Vendiendo - Oro - Por - Espejitos - Agua en Canalitos
Vendiendo - Oro - Por - Espejitos - Agua en Canalitos
espejitos:
mercantilización del agua
en la periferia de la ciudad
de Guatemala
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CUADERNOS
DE INVESTIGACIÓN
Vendiendo oro por espejitos:
mercantilización del agua
en la periferia de la ciudad
de Guatemala
Cuaderno de investigación 4
SCDD 22
Morna Macleod
VOCALÍA PRIMERA, UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DEL ESTADO
DE MORELOS, UAEM/MORELOS/MÉXICO
Siglas y acrónimos IX
Presentación general XI
PrólogoXIII
IntroducciónXV
1. Marco teórico y metodológico 1
1.1. El control social del agua 4
1.2. Metodología y el estudio de caso 5
Presentación general
XI
Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
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Instituto de Investigación en Ciencias Socio Humanistas
Prólogo
Los estudios sobre el agua desde un enfoque multidisciplinar han sido de las prioridades
de los dos institutos que forman parte de la Vicerrectoría de Investigación y Proyección
(VRIP). Antecede a este cuarto cuaderno el libro titulado Ja Loq’olaj ya’: Agua sagrada.
Construyendo el derecho humano al agua en Guatemala (2023), escrito por diversas autoras y autores
que unieron sus perspectivas desde la concepción del agua como derecho, coordinado por
Lisamaría Santos Arroyo y Diego A. Padilla Vassaux; el libro Política del Agua en Guatemala:
Una radiografía crítica del Estado (2019), del autor de este estudio; así como el volumen Agua
(2023) de la serie Perfil Ambiental de Guatemala.
Este caso evidencia la manera desigual en que se está estableciendo la gestión y distribución
del agua, especialmente en áreas donde existe una clara diferenciación social. Así también,
queda demostrado que sin una priorización y regulación clara del acceso y uso del agua en
el país y la definición del rol de los diferentes actores del territorio, este desequilibrio en las
relaciones resulta en una fragante violación de derechos.
Sirva este estudio para aportar evidencia concreta sobre la gestión del agua en un territorio
periurbano que afecta a colectivos vecinales importantes, así como para promover una
discusión seria a nivel nacional sobre las alternativas para una mejor valorización del agua
como derecho y una propuesta de gestión, conservación y distribución más igualitaria.
Introducción
Ahora digo yo: ¿Por qué ahora venimos y quiere, como quien dice, callar a la gente? Con el tambo de
agua que nos van a regalar ahí, ahorita está el beneficio, ¿qué va a pasar en diez años? ¿Qué precio va
a tener? ¿Será que esa agua nos va a alcanzar para los nietos, para mi familia, para mi descendencia?
¿No será que nos están vendiendo o nos están quitando el oro por un espejito, como en la conquista?
Vecino del cantón Las Huertas, Canalitos, julio de 2022.
Al darse cuenta de que iniciaba la conexión del pozo a la red eléctrica, los vecinos decidieron
bloquear el paso a los camiones que transportaban el material de construcción. Desde antes,
cuando se enteraron de la construcción del pozo, hubo oposición social. En medio de la
disputa, descubrieron que los dueños habían gestionado la conexión con la red eléctrica.
El bloqueo forzó el diálogo con los comunitarios. De parte de la empresa se presentaron
los Consejos Comunitarios de Desarrollo Urbano y Rural (Cocodes) de los cantones Las
Huertas y Lourdes de Canalitos, y don Miguel, que hablaba como el representante del
negocio. De parte de los comunitarios, se juntaron los vecinos organizados de Las Huertas
y Las Pilas, con el apoyo de los Cocodes de Las Pilas y Las Delicias. Una periodista de un
medio independiente cubrió el encuentro.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
A inicios del 2021, un grupo de vecinos se organizó para encarar a las autoridades
municipales y exigir una solución a la degradación del servicio de agua entubada en esa
zona. Canalitos es un asentamiento periurbano con acceso limitado a servicios públicos,
ubicado al límite de la expansión metropolitana. Muchos de los vecinos de la zona viven
en condiciones objetivas de pobreza. Las familias que habitan en el cantón Las Huertas,
un cantón rural ubicado en la parte alta de Canalitos, son consideradas como las más
humildes. Al contrario, la parte baja es un área urbanizada donde se puede apreciar de
manera preponderante la presencia de cemento y ladrillo, el ajetreo de las calles, el comercio
cotidiano. Esta diferencia se manifiesta, al mismo tiempo, en la presencia de instituciones
municipales y de infraestructura pública, tales como el pozo Jica, el único pozo público,
la fuente de agua municipal con la que se abastece a los 35 000 habitantes de los ocho
cantones que conforman Canalitos zona 24.
La disminución de las capacidades del pozo Jica que inició la década pasada pero que se
empeoró al inicio de la actual, condujo al conflicto social que se analiza en este estudio.
A inicios del 2021, el servicio se había degradado a tal punto que varios vecindarios de
Canalitos recibían agua apenas unas horas cada quince días, mientras que en ciertos sectores
el servicio dejó de llegar por completo. Los vecinos se organizaron y reclamaron ante la
Municipalidad de Guatemala. En enero de 2021 marcharon del centro de Canalitos a las
oficinas municipales de Regencia Norte. Ante su persistencia intervino la Procuraduría de
los Derechos Humanos (PDH) como entidad mediadora.
Inició entonces un lento proceso de «mesas de diálogo» dirigido por la PDH, con
representantes vecinales y municipales, que duró un poco más de un año. Las autoridades
afirmaban que las fuentes de agua de Canalitos se estaban secando, y se mostraban reacias
a habilitar nuevos pozos en la zona. Argumentaban que las capacidades del manto acuífero
ya no eran óptimas; la zona está registrada en los planes municipales como una zona de
conservación de las fuentes de agua que alimentan al Valle de Guatemala (Hernández
y Padilla, en prensa). Los vecinos, al contrario, pensaban que la municipalidad los
engañaba. Sospechaban que llevaba años extrayendo agua de la zona para inyectarla al
sistema metropolitano de distribución de agua. También dudaban que el agua se estuviera
acabando. El proceso de diálogo culminó, después de un largo proceso de reuniones,
acuerdos, desacuerdos y protestas, con la habilitación de un nuevo pozo público para
abastecer los hogares de Canalitos.
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Por su parte, la construcción del pozo privado en Las Huertas inició en mayo de 2020.
El proyecto avanzó rápidamente, de forma opaca, sin que los vecinos supieran quién era
el dueño y el propósito del proyecto. En plena pandemia de COVID-19 logró adquirir
el terreno, construir la infraestructura junto a la tubería de 5 kilómetros que le permitió
conectar las fuentes de agua subterráneas de la zona 24 con los chorros de los hogares
pudientes de la zona 16. El presidente del Cocode de Las Huertas, una persona desconocida
de los vecinos que asumió el cargo de forma opaca, intentó negociar con ellos para que
otorgaran servidumbre de paso a la empresa a cambio de recibir «tinacos» gratuitos de
agua. Los vecinos se opusieron. La empresa decidió entonces desviar el trayecto de la
tubería, atravesando terrenos privados, ensanchando y talando bosques nativos en su
camino a la zona 16. La revisión de los informes oficiales del caso reveló que la empresa
no contaba con ninguna licencia o permiso ambiental ni sanitario para operar. De todos
modos, la construcción del pozo y la tubería avanzaron viento en popa.
El contraste entre ambos casos –la construcción acelerada e informal del pozo privado y
la lenta respuesta institucional a la demanda social por la situación de desabastecimiento–,
sienta las bases de la problemática en la que se centra el estudio: el caso de un proceso de
cambio socio ambiental en el que un poblado sufre las consecuencias del encauzamiento
de las fuentes subterráneas de agua para atender la demanda de residenciales pudientes
en otra zona de la ciudad. ¿Es el desarrollo de la urbe a través de la construcción (o la
degradación) de infraestructura para la captación del agua subterránea inherentemente
desigual? ¿Cómo entender ese trato diferenciado de las autoridades con respecto a la
demanda ciudadana? ¿Cómo interpretar este acceso diferenciado al agua?
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Con el estudio de caso se espera contribuir a la literatura empírica sobre los mecanismos
económicos, políticos, tecno-legales de exclusión social a través del control y la distribución
del agua, y el impacto que tienen en el equilibrio eco-social de la ciudad.
En los capítulos cuatro y cinco se encuentra el relato detallado del caso de desabastecimiento
de agua en Canalitos, la respuesta comunitaria e institucional, y el recuento de los sucesos.
Se presenta, por un lado, el problema de la demanda ciudadana por habilitar un nuevo
pozo en la comunidad, los modos y resultados de la respuesta institucional. Por el otro,
el caso de la construcción del pozo privado, los procesos de verificación institucional que
desencadenó y los resultados del proceso.
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El estudio de las formas de organización social situadas para gestionar el agua permite
captar procesos complejos que vinculan a la ciudad y el campo, a la sociedad con la
naturaleza. Se puede entender la circulación del agua como un proceso a la vez físico y
social, un flujo híbrido socionatural que vuelve inseparable la naturaleza de la sociedad
(Swyngedouw, 2009, p. 56 ).
Desde esta lógica, cualquier proyecto que proponga recuperar, canalizar y distribuir el agua
tendrá implicaciones para todo el sistema medioambiental y para los flujos entre grupo,
género y comunidad. Según la ecología política, el cambio urbano es un proceso con
implicaciones ecológicas y políticas que nunca son neutrales (Swyngedouw, Kaïka y Castro,
2016). Las implicaciones son metabólicas: el cambio afecta y transforma las condiciones
físicas y sociales en un mismo ambiente y puede desembocar en el socavamiento de «la
estabilidad y la coherencia de algunos grupos sociales y lugares, mientras que puede mejorar
la sustentabilidad de otros grupos y lugares» (Swyngedouw, Kaïka y Castro, 2016, p. 13).
La relación agua e infraestructura es un eje nodal en este tipo de estudios (véase Swyngedouw,
1997; Gandy, 2021; Menga y Swyngedouw, 2018) debido a que la construcción y el control
de sistemas, mecanismos y procedimientos para recuperar y distribuir agua es un punto
de disputa social. La apropiación del agua asigna poderes a los que la llegan a controlar; la
infraestructura hidráulica puede ser usada en consecuencia para ejercer el poder y poner en
acción estrategias hegemónicas y contrahegemónicas (Menga y Swyngedouw, 2018, p. 2).
Al mismo tiempo, se reconoce que los flujos del agua no son manejados equitativamente;
la ecología política se empeña en trazar las configuraciones hidrosociales desiguales
en espacios urbanos, o en procesos más complejos de «urbanización» (véase Angelo y
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Wachsmuth, 2014; Bakker, 2007; Ahlers et al., 2014) en donde el campo y la ciudad se
coproducen, atravesados por flujos naturales y financieros por igual. El crecimiento de
las ciudades depende de los recursos que extrae del campo y la transformación del campo
también depende del crecimiento de las ciudades (crecimiento demográfico, expansión
territorial hacia la periferia, explotación de recursos, etcétera).
