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González El Lamento de Las Madres

El documento explora las relaciones madre-hija en la literatura griega, destacando su escasa representación y predominancia de conflictos en las narrativas. A través del análisis de epigramas de autoras como Nóside de Locris y Ánite de Tegea, se evidencia la importancia de estas voces femeninas en la representación de la maternidad y el lamento por la pérdida. Se concluye que, aunque la visibilidad de los lazos madre-hija ha aumentado en los epitafios del siglo IV a.C., la figura materna sigue siendo a menudo anónima en la literatura.

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El documento explora las relaciones madre-hija en la literatura griega, destacando su escasa representación y predominancia de conflictos en las narrativas. A través del análisis de epigramas de autoras como Nóside de Locris y Ánite de Tegea, se evidencia la importancia de estas voces femeninas en la representación de la maternidad y el lamento por la pérdida. Se concluye que, aunque la visibilidad de los lazos madre-hija ha aumentado en los epitafios del siglo IV a.C., la figura materna sigue siendo a menudo anónima en la literatura.

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El lamento de las madres en los epitafios griegos:

una mirada a la Antología Palatina

Marta González González


Universidad de Málaga
Introducción

Las relaciones madre-hija no han sido demasiado tematizadas en la literatura


griega y, cuando aparecen, abundan más los ejemplos de conflicto (el odio inago-
table de Electra hacia Clitemnestra o Helena abandonando a su hija Hermíone)
que la recreación de historias que canten los poderosos lazos que indudablemente
existirían entre unas y otras, como en el caso de Deméter y Perséfone. La divinidad
que da nombre a este Coloquio provocó, según los versos de un famoso himno
atribuido a Homero, el agotamiento de la tierra y la sequedad de sus frutos, enco-
lerizada por la desaparición de Perséfone. La «diosa velada de negro»1 llegó al
punto de doblegar un tanto nada menos que la voluntad del mismo Zeus y conse-
guir que su hija le fuera devuelta una parte del año. Pero el triunfo de Deméter
apenas volvió a ser materia literaria desde entonces en una tradición muy sesgada
desde el punto de vista de los valores relativos de la paternidad y la maternidad.
Buscar información desde otra perspectiva, la de las propias mujeres, puede
parecer un intento vano teniendo en cuenta la escasez de textos griegos de autoría
femenina que han llegado hasta nosotros. Pero, precisamente, que en una docu-
mentación tan escasa las referencias a la figura de la madre sean proporcionalmen-
te elevadas, ya es un dato significativo en sí mismo.
El objeto de estas páginas será la búsqueda, en la obra poética de las escritoras,
de alusiones a esta relación tan poco presente en la tradición literaria griega. Las
autoras son muy pocas, su obra conservada es exigua, y casi todas ellas pertenecen
a la época helenística y al género epigramático,2 época y género en el que vamos a
centrarnos. En concreto, los epigramas de Nóside de Locris y Ánite de Tegea, son
los que van a retener nuestra atención, aunque sea inevitable hacer una breve men-
ción a Safo y detenerse con un poco más de calma en Erina.

1Véase el capítulo «Cóleras negras» en N. Lo- los cinco poemas sobre los que se plantean
raux (2004a). dudas de atribución de autor; Nóside de Lo-
2 Ánite de Tegea, 24 epigramas (AP V 48; VI cris, 12 (V 170; VI 132, 265, 275, 353, 354; VII 414,
123, 153, 312; VII 190, 202, 208, 215, 232, 236, 486, 718; IX 332, 604, 605), se plantean dudas sobre
490, 492, 538, 646, 649, 724; IX 144, 313, 314, 745; la atribución de VI 273; Mero de Bizancio (VI
XVI 228, 331, 291), he señalado con la cursiva 119, 189).

