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Trabajo Práctico Penal (Latam) Yulaska Oropeza Y. Sumativa 1

El documento aborda la Teoría General del Delito en el derecho penal, analizando las contribuciones de cinco autores clave que han influido en su desarrollo. Se discuten conceptos como la tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad, así como la validez formal y real de las normas jurídicas según Kelsen y Ross. La conclusión resalta la importancia de entender el derecho penal no solo desde una perspectiva técnica, sino también social y ética, para una aplicación justa y equitativa.
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Trabajo Práctico Penal (Latam) Yulaska Oropeza Y. Sumativa 1

El documento aborda la Teoría General del Delito en el derecho penal, analizando las contribuciones de cinco autores clave que han influido en su desarrollo. Se discuten conceptos como la tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad, así como la validez formal y real de las normas jurídicas según Kelsen y Ross. La conclusión resalta la importancia de entender el derecho penal no solo desde una perspectiva técnica, sino también social y ética, para una aplicación justa y equitativa.
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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

UNIVERSIDAD BICENTENARIA DE ARAGUA


VICERRECTORADO ACADÉMICO
FACULTAD DE CIENCIAS JURÍDICAS Y POLÍTICAS
ESCUELA DE DERECHO
SAN JOAQUÍN DE TURMERO - ESTADO ARAGUA

LA DOCTRINA DEL DERECHO PENAL PARA EL DELITO Y LOS


ELEMENTOS ESENCIALES DEL DELITO PARA LA IDENTIFICACIÓN DE
CONDUCTAS LEGÍTIMAS, IMPUTABILIDAD Y CULPABILIDAD

TRABAJO PRÁCTICO

AUTORA: OROPEZA YULAZKA


TUTORA: ZERPA DARCY

San Joaquín de Turmero, junio, 2024


TRABAJO PRÁCTICO

1. Especificación de la doctrina de la Teoría General del


Delito, en el derecho penal haciendo mención de las concepciones
teóricas de al menos de 5 autores como mínimo.
A continuación, se toma el contenido de Peña y Almanza (2017: 19),
sobre la teoría del delito, considerando para el análisis los cinco (5) autores
que, en su oportunidad incorporaron sus posiciones a la teoría general del
delito, de la siguiente manera:

Para Peña y Almanza, la teoría del delito se trata de un sistema de


hipótesis que exponen, a partir de una determinada tendencia dogmática,
cuáles son los elementos que hacen posible o no la aplicación de una
consecuencia jurídico-penal a una acción humana. Este estudio se
fundamenta en la dogmática, que se refiere a la interpretación sistemática y
coherente del dogma, en este caso, la ley penal, que es la única fuente
obligatoria en el derecho penal.

Se inicia el estudio con las posiciones de Franz von Liszt, Ernst von
Beling, son dos (2) autores referenciales de dicha teoría, cuyas teorías se
caracterizan por concebir la acción en términos físicos o naturalísticos,
integrando un movimiento corporal y el resultado de una modificación en el
mundo exterior, unidos por un nexo causal. Distingue entre las fases interna
(ideación, deliberación, resolución) y externa (exteriorización, preparación,
ejecución) del delito, así como entre elementos objetivos (tipicidad y
antijuridicidad) y subjetivos (culpabilidad) del delito.

Ambos, proponen su presupuesto metodológico, que durante el siglo


XIX, bajo la influencia del positivismo, la ciencia penal alemana se centró en
el derecho positivo y adoptó un enfoque mecanicista en el estudio del delito.
Esto llevó a considerar el delito como un ente jurídico relativo a un hecho
natural, analizado con métodos propios de las ciencias naturales, excluyendo
valoraciones subjetivas. La teoría de Binding, Enfatiza la “teoría de las
normas”, diferenciando el principio penal del principio jurídico y destacando la
importancia de caracterizar la acción punible conforme a la ley.