A partir de los años ochenta, con la llegada de políticas de liberalización se van a reformular
los fines y valores de lo que se entiende por desarrollo social, abriendo el campo al abandono
de las «metas universalistas» del siglo XX (es decir, alcanzar una cobertura universal de
servicios esenciales), y su reemplazo por «valores de mercado donde se intenta redefinir el
estatus del agua transformando su carácter de bien público y derecho social universal en
bien privado sujeto a las reglas del libre mercado» (Castro, 2005, p. 6).
En ese sentido, los países del sur global no alcanzaron las metas de cobertura trazadas
durante la época «universalista», antes de entrar en la siguiente fase. Lo cierto es que no se
puede dar una explicación uniforme sobre las dificultades para formar un aparato estatal
eficaz en estos contextos, pero es posible afirmar que los mecanismos administrativos de
distribución del agua suelen ser precarios y subdesarrollados (Smith y Ruiters, 2006). La
provisión de agua potable en toda Latinoamérica está condicionada por la desigualdad, la
pobreza y la exclusión (Swyngedouw, 2004), o por «políticas que excluyen» a migrantes,
minorías étnicas, personas que habitan barrios marginales, etcétera. (Uribe, 2013).
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Se sigue aquí la línea crítica inaugurada por Arturo Escobar (1995) y otros autores (véase
Demaria, et al., 2023; Sachs, 1992; Martínez-Alier, 2006), con la que se problematiza el
ideal del desarrollo como un devenir inequívoco y necesario de las sociedades en todo
el mundo. No existe una sola definición del concepto de desarrollo; al mismo tiempo,
dichos autores han demostrado desde varias décadas las incongruencias y los efectos
negativos de las fuerzas homogeneizantes del desarrollo, que afectan especialmente a las
poblaciones empobrecidas. En el hemisferio occidental, dichas fuerzas son aquellas que
enfatizan las soluciones de mercado por encima de otras, es decir, soluciones basadas en
una racionalidad económica, privatista, equivalente a mercantilización (Castro, 2005).
Sobre este último punto, una definición de mercantilización del agua potable es: introducir
o simular técnicas de mercado, con la participación de capitales privados en el desarrollo
de recursos, abastecimiento y tratamiento de aguas negras (Bakker, 2003). Se trata de
una tendencia de carácter global que cobra auge en tiempos de neoliberalismo, cuando
se vio favorablemente la idea de privatizar el servicio de agua potable que solía estar a
cargo de administraciones municipales. Esto dio paso a la transformación del servicio y
la venta de bienes municipales a empresas privadas en todo el mundo. Desde entonces,
la tendencia ha sido cuestionada e incluso revertida en miles de ciudades, mediante actos
de presión ciudadana o incluso procesos de «remunicipalización» del servicio de agua
potable (McDonald y Swyngedow, 2019). También se ha construido un amplio repertorio
de estudios de caso que demuestran las falencias del modelo, y las acciones de colectivos
sociales que se han opuesto exitosamente e incluso revertido la privatización del servicio de
agua potable. El caso emblemático en América Latina es la guerra del agua en Cochabamba,
Bolivia durante el año 2000 (Razavi, 2022).
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Al mismo tiempo, es de notar que los esfuerzos por dar más peso a la intervención pública
tampoco resultan automáticamente en una mejora sustancial en la calidad de vida de las
poblaciones deservidas (Razavi, 2022). Es la razón por la que conviene estudiar caso por
caso, siendo conscientes de la esencia política que permea las «soluciones» propuestas, ya
sea que estén justificadas por razones técnicas, de acuerdo común, impuestas, etcétera.
Se parte del principio de que la distribución del agua es el resultado de decisiones políticas
(y poderes políticos) «normalizadas» y representadas como consecuencia de fenómenos
naturales, físicos, etc. (Yacoub, Duarte y Boelens, 2015). Problemas de este tipo remiten,
fundamentalmente, a un problema de acceso y control de los recursos vitales con los que se
cuenta; una distribución que condiciona de entrada el acceso a recursos vitales, sobre todo para
poblaciones que se encuentran en una situación subalterna. Estos estudios de caso buscan
«desnormalizar» esa distribución desigual, encubierta gracias a un dispositivo discursivo de
desarrollo, mediante el retrato empírico de las dinámicas sociohídricas observables.
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Esto se puede estudiar mediante el análisis de las relaciones entre fuerzas políticas,
económicas, sociales, así como el rol que juega la infraestructura, el paisaje, las fuentes
y el estado del agua en un «territorio hidrosocial», o las dimensiones espaciales de las
relaciones hidrosociales (Cantor, 2021), y los procesos que constituyen el espacio, mediante
la interacción de cada elemento en la distribución y el flujo del agua. En otras palabras, las
características de un espacio, su situación, en sentido literal, en un entramado mayor entre
el campo y la ciudad, la manera como son manejados los «recursos», y los cambios al flujo
del agua, invitan a estudiar el control y acceso al agua tomando en cuenta a la vez factores
territoriales, políticos y casuísticos.
La descripción de las transformaciones del espacio urbano capitalino invita a ver desde un
lente problematizado y en múltiples niveles la explosión demográfica de la ciudad. Si bien es
cierto que la ciudad ha crecido por olas de migración sin precedentes a partir de la segunda
mitad del siglo XX (ver el capítulo 2), el acervo crítico con el que se postula la reproducción
de la desigualdad como un elemento motor y la insistencia sobre la necesidad de estudiar
la relación campo-ciudad como un proceso de coproducción territorial, permiten llevar
a cabo un análisis capaz de trascender la lectura del problema del agua como un asunto
que se reduce al crecimiento poblacional desregulado o a la mala gestión de los recursos
naturales. En ese sentido, el propósito de juntar estos enfoques es ir hacia lo político, sin
dejar de lado la complejidad de un proceso que es ante todo «hidrosocial».
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El grupo de investigación llevó a cabo una visita de campo preliminar para conocer
los pormenores del caso. La información que compartieron en ese momento los
Cocodes despertó el interés por conocer más a fondo la problemática comunitaria. El
desabastecimiento de agua en Canalitos no era un tema simple: los vecinos desconfiaban
de las explicaciones de las autoridades sobre las causas del fenómeno, existían pugnas
intracomunitarias por dirigir el descontento social, vacíos de información técnica y
científica para justificar las acciones de las autoridades o para buscar soluciones prácticas
a favor de los vecinos afectados.
1 Los Cocodes son una creación de las leyes de participación ciudadana, con las que se promueven
mecanismos de participación de vecinas y vecinos en asuntos de gestión pública a nivel comunitario.
El Cocode es el nivel local del Sistema de Consejos de Desarrollo, que también incluye los niveles
municipal, departamental, regional y nacional, y con los cuales son elaboradas e implementadas las
políticas de desarrollo urbano y rural en el país (Idies, 2013).
2 Por razones de seguridad, en la narración de situaciones y eventos se usa nombres ficticios al referirse a
los vecinos de Canalitos (organizados y no organizados).
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En los meses de febrero a agosto de 2022 se llevó a cabo entrevistas semi estructuradas con
vecinos, actores sociales y Cocodes de Canalitos. Los elementos de investigación acción
participativa empleados en este estudio provienen del relacionamiento de entrada que se
obtuvo con los liderazgos comunitarios que condujeron parte del descontento social. Se
recuerda brevemente que la investigación acción participativa es un baluarte de la academia
latinoamericana crítica (Castro Gómez y Grosfoguel, 2007) y consiste en abrir el espacio
de producción de conocimiento a los mismos sujetos de estudio. Desde esta perspectiva,
los miembros o grupos de la comunidad oprimida colectan y analizan la información, y
actúan sobre sus problemas con el fin de encontrar soluciones (Balcazar, 2003).
Este estudio no hubiera sido posible sin la proactividad de los vecinos para buscar una
solución al desabastecimiento de agua, así como el aporte voluntario de información, por
su apoyo en el mapeo de las condiciones concretas de provisión de agua, el mapeo de
actores y su disposición a compartir la memoria histórica de la comunidad –sobre los
detalles del mapeo colectivo, del cual surgen varios de los mapas que se usan en este
estudio, véase Hernández y Padilla (en prensa).
3 Los mapas que aparecen en estudio fueron elaborados por Valerie Hernández (Iarna-URL), con quien
se llevó a cabo el trabajo de campo de 2022.
4 La encuesta fue organizada e implementada por la investigadora.
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Estas zonas coexisten con otros espacios más valorizados, por los cambios demográficos
históricos o la influencia de la especulación inmobiliaria. Pero poco se ha hecho por
estudiar la forma como los espacios más valorizados adquieren su valor en relación con,
o en detrimento de, las zonas «degradadas». En ese sentido, es importante pensar en la
precariedad como una condición relacional, en el marco de un tipo de desarrollo urbano,
que tiene que ver en este caso con la expansión de la urbe hacia áreas «rurubanas» (es decir,
áreas que exhiben características rurales y urbanas a la vez, y que se encuentran en medio
de un proceso de «urbanización»).
Una manera de abordar el caso de Canalitos es situarlo en medio del proceso de urbanización
o «metropolización» (Valladares, 2008) de la ciudad de Guatemala. La «metropolización»
guatemalteca consiste en la absorción de las comunidades rurales periféricas por la ciudad
capital, conforme la «mancha urbana» se expande hacia fuera (véase Gordillo, 2006;
Valladares, 2008; Palma, 2009; Valladares, Guzmán y Castañeda, 2017), trasciende los
límites jurisdiccionales de la ciudad «e incorpora a poblaciones y espacios de municipios
vecinos en un intercambio de relaciones e intercambios» (Valladares, 2008, p.12).
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Si en los años 1950 el crecimiento de la ciudad se debió a los cambios políticos, sociales
y económicos que inauguró la revolución de 1944 (Gellert, 1992), en los años 1980 la
aceleración del crecimiento poblacional sucedió, más bien, por la llegada de migrantes
internos que se instalaron en la ciudad por motivos económicos, por el impacto de diversos
desastres naturales (destaca aquí el terremoto de febrero de 1976) y por la violencia
generada durante el conflicto armado interno (Avancso, 1991).
Según Avancso (1991), la tasa anual de crecimiento poblacional en el lapso 1950-1981 fue
de 2.46 % en comparación con 1.13 % para el lapso 1921-1950 (p. 30). A estas pautas se
agregó el de la violencia generada por el conflicto armado interno, «cuyo momento más
crítico se dio a principios de la década de los ochenta y que afectó principalmente a la
población indígena» (p. 2).
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Por ejemplo, de 1950 a 1964, cuando sucede la primera gran «oleada» de migración
hacia la ciudad, también se produjeron «corrientes sociales intraurbanas de dimensiones
desconocidas» (Gellert, 1992, p. 31), tales como el abandono definitivo de la clase alta
del «centro histórico» y su reasentamiento en la periferia de la ciudad, el desarrollo de un
cinturón de asentamientos informales alrededor del centro y la expansión «enorme» de
barrios de clase media (Gellert, 1992).
Por su parte, Valladares (2008) plantea que el motor del crecimiento de la ciudad en la
actualidad es la promoción de «proyectos habitacionales privados y estatales y la ocupación
de terrenos, haciendo variar la tenencia y el uso de la tierra» (p. 12). Es decir, desde hace
varios años la expansión capitalina hacia la periferia está orientada por un proceso de
compra y venta de terrenos desde una lógica de «especulación del suelo», nutrida por las
«perspectivas» de rápido crecimiento urbano (p. 21).