[115]
Safo, que constituye un capítulo aparte en la literatura griega, y que no va a ser
objeto de nuestro estudio, cuyos márgenes temporales y formales ya hemos delimi-
tado, es una autora que, por otra parte, ha recibido la atención que merece por
parte de la crítica.3 Sólo dejaremos constancia de que en su escasa y fragmentaria
obra conservada, hay referencias explícitas a la relación de la que vamos a tratar,
entre la madre y la hija: γλύκηα μᾶτερ, «dulce madre», así comienza uno de sus co-
nocidos poemas, al que más adelante nos referiremos.4
Erina, en cambio, constituye un episodio de inexcusable referencia en el camino
que nos lleva hasta los epigramas. Había nacido en la isla dórica de Telos, aunque,
dentro del tópico, también se decía de ella que era natural de Lesbos y que había
sido contemporánea y compañera de Safo y se establecían comparaciones entre la
poesía de una y otra.5 Compuso un largo poema en 300 hexámetros titulado La
Rueca, del que una pequeña parte, unos 60 versos fragmentarios, fue descubierta en
un papiro en 1928. Su contenido a duras penas puede reconstruirse: hay referencias
a juegos y muñecas, añoranza del mundo infantil, quizá expresada por primera vez
en la literatura griega en estos versos;6 más adelante, se menciona la boda y pronta
muerte de Baucis, íntima amiga de Erina. El paralelismo entre los versos de Erina
lamentando su separación de Baucis, primero por el matrimonio y después por la
muerte, y aquellos de Safo7 en los que, quejándose de la partida de una amiga, re-
memora los momentos que han vivido juntas, no ha pasado desapercibido a la
crítica. Pero este mismo fragmento de Erina puede también ser analizado desde la
perspectiva que ahora nos interesa:

Las escasas «voces» de mujeres que tenemos de la Antigua Grecia a menudo hablan
de relaciones entre mujeres. Safo, Nóside y Ánite celebran la amistad o el amor entre
mujeres y se muestran sensibles a la belleza femenina. Erina encaja muy bien en esta
descripción, ya que su principal poema, La Rueca, toma la forma de un lamento por su
amiga de la infancia, Baucis, que murió poco después de su matrimonio. Estas poetas

3 Buen número de los trabajos más recientes y cuando de maternidad se trata, aquél en el que
fundamentales sobre esta autora están recogi- Safo habla de Cleis, «su hija», ofrece dificulta-
dos en dos volúmenes editados por E. Greene des de interpretación —al menos se las plan-
(1997a, 1997b). Es muy recomendable también tean los traductores anglosajones— y
el capítulo correspondiente en D. E. Gerber preferimos dejarlo al margen. Véase bibliogra-
(1997). En castellano, la monografía de A. fía en M. González (2003: 204-205).
Iriarte (1997) ofrece una visión actualizada y 5 AP IX 190: «Cuanto aventaja Safo a Erina en

atenta a la reciente bibliografía sobre la vida y la lírica, tanto aventaja Erina a Safo en los
obra de esta autora. hexámetros». Bien conocida por los alejandri-
4 Este poema, en el que Safo presenta a una nos, se le dedican también los poemas AP VII
muchacha enamorada que no puede atender al 11, 12, 13 y 713.
telar, recrea una escena probablemente familiar 6 M. À. Anglada (1982: p. xiv de la Introduc-

y habitual, de confidencias entre madre e hija. ción).


En cambio, el poema unánimemente citado 7 Fr. 94 Voigt.

[116]
nos han dejado, junto con una poesía hermosa e influyente, una perspectiva diferente de
la vida de las mujeres de la cultura dominante y una mirada a la riqueza de los lazos que
se establecían entre ellas. Pero Erina, además, nos abre una ventana a otro aspecto de la
experiencia de las mujeres para el que hay muy escasa evidencia, la relación de madre e
hija.8

Aunque podríamos, pues, integrar este fragmento de Erina, desde el punto de


vista señalado por Eva Stehle, en el contexto de la búsqueda de indicios sobre las
relaciones madre-hija que nos hemos fijado como meta, los versos de esta autora
nos interesan ahora desde otra perspectiva, la de su conexión con los epitafios de la
época y, en consecuencia, con los epigramas de Nóside y Ánite, de época posterior.
Con gran acierto, Eva Stehle sitúa su análisis de los versos conservados del
poema de Erina en el contexto de los epitafios del siglo iv a.C.9 La autora tiene en
cuenta solamente las composiciones métricas, observando en ellas cuáles son los
tópicos y rasgos formales propios de los epitafios conservados y realmente inscritos
en estelas, restringiendo el corpus desde la perspectiva de género que le interesa: la
mujer como dedicante o como destinataria del poema.
Se observa, según este estudio, que en los siglos vi y v a.C., las mujeres rara vez
aparecen como dedicantes y casi exclusivamente en el caso de hijos que morían
jóvenes, siendo el nombre del padre el que aparece habitualmente. Por su parte, las
mujeres que morían en edad temprana rara vez recibían epitafios poéticos.10 Hay
pocos ejemplos y es difícil extraer conclusiones, aunque es posible ver que, en las
escasas ocasiones en las que es una muchacha la destinataria de la inscripción, es
más frecuente que también se incluya la referencia a su madre.
De otro lado, y como curiosidad, señala Stehle que hay ejemplos, aunque esca-
sísimos, de mujeres dedicando inscripciones funerarias a otras mujeres con las que
no están unidas por ningún vínculo familiar. Uno de esos epitafios11 es muy intere-
sante para el análisis de la obra de Erina, por tratarse de una inscripción que una
mujer dedica a la muerte de su joven amiga:

8 E. Stehle (2001: 179). El texto de Erina, muy 10


Los padres dedican epitafios a sus hijas en
dañado, da pie, aunque con reservas, a lanzar dos casos: P. A. Hansen 1983, números 18 y 161.
una mirada a la actitud de las hijas ante las En otro ejemplo aparece una madre lamentan-
madres que les inculcaban la alabada sōphrosynē. do la muerte de una hija: P. A. Hansen 1983,
Éste es el asunto del artículo de Stehle y a él número 153. Hay un ejemplo en el que una ma-
remitimos para un nuevo ejemplo de cómo las dre (con inclusión del nombre) lamenta la
virtudes femeninas cantadas por los varones no muerte de una hija y un hijo: P. A. Hansen
siempre coinciden con las que ellas desearían 1983, número 94. Existe también, finalmente,
lucir. una inscripción en la que un padre y una madre
9 La base del estudio de E. Stehle es la edición lamentan juntos la muerte de una hija: P. A.
de P. A. Hansen (1983 y 1989). Los recogidos Hansen 1983, número 119.
en el segundo volumen, del siglo iv a.C., serían 11 P. A. Hansen 1983, número 97.

contemporáneos de la obra de Erina.

[117]
Πιστῆς ἡδείας τε χάριν φιλότητος ἑταίρα
Εὔθυλλα στήλην τήνδ᾽ἐπέθηκε τάφωι
σῶι, Βίοτη· μνήμηγ γὰρ ἀεὶ δακρυτὸν ἔχοσα
ἡλικίας τῆς σῆς κλαίει ἀποφθιμένης

Por tu amor leal y dulce, tu amiga


Eutila levantó esta estela en tu tumba,
Biote. Pues con un recuerdo lleno de lágrimas
llora siempre tu juventud perdida

Llegados al siglo iv a.C. —donde también situamos a Erina—se perciben algu-


nos cambios. Es mayor el número de destinatarios de epitafios poéticos y las mu-
jeres empiezan a aparecer con mayor frecuencia en esas inscripciones, con
alabanzas a su aretē y sōphrosynē. La fórmula de la dedicación ha cambiado, exten-
diéndose, y lo habitual es que aparezca citado el círculo familiar más cercano. La
madre gana terreno: en la mayor parte de los epitafios en los que se menciona el
lamento del padre por el hijo, la madre también aparece12 y con mucha frecuencia
también la madre lamenta a su hija. Se extiende el tópico de la muerte antes del
matrimonio, pero incluso hay ejemplos de madres que lamentan la muerte de sus
hijas ya casadas y que aparecen citadas junto al marido como dedicantes. Hay, en
fin, epitafios en los que la madre, sola, lamenta a la hija, aunque es mucho más
frecuente que esto ocurra cuando se trata de hijos varones. En cualquier caso, los
lazos madre-hija ganan visibilidad, aunque el nombre de la madre no suele apare-
cer: se trata de una μελέα μήτηρ sin nombre.
En este contexto, con los epitafios realmente incritos en las tumbas como tras-
fondo, E. Stehle analizaba los versos de Erina lamentando la muerte de su amiga
Baucis, texto que había llamado la atención, entre otras razones, por poner el la-
mento fúnebre en boca de una joven que no tenían una vinculación familiar con la
doncella muerta.
Podemos ya pasar al siglo iii a.C. y a los epigramas literarios de la Antología
Palatina. Los de autoría femenina son muy pocos pero, a pesar de eso (incluso,
deberíamos decir, gracias a eso), tenemos que apreciar la importancia de la infor-
mación que nos dan respecto al tema que estamos abordando. Tendremos siempre
presentes, como referencia, los epigramas no literarios, conservados en inscripciones
y que son los que reflejan el modelo, el punto de vista masculino, considerado, por
extensión, general.

