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Facultades de La Administración Tributaria

El documento aborda las facultades de la Administración Tributaria en Perú, centrándose en el rol de la SUNAT como ente encargado de la recaudación de tributos y la importancia del Derecho Tributario para el financiamiento de servicios públicos esenciales. Se analiza la historia, doctrina y legislación relacionada con estas facultades, destacando la necesidad de un marco legal que garantice la equidad y el respeto a los derechos de los contribuyentes. El trabajo concluye con una reflexión sobre el impacto de estas facultades en la calidad de vida de la ciudadanía y la estructura del Estado.
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Facultades de La Administración Tributaria

El documento aborda las facultades de la Administración Tributaria en Perú, centrándose en el rol de la SUNAT como ente encargado de la recaudación de tributos y la importancia del Derecho Tributario para el financiamiento de servicios públicos esenciales. Se analiza la historia, doctrina y legislación relacionada con estas facultades, destacando la necesidad de un marco legal que garantice la equidad y el respeto a los derechos de los contribuyentes. El trabajo concluye con una reflexión sobre el impacto de estas facultades en la calidad de vida de la ciudadanía y la estructura del Estado.
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“UNIVERSIDAD CATÓLICA SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO”

FACULTAD DE DERECHO

ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO

Título

FACULTADES DE LA ADMINISTRACIÓN TRIBUTARIA

Autores

Córdova Martí, Jhampieer


Guevara Alarcón, Anshy
Paredes Guerrero, Fiorella
Rubio Diaz, Marjorie Elizabeth

DOCENTE

Oliva Cornejo, Jorge

CURSO

Derecho tributario I

CICLO:

IX

Chiclayo, 2025
AGRADECIMIENTO

El presente trabajo de investigación ha sido posible gracias al esfuerzo conjunto y al

compromiso de todos los integrantes del grupo, quienes aportaron activamente en cada etapa

del proceso.

En primer lugar, expresamos nuestro agradecimiento a Dios, por habernos brindado la

fortaleza, la paciencia y la claridad necesarias para afrontar cada fase de esta labor

académica. Asimismo, extendemos nuestro sincero reconocimiento a nuestro docente, cuya

orientación y dedicación despertaron en nosotros un genuino interés por el Derecho

Tributario a lo largo de cada sesión impartida.

Agradecemos también a cada uno de los autores del presente trabajo por su responsabilidad,

compromiso y espíritu de colaboración, valores que fueron fundamentales para la

culminación satisfactoria de esta investigación. Del mismo modo, reconocemos el apoyo

incondicional de nuestras familias, cuyo respaldo emocional y motivación constante fueron

clave para continuar con firmeza en este camino.

Finalmente, agradecemos a nuestra casa de estudios por brindarnos el espacio académico y

formativo que hizo posible el desarrollo de competencias investigativas en temas jurídicos

relevantes para el fortalecimiento institucional y el bienestar de nuestra sociedad.


ÍNDICE

I.​ INTRODUCCIÓN
II.​ CAPÍTULO I: LA ADMINISTRACIÓN TRIBUTARIA Y SUS FACULTADES
2.1. HISTORIA
2.2. DOCTRINA
III.​ CAPÍTULO II: LEGISLACIÓN Y JURISPRUDENCIA
3.1. LEGISLACIÓN PERUANA
3.2. JURISPRUDENCIA PERUANA E INTERNACIONAL
IV.​ CAPÍTULO III: LEGISLACIÓN COMPARADA Y CASUÍSTICA
4.1.LEGISLACIÓN COMPARADA
4.2. CASUÍSTICA
V.​ CONCLUSIONES
VI.​ REFERENCIAS
INTRODUCCIÓN

El Derecho Tributario nace como una respuesta a las necesidades colectivas de la sociedad,

particularmente en lo que respecta a la obtención de recursos económicos que permitan

garantizar el acceso a servicios esenciales como la educación y la salud. Estas áreas

representan pilares fundamentales para el desarrollo individual y social, por lo que su

financiamiento requiere de una estructura jurídica que respalde y regule el sistema de

recaudación del Estado. En ese contexto, el Derecho Tributario se configura como un

instrumento técnico y normativo que permite asegurar que los ciudadanos contribuyan

solidariamente al sostenimiento de los fines públicos.

En consecuencia, el Estado asume un rol protagónico como garante del bienestar general, lo

que implica una obligación ineludible de satisfacer las demandas del del código tributario

facultades entonces me parece que como ya faltan 24 minutosbásicas de su población. Para

ello, necesita contar con mecanismos legales que respalden su capacidad de intervención y

financiamiento. La función estatal no se limita únicamente a administrar recursos, sino que

también implica proteger a la ciudadanía mediante la implementación de políticas públicas

efectivas. Así, el Derecho Tributario se erige como el marco que permite al Estado cumplir

sus deberes sociales de manera legítima y estructurada.

Es importante recalcar que los beneficios que otorga el Estado a la población no se

materializan, en la mayoría de los casos, en la entrega directa de dinero en efectivo. Por el

contrario, estos se traducen en la provisión de servicios esenciales que permiten cubrir

necesidades fundamentales de la ciudadanía. Uno de los ejemplos más representativos de ello

es el acceso a la educación pública, el cual se ofrece mediante la infraestructura escolar,

personal docente, materiales educativos y políticas de inclusión educativa, todo financiado

por los recursos que se obtienen a través del sistema tributario.


Del mismo modo, en el ámbito de la salud, los ciudadanos no reciben una asignación

monetaria individual, sino que acceden a servicios médicos a través de instituciones como

ESSALUD y otros entes públicos, que garantizan atención médica, prevención de

enfermedades y campañas de salud pública. Este modelo se replica en otras áreas como el

acceso a la vivienda, el transporte o la seguridad ciudadana, donde la intervención estatal

busca satisfacer derechos sociales mediante la asignación eficiente del presupuesto público,

financiado —en su esencia— por el cumplimiento de las obligaciones tributarias.

En esa línea, una vez comprendido el concepto de Derecho Tributario, es imprescindible

adentrarnos en el análisis del fondo de las funciones que cumple la Superintendencia

Nacional de Administración Tributaria (SUNAT), la cual actúa como principal organismo

encargado de la recaudación de los tributos en el país. Esta entidad representa al Estado en la

gestión y fiscalización del sistema tributario, y desempeña un rol determinante en la

operatividad del modelo económico y social del Perú. En tanto administradora de los tributos,

su correcta actuación resulta vital para mantener el equilibrio entre la recaudación eficiente y

el respeto de los derechos de los contribuyentes.

En este sentido, cualquier irregularidad en el cobro de los tributos —ya sea por exceso,

omisión o indebida imputación a personas naturales o jurídicas— no afecta únicamente al

contribuyente individual, sino que tiene repercusiones sobre el conjunto de la sociedad.

Cuando se presentan fallas en la determinación y exigencia de las obligaciones tributarias, se

generan vacíos en el presupuesto público, lo que puede traducirse en deficiencias en la

prestación de servicios esenciales. Por ello, comprender el alcance de las facultades que

ejerce la SUNAT no solo permite conocer su marco de actuación legal, sino también

visibilizar el impacto directo que tiene sobre la calidad de vida de toda la ciudadanía.
Las funciones que ejerce la SUNAT se centran en cuatro pilares fundamentales: la

recaudación, determinación, fiscalización y sanción. Estas atribuciones están diseñadas para

garantizar un funcionamiento ordenado y eficiente del sistema tributario, asegurando que el

proceso de gestión de los tributos cumpla con los principios de legalidad, equidad y eficacia.

Cada una de estas funciones se encuentra prevista en el ordenamiento jurídico, especialmente

en el Código Tributario, que establece los lineamientos bajo los cuales deben ser ejercidas.

En conjunto, estas competencias permiten a la SUNAT actuar de manera integral en el

cumplimiento de su rol como ente recaudador del Estado.

Particularmente, la función de recaudación constituye el primer paso dentro del ciclo

tributario. Esta labor implica la obtención efectiva de los tributos que los contribuyentes y

responsables deben aportar conforme a ley. La recaudación no es solo una actividad

operativa, sino que tiene un carácter estructural en la sostenibilidad del Estado, ya que a

través de ella se obtienen los recursos que permiten financiar las políticas públicas. En ese

marco, cada ciudadano —sea persona natural o jurídica— asume una obligación fiscal que

responde a su capacidad contributiva, y cuyo cumplimiento resulta indispensable para que el

país funcione de manera equilibrada y justa (González, 2000).

Es por todas estas razones que, mediante la presente investigación, se propone analizar y

explicar de forma integral las funciones que ejerce la SUNAT en su calidad de ente

administrador de los tributos en el Perú. Esta labor comprende una aproximación teórica y

contextual que permita comprender sus facultades y el impacto que estas generan en la

estructura del Estado y en la vida de los ciudadanos. En ese sentido, se abordará la historia, la

doctrina, así como un análisis técnico-jurídico de los artículos del Código Tributario Peruano

que regulan dichas facultades. Se incorporará también jurisprudencia relevante, tanto

nacional como comparada. Finalmente, se ofrecerán conclusiones que recojan una visión
crítica, reflexiva y estructurada sobre las facultades de la administración tributaria, rol que

cumple la SUNAT dentro del sistema tributario peruano.


CAPÍTULO I:
LA ADMINISTRACIÓN TRIBUTARIA Y SUS
FACULTADES
2.1. HISTORIA

2.1.1. Aproximación conceptual e importancia del estudio histórico de las facultades

tributarias

Noción general de facultades de la Administración Tributaria

La Administración Tributaria, en tanto órgano estatal encargado de aplicar y hacer cumplir la

normativa tributaria, posee una serie de atribuciones que configuran un sistema de poderes

jurídicamente regulados. Estos poderes, que se traducen en actos concretos como

fiscalizaciones, determinaciones, cobranza y sanción, reciben el nombre de "facultades

tributarias". Su ejercicio no es discrecional ni arbitrario, sino que se encuentra estrictamente

subordinado al marco jurídico vigente y a los principios constitucionales que garantizan los

derechos de los contribuyentes.

Las facultades tributarias constituyen, por tanto, un conjunto de herramientas legales

otorgadas por el ordenamiento jurídico a fin de que la Administración cumpla sus deberes

institucionales. Según González Angulo (1996), estas facultades deben ser entendidas como

medios operativos, subordinados a un deber previo: el de garantizar la correcta recaudación

de los tributos y la integridad del sistema fiscal. El autor enfatiza que el Estado, al asignar a la

Administración estos poderes, no le concede prerrogativas absolutas, sino que delimita su

ejercicio conforme a los fines públicos que persigue.

Dentro del marco normativo peruano, el Código Tributario dispone una regulación detallada

de estas facultades, tanto en su configuración como en sus límites. Por ejemplo, se establecen

procedimientos para requerir información a los contribuyentes, normas para efectuar

auditorías, mecanismos para emitir resoluciones de determinación y reglas para imponer

sanciones. A su vez, se exige que estas facultades se ejerzan con sujeción a los principios de
legalidad, razonabilidad, debido procedimiento y respeto a los derechos fundamentales

(Huapaya et al., 2023). De esta manera, el marco jurídico garantiza que el ejercicio del poder

fiscal no derive en actos arbitrarios o desproporcionados.

Distinción entre función y facultad

Una comprensión adecuada del rol de la Administración Tributaria requiere distinguir entre el

concepto de "función" y el de "facultad". La función hace referencia a la responsabilidad

institucional asignada por el sistema jurídico, es decir, a la misión o finalidad que cumple el

órgano. En cambio, la facultad alude a los instrumentos específicos que el derecho le otorga

para concretar dicha función. Esta distinción resulta clave para entender los límites del poder

público y para evaluar si un acto determinado se encuentra justificado o no.

En el ámbito tributario, la función esencial de la Administración es asegurar la eficacia del

sistema fiscal. Esta función se expresa en diversas acciones: controlar el cumplimiento de las

normas, recaudar los tributos correspondientes, identificar infracciones y aplicar las sanciones

respectivas. Las facultades, en cambio, son las vías legales que permiten ejecutar esta

función: emitir actos administrativos, requerir información, realizar inspecciones, entre otras.

Como advierte Acosta (1996), cada facultad debe responder a una necesidad funcional y estar

correlacionada con un deber específico. No puede haber una facultad válida si no existe una

función pública que la justifique.

Este enfoque evita una visión autoritaria del poder fiscal y promueve un ejercicio racional y

proporcionado de las competencias estatales. En palabras de Huapaya et al. (2023), la

correlación entre medios (facultades) y fines (funciones) constituye un criterio jurídico

esencial para evaluar la legitimidad del actuar administrativo. Solo así se garantiza un

equilibrio en la relación jurídico-tributaria, donde tanto el interés público como los derechos

individuales son respetados y armonizados.


La relevancia del enfoque histórico en el estudio del poder tributario

El análisis histórico de las facultades tributarias ofrece una perspectiva enriquecedora para

comprender su actual configuración. El Derecho Tributario no ha sido siempre una disciplina

jurídica autónoma ni sujeta a principios garantistas. En sus orígenes, los sistemas tributarios

estuvieron marcados por la arbitrariedad del poder político. Como señala Meléndez Calvo

(2021), durante la etapa precientífica del Derecho Tributario, las contribuciones eran

impuestas por decisión unilateral del soberano, sin un marco normativo que delimitara sus

alcances. Esta práctica reflejaba un modelo absolutista, donde el poder fiscal no reconocía

límites jurídicos ni institucionales.

La evolución hacia un sistema de potestades reguladas y controladas fue gradual y estuvo

vinculada al desarrollo del constitucionalismo moderno. El principio de legalidad tributaria,

que exige que todo tributo y toda facultad de la Administración estén previstos por ley,

constituyó una de las principales conquistas del pensamiento liberal. En este contexto, las

facultades de la Administración comenzaron a definirse como expresiones del poder

tributario derivado, subordinado a las normas establecidas por el legislador. Ruiz de Castilla

(2017) destaca que este tránsito implicó una transformación estructural del sistema fiscal,

orientándolo hacia la institucionalización y la garantía de derechos.

En el Perú, esta evolución puede observarse en distintos momentos históricos. Desde la

república temprana, se intentaron establecer sistemas fiscales estables y racionales, aunque

con frecuentes interrupciones e inestabilidad. La creación de la SUNAT en la década de 1990

representó un punto de inflexión en la consolidación del aparato tributario peruano, al

centralizar funciones y modernizar la gestión fiscal. Zapata Velasco (2021) subraya que este

proceso fue parte de un proyecto más amplio de construcción estatal, donde la recaudación

tributaria se convirtió en un eje esencial para garantizar el funcionamiento del Estado.


Estudiar esta evolución no solo permite valorar los avances alcanzados, sino también

identificar los desafíos persistentes. La tensión entre eficiencia fiscal y respeto a los derechos

de los contribuyentes sigue siendo un tema central del debate contemporáneo. Como bien

advierte González Angulo (1996), el equilibrio entre los deberes de la Administración y los

derechos de los administrados exige una comprensión crítica del poder tributario, que integre

tanto las exigencias del presente como las lecciones del pasado.

2.1.2. Precedentes del poder tributario en la historia universal

Tributos y poder en las sociedades tribales y proto estatales

La obligación de tributar surgió como una manifestación temprana de poder, dominación y

organización social. En las sociedades tribales y protoestatales, el tributo no necesariamente

respondía a una lógica jurídica estructurada, sino que operaba dentro de un universo

simbólico, ritual y cultural. Según Diep (2003), los primeros tributos consistían en entregas

de bienes, trabajo o incluso de la propia vida, configurando una relación de subordinación

con componentes religiosos, mágicos o sociales. Estas formas primitivas de tributo se

establecían como mecanismos de control del grupo dominante sobre el dominado,

reproduciendo jerarquías basadas en la fuerza, la edad, el prestigio, la riqueza o el dominio

espiritual.

Este tipo de fiscalidad originaria no estaba codificada, pero era entendida como una práctica

naturalizada dentro de las dinámicas colectivas. El tributo era visto como una obligación

incuestionable impuesta por el más fuerte, ya fuese un jefe tribal, una figura sacerdotal o un

patriarca. Se trataba, en muchos casos, de una exacción de carácter sacrificial, cuyo propósito

trascendía la mera utilidad material: servía para legitimar al poder central, reforzar el orden

simbólico de la comunidad y asegurar la redistribución de recursos en contextos de escasez.


La transición hacia formas institucionalizadas de tributo fue gradual y compleja. Diep (2003)

alude a este proceso como una "suavización histórica", es decir, una lenta domesticación del

poder tributario, que pasó de ser un ejercicio brutal de la fuerza a una práctica cada vez más

formalizada, aunque no necesariamente más justa. Aun cuando las formas se modificaron, el

fondo autoritario del tributo como mecanismo de subordinación permaneció vigente durante

milenios. La evolución del tributo como institución se encuentra enraizada en la historia

misma de la humanidad y en las estructuras más profundas del poder.

Primeras formas de recaudación en civilizaciones antiguas:

-​ Egipto: el faraón como recaudador divino

En el Antiguo Egipto, el tributo estaba profundamente vinculado a la figura del faraón, quien

era considerado una deidad viviente. En este contexto, la fiscalidad no era solo una

obligación civil, sino una forma de rendir culto al soberano. El tributo se convertía así en un

acto de adoración y lealtad. Los campesinos debían entregar una parte de su producción

agrícola, que era almacenada en graneros estatales y redistribuida en función de las

necesidades del Estado y del aparato religioso.

La administración tributaria egipcia fue altamente desarrollada para su época. Escribas

especialmente formados se encargaban del registro, medición y control del tributo. Los

censos, inventarios de tierras y estadísticas agrarias permitieron una gestión relativamente

eficiente y centralizada. National Geographic (2023) destaca que el Egipto faraónico fue uno

de los primeros sistemas en desarrollar una administración tributaria coherente, basada en

registros permanentes y en la planificación estatal.

La justificación del tributo se sustentaba en la cosmovisión religiosa: el faraón encarnaba el

Maat, el principio del orden universal. Por tanto, incumplir con el pago del tributo era una
violación no solo al orden jurídico, sino también al orden cósmico. El tributo consolidaba así

la unidad espiritual y política del reino, invisibilizando cualquier tipo de resistencia mediante

su sacralización.

-​ Mesopotamia: registros tributarios y escribas fiscales

La Mesopotamia constituyó un punto de inflexión en la historia del tributo, al incorporar

mecanismos de registro que permitieron un control más efectivo del aparato fiscal. El célebre

Código de Hammurabi (c. 1750 a. C.) ya contenía normas relacionadas con los derechos de

propiedad, las relaciones laborales y las obligaciones tributarias. La existencia de escribas

especializados, que registraban las obligaciones fiscales en tablillas de arcilla mediante

escritura cuneiforme, marcó un avance hacia la institucionalización del poder tributario.

Diep (2003) señala que los recaudadores de impuestos mesopotámicos gozaban de privilegios

excepcionales, que los colocaban en un estrato social privilegiado. Sus propiedades eran

inembargables, estaban exentos de muchas obligaciones y su rol era protegido por leyes

específicas. Esta prerrogativa legal reforzaba la centralización del poder en torno al monarca,

y evidenciaba que el tributo no era aún un instrumento de equidad, sino una herramienta de

apropiación.

El tributo en Mesopotamia respondía a una lógica expansiva del poder. Servía para financiar

templos, ejércitos y obras públicas, y reflejaba una visión jerárquica y teocrática de la

sociedad. El carácter obligatorio del tributo no estaba sujeto a justificaciones económicas ni

políticas: era simplemente una manifestación del orden establecido, donde el rey era el canal

entre los dioses y los hombres, y el tributo, una ofrenda que garantizaba la estabilidad

cósmica.

-​ Grecia: fiscalidad como deber cívico


En la antigua Grecia, especialmente en las polis de tradición democrática como Atenas, la

tributación adquirió una dimensión distinta. Aunque existían impuestos obligatorios, el

tributo se integraba dentro de una lógica de participación ciudadana. Además de los

impuestos formales, existían contribuciones denominadas "liturgias", que consistían en

aportes voluntarios realizados por ciudadanos acaudalados para financiar espectáculos, flotas

navales o servicios religiosos. Estas liturgias eran vistas como actos honoríficos, y su

realización fortalecía el prestigio del contribuyente dentro de la comunidad.