En todo caso, estos cambios tuvieron un impacto social: en Guatemala se suele plantear
en este punto la crisis de vivienda, de servicios y equipamiento urbano, el deterioro
ambiental, una crisis de empleo e informalización creciente, el aumento de la pobreza y
de violencia, etcétera.
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La zona 24 también se ha transformado con el transcurso del tiempo. Aparte de las familias
originarias, sus descendientes y las olas de migración en distintos momentos históricos,
ocurre el crecimiento exponencial de la población a finales del siglo XX, sobre todo en
la «parte baja». Sin embargo, la composición de clase de Canalitos sigue siendo popular y
campesina. En sus alrededores se han instalado varios proyectos inmobiliarios para saciar
la demanda habitacional de familias de clase media y alta. De cierta forma, la precariedad
de Canalitos está dictada por la metropolización. Como se verá más adelante, el territorio
parece cada vez más como un enclave de pobreza en una zona destinada a la expansión
inmobiliaria de sectores más pudientes. En ese sentido, Canalitos es un ejemplo concreto
de una zona de «pobreza» que cohabita con una zona de «riqueza» (la zona 16).
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
En Guatemala se cuenta, en teoría, con suficiente agua para todos los habitantes del
país. Las condiciones climatológicas y topográficas son ventajosas, pero la abundancia es
relativa: los cálculos «virtuales» plantean que existe suficiente agua para abastecer a todos,
gracias a la intensidad y el volumen de las precipitaciones en época lluviosa (alrededor de
seis meses al año). No obstante, existen matices importantes a considerar: por ejemplo,
la diferencia drástica entre la cantidad de precipitaciones que ocurre en época lluviosa, en
contraste con la época seca tiene un efecto directo en las posibilidades de abastecimiento
de agua para los hogares, sobre todo aquellos que no cuentan con acceso ilimitado al agua.
Otro matiz importante es que las precipitaciones se focalizan en ciertas regiones y no
en otras (Herrera y Casados, 2023). El corredor seco en el oriente del país es una región
extremadamente árida, en expansión debido a los efectos del cambio climático.
El agua que abastece la metrópoli no viene de una sola fuente: el sistema se alimenta con
agua de ríos –Xayá, Pixcayá, Pansalic y Teocinte–, y mediante fuentes subterráneas ubicadas
a lo largo del valle (Fundación para la conservación del agua de la región metropolitana de
Guatemala [Funcagua], 2022).
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Figura 1
Mapa: de cobertura del acuífero noreste de la Ciudad de Guatemala
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Figura 2
Imagen satelital del acuífero noreste de la ciudad de Guatemala
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La inyección de las distintas cuencas que atraviesan la ciudad al sistema de agua municipal
sucedió en un lapso de treinta años, de 1920 a 1950 (Hernández, 2023). De estas fuentes,
las aguas que alimentan el sistema capitalino al noreste, las aguas que están bajo estudio
en este caso, son las de la cuenca de Acatán y del río Teocinte. Las aguas descienden
la montaña naturalmente desde Puerta Parada en el municipio de Santa Catarina Pinula,
alimentando el manto acuífero y los ríos del este y norte de la ciudad (río Monjitas, río
Canalitos), empozándose en el camino hasta el norte de la ciudad, la zona 18 y la salida al
Atlántico. El agua del río Teocinte viene entubada desde la represa El Teocinte y desciende
hasta la planta de purificación Santa Luisa, ubicada al este de la ciudad, en la zona 16,
colindante con Canalitos.
Desde entonces, el Estado dejó de invertir en proyectos de gran envergadura para trasvasar
agua con el fin del modelo de desarrollo «Estado céntrico» en los años ochenta (Torres Rivas,
2010). Desde entonces, Empagua gestiona la nueva demanda mediante la perforación de
pozos para extraer agua subterránea. Otra parte de la demanda la asume el sector privado,
entiéndase desarrolladores inmobiliarios y particulares que construyen sus propios pozos,
sin supervisión pública. La construcción de pozos públicos y privados prolifera en la
ciudad. La solución al crecimiento de la demanda de agua sucede entonces por inercia,
lo que genera un mayor «estrés hídrico»: conforme crece la población o la cantidad de
edificios, se construyen nuevos pozos, que extraen más agua del manto acuífero.
Las leyes vigentes que condicionan la gestión del agua en la capital (y el país) permiten que
cualquier individuo o empresa perfore pozos y extraiga agua del subsuelo en sus terrenos.
Estas especificaciones se norman en el código civil de 1933 y supeditan el mandato
constitucional del dominio público del agua, a causa de un vacío normativo perpetuado
por la inacción del Congreso de la República, que mantiene la deuda de aprobar una ley
de aguas desde 1985 (Padilla, 2020). La particularidad del caso guatemalteco es que el
país no cuenta con una ley de aguas ni una política hídrica nacional que permita regular
y controlar el uso y consumo del recurso, en función de los principios democráticos y
humanistas inscritos en el orden constitucional. Esto ha tenido consecuencias directas
en la posibilidad de desarrollar información certera sobre el estado de las fuentes de agua
subterráneas y en regular su uso y consumo.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
La perforación de pozos públicos o privados y su impacto en los niveles de agua del subsuelo
apenas ha sido estudiado; las autoridades no proveen cifras actualizadas sobre la cantidad de
agua subterránea con la que se cuenta (Hernández y Padilla, en prensa) y tampoco existe un
plan de gestión hídrica público para monitorear las fuentes disponibles, el nivel y la calidad
del agua, o para proyectar el impacto de la proliferación de pozos en el futuro.
Esto se puede apreciar en la cantidad de fuentes a las que tiene acceso cada zona, tal y
como aparece en la figura 3. Por ejemplo, las zonas 1 y 5 se alimentan exclusivamente de
la fuente de agua Santa Luisa, mientras que las zonas 10 y 14 cuentan con tres fuentes
de abastecimiento: Ojo de Agua, el Cambray y Lo de Coy. Sobre el caso de estudio, es
importante marcar el contraste entre la zona 16, que se abastece con tres fuentes de agua
(Ojo de Agua, Lo de Coy y Santa Luisa), mientras que la zona 24 se abastece con «otra»
fuente, que no pertenece a las principales fuentes de abastecimiento de la ciudad.
Este es un primer indicador de la disparidad social en la gestión del agua capitalina, ya que
varias de las zonas que cuentan solamente con una fuente de abastecimiento son zonas
históricamente populares (zona 18, zona 5, zona 7, zona 3). Al contrario, las zonas con
una variedad de fuentes son de extractos sociales de clase media-alta (zona 10, 14, 15 y 16).
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Figura 3
Cobertura según fuente de producción
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Un elemento en común que tienen estas zonas o municipios aledaños es que son sectores
donde el servicio es intermitente e irregular. Conforme se expande la mancha urbana y
aumenta el consumo de las fuentes, se han multiplicado los casos de desabastecimiento
de agua, el corte del servicio y la degradación de la calidad del agua. Por lo tanto, han
aumentado los casos de manifestaciones populares que reclaman un mejor servicio ante las
autoridades mediante distintas acciones que van desde bloqueos de carreteras, la redacción
de memoriales y peticiones concretas, o actos públicos simbólicos de descontento social.
Estas demostraciones de descontento ocurren con frecuencia en las zonas donde no
existen varias fuentes de abastecimiento (figura 3).
Entre 2019 y 2021 las denuncias de violación del derecho humano al agua aumentaron en
el área metropolitana, en especial en 2020 durante el confinamiento por la pandemia de
COVID-19.
Figura 4
Denuncias por violación del derecho humano al agua (2019-2021)
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Padilla (2019) se refiere en particular a un análisis crítico sobre la administración del agua, la
explotación del agua para fines económicos y la orientación selectiva del Estado. Según esta
lectura, la no aprobación de una ley de aguas en el país tiene función: explotar libremente el
agua para fines lucrativos. Esta tendencia estructural del Estado de Guatemala fue revisada
y aumentada en el contexto particular de las reformas neoliberales en el país y la transición
de la guerra a la paz, a partir de los años ochenta. Sobre este punto se argumenta que la
administración del agua en Guatemala está marcada profundamente por una serie discontinua
de políticas de poder, con una orientación de raigambre histórico, tradicional y estrictamente
«liberal» para gestionar los recursos naturales del país (Padilla, 2019 y 2022).
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Todo esto parece ser un leitmotiv de la construcción del Estado guatemalteco, ya sea que
se piense en los «regímenes de concesiones» empleados para atraer capital extranjero en el
siglo XIX, en la época de la república bananera de inicios del siglo XX, en el período de
desarrollismo Estado-céntrico (Torres Rivas, 2010) enmarcado en la contrarrevolución, o
en la era del neoliberalismo y la promoción agresiva de inversión extranjera directa para
explotar los recursos naturales del país (Padilla, 2022). En este continuum histórico se ha
justificado la explotación de la naturaleza sin considerar la mitigación del impacto de las
distintas actividades productivas en el medioambiente, ni en las condiciones de vida de las
comunidades que viven en los alrededores.
Otro rasgo distintivo de esta política es el rol que juegan los ensamblajes de poder de élite
que dirigen la agenda extractiva en la gestión de bienes públicos, ya que en esos procesos
se concretan los planes económicos con los que se busca explotar la naturaleza (Padilla,
2022). Aunque esto parezca alejado de la realidad de comunidades marginadas en la urbe,
se puede deducir una dinámica social de esta «macropolítica» que afecta el trato de las
autoridades a las poblaciones en casos concretos de conflicto.
Por ejemplo, se puede argumentar que las decisiones sobre la explotación de la naturaleza
son la contracara de una política de desarrollo social diseñada esencialmente durante el
período de la contrarrevolución (1955-1985). Esta fue la época en la que se puso al frente
el rol del Estado y el ideal del crecimiento económico como motores de desarrollo en toda
la región. Los países considerados subdesarrollados como Guatemala debían inspirarse
y repetir el ejemplo de las economías avanzadas (Gudynas, 2010). La contracara de este
discurso era en ese entonces la lucha anticomunista, dirigida por un Estado autoritario que
tenía como principal socio geopolítico y comercial a los Estados Unidos. La introducción
de esquemas de cooperación financiera favoreció el crecimiento de una burocracia estatal,
corrupta e ineficiente (Streeter, 2001).
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En toda esa época, mejorar el acceso al agua domiciliar en cantidad y calidad suficientes no
era un eje central de desarrollo, pese a que los problemas de salud pública y la manera como
esto afectaba las condiciones de vida de la población eran evidentes (Streeter, 2001). Si el
Estado hizo esfuerzos para canalizar y redistribuir el agua, fue a través de la construcción
de megaproyectos para producir hidroelectricidad (Chixoy), para trasvasar agua (Xayá-
Pixcayá) o en proyectos de irrigación pública que buscaban diversificar la producción
agrícola local.
