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Quesada La_interpretacion_historica_como_teoria Echeverría y Grunner

Este artículo analiza los libros de Bolívar Echeverría y Eduardo Grüner, que abordan la historia latinoamericana desde perspectivas críticas, enfocándose en el ethos barroco y la Revolución Haitiana. Se discuten las contribuciones de estos autores a la teoría crítica, resaltando su relevancia en la interpretación histórica desde la periferia del sistema-mundo. Además, se enfatiza la necesidad de una historiografía que contemple las particularidades y tensiones del desarrollo capitalista en América Latina.

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Quesada La_interpretacion_historica_como_teoria Echeverría y Grunner

Este artículo analiza los libros de Bolívar Echeverría y Eduardo Grüner, que abordan la historia latinoamericana desde perspectivas críticas, enfocándose en el ethos barroco y la Revolución Haitiana. Se discuten las contribuciones de estos autores a la teoría crítica, resaltando su relevancia en la interpretación histórica desde la periferia del sistema-mundo. Además, se enfatiza la necesidad de una historiografía que contemple las particularidades y tensiones del desarrollo capitalista en América Latina.

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José G.

Gandarilla Salgado

Híjar Serrano, Alberto. La praxis estética. Dimensión estética libertaria.


México: CONACULTA – INBA, 2013.
La interpretación histórica
Hobsbawm, Eric. Un tiempo de rupturas. Sociedad y cultura en el Siglo xx.
como teoría crítica latinoamericana:
Barcelona: Crítica, 2013. Bolívar Echeverría y Eduardo Grüner
Kempe, Frederick. Berlín, 1961. El lugar más peligroso del mundo.
Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2012.
Kosik, Karel. Relexiones antediluvianas. México: Ítaca, 2012 [1997]. George I. García Quesada1
Lepenies, Wolf (2008). La seducción de la cultura en la historia alemana. Universidad de Costa Rica / Kingston University
Madrid: Akal.
Marx, Karl y Federico Engels. Escritos económicos varios. México: Grijalbo, 1962.
Marx, Karl. Capital y tecnología. Manuscritos inéditos (1861 – 1863).
Resumen:

México: Terra Nova, 1980.


En este artículo analizamos La modernidad de lo barroco de Bolívar
—. Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía
Echeverría y La oscuridad y las luces de Eduardo Grüner, libros que in-
Política (Grundrisse) 1857-1858. México: Siglo XXI Editores, 12a terpretan dos distintos procesos en la historia latinoamericana: la larga
edición, Tomo I, 1989. duración del ethos barroco latinoamericano y la coyuntura de la Revolu-
—. El capital [Tomo I, Vol. I]. México: Siglo XXI Editores, 31ª ción haitiana, respectivamente. A partir de ellos, indicamos algunas de
edición, 2014. las relaciones y mutuos aportes entre la interpretación histórica desde la
Masotta, Oscar, et. al. Happening’s. Buenos Aires: Jorge Álvarez 1967. periferia del sistema-mundo y la teoría crítica en la tradición de Marx.
Palabras clave: Teoría crítica, Interpretación histórica, Historiografía,
/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016

Ortega Caicedo, Alicia (ed.) Sartre y nosotros. Quito: Universidad Andina


Simón Bolívar – Editorial El Conejo, 2007. Marxismo, Latinoamérica

/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016


Piglia, Ricardo. El último lector. Barcelona: Anagrama, 2005.
—. Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación. Barcelona:
Abstract:
This paper analyzes the books La modernidad de lo barroco by Bolívar
Anagrama, 2015.
Echeverría and La oscuridad y las luces by Eduardo Grüner, which inter-
Specter, Matthew G. Habermas: Una biografía intelectual. España (S / L): pret two different processes of Latin American history: the longue durée
Avarigani editores, 2013. of the Latin American baroque ethos and the conjuncture of the Haitian
Revolution, respectively. Based on these works, we indicate some of the
relations and mutual contributions between historical interpretation from
the periphery of the world-system and critical theory in the tradition of
Karl Marx.

Keywords: Critical theory, Historical interpretation, Historiography,


Marxism, Latin America

del Instituto de Investigaciones Filosóicas de la Universidad de Costa Rica.


1
La base de este artículo forma parte de los resultados de la investigación 743-B2-188

Vol. 1, No. 1 Otoño 2016 / PP. 113-154


escrituras americanas

ISSN: 0719-3408

112 113
George I. García Quesada La interpretación histórica

El materialismo histórico sólo puede desplegar toda su podemos caracterizarla, con Romero Cuevas, como “todo intento
potencia cuando está libre de cualquier especie de provin- teóricamente sustentado de iluminación crítica de la sociedad
cialismo. Y tiene todavía que recuperarla. vigente atendiendo a las condiciones que ella misma genera

tructurales”6.
para la constitución de una sociedad liberada de asimetrías es-
—Perry Anderson2
Empero, una de las limitaciones de la teoría crítica original

la teoría marxiana del capitalismo como modo de producción,


fue que sus análisis se basaron en el nivel más abstracto de
mada Escuela de Frankfurt ha sido una de las corrientes más
La teoría crítica fundada por la primera generación de la lla-

importantes en la ilosofía social a partir de la Segunda Guerra aquel referido a la economía política y los conlictos de clases a
Mundial. Uno de los principios fundamentales de su programa nivel estructural. Le falta la tensión dialéctica con la particu-
laridad y las espacio-temporalidades concretas; de allí su én-
dad de considerar a la teoría como determinada por los conlictos
original, formulado en un célebre artículo de 19373, es la necesi-

la historiografía y la teoría de la historia. Por ejemplo, cuando


fasis sobre la teoría sociológica y su escasa interlocución con
sociales, a la vez que como parte activa en ellos. La mediación so-
Horkheimer se reiere a la necesidad de fundamentar una tota-
no existiría un lugar neutral desde el cual se pueda formular una
cial sería inherente a la propia teoría; en una sociedad fracturada

clase, explotación, plusvalía, ganancia, y crisis7, pero sin remitir


lidad conceptual crítica, lo hace en términos de categorías como
ciencia social ajena a los conlictos que la atraviesan.
De allí que la relexión sobre la producción del conocimiento
como puede observarse en su explicación sobre el desarrollo de
a espacio-tiempos concretos sino a una estructura general, tal y

la burguesía8.
sea componente central en esta corriente, y que esta sea po-
/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016

cias derivadas de los planteamientos de Marx4. En términos


siblemente su rasgo más distintivo entre las diversas tenden-
En este sentido, los desarrollos por parte de Bolívar Eche-

/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016


verría y de Eduardo Grüner —ambos autores imposibles de
la teoría crítica tiene su punto de partida en la conlictividad
amplios, más allá de una referencia meramente institucional5,
encasillar disciplinarmente— han establecido una importante
constituyente de la totalidad socio-histórica, a partir de la cual interlocución con la teoría crítica original, complementándola y

como lugar epistémico. Sus respectivas producciones teóricas


haciéndola más compleja al introducir en ella a Latinoamérica

2
Anderson, Perry. Consideraciones sobre el marxismo occidental. Madrid: Siglo XXI, 1979. han transcurrido por diferentes caminos –el ecuatoriano-mexi-
Horkheimer, Max. Teoría crítica. Buenos Aires: Amorrortu, 2003, pp. 223-271.
cia la relexión sobre la estética—, pero comparten la relexión
3
cano más orientado hacia la economía política, el argentino ha-

a autores marxistas que han contribuido decisivamente con el conocimiento cientíico


4
De allí que dentro de esta concepción de teoría crítica no se incluya necesariamente

social –Ernest Mandel o David Harvey, por ejemplo—, mientras que otros no estricta-
varios autores –Marx, Adorno, Benjamin, etc.— y discusiones
teórica y la interpretación histórica, así como la referencia a
mente marxistas –como Bourdieu, Foucault o Žižek— puedan ser considerados dentro
de este campo epistémico. de la tradición marxista. Sus planteamientos polemizan, por
Uno de los modos de deinir la teoría crítica es remitirla estrictamente a la producción
teórico-ilosóica de varios autores agrupados en torno al Instituto de Investigaciones
5

Sociales de la Universidad de Frankfurt a ines de los años 1920 e inicios de la década


siguiente. Algunos hablan de posteriores “generaciones” a partir de esa misma ilia-
6
Romero Cuevas, José Manuel. Crítica e historicidad. Ensayos para repensar las bases
ción institucional, aunque autores como Jürgen Habermas o Axel Honneth guarden de una teoría crítica. Madrid: Herder, 2010, p. 19.
notabilísimas distancias políticas y ilosóicas respecto a los autores canónicos de la Horkheimer, Teoría Crítica, p. 250.
“primera generación”. Contra esta caracterización, cfr. Gandler, Stefan. Fragmentos
7

de Frankfurt. México: Siglo XXI, 2009, pp. 17-36. 8


Horkheimer, Teoría Crítica, pp. 264-265.

