Maíz
El maíz es un cultivo que requiere condiciones agroecológicas
específicas para crecer y producir de manera Óptima.
Clima
1. Temperatura: El maíz requiere temperaturas cálidas, entre 20°C y
30°C, para crecer y producir.
2. Precipitación: El maíz requiere precipitaciones adecuadas, entre 600 y
1.200 mm por año, para crecer y producir.
3. Humedad: El maíz requiere una humedad relativa alta, especialmente
durante la floración y la formación de granos.
Suelo
1. Tipo de suelo: El maíz crece bien en suelos bien drenados, con buen
contenido de materia orgánica y nutrientes.
2. pH: El maíz prefiere suelos con un pH entre 6,0 y 7,0.
3. Fertilidad: El maíz requiere suelos fértiles con niveles adecuados de
nitrógeno, fósforo y potasio.
Otros factores
1. Luz: El maíz requiere luz solar intensa para crecer y producir.
2. Altitud: El maíz puede crecer en altitudes bajas y moderadas, hasta
2.000 metros sobre el nivel del mar.
3. Manejo de agua: El maíz requiere un manejo adecuado del agua,
especialmente durante la sequía.
Condiciones ideales
1. Temperaturas cálidas y estables: El maíz crece bien en temperaturas
cálidas y estables, sin grandes fluctuaciones.
2. Precipitaciones adecuadas y bien distribuidas: El maíz requiere
precipitaciones adecuadas y bien distribuidas durante todo el ciclo de
crecimiento.
3. Suelos bien drenados y fértiles: El maíz crece bien en suelos bien
drenados y fértiles, con buen contenido de materia orgánica y
nutrientes.
En resumen, el maíz requiere condiciones agroecológicas específicas,
incluyendo temperaturas cálidas, precipitaciones adecuadas, suelos bien
drenados y fértiles, y manejo adecuado del agua, para crecer y producir
de manera óptima.
El cultivo de maíz se ve afectado por diversas plagas y enfermedades
que pueden reducir significativamente la producción. Entre las plagas
más comunes se encuentran insectos como gusanos cogolleros, gusanos
eloteros, gusanos soldados, araña roja, y también algunas enfermedades
fúngicas como la mancha ocular, el mildiú velloso y la roya común.
Plagas comunes:
Gusanos:
Los gusanos cogolleros, eloteros y soldados, así como el gusano de
alambre, son plagas comunes que atacan tanto las hojas como la
mazorca del maíz.
Insectos:
Pulgones, trips, escarabajos, y las cigarrillas del maíz (Dalbulus maidis y
Peregrinus maidis) también pueden causar daños.
Roedores y aves:
Durante la maduración y la cosecha, los roedores y las aves pueden
causar daños a los granos maduros.
Enfermedades fúngicas:
Mancha ocular: Esta enfermedad causa manchas circulares en las hojas
y puede afectar la mazorca.
Mildiú velloso: Esta enfermedad se manifiesta como manchas
amarillentas en las hojas y puede causar la muerte de la planta.
Roya común: Esta enfermedad produce pústulas de color rojizo o naranja
en las hojas.
Medidas de control:
Control biológico:
El uso de enemigos naturales como los ácaros predadores para controlar
la araña roja, o la utilización de hongos como Bacillus thuringiensis para
controlar gusanos.
Control químico:
El uso de insecticidas y fungicidas para controlar plagas y
enfermedades.
Control cultural:
Rotación de cultivos, limpieza de malezas, y eliminación de residuos de
cosecha para prevenir la propagación de enfermedades.
Uso de variedades resistentes:
El uso de semillas de variedades resistentes a plagas y enfermedades
puede ayudar a reducir los daños.
El maíz es el cultivo agrícola más importante en México; cada año se
siembran 8.5 millones de hectáreas, y su producción representa el 60
por ciento del total de granos producidos en el país. Por ello, este cultivo
es uno de los pilares de la alimentación de los mexicanos.
59 por ciento de la energía, es decir, 1363 kilocalorías, y 39 por ciento
de la proteína, que son 29 gramos, de las necesidades diarias de un
individuo adulto. Sin embargo, la proteína del grano de maíz es
deficiente en la proporción de lisina y triptofano, aminoácidos esenciales
para el ser humano y para los animales. En México hay 31 millones de
personas con algún grado de desnutrición, y en 18 millones de éstos la
desnutrición es severa. La desnutrición es grave en 10 millones de
indígenas, así como en la población de escasos ingresos en las ciudades.