La fiscalidad griega, por tanto, no solo era una herramienta de financiamiento estatal, sino

también un mecanismo de cohesión social. La obligación de contribuir se vinculaba con el

ideal de ciudadanía activa, según el cual el ciudadano debía participar no solo en la vida

política, sino también en el sostenimiento económico del cuerpo político. Sin embargo, esta

participación era limitada: las mujeres, esclavos y metecos (residentes extranjeros) quedaban

fuera de este pacto fiscal y asumían cargas desiguales.

La fiscalidad en Grecia representó un avance importante en la conceptualización del tributo

como un instrumento de servicio público. A diferencia de modelos puramente extractivos, el

sistema griego abría la posibilidad de pensar en el tributo como expresión de

corresponsabilidad. No obstante, las desigualdades estructurales persistían, y el sistema

tributario seguía reflejando las jerarquías sociales propias del mundo antiguo.

-​ Roma: aparición de estructuras administrativas (publicani, censores)

La Roma antigua llevó la administración tributaria a un nuevo nivel de sofisticación. Durante

la República y el Imperio, se desarrolló un sistema fiscal extenso y diversificado que

abarcaba tanto tributos directos como indirectos. Entre los primeros se encontraban los

impuestos a la propiedad y a la renta (tributum soli y tributum capitis), mientras que los

segundos incluían tasas aduaneras, impuestos sobre ventas, herencias y servicios. El sistema
tributario romano se extendía también a las provincias, donde los pueblos conquistados

debían tributar en especie o en dinero.

Dos figuras clave emergen en la historia tributaria romana: los censores y los publicani. Los

censores eran magistrados encargados de elaborar el censo ciudadano y evaluar la capacidad

contributiva de cada individuo. Esta función permitía ajustar los tributos conforme a la

riqueza estimada del ciudadano. Por su parte, los publicani eran recaudadores privados que

adquirían contratos del Estado para cobrar tributos en determinadas regiones. Aunque

eficientes, estos contratistas cometían frecuentes abusos, lo que generó una fuerte

animadversión popular.

Como explica Diep (2003), el término "publicano" se convirtió en sinónimo de corrupción e

injusticia, especialmente en la tradición cristiana. No obstante, el aparato fiscal romano fue

una de las primeras manifestaciones de un sistema tributario articulado con principios

jurídicos, censales y administrativos. Su legado influyó notablemente en las concepciones

fiscales posteriores en Europa.

En suma, Roma institucionalizó el tributo como elemento central del poder estatal,

articulando la fiscalidad con el derecho, la administración y la expansión militar. Su

experiencia muestra cómo el tributo pasó de ser un acto impuesto por la fuerza a una práctica

legitimada por el aparato jurídico y político, aunque no exenta de tensiones ni desigualdades.

-​ Edad Media: descentralización del poder fiscal (señores feudales, Iglesia)

Durante la Edad Media, el sistema tributario experimentó una profunda fragmentación

producto de la descentralización del poder político. A diferencia de los regímenes

centralizados de la Antigüedad, el orden feudal implicaba que el poder —incluido el fiscal—

se distribuyera entre múltiples actores: los señores feudales, la Iglesia y, en menor medida,
los monarcas. Como sostienen López Platero y Gutiérrez Duarte (2001), el sistema

hacendístico altomedieval careció de una ordenación jurídica coherente, y los tributos se

confundían con las rentas privadas del monarca o de los señores territoriales.

La base económica del feudalismo era la tierra, y sobre ella se estructuraban los derechos de

cobro de tributos. El vasallo debía prestar servicios personales, trabajo agrícola y tributos en

especie al señor feudal a cambio de protección y uso del suelo. Estas obligaciones eran

conocidas como "infurción", "martiniega" o "pechas" dependiendo de la región. Además,

muchos de estos tributos no tenían una periodicidad estable ni una cuantía fija, lo que los

hacía aún más gravosos (López Platero, 2001).

La Iglesia también desempeñó un papel fundamental como agente tributario. Además del

diezmo eclesiástico —obligación que gravaba una décima parte de la producción agrícola y

que se destinaba al sostenimiento del clero—, existían otras contribuciones como las

primicias o las ofrendas votivas. La autoridad eclesial poseía jurisdicción fiscal y patrimonial

sobre extensas propiedades, gozando de inmunidad frente al poder laico y acumulando una

gran riqueza que escapaba al control del monarca (Diep, 2003).

En general, el panorama tributario medieval se caracterizó por su inequidad: las cargas

recaían sobre los sectores productivos más vulnerables —campesinos y siervos—, mientras

que nobles, clérigos y protegidos (paniaguados) gozaban de amplias exenciones fiscales. La

presión tributaria era alta y profundamente desigual, reforzando las jerarquías sociales y

dificultando la consolidación de un poder fiscal centralizado. El tributo, en este contexto, no

era una expresión de ciudadanía o solidaridad, sino una imposición señorial que consolidaba

las estructuras de dominación (López Platero, 2001; Diep, 2003).

-​ Modernidad: centralización del poder tributario en el Estado absoluto


La irrupción de la modernidad trajo consigo una transformación radical del poder fiscal. Con

el surgimiento del Estado absoluto, se fue conformando un aparato tributario centralizado,

dependiente de la autoridad del monarca y desvinculado —al menos en teoría— de los

intereses particulares de la nobleza o la Iglesia. Este proceso fue inseparable de la

consolidación de burocracias permanentes, ejércitos regulares y estructuras administrativas

centralizadas (Huapaya et al., 2023).

-​ Francia prerrevolucionaria

En Francia, el absolutismo borbónico representó la consolidación más acabada del poder

fiscal centralizado. El rey reclamaba para sí la fuente única de potestad tributaria, aunque en

la práctica debía negociar frecuentemente con los parlamentos regionales y los estamentos

privilegiados. El sistema impositivo francés incluía impuestos directos (taille, capitation,

vingtième) y numerosos gravámenes indirectos (gabelle sobre la sal, impuestos aduaneros,

monopolios). Sin embargo, como lo evidencia la historiografía crítica, este sistema estaba

plagado de exenciones para los estamentos privilegiados, lo que provocaba una sobrecarga

fiscal sobre el Tercer Estado (Huapaya et al., 2023).

La recaudación, muchas veces tercerizada a través de los "fermiers généraux" (arrendadores

fiscales), generaba abusos sistemáticos. El sistema era eficiente en la obtención de recursos,

pero injusto y opaco. Esta situación derivó en un creciente malestar social que sería uno de

los detonantes de la Revolución Francesa. El proceso revolucionario propugnó una

reestructuración radical del poder fiscal bajo los principios de igualdad y legalidad tributaria,

consagrando la idea de que ningún impuesto debía cobrarse sin consentimiento representativo

(Diep, 2003).

-​ Inglaterra y el control parlamentario del tributo


En Inglaterra, a diferencia del modelo francés, se consolidó un sistema tributario basado en el

principio de control parlamentario. Desde la Carta Magna de 1215, el Parlamento fue

asumiendo un rol central en la autorización de impuestos, limitando el poder fiscal del

monarca. Este modelo encontró su clímax con la Revolución Gloriosa de 1688 y la

consolidación de la monarquía constitucional.

Durante los siglos XVII y XVIII, la fiscalidad inglesa se estructuró sobre una base de

legalidad parlamentaria. Todo impuesto debía ser aprobado por el Parlamento, lo que

implicaba un control democrático del poder fiscal. Aunque la presión fiscal aumentó con las

guerras y la expansión imperial, se mantuvo una noción de corresponsabilidad y control

político que diferenció el modelo británico del francés. Este sistema se convirtió en un

antecedente fundamental para la idea moderna de representación fiscal y control ciudadano

del presupuesto público (National Geographic, 2023; Huapaya et al., 2023).

En suma, la Edad Moderna marca el tránsito de una fiscalidad señorial y fragmentada a una

tributación estatalizada y jurídicamente justificada. Aunque los abusos no desaparecieron, se

sentaron las bases para el sistema tributario contemporáneo, donde la legitimidad del tributo

debía fundarse en la legalidad y en un principio de equidad democrática.

2.1.3. Nacimiento de la Administración Tributaria moderna

-​ Revoluciones burguesas y el principio de legalidad tributaria

Las revoluciones burguesas del siglo XVIII, particularmente la Revolución Francesa (1789) y

la Revolución Industrial británica, marcaron un punto de inflexión en la historia del poder

tributario. Ambas transformaciones —una política y otra económica— consolidaron el paso

de una fiscalidad autoritaria a una basada en principios de legalidad, equidad y

representación. Como expone Hobsbawm (2005), esta “doble revolución” constituyó el punto
de partida de la era contemporánea, estableciendo nuevas formas de legitimidad estatal, entre

ellas, la exigencia de que ningún tributo pudiera ser exigido sin el consentimiento de los

ciudadanos representados.

En Francia, el principio de legalidad tributaria se incorporó a las bases jurídicas del nuevo

orden. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, en su artículo

13, proclamó: “Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de

administración, es indispensable una contribución común: debe ser repartida entre todos los

ciudadanos en razón de sus facultades”. Este artículo, junto con el artículo 14 —que exige la

aprobación del impuesto por los representantes—, consagró la noción moderna de soberanía

fiscal. A partir de entonces, el tributo dejó de ser un acto unilateral del soberano para

convertirse en una obligación legal derivada del pacto político.

-​ Constitucionalismo moderno y el tributo como expresión de soberanía

El constitucionalismo moderno permitió institucionalizar la función tributaria como una

expresión concreta de soberanía estatal. La codificación de derechos y deberes en textos

constitucionales impulsó una nueva racionalidad fiscal, centrada en la supremacía de la ley, la

protección de los derechos del contribuyente y el principio de capacidad contributiva. En este

contexto, el tributo ya no se justificaba como una dádiva al soberano, sino como un

instrumento legítimo de financiamiento estatal, vinculado a la garantía de derechos y al

funcionamiento del aparato público.

Esta transformación implicó la institucionalización del poder fiscal mediante normas estables

y órganos administrativos especializados. Como lo señala la Agencia Tributaria Española

(2023), el tributo pasó a ser una obligación general, exigible en condiciones de legalidad,

generalidad y proporcionalidad. El poder tributario moderno comenzó a consolidarse como


una manifestación del Estado de derecho, en la que los contribuyentes se reconocen como

sujetos activos del pacto social, y no como simples súbditos.

La relación entre constitucionalismo y fiscalidad también supuso la democratización del

poder tributario, especialmente en los países donde la representación parlamentaria adquirió

mayor fuerza. La fiscalidad se transformó en un terreno de disputa y concertación política, en

el que la ciudadanía participaba indirectamente en la definición de las políticas fiscales, a

través de sus representantes. Este fenómeno se vio especialmente en Inglaterra, donde el

control parlamentario del tributo se convirtió en un principio inviolable.

-​ Aparición de organismos técnicos-administrativos

Paralelamente al cambio ideológico y jurídico, se produjo la profesionalización de la

administración fiscal. La modernización del Estado requirió de instituciones capaces de

implementar de manera eficiente las políticas tributarias, por lo que surgieron organismos

técnicos con funciones especializadas. Como detalla Chinchilla-Zambrano et al. (2023), la

consolidación de la administración tributaria moderna implicó una racionalización

organizacional, con la creación de oficinas de recaudación, departamentos de fiscalización y

unidades de control del gasto público.

Durante el siglo XIX, muchos países europeos y americanos establecieron direcciones

nacionales de impuestos, tesorerías y registros fiscales, con personal capacitado y

procedimientos definidos. Este proceso fue paralelo a la expansión del modelo burocrático

weberiano, basado en reglas formales, jerarquías claras y profesionalismo administrativo. Las

administraciones tributarias se convirtieron en pilares del nuevo Estado fiscal, con la misión

de garantizar el cumplimiento de las obligaciones tributarias y sostener financieramente la

gestión pública (Keen & Slemrod, 2021).


En América Latina, este proceso fue más gradual. En el caso peruano, por ejemplo, la

institucionalización plena de la administración tributaria moderna no se consolidó sino hasta

el siglo XX, con la creación de la Dirección General de Contribuciones en 1921 y la posterior

fundación de la SUNAT en 1991. No obstante, ya desde las reformas borbónicas en el siglo

XVIII se había iniciado una racionalización tributaria que buscaba mejorar los mecanismos

de recaudación y control (Huapaya et al., 2023).

-​ Evolución de las facultades administrativas: recaudación, fiscalización, sanción

Con la aparición de organismos especializados, las facultades de la administración tributaria

comenzaron a consolidarse como categorías jurídicas autónomas. Se configuraron tres

grandes funciones que subsisten hasta hoy: la facultad recaudadora, la facultad fiscalizadora y

la facultad sancionadora.

La facultad recaudadora consiste en el conjunto de atribuciones orientadas a hacer efectivo

el ingreso tributario. Incluye la emisión de valores, la gestión de pagos, la cobranza coactiva

y la administración de los recursos recaudados. Su desarrollo ha estado vinculado al

perfeccionamiento de los sistemas contables, bancarios y de información fiscal.

La facultad fiscalizadora otorga a la administración la capacidad de verificar el

cumplimiento de las obligaciones tributarias mediante auditorías, inspecciones,

requerimientos de información, cruces de datos y otros procedimientos. Esta función es

esencial para reducir la evasión y garantizar la equidad del sistema. En palabras de Huapaya

et al. (2023), la fiscalización debe ejercerse bajo los principios del debido procedimiento y la

razonabilidad, como garantía frente a los excesos del poder.

Por último, la facultad sancionadora habilita a la administración para imponer

consecuencias jurídicas frente al incumplimiento de las normas tributarias. A través de esta


facultad, se pueden aplicar multas, cierres, inhabilitaciones u otras medidas, con base en

procedimientos establecidos por ley. La función sancionadora refleja el carácter coercitivo del

poder tributario moderno, pero también exige el respeto a los derechos fundamentales del

contribuyente.

Estas tres facultades han evolucionado en paralelo al desarrollo tecnológico, permitiendo hoy

una administración digitalizada, con mayores capacidades de análisis, control y eficiencia. La

administración tributaria moderna es, por tanto, heredera de un largo proceso de

racionalización, legalización y tecnificación del poder fiscal.

3.1.4. Antecedentes históricos en América Latina y el mundo hispánico

-​ Sistema tributario en el Virreinato del Perú

Durante el Virreinato del Perú, la fiscalidad cumplió un papel crucial en la consolidación del

poder colonial español. La Corona implementó un sistema fiscal complejo, que combinaba

tributos personales, ingresos por comercio y regalías, articulado en torno a instituciones como

la Real Hacienda, las cajas reales y los corregidores.

-​ El tributo indígena

Uno de los pilares del sistema fiscal virreinal fue el tributo indígena. Este gravamen, de

carácter personal, recaía exclusivamente sobre los varones indígenas en edad laboral.

Amadori (2012) resalta que dicho tributo fue concebido no solo como una fuente de ingreso

económico, sino también como un mecanismo de integración forzada y sometimiento

político, funcionando como un ritual de vasallaje entre los pueblos originarios y la Corona.

Este tributo, aunque inicialmente fue simbólico, evolucionó hacia una obligación regular que

sustentaba buena parte de los ingresos coloniales.


Su función no fue únicamente económica. Carlos Contreras (2005) sostiene que la capitación

o contribución personal tenía un doble objetivo: habituar a los indígenas a la tributación como

forma de sujeción al poder y proporcionar ingresos al erario. A pesar de las múltiples

reformas, el tributo se mantuvo durante gran parte del periodo virreinal, convirtiéndose en

una expresión concreta del orden colonial y en uno de los tributos más resistidos y debatidos

en el proceso de transición hacia la república.

-​ Las cajas reales y corregidores

La administración de los recursos fiscales se realizaba a través de las cajas reales, que

operaban como oficinas regionales encargadas de recibir, registrar y remitir los tributos a la

metrópoli. Según Amadori (2012), estas cajas constituían una red descentralizada pero

jerárquicamente conectada, subordinada a la Real Hacienda en Lima y, en última instancia, al

Consejo de Indias en España. A través de ellas se gestionaban no solo los ingresos por

tributos, sino también el financiamiento de los gastos militares, administrativos y

eclesiásticos.

El papel de los corregidores fue esencial. Estos funcionarios ejercían autoridad política y

fiscal en las provincias indígenas, actuando como agentes de recaudación directa del tributo

indígena. Sin embargo, el sistema corregimental fue también un foco de corrupción y abusos.

La práctica del repartimiento forzoso y los cobros arbitrarios eran frecuentes, afectando

seriamente la legitimidad del sistema fiscal entre las poblaciones originarias (SUNAT, 2021).

-​ La Real Hacienda

La Real Hacienda era la institución central encargada de coordinar la política fiscal del

Imperio Español. Controlaba la red de cajas reales y centralizaba las decisiones sobre

tributos, gastos y remesas a la metrópoli. Amadori (2012) señala que el sistema no era
plenamente centralizado, sino resultado de una constante negociación entre el poder virreinal

y las élites locales. Este fenómeno ha sido descrito como "imperio negociado", en el cual el

poder fiscal dependía tanto del consentimiento como de la coerción.

Además, la Real Hacienda estaba estructurada en diferentes ramos: los propios, los

particulares y los ajenos, lo que implicaba una segmentación funcional de los ingresos. Este

modelo respondía a la necesidad de organizar el complejo entramado de destinos fiscales en

un territorio vasto y diverso. Su eficacia variaba de acuerdo con el contexto político y

económico, pero en general permitió sostener las finanzas coloniales por más de tres siglos.

-​ Transición republicana: de la Real Hacienda al fisco republicano

Crisis del tributo y caudillismo fiscal

La independencia marcó un proceso de disrupción institucional que afectó profundamente la

estructura fiscal heredada. Según Rojas (2019), el Estado republicano se encontró sin una

base tributaria sólida ni una administración fiscal eficaz. La desaparición del tributo indígena

—abolido por San Martín en 1821— representó una pérdida significativa para el erario, ya

que este impuesto constituía una de las principales fuentes de ingreso colonial.

Durante el periodo de caudillismo militar (1821–1845), el control de las rentas fiscales fue

disputado por los caudillos regionales, quienes recurrían a mecanismos informales de

recaudación, frecuentemente mediante coerción, sin una estructura institucional consolidada.

Rojas (2019) explica que los ingresos fiscales se destinaron mayoritariamente al

sostenimiento de la burocracia militar y civil, sin capacidad para invertir en infraestructura o

servicios públicos. Esta situación derivó en una fiscalidad de subsistencia, marcada por la

inestabilidad, la improvisación y la baja legitimidad.

Inicios de la institucionalización fiscal


Pese a las dificultades, el siglo XIX también vio los primeros esfuerzos por construir un

aparato fiscal moderno. Según Ruiz, Escobar y Acevedo (2022), los nuevos Estados buscaron

ampliar su potestad fiscal mediante estructuras jerárquicas de recaudación, pero se

enfrentaron a la resistencia de múltiples actores: comerciantes, hacendados y sectores

eclesiásticos, quienes conservaban privilegios y cuestionaban la legitimidad de la fiscalidad

republicana. La transición de la Real Hacienda a un fisco republicano fue gradual, cargada de

tensiones, pero permitió sentar las bases de una institucionalidad tributaria nacional.

En el caso peruano, SUNAT (2021) señala que la refundación de las instituciones fiscales fue

lenta, pero progresiva. La creación de nuevas oficinas de hacienda, la codificación de normas

fiscales y la profesionalización de los funcionarios marcaron el inicio de una nueva etapa. La

fiscalidad republicana fue, en sus primeros años, híbrida: combinaba tributos heredados del

régimen colonial con nuevos impuestos diseñados según los principios liberales. Este sistema

mixto revela la complejidad de transitar desde un orden tributario imperial a uno republicano

sin una ruptura total, pero con innovaciones significativas.

