Paisaje Mito Suroeste Borrador Diciembre 5 de 2023
Paisaje Mito Suroeste Borrador Diciembre 5 de 2023
1. Introducción
sentido de orden y de pertenencia de un grupo humano que tiene como trasfondo una realidad
1
Profesora vinculada del Departamento de Antropología de la Universidad de Antioquia. Integrante del Grupo
de Investigación en Arqueología y Patrimonio Regional GRAPA. Contacto: [email protected].
2
Profesor de cátedra del Departamento de Antropología de la Universidad de Antioquia. Investigador
Independiente. Contacto: [email protected].
3
Egresada del programa de Antropología de la Universidad de Antioquia. Investigadora del Prouecto
INNORES, Universidad de Viena. Contacto: [email protected].
4
Alba Nelly Gómez, «Hacia una arqueología del paisaje en Colombia: reflexiones necesarias», Boletín de
Antropología 25, no. 42 (2011): 231-254.
5
Felipe Criado Boado, «Construcción social del espacio y reconstrucción arqueológica del paisaje», Boletín de
Antropología Americana 24 (1991): 5-29; «Del terreno al espacio: planteamientos y perspectivas para la
arqueología del paisaje», Cadernos de Arqueoloxía e Patrimonio (CAPA) 6 (1999): 1-82; Arqueológicas. La
razón perdida. La construcción de la inteligencia arqueológica (Barcelona: Bellaterra, 2012).
1
física y un «sistema de referencia», que es el pensamiento mítico, esto es, aquello que se da
El nivel mítico se encuentra en el nivel más abstracto del paisaje cultural. Para acceder a este
entorno físico para el asentamiento humano. Luego se establece qué tendencias se pueden
identificar en los hallazgos arqueológicos: dónde se ubican las tumbas, áreas de vivienda o
de actividad como fogones, desechos de cerámica o de líticos, o cómo son las decoraciones
y formas de las vasijas, rocas pintadas o labradas (el «arte rupestre»), entre otros. El registro
una hipótesis reciente acerca de los vínculos entre cierta iconografía y el liderazgo político.
6
Guillermo Páramo, «Lógica de los mitos: lógica paraconsistente. Una alternativa en la discusión sobre la
lógica del mito», Ideas y Valores 79 (1989): 27-67; «Geometría y consistencia lógica en las cosmografías tucano
del Vaupés. Un legado de Lobachevsky para el estudio del mito», en Lengua y Cultura en Colombia en el
espacio de la civilización latinoamericana (Moscú: Rossijskij Universitet Družby Narodov, 2015), 5-57.
7
Criado Boado, «Construcción social del espacio»; Gómez, «Hacia una arqueología».
2
La subregión del suroccidente del departamento de Antioquia se ubica entre la vertiente
sobresalen los cañones de los ríos Cauca, Penderisco, San Juan y Sinifaná, los cuales se
destacan por ser muy profundos y estrechos, característica que permite que en la subregión
se presenten diferentes pisos térmicos, ubicados entre los 500 y los 4080 msnm, esta última
altos picos de montañas, con centro en los cuerpos de forma cónica (que podrían ser antiguos
cuellos volcánicos), tales como los Farallones de La Pintada, los Farallones del Citará y
varios cerros como Tusa, Bravo, entre otros. La zona está conformada administrativamente
3
La cordillera Occidental, en su flanco oeste, presenta bajas pendientes, mientras al este es de
alta pendiente, lo que genera cuencas estrechas y profundas con movimientos rápidos en sus
aguas, que llegan a tener, dado su torrente, un alto poder erosivo8. El flanco occidental de la
cordillera Central presenta pendientes un poco más bajas que la cordillera Occidental, con
En las sociedades prehispánicas, así como en las no occidentales, la comprensión del paisaje
supone la vinculación integral de la figura del chamán. Superando la frecuente asociación del
chamán como un individuo que entra en estados de éxtasis, se comprende su saber como las
Lo anterior se ilustra con un estudio de Luis Guillermo Vasco sobre la cerámica y la cestería
embera y su relación con la mitología10. Los embera se asumen como hijos del maíz, planta
8
Jaime Norberto Guarín y Juan Carlos Agudelo, «Generalidades fisiográficas y geológicas del municipio», en
Jericó. Herencia y paisaje prehispánico del suroeste de Antioquia, eds. Alba Nelly Gómez y Santiago Ortiz
(Medellín: Universidad de Antioquia, Instituto para el Desarrollo de Antioquia-IDEA, Municipio de Jericó,
2012), 47-57.
9
Luis Guillermo Vasco, «Los chamanes jaguares de San Agustín. Génesis de un pensamiento mitopoético»,
Boletín del Museo del Oro 34 (1995): 189-192; Mariko Namba, «Introduction» a Shamanism. An Encyclopedia
of World Belifes, Practices and Culture, eds. M. Namba y E. Neimann (Santa Bárbara: ABC-CLIO, 2004), xv-
xxviii; Guillermo Páramo, «La lógica paraconsistente y el rito chamánico», en Chamanismo. El otro hombre,
la otra selva, el otro mundo. Entrevistas a especialistas sobre la magia y la filosofía amerindia, eds. A. James
y D. Jiménez (Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología, 2004), 11-38; Fernando Urbina, «Chamanismo
y pensamiento abyayalense», en Chamanismo. El otro hombre, la otra selva, el otro mundo. Entrevistas a
especialistas sobre la magia y la filosofía amerindia, eds. A. James y D. Jiménez (Bogotá: Instituto Colombiano
de Antropología, 2004), 83-124; Roberto Martínez, «El chamanismo y la corporalización del chamán:
argumentos para la deconstrucción de una falsa categoría antropológica», Cuicuilco 46 (2009): 197-220.
10
Luis Guillermo Vasco, Semejantes a los dioses. Cerámica y cestería embera-chamí (Bogotá: Universidad
Nacional de Colombia, 1987).
