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Trabajo Sobre La Cronica Literaria de Lucas

El Evangelio de Lucas se presenta como una narración ordenada de la vida y enseñanzas de Jesús, enfatizando su papel como Salvador del Mundo y la importancia de la historia en la fe cristiana. Lucas, un médico y compañero de Pablo, busca ofrecer evidencia histórica a Teófilo y a todos los creyentes sobre la obra de Jesús y la iglesia primitiva. Su obra, que incluye el libro de los Hechos, destaca la continuidad del ministerio de Jesús a través del Espíritu Santo y la expansión del cristianismo más allá de las fronteras judías.

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Trabajo Sobre La Cronica Literaria de Lucas

El Evangelio de Lucas se presenta como una narración ordenada de la vida y enseñanzas de Jesús, enfatizando su papel como Salvador del Mundo y la importancia de la historia en la fe cristiana. Lucas, un médico y compañero de Pablo, busca ofrecer evidencia histórica a Teófilo y a todos los creyentes sobre la obra de Jesús y la iglesia primitiva. Su obra, que incluye el libro de los Hechos, destaca la continuidad del ministerio de Jesús a través del Espíritu Santo y la expansión del cristianismo más allá de las fronteras judías.

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F.C.G.

ASAMBLEAS DE DIOS DE VENEZUELA


INSTITUTO BIBLICO COJEDES
TINAQUILLO – EDO COJEDES
MATERIA – EVANGELIOS SINÓPTICOS

Profesor: Integrante:
Past. Leonardo Basabe Beatriz Rincones
Elvira Terán
Francisco Rojas
Jenny Herrera
María Chávez

Tinaquillo, 17 de Mayo de 2025


Crónica Literaria
“Evangelio de Lucas”
Una regla fundamental a la hora de interpretar la Biblia es prestar atención en todo
momento al tipo de literatura que estamos leyendo. En este sentido, debemos
preguntarnos qué género literario representa el Evangelio de Lucas. Los estudiosos han
debatido largamente si los Evangelios son biografías. Está claro que no son biografías
en el sentido moderno del término, ya que se centran en el ministerio público de Jesús y
especialmente en su muerte y resurrección. Para entender el Evangelio de Lucas,
debemos reconocer que el libro es una narración: una historia, un relato o una crónica.
En este caso, se trata de una narración de hechos reales e históricos. El propio Lucas
califica su obra de “relato ordenado”. Habla de utilizar la historia para predicar; en este
caso, para exponer una proclamación persuasiva de la obra de Dios en Jesús y la iglesia
primitiva. Como señala Joel B. Green: “el medio de esa proclamación es el relato, cuyo
‘orden’ es crucial para nuestra comprensión de esa interpretación”. Esto puede parecer
obvio, pero sus implicaciones afectan un área en la que la erudición reciente ha hecho
verdaderos progresos.

El hecho de que Lucas sea una narración nos alerta sobre los siguientes elementos,
que son significativos para su interpretación: personajes, trama, secuencia, principios y
finales y marcos narrativos. Como es típico de los escritores evangélicos, Lucas presta
poca atención a su propia voz como narrador. Por lo tanto, es abordando el libro de Lucas
como narrativa o historia que escuchamos su mensaje. Lucas también se diferencia de
los demás Evangelios en que el autor escribió una continuación: Hechos de los
Apóstoles. Lucas fue el compañero médico de Pablo y se le menciona en varias cartas
de este (Col 4:14; 2Ti 4:11; Fl. 1:24). Como recuerda Lucas al comienzo de los Hechos:
“Estimado Teófilo, en mi primer tratado hablé acerca de todo lo que Jesús comenzó a
hacer y a enseñar” (Hch 1:1). En los Hechos, pues, Lucas escribe sobre todo lo que Jesús

1
sigue haciendo por medio del Espíritu y de la Iglesia ahora que ha ascendido a la diestra
del Padre.

El prólogo al que se refiere el texto, Lucas 1, 1-4, nos introduce “ordenadamente”


a lo que sucedió con la vida terrenal de Jesús. Luego, Lucas se refiere a “los hechos que
Dios ha llevado a cabo entre nosotros”, llevándonos a pensar sobre la forma en que las
palabras y acciones de Jesús establecen un patrón que tiene una influencia profunda en
sus seguidores “desde el comienzo”. Al escribir un relato de dos partes, Lucas fue capaz
de demostrar cómo los éxitos y sufrimientos primeros que la Iglesia estaba
experimentado en los Hechos de los Apóstoles eran un eco de aquellos que sufrió el
Maestro del cual habló en su Evangelio.