2.1.5. La evolución de las facultades tributarias en el Perú

-​ Primeras normas tributarias peruanas (siglo XIX)

Tras la proclamación de la independencia en 1821, el Perú republicano heredó un sistema

fiscal fragmentado, altamente dependiente de los vestigios coloniales y con escasa

institucionalización. En ese contexto, los nuevos gobernantes se enfrentaron al enorme reto

de construir un aparato fiscal funcional y estable. Durante las primeras décadas del siglo XIX,

se promulgaron diversos decretos y disposiciones orientadas a establecer un sistema

impositivo nacional. Entre ellos, destacó la implementación de la "contribución directa",

considerada como una forma embrionaria del actual impuesto a la renta.


Sin embargo, como advierte Zapata (2021), la estructura fiscal del Perú republicano era

sumamente débil y desigual. Muchas de las medidas tributarias continuaban reproduciendo

mecanismos heredados del virreinato, como la contribución indígena, que se mantuvo durante

años con diferentes denominaciones. A ello se sumaba la escasa capacidad recaudatoria del

Estado y una extendida evasión tributaria, producto de la informalidad y la falta de un aparato

administrativo eficaz. El marco normativo se desarrollaba de manera dispersa, mediante

reglamentos sin fuerza sistemática, y no existía aún un cuerpo codificado de Derecho

Tributario ni una doctrina consolidada que sustentara el accionar estatal.

-​ El Ministerio de Hacienda y las oficinas de contribuciones

Durante gran parte del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, el Ministerio de

Hacienda fue el organismo central en la dirección de la política fiscal. Bajo su tutela

funcionaban las denominadas oficinas de contribuciones, encargadas de la recaudación de

impuestos directos, mientras que otros organismos —como la Caja de Depósitos y

Consignaciones— gestionaban los ingresos indirectos. Esta fragmentación institucional

provocó frecuentes conflictos de competencias y una gran ineficiencia operativa (Zapata,

2021).

Las oficinas de contribuciones eran entidades de alcance local o regional, que operaban sin

mecanismos estandarizados, con escasos recursos tecnológicos y con funcionarios muchas

veces nombrados por criterios políticos antes que técnicos. Esta situación generaba

duplicidades en la gestión de los tributos, lentitud en los procedimientos, escasa transparencia

y frecuentes casos de corrupción. A ello se sumaba la limitada fiscalización del cumplimiento

tributario, lo cual hacía que gran parte del potencial recaudador del Estado permaneciera

inexplorado. Estas deficiencias estructurales se mantuvieron hasta bien avanzado el siglo XX,

lo cual explica en parte la persistente debilidad del Estado fiscal peruano.


-​ Reformas fiscales del siglo XX: SUNAT y modernización

Creación de la SUNAT (1991)

El punto de inflexión en la historia moderna de la administración tributaria peruana se

produjo con la creación de la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria

(SUNAT) en 1991, en el marco de una profunda reforma del Estado. Impulsada por el

gobierno de Alberto Fujimori y respaldada por organismos internacionales, esta medida

respondió a la necesidad urgente de contar con un organismo técnico, profesional y autónomo

capaz de enfrentar la evasión, ampliar la base tributaria y dotar de sostenibilidad financiera al

Estado peruano (SUNAT, 2021).

La SUNAT fue diseñada con autonomía funcional y operativa, permitiéndole actuar con

independencia de las presiones políticas. Su estructura interna se basó en criterios técnicos y

meritocráticos, y se introdujeron mecanismos modernos de control, fiscalización y

recaudación. Desde sus inicios, la entidad promovió la implementación de tecnologías de la

información, la simplificación de procedimientos y la formalización de los contribuyentes.

Estas innovaciones produjeron un impacto inmediato en la presión tributaria y sentaron las

bases para la modernización del sistema tributario peruano.

Régimen de facultades inspectoras y coactivas

A la par de su creación, la SUNAT fue dotada de un robusto conjunto de facultades

inspectoras, fiscalizadoras y coactivas. Estas facultades le permiten realizar auditorías

integrales, requerimientos de información, visitas in situ y acciones de verificación

electrónica. Asimismo, se consolidaron sus atribuciones para el cobro coactivo de deudas

tributarias, mediante procedimientos ejecutivos simplificados y el embargo automático de

bienes.
Como advierte González Angulo (2013), si bien estas facultades son indispensables para

garantizar la efectividad del sistema, su ejercicio debe observar límites jurídicos precisos. El

respeto al debido procedimiento, la motivación de los actos administrativos y la

proporcionalidad en las sanciones son exigencias constitucionales que equilibran el poder del

Estado con los derechos de los contribuyentes. Esta tensión es inherente al Derecho

Tributario y exige mecanismos de control judicial y administrativo adecuados para evitar

abusos de poder.

Las facultades de fiscalización y sanción en la legislación peruana

El Código Tributario peruano, especialmente desde su reforma en los años noventa, define de

manera sistemática las facultades de fiscalización y sanción de la administración tributaria.

Estas incluyen la revisión de declaraciones juradas, la fiscalización integral, la verificación de

operaciones, el cruce de información entre entidades públicas y privadas, y la emisión de

resoluciones de determinación, órdenes de pago y sanciones.

González Angulo (2013) subraya que estas facultades deben ejercerse con respeto a los

principios constitucionales, como el de legalidad, tipicidad, razonabilidad, debido

procedimiento y non bis in ídem. El artículo 62 del Código Tributario otorga a la SUNAT la

potestad de fiscalizar sin previo aviso, pero exige que sus actos estén debidamente motivados

y notificados. El régimen sancionador busca ser disuasivo, sin ser punitivo, y debe estar

guiado por la idea de proporcionalidad entre la infracción y la sanción aplicada. Así, se

asegura un equilibrio razonable entre eficiencia recaudatoria y garantía de derechos.

Cambios recientes: digitalización, interoperabilidad, Big Data tributario

En las últimas dos décadas, la SUNAT ha iniciado un ambicioso proceso de digitalización e

innovación tecnológica. Este proceso, que comenzó con la masificación de la facturación


electrónica, se ha extendido hacia áreas como la interoperabilidad entre sistemas públicos, la

implementación de plataformas digitales para el cumplimiento tributario y el uso intensivo de

técnicas de Big Data y analítica predictiva.

Actualmente, la administración tributaria puede monitorear en tiempo real operaciones

comerciales, georreferenciar transacciones, detectar inconsistencias mediante algoritmos de

riesgo y emitir notificaciones electrónicas automatizadas. Esta evolución ha transformado

profundamente la gestión tributaria, haciéndola más precisa, eficiente y proactiva. La SUNAT

se posiciona hoy como una de las administraciones más avanzadas en América Latina en

materia de control electrónico.

Sin embargo, estos avances tecnológicos también generan nuevos desafíos. La protección de

los datos personales, la transparencia de los algoritmos utilizados y la posibilidad de error

automatizado son temas que requieren regulación específica y supervisión independiente. La

tributación digital impone una nueva agenda de derechos y garantías que debe ser atendida

por el legislador y por los órganos jurisdiccionales. El reto es aprovechar las capacidades

tecnológicas sin vulnerar los principios fundamentales del Estado de derecho.

2.1.6. Reflexiones finales desde la historia: legitimidad, legalidad y poder tributario

Continuidades y rupturas en la historia del poder fiscal

A lo largo de la historia, el poder tributario ha experimentado una evolución compleja,

marcada por momentos de continuidad institucional, pero también por rupturas sustanciales.

Desde los tributos en sociedades tribales hasta la configuración de sistemas fiscales

modernos, la historia revela que el poder de recaudar impuestos ha sido inseparable de la

estructura política y social de cada época. En palabras de Bertrand y Moutoukias (2018), la

fiscalidad constituye un observatorio privilegiado para analizar las interacciones entre lo


político, lo económico y lo social. La historia fiscal no sólo da cuenta de cómo se organizó la

recaudación, sino también de cómo se construyó —o erosionó— la legitimidad del poder

político a través de la tributación.

En el caso del Perú, el tránsito del tributo indígena virreinal a la contribución republicana

refleja un proceso no lineal. Como advierte Contreras (2005), la contribución personal

persistió, con distintos nombres, hasta fines del siglo XIX, lo que revela una fuerte inercia

institucional. Esta continuidad contrasta con el discurso liberal de equidad y universalidad

tributaria. La creación de la SUNAT en 1991, en cambio, representó una ruptura significativa,

al establecer un modelo profesional y tecnificado de administración tributaria, orientado por

la eficiencia más que por la coacción.

El problema del abuso de facultades

A lo largo de la historia, las facultades tributarias han suscitado tensiones constantes entre la

necesidad de dotar al Estado de medios para cumplir sus funciones y la protección de los

derechos de los contribuyentes. Este dilema es particularmente notorio en el Derecho

Tributario contemporáneo, donde las facultades de fiscalización e imposición deben coexistir

con los principios constitucionales del debido proceso, la legalidad y la razonabilidad.

González (2013) señala que el poder de determinación tributaria debe entenderse como una

manifestación del poder público sometido a límites. Cuando las facultades inspectoras y

sancionadoras no se ejercen bajo criterios de proporcionalidad y motivación, pueden

convertirse en instrumentos de arbitrariedad, erosionando la confianza ciudadana en el

sistema fiscal. La historia muestra que esta preocupación no es reciente: desde la época

colonial, los abusos cometidos por corregidores y recaudadores minaron la legitimidad del

sistema fiscal virreinal (Amadori, 2012).


En la actualidad, el debate se desplaza hacia el uso de tecnologías de vigilancia tributaria. La

aplicación de Big Data, la interoperabilidad de sistemas y la fiscalización automatizada

pueden facilitar la evasión de controles institucionales y ciudadanos. En este contexto, la

defensa de una tributación justa no puede reducirse al cumplimiento numérico de metas

recaudadoras, sino que exige un compromiso ético y jurídico con los derechos fundamentales.

El desafío de la justicia fiscal en el tiempo

La historia del tributo ha estado marcada por un conflicto persistente: cómo lograr que la

carga tributaria sea percibida como justa. Desde la tributación coercitiva en los imperios

antiguos hasta la legitimación del impuesto en el constitucionalismo moderno, el tributo ha

debido conquistar su aceptación social. Sin embargo, como advierte Diep (2003), la

institución tributaria sigue arrastrando una memoria de opresión y subordinación que la hace

sospechosa ante amplios sectores de la sociedad.

La justicia fiscal no puede entenderse sólo en términos de progresividad y equidad formal.

También implica reconocer los sesgos históricos en la distribución de la carga tributaria, los

privilegios fiscales de ciertos sectores y la debilidad del Estado frente a poderes económicos

concentrados. Como han mostrado Ruiz, Escobar y Acevedo (2022), la historia fiscal

latinoamericana está atravesada por tensiones estructurales que obstaculizan la consolidación

de un pacto fiscal inclusivo y duradero.

En ese sentido, la historia no es solo un espejo del pasado, sino también una herramienta

crítica para el presente. El estudio del devenir de las facultades tributarias permite

comprender sus fundamentos, identificar sus límites y proyectar sus posibilidades. La

construcción de un sistema tributario legítimo, eficaz y justo exige, por tanto, una memoria

institucional lúcida y un horizonte normativo que armonice autoridad y justicia.


2.2. DOCTRINA

Definición General de las Facultades de la Administración Tributaria

Las facultades de la Administración Tributaria constituyen un conjunto de atribuciones

conferidas por la ley a fin de que dicha entidad pueda ejercer con eficacia su rol en la

determinación, recaudación y fiscalización de los tributos. Estas facultades responden al

diseño de un sistema tributario que busca el equilibrio entre el interés fiscal del Estado y los

derechos de los contribuyentes, partiendo de la necesidad del Estado de obtener recursos para

el cumplimiento de sus fines.

Según González (2000), el origen de estas facultades radica en el poder tributario derivado, el

cual es transferido por el Estado a la Administración Tributaria para la ejecución de su

función recaudadora. Esta función, sin embargo, no puede ejercerse de forma arbitraria, ya

que está limitada por principios jurídicos como el de legalidad, igualdad, capacidad

contributiva y respeto al debido proceso.

La doctrina especializada resalta que dichas facultades no son fines en sí mismos, sino

instrumentos para alcanzar los deberes que la Administración tiene asignados. En ese sentido,

se habla más propiamente de “deberes/poderes”, en tanto el ejercicio de estas atribuciones

encuentra su justificación en la finalidad de asegurar el cumplimiento de las obligaciones

tributarias, combatiendo la evasión y garantizando una tributación justa.

En resumen, las facultades de la Administración Tributaria comprenden: (i) la facultad de

verificación, investigación y fiscalización; (ii) la facultad de calificación jurídica y

liquidación; (iii) la facultad sancionadora; y (iv) la facultad de cobro o ejecución coactiva de

la deuda tributaria. Estas se ejercen dentro del marco de procedimientos administrativos

regulados, con etapas específicas y posibilidades de control judicial.


La Administración Tributaria y su Naturaleza Jurídica

La Administración Tributaria constituye un órgano del Estado encargado de hacer efectiva la

potestad tributaria, operando como intermediaria entre el mandato legal de recaudar tributos y

el contribuyente que debe cumplir con sus obligaciones. Su naturaleza jurídica se encuentra

enmarcada dentro del Derecho Administrativo y del Derecho Tributario, ya que actúa

mediante procedimientos administrativos regulados y en el contexto de una relación

jurídico-tributaria.

González (2000) sostiene que la Administración Tributaria actúa como depositaria del poder

tributario derivado, es decir, no crea tributos, pero sí está habilitada para determinarlos,

recaudarlos, fiscalizarlos y, en caso necesario, aplicar sanciones y ejecutar coactivamente la

deuda tributaria. Esta atribución, sin embargo, debe ejercerse con sujeción estricta al

principio de legalidad, a fin de evitar la transgresión de los derechos del administrado.

En cuanto a su estructura, la Administración Tributaria se organiza en órganos de línea, cada

uno encargado de una de sus funciones específicas: fiscalización, recaudación, sanción y

cobranza coactiva. Esta división funcional responde al principio de especialización y busca

garantizar la eficacia en la ejecución de cada una de sus facultades, así como dotar de

claridad y transparencia al actuar del Estado frente al ciudadano.

De este modo, la naturaleza jurídica de la Administración Tributaria puede entenderse como

la de un ente con funciones técnicas y coercitivas, sometido al ordenamiento jurídico, pero

con prerrogativas especiales —como la presunción de veracidad de sus actos

administrativos— que le permiten cumplir su función dentro del equilibrio entre eficiencia

recaudatoria y respeto por el Estado de Derecho.

Facultades de determinaciòn y fiscalizaciòn


La fiscalización es una de las principales facultades de la Administración Tributaria, pues le

permite verificar la veracidad de la información presentada por los contribuyentes y constatar

el cumplimiento de sus obligaciones. Según González Angulo, la función fiscalizadora

incluye la comprobación, calificación jurídica y liquidación de los hechos y bases imponibles,

lo cual permite a la entidad verificar si se ha producido el hecho generador del tributo y, en

caso de omisiones, rectificar o detectar inexactitudes.

Esta facultad se materializa a través de diversos actos como la revisión de declaraciones,

cruces de información entre entidades públicas y privadas, inspecciones in situ,

requerimientos de documentación, entrevistas con los representantes del contribuyente, entre

otros. Es importante destacar que la fiscalización no puede realizarse de forma arbitraria, ya

que debe estar sujeta a límites legales y al respeto de los derechos fundamentales del

administrado.

La verificación de la información también puede incluir el uso de medios informáticos,

análisis contables y financieros, así como la aplicación de criterios técnicos o de precios de

transferencia. Asimismo, el ejercicio de esta facultad tiene como finalidad detectar posibles

evasiones o simulaciones tributarias, y en caso de encontrar irregularidades, habilita a la

Administración para emitir resoluciones de determinación, órdenes de pago o sanciones.

Facultades de Sanción

La facultad sancionadora es aquella que permite a la Administración Tributaria imponer

consecuencias jurídicas frente a la comisión de infracciones tributarias. Esta facultad está

regulada por el principio de legalidad, lo que significa que las infracciones y sanciones deben

estar expresamente contempladas en la ley. No puede sancionarse a un contribuyente si la

conducta no ha sido previamente tipificada como infracción.


Las sanciones pueden ser de carácter pecuniario (multas) o no pecuniario (clausuras, comisos,

suspensión de beneficios, entre otros). Para su aplicación, debe garantizarse el debido

procedimiento, lo cual implica que el contribuyente pueda ejercer su derecho de defensa,

formular descargos, apelar y acceder al control judicial de los actos sancionadores.

La doctrina resalta que esta facultad tiene un carácter preventivo y correctivo, siendo un

mecanismo para disuadir el incumplimiento de las normas tributarias. Asimismo, debe

ejercerse respetando el principio de razonabilidad, es decir, la sanción debe ser proporcional a

la gravedad de la infracción cometida.

Facultad recaudadora

Esta facultad permite a la Administración Tributaria exigir coactivamente el pago de la deuda

tributaria. En caso de que el contribuyente no cumpla voluntariamente con el pago, la

Administración puede iniciar el procedimiento de cobranza coactiva, a través del cual se

efectúan embargos, retenciones, remates u otras medidas que aseguren el cobro de lo

adeudado.

La ejecución coactiva requiere la emisión previa de un título ejecutivo válido, como una

orden de pago o resolución de determinación firme. Además, debe garantizarse el derecho del

contribuyente a cuestionar el procedimiento mediante los mecanismos legales disponibles.

Esta facultad representa una expresión del poder imperativo del Estado, y su ejercicio debe

armonizarse con principios como la tutela jurisdiccional efectiva, el debido proceso y la

proporcionalidad en la aplicación de medidas restrictivas.

ENFOQUES SOBRE LAS FACULTADES DE LA ADMINISTRACIÓN TRIBUTARIA


Respecto del Poder Discrecional

Se parte de la premisa de que la Administración Tributaria posee un margen de decisión al

momento de aplicar sus facultades, especialmente cuando la norma le permite elegir entre

varias alternativas posibles. El poder discrecional no implica arbitrariedad, sino una libertad

regulada que debe ejercerse conforme al interés público y los límites establecidos por el

ordenamiento jurídico.

En el contexto tributario, esta discrecionalidad se manifiesta en decisiones como la selección

de contribuyentes a fiscalizar, el tipo de procedimiento a seguir o el monto de las sanciones

dentro del marco legal. La doctrina advierte que debe evitarse la desviación de poder, es

decir, el uso de la facultad con fines distintos a los legalmente previstos.

Respecto al Control Judicial

Se plantea que las facultades de la Administración Tributaria no son absolutas ni excluye el

control por parte del Poder Judicial. Los actos administrativos que afecten derechos del

contribuyente pueden ser revisados mediante acciones contencioso-administrativas,

garantizando así el respeto al principio de legalidad y el equilibrio entre potestad estatal y

derechos individuales.

La existencia de este control permite corregir excesos, declarar la nulidad de actos irregulares

y garantizar que la actuación administrativa se sujete a la Constitución y las leyes. En el Perú,

este control se realiza principalmente a través del Tribunal Fiscal y posteriormente por el

Poder Judicial.

Respecto a los Derechos del Contribuyente


Se enfatiza la necesidad de proteger al contribuyente como sujeto de derechos dentro de la

relación tributaria. Si bien la Administración tiene facultades para fiscalizar, sancionar y

cobrar, el contribuyente no está en una posición de inferioridad, sino que cuenta con garantías

reconocidas por la Constitución y el Derecho Administrativo.

Entre los derechos esenciales destacan: el derecho a la legalidad tributaria, al debido proceso,

a la defensa, a no autoincriminarse, a la privacidad, y a obtener información y asesoramiento

por parte de la Administración. Esta teoría busca evitar abusos y asegurar una tributación

justa, equitativa y transparente.


CAPÍTULO II:
LEGISLACIÓN Y JURISPRUDENCIA
3.1. LEGISLACIÓN PERUANA

La legislación tributaria en el Perú establece un marco normativo integral que regula la

actuación del Estado en su rol de administrador de los tributos, reconociendo a la

administración tributaria como un pilar fundamental en la sostenibilidad de las finanzas

públicas. En este sentido, la administración tributaria no solo se limita a recaudar impuestos,

sino que cumple una función más amplia que incluye la fiscalización, control, sanción,

asistencia al contribuyente y promoción de la cultura tributaria. La normativa vigente,

encabezada por el Código Tributario, establece los principios, deberes y facultades que

orientan el actuar de los órganos encargados de esta función.