12
P. A. Hansen 1989, números 527, 629, 704, entre otros.

[118]
1. Nóside de Locris

Nóside es una de las primeras voces literarias femeninas de occidente. La prác-


tica totalidad de los 12 epigramas suyos conservados son ejemplo de alabanzas de
la belleza femenina, poemas votivos que no mencionan en ninguna ocasión las
recomendables aretē y sōphrosynē, sino que ensalzan el «dulce rostro» o la «dulce
mirada» (ἀγανὸν τὸ πρόσωπον, VI, 353.1 y ἀγανοβλεφάρου, IX, 604.2), la «hermosura y
nobleza» (μορφᾷ καὶ μεγαλειοσύνᾴ, VI, 354.2), el «esplendor del cuerpo» (σώματος
ἀγλαίας, IX, 332.4) y, también, la «prudente sabiduría» (τὰν πινυτὰν, VI, 354.3).
Para centrarnos en el tema de este coloquio, nos fijaremos especialmente en dos
de estos epigramas, el VI 265 y el VI 353, ambos de tipo votivo.13

Ἥρα τιμάεσσα, Λακίνιον ἃ τὸ θυῶδες


πολλάκις οὐρανόθεν νεισομένα καθορῇς,
δέξαι βύσσινον εἷμα, τό τοι μετὰ παιδὸς ἀγαυᾶς
Νοσσίδος ὕφανεν Θευφιλὶς ἁ Κλεόχας

Hera venerable, la que al Lacinio que huele a incienso


muchas veces desde el cielo te vuelves a contemplar,
acepta esta veste de lino que con su noble
hija Nóside tejió para ti Teofílide, la hija de Cléoca
Antología Palatina, VI, 265

Nóside se dirige a Hera siguiendo el esquema propio de las plegarias a la divi-


nidad, invocando en este caso a la soberana del monte Lacinio, al sur de Crotona.
Como autora de la ofrenda a la diosa se coloca ella misma, incluyendo no sólo su
nombre sino los de su madre y su abuela.
Se ha escrito mucho acerca de este empleo del metronímico. En Skinner se
puede encontrar un repaso de las interpretaciones que ligan este empleo a supues-
tas razones históricas y sociales que suponen un elevado status de las mujeres entre
los locrios.14 La interpretación de la propia Skinner, sin afirmar la existencia de
ningún matriarcado, plantea una propuesta convincente que entiende que tal uso
no responde a una costumbre basada en razones culturales, sino que se apoya en
motivos ligados al género sexual: autores de la misma época, como Herodas y
Teócrito, en composiciones en las que recreaban conversaciones íntimas entre mu-
jeres, en ambientes privados, hacían a éstas nombrarse a sí mismas con metroními-
cos y utilizarlos también para identificar a otros personajes. Aunque se trata de
construcciones ficticias, literarias, es evidente que deberían reflejar un modo de

13 Estos epigramas y el resto de la obra poéti-


lez (2006).
ca de Nóside están analizados en M. Gonzá- 14 M. B. Skinner (1987: 39).

[119]
hablar real entre las mujeres, ya que, de otro modo, no se produciría el efecto có-
mico que los autores pretendían. Nóside, de cuyas composiciones se desprende que
su público y su universo literario era enteramente femenino, utilizaría, pues, fór-
mulas usuales en el lenguaje femenino que privilegian los lazos entre madres e
hijas, frente a la androcéntrica noción de paternidad defendida por los griegos.15
Subrayemos que en una literatura acostumbrada a silenciar el nombre de las
mujeres, aquí tenemos citadas a tres, hija, madre y abuela. Además, el único adje-
tivo utilizado por Nóside para sí misma es ἀγαυή, «noble», «ilustre». De nuevo,
nada de aretē ni sōphrosynē.
Acerca de este poema, también se ha señalado su parecido con el fragmento de
Safo al que más arriba nos referíamos y que también aludía al trabajo del telar:
«Dulce madre, de verdad que no puedo trabajar el telar / sometida por el deseo de un
muchacho a causa de la dulce Afrodita», así como a algunos fragmentos del mencio-
nado poema La Rueca de Erina.16
Pasemos al segundo de los epigramas que merecen nuestra atención:

Αὐτομέλιννα τέτυκται· ἴδ᾽ ὡς ἀγαθὸν τὸ πρόσωπον.


