagnósticos posibles, ahora en
el DSM-V son casi 550. Vemos un empuje fuerte a nominar cualquier malestar.
9
En lo cotidiano como médico, me encuentro frecuentemente con situaciones que los pacientes me relatan:
van a una consulta en su EPS, le ordenan una medicación, si esa medicación no está incluida en el POS,
debe esperar a que un comité apruebe la formulación, Una vez aprobada, debe ir a la farmacia para ver si
hay el medicamento o si no debe regresar a los 8 días. En esos lapsos las mismas normas hacen que el
proceso deba comenzar de nuevo si hay un vencimiento de plazos. Cualquier otra dimensión de la vida
cotidiana puede tener más o menos la misma característica, trámite, tiempo perdido, posibilidad de quedar
fuera del sistema por cualquier error.
ese otro se convierte en una amenaza para la propia estabilidad. El
individualismo es también un “narcinismo”10, expresión de C. Soler. El sujeto
contemporáneo está afectado con su narcisismo y su cinismo y eso lo hace
poco compatible para soportar el vínculo de cercanía con sus semejantes. Hay
una condensación de toda la libido en una posición narcisista y en esa posición
narcisista se encuentra un desafío y rechazo al Otro de la ley o al Otro de la
norma. Es un narcisismo cínico y desafiante.
Somos todos yoes distintos o pensando en cómo representarse como distinto,
único en su género, en su organización, en sus opiniones, en sus
pensamientos, en sus creencias. Y el colmo de eso, lo que permite eso es la
importancia que se ha desarrollado durante los últimos 20 años de las redes
sociales: Twitter, Facebook y todos estos instrumentos de comunicación” 11.
Las redes sociales han cambiado la circulación, la difusión de la información
de la cual nos beneficiamos hoy. Esta revolución permitió el
desencadenamiento de la imagen, la palabra singular, como egos, como yoes y
no como sujetos. La dimensión de lo inconsciente está cubierta hoy por la
dimensión de lo imaginario y del yo.
El individualismo hace que el sujeto se someta a ser su propio amo, como la
anoréxica quién sigue su propia ley. Esa tendencia la hemos llamado “régimen
de hierro” al que entra el sujeto por su propio goce, y que domina y comanda
la existencia, desde una posición singular y no universal. El individualismo
contemporáneo se observa a nivel de la infancia, lo vemos por el desborde de
consultas de niños con trastornos severos de comportamiento, en el manejo
emocional; son amos en sus sistemas familiares, imponen sus regímenes de
hierro, y hoy y los padres, desbrujulados, ejercen con ellos una autoridad
tardía e instantánea y casi siempre empujada por la institución educativa.
2.6. La incertidumbre se torna presión política violenta.
Cada uno tiene su propia utopía, su propia ilusión, pero es muy frágil frente a
los avatares de las competencias y el mercado. Hoy no tenemos seguridad de
un empleo, no tenemos seguridad de cómo vamos a vivir los últimos diez años
de la vida, si en un asilo, si con un hijo, dentro de una pieza, si vamos a tener
una pensión o no. Las crisis económicas que suceden hoy no nos permiten
tener seguridad sobre lo que sucederá dentro de cinco años. La crisis de
Venezuela, las crisis económicas de Estados Unidos, la guerra en Ucrania, la
pandemia del Covid, la amenaza de la Inteligencia Artificial.
Algo en el sujeto político y social se conmueve, y protesta, entonces el Ello
habla, se muestra y protesta hoy con fuerza, con energía, a veces en forma
10
Soler Collete. “¿Qué se espera del psicoanálisis y del psicoanalista?”. BsAs. Editorial Letra Viva.
11
Brousse, M. H.
multitudinaria, como grupos de presión, en las manifestaciones, con una
mayor presencia de lo pulsional y lo fantasmático, bajo las formas de
violencias sociales, como los que hemos vivido en Colombia en 2021, en Perú
en la actualidad.
2.7. La salud mental.
La locura la referenciamos siempre en el discurso social como algo que se ve
en los servicios de urgencias de hospitales y unidades de salud mental. Allí
llegan manifestaciones que hace de quien las presente esté por fuera de la
regla o esté en el lugar de excepción, con sus ideas, su presentación personal,
con su tono agresivo o melancólico. Un sujeto vive un estallido, una crisis.
Esto siempre ha sido así, pero lo que vemos hoy en mi ciudad, Medellín, es
que situaciones como estas se presentaron en 5000 ocasiones durante los
primeros tres meses del año, y la semana previa se declaró el colapso en los
servicios de salud mental de la ciudad.
La soledad generalizada en Estados Unidos plantea riesgos para la salud
comparables a fumar hasta 15 cigarrillos al día, y cuesta millas de millones de
dólares anuales a la industria de salud, excluyó el martes el director de Salud
Pública de Estados Unidos al declarar una nueva epidemia de salud pública. El
mismo país ha visto un aumento dramático en los casos registrados de
ansiedad y depresión entre su población juvenil (Horowitz, 2019). Estos
problemas de salud mental afectan a los jóvenes, y en particular a los
adolescentes. Las jóvenes están viviendo más violencia, autoagresión,
depresión y otros problemas mentales que en años anteriores.
Hoy es mucha la gente que enseña cómo vivir bien, pero es realmente poca la
que vive bien. La locura como un estado psíquico momentáneo producto de un
proceso dinámico.
3. La despatologización
Los efectos del Otro de la época y “la locura” de la época nos toca a todos.