4
que se transforma en harina y chicha, especialmente en unas vasijas (chokó) con riqueza
produce la vida (el maíz transformado en alimento), reiterando el vínculo entre el mito de
origen, el producto que sirve de alimento, el tratamiento especial del mismo en una vasija
decorada, la asimilación de la vasija que fermenta y los creadores del mundo. Dichos
creadores habitan un mundo subterráneo, al que tiene acceso el jaibaná, especialista en curar
los desbalances entre el mundo terrenal y el de origen. En este caso, el «sistema de referencia»
es el que subyace a la mitología embera, según el cual ellos son «hijos del maíz». En el
modelo occidental, la «biologización» del cuerpo humano y las plantas hace impensable que
un humano descienda de una planta, porque no se considera como una posibilidad en ningún
embera, el humano es parte de la naturaleza, y es posible y verosímil «ser hijos del maíz»12.
animales y ubicación de las viviendas (en colinas o cerca de corrientes de agua) supone
nivel simbólico del paisaje cultural, donde está el pensamiento mítico, y se manifiestan de
11
Páramo, «Lógica de los mitos»; «La cerbatana de Wma Watu y el espejo de Poincare», en El trabajo filosófico
de hoy en el continente, ed. C. B. Gutiérrez (Bogotá: Universidad de los Andes, 1996), 547-566; «Tradición
oral, fantasía y verosimilitud», en Las voces del tiempo: oralidad y cultura popular, una aproximación teórica,
ed. F. Silva (Bogotá: Editores y Autores Asociados, 1997), 13-27; Páramo 2003
12
Luis Guillermo Vasco, «Materia, conciencia y energía entre los embera», en Chamanismo. El otro hombre,
la otra selva, el otro mundo. Entrevistas a especialistas sobre la magia y la filosofía amerindia, eds. A. James
y D. Jiménez (Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología, 2004), 151-179.
13
Umberto Eco, De los espejos y otros ensayos (Barcelona: Lumen, 2000), 353-355.
5
ejemplo, ubicar la ruta más corta entre dos puntos en una llanura, una montaña o una ribera),
sino de que tales acciones o costumbres suponen una forma de convivir con el espacio;
No es que haya una versión correcta del mito, un «texto» (en la iconografía orfebre o en
petroglifos, por ejemplo) canónico que represente el «mito original», sino que esa serie de
animales). De ello se sigue que existan relaciones posibles entre esas propiedades,
sancionadas por el mito como deseables: qué es parte o no del territorio, del ciclo de la vida
de las plantas o animales, del adentro o afuera de los cuerpos humanos o animales.
presentes en la orfebrería daban cuenta del vínculo entre divinidades y la élite, lo que
14
Carlo Emilio Piazzini, «Cambio social en la cuenca media del río Cauca, Colombia (3000-400 a. P.): una
aproximación desde las iconografías arqueológicas», en Boletín de Antropología 30, no. 50 (2015): 64, 84.
6
identificaría a partir de su parafernalia simbólica o ritual (p. ej., máscaras, adornos), y sería
fundamentaban el orden social ideal, aunque en su puesta en práctica tales valores no fueran
operativos o realmente guiaran la conducta social, dado que sumirlos supone cierto
orden social16. En sociedades de pequeña escala (bandas o tribus)17 se ha propuesto que sus
15
Gerardo Reichel-Dolmatoff, Orfebrería y chamanismo. Un estudio iconográfico del Museo del Oro.
(Medellín: Banco de la República, 1988); Héctor Llanos, Los chamanes jaguares de San Agustín. Génesis de
un pensamiento mito poético (Bogotá: edición del autor, 1995); Neil Price, «An archaeology of altered states:
Shamanism and material culture studies», en The Archaeology of Shamanism, ed. N. Price (Londres: Routledge,
2001), 3-16; Jean-Pierre Chaumeil, Roberto Pineda y Jean-Fracois Bouchard (eds.), Chamanismo y sacrificio.
Perspectivas arqueológicas y etnológicas en sociedades indígenas en América del Sur (Bogotá: Instituto
Francés de Estudios Andinos, Banco de la República, 2005); Roberto Pineda Camacho, «El laberinto de la
identidad. Símbolos de transformación y poder en la orfebrería prehispánica de Colombia», en Oro de
Colombia: chamanismo y orfebrería (Santiago de Chile: Museo Chileno de Arte Precolombino, 2005), 17-92;
José Rodríguez, «Cosmovisión, chamanismo y ritualidad en el mundo prehispánico de Colombia. Esplendor,
ocaso y renacimiento», Maguaré 25, no. 2 (2011): 145-195.
16
David Hawkes, Ideology (Londres: Routledge, 2003); Michael Freeden, «Ideology, Political Theory and
Political Philosophy», en Handbook of Political Theory, eds. G. Gaus y Ch. Kukathas (Londres: SAGE, 2004),
3-17.
17
Lewis Henry Morgan definió los estadios de salvajismo (donde se ubicarían las bandas), barbarie
(correspondiente a las tribus) y civilización (el nivel del Estado), para diferenciar cuándo el orden social estaba
más ligado a las relaciones de parentesco, y cuándo, históricamente, se subordinó el papel de las relaciones
sociales a imperativos de intercambio («economía») o poder institucionalizado («política»). En bandas y tribus
había diferencias y jerarquías, su presunta «igualdad» es un invento occidental moderno. Lo que cambia con el
surgimiento del Estado son los principios del orden social, y la autonomía de los grupos organizados en bandas
(hoy casi inexistentes) o tribus (buena parte de los grupos considerados etnias, lo son), al estar subordinados en
territorios sobre las que ejerce soberanía dicho Estado. Lewis Henry Morgan, La sociedad primitiva o
Investigaciones en las líneas del progreso humano desde el salvajismo hasta la civilización a través de la
barbarie (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1972); Luis Guillermo Vasco, Confesiones de amor y
de odio (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1997).
