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Dialnet PorLosSenderosDeLaFiccionOPorQueLaPoesiaEsMasQuePo 8443434

El artículo explora cómo el lenguaje literario puede contribuir a la resolución de problemas en la acción humana, analizando la capacidad de los entes de ficción para otorgar sentido a las prácticas humanas. Se examinan las objeciones de Habermas sobre la racionalidad práctica en la literatura y se discuten las perspectivas filosóficas sobre la significatividad de los nombres de ficción, los actos de habla y el estatuto ontológico de los mundos posibles. La literatura, a través de su lenguaje, crea realidades autónomas que permiten acceder a estratos de la realidad que la prosa filosófica convencional no puede alcanzar.

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El artículo explora cómo el lenguaje literario puede contribuir a la resolución de problemas en la acción humana, analizando la capacidad de los entes de ficción para otorgar sentido a las prácticas humanas. Se examinan las objeciones de Habermas sobre la racionalidad práctica en la literatura y se discuten las perspectivas filosóficas sobre la significatividad de los nombres de ficción, los actos de habla y el estatuto ontológico de los mundos posibles. La literatura, a través de su lenguaje, crea realidades autónomas que permiten acceder a estratos de la realidad que la prosa filosófica convencional no puede alcanzar.

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Por los senderos de la ficción


(o por qué la poesía es más que poesía).
Perspectivas para la comprensión de los entes de
ficción y su capacidad para resolver problemas
On the trails of fiction (or why poetry is more than poetry)
Perspectives for understanding fictional entities
and their ability to solve problems
Pierre Guillén Ramírez, OFMi
i
Vicerrector para la Evangelización de las Culturas; Universidad de San Buenaventura; Cali; Colombia

Correspondencia: Pierre Guillén Ramí- Lo que es dado pensar también se puede enunciar
rez, OFM. Correo electrónico: vicerrec-
[email protected] San Buenaventura. I Sent. d. 8.
Recibido: 19/8/2021
Revisado: 25/8/2021 La filosofía, en verdad, debería escribirse sólo como poesía
Aceptado: 26/8/2021 Wittgenstein, Aforismos. Cultura y valor. (1933-1934)
Citar así: Guillén Ramírez, Pierre, OFM
(2021). Por los senderos de la ficción
(o por qué la poesía es más que poesía). Resumen
Perspectivas para la comprensión de
los entes de ficción y su capacidad para Este artículo se propone precisar de qué manera es posible hablar de un lenguaje propia-
resolver problemas. Revista Guillermo de
Ockham 19(2), pp. 355-362.
mente literario, que contribuye a la resolución de problemas que se plantean en el orden de la
https://doi.org/10.21500/22563202.5553 acción humana. Para ello, se examina la objeción que Habermas (2017) presenta a la idea de
Copyright: © 2021. Universidad de San una racionalidad práctica contenida en la literatura y al final se exponen los modos posibles
Buenaventura, Cali. La Revista Guillermo cómo la “ficción” logra configurar de una manera singular lo que solemos llamar “realidad”.
de Ockham proporciona acceso abierto a
todo su contenido bajo los términos de la Palabras clave: literatura, poesía, filosofía del lenguaje, acción humana, ficción, realidad,
licencia Creative Commons Attribution-
NonCommercial-NoDerivatives 4.0 ficción literaria.
International (CC BY-NC-ND 4.0).
Conflicto de intereses. Los autores
han declarado que no hay conflicto de
Abstract
intereses. This article aims to specify how it is possible to speak of a properly literary language that
Disponibilidad de datos. Todos los contributes to the resolution of problems that arise in the order of human action. To do
datos relevantes están en el artículo. Para
mayor información contactar al autor de this, the objection that Habermas presents to the idea of a practical rationality contained
correspondencia. in literature is examined and at the end the possible ways in which “fiction” manages to
Fondos. Ninguno. Esta investigación no configure in a singular way what we usually call “reality” are exposed.
recibió ninguna subvención específica de
agencias de financiamiento de los sectores Keywords: literature, poetry, philosophy of language, human action, fiction, reality, literary
público, comercial o sin fines de lucro.
fiction.
Descargo de responsabilidad. El con-
tenido de este artículo es responsabilidad
exclusiva de los autores y no representa
una opinión oficial de su institución ni de
la Revista Guillermo de Ockham.