114 115
George I. García Quesada La interpretación histórica

la teoría marxista, que remiten al capitalismo como un proceso


un lado, con los enfoques eurocentristas, que reducen el desa- ria latinoamericana a partir de versiones no eurocéntricas de
rrollo histórico mundial al protagonismo de las sociedades del

pretaciones fragmentarias, con escasa cuando no inexistente rante.


capitalismo central, y por otro, con aquellos que realizan inter- en cuya consolidación las periferias jugaron un papel preponde-

Los estudios de marras diieren en cuanto a sus característi-


excluyendo cualquier pretensión de universalidad9. cas temáticas y formales. Formalmente, el libro de Echeverría
referencia a las implicaciones de la acumulación capitalista, y

En este artículo nos referiremos especialmente a algunos ele- está conformado por varios ensayos que analizan las relaciones
mentos categoriales y de método que Grüner y Echeverría han entre el barroco latinoamericano y la modernidad, delineando
aportado a partir de sus trabajos de investigación socio-histó- con ello un proceso cultural de larga duración; el de Grüner, por

luces (2010). Para ello, analizamos sus respectivos tratamientos político, la Revolución Haitiana. En ellos, sin embargo, existen
rica La modernidad de lo barroco (1998) y La oscuridad y las su parte, es un libro “orgánico”, anudado a partir de un suceso

sobre la historia a partir de los temas del posicionamiento desde numerosos puntos en común. En ambos, el estudio de caso per-

dad. Hemos prestado especial atención a los puntos en común


la subalternidad, los espacio-tiempos históricos y la moderni- mite visibilizar las estructuras generales determinantes tanto

de estas dos propuestas –esperando no minimizar con ello sus lación con lo anterior, en ambos textos, la explicación histórica
como las particularidades históricas; además, en estrecha re-

diferencias y contradicciones— debido a que nos interesa ante sirve como base para la discusión teórica.

lexión histórica e historiográica.


todo pensarlas como teoría crítica elaborada a partir de la re- Estas investigaciones se ubican en el nivel del estudio del

ma-mundo –en interlocución con Wallerstein y Amin en el caso


capitalismo histórico12, al cual abordan en referencia al siste-
/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016

1. Historiografías a contrapelo
Desde las aproximaciones de Mariátegui en los años veintes ponen el aggiornamento de la teoría crítica. Esta consideración
de Grüner, con Braudel para Echeverría— y desde donde pro-

/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016


de América Latina en relación con el sistema-mundo les lleva a
ta de la problemática relación entre la teoría marxista y la in-
del siglo pasado, han surgido múltiples intentos por dar cuen-

historia en la cual, como veremos con más detalle en el próximo


una visión espacio-temporalmente tensionada y compleja de la
terpretación de las sociedades latinoamericanas, una relación

excepcionalidad indoamericana 10 y las interpretaciones euro-


problemática, marcada por la tensión entre las ideologías de la apartado, la historia aparece como un multiverso; más precisa-

céntricas del marxismo11. Las interpretaciones de Grüner y de sistema-mundo capitalista en el cual América Latina ha ocupa-
mente, remiten al desarrollo histórico desigual y combinado del

Echeverría exploran otra vía: la de la explicación de la histo- do un lugar subordinado13.


Desde el análisis del sistema-mundo desaparecen, pues, los
Es el caso, por ejemplo, de Walter Mignolo, según quien el estudio del capitalismo
estériles debates sobre el carácter “feudal” de esta región —dis-
debiera ser remitido al cajón del eurocentrismo. Cfr. “La idea de América Latina (la
9

regional atomizada— mostrando el papel de América en el de-


cusión que presupone una temporalidad unilineal y una visión
derecha, la izquierda y la opción decolonial)”. Crítica y Emancipación no. 2, primer
semestre 2009, pp. 251-276.
Entre los más importantes cultores de estas corrientes estuvo el fundador del APRA,
Víctor Raúl Haya de la Torre. Véase, de este autor, El antimperialismo y el APRA. Wallerstein, Immanuel. Historical Capitalism with Capitalist Civilization. Londres y
10

Santiago: Ercilla, 1936. También: Por la emancipación de América Latina. Artículos, Nueva York: Verso, 2011.
12

mensajes, discursos (1923-1927). Buenos Aires: Gleizer, 1927.


Wallerstein, Immanuel. Capitalismo histórico y movimientos antisistémicos. Madrid:
Löwy, Michael. El marxismo en América Latina. Santiago: LOM, 2007, pp. 15-30. Akal, 2004, 100-101.
13

11

116 117
George I. García Quesada La interpretación histórica

sarrollo del capitalismo a nivel global desde la propia conquista. parte del que él denomina el hecho capitalista: la contradicción

valor de cambio y el del valor de uso18. En el hecho capitalista,


Dado que conciben la historia como una morfología espacio-tem- entre la forma-valor y la forma natural, entre el sistema del
poral compleja y contradictoria, estos autores no intentan una
narración lineal de carácter cronológico; se orientan en un sen- la forma valor prevalece sin poder nunca eliminar a la forma

parasita de ésta. De modo similar, Grüner aborda a la moder-


tido afín a la historia social14, en la cual lo teórico, lo empírico natural, pues podemos decir metafóricamente que la primera

trabajo de la interpretación histórica. nidad como fractura, lo cual argumenta al enfocar la Revolución
y lo narrativo son elementos que dialogan y se contrastan en el

Como Marx, Grüner y Echeverría siguen al modo de pro- francesa como una tensión interna de la haitiana, y a la inversa,

en la que se fundan las relaciones entre ambas19.


ducción capitalista como criterio de totalización; interpretan pues ambas están mutuamente determinadas por la asimetría

La principal función de una historiografía crítica sería ex-


la historia desde las categorías teóricas generales del análisis

condiciones particulares de los contextos latinoamericanos. El


del capitalismo, pero poniéndolas en tensión dialéctica con las

dicciones. Para Echeverría la investigación histórica es ante


plicar el desarrollo de las sociedades a partir de esas contra-
abordaje de la historia en ellos parte de la categoría de modo de

especíicas que asumió bajo las condiciones históricas concretas


producción, aplicándola y contrastándola con las modalidades todo desencubrimiento de las contradicciones sociales negadas
y reprimidas por los mismos documentos20; en el caso de las

Revolución haitiana y el barroco latinoamericano.


de las formaciones sociales particulares en las que surgieron la formaciones capitalistas, la investigación histórica tendría que

El recurso marxista a la categoría de totalidad busca la ex- actividad social orientada por los ethos21. Esta función crítica
mostrar, pues, las mediaciones entre el hecho capitalista y la

ubica a quienes investigan la historia en un campo conlictivo,


escribiendo contrahistorias22 frente a las historias oiciales; de
plicación de los procesos históricos determinando las contradic-
/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016

formaciones sociales15. Como airma Grüner, “las épocas históri-


ciones que generan tanto el cambio como la reproducción en las

/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016


cas no son una mera acumulación de hechos singulares y cerra-
dos: son también, y sobre todo, una lógica”16; en el mismo senti- mo, como erróneamente interpretó Baudrillard a Marx. Esto lo ha aclarado reiterada-
18
En esta contradicción, la forma natural no remite a una ahistoricidad o a un naturalis-

mente Echeverría. Cfr. su Valor de uso y utopía. México: Siglo XXI, 1998, pp. 153-197.
estructuraciones particulares de la vida moderna17. En el caso
do, en su libro sobre el barroco, Echeverría intenta reconocer las
la teoría marxiana del valor. García Quesada, George. La producción de la vida diaria.
Este problema interpretativo de Baudrillard se deriva de una lectura no dialéctica de

de este autor, el análisis de la época moderna, como totalidad, San José: Perro Azul, 2005, p. 35.
Grüner, La oscuridad, 320-321. Esta tensión dialéctica entre parte y todo es central en el
texto de Grüner, el cual intenta mostrar el aporte de la esclavitud americana al sistema-
19

mundo capitalista. Grüner, La oscuridad, pp. 31-32.


y la historia social, sin embargo, es poco clara. Este autor, en todo caso, se ha mostrado
14
Grüner indica que su estudio es afín a la sociología histórica; la demarcación entre ésta
20
En su ensayo sobre Carlo Ginzburg, Echeverría resalta el papel crítico del indicio, ya
de esos fragmentos en la llamada “interdisciplinaridad”. Grüner, Eduardo. La oscuri-
reacio tanto a la fragmentación disciplinar del conocimiento como a la “recomposición”
que al contrario que las pruebas documentales, que aportan conocimiento positivo, el
dad y las luces. Capitalismo, cultura y revolución. Buenos. Aires: Edhasa, 2010, pp.
debe ser llenado por la interpretación. El indicio, dice Echeverría, “incita a buscar algo
indicio está en lugar de una prueba, y por tanto, por así decirlo, marca un vacío que
36-37 y 160-161.
Grüner, La oscuridad, 188-193. En cuanto a Echeverría, puede observarse cómo la
que por alguna razón no ha dejado restos suyos, sino solo huellas indirectas, algo que

totalidad se constituye desde la contradicción en su teoría de los ethos. Cfr. Echeverría, Echeverría, Bolívar. “La historia como desencubrimiento”. Contrahistorias Nº. 1, Se-
15
por alguna razón estuvo impedido de manifestarse, algo que era necesario ocultar”

Bolívar. La modernidad de lo barroco. México: Era, 2011, pp. 161-167. tiembre 2003-febrero 2004, p. 32.
16
Grüner, La oscuridad, p. 23. 21
Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp. 12-13.
17
Echeverría, La modernidad de lo barroco, p. 12. 22
Recordemos que Contrahistorias era precisamente el nombre de la revista en la que

118 119
George I. García Quesada La interpretación histórica

de las clases subalternas contemporáneas30.


La propia elección de la Revolución haitiana y del barroco
allí que, contra el viejo lugar común, Grüner sostiene que la

conlicto entre vencedores y vencidos23. El conlicto es, por así


historia no la escriben los vencedores, sino que la “escribe” el

decir, generador de historiografías –su causa ausente, indica-


latinoamericano como objetos de estudio, como indicaremos

ría Jameson24– que lo simbolizan desde distintas posiciones de cio-políticas en las que fueron escritos estos libros. Así, rescatan
más adelante, puede leerse desde las respectivas coyunturas so-

sujeto: de allí que “ese proceso, la lucha por el ‘sentido’ de la


historia, es in-inito [...]. En él, es un arma contra-hegemónica
a los actores populares y sus estrategias de resistencia, vencidos

oicial31. ¿Qué pudo ser más utópico en el siglo XVIII que una
por el Capital e invisibilizados o desacreditados por la historia

las pretendidas ‘evidencias’ del discurso ‘oicial’” 25.


indispensable la actitud de permanente interrogación crítica a

Consecuentemente, estas investigaciones –de nuevo, en un


república de esclavos emancipados? El estudio de cómo y bajo

modo cercano a la historia social de tradición marxista26– ela-


qué condiciones se organizaron aporta elementos para pensar
el cambio social y la dinámica histórica, y marca la distancia

najes “excepcionales” –políticos, artistas, empresarios y demás


boran sus interpretaciones de la historia a contrapelo27: buscan respecto a las concepciones de la historia como obra de los perso-

atención a su producción desde abajo. Subyace en esta concep- autoridades32. La oscuridad y las luces insiste a lo largo de todo
pensar la historia desde la totalidad, pero prestándole especial

ción de la historia una hermenéutica según la cual el conoci- el texto en la importancia de la resistencia económica e ideológi-
miento de los procesos de las clases subalternas del pasado ca en el proceso haitiano, haciéndolo con particular énfasis en el

conciencia política de la población esclava de Saint Domingue33.


