Quesada La_interpretacion_historica_como_teoria Echeverría y Grunner
Quesada La_interpretacion_historica_como_teoria Echeverría y Grunner
Gandarilla Salgado
ISSN: 0719-3408
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George I. García Quesada La interpretación histórica
El materialismo histórico sólo puede desplegar toda su podemos caracterizarla, con Romero Cuevas, como “todo intento
potencia cuando está libre de cualquier especie de provin- teóricamente sustentado de iluminación crítica de la sociedad
cialismo. Y tiene todavía que recuperarla. vigente atendiendo a las condiciones que ella misma genera
tructurales”6.
para la constitución de una sociedad liberada de asimetrías es-
—Perry Anderson2
Empero, una de las limitaciones de la teoría crítica original
importantes en la ilosofía social a partir de la Segunda Guerra aquel referido a la economía política y los conlictos de clases a
Mundial. Uno de los principios fundamentales de su programa nivel estructural. Le falta la tensión dialéctica con la particu-
laridad y las espacio-temporalidades concretas; de allí su én-
dad de considerar a la teoría como determinada por los conlictos
original, formulado en un célebre artículo de 19373, es la necesi-
la burguesía8.
sea componente central en esta corriente, y que esta sea po-
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Anderson, Perry. Consideraciones sobre el marxismo occidental. Madrid: Siglo XXI, 1979. han transcurrido por diferentes caminos –el ecuatoriano-mexi-
Horkheimer, Max. Teoría crítica. Buenos Aires: Amorrortu, 2003, pp. 223-271.
cia la relexión sobre la estética—, pero comparten la relexión
3
cano más orientado hacia la economía política, el argentino ha-
social –Ernest Mandel o David Harvey, por ejemplo—, mientras que otros no estricta-
varios autores –Marx, Adorno, Benjamin, etc.— y discusiones
teórica y la interpretación histórica, así como la referencia a
mente marxistas –como Bourdieu, Foucault o Žižek— puedan ser considerados dentro
de este campo epistémico. de la tradición marxista. Sus planteamientos polemizan, por
Uno de los modos de deinir la teoría crítica es remitirla estrictamente a la producción
teórico-ilosóica de varios autores agrupados en torno al Instituto de Investigaciones
5
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George I. García Quesada La interpretación histórica
En este artículo nos referiremos especialmente a algunos ele- está conformado por varios ensayos que analizan las relaciones
mentos categoriales y de método que Grüner y Echeverría han entre el barroco latinoamericano y la modernidad, delineando
aportado a partir de sus trabajos de investigación socio-histó- con ello un proceso cultural de larga duración; el de Grüner, por
luces (2010). Para ello, analizamos sus respectivos tratamientos político, la Revolución Haitiana. En ellos, sin embargo, existen
rica La modernidad de lo barroco (1998) y La oscuridad y las su parte, es un libro “orgánico”, anudado a partir de un suceso
sobre la historia a partir de los temas del posicionamiento desde numerosos puntos en común. En ambos, el estudio de caso per-
de estas dos propuestas –esperando no minimizar con ello sus lación con lo anterior, en ambos textos, la explicación histórica
como las particularidades históricas; además, en estrecha re-
diferencias y contradicciones— debido a que nos interesa ante sirve como base para la discusión teórica.
1. Historiografías a contrapelo
Desde las aproximaciones de Mariátegui en los años veintes ponen el aggiornamento de la teoría crítica. Esta consideración
de Grüner, con Braudel para Echeverría— y desde donde pro-
céntricas del marxismo11. Las interpretaciones de Grüner y de sistema-mundo capitalista en el cual América Latina ha ocupa-
mente, remiten al desarrollo histórico desigual y combinado del
Santiago: Ercilla, 1936. También: Por la emancipación de América Latina. Artículos, Nueva York: Verso, 2011.
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sarrollo del capitalismo a nivel global desde la propia conquista. parte del que él denomina el hecho capitalista: la contradicción
trabajo de la interpretación histórica. nidad como fractura, lo cual argumenta al enfocar la Revolución
y lo narrativo son elementos que dialogan y se contrastan en el
Como Marx, Grüner y Echeverría siguen al modo de pro- francesa como una tensión interna de la haitiana, y a la inversa,
El recurso marxista a la categoría de totalidad busca la ex- actividad social orientada por los ethos21. Esta función crítica
mostrar, pues, las mediaciones entre el hecho capitalista y la
mente Echeverría. Cfr. su Valor de uso y utopía. México: Siglo XXI, 1998, pp. 153-197.
estructuraciones particulares de la vida moderna17. En el caso
do, en su libro sobre el barroco, Echeverría intenta reconocer las
la teoría marxiana del valor. García Quesada, George. La producción de la vida diaria.
