Entre palabras, miradas y preguntas
Laura Sofia Fernández
Yisbeth Verónica Melón
Este documento presenta varias perspectivas sobre la educación infantil basado en un
rastreo documental, para pensar el quehacer del maestro, lo que me permite realizar un
análisis crítico y situado en aspectos esenciales que hacen parte de la actividad curricular
denominada pensamiento y palabra II; aportes que muestran principalmente las categorías
centrales que atañen el estudio de la educación infantil, las cuales son: pedagogía,
didáctica, lectura, escritura, experiencia e infancia. Conceptos que llevan una condición de
multiplicidad y transversalidad para pensar en la educación a partir de posibilidades que se
conecten con la vida a través de la experiencia, como parte de la transformación de ideas,
pensamientos y, principalmente, de las prácticas pedagógicas que aún se mantienen.
De tal modo, que la educación infantil enlaza las categorías con la intención de encontrar
los planteamientos, investigaciones y afirmaciones que conlleven a construir un discurso y
responder al interrogante ¿Qué alternativas didácticas se proponen de acuerdo con el
abordaje de la lectura y la escritura como experiencias vitales? como una forma viva de
comprender desde nuestra labor docente las diversas formas de acontecer en la escuela y
habitar en la vida del maestro como aquella que está en un proceso de constante
cuestionamiento e investigación, de la cual van surgiendo nuevos significados acerca de la
educación.
Por lo que, considero fundamental cómo se perciben y abordan los diversos conceptos que
hacen parte de la educación infantil, así que es conveniente abordar el concepto de
educación cómo un proceso de transformación social, con un enfoque más humano y
emancipador en la construcción de realidad, tanto del maestro como de los niños y niñas,
en el cual da una mirada a la labor que se lleva a cabo en el aula, de los conocimientos
propios del maestro y de los que se forman a partir de las experiencias que el maestro vive
dentro de la escuela, durante el quehacer y el constante relacionar tanto con sus pares
como con los estudiantes.
Del mismo modo, reconozco con claridad la importancia del pensamiento propio del
maestro, aquel que se ha constituido a lo largo de su educación y durante su quehacer
docente, que lo ha llevado a investigar, cuestionar y transformar el acto pedagógico, en el
que no se trata de conocer nuevos hechos como verdaderos, sino de lograr una constante
transformación personal, subjetiva e independiente de aquellos hechos que hacen parte de
la escuela, además de lograr una constante transformación personal, subjetiva e
independiente de aquellos hechos que hacen parte de la escuela, y que conllevan a pensar
la educación de otras maneras, así como Larrosa (2006) afirma que “La educación debe
desafiar las formas convencionales de pensar” (p.87), debido a que la educación busca
crear en el individuo nuevas formas para interactuar con el mundo y distintas formas de
habitarlo y a su vez exprese su propia visión del mundo.
Con lo anterior, se abre En este sentido la posibilidad de pensar en el maestro como el
protagonista de su propio saber, debido a que es él quien lo transforma y repiensa
diariamente a partir de su característica innata de investigador que busca mantener a la
educación como el eje central de la sociedad, por lo que el maestro se forma en gran
medida a partir del saber y del pensamiento que se transforma en el transcurrir en la
escuela y en las maneras en que acoge los cambios educativos y entiende el valor de la
pedagogía. Es por esto, que las maneras en que se piensa a sí mismo y su labor, lo llevan a
crear nuevas alternativas didácticas de estar con los niños, de generar espacios y provocar
experiencias que van más allá de lo establecido.
Desde esta perspectiva pedagógica, es importante considerar el termino de pedagogía, ya
que al comprender qué es, se entiende el sentido de la educación, el quehacer pedagógico
del maestro y la esencia de la escuela, por lo que la pedagogía es primordial en todos los
procesos educativos, y da a los docentes la posibilidad de pensar diferentes miradas sobre
los procesos académicos y seguir enriqueciendo el saber propio y a su vez los procesos de
formación de los estudiantes, puesto que esta se da al reflexionar sobre los acontecimientos
que surgen en la práctica educativa y en la vida del maestro, así mismo, se trata de la forma
en que se piensa la educación, lo que lleva al maestro a replantearse la educación de otras
maneras; es por eso que se ha estudiado y analizado este concepto teniendo en cuenta lo
que dice Meirieu (2007)
La pedagogía es, antes que nada, una actividad de mediación: mediar entre el niño y
el saber, mediar entre el alumno y el mundo, mediar entre el sujeto y la cultura, y
hacerlo siempre desde una perspectiva de emancipación y respeto por la
singularidad de cada individuo. (p. 23)
De acuerdo a lo anterior, es importante que el maestro analice la forma en que está
provocando las experiencias dentro del aula y la forma en la que concibe al niño, en el que
reconozca que el niño también transforma la realidad, la de él mismo y la de los otros, es
por eso que implica, para mí como docente, mirar al niño o niña cómo constructor de saber
y no cómo receptor de información; esto conlleva a la búsqueda de una forma para articular
y relacionar los deseos del niño con las proyecciones del maestro, de modo que se de en el
encuentro espontaneo que hace parte natural de la vida de cada persona.