Todos estamos tocados por los efectos del Otro de la época y, si lo nombramos
como la locura de la época, creo que cada uno ya tiene un pequeño rasgo, una
pequeña noción de lo que puede significar la locura en el Otro actual, en el
sentido de no límite, en el sentido de algo desbordado que, considero, lo
vivimos en el día a día.
El aforismo “Todo el mundo es loco, es decir, delirante”, formulado en 1978
por J. Lacan, está en sintonía con el vocablo alemán Zeitgeist, palabra
compuesta de "Zeit" (que significa tiempo) y "Geist" (que significa espíritu).
Estilo de vida/espíritu del momento. Ya no habrá patología ni normalidad; de
hecho, en su lugar hay estilos de vida libremente elegidos, y esta libertad es
imprescriptible, porque es la de los sujetos de derecho.
El psicoanálisis apoya con su práctica un forzamiento del Uno, en cada sujeto.
Esto quiere decir que no tenemos un punto de normalidad, de universalidad,
de sentido común, como referencia. “Lo que constituye el Uno y lo que lo
justifica es que se designa solamente como distinto, sin otra referencia
calificativa”12 Esto es diferente a ubicar al psicoanálisis como agente que
empuja al hedonismo. Tanto Freud como Lacan mantienen la diferencia entre
eros y vida. La teoría psicoanalítica promueve el Eros, pero mantiene la
separación de la vida. Ella es más que el eros 13. La época fusiona los dos
conceptos. Eros=vida. Fanatismo = objeto.
En estas condiciones, no nos sorprendamos advierte Miller, que esta
reivindicación igualitaria se traduzca por la desaparición programada de la
clínica. Varios tipos clínicos se sustraen sucesivamente del gran catálogo
clínico, ya limado y deconstruído en las ediciones sucesivas de los DSM, en un
momento en donde todos los individuos afectados por un trastorno mental o
una discapacidad se asocian y forman grupo, grupo jurídicamente fundado e
inscrito, un grupo de presión, desde los autistas hasta los que escuchan voces.
Todo anuncia que la clínica dentro de poco será algo del pasado.
La despatologización borra la brújula de la enfermedad y pone en su lugar los
principios de autodeterminación y autodefinición. La despatologización es el
movimiento social que incluye en lo simbólico de modo igualitario y para
todos, las formas posibles y singulares de estabilización de una “patología”.
Ejemplos:
Los protocolos y las instituciones especializadas, los grupos
especializados en un determinado síntoma, son las formas de respuesta
del Otro social institucional.
Los vínculos sociales fundados sobre una identificación con un rasgo
unario reemplazan el funcionamiento del fantasma. Las comunidades
LGTB, las comunidades de goce, son comunidades de desasosiego que
reclaman reivindicaciones. Se trata de un grito contra el Otro infernal
que les somete, pero, en el mismo movimiento produce sujetos
identificados a mantener un lugar distópico en el mundo.
“el período actual es un período en el cual las psicosis, la organización
psicótica es lo ordinario, es de todos. En psicoanálisis, Jacques-Alain Miller
había introducido y hecho un seminario sobre lo que él llama “la psicosis
ordinaria”. Se trata de una organización psíquica donde lo universal, la
12
Idem, pp143.
13
“Es bastante curioso que Freud haya promocionado el Eros, pero que, a pesar de todo, no se haya
atrevido a identificarlo completamente con la idea de la vida, y que haya distinguido de todos modos la vida
del cuerpo y la vida en tanto que es llevada por el cuerpo en el germen”. Lacan, J., “Des religions et du
réel”, in La Cause du désir nº 90, juin 2015, p. 14.
afirmación universal "Todos los […] son […]" funciona, pero sin la excepción
paterna -Lacan dice la evaporación- del Nombre-del-Padre. Y aquí no se trata
del papá, cualquiera que sea la acepción -el Papa católico o el padre de
familia-, se trata del Nombre, del valor del Nombre, es decir el valor de lo que
representa a uno en el orden simbólico”14.
4. La patología remite a “la causalidad”.
En el contexto de la época se escuchó esta expresión como la igualdad
fundamental de los ciudadanos que se impone deconstruyendo la jerarquía
tradicional que animaba entre el Otro y el sujeto.
Las comunidades de goce se producen, la pandilla, la secta, las fans reunidas
en grupos de K-pop, el grupo de las que se hace cutting, etc., y ello responde a
una alianza entre la identificación y la pulsión. Es interesante el fenómeno que
producen las masacres escolares, las escenas de decapitación prodigadas por
el Estado islámico, las imágenes de la colisión de los aviones contra las torres
gemelas, todas velen por su capacidad de movilizar adeptos. Las tribus
proponen ciertos significantes que se vuelven slogans, como aquella de que el
género es una construcción; comparten sus acontecimientos de cuerpo; se
polariza y politiza la cuestión de la práctica a nivel social.
Se nada en un mar de malentendidos:
1. Los debates actuales de los feminismos y las comunidades LGTBIQ +
acusan el discurso incluido el psicoanálisis, de hablar hasta hace muy poco
siempre de patología cuando algo es diverso.
2. Muchos defensores del matrimonio tradicional en Francia argumentaban
con citas freudianas sobre el Edipo.
3. Estamos divididos entre el constructivismo y el determinismo en la
experiencia de la sexuación.
4. En todas las teorías se supone que el ideal es dejar libre al sujeto para
llegar a una posición identitaria utópica que permita ahora sí, un modo de
gozar bien, pleno, completo.
5. En la orilla contraria se puede deducir con ligereza que el que analista no
lee la patología, que el analista al privilegiar la singularidad, parte de una des-
patologización
14
Brousse, M. H.