En el Perú, la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (SUNAT) es la

entidad pública responsable de ejercer la administración tributaria a nivel nacional, tanto en el

ámbito de los tributos del Gobierno Central como en la gestión de aduanas. Esta entidad fue

creada mediante el Decreto Legislativo N.° 501 en 1988 y actualmente opera con autonomía

técnica, económica, presupuestaria y administrativa. Su accionar se basa en un marco legal

que le otorga facultades para fiscalizar el cumplimiento de las obligaciones tributarias,

determinar y recaudar tributos, administrar el registro de contribuyentes y ejecutar la

cobranza coactiva, entre otras funciones.

La legislación reconoce el principio de legalidad tributaria, el cual establece que únicamente

mediante ley se pueden crear, modificar o suprimir tributos, así como determinar los

elementos esenciales de la obligación tributaria (sujeto, hecho generador, base imponible,

alícuota, etc.). Este principio garantiza que la administración tributaria actúe dentro de los

márgenes establecidos por el ordenamiento jurídico, evitando arbitrariedades. Asimismo, se

reconoce el principio de capacidad contributiva, el cual busca que cada contribuyente aporte
en proporción a su riqueza o ingresos, y el principio de igualdad ante la ley tributaria,

asegurando que las normas fiscales no generen discriminación injustificada.

Uno de los pilares de la legislación tributaria en cuanto a la administración es el respeto a los

derechos del contribuyente, quien no solo tiene obligaciones frente al Estado, sino también

derechos que deben ser protegidos. El Código Tributario reconoce, entre otros, el derecho a

recibir información clara y oportuna, a la confidencialidad de sus datos, a formular consultas,

a la defensa frente a actuaciones administrativas, y a impugnar resoluciones a través de los

procedimientos previstos en la ley. En este sentido, la administración tributaria debe actuar

bajo el principio de debido procedimiento, garantizando la transparencia, imparcialidad y

razonabilidad en sus actos.

Además, la normativa contempla diversos mecanismos para que los contribuyentes puedan

ejercer su defensa en caso de desacuerdo con actos de la administración tributaria. Entre ellos

se encuentran los procedimientos de reclamación administrativa, apelación ante el Tribunal

Fiscal, y, finalmente, el acceso a la vía contencioso-administrativa ante el Poder Judicial.

Estos procedimientos aseguran que el contribuyente tenga la posibilidad de cuestionar

resoluciones que considere contrarias a derecho y velan por el control legal de la actuación

estatal.

Por otro lado, la legislación también otorga a la SUNAT facultades fiscalizadoras y coactivas,

que le permiten verificar el cumplimiento de las obligaciones tributarias mediante auditorías,

requerimientos de información, visitas de inspección, entre otros mecanismos. Cuando un

contribuyente incurre en omisiones o infracciones tributarias, la administración puede aplicar

sanciones como multas, cierre de establecimientos o comiso de bienes, todo ello dentro de los

límites legales y respetando el principio de proporcionalidad.


Asimismo, el marco legal promueve el uso de tecnologías y procedimientos modernos para la

administración eficiente de los tributos. La implementación de sistemas electrónicos de

facturación, libros contables virtuales, declaraciones en línea y otras plataformas digitales ha

transformado significativamente la forma en que la SUNAT interactúa con los contribuyentes.

Esta modernización ha sido respaldada por normativa específica, como el Decreto Legislativo

N.º 1314, que promueve la masificación de la emisión electrónica como parte de una

administración tributaria más ágil, efectiva y transparente.

En suma, la legislación peruana sobre administración tributaria configura un sistema

normativo que busca equilibrar la potestad fiscal del Estado con la garantía de los derechos

fundamentales de los contribuyentes. Este equilibrio es esencial para fortalecer la legitimidad

del sistema tributario, incentivar el cumplimiento voluntario de las obligaciones fiscales y

promover una cultura de responsabilidad fiscal. Una administración tributaria eficiente,

moderna y respetuosa del marco legal no solo mejora los niveles de recaudación, sino que

contribuye decisivamente al desarrollo económico y social del país.

3.1.1. Código tributario (DS N° 133-2013-EF)

Bravo, afirma que el código tributario es “la norma que regula las relaciones entre los

sujetos que rodean el fenómeno tributario y sus consecuencias económicas y jurídicas,

a los cuales denominamos como operadores del Sistema Tributario” (s.f, p. 87). En

este marco, las normas tributarias no sólo generan efectos jurídicos, como derechos,

obligaciones y sanciones, sino que también producen impactos económicos

relevantes, al incidir directamente en la distribución de la carga tributaria, la

recaudación fiscal y, en última instancia, en el funcionamiento del aparato estatal.

Asimismo, para el autor, un axioma incuestionable en la doctrina jurídico-tributaria es

que los operadores del Sistema Tributario (administrado y administrador) se


encuentran ubicados en un plano jurídico de igualdad, estando sometidos ambos a la

misma Ley, esto quiere decir que mediante esta dinámica no se pretende establecer

una relación de subordinación respecto al administrador sobre el administrado, sino

que se delimitan derechos y obligaciones para otorgar seguridad jurídica en la

administración tributaria. Es por ello que el Código tributario (o en un mayor alcance,

las normas de materia tributaria) no pueden tener un matiz tuitivo a favor de uno u

otro.

En ese sentido, la importancia del Código Tributario radica en que constituye el pilar

normativo que garantiza la transparencia, la legalidad y la equidad en la relación entre

la administración tributaria y los contribuyentes, permitiendo una aplicación uniforme

y predecible del sistema fiscal, lo cual es esencial para fortalecer la confianza en las

instituciones y asegurar una cultura tributaria sólida. Además, proporciona las

herramientas legales necesarias para que el Estado ejerza su potestad tributaria dentro

de los límites constitucionales, protegiendo a los contribuyentes frente a posibles

arbitrariedades o abusos de poder. Asimismo, actúa como un instrumento de

armonización que permite la correcta interpretación e integración del ordenamiento

tributario, fomentando la eficiencia en los procesos de fiscalización, recaudación y

resolución de controversias. En consecuencia, su correcta aplicación y actualización

constante resultan indispensables para lograr un sistema tributario justo, equilibrado y

funcional.

3.1.2. Texto Único Ordenado De La Ley del Impuesto a la renta (DECRETO

SUPREMO Nº 179-2004-EF)

Según la SUNAT, el impuesto a la renta es aquel que “grava los ingresos que

provienen del arrendamiento (alquiler), enajenación u otro tipo de cesión de bienes


inmuebles y muebles, de acciones y demás valores mobiliarios (ganancias de capital)

y/o del trabajo realizado en forma dependiente e independiente.” (s.f). Así pues, este

impuesto se encuentra regulado por la Ley del Impuesto a la Renta, a través del

Decreto Supremo N.° 179-2004-EF, el cual derogó el Decreto Supremo Nº 054-99-EF

y modificó ciertos artículos para mejorar su aplicación. A través de esta norma se

complementan aspectos sobre la administración tributaria en materia del impuesto a la

renta, en este sentido resaltan ciertos artículos que ayudan a comprender el alcance de

este tributo.

Siendo así, el artículo 1 de la mencionada enumera qué aspectos son gravados por la

ley, incluyendo a: Primero, las rentas que provengan del capital, del trabajo y de la

aplicación conjunta de ambos factores, entendiéndose como tales aquellas que

provengan de una fuente durable y susceptible de generar ingresos periódicos. En

estas rentas se incluyen las regalías; los resultados de la enajenación de terrenos

rústicos o urbanos (por el sistema de urbanización o lotización) y de inmuebles

(comprendidos o no bajo el régimen de propiedad horizontal, cuando hubieren sido

adquiridos o edificados, total o parcialmente, para efectos de la enajenación); y los

resultados de la venta, cambio o disposición habitual de bienes. Segundo, se incluyen

las ganancias de capital, otros ingresos que provengan de terceros, establecidos por la

Ley y las rentas imputadas, incluyendo las de goce o disfrute, establecidas por la Ley.

De igual forma, el artículo 2 brinda conceptos importantes sobre la ganancia de

capital, la cual define como “cualquier ingreso que provenga de la enajenación de

bienes de capital (...) y sobre los bienes de capital, definiendolos como “aquellos que

no están destinados a ser comercializados en el ámbito de un giro de negocio o de

empresa”.
De acuerdo con la normativa citada, se consideran operaciones generadoras de

ganancias de capital aquellas vinculadas a la transferencia, redención o rescate, según

corresponda, de instrumentos como acciones y participaciones representativas del

capital, acciones de inversión, certificados, títulos, bonos, papeles comerciales, y

valores relacionados con cédulas hipotecarias. También se incluyen los certificados de

participación en fondos mutuos de inversión, obligaciones y otros valores mobiliarios,

sean estos al portador o no. Asimismo, forman parte de este concepto la venta de

bienes obtenidos en pago de operaciones habituales o destinados a cancelar créditos

derivados de dichas operaciones; bienes muebles sujetos a depreciación o

amortización según lo establece la ley; así como activos intangibles como derechos de

llave, marcas y similares.

Se incluye además la transferencia de cualquier tipo de bien que forme parte del

patrimonio de personas jurídicas o empresas constituidas en el país, así como de

empresas unipersonales domiciliadas a las que alude el tercer párrafo del artículo 14°,

y de sucursales, agencias u otros establecimientos permanentes de empresas

extranjeras que generen rentas de tercera categoría. También se consideran ganancias

de capital los ingresos obtenidos por la enajenación de negocios, empresas, denuncios

y concesiones. Finalmente, se contemplan las transferencias de bienes que

permanecen en posesión del titular tras el cese de actividades de empresas

mencionadas en el inciso a) del artículo 28°, siempre que dicha enajenación ocurra

dentro de los dos años posteriores al cese.

Sin embargo, se excluye del concepto de ganancia de capital gravable, conforme a

esta legislación, la venta de ciertos bienes realizada por personas naturales, sucesiones

indivisas o sociedades conyugales que tributan como tales y que no generan rentas de

tercera categoría. Entre estos bienes exentos se encuentran los inmuebles que el
enajenante utiliza como vivienda principal y los bienes muebles no incluidos

expresamente en los supuestos anteriores.

Para Bravo, la legislación respecto al impuesto a la renta debe “adecuarse a las

actuales tendencias mundiales, fundamentalmente en lo relacionado a las operaciones

internacionales que generan rentas de diversa fuente y en cuya tributación confluyen

diversos fiscos”, el autor resalta la importancia de esta adecuación debido a la

creciente globalización de la economía y la complejidad de las operaciones

internacionales, las cuales muchas veces involucran múltiples jurisdicciones fiscales.

En este sentido, las rentas pueden originarse en un país, ser percibidas en otro y estar

vinculadas económicamente a un tercero, lo que genera situaciones de doble

imposición o, en el extremo opuesto, fenómenos de evasión y elusión fiscal.

Es por ello que el Impuesto a la Renta constituye uno de los pilares fundamentales

dentro del sistema tributario peruano, no solo por su capacidad recaudatoria, sino

también por su rol en la redistribución de la riqueza y el financiamiento del gasto

público. Este impuesto grava las ganancias obtenidas por personas naturales y

jurídicas, tanto en sus diversas actividades económicas como en la generación de

rentas pasivas, como el arrendamiento de bienes o las ganancias de capital. Su

importancia radica en que se basa en el principio de capacidad contributiva,

permitiendo que quienes obtienen mayores ingresos contribuyan en mayor medida al

sostenimiento del Estado.

Desde una perspectiva económica, el Impuesto a la Renta incide directamente en la

equidad del sistema tributario, al reducir las desigualdades sociales y contribuir con

recursos fundamentales para la inversión en educación, salud, infraestructura y

programas de desarrollo social. Además, su diseño progresivo permite adaptar la


carga tributaria a las realidades de los contribuyentes, promoviendo así una mayor

justicia fiscal. En el plano jurídico, este impuesto representa un instrumento esencial

de la potestad tributaria del Estado, en la medida en que su regulación, aplicación y

fiscalización están estrechamente vinculadas al respeto de los derechos

fundamentales, como el debido proceso, la igualdad ante la ley y la seguridad jurídica.

Por ello, su adecuada gestión, fiscalización y actualización permanente resultan

cruciales para garantizar un sistema fiscal eficiente, justo y alineado con los objetivos

del desarrollo sostenible

3.1.3. Texto Único Ordenado De La Ley Del Impuesto General A Las Ventas E

Impuesto Selectivo Al Consumo (DECRETO SUPREMO N.° 055-99-EF)

3.1.3.1. Impuesto general a las ventas:

El apartado a) del artículo 3 de la Ley del Impuesto general a las ventas define

a la “venta” como “Todo acto por el que se transfieren bienes a título oneroso,

independientemente de la designación que se dé a los contratos o

negociaciones que originen esa transferencia y de las condiciones pactadas por

las partes”, en este sentido, y tal como lo define la SUNAT, el IGV “es un

impuesto que grava todas las fases del ciclo de producción y distribución, está

orientado a ser asumido por el consumidor final, encontrándose normalmente

en el precio de compra de los productos que adquiere” (s.f). Las operaciones

que grava este tipo de impuesto incluye la venta en el país de bienes muebles,

la prestación o utilización de servicios en el país, los contratos de

construcción, la primera venta de inmuebles que realicen los constructores de

los mismos y la importación de bienes. (Decreto Supremo N.° 055-99-EF,

1999, artículo 1).


De igual forma, la citada ley establece que en el impuesto general a las ventas

la obligación tributaria se origina:

a)​ En la venta de bienes, en la fecha en que se emita el comprobante

de pago de acuerdo a lo que establezca el reglamento o en la

fecha en que se entregue el bien, lo que ocurra primero.

Tratándose de naves y aeronaves, en la fecha en que se suscribe el

correspondiente contrato. Tratándose de la venta de signos

distintivos, invenciones, derechos de autor, derechos de llave y

similares, en la fecha o fechas de pago señaladas en el contrato y

por los montos establecidos; en la fecha en que se perciba el

ingreso, por el monto que se perciba, sea total o parcial; o cuando

se emite el comprobante de pago de acuerdo a lo que establezca el

Reglamento, lo que ocurra primero.

b)​ En el retiro de bienes, en la fecha del retiro o en la fecha en que se

emita el comprobante de pago de acuerdo a lo que establezca el

Reglamento, lo que ocurra primero.

c)​ En la prestación de servicios, en la fecha en que se emita el

comprobante de pago de acuerdo a lo que establezca el

Reglamento, o en la fecha en que se percibe la retribución, lo que

ocurra primero.

En los casos de suministro de energía eléctrica, agua potable, y

servicios finales telefónicos, télex y telegráficos, en la fecha de


percepción del ingreso o en la fecha de vencimiento del plazo para

el pago del servicio, lo que ocurra primero.

d)​ En la utilización en el país de servicios prestados por no

domiciliados, en la fecha en que se anote el comprobante de pago

en el Registro de Compras o en la fecha en que se pague la

retribución, lo que ocurra primero.

e)​ En los contratos de construcción, en la fecha en que se emita el

comprobante de pago de acuerdo a lo que establezca el

Reglamento o en la fecha de percepción del ingreso, sea total o

parcial o por valorizaciones periódicas, lo que ocurra primero.

f)​ En la primera venta de inmuebles, en la fecha de percepción del

ingreso, por el monto que se perciba, sea parcial o total.

g)​ En la importación de bienes, en la fecha en que se solicita su

despacho a consumo. Tratándose de bienes intangibles, en la

fecha en que se pague el valor de venta, por el monto que se

pague, sea total o parcial; o cuando se anote el comprobante de

pago en el Registro de Compras, lo que ocurra primero. (Decreto

Supremo N.° 055-99-EF, 1999, artículo 4)

Ante ello, el Impuesto General a las Ventas representa una de las principales

fuentes de ingresos fiscales del Estado peruano, y su importancia radica tanto

en su capacidad recaudatoria como en su estructura relativamente sencilla y de

fácil aplicación. Se trata de un tributo indirecto que grava el consumo y, por lo

tanto, es asumido en última instancia por el consumidor final. Su carácter


general y su aplicación en cada etapa del proceso de comercialización y

producción permiten una recaudación eficiente y continua, lo que lo convierte

en un instrumento clave para el financiamiento del presupuesto público.

Desde el punto de vista económico, el IGV cumple un rol relevante al generar

recursos que permiten al Estado cubrir necesidades fundamentales, como la

inversión en servicios públicos, infraestructura y programas sociales.

Asimismo, su implementación en cadena, mediante el sistema de crédito

fiscal, evita la doble tributación y fomenta la formalización de las actividades

económicas. No obstante, debido a su naturaleza regresiva, ya que impacta

proporcionalmente más a los sectores de menores ingresos, su aplicación debe

ser equilibrada mediante políticas compensatorias que aseguren su

sostenibilidad sin afectar la equidad del sistema. En el plano jurídico, el IGV

se encuentra regulado por un marco normativo que garantiza su correcta

aplicación, estableciendo obligaciones claras para los contribuyentes y

dotando a la administración tributaria de mecanismos eficaces para su control.

En consecuencia, su adecuado funcionamiento es esencial para el

sostenimiento del Estado y la promoción de un sistema tributario moderno,

transparente y orientado al desarrollo.

3.1.3.2. Impuesto selectivo al consumo:

El Decreto Supremo N.° 055-99-EF no solo regula el IGV, sino que también

incluye en su régimen al Impuesto Selectivo al Consumo. La SUNAT define

este impuesto como aquel que “a diferencia del IGV, solo grava determinados

bienes (es un impuesto específico); una de sus finalidades es desincentivar el

consumo de productos que generan externalidades negativas en el orden


individual, social y medioambiental, como por ejemplo: las bebidas

alcohólicas, cigarrillos y combustibles” (s.f). En el artículo 50 del Título II de

la ley se establece que este impuesto recae sobre las ventas realizadas dentro

del territorio nacional por los productores, así como sobre la importación de

bienes incluidos en los Apéndices III y IV de la mencionada; también, se

grava la venta de dichos bienes en el país cuando es efectuada por el propio

importador, esto según lo establecido en el literal A del Apéndice IV; y, por

último, están sujetas a este impuesto las actividades relacionadas con juegos

de azar y apuestas, tales como los juegos de casino, máquinas tragamonedas,

loterías, bingos, rifas, sorteos y carreras de caballos.

El artículo 52, por otro lado, reglamenta que la obligación tributaria surge en

los mismos términos y momentos establecidos por el artículo 4° de la misma

norma respecto al Impuesto General a las Ventas; no obstante, en el caso

específico de los juegos de azar y las apuestas, dicha obligación se genera en

el instante en que se percibe el ingreso correspondiente; y, para las

modalidades a distancia, como los juegos en línea y las apuestas deportivas

virtuales, la obligación se configura en el momento en que se recibe la

apuesta, entendiéndose este como el punto en el que dicha apuesta es

efectivamente aplicada dentro del desarrollo del juego o evento respectivo.

Entendiéndolo de esta forma, este impuesto cumple una función tributaria y

extrafiscal de gran relevancia dentro del sistema impositivo peruano. A

diferencia de otros tributos como el IGV, el ISC es un impuesto específico que

grava únicamente ciertos bienes y servicios considerados de consumo no

esencial o que generan efectos negativos para la salud, el ambiente o el orden

público, tales como las bebidas alcohólicas, los cigarrillos, los combustibles y
los juegos de azar. Su importancia radica no solo en su aporte a la recaudación

fiscal, sino especialmente en su capacidad para desincentivar el consumo de

productos que generan externalidades negativas, promoviendo así

comportamientos más saludables y sostenibles dentro de la sociedad.