Durante la transición democrática y luego los acuerdos de paz (Padilla, 2019), el discurso
del combate a la pobreza (Escobar, 1995 y 2020) pasó a ser, más que un plan sustancial
para terminar con los problemas estructurales de la guerra, una fórmula discursiva de
legitimación del régimen político que se estaba ensayando en Guatemala y en el resto del
«Tercer Mundo». En este caso, la política de desarrollo planteada por los artífices de la paz
se desenvolvió en función de una agenda de proyectos de desarrollo social sostenida con
fondos internacionales, a la par de un proceso de privatización, desregulación y apertura de
la economía para atraer inversión extranjera directa (Padilla, 2019 y 2022).
El proyecto de desarrollo para la paz fue avalado por el Gobierno y las partes en pugna
desde la firma de los acuerdos de paz. Los acuerdos desembocaron en una agenda formal de
proyectos de desarrollo complementada por otras políticas de cooperación «internacional»
–los Objetivos del Milenio que pasaron a ser los Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre
otros–, enfocadas en combatir la pobreza.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
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Canalitos se encuentra en medio de una microcuenca que atraviesa la región del sur al
norte (figura 6). Inicia en el área montañosa de los municipios de San José y Santa Catarina
Pinula, y termina en las cálidas tierras de San José del Golfo. Dentro de este sistema hídrico
natural, la cuenca de Acatán, al este, funge como zona de recarga hídrica «media», en
donde el mantenimiento de bosques y algunos esfuerzos de reforestación son importantes
para preservar la disponibilidad de agua (Iarna-URL y TNC, 2013).
Los ríos que atraviesan Canalitos sirven de fronteras naturales con las zonas colindantes, e
internamente entre los ocho cantones que componen la zona. El río Canalitos, al norte y
oeste, separa la comunidad de las zonas 16 y 17, de norte a sur. Al oeste el río Los Ocotes
sirve de frontera con la zona 25, área con características muy parecidas a Canalitos, al ser
una zona rurubana con poco desarrollo de infraestructura. El río Agua Tibia, por su parte,
divide internamente los cantones de la parte baja y parte alta de Canalitos. En su momento,
Agua Tibia era una de las principales fuentes de agua de la comunidad, pero se secó una
vez que se entubó para distribuirla a los cantones más poblados de la parte baja -Central,
El Jagüey y Porvenir- (figura 7).
Al sur, la frontera de Canalitos la constituye una pendiente del cerro El Pulté. La otra
pendiente de El Pulté es una propiedad privada extensa en la que se construyó, entre
otros proyectos, un club ecuestre y un campo de golf manejado por Corporación Multi
Inversiones (CMI), de las familias oligárquicas Bosch y Gutiérrez.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Figura 5
Canalitos con respecto al resto de la ciudad de Guatemala
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Figura 6
Microcuenca del Departamento de Guatemala
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Figura 7
Ríos en Canalitos
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Canalitos se encuentra en una zona montañosa y boscosa accidentada al este del valle. El
pueblo vive aglomerado en una franja estrecha de tierra en forma de «Y», flanqueada y
atravesada por abruptos barrancos y ríos que dibujan fronteras afiladas entre la comunidad
y sus entornos. Colinda al oeste con las zonas 16 y 17, al norte con las zonas 17, 18 y 25,
al este con la zona 25 y al sureste con el municipio de Santa Catarina Pinula, cuya frontera
natural es el cerro El Pulté, ver figura 8 y 9.
Figura 8
Canalitos, 2022
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Figura 9
Canalitos, vista aérea
En el 2002, la población censada de la zona 24 sumaba 14 810 habitantes, de los cuales 677
fueron categorizados indígenas (Valladares, 2008). Hoy en día se estima que la población
suma entre 35 000 y 37 000 personas (PDH, 2022; González, 2018).
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Figura 10
Comparación: Canalitos, 2002
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Figura 11
Comparación: Canalitos, 2012
En Canalitos y sus alrededores se vuelven patentes las dinámicas que describe Valladares
(2008) como un proceso de crecimiento dirigido por una lógica mercantil de promoción
de «proyectos habitacionales privados y estatales y la ocupación de terrenos, haciendo
variar la tenencia y el uso de la tierra» (p. 12). Desde los años noventa, el agua se convierte
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Figura 12
Los cantones de Canalitos
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La memoria oral está presente en Las Pilas. Los vecinos de mayor edad que habitan
en este cantón recuerdan los tiempos en los que «no había nada», entiéndase, cuando
la municipalidad no tenía mayores planes de desarrollo en la comunidad. Las mujeres
bajaban al río a lavar la ropa, de noche alumbraban sus hogares con luz de candela, los
hombres eran sobre todo agricultores y gozaban de un amplio terreno para producir maíz
al sureste, conocido como «El Común». Algunas vecinas recuerdan con nostalgia las visitas
a los ríos Agua Tibia o Canalitos. Otros, los paseos que hacían desde Canalitos hasta una
pradera en la que se encuentra actualmente el centro comercial Metronorte. Además de
aprovechar el agua para sus necesidades, jugaban con el río y el río jugaba con ellas. El río
le jugaba bromas a la gente, cambiaba de cauce, se escondía y picoteaba a la gente cuando
no le gustaba en dónde se instalaban a lavar la ropa, según algunos recuerdos de mujeres
que participaron en el estudio.
El deterioro ambiental que afecta a Canalitos se refleja en los cambios progresivos en el uso
del suelo y las fuentes de agua superficiales. Esto coincide con el inicio de los planes de la
municipalidad con los que se buscaba «modernizar» a Canalitos en los años noventa. Desde
entonces, la comunidad ha sufrido una pérdida gradual de recursos con los que contaban en
el pasado: el desarrollo de complejos inmobiliarios al sureste hizo desaparecer El Común.
El desarrollo de residenciales y condominios convirtieron al río Canalitos en un desagüe.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
En los años sesenta, se tomó la decisión de entubar el agua del río Agua Tibia para
abastecer la parte baja del territorio. Se construyó una presa y un tanque distribuidor para
llevar el agua al Jagüey. En consecuencia, el río se secó, aunque algunas vecinas de la parte
alta que solían visitar el río piensan que este solamente cambió de cauce o se escondió
permanentemente.
Por otra parte, una línea vital de agua para los habitantes de Canalitos fue por mucho
tiempo la conexión a la tubería de El Teocinte. Como se mencionó, El Teocinte se refiere
a un sistema de tuberías construido en 1938 que recoge agua de los ríos Acatán, Teocinte,
La Piedrona y Canalitos. Conduce el agua por tubería hacia la planta de tratamiento Santa
Luisa en la zona 16 para alimentar el sistema de agua de la ciudad (Hernández, 2023).
Aunque el sistema no fue pensado para proveer agua a Canalitos, la tubería pasa por la
parte alta de la finca y los vecinos han logrado aprovechar el agua del sistema. Por ejemplo,
en el cantón Las Pilas, se usa el agua de El Teocinte para llenar las pilas comunales que
sirven para lavar ropa y hacer otras tareas domésticas. Algunos vecinos de Las Huertas
reportan tener conexiones de la tubería a sus hogares, aunque se sabe que estas conexiones
son «ilegales».
Con la creciente urbanización de los municipios de San José y Santa Catarina Pinula, donde
nace el río Teocinte, aumentó la contaminación del agua. El agua que transcurre por la
tubería ahora es conocida como «agua cruda» por los vecinos, porque está contaminada y
no es «tratada» hasta llegar a la planta de tratamiento Santa Luisa. Las pilas comunales y
algunas conexiones individuales que vienen del Teocinte proveen agua contaminada. Es
agua insalubre, con mal olor y color, no apta para consumo humano. Algunos vecinos la
usan para tareas domésticas de todos modos, algo más común en la parte alta que en la
parte baja de Canalitos, por la diferencia en la disponibilidad de servicios.
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El ramal para poner agua lo hicieron 19 personas, nos dijo doña Sandra5. Lo hicieron del pozo para
acá. Los vecinos colaboraron, el zanjeado lo hizo la muni. El ramal, la comunidad. Pero hace diez años
dejamos de recibir agua todos los días, y el año pasado (2021) fue la última vez que recibimos agua.
Doña Sandra recuerda los inicios de la instalación de agua entubada, sentada en la acera frente a su casa,
en el barrio El Gancho, en cantón El Porvenir. Aunque no le importa contestar a nuestras preguntas,
otras cosas la preocupan: su casa se encuentra a pocos metros de un barranco que está carcomiendo la
acera, poco a poco. De un lado se encuentra su casa y del otro lado el barranco por el que transcurre el
río Canalitos, la frontera natural que separa al cantón del condominio Hacienda Real. De pronto, la
conversación es interrumpida por el zumbido de una 4x4 blanca con vidrios polarizados, escoltada por una
patrulla de la Policía Nacional Civil, rodando por la calle estrecha de la que nos hablaba doña Sandra.
La Suburban se parquea a unos 100 metros de donde nos encontramos, sus tripulantes bajan del carro
e ingresan rápidamente en un terreno por un portón negro. La patrulla da media vuelta, pasa de nuevo
frente a nosotros, lentamente, antes de seguir su camino. ¿Qué estarán haciendo por aquí? Don Marcos,
quién nos ayudó a organizar el recorrido, afirma que se trata de los Arzú. Están interesados en la cima
del monte que se erige al final del Gancho. Planean construir un nuevo condominio que conectarán con los
residenciales de la zona 16 con un puente. En poco tiempo, Canalitos tendrá nuevos vecinos que podrán
observar desde alturas el pintoresco pueblo, y no tendrán que pasar por las estrechas y accidentadas calles
del vecindario.
5 Se utilizan nombres ficticios para anonimizar la identidad de las personas consultadas. Los nombres
de los funcionarios públicos o de aquellos que aparecen en la documentación del caso no fueron
anonimizados.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Figura 13
El Gancho
Figura 14
Vecinos inmobiliarios de Canalitos
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
de trasfondo del conflicto armado interno era una condición importante para construir la
paz. Mejorar la provisión de agua potable era un medio para cumplir con este propósito
(Padilla, 2019).
En los recuerdos de los vecinos quedó grabado el momento en que «la Muni» decidió
explotar el agua subterránea de la comunidad, ya que desde ese entonces plantean que han
tenido problemas con las autoridades. A inicios de los años noventa, Canalitos no contaba
con una conexión de agua potable a la red de Empagua y existían pocos indicios de que la
municipalidad buscaba desarrollar servicios en la comunidad. El sistema de provisión de
agua que manejaban los pobladores era independiente: los vecinos conseguían agua por
otras vías: usando agua de río, interviniendo la tubería de El Teocinte, o recogiendo agua
de nacimientos que brotaban espontáneamente.
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Con la oposición frontal de los vecinos, la municipalidad tuvo que frenar el proyecto y
sentarse a dialogar: ofrecía instalar un sistema de provisión de agua para abastecer a los
vecinos, a cambio de usar las fuentes de agua de la zona para llevarla a otras zonas de la
ciudad. Los vecinos organizados veían con desconfianza el plan y, sobre todo, consideraban
que el agua subterránea de Canalitos era un bien que les pertenecía únicamente a ellos. En
última instancia, rechazaron el plan de la municipalidad y lograron bloquear el proceso
bajo la consigna que el agua era de Canalitos y de nadie más.