Por consiguiente, Meirieu (2007) resalta “aquella pedagogía que no se preocupe por el
futuro del ser humano que forma es una pedagogía amputada de su dimensión ética, pues
todo proceso educativo debería entender, no a la reproducción, sino a la innovación social”
(p.53), haciendo referencia a que la educación sin pedagogía caería en un proceso de
reproducción para así obtener resultados, sin que se propongan nuevas alternativas que
lleven a la conexión con el mundo, para crear significados y nuevas formas de habitar el
mundo.
En este sentido, se habla que la pedagogía va más allá de las maneras que el maestro usa
para enseñar, se convierte en una mirada crítica y profundamente reflexiva desde la
experiencia educativa que se tiene acerca de la educación, la cual requiere que el maestro
se esté cuestionando sobre sus prácticas, que no se quede con lo que ya está establecido y
emplee la didáctica para darle sentido a esas experiencias que quiere provocar en los niños
y niñas, además que se pregunte por el qué, cómo y para qué enseñar, para así poner en
evidencia aquello que acontece en el proceso emancipatorio de la escuela, a partir de
interacciones que suceden dentro y fuera del aula.
Es así que, una pedagogía que no reconozca la naturaleza del ser humano está incompleta
en todas las dimensiones, puesto que la educación necesita de algo más que la mera
reproducción de conocimientos, necesita que sea una experiencia que aborde la expresión
de la realidad en que vive la escuela, en nuevas maneras de hacer, o una forma de ser,
sentir y vivir la realidad. Es por esta razón, que a la pedagogía le corresponde la
experiencia, tanto del maestro como del estudiante, pues transforma y reflexiona el acto
educativo y el quehacer pedagógico, en el que la experiencia se convierte en el eje central
del proceso educativo.
Convirtiendo así, la experiencia en eso que hace parte de la vida cotidiana pues tiene que
ver con los sentimientos, la pregunta, la reflexión sobre una situación, lo desconocido, una
forma distinta de afrontar la cotidianidad; la experiencia construye saberes que brotan de
relaciones de singularidad entre el maestro y el estudiante, pues como lo hace notar
Larrosa, (2006) “la experiencia es, para cada cual, la propia, que cada uno hace o padece
su propia experiencia, y eso de un modo único, singular, particular, propio” (p. 90), es así
que, la experiencia no debe asumirse como un método, un paso a paso con resultados
predecibles, genéricos y globales, que no varía para cada persona solo porque se debe a
un mismo acontecimiento, no obstante, desde la experiencia pedagógica, en el caso del
maestro que se encuentra diariamente con los estudiantes se abre paso al encuentro entre
varias experiencias distintas que se dan dentro de un mismo lugar, que es la escuela;
debido a que el maestro y la escuela se preguntan cómo el enseñar se vuelve una
experiencia, de qué manera se pretende irrumpir en el pensamiento crítico, reflexivo y
experiencial de los estudiantes, teniendo en cuenta, la subjetividad que es esencial para
que se situé la experiencia genuina y de paso al tiempo de la apertura.
Debido a esto, cuando se habla de experiencia se piensa En este sentido en un sujeto de
formación y transformación que habita en los procesos que hacen parte de la escuela; por lo
tanto, invito a cada maestro y maestra a pensarse la lectura y la escritura como
experiencias, que se aborden con diferentes alternativas didácticas que sugieren la
comprensión de ambos procesos como acontecimientos de una interacción humana
profunda, asumiendo esos procesos como formas de conectar con sí mismo y con los otros
y no como una técnica o mecanismo que se dan al mismo tiempo y es aprendida en los
primeros años de escolaridad, la cual debe ser corregida y perfeccionada; Desde esta
perspectiva pedagógica, Skliar (2020) expresa
La escritura ya no es lo que era. Lo que no está ni mal ni bien. Sólo se trata de
preguntarse si aún vale la pena darle algunas vueltas a qué era la escritura que
ahora no es, a qué es esa escritura que ahora está. Lo que estaría mal sería
encogerse de hombros en señal de que así son las cosas. Lo que sería mejor es
declinar de la idea que sin escritura nos transformamos en animales dóciles, o en
humanos aberrantes, incompletos. (p. 44)
Por lo tanto, la lectura y la escritura propician espacios que juegan con la sensibilidad y al
mismo tiempo conectan con emociones y con experiencias de lenguaje, que llevan a pensar
de otras maneras, lo que el ser humano es y lo que se podría llegar a ser, en otros tiempos
y en otros espacios, invitando al sujeto a indagar nuevos mundos, habitar en ellos, que
generen una verdadera transformación del pensamiento y del lenguaje desde la infancia y
de lenguaje, debido a que se reconoce que las palabras tienen unos significados, pero con
varios sentidos que surgen en la conversación con los otros y con sigo mismo, tanto en lo
escrito, como en lo leído.
