Maltrato Infantil
Definición académica. El maltrato infantil comprende cualquier forma de abuso o
desatención que afecte a personas menores de 18 años. Incluye el daño físico,
psicológico o sexual, la negligencia o explotación que perjudique la salud,
desarrollo o dignidad del niño en una relación de poder o confianza. La Ley
26.061/2005 (Protección Integral de los Derechos de la Niñez) recoge este enfoque
de derechos, garantizando a niños/as “el derecho a no ser sometidos a trato
violento, discriminatorio, vejatorio, humillante, intimidatorio; a no ser sometidos a
ninguna forma de explotación económica, torturas, abusos o negligencias,
explotación sexual, secuestros o tráfico…”. Este marco legal enfatiza la dignidad e
integridad del menor y su protección especial.
Tipos de maltrato (clasificación detallada)
Maltrato físico: uso deliberado de fuerza que causa daño (golpes, quemaduras,
fracturas, asfixia). Incluye castigos corporales severos.
Maltrato sexual: cualquier contacto o explotación sexual con el niño (desde
tocamientos hasta violación o pornografía), donde el adulto ocupa posición de
autoridad. Indicadores: embarazos infantiles, infecciones de transmisión sexual o
conductas sexuales inapropiadas a la edad.
Maltrato emocional/psicológico: insultos, humillaciones, amenazas constantes
o aislamiento que dañan la salud mental del niño. Puede ser un acto único grave o
un patrón repetido de menosprecio.
Negligencia o desatención: falta persistente de cuidados básicos (salud,
alimentación, higiene, educación o refugio). Incluye abandono físico o emocional
cuando los padres pueden brindar esos cuidados. No siempre está ligado a
pobreza –puede haber recursos pero ausencia o descuido del cuidador.
Otras formas relacionadas: explotación laboral o mendicidad infantil; violencia
intrafamiliar (niños-testigo de violencia de pareja, que también se incluye como
forma de maltrato); y síndromes especiales (p. ej. Münchhausen por poderes, en
que el cuidador induce enfermedades).
Factores de riesgo
Del niño: edad extrema (lactantes y adolescentes), nacimiento no deseado,
temperamento difícil o alta irritabilidad, discapacidad física/mental o
enfermedades crónicas, baja capacidad de apego.
De los cuidadores: historial de maltrato en la infancia, estrés psicosocial grave
(pobreza, desempleo), trastornos psiquiátricos, consumo nocivo de alcohol o
drogas, baja tolerancia a la frustración, expectativas poco realistas sobre el niño,
baja autoestima o agresividad parental.
Familiares/relacionales: violencia doméstica entre adultos, separaciones
conflictivas, familia monoparental con escaso apoyo, aislamiento social de la
familia, roles rígidos de género que legitiman la violencia.
Sociales/comunitarios: desigualdad económica, pobreza extrema, exclusión
social, acceso fácil a alcohol y drogas, normas culturales que aceptan el castigo
corporal, carencia de servicios de apoyo a las familias (escuelas, salud, trabajo
social).
Manifestaciones clínicas y signos de sospecha
En la práctica de enfermería hay que estar atentos a señales físicas y
conductuales:
• Lesiones inusuales: moretones con formas (cinturón, manos), quemaduras
“geometrizadas” (figuras, cigarros), fracturas o traumatismos repetidos
inexplicables. Las lesiones en distintas etapas de curación son
sospechosas. En pediatría se procura comparar la historia clínica con la
lesión observada.
• Signos de negligencia: desnutrición o déficit ponderal sin causa médica
evidente, higiene corporal deficiente, ropa inapropiada al clima, retraso de
desarrollo (físico o psicomotor). Enfermedades recurrentes sin atención
(p.ej. infecciones no tratadas) alertan sobre abandono médico.
• Síndrome de Münchhausen por poderes: presencia de síntomas
persistentes sin explicación médica, historias clínicas incongruentes o
cuidador que insiste en pruebas a pesar de exámenes normales.