cobran vigencia a partir de las necesidades de las luchas popu- capítulo quinto, que trata con más profundidad sobre la toma de

ba Acuña, al estudio de las clases subordinadas le es inherente


lares del presente; es una concepción según la cual, como indica-

un valor ético y epistemológico28. Es clara la inluencia en am- estratos subalternos en la historia, señalando en particular que
Del mismo modo, Echeverría resalta el papel de las clases y
/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016

bos autores de las tesis de Walter Benjamin sobre la historia29;

/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016


crisis civilizatoria del siglo XVII, cuando Europa apenas podía
fueron ellos quienes salvaron a los territorios americanos de la

mantener los vínculos con el “Nuevo Mundo”, y las sociedades


como éste, reivindican el papel de los vencidos como antecesores

Echeverría colaboró durante muchos años en interlocución con parte de la comunidad


Según Grüner, su análisis busca “reescribir la ‘historia de los vencidos’ a partir de sus
historiadora mexicana y latinoamericana.
30

playas de la memoria, combatir con énfasis crítico la idea de ‘progreso’ que los dueños –es
ruinas, de los jirones de miles de naufragios que han abandonado sus restos en las
Grüner, La oscuridad, p. 517.
decir, los expropiadores– de la Historia identiican con su propio éxito”. La oscuridad, p. 535.
23

Jameson, Fredric. Documentos de cultura, documentos de barbarie. La narrativa como


acto socialmente simbólico. Madrid: Visor, 1989.
24
31
El libro de Grüner trata más detalladamente las asimetrías de género, aunque de

Grüner, La oscuridad, p. 212.


un modo poco sistemático; a pesar de que la población esclavizada era masculina por
25

mujeres esclavas y algunas de sus formas de resistencia (por ejemplo, La oscuridad, p.


amplísima mayoría, aparecen algunas anotaciones oportunas sobre la situación de las
26
Hobsbawm, Eric. Sobre la historia. Barcelona: Crítica, 2004, pp. 84-104.
221). En La modernidad de lo barroco, si bien se reivindica la igura de la Malintzin,
Benjamin, Walter. “Theses on the Philosophy of History”, en: Illuminations. Nueva no aparece tematizada la violencia sexual que dio origen al mestizaje, base poblacional
York: Schocken, 2007, p. 257. del barroco.
27

Acuña, Víctor Hugo. “La historia social en Costa Rica: balance y perspectivas”. Revista Este es uno de los principios de la historia social. Cfr. C.F.S. Cardoso, y Pérez Brignoli,
de historia (Costa Rica), número especial, 1996, p. 148. Héctor. Los métodos de la historia. Barcelona: Crítica, 1976, pp. 19-25. En contraste, la
28 32

referencia en elogio de la historia “elitista” es al romántico Thomas Carlyle. Los héroes:


Sobre la hermenéutica benjaminiana, Romero Cuevas, José Manuel. Hacia una her- culto a los héroes, lo heroico en la historia. Madrid: L. Rubio, 1932.
menéutica dialéctica. W. Benjamin, Th.W. Adorno y F. Jameson. Madrid: Síntesis,
29

2005, pp. 52-72. 33


Grüner, La oscuridad, pp. 267-337.

120 121
George I. García Quesada La interpretación histórica

tra los invasores europeos. Indica:


prehispánicas se hallaban desarticuladas tras las guerras con- mucho más frecuentemente a criterios cuantitativos; por lo de-

capitalismo histórico se justiica por el énfasis de los textos de


más, el uso de estas fuentes secundarias para caracterizar al

estos latinoamericanos sobre los temas políticos y culturales.


son los criollos de los estratos bajos, mestizos aindiados,
amulatados, los que, sin saberlo, [...] intentarán restau-
Adicionalmente, en La oscuridad y las luces, los estudios de Eu-
gene y Elizabeth Genovese, Steve Stern, Ciro Cardoso y Sydney
rar la civilización más viable, la dominante, la europea;
intentarán despertar y luego reproducir su vitalidad
original. Al hacerlo, al alimentar el código prehispáni- Mintz, entre otros, son insumos centrales sobre la esclavitud

su parte, construye el contexto cultural del siglo XVII funda-


co (y con los restos de los códigos africanos de los es- haitiana y latinoamericana; La modernidad de lo barroco, por
clavos traídos a la fuerza), son ellos quienes pronto se
verán construyendo algo diferente de lo que se habían mentalmente a partir de historias del arte y cultura barrocos,
propuesto; se descubrirán poniendo en pie una Europa
que nunca existió antes de ellos, una Europa diferente, Hatzfeld y Argan.
entre las que habría que mencionar las de Maravall, Villari,
‘latino-americana’34.
En cuanto a las fuentes primarias, Grüner analiza con de-

Ambos estudios siguen estrategias similares en cuanto a la contemporáneas de la revolución Haitiana. Las obras de Aimé
tenimiento varias obras literarias que, sin embargo, no son

utilización de fuentes: en ambas, el peso de la totalización social Césaire, Madison Smartt Bell y Derek Walcott, todas ellas del
siglo XX o inicios del XXI, son analizadas desde los efectos de
rias –principalmente de carácter artístico o ilosóico– precisan
recae sobre las fuentes secundarias, mientras que las prima-
la dominación colonial en el Caribe; en cuanto a textos contem-
poráneos a la revolución, le dedica su relexión más atenta a la
con interpretaciones previas. Como mencionamos anteriormen-
los temas y discusiones más puntuales, a la vez que dialogan
/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016

nes ilosóicas, en especial al problema ilosóico-político de la


Constitución resultante de esa gran ruptura, y a sus implicacio-
te, las teorías del sistema-mundo son los principales referentes

/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016


universalidad y la particularidad. Entre las fuentes primarias
talidad35. Es de notar que la interpretación de Grüner recurre
para el enfoque “macro”, es decir, del sistema-mundo como to-
de Echeverría podemos contar las obras ilosóicas de Baltasar
Gracián y las de Leibniz, así como obras de arte y literatura: de
Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp. 82; cfr. también pp. 52-54. Recientemen-
te Carlos Aguirre, buscando distanciar a Echeverría de las corrientes post- y de-colo-
El interés de estos autores por explicar fenómenos que se
34
Velásquez, de Bernini, el Quijote.
niales, ha airmado que este autor no fue anti-eurocéntrico debido a que entre otras
siguió la tradición crítica europea, y en ésta sobre todo a Marx. La argumentación de sitúan entre lo cultural y lo político justiica que sus fuentes
Aguirre cae en una falsa dicotomía: la de suponer que el pensamiento crítico europeo
no pueda ser anti-eurocéntrico. Por el contrario, como han demostrado Dussel y Kevin primarias sean de este tipo; estos estudios no han pretendido
Anderson, Marx desarrolló su teoría de la historia multilineal y espacializada como
lismo. Aunque por lo demás sus aproximaciones a las fuentes
contribuir, por ejemplo, con la historia económica del capita-
una perspectiva sistémica y anti-eurocéntrica. Aguirre Rojas, Carlos Antonio. “Una

ta de Bolívar Echeverría”, en Luis Arizmendi, Julio E. Peña y Elder Piñeiro (eds.), Bo- primarias sean metodológicamente más bien tradicionales36, lo
teoría crítica sobre la modernidad capitalista: radicalidad y originalidad de la propues-

Editorial IAEN, 2014, p. 78. Anderson, Kevin. Marx at the Margins. On Nationalism,
lívar Echeverría: trascendencia e impacto para América Latina en el siglo XXI, Quito: que aportan en términos de conocimiento histórico está en la
Ethnicity and Non-Western Societies. Chicago: Chicago University Press, 2010. Dus-
sel, Enrique. La producción teórica de Marx. Un comentario a los Grundrisse. México: 36
Siglo XXI, 1985. discurso planteados, por ejemplo, por Bajtín y Voloshinov, Williams o Jameson. Bajtín,
En contraste, se encuentran las posibilidades abiertas por los métodos de análisis de

El profesor de la UNAM, por ejemplo, explicita algunas consideraciones sobre las re- Mijaíl M. Estética de la creación verbal. Buenos Aires: Siglo XXI, 2005. Williams, Ray-
laciones entre la “historia grande” de América Latina y la historia particular de la mond. Keywords. A Vocabulary of Culture and Society. Nueva York: Oxford University
35

primera Compañía de Jesús, en: La modernidad de lo barroco, pp. 58-60. Press, 1983; Jameson, Documentos de cultura, documentos de barbarie.