Este problema interpretativo de Baudrillard se deriva de una lectura no dialéctica de
de este autor, el análisis de la época moderna, como totalidad, San José: Perro Azul, 2005, p. 35.
Grüner, La oscuridad, 320-321. Esta tensión dialéctica entre parte y todo es central en el
texto de Grüner, el cual intenta mostrar el aporte de la esclavitud americana al sistema-
19
totalidad se constituye desde la contradicción en su teoría de los ethos. Cfr. Echeverría, Echeverría, Bolívar. “La historia como desencubrimiento”. Contrahistorias Nº. 1, Se-
15
por alguna razón estuvo impedido de manifestarse, algo que era necesario ocultar”
Bolívar. La modernidad de lo barroco. México: Era, 2011, pp. 161-167. tiembre 2003-febrero 2004, p. 32.
16
Grüner, La oscuridad, p. 23. 21
Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp. 12-13.
17
Echeverría, La modernidad de lo barroco, p. 12. 22
Recordemos que Contrahistorias era precisamente el nombre de la revista en la que
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ría Jameson24– que lo simbolizan desde distintas posiciones de cio-políticas en las que fueron escritos estos libros. Así, rescatan
más adelante, puede leerse desde las respectivas coyunturas so-
oicial31. ¿Qué pudo ser más utópico en el siglo XVIII que una
por el Capital e invisibilizados o desacreditados por la historia
atención a su producción desde abajo. Subyace en esta concep- autoridades32. La oscuridad y las luces insiste a lo largo de todo
pensar la historia desde la totalidad, pero prestándole especial
ción de la historia una hermenéutica según la cual el conoci- el texto en la importancia de la resistencia económica e ideológi-
miento de los procesos de las clases subalternas del pasado ca en el proceso haitiano, haciéndolo con particular énfasis en el
un valor ético y epistemológico28. Es clara la inluencia en am- estratos subalternos en la historia, señalando en particular que
Del mismo modo, Echeverría resalta el papel de las clases y
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playas de la memoria, combatir con énfasis crítico la idea de ‘progreso’ que los dueños –es
ruinas, de los jirones de miles de naufragios que han abandonado sus restos en las
Grüner, La oscuridad, p. 517.
decir, los expropiadores– de la Historia identiican con su propio éxito”. La oscuridad, p. 535.
23
Acuña, Víctor Hugo. “La historia social en Costa Rica: balance y perspectivas”. Revista Este es uno de los principios de la historia social. Cfr. C.F.S. Cardoso, y Pérez Brignoli,
de historia (Costa Rica), número especial, 1996, p. 148. Héctor. Los métodos de la historia. Barcelona: Crítica, 1976, pp. 19-25. En contraste, la
28 32
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Ambos estudios siguen estrategias similares en cuanto a la contemporáneas de la revolución Haitiana. Las obras de Aimé
tenimiento varias obras literarias que, sin embargo, no son
utilización de fuentes: en ambas, el peso de la totalización social Césaire, Madison Smartt Bell y Derek Walcott, todas ellas del
siglo XX o inicios del XXI, son analizadas desde los efectos de
rias –principalmente de carácter artístico o ilosóico– precisan
recae sobre las fuentes secundarias, mientras que las prima-
la dominación colonial en el Caribe; en cuanto a textos contem-
poráneos a la revolución, le dedica su relexión más atenta a la
con interpretaciones previas. Como mencionamos anteriormen-
los temas y discusiones más puntuales, a la vez que dialogan
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ta de Bolívar Echeverría”, en Luis Arizmendi, Julio E. Peña y Elder Piñeiro (eds.), Bo- primarias sean metodológicamente más bien tradicionales36, lo
teoría crítica sobre la modernidad capitalista: radicalidad y originalidad de la propues-
Editorial IAEN, 2014, p. 78. Anderson, Kevin. Marx at the Margins. On Nationalism,
lívar Echeverría: trascendencia e impacto para América Latina en el siglo XXI, Quito: que aportan en términos de conocimiento histórico está en la
Ethnicity and Non-Western Societies. Chicago: Chicago University Press, 2010. Dus-
sel, Enrique. La producción teórica de Marx. Un comentario a los Grundrisse. México: 36
Siglo XXI, 1985. discurso planteados, por ejemplo, por Bajtín y Voloshinov, Williams o Jameson. Bajtín,
En contraste, se encuentran las posibilidades abiertas por los métodos de análisis de
El profesor de la UNAM, por ejemplo, explicita algunas consideraciones sobre las re- Mijaíl M. Estética de la creación verbal. Buenos Aires: Siglo XXI, 2005. Williams, Ray-
laciones entre la “historia grande” de América Latina y la historia particular de la mond. Keywords. A Vocabulary of Culture and Society. Nueva York: Oxford University
35
primera Compañía de Jesús, en: La modernidad de lo barroco, pp. 58-60. Press, 1983; Jameson, Documentos de cultura, documentos de barbarie.