La teoría de los “Unos solos” está en el Semanario XIX, “O peor…”. A partir
del estudio de Joyce, Lacan anticipó la ideología contemporánea de la igualdad
universal de los seres hablantes. En el Seminario XXIII inaugura una nueva
clínica más ligada al nudo borromeo y al saber hacer el nudo conveniente de
las dimensiones en las que como ser hablante de goce habita. “Uno solo es
responsable en la medida de su saber hacer. Qué es el saber hacer, el arte, el
artificio” 15. Joyce hace con la sonoridad del lenguaje, con el artesanado de
lalangue, un objeto de arte. Se trata de un hacer que va más allá del saber
como conocimiento que se acumula; es más bien un ejercicio que se ejecuta en
el hacer. Lacan toma la creación de Joyce como prototipo de los artistas y lo
saca del arte y le hace decir al caso Joyce una clínica que rompe las
estructuras psicopatológicas precedentes y ennoblecer la solución en lo
singular, señalando de paso, que hay personas que sin pasar por un proceso
analítico pueden lograr lo que el psicoanálisis ofrece.
En Joyce Lacan estudia cómo son las relaciones entre los registros del
psiquismo, el papel que juega el Otro, (el país, el idioma, la religión); el papel
del cuerpo y su anudamiento al ser; y lo que se impone y aparece como
síntoma, como invasión, como por ejemplo en Joyce, las palabras impuestas;
reconoce el valor de uso de la epifanía (que no era la manifestación divina,
sino manifestación espiritual que se encuentra en el momento menos
esperado; la súbita revelación del quid de una cosa, de la relación entre los
hombres, el momento en que un objeto por vulgar que sea, transmite algo
radiante) para escribir su prosa.
Lacan saca el Nombre del Padre de su dependencia al discurso del Otro, en
que el soporte es el Padre edípico simbólico y universal, y lo ubica a nivel de
los goces, el padre real, el Otro tachado, que cojea, que falla, que como el
padre de Joyce es alguien muy flojo a nivel fálico, pero se las arregló para
gozar.
El inconsciente pasa de ser un producto edípico, a ser producto del arreglo
singular, del artificio con lo imposible y lo eleva de estatus al llamarlo
“sinthoma”, aquella construcción que hace a un hombre un “santo” en la
medida en que sabe hacer con su artificio. Desde esta orilla todo se pone
patas arriba, se problematiza las conducciones y orientaciones de los análisis.
Esto tiene consecuencias prácticas para el acto analítico.
El punto que extraigo como cierto para nadar airoso en estos malentendidos
es apoyarme en el descubrimiento lacaniano: que los sujetos tienen múltiples
identidades y múltiples formas de goce, esto nos anima a orientarnos a través
de la posición singular de cada sujeto respecto del goce. “Todos tendríamos
nuestro estado fundamental y preclínico y nos distinguiríamos según los
modos en que se fija la enfermedad mental. Ésta se puede fijar [se fixer] en
15
Lacan. J. “El seminario XXIII, El sinthome”. Buenos Aires, Paidós. Pág. 59
psicosis, se puede fijar en neurosis, se puede fijar en perversión -como se
decía antiguamente-. Pero fundamentalmente “todos iguales” frente a la
debilidad mental -si puedo decir-“16. Es ahí donde el discurso político
contemporáneo coincide con lo múltiple de las identificaciones. Tomemos
como ejemplo los kamikazes del Estado Islámico reclutados entre
adolescentes europeos que voluntariamente se arrojaron a los brazos de un
aparato que los determina en todos los sentidos, en ellos se produce una
muerte previa al acto terrorista, porque “De hecho, ya están muertos, social o
subjetivamente, identificados como están al cuerpo de su organización”17.
Todo el mundo piensa y cada uno de una manera singular que le permite vivir
en el mundo. El ser hablante tiende a la debilidad mental en cuestión de que
cada uno se da a sí mismo la razón. Ahí se observa una forma de fusión entre
sentidos y ciertos significantes que fijan, sueldan la posición subjetiva. Una
expresión como “Comuna 13 ladrón” es propia de la debilidad mental
porque se trata de una significación de alguien, y no de una realidad
sustancial. "...cuando el primer par de significantes se solidifica, se
holofrasea, obtenemos el modelo de toda una serie de casos", entre ellos la
debilidad mental. Por el hecho de ser seres dotados de imaginario, somos
débiles mentales.
Lacan hacía de lo que llamaba la “parafrenia imaginativa” la enfermedad
mental por excelencia18; es lo que hoy llamamos psicosis ordinaria. Citaré a
Pessoa: “Me desvestí de mi propio ser a tal extremo que existir es en primer
lugar vestirse. Sólo soy yo mismo disfrazado” 19. La parafrenia imaginativa es
una categoría de Kraepelin, y luego retomado por H. Ey, que describe un
cuadro con giros esquizofrénicos y paranoicos, secundarios a determinadas
pérdidas. Lacan lo utiliza en el caso de la señora Boyer, “nadie ha logrado
cristalizar la enfermedad de la señora Boyer. Tuvo que lidiar con personajes
importantes con los que se identificaba, pero nunca se detuvo en una
identificación. Ella siguió deslizándose en todas partes”. Esta enfermedad
sería la esencia misma de lo mental, el desanudamiento de lo imaginario, que
siempre se está deslizando. La clínica presenta un sujeto temporalmente
desenganchado de lo simbólico, sin un orden ante lo real, pero que llevan al
extremo una solución particular, la que le brinda precisamente la mentalidad
como defensa frente a lo real. El sujeto se debe empeñar en construir un yo,
bien sea con la fantasía, con el transitivismo o con el doble. El parafrénico es
comparable en cierto modo con un soñador, o mejor aún, a un poeta que
creyese en sus ficciones y las considerase como un mundo, como uno de sus
mundos. Es el mecanismo de la simple fantasía, el invento pueril o la novela
16
Miller, J.A. Respuesta a una Pregunta de Carole Dewambrechies-La Sagna. Descargable en:
https://psicoanalisislacaniano.com/2022/02/05/jam-presentacion-lacan-redivivus-mollat-20220227/
17
Gori, R., “La crise des valeurs favorise les théofascismes”, palabras recogidas por Julie Clarini, Le Monde, el
2 de enero de 2016
18
Lacan J. (1967): “Presentación de la Srta. B.”