DOI: https://doi.org/10.21500/22563202.5553 Revista Guillermo de Ockham. Vol. 19, No. 2. Julio - diciembre de 2021 | 355
Artículo original

Introducción
El propósito de este artículo es caracterizar el tipo de discurso contenido en las na-
rraciones literarias, a partir del análisis del estatuto ontológico de los entes de ficción y
su capacidad de otorgar sentido a las prácticas humanas. La tesis que vamos a sostener
es que, efectivamente, el lenguaje literario induce significados y sentidos de orden
extraproposicional y metafórico a los problemas filosóficos, logrando con ello poner
en evidencia estratos distintos de la realidad, a los que es imposible acceder con el
uso exclusivo de la prosa filosófica convencional, contribuyendo así a la resolución
de problemas que se plantean en el orden de la acción humana. Sin embargo, no nos
ocuparemos de los puntos de encuentro entre filosofía y literatura, que parecieran hoy
indiscutibles, ni de la reducción de una disciplina a la otra, que, dicho sea de paso, no
admitimos, sino de la estructura fundamental del lenguaje literario con su configuración
ontológica propia y su capacidad de constituir realidades autónomas.

Posibilidad del lenguaje literario


Deleuze y Guattari (2001), en el séptimo capítulo de ¿Qué es filosofía?, establecen una
diferenciación entre el lenguaje filosófico y el literario a partir de su modalidad de creación:
“La filosofía es el arte de formar, de inventar, fabricar conceptos” (p. 8), mientras que la
literatura, como una forma especial de arte, crea perceptos y afectos, llegando incluso a
sostener que “no es que el arte piense menos que la filosofía, sino que piensa por afectos
y perceptos” (p. 67). Así, se establece la distinción fundamental y más comúnmente
aceptada, entre filosofía y literatura: el concepto y la metáfora.
Ahora bien, en el plano de la filosofía del lenguaje, concretamente a partir de tres pers-
pectivas: 1. la discusión en torno a la significatividad o no de los nombres de ficción (Frege,
1984; Russell, 1919); 2. la vinculación con la teoría de los actos de habla (Austin, 1998;
Ohmann y Searle, 1980), y 3. el estatuto ontológico de los mundos posibles (Williamson,
1998), se analiza el problema del lenguaje literario (metafórico o de ficción), tomando
en consideración sus particulares estructuras constitutivas respecto de 1. la posibilidad
de contar con “sentido” y “referencia” y por ende “significatividad”; 2. su consideración
–o no– como “actos ilocucionarios” válidos, y 3. su existencia como entidades “posibles”
pero no “concretas”. Expongamos en detalle cada perspectiva.
1. Frege y Russell sentaron las bases de la discusión sobre la pregunta por la significati-
vidad de los nombres de ficción (Santamaría, 2016). Frege, a partir de su estudio sobre los
llamados enunciados “no triviales”, estableció en su artículo Über Sinn und Bedeutung una
suerte de apología de los enunciados literarios al establecer una diferencia entre el sentido
(Sinn) y la referencia (Bedeutung) de un nombre de ficción y concluye que “este tipo de
nombres no señalan a ningún individuo, no cuentan con una extensión, pero sí con una
intención (descriptores)” (Frege, 1982, como se citó en Santamaría, 2016, p. 229). El
“referente” de un nombre es su extensión; es decir, el ejemplar concreto al que el nombre
señala, y el “sentido” son las propiedades, descripciones y relaciones con las que cuenta
tal nombre. De modo que, para Frege, los nombres de ficción contenidos en la literatura
tienen claramente un sentido en cuanto poseen una intención (comunicativa) dada por
el autor de la obra literaria, y ello ya es suficiente para que posean significatividad. Más
tarde, Russell refutó la tesis de Frege, en su artículo On denoting (1905), sosteniendo que
(…) todos los enunciados que contienen “nombres” de ficción no son verdaderos nombres
propios sino meras descripciones definidas abreviadas, ya que no designan nada en absoluto
[…] Los verdaderos nombres propios tienen que poder mostrar (enseñar) el individuo portador
del nombre, el ejemplar. Si no hay referente (extensión, ejemplares), como en el caso de los

