Universidad Nacional de Rosario - Facultad de Psicología
Secretaría de Estudios de Posgrado - Maestría en Psicoanálisis
SEMINARIO:
“VICISITUDES DEL ACTO.
SÍNTOMA, PASAJE AL ACTO Y ACTO ANALÍTICO”
DICTANTE: PROF. LIC. JUAN BAUTISTA RITO
TRABAJO FINAL:
“SOBRE LA NOCIÓN A DE SUJETO
EN LA PRAXIS PSICOANALÍTICA”
AUTOR: IGNACIO NEFFEN
[email protected] - 2013 -
1
- Introducción ..………………………………………………..…..………………………………….……... p. 3
- Sobre la noción de sujeto en la praxis psicoanalítica ……………………….…..…….….. p. 4
- Referencias ……………..………….……………..……………………………………………….…….….. p. 9
2
INTRODUCCIÓN
Y entonces el sujeto vino y, luego de golpear la puerta del consultorio, entró y dijo
tal o cual cosa al psicoanalista. ¿Cómo se llega a este uso tan laxo del término sujeto?
Dicha frase, por cierto, ficticia para la ocasión aunque no por eso menos frecuente a la
hora en que los psicoanalistas reflexionan junto a otros1 sobre su práctica clínica —sea en
la Escuela, sea en soledad o sobre las tablas—, supone la equivalencia sujeto = persona o
individuo. Dicho en otros términos, testimonia la pérdida del estatuto lógico del sujeto tal
como lo formalizó Jacques Lacan en los años `50. Si bien eso inquieta a muchos —estamos
lejos de ser los primeros en señalarlo— a veces no incomoda al resto lo suficiente.
En cambio, si sostenemos la distancia entre el enunciado y la enunciación —a
contramano de la supuesta unidad del indiviso que pretende con obstinación la psicología
desde sus inicios—, quizá se pueda cernir el aporte de Lacan a partir de la irrupción fugaz
de lo inédito freudiano, en un retorno que, paradójicamente, retornando va más allá. En
efecto, el sujeto, incluido como excluido en la cadena significante, no se reduce al aparato
psíquico.
Suponemos un sujeto efecto del deslizamiento significante —del movimiento S1-S2
inherente a la “matemática del significante” (Lacan, 2008a, p. 819)— y entonces Lacan
introduce en sus Escritos una frase que se hizo aforismo bajo el peso de la repetición: “De
nuestra posición de sujetos, somos siempre responsables” (2008a, p. 816). ¿Cómo es
posible adjudicar responsabilidad a un sujeto que, estrictamente hablando, es producto
de la operatoria significante? ¿Acaso si exageramos por esa vía no llegaríamos a la
ecuación sujeto = persona? ¿Es preciso mantener dos estatutos del sujeto al mismo
tiempo?
Así, formulamos los interrogantes que orientan nuestra indagación a la vez que
circunscriben su objeto. Para ser más precisos, elegimos la primera parte del programa
2012 del Seminario de Maestría: “El concepto de acto es requerido por la introducción por
parte de Lacan del sujeto como algo distinto del aparato psíquico”.
1
Ya que el analista es al menos dos según el estribillo de citas al que nos acostumbramos cuando escribimos.
3
SOBRE LA NOCIÓN DE SUJETO EN LA PRAXIS PSICOANALÍTICA
«Aquí estamos todavía en lo de amaestrar las orejas para el término sujeto»
Jacques Lacan, Intervención sobre la transferencia
A principio del siglo pasado las relaciones diferenciales permitieron a Ferdinand
Saussure alcanzar una definición original del signo lingüístico en las conferencias
recopiladas bajo el nombre Curso de lingüística general. Allí lo define “(…) no
positivamente por su contenido, sino negativamente por sus relaciones con los otros
términos del sistema. Su más exacta característica es la de ser lo que los otros no son”
(1945, p. 141). Esta referencia o incursión en el territorio de la lingüística tiene un fin
antes que un final, se trata en primer lugar —en nuestra estrategia argumentativa— de
atrapar2 la noción lacaniana de sujeto por esa vía, es decir, en una aproximación negativa
al concepto en cuestión.