Una vez más, la descripción del Evangelio de Lucas como historia o relato no
implica que el material no sea histórico. En formato narrativo, Lucas nos presenta un
mundo en el que Dios, Jesús y el Espíritu enviado por Jesús en los Hechos son los actores
principales. La validez de esta representación depende de que los acontecimientos
registrados hayan sucedido en el tiempo y el espacio, pero es a través de la narración
como se interpretan estos acontecimientos y se abre un mundo que se nos invita a
explorar y habitar. En las culturas en las que la tradición oral desempeñaba un papel
importante, la narración era el principal medio de comunicación del conocimiento.

Escuchar a Lucas contar la historia de Jesús Dado que el Evangelio de Lucas es


una narración, un relato de la historia de Jesús debemos escucharlo como tal, prestando
atención, en la medida de lo posible, a la forma en que los cristianos del primer siglo
habrían escuchado y comprendido las palabras de Lucas.

El mensaje central y más poderoso de Lucas es que Jesús aceptó su muerte en la


cruz para nuestra salvación y que el Padre confirmó este acto de amor al resucitarlo de
entre los muertos.

2
Propósito del libro
Lucas es enfático en aclarar que su propósito escribir este evangelios presentar
por orden (1:3). “Todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar” (Hechos 1:1 ),
de manera que Teófilo conociera las evidencias históricas de las enseñanzas que había
recibido (Lucas 1:4). Aunque el evangelio se dirige específicamente a un individuo,
aparentemente alguien en alta posición social, a la vez intenta ofrecer a todos los
creyentes la seguridad de que el cristianismo no es uno de los muchos sistemas
especulativos a la búsqueda de valores teológicos éticos, sino un movimiento vinculado
a un acontecimiento histórico. Lucas basa la certeza y la exactitud de su obra sobre cuatro
argumentos:
1. Su preocupación por los orígenes del movimiento, otorgando prioridad a los
testigos presenciales (1:2).
2. Su deseo es hacer conocidas “todas las cosas”.
3. La secuencia cronológica o relato ordenado de los acontecimientos.
4. La exactitud o veracidad de las cosas (1:4).

Para lograr este propósito, Lucas traza en sus dos volúmenes un cuadro de
movimiento cristiano desde sus orígenes con Jesús de Nazareth, hasta transformación en
una comunidad universal que trasciende los límites de la nacionalidad judía, y abarca a
judíos y gentiles por igual. Lucas presenta a Jesús, no como un mero mesías judíos, sino
como el Salvador del Mundo.
Visión Lucana: El pasado Antiguo Testamento, el presente Jesucristo y el futuro la
Iglesia.

3
Biografía del Autor

Tanto el estilo como el lenguaje del evangelio de Lucas y los Hechos de Los
Apóstoles ofrece suficiente evidencias de que las misma persona escribió las dos obras:
“El primer tratado” de Hechos 1:1, parece ser una referencia al tercer evangelio, como
si fuera el primero de una serie de dos volúmenes, y dedicatoria a Teófilo constituye un
fuerte argumento en favor de una autoría común.

Como la tradición de la iglesia atribuye unánimemente estas dos obras al médico


Lucas, griego y cristiano gentil. No fue apóstol, ni conoció personalmente a Jesús.

Es el único autor gentil conocido en el Nuevo Testamento. Fue evangelista e


historiador, fue amigo personal y un compañero cercano de Pablo (2 Timoteo 4:11), no
vivió en Palestina.

Lucas y Hechos parecen haber sido escritos alrededor del mismo tiempo. Lucas
primero, después Hechos. Combinados, constituyen una obra de dos tomos dirigida a
"Teófilo" (1:3; Hch 1:1;) dando una historia general del establecimiento del cristianismo,
desde el nacimiento de Cristo hasta el encarcelamiento de Pablo bajo arresto en una casa
en Roma (Hch 28:30-31).

El libro de Hechos termina con Pablo aún en Roma, lo cual lleva a la conclusión
de que Lucas escribió estos libros desde Roma durante el encarcelamiento de Pablo allí
(alrededor del 60-62 d.C.). Lucas registra la profecía de Jesús de la destrucción de
Jerusalén en el 70 d.C. (19:42-44; 21:20-24) pero no hace mención del cumplimiento de
esta profecía, sea aquí o en Hechos. Lucas se enfocó en registrar tales cumplimientos

4
proféticos (Hch 11:28), por esta razón es extremadamente improbable que él escribiera
estos libros después de la invasión romana de Jerusalén. Hechos tampoco incluye
mención alguna de la gran persecución que comenzó bajo Nerón en el 64 d.C. Además,
muchos eruditos establecen la fecha del martirio de Jacobo en el 62 d.C. y si eso fue
antes de que Lucas terminara su historia, él ciertamente lo habría mencionado. Entonces,
la fecha más probable para este Evangelio es el 60 o 61 d.C.