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Por los senderos de la ficción...

aparentes nombres de ficción, tendremos que decir –según Russell–, que no son de ningún
modo verdaderos nombres. (Como se citó en Santamaría, 2016, p. 229)
Ambos autores, sin embargo, se inscriben en el problema de la referencialidad de los
nombres de ficción. Russell hace depender la significatividad de los enunciados literarios
de la existencia física del objeto nombrado y Frege, lo contrario. Esta última consideración
recuerda la postura del Wittgenstein de Investigaciones filosóficas, sobre los enunciados
de ficción, quien, al refutar las tesis del lenguaje lógicamente perfecto de Russell, sostuvo
que la significatividad de los nombres de ficción
(…) no depende de que se pueda dar cuenta o no de ejemplares, sino del uso que de ellos se
haga en tal o cual discurso, esto es, en la aceptabilidad o no de tales nombres dentro de un juego
de lenguaje, pues todos los términos (palabras o nombres) los usamos de acuerdo al contexto
donde son proferidos. (Como se citó en Santamaría, 2016, p. 230)
2. El análisis del lenguaje literario migra después hacia el plano de los llamados actos
de habla, es decir, hacia la consideración de su “uso”. Desde esta perspectiva, se discute
si un enunciado literario puede ser identificado como un acto de habla o, más concre-
tamente, incluso como un “acto ilocucionario”; es decir, aquellos que incluyen “realizar
algo” y no solo “decir algo”. En esta perspectiva, una novela, por ejemplo, no se com-
prende simplemente como un acto de “decir algo” con carácter ficcional sino, además,
y de manera decisiva, como un acto de carácter social que posibilita la interacción entre
los miembros de una comunidad hablante (lenguaje realizativo). Austin, en su obra How
to do things with words, escribe poco sobre literatura. Sin embargo, cuando lo hace es
para atribuir un estatuto especial a los enunciados literarios al llamarlos “usos no serios”
o “usos parásitos” del lenguaje (Austin, 1962, como se citó en Austin, 1998, p. 148). Así,
la literatura se constituye en una circunstancia particular (especial) del lenguaje (también
la llama “decoloración del lenguaje, no un hablar propio”), pues en una poesía o en un
cuento el autor no desea necesariamente que el lector crea que sus afirmaciones son ver-
daderas, aunque internamente el escrito cuenta con sus propias normas de veracidad y,
por ende, que “actúe conforme a lo escrito”. En una obra literaria (o también en el libreto
de un actor de teatro), se suspenden las condiciones normales de referencia e incluso
está ausente todo intento de llevar a cabo un acto ilocucionario típico. Así, dice Austin,
“Walt Whitman no incita realmente al águila de la libertad a remontar vuelo” (p. 148).
A partir de estas consideraciones de Austin, Ohmann, en su obra El habla, la lite-
ratura y el espacio que media entre ambas, aventura la siguiente hipótesis: “Las obras
literarias son discursos en los que están suspendidas las reglas ilocutivas usuales. Si se
prefiere, son actos sin las consecuencias normales, formas de decir liberadas del peso
usual de los vínculos y responsabilidades sociales” (como se citó en Serna, 2004, p. 85).
Así, caracteriza la literatura como un discurso “abstraído” de las circunstancias espacio
temporales naturales, en donde el autor “finge” un discurso y el lector acepta ingresar en
dicho juego de fingimiento. Por tal motivo, una narración literaria se constituye en un
“cuasi acto de habla”, en el cual el lector se concentra de forma específica, en los actos
locutivos (la trama de ficción, los personajes imaginarios, etc.) y experimenta también
sus efectos perlocutivos (la respuesta emocional del lector ante la obra).
Posteriormente, Searle dirá en Speech acts: An essay in the philosophy of language
(1969), que “en un discurso de ficción las reglas semánticas son alteradas o en su defecto
suspendidas” (citado por Santamaría, 2016, p. 235). De este modo, Searle afirma que
un discurso literario en cuanto narración ficcional es un “discurso no serio”. Pero con
ello no quiere decir que se trata de un discurso engañoso, pues