Desde el punto de vista económico, el ISC permite al Estado internalizar los

costos sociales derivados del consumo de determinados bienes, trasladando

parte de estos costos al precio final que asume el consumidor. De esta manera,

se genera una señal de mercado que busca reducir la demanda de dichos

productos, lo que puede traducirse en beneficios de largo plazo para el sistema

de salud pública, la seguridad ciudadana y el medio ambiente. En el plano

jurídico, su aplicación debe ser proporcional y racional, conforme a los

principios de legalidad y no confiscatoriedad, evitando distorsiones en el

mercado y respetando los derechos del contribuyente. En suma, el ISC

representa una herramienta fiscal estratégica que combina objetivos

recaudatorios con metas de política pública, aportando tanto a la sostenibilidad

de las finanzas del Estado como al bienestar general de la población.

3.1.4. Texto Único Ordenado del Nuevo Régimen único simplificado (Decreto

Legislativo N.° 937)

A través del artículo 2 del Decreto Legislativo N.° 937 se crea el Nuevo Régimen

Único Simplificado, el cual, regula la ley, comprende a las personas naturales y

sucesiones indivisas domiciliadas en el país, que exclusivamente obtengan rentas por

la realización de actividades empresariales y, las personas naturales no profesionales,

domiciliadas en el país, que perciban rentas de cuarta categoría únicamente por

actividades de oficios. Así pues, los sujetos que se comprenden en este régimen tienen
la capacidad de ejercer actividades empresariales de forma conjunta y actividades de

oficios, en los casos de sociedades conyugales, los ingresos serán considerados como

una ganancia independiente de cada uno de ellos.

La SUNAT define este impuesto como aquel que “es creado para los pequeños

comerciantes y productores, el cual les permite el pago de una cuota mensual fijada

en función a sus compras y/o ingresos. Este régimen está dirigido a personas

naturales con negocio que realizan ventas de mercaderías o servicios a consumidores

finales.” (s.f)

El artículo 4, de igual forma, establece que el mencionado régimen comprende el

impuesto a la Renta, el Impuesto General a las Ventas y el Impuesto de Promoción

Municipal, los cuales deberán ser de cumplimiento para los sujetos mencionados en el

artículo 2 que opten por acogerse al presente Régimen. Sin embargo, el reglamento de

la presente ley, dictado por el Decreto Supremo N.° 097-2004-EF, también en su

artículo 4 aclara que el Impuesto Selectivo al Consumo no está comprendido en el

Nuevo RUS.

De esta forma, la importancia del Nuevo Régimen Único Simplificado (Nuevo RUS)

radica en su papel fundamental como mecanismo de inclusión fiscal y formalización

económica para los pequeños contribuyentes en el Perú. Este régimen fue diseñado

para atender las necesidades de personas naturales con negocios de baja envergadura,

que realizan actividades de comercio o prestación de servicios directamente al

consumidor final. Su estructura simplificada, basada en el pago de una cuota fija

mensual determinada según el nivel de ingresos o compras, permite reducir

significativamente los costos administrativos y contables que suelen representar una

barrera de entrada al sistema tributario formal.


Desde esta perspectiva, el Nuevo RUS cumple un rol estratégico en la ampliación de

la base tributaria, al facilitar la incorporación voluntaria de un amplio sector de

trabajadores independientes y microempresarios que, de otro modo, permanecerían en

la informalidad. Además, promueve una relación más accesible entre la

administración tributaria y el contribuyente, fortaleciendo la cultura de cumplimiento

fiscal desde las primeras etapas de desarrollo económico. En términos sociales, este

régimen contribuye a mejorar las condiciones de trabajo, acceso a financiamiento y

protección legal de los pequeños negocios, impactando positivamente en el desarrollo

económico local. Por tanto, el Nuevo RUS no solo simplifica el cumplimiento

tributario, sino que también refuerza los principios de equidad, inclusión y

sostenibilidad dentro del sistema fiscal peruano.

3.3. JURISPRUDENCIA

SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL EXP. N.° 00333-2010-PA/TC

UCAYALI

Este asunto consiste en un recurso de agravio constitucional interpuesto por don Enrique

Malpartida Salas contra la sentencia expedida por la Sala Especializada en lo Civil y Afines

de la Corte Superior de Justicia de Ucayali, que declaró infundada la demanda de autos.

Como antecedentes tenemos que con fecha 19 de noviembre de 2008, el recurrente interpuso

demanda de amparo contra la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria,

Oficina Zonal Ucayali (SUNAT), solicitando que se deje sin efecto: la Resolución de

Determinación N.° 152-003-0000107, la Resolución de Multa N.° 152-002-0000114, ambas

de fecha 22 de agosto de 2005, La Resolución de la Oficina Zonal N.° 1550140000147, de

fecha 28 de febrero de 2006, en el extremo que declara infundado el recurso de reclamación

sobre intereses moratorios, la Resolución N.° 09921-5-2008, del 19 de agosto de 2008,


emitida por el Tribunal Fiscal, en el extremo que ordena el pago de los intereses moratorios

fijados al confirmar la Resolución precitada, y la Resolución de Ejecución Coactiva N.°

151-006-0003605, de fecha 5 de setiembre de 2008, en el extremo en que ordena el pago de

los intereses capitalizados y los intereses moratorios.

Por un lado, don Enrique Malpartida alega que:

-​ El 14 de junio de 2004 se le notificó el requerimiento N.° 00117723, mediante el que

se dio inicio al procedimiento de fiscalización sobre el Impuesto General a las Ventas

correspondientes al año 2000; y que en el 2005 se notificaron dos requerimientos

adicionales; en agosto de 2005, después de más de tres años de iniciada la auditoría se

notificó el resultado, determinando que la deuda tributaria era de S/. 43,098.00 por

concepto de Impuesto a la Renta y se le impuso una multa de S/. 21,463.00. Señala

que debido al lapso transcurrido los intereses han generado que la deuda se

incremente en más del 100%; así de S/. 43,098.00 pasó a ser de S/. 93,208; y la multa

de 21,463.00 a S/. 46,635.00.

Por otro lado, la Sunat contesta la demanda solicitando que sea declarada improcedente.

Señala que existen otras vías igualmente satisfactorias por lo que sería de aplicación el

artículo 5, inciso 2, del Código Procesal Constitucional. De otro lado, alega que si bien

actualmente el procedimiento de fiscalización debe efectuarse en el plazo de un año, de

acuerdo con el artículo 62-A, esta misma norma establece una serie de excepciones y

causales de suspensión, que se podrá activar, por ejemplo, cuando el contribuyente incumpla

con la entrega de la información solicitada por la Administración tributaria, por lo que de

haber sido aplicable la norma al presente caso no se habría actuado ilegalmente.

Según ello, el Segundo Juzgado Especializado en lo Civil de la Provincia de Coronel Portillo,

declaró improcedente la demanda estimando que era de aplicación el artículo 5, inciso 2, del
Código Procesal Constitucional, puesto que la demanda debió interponerse ante la vía

contencioso- administrativa. Y, revocando la resolución, la Sala Superior revisora declara

infundada la demanda debido a que se aprecia la observancia de la Sunat del principio de

legalidad al haber cumplido con lo estipulado en el Código Tributario, no apreciándose una

manifiesta improbanza de la pretensión constitucional.

Mientras que, el Tribunal Constitucional señala que:

-​ El artículo 62-A del Código Tributario fue introducido por el Decreto Legislativo N.°

981, publicado el 15 de marzo de 2007, estableciendo el plazo máximo del proceso de

fiscalización y cuáles son las excepciones o suspensiones de dicho plazo. Si bien esta

norma no se encontraba vigente al momento de haber ocurrido los hechos que

suscitan la demanda, es importante tomarlas en cuenta a manera de parámetro.

-​ Asimismo, refiere que “la discrecionalidad con la que ejerce la facultad de

fiscalización “no puede ser ejercida de manera irrazonable desconociendo principios y

valores constitucionales, ni al margen del respeto de los derechos fundamentales de

los contribuyentes, pues se negaría la esencia propia del Estado Constitucional, que se

caracteriza, precisamente, por limitar y controlar el ejercicio arbitrario del poder del

Estado” [00081-2008-PA/TC, fund. 7]. En tal sentido, señala que se debe analizar en

el presente caso si la actuación de la Administración Tributaria es razonable y

proporcional. De esta forma, no se efectuará pronunciamiento alguno sobre la

determinación del tributo.

-​ De autos se aprecia el Requerimiento N.° 00117723, de fecha 14 de junio de 2002

(folios 84), el resultado del Requerimiento N.° 00117723, (folios 85); el


Requerimiento N.° 00097927, del 3 de julio de 2002 (folios 87), y el Requerimiento

N.° 00170548, del 21 de junio de 2005 (folios 88). Como se aprecia de los resultados

de los requerimientos realizados, el contribuyente no habría cumplido con entregar

una serie de documentos como el Registro permanente en Unidades aprobado por los

responsables de su ejecución, el cual se encuentra obligado a llevar el ejercicio

gravable 2000, de acuerdo a lo señalado en el artículo 35 del Reglamente de la Ley

del Impuesto a la Renta. Si bien el actor, a nivel administrativo ha argumentado que

entregó todos los documentos requeridos, ello no ha sido acreditado en el presente

proceso.

-​ Si bien el actor ha expresado que el elevado monto de los intereses moratorios no ha

sido producto de su responsabilidad sino debido a la actuación de la Sunat, cabe

precisar que el contribuyente no acreditó haber entregado la documentación solicitada

por la Administración Tributaria. Tal conducta, como ocurre hoy en día con el artículo

62-A, numeral 6, literal d), del Código Tributario, ocasiona que se suspenda el plazo

de la fiscalización. En consecuencia, frente al incumplimiento de lo requerido por la

Sunat no es posible alegar que es responsabilidad de ésta el incremento del monto de

los intereses moratorios. Por el contrario, en realidad quien debe asumir tal carga es el

contribuyente que omitió presentar la información requerida. Por lo que, el Tribunal

Constitucional declara infundada la demanda.

En el presente caso, si bien el Tribunal Constitucional declara infundada la demanda, también

resalta que la facultad de fiscalización que tiene la administración tributaria no puede ser

ejercida de manera arbitraria, sino llevada a cabo de acuerdo a los principios y valores que

defiende la constitución, respetando así los derechos fundamentales de los contribuyentes.

Caso: “BVerfG 2 BvL 17/02” - Tribunal Constitucional Federal de Alemania


Tenemos como antecedentes que,

El caso se originó a partir de una consulta del Bundesfinanzhof (Tribunal Federal de

Finanzas) sobre la constitucionalidad del artículo 23, apartado 1, frase 1, número 1, letra b de

la Ley del Impuesto sobre la Renta (EStG). Esta norma establecía la tributación de las

ganancias patrimoniales obtenidas por la venta de valores (como acciones o participaciones)

si se realizaba dentro de los seis meses posteriores a su adquisición.

Sin embargo, se plantearon dudas sobre su constitucionalidad debido a que la administración

tributaria carecía de medios efectivos para verificar el cumplimiento de esta norma. La

fiscalidad recaía, en la práctica, solo sobre aquellos contribuyentes que declaraban

voluntariamente sus ganancias. Quienes no lo hacían, solían quedar impunes por falta de

controles eficaces.

Por ello, surge la siguiente cuestión:

¿Es constitucional una norma tributaria que impone una carga fiscal si, en la práctica, la

administración no tiene capacidad suficiente para verificar su cumplimiento y sancionar su

incumplimiento, generando así una desigualdad estructural entre contribuyentes?

Ante ello, el tribunal refiere lo siguiente:

El Tribunal Constitucional analizó la situación desde la perspectiva del principio de igualdad

ante la ley (art. 3.1 de la Ley Fundamental – Grundgesetz).

-​ Validez del objetivo legislativo: La intención del legislador de gravar las ganancias

especulativas de corto plazo (menores a seis meses) era legítima y no fue cuestionada

por el Tribunal.
-​ Falta de eficacia en la aplicación: en la práctica, la administración tributaria no podía

controlar ni verificar sistemáticamente la realización de ganancias especulativas por

venta de valores, dado que en ese momento no existían mecanismos automáticos de

reporte de operaciones bursátiles como los que hoy existen.

-​ Consecuencias para los contribuyentes: Los contribuyentes que cumplían

voluntariamente con su obligación fiscal terminaban soportando una carga desigual,

ya que otros, que no declaran sus ganancias, no eran detectados ni sancionados,

violando así el principio de igualdad.

-​ Obligación del legislador: El Tribunal afirmó que si el legislador introduce un deber

fiscal, también debe garantizar su aplicabilidad práctica, creando estructuras y

procedimientos adecuados para su ejecución. De lo contrario, la norma no puede

considerarse compatible con el Estado de derecho.

Por lo tanto,

El Tribunal Constitucional Federal declaró la inconstitucionalidad de la disposición

cuestionada, en tanto resultaba incompatible con el artículo 3.1 GG.

Este fallo tiene gran importancia porque establece límites al poder legislativo tributario,

exigiendo efectividad y equidad en la aplicación de las normas. Además, refuerza la

obligación de la administración tributaria de actuar con medios suficientes para garantizar la

igualdad real entre los contribuyentes; y, reafirma que las normas tributarias no pueden estar

diseñadas únicamente para quienes cumplen voluntariamente, pues ello distorsiona la carga

fiscal global.

Caso “United States v. Powell”- Corte Suprema de Estados Unidos (1964)


El caso “United States v. Powell” es una importante decisión de la Corte Suprema de los

Estados Unidos, dictada en 1964, que se centra en los límites de la autoridad del Servicio de

Impuestos Internos (IRS, por sus siglas en inglés) para examinar los registros de los

contribuyentes y las condiciones bajo las cuales un tribunal puede intervenir en este tipo de

investigaciones.

En este caso, el Servicio de Impuestos Internos (IRS) había emitido una citación (subpoena) a

Powell, quien era un contribuyente, para que entregara sus registros financieros. Powell había

sido objeto de una auditoría por parte del IRS, que estaba investigando la posibilidad de que

él hubiera omitido o subestimado ingresos en su declaración de impuestos. Sin embargo,

Powell se negó a cumplir con la citación, argumentando que el IRS no había demostrado una

causa probable para sospechar de fraude y que, por lo tanto, no tenía derecho a exigir tales

registros.

La cuestión central que se planteó ante la Corte Suprema fue si el IRS podía obligar a un

contribuyente a entregar sus registros sin necesidad de que existiera una sospecha razonable

de fraude o algún otro fundamento que justificara la investigación.

Ante ello, El Tribunal de Distrito había fallado a favor de Powell, argumentando que el IRS

no había mostrado una causa probable para justificar la solicitud de los documentos y que,

por lo tanto, no se podía obligar a Powell a entregar la información. El gobierno, representado

por el Departamento de Justicia, apeló ante la Corte Suprema, que debía decidir si el IRS

tenía la autoridad para obligar a Powell a cumplir con la citación sin que hubiera evidencia de

fraude o una causa razonable de sospecha.

El gobierno argumentó que el IRS tiene una autoridad amplia para examinar los registros de

los contribuyentes, en virtud de las leyes fiscales de los Estados Unidos, especialmente la

Sección 7602 del Código de Rentas Internas (Internal Revenue Code, IRC), que permite al
IRS emitir citaciones para obtener documentos relevantes para determinar la exactitud de las

declaraciones de impuestos. En este contexto, el gobierno defendió que no era necesario

demostrar causa probable de fraude o de un delito fiscal para que el IRS tuviera derecho a

examinar los registros de un contribuyente.

Por otro lado, Powell argumentó que el IRS debía tener alguna base de sospecha, como

fraude o evasión de impuestos, antes de que se pudiera obligar a entregar documentos. Según

Powell, sin alguna evidencia de que su conducta era sospechosa, el IRS no tenía la autoridad

para exigirle documentos, ya que consideraba que la citación era un abuso de poder. Además,

Powell sostenía que los tribunales debían intervenir para proteger los derechos de los

contribuyentes frente a investigaciones fiscales arbitrarias.

La Corte Suprema de los Estados Unidos resolvió el caso a favor del gobierno, fallando en

6-3, y determinó que el IRS sí tenía la autoridad para exigir los registros de Powell sin la

necesidad de probar una causa probable de fraude. La Corte señaló que la autoridad de la

agencia para emitir citaciones en virtud de la Sección 7602 era amplia y no requería una

causa probable específica antes de poder actuar. Sin embargo, la Corte también aclaró que si

el contribuyente podía demostrar que la citación era excesiva o injustificada, el tribunal

podría intervenir.

La Corte explicó que la función de la corte no era evaluar si existía una causa probable de

fraude, sino asegurarse de que el IRS estuviera actuando dentro de su jurisdicción y bajo las

leyes fiscales que le otorgan poder para investigar las declaraciones de impuestos. En este

caso, la Corte también destacó que la citación no había sido emitida de manera arbitraria, sino

dentro del marco legal que permitía al IRS investigar las declaraciones de impuestos de los

contribuyentes.
Como notamos, este caso es fundamental porque refuerza las facultades de la administración

tributaria, v.gr. el poder del IRS para investigar a los contribuyentes sin la necesidad de

demostrar una sospecha razonable de fraude. Además, establece que los tribunales no deben

interferir en las investigaciones fiscales a menos que haya una prueba clara de que el IRS está

actuando fuera de los límites de su autoridad.

El fallo también subraya que el derecho de los contribuyentes a proteger sus registros se ve

limitado cuando están siendo investigados bajo las leyes fiscales, especialmente si se emite

una citación válida en virtud del Código de Rentas Internas. Sin embargo, también se deja

claro que los contribuyentes tienen el derecho de impugnar la citación si creen que es

excesiva o injustificada.

Este caso “United States v. Powell” se centró en la capacidad del IRS para obtener registros

financieros de los contribuyentes mediante citaciones sin necesidad de una causa probable de

fraude. La Corte Suprema falló a favor del gobierno, fortaleciendo la autoridad del IRS en su

labor de investigar las declaraciones fiscales, pero también estableció que los tribunales

podrían intervenir en casos en los que la citación sea excesiva o abusiva. Este caso es clave

en la jurisprudencia sobre los derechos de los contribuyentes frente al poder de la

administración tributaria.

Casación N.º 17184-2018 LIMA – Facultad de reexamen del Tribunal Fiscal

La controversia surge a raíz de una fiscalización realizada por la SUNAT a una empresa, en la

que se determinó la existencia de reparos tributarios (por deducciones no admitidas,

supuestas operaciones no fehacientes, entre otros). La empresa impugnó las resoluciones ante

el Tribunal Fiscal, alegando que las conclusiones de SUNAT eran erróneas y que se había

presentado suficiente prueba para desvirtuar los reparos.


El Tribunal Fiscal, en su resolución, decidió revocar parcialmente lo decidido por SUNAT,

reexaminando el contenido probatorio presentado, y otorgando razón parcialmente al

contribuyente. Posteriormente, la SUNAT cuestiona esta decisión argumentando que el

Tribunal Fiscal no puede ejercer un nuevo juicio de hechos y pruebas, sino solo revisar la

legalidad del acto administrativo, sin sustituir el criterio técnico y probatorio de la

administración. Finalmente, El caso llega hasta la Corte Suprema en vía de casación.

En base a ello, se cuestiona si: ¿El Tribunal Fiscal puede reexaminar hechos y valorar

pruebas ya analizadas por la SUNAT durante un procedimiento de fiscalización, y modificar

sus conclusiones?

La Corte Suprema, al resolver el caso, rechazó la postura de la SUNAT y ratificó la facultad

del Tribunal Fiscal de revisar no sólo la legalidad del acto impugnado, sino también los

hechos y las pruebas en su conjunto, aun cuando ya hayan sido valorados por la

administración tributaria.

Los fundamentos fueron los siguientes,

-​ Naturaleza del procedimiento tributario: El procedimiento contencioso tributario es un

procedimiento administrativo especial que incluye una revisión integral de la

actuación administrativa.

-​ El Tribunal Fiscal no se limita a un análisis jurídico-formal, sino que tiene

competencias para evaluar el fondo del asunto, incluidos los hechos, documentos y

pruebas.

-​ Facultad revisora del Tribunal Fiscal: La Ley del Procedimiento Tributario (Texto

Único Ordenado del Código Tributario) reconoce al Tribunal Fiscal como un órgano

resolutivo con plena competencia para resolver en última instancia administrativa.