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mentos teóricos. Valga resaltar esta importancia del análisis de permitieron la organización de las insurrecciones antiesclavistas40.
las problematizaciones que elaboran gracias al peso de sus ele-
favor de los temas de carácter económico; Peter Burke, por ejem- ras económicas. En este sentido, las explicaciones historiográi-
ricos a través de la cultura y la política respecto a las estructu-
la especiicidad de cada una de tales instancias. de los siglos de dominio imperial español, entre el XVI y el XVIII.
trasfondo es la estructura socio-económica establecida a lo largo
integra más explícitamente los elementos culturales con los de pensar los espacios y tiempos sociales. La historia vendría a ser,
la cual han partido las propuestas de Grüner y Echeverría para
carácter económico y político en su análisis de la coyuntura de desde la concepción de estos autores, una relación de dinámicas
espacio-temporales producidas por las diversas praxis en una
Burke, Peter. ¿Qué es la historia cultural?. Barcelona: Paidós, 2006, pp. 38-41.
Por ejemplo, Grüner, La oscuridad, pp. 284-287, 302-318. Esta división del trabajo
37
del ethos barroco. Enrique Dussel, “Modernidad y ethos barroco en la ilosofía de Bolí- surgimiento de la corriente que Perry Anderson denominó como marxismo occidental.
38
Esta es precisamente una de las críticas de Dussel a la interpretación echeverriana
var Echeverría”, en Mabel Moraña (ed.), Para una crítica de la modernidad capitalista,
Quito: Universidad Andina Simón Bolívar y DGE Equilibrista, 2014, pp. 173-191.
La interpretación de la posmodernidad elaborada por Jameson a partir de la obra de
investigador en el Centro Fernand Braudel dirigido por Immanuel Wallerstein. Gand- “marxista” y uno segundo, “ilósofo de la cultura”; lo que hay es un cambio de intereses
41
Por ello, discrepamos de la distinción que hace Dussel entre un primer Echeverría
ler, Stefan. Marxismo crítico en México: Adolfo Sánchez Vásquez y Bolívar Echeverría. temáticos, pero manteniendo una misma perspectiva teórica. Dussel, “Modernidad y
México: Fondo de Cultura Económica, 2007, pp. 134. ethos barroco en la ilosofía de Bolívar Echeverría”.
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formación social42. De allí que la categoría de espacio esté tem- condicionan el carácter de todas las demás. Como explica Grüner,
espacializada.
poralizada y la de tiempo aparezca también, consecuentemente, la estructura de la génesis del capitalismo es sincrónica:
articula tiempos históricos diferentes en una simulta-
En este sentido, recuperan en particular la centralidad de la neidad que hemos denominado ‘desigual y combinada’;
géneo y vacío. La crítica de esta representación del movimiento Así, en tanto que la simultaneidad es una relación de tem-
tación de su movimiento como un avanzar por un tiempo homo-
Consecuentemente, para ellos el análisis histórico debe pres- cuando decimos ‘al mismo tiempo’ no estamos formu-
tarle atención a las distintas temporalidades articuladas, con lando una homogeneidad entre las temporalidades his-
tóricas de ambas revoluciones. La revolución francesa/
este juego es complejo, también es unitario y jerarquizado. Aun-
ritmos propios y lógicas a menudo diferenciadas45; pero aunque
ciado por el dominio colonial europeo–, con toda su complejidad46, relación de poder48.
en los años veintes preiguraba esta concepción. Sobre la relación Bloch-Benjamin, Ernest. “El capital”. Cien años de controversias en torno a la obra de Karl Marx. Méxi-
Münster, Arno (ed.). Tagträume von aufrechten Gang. Sechs Interviews mit Ernst Blo- co: Siglo XXI, 1985. Bensaïd, Daniel. Marx intempestivo. Buenos Aires: Herramienta,
ch. Frankfurt en el Meno: Suhrkamp, 1977, p. 48. Sobre el concepto de multiverso, 2003. Tombazos, Stavros. Time in Marx. The Categories of Time in Marx’s Capital.
cfr. Bloch, Ernst. Tübinger Einleitung in die Philosophie. Frankfurt en el Meno: Su- Chicago: Haymarket, 2014.
hrkamp, 1970, pp. 118-153. 47
Grüner, La oscuridad, pp. 159-160. Énfasis del original.
46
La bibliografía sobre la diferencialidad del tiempo en la teoría marxiana del modo Grüner, La oscuridad, p. 518.
de producción capitalista ha crecido considerablemente en los últimos veinte años.