La agrupación que vetó el proceso luego creó la Asociación para el Desarrollo de Canalitos,
Fe, Esperanza y Valor (en adelante, La Asociación). Esta organización se convirtió en la
principal oposición a los planes de la municipalidad en Canalitos, sigue manteniendo hasta
la actualidad un discurso de defensa de los recursos naturales en la comunidad y una
actitud confrontativa. Son vistos por las autoridades como una organización conflictiva que
frecuentemente lleva a cabo acciones de bloqueo o sabotaje de las iniciativas municipales
en la zona.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
El «pueblo de Canalitos» se formó a inicios del siglo XVIII, gracias al título de propiedad
comunal que recibió un grupo de «indios laboríos» originarios de Verapaz al haber servido de
milicia para la corona española, probablemente durante el «Levantamiento de los Zendales»
de 1712 (Archivo General de Centroamérica [AGCA], A1, leg. 6022, exp. 53091). Su llegada
al valle de La Ermita precedió el traslado de la capital del Reino de Guatemala en 1775, de
Santiago (actual Antigua Guatemala), a la llamada «Nueva Guatemala de la Asunción».
Desde el inicio, los propietarios tuvieron que enfrentarse en las cortes a varios intentos
por reducir o incluso negar la legalidad de su título. Los hijos del antiguo dueño de la
finca ofrecieron parte de los terrenos a terceros para saldar deudas, después de realizada
la concesión. Los procesos subsecuentes de compraventa de parcelas del ejido se vieron
empantanados por el reclamo de los «laboríos» en las cortes a que se respetara su propiedad
y a las acciones legales que llevaron a cabo las personas afectadas por la reventa de una finca
que ya no pertenecía al dueño original. Dicho proceso condujo a acciones de medición
y remedición de la propiedad original para definir límites y colindancias exactas y dirimir
conflictos, desde el siglo XVIII hasta inicios del siglo XX. En función de estas batallas
legales, el Pueblo de Canalitos consiguió mantener vigente su reclamo de propiedad de la
finca e incluso logró sumar a la extensión original, posiblemente ofreciendo de nuevo sus
servicios de «milicia», en distintos momentos históricos, a quien fuere la cabeza del Estado
(AGCA, 1901, p. 10 exp. 8, folio 32).
En 1845, se concede a los vecinos la facultad de erigir una municipalidad propia (Palma,
1991). Sin tener una idea exacta de la cantidad de personas que habitaban en el territorio,
se puede asumir que hubo un crecimiento significativo desde su fundación, que va de
la mano del crecimiento del área del «ejido», ya que de 12 caballerías iniciales en el siglo
XVIII, el monto total de la extensión de Canalitos sumó 25 caballerías en 1901 (figura 15).
Para ese entonces, Canalitos aparece en el registro de la propiedad como un municipio y
tanto la municipalidad como el Pueblo de Canalitos son identificados como los dueños
de la totalidad de los terrenos (Registro General de la Propiedad [RGP], Finca 1823, 9-71
Guatemala, folio conservado).
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Figura 15
Plano de Canalitos, 1901
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Ya que el código municipal no define una figura como tal, la única referencia legal de
copropiedad encontrada en este estudio se encuentra en el Código Civil. En este caso, los
individuos copropietarios deben gestionar el bien que comparten a través del diálogo y a
través de acuerdos de uso común.
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Figura 16
Indios del pueblo de Canalitos sobre tierras, 1792
Nota. Fotografía extraída del Archivo General de Centroamérica, «Indios del Pueblo de
Canalitos», A1, leg. 6022, exp. 53091.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Aunque en 1938 no había iniciado la expansión de la ciudad del valle a la montaña, hoy
en día se puede apreciar en su justa medida la previsión con la que Ubico y allegados
expandieron sus propiedades. Varias de las familias oligárquicas tienen amplios terrenos
en la región. Familias de abolengo (Casaús, 1992) como los Abularach, Arzú, Leal-Pivaral,
son propietarios de amplios terrenos en la zona 16 en los que hoy en día se construyen
condominios y centros comerciales de lujo. Esta expansión de negocios es precisamente la
que colinda con la propiedad comunal.
En los registros de propiedad oficial se perfila esta pugna de la siguiente manera: desde
1938 no había otro registro de cambios en la propiedad comunal más que la anexión de
Canalitos a la municipalidad de Guatemala, hasta 1989, cuando aparece una anotación en
la que se indica que Canalitos es propiedad de la municipalidad de Guatemala.
En todo caso, la situación de desabastecimiento del 2021 se relaciona con estos eventos
por la importancia que le dan los vecinos a este momento constitutivo de la pugna
contemporánea con «la Muni». Una pugna por explotar el agua subterránea y que le dio
vida a la asociación de vecinos organizados en contra de las autoridades formales.
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En la memoria de los vecinos quedó marcado el conflicto entre La Asociación y «la Muni»
de los años noventa. Fue hasta que los vecinos se organizaron para pedir información que
comenzó a revelarse el plan de las autoridades de llevarse el agua a otras zonas. Fue también
en esa época que se empezó a disputar la propiedad de Canalitos entre la municipalidad y
los vecinos. En última instancia, fueron los bloqueos y actos de resistencia de los vecinos,
así como el acto de hacer valer su derecho como copropietarios, lo que frenó el proyecto.
Hoy en día, La Asociación todavía lleva a cabo acciones públicas adentro y afuera de
la comunidad en las que frecuentemente afirman tener conocimiento que Canalitos se
encuentra sobre un manto acuífero con mucha agua que la municipalidad explota gracias
a tuberías clandestinas. Asimismo, rechazan el argumento que existe escasez de agua en
Canalitos. Cuando el pozo Jica deja de trabajar, es porque los trabajadores de Empagua
deciden cerrar la llave, según ellos.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Ante el impase con los vecinos organizados en los años noventa, las autoridades municipales
abortaron el proyecto de habilitación de pozos, reconvirtiendo los pozos de exploración
Jica e Insivumeh en pozos de abastecimiento de agua domiciliar. La gestión de los pozos
fue trasladada a Empagua, distribuyéndola en los cantones de Canalitos mediante un
sistema propio de abastecimiento a los ramales que distribuían agua a cada vecindario.
Desde que se vino abajo el proyecto municipal de construcción de pozos de la segunda mitad
de los años noventa hasta inicios de la década de dos mil diez, poco hizo la municipalidad
por desarrollar servicios básicos en la zona 24. Las nuevas conexiones de vecindarios
a los pozos fueron posibles por autoorganización comunitaria. Los proyectos de agua
potable estuvieron relacionados muchas veces con esfuerzos aislados de los vecinos para
reunir suficiente dinero, organizarse para realizar tareas de construcción y buscar el apoyo
de funcionarios de la alcaldía para que aprobaran las obras o aportaran ayuda específica
(sanjeo, tubería, permisos).
Algunos vecinos recuerdan la participación de personas como Urbano Martínez –el alcalde
auxiliar de Canalitos–, quien trabajó en el Fondo de Inversión Social en los años noventa,
o Álvaro Hugo Rodas Martini, en ese momento director de obras y hombre de confianza
del difunto alcalde perenne de Guatemala Álvaro Arzú, quien fungió en la negociación de
los ramales de agua en los vecindarios de Canalitos en esos mismos años. Hubo instancias
en las que la construcción de la conexión de agua del pozo Jica a un vecindario dependía
del acceso de los vecinos organizados a estas personas. Dicho apoyo les permitía a estos
funcionarios construir sus redes clientelares a nivel local.
En esa época, el caudal que recuperaban los pozos Jica e Insivumeh era más que suficiente
para abastecer a los vecinos conectados a la red, aunque al mismo tiempo otras condiciones
de acceso al agua se deterioraron o se acabaron.
Una vez terminado el conflicto inicial entre «la Muni» y los vecinos a inicios de los
años dos mil, La Asociación giró su atención a otros asuntos. A decir de la dirigencia,
ante la negativa de la municipalidad de desarrollar servicios básicos en Canalitos por la
oposición de los vecinos en los años noventa, se decidió poner en marcha un plan para
remunicipalizar Canalitos, es decir, recuperar el estatuto de municipalidad del cual gozó en
el siglo XIX hasta ser anexada a la municipalidad de Guatemala en 1938. Con esta idea en
mente, La Asociación comenzó a recaudar firmas para pedir el cambio de estatuto ante la
Gobernación de Guatemala.
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Según La Asociación, los vecinos tenían el derecho de explotar las fuentes subterráneas
para obtener algún rédito económico. Por lo que, según La Asociación, este plan alertó
a la municipalidad que tenía que hacer algún contrapeso en Canalitos para evitar que el
proceso de remunicipalización avanzara. El argumento de La Asociación era atractivo y una
amenaza al control municipal de la zona. En esas épocas la municipalidad de Guatemala
hizo un mayor esfuerzo por pintar calles, construir arriates, instalar alumbrado eléctrico,
pero sin abordar la habilitación de nuevos pozos. El proyecto de remunicipalización no
prosperó más allá de la recaudación de algunas firmas de apoyo. La Asociación también se
ocupó en otros proyectos, como la recaudación de fondos para construir un cementerio
comunitario a su cargo.
Es en la década de dos mil diez cuando los vecinos comienzan a notar un empeoramiento
del servicio de distribución de agua en la zona. De tener agua todos los días, en la parte
alta y otros barrios elevados comenzaron a padecer la falta de suministro de agua potable a
diario. El pozo Insivumeh se secó y se convirtió en una «estación de rebombeo» del pozo
Jica para conducir agua de la parte baja a la parte alta de Canalitos.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Figura 17
Vecinos inmobiliarios de Canalitos
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Para el 2020, eran varios los cantones y sectores de Canalitos donde la distribución de
agua potable por Empagua era intermitente y escaza. El pozo Jica, la única fuente de
agua potable, suministraba a una población que sumaba más de 35 000 personas. Según
estimaciones, esta cifra dobla la cantidad de personas que vivían en Canalitos a inicios del
siglo. La inversión municipal en la zona no tomó en cuenta este aumento poblacional,
ya que la zona entera era abastecida por los dos pozos de exploración equipados en los
años ochenta y noventa. En 2019, los vecinos recuerdan que el mecanismo del pozo Jica,
el único que funcionaba para entonces, comenzó a fallar. Las autoridades se tardaron en
resolver el caso.
La coordinación de estas actividades implica una comunicación efectiva entre los vecinos
y los liderazgos barriales para gestionar el agua; liderazgos que no están forzosamente
vinculados a La Asociación. La autoorganización no sucedió sin problemas, ya que
también se produjeron y se siguen produciendo roces entre vecinos cuando unos u otros
se quedan sin agua; también condujo a mayores fricciones con las cuadrillas municipales
que llegaban a controlar las llaves, ya que se entrometían en el sistema comunitario surgido
de la necesidad. El control de las llaves se convirtió en un punto de discusión entre vecinos
y las cuadrillas de Empagua, que ha llevado a amenazas y conflictos directos.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
En Canalitos es común distinguir entre los distintos liderazgos por la afiliación institucional
o política, por el rol que asumen en la comunidad, o por el sector en el que operan. La
Asociación sigue siendo un referente «tradicional» por el papel que jugaron en los años
noventa y dos mil. Por su trayectoria, cuentan con cierto prestigio y suelen ostentar la
representación de los intereses de la población, aunque después de la oposición de los años
noventa e inicios de los dos mil, se sabe que la defensa del agua de Canalitos dejó de ser
su prioridad. Por otra parte, las personas que encabezaron la oposición a la Muni en los
noventa se desvincularon de La Asociación, fallecieron o fueron reemplazados por nuevas
personas que no gozan de la misma simpatía de la comunidad.