Esta función revisora incluye la potestad de revocar, modificar o confirmar los actos

administrativos impugnados. El Tribunal puede valorar nuevamente los elementos

probatorios, sin estar sujeto al criterio de la SUNAT.

-​ Finalidad del control jurisdiccional: Permitir que la SUNAT sea juez de su propia

actuación limitaría el derecho de defensa y el principio de debido procedimiento

administrativo. Y, limitar la facultad del Tribunal Fiscal al control meramente legal

dejaría en indefensión al administrado ante posibles errores o arbitrariedades en la

valoración probatoria realizada por la SUNAT.

-​ Derechos del contribuyente: La Corte resaltó la importancia del derecho de defensa

del contribuyente, y el principio de pluralidad de instancia en el procedimiento

tributario. El Tribunal Fiscal actúa como garantía de control dentro del sistema

administrativo, asegurando una revisión objetiva y no subordinada a la administración

fiscal.

Finalmente, la Decisión final de La Corte Suprema declaró infundado el recurso de casación,

y ratificó la validez de la actuación del Tribunal Fiscal, reconociendo expresamente que:

“El Tribunal Fiscal tiene plena facultad para reexaminar hechos y pruebas, así

como emitir un nuevo juicio sobre los mismos, sin que ello vulnere la legalidad o

el principio de imparcialidad”.

Este fallo tiene gran importancia porque ratifica el carácter revisional pleno del Tribunal

Fiscal, que puede actuar como una instancia sustantiva y no solo formal. Además, refuerza la

autonomía del Tribunal Fiscal frente a la administración tributaria, y fortalece el sistema de

garantías para los contribuyentes, especialmente en procedimientos complejos de

fiscalización o reparos subjetivos (por ejemplo, operaciones no fehacientes). Asimismo, esta


jurisprudencia ha sido citado como precedente en casos posteriores, y se utiliza para delimitar

el alcance de la función del Tribunal Fiscal dentro del Estado de derecho y el sistema

tributario peruano.

Resolución 3230-2-2020 – Competencia del Tribunal Fiscal sobre el registro de

contribuyentes

El tema principal de este caso es la determinación de si el Tribunal Fiscal tiene competencia

para pronunciarse sobre la inscripción, suspensión, modificación o baja en el RUC del

contribuyente.

En el caso resuelto por esta resolución, el contribuyente interpone una apelación ante el

Tribunal Fiscal, impugnando una decisión de la SUNAT relacionada con el registro de

contribuyentes –específicamente, la baja de oficio en el RUC o alguna modificación registral

relacionada con su condición tributaria.

La SUNAT argumenta que la resolución sobre el RUC no tiene naturaleza tributaria

sustancial y, por tanto, no es impugnable ante el Tribunal Fiscal, dado que estaría fuera de su

competencia. El contribuyente, por el contrario, alega que dicha decisión afecta directamente

su situación fiscal, el ejercicio de actividades económicas y su derecho a operar formalmente,

por lo que debe ser revisable por el máximo órgano administrativo tributario.

El problema que se plantea, es si ¿El Tribunal Fiscal tiene competencia para pronunciarse

sobre actos administrativos relacionados con el Registro Único de Contribuyentes (RUC),

como la baja, modificación o suspensión de la condición de un contribuyente?

El Tribunal analiza de manera detallada su competencia material a la luz del Texto Único

Ordenado del Código Tributario, del Reglamento del RUC, y de los principios
constitucionales aplicables al procedimiento administrativo sancionador y registral. Se

destacan los siguientes puntos clave:

-​ Naturaleza del RUC: El Registro Único de Contribuyentes (RUC) es un instrumento

de identificación administrativa tributaria. Si bien tiene una función registral, sus

efectos son trascendentales en el ejercicio de los derechos y deberes tributarios del

contribuyente.

-​ Actos impugnables ante el Tribunal Fiscal: El artículo 137 del Código Tributario

establece que son impugnables las resoluciones que contengan una determinación

tributaria, una sanción o que afecten directamente derechos del administrado. Si bien

el RUC no implica en sí una determinación tributaria, su modificación, suspensión o

baja sí puede afectar el ejercicio de derechos fundamentales como el derecho a ejercer

actividad económica o a ser sujeto activo/pasivo de obligaciones tributarias.

-​ Control de legalidad y competencia residual: El Tribunal Fiscal destaca que sí tiene

competencia para revisar actos administrativos que, aunque no sean estrictamente

determinativos de deuda, tengan incidencia directa en el ámbito tributario del

contribuyente. Esta competencia es ejercida en protección del principio de legalidad,

razonabilidad y debido procedimiento.

-​ Protección de derechos fundamentales: Cualquier acto de SUNAT que prive a un

contribuyente de operar en el mercado formal, emitir comprobantes, o cumplir con

obligaciones tributarias, debe ser pasible de revisión, para evitar arbitrariedad. La

suspensión o baja en el RUC puede ser una medida que afecta el derecho a la defensa,

al trabajo, a la empresa y al debido procedimiento administrativo.

Finalmente, la decisión final del Tribunal Fiscal resuelve lo siguiente:


Sí tiene competencia para pronunciarse sobre actos relacionados con el RUC cuando estos

tienen efectos directos sobre las obligaciones tributarias del administrado y afectan su

capacidad de operar legalmente en el sistema tributario. Por ello, declara fundado el recurso

del contribuyente en cuanto a la admisibilidad de la apelación y dispone que se proceda al

examen de fondo sobre el acto administrativo relacionado con el RUC impugnado.

Esta resolución es relevante como precedente administrativo porque aclara y extiende la

competencia del Tribunal Fiscal en casos que tradicionalmente eran considerados de “mera

gestión registral”. Asimismo, Protege el principio de tutela administrativa efectiva,

garantizando que el contribuyente tenga un recurso frente a actos que afecten su estatus

tributario, o frentes a actos que realiza la administración tributaria en ejercicio de sus

facultades. Además, establece una distinción importante entre actos puramente registrales y

aquellos con efectos tributarios materiales, lo cual es fundamental para el debido proceso en

materia tributaria. Esta resolución sienta un criterio protector de derechos y afirma la

necesidad de control efectivo frente a decisiones administrativas que, si bien no determinan

tributos, sí condicionan la existencia misma del sujeto tributario dentro del sistema.

Sentencia del Tribunal Constitucional – Expediente 04473-2014-AA/TC

La empresa Princeton Dover Corporation Sucursal del Perú presentó una demanda de amparo

contra el Tribunal Fiscal por la presunta vulneración de sus derechos constitucionales al

debido proceso y a la cosa juzgada. Esta controversia se enmarca dentro de un extenso

procedimiento administrativo-tributario, cuyo origen se remonta al año 2000, y que fue

suspendido reiteradamente por el Tribunal Fiscal debido a la existencia de procesos penales

en curso contra el representante legal de la empresa y de su principal proveedor, Inversiones

Trinidad S.A.
En 2004, el Tribunal Fiscal, mediante la Resolución 01950-2-2004, suspendió el

procedimiento administrativo tributario hasta que se concluyeran los mencionados procesos

penales. Años después, en 2011, el mismo tribunal ratificó esta decisión mediante la

Resolución 00516-2-2011, la cual es el acto cuestionado en el presente amparo. Princeton

Dover alegó que tal suspensión era arbitraria e injustificada, toda vez que ya existían

decisiones firmes en sede penal que descartaban la responsabilidad de su representante legal.

La empresa argumentó que:

-​ El proceso penal contra su representante fue archivado tras una decisión firme de la

Corte Suprema, que declaró no haber mérito para pasar a juicio oral.

-​ Esta decisión judicial tiene calidad de cosa juzgada y, por tanto, debía ser acatada por

la administración tributaria.

-​ La prolongación injustificada del procedimiento administrativo —más de una década

sin resolución definitiva— vulnera su derecho al debido proceso y al plazo razonable.

Asimismo, la empresa sostenía que no era procedente supeditar una resolución administrativa

al desenlace de un proceso penal contra un tercero (su proveedor), y que dicha práctica

generaba una incertidumbre jurídica incompatible con un Estado constitucional de derecho.

Las entidades demandadas sostuvieron que:

-​ El proceso contencioso administrativo era la vía idónea para resolver esta

controversia, y no el proceso de amparo.

-​ El Tribunal Fiscal había actuado conforme a sus facultades legales y a lo dispuesto en

el Acta de Sala Plena de 2003, la cual establecía que los procedimientos


administrativos podían ser suspendidos si no existían elementos suficientes para

resolverlos, en tanto se resolvieran las causas penales relacionadas.

-​ A su juicio, la resolución del Tribunal Fiscal no vulneraba derechos fundamentales,

sino que respondía a un estándar técnico y procedimental.

El Tribunal Constitucional centró su análisis en dos grandes ejes:

-​ Derecho al debido procedimiento

El TC ratificó que el derecho al debido proceso no solo es exigible en sede judicial, sino

también en procedimientos administrativos. Este derecho incluye una serie de garantías entre

las cuales se encuentra el derecho al plazo razonable, que fue el punto clave de análisis.

El Tribunal determinó que, aunque en su momento la suspensión del procedimiento pudo

estar justificada (2004), el paso del tiempo sin una decisión definitiva —más de 14 años—

vulneraba el principio de razonabilidad en la duración del procedimiento administrativo.

-​ Evaluación de los criterios del plazo razonable

El TC aplicó los cuatro criterios jurisprudenciales para evaluar si se vulneró el plazo

razonable:

1.​ Complejidad del asunto: Se reconoció que el caso era complejo, ya que involucraba

múltiples operaciones de compra-venta de oro con varios proveedores y periodos

tributarios distintos.​

2.​ Conducta de la empresa: No se identificó conducta dilatoria por parte de la recurrente.

Incluso, esta solicitó activamente una pronta resolución.​


3.​ Conducta de la administración: El Tribunal observó una conducta pasiva del Tribunal

Fiscal, que mantuvo suspendido el procedimiento durante años pese a tener los

elementos necesarios para decidir.​

4.​ Consecuencias de la demora: Se resaltó que esta indefinición afectaba de manera

significativa la situación jurídica de la empresa, generando incertidumbre y perjuicio

económico.

-​ Relación entre proceso penal y procedimiento administrativo

El Tribunal Constitucional aclaró que si bien puede existir una conexión fáctica entre ambos

procedimientos, no existe una relación de dependencia jurídica obligatoria. Esto se debe a

que los procedimientos penales y administrativos tienen fines y naturalezas diferentes; y, una

entidad administrativa como el Tribunal Fiscal no puede abdicar de su competencia ni

condicionar su actuar a una decisión judicial en el fuero penal, salvo en los casos en que el

proceso penal sea determinante y no existan medios alternativos de prueba.

El Tribunal Constitucional resolvió declarar fundada la demanda de amparo en lo relativo a la

vulneración del derecho al plazo razonable, declarar nula la Resolución 00516-2-2011 del

Tribunal Fiscal, y ordenar que el Tribunal Fiscal emita una resolución definitiva dentro del

procedimiento administrativo-tributario en un plazo máximo de quince días hábiles, contados

desde la notificación de la sentencia.

Esta sentencia marca un precedente importante en la jurisprudencia constitucional peruana

sobre los límites de la potestad administrativa de suspender procedimientos tributarios ante

procesos penales. El Tribunal Constitucional reafirma que la administración tributaria debe

actuar con diligencia y que no puede mantener indefinidamente en suspenso un proceso,


afectando derechos fundamentales. La resolución enfatiza la necesidad de equilibrar el

respeto al debido proceso con la eficiencia y la certeza jurídica en los procedimientos

administrativos.
CAPÍTULO III:
LEGISLACIÓN COMPARADA Y CASUÍSTICA
3.1. LEGISLACIÓN COMPARADA

3.1.1. España

La Ley 58/2003, de 17 de diciembre, General Tributaria (LGT) es el pilar normativo que

regula el sistema tributario español. En ella se recogen de forma sistemática las facultades de

la Administración tributaria:

a. Facultad de gestión tributaria (artículos 117 a 133 LGT)

La Administración puede comprobar y rectificar autoliquidaciones; requerir información a los

obligados tributarios; realizar actuaciones de verificación de datos; comprobación limitada y

gestión censal.​

b. Facultad de inspección (artículos 141 a 162 LGT)

La Inspección de los Tributos tiene potestad para entrar en locales y oficinas con

autorización; examinar libros, registros, facturas y demás documentos; comprobar la

situación tributaria del contribuyente en relación con hechos imponibles pasados, presentes o

futuros; levantar actas de inspección.

c. Facultad de recaudación (artículos 163 a 173 LGT)

Permite ejecutar el cobro de deudas tributarias en período voluntario y ejecutivo; adoptar

medidas cautelares para asegurar el cobro; embargar bienes conforme a procedimiento.​

d. Facultad sancionadora (artículos 178 a 212 LGT)

La Administración puede sancionar infracciones tributarias; aplicar sanciones por resistencia

o negativa a colaborar con la inspección; valorar la culpabilidad del contribuyente (art. 183),

salvo en los casos de responsabilidad objetiva (muy excepcionales).

Como reglamentos complementarios, tenemos el Real Decreto 1065/2007 que regula las
actuaciones y procedimientos de gestión e inspección tributaria, así como los procedimientos

de aplicación de los tributos; además, detalla los supuestos de entrada en domicilio, forma de

notificación, y procedimientos especiales (arts. 179-198).​

Por otro lado, tenemos el Reglamento General del Régimen Sancionador Tributario (Real

Decreto 2063/2004) que detalla el procedimiento sancionador: inicio, instrucción, audiencia,

y resolución; y, regula la graduación de sanciones y criterios de proporcionalidad.​

Mientras que, su Constitución Española en el artículo 31.1 consagra el deber de contribuir y

el principio de capacidad económica. Y, la Jurisprudencia del Tribunal Supremo y del

Tribunal Constitucional ha delimitado los límites del poder fiscal, especialmente en materias

de intimidad, inviolabilidad del domicilio, y principio de legalidad sancionadora.​

Artículo 31 de la Constitución Española:

“1. Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo

con su capacidad económica, mediante un sistema tributario justo,

inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún

caso, tendrá alcance confiscatorio.

2. El gasto público realizará una asignación equitativa de los recursos

públicos, y su programación y ejecución responderán a los criterios de

eficiencia y economía.

3. Solo podrán establecerse prestaciones personales o patrimoniales de

carácter público con arreglo a la ley.”

Analizando el artículo citado, tenemos que se establece los principios del sistema tributario

como el deber de contribuir, que es una obligación constitucional para todos los ciudadanos e

introduce cuatro principios clave: primero, la capacidad económica que es que cada persona

debe contribuir en función de sus ingresos, patrimonio o riqueza; segundo, la igualdad es que
todos están sujetos al sistema tributario en condiciones equitativas, sin privilegios; tercero,

progresividad, los impuestos deben ser progresivos, es decir, que a mayor capacidad

económica, mayor contribución proporcional; cuarto, no confiscatoriedad, el sistema

tributario no puede vaciar el patrimonio del contribuyente, es decir, los tributos no pueden ser

tan altos que anulen la propiedad o la actividad económica.​

En el segundo apartado, se establecen los principios de justicia y eficiencia al uso del dinero

recaudado, señalando que el gasto debe ser equitativo, es decir, orientado al bien común y a la

cohesión social, y debe gestionarse con eficiencia (lograr resultados) y economía (con el

menor coste posible). Este artículo exige responsabilidad en el uso del dinero público, y es

invocable en casos de malversación, despilfarro o falta de justificación en el gasto público.

Asimismo, el artículo establece la reserva de ley tributaria que indica que solo mediante ley

formal (aprobada por el Parlamento) pueden establecerse tributos u otras cargas públicas. Es

una garantía de seguridad jurídica que la Administración no puede crear impuestos "por

decreto" ni mediante reglamentos, y también protege a los ciudadanos frente al arbitrarismo

fiscal.

3.1.2. Colombia

La Constitución Política de Colombia en su artículo 95, numeral 9 establece como deber de

todos los ciudadanos contribuir al financiamiento del Estado mediante el cumplimiento de las

obligaciones tributarias. En su artículo 338 determina que las autoridades tributarias sólo

pueden exigir tributos conforme a lo previsto en la ley, incluyendo elementos estructurales

como la base gravable, tarifa, sujetos y hechos generadores, y reconoce el principio de

legalidad tributaria. Y, en su artículo 363 establece los principios del sistema tributario:

equidad, eficiencia y progresividad, así como la irretroactividad de las leyes tributarias.​

Por otro lado, su Estatuto Tributario (Decreto 624 de 1989) es la norma principal que regula
los tributos de orden nacional y establece las facultades de la DIAN en materia tributaria.

Facultades como:

A. FACULTADES DE FISCALIZACIÓN Y CONTROL:

En su artículo 684 – Facultad general de fiscalización, la DIAN puede verificar el

cumplimiento de las obligaciones formales y sustanciales de los contribuyentes. Esto incluye:

-​ Solicitar informes o documentos a contribuyentes o terceros.

-​ Practicar inspecciones contables, tributarias, visitas administrativas y cruzamiento de

información. Utilizar presunciones legales o judiciales para verificar hechos

gravables.

En su artículo 684-1 – Utilización de medios electrónicos, autoriza el uso de herramientas

tecnológicas para la fiscalización: copias de sistemas contables, validación de facturación

electrónica, entre otros. En sus artículos 686, 688, 689 – Facultades específicas de

fiscalización:

-​ Inspección tributaria (Art. 686): Permite examinar libros, documentos y registros

contables.

-​ Inspección contable (Art. 688): Permite revisar los sistemas contables para verificar la

veracidad de la información tributaria.

-​ Requerimiento de información (Art. 689): La DIAN puede exigir información a

terceros para comprobar hechos tributarios de los contribuyentes.

B. FACULTADES DE DETERMINACIÓN
En su artículo 702 – Liquidación oficial de revisión, permite a la DIAN modificar una

declaración tributaria privada cuando se adviertan errores o inexactitudes. Se requiere agotar

el procedimiento previo: requerimiento especial, plazo para responder, y posterior resolución.

En su artículo 715 – Liquidación de aforo, se aplica cuando el contribuyente no presenta

declaración o esta no presta mérito. La DIAN determina el tributo con base en presunciones o

indicios.

En su artículos 743 y 744 – Presunciones para la determinación tributaria, autorizan

presunciones en casos como:

-​ Incrementos patrimoniales no justificados.

-​ Omisión de ingresos.

-​ Enriquecimiento ilícito.

C. FACULTADES SANCIONATORIAS

En su artículo 637 y ss. – Régimen sancionatorio tributario, establece sanciones para

inexactitud, omisión de declarar, extemporaneidad, no llevar libros o llevarlos en forma

irregular, no expedir factura, cierre del establecimiento en casos de reincidencia o

incumplimiento reiterado.

D. FACULTADES DE COBRO

En su artículo 828 y siguientes – Cobro coactivo, la DIAN puede iniciar el proceso de

ejecución fiscal sin intervención judicial, con las siguientes medidas:

-​ Embargo de cuentas bancarias o bienes.​


-​ Retención de devoluciones tributarias.

-​ Enajenación forzosa de activos.

-​ Suspensión de operaciones comerciales o cancelación del RUT.

E. FACULTADES PARA PRECIOS DE TRANSFERENCIA

En sus artículos 260-1 a 260-11, permiten ajustar la renta de los contribuyentes que realicen

operaciones con vinculados económicos o partes relacionadas, cuando no se ajusten al

principio de plena competencia.

-​ Autoriza métodos para determinar el precio justo de mercado.

-​ Exige documentación comprobatoria y presentación de informes a la DIAN.

-​ Permite imponer ajustes y sanciones si se detectan desviaciones injustificadas.

F. FACULTADES EN FACTURACIÓN ELECTRÓNICA

En su artículo 615 y Decreto 1625 de 2016 (y normas reglamentarias), establece la

obligatoriedad del sistema de facturación electrónica; la DIAN puede autorizar, suspender o

rechazar a proveedores tecnológicos; y, tiene acceso en tiempo real a las operaciones

facturadas.

Por otro lado, tenemos el CÓDIGO DE PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO Y DE LO

CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO – Ley 1437 de 2011 que aplica de forma supletoria

para los procedimientos tributarios administrativos, en especial:

-​ Debido proceso y derecho de defensa.