48
Para limitarnos a algunos de los que se centran más sobre economía política, Mandel, 49
Grüner, La oscuridad, p. 268.
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Echeverría, a partir de Braudel y de Marx, aborda la dife- Ahora bien, desde esta concepción de la historia, la tarea del
“mantienen su normatividad especíica y la hacen valer de ma- especíica sería el principal; ello no contradice, en todo caso, la
interactúa con ellas, las cuales pese a estar sometidas por él, espacio-tiempo que para efectos analíticos de la investigación
modernizadores: el barroco del XVII, el borbónico del XVIII y el juega el riesgo de perder la orientación teórica de la pesquisa.
varios estratos temporales, una superposición de varios shocks quía categorial con la cual debe dialogar, pues de lo contrario se
republicano del XIX. Uno más reciente, aún en desarrollo, sería Así, ambos estudios se ocupan de rupturas históricas –objeto
el de la globalización neoliberal51. de estudio típico de la historiografía marxista, más que de los
Annales–, si bien desde escalas espacio-temporales distintas: el
ne cierto ethos, siempre coexiste con otros. Y a esto hay que agre-
En el mismo sentido, aunque en una formación social predomi-
garle la consideración espacial; como airma Gandler, a Echeverría América Latina, el de Grüner enfocado en la coyuntura revolu-
de Echeverría más centrado en la larga duración estructural de
nacional de Bolivia, 2011, pp. 251-252. Esta multiplicidad abre mejores posibilidades que se conformaron en diferentes experiencias históricas sucesivas de la población
de actualizaciones o realizaciones de esa lógica de comportamiento, estratos o niveles
explicativas que las periodizaciones culturales unitarias al modo de los estilos de Lefeb-
vre o las homologías estructurales de Goldmann. Lefebvre, Henri. Más allá del estructu- de identidad”. Echeverría, “La múltiple modernidad de América Latina”, p. 244.
latinoamericana, y que fueron así dejando en ella esos diferentes proyectos y esbozos
ralismo. Buenos Aires: La Pléyade, 1973, pp. 127-137. Goldman, Lucien. El hombre y lo
absoluto. El dios escondido. Barcelona: Península, 1985. Ricoeur, Paul. La memoria, la historia, el olvido. Buenos Aires: Fondo de Cultura
Económica, 2004, p. 273. Un par de páginas antes, Ricoeur ilustra esta tesis con un
53
Gandler, Stefan. Marxismo crítico en México: Adolfo Sánchez Vásquez y Bolívar Eche-
verría. México: Fondo de Cultura Económica, 2007, pp. 272-273. Siguiendo esta con-
52
aforismo de Pascal: “una ciudad, un campo, de lejos una ciudad y un campo; pero, a
hormigas, hasta el ininito. Todo esto se encierra bajo el nombre de campo”. El plantea-
medida que uno se acerca, son casas, árboles, tejas, hojas, hierbas, hormigas, patas de
cepción, según Echeverría “la multiplicidad dinámica y unitaria de identidades en la
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ces está enfocado hacia un Acontecimiento (y sus consecuencias da por la acumulación de excedentes –reproducción ampliada–
así decirlo, el componente narrativo de La oscuridad y las lu-
más inmediatas)54 por suceder, mientras que el de La moderni- los segundos lo estaban por la reproducción simple56:
el XVIII)55. La conjunción espacio-temporal de estos procesos le También en cuanto a los aspectos culturales de las espacio-
permite formular sus hipótesis sobre las especiicidades de la mo-
dernización católica –bajo ethos barroco— en América Latina al de Stern acerca de que el pasado colonial ha contribuido en La-
temporalidades latinoamericanas, Grüner dialoga con la tesis
56
Esta oposición remite también a la contradicción entre forma natural y forma valor.
miento de Ricoeur de que las escalas son inconmensurables entre sí no se sostiene, sin Echeverría, Bolívar. La contradicción entre valor y valor de uso en El Capital, de Karl
Marx. México: Itaca, 1998, pp. 11-16. Los teóricos marxistas relacionan la reproduc-
ción ampliada con el tiempo lineal, y la reproducción simple con el cíclico. Cfr. Lefeb-
embargo, cuando se investiga desde una teoría de la historia, como lo hacen Echeverría
concreta. La ausencia de una teoría de la historia es una de las limitaciones de enfo- vre, Henri. Critique de la vie quotidienne. II. Fondements d’une sociologie de la quo-
y Grüner; de lo que se trata es de mostrar sus articulaciones en la totalidad histórica
ques hermenéuticos como el de Ricoeur o el de Gadamer. tidienneté. París: L’Arche, 1980, pp. 315-339. Echeverría denomina a estas culturas,
respectivamente, de un modo impreciso, occidental y oriental. Cfr. La modernidad de
54
El ex profesor de la UBA muestra la Revolución haitiana como un Acontecimiento con lo barroco, pp. 23-25, 30, 49-53. No hay allí referencia temática ni conceptual, empero,
al orientalismo de Edward Said.