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Doña Paola fue una de las coordinadoras de llaves en su sector para gestionar el flujo
de agua; también se convirtió en el punto de contacto ad honorem de la diputada. Como
actor social, doña Paola entabló una relación de comunicación privilegiada con ella y sus
asesores, convirtiéndose en una informante clave y en alguien que podía ayudarla a generar
base social en la zona. Como enlace de la diputada, adquirió la capacidad de transmitir
preocupaciones comunitarias e informar sobre la situación local.
Por otra parte, los representantes de los Cocodes, del Consejo Municipal de Desarrollo
(Comude) o del CUB son personas que asumen un cargo de representación comunitaria
en el sistema de consejos de desarrollo nacional, o en el sistema de organización barrial
promovido por la municipalidad. En ambos casos, se busca que las organizaciones
comunitarias propongan representantes que trabajen para institucionalizar las demandas
comunitarias (Paredes, 2021).
La diferencia entre los Cocodes y los CUB se basa, entre otras cosas, en que los primeros no
dependen administrativamente de la municipalidad, mientras que el CUB sí. Los Cocodes
deben ser elegidos por una asamblea de vecinos en cada sector donde hay un sistema de
representación y esto los convierte en representantes de los intereses de los vecinos a nivel
local ante el resto del sistema nacional de desarrollo. Los CUB, por su parte, responden al
esquema de gestión municipal. Son el enlace entre el barrio, la municipalidad y el partido
que gobierna en ese momento.
Más allá del mandato participativo y la adhesión a un sistema u otro, tanto los CUB como
los Cocodes participan en redes informales de trabajo que orientan hasta cierto punto sus
decisiones. Las redes clientelares que atraviesan estos sistemas de participación no son
novedad. Incluso se puede argumentar que el clientelismo es parte fundante de la forma
como se ha permitido la participación ciudadana en la gestión de asuntos comunes locales,
pese a las reformas del sistema de participación local que fueron diseñadas con una lógica
más «democrática» en 2002 (Paredes, 2021).
Sin ahondar en estos aspectos, basta mencionar que en la problemática del agua en Canalitos
surgieron distintas posturas entre representantes de los Cocodes y los CUB que reflejan
este margen de posibilidades. Dicho margen se concreta, por una parte, en la unión de
algunos Cocodes para conseguir el equipamiento de un nuevo pozo para la comunidad y,
por otro lado, en la cooptación de cargos para avanzar intereses privados, como en el caso
de la construcción de un pozo privado (explicado en el apartado siguiente).
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
En el caso de desabastecimiento, los Cocodes de los cantones de Las Pilas y Las Delicias de la
parte alta de Canalitos, el Comude y algunos vecinos de Las Huertas que estaban disputando
la legitimidad del cargo del Cocode de ese cantón, se convirtieron en los promotores del
equipamiento de un nuevo pozo público (el pozo C-4). Este bloque no es perfectamente
cerrado y unánime: hay actores que entran y salen, que apoyan unas iniciativas y rechazan
otras. Pero en momentos clave esta agrupación de vecinos y representantes del consejo de
desarrollo priorizaron resolver el problema de desabastecimiento por la vía institucional,
en un diálogo con la municipalidad. Los tres tipos de actores que representan a los vecinos
organizados de Canalitos –La Asociación, líderes partidarios, Cocodes– intervinieron en
el caso de desabastecimiento.
En enero del 2021, La Asociación, líderes partidarios y Cocodes organizaron una marcha
desde Canalitos hacia las instalaciones de Regencia Norte (un anexo administrativo de la
municipalidad) para entregar un «memorial» en el que manifestaban su inconformidad,
exigiendo que la municipalidad tomara cartas en el asunto. En el memorial, los vecinos
firmantes exigían una respuesta de las autoridades al problema de desabastecimiento y
al mal servicio de agua en general. Además denunciaban que Empagua cobraba por un
servicio inexistente, ya que muchos de ellos recibían facturas con cobros estimados y altos
que no correspondían con la realidad.
Por otra parte, los vecinos estaban persuadidos de que la municipalidad usaba tuberías
«clandestinas» para llevar el agua de Canalitos a otras zonas. La Asociación, en particular,
rechazaba el argumento de la municipalidad según el cual el problema era el vaciamiento del
pozo, dado que, como se explicó anteriormente, la misma municipalidad había afirmado
tener conocimiento de un manto acuífero abundante en Canalitos.
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Instituto de Investigación en Ciencias Socio Humanistas
La PDH decidió instalar una mesa de diálogo entre la municipalidad y los vecinos
organizados. La decisión de los oficiales a cargo fue invitar a los Cocodes (uno de
cada cantón y sector reconocido oficialmente), a la municipalidad, Empagua y a un
representante de La Asociación. Esta decisión causó conflicto desde el inicio con los
miembros de La Asociación, quienes habían encabezado las demandas sociales cuando
presentaron el memorial en Regencia Norte. Desde ese entonces, la mesa de la PDH
siempre estuvo condicionada por los actos de presión de La Asociación, que demandaba
mayor participación de sus representantes.
La Asociación utilizó distintas tácticas para manifestar su descontento, desde llegar con
más personas a las sesiones de discusión y exigir que las dejaran entrar, hasta iniciar
grabaciones de Facebook Live en las sesiones sin respetar el acuerdo de confidencialidad.
La actitud combativa de La Asociación también se extendía a la relación con otras
organizaciones comunitarias, manejadas tanto por los líderes partidarios como por
Cocodes. En la práctica, La Asociación tendía a descalificarlos, acusándolos públicamente
de trabajar para la municipalidad, cuando no mediante actos intimidatorios o amenazas
directas. La Asociación también utilizó bulos en páginas de Facebook para descalificar a
sus rivales comunitarios.
En la mesa de diálogo, las demandas de los vecinos organizados eran: equipar varios pozos
para mejorar el suministro de agua, comenzando con el pozo C-4; que la PDH interviniera
para frenar los cobros excesivos o injustificados de Empagua; y que se llevaran a cabo vistas
públicas para verificar si Empagua estaba usando el caudal del acuífero de Canalitos para
distribuir agua a otras zonas. Otra demanda, que se convirtió en un expediente propio, fue
la solicitud de investigar la construcción del pozo privado, luego identificado como ASM,
en las afueras del cantón Las Huertas, ya que este no parecía contar con licencia ni dueño.
El proceso de la mesa duró desde inicios de 2021 hasta marzo de 2022. La PDH convocaba
a los implicados a las oficinas para establecer acuerdos y dar seguimiento a lo pactado.
El expediente de la PDH da cuenta de un proceso sostenido de comunicación con las
distintas partes para avanzar con los acuerdos. También da constancia de la inconformidad
de La Asociación en la mesa con las normas de participación. La Asociación actuó
frecuentemente en contra de la mesa, con el argumento de ser excluidos del proceso.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
La evidencia de la mesa de diálogo indica que la municipalidad dilató la resolución del caso,
ya que no cumplieron con los tiempos acordados inicialmente. Las autoridades trataron de
mitigar el atraso con el envío de pipas a la comunidad, una política que duró de dos a tres
meses. A decir de los vecinos, el agua que recibían de las pipas era poca y a veces insalubre.
El atraso de la municipalidad causó problemas a inicios del 2022, cuando los vecinos, liderados
de nuevo por La Asociación, organizaron nuevas manifestaciones por la degradación del
servicio. En esta ocasión, las acciones públicas de inconformidad desembocaron en una
nueva mesa de diálogo entre La Asociación, la municipalidad, la PDH e incluso la Policía
Nacional Civil (PNC). La Asociación forzó a las autoridades a comprometerse mediante
una acta notarial con una serie de compromisos: notificar a los vecinos previo a llevar a
cabo movimientos de válvulas (llaves) o lecturas de medidores de agua potable, y que esos
movimientos se hicieron siempre con presencia de la PDH y la PNC, hasta el día en que
fuera habilitado el pozo C-4. En esta ocasión, La Asociación empleó sus redes políticas
para considerar el apoyo del diputado Aldo Dávila del partido Winaq, que participó en la
manifestación y que también aparece como firmante en la acta de compromisos.
7 La ley de contrataciones regula la compra de bienes, suministros, obras y servicios a proveedores del
Estado.
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Instituto de Investigación en Ciencias Socio Humanistas
En marzo de 2022, el pozo todavía no estaba equipado. En una nueva reunión de mesa de
diálogo, Empagua volvió a declarar que el pozo estaría listo a finales de abril de dicho año.
La verificación de contadores sobre cobros indebidos tuvo que hacerse con la presencia de
la PNC, con el fin de evitar cualquier enfrentamiento entre las cuadrillas de Empagua y los
vecinos. El personal de las cuadrillas manifestó que fueron amenazados cuando hicieron
las lecturas de los contadores, ya que estaban molestos porque en algunos sectores no
había caído agua en más de un año y la municipalidad seguía enviando facturas de cobro.
En la última reunión de la mesa de diálogo, los oficiales de la PDH fueron más tajantes
con las autoridades: la PDH había hecho lo que podía y si la municipalidad no cumplía
a tiempo con el equipamiento del pozo, las partes estarían en la libertad de decidir las
acciones a seguir, ya que el proceso de mediación había llegado a su fin.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
El 20 de julio de 2022, a las 9:00 a. m., los vecinos organizados se dieron cita frente a una parada de
bus, en una intersección de las calles de Las Pilas. El motivo era reunirse con el representante del Acuífero
San Miguel, con un personero de la Empresa Eléctrica de Guatemala (Eegsa), y con los Cocodes de Las
Huertas y Lourdes, quienes apoyaban la instalación del pozo en la comunidad. Unas semanas antes habían
iniciado las obras para conectar el pozo a la red eléctrica de la ciudad, pero los vecinos se organizaron
para bloquear el paso a los camiones de Eegsa. De parte de la empresa llegó una persona conocida en
la comunidad como don Miguel, la persona que inspiró el nombre de «Acuífero San Miguel» (ASM).
También asistieron los Cocodes de Las Huertas y de Lourdes, para hablar a favor de la instalación del
pozo. Junto a ellos, un técnico de Eegsa también buscaba mediar. El ambiente se fue tensando poco a
poco. Los vecinos no estaban informados sobre esta construcción y llevaban meses discutiendo con el Cocode
de Las Huertas, que no reconocían como representante legítimo de la comunidad. En otras ocasiones
intentaron desaforarlo del puesto, pero no tuvieron éxito. Uno de los vecinos que participó ese día en la
reunión tenía una denuncia penal en su contra, por haber liderado el movimiento de oposición. Tampoco se
creían el discurso de don Miguel, que les hablaba de una cantidad de agua que recibirían «como de regalía»,
mientras el exceso de agua que necesitaran tenían que pagarlo, porque, eso sí, «no todo es regalado porque
tampoco se puede».
Observación participante, 20 de julio de 2022.