7
«ideologías» se expresan y son reforzadas o reiteradas en la tradición oral, los
utensilios domésticos o uso del espacio), hecho que resulta relevante para el interés por el
registro arqueológico18.
implica un mayor nivel de abstracción y no supone una «falsa conciencia» o deseo de ocultar
alguna «verdad» incuestionable, pues el orden mítico es, en sí mismo, lo dado por
mortalidad de los seres vivos o la inmortalidad en un plano espiritual, etc. Para la arqueología
del paisaje, es en ese nivel de abstracción que se disputan los sentidos que luego se expresan
en un orden espacial de los vivos (pautas de asentamiento), o de los muertos (entierros dentro
en piedra.
manera puntual, diferenciamos tres periodos para el Suroeste antioqueño. Para el presente
18
David Whitley, «Ideology and Social Theory. Introduction», en Reader in Archaeological Theory. Post-
processual and Cognitive Approaches, ed. D. Whitley (Londres: Routledge, 1988), 253-256.
19
Alejandra María Agudelo, Procesos de ocupación cultural y medio ambiente en el sitio «La Querida».
Corregimiento de Santa Rita, Andes, Antioquia (Manuscrito inédito, 2000); Silvia Botero, «Reseña
arqueológica, propuesta de periodización para el suroeste antioqueño», Boletín de Antropología 16, no. 33
(2002): 181-191; Alba Nelly Gómez, Uso del espacio en época prehispánica: análisis espacial de los
petroglifos en Támesis, Jericó y Pueblorrico (Antioquia) (Informe de año sabático, Universidad de Antioquia,
8
escrito retomamos alrededor de 500 datos obtenidos en diferentes procesos de investigación,
estudios arqueológicos e históricos en municipios que aún no cuentan con información básica
2016); Pablo Aristizábal, Diagnóstico arqueológico. Programa de arqueología preventiva. Parque Comfama
Suroeste (148 Ha). Municipios de Jericó y Támesis, Departamento de Antioquia (Informe de investigación,
Caja de Compensación Familiar de Antioquia, 2019).
9
Figura 2. Mapa de la densidad de registro arqueológico reportado e investigado, con
asociación temporal.
Se reconoce un periodo Formativo20 entre 6000 y 2000 años antes del presente, cuyas
evidencias materiales son mínimas (fragmentos de cerámica y líticos), sin que queden claros
20
Aquí se utiliza la noción de Formativo para efectos cronológicos y señalar un incipiente uso de prácticas
agrícolas. Pero no se la ve como un recurso explicativo con respecto a los cambios que se suceden después en
el periodo que llamamos Temprano.
10
los tipos de actividad a que corresponden. Se trataría de grupos organizados en clanes
adaptaron terrazas o colinas para la vivienda permanente, al menos para los sitios reportados
en los municipios de Andes, Jericó, Titiribí y Urrao21. Pudo haber cultivos incipientes
(mafafa, yuca, maíz) y recolección de frutas (guanábana, anón, aguacate, palmas), como en
cuenca del río Alicante, se pudieron consumir roedores como guagua, ñeque y ratones, o
animales de mayor tamaño como venados, mono araña, osos perezosos, armadillos y
murciélagos, reptiles y aves23. La forma más segura para establecer qué se consumía depende
del hallazgo de restos óseos de los pobladores de la época, pero a la fecha no se han
la frecuencia del consumo de diferentes grupos de planta (c3: frutos, nueces; c4: maíz), en
21
Por la antigüedad se dan las dataciones en años AP (antes del presente, estandarizado en 1950 d.C.). Se
reportan fragmentos de roca datados en 6190 AP y 5870 AP y fragmentos de cerámica en 3590 AP en Santa
Rita (Andes). Alejandra María Agudelo, Marco Fidel Hernández y Mauricio Obregón, «Vestigios de
ocupaciones entre el VI milenio a.C. y el siglo XVI d.C., en la cuenca media del río Santa Rita, municipio de
Andes, Antioquia», Boletín de Antropología 13, no. 30 (1999): 268. En La Magdalena (Jericó) se dataron
artefactos líticos en 5170 AP. Alba Nelly Gómez, «Arqueología en Jericó», en Jericó. Herencia y paisaje
prehispánico del suroeste de Antioquia, eds. Alba Nelly Gómez y Santiago Ortiz (Medellín: Universidad de
Antioquia, Instituto para el Desarrollo de Antioquia-IDEA, Municipio de Jericó, 2012), 31, 41. En Río Piedras
(Jericó) se registraron huellas de poste y un metate de 2800 AP aproximadamente (Jorge Yepes, Comunicación
personal, 2020). En El Pesetas (Urrao) se encontró un sitio de vivienda con cerámica datado en 2460 AP. Carlo
Emilio Piazzini y David Andrés Escobar, Territorios y memorias arqueológicas de Urrao y Frontino (Medellín:
Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, Universidad de Antioquia, Instituto de Estudios Regionales,
2014), 43. En Los Micos (Titiribí) se registró una terraza con cerámica Ferrería, fechada en 2120 AP. Sofía
Botero, Isabelle Druc, William Brooks y Edisson Montoya, «Arcilla y cultura: nuevos y viejos datos sobre la
cerámica prehispánica en la cuenca alta de la quebrada Piedras Blancas (Antioquia-Colombia)», Boletín de
Antropología 32, no. 54 (2017): 238.
22
Piazzini y Escobar, Territorios y memorias, 42; Francisco Javier Aceituno y Nicolás Loaiza, «Reflexiones en
torno al Arcaico colombiano», Revista Colombiana de Antropología 51, no. 2 (2015): 132.
23
Francisco Javier Aceituno, «Ocupaciones tempranas y modos de vida arcaicos en las regiones de Antioquia»,
en Catálogo. Región Andina. Los rostros de Antioquia (Medellín: Universidad de Antioquia, 2017), 30.