- Primer postulado: el sujeto no es el aparato psíquico.
A tono con el contexto epistémico de la época, Freud presenta en “La
interpretación de los sueños” (1986a, p. 534) el aparato psíquico o primera tópica.
Algunos años más tarde se refiere al mismo en lo siguientes términos:
“Suponemos que la vida anímica es la función de un aparato3 al que atribuimos ser
extenso en el espacio y estar compuesto por varias piezas; nos lo representamos,
pues, semejante a un telescopio, un microscopio, o algo así. Si dejamos de lado
2
Ya en 1967 Lacan se mostraba pesimista en su Breve discurso a los psiquiatras: “(…) en todo caso es muy
cierto que no se comprende nada de lo que digo. Mi única chance es repetirlo suficientemente, para que
eso, termine amueblando en parte los cerebros. No hay que asombrase, desde luego, que durante un cierto
tiempo no se encuentre nada mejor para hacer que repetirme vagamente. (…) Entonces, cuando uno es
distinguido, así, se enseña Lacan, en el Instituto de Psicoanálisis de París, por ejemplo, eso hace distinguido;
pero eso no quiere decir que se comprenda lo que yo digo” (1967, p. 22). En otras palabras: “El estilo de
«Subversión del sujeto» –elíptico, voluntariamente patético, enigmático–, está hecho para que nadie pueda
leerlo sin aportar algún excedente significante, que es, en definitiva, el alcance que tiene cualquier
interpretación: interpola en lo dicho algo no dicho” (Ritvo, 2011).
3
Las cursivas corren por nuestra cuenta.
4
cierta aproximación ya ensayada4, el despliegue consecuente de esa
representación es una novedad científica” (1986b, p. 143).
Como ya sabemos, Freud nunca renunció a sus ideales de cientificidad, incluso no
vacilaba a la hora de ubicar al psicoanálisis en pie de igualdad con la física y la química. Por
ello se sirve de términos importados de otras disciplinas —por ejemplo, telescopio,
microscopio, aparato, entre otros— para difundir sus aportes sobre la dinámica del sueño.
Tenía por detrás una horda de psicoanalistas novatos fascinados con el descubrimiento
del inconsciente y, por delante, una legión de escépticos positivistas, hombres de ciencia
que abrazaron la fábula de que no hay saber legítimo fuera del discurso de la ciencia.
En este sentido, Lacan en el segundo año de El seminario señala el exceso
mecanicista de Freud aunque eso no le impide circunscribir su potencial latente:
“Como pueden comprobar, el esquema racional del aparato psíquico propuesto
por Freud no está elaborado, y esto es lo ingrato que presenta nuestro discurso de
hoy. Se trata del primer aleteo de Freud. Todo es al mismo tiempo grosero,
ambiguo y, en ciertos aspectos redundante; sin embargo, llegará a ser fecundo”
(2008b, p. 176).
Por ende, justamente, que sea fecundo es aquello que nos sustrae de disolver la
primera tópica freudiana bajo los malentendidos de la segunda, tal como los teóricos
posfreudianos encantados con el famoso Wo Es war, soll Ich werden.5 En esa coyuntura —
entre el kleinismo y la Psicología del Yo, entre el todo es interpretable y el Yo adaptado a
la “realidad”— adquiere sentido el retorno a Freud proclamado en el Escrito “La cosa
4
Seguramente se refiere aquí a la famosa carta nº 52.
