La desconocida historia del manto de San José Pero he pensado una cosa, -continuó María, procurando ocultar
tras una dulce sonrisa el sentimiento que su corazón sentía-;… he
"Dios ha determinado bendecir todas aquellas familias que se pensado que dejes el manto en prenda y con eso el dueño de la
pongan bajo el Manto protector” madera se dará por satisfecho.
Cuentan las antiguas tradiciones conservadas en los primeros —No has pensado mal -dijo San José, bajando sus ojos, porque su
monasterios de vida contemplativa y transmitidas hasta nuestros esposa no los viera arrasados en lágrimas.
días, que San José es solícito en mediar ante Dios para que en su —Adiós, esposo mío -dijo María al despedirle-. El Dios de
misericordia conceda las gracias necesarias a quienes acuden Abraham te acompañe y su ángel te dirija.
orantes a él. Conocida entre sus devotos es la Novena llamada —Adiós esposa mía; procuraré volver pronto.
“Santo Manto de San José” que está inspirada en una historia Y marchó el santo con la mitad del dinero y el manto nuevo que
hecha leyenda. María le había regalado en el día de su boda.
El manto de San José —Dios te guarde, Ismael, -dijo el Santo padre de Jesús
cortésmente al llegar a la presencia del dueño de los troncos
San José debía ir a las montañas de Hebrón, donde tenía ajustada contratados.
una partida de madera, y lo había ido dilatando día tras día hasta —¿Vienes ya por la madera? -fue la contestación al saludo de
ver si podía reunir todo el dinero; pero fue en vano. Las cosas de José-; bien podías haber venido antes; en poco ha estado que te
los pobres, se hacen sus cuentas y casi nunca les salen como lo quedes sin ninguna.
pensaron, José no tenía reunido más que la mitad del dinero y el Ismael tenía mal genio, era un avaro sin entrañas, en su casa no
caso es que no podía esperar más tiempo; era necesario servir a había visto nunca la paz, su pasión era el dinero y todo esto lo
los parroquianos y por tanto partir por la madera. conocía José desde que le estaba tratando, por lo cual podemos
presumir la poca confianza y el miedo que había de tener por
—Si te parece bien –le dijo la Santísima Virgen María-, lo pediré declarar el estado de su bolsillo. Escogió los maderos,
a los parientes. apartándolos a un lado, y cuando ya iba a partir para Nazaret,
—Yo iré -contestó José. llegado el momento supremo, llamó aparte a Ismael, y le habló de
—No, esposo mío -suplicó María-; has de hacer un largo viaje y esta manera:
no te debes cansar -y cubriendo su cabeza según la costumbre,
salió de casa. Al regresar le dijo: —¡Dispénsame que no traigo más que la mitad del dinero; tú
sabes que siempre te he pagado al contado. Espérame y ten
—No hay dinero. Lo he pedido en varias casas, y todas se han paciencia y te pagaré hasta el último cuadrante; quédate con esta
excusado; indudablemente es que no tienen, porque si hubieran capa en prenda.
tenido ¿cómo se habrían de negar a darlo?
ambos esposos le prodigaron no se mejoraba; al contrario, parecía
Ismael quiso que se llevara la mitad de los troncos, protestó y que iba a expirar. Se acordó Ismael del Manto de José y comunicó
volvió a protestar, de tal manera, que estuvo a punto de a Eva su pensamiento; nada perdían. Pero si la vaca sanaba,
desbaratarse el contrato, pero al cabo cedió aunque no de muy sabrían que el Manto era la causa de su dicha y del bienestar que
buen grado, quedándose con el manto de boda de San José. disfrutaban.
El avaro Ismael tenía enfermos los ojos hacía tiempo con úlceras, Fue nada más ponerle la capa y el animal se levantó del suelo
y a pesar de invertir en médicos y medicinas no había logrado la donde antes se retorcía por la fuerza del dolor. La vaca se puso a
salud; casi había perdido la esperanza de sanar; por lo cual se comer como si nada hubiese pasado.
llenó de sorpresa a la mañana siguiente cuando se encontró que
sus ojos estaban sanos como si nunca hubiese padecido. —¿Lo ves? -dijo Ismael-, este manto es un tesoro. Desde que él
está en nuestra compañía, somos felices. Conservemos esta prenda
—¿Qué es esto? -se decía-. ¡Ayer enfermos con úlceras de los cielos; no nos desprendamos de ella ni aunque nos dieran
incurables, y hoy sanos sin medicina alguna! todo el oro del mundo.
—¿Ni al mismo dueño se la devolveremos?-dijo Eva inquieta.