11
tanto los isótopos de nitrógeno serían un indicio de la proporción de proteínas de origen
vegetal en relación con las de origen animal24. Parece que, de todas formas, hubo un impacto
mínimo en la transformación del entorno, dado que, por ejemplo, se sugiere para la zona del
inciso», originalmente definido para un área entre Manizales y Pereira26. El estilo cerámico
Marrón inciso fue interpretado como una tradición cultural, índice de grupos étnicos
VIII d.C. o IX d.C.28, o, mucho más puntualmente, para los siglos III a.C. y el VII d.C.29,
pero solo para efectos de periodización en el Valle de Aburrá. Para el Suroeste, los datos
indican una llegada más reciente de los pobladores que elaboraban este tipo de cerámica30,
24
Carl Henrik Langebaek, Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibcha. Bogotá: Editorial Debate,
2019, 219
25
Aceituno, «Ocupaciones tempranas».
26
Pedro Briceño Torres, «De los Quimbayas a los Paisas: Historia de la arqueología en el Eje Cafetero 1900 -
1999», Memoria y Sociedad 9, no. 18 (2005): 5-17.
27
Mauricio Obregón, «De los tiestos a los textos. Elementos para un análisis al respecto de las categorías
clasificatorias de la cerámica arqueológica en Antioquia», Boletín de Antropología 13, no. 30 (1999): 175.
28
Gómez, Uso del espacio.
29
Carl Henrik Langebaek, Emilio Piazzini, Alejandro Dever e Iván Espinosa, Arqueología y guerra en el Valle
de Aburrá: estudio de cambios sociales en una región del noroccidente de Colombia (Bogotá: Universidad de
los Andes, Centro de Estudios Socioculturales e Internacionales, Departamento de Antropología, Strata, IFEA,
Fondo de Promoción de la Cultura del Banco Popular, 2002).
30
Las dataciones se dan en años d.C., aunque no son equivalentes al calendario gregoriano porque son
promedios estadísticos del material orgánico (generalmente carbón) o cerámico datado. Se presentan, así, para
una ubicación temporal básica y facilitar la lectura y consulta. De los 23 municipios que comprenden el Suroeste
antioqueño, en 7 se han establecido 28 dataciones. Se tienen 3 dataciones en Urrao: 160 d.C. y 460 d.C. para
un sitio de vivienda en El Paso, 420 d.C. para un sitio de vivienda en Hoyo Rico. Piazzini y Escobar, Territorios
y memorias, 55. Titiribí cuenta con 3 dataciones: 180 d.C. para una acumulación de rocas u «organal» en El
Bosque; 460 d.C. para un entierro con cerámica, oro y una cuenta de collar en La Peña; 640 d.C. para un botellón
12
pues se reportan apenas en el siglo II d.C. y dejan indicios de su presencia hasta el siglo VII
d.C.
ocupación humana en el primer milenio de la era cristiana implican, por lo menos, una
Hay que destacar que uno de los hallazgos más notorios para el Suroeste lo constituyen las
rocas con grabados o petroglifos, cuya cronología es atribuida, por algunos, a épocas
tardías31, aunque los datos disponibles muestran su asociación con sitios poblados en la época
y cerámica alóctona en La Floresta. Sofía Botero, Los organales como sitios de actividad humana antigua en
Antioquia: municipio de Titiribí (Informe de investigación, Corantioquia, Universidad de Antioquia, 2000), 62,
63, 65; Botero, Druc, Brooks y Montoya, «Arcilla y cultura», 238. Se cuentan 5 dataciones en Venecia: 130
d.C. para un entierro en San Rafael 5, 240 d.C. para un entierro con cerámica y orfebrería en San Rafael 1, 450
d.C. para la ocupación de un abrigo rocoso, 520 d.C. para un cuenco marrón inciso en Cuevas Santa Catalina.
Pablo Aristizábal, Prospección arqueológica en los alrededores del cerro Tusa. Municipio de Venecia-
Antioquia (Tesis de pregrado, Universidad de Antioquia, 2002), 415, 422; Jorge Yepes comunicación personal,
2020. En Jericó se han obtenido 8 dataciones: 130 d.C. en Río Piedras 3, 160 d.C. para un entierro en El Mapa,
270 d.C. y 380 d.C. para cerámica Marrón inciso en Yacimiento 1, 300 d.C. para una terraza de habitación en
La Magdalena, 370 d.C. para un entierro en La Guamo, 380 d.C. para un entierro secundario en Puente Iglesias,
580 d.C. para un pico de vivienda en La Elvira. Helda Otero, «Dos periodos de la historia prehispánica de
Jericó, Departamento de Antioquia», Boletín de Arqueología 7, no. 2 (1992): 26-28, 44-47; Gómez,
«Arqueología en Jericó», 31, 41, 44; Aristizábal, Diagnóstico arqueológico: 23; Jorge Yepes comunicación
personal, 2020). Hay 2 dataciones en el municipio de Andes: 190 d.C. para una plataforma de vivienda en Santa
Rita, 530 d.C. para el mismo sitio. Agudelo, Hernández y Obregón, «Vestigios de ocupaciones», 268, 270. Para
Támesis se cuenta con 6 dataciones: 200 d.C. para cerámica Marrón inciso en Cartama y El Sitio 9, 390 d.C.
para cerámica Marrón inciso en Las Nieves, 430 d.C. y 480 d.C. para cerámica Marrón inciso en El Sitio 4, 570
d.C. para un entierro secundario en El Sitio 9. Luz Elena Martínez, «Registro arqueológico en la parcelación
“Los caminos de Cartama”, municipio de Támesis, Antioquia», Boletín de Antropología 13, no 30 (1999): 313,
317; Alba Nelly Gómez, Petroglifos de Támesis (Medellín: Ferrocarril de Antioquia, 2015), 17. Finalmente,
hay una datación para La Pintada: 350 d.C. para cerámica Marrón inciso en Yacimiento 15. Aristizábal,
Diagnóstico arqueológico, 23).