nueva época para las colonias americanas), sino toda una revolución ilosóica, en espe-
el cual no sólo se instauró un nuevo orden socio-económico (cuya irrupción marcó una
cial de la ilosofía política occidental, al cuestionar las relaciones entre particularidad Echeverría, La modernidad de lo barroco, p. 52. Los esclavos afrodescendientes no tu-
y universalidad instauradas con las revoluciones burguesas. Grüner, La oscuridad,
57
pp. 339-417. Sobre el concepto de Acontecimiento, cfr. Badiou, Alain. El ser y el acon- sus temporalidades africanas y transplantados a la de las plantaciones. La oscuridad,
vieron ese margen para negociar su tiempo; como indica Grüner, fueron arrancados de
tecimiento. Buenos Aires: Manantial, 2003. Žižek, Slavoj. Event. Londres: Penguin, pp. 538-539.
2014.
Bakhtine, M.M. “Forms of Time and of the Chronotope in the Novel”. En Bakhtine,
Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp. 58-59. M.M. The Dialogic Imagination. Austin: University of Texas Press, 1981, pp. 84-258.
58
55
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bajo la dominación del modo de producción capitalista59. Más llas [...]; para engrandecer en la fantasía la misión presente, no
los muertos servía, por tanto, para enaltecer las nuevas bata-
que el realismo mágico de los textos analizados por Stern, Grü- para rehuir su cumplimiento en la realidad; para reencontrar
reieren: “lo importante aquí es la percepción de cómo la intro- pectro”64. Según Marx, solamente la revolución del siglo XIX –la
ner enfatiza el realismo histórico de las sociedades a las que se el espíritu de la revolución, no para dejar vagar otra vez su es-
la que imperaría un comunismo tribal. Por supuesto se trataba por el contrario, en virtud y a través de ella”66. Ejempliica con el
continuidad de los procesos que se suceden en el tiempo, sino,
de una proyección à la Feuerbach; una poderosa proyección, en caso del siglo XVII latinoamericano: recién saliendo del siglo de
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a la larga, la explicación de la periferia contribuye también con el explotación colonial como la parte negada –la modernidad repri-
luz sobre el funcionamiento del sistema-mundo como totalidad y,
conocimiento del centro. mida– sobre la cual se asentaba la modernidad europea, y sin la
Siguiendo a Marx, Grüner muestra cómo la esclavitud, sin ser cual no hubiera sido posible72. La esclavitud afroamericana fue la
base de la modernidad, no sólo en el plano económico –como forma
decisiva de “acumulación originaria”–, sino también en lo político-
la relación más típica del capitalismo como modo de producción,
fue la condición de posibilidad del capitalismo histórico70, y argu-
cultural, pues la administración colonial contribuyó a la racionali-
68
Jameson, Fredric. Una modernidad singular. Barcelona: Gedisa, 2004.
69
En otros libros ha abordado extensamente el tema de la contramodernidad en la cul- de 1846”, en Marx, Karl y Engels, Frederick. Collected Works. Tomo 38. Nueva York:
tura occidental. Grüner, Eduardo. El in de las pequeñas historias. De los estudios International Publishers, 1982, pp. 101-2.
culturales al retorno (imposible) de lo trágico. Buenos Aires: Paidós, 2002; El sitio de la
mirada. Secretos de la imagen y silencios del arte. Buenos Aires: Norma, 2001. 71
Grüner, La oscuridad y las luces, p. 225.
70
Grüner, La oscuridad y las luces, 270; Karl Marx, “Carta a Annenkov, 28 de diciembre 72
Grüner, La oscuridad y las luces, pp. 42-43.
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zación legal y burocrática de los Estados metropolitanos73. García Canclini ha caracterizado a Latinoamérica76, Grüner re-
salta la “hibridez” violenta –también la llama “transculturación
catastróica”77– producida por el capitalismo en las colonias,
La oscuridad y las luces plantea esta contramodernidad
de la modernidad. La clase obrera ha sido, desde tiempos de explícito el carácter particular de la universalidad. En palabras
ese universalismo abstracto de la burguesía europea, al hacer
Marx, el sujeto contramoderno privilegiado por la imaginación de Grüner, “al particularismo universalista del pensamiento
es distinto al modelo de revolución más difundido. Mientras que en Europa los ilósofos ilustrados proponían
La investigación de Grüner analiza las condiciones producti- una universalización imposible para sus condiciones históricas,
nueva o vieja familia de esclavos o la apropiación de las re- además de desmontar los preconceptos evolucionistas y “progre-
explicar la lógica de la insurrección haitiana. Con ello muestra riores pretensiones hegelianas (y del pensamiento ‘identitario’
ligiones—, este análisis plantea los aspectos geopolíticos para sistas” de la historia, “trastocaron desde el principio las poste-
Grüner, La oscuridad y las luces, p. 275. Ese universalismo particularista fue producto
Grüner, La oscuridad y las luces, p. 33. Sobre la importancia de la esclavitud a la economía de largos procesos de mestizaje, como indica este autor. La oscuridad y las luces, pp.