ἁμὲ ποτοπτάζειν μειλιχίως δοκέει·
ὡς ἐτύμως θυγάτηρ τᾷ ματέρι πάντα ποτῴκει.
ἦ καλὸν ὅκκα πέλῃ τέκνα γονεῦσιν ἴσα

Melina en persona. Mira qué dulce rostro.


Parece que nos mira con dulzura de miel.
Realmente, cómo se parece en todo la hija a la madre:
es hermoso cuando los hijos son iguales a los padres
Antología Palatina VI 353

Se trata, en este nuevo epigrama votivo, de la ofrenda de una pintura con la


imagen de la joven Melina. Nóside insiste en la genealogía matrilineal que ya había
aparecido en el poema anterior17 y que se retoma en la expresión gnómica que
cierra el poema: ἦ καλὸν ὅκκα πέλῃ τέκνα γονεῦσι ἴσα («es hermoso cuando los hijos
se parecen a sus padres»). En un artículo reciente se afirma de manera categórica
que la expresión «cómo se parece en todo la hija a la madre» debe entenderse en el
sentido de que la «hija» es la pintura, es decir, Nóside estaría incidiendo en el tó-
pico helenístico de la alabanza a la obra de arte en méritos de su realismo.18 Para
el autor, «that a daugther resembles her mother is hardly of note and with this
reading the poem is unbelievably flat». Se asume y repite la idea de que el parecido
entre el padre y los hijos es importante en cuanto evidencia su legitimidad, mientras

15 17
M. B. Skinner (1989: 41). M. B. Skinner (1987: 41-42).
16 18
O. Specchia (1993: 20-21). H. N. Parker (2004).

[120]
que el parecido con la madre no tiene relevancia alguna. No vamos a negar que ése
sea el sentir general que nos transmiten los autores griegos, pero sí vamos a conce-
derle a Nóside la posibilidad de haberse apartado aquí de esa idea y haber dado
relevancia a lo que habitualmente no la tenía.19
Pero es que, además, la invención del término Αὐτομέλιννα que aparece en este
poema (que hemos traducido como «Melina en persona», pero que podría también
expresarse como «idéntica / igual a Melina») ha sido explicada por Francesco De
Martino en uno de sus últimos trabajos de una manera muy convincente y que, por
otra parte, confirmaría nuestra interpretación en el sentido de que lo que se dice es
que, efectivamente, la hija se parece a la madre (a Melina), no el cuadro al original.
Αὐτομέλιννα, dice De Martino, sólo vagamente se relaciona con otros nombres
propios, homéricos, como Αὐτόλυκος, Αὐτομέδωον o Αὐτονόη; más bien se trata de
un juego verbal común en otros compuestos con αὐτο- y que aquí, más concreta-
mente, nos hace pensar en el famoso yambo contra las mujeres de Semónides: una
de las características de la mujer-perra era, precisamente, ser αὐτομήτωρ, «igual a su
madre». La relación con Semónides es también verosímil en el verbo, τέτυκται,
sobre el modelo de las expresiones semonideas para la creación de esta o aquella
mujer.20 Hasta aquí, De Martino. ¿Cómo no pensar, entonces, que con ese comien-
zo del epigrama, Αὐτομέλιννα τέτυκται, en el que se nos habla (parafraseando a Se-
mónides) de una mujer «creada igual a su madre», Nóside no está eliminando la
carga negativa del término αὐτομήτωρ y respondiendo a una tradición que valoraba
todo lo contrario? La madre de Melina no sería, según los cánones, una madre
justa, ya que no ha alumbrado un hijo parecido a su padre,21 sino todo lo contrario,
una hija en todo idéntica a ella (θυγάτηρ τᾷ ματέρι πάντα ποτῴκει). Aunque esto,
para Nóside, es precisamente lo καλόν.
De modo que, en resumen, la relación madre-hija sí se tematiza de una manera
clara y positiva en estos epigramas. Por otra parte, cuando de virtudes se trata,
encontramos una clara exaltación tanto de la belleza física como de la espiritual,
algo que, desde Safo, sólo se encontraba en los autores varones y en referencia, por
supuesto, a otros varones. El ideal del καλὸς καὶ ἀγαθός, limitado por lo común al
ámbito masculino, está muy presente en los escasos versos conservados de Nóside.
En los epigramas de Ánite, epitafios dedicados a jóvenes doncellas, constatare-
mos de nuevo la ausencia de las canónicas virtudes femeninas, aretē y sōphrosynē.