31
Han sido señalados paralelos iconográficos entre petroglifos del Suroeste (reportados por Graciliano Arcila
en 1956) y el estilo Quimbaya tardío. Aristizábal, Diagnóstico arqueológico; Piazzini, «Cambio social», 75.
13
temprana, lo cual da una base para postular una cronología similar (siglos II d.C. a IX d.C.,
El contraste con el periodo Tardío33 es notable por los cambios en las representaciones
territorio hacia los siglos IX o X d.C.; por ejemplo, hay indicios de un aumento de densidad
o número de pobladores para los siglos VIII a IX d.C. en el Valle de Aburrá35 y Santa Elena36.
Para el caso del Suroeste, los datos disponibles son mucho más fragmentarios y no hay
presente37.
32
Gómez, Uso del espacio; Alba Nelly Gómez y Franz Flórez, «Los petroglifos y el paisaje prehispánico en
Támesis, Jericó y Pueblorrico (Antioquia)», en Arte rupestre en Colombia. Investigación, preservación,
patrimonialización, ed. P. Arguello (Tunja: Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, 2018), 51-84.
33
Apenas se han obtenido 7 dataciones para el periodo Tardío en el Suroeste. De oriente a occidente, y de norte
a sur, se tendría una datación en Titiribí de 1500 d.C. para un «organal». Botero, Los organales como sitios, 63;
Botero, Druc, Brooks y Montoya, «Arcilla y cultura», 238. En Jericó se han obtenido 3 dataciones: 1240 d.C.
para la Tumba 2, 1350 d.C. para un piso de vivienda en La Guaca y 1500 d.C. en Río Piedras 3. Gómez,
«Arqueología en Jericó», 31, 33, 35; Jorge Yepes, comunicación personal, 2020. Hay 3 dataciones en el
municipio de Andes: 960 d.C. y 970 d.C. para cerámica burda en Santa Rita, 1630 d.C. para cerámica con
impresión de cestería en San Pedro. Agudelo, Hernández y Obregón, «Vestigios de ocupaciones», 275, 276.
34
Martínez, «Registro arqueológico»; Botero, «Reseña arqueológica».
35
Langebaek, Piazzini, Dever y Espinosa, Arqueología y guerra.
36
Mauricio Obregón, Liliana Gómez y Luis Carlos Cardona, «Una trayectoria diversa: cambio social,
heterogeneidad y desigualdad en la cuenca alta de la quebrada Piedras Blancas», en Economía, prestigio y
poder. Perspectivas desde la arqueología, ed. Carlos Sánchez (Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología
e Historia, 2009), 244-271.
37
Otero, «Dos periodos»; Alba Nelly Gómez y Santiago Ortiz (eds.), Jericó. Herencia y paisaje prehispánico
del suroeste de Antioquia (Medellín: Universidad de Antioquia, Instituto para el Desarrollo de Antioquia-IDEA,
Municipio de Jericó, 2012); Gómez, Petroglifos de Támesis; Gómez, Uso del espacio; Aristizábal, Diagnóstico
arqueológico.
14
Figura 3. Mapa del registro arqueológico asociado a los periodos Formativo y Temprano.
Para tratar de explicar el notable contraste estético entre los períodos Temprano y Tardío en
el valle medio del río Cauca, Piazzini retomó las propuestas pensadas para el suroccidente de
Colombia por Cristóbal Gnecco y para el altiplano cundiboyacense por Carl Langebaek en
las últimas tres décadas, para proponer que de una época caracterizada por un poder
personalizado y no constante (el periodo que a grandes rasgos coincide con el denominado
Temprano en este escrito), se habría dado paso en la época tardía a unos líderes o «caciques»
15
con roles mucho más institucionalizados38. Se les atribuye a los chamanes ese tipo de poder
una estética abigarrada en orfebrería o estatuaria que representaría escenas de transición entre
seres humanos y animales, muy asociadas con los estados de éxtasis que se atribuyen a los
chamanes en trance. Cuando ese sistema de liderazgo dejó de funcionar, se dio paso a formas
lo simbólico, lo que habría dado más estabilidad a los «caciques» que basaban su poder en lo
económico.
Para el periodo Marrón inciso habría más representaciones cerámicas y orfebres de frutos y
periodo Tardío, los motivos zoomorfos parecen restringirse a la orfebrería, con poca
Un elemento que puede ser de interés para evaluar esta propuesta, para una zona en donde
son menos notorios los hallazgos de orfebrería o cerámica decorada (o con estilo
antropomorfo o zoomorfo) sería el de los grabados en roca, sobre todo en los municipios de
38
Piazzini, «Cambio social», 85.
39
Ibid., 80.
16
Támesis, Jericó y Pueblorrico40, ubicados cronológicamente entre los siglos II d.C. y IX d.C.
No se descarta que los grabados pudieran hacerse en épocas más tardías, incluso en el siglo
XVI, por más que el patrón de asentamiento hubiera variado unos 5 o 6 siglos antes.
Graciliano Arcila estudió petroglifos de Titiribí y Sinifaná, y señaló que a mayor cercanía
con este río predominan los motivos antropomorfos y zoomorfos, a diferencia de las figuras
geométricas y estilizadas, que predominan a mayor altura41. Pudo haber linajes encargados
Támesis, 121 rocas en las que se distribuyen cerca de 800 grabados, lo que corresponde a la
acompañan los cursos de agua, que pudieron ser ejes cohesionadores de estos grupos
prehispánicos.
animal o humano), en contraste con las representaciones geométricas (rombos, espirales) que
40
Gómez, Petroglifos de Támesis; Uso del espacio.
41
Graciliano Arcila, «Introducción al estudio arqueológico de los Titiribíes y los Sinifanáes, Antioquia,
Colombia», Boletín de Antropología 3, no. 11 (1969): 13-42.
42
Gómez, Petroglifos de Támesis; Uso del espacio.
43
Gómez, Uso del espacio.