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Artículo original

(…) cuando un autor de ficción realiza un acto ilocucionario del tipo “en la Plaza Mayor de
Salamanca tenemos un sol radiante” no se compromete a que efectivamente esté haciendo buen
tiempo en la Plaza Mayor de Salamanca y, de hecho, puede estar cayendo en el momento de
la proferencia una tremenda tempestad. El que el discurso sea “no serio” nada tiene que ver
con que se quiera mentir al proferir un enunciado de ficción. (Como se citó en Santamaría,
2016, p. 236)
De este modo, para Searle hablar es realizar actos conforme a reglas; en el caso de la
literatura, conforme a las mismas reglas dadas por la obra, incluso si se trata de narra-
ciones de ficción.
3. La posibilidad del lenguaje literario también se ubica en el plano de la discusión
sobre el llamado “estatuto ontológico de los mundos posibles”. Williamson, al estudiar
la naturaleza de los mundos posibles; es decir, de los entes de ficción propios del lenguaje
literario, se propuso interpretar la llamada fórmula de Barcan (axioma que permite incluir
cuantificadores en la lógica modal) como respuesta a la teoría del “actualismo”, que sostiene
“que el mundo real [actual] contiene todas las entidades que hay. Las presuntas entidades
meramente posibles sólo existen si –de una u otra manera– están ya en el mundo real”. En
este sentido, el actualismo difiere de la tesis que Williamson desarrolló, conocida como
los possibilia; es decir, “entidades meramente posibles que no existen en el mundo real,
sino solo en otros mundos posibles” (Williamson, 1998, como se citó en Pérez, 2009,
p. 73). Los filósofos actualistas rechazan, de plano, la existencia de los entes posibles de
las narraciones literarias. Sin embargo, Williamson optó por una postura intermedia
entre los possibilia y el actualismo al sostener que en nuestro mundo existen entidades
“posiblemente concretas no actualizadas”. Esto último se entiende como una tercera al-
ternativa o categoría ontológica, además de la clásica distinción entre entidades concretas
y abstractas. Las “entidades posiblemente concretas” de las que habla Williamson, si bien
no son concretas, podrían llegar a serlo en un estado especifico de cosas configurado, por
ejemplo, por la narración fantástica de una novela.
Entidades “no concretas” significa “no actualizadas”; es decir, que no se cuenta con
ejemplares de ellas caminando por el mundo de forma física. Pero las “entidades posible-
mente concretas” sí existen en este mundo, pues por el hecho de ser nombradas tienen
cierta “subsistencia ontológica”. La literatura las crea bajo una singular forma de estar en
el mundo (no actualizada) sino posible.
Así, la literatura constituye entes posibles, que no necesariamente son abstractos, sino
“no actualizados”. Los personajes imaginarios inventados por un autor de literatura nos
ponen en contacto con un dominio diferente al plano de lo puramente sensible y aunque
adolezcan de falta de “materialidad”, no deben ser tenidos sin más como no existentes. En
suma, la literatura constituye estados de cosas posibles y las dota de sentido, que tienen
lugar en planos diferentes al nuestro y estos tienen plena validez ontológica en cuanto
forman parte de un constructo simbólico que posee sus propias reglas de existencia.

Objeción de Habermas
Ohmann, al referirse a las narraciones literarias, había dicho que se trata de discursos
en los que se suspenden las reglas ilocutivas usuales y, por ende, permanecen liberadas
del compromiso con las responsabilidades sociales. Habermas (2017) retoma esta idea
de Ohmann y sostiene que la literatura no tiene utilidad alguna en la resolución de
los problemas que se plantean en el mundo. Por el contrario, le compete la función
de “apertura de mundo”. En El discurso filosófico de la modernidad de Habermas, se
lee: “Los correspondientes sistemas culturales de acción administran las capacidades de
solución de problemas de forma similar a como el arte y la literatura las capacidades de

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Por los senderos de la ficción...

