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La Sociedad Disciplinaria y La Sociedad de Control (Foucault y Deleuze)

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Colegio Jesús de Nazareth - 6° año - Trabajo y Ciudadanía

Profesora: Romina Constantin - Alumno/a: ________________________________

La sociedad disciplinaria desde el punto de vista foucaultiano


La cuestión del poder, ya sea con el objetivo de mantener el orden social o bien de provocar
cambios sociales, se ha tratado desde el punto de vista político y económico. Hasta la década de
1960, las teorías sobre el poder se centraban en el poder del Gobierno o del Estado sobre los
ciudadanos, o desde una perspectiva marxista, en la lucha de clases entre la burguesía y el
proletariado. Todas estas teorías analizan el poder desde una escala macroscópica, sin considerar las
capas inferiores de la sociedad.
Para Michel Foucault1, estos enfoques son simplistas. En las sociedades occidentales, el poder no
lo ejercen únicamente el Estado o los capitalistas, sino también los individuos y el conjunto de la
sociedad. Para Foucault, el poder no lo ejerce sólo un nivel social sobre otro, sino que está presente
en todos los niveles de la sociedad. El poder no es algo que se posee sino que se expresa en actos;
no es una cosa sino una relación. Las relaciones de poder implican un sistema de ideas, lo cual hace
posible que exista la resistencia. “Donde hay poder, hay resistencia”.
Foucault situó a la sociedad disciplinaria en Europa entre los siglos XVIII y principios del XX.
La disciplina se convierte así en la forma más difundida de dominación. Por supuesto, la
dominación no es nueva (en las sociedades esclavistas, por ejemplo, la dominación se ejercía por
medio de la apropiación del cuerpo del esclavo por parte del amo).
En la sociedad disciplinaria, el comando social se construye a través de aparatos que producen y
regulan costumbres, hábitos y prácticas productivas. La puesta en marcha de esta sociedad,
asegurando la obediencia a sus reglas y a sus mecanismos de inclusión y/o exclusión, es lograda por
medio de instituciones disciplinarias: la familia, la escuela, el ejército, la fábrica, el hospital, la
prisión, el manicomio, que estructuran el terreno social y presentan lógicas adecuadas a la “razón”
de la disciplina. El poder disciplinario estructura los parámetros y límites del pensamiento y la
práctica, sancionando y prescribiendo los comportamientos normales y/o desviados. El individuo no
deja de pasar de un lugar cerrado a otro, cada uno con sus propias leyes.
El poder disciplinario es un poder que, en lugar de sacar y retirar, tiene como función principal
“enderezar conductas”. La disciplina fabrica cuerpos sometidos y ejercitados, cuerpos "dóciles";
aumenta las fuerzas del cuerpo (en términos de utilidad) y disminuye esas fuerzas (en términos
políticos a través de la obediencia).
Estos cuerpos dóciles son susceptibles de sufrir modificaciones a través de tres operaciones:
a. La vigilancia continua y personalizada,

1
Michel Foucault (1926-1984) fue un filósofo, historiador, sociólogo y psicólogo francés. Es reconocido por sus estudios
críticos de las instituciones sociales, en especial, la psiquiatría, la medicina, las ciencias humanas, el sistema de prisiones,
así como por su trabajo sobre la historia de la sexualidad humana.

1
b. Mecanismos de control de castigos y recompensas,
c. La corrección, como forma de modificación y transformación de acuerdo a normas prefijadas.
​ La vigilancia desempeña un rol destacado, ya que no se ejerce al nivel de lo que se hace sino de lo
que se es capaz de hacer. Foucault habla de la arquitectura de la vigilancia “que haga posible que
una única mirada pueda recorrer el mayor número de rostros, cuerpos, actitudes”. La tarea principal
que le compete a la vigilancia es “vigilar a los individuos antes de que la infracción sea cometida”;
por eso se simboliza con un ojo siempre abierto.
Para explicar esto, Foucault recurre a la
metáfora del Panóptico (elaborada por
Jeremías Bentham) → el panóptico era un
sitio en forma de anillo en medio del cual
había un patio con una torre en el centro.
El anillo estaba dividido en pequeñas
celdas que daban al interior y al exterior y
en cada una de las celdas había, según los
objetivos de la institución, un niño aprendiendo a escribir, un obrero trabajando, un preso, etc. En la
torre central había un vigilante y como cada celda daba tanto al exterior como al interior, la mirada
del vigilante podía atravesar toda la celda.
​ El Panoptismo se corporiza en la realidad de las diferentes instituciones. Foucault detalla “quisiera
mostrar cómo es que existe este panoptismo al nivel más simple y en funcionamiento cotidiano de
las instituciones que encuadran la vida y los cuerpos de los individuos: el panoptismo, por lo tanto,
al nivel de la existencia individual” (Foucault, 1978).
​ Así, el individuo pertenece a un grupo y el grupo se desenvuelve en las distintas instituciones que
conforman la sociedad disciplinaria. Tales instituciones son para Foucault estructuras de vigilancia
y todas tienen un fin común: fijar o vincular a los individuos a un aparato de normalización de los
hombres; y un efecto común: la exclusión del individuo.
​ Las instituciones deben ser definidas como una red institucional de secuestro que rigen la
dimensión temporal de la vida de los individuos y su existencia. Sus funciones se centran en el
control del tiempo, basado en la apropiación y explotación de la cantidad del mismo, y en el control
del cuerpo, basado en un sistema determinado encargado de formarlo y valorizarlo. En este sentido,
Foucault afirma que en esta sociedad "el cuerpo adquiere una significación diferente y deja de ser
aquello que debe ser atormentado para convertirse en algo que ha de ser formado, reformado,
corregido, un cuerpo que debe adquirir aptitudes, cualidades y calificarse como cuerpo capaz de
trabajar". Es importante destacar que, más allá de que todas las instituciones que conforman esta red