122 123
George I. García Quesada La interpretación histórica

la revolución Haitiana; en particular, se reiere a la religión y a


las etnicidades en la isla de Saint-Domingue, como elementos que
pertinencia de las preguntas que les hacen a tales fuentes, en

mentos teóricos. Valga resaltar esta importancia del análisis de permitieron la organización de las insurrecciones antiesclavistas40.
las problematizaciones que elaboran gracias al peso de sus ele-

marxista suelen reclamarle a ésta el ser omisa frente a ellos en


los aspectos culturales, pues los detractores de la historiografía Estos estudios insisten en el papel activo de los sujetos histó-

favor de los temas de carácter económico; Peter Burke, por ejem- ras económicas. En este sentido, las explicaciones historiográi-
ricos a través de la cultura y la política respecto a las estructu-

plo, ha llegado a airmar que una historia cultural marxista es


por deinición imposible37.
cas de Grüner y de Echeverría se fundamentan en una teoría de

Aunque tal generalización responde a un estereotipo que


la estructuración en la cual lo económico determina las condi-

mecánico. La explotación de la fuerza de trabajo marca el carác-


ciones de posibilidad de las demás instancias, pero no de modo

rice Agulhon, Raymond Williams o E.P. Thompson, cabe aquí


no resiste la contrastación con estudios de autores como Mau-

más amplia se reiera a las estructuras económicas, y que las


ter de la totalidad, pero no la agota; de allí que la periodización

Echeverría a los temas culturales maniiesta una concepción de


principalmente resaltar que la atención prestada por Grüner y

tener lo económico como referencia necesaria41. Esto se da tanto


demás instancias, que tienen sus historias particulares, deban
la totalidad histórica ajena a cualquier reduccionismo económi-

relacionar y jerarquizar las instancias en juego –los campos en


co; es una concepción según la cual la investigación social debe en el tratamiento del teórico argentino, referido a una coyuntura

los que se objetivan las prácticas humanas– pero sin violentar


política revolucionaria, como en el del estudio de Echeverría, cuyo

la especiicidad de cada una de tales instancias. de los siglos de dominio imperial español, entre el XVI y el XVIII.
trasfondo es la estructura socio-económica establecida a lo largo

De hecho, aunque La modernidad de lo barroco no profun-


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diza en los aspectos económicos de la colonialidad barroca38, el 2. Espacio-tiempos desiguales y combinados

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subalternos, tiene su fundamento en la categoría de praxis, de
concepto central del análisis histórico en este libro es precisa- Esta preponderancia de los sujetos, y principalmente de los

nómico y lo cultural39. Por su parte, La oscuridad y las luces,


mente el de ethos, el cual funge como mediación entre lo eco-

integra más explícitamente los elementos culturales con los de pensar los espacios y tiempos sociales. La historia vendría a ser,
la cual han partido las propuestas de Grüner y Echeverría para

carácter económico y político en su análisis de la coyuntura de desde la concepción de estos autores, una relación de dinámicas
espacio-temporales producidas por las diversas praxis en una

Burke, Peter. ¿Qué es la historia cultural?. Barcelona: Paidós, 2006, pp. 38-41.
Por ejemplo, Grüner, La oscuridad, pp. 284-287, 302-318. Esta división del trabajo
37

entre economistas y teóricos de la cultura ha sido la norma en el marxismo a partir del


40

del ethos barroco. Enrique Dussel, “Modernidad y ethos barroco en la ilosofía de Bolí- surgimiento de la corriente que Perry Anderson denominó como marxismo occidental.
38
Esta es precisamente una de las críticas de Dussel a la interpretación echeverriana

var Echeverría”, en Mabel Moraña (ed.), Para una crítica de la modernidad capitalista,
Quito: Universidad Andina Simón Bolívar y DGE Equilibrista, 2014, pp. 173-191.
La interpretación de la posmodernidad elaborada por Jameson a partir de la obra de

del trabajo intelectual. Anderson, Perry. Consideraciones sobre el marxismo occiden-


Ernest Mandel, El capitalismo tardío, es uno de los más célebres casos de esta división
39
Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp. 12-13. Su interpretación del barroco tal. México: Siglo XXI, 1985. Jameson, Fredric. Postmodernism, or, the cultural logic
of late capitalism. Durham: Duke University Press, 1997. Mandel, Ernest. El capita-
debido al énfasis del libro, remite a ellos sin detallarlos. En este sentido, otros textos
tiene como referencia necesaria al capitalismo latinoamericano y mundial, aunque,
lismo tardío. México: Era, 1979.
de economía política. Por esta trayectoria fue incluso invitado entre 1998 y 1999 como
suyos podrían suplir esta ausencia: Echeverría fue un conocido investigador de temas

investigador en el Centro Fernand Braudel dirigido por Immanuel Wallerstein. Gand- “marxista” y uno segundo, “ilósofo de la cultura”; lo que hay es un cambio de intereses
41
Por ello, discrepamos de la distinción que hace Dussel entre un primer Echeverría

ler, Stefan. Marxismo crítico en México: Adolfo Sánchez Vásquez y Bolívar Echeverría. temáticos, pero manteniendo una misma perspectiva teórica. Dussel, “Modernidad y
México: Fondo de Cultura Económica, 2007, pp. 134. ethos barroco en la ilosofía de Bolívar Echeverría”.

124 125
George I. García Quesada La interpretación histórica

formación social42. De allí que la categoría de espacio esté tem- condicionan el carácter de todas las demás. Como explica Grüner,

espacializada.
poralizada y la de tiempo aparezca también, consecuentemente, la estructura de la génesis del capitalismo es sincrónica:
articula tiempos históricos diferentes en una simulta-
En este sentido, recuperan en particular la centralidad de la neidad que hemos denominado ‘desigual y combinada’;

histórico en la ilosofía de la historia de Walter Benjamin, así


dialéctica del desarrollo desigual y la discontinuidad del tiempo por el otro, la génesis de la estructura del nuevo sistema-
mundo capitalista es dialéctica: no es que hay ‘formaciones’
como la crítica de este último al concepto de progreso43; como in- preexistentes que, por X razones, se ponen en relación, sino
dican las Tesis de ilosofía de la historia, “la idea de un progreso que es la relación la que explica el propio origen de esas
del género humano en la historia es inseparable de la represen- ‘formaciones’, por ejemplo, como ‘centros’ y ‘periferias’47.

géneo y vacío. La crítica de esta representación del movimiento Así, en tanto que la simultaneidad es una relación de tem-
tación de su movimiento como un avanzar por un tiempo homo-

poralidades, La oscuridad y las luces, reiriéndose a la contem-


de progreso en general”44. poraneidad de las revoluciones Francesa y Haitiana, aclara que
histórico debe constituir el fundamento de la crítica de la idea

Consecuentemente, para ellos el análisis histórico debe pres- cuando decimos ‘al mismo tiempo’ no estamos formu-
tarle atención a las distintas temporalidades articuladas, con lando una homogeneidad entre las temporalidades his-
tóricas de ambas revoluciones. La revolución francesa/
este juego es complejo, también es unitario y jerarquizado. Aun-
ritmos propios y lógicas a menudo diferenciadas45; pero aunque

que no se explica por un principio único, los elementos e instancias


haitiana es un choque al propio tiempo que una conver-
gencia de temporalidades históricas. Es una condensa-
no tienen entre sí el mismo peso como determinantes. Las tempo- ción de ‘diferencias’ entre las cuales, sin embargo, hubo
ralidades del modo de producción dominante –el capitalista, poten- siempre alguna clase de relación, y especíicamente una
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ciado por el dominio colonial europeo–, con toda su complejidad46, relación de poder48.

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En otras palabras, la relación de ambos procesos históricos
Sobre la categoría de praxis en la obra de Echeverría, Gandler, Stefan. Marxismo crí-
tico en México, pp. 277-351; en cuanto a la concepción de praxis de Grüner, su “Marx,
42

articulación asimétrica –dominación colonial-capitalista– que


y sus respectivas temporalidades está determinada por una
historiador de la praxis”. En Marx, Karl. Las luchas de clases en Francia de 1848-1850.
Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2012.

“post” de la contingencia, de los lujos indecidibles y de los acon-


las subsume, aunque no las agota: Grüner critica al fetichismo
Sobre la dialéctica historia-tiempo, cfr. Fredric Jameson, “Marxism and Historicism”.
En Jameson Fredric. The Ideologies of Theory. Vol. 2: Syntax of History. Minneapolis:
43

Minnesota University Press, 1989.


nismo eurocéntrico.
tecimientos emergentes e inesperados49 tanto como al evolucio-
44
Benjamin, “Theses on the Philosophy of History”, p. 261.
Se trata de las bases del enfoque del sistema-mundo; sin embargo, el concepto de Mul-
tiverso de Ernst Bloch –con quien Benjamin guardó una larga relación intelectual– ya
45

en los años veintes preiguraba esta concepción. Sobre la relación Bloch-Benjamin, Ernest. “El capital”. Cien años de controversias en torno a la obra de Karl Marx. Méxi-
Münster, Arno (ed.). Tagträume von aufrechten Gang. Sechs Interviews mit Ernst Blo- co: Siglo XXI, 1985. Bensaïd, Daniel. Marx intempestivo. Buenos Aires: Herramienta,
ch. Frankfurt en el Meno: Suhrkamp, 1977, p. 48. Sobre el concepto de multiverso, 2003. Tombazos, Stavros. Time in Marx. The Categories of Time in Marx’s Capital.
cfr. Bloch, Ernst. Tübinger Einleitung in die Philosophie. Frankfurt en el Meno: Su- Chicago: Haymarket, 2014.
hrkamp, 1970, pp. 118-153. 47
Grüner, La oscuridad, pp. 159-160. Énfasis del original.
46
La bibliografía sobre la diferencialidad del tiempo en la teoría marxiana del modo Grüner, La oscuridad, p. 518.
de producción capitalista ha crecido considerablemente en los últimos veinte años.
48

Para limitarnos a algunos de los que se centran más sobre economía política, Mandel, 49
Grüner, La oscuridad, p. 268.

126 127
George I. García Quesada La interpretación histórica

Echeverría, a partir de Braudel y de Marx, aborda la dife- Ahora bien, desde esta concepción de la historia, la tarea del

pecíico se articulan los espacios y tiempos que lo constituyen


rencialidad de las temporalidades en el desarrollo histórico investigador implica determinar cómo en un proceso social es-

concretamente. La atención del investigador se centra en un


del capitalismo, argumentando que éste no anula totalmente
a las formaciones económicas sobre las que se impone, sino que

“mantienen su normatividad especíica y la hacen valer de ma- especíica sería el principal; ello no contradice, en todo caso, la
interactúa con ellas, las cuales pese a estar sometidas por él, espacio-tiempo que para efectos analíticos de la investigación

nera muchas veces callada pero siempre decisiva”50. En el caso


por la instancia económica, etc.) en el proceso estudiado, jerar-
jerarquía sustancial de las instancias (subsunción de lo social
de Latinoamérica, indica que actualmente hay un traslape de

modernizadores: el barroco del XVII, el borbónico del XVIII y el juega el riesgo de perder la orientación teórica de la pesquisa.
varios estratos temporales, una superposición de varios shocks quía categorial con la cual debe dialogar, pues de lo contrario se

republicano del XIX. Uno más reciente, aún en desarrollo, sería Así, ambos estudios se ocupan de rupturas históricas –objeto
el de la globalización neoliberal51. de estudio típico de la historiografía marxista, más que de los
Annales–, si bien desde escalas espacio-temporales distintas: el
ne cierto ethos, siempre coexiste con otros. Y a esto hay que agre-
En el mismo sentido, aunque en una formación social predomi-

garle la consideración espacial; como airma Gandler, a Echeverría América Latina, el de Grüner enfocado en la coyuntura revolu-
de Echeverría más centrado en la larga duración estructural de

le interesa escaparse de la idea [...] de que un determina-


escalas espaciales y a otras duraciones son comunes en ambos).
cionaria haitiana (aunque, por supuesto, la referencia a otras

También varían sus posicionamientos temporales respecto a los


do desarrollo histórico debe iniciarse en un cierto punto
para extenderse luego paulatinamente por el resto del pla-
neta y que, por tanto, deben existir siempre territorios cuyo
anticipan la Revolución, mientras que el ecuatoriano sobre todo en
procesos analizados: el argentino se sitúa en las condiciones que
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desarrollo esté más avanzado que el de otros. Dicho de otro


las consecuencias del precario triunfo ibérico en América Latina.