abrir mundo” (p. 226). Habermas suscribe la idea de que los enunciados literarios solo
cuentan con vocación locucionaria en cuanto son autorreferenciales y para que tengan
significado deben apelar a sus propias reglas de ficción. Al respecto, sostiene Habermas:
La neutralización de la fuerza ilocucionaria torna virtuales las relaciones [de la literatura] con
el mundo, en las que los actos de habla están insertos gracias a su fuerza ilocucionaria, y exime
a los participantes en la interacción de entenderse sobre algo en el mundo sobre la base de
suposiciones ideales para poder así coordinar sus planes de acción y, con ello, contraer obliga-
ciones ideales relevantes para la interacción. (p. 220)
Ahora bien, según Serna (2004), es preciso advertir que el concepto “apertura de
mundo” significa en Habermas algo particular:
El concepto “apertura de mundo” no solo es utilizado por Habermas, sino además por Hei-
degger y Gadamer. Es menester realizar su deslinde. Mientras que la concepción de “apertura
de mundo” de estirpe heideggeriana (previa concepción del mundo como mundo apalabrado)
provoca efectos perlocucionarios; la “función de apertura de mundo”, atribuida por Habermas
a la literatura, limita sus efectos al plano locucionario”. (p. 86)
Así las cosas, para Habermas la literatura, ajena a los enunciados ilocucionarios, per-
manece escindida de los problemas sociales, pues está dominada por la retórica y hace de
su función de “apertura de mundo” un fin en sí misma. La narración literaria y la poesía
son incapaces de desempeñar una función hermenéutica o transformadora de la reali-
dad. La literatura no logra imprimirle a la ética o a la política rumbo específico alguno.
En esta perspectiva, la literatura resulta opuesta a la ciencia, a la técnica, a la moral y al
derecho, en cuanto es intuitiva y connotativa y sin pretensiones de universalidad. Esto
hace pensar que el lenguaje metafórico es una suerte de discurso “inferior” con relación al
lenguaje apodíctico y la literatura queda relegada al rincón de la fantasía. Las narraciones
literarias yacen reducidas a una función de ejemplificación; es decir, sirven como ejemplo
filosófico de distintas maneras, pero no logran articular una teoría filosófica en cuanto
son incapaces de generar conocimiento nuevo. Tal postura habermasiana no solo niega
la tesis de que la literatura induce significados y sentidos de orden extraproposicional
y contribuye a la resolución de problemas prácticos, sino que pareciera reclamar una
reducción de lo racional a lo meramente proposicional y la obligación de trasmutar toda
palabra en concepto.

Posibilidad de configurar la realidad y resolver


problemas a partir de la ficción literaria
Queda claro que para Habermas es preciso evitar a toda costa la “contaminación” del
discurso filosófico con la retórica literaria. Esta postura es una clara apología al proyecto
filosófico de la Ilustración y una abierta oposición al espíritu del Romanticismo, en la que
se traslucen pretensiones de verdad, intenciones de rectitud discursiva y autenticidad de
los argumentos. El texto literario queda destinado a ser solo una opción técnica del estilo
de escribir y una inofensiva teoría de lo bello escindida de la experiencia social humana.
Esto, naturalmente, trae consigo serias dificultades. La más evidente de ellas es que se
niega el carácter estético de la vida humana en sus complejas relaciones. ¿Nos ha dejado
Habermas en un callejón sin salida? Claro que no.
Lo primero es reconocer que nada hay intrínseco al lenguaje metafórico que le impida
generar un genuino contacto con lo real, aunque, en general, esto no llegue a suceder.
La literatura pone en evidencia la multiplicidad de voces que posee la razón humana
y se constituye en clave hermenéutica para entender el carácter estético de la realidad.
Incluso, se puede sostener que