79
239-240.
74
Grüner, La oscuridad y las luces, pp. 63-65. Habermas, Jürgen. The structural transformation of the public sphere. An inquiry into
a category of bourgeois society. Cambridge: MIT Press, 1994.
80
75
Grüner, La oscuridad y las luces, pp. 286-287.
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George I. García Quesada La interpretación histórica
to y el Universal Abstracto. Su revolución fue, pues, también una desde América Latina permite, luego, conceptualizar la moder-
revolución ilosóica”81.
Esta revolución ilosóica contramoderna fue desatendida y
nidad como fractura y no como plenitud (tal como la presentan
sus ideólogos, pero también sus críticos posmodernistas); per-
renegada por la hegemonía del sistema-mundo; el silencio al- mite pensar la modernidad como contradicción.
zatorio occidental, el cual se presenta como un Todo cerrado y complejo, aunque sus desarrollos especíicos al respecto diieren
rededor suyo indica una falta, un no-lugar en el orden civili- Echeverría también concibe la modernidad como un orden
consistente. El centro económico para Haití (Saint-Domingue, de los de Grüner, sin ser estrictamente excluyentes. Como indi-
por entonces) era Francia, pero el centro de la revolución en
aquel sistema-mundo era Haití82. Sin embargo, al ser negación
ca desde su propio título, La modernidad de lo barroco sostiene
invisibilizó a su más radical correlato en el Caribe83. Como decía mente a lo pre-moderno86, ambos textos muestran la moderni-
mogénea de la modernización o que la contraponen dicotómica-
pondiente. La mirada desde la periferia permite observar las escasez87. Mientras que la primera, la modernidad histórica, se
pitalista, y de la modernidad como su matriz cultural corres-
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desde el centro se mira hacia el centro, mientras que desde la La modernidad de lo barroco plantea que la modernidad sur-
periferia se ve tanto la periferia propia como el centro; de allí
que Grüner argumente que la situación de la periferia posibilite
86
En cuanto a los tradicionales respecto a este tema, sobre lo primero, cfr. Rostow, Walt
la falsa totalidad pretende hacer pasar por inexistentes. Pensar
un conocimiento crítico, que muestre las particularidades que
W. Las etapas del crecimiento económico: un maniiesto no comunista. México: Fondo
de Cultura Económica, 1961. En cuanto a la oposición entre modernidad y pre-moder-
nidad (sociedad / comunidad), cfr. Tönnies, Ferdinand. Community and Society. New
Jersey: Transaction Publishers, 1988.
81
Grüner, La oscuridad y las luces, p. 526. 87
Echeverría, La modernidad de lo barroco, p. 144.
82
Grüner, La oscuridad y las luces, p. 527. Esto debido a que, como indicaba Marx, el capitalismo sólo puede funcionar sobre la
base de una población excedente, ajena a los beneicios del modo de producción, pero
88
83
Grüner, La oscuridad y las luces, pp. 405-410.
Cit. en Benjamin, Walter. The Arcades Project. Cambridge-Londres: Belknap Press, cursos por parte del grueso de la población. Es la que El capital llama la “ley general
participante en él; es decir, la acumulación implica necesariamente la escasez de re-
85
Grüner, La oscuridad y las luces, pp. 35-36. 89
Echeverría, Bolívar. Modernidad y blanquitud. México: Era, 2010, pp. 19-26.
138 139
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por su teatralización”94.
ethos que responden de modos distintos al hecho capitalista90. El
ge de una cuádruple raíz, a partir de cuatro distintos tipos de
espíritu del capitalismo, tal como fue descrito por Max Weber en rroco95. La insuiciencia de la hegemonía ibérica es el elemento
temente con la acumulación capitalista; este corresponde con el
su más conocido libro91. Frente a éste, el ethos romántico busca histórico determinante en la interpretación de Echeverría sobre
el surgimiento del barroco latinoamericano96; tras el genocidio
por el valor de cambio; hay una exaltación de la forma natural, de las etnias originarias, no fueron los europeos’ sino los mesti-
privilegiar al valor de uso, pero es un valor de uso ya subsumido
invisibilizan esa contradicción. Los otros dos, por el contrario, reprodujeron así el enclave europeo en América, transformán-
tal del mundo de vida moderno-capitalista niegan, ignoran o
se posicionan a partir de la consciencia de ella. El tercero, el clá- dolo en otra nueva realidad socio-histórica.