Lucas nació en el Siglo I, probablemente en Antioquía o, al menos, tuvo una


estrecha relación con esta ciudad. Su origen no era judío, sino gentil, probablemente
griego, dado su gran dominio del idioma. El propio Pablo de Tarso diferencia entre sus
compañeros surgidos del judaísmo y Lucas en su carta a los colosenses. Con todo,
algunos exégetas y teólogos piensan que Lucas fue un judío de la diáspora.

Lucas fue compañero de Pablo en muchos de sus viajes misioneros y también


durante sus estancias en prisión en Jerusalén y en Roma, acompañándolo incluso hasta
el final de su vida. Además residió en la ciudad de Filipos, donde Pablo lo dejó para
continuar su viaje y donde lo recogió posteriormente.

Al escribir su evangelio, Lucas describe que ha investigado todos los hechos, por
lo que es probable que hubiese conocido y entrevistado a muchos testigos de los
acontecimientos relatados: María o alguno de sus amigos íntimos o parientes, Felipe el
evangelista, Juana (esposa de Chuza, mayordomo de Herodes Antipas), etc.

A través del libro de los Hechos, se sabe que Lucas estuvo en Tróade, Mitilene,
Quíos, Samos, Mileto, Samotracia, Neápolis, Filipos, Éfeso, Cos, Rodas, Patara,
Tiro, Tolemaida, Cesárea, Jerusalén, Adramitio, Sidón, Mira, Malta,
Siracusa, Regio, Pozzuoli y Roma.

5
Iconografía

Iconográficamente, Lucas el Evangelista se simboliza por un toro (buey o becerro)


alado. Ese símbolo es antiguo y se inspira en el Libro de Ezequiel (Ezequiel 1:10) y en
las palabras del Apocalipsis que señalan la presencia de cuatro seres vivientes delante
del trono del Cordero (que se suelen interpretar como los cuatro evangelistas), uno de
los cuales tenía forma de toro o becerro (Apocalipsis 4:6-7).

La iconografía de Lucas, se caracteriza por su representación como un buey alado,


simbolizando su énfasis en el aspecto sacrificial de la obra de Jesús, y también como un
escriba o pintor, reflejando su papel como autor del Evangelio y los Hechos de los
Apóstoles. Representa el sacrificio y la dedicación, enfatizando la naturaleza sacrificial
del ministerio de Jesús, tal como se destaca en el Evangelio de Lucas. El sacrificio de
Zacarías en el Templo, que da inicio al Evangelio de Lucas, refuerza esta idea.

Se le ha dado este simbolismo porque su evangelio comienza con la visión de


Zacarías en el Templo, donde se sacrificaban animales como bueyes, terneros y ovejas.
El evangelio de Lucas comienza y termina en el Templo; los Hechos de los apóstoles
constituyen la segunda parte del evangelio de Lucas. Si en el evangelio encontramos el
camino de Jesús, en los Hechos tenemos el camino de las comunidades que siguieron a
Jesús. El libro de los Hechos termina llegando Pablo a Roma, ciudad que, para Lucas,
representa "los confines del mundo".

6
Fuentes
En grado considerable los otros evangelios también comparten el contenido de
Lucas. Hay acuerdo general en que la fuente principal de Lucas fue Marcos y que igual
Mateo, tomo la mayor parte de su narración sobre el ministerio y los hechos de Jesús, de
ese Evangelio más antiguo. Casi todo el contenido de Marcos fue incorporado a Lucas
pero fue redactado en un estado literario más pulido. Lucas incluye también buena parte
de la enseñanzas de Jesús que encontramos en Mateo pero no en (Marcos), y
generalmente se supone que ambos evangelios se valieron de alguna fuente común (o de
alguna colección de fuentes) escritas u orales. Es mucho menos probable que haya
dependido del otro para este material. Aunque todavía es incierta la relación entre la
fuente de Juan y otros evangelios, resulta claro que Lucas y Juan reflejan cierta tradición
común, especialmente en la historia de la pasión y la resurrección. Además, mucha de la
información sobre Jesús es exclusiva de Lucas, buena parte de la cual encontramos en la
narración del viaje de Jesús a Jerusalén. En algunos lugares en que a primera vista puede
verse que Lucas depende de Marcos como relato de la Ultima Cena, es muy probable
que Lucas Haya tenido acceso a otras tradiciones también.