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Artículo original

(…) el interés por lo literario y artístico no tendría por qué significar un apresurado abandono del
modelo discursivo y analítico –característico de la filosofía–, sino más bien el acceso a un punto
de vista más completo, un nuevo método reflexivo, otro límite crítico. (Vásquez, 2006, p. 46)
La literatura posee una particular dimensión ontológica y cognoscitiva, y es, por
así decirlo, una “huella antropológica” de síntoma histórico-cultural de determinadas
sensibilidades propias de la comunidad de donde emerge como creación artística. Así,
una obra literaria permite “leer la sensibilidad de una época o, si se quiere, la condición
psicológica de la humanidad en una situación dada” (Vásquez, 2006, p. 48). La razón
narrativo-poética es capaz de desempeñar una función hermenéutica e incluso transfor-
madora de la realidad. Los mundos que se crean, por ejemplo, en una novela de ficción
(los textos contienen universos semánticos que pueden ser descritos como mundos)
poseen una consistencia ontológica propia, constituyen una realidad autónoma, con un
telos propio y por ende son capaces de configurar las prácticas humanas, imprimiéndole
a la ética o a la política un determinado rumbo.
La obra filosófica de Martha Nussbaum (2005) da cuenta de cómo la literatura pue-
de hacer referencia al mundo real o puede producir mundos posibles, contrafácticos y
alternativos. En su obra El conocimiento del amor. Ensayos sobre filosofía y literatura,
Nussbaum se pregunta sobre las íntimas conexiones entre las estructuras formales y el
contenido que éstas expresan, para una investigación filosófica en el campo de la ética,
que vincule la literatura como fuente alternativa pertinente a las concepciones puramente
teóricas de corte kantiano o utilitarista, pero sin pervertir su naturaleza simbólica, libre
y expresiva. El punto de partida de la investigación ética que se propone Nussbaum es la
pregunta: ¿cómo se debería vivir? La literatura, y especialmente la novela, se constituyen
en fuente privilegiada de una “racionalidad alternativa” para recorrer el camino de dicha
investigación.
Ahora bien, Nussbaum desarrolla la tesis de Henry James y Marcel Proust respecto
a la función del estilo literario al abordar los problemas de la vida práctica (si se quiere,
ética) de las personas. En este sentido, sostiene que
(…) con respecto a algunas cuestiones interrelacionadas del área de la elección humana, y de
la ética entendida en un sentido amplio, existe un conjunto de posturas que constituye un
serio candidato a la verdad (y que merece, pues, la atención y el examen de cualquiera que
considere seriamente estas cuestiones) cuya encarnación completa, apropiada y (como diría
James) “honorable” se encuentra en los términos característicos de las novelas. (2005, p. 34)
Lo anterior, se entiende al considerar la complejidad misma de la vida humana que
no puede ser agotada exclusivamente con un análisis teórico abstracto o, si se quiere,
filosófico, sino que reclama un tipo diferente de lenguaje, más expresivo, metafórico,
colorido y conmovedor, propio de la literatura. Así, el lenguaje literario se constituye –en
cuanto producto de la vida práctica y real de los individuos– en la manera más apropiada
para lograr una representación precisa y verdadera de la abigarrada existencia humana.
Las angustias, las ilusiones, el amor, las pasiones y los sentimientos humanos en general
encuentran su expresión más genuina y, por ende, una mejor comprensión ética, en la
prosa literaria y no en la fría escritura filosófica convencional.
Nussbaum aboga por un tratamiento de las cuestiones éticas desde el ámbito de la
novela literaria, en cuanto las preguntas por el cómo vivir son reales y prácticas y compar-
ten ese talante vital con el trabajo literario. No se trata, sin embargo, de forzar la novela
a entrar en una horma filosófica, pues perdería su esencia libre. Incluir la novela en la
filosofía moral es poner en relación dinámica la palabra literaria con la indagación sobre
la “vida buena”, reconociendo, ante todo, que ya las obras literarias están ubicadas, de

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suyo, en esa indagación, pues la labor del escritor expresa una postura valorativa sobre
lo humano y sobre el mundo. La literatura pone de manifiesto la relevancia ética de los
acontecimientos fortuitos, de lo que se escapa a nuestra voluntad, y pone de manifiesto
el valor epistemológico de la emoción. Nussbaum (2005) afirma, incluso, que “la propia
estructura de una novela forja una concepción determinada de lo que importa” (p. 65). Las
obras literarias no pueden ser concebidas como construcciones recreativas o instrumentos
neutrales: ellas configuran el mundo porque permanecen inextricablemente unidas a él.