table; en ese sentido, es un ethos trágico. Finalmente, el ethos su principal despliegue se dio en el siglo XVII, sugiere que ya
rias alternativas para vivir en y con el capitalismo98, y aunque
barroco “se trata de una airmación de la ‘forma natural’ del se preigura en el personaje de la Malintzin, imposible traduc-
mundo de la vida que parte paradójicamente de la experiencia tora de Hernán Cortés99. Los códigos de los pueblos originarios
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rasgos profundos de la modernidad con los rasgos propios del capitalismo”. Crítica de
lista ha sido siempre demasiado endeble como para sustentar la fusión completa de los
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namos anteriormente100–. Tal fue la experiencia de los jesuitas, natural a través de la incorporación de la discontinuidad –del
vanguardia modernizadora católica de los siglos XVII y XVIII: arte, la iesta, el juego– en el tiempo productivo. El barroco, vo-
ción” o “Santísima Trinidad”? Tal intento debía terminar por trascendencia, sino que busca el efecto inmediato105.
¿cómo traducir ideas como “Dios Padre”, “Inmaculada Concep- luntad de estilo, ornamentación absoluta, no aspira por ello a la
sas ni aspira a sustituirlo, se expresa en la oposición a sepa- lógica de seducción de las culturas populares. Esta integración
Esta resistencia, que no niega abiertamente el estado de co-
ceta de valor de cambio. Por supuesto, esta tendencia choca con y sincretizar permanentemente en América. Esa lógica barroca,
tiempo como valor de uso no se resigna a subordinarse a su fa-
disponer de la signiicación ‘sí’ cuando va dirigida hacia el interlocutor dominado. [...] Notemos, inalmente, que estos dos autores no apuestan sim-
En la España americana del siglo XVII son los dominados los incitadores y ejecutores
primeros del proceso de codigofagia a través del cual el código de los dominadores se
plemente por salir de la modernidad, sino por realizar las ten-
permita decir ‘no’, airmarse pese a todo, casi imperceptiblemente, en la línea de lo que
procedimiento para hacer que el código vigente, que les obliga a la aquiescencia, les
fue su identidad”. Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp. 55-56. Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp. 193-198, 207-208. Esta resistencia pue-
de observarse también en la práctica que Michel de Certeau llamaba perruque. Ésta
105
Marx, Karl. El capital. Crítica de la economía política, Tomo 1. México: Siglo Veintiu-
no, 2009, pp. 277-365. como cuando una secretaria escribe una carta de amor en la oicina; se trata de un “robo”
103
consiste en la transgresión del tiempo de trabajo en favor del tiempo del trabajador,
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107
Echeverría, La modernidad de lo barroco, p. 27. 109
Gandler, Marxismo crítico, p. 137.
108
Grüner, La oscuridad y las luces, p. 518. 110
Marx, El Capital, Tomo 1, pp. 956-957.
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los seguidores del célebre socialista alemán. Los tratamientos que, si bien no es incompatible con los desarrollos de Adorno y
de Grüner y Echeverría hacen evidente la pertinencia –o más Horkheimer, va más allá de éstos al incorporar la mirada des-
aún, necesidad– de abordar lo sistémico desde sus márgenes,
aportes, la Escuela de Frankfurt no desarrolló –ni tenía por qué
de las asimetrías del sistema-mundo; pese a sus irrenunciables
eurocéntrica111; con ello se contribuye en la explicación del siste- hacerlo– una visión más allá de los centros capitalistas, lo cual
mostrando, como dice el primero, la falta en la falsa totalización
propiamente dicho, hasta hoy inexistente112, tendría que partir ría crítica frankfurtiana no abordó las problemáticas especíicas
portantes, si bien fragmentarios— aportes de Benjamin, la teo-
de estos elementos para contribuir con la explicación y crítica de la historiografía. Así, el argentino indica que una ilosofía
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de los mecanismos de acumulación y concentración de capital a latinoamericana tendría que ser una teoría constitutivamente
frankfurtiana (Habermas, Appel, Honneth, etc.) han sido inca- ma-mundo que ha servido a sus intereses116. Echeverría, a su
época en la cual los herederos institucionales de la teoría crítica aquella que ha legitimado a las clases dominantes y al siste-
Acha, Omar y D’Antonio, Débora. “Cartografía y perspectivas del ‘marxismo latinoa- en la expansión hacia ámbitos aún precapitalistas de la sociedad, en el comercio exte-
mericano’”. A contracorriente, vol. 7, no. 2, invierno 2010, pp. 210-256.