Este problema se agudiza debido a que México no produce todo el maíz
que necesita, y se tiene que recurrir cada año a importar entre 5 y 6
millones de toneladas de grano.
Para el trópico, se recomiendan varios híbridos y variedades de maíz que
se adaptan bien a las condiciones climáticas y de suelo de la región.
Algunos de los más destacados son:
- Híbridos:
- H-564C: Excelente opción para producción de forraje, con un
rendimiento de 36.6 toneladas por hectárea.
- H-520: Otro híbrido popular para forraje, aunque su rendimiento es
ligeramente inferior al H-564C.
- HE-1ª17: Un híbrido que ha mostrado buen desempeño en condiciones
tropicales.
- DK-357: Un híbrido que puede ser adecuado para producción de forraje
en el trópico.
- Variedades sintéticas:
- VS-536: Una variedad sintética que ha destacado por su alto
rendimiento en forraje, alcanzando 38.8 toneladas por hectárea en
algunas pruebas.
- NH-5: Otra variedad sintética que puede ser adecuada para producción
de forraje en el trópico.
Es importante tener en cuenta que el rendimiento y la adaptabilidad de
estos híbridos y variedades pueden variar según las condiciones
específicas de cada región y finca. Algunos factores clave a considerar al
seleccionar variedades de maíz para el trópico incluyen:
- Densidad de siembra: La densidad óptima puede variar entre 50,000 y
83,333 plantas por hectárea, dependiendo del híbrido o variedad y las
condiciones de crecimiento.
- Manejo del cultivo: El control de malezas, plagas y enfermedades es
crucial para maximizar el rendimiento y la calidad del forraje.
- Fertilización: La fertilización adecuada puede ayudar a optimizar el
crecimiento y el rendimiento del cultivo.
Al elegir la variedad o híbrido adecuado para su región y condiciones
específicas, los productores pueden maximizar el rendimiento y la
calidad del forraje .
Tasa requerida de aplicación de nutrientes: este primer componente
establece la cantidad exacta de nitrógeno, potasio y fósforo que tus
cultivos necesitan por hectárea. Expresada comúnmente en kg/ha o
lbs/acre, esta tasa se determina considerando factores como los
requisitos específicos del cultivo, el análisis del suelo y otros parámetros
cruciales.
Grado/composición del fertilizante: la etiqueta del fertilizante revela su
composición en términos de porcentajes de nitrógeno, fósforo y potasio.
Comprender estos números es esencial para tomar decisiones
informadas sobre la selección y proporciones adecuadas del fertilizante.
Área del campo: la extensión de tu terreno agrícola es un factor
determinante. La dosis de fertilización se calcula en función de la
superficie que deseas cubrir con nutrientes esenciales. Esto es lo que
permitirá maximizar la salud y rendimiento de tus cultivos.
Fertilizantes sólidos
Para determinar la tasa de aplicación del fertilizante sólido, puedes
utilizar esta fórmula:
Tasa de aplicación del fertilizante = tasa necesaria de aplicación de
nutriente x 100 entre (/) el % del nutriente en el fertilizante.
Por ejemplo: un agricultor tiene un campo de 8 hectáreas y desea aplicar
60 kilos de nitrógeno. Utiliza Urea de 46-0-0.
Con el uso de la fórmula, sería: TA = N x 100/C.
Es decir, TA = 60 x 100/46 ≈ 130.4 kg
En este caso, el agricultor necesitaría aplicar aproximadamente 130.4
kilos de Urea para cumplir con los requerimientos de nitrógeno en sus
cultivos.
Fertilizantes líquidos
El cálculo para fertilizantes líquidos involucra la densidad del fertilizante,
ya que el contenido de nutrientes se expresa en porcentaje en peso.
La fórmula es:
Tasa de aplicación del fertilizante = tasa que se necesita de aplicación
del nutriente x 100 entre (/) el % del nutriente en el fertilizante x
densidad del fertilizante.
Ejemplo: Un productor desea aplicar 20 kilos de nitrógeno utilizando UAN
30-0-0, que tiene una densidad de 1.2 kg/litro.
Preparación del terreno.
La preparación del terreno es el paso previo a la siembra. Se recomienda
efectuar una labor de arado al terreno con grada para que el terreno
quede suelto y sea capaz de tener cierta capacidad de captación de
agua sin encharcamientos. Se pretende que el terreno quede esponjoso
sobre todo la capa superficial donde se va a producir la siembra.