Conclusiones
A mi modo de ver, si bien la literatura posee, a diferencia de la prosa filosófica conven-
cional, un potencial imaginativo y emocional muy útil para la reflexión ética y la resolución
de problemas, pues nos pone de cara, por ejemplo, a formas alternativas de comprendernos
nosotros mismos y nos impulsa a nuevas maneras de relacionarnos intersubjetivamente,
por el efecto maravilloso de su esencia libre, tendríamos, pues, que reconocer que ella
misma es productora de un tipo de racionalidad diferente que “confecciona mundos” y que
expande, por así decirlo, los límites mismos de lo que solemos aceptar como realidad. Ello
supone, naturalmente, abandonar la concepción del lenguaje literario como un vehículo
de falsedad y de banalidad, y que nada se puede aprender de ella, pues, a diferencia de
la perspectiva filosófica tradicional (de cuño moderno ilustrado), no se esfuerza en crear
argumentos, análisis y debates en defensa de las presuntas verdades que trabaja.
Claro está que la poesía no se puede limitar a una función instrumental, que la re-
duce solo a un ejemplo al servicio de teorías filosóficas o de ciertos modelos morales o
estéticos. La poesía tampoco es un instrumento de análisis de lo social. Ella no busca
de modo alguno, aclarar conceptos y teorías, explicar fenómenos y resolver problemas
teóricos argumentando tesis específicas. El poeta, en cambio, usa el lenguaje no para
aclarar conceptos, sino para evocar en el lector imágenes, sonidos o ideas de un modo
mucho más libre. La literatura tiene la capacidad de poner en evidencia nuevas formas de
realidad, que, naturalmente, exigen nuevas formas de pensamiento y de expresión escrita
no convencional. Este papel profundo de la literatura, que no lo logra la filosofía, tiene
su máxima expresión, sin lugar a dudas, en el establecimiento de un circuito de nuevas
relaciones entre pensamiento-mundo y pensamiento-historia.
La literatura, al igual que la filosofía, tiene un compromiso epistemológico y ético con
la realidad del mundo que la alberga. Las ideas transforman, direccionan, interpretan y
recrean la realidad humana, revelando con ello una fuerte carga social y política. Si bien
la literatura posee una clara identidad metafórica y sus personajes son, en su mayoría,
producto de la ficción, es capaz de interrogar, polemizar, transgredir y confrontar las di-
námicas sociales, económicas y culturales del devenir histórico de un pueblo. Al respecto,
sostiene Guadarrama (2017):
El hecho de que en la literatura el escritor en su imaginación construya personajes y situaciones,
eso no significa que las haya extraído de ficciones exclusivamente, sino de la realidad socioeco-
nómica, política y cultural en que ha vivido y conoce por lo que se propone de alguna forma
concebirla y transmitir algún tipo de verdad sobre ella. (pp. 95-96)
Particularmente en América Latina, la literatura ha desempeñado una importante
función social (v. gr. El señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias; El otoño del patriarca,
de Gabriel García Márquez; Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa; etc.,
tematizan literariamente la figura del dictador). Las novelas, las poesías, el teatro y la
música han contribuido a la conformación de nuestras naciones y han acompañado,
responsablemente, sus dinámicas políticas y sociales. En concreto, han desempeñado una

DOI: https://doi.org/10.21500/22563202.5553 Revista Guillermo de Ockham. Vol. 19, No. 2. Julio - diciembre de 2021 | 361
Artículo original

importante labor crítica de la sociedad con el objetivo de contribuir a su mejoramiento


social y a su enriquecimiento espiritual. Citando a Jaime Mejía en su obra Rulfo en su
lumbre y otros temas latinoamericanos, Guadarrama argumenta que “ni en los momentos
más elusivos y estetizantes la literatura aquí dejó de ser polémica, política, testimonial en
algún grado y con diverso valor”. (2017, p. 104)

Referencias
Austin, J. L. (1998). Cómo hacer cosas con palabras. Barcelona: Paidós.
Deleuze, G., y Guattari, F. (2001) ¿Qué es filosofía? Barcelona: Anagrama.
Frege, G. (1984). Ensayos de semántica y filosofía de la lógica. Valdés V. L. (Trad.). España. Tecnos.
Guadarrama, P. (septiembre, 2017). La responsabilidad epistémica y ética en la filosofía y la
literatura. En: Hybris, 8, 81-108. doi: 10.5281/zenodo.998072
Habermas, J. (2017). El discurso filosófico de la modernidad. Buenos Aires: Katz
Nussbaum, M. C. (2005). El conocimiento del amor. Ensayos sobre filosofía y literatura (Rocío
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362 | Revista Guillermo de Ockham. Vol. 19, No. 2. Julio - diciembre de 2021 DOI: https://doi.org/10.21500/22563202.5553

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