• Abuso sexual: signos genitales (equimosis, dolor, infecciones de
transmisión sexual) o embarazo precoz. También cambios de conducta
como juego sexualizado inapropiado, regresiones (enuresis, pesadillas),
ansiedad extrema o evitación de ciertos adultos. El hallazgo de ETS o ropa
interior ensangrentada en niña/o obliga a investigar abuso.
• Señales psicológicas y de conducta: retraimiento excesivo o pasividad;
falta de vínculo con el cuidador, miedo o excesiva sumisión ante adultos;
conductas agresivas o desafiantes; llanto inconsolable; pobre rendimiento
escolar.
• Contexto y dinámica: historias incongruentes o cambiantes sobre
accidentes, gran demora en buscar atención médica, negación del
cuidador de consintiendo/excusando las lesiones, o trato de “hospitalismo
inverso” (niño que mejora al separarse temporalmente del hogar).
Consecuencias a corto y largo plazo
El maltrato infantil ocasiona secuelas físicas, psicológicas y sociales
permanentes:
• Corto plazo: lesiones traumáticas (desde hematomas hasta fracturas
craneales graves o discapacidades físicas), problemas psíquicos agudos
(estrés postraumático, ansiedad, depresión, ideación suicida), infecciones
asociadas (p.ej. ITS). Adolescentes maltratadas presentan riesgo elevado
de embarazos no deseados y problemas ginecológicos.
• Largo plazo: alteraciones del neurodesarrollo (déficit cognitivo, problemas
atencionales) y alto consumo de tabaco, alcohol y drogas como formas de
autoconsuelo. Mayor incidencia de enfermedades crónicas en la adultez
(diabetes, enfermedades cardiovasculares, obesidad) vinculadas a
trastornos de estrés tempranos.
• Psicosociales: baja autoestima, trastornos del sueño, dificultad en
relaciones interpersonales, violencia replicada (quien fue maltratado tiene
mayor probabilidad de maltratar a otros o ser víctima como adulto). El
rendimiento escolar decae – los niños maltratados tienen 13% menos
probabilidad de completar sus estudios.
• Economías familiares/societales: el maltrato genera costos en salud
mental, protección social y judicial, perpetuando ciclos de pobreza y
exclusión.
Prevención (familia, comunidad, instituciones)
Las estrategias eficaces son multisectoriales e incluyen educación, apoyo social y
normativas claras:
Nivel familiar: programas de crianza positiva y apoyo parental (talleres,
psicopedagogía, asesoría en habilidades parentales) para prevenir el estrés
familiar. Iniciativas de visita domiciliaria (p.ej. Cunas Protegidas, Acompañar la
Crianza) fortalecen vínculos. Fomentar el buen trato en el hogar: crianza sin
violencia, disciplina con límites positivos.
Nivel comunitario: campañas de sensibilización sobre derechos del niño y
buentrato (escuelas, medios de comunicación y redes sociales). Espacios seguros
en la comunidad (CECOAL, clubes, iglesias) con contención psicológica y social.
Impulsar grupos de apoyo entre padres y vecinos para romper el aislamiento.
Institucional: formación obligatoria de profesionales de salud, educación y
seguridad en detección de maltrato. Protocolos sanitarios claros (ministerios de
Salud provincial/nacional) que guíen la notificación y atención. Implementación y
cumplimiento de leyes que prohíben el castigo físico y sexual a menores. Políticas
públicas focalizadas en la pobreza y vulnerabilidad (vivienda, empleo, acceso a
salud) reducen factores comunitarios de riesgo.
Rol de enfermería: detección e intervención
El personal de enfermería es clave para la detección temprana y actuación
inmediata. Al estar en contacto directo con niños y familias, el enfermero puede
identificar signos de alerta y comunicar la situación al equipo de salud. Su
actuación incluye
• Vigilancia clínica: observar señales físicas y conductuales sospechosas
(ver sección anterior) y registrar objetivamente hallazgos en la historia.
Comparar notas de enfermería con relatos de padres/pacientes para
descubrir inconsistencias
• Comunicación y apoyo: brindar un entorno seguro y confidencial para que
el niño exprese quejas. Evitar culpabilizarlo; ofrecer contención emocional
y actuar con empatía.