Los argumentos de don Miguel y de otros operadores del pozo convergían en un mismo
punto: los habitantes de esa parte de Canalitos nunca habían tenido acceso a agua entubada
en buenas condiciones, por lo que la instalación de la empresa privada era una oportunidad
de tener agua a disposición las 24 horas del día, siete días a la semana, directo en su hogar.
Si Empagua no les había resuelto todos estos años, la nueva empresa representaba la
oportunidad de abastecerse de agua, dada la inacción de las autoridades municipales.
Pero esta propuesta no terminaba de convencer a los vecinos. Cuando don Rufino, el
representante del cantón Lourdes, alabó la decisión de su sector al haber aceptado que
ASM les proporcionara agua a cambio de dejar pasar la tubería, obvió mencionar que
estaban pagando 30 quetzales el metro cúbico por agua. Un precio exorbitante si se
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considera el precio de 2.80 quetzales por metro cúbico que ofrece Empagua. Para el
Cocode, haber reducido sus costos de agua mensual de 600 a 150 quetzales (el primer
monto era lo que gastaban por pedir agua de pipas), gracias a la instalación de la tubería,
fue un gran logro de la comunidad. A esto se sumó la contribución de todos los vecinos
para conseguir el material, que sumó 25 000 quetzales, aunque se les quería vender
originalmente a 75 000 quetzales.
Cuando otro vecino cuestionó sobre los permisos de la empresa, si estaba todo en orden
y si la calidad del agua había sido evaluada por el Ministerio de Salud, don Miguel afirmó
que todo estaba hecho según la ley. Sin embargo, la empresa, lejos de tener su papelería en
orden, había emprendido obras sin recibir autorizaciones previas y en el momento que se
hacían estas afirmaciones, estaba tramitando multas y denuncias de todo tipo en su contra.
En la mesa de diálogo organizada por la PDH en abril de 2021, los vecinos informaron
sobre la construcción de un pozo privado que operaba bajo el nombre «Acuífero San
Miguel» en Las Huertas. Solicitaban que se verificara si la empresa tenía los permisos y
licencias para operar, ya que su presencia ponía en riesgo las fuentes de agua, de cara al
desabastecimiento que estaban sufriendo.
Durante el mes de marzo 2021, ASM formalizó acuerdos con los supuestos representantes
comunitarios de Las Huertas. Los vecinos identificaron a don Miguel como el promotor
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
local del proyecto. Don Miguel es un notable del cantón que trabajó durante muchos
años en «El Pulté», propiedad de la familia Abularach que colinda al sur con la finca. Don
Miguel vive en Canalitos, pero viaja seguido al occidente. Tiene intereses en San Ildefonso
Ixtahuacán, Huehuetenango. En particular, se sabe que ocupó el cargo de juez de asuntos
municipales en el mismo período que su hermano ocupó la alcaldía del municipio (de 2012
a 2016). El padre de ambos trabajaba para la mina de antimonio y tungsteno, famosa por
ser el punto de partida de la marcha de los mineros de Ixtahuacán de 1976. En un oficio
recuperado en el expediente de la PDH del caso consta que la empresa acordó con los
Cocodes o CUB que ellos se encargarían de validar el proyecto con los vecinos.
La distancia más corta del pozo al condominio atravesaba el cantón Las Huertas, por
lo que necesitaban el aval de los vecinos para instalar la tubería. A cambio, la empresa
ofrecía poner a disposición una cantidad de agua gratuita por un tiempo limitado para
que los vecinos de Las Huertas se surtieran de agua, a cambio de aprobar la servidumbre
de paso. También ofrecía contratar a gente del cantón para encargarse de los trabajos de
construcción del sistema. En el oficio los representantes comunitarios se comprometían
a consultar con la comunidad para aprobar la instalación de la tubería. Se esperaba
construir el pozo, introducir la tubería y poner en funcionamiento el sistema en 6 meses,
de septiembre a abril 2021.
La información se filtró entre las redes de los vecinos de la parte alta de Canalitos. Al
enterarse del plan, varios Cocodes de la parte alta (Las Pilas, Las Delicias) y de otros sectores
se organizaron para negociar con ASM. No estaban de acuerdo con que la negociación se
llevara a cabo exclusivamente con Las Huertas, por el impacto que suponía el proyecto para
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todo Canalitos, por su derecho como copropietarios de la finca, pero también porque no
reconocían a los representantes comunitarios con los que estaba negociando la empresa.
En medio de los sucesos, el director de obras de la municipalidad, Álvaro Hugo Rodas, facilitó
una reunión con un representante del pozo, un señor llamado Carlos Mayen, y con Omar
de La Rosa. De La Rosa había llegado a Canalitos unos años antes desde Huehuetenango
y no era nativo de la comunidad. Los vecinos no sabían cómo había adquirido el cargo en
el Cocode y no lo reconocían como portavoz legítimo del cantón. En la reunión, De la
Rosa se manifestó a favor de los intereses de la empresa, lamentó la actitud de oposición
de los Cocodes, mencionó que ellos no tenían «jurisdicción en su territorio» y que estaban
entorpeciendo la posibilidad que la empresa donara agua a la población, como parte de las
regalías que externaría el proyecto (Focus group Cocode, 23 de abril de 2021).
Unos días después, a finales de marzo 2021, los Cocodes organizados y otros vecinos se
reunieron con el ingeniero encargado del proyecto de entubación, Jorge Antonio García
Chiu. García, además de tener una empresa especializada en abrir pozos y evaluar la
factibilidad de proyectos de este tipo, es una persona con conocimiento del estado de las
fuentes de agua y de las políticas hídricas del Estado. Trabajó en Empagua en los años
ochenta y luego como gerente de evaluación de proyectos del Fondo de Inversión Social.
García Chiu participó, inclusive, en la construcción del pozo Jica y conocía muy bien el
perfil hidráulico de la cuenca, así como la presión que ejercían todos los proyectos cuenca
arriba y cuenca abajo en la disponibilidad de agua de Canalitos.
García Chiu es un empresario experto en estos asuntos y cuenta con información privilegiada
de orden técnico sobre la gestión del agua en la ciudad. También tiene experiencia en
gestión pública, ya que fungió como viceministro de Energía y Minas a finales de los años
dos mil. Al momento en el que se desarrolló el estudio formaba parte de la Gremial de
Empresas para el Manejo Integral del Agua de la Cámara de Comercio de Guatemala.
En esa reunión, el ingeniero explicó que no había de que preocuparse, el caudal que iba a extraer
el pozo no era tan grande como para causar problemas en la comunidad y recomendaba que
no se opusieran al avance del proyecto. Pero si ellos decidían oponerse, García Chiu retiraría
la maquinaria y le comunicaría la decisión al dueño del pozo. Los vecinos no quedaron
convencidos del planteamiento de García Chiu y rechazaron la propuesta.
En la vista oficial del 23 de abril de 2021, la PDH constató que las obras del pozo habían
iniciado por el zanjeo alrededor del cerro del cantón Las Huertas, lo cual serviría para instalar
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
El 25 de mayo de 2021 la PDH registró la denuncia de los vecinos del cantón Las Huertas
en contra de Empagua, el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) y el
Instituto Nacional de Bosques (INAB).
Los oficios de las diligencias describen las acciones que tomaron las autoridades involucradas
en el caso. Empagua respondió a la solicitud de información de la PDH indicando que el
pozo no tenía relación alguna con la municipalidad y, en segundo lugar, que Empagua no
tenía competencia legal para regular la explotación de aguas subterráneas en propiedad
privada. Pese a que en los años setenta se le confirió a la institución la potestad legal para
regular la explotación de aguas subterráneas, las disposiciones sobre el manejo del agua
en la Constitución Política de 1985 supeditaron este mandato. Pero no se ha otorgado la
facultad de regular el uso y consumo de aguas públicas o privadas desde ese entonces, ya
que no existe una ley de aguas en el país. En última instancia, la facultad de regular la tiene
el Congreso de la República, ya que son los legisladores quienes deben aprobar una ley de
aguas. La dirección de asuntos legales de la municipalidad contestó de la misma manera.
Por su parte, el INAB respondió que no contaba en sus registros del caso un expediente
de autorización ni denuncia por delito forestal. La dirección de asuntos ambientales del
MARN respondió de forma parecida: en sus registros no había instrumento ambiental a
nombre de Acuífero San Miguel.
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Instituto de Investigación en Ciencias Socio Humanistas
El informe del MARN señalaba que el movimiento de tierra y la tala de árboles que
constataron en la vista pública debía ser regulado y revisado por las autoridades
competentes. También «recomendaron» que ASM gestionara a la brevedad posible el
instrumento ambiental correspondiente, ya que no contaban con uno.
El MARN emitió una denuncia formal sobre las actividades de la empresa y se instó a que
el INAB también lo hiciera, dada la evidencia que obtuvieron en la visita de campo.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Figura 18
Acuífero San Miguel
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Instituto de Investigación en Ciencias Socio Humanistas
Figura 19
Campo de entrenamiento FEP
Para encontrar al dueño de la empresa, las autoridades tenían más dificultades. Tanto en
Empagua como en la PDH se mencionaba la dificultad de encontrar a los responsables,
por tratarse de una sociedad anónima y porque no había información de contacto en el
sitio de construcción. El expediente de la PDH rinde cuenta de que fue hasta en abril 2022,
un año después del inicio de la investigación formal, que se contactó al registro mercantil
para recuperar los datos básicos de la sociedad anónima. En un reportaje de prensa se
evidenció que la dirección física de ASM era un pequeño local abandonado, sin rótulos ni
logos que acreditaran la empresa, ubicado en un pequeño edificio de oficinas en una zona
de negocios de la ciudad capital (Flores, 2022b).
LA PDH contempló denunciar las omisiones de las autoridades municipales para velar
por el derecho humano al agua (PDH, 2022, expediente resguardado II, 4711-2021). De
nuevo, el análisis jurídico concluyó que el acuerdo municipal que dio vida a Empagua quedó
suspendido por la Constitución de 1985. Sin embargo, la PDH reenvió el caso al Ministerio
Público por los aparentes delitos verificados en las visitas de verificación del año anterior.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Este no fue el único proceso legal que se llevó a cabo. El alcalde auxiliar de Canalitos también
firmó un informe sobre el caso, mencionó el problema de la reducción drástica del caudal que
alimentaba el pozo Jica, a la vez que afirmó haber enviado una denuncia elaborada por los
Cocodes y el Comude en contra de ASM al juzgado de asuntos municipales. En la denuncia
manifestaban su preocupación ya que la extracción de agua del pozo privado triplicaba la
capacidad del Jica, cuya potencia se había reducido entonces a 11 litros por segundo.
En el juzgado de asuntos municipales, la verificación del caso condujo a otro camino sin
salida. Argumentaban que no podían pedir explicaciones a los dueños de los proyectos en
vías de construcción (el pozo y el residencial privado) porque no había nadie que atendiera
a los funcionarios en la entrada de los terrenos (PDH, 2022).
Las autoridades realizaron un vuelo de dron para constatar el caso y una investigación
catastral. Encontraron que la propiedad se ubicaba dentro de la finca de Canalitos, que era
a la vez propiedad de la Municipalidad de Guatemala y los vecinos del pueblo de Canalitos.