Lucas ilustra su propia declaración (Lucas 1: 1-4), de que muchas otras personas
habían tratado de preparar relatos de lo ocurrido. La misma declaración sugiere que
Lucas estaba al tanto, no solo de los relatos sino también de personas que habían sido
testigos presenciales.

7
Fecha
Los especialistas, que consideran que Lucas utilizo el evangelio de Marcos como
fuente para escribir el suyo, fechan el tercer Evangelio en los 70 d. C. Otros, sin embargo,
señalan que Lucas lo escribió antes que los Hechos, y que lo elaboro durante la primera
prisión romana de Pablo, alrededor del año 63 d.C. como Lucas estaba en Cesárea
durante los dos años que Pablo permaneció encarcelado (Hch. 27:1), habría tenido
durante ese tiempo amplias oportunidades de llevar a cabo las investigaciones que
menciona en 1:1-4. Si este es el caso, entonces el Evangelio de Lucas debe ser fechado
alrededor de los años 59 – 60 d. C. pero nunca más allá del 75 d. C.
Algunos, siguiendo una conjetura que se halla en Eusebio y Jerónimo y que se
deduce del final de los Hechos, fechan este segundo tomo en los 63 d. C. y el primero,
por tanto, en los 58 – 61 d. C. Otros, basándose en tradiciones que se remontan a Ireneo
y el “Prologo a Lucas contra los Marcionistas”, afirman que Lucas no compuso su obra
sino hasta después de la muerte de Pablo (65 – 67 d. C.) y proponen una fecha entre 67
y 72 d. C. Esta opinión se apoya en el hecho de que Lucas utilizo el texto de Mc. Como
una de sus fuentes (Evangelios). Debió haber sido escrito en algún lugar de Asia o
Grecia.
El libro de Hechos termina con Pablo aún en Roma, lo cual lleva a la conclusión
de que Lucas escribió estos libros desde Roma durante el encarcelamiento de Pablo allí
(alrededor del 60-62 d.C.). Lucas registra la profecía de Jesús de la destrucción de
Jerusalén en el 70 d.C. (19:42-44; 21:20-24) pero no hace mención del cumplimiento de
esta profecía, sea aquí o en Hechos. Lucas se enfocó en registrar tales cumplimientos
proféticos (Hch 11:28), por esta razón es extremadamente improbable que él escribiera
estos libros después de la invasión romana de Jerusalén. Hechos tampoco incluye
mención alguna de la gran persecución que comenzó bajo Nerón en el 64 d.C. Además,
muchos eruditos establecen la fecha del martirio de Jacobo en el 62 d.C. y si eso fue
antes de que Lucas terminara su historia, él ciertamente lo habría mencionado. Entonces,
la fecha más probable para este Evangelio es el 60 o 61 d.C.
8
Destinatario
Teófilo (ama a Dios), los gentiles y el pueblo en general.

TEÓFILO (amigo de Dios). Personaje ilustre a quien Lucas dedico el Evangelio y los
Hechos de los Apóstoles (Lc. 1:3; Hch. 1:1).

Se dirige a las comunidades paulinas, que tienen las siguientes características:

a) Son comunidades urbanas diferentes de las comunidades rurales de Palestina.


(Ciudad: se repite 40 veces).
b) Comunidad formada por ricos y pobres.
c) Comunidades en las que hay cristianos convertidos pero que siguen ligados a
instituciones del imperio romano (Lc. 7: 1-10).
d) Se brinda mucha atención a las mujeres (Lc. 7: 36-50; 8: 1-3; 10: 38-42; 13: 10-17;
15: 8-10).
e) Aparece una situación de desánimo, casi de rebeldía. Alrededor de los 80 d. C.
estaban confundidas, sin esperanza por causa de la crisis que vivían.

Algunos han pensado que denomina en forma general al lector cristiano, pero el
título de “excelentísimo”, que se le da en Lucas, implica un título de cortesía (cf. Hch.
23:26; 24:3; 26:25) o una persona definida y sugiere que era un hombre de elevada
posición (funcionario romano) a quien Lucas le guardaba alto respeto, tal como; Tito,
Flavio, Clemente, sobrino del Emperador Vespasiano (así B. H. Streeter, The Four
Goslpes, 1924, pp 534ss). Otros intentos de identificarlo con personas conocidas en la
historia, carecen de base. Teófilo tenía información sobre el cristianismo, pero Lucas
decidió proporcionarle un relato más ordenado y confiable (Lc. 1: 1-4). Probablemente
se haya convertido del paganismo, por el testimonio de Pablo o de Lucas en Roma.
9
Versículo clave: “Jesús le dijo: hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él
también es hijo de Abraham. Porque el hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que
se había perdido” (19: 9-10).