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modo: mientras Benjamin quiere cepillar el continuo histó-

consecuencias distintas respecto a cómo cada uno explica su res-


rico sobre todo a contrapelo en lo temporal (o cronológico), Estas diferencias de escalas y de posicionamientos llevan a
Echeverría pretende hacerlo sobre todo a contrapelo en lo
espacial (o geográico)52. pectivo objeto de estudio. Por una parte, como airma Ricoeur,

cuando se cambia de escala [hacia la microhistoria, GG], sino


“no son los mismos encadenamientos los que resultan visibles
Echeverría, Bolívar. Las ilusiones de la modernidad. México: UNAM, 1997, p. 116. So-
bre el interés de Echeverría en el trabajo de Braudel, véase ibid, pp. 111-131; también conexiones que pasan inadvertidas a escala macrohistórica”53;
50

su libro póstumo (transcripción de un curso suyo en la UNAM), Modelos elementales

(Jorge Gasca Salas editor). México: Ítaca, 2013.


de la oposición campo-ciudad. Anotaciones a partir de una lectura de Braudel y Marx
América Latina actual se debería a la presencia simultánea, en todo el conjunto de la
Echeverría, Bolívar. “La múltiple modernidad de América Latina”. En Echeverría, Bo-
lívar. Crítica de la modernidad capitalista. La Paz: Vicepresidencia del Estado Pluri-
51
población latinoamericana, de distintos estratos o niveles históricamente sucesivos,

nacional de Bolivia, 2011, pp. 251-252. Esta multiplicidad abre mejores posibilidades que se conformaron en diferentes experiencias históricas sucesivas de la población
de actualizaciones o realizaciones de esa lógica de comportamiento, estratos o niveles

explicativas que las periodizaciones culturales unitarias al modo de los estilos de Lefeb-
vre o las homologías estructurales de Goldmann. Lefebvre, Henri. Más allá del estructu- de identidad”. Echeverría, “La múltiple modernidad de América Latina”, p. 244.
latinoamericana, y que fueron así dejando en ella esos diferentes proyectos y esbozos

ralismo. Buenos Aires: La Pléyade, 1973, pp. 127-137. Goldman, Lucien. El hombre y lo
absoluto. El dios escondido. Barcelona: Península, 1985. Ricoeur, Paul. La memoria, la historia, el olvido. Buenos Aires: Fondo de Cultura
Económica, 2004, p. 273. Un par de páginas antes, Ricoeur ilustra esta tesis con un
53

Gandler, Stefan. Marxismo crítico en México: Adolfo Sánchez Vásquez y Bolívar Eche-
verría. México: Fondo de Cultura Económica, 2007, pp. 272-273. Siguiendo esta con-
52
aforismo de Pascal: “una ciudad, un campo, de lejos una ciudad y un campo; pero, a

hormigas, hasta el ininito. Todo esto se encierra bajo el nombre de campo”. El plantea-
medida que uno se acerca, son casas, árboles, tejas, hojas, hierbas, hormigas, patas de
cepción, según Echeverría “la multiplicidad dinámica y unitaria de identidades en la

128 129
George I. García Quesada La interpretación histórica

temporales deinen dos estrategias narrativas distintas. Por


por otra, las diferencias entre estos posicionamientos espacio- barroco plantea que las diferencias entre los modos de vida eu-

excluyentes; mientras la formación de los primeros estaba regi-


ropeos y los americanos originarios eran radicales y, más aún,

ces está enfocado hacia un Acontecimiento (y sus consecuencias da por la acumulación de excedentes –reproducción ampliada–
así decirlo, el componente narrativo de La oscuridad y las lu-

más inmediatas)54 por suceder, mientras que el de La moderni- los segundos lo estaban por la reproducción simple56:

fundantes del régimen colonial latinoamericano para explicar al


dad de lo barroco es retrospectivo: se remite a las condiciones

ethos como proceso de larga duración.


temporalidad y espacialidad eran dimensiones del mundo
de la vida deinidas en un caso y en otro no sólo de manera
En su análisis de la Compañía de Jesús y la modernidad diferente, sino contrapuesta. Los límites entre lo mineral,
temprana en América Latina, por ejemplo, Echeverría articu- lo animal y lo humano estaban trazados por uno y por otro
en zonas que no coincidían ni lejanamente. [...] Resulta
así comprensible que, tanto para los españoles como para
la dos escalas espacio-temporales para ilustrar la dinámica del

de la constitución de la cultura latinoamericana en el siglo XVII


desarrollo cultural latinoamericano: las de una “gran historia”
los indios, convivir con el otro haya sido lo mismo que ejer-
cer, aunque fuera contra su voluntad, un boicot completo
y constante sobre él57.
del primer jesuitismo, que duró unos dos siglos (entre el XVI y
y las de una “historia particular”, la del proyecto socio-político

el XVIII)55. La conjunción espacio-temporal de estos procesos le También en cuanto a los aspectos culturales de las espacio-
permite formular sus hipótesis sobre las especiicidades de la mo-
dernización católica –bajo ethos barroco— en América Latina al de Stern acerca de que el pasado colonial ha contribuido en La-
temporalidades latinoamericanas, Grüner dialoga con la tesis

menos hasta el siglo XIX.


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tinoamérica a una alteración radical de la percepción imagina-

un principio de estructuración de la experiencia cotidiana; cada


Por otra parte, y como indicamos antes, el ethos es también
latinoamericano. Pero, más allá de tal planteamiento, el teórico
ria del tiempo, la cual se muestra en diversas obras del boom

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ethos produce espacio-temporalidades a las cuales debe prestar-
mente textual, sino sintomática de una asimilación, a través del
argentino indica que este cronotopo58 no es una operación pura-

mundos de vida a los cuales se aproxima. La modernidad de lo


les atención el investigador social para comprender los distintos

56
Esta oposición remite también a la contradicción entre forma natural y forma valor.
miento de Ricoeur de que las escalas son inconmensurables entre sí no se sostiene, sin Echeverría, Bolívar. La contradicción entre valor y valor de uso en El Capital, de Karl
Marx. México: Itaca, 1998, pp. 11-16. Los teóricos marxistas relacionan la reproduc-
ción ampliada con el tiempo lineal, y la reproducción simple con el cíclico. Cfr. Lefeb-
embargo, cuando se investiga desde una teoría de la historia, como lo hacen Echeverría

concreta. La ausencia de una teoría de la historia es una de las limitaciones de enfo- vre, Henri. Critique de la vie quotidienne. II. Fondements d’une sociologie de la quo-
y Grüner; de lo que se trata es de mostrar sus articulaciones en la totalidad histórica

ques hermenéuticos como el de Ricoeur o el de Gadamer. tidienneté. París: L’Arche, 1980, pp. 315-339. Echeverría denomina a estas culturas,
respectivamente, de un modo impreciso, occidental y oriental. Cfr. La modernidad de
54
El ex profesor de la UBA muestra la Revolución haitiana como un Acontecimiento con lo barroco, pp. 23-25, 30, 49-53. No hay allí referencia temática ni conceptual, empero,
al orientalismo de Edward Said.
nueva época para las colonias americanas), sino toda una revolución ilosóica, en espe-
el cual no sólo se instauró un nuevo orden socio-económico (cuya irrupción marcó una

cial de la ilosofía política occidental, al cuestionar las relaciones entre particularidad Echeverría, La modernidad de lo barroco, p. 52. Los esclavos afrodescendientes no tu-
y universalidad instauradas con las revoluciones burguesas. Grüner, La oscuridad,
57

pp. 339-417. Sobre el concepto de Acontecimiento, cfr. Badiou, Alain. El ser y el acon- sus temporalidades africanas y transplantados a la de las plantaciones. La oscuridad,
vieron ese margen para negociar su tiempo; como indica Grüner, fueron arrancados de

tecimiento. Buenos Aires: Manantial, 2003. Žižek, Slavoj. Event. Londres: Penguin, pp. 538-539.
2014.
Bakhtine, M.M. “Forms of Time and of the Chronotope in the Novel”. En Bakhtine,
Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp. 58-59. M.M. The Dialogic Imagination. Austin: University of Texas Press, 1981, pp. 84-258.
58

55

130 131
George I. García Quesada La interpretación histórica

de cosas pasado. “En aquellas revoluciones, la resurrección de


geográicos producidos por el desarrollo desigual y combinado,
lenguaje, de las dinámicas de los tiempos históricos y espacios

bajo la dominación del modo de producción capitalista59. Más llas [...]; para engrandecer en la fantasía la misión presente, no
los muertos servía, por tanto, para enaltecer las nuevas bata-

que el realismo mágico de los textos analizados por Stern, Grü- para rehuir su cumplimiento en la realidad; para reencontrar

reieren: “lo importante aquí es la percepción de cómo la intro- pectro”64. Según Marx, solamente la revolución del siglo XIX –la
ner enfatiza el realismo histórico de las sociedades a las que se el espíritu de la revolución, no para dejar vagar otra vez su es-

del proletariado– habría de buscar su poesía en el futuro y no


pacios y no-tiempos [...] constituye espacios y tiempos alterados ya en el pasado.
misión del capitalismo mundializado, lejos de constituir no-es-