El concepto de delito de Beling, evoluciona el concepto de delito


separándolo de la conminación con pena, definiéndolo como una acción
típica, antijurídica y culpable, que debe cumplir condiciones objetivas de
penalidad. Mientras que, la tesis de von Liszt, considera la acción como el
eje del delito, distinguiendo entre tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad.
Defiende que la pena solo puede ser justificada si tiene un fin, proponiendo
como objetivos la corrección, la intimidación y la inocuización del delincuente.

El segundo autor, es Edmund Mezger, se aparta del formalismo del


causalismo clásico, introduciendo una perspectiva axiológica que incorpora el
elemento humano de la voluntad en la acción. Postula la existencia de
elementos normativos y subjetivos en el tipo delictivo, considerando la
antijuridicidad no solo como una oposición formal a la norma jurídica, sino
también en función del daño causado a la sociedad.

El tercer aporte nace con Welzel que, se desarrolla desde principios de


los años treinta, caracterizando la acción como una actividad final humana,
no causal. La finalidad consiste en una sobre determinación de la causalidad
por la voluntad, dirigiendo el curso causal hacia un objetivo propuesto por la
voluntad. Aquí se devisa la acción como actividad final, es decir, “La acción
es siempre una finalidad determinada de actuar conscientemente en función
de un resultado propuesto voluntariamente”.
Denotando elementos subjetivos del tipo: El dolo y la culpa se ubican en
el tipo, ya que la acción, al ser algo final, debe prever acciones con finalidad.
Aunado a las distinciones en la antijuridicidad: Diferencia entre el aspecto
formal (oposición a la norma) y el material (lesión o puesta en peligro del bien
jurídico). Se trata de una teoría del finalismo que, proporciona una visión
integral del delito, considerando tanto los aspectos objetivos como subjetivos
y normativos en el análisis del comportamiento delictivo.

El quinto y último, se ubica Frank que redefine la culpabilidad como


reprochabilidad, afirmando que “un comportamiento puede imputarse a
alguien como culpable cuando puede reprochársele haberlo cometido”. Esta
redefinición introduce una valoración tanto moral como psicológica más
profunda, que incluye la imputabilidad, el dolo y la culpa en la teoría. La
redefinición de Frank es un paso adelante en la comprensión de la
culpabilidad, aportando una dimensión ética- psicológica esencial para la
justicia penal. No obstante, esta ampliación del concepto puede complicar la
determinación de la culpabilidad en casos donde la evaluación de la
intencionalidad y la capacidad psicológica del agente es compleja,
demandando una mayor precisión en los criterios y métodos de evaluación.

La evolución de la Teoría del Delito refleja un esfuerzo continuo por


captar la complejidad de la conducta humana en el ámbito del derecho penal.
Desde la rigidez estructural de la Teoría Clásica, pasando por la subjetividad
del Finalismo y el equilibrio del Funcionalismo, hasta la interdependencia
propuesta por Mezger y la profundidad ética de Frank, cada teoría aporta
valiosos elementos que enriquecen la dogmática penal. Sin embargo, el
desafío reside en armonizar estos enfoques para lograr una aplicación del
derecho penal que sea técnica, justa y comprensiva de la diversidad de
situaciones delictivas contemporáneas.
2. Análisis reflexivo sobre la validez formal, real o intrínseca
de las normas jurídicas de 2 autores.
Los 2 autores que darán respuestas a la presente interrogante, son
extraídos de Segura (2018: 315), ambos estudiaron la validez de la norma,
de la siguiente manera:
Kelsen refiere a la validez formal así “La validez de una norma jurídica
no puede ser meramente una cuestión de contenido, sino que está
íntimamente ligada al procedimiento mediante el cual la norma ha sido
creada y su conexión con una norma superior en un sistema jerárquico de
normas”. En el pensamiento de Kelsen, la validez de una norma se
fundamenta en la estructura jerárquica del sistema normativo, donde cada
norma deriva su validez de una norma superior, culminando en la Grundnorm
o norma fundamental.