Personas clave: Jesús, Elizabeth, Zacarías, Juan el Bautista, María, los discípulos,
Herodes el Grande, Pilato, María Magdalena.

Lugares clave: Belén, Galilea, Judea, Jerusalén.

10
Contenido

El material Lucano procede de Mc. De la fuente Q y de otras tradiciones propias


de Lucas, bastante abundantes. El hilo conductor lo ofrece Mc; el material de otra
procedencia se inserta en unos pocos puntos, prácticamente tres: la infancia (cc 1 -2)
[desempeñan también una función de tipo biográfico, obedeciendo el esquema tan
apreciado por los antiguos, según el cual la infancia de los grandes personajes deja ya
presagiar su futuro; pero, sobre todo, una función teológica, casi una “ouverture”, que
hace resonar de antemano todos los esquemas de la obra, entremezclando las notas
gozosas con las notas de dolor]; el llamado “pequeño inciso”, constituido sobre todo por
el sermón de la montaña (6: 20-7, 50), y el llamado “gran inciso” (9:51, 18:14), inserto
en el viaje a Jerusalén.

El ministerio de Jesús se articula en tres partes: el anuncio del reino a todo Israel,
empezando por Galilea (4: 14; 9: 50); el gran viaje a Jerusalén (9: 51; 19:28), y los
últimos días en Jerusalén, la pasión y la resurrección (19: 29; 24: 53), es interesante
señalar que todo ello va precedido de los “preludios”, que culminan también en
Jerusalén: la infancia (1:5; 2:52), con el episodio final del niño Jesús en el templo; y,
luego, el tríptico del “comienzo”.

Predicación del Bautista/bautismo de Jesús/tentaciones, que en la redacción


lucana, gracias a una inversión intencional, culmina en la tentación del pináculo del
templo, en Jerusalén.

Así pues, sorprende en seguida esta fuerte orientación hacia Jerusalén, reforzada
además por la eliminación casi completa de las salidas de Jesús a territorio pagano (cf.

11
Mc. 7: 24; 8:10), por el enorme desarrollo que se le presta al viaje (diez capítulos, frente
a los tres de Marcos) y por la eliminación de las apariciones pascuales en Galilea (Lc .
24:6 con Mc. 16:7).

Esta línea geográfica subraya fuertemente el carácter central del acontecimiento


salvífico que tuvo lugar en Jerusalén, con la pasión y resurrección de Jesús, y su
continuidad, por una parte, con las promesas veterotestamentarias ligadas a las ciudad
santa y, por otra, con la iglesia de la vida primitiva, que tendrá en ella su primer centro
de desarrollo. Este carácter lineal refleja además la exigencia de no anticipar al ministerio
de Jesús la evangelización de los paganos, a la que se llegara muy gradualmente y
alcanzara su máxima expresión en el segundo volumen.

Sobre este fondo se entrecruzan continuamente las controversias de Jesús con los
adversarios incrédulos y sus instrucciones a los discípulos.

Siguen estando en primer plano las relaciones con Israel. Jesús se dirige a
Jerusalén, “endureciendo el rostro”, con la plena conciencia de lo que allí le aguarda
(9:51): el viaje comienza significativamente con la negativa a acogerlo por parte de una
aldea samaritana (9: 52-56). A mitad del camino resuena la lamentación sobre Jerusalén
que mata a los profetas y hace fracasar el proyecto salvífico de Dios sobre ella ( 13: 31-
35). Al final del viaje, Jesús narra la parábola del pretendiente real que es rechazado por
sus conciudadanos (19: 11-27). Finalmente, al contemplar la ciudad, Jesús llora por su
suerte (19: 41-44).

Por el contrario, a los discípulos Jesús les dirige toda una serie de enseñanzas
sobre los diversos aspectos de la vida cristiana: el amor al prójimo (10: 25-37: diálogo
sobre el mandamiento supremo y la parábola del samaritano), la escucha de la palabra
(10: 38-42: Marta y María), la humildad (17: 1-10: siervos inútiles); pero, especialmente
y con insistencia, sobre la oración (11: 1-13: el padre nuestro, otras frases y parábolas

12
sobre la oración; 18: 1-9: parábola de la viuda obstinada) y la pobreza, o mejor dicho,
sobre el amor practico a los pobres.