En ese sentido, concluyeron, el predio no tenía derecho de posesión ya que el área reportada
se encontraba amparada, dado que la finca entera pertenecía a ambos copropietarios y no
registraba desmembramientos en los documentos del Registro General de la Propiedad.
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Instituto de Investigación en Ciencias Socio Humanistas
Pese a que no contaba con las licencias y permisos necesarios para operar, ASM había
conseguido que la Empresa Eléctrica de Guatemala (Eegsa) iniciara el proceso de
instalación de postes y cableado, para conectarlos a la red eléctrica de la ciudad.
En los encuentros con los vecinos, el Cocode de Las Huertas usaba oficios con sello y
encabezado de la municipalidad para legitimar los avances en la construcción del pozo.
En la reunión en Las Pilas a la que se hizo referencia al inicio de este apartado, el Cocode
de Las Huertas presentó una carta firmada por la municipalidad con la que confirmaba
que estaban actuando legalmente. Don Miguel, por su parte, insistía que todo estaba en
orden, garantizaba regalías si aceptaban que pasaran los camiones y afirmó que lograrían
tener agua las veinticuatro horas y los siete días. El representante de Eegsa que llegó al
encuentro argumentó que la instalación de la electricidad representaba más desarrollo para
la comunidad, ya que los vecinos también podrían usar la conexión para cualquier negocio
que quisieran emprender. Al mismo tiempo, lamentaba que los vecinos no fueran capaces
de ver la oportunidad que tenían enfrente.
La respuesta del vecino citado en la introducción fue que ellos no se oponían al desarrollo,
pero había que pensar si esas obras traían o no un beneficio real a la comunidad (observación
participante, 20 de julio de 2023).
En ese entonces, los vecinos volvieron a rechazar la oferta de don Miguel y le solicitaron
llevar a cabo nuevas reuniones para negociar los términos con ASM. Aunque en la reunión
dijo estar de acuerdo, las reuniones acordadas no sucedieron. Unas semanas después,
Eegsa terminó la conexión eléctrica con el pozo, ya que la oposición en Las Huertas había
menguado significativamente.
La empresa volvió a ser denunciada en junio 2021 por el MARN, pero el ministerio dejó
pasar más de un año para multar a la empresa. La multa fue ingresada en agosto 2022,
reduciendo la multa de 25 mil a 5 mil quetzales, ya que un mes después de haber sido
multada, la empresa entregó el Estudio de impacto ambiental (EIA) que debía haber
ingresado antes de iniciar labores (Flores, 2022b).
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Las autoridades no han planeado construir nuevos pozos, lo que deja la provisión de
agua enteramente en las manos de los vecinos, quienes deben buscar formas alternas para
procurarse el líquido, usando algunas fuentes naturales que todavía existen en el sector,
comprando agua de pipas o acudiendo al nuevo pozo privado, a un costo mucho mayor
que el que ofrece Empagua.
Los vecinos organizados de Las Huertas dejaron de manifestarse contra la empresa, aun
cuando se estaban tramitando las denuncias por omisión de permisos y licencias. Los
vecinos siguen temiendo represalias por parte de la empresa, así como de sus aliados
comunitarios o institucionales, y prefieren guardar silencio. La Asociación, por su
parte, sigue organizando manifestaciones y movilizaciones en contra de Empagua y la
administración de los pozos, debido a los problemas de funcionamiento del pozo Jica.
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Instituto de Investigación en Ciencias Socio Humanistas
Conclusiones
El uso de la expresión «vender oro por espejitos» evoca uno de los problemas más
profundos de la conquista: el engaño de los pueblos nativos para despojarlos de sus
riquezas. El vecino en resistencia usó esta expresión ante un intento de engaño flagrante: los
operadores locales del pozo indicaban que toda la papelería estaba en orden y que, además,
tenían regalías que ofrecer. Ambas afirmaciones eran falsas o equivocadas. Se comprobó,
con la ayuda de los expedientes del caso, que el pozo privado ASM no tenía siquiera un
Estudio de Impacto Ambiental registrado en el MARN, sin hablar de la ausencia de una
licencia sanitaria o de tala de árboles. Tampoco contaban con el aval de la comunidad.
El ofrecimiento de regalías también era un engaño, ya que la cantidad gratuita de agua
para los vecinos dependía de la aprobación del plan inicial, que suponía que la tubería
pasaría por la vía pública en el cantón. La movilización del aparato estatal para atender el
caso –las vistas públicas para determinar ilegalidades, la apertura de una investigación en
el Ministerio Público respecto a la empresa, las «multas»–, nada de esto permitió frenar
el proyecto. La respuesta del Estado se dilató y las autoridades demostraron flexibilidad
total para permitir que la empresa lograra instalarse definitivamente en Las Huertas. El
resultado tangible de la intervención del Estado, pasados dos años desde que iniciaron los
trámites de verificación, fue la emisión de una multa de solo 5000 quetzales a la empresa
(Flores, 2022c).
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
potable. Su oposición se limitaba a reclamar el derecho de propiedad del agua del subsuelo,
conservándola como una especie de riqueza en reserva que explotarán una vez consigan
convertir de nuevo a Canalitos en un Municipio. Mientras tanto, varios vecindarios de
Canalitos han padecido condiciones críticas de desabastecimiento del vital líquido.
En la práctica, el equipamiento del pozo C-4 no resolvió el problema del agua en la parte
alta de Canalitos, donde la disponibilidad de agua en los hogares sigue siendo intermitente
y escasa, pues se necesita una mayor capacidad de bombeo. C-4 es una nueva fuente
inyectada al sistema local que no soluciona el problema en donde hay más necesidad del
servicio. Estas suelen ser áreas empobrecidas donde la única alternativa de los vecinos es
comprar agua por el triple del costo del servicio público, a las pipas y, particularmente
en Las Huertas, al nuevo pozo privado, que extrae agua de forma ilimitada, vendiéndola
directamente a residenciales de la zona 16. De lo contrario, los vecinos deben recurrir
a otras fuentes: aprovechar algunos brotes de agua en la vía pública, conseguir agua de
vecinos con fuentes propias, captar y almacenar agua de lluvia, etcétera. Con la instalación
del pozo privado en Las Huertas, los vecinos tienen la opción de comprar agua al pozo,
con el Cocode de intermediario. Dejaron de protestar en contra de la empresa por miedo
a represalias.
La mercantilización del agua en Canalitos tiene que ver con esta discrepancia en el
desarrollo de servicios que se desenvuelve según se trate de una demanda de vecinos
marginados en los planes de desarrollo municipal o de actores poderosos. La política
de poder con la que se resolvió el caso del Acuífero San Miguel descansa en el aval de
uno de los funcionarios más longevos de la municipalidad de Guatemala: Álvaro Hugo
Rodas, hombre de confianza del difunto alcalde Álvaro Arzú Irigoyen. Pese a demostrar
claras ilegalidades en la manera como la empresa se instaló en la comunidad, este aval se
evidencia, más allá de los testimonios de su participación en las negociaciones, mediante
una carta de apoyo al proyecto, con la que felicitaba la iniciativa de llevar agua a la zona
16. Una carta que parece tener más valor que toda la movilización del aparato estatal para
verificar el caso.
En ese sentido, la capacidad de la red que operó con el beneplácito del señor Rodas para
apropiarse del agua valió más que las demandas formalizadas por los vecinos de Canalitos.
Unas demandas realizadas con normas y procedimientos participativos y de denuncia por
violación del derecho humano al agua, según las reglas del juego democrático.
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Instituto de Investigación en Ciencias Socio Humanistas
En este arreglo confluye una red de actores con acceso a información privilegiada,
conocimiento de las características hídricas de la zona y con conocimiento institucional
adquirido en puestos en Empagua y en fideicomisos encargados en financiar proyectos
sociales en tiempos de posconflicto. Estos actores saben distorsionar las reglas del
juego para lograr su cometido y operar en distintos niveles de intervención. Desde el
rol omnipotente del director de obras de la municipalidad, pasando por el dueño de la
empresa, Carlos Mayen; el operador local «don Miguel», que goza de nexos políticos en San
Ildefonso Ixtahuacán, Huehuetenango, con la municipalidad y con la minera de antimonio
y tungsteno; hasta el presidente del Cocode, quien también es oriundo del departamento
de Huehuetenango, y el ingeniero García Chiu, quien aprovecha su conocimiento técnico
obtenido como funcionario de Estado para diseñar y construir el proyecto.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Esto no quita, al mismo tiempo, que el discurso comunitario «el agua de Canalitos es de
Canalitos» ha servido sobre todo para instrumentalizar el descontento popular con fines
particulares y se enmarca en una lógica en la cual se considera el agua como un bien
apropiable, sin considerar las particularidades físicas del agua como tal. La información
sobre la cantidad de agua del subsuelo y el estado del manto acuífero disponible son
proyecciones y deducciones realizadas en función del lugar de Canalitos en la microcuenca
de Acatán (o del río Teocinte), pero no existe mucha información pública con datos que
reflejen el estado actual del caudal, ni del efecto del crecimiento urbano o el impacto de la
proliferación de pozos privados cuenca arriba y cuenca abajo.
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Instituto de Investigación en Ciencias Socio Humanistas
El caso de Canalitos pone al centro del debate el control de las fuentes de agua en la
expansión de la urbe en sociedades desiguales. La investigación permite inferir que la
metropolización, dirigida por el crecimiento desregulado de proyectos habitacionales,
también implica la búsqueda de nuevas fuentes de abastecimiento que se encuentran o no
en los terrenos en donde se instalan estos proyectos.
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Vendiendo oro por espejitos: mercantilización del agua en la periferia de la ciudad de Guatemala
Los resultados del caso apuntan al problema de una desregulación sociohídrica, impulsada
por el acaparamiento y la explotación de fuentes con fines lucrativos y demuestra la forma
concreta de la exclusión de poblaciones vulnerables en torno al acceso al agua.
El caso también abre la discusión sobre las tendencias del acaparamiento de fuentes de agua
en espacios liminares que se encuentran entre el campo y la urbe. No parece ser casualidad
que los operadores locales vengan de territorios en los que distintas prácticas extractivas
y técnicas de despojo han sido ensayadas desde mucho antes. Por otra parte, los vacíos
jurídicos del caso, así como la burla performativa de las autoridades del estatuto especial
de la finca de Canalitos, demuestran que incluso el derecho de propiedad puede ser violado
cuando hay intereses poderosos de por medio. No queda claro si las particularidades de
este caso tienen que ver con la excepcionalidad de Canalitos: una propiedad comunal
reconvertida en copropiedad municipal, o si la instalación del pozo fue facilitada por el
estado de excepción que se vivió en el país durante la pandemia de COVID-19.
Sin embargo, la proliferación de redes informales que explotan las fuentes de agua, la
ausencia de información certera sobre el estado del agua metropolitana, las debilidades del
Estado para regular y controlar el uso y consumo del agua, y el temor por el agotamiento
de las fuentes de agua de la urbe, son factores que pueden desembocar en la intensificación
de los modos de acaparamiento y mercantilización del agua y, por consiguiente, en la
agudización de conflictos en el futuro.
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Instituto de Investigación en Ciencias Socio Humanistas
Referencias
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fue finalizada en marzo de 2025.