19 Estos poemas también pueden confirmar la parecen probar la clara conciencia que las mu-
sensata suposición que, en otro ámbito, en re- jeres tenían de su papel dominante en el ciclo
lación con la fiesta de las Adonias planteaba J. vital. En palabras de J.J. Winkler: «One may
J. Winkler (1990: 188-209) y recogía G. detect a small gleam of misandric humor about
Holst-Warhaft (1992: 100-101): a pesar de men’s sexuality as a thing which disappears so
lo que los hombres escriben sobre las mujeres, suddenly: ‘O woe for Adonis!’», (1990: 205-206).
ideología en la que ellas mismas podían tácita- 20 F. De Martino (2006: 295ss.).

mente colaborar, los estudios antropológicos 21 N. Loraux (2004a: 88ss.).

[121]
2. Ánite de Tegea

Ánite,22 a la que los antiguos se refirieron como θῆλυν Ὅμηρον, «Homero feme-
nino» (Antípatro de Tesalónica, Antología Palatina IX 26) introdujo importantes
innovaciones en el género epigramático. Entre sus poemas más celebrados están
aquellos dedicados a la muerte de doncellas en los que centraremos nuestra aten-
ción.

Πολλάκι τῷδ᾽ ὀλοφυδνὰ κόρας ἐπὶ σάματι Κλείνα


μάτηρ ὠκύμορον παῖδ᾽ ἐβόασε φίλαν,
ψυχὰν ἀγκαλέουσα Φιλαινίδος, ἁ πρὸ γάμοιο
χλωρὼν ὑπὲρ ποταμοῦ χεῦμ᾽ Ἀχέροντος ἔβα

Muchas veces junto a la tumba de la joven, Clina,


mater dolorosa, lamentó el rápido destino de su querida hija,
invocando el alma de Filenis, que en lugar del matrimonio
atravesó las húmedas aguas del río Aqueronte
Antología Palatina, VII, 486

Se trata, probablemente, de un epigrama genuino, compuesto para ser grabado


en una estela fúnebre. Los ecos homéricos, como es habitual en Ánite, son muy
claros. En este poema esas referencias se corresponden con pasajes en los que
Aquiles lamenta la suerte de Patroclo, o bien Tetis la de su propio hijo.
En primer lugar, encontramos el término ὀλοφυδνὰ, que, según señalan todos los
editores, recuerda el lamento de Aquiles (ἔπος ὀλοφυνδόν, Il. 23.102) cuando se va el
alma de Patroclo. Inmediatamente después, en el verso segundo, el término ὠκύμορον
«rápido destino» es el mismo empleado cuatro veces en Ilíada por Tetis en referen-
cia a Aquiles. Finalmente, y sobre todo, tiene interés señalar la clarísima imitación
(imitatio cum uariatione) que se lee en el verso tercero: ψυχὰν ἀγκαλέουσα Φιλαινίδος,
ἁ πρὸ γάμοιο, eco evidente del pasaje en el que Aquiles invoca el alma de su amigo
en Il. 23. 22: ψυχὴν κικλήσκων Πατρπκλῆος δειλοῖο.
La muchacha a la que su madre Clina llora aparece ya en el primer verso, κόρας,
se repite en el siguiente, παῖδ᾽, y conocemos su nombre en el tercero, Φιλαινίδος. Su
madre la llora repitiendo su nombre, ἀγκακλέουσα, exactamente igual que Aquiles
hacía con Patroclo: de nuevo, una llamativa concentración en cuatro versos de in-
vocaciones muy explícitas incluídos los nombres propios tanto de la madre como
de la hija.

22
La edición más moderna de esta autora es la de es imprescindible el libro de K. J. Gutzwi-
de D. Geoghegan (1979). Por otra parte, para ller (1998).
1a interpretación de sus poemas y los de Nósi-

[122]
Parte de la crítica entiende que las referencias homéricas vienen a señalar un
claro contraste con el contenido del epigrama de Ánite:

Los lamentos de Aquiles y Tetis claramente difieren, en una manera profunda, del de
Clina. Aunque tanto Aquiles como Tetis pueden ser considerados madres, sus lamentos no
expresan meramente una pérdida personal. Aunque Homero enfatiza un tremendo pathos
en su expresión del dolor, sus lamentos están, sin embargo, enmarcados en un contexto en
el que la memoria de las gloriosas hazañas de los que han perecido ofrecen una compen-
sación a la pérdida personal. Tanto Patroclo como Aquiles han muerto sirviendo a su
ejército o por su gloria personal. Sus muertes, aunque presentadas como trágicas, serán
mitigadas por el kleos que recibirán, kleos al que el poema de Homero constantemente se
refiere (particularmente en el caso de Aquiles). Aunque el lamento de Aquiles por Patroclo
está entre los elementos más extravagantes del poema, su queja, en fin, lo lleva a la acción
—un apasionado deseo de venganza que lo conducirá a la muerte y asegurará su kleos.23

Quizá haya que matizar estas palabras porque, tanto o más que el contraste, lo
que se consigue con tal concentración de referencias homéricas en cuatro versos,
referencias que van mucho más allá del empleo de tal o cual forma épica, es colocar
la muerte de una doncella, que sólo parece importar a su madre —la joven ni si-
quiera ha dejado hijos o, al menos, muerto ella misma en el parto—24 sobre el
fondo de la muerte gloriosa.
Finalmente, se ha visto también en este poema una alusión al mito de Deméter
y Perséfone, pero entendemos que la contraposición entre matrimonio y Hades es
demasiado frecuente en los epigramas funerarios como para concederle aquí un
valor especial.

Παρθένον Ἀντιβίαν κατοδύρομαι, ἇς ἐπὶ πολλοὶ


νυμφίοι ἱέμενοι πατρὸς ἵκοντο δόμον
κάλλευς καὶ πινυτᾶτος ἀνὰ κλέος· ἀλλ᾽ ἐπι πάντων
ἐλπίδας οὐλομένα Μοῖρ᾽ ἐκύλισε πρόσω

Lloro a la joven Antibia, por la que muchos


pretendientes acudieron a la casa de su padre,
por la fama de su hermosura y prudencia. Pero las esperanzas
de todos las echó por tierra, adelantándose, una Moira funesta
Antología Palatina, VII, 490
23
E. Greene (2005: 142-143). muerte en el parto, «gloriosa» para las mujeres
24 Sobre este asunto, véase N. Loraux (2004b), como lo era para los varones morir por la pa-
especialmente el capítulo titulado «El lecho, la tria, alternativas diferentes pero encaminadas
guerra», y el comentario a estas ideas en A. ambas a esa suerte de inmortalidad que para
Iriarte (en prensa), quien insiste en esta los griegos era la fama.

[123]
En este caso no hay ninguna seguridad sobre si se trata de un verdadero epigra-
ma inscripcional. En el epitafio, para una joven muerta también antes del matri-
monio, no aparece el nombre de ninguno de los dos familiares que podrían
lamentarla, ni el padre ni la madre. El primero aparece aludido, pero sin indicación
de su nombre, en la expresión πατρὸς ἵκοντο δόμον. Lo más significativo de este
epigrama, teniendo en cuenta que se trata de una muchacha, sería la aparición de
la palabra κλέος, donde hay una clara referencia homérica: Il. 13. 364, πολέμοιο μετὰ
κλέος, dicho de un guerrero.
Desde la antigüedad los gramáticos han discutido si la expresión πολέμοιο μετὰ
κλέος debe ser corregida como πολέμοιο κατὰ κλέος. Ánite construye una expresión
que parece jugar con la construcción homérica proponiendo una alternativa cuyo
significado es prácticamente el mismo pero con un matiz: la fama del guerrero por
el combate se mueve κατά, hacia el futuro, y la de Antibia, por su prudencia, movió
en el pasado, ανά, a los pretendientes.
En un cierto sentido, este epitafio se acomoda a la recomendación típica del
epitaphios logos ateniense: «En todos los discursos conservados, la misma fórmula
reclama que el muerto no sea lamentado sino ensalzado».25 Del mismo modo,
Antibia no es tanto llorada como alabada, y esto por su πινυτής, virtud que ya ha-
bíamos encontrado mencionada en los poemas de Nóside.