De esta manera, se considera que la lectura y la escritura se encuentran presentes en todo
momento, se hallan inmersas social y culturalmente en aquellas experiencias que surgen de
algún evento o acontecimiento, así mismo hace que se reflexione acerca de la realidad, el
contexto y lo que se experimenta en él, a partir de la interacción con el otro y con lo otro,
puesto que es fundamental conocer las experiencias de los demás, lo que expresan y sus
formas de comprender el mundo. Desde mi práctica cotidiana en el aula, la lectura y
escritura son experiencias de carácter vital en el proceso formativo del sujeto, de su
pensamiento y de su comprensión, dado que son dos procesos que suceden en el ser
humano de forma distinta y de manera natural y se reconoce que son dos conceptos
diferentes, puesto que la lectura es un proceso de búsqueda y construcción de significados
que desprende de un lenguaje en movimiento que surge de todo aquello que nos rodea y la
escritura es una manifestación del pensamiento, como una forma de reflexionar sobre las
experiencias y conectar con sí mismo y con los demás, lejos de toda lógica posible.
Desde esta perspectiva pedagógica, se dice que la lectura y la escritura se encuentran
presentes en todo momento, se hallan inmersas social y culturalmente en aquellas
experiencias que surgen de alguna situación o acontecimiento en el que se entrelazan
construcciones acerca de la comprensión que llevan a pensar y conocer el mundo. Desde
mi práctica cotidiana en el aula, el acto de leer y escribir se ha convertido en tareas
repetitivas y normativas, en el que importa es seguir reglas y cumplir con estándares
preestablecidos, no obstante, desde la experiencia pedagógica, leer no es decodificar letras,
es un acto de interpretación, que construye significados a partir de experiencias propias. De
la misma manera, escribir no es transcribir palabras, es un proceso donde se organizan
ideas, se expresan emociones y se establece comunicación,
Desde mi práctica cotidiana en el aula, la acción de leer y escribir se transforma en un
proceso vivo, en el que las ideas y los sentimientos se entrelazan para construir relaciones
auténticas, busca el lenguaje, como conexión, por lo que se encuentra un sentido a las
interacciones, a modo de vivir estos procesos como experiencias de lenguaje, pues es a
través del lenguaje es que opera la humanidad y el mismo lenguaje a su vez es más que
palabras; dicho de otro modo es una forma de conectar, conversar e interactuar con los
demás.
En este sentido, se debe repensar la lectura, la escritura, leer y escribir, desplazando la
mecanización por experiencias que den sentido y lleven a la construcción de significados, y
en el cual se cuestione si ¿la escuela enseña a leer para responder preguntas o para
cuestionarse el mundo?, ¿se escribe para cumplir con estándares, para obtener resultados?
o no obstante, desde la experiencia pedagógica ¿se escribe para manifestar el pensamiento
acerca de cómo se percibe el mundo? por ello, desde mi experiencia pedagógica, considero
que, la lectura y la escritura se consideran como acontecimientos con posibilidades infinitas
de encuentro con el otro y con uno mismo.
Asimismo, en mi labor como docente de primera infancia, la infancia siempre será el
pretexto de encuentro más enriquecedor y, a su vez retador, en primera instancia porque en
la medida que se habita la infancia, se transforma el ser, sentir y pensar que va visibilizando
e involucrando experiencias provocadoras de estados en que es permitido escaparse,
encontrarse, inquietarse, pensarse, sin limitaciones, sin reglas, sin tiempos ni espacios
preestablecidos, al contrario habitar acontecimientos como son la lectura y escritura, que
irrumpen y que son sentidas y actuadas desde otras miradas, con otras prácticas, discursos
y recursos que den sentido y significado, debido a que tanto la lectura y escritura como la
infancia provoca expresiones libres.
Referencias bibliográficas
Larrosa, J. (2006). Sobre la experiencia. Aloma. Revista de Psicologia i Ciències de
l'Educació, 2006, num. 19, p. 87-112
Meirieu, P. (2007). Aprender, sí... ¡pero cómo! Ediciones Octaedro.
Skliar, C. (2020) “Ensayos en lectura, inutilidad, soledad y conversación” Coleção Ensaios.