19
Pessoa, F. El libro del desasosiego, Emecé, Buenos Aires, 2004. pág. 98
inverosímil, la que desconecta de la realidad, sin provecho para sí ni para los
demás; la que no abre jamás un rumbo nuevo y se pierde en divagaciones
estériles.
Miller, quien había asistido a las presentaciones de Lacan declara que éste no
renunciaba a pronunciar las palabras de parafrenia y de debilidad por temor a
poner etiquetas, sino que, aunque las expresara consideraba: “¡Pero él es
normal!”20. En las condiciones de hoy es “normal” encontrar formas diversas
de compensaciones o muletas imaginarias, identificaciones conformistas
que actúan reemplazando la imposibilidad de simbolización, operan
mediante identificaciones usadas como “enganche”, y no son reguladas
por lo simbólico ni por lo real.
20
Miller, JA. “Enseñanzas de la presentación de enfermos”. En: Matemas I. Manantial. 1987, p.156
5. Implicaciones del “todo mundo es loco” para nuestra
práctica.
El trabajo del Campo Freudiano examinando las implicaciones del dicho
lacaniano “Todo mundo es loco, es decir delirante”, se apoya en el trabajo de
dos generaciones de psicoanalistas que nos preceden, entorno a lo que es “La
pareja del deseo del analista y el paciente de hoy”.
Más allá de los usos contextualizados que podemos hacer de esta orientación
de Lacan hoy en día, quiero dejar manifiesto lo que no podemos olvidar: “lo
loco” está en algunas características de los principios del psicoanálisis. Al
decir de Freud, por más loca que sea la pulsión no se puede prescindir en la
práctica analítica de este concepto, porque si no, la práctica sería un sistema
ético-religioso. Es allí donde ubicamos las psicoterapias y el cognitivismo. El
concepto de pulsión se articula con el modo de concebir el síntoma, la
transferencia, la interpretación, la dirección de la cura y el final del análisis.
1. “lo humano” de por sí ya es una “locura”. La evolución lo humano es algo
que rompe con todo lo "natural". El que una adolescente diga: “no quiero
engordar, quiero adelgazar, me veo muy gorda, esto trae muchas calorías,
no me lo voy a comer”, de alguna manera está haciendo una posición de
excepción a lo que es natural. Lo natural es que yo pueda comer, satisfacer
esta necesidad. También es, digamos antinatural, una locura “esto tan
sabroso no pueda dejar de comerlo”. Todo proceso humano implica de
alguna manera la ruptura con ese proceso de lo natural que es el instinto.
Lo humano es una mutación de todo lo natural. La característica que nos
hace llamar humanos es aquello que nos singulariza, que nos separa del
colectivo y poder mantener esa singularidad, eso de por sí es una locura.
“No me gusta el sancocho como a todos en mi casa”, podría decir, me
singularizo; “soy gay”, me singularizo; “decido ser músico”; soportar cada
una de esas singularidades implica asumir el peso de una diferencia
respecto al Otro social.
2. El objeto pulsional es loco por estructura, al no tener un ordenamiento
significante o imaginario; no hay el falo, es por ello por lo que la escritura
de goce en este campo se escribe con la letra griega -φ. Es el objeto oral,
anal, la mirada y la voz se nos imponen sin pedir permiso. En este nivel de
lo psíquico no hay metalenguaje, no hay relación lenguajera con el otro:
“ningún acuerdo ni armonía, no hay programa, nada pre-establecido: todo
está librado al azar, lo que en lógica modal se llama “contingencia””. 21
George Bataille llama la atención sobre un objeto común hoy en día, el
desperdicio: el resto, el residuo, objetos que se impone privilegiar en lo
contemporáneo. Hoy en día grandes compañías trabajan con los restos,
21
Miller, J. A. Contratapa del Seminario XIX de Lacan. …”O peor”.
pero, también hay grandes preguntas como: ¿qué hacemos con los restos,
con los restos de celulares, con los restos de pilas, con los restos de
contaminación incluso espacial? Somos una cultura que está generando
cada vez más y más restos que nos asfixian. Pero el resto no se queda
solamente en el objeto: lo humano también es atravesado por la condición
de resto.
a. Hace cien años no había el "desechable". Hoy hay en nuestras ciudades
miles de personas bajo esa categoría "habitante de calle"; restos de lo
humano que quedan ahí viviendo bajo los puentes o en cualquier tipo
de puerta.
b. Les llamo la atención sobre un efecto subjetivo: la melancolización, que
es cómo el ser humano, en todos estos devenires y confrontaciones con
la cultura contemporánea, se identifica a ese resto. ¿Para qué vivir?