17
representaciones icónicas44. En el occidente contemporáneo un rostro humano sonriente se
figurativas o no, son una selección de algunas características de los objetos empíricos, que
mítico), íconos (para identificar un referente físico animal, humano o vegetal) o índices (para
existencia de las especies vegetales o animales en esas zonas, sino también sobre la relevancia
de tal tipo de elementos en narraciones míticas que integran lo natural con lo humano46, así
como sobre el funcionamiento de los ciclos del agua, y, posiblemente, su uso para cultivos.
44
Groupe µ, Tratado del signo visual. Para una retórica de la imagen (Madrid: Cátedra. 1993).
45
Douglas Niño, «El signo peirceano y su impacto en la semiótica contemporánea», en Ensayos semióticos, ed.
Douglas Niño (Bogotá: Universidad Jorge Tadeo Lozano, 2008), 19-84.
46
Enrique Bautista, Cuerpos anfibios. Soma y sema del cuerpo prehispánico, la otra medida del cuerpo a través
del tiempo y el espacio. Análisis bioarqueológico sobre las urnas funerarias en cerámica de los valles alto y
medio-bajo del río Magdalena. Colombia (Tesis de Maestría, Universidad Nacional de Colombia, 2013), 160-
165.
18
Si bien los grabados combinan representaciones geométricas con otras de animales (monos)
a los cursos de agua. Los grabados en roca, aunque pudieron ser reutilizados en el periodo
Tardío, en este último periodo se encuentran apartados de los sitios de habitación y cercanos
vivos y la ubicación de los difuntos para el periodo Temprano, y, a su vez, la separación entre
los lugares con presencia de humanos (vivos o enterrados) y los grabados en piedra que
relatan la interacción entre humanos, no humanos y paisaje, es un tema que debe ser
profundizado en el futuro.
Temprano (siglos I a.C. a VIII d.C.) y otro Tardío (siglos X a XVI d.C.). En el Temprano
individuo dentro de la vivienda, en la cima de colinas medias y bajas. Para el Tardío, aunque
cima de colinas altas; alcanzan una profundidad de 7 m., y su fondo se acondiciona para
ubicar varios individuos dentro de la tumba48. Es posible que un mayor número de sitios
ocupados en el periodo Temprano indique una mayor densidad de población, o una mayor
47
Gómez, Petroglifos de Támesis; Uso del espacio; Gómez y Flórez, «Los petroglifos y el paisaje».
48
Alba Nelly Gómez, «Grupos humanos y paisaje prehispánico en Jericó», en Jericó. Herencia y paisaje
prehispánico del suroeste de Antioquia, eds. Alba Nelly Gómez y Santiago Ortiz (Medellín: Universidad de
Antioquia, Instituto para el Desarrollo de Antioquia-IDEA, Municipio de Jericó, 2012), 157-159; Andrés Godoy
y Dick Corrales, Enterramientos prehispánicos en el municipio de Támesis (Antioquia): una mirada desde el
espacio, el paisaje y la guaquería (Tesis de pregrado, Universidad de Antioquia, 2014).
19
En Támesis y Pueblorrico también se ve una mayor inversión de trabajo para el periodo
Tardío en el ritual funerario, y una diferenciación creciente entre los lugares para habitar y
contraste con el Tardío, en el que tiende a ser más esquemática y menos figurativa o
Los petroglifos en municipios del Suroeste, en probable uso desde época temprana (siglos I
a.C. al VIII d.C.)50, están asociados a sitios de habitación, y su vecindad con cursos de agua
puede indicar una mayor importancia de los vínculos entre los mundos terrenales y
En Jericó, Támesis y Pueblorrico hubo una diferenciación de roles horizontales (esto es, hubo
hubo menos «monopolio» del ámbito simbólico por parte de especialistas, ámbito que pudo
estar más redistribuido y que significó menos expresión a nivel estético y más en términos
de vínculos sociales.
en su lugar de residencia, luego de tratar el cuerpo con una cremación e introducirlo en una
49
Gómez y Flórez, «Los petroglifos y el paisaje», 66-69.
50
Ibid., 67.
20
Tardío, se crearon tumbas con forma de bohío, en las que no se realizaba el entierro dentro
En el Suroeste, en el periodo Tardío, se ocupaban las partes altas de las colinas, y tanto los
vivos como los difuntos. Los cementerios (residencias de los muertos) reiteraban su presencia
simbólica más allá de la muerte física. La iconografía parecería un indicio confiable de que
hay una mayor «personalización» del poder en el periodo Marrón inciso en manos de
mismos habrían dejado de tener un rol central, pues habría menos personalización de sus
funciones. De todos modos, hay que tomar en cuenta si comunidades organizadas de manera
individuales en viviendas (como en el periodo anterior), sino que los sitios de habitación
también se presentan agrupados, dos o tres al menos, dando lugar a zonas de vivienda sobre
51
Gustavo Santos, «Las prácticas funerarias prehispánicas de la región central de Antioquia», en Catálogo.
Región Andina. Los rostros de Antioquia (Medellín: Universidad de Antioquia, 2017), 43-73.
52
Piazzini, «Cambio social».
21
las lomas o tambos. La visual de estos sitios tiende hacia el sur, en menor proporción al norte.
Dicho patrón fisiográfico se repite en todas las cuencas de las quebradas, asociado con
espacios cerrados y abiertos (las direcciones cambian según el sentido del río o de la
quebrada). Los datos del suelo de esas zonas de vivienda indican que la ocupación no fue
esporádica o de corto tiempo. Esto coincide con la ubicación de sitios funerarios fuera del
área de vivienda, pero cercanos a la misma, y sobre la cima de colinas altas, con gran
visibilidad de la zona hacia el sur y el este. Los entierros están concentrados en un lugar; son
entierros primarios de uso colectivo, con alta presencia de ajuar funerario, y esporádicamente,
circular y profundo (7 m en promedio) y una o dos cámaras ovaladas, lugar destinado para el
Los chamanes pudieron tener importancia en el periodo Tardío, pero sin una competencia
petroglifos. Al cambiar la orientación de los entierros en las viviendas a los cementerios con
múltiples entierros, es factible que la interacción tuviera también como protagonistas a los
chamanes, pero ya no a nivel de esa competencia de tipo estético, sino en relación con una
mayor integración con el paisaje, en función del aprovechamiento de la visibilidad: ver y ser
vistos no solo en vida, sino, también, después de la muerte; y no solo desde la perspectiva de
un individuo, sino desde la del grupo familiar o linaje que se iba conformando a lo largo del
tiempo.