La sección de Jerusalén se abre con la entrada triunfal (19: 29-40) y con el llanto
de Jesús a la vista de la ciudad (19: 41-44). La entrada a la ciudad forma una sola cosa
con la vista al templo y el gesto de autoridad de expulsión de los mercaderes ( 19: 45s).
De este modo comienza un último periodo de prolongada enseñanza al pueblo en el
templo (19: 47s; 21: 37s), alternando con las controversias con sus adversarios (20: 1-
47). Esta enseñanza pública, culmina en el discurso escatológico (21: 5-36), que no está
ya reservado como en Mc, solo a los discípulos, sino que se convierte en un discurso
profético dirigido a todo el pueblo, en una advertencia urgente sobre la suerte de
Jerusalén.

Por el contrario, en el curso de la ultima cena, Jesús dirige a los discípulos un


auténtico discurso de “despedida” (22: 21-38), según el modelo de los “testamentos” que
la tradición del AT se complacía en poner en labios de los grandes protagonistas en el
momento de su partida, y en paralelismo con lo que ocurría en los Hechos con Pablo
(Hch. 20: 17-38). En ambos casos aflora el interés por el futuro de la iglesia, con una
alusión al papel del ministerio y la exigencia de que los pastores se conformen con la
actitud de servicio que había animado a Jesús.

Por otra parte, un rasgo definitivo del Evangelio de Lucas es su énfasis en la


universalidad del mensaje cristiano. Desde la canción de Simeón, alabando a Jesús como
“una luz… a los gentiles” (2:32), al mandato del Señor resucitado de predicar “a todas
las naciones” (24:47), Lucas acentúa el hecho de que Jesús no es solamente el libertador
de los Judíos, sino el Salvador del mundo entero.

Para apoyar esta tesis, Lucas suprime mucho material que es estrictamente de
carácter judío. Por ejemplo, no incluye el pronunciamiento de condena de Jesus contra

13
los escribas y fariseos (Mt. 23), ni la discusión en torno a la tradición judía (Mt. 15: 1-
20; Mc. 7: 1-23).

Tampoco incluye las enseñanzas de Jesús en el Sermón del Monte que tienen que
ver directamente con la ley judía (Mt. 5: 21-48; 6: 1-8; 16-18). También omite las
instrucciones de Jesús a los doce para que se abstuvieran de ministrar a los gentiles y
samaritanos (Mt. 10: 5).

Por otro lado, incluye muchas cosas que demuestran la universalidad del
cristianismo. Sitúa el nacimiento de Jesús en un contexto romano (2:1- 2; 3:1), a fin de
demostrar que los acontecimientos que relata tienen significación para todos los pueblos.
En tanto Mateo traza los ancestros de Jesús desde Abraham, Lucas se remonta hasta
Adán, vinculando al Señor con toda la raza humana.

Pero también, destaca las raíces judías de Jesús. De todos los autores de
Evangelios, él es el único que recoge la circuncisión y dedicación de Jesús (2: 21-24),
así como su visita al templo cuando era un muchacho de doce años (2: 41-52). Solo el
relata el nacimiento y la infancia de Jesús en el contexto de un piadoso grupo de judíos:
Simeón, Ana, Zacarías, y Elisabeth, quienes se contaban entre el remanente fiel que
esperaba “la consolación de Israel” (2: 25). A lo largo de su Evangelio, Lucas pone en
claro que Jesús representa la consumación de las expectativas del Antiguo Testamento
sobre la salvación.

Un versículo clave en el Evangelio de Lucas es el 19: 10, el cual afirma que Jesús
“vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. Al presentar a Jesús como el Salvador
de todo tipo de personas, Lucas incluye material que no aparece en los otros Evangelios,
tal como el relato del fariseo y la mujer pecadora (7: 36-50); las parábolas de la oveja
perdida, la moneda y el hijo pródigo (15: 1-32); la parábola del fariseo y colector de
impuestos (18: 9-14); la historia de Zaqueo (19: 1-10); y el perdón del ladrón en la cruz
(23: 39-43).
14
Lucas hace resaltar las advertencias de Jesús sobre el peligro de las riquezas ; y
pone de manifiesto su simpatía por el pobre (1:53; 4:18; 6:20, 21, 24, 25; 12: 13-21; 14:
13; 16: 19-31; 19: 1-10).