Esta validez formal es esencialmente procedimental, asegurando que la


creación de normas sigue un proceso establecido que garantiza su
coherencia y legalidad dentro del sistema jurídico. Críticamente, esta
perspectiva enfatiza la importancia del orden, de la sistematización en el
derecho, permitiendo una mayor previsibilidad con ello una estabilidad en la
aplicación de las normas. Pero, también puede ser visto como limitante, al
priorizar el procedimiento sobre el contenido y las circunstancias
contextuales de la norma, lo que podría llevar a situaciones donde normas
formalmente válidas sean sustancialmente injustas o inaplicables en la
práctica.

Kelsen estudia o desglosa la validez real, señalando que “La validez de


las normas jurídicas no puede ser entendida únicamente en términos de
eficacia o aceptación social, ya que su existencia depende de un
reconocimiento formal dentro del sistema normativo”. Distingue claramente
entre validez y eficacia, argumentando que una norma puede ser válida
incluso antes de ser aplicada o efectivamente observada. La validez real, en
este sentido, no se confunde con la eficacia, sino que se fundamenta en la
estructura normativa y la creación formal de la norma. Esta separación
conceptual permite mantener la pureza del derecho, preservando su carácter
normativo independiente de las realidades fácticas. Pero, esta separación
puede ser vista como demasiado abstracta, desestimando la relevancia de la
implementación y aceptación social de las normas.

Por su parte, Ross alude a la validez formal como “La validez de una
norma jurídica se determina por su aceptación y aplicación efectiva por parte
de los tribunales y la sociedad”. Sostiene que la validez de una norma no
puede ser separada de su eficacia práctica. Para él, la validez formal debe
ser entendida en términos de cómo las normas son aceptadas y aplicadas
por los actores jurídicos y la sociedad. Esto implica una visión más
pragmática y realista del derecho, donde la efectividad y la aceptación social
son fundamentales para la legitimidad de las normas. Sin embargo, esta
perspectiva puede ser criticada por potencialmente permitir que normas
injustas o arbitrarias se consideren válidas simplemente porque son efectivas
o aceptadas, sin un escrutinio adecuado de su justicia intrínseca.

Toda vez que, validez real según Ross es "Una norma es válida si y
solo si es observada en la práctica y aplicada consistentemente por los
tribunales y las autoridades jurídicas”. Es decir, enfatiza que la validez real de
las normas jurídicas está intrínsecamente vinculada a su observancia y
aplicación en la realidad social. Esta perspectiva resalta la importancia de la
implementación y la efectividad de las normas como criterios esenciales para
su validez. Críticamente, aunque esta visión proporciona un enfoque más
tangible y práctico de la validez jurídica, también puede ser limitada en su
capacidad para abordar situaciones donde las normas son aplicadas de
manera inconsistente o donde la aceptación social es insuficiente para
justificar su legitimidad.

3. Eficacia de los elementos esenciales del delito para la


identificación de conductas legítimas, imputabilidad y culpabilidad.
Segura (2018: 326) define la acción típica como aquella que se ajusta a
los elementos establecidos en el tipo penal correspondiente. Esto implica que
la conducta debe estar claramente descrita y delimitada por la ley para poder
ser considerada como delito. Por otra parte, Peña y Almanza (2017: 31), para
que una conducta sea punible, además de ser típica, debe ser antijurídica y
culpable. Es decir, no basta con que la conducta sea contraria al
ordenamiento jurídico; debe además cumplir con los requisitos específicos
del tipo penal y ser realizada con culpabilidad.

Un ejemplo clarificador es el delito de bigamia, regulado en el Código


Penal, donde se establece que se sancionará "al que se encuentre unido con
una persona en matrimonio no disuelto ni declarado nulo, y contraiga otro
matrimonio". Si una mujer X casada con el sujeto Y sospecha que su marido
le es infiel con una mujer Z, pero él no se ha casado con esta última, no
podría denunciar a su marido por bigamia, ya que en ese caso concreto falta
el presupuesto del hecho: el antecedente jurídico de que el sujeto Y contrajo
un matrimonio posterior con la mujer Z (respaldado por Tribunal Supremo de
Justicia, en señalamientos de Segura).