53
Gómez, Uso del espacio.
22
5. Paisajes culturales en la «corta duración»: conquista y destierro
El paisaje cultural que convirtió a las colinas en espacios para interactuar con el orden mítico
se vio desestructurado en el siglo XVI. En esa época, calculó Jorge Orlando Melo, la
población de lo que actualmente es Antioquia oscilaba entre 500 000 y un millón de nativos,
que hacia el año 1600 se había reducido hasta la dramática cifra de unos 25 000 a 30 000
fue un exterminio de la población nativa en poco más de medio siglo. Sobre ese espacio sin
memoria de los nativos prehispánicos surgiría una cultura occidental y católica, a la que se
descendió la población en el Suroeste antioqueño, dado que los datos arqueológicos, sin ser
los recorridos iniciales de Jorge Robledo y Juan Vadillo a finales de la década de 1530. Hay
dos dataciones más o menos contemporáneas con esos recorridos: una para la zona de Tiritibí
(1420-1580 d.C.) y otra para Jericó (1500 d.C.). Para un siglo después se cuenta con una
puntuales y no tener una visión panorámica de cómo cambia, en esas zonas, la distribución
54
Jorge Orlando Melo, «La conquista de Antioquia, 1500-1580», en Historia de Antioquia, ed. Jorge Orlando
Melo (Medellín: Compañía Suramericana de Seguros, 1988), 41-52.
23
establecer qué tan representativo son dichas dataciones (de una acumulación de rocas u
La primera expedición fue llevada a cabo por Vadillo en 1538. Cuando llegó a orillas del río
Cauca, encontró que los indígenas de unas partes lo denominaban Sitamira; otros, Coguya,
y unos más, Orrura55. Si asumimos que es confiable la fuente, es factible que la variación en
los topónimos indique distintos sistemas de referencia cultural. No solo se trata de cómo se
representaba el río de forma lingüística, sino, también, que eran paisajes culturales diversos,
que implicaban usos diferentes. En este primer trayecto norte-sur se mencionan en las
primeras crónicas y relatos de la época, varios sitios como si estuvieran abandonados, de los
que habían huido los indígenas (véase la figura 4). Se menciona a Xundabe como un poblado
amplio que habría abarcado los actuales municipios de Anzá, Caicedo, Concordia, Betulia y
Urrao56. Datos generales se asocian con el área, como las casas grandes, la mención a la
En sus dos primeras incursiones por el Suroeste, los conquistadores europeos no encontraron
mayor densidad de ocupación. Vadillo atravesó por las provincias con asiento cerca al
margen izquierdo del Cauca, pasando muy probablemente por los territorios actuales de
Betulia, Concordia, Salgar, Tarso y Pueblorrico. A su vez, Robledo recorrió, sobre todo, el
55
Gregorio Saldarriaga, «Transcripción de la relación del viaje del licenciado Joan de Vadillo entre San
Sebastián de Urabá y Cali, 1539», Boletín de Antropología 26, no. 43 (2012): 42-65.
56
Piazzini y Escobar, Territorios y memorias.
57
Pedro de Cieza de León, La crónica del Perú (Madrid: Espasa-Calpe, 1922).
24
margen derecho, pasando por los actuales municipios de La Pintada, Fredonia, Tarso,
exploración de Vadillo del poblado de Buriticá, y siguiendo eguía, también, las noticias del
Valle de Arví, llegó Robledo con su hueste lo que lo llevó al Valle de Aburrá.
En la relación de Vadillo se menciona el río Manderria (tal vez el actual San Juan, en su
Caramanta figuraba como el de otra provincia rica ubicada más al sur, donde se decía que se
zona montañosa entre el Cauca y el San Juan59, o cerca de los actuales municipios de Andes
y Ciudad Bolívar60. En busca de las minas de Cuircuir, los hombres de Vadillo avanzaron
hacia el sur, encontrando un valle grande y poblado que, según Cieza61, se llamaba Cima. Se
58
Saldarriaga, «Transcripción de la relación».
59
Hermann Trimborn, Señorío y barbarie en el Valle del Cauca (Popayán: Universidad del Cauca, 2005).
60
Manuel Uribe Ángel, Geografía general y compendio histórico del Estado de Antioquia en Colombia (París:
Imprenta de Victor Goupy y Jourdan, 1885).
61
Cieza de León, La crónica del Perú, 50.
25
Figura 4. Mapa del registro arqueológico asociado al periodo Tardío, con indicación de las
Cieza ubica señala el nombre de Cauroma como el del señor principal de la provincia de
Caramanta, de quien escuchó que tenía muchos ídolos «que parecían de palo, de oro
finísimo»62. Robledo menciona también, para algunos poblados del margen derecho del
representaban figuras humanas, algunas, casi, de tamaño natural. Sobre el pueblo que
62
Ibid., 49 [proporcionar número de página].