Este evangelio hace más referencias a la oración que los otros. Lucas enfatiza
especialmente la vida de oración de Jesús, al relatar siete ocasiones en que Jesús ora, que
no aparecen en ninguno de los otros Evangelios (3:21; 5:16; 6:12; 9:18, 29; 11:1; 23:
34-46).

Solo Lucas contiene las lecciones del Señor sobre la oración que se ofrecen en las
parábolas del amigo inoportuno (11: 5-10), el juez injusto (18: 1-8) y el fariseo y el
publicano (18: 9-14). Además, el Evangelio abunda en notas de alabanza y acción de
gracias (1:28; 46-56, 68-79, 2:14; 20: 29-32; 5: 25-26; 7:16; 13:13; 17:15; 18:43).

Cristo Revelado

Además de presentar a Jesús como el Salvador del mundo, Lucas ofrece, en torno
al Señor, los siguientes testimonios:

1) Jesús es el profeta cuyo papel es equivalente con el de Siervo y Mesías (4:24; 7:16;
39: 9,19; 24: 19).
2) Jesús es el hombre ideal, el Salvador perfecto de una humanidad imperfecta. El título
“Hijo de Hombre” se halla veintiséis veces en este Evangelio.
El termino no solo destaca la Humanidad de Cristo en contraste con la expresión
“Hijo de Dios”, la cual subraya su deidad, y describe a Jesús como el Hombre
perfecto, ideal, el verdadero representante de la raza humana.
3) Jesús es Mesías. Lucas no solo afirma la identidad mesiánica de Jesús, sino que define
cuidadosamente la naturaleza de su mesianismo. Jesús fundamentalmente el Siervo
que con firmeza dirige su rostro hacia Jerusalén para cumplir su misión (9:31 -51).

15
Jesús es el “Hijo de David” (20:41-44), el “Hijo de Hombre” (5:24), y el Siervo
sufriente (4: 17-19), que fue contado con los inicuos (22:37).
4) Jesús es el Señor exaltado. Lucas se refiere a Jesús como “Señor” dieciocho veces en
su Evangelio (cincuenta veces en los Hechos). Aunque el título adquiere una nueva
significación tras la resurrección (Hch. 2: 36), destaca la persona divina de Jesus aun
durante su ministerio terrenal.
5) Jesús es el amigo de los desheredados. Es clemente hacia los que la sociedad ha
rechazado y marginado: pecadores públicamente reconocidos, samaritanos, gentiles
y pobres. Su actitud hacia la mujer en una era patriarcal es también positiva y
sensible. Lucas incluye mucho material que subraya el compromiso y la simpatía de
Jesús hacia estos grupos.

Esquema del Evangelio:

1) Introduccion general:
Prologo.
Narración de la concepción.
Preparación del camino.

2) Misión de Jesús en Galilea:


Predicación y programa inaugural de Jesús.
Ministerio de Jesús: Obras y palabras.
Elección de los 12, bienaventuranzas, misericordia y curaciones.
Discípulos, discípulas y misiones. Transfiguración.

3) La subida a Jerusalén:
Seguimiento y misión. Oración y providencia.
Puerta angosta. Opción por los pobres y misericordia.
Gratuidad, peligro de las riquezas. Anuncio de la pasión.

16
4) Jerusalén:
Centurión: “Verdaderamente este hombre es justo”.
Mujeres camino al calvario.
Los romanos no son culpables de la muerte de Jesús. (23:34).
Última aparición: Ascensión de Jesús.

Otros Puntos Importantes

Los escritos de Lucas revelan destreza literaria, tanto en su estructura como en su


redacción. Puede componer periodos griegos de sabor clásico (1: 1-4), pero
generalmente escribe con sencillez y pureza de estilo y pinta fascinantes cuadros de
personas y circunstancias. Muestra simpatía, cultura, amor a la poesía y un interés de
médico en las aflicciones físicas. Incluye dieciocho parábolas que no se encuentran en
los otros Evangelios.

Destaca la pobreza y la riqueza en relación con la vida espiritual (6: 20-24).


Muchas de las parábolas tratan de asuntos financieros, y a un Juan el Bautista se nos
presenta predicando sobre los pecados al respecto (3: 13ss).

Las mujeres figuran con frecuencia en Lucas. Se mencionan trece que no aparecen
en los otros Evangelios. Son prominentes sobre todo en los relatos del nacimiento y de
la resureccion. Lucas conocía la degradación de la mujer y quiso hacer hincapié en la
actitud del Señor hacia ella (7: 11-17, 36-50; 8: 1-3; 8: 43-56; 13: 10-17). “María es llena
de gracia”; Izabel: “llena del Espiritu Santo”; Mujeres que aman mucho, son discípulas,
hijas de Abraham. Es el Evangelio de la fraternidad e igualdad entre hombres y mujeres.