• Denuncia obligatoria: por ley (L.26.061, art.30), todo profesional de salud
debe notificar ante sospecha de maltrato. El enfermero debe informar
inmediatamente a su supervisor o al órgano local de protección de
derechos (Defensoría del Niño) siguiendo los protocolos establecidos.
• Intervención en equipo interdisciplinario: coordinar con pediatras,
psicólogos, trabajadores sociales, abogados y fuerzas del orden. Derivar al
niño a servicios especializados (trauma infantil, salud mental). Participar
en reuniones de caso para planificar medidas de protección (p.ej. medidas
judiciales, acogimiento familiar).
• Seguimiento: asegurar la contención sanitaria y psicológica continua del
niño. Monitorear evolución física y mental, re-evaluar necesidades (terapia,
nutrición, rehabilitación). Registrar el seguimiento en la historia clínica y
ayudar en trámites legales o sociales (por ejemplo, preparación para
declaraciones judiciales).
La enfermería debe estar capacitada formalmente en maltrato infantil
(identificación de categorías, factores de riesgo, signos clínicos y procedimientos
a seguir). La formación universitaria y posgrado en salud debe incluir protocolos
de denuncia y principios éticos de protección al menor.
Legislación vigente en Argentina
Ley 26.061/2005 (Protección Integral): establece la prioridad del interés superior
del niño (art.3) y garantiza sus derechos. El art.9 prohíbe explícitamente someter al
niño a cualquier forma de abuso, negligencia o explotación. La ley obliga además
a denunciar cualquier vulneración de derechos (art.30).
Código Penal Nacional: tipifica y sanciona conductas que constituyen maltrato:
por ejemplo, el homicidio agravado si matare a un niño/a bajo “maltrato infantil”
(proyecto en debate), lesiones graves e homicidio simple (arts. 90, 79 CP) o
abandono de persona (art. 106) en perjuicio de menores. El abuso sexual agravado
contra menores (arts. 119, 125 CP) recibe mayor pena por la edad de la víctima. La
corrupción de menores (arts. 125, 131 CP) castiga inducir a un niño a actos
indecentes.
Normativas sanitarias y protocolos: el Ministerio de Salud nacional y provinciales
han publicado guías clínicas (p.ej. Guía BA 2019 y Manual Asistencial de Salud
Sexual 2021) para el abordaje sanitario del maltrato. Estas normativas definen
indicadores de sospecha, pasos de actuación (historia clínica completa,
exámenes), canales de denuncia y medidas de protección interinstitucional. Los
profesionales de salud deben seguir estos protocolos obligatorios en hospitales y
centros de salud públicos.
Otras leyes conexas: la Ley 26.485/2009 de Violencia de Género incluye la
protección de hijos/as de víctimas; la Ley de Adopciones y Código Civil establecen
pautas de guarda y revinculación; y hay convenios internacionales ratificados
(Convención de los Derechos del Niño, etc.) que refuerzan estas garantías.
Enfoque de derechos y perspectiva biopsicosocial
El maltrato infantil se aborda desde una mirada integral de derechos. Se reconoce
al niño/a como sujeto pleno de derecho (art.12 CDN y art.1 Ley 26.061) con
prioridad absoluta en cualquier decisión. El interés superior del menor es el eje
rector: sus derechos (a la vida, salud, educación, integridad) son irrenunciables.
En consecuencia, cualquier acto o política debe garantizar su dignidad.
Esta perspectiva se complementa con un enfoque biopsicosocial: se entiende que
el maltrato daña simultáneamente el cuerpo, la mente y el entorno social del niño.
Las intervenciones por lo tanto no sólo curan lesiones físicas, sino que también
abordan el trauma psicológico y fortalecen el entorno familiar/comunitario. Por
ejemplo, tras un caso de abuso, se brinda atención médica, terapia psicológica y
apoyo social (redes de protección) para restablecer la salud global del menor. Este
enfoque holístico refuerza que prevenir y tratar el maltrato requiere coordinación
entre salud, servicios sociales, educación y justicia, siempre con respeto a los
derechos y subjetividad del niño.