5
¿Qué nos sustrae de fascinarnos con la llamada última enseñanza de Lacan? Si bien la división de la obra de
Lacan en axiomáticas es una operación de lectura realizada por Jacques-Alain Miller —a fin de cuentas,
quien quiera puede atribuirse el derecho a destilar un decir en los dichos de Lacan, ¿acaso éste no hizo lo
suyo sobre el texto freudiano?—, en su curso anual en París afirma a su auditorio lo siguiente a propósito del
síntoma: “Que eso hable, que sea un mensaje, que se descifre, no está en el mismo nivel que aquello para lo
que sirve” (2008, p. 51). Si hay al menos dos niveles en el síntoma, por un lado el par S1-S2 (La envoltura
formal, su cara significante en tanto mensaje cifrado al Otro) y, por el otro, el par S1-a (Aquí el acento recae
sobre el valor del síntoma en la economía de goce), no hay relación de mutua exclusión —al menos es una
lectura. Si se descuida dicha articulación se abre el camino hacia la fascinación por la última enseñanza de
Jacques Lacan. Lo que equivale a: “adiós al significante, ¡hola goce!”.
5
freudiana, o el sentido del retorno a Freud en psicoanálisis”.6 En su afán de superar los
impases internos del texto freudiano y las distorsiones de la posguerra, Lacan imprimió un
acento especial en el registro simbólico, así, la jerarquización del registro simbólico se
erige como el principio de base del cual se deriva el resto de las proposiciones.
No encontramos en Freud una teoría del sujeto aunque, desde luego, establece las
bases para su construcción. Para tal fin, primero es necesario hacer de los residuos del
discurso, los tropiezos del lenguaje —los actos fallidos, los sueños, el chiste, los lapsus, los
síntomas— un objeto legítimo de estudio, tarea que Freud emprendió con genio.
- Segundo postulado: El sujeto no es lo subjetivo.
Se trata de una diferenciación que Lacan sostuvo durante toda su obra escrita y
oral, por ejemplo, en la «Proposición del 9 de octubre de 1967», allí se lee: “(…) limpiarle a
ese sujeto el barro de lo subjetivo. Un sujeto no supone nada, es supuesto.7 Supuesto,
enseñamos nosotros, por el significante que lo representa para otro significante” (2012a,
p. 266).
El término sujeto es un concepto de filiación filosófica con una tradición para nada
desdeñable. En una elección arbitraria ―“La condición de una lectura es evidentemente
imponerse límites” decía Lacan a su auditorio en El Seminario, libro 20, Aun― traemos a
consideración la referencia cartesiana. El instante del cogito8 tiene un valor inaugural en el
6
“No les recriminamos a ustedes este olvido, si no deja más libertad para presentarles el designio de un
retorno a Freud […] No se trata para nosotros de un retorno de lo reprimido, sino de apoyarnos en la
antítesis que constituye la fase recorrida desde la muerte de Freud en el movimiento psicoanalítico, para
demostrar lo que el psicoanálisis no es, y buscar junto a ustedes el medio de volver a poner en vigor lo que
no ha dejado nunca de sostenerlo en su desviación misma” (2008c, p. 381).
7
Incluso, para llevar las cosas aún más lejos, a diferencia de algunos autores que vacilan a la hora de hablar
de sujeto en la psicosis, éste también es supuesto en las psicosis. J.-A. Miller relata en su curso anual —
También R. Rodríguez Ponte se detiene en la anécdota (1999)— una breve conversación con Lacan sobre
este punto: “Yo me había adentrado bastante en los arcanos de su teoría para preguntarle si podíamos
designar también al psicótico, al sujeto psicótico, denotarlo con S barrado, puesto que por hipótesis, es un
sujeto donde la operación castración no habría funcionado. Lacan me respondió —eso me sumergió en
reflexiones— ¡que sí! Por supuesto, podíamos conservar su símbolo S barrado para el sujeto psicótico. Me
dijo: Es así, y se lo explicaré otro día, que nunca llegó verdaderamente” (2009).
8
“Pero enseguida advertí que, mientras quería pensar que todo era falso, era absolutamente necesario que
yo, que lo pensaba, fuese algo. Y al ver que esta verdad: pienso, luego soy, era tan firme y segura que ni los
6
problema de la subjetividad que, en adelante, erige un sujeto de la conciencia,
transparente a sí mismo, fundamento de la reflexión y polo de atribuciones.