Vivir no tiene ningún sentido, no hay ninguna lógica. Después de haber
estado como en la fiesta de todos los goces posibles al final se
encuentra en una posición melancólica. Él mismo es identificado como
resto del discurso, por cualquier cosa; porque lo dejó la esposa, porque
lo echaron del trabajo, porque no puede pagar las deudas y lo reportan
a data crédito o por cualquier insignificancia. Las razones por las
cuales hoy en día se hacen intentos de suicidio es por esa identificación
de todo lo humano a esa posición de desecho.
3. Es de importancia reconocer la dimensión loca del fantasma, o su
equivalente en las psicosis, como ensueño, o como delirio fundamental, que
hace marco a la vida psíquica del sujeto y es en la cura que ese elemento
se descubre. Creerse “uno” es una ilusión, una pasión, o una locura según
las diferentes formas de nombrar el narcisismo. Lacan da una fórmula de
fantasma: ($◊a). ¿Por qué un $? Se trata de localizar el sujeto fundado por
pensamientos donde el sujeto no puede reconocerse, como dice Lacan:
“Pienso ahí donde no soy”, y todo movilizado por ese objeto del deseo con
el cual el sujeto está fascinado. La fascinación con el objeto de amor lo
ejemplificamos con el amor cortés, una fantasía loca a los ojos de ésta
época.
4. Distinción fundamental de la práctica de la semiología psiquiátrica actual
gobernada por el DSM, de la práctica psicoanalítica. El psicoanálisis
mantiene la presencia en el discurso social advirtiendo la locura que hay
en el ideal que lleva a la segregación en nombre del amor o de la lógica de
las idealidades aristotélicas. Es una época donde el saber viene en
paquetes o “combos”, o cifrado en algoritmos que anulan la posibilidad de
la palabra.
“El inconsciente se impone al sujeto como el verdadero amo” 22. El objeto
del acto analítico no es el sujeto psicótico, neurótico o autista, no es su
historia, no es el sentido perdido, no es su diagnóstico, no es su fenómeno
clínico, sino la dimensión del uso que el parlêtre hace del sinthome. Lo que
subyace en los nuevos axiomas articulados al concepto de sinthome es la
restitución al libre “uso” y “automatismo” de las posiciones, anudamientos
y soluciones, que cada uno encuentra para hacerle frente a lo que lo
desborda. Es la locura consustancial a la condición humana presente en el
Uno solo.
Todo el mundo es loco, es decir, delirante. Esta frase continúa: Es lo que
se demuestra en el primer paso hacia la enseñanza. Aquí no hay una des-
patologización, sino más bien una indicación: la propuesta psicoanalítica es
una locura: Tome a cada paciente como un enseñante de su propio caso.
Para Lacan no hay ciencia del hombre porque el hombre de la ciencia no
existe sino solo su sujeto. El discurso analítico, a diferencia de los otros
tres construidos por Lacan, no enseña nada replicable, extensible a otros,
generalizable o universalizante, excluye la dominación. El trabajo sobre
este universo de singularidades tiene como orientación analítica una
práctica atenta al inconsciente real singular y que aparece como tropiezo,
accidente, irrupción por fuera de la norma. Es una práctica atenta a lo que
habla en lalangue, los equívocos, los lapsus, las imágenes del sueño, el
acontecimiento de cuerpo, el objeto pulsional y el síntoma. Estas vertientes
de la noción no son excluyentes; por el contrario, se interrelacionan y se
complementan entre sí.
5. Lo simbólico se ha desestructurado, donde estaba el símbolo ahora ya está
el signo.
A partir del momento en que juntamos signos de cierta manera o según
modos diversos y superpuestos, aparece el algoritmo de una imagen, un
dato, un reconocimiento facial, una voz, etc.
Freud volvió la atención sobre la figura del padre como aquella función que
condensaba todo el orden simbólico, daba el orden a los goces, regulaba
las pulsiones, estructuraba el Edipo y en una dimensión más social, era
aquello que portaba la norma. Hoy el mismo psicoanálisis insiste en que
esto ha caído y que en lugar de un Padre hay una “pluralización del padre”.
Cada cual se inventa su propio padre, es decir, cada cual inventa su propia
religión, cada cual se inventa su ordenamiento, cada cual se somete a su
propia ley y es una ley en singular, no “para todos”. Eso implica un estado
de anarquía en el sentido de que falta un principio ordenador. Anarquía
quiere decir, etimológicamente, falta de principio. Entonces falta un
principio ordenador y hay miles de principios ordenadores. Por ejemplo,
en un grupo de cuarenta muchachos en un salón, en la actualidad, cada
22
Laurent, E. El nombre y la causa. Editado por Mariana Gómez. Instituto de Investigaciones Psicológicas
(CONICET y UNC). Libro digital.
uno de los cuarenta muchachos sigue una política distinta, una ley distinta,
su propia manera de vestirse, de relacionarse, de tomar, de manejar el
cuerpo, de vivir la sexualidad, de posicionarse frente a los ideales, que no
es como antes cuando todos queríamos ser médicos, abogados, o curas.
El síntoma de lo humano hoy es más signo que símbolo: “Tengo esto, pero
a mí no me pregunte qué quiere decir.” Hay una pérdida de todo lo
simbólico del lenguaje por un lenguaje mucho más “sígnico”, del signo o
relacionado con él.