–en el doble sentido de dis-locados y transformados en otros, en


‘ajenos’– que es necesario recomponer”60.
La persistencia del pasado como mediación hacia el futuro

desarrollada también en el trabajo de Echeverría65. Como indica


forma parte de una dialéctica de continuidad y discontinuidad

este ilósofo, “la continuidad histórica no se da a pesar de la dis-


En particular, La oscuridad y las luces encuentra un fuerte

haitianos, quienes añoraban el retorno a una África idílica en


componente de pasado en la imaginación utópica de los esclavos

la que imperaría un comunismo tribal. Por supuesto se trataba por el contrario, en virtud y a través de ella”66. Ejempliica con el
continuidad de los procesos que se suceden en el tiempo, sino,

de una proyección à la Feuerbach; una poderosa proyección, en caso del siglo XVII latinoamericano: recién saliendo del siglo de

colonial. La referencia de los esclavos haitianos a tradiciones


todo caso, para movilizar la insatisfacción contra el status quo la conquista y la evangelización, la estrategia del ethos barroco

ya no era ninguna de las anteriores en conlicto. Las élites de esta


permitió la sobrevivencia de una civilización que, sin embargo,

nueva coniguración social pretendían hacer de América Latina


como el vodú o la invención de un pasado africano mítico, por
tanto, no fueron propiamente arcaísmos, pues éstos les permi-
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patorias61. En estos casos, el pasado se convirtió en elemento de


tieron, por el contrario, apropiarse de las “nuevas ideas” emanci- una prolongación de (sus propios pasados en) Europa, pero gra-

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ruptura hacia el futuro; en un medio –parafraseando de nuevo a
cias a esa pretensión contribuyeron a la producción de una nueva

Benjamin– para hacer estallar el continuo de la historia62.


realidad social, en la cual los subalternos reconocían discursiva-

se a que, en la práctica, esa hegemonía no era tan marcada67.


mente la autoridad de los dominantes, pero éstos debían adaptar-

midas invocaron, con efectos revolucionarios, un pasado año-


El autor trae a colación otros casos en los que las clases opri-

subalternos: los campesinos mexicanos y los rusos, en la década


rado para transformar las estructuras sociales en las que eran

de 191063. Son revoluciones que recuerdan uno de los temas del


18 Brumario de Marx: que las clases revolucionarias siempre
habían buscado transformar su mundo en nombre de un estado 64
Marx, Karl. El dieciocho brumario de Luis Bonaparte. Madrid: Alianza, 2003, p. 35.
65

dernidad de lo barroco, pp. 124-126.


Véanse sus planteamientos sobre las épocas de transición y las “clásicas”, en La mo-

Grüner, La oscuridad, pp. 185-186.


Echeverría, La modernidad de lo barroco, p. 51. Esto lo plantea también respecto a la
59
66
60
Grüner, La oscuridad, p. 186. temporalidad de lo cotidiano, la cual siempre está entretejida con la de lo extracotidia-
61
Grüner, La oscuridad, pp. 300-301. no –tiempos de relexión, juego, arte, etc.– como tiempo de ruptura respecto al continuo
de la existencia. Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp. 185-198.
62
Benjamin, “Theses on the Philosophy of History”, p. 261. 67
Sobre este carácter del XVII latinoamericano como re-comienzo, Echeverría, La moderni-
63
Grüner, La oscuridad, pp. 273-274. dad de lo barroco, pp. 61-65.

132 133
George I. García Quesada La interpretación histórica

racionalidad instrumental. Especíicamente sobre el caso de Haití:


3. Latinoamérica: modernidades y contramoder- menta que la colonialidad latinoamericana seguía plenamente una
nidades

lista, la modernidad es única –singular, como acertadamente


En la totalidad compleja que es el sistema-mundo capita-
el comercio de esclavos utilizaba un complejo –e igual-
enfatiza Jameson68– pero contradictoria. Como veíamos, el de- mente moderno— conjunto de dispositivos económicos,
desde nuevas y soisticadas formas de crédito hasta
elaboradas formas de permuta. El control de las mer-
sarrollo global desigual y combinado ha producido espacio-tiem-
cancías producidas por los esclavos conirió un enorme
pos sociales diferenciados, desde los cuales se produjeron diver-
sas variantes culturales: Latinoamérica ha sido moderna desde
poder económico distribuido entre (y disputado por) los

europea. Más aún, Grüner y Echeverría explican cómo en este


sus orígenes, aunque su modernidad no haya sido idéntica a la comerciantes, los banqueros, los terratenientes, los pro-
pietarios de esclavos... y los estados. La organización

contramodernidad. El libro del primero se ocupa de la contra-


subcontinente se desarrollaron tendencias fundamentales de del trabajo esclavo a gran escala para la producción y
el intercambio mundial de las mercancías requirió la
modernidad69 producida por los esclavos afrodescendientes en
las plantaciones a ines del siglo XVIII e inicios del XIX, mien-
construcción de un elaboradísimo aparato de aprovisio-
namiento, supervisión, transporte, procesamiento y dis-
tribución, y la consiguiente generación –también a esca-
urbano, del XVII.
tras que la de Echeverría es la del mestizaje, principalmente
la mundial— de puestos de trabajo para mano de obra
asalariada. En una palabra: modernización (capitalista),
ración de des-centramiento de la modernidad y del capitalismo. por donde se la mire71.
La escogencia temática de estos estudios ya supone una ope-

Contra los relatos que airman que fenómenos como el barroco


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Pero, más allá de participar forzadamente en la moderni-


y Echeverría los explican como parte de una modernidad nega-
o la esclavitud fueron resabios de procesos anteriores, Grüner
dad hegemónica, los esclavos americanos constituyeron su pro-

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pia versión de contramodernidad, de la cual puede decirse que
deinen con más precisión la dinámica de este último. El desa-
da, y al pensar estos fenómenos en relación con el capitalismo

to social posteriormente. La Revolución haitiana puso en crisis


fueron primero sustancia para pasar a constituirse como suje-

la falsa universalidad de la Revolución francesa, al mostrar la


rrollo de la particularidad histórica latinoamericana arroja así

a la larga, la explicación de la periferia contribuye también con el explotación colonial como la parte negada –la modernidad repri-
luz sobre el funcionamiento del sistema-mundo como totalidad y,

conocimiento del centro. mida– sobre la cual se asentaba la modernidad europea, y sin la
Siguiendo a Marx, Grüner muestra cómo la esclavitud, sin ser cual no hubiera sido posible72. La esclavitud afroamericana fue la
base de la modernidad, no sólo en el plano económico –como forma
decisiva de “acumulación originaria”–, sino también en lo político-
la relación más típica del capitalismo como modo de producción,
fue la condición de posibilidad del capitalismo histórico70, y argu-
cultural, pues la administración colonial contribuyó a la racionali-
68
Jameson, Fredric. Una modernidad singular. Barcelona: Gedisa, 2004.
69
En otros libros ha abordado extensamente el tema de la contramodernidad en la cul- de 1846”, en Marx, Karl y Engels, Frederick. Collected Works. Tomo 38. Nueva York:
tura occidental. Grüner, Eduardo. El in de las pequeñas historias. De los estudios International Publishers, 1982, pp. 101-2.
culturales al retorno (imposible) de lo trágico. Buenos Aires: Paidós, 2002; El sitio de la
mirada. Secretos de la imagen y silencios del arte. Buenos Aires: Norma, 2001. 71
Grüner, La oscuridad y las luces, p. 225.
70
Grüner, La oscuridad y las luces, 270; Karl Marx, “Carta a Annenkov, 28 de diciembre 72
Grüner, La oscuridad y las luces, pp. 42-43.

134 135
George I. García Quesada La interpretación histórica

zación legal y burocrática de los Estados metropolitanos73. García Canclini ha caracterizado a Latinoamérica76, Grüner re-
salta la “hibridez” violenta –también la llama “transculturación
catastróica”77– producida por el capitalismo en las colonias,
La oscuridad y las luces plantea esta contramodernidad

derna. Con ello, polemiza contra la oposición eurocéntrica entre


como la parte antihegemónica surgida de la propia fractura mo-

otro lado del mundo, en un sincretismo cultural forzado. Los


al desarraigar a millones de africanos y ponerles a convivir al
modernidad y posmodernidad, que asume la modernidad como

misma, de su seno han emergido relatos (auto-)críticos. Desde


unidad monolítica; estando la modernidad dividida contra sí particularismos culturales entre los mismos esclavos tuvieron

Montaigne y Pascal hasta la tríada Marx-Nietzsche-Freud, la


que negociar nuevas identidades colectivas, de donde surgió un

lismo burgués de su época78. La Constitución revolucionaria de


universalismo que denunció el carácter ideológico del universa-

la fractura moderna y han optado por su crítica radical74. Pero,


modernidad ha producido teorías y discursos que han mostrado
Haití, al indicar que “a partir de ahora todos los haitianos serán

sociales capaces de producir coniguraciones sociales más allá


sobre todo, la fractura de la modernidad ha generado fuerzas conocidos por la denominación genérica de negros”, rompía con

de la modernidad. La clase obrera ha sido, desde tiempos de explícito el carácter particular de la universalidad. En palabras
ese universalismo abstracto de la burguesía europea, al hacer

Marx, el sujeto contramoderno privilegiado por la imaginación de Grüner, “al particularismo universalista del pensamiento

de contramodernidad que si bien no es excluyente, ciertamente los ex esclavos”79.


revolucionaria; no obstante, el caso haitiano plantea un modelo eurocéntrico se opone, pues, el universalismo particularista de

es distinto al modelo de revolución más difundido. Mientras que en Europa los ilósofos ilustrados proponían
La investigación de Grüner analiza las condiciones producti- una universalización imposible para sus condiciones históricas,

nas basadas en la economía esclavista. Junto a las condiciones


vas de Haití y las compara con las de las otras colonias america- y clamaban por la entrada de las grandes masas plebeyas a la
/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016

de trabajo, las demográicas –en especial la composición étnica


vida pública80, en Haití los esclavos, los sujetos menos autóno-

/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016


de las poblaciones— y las culturales –como la pertenencia a una cas”, realizaban esos ideales típicamente modernos. Con ello,
mos concebibles, apelando a tradiciones y religiosidades “arcai-

nueva o vieja familia de esclavos o la apropiación de las re- además de desmontar los preconceptos evolucionistas y “progre-

explicar la lógica de la insurrección haitiana. Con ello muestra riores pretensiones hegelianas (y del pensamiento ‘identitario’
ligiones—, este análisis plantea los aspectos geopolíticos para sistas” de la historia, “trastocaron desde el principio las poste-

ulterior, hasta el día de hoy) de una plena identiicación entre


la Parte y el Todo, el Objeto y el Concepto, el Particular Concre-
que no solamente la dinámica de la opresión era plenamente
moderna, sino que del mismo modo lo era la organización de la
resistencia esclava, tanto en cuanto a sus métodos como a sus

del retorno a orígenes identitarios perdidos75.