El Tribunal Supremo de Justicia enfatiza que “la antijuridicidad debe ser


especial y típicamente antijurídica para que una conducta sea punible”, en
conclusión, los elementos esenciales del delito según Segura y Peña y
Almanza son fundamentales para determinar si una conducta puede ser
considerada como delito bajo el derecho positivo.
DEDUCCIÓN FINAL

Para concluir este análisis exhaustivo sobre la Teoría General del Delito
y la validez de las normas jurídicas, es fundamental destacar la riqueza
teórica de las distintas perspectivas aportadas por los autores estudiados. La
Teoría General del Delito, como sistema de hipótesis dogmáticas, según
Peña y Almanza, permite comprender los elementos esenciales que
determinan la aplicación de consecuencias jurídico-penales a una conducta
humana. Este enfoque dogmático se apoya en la interpretación sistemática y
coherente del derecho penal, siendo la ley penal la fuente obligatoria que
guía su aplicación.

Desde las concepciones clásicas hasta las más contemporáneas, la


teoría ha evolucionado significativamente. Autores como Franz von Liszt y
Ernst von Beling, con sus enfoques naturalistas y mecanicistas, establecieron
las bases para entender la acción delictiva como un fenómeno causalmente
vinculado, distinguiendo entre fases tanto internas como externas del delito.
La teoría de Binding, en contraste, enfatizó la importancia de la norma
conjuntamente con su correcta aplicación en el derecho penal, diferenciando
entre el principio penal, el principio jurídico, enalteciendo la necesidad de
caracterizar las acciones punibles conforme a la ley.

Edmund Mezger introdujo una perspectiva axiológica, superando el


formalismo del causalismo clásico al incorporar la voluntad humana en la
acción delictiva, considerando tanto la oposición formal a la norma como el
daño causado a la sociedad como aspectos relevantes de la antijuridicidad.
Por otro lado, Welzel desarrolló la teoría del finalismo, definiendo la acción
como una actividad final humana dirigida conscientemente hacia un resultado
propuesto voluntariamente.
Finalmente, la contribución de Hans Frank redefinió la culpabilidad
como reprochabilidad moral y psicológica, ampliando la perspectiva ética en
la teoría del delito. En cuanto a la validez de las normas jurídicas, Kelsen,
con su enfoque formalista, vinculó la validez de una norma a su estructura
jerárquica dentro del sistema normativo, destacando la importancia del
procedimiento y la coherencia en la creación de normas. Por su parte, Ross
introdujo una visión más pragmática, argumentando que la validez de una
norma no solo depende de su estructura formal, sino también de su
aceptación y aplicación efectiva en la sociedad.

En conclusión, la Teoría General del Delito y la reflexión sobre la validez


de las normas jurídicas nos muestran que el derecho penal es un campo
complejo y dinámico, en constante evolución para adaptarse a las
necesidades y valores cambiantes de la sociedad. Para los estudiantes de la
Universidad Bolivariana de Argentina, este estudio profundo de las teorías
del delito y de la validez normativa no solo proporciona una base sólida de
conocimientos académicos, sino que también fomenta una comprensión
crítica y reflexiva del sistema legal.

Es crucial que los futuros juristas comprendan no solo los elementos


técnicos y formales del derecho penal, sino también su impacto social y ético.
La capacidad de aplicar estos conocimientos de manera justa y equitativa es
fundamental para la efectividad y legitimidad del sistema jurídico en la
protección de los derechos y la promoción de la justicia. Por lo tanto, se
recomienda a los estudiantes de la UBA no solo estudiar las teorías y
principios del derecho penal, sino también cuestionarlos y debatir sobre su
aplicación práctica en contextos diversos y cambiantes.
REFERENCIAS

Segura, E. (2018). Fundamentos del Derecho Penal Venezolano, casos


prácticos. México: Revista Jurídica.

Peña, J. y Almanza, R. (2017). Teoría General del Delito: Fundamentos y


Aplicaciones. Venezuela: Panapo.

Universidad Bicentenaria de Aragua (2021). Manual para la Elaboración,


Presentación y Evaluación del Trabajo de Grado. Maracay: UBA.

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