6. El llamado “principio de realidad” es un supuesto principio absolutamente
singular y relativo. No podemos decir que haya una realidad para todos los
seres hablantes. Freud tiene el texto de Pérdida del principio de realidad
en la neurosis y en la psicosis23 y nos muestra como cada uno se crea una
realidad a partir de su propio fantasma, a partir de su propia fantasía, de
su propio deseo, y que en el neurótico huye de su realidad, “se limita a no
querer saber nada de ella”. Para cincuenta millones de alemanes o de
europeos, hace ochenta años era una realidad que los males que estaban
pasando eran por los judíos y esa era la realidad para todos. Era "normal"
asumir eso. Entonces el principio de realidad no nos sirve mucho para
poder pensar lo que sucede ahora porque, insisto, la realidad es
absolutamente determinada por cada singularidad, no es una cosa
homogénea o Universal.
7. Lacan encuentra la locura a través de una semiología singular diferente a
los signos clásicos de la psicopatología psiquiátrica: En el Seminario XI,
“Los 4 conceptos fundamentales del psicoanálisis”, da cuenta de su método
para examinar la locura: “se privilegia (...) el elemento en su disyunción y
no en su concatenación, perdiendo de este modo su valor la historia como
continuidad ya que lo que resulta destacado, por el contrario, es la
discontinuidad, la interrupción, es decir, la una-equivocación (l´une-
bévue)”24. “Solo hay causa de lo que cojea” 25. Se enfatiza el carácter del
inconsciente como tropiezo, cuando el inconsciente carece de sentido, en
el espacio de un lapso.
Podemos hacer una clínica del tropiezo como la hizo Lacan con Joyce, y de
lo que en él emerge, y ahí encontraremos las estructuras clínicas. Ante la
destrucción que conllevaría la aplicación a ciegas del principio absoluto,
los psicoanalistas conservamos el distingo de la clínica: localizar cada vez,
cómo el sujeto se las arregla con la ausencia de representación, y cómo
sinthomatiza en el mejor de los casos. Miller expresó en una reciente
ocasión: “Entonces, básicamente, incluso si estamos de acuerdo en lo que
23
Freud, S La pérdida de realidad en la neurosis y la psicosis. Amorrortu, Vl. 19 pág. 189.
24
Schejtman, F., Godoy, C: “La histeria en el último período de la enseñanza de Lacan” en Anuario de
Investigaciones Volumen XV. Secretaría de Investigaciones. Facultad de Psicología. UBA. Bs. As. Pp. 121-
125.
25
Lacan, J. “El Seminario XI, Los 4 conceptos fundamentales del psicoanálisis”. Paidós, 1964, pág. 30
la despatologización representa de progresista, eso no impide -en mi
opinión- lo necesario de conocer la clínica. Es la condición para conocer
sus propios límites y para poder ultrapasar el punto de vista clínico”26.
6. Las relaciones entre el terapeuta y su paciente hoy.
Lacan distingue lo que sucede en la fraternidad que vincula al terapeuta con
su paciente. ¿De qué tipo es esa fraternidad o comunidad entre el terapeuta y
su paciente? Ambos cubiertos por ese común denominador: Cada uno es un
ser en falta, pero para cada uno un agujero diferente: Cada uno con su Real.
Lo singular del goce no se comparte. Son desiguales el terapeuta y el
paciente. El sujeto que nos llega con un síntoma propio y singular frente a la
sociedad moderna, lo tenemos que acoger –y cito– “y tenemos que abrirle de
nuevo la voz de su sentido en una fraternidad discreta ante lo cual seguimos
siendo desiguales”. Desiguales ahora apunta a una separación, un criterio, un
acto, de parte del terapeuta. “No hay inconsciente colectivo. Solo hay
inconscientes particulares, en la medida que cada uno, a cada instante, da un
retoquecito a la lengua que habla”27.
1. Lo imposible es lo real, escapa a la simbolización y la imaginarización.
Encuentro imposible de evadir, bien sea con un discurso, con un deseo, con
un goce. El psicoanálisis no enseña, propone es una deconstrucción de lo
que es la enseñanza y reducir la cuestión “a título de síntoma”. El pase del
psicoanálisis es por la potencia que tiene lo real.
2. El discurso analítico no enseña nada, no está del lado de la dominación. El
análisis como imposible. Aptitud formada en su análisis personal. Lo
posible en medio de lo imposible.
Público 4: Me agrada mucho que use el paralelo, al principio de su
conferencia, de filósofos que hablan precisamente de la locura, de la ruptura
de la estructura. Yo añadiría otro que sería Hegel porque él tiene algunos
apartes que sirven para diferenciar la psicosis. Para mirar un poco más una
postura de la locura utiliza posiciones fenomenológicas: mente-corazón o
delirio de impactación, etc. Me preguntaba qué de esto de la locura podía
estar en relación al analista o al psicoanálisis. Yo pienso un poco en esta des-
victorianidad del psicoanálisis, a esto me refiero. Por ejemplo, los efectos de la
época están en la ciencia, en la cultura pero dentro del psicoanálisis ¿qué
pasa? Desde los efectos de la época, ¿qué pasa dentro del psicoanálisis?
26
Miller, J.A. Respuesta a una Pregunta de Carole Dewambrechies-La Sagna.