No dio Ismael con la causa y al llegar a su casa contó a su esposa —Ni al mismo dueño -contestó resueltamente Ismael.
el prodigio. Eva, que así se llamaba ésta, tenía un genio de fiera, —Entonces -dijo Eva- le compraremos otra mejor que ésta, en el
y desde que se había casado con Ismael jamás había tenido paz, ni mercado de Jerusalén, y si te parece bien iremos los dos a
dicha, ni tranquilidad, ni gusto en el matrimonio; pero aquella llevársela.
noche estaba hecha una cordera. ¡Qué dulzura en sus palabras! —Sí -contestó el marido-. Yo le perdono la deuda y además estoy
¡Qué mansedumbre! ¡Qué alegría en su rostro antes sombrío y dispuesto a darle de aquí en adelante toda la madera que necesite.
arrugado por la ira: "¿Qué es esto? ¿Qué variación es esta? —¿No has dicho que tiene un hijo llamado Jesús? -preguntó Eva-
¿Quién habrá traído este cambio?" se preguntaba a sí mismo el Le llevaré de regalo un par de corderos blancos y un par de
esposo. palomas como la nieve, y a María aceite y miel. ¿Te parece bien,
—Toma este manto y guárdalo por ahí -le dijo a Eva-. Es de José, esposo mío?
el carpintero de Nazaret, y ha de venir a llevárselo; este manto —Todo me parece bien –contestó-. Mañana iremos a Jerusalén y
debe ser el que ha traído la paz y la tranquilidad de esta casa - desde allí a Nazaret.
dijo casi pensarlo el esposo-. Desde que lo puse sobre mis
hombros para traerlo, siento en mí tal mudanza, tales afectos y Cuando estaban los camellos preparados para el viaje, llegó
tales deseos, que no puede ser otra la causa. Oyeron entonces jadeante el hermano menor de Ismael, diciendo que la casa de su
ruido en el establo y, cortando la conversación, se tiró del lecho padre estaba ardiendo y había que llevar el Manto del Carpintero,
Ismael y acudió a ver lo que era. con el fin de apagar el incendio. No había tiempo que perder.
Una vaca, la mejor, la más gruesa, se retorcía en el suelo presa de Los dos hermanos corrieron precipitadamente a la casa del padre y
un dolor horrible. ¡Pobre animal! A pesar de los remedios que al llegar, cortaron un pedazo del milagroso manto y lo arrojaron
al fuego. No hubo necesidad de derramar una sola gota de agua;
aquello fue bastante para atajar el incendio y apagarlo. Las gentes
se admiraron al ver el prodigio y bendijeron al Señor. —¡Loado sea Dios por todo! -dijo bajando los ojos el santo
Carpintero-. Levantaos, que no está bien que estéis de rodillas
—Qué fue -preguntó Eva al verlos llegar- ¿se ha apagado el delante de un hombre tan miserable como yo.
fuego?
—Sí -contestó el esposo lleno de satisfacción-; un pedazo del —Aún no he terminado -respondió Ismael-. Tú no eres un hombre
manto ha bastado para realizar el milagro. como los demás, sino un Santo, un Profeta, un ángel en la tierra.
Te traigo un manto nuevo, de los mejores que se tejen en Sidón; a
Días después se bajaron de sus camellos a la puerta del Carpintero María tu esposa, le traemos aceite y miel, y a Jesús, tu hijo, le
de Nazaret. Ismael, el antiguo usurero y Eva su esposa, venían regala mi esposa un par de corderos blancos y un par de palomas
llenos de humildad a postrarse a los pies de José y María y a más blancas que la nieve del Líbano.
hacerles varios regalos. Al verlos San José y la Santísima Virgen Aceptad estos pobres obsequios, disponed de mi casa, de mis
María creyeron que vendrían reclamando la deuda y se llenaron de ganados de mis bosques, de mis riquezas, de todo lo que
tristeza porque aún no tenían el dinero reunido. Pero el entrar en poseemos, y... ¡no me pidáis vuestro manto!
la casa donde José, María y el Niño Jesús estaban, se pusieron — Quedaos con él, ¡en buena hora! -dijo el Santo Carpintero-; y
ambos de rodillas, y tomando la palabra Ismael, dijo: gracias, muchas gracias por vuestros ofrecimientos y regalos.
—Venimos mi esposa y yo a darte las gracias por los inmensos Y mientras se levantaban del suelo y acercaban los presentes, les
bienes que hemos recibido del cielo desde que me dejaste el dijo María:
manto en prenda; y no nos levantaremos de aquí sin obtener tu
consentimiento de quedarnos con él para que siga protegiendo mi —Sabed, buenos esposos, que Dios ha determinado bendecir
casa, mi matrimonio, mis intereses y mis hijos. todas aquellas familias que se pongan bajo el Manto protector
de mi santo esposo.
—Levantaos -dijo José, tendiéndoles las manos para ayudarles. No os extrañen pues los prodigios obrados; otros mayores veréis;
—iOh, santo Profeta! -respondió Ismael en un arrobo espiritual-; amad a José, servidle, guardad el Manto, divididlo entre
permite hablar a tu siervo de rodillas y escucha estas palabras: Yovuestros hijos, y sea ésta la mejor herencia que les dejéis en el
estaba enfermo de los ojos y por medio de tu manto se han mundo.
curado; era usurero, altivo, rencoroso y hombre sin entrañas y me
he convertido a Dios; mi esposa estaba dominada por la ira y …Y es sabido que los esposos guardaron fielmente los consejos
ahora es un ángel de paz; me debían grandes cantidades y las he de la Santísima Virgen María y fueron siempre felices, lo mismo
cobrado todas sin costarme trabajo alguno; estaba enferma la que sus hijos y los hijos de sus hijos.
mejor de mis vacas y ha sanado de repente; se incendió, en fin, la
casa de mi padre y se apagó el fuego instantáneamente al arrojar
en medio de las llamas un pedazo de tu manto.