Λοίσθια δὴ τάδε πατρὶ φίλῳ περὶ χεῖρε βαλοῦσα


εἶπ᾽ Ἐρατὼ χλωροῖς δάκρυσι λειβομένα,
«ὦ πάτερ, οὔ τοι ἔτ᾽ εἰμί, μέλας δ᾽ ἐμὸν ὄμμα καλύπτει
ἤδη ἀποφθιμένας κυάνεος θάνατος»

Estas últimas palabras, tendiendo las manos hacia su padre querido,


dijo Erato, derramando húmedas lágrimas,
«oh, padre, ya no me tienes, y oculta mis ojos,
que ya muero, negra, la oscura noche»
Antología Palatina, VII, 646

El tema de este epigrama son las últimas palabras de una hija a su padre y, en
este caso, las referencias homéricas desaparecen para dar paso, en cambio, a un
curioso eco de Esquilo ¿con intención irónica? El primer verso de este epigrama
reenvía a las palabras con las que una satisfecha y mordaz Clitemnestra profetiza
el recibimiento que Ifigenia le hará a su padre Agamenón en el Hades, tendiendo
hacia él amorosamente sus brazos, θυψάτηρ, ὡς χρή / πατέρ᾽ ἀντιάσασα πρὸς ὠκύπορον
/ πόρθμευμ᾽ ἀχέων / περὶ χεῖρα βαλοῦσα φιλή (Ag. 1556-1559).

25 G. Holst-Warhaft (1992: 121).

[124]
Ἀντί τοι εὐλεχέος θαλάμου σεμνῶν θ᾽ ὑμεναίων
μάτηρ στᾶσε τάφῳ τῲδ᾽ ἔπι μαρμαρίνῳ
παρθενικὰν μέτρον τε τεὸν καὶ κάλλος ἐχοισαν,
Θερσί, ποτιφθεγκτὰ δ᾽ ἔπλεο καὶ φθιμένα

En lugar de una boda de hermoso lecho y del sagrado himeneo


tu madre colocó sobre la tumba de mármol
una imagen de doncella con tu estatura y belleza,
Tersis, y, muerta, parece que saludas
Antología Palatina VII 649

En este último epigrama es de nuevo la madre la dedicante y de la joven se re-


cuerda su belleza y su nombre.

Conclusiones

De tan poco material es posible, sin embargo, sacar algunas certezas. Entre
ellas, que los lazos madre e hija se hacen especialmente visibles, que la fama, el
κλέος de las doncellas es abordada de forma directa, que tanto en los epitafios de
Ánite como en los epigramas de Nóside no encontramos las referencias habitua-
les a la aretē y la sōphrosynē, tan presentes en los epitafios reales y de autoría mas-
culina, y se ensalzan, en cambio, la «belleza» y la «prudencia» (cf. las inscripciones,
tan frecuentes en copas griegas, del tipo «X esti kalós», alabanzas de la belleza de
los jovencitos que están en la base de gran parte de los epigramas de tipo simpo-
síaco). Y, sobre todo, nos encontramos con nombres: la comparación entre estos
epigramas literarios escritos por mujeres y las inscripciones conservadas muestra
que lo que era visto como un exceso —la inclusión del nombre de la madre— se
normaliza.
En su recorrido por la imagen de la mujer en los epigramas funerarios griegos,
Anne-Marie Vérilhac dedicaba sus primeras palabras a quitarnos la esperanza de
llegar a saber cuál era la opinión de las propias mujeres:

Ce que nous pouvons saisir dans tous ces textes c’est la conception que les Grecs se
faisaient généralement de la femme idéale, et quand je dis les Grecs il s’agit bien des
hommes: c’est d’ordinaire un mari, un père, un fils ou un frère qui ensevelit la défunte et,
même si exceptionnellement c’est une mère ou une fille, elle ne peut, dans une épitaphe,
s’écarter de l’opinion comune, or l’opinion comune c’est celle des hommes puisqu’ils sont
les seuls à pouvoir s’exprimer librement. La femme elle-même, ses propres sentiments,
sa manière de voir nous échapperont. Les épigrammes sont incapables de nous apprendre,
sauf peut-être une fois en passant, par des voies détournées et peu sûres, si les femmes

[125]
se plient de bonne grâce au modèle qui leur est imposé ou si les exigeances masculines
heurtent les aspirations féminines.26

Parece que una lectura de los pocos epigramas de autoría femenina que han
llegado a nosotros puede constituir una de esas voies détournées para asomarnos a
la opinión de las propias mujeres. Y lo que alcanzamos a ver permite suponer que
las mujeres podían (no sabemos hasta qué punto solían) tener un punto de vista muy
diferente acerca de la «mujer ideal».

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26
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[126]
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[127]

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