García Canclini, Néstor. Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la moder-
objetivos; y, sin embargo, se movilizaron a menudo en nombre 76

nidad. México: Grijalbo, 1991.


Grüner, La oscuridad y las luces, p. 405.
El caso haitiano permite, así, observar la modernidad desde 77

Grüner, La oscuridad y las luces, pp. 44-45.


un ángulo inusual: ironizando el difundido concepto con el que 78

Grüner, La oscuridad y las luces, p. 275. Ese universalismo particularista fue producto
Grüner, La oscuridad y las luces, p. 33. Sobre la importancia de la esclavitud a la economía de largos procesos de mestizaje, como indica este autor. La oscuridad y las luces, pp.
79

capitalista, cfr. pp. 259-262.


73

239-240.
74
Grüner, La oscuridad y las luces, pp. 63-65. Habermas, Jürgen. The structural transformation of the public sphere. An inquiry into
a category of bourgeois society. Cambridge: MIT Press, 1994.
80

75
Grüner, La oscuridad y las luces, pp. 286-287.

136 137
George I. García Quesada La interpretación histórica

to y el Universal Abstracto. Su revolución fue, pues, también una desde América Latina permite, luego, conceptualizar la moder-
revolución ilosóica”81.
Esta revolución ilosóica contramoderna fue desatendida y
nidad como fractura y no como plenitud (tal como la presentan
sus ideólogos, pero también sus críticos posmodernistas); per-
renegada por la hegemonía del sistema-mundo; el silencio al- mite pensar la modernidad como contradicción.

zatorio occidental, el cual se presenta como un Todo cerrado y complejo, aunque sus desarrollos especíicos al respecto diieren
rededor suyo indica una falta, un no-lugar en el orden civili- Echeverría también concibe la modernidad como un orden

consistente. El centro económico para Haití (Saint-Domingue, de los de Grüner, sin ser estrictamente excluyentes. Como indi-
por entonces) era Francia, pero el centro de la revolución en
aquel sistema-mundo era Haití82. Sin embargo, al ser negación
ca desde su propio título, La modernidad de lo barroco sostiene

no. En concordancia con sus planteamientos sobre la historia,


que los orígenes de Latinoamérica tienen ya un carácter moder-

Revolución haitiana; incluso la historiografía de izquierda so-


de la modernidad hegemónica, ésta negó la modernidad de la

bre la Revolución francesa, hasta entrada la década de 1970,


y contra los enfoques que parten de una concepción lineal y ho-

invisibilizó a su más radical correlato en el Caribe83. Como decía mente a lo pre-moderno86, ambos textos muestran la moderni-
mogénea de la modernización o que la contraponen dicotómica-

el capitalismo con el cual se desarrolla.


Engels, “es un resultado necesario de toda reacción triunfante dad como una dinámica socio-cultural contradictoria, tal como

trarrevolución, deban quedar en el olvido absoluto”84.


que las causas de la revolución, y especialmente las de la con-

una tendencia que preexiste al capitalismo, y que tiene el doble


Echeverría, sin embargo, conceptualiza la modernidad como

carácter de realización histórica –en el capitalismo– y de aspira-


El desarrollo desigual y combinado generó, por tanto, los

ción utópica –como horizonte de emancipación y triunfo sobre la


elementos de crítica (teórica y práctica) del sistema-mundo ca-

pondiente. La mirada desde la periferia permite observar las escasez87. Mientras que la primera, la modernidad histórica, se
pitalista, y de la modernidad como su matriz cultural corres-
/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016

ha realizado hasta hoy –a medias88– en el capitalismo, la segun-

/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016


da no sólo la antecede –Echeverría la remonta a ciertos cambios
patologías de la razón instrumental, la realización de tenden-

técnicos en el siglo X89–, sino que podría trascenderla en una


cias de la modernidad que sólo ocasionalmente han llegado a

de ser plenamente modernas85. Siguiendo la metáfora espacial, sociedad poscapitalista.


desarrollarse en los países centrales, pero que no por ello dejan

desde el centro se mira hacia el centro, mientras que desde la La modernidad de lo barroco plantea que la modernidad sur-
periferia se ve tanto la periferia propia como el centro; de allí
que Grüner argumente que la situación de la periferia posibilite
86
En cuanto a los tradicionales respecto a este tema, sobre lo primero, cfr. Rostow, Walt
la falsa totalidad pretende hacer pasar por inexistentes. Pensar
un conocimiento crítico, que muestre las particularidades que
W. Las etapas del crecimiento económico: un maniiesto no comunista. México: Fondo
de Cultura Económica, 1961. En cuanto a la oposición entre modernidad y pre-moder-
nidad (sociedad / comunidad), cfr. Tönnies, Ferdinand. Community and Society. New
Jersey: Transaction Publishers, 1988.
81
Grüner, La oscuridad y las luces, p. 526. 87
Echeverría, La modernidad de lo barroco, p. 144.
82
Grüner, La oscuridad y las luces, p. 527. Esto debido a que, como indicaba Marx, el capitalismo sólo puede funcionar sobre la
base de una población excedente, ajena a los beneicios del modo de producción, pero
88

83
Grüner, La oscuridad y las luces, pp. 405-410.
Cit. en Benjamin, Walter. The Arcades Project. Cambridge-Londres: Belknap Press, cursos por parte del grueso de la población. Es la que El capital llama la “ley general
participante en él; es decir, la acumulación implica necesariamente la escasez de re-

1999, p. 731. de la acumulación capitalista”. Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp. 147-148.


84

85
Grüner, La oscuridad y las luces, pp. 35-36. 89
Echeverría, Bolívar. Modernidad y blanquitud. México: Era, 2010, pp. 19-26.

138 139
George I. García Quesada La interpretación histórica

por su teatralización”94.
ethos que responden de modos distintos al hecho capitalista90. El
ge de una cuádruple raíz, a partir de cuatro distintos tipos de

primero sería el realista, el cual se identiica activa y militan-


En Latinoamérica, debido a la imposibilidad de que la civi-

naria, el hecho capitalista asume la coniguración del ethos ba-


lización europea se impusiera sin más sobre la población origi-

espíritu del capitalismo, tal como fue descrito por Max Weber en rroco95. La insuiciencia de la hegemonía ibérica es el elemento
temente con la acumulación capitalista; este corresponde con el

su más conocido libro91. Frente a éste, el ethos romántico busca histórico determinante en la interpretación de Echeverría sobre
el surgimiento del barroco latinoamericano96; tras el genocidio
por el valor de cambio; hay una exaltación de la forma natural, de las etnias originarias, no fueron los europeos’ sino los mesti-
privilegiar al valor de uso, pero es un valor de uso ya subsumido

valor que se le ha impuesto92.


pero sin una verdadera reivindicación de ésta contra la forma zos quienes repoblaron el continente, a la vez que culturalmente
produjeron una codigofagia, en la cual “el código de los domina-

las ruinas en las que pervive el código destruido”97. Los mestizos


Estas dos primeras respuestas a la contradicción fundamen- dores se transforma a sí mismo en el proceso de asimilación de

invisibilizan esa contradicción. Los otros dos, por el contrario, reprodujeron así el enclave europeo en América, transformán-
tal del mundo de vida moderno-capitalista niegan, ignoran o

se posicionan a partir de la consciencia de ella. El tercero, el clá- dolo en otra nueva realidad socio-histórica.

capitalista, pero se identiica con ella, al asumirla como inevi-


sico, sabe por tanto acerca de la escisión generada por el hecho Desde su conceptualización, el ethos barroco es una entre va-

table; en ese sentido, es un ethos trágico. Finalmente, el ethos su principal despliegue se dio en el siglo XVII, sugiere que ya
rias alternativas para vivir en y con el capitalismo98, y aunque

barroco “se trata de una airmación de la ‘forma natural’ del se preigura en el personaje de la Malintzin, imposible traduc-
mundo de la vida que parte paradójicamente de la experiencia tora de Hernán Cortés99. Los códigos de los pueblos originarios
/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016

tadora del capital” 93. Así, si bien cada ethos de la modernidad


de esa forma como ya vencida y enterrada por la acción devas- y los de los europeos eran totalmente distintos, por lo cual la

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ción constante –como en el caso de la Malintzin, que mencio-
imposición de los segundos sólo pudo darse bajo una negocia-

tiene de particular su negativa a sacriicar la forma natural.


es una estrategia para hacer “vivible” el capitalismo, el barroco

Como indica Echeverría, “estrategia de resistencia radical, el


Echeverría, La modernidad de lo barroco, p. 16. Nótese el recurso de Echeverría a
lucionario: su utopía no está en el ‘más allá’ de una transfor-
ethos barroco no es sin embargo, por sí mismo, un ethos revo-
categorías estéticas para deinir lógicas culturales. Esa ha sido una constante entre
94

los teóricos marxistas de la cultura; en Jameson la tríada realismo-modernismo-pos-

allá’ imaginario de un hic et nunc insoportable transigurado


mación económica y social, en un futuro posible, sino en el ‘más
Lukács el realismo. Lunn, Eugene. Marxismo y modernismo. Un estudio histórico de
modernismo, en Brecht la reivindicación de la épica, en Lefebvre el romanticismo, en

Lukács, Benjamin y Adorno. México: Fondo de Cultura Económica, 1986.