2
son especializadas, el funcionamiento de cada una "supone una disciplina general de la existencia
que supera ampliamente las finalidades para las que fueron creadas" (Foucault,1978).
​ Este entramado institucional pretende separar lo normal de lo patológico (al instruido del
ignorante, al trabajador del vago, al buen ciudadano del delincuente). El poder actúa como
normalizador, dictando una norma institucional a la que deben adaptarse los individuos para no ser
excluidos. Para mostrar el parecido entre estas instituciones es que Focault recurrió al Panóptico.
​ Por ejemplo, la escuela cumpliría una doble función: por una parte, encuadraba a los futuros
trabajadores dentro de instituciones en las que su cuerpo era disciplinado y habituado a las reglas y
horarios del trabajo fabril. Por otra parte, la escuela también cumplía con el imperativo de formar
los ciudadanos que la nueva sociedad capitalista moderna requería.
El poder disciplinario de los tiempos modernos inaugura un castigo silencioso que opera con la
finalidad de producir cuerpos domesticados. El pasaje del castigo del Antiguo Régimen al del orden
burgués no constituye un sistema más humanitario sino una tecnología acorde a los nuevos
requerimientos; una justicia capilar que penetrará en los últimos resquicios del cuerpo social. Lo
que se perfila es más una tendencia a una justicia más sútil y fina, que un respeto nuevo a la
humanidad de los condenados.
El proceso de ordenamiento de las sociedades llevó a la reforma y la reorganización del sistema
judicial y penal que instauró el pasaje de la indagación (procedimiento por el que se trataba de saber
lo ocurrido), por uno distinto. “No se trata de reconstruir un acontecimiento sino de vigilar sin
interrupción y totalmente”. En el seno de estas mutaciones aparecerá la prisión sustituyendo otras
formas de castigo; tales como la deportación (expulsión de personas, exilio), los mecanismos para
provocar escándalos, vergüenza y humillación, el trabajo forzado (como forma de reparación del
orden social) y la pena del Talión.
La prisión tiene como función impedir que el delito se repita y de bloquear la reincidencia de los
delincuentes mediante el objetivo de corregir al penado. El éxito de la prisión no se instala en estos
objetivos explícitos sino en la puesta en marcha de una tecnología eficaz de poder, las disciplinas:
conjunto de técnicas de control corporal que apuntan a reducir la fuerza del cuerpo en tanto fuerza
política y maximizarla en tanto fuerza económica.
De allí en más, un espacio analítico, celular y aun colmenar permitirá, dentro de una sociedad
compleja y confusa, ubicar, clasificar y, por fin, vigilar y castigar. Es decir, la disciplina produce
“individuos” y hace de esta producción individualizante un método de dominación.
La sociedad de control de Deleuze

3
​ Para Gilles Deleuze2, el advenimiento de nuevas tecnologías habilita una sociedad de control a
cielo abierto. La sociedad de control se ubica a partir de 1950, donde los comandos de control
social se vuelven más flexibles y democráticos. El poder ya no precisa de una amplia red de
instituciones para controlar a los individuos sino que se absolutiza a la vez que se vuelve invisible.
En su perspectiva, la crisis de las instituciones tradicionales (escuela, fábrica…) tendría que ver con
su carácter obsoleto. Además, son complejas y costosas, cuando los individuos pueden estar
controlados de maneras más sencillas y económicas. El auge de la educación a distancia y el
teletrabajo son una prueba de ello. Por su parte, el hospital ya no se considera una casa de salud que
garantice el tratamiento a través de la internación. Hoy proliferan las asistencias médicas
domiciliarias o también los llamados “hospitales de día”, multiplicados en los casos de las
instituciones psiquiátricas. En la prisión también se ha modificado el sistema de vigilancia.
​ Las instituciones que se encuentran a la vanguardia entienden que la formación para un nuevo tipo
de capitalismo tiene que ver con la sociedad de la información y con la idea de educar para que los
individuos adquieran las capacidades para moverse en contextos cambiantes de forma flexible.
​ Podríamos decir que el interés de control y dominio por el cual producen conocimiento aplicable
tecnológicamente las sociedades avanzadas continúa sirviendo a los agentes de poder dentro de la
sociedad. Esta vez lo hace de una forma más impersonal e invisible, sin requerir sitios para
disciplinar: el vigilante que veía sin ser visto ahora es ilocalizable, difícil de identificar, capaz de
infiltrarse y llegar al espacio más íntimo y privado. Toda la información requerida sobre los
individuos es fácilmente accesible y procesable a través de las nuevas tecnologías de control. La
invisibilidad aumenta el poder de control sobre las sociedades avanzadas y democráticas.
​ Si en las sociedades disciplinarias el individuo dócil va pasando por los distintos espacios cerrados
(de la escuela a la fábrica) donde “siempre hay que volver a empezar”, en las sociedades de control
el individuo autogobernado nunca termina nada. La sociedad de control, se encuentra conformada
por la triada control-monitoreo-regulación, donde nos encontramos controlados día y noche.

2
Gilles Deleuze (1925-1995) fue un filósofo francés.

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