27
Lacan, J. El seminario, libro XXIII, El sinthome. Buenos Aires: Paidós. Pág. 118
JFV: Gracias por la pregunta. Yo creo que el psicoanálisis ha tenido que
asumir también, en sí mismo, los efectos de la época y también ha incidido en
crear efectos en la subjetividad de la época. Estamos en una condición
absolutamente distinta a la freudiana. En el texto antes citado de Bauman, que
escribe con Gustavo Dessal, Bauman expresa:
Me pregunto qué diría Freud si tuviera que revisar su manuscrito de 1929
para preparar la edición de 2008. Conjeturo que generalizaría su veredicto,
insistiendo en que toda y cualquier civilización –es decir, toda comunión
humana elevada por encima de sus "condiciones animales"–es una
transacción, y nuestra variedad no es una excepción. Pero también conjeturo
que Freud invertiría su diagnóstico de los bienes que se intercambian en la
transacción. Probablemente diría que los principales descontentos de nuestro
tiempo se originan en la necesidad de ceder una buena parte de nuestra
seguridad a cambio de seguir eliminando, una por una, las restricciones
impuestas a nuestra libertad” […]
El mundo que analizó Freud era el mundo de los Buddenbrook de Thomas
Mann: un mundo de normas rígidas y de severas penalidades (como quedar
excluido de la competencia empresarial, caer en la desgracia social o sufrir el
ostracismo) que se aplicaban por quebrantarlas; también de normas
claramente articuladas y legibles, que debían ser aprendidas de una vez y
para siempre: para toda la vida individual y para todos los ámbitos de la vida,
desde la cuna hasta la tumba. El linaje, la familia, la fortuna familiar y la
continuidad de los vínculos sanguíneos trazaban un eje en torno al cual habría
de girar el itinerario de la vida, ya concebido pero aún pendiente de
completarse. Tal como lo proclamarían mucho más tarde los psicólogos
existencialistas como R. D. Laing o Thomas Szasz, aquella familia, inscrita en
un entorno y a través de él en una clase, era el perro guardián colectivo (o un
vaso capilar del sistema panóptico de la vigilancia social, como lo enunciaría
después Michel Foucault) que obligaba a sus miembros a mantenerse en el
camino recto, excomulgando y eliminando a los desviados (en términos
freudianos, la familia era el baluarte, la plenipotenciaria y la ejecutora del
principio de realidad, encargada de podar y domar los excesos perpetrados
por el "principio del placer")28.
Para la época freudiana, la época victoriana, la represión de los instintos
sexuales era fundamental. El sujeto que llega hoy a consultarnos nos obliga
también a operar de manera muy diferente. Hoy estamos en una época
absolutamente distinta donde descifrar el Edipo, eso no tiene el peso que
podía tener hace cien años. Hoy se opera de modo absolutamente distinto a
28
Bauman, Z. G. Dessal. “El retorno del péndulo”. Fondo de Cultura Económica de España. 2014.
como Freud hacía hace 100 años. Un psicoanálisis hoy en día debe de seguir
su curso más prolongado en personas que tienen un interés de formarse como
psicoanalistas pero no es el día a día de la consulta de un analista. La consulta
de un psicoanalista hoy en día está hecha de consultas de pequeños
recorridos: vengo dos semanas, vengo dos meses, me voy y vuelvo si se
presenta otra contingencia pero si no, no vuelvo.
El mismo psicoanálisis freudiano estaba todo apoyado en el padre, el padre
del Edipo, el padre de Tótem y Tabú, como la ley, como la norma, con una
característica terminológica muy particular derivada de esto. Ustedes saben
toda la importancia que le dio Freud a lo fálico (diferenciado del órgano sexual
masculino) en el aparato psíquico. Y toda la potencia de la subjetividad del
deseo, de la capacidad de realizar el deseo venía nombrada desde este
significante “El falo”. Hoy en día reconocemos que fuera del goce fálico hay
otros goces; está el goce femenino, un goce que tiene una lógica
absolutamente distinta del goce fálico, y que también debemos estar atentos
al goce de sentido.
También podemos decir, a partir de Lacan, que “lo normal” es la “norma
macho”, la norme-male29. Hoy en día los psicoanalistas decimos que la norma
macho no es lo normal, hoy en día es muy importante las maneras como hace
el parlêtre para gozar del cuerpo, las propias, no las que el Otro social dice
que son normales. Antes, un análisis se tramitaba solo por la vía del discurso,
del significante, de la cadena de significantes. Hoy en día tenemos también el
cuerpo que goza. Hay un cuerpo que goza, una sustancia gozante en ese que
viene a consultar y sus goces vienen marcados con trazos.
Antes se apuntaba a una lógica de que todos los síntomas querían decir algo,
que eran metáfora de algo y la cura como finalidad tenía la meta de llegar a
quitar el síntoma. Hoy en día la cura se apoya en un síntoma más equivalente
a la designación de signo, es decir, que simplemente nomina, nombra, deja
una marca y la finalidad de la cura no es ese ideal de quitar los síntomas sino
de saber hacer lo mejor posible con esos síntomas. La época ha traído todas
estas consecuencias sobre el sujeto del psicoanálisis.
Público 5: Yo quisiera comentar algo que me decía un chico que iba perdiendo
más de cinco materias. En ese momento tenía nueve años y la primera cosa
que dijo fue lo siguiente "Bueno yo para que me voy a preocupar… en mi
29
“Norma-macho” en francés que hace homofonía con “normal” en el mismo idioma.
colegio cuando alguien pierde una materia lo envían a refuerzos. En últimas,
si pierdo el bachillerato pues puedo ir a trabajar a la empresa de mi padre.