Por su parte, Lacan (2008d) en lugar de introducir un significante nuevo en su
operación de lectura de la obra freudiana, subvierte ese término de la filosofía y de la
psicología.9 Por subvertir —en este caso podemos prescindir del diccionario— es revelar lo
que está reprimido en el concepto y, por reprimido, aquello que forzosamente retorna al
modo sintomático.
En el quinto año de El Seminario se le escucha decir:
“Esto desemboca naturalmente en formas de objeción todavía mucho más
vulgares, me refiero a la identificación del término de lo subjetivo con los efectos
deformantes del sentimiento en la experiencia de otro, y ello no sin introducir, por
otra parte, no sé qué espejismo transparente que basaría el sujeto en una
inmanencia de la conciencia misma, en la cual confían un tanto demasiado
rápidamente para resumir el tema de cogito cartesiano. En resumen, toda una
seria de enredos. Lo único que hacen es interponerse entre nosotros y lo que
designamos cuando hacemos intervenir la subjetividad en nuestra experiencia”
(2009, p. 108).10
La distinción —sospechosa, por cierto— entre lo objetivo y lo subjetivo11 alimenta
la substancialización del yo. Así, se le supone la posibilidad de un conocimiento netamente
introspectivo y autorreflexivo.
argumentos más extravagantes de los escépticos podían cuestionarla, juzgué que podía recibirla sin
escrúpulo como el primer principio de la filosofía que buscaba” (Descartes, 2008, p. 62).
9
Nos detendremos en el sujeto de la psicología cuando argumentemos el tercer postulado.
10
También se diferencia de Hegel, el sujeto lacaniano no es autoreflexivo, por lo tanto, para constituirse
debe pasar por el campo de Otro. Se trata de significantes que anteceden al sujeto y lo constituyen en el
proceso de alienación y separación.
11
“Cuando se habla de lo subjetivo, e incluso cuando aquí lo cuestionamos, siempre permanece en la mente
el espejismo de que lo subjetivo se opone a lo objetivo, que está del lado del que habla, y que por lo mismo
está del lado de las ilusiones: o porque deforma o porque contiene a lo objetivo” (Lacan, 2000, p. 265).
7
- Tercer postulado: El sujeto no es el individuo.
El individuo que supone la psicología es una unidad, un dato primero. En cambio, el
sujeto dividido por el significante es un efecto, sin fundamento ontológico, resto pasivo de
la cadena significante que se incluye allí como excluido. Por lo tanto no se captura, solo se
dispone de las huellas —las formaciones del inconsciente12— para reconstruir dónde
estuvo, es decir, el destello de lenguaje que marca su desaparición.
El sujeto que formaliza Lacan es:
“(…) vehiculado por el significante en su relación con otro significante, debe
distinguírselo severamente tanto del individuo biológico como de toda evolución
psicológica subsumible como sujeto de la comprensión” (2008a, p. 831).
En adelante, la praxis psicoanalítica13 se orienta sobre esas bases. Por un lado, la
desustancialización del sujeto —que nunca puede ser representado en su totalidad por el
deslizamiento significante— y, por el otro, la separación metódica entre el enunciado y la
enunciación, entre los dichos y el decir. Quizá, la definición más lograda de Lacan en lo
referente a la enunciación —por su densidad ejemplar— es la siguiente: “Que se diga
queda olvidado tras lo que se dice en lo que se oye” (2012b, p. 473). Si la enunciación
nunca pasa al dicho —más bien, ésta se inmiscuye entre los dichos— sólo en ese registro
es posible atrapar una definición del sujeto solidaria con los aportes de Lacan.
Ignacio Neffen
12
“El sueño, querido amigo, junto con la angustia, testimonia en y por el sujeto, sujeto que es hablante
hablado, ambos a una, la preeminencia del discurso del Otro” (Ritvo, 2003).
13
Según Lacan una praxis es: “El término más amplio para designar una acción concertada por el hombre,
sea cual fuere, que le da la posibilidad de tratar lo real mediante lo simbólico” (1999).
8
REFERENCIAS
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