-​ Notificaciones, recursos administrativos y plazos.

-​ Motivación de actos administrativos.


-​ Silencio administrativo.

-​ Recursos: de reconsideración ante la DIAN y demanda ante la jurisdicción

contenciosa administrativa.

Asimismo, se tiene las LEYES Y DECRETOS COMPLEMENTARIOS, como la Ley 1607

de 2012 que introdujo reformas sobre fiscalización, determinación y procedimiento tributario,

además reforzó las facultades para control de evasión. Por otro lado, tenemos la Ley 1819 de

2016 (Reforma estructural) que amplió las facultades investigativas y sancionatorias, el

fortalecimiento del sistema de precios de transferencia, las nuevas sanciones por

incumplimiento de obligaciones formales.

Sin embargo, las facultades de la DIAN no son absolutas y están sujetas a:

-​ Principio de legalidad: toda actuación debe estar prevista por la ley.

-​ Principio de proporcionalidad: la sanción o medida debe ser adecuada y necesaria.

-​ Presunción de buena fe: el contribuyente no puede ser tratado como infractor por

defecto.

-​ Motivación de los actos administrativos: se debe justificar toda decisión con base

legal y fáctica.

-​ Control judicial: todo acto puede ser impugnado ante la jurisdicción contenciosa

administrativa.

3.1.3. Argentina

En Argentina, la administración tributaria está encabezada por la Administración Federal de

Ingresos Públicos (AFIP), un ente autárquico en el ámbito del Ministerio de Economía de la

Nación, creado por el Decreto 618/1997. La AFIP tiene competencia sobre tributos
nacionales (impuestos, tasas y contribuciones), la seguridad social y el control aduanero. Las

facultades de la AFIP emanan de distintas normas legales, destacando entre ellas la Ley

11.683 (Texto ordenado en 1998), que regula el procedimiento tributario nacional. Además,

otras leyes, como la Ley de Procedimiento Administrativo, el Código Aduanero y diversas

normas específicas en materia de seguridad social, complementan su marco normativo.

Las principales facultades de la AFIP según la Ley 11.683, son las siguientes:

A. Facultad de verificación y fiscalización (Artículos 33 a 36)

Una de las principales facultades de la administración tributaria es la verificación del

cumplimiento de las obligaciones fiscales, tanto formales como sustanciales. La Ley 11.683

establece que la AFIP puede requerir la presentación de libros, documentación, registros

contables y cualquier otro tipo de soporte, tanto de los contribuyentes como de terceros.

Puede también realizar inspecciones en los domicilios declarados, en establecimientos

industriales, comerciales o profesionales, y, en general, en cualquier lugar donde se

desarrollen actividades gravadas.

La AFIP tiene facultades para realizar cruces de información entre distintos contribuyentes o

con otras bases de datos (por ejemplo, registros bancarios, registros de propiedad, datos

migratorios), lo que permite detectar inconsistencias o evasión fiscal. Estas facultades se

sustentan también en el principio de colaboración de terceros con la administración tributaria,

previsto en diversas leyes.

B. Facultad de determinación de oficio (Artículos 16 y ss.)

Cuando un contribuyente no presenta declaración jurada o lo hace de forma inexacta, la AFIP

está autorizada a determinar de oficio el tributo adeudado. Para ello, puede utilizar indicios,

presunciones, documentación obtenida en inspecciones, o cualquier otro medio probatorio


disponible. Esta determinación debe estar debidamente motivada y notificada al

contribuyente, quien podrá ejercer su derecho de defensa mediante recursos administrativos o

acciones judiciales.

Un aspecto relevante es que la AFIP puede aplicar presunciones legales o judiciales, por

ejemplo, respecto del incremento patrimonial no justificado o de los ingresos no declarados.

Estas presunciones no violan el principio de legalidad porque están expresamente autorizadas

por la normativa.

C. Facultad sancionatoria (Artículos 38 y ss.)

La administración tributaria también posee facultades para imponer sanciones por el

incumplimiento de deberes formales (como no presentar declaraciones, no llevar libros o no

responder requerimientos) y por infracciones materiales (como la evasión o la omisión de

ingresos). La Ley 11.683 establece un régimen de multas automáticas, aplicables sin

necesidad de sumario previo en ciertos casos, y un régimen de multas agravadas, que

requieren una mayor motivación y un procedimiento administrativo más riguroso.

Además, existe la posibilidad de imponer sanciones penales tributarias conforme a la Ley

Penal Tributaria (Ley 27.430, que modificó la Ley 24.769). Esta ley penaliza conductas como

evasión simple y agravada, apropiación indebida de tributos retenidos, y otros delitos fiscales.

En estos casos, la AFIP puede actuar como denunciante ante la justicia penal.

D. Facultad de cobro coactivo (Artículo 92 y ss.)

Otra facultad esencial de la administración tributaria argentina es la de cobro coactivo de las

deudas fiscales, sin necesidad de acudir previamente a los tribunales. El procedimiento se

lleva a cabo mediante la ejecución fiscal, que consiste en la emisión de un título ejecutivo
(certificado de deuda) por parte de la AFIP, el cual luego es ejecutado ante la justicia para

embargar cuentas bancarias, bienes o ingresos del contribuyente.

Este mecanismo se ve fortalecido por normas procesales que permiten medidas cautelares

previas, embargos y la posibilidad de actuar con rapidez ante riesgo de insolvencia del

deudor. La ejecución fiscal es un procedimiento privilegiado en favor del fisco, y el

contribuyente solo puede oponer defensas limitadas.

E. Facultad reglamentaria y normativa

La AFIP tiene también competencia para dictar normas generales obligatorias dentro del

ámbito de su competencia, tales como resoluciones generales, instrucciones y circulares.

Estas normas tienen fuerza obligatoria para los contribuyentes y pueden establecer

obligaciones formales adicionales, como regímenes de información, retención, percepción o

declaraciones juradas informativas. Aunque no tienen rango de ley, se presumen válidas salvo

declaración judicial de inconstitucionalidad.

Un ejemplo emblemático es el régimen de facturación electrónica, cuya implementación ha

sido liderada por la AFIP mediante resoluciones generales. Esto ha permitido un mayor

control en tiempo real de las operaciones comerciales y ha fortalecido las capacidades de

fiscalización.

Otras normas relevantes:

-​ Código Aduanero (Ley 22.415): Regula las competencias específicas en materia

aduanera. La AFIP, a través de la Dirección General de Aduanas, ejerce control sobre

importaciones, exportaciones y zonas francas.​


-​ Ley de Procedimientos Administrativos (Ley 19.549): Rige el debido proceso

administrativo, incluyendo el derecho a la defensa, a ser oído, al recurso y a la

impugnación judicial de actos administrativos.

-​ Ley Penal Tributaria (Ley 24.769, modificada por Ley 27.430): Define delitos

tributarios y penas, así como la competencia penal económica.

-​ Ley de Seguridad Social (Ley 26.063 y concordantes): Da a la AFIP atribuciones para

la recaudación y fiscalización de los aportes y contribuciones previsionales.

Asimismo, las facultades de la administración tributaria están limitadas por el respeto a

principios constitucionales, como el debido proceso, el derecho de defensa, la legalidad, la no

confiscatoriedad y la igualdad ante la ley. La jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia

de la Nación Argentina ha sido constante en señalar que, aunque la AFIP tiene amplias

facultades, estas deben ejercerse dentro del marco de la ley y respetando los derechos

fundamentales de los ciudadanos. Además, el principio de motivación suficiente de los actos

administrativos impide decisiones arbitrarias o carentes de fundamentación legal y fáctica.

Además, la jurisprudencia ha establecido límites al uso abusivo de presunciones o al dictado

de normas generales que excedan la ley.

3.1.4. México

En México, la administración tributaria federal está a cargo del Servicio de Administración

Tributaria (SAT), un órgano desconcentrado de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público

(SHCP), creado por el artículo 16 del Código Fiscal de la Federación (CFF) y el Reglamento

Interior del SAT. El SAT es responsable de aplicar la legislación fiscal y aduanera federal, con

la finalidad de que las personas físicas y morales contribuyan proporcional y equitativamente

al gasto público. Además, controla la entrada y salida de mercancías, supervisa el


cumplimiento de las obligaciones fiscales y participa en el combate a la evasión y elusión

fiscal.

Como normativa principal, tienen el Código Fiscal de la Federación (CFF), que es la norma

rectora de la relación jurídica-tributaria en México. Regula los procedimientos fiscales, las

facultades de la autoridad tributaria, los derechos de los contribuyentes y las sanciones

administrativas. Las facultades del SAT están contenidas principalmente en los artículos 33 a

69-B del CFF, sin perjuicio de otras leyes sustantivas como la Ley del Impuesto sobre la

Renta (LISR), la Ley del IVA, y otras leyes sectoriales.

Facultades principales del SAT:

A. Facultades de comprobación (Artículos 42 al 49 del CFF)

El SAT cuenta con amplias facultades para verificar el cumplimiento de las obligaciones

fiscales. Estas se ejercen a través de diversas figuras legales como:

-​ Visitas domiciliarias: La autoridad puede realizar inspecciones en el domicilio fiscal

del contribuyente, revisando libros, registros, papeles de trabajo, archivos electrónicos

y toda clase de documentación.

-​ Revisión de gabinete: El contribuyente debe presentar la documentación requerida

para ser revisada en las oficinas del SAT.

-​ Revisión electrónica (art. 53-B del CFF): Es un procedimiento reciente que permite la

fiscalización a través de medios digitales, incluyendo la contabilidad electrónica y los

Comprobantes Fiscales Digitales por Internet (CFDI).​


Estas facultades permiten a la autoridad determinar contribuciones omitidas, corregir

declaraciones, comprobar la autenticidad de operaciones y combatir facturación falsa.

B. Facultades presuntivas (Artículos 55 a 58 del CFF)

Cuando el contribuyente no presenta contabilidad o la información es insuficiente o

inconsistente, el SAT puede determinar créditos fiscales con base en presunciones fundadas.

Esto incluye el uso de estimaciones de ingresos y gastos, márgenes promedio del sector, o el

comportamiento de otros contribuyentes similares. Estas presunciones están reguladas y

deben respetar principios de razonabilidad y proporcionalidad.

C. Facultad reglamentaria e interpretativa (Artículo 33 del CFF)

La autoridad fiscal puede emitir reglas de carácter general, criterios normativos y

resoluciones misceláneas para interpretar la legislación tributaria. Aunque estas normas no

pueden ir más allá de la ley, su uso ha sido extendido por el SAT para establecer obligaciones

adicionales, procedimientos administrativos o criterios de interpretación. La Resolución

Miscelánea Fiscal anual, por ejemplo, es una fuente clave en la práctica tributaria mexicana.

D. Facultad para imponer sanciones (Artículos 70 a 89 del CFF)

El SAT puede imponer multas por incumplimientos formales y materiales, como la omisión

de pagos, la falta de declaraciones, o errores en la contabilidad. También puede suspender

sellos digitales, lo que en la práctica paraliza la operación de una empresa. En casos graves,

la autoridad puede presentar denuncias penales por delitos fiscales, como defraudación,

simulación de operaciones, uso de facturas falsas, entre otros (conforme a la Ley Federal

contra la Delincuencia Organizada y el Código Penal Federal).

E. Facultad de cobro coactivo (Artículos 145 a 151 del CFF)


Cuando un contribuyente no paga sus adeudos, la autoridad fiscal puede iniciar el

procedimiento administrativo de ejecución fiscal, que incluye embargos de cuentas bancarias,

bienes muebles o inmuebles, e incluso la intervención en la administración de empresas. Este

procedimiento se realiza sin necesidad de juicio previo, mediante un crédito fiscal firme que

adquiere fuerza de título ejecutivo.

Por otro lado, El SAT puede presumir la inexistencia de operaciones (art. 69-B del CFF),

publicando en el Diario Oficial de la Federación listas de contribuyentes que emiten facturas

falsas (EFOS) o que las utilizan (EDOS). Esta figura busca combatir la evasión mediante

simulación de transacciones. Si no se desvirtúa la presunción, las operaciones se consideran

inexistentes y no se pueden deducir o acreditar fiscalmente.

El SAT, a través de la Administración General de Aduanas, también tiene funciones en el

control de comercio exterior, reguladas por la Ley Aduanera. Esto incluye la verificación de

mercancías en transporte, el ejercicio de facultades de fiscalización en puertos, aeropuertos y

aduanas, así como la imposición de sanciones y decomisos.

Empero, el ejercicio de las facultades del SAT está limitado por la Constitución Política de

los Estados Unidos Mexicanos, que garantiza:

-​ El debido proceso y el derecho de audiencia (art. 14 y 16).

-​ La legalidad tributaria (art. 31, fracción IV).

-​ La no retroactividad de la ley fiscal (art. 14).

-​ El principio de proporcionalidad y equidad en la tributación (art. 31, fr. IV).

La jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y del Tribunal Federal

de Justicia Administrativa (TFJA) ha establecido criterios que delimitan el uso de


presunciones, las facultades de comprobación y el acceso a información de contribuyentes,

protegiendo sus derechos fundamentales.

3.1.5. Ecuador

1. Marco institucional: el Servicio de Rentas Internas (SRI)

En Ecuador, la administración tributaria nacional está a cargo del Servicio de Rentas Internas

(SRI), creado mediante la Ley N.º 41 publicada en el Registro Oficial en 1997. El SRI es un

ente técnico, autónomo y con personalidad jurídica propia, adscrito al Ministerio de

Economía y Finanzas, cuya misión es asegurar el cumplimiento voluntario y oportuno de las

obligaciones tributarias.

El SRI tiene competencia en la determinación, fiscalización, recaudación y sanción en

materia de tributos internos (excluyendo aduanas, que son competencia del Servicio Nacional

de Aduana del Ecuador - SENAE).

Este país tiene como normativa principal el Código Tributario y leyes sustantivas:

El Código Tributario ecuatoriano, codificado en 2005 y reformado en diversas ocasiones, es

la principal norma reguladora de la relación jurídico-tributaria. Contiene los principios

generales del derecho tributario, define las facultades de la administración tributaria, y regula

los procedimientos de determinación, impugnación, cobro, y sanción.

Además, hay leyes tributarias específicas que otorgan facultades adicionales al SRI, como:

-​ Ley de Régimen Tributario Interno (LRTI)

-​ Ley Orgánica de Incentivos para Asociaciones Público-Privadas

-​ Leyes reformatorias anuales (por ejemplo, reformas tributarias estructurales)


Facultades esenciales del SRI:

A. Facultad de determinación tributaria (Art. 100 y ss. del Código Tributario)

El SRI puede ejercer la determinación directa de tributos cuando el contribuyente no cumple

adecuadamente con su deber de declarar o cuando se detecten inconsistencias. Esta facultad

permite establecer la cuantía de la obligación tributaria a partir de los datos disponibles,

propios o aportados por terceros, aplicando métodos directos, presuntivos o mixtos.

Esta determinación puede realizarse:

-​ Sobre base cierta: cuando la administración cuenta con toda la información necesaria

y comprobada.

-​ Sobre base presuntiva: cuando hay elementos parciales que permiten deducir los

ingresos o la capacidad contributiva.

B. Facultad de fiscalización y control (Art. 94 a 99 del Código Tributario)

El SRI puede ejercer acciones de fiscalización para verificar el cumplimiento de las

obligaciones tributarias, mediante visitas, requerimientos, inspecciones y auditorías

tributarias. Puede revisar contabilidad, comprobantes, inventarios, declaraciones y cualquier

información financiera.

Los funcionarios del SRI están facultados para:

-​ Ingresar al domicilio fiscal o establecimiento del contribuyente con fines de

inspección.

-​ Requerir información en papel o en formato digital.


-​ Realizar cruces de información con otras instituciones públicas o privadas (por

ejemplo, bancos, notarías, Superintendencia de Compañías, etc.).

C. Facultad sancionadora (Art. 93 y 96 del Código Tributario)

El SRI puede imponer sanciones administrativas por el incumplimiento de las obligaciones

tributarias, como:

-​ Multas pecuniarias por no presentar declaraciones, hacerlo fuera de plazo o con

errores.

-​ Intereses y recargos sobre los tributos omitidos.

-​ Suspensión temporal del RUC, en casos de omisión reiterada o resistencia a la

fiscalización.

-​ En casos graves, puede presentar denuncias penales por defraudación tributaria ante la

Fiscalía, conforme al Código Orgánico Integral Penal (COIP), donde se tipifican

delitos como la evasión tributaria, uso de documentos falsos, y simulación de

operaciones.

D. Facultad de cobro coactivo (Art. 216 a 233 del Código Tributario)

Una vez determinado un crédito tributario y vencido el plazo para su pago, el SRI puede

iniciar el procedimiento de ejecución coactiva, sin necesidad de proceso judicial. Esto

incluye:

-​ Embargo de bienes muebles e inmuebles

-​ Retención de fondos en cuentas bancarias

-​ Prohibiciones de enajenar
-​ Anotaciones preventivas en registros públicos

Este procedimiento es ágil y se sustenta en el principio de ejecutividad de los actos

administrativos tributarios, siempre que se hayan agotado los recursos administrativos o haya

vencido el plazo para su impugnación.

E. Facultad reglamentaria e interpretativa

El SRI tiene potestad para emitir resoluciones normativas y circulares de aplicación general

que interpretan la legislación tributaria dentro del marco legal. Estas normas no tienen rango

de ley pero son obligatorias para los contribuyentes. Además, el SRI puede emitir criterios

vinculantes que orientan su actuación frente a situaciones repetitivas.

Por otro lado, el SRI también está autorizado a establecer regímenes de facturación

electrónica, implementar controles preventivos y alertas tempranas sobre inconsistencias,

publicar contribuyentes incumplidos en listas públicas como forma de incentivo indirecto al

cumplimiento, exigir información de terceros, como bancos, proveedores, empresas de

servicios, etc., para contrastar los datos de los contribuyentes.

Estas medidas permiten una fiscalización integral, preventiva y digitalizada, en línea con los

principios de eficiencia y control de riesgos.

Las facultades del SRI están enmarcadas en la Constitución de la República del Ecuador

(2008), que garantiza:

-​ El principio de legalidad (Art. 84 y 300): ninguna obligación o carga tributaria puede

imponerse sin ley previa.

-​ La igualdad y equidad tributaria (Art. 300).

-​ El derecho al debido proceso (Art. 76): incluso en procedimientos administrativos.


-​ El derecho de defensa y contradicción frente a determinaciones, sanciones y medidas

de cobro.

Asimismo, el artículo 301 prohíbe expresamente la creación de tributos sin ley, y exige que

las exoneraciones o beneficios también se otorguen por norma con jerarquía legal.

En los últimos años, la jurisprudencia ha ido delimitando las facultades del SRI en casos de

abuso de presunciones, excesos en la ejecución coactiva o negativa de devolución de

impuestos. Algunas sentencias han establecido:

-​ El deber de motivación suficiente de los actos administrativos tributarios.

-​ La nulidad de actos que afecten derechos sin respetar el debido proceso.

-​ La invalidez de sanciones sin prueba directa o sin adecuada valoración de la

contabilidad del contribuyente.

3.2. CASUÍSTICA - EJEMPLOS PRÁCTICOS

Impuesto a la renta:

Este impuesto recae sobre los ingresos obtenidos por concepto de arrendamiento, venta u

otras formas de cesión de bienes, tanto muebles como inmuebles, así como de acciones y

otros instrumentos financieros (considerados como ganancias de capital). Del mismo modo,

también alcanza las rentas generadas por el trabajo personal, ya sea bajo relación de

dependencia o de manera independiente. En este sentido, se puede entender su aplicación de

la siguiente manera:

Marcos Gutiérrez es una persona natural domiciliada en Lima. Es propietario de un

departamento que arrienda a una pareja desde enero del 2024 por S/ 2,000 mensuales.
Durante todo el año, Marcos percibió como ingresos brutos anuales S/ 24,000 (S/ 2,000 x 12

meses)​

En estos casos, lo que se debe hacer primero es determinar la renta neta, para ello, la ley del

Impuesto a la Renta establece que, para las rentas de primera categoría (como el alquiler de

inmuebles), se puede deducir el 20% del ingreso bruto como gasto presunto.