Para todo hay solución, entonces, para que me voy a preocupar." La pregunta,
pensando en el desarrollo que has hecho alrededor de esa locura generalizada
que tiene el efecto de saturar es, de qué manera las diferentes propuestas del
discurso ya juntas a esto que es tan absurdo de abolir la hiancia tienen efectos
tan fuertes al nivel de deseo. Tú hablabas de la cuestión del cinismo, por
ejemplo. También en objetivizar, pues todo se tiene que objetivizar y pensaba
en la frase de un manifestante que salió por la tele cuando hubo esos
disturbios tan fuertes en Brasil y decía en medio de la multitud "yo no sé
porque estoy aquí en esta multitud pero lo que sí sé es que tengo que estar".
Es decir, no es por identificación a un líder si no por tener que estar en medio
de ese caos y en posición de desecho.
JFV: Es así, yo creo que la época nos ha hecho a todos, de alguna manera,
antes que desecho, objetos. Entonces todos somos objeto: objeto de mercado,
objeto de la ciencia, objeto de la educación, objeto de tratamiento médico,
objeto, objeto, objeto. Esa posición de objeto el psicoanálisis la nombra como
una posición de debilidad, que lo representas perfectamente en el
manifestante que dice yo no sé porque estoy aquí pero era necesario que yo
esté, no se bajó que ideología o movido por qué. Es decir, esa posición desde
el punto de vista psíquico o subjetivo, el psicoanálisis la nombra como una
posición de debilidad. Debilidad puede ser eso o puede ser “pegada a la
pantalla” o debilidad puede ser “quedar pegado al objeto de goce”, bien sea el
juego o la comida o a la anorexia o el ultimo IPad. La debilidad es: “todos se
están casando entonces yo también me tengo que casar”. O “todos se están
divorciando entonces yo también me tengo que divorciar”; “todos tienen un
hijo entonces también tengo que tener un hijo”. Lo de las mujeres
adolescentes de Medellín en la época de mayor violencia que decían: “yo
tengo que coger la pinta rapidito, hay que embarazarse ya”. Esa es una
posición subjetiva de debilidad donde el sujeto queda en una posición de
objeto del discurso del Otro.
Es un efecto en la subjetividad, eso que Lacan llamaba debilidad, que también
la nombra como el “niño generalizado”. El niño, de alguna manera, es el
objeto privilegiado de la familia, del Otro familiar. Siempre que nos llega un
sujeto en esa posición de debilidad hay que calcular muy bien porque, la
tendencia es a tratar de estimularlo a que tome una posición, a que se rebele,
a que brinque, a que diga, sin calcular muy bien si ese sujeto tiene la
capacidad de estructurar esos “tener una posición”. No se trata de sostener
una posición por sostenerla, sino que se trata más bien de construir las
condiciones para que el sujeto sostenga una posición. Hoy en día me
comentaba Gladys, uno de los efectos que hay en la clínica contemporánea
tiene que ver con una pérdida de lo viril. No vemos donde está lo viril en los
divorcios, en las figuras paternas, en los adolescentes. Esto que vemos por
todas partes es como si lo que veía Freud ya no existiera, sino más bien
existiera una posición donde todos los demás goces son privilegiados sobre la
posición viril. Son hombres muy débiles; una, en las relaciones de pareja y
cómo soportan ellos el divorcio, otra como son frente a los hijos y como
quedan en una posición de debilidad a lo que vaya sucediendo. Esa posición
de debilidad es una posición, me parece, muy frecuente en la actualidad y
viene absolutamente emparentada con la posición de ser objeto del discurso
de Otro.
Gladys Martínez: Bueno José Fernando muchísimas gracias por esta
conferencia tan valiosa. Quería decirte que para publicitar la conferencia
escogimos esta imagen que es trabajada, a partir de El grito de Munch, por el
artista Nathan Sawaya, en su Art of the Bricks30. Se trata de El grito pero
armado con pedacitos coloridos de Lego, esas piezas con las que juegan los
niños de hoy. En la imagen de esta obra está lo actual, la marca comercial,
están las piezas, piezas que pueden ensamblarse y está el objeto, que incluso
tiene como efecto, lo borroso. Tomando lo que compartiste hoy, creo que esta
imagen tiene esa extraordinaria justeza que los artistas alcanzan para
capturar esos trozos de real que se nos escapan. Gracias de nuevo José
Fernando y a todos ustedes por haber abierto este espacio en sus agendas y
por haberse desplazado hasta nuestra sede para escuchar lo que el
psicoanálisis tiene para decir a propósito de la locura de la época y sus efectos
en el sujeto. Los esperamos mañana.
Bibliografía
Bauman, Z. G. Dessal. “El retorno del péndulo”. Fondo de Cultura Económica
de España. 2014.
Freud, S La pérdida de realidad en la neurosis y la psicosis. Amorrortu, Vl. 19
pág. 189.
Lacan, J. “Alocución sobre las psicosis del niño”. En: Otros escritos. Bs As.
Paidós, 2012. Pág. 383.
Lipovetsky "La era del vacío: ensayo sobre el individualismo contemporáneo",
Ed. Anagrama
30
Sawaya, N., “The Art of the Brick”. Recuperado en: https://www.efe.com/efe/espana/gente/las-obras-de-
arte-mas-famosas-reproducidas-en-lego-rio-janeiro/10007-3126626
Luciani Rivero, Rafael. La palabra olvidada: de la significación a la
simbolización. Instituto Universitario Salesiano Padre Ojeda, 1997.
Sawaya, N., “The Art of the Brick”. Recuperado en:
https://www.efe.com/efe/espana/gente/las-obras-de-arte-mas-famosas-
reproducidas-en-lego-rio-janeiro/10007-3126626
Soler, Collete. “¿Qué se espera del psicoanálisis y del psicoanalista?”. BsAs.
Editorial Letra Viva.