“en la historia de la América Latina, la armazón económica de la modernidad capita-


95
Este rasgo ha sido una constante, según Echeverría, de la historia latinoamericana:
Según Wallerstein, las condiciones en las que surge el barroco, entre las que destacan
la explotación de la fuerza de trabajo americana y el auge manufacturero, se reieren
90

rasgos profundos de la modernidad con los rasgos propios del capitalismo”. Crítica de
lista ha sido siempre demasiado endeble como para sustentar la fusión completa de los

la modernidad capitalista, p. 250.


do Wallerstein, Immanuel. The Modern World-System II. European World-Economy,
a una primera etapa del capitalismo como fuerza social dinamizante del sistema-mun-

1600-1750. Berkeley-Los Angeles-Londres: University of California Press, 2011. 96


Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp. 52-54; 181-183.
91
Weber, Max. La ética protestante y el “espíritu” del capitalismo. Madrid: Alianza, 2003. 97
Echeverría, La modernidad de lo barroco, p. 55.
92
Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp. 37-38. 98
Echeverría, La modernidad de lo barroco, p. 48.
93
Echeverría, La modernidad de lo barroco, p. 38. 99
Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp. 19-28.

140 141
George I. García Quesada La interpretación histórica

namos anteriormente100–. Tal fue la experiencia de los jesuitas, natural a través de la incorporación de la discontinuidad –del
vanguardia modernizadora católica de los siglos XVII y XVIII: arte, la iesta, el juego– en el tiempo productivo. El barroco, vo-

ción” o “Santísima Trinidad”? Tal intento debía terminar por trascendencia, sino que busca el efecto inmediato105.
¿cómo traducir ideas como “Dios Padre”, “Inmaculada Concep- luntad de estilo, ornamentación absoluta, no aspira por ello a la

En un sentido similar –y haciendo referencia a La moder-


según Echeverría, sucedió101. En términos de la generalidad de nidad de lo barroco– Grüner caliica al barroco latinoamerica-
cambiar incluso el concepto europeo de “Dios”, como de hecho,

ethos realista de Echeverría. La contrarreforma, según La oscu-


las prácticas sociales sucede de modo similar: surge una estrate- no como una modernidad alternativa al modelo protestante, al

situación, de decir “sí” para hacer, de ser posible, lo contrario102.


gia que es a la vez de sumisión y rebelión para no transformar la

ses populares acentuando la lógica anterior a la Reforma, una


ridad y las luces, siguió una estrategia que integraba a las cla-

sas ni aspira a sustituirlo, se expresa en la oposición a sepa- lógica de seducción de las culturas populares. Esta integración
Esta resistencia, que no niega abiertamente el estado de co-

da de las diferencias culturales, a las cuales tuvo que redeinir


rar el tiempo productivo del improductivo; particularmente, el implicaba una convivencia controlada y rígidamente jerarquiza-

ceta de valor de cambio. Por supuesto, esta tendencia choca con y sincretizar permanentemente en América. Esa lógica barroca,
tiempo como valor de uso no se resigna a subordinarse a su fa-

la búsqueda capitalista de maximizar la plusvalía103; de allí que


en las plantaciones esclavistas106.
con todo, cedió ante la racionalidad instrumental de la industria

moderna. Lo propio del barroco es, pues, la estetización de lo


desde un ethos realista el barroco parezca una tendencia anti-
Las referencias de uno y otro estudio son distintas, pero, a
cotidiano104, la insistencia en reivindicar el tiempo de la forma diferencia de las interpretaciones eurocentradas que han pre-
valecido, Grüner y Echeverría no las presentan como modelos
/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016

especíicos del desarrollo (de la modernidad) capitalista. Estas


100
generales de modernidad, sino como casos espacio-temporales
“Cada vez que traducía de ida y vuelta entre dos mundos, desde las dos historias, la Ma-

/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016


tercero que estaba aún por venir”. Echeverría, La modernidad de lo barroco, p. 25. particularidades, empero, muestran –sintomáticamente, diga-
lintzin inventaba una verdad hecha de mentiras; una verdad que solo podía ser tal para un

mos– la lógica profunda del universalismo moderno, y son vi-


na, sino de una reformulación católica de la modernidad frente a las insuiciencias de
101
Por ello, como indica el autor, la contrarreforma no habría sido una política antimoder-

la Reforma protestante. Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp. 71-73


sibilizadas al ubicarlas en el nivel de las formaciones sociales

abstracción de la lógica del modo de producción.


concretas y del capitalismo histórico, más allá de la (necesaria)
ceso a la signiicación ‘no’. Pero el dominador tampoco es soberano; está impedido de
102
“El subordinado está compelido a la aquiescencia frente al dominador, no tiene ac-

disponer de la signiicación ‘sí’ cuando va dirigida hacia el interlocutor dominado. [...] Notemos, inalmente, que estos dos autores no apuestan sim-
En la España americana del siglo XVII son los dominados los incitadores y ejecutores
primeros del proceso de codigofagia a través del cual el código de los dominadores se
plemente por salir de la modernidad, sino por realizar las ten-

código destruido. Es su vida la que necesita disponer de la capacidad de negar para


transforma a sí mismo en el proceso deasimilación de las ruinas en las que pervive el

America. Londres-Nueva York: Verso, 2012. Grüner también se ha referido al barroco


en El sitio de la mirada, pp. 276-284.
cumplirse en cuanto vida humana, y son ellos los que se inventan en la práctica un

permita decir ‘no’, airmarse pese a todo, casi imperceptiblemente, en la línea de lo que
procedimiento para hacer que el código vigente, que les obliga a la aquiescencia, les

fue su identidad”. Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp. 55-56. Echeverría, La modernidad de lo barroco, pp. 193-198, 207-208. Esta resistencia pue-
de observarse también en la práctica que Michel de Certeau llamaba perruque. Ésta
105

Marx, Karl. El capital. Crítica de la economía política, Tomo 1. México: Siglo Veintiu-
no, 2009, pp. 277-365. como cuando una secretaria escribe una carta de amor en la oicina; se trata de un “robo”
103
consiste en la transgresión del tiempo de trabajo en favor del tiempo del trabajador,

de tiempo y no de bienes materiales. De Certeau, Michel. The Practice of Everyday Life.


104
Esta “teatralización excesiva” puede relacionarse directamente con la importancia que Berkeley-Los Angeles-Londres: University of California Press, 1988, pp. 24-28.
recepción del marxismo y del psicoanálisis. Bosteels, Bruno. Marx and Freud in Latin Grüner, La oscuridad y las luces, pp. 235-239.
encuentra Bosteels en el melodrama para la cultura latinoamericana, e incluso en su
106

142 143
George I. García Quesada La interpretación histórica

dencias críticas y emancipatorias contramodernas en ella. Así,


co adquiere relevancia como ethos de resistencia. Con el cierre
como indicaba Gandler109; es desde esa coyuntura que el barro-
según Echeverría,

URSS, y el predominio de las ideologías y prácticas neoliberales,


el fundamentalismo de aquellas sociedades del ‘tercer
casi total del horizonte utópico socialista tras la disolución de la
mundo’ que regresan, decepcionadas por las promesas
incumplidas de la modernidad occidental, a la defensa Echeverría no plantea al barroco como una opción revoluciona-

forma natural frente a la forma valor. A la larga, sin embargo,


más aberrante de las virtudes de su localismo, tiene en ria, sino como una defensa, en condiciones muy adversas, de la
el racismo renaciente de las sociedades europeas una
correspondencia poderosa y experimentada. Ambas son debido a su estetización de lo cotidiano, ese ethos permite visua-

la modernidad, y ante todo del capitalismo que la orienta.


reacias a concebir la posibilidad de un universalismo di- lizar otras sociabilidades posibles; puede mostrar los límites de
ferente107.

de La oscuridad y las luces, no median solamente doce años, sino


Entre la primera edición de La modernidad de lo barroco y la
En el mismo sentido, para Grüner,
marcados cambios políticos en América Latina, en los cuales el
proceso bolivariano en Venezuela marcó el punto de ruptura.
es absolutamente errónea, y teórica y políticamente ine-
icaz, la utopía retroactiva de un retorno a no se sabe qué
‘identidad’ pre-colonial, sea ‘indígena’ o ‘africana’. Cual- Para 2010, diversos movimientos políticos a lo largo de Latinoa-

nudo abiertamente anticapitalistas. Junto al reposicionamiento


quier teoría o praxis emancipatoria que pueda imaginar- mérica rompieron la hegemonía neoliberal desde posturas a me-

del signiicante “socialismo”, la revolución aparecía de nuevo


se para el continente americano (y, en verdad, para cual-
quier sociedad que provenga de la dominación colonial /
neocolonial / poscolonial) deberá partir de este dato y pro- como tema de discusión en América Latina. La reformulación
cesarlo en su ‘desordenada’ y ‘fracturada’ complejidad108.
/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016

anti-eurocéntrica de la teoría de la modernidad por parte de

/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016


Grüner, por tanto, se enmarca en un horizonte de verosimilitud
La reivindicación de la contramodernidad frente a la moder- en el cual ya no sólo es pensable la opción barroca de resistencia
nidad hegemónica tiene implicaciones teóricas y políticas, tanto
aquellos que C.L.R. James llamó los jacobinos negros.
sino que se actualiza la vigencia de la actitud revolucionaria de
frente a los procesos de modernización y sus apologistas, que

tas posmodernistas y aines, que se empeñan en singularismos


sostienen un universalismo abstracto, como frente a propues-

irreductibles. La salida de esa modernidad pasa necesariamen-


4. Epílogo: particularidad, crítica e historia
En el último capítulo del primer tomo de El capital, Marx
airmaba que “el gran mérito de Edward Gibbon Wakeield no
la condición para que esa matriz cultural haya sido posible.
te por la crítica teórica y práctica del capitalismo, el cual ha sido