112
como especialidad. Antes bien, cada paso de la teoría crítica responde a la noción de
rior— no ocurre por simple deducción, como en aquella teoría encapsulada en sí misma
Romero, Crítica e historicidad, pp. 196-203; Gandler, Marxismo crítico en México, pp.
107-117. Gandler sostiene que la producción teórica de Bolívar Echeverría es más con- hombre y de naturaleza ya presente en las ciencias y en la experiencia histórica”. Teo-
113
secuente con los formulaciones de la primera generación de la Escuela de Frankfurt, ría tradicional y teoría crítica, p. 256.
Romero ha mostrado que esta toma de conciencia es uno de los fundamentos de una
Honneth. Gandler, Stefan. “Bolívar Echeverría y la ‘Tercera Generación de la Escuela
que las de autores posteriores vinculados institucionalmente a ella, como Habermas y 115
de Fráncfort’”. En Fuentes, Diana, García Venegas, Isaac y Oliva Mendoza, Carlos este tipo de propuesta. Cfr. Romero Cuevas, Crítica e historicidad, pp. 209-212.
teoría crítica latinoamericana, asumiendo la obra de Ignacio Ellacuría como modelo de
(comps.). Bolívar Echeverría. Crítica e interpretación. México: UNAM-Itaca, 2012.
Consideramos que cabría airmar lo propio de la producción de Grüner. 116
Grüner, La oscuridad y las luces, p. 517.
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plícitamente, su teoría de las formaciones sociales. De allí que te de hacerle a las fuentes las preguntas oportunas119.
los fundadores de los Annales, de lo que se trata es primeramen-
como se sigue de los propios análisis históricos de este autor. Se en el estudio de Grüner sobre Haití. En el caso de La moderni-
en el sistema-mundo (pasando por la mediación del Estado), tal
vuelve indispensable, pues, que la explicación histórica surja a dad de lo barroco, la discusión se dirige hacia las interpretacio-
partir del nivel del capitalismo histórico, una tarea que Echeve- nes sobre la identidad latinoamericana y sobre lo barroco, desde
lizadas por los enfoques eurocentrados. referente “original”. Interpretación histórica y teoría crítica se
mundo como totalidad, a partir de las particularidades invisibi- teoría del capitalismo y de la historia en general, más allá de su
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gunos aspectos especíicos de sus respectivas interpretaciones, Al ser la historiografía retroferente (produce sentido a posteriori, como el Espíritu
pero los marcos históricos –el poder colonial, la esclavitud capi-
118
talista– no están construidos desde ellas. El método no apun- rrados. La lucha por la interpretación es inherente, pues, a la historiografía: como
absoluto de Hegel), la interpretación es parte de los sucesos y procesos históricos na-
airmaba Benjamin, ni siquiera los muertos estarán a salvo si los dominadores siguen
triunfando. Benjamin, “Theses on the Philosophy of History”, p. 255. También: Grüner,
hacia la discusión teórica para aproximarse a la ya existente:
ta, pues, hacia la construcción de nueva “base empírica”, sino
Eduardo. “Foucault: una política de la interpretación”. En Foucault, Michel. Nietzsche,
Freud, Marx. Buenos. Aires: Al Cielo por Asalto, 1995.
desde allí redimensionan y resigniican los componentes de las
119
Cardoso, Ciro F.S. La historia como ciencia. San José: EDUCA, 1975.
Como plantea Grüner, “La aparente multiplicidad, entonces, es la forma ‘post’ que
adopta la ‘falsa totalidad’ de Adorno: la multiplicidad más o menos intercambiable de
120
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barbarie en las sociedades capitalistas121. Acuña, Víctor Hugo. “La historia social en Costa Rica: balance y perspecti-
Las propuestas de aproximación de Echeverría y de Grüner vas”. Revista de historia (Costa Rica), no. especial, 1996, pp. 143-153.
a la interpretación histórica, por tanto, son ejemplos de cómo Aguirre Rojas, Carlos Antonio. “Una teoría crítica sobre la modernidad
explicación histórica mucho más determinada y compleja, una Badiou, Alain. El ser y el acontecimiento. Buenos Aires: Manantial, 2003.
generalidad de las ideologías modernizantes), obtenemos una
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Bajtín, Mijaíl M. Estética de la creación verbal. Buenos Aires: Siglo XXI, 2005.
y fracturas constitutivas de nuestra mundialidad.
totalidad concreta a partir de la cual comprender las tensiones
Bakhtine, Mikhail M. “Forms of Time and of the Chronotope in the Novel”.
Recordemos que en la dialéctica la negación es determinación, y la concretitud de un Carlyle, Thomas. Los héroes: culto a los héroes, lo heroico en la historia.
objeto se deriva de la síntesis de sus determinaciones. Madrid: L. Rubio, 1932.
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