26
menciona como Caramanta, describe su gente como “dispuesta, belicosa” y describe el
paisaje con montañas “muy bravas” atravesado por un amplio rio donde los pobladores
extraen sal. Sobre las casas de la provincia Caramanta, describe Cieza que los caciques tienen
casas muy grandes y que que « «a las puertas de ellas puestas unas cañas gordas de las de
estas partes, que parecen pequeñas vigas; encima de ellas tienen puestas muchas cabezas de
sus enemigos” a las puertas tienen plazas pequeñas donde se encuentran gruesas cañas en las
que se encuentran clavadas cabezas humanas»63; costumbre descrita para varias provincias
del recorrido por el margen izquierdo del Cauca, y, para el margen derecho, también
descripciones de los entierros de los señores junto con sus sirvientes y amantes en pozos
hondos, para los que, primero, los cuerpos eran secados en brasas, y luego envueltos en
cantidades de telas64. Este registro coincide con los hallazgos arqueológicos de cementerios
tienen tantos registros de nombres de “grandes señores” pPara los pueblos del sur de
para al el norte del departamento. Esto podría relacionarse con la falta de un poder
63
Ibid., 48 [proporcionar número de página].
64
Jorge Robledo, «Descripción de los pueblos de la provincia de Ancerma», en Colección de documentos
inéditos relativos al descubrimiento, conquista y colonización de las posesiones españolas en América y
Oceanía, Tomo III, eds. Joaquín F. Pacheco, Francisco de Cárdenas y Luis Torres de Mendoza (Madrid:
Imprenta de Manuel Bernaldo de Quirós, 1865), 389-414.
27
centralizado, y sugiere el panorama de múltiples grupos o poblaciones que, aunque se anexan
a un gran señor, sostienen unas relaciones sociales de tipo sobre todo tribal.
Las alusiones a la abundancia de oro y sal son comunes en las descripciones de los cronistas
Heliconia65, fue un poblado donde la extracción indígena de sal asombró a los recién
de oro, sal y ropa de algodón. Contiguo a este poblado, al sur, se menciona el de Cenufaná
(asociado a la quebrada con el mismo nombre, que discurre entre los territorios actuales de
Titiribí, Amagá, Venecia y Fredonia), así como el pueblo de las Peras. Sobre este, quizá
ubicado en el actual territorio de Amagá67, dice Sardella que tenía «más de diez mil indios»
65
Arcila, «Introducción al estudio», 14; Norberto Vélez y Sofía Botero, La búsqueda del Valle de Arví
(Medellín: Municipio de Medellín, 2009), 43.
66
Robledo, «Descripción de los pueblos».
67
Arcila, «Introducción al estudio», 14; Vélez y Botero, La búsqueda del Valle de Arví, 37.
68
Juan Sardella, «Relación del descubrimiento de las provincias de Antiochia por Jorge Robledo», en Colección
de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y colonización de las posesiones españolas en
América y Oceanía, Tomo II, eds. Joaquín F. Pacheco, Francisco de Cárdenas y Luis Torres de Mendoza
(Madrid: Imprenta de Manuel Bernaldo de Quirós, 1864), 310.
28
poder en las que se hubiera institucionalizado, durante varias generaciones, el rol de un
«señor principal».
Las evidencias de oro en algunos adornos y objetos de uso de los nativos, en las sepulturas
territorio. Datos de crónicas sugieren que no existía un derecho exclusivo de usufructo de las
fuentes de oro y sal69, lo que puede seguir indicando una ausencia de poder económico
centralizado.
Al oriente del río Cauca se reportó el uso de lenguas y dialectos diferentes a los del occidente
del mismo río, aunque pasadas las montañas de Antioquia, más hacia el sur, se compartía a
ambos costados una misma lengua. En verdad, se trataba más de dialectos que de lenguas
la región por donde se encontraban Antiocha y Buritica, mucho más al norte. Se trataba, pues,
sobre todo porque apenas está en construcción el diálogo entre la estructura mítica de la época
69
Trimborn, Señorío y barbarie.
70
Robledo, «Descripción de los pueblos»; Cieza, La crónica del Perú.
29
y la reconstruida desde la arqueología, y la coyuntura del corto plazo que significó la invasión
6. Conclusiones
fragmentarios, pero hay que tener en cuenta que en la década de 1980 ni siquiera se contaba
Para el periodo Formativo, hace 6000 años, apenas hay indicios de la experimentación con
plantas y de la caza de ciertas especies animales. Durante los ocho o nueve primeros siglos
de la era cristiana parece haber predominado un pensamiento mítico en el que era fluida la
Las evidencias son escasas para el periodo Tardío, que va hasta el siglo XVI. No son claros
los indicadores sobre las jerarquías de aldeas, como la existencia de grupos humanos con
«caciques» o líderes permanentes, si bien parecería que el mundo simbólico, para entonces,
dominen la visibilidad y que permitan, a su vez, ser vistos, tanto en vida como más allá de la
misma. En el periodo anterior no pesaba tanto el lugar donde se ubicaba la última morada;
no era tan colectivo el ritual de la muerte, pues dentro de las viviendas se alojaba a los seres
30
Ese cambio en la ocupación y ritualización del espacio no solo fue ignorado por los
conquistadores del siglo XVI, sino por sus descendientes, y hasta finales del siglo XX. Al
seguir la pista documental a los conquistadores se revela una empresa en gran medida
utilitaria: buscaban riquezas materiales que justificaran el viaje desde el otro lado del
Atlántico. No sólo no hablaban las lenguas de los nativos, sino que les resultaban
incomprensibles el tipo de dieta, las normas de parentesco o el considerar que eran, según
sus narraciones míticas, parte de la naturaleza (una manera de vivir en el paisaje durante, al
menos, unos 55 siglos, antes de la llegada de la historia escrita y nuevas formas de colonizar
el espacio).
En resumen, la reconstrucción del paisaje supone un nivel básico del entorno físico, otro
evidencia hallada, que a su vez soporten hipótesis sobre el nivel netamente cultural desde el
que se constituyó dicho paisaje. Este trabajo a largo plazo permite observar la superposición
de cosmovisiones en un mismo espacio, desde los primeros pobladores hasta los sujetos
modernos más recientes orientados por la rentabilidad minera en el corto plazo. Esperamos
que en el futuro inmediato se puedan dar nuevos pasos hacia esa mirada integral del paisaje.
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