Este Evangelio se dirige al griego culto como Teófilo. Lucas fue compañero de
Pablo, quien fundo la iglesia en el mundo helénico, y seguramente los dos vieron la
necesidad de un Evangelio con carácter cosmopolita y cierta pretensión literaria. Por eso
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contiene menos citas del Antiguo Testamento y menos referencias a la profecía; evita el
uso de palabras hebreas como rabino y amen.

Lucas se interesa en los niños. Solo él se refiere a la niñez de Juan y de Jesús. En


7:12; 8:42; y 9:38 menciona hijos (o hijas) únicos. Finalmente Lucas destaca más al
carácter repentino de la Segunda Venida que la cercanía del fin (17:20ss) y la
consecuente necesidad de la vigilancia (21: 34).

El Espiritu Santo en Acción

En Lucas, hay diecisiete referencias explicitas al Espiritu Santo que destacan su


actividad en la vida de Jesús y en el posterior ministerio de la Iglesia.

Primero, la acción del Espiritu Santo se ve en la vida de varias personas fieles,


vinculadas con el nacimiento de Juan el Bautista y Jesús (1:35, 41, 67; 2: 25-27), así
como en el hecho de que Juan cumplió su ministerio ungido por el Espiritu Santo (1:15).
El mismo Espiritu permitió a Jesús llevar a cabo su papel mesiánico.

Segundo, el Espiritu Santo puso a Jesús en condiciones de cumplir su ministerio:


el Mesías fue ungido por el Espiritu. En los capítulos 3 y 4 hay cinco referencias
explicitas al Espiritu, utilizada con fuerza creciente:
1) El Espiritu desciende sobre Jesús en forma de paloma (3:22).
2) Lleva a Jesús al desierto para ser tentado (4:1).
3) Después de su victoria sobre la tentación, Jesús retorna a Galilea bajo el poder del
mismo Espiritu (4:14).
4) En la sinagoga de Nazareth, Jesús lee el pasaje mesiánico: “el Espiritu del Señor
esta sobre mi…” (4:18; Is 61: 1-2), reclamando que en Él se había cumplido la
Escritura (4:21).

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5) Abundan las pruebas de su ministerio carismático (4: 31-44), y ello se mantiene
a lo largo de todo su ministerio de poder y compasión.

Tercero, el Espiritu Santo lleva a cabo el ministerio mesiánico a través de la


oración. En las coyunturas críticas de ese ministerio Jesús ora, antes, durante y después
del crucial suceso (3: 21; 6:12; 9:18; 28: 10, 21). El mismo Espiritu Santo que actuó
efectivamente a través de la oración de Jesús, infundirá poder a las oraciones de los
discípulos (18: 1-8), y vinculara el ministerio mesiánico de Jesús al poderoso ministerio
de ellos a través de la Iglesia (24: 48, 49).

Cuarto, el Espiritu Santo impregna de gozo tanto a Jesús como a la nueva


comunidad cristiana. Las cinco palabras griegas que denotan gozo y júbilo se usan dos
veces más a menudo en Lucas que en Mateo o Marcos. Cuando los discípulos regresan
llenos de gozo de su misión (10:17): “En aquella misma hora Jesús se regocijo en el
Espiritu, y dijo…” (10:21). Cuando los discípulos esperaban el Espiritu prometido
(24:49), “después de haberlo adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo; y estaban
siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios” (24: 52, 53).

A través de este Evangelio, Lucas presenta a Jesús como Salvador de todo el


mundo. Ello es así desde la canción de Simeón sobre Jesús como “una luz… a los
gentiles” (2:32), hasta las instrucciones finales del Señor resucitado a sus discípulos, en
las cuales les dijo que “se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de
pecados en todas las naciones” (24: 47). Lucas hace énfasis en el hecho de que el
Evangelio no solo es para judíos, sino para todos los pueblos: griegos, romanos,
samaritanos y todos los demás, sin atender a su raza o condición social. No solo es para
hombres, sino también para mujeres, incluyendo a las viudas y a las prostitutas, asi como
para los que son socialmente prominentes. No solo es para hombres libres, sino también
para esclavos y todos los desheredados por la sociedad: los más pobres, los que no
pueden valerse por ellos mismos, el ladrón crucificado, el pecador rechazado, el
despreciado cobrador de impuestos.
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