Siendo así, la deducción del 20% es de S/ 4,800 (S/ 24,000 x 20%). Sobre ello, la renta neta

anual será de S/ 19,200 (S/ 24,000 – S/ 4,800)

Después de ello, se debe calcular el impuesto a la renta, para la primera categoría se aplica una

tasa fija del 5% sobre la renta neta; por ello, si la renta neta es de S/ 19,200 (como se calculó

anteriormente), al aplicarse el 5% el resultado será de S/ 960, ese es el impuesto total anual

que Marcos debe pagar por alquilar su departamento.

¿Cómo puede Marcos pagar este impuesto? Para ello tiene dos opciones: Puede pagar

mensualmente el 5% sobre el monto que recibe de alquiler (S/ 2,000 x 5% = S/ 100), o tiene

la posibilidad de acumular el total, declarar y pagar de forma anual si decide hacerlo en la

declaración jurada del impuesto a la renta (esto suele usarse si hay retención por parte del

inquilino o situaciones específicas).

Impuesto general a las ventas:

Teniendo en cuenta que el IGV es aplicado sobre cada etapa del proceso de producción y

comercialización, pero su carga económica está diseñada para recaer finalmente sobre el

consumidor final, ya que generalmente se encuentra incorporado en el precio de venta de los

bienes que adquiere, una forma de entender su ejecución es la siguiente:

Supongamos que la empresa peruana "Maderas Andinas S.A.C.", dedicada a la venta de

muebles de madera, realiza una venta de 10 escritorios a una empresa cliente en Lima.
El precio unitario de cada escritorio (sin IGV) es de S/ 500 y la cantidad vendida es de 10

escritorios.​

Eso significa que el total a pagar sin IGV es de S/ 5,000 (500 x 10).​

Sin embargo, de acuerdo a la Ley del Impuesto General a las Ventas, el IGV aplicable es del

18%, eso significa que se pagará S/ 900 de impuesto (5,000 x 0.18).​

Al final, el total a pagar por el cliente es de S/ 5,900 por los 10 escritorios, contando el IGV

impuesto por la ley.

En este caso, el IGV no lo asume "Maderas Andinas S.A.C.", sino el cliente, ya que el

impuesto recae sobre el consumidor final. Sin embargo, la empresa vendedora es responsable

de cobrar ese impuesto y declararlo y pagarlo ante la SUNAT.

Impuesto selectivo al consumo:

Como se conoce, este tributo, a diferencia del IGV, no se aplica de manera general, sino

únicamente a ciertos bienes seleccionados, por lo que se le considera un impuesto específico.

Una de sus principales finalidades es desalentar el consumo de productos que ocasionan

efectos negativos, tanto a nivel individual como social y ambiental. Entre estos bienes se

encuentran las bebidas alcohólicas, los cigarrillos y los combustibles.

Por ejemplo, la empresa “Bebidas del Sol S.A.C.” fabrica y vende bebidas alcohólicas en el

Perú. Uno de sus productos son botellas de cerveza sin alcohol de 700ml. Sobre ello, el precio

de venta por productos sin impuestos es de S/ 40 por botella.

Teniendo en cuenta que la Ley establece que para los productos identificados como cerveza

sin alcohol, con contenido de azúcares totales igual o superior a 5g/100m, son afectos en un

25%, el cálculo del ISC se aplican sobre el precio de venta por productos (S/ 40), cuyo

resultado sería de S/ 10.


Después de ello, se debe sumar ISC al precio base (S/ 40 + S/ 10 = S/ 50) y calcular el IGV sobre

el monto con ISC (18% de S/ 50 = S/ 9). Teniendo en cuenta ello, el precio final que se le

impondrá al consumidor será de S/ 59 (S/ 40 + S/ 10 (ISC) + S/ 9 (IGV)).

Régimen Único Simplificado:

Se trata de un régimen tributario diseñado específicamente para pequeños comerciantes y

productores, que les facilita el cumplimiento de sus obligaciones fiscales mediante el pago de

una cuota mensual fija, determinada en función del monto de sus ingresos y/o compras.

Este régimen está orientado a personas naturales con negocio propio, que se dedican a la

venta de bienes o a la prestación de servicios dirigidos exclusivamente a consumidores

finales, al igual que quienes ejercen un oficio de manera individual.

Por ejemplo, Rosa Delgado es una emprendedora que tiene una pequeña bodega en San Juan

de Lurigancho, Lima. Ella vende abarrotes, bebidas, productos de limpieza y algunos

productos frescos en su vecindario.

Su negocio es pequeño: no emite facturas ni boletas electrónicas, y solo atiende a

consumidores finales. Todos sus ingresos provienen de sus ventas al público, siendo así, en el

mes de marzo, Rosa generó como ingresos totales mensuales la cantidad de S/ 5,000.

Como su actividad es comercial minorista, Rosa puede acogerse al Régimen Único

Simplificado (RUS), este reemplaza el IGV y el Impuesto a la Renta, y en lugar de calcular

porcentajes complicados, la SUNAT establece cuotas fijas mensuales, según el nivel de

ingresos.

En el caso de Rosa, ella se encuentra en la primera categoría del RUS (ingresos hasta S/

5,000 mensuales), por tanto, su pago mensual será de S/ 20.


CONCLUSIONES

1. El estudio de las facultades de la Administración Tributaria revela una trayectoria compleja

y en constante transformación, donde convergen elementos históricos, jurídicos,

administrativos y políticos. A través de los siglos, la potestad de exigir tributos ha pasado de

ser una manifestación bruta del poder autoritario a convertirse en una función institucional

regulada por el Derecho. Esta evolución no ha sido lineal ni exenta de contradicciones: los

vestigios de prácticas arbitrarias, exenciones injustificadas y desequilibrios en la distribución

de la carga tributaria aún persisten en muchos sistemas fiscales contemporáneos, incluyendo

el peruano.

Uno de los ejes más relevantes del análisis es la correlación entre función y facultad.

Mientras que la función de la Administración Tributaria es asegurar la correcta recaudación

de los tributos y el sostenimiento del sistema fiscal, las facultades son los instrumentos

jurídicos específicos mediante los cuales dicha función se realiza. Esta distinción conceptual

es fundamental para delimitar el poder del Estado y evitar su ejercicio arbitrario. Las

facultades de fiscalización, recaudación y sanción no son prerrogativas discrecionales, sino

deberes-poderes normativamente regulados, cuyo ejercicio debe ajustarse a principios como

la legalidad, el debido procedimiento y la razonabilidad.

Asimismo, el enfoque histórico permite comprender que las facultades tributarias no son

invenciones modernas, sino desarrollos institucionales que tienen raíces profundas en las

estructuras políticas y económicas de cada época. Desde el tributo-sacrificio en sociedades

tribales, pasando por la burocracia recaudadora del Antiguo Egipto, los contratos de los

publicani en Roma o la descentralización feudal en la Edad Media, hasta la centralización

fiscal del absolutismo y la legalidad tributaria consagrada por las revoluciones burguesas, el
tributo ha sido una expresión del poder estatal, pero también un campo de disputa por su

legitimación.

En el caso peruano, el tránsito desde la Real Hacienda colonial hacia una administración

tributaria moderna ha estado marcado por profundas discontinuidades, avances graduales y

reformas significativas. La creación de la SUNAT en 1991 constituye un hito en este proceso,

al institucionalizar un modelo técnico, autónomo y digitalizado de gestión fiscal. Esta

reforma ha permitido mejorar la eficiencia recaudadora, ampliar la base tributaria y controlar

la evasión con herramientas tecnológicas de avanzada. Sin embargo, también ha generado

nuevos desafíos, especialmente en lo relativo a la protección de derechos fundamentales

frente a la automatización y vigilancia tributaria.

Desde una perspectiva doctrinal, se insiste en que el ejercicio de las facultades tributarias

debe enmarcarse dentro de los límites del Estado de Derecho. La discrecionalidad

administrativa, cuando existe, debe estar regulada, controlada y orientada al interés público.

El poder fiscal no es un fin en sí mismo, sino un medio para garantizar el cumplimiento de

los fines del Estado. Por ello, el control judicial y la protección de los derechos del

contribuyente no son meros contrapesos formales, sino garantías esenciales para evitar el

abuso del poder y promover una tributación justa, equitativa y transparente.

Finalmente, la justicia fiscal no puede limitarse a criterios técnicos o de eficiencia, sino que

debe integrar una dimensión histórica, ética y política. Comprender las facultades tributarias

desde una perspectiva crítica implica reconocer tanto los logros institucionales como los

rezagos estructurales que aún afectan la legitimidad del sistema. Solo una administración

tributaria que combine legalidad, eficacia y justicia podrá contribuir a fortalecer el pacto

social y consolidar un Estado democrático, inclusivo y financieramente sostenible.


2. Segundo, el estudio del marco normativo compuesto por el Código Tributario, la Ley del

Impuesto a la Renta, la Ley del Impuesto General a las Ventas e Impuesto Selectivo al

Consumo, y el Texto Único Ordenado del Nuevo Régimen Único Simplificado, permite

identificar un sistema estructurado que busca asegurar la eficiencia recaudatoria, la justicia

fiscal y la transparencia en la relación entre el Estado y los contribuyentes. El Código

Tributario, como base normativa fundamental, establece los principios y procedimientos que

rigen el accionar tanto del administrador tributario como del contribuyente. Al reconocer que

ambas partes se encuentran en un plano jurídico de igualdad y sometidas al mismo marco

legal, se refuerza la importancia de garantizar un equilibrio normativo que permita prevenir

arbitrariedades y consolidar la seguridad jurídica en el sistema tributario.

Por su parte, la Ley del Impuesto a la Renta evidencia una sofisticada clasificación de las

rentas y una delimitación detallada de las operaciones que generan ganancias de capital, lo

que refleja un esfuerzo legislativo por captar la capacidad contributiva real de los sujetos

económicos, especialmente en contextos de creciente complejidad internacional. La norma

busca adaptarse a los desafíos de la globalización y la movilidad del capital, procurando

evitar la doble imposición y la evasión tributaria, lo cual resulta esencial para preservar la

base imponible nacional y mantener la equidad fiscal entre residentes y no residentes.

En cuanto al Impuesto General a las Ventas (IGV) y el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC),

se puede afirmar que ambos impuestos tienen un rol fundamental en la estructura tributaria

peruana. El IGV, por su naturaleza indirecta y su alcance sobre el consumo, representa una

fuente significativa de ingresos fiscales. Su aplicación en cada fase de la cadena de

producción y distribución garantiza un sistema de captación eficiente que recae finalmente en

el consumidor final. A su vez, el ISC cumple una función no solo recaudatoria, sino también

regulatoria y correctiva, al desincentivar el consumo de productos con externalidades


negativas, como bebidas alcohólicas, tabaco y combustibles, o actividades como juegos de

azar.

El Nuevo Régimen Único Simplificado (Nuevo RUS) se presenta como un mecanismo de

inclusión tributaria para los pequeños contribuyentes, otorgando facilidades administrativas y

cuotas fijas en función de ingresos y compras. Este régimen cumple una función estratégica

en la formalización de la economía, al ofrecer una alternativa viable a comerciantes y

productores de pequeña escala que, de otro modo, permanecerían al margen del sistema

fiscal. Sin embargo, su alcance limitado, en especial al no incluir el Impuesto Selectivo al

Consumo, evidencia la necesidad de una evaluación periódica para que cumpla efectivamente

su función sin generar distorsiones o inequidades entre regímenes tributarios.

En suma, el marco legal tributario peruano configura un sistema diversificado y técnicamente

desarrollado que, si bien presenta retos de simplificación, control y equidad, constituye una

herramienta indispensable para la sostenibilidad financiera del Estado. Su fortalecimiento

continuo, a través de reformas oportunas, debe orientarse a lograr una tributación más

progresiva, moderna y justa, que responda tanto a las exigencias económicas como a los

derechos fundamentales de los contribuyentes.

Por otro lado, la revisión integral de la legislación tributaria peruana, complementada con

casos jurisprudenciales nacionales e internacionales, evidencia con claridad que el sistema

tributario no puede desligarse de los principios constitucionales que garantizan la seguridad

jurídica, la razonabilidad, el debido proceso y la igualdad ante la ley. El análisis del Código

Tributario y de leyes sustantivas como la Ley del Impuesto a la Renta, el IGV y el Nuevo

Régimen Único Simplificado pone de manifiesto que la normativa tributaria en el Perú

establece un marco sólido de obligaciones, pero también de derechos para los contribuyentes,
el cual debe ser aplicado de manera coherente, equitativa y transparente por parte de la

administración tributaria.

Asimismo, la jurisprudencia peruana —en especial la Sentencia del Tribunal Constitucional

(Exp. N.° 00333-2010-PA/TC), la Casación N.° 17184-2018 y la Resolución 3230-2-2020—

permite reafirmar la importancia del equilibrio entre las potestades de la SUNAT y los

mecanismos de control institucional que impidan el uso desproporcionado o arbitrario de

tales facultades. Se establece que el Tribunal Fiscal no sólo tiene competencia para revisar la

legalidad de los actos administrativos, sino también para valorar nuevamente los hechos y

pruebas, actuando así como un órgano de garantía del derecho de defensa en sede

administrativa. Este reconocimiento fortalece la legitimidad del sistema y reduce el riesgo de

indefensión del contribuyente frente a actos unilaterales de la administración.

Por otro lado, la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el caso Princeton Dover

Corporation resalta la relevancia del plazo razonable como garantía sustantiva del

procedimiento administrativo tributario. El excesivo tiempo que se prolongó el

procedimiento, debido a la decisión de suspenderlo por procesos penales no vinculantes,

vulneró derechos fundamentales de la empresa. Esta jurisprudencia impone un estándar de

diligencia a la administración tributaria y refuerza el principio de eficiencia y certeza jurídica

que debe guiar toda actuación pública.

Finalmente, la comparación con fallos internacionales como United States v. Powell y BVerfG

2 BvL 17/02 del Tribunal Constitucional Federal Alemán aporta una dimensión comparada

enriquecedora. En ambos casos, se abordan límites esenciales del poder fiscal, como la

necesidad de asegurar medios efectivos de fiscalización, sin vulnerar los derechos

fundamentales de los contribuyentes. Las decisiones judiciales extranjeras refuerzan la


noción de que el ejercicio del poder tributario debe ser funcional, pero también controlado,

legítimo y garantista, principios que son también exigibles en el contexto peruano.

En suma, el sistema tributario no puede entenderse únicamente como un conjunto de normas

técnicas para la recaudación, sino como un subsistema jurídico que debe armonizar los

intereses del Estado en obtener ingresos con el respeto irrestricto a los derechos

fundamentales. La legitimidad del tributo no radica solamente en su fuente legal, sino

también en la forma razonable, proporcional y garantista en que se ejerce el poder tributario.

Por ello, una administración tributaria moderna no solo debe ser eficaz, sino también

respetuosa del orden constitucional, abierta al control jurisdiccional y comprometida con el

trato justo a los contribuyentes.

3. Tercero, el estudio de las facultades de las administraciones tributarias en los sistemas

jurídicos de España, Colombia, Argentina, México y Ecuador revela un patrón común en

cuanto a la amplitud de competencias conferidas a los órganos fiscales, las cuales abarcan las

fases de gestión, fiscalización, determinación, sanción y cobro de tributos. Estas facultades

permiten a los Estados ejercer su potestad tributaria con eficacia, pero también imponen un

reto permanente de equilibrio entre el poder público y los derechos de los contribuyentes.

Cada país, dentro de su contexto constitucional y normativo, ha desarrollado un conjunto de

herramientas legales para asegurar el cumplimiento de las obligaciones fiscales, aunque con

distintos niveles de garantías, control y limitaciones.

En el caso de España, la Ley General Tributaria configura un régimen profundamente técnico

y garantista, donde las actuaciones de la administración se encuentran detalladamente

reguladas y se combinan con un marco constitucional robusto, que establece principios como

la capacidad económica, la progresividad, la igualdad y la no confiscatoriedad. La

jurisprudencia del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo ha jugado un papel clave
en delimitar las facultades de inspección, recaudación y sanción, especialmente en lo que

respecta al respeto por la intimidad y la inviolabilidad del domicilio. Este modelo destaca por

su estructura jerarquizada y por el desarrollo de reglamentos complementarios que garantizan

una aplicación precisa y proporcional del poder fiscal.

Por su parte, Colombia presenta un enfoque que articula sus facultades tributarias a través del

Estatuto Tributario y un conjunto amplio de leyes reformatorias. La DIAN dispone de

herramientas efectivas para fiscalizar, presumir ingresos no declarados y cobrar

coactivamente, lo cual ha sido fortalecido por reformas recientes que incorporan tecnología y

controles más ágiles. No obstante, el marco colombiano también reconoce limitaciones

constitucionales y legales claras, como el principio de legalidad, el debido proceso

administrativo, y el respeto al derecho de defensa. Estas garantías son reforzadas por la Ley

1437 de 2011 y por una jurisprudencia contencioso-administrativa que ha desarrollado

estándares de motivación y razonabilidad frente al ejercicio del poder tributario.

En Argentina, las facultades de la AFIP también son amplias, especialmente en lo que refiere

a la fiscalización, cruce de datos, determinación de oficio y ejecución fiscal. La legislación

permite el uso de presunciones y la aplicación de normas reglamentarias internas con efectos

vinculantes. Sin embargo, este poder está sujeto a límites derivados de principios

constitucionales como la legalidad, la igualdad y la motivación suficiente. La Corte Suprema

de Justicia ha señalado la necesidad de un uso razonable de las presunciones y ha declarado la

invalidez de actos fiscales que vulneren derechos fundamentales. A diferencia de otros países,

el régimen sancionador argentino incluye un fuerte componente penal tributario, lo que

refleja un enfoque punitivo ante casos graves de evasión.

En el caso de México, el SAT ejerce un conjunto de facultades que combinan procedimientos

tradicionales como la revisión de gabinete o las visitas domiciliarias con mecanismos


modernos como la revisión electrónica y el control en tiempo real a través de la facturación

digital. El Código Fiscal de la Federación contempla figuras como la presunción de

inexistencia de operaciones y las listas negras (EFOS/EDOS), que han generado debate por

su impacto en el principio de presunción de inocencia. La Suprema Corte de Justicia ha

intervenido para establecer controles a estas facultades, especialmente en lo relacionado con

el debido proceso, la proporcionalidad de las sanciones y la limitación del acceso

indiscriminado a datos privados. Así, el modelo mexicano destaca por su sofisticación

tecnológica, pero también enfrenta retos en cuanto al respeto a los derechos fundamentales.

Finalmente, Ecuador, a través del SRI, presenta un sistema que, aunque comparte muchas

características con los modelos anteriores, ha avanzado en el uso de herramientas de control

digital y en la automatización de procesos de determinación, fiscalización y cobro. Su Código

Tributario, junto con leyes específicas, otorgan al SRI facultades presuntivas y coactivas

importantes, pero bajo la obligación de motivación suficiente y respeto al debido proceso. La

Constitución de 2008 establece un marco garantista, con énfasis en la legalidad y en la

equidad en el uso de los recursos públicos. La jurisprudencia ecuatoriana también ha jugado

un rol relevante al anular actos administrativos arbitrarios y al proteger los derechos de los

contribuyentes ante actuaciones desproporcionadas.

En conjunto, este análisis permite afirmar que, si bien todas estas administraciones tributarias

disponen de mecanismos robustos para asegurar la recaudación y combatir la evasión,

también se encuentran sujetas a controles legales, constitucionales y jurisprudenciales que

buscan impedir excesos. Los principios de legalidad, proporcionalidad, debido proceso y

defensa efectiva constituyen los ejes comunes que orientan la actuación fiscal en el ámbito

iberoamericano. El desafío actual es lograr que estos principios no se limiten al plano

normativo, sino que se apliquen de forma efectiva, garantizando una relación tributaria

equilibrada, transparente y justa entre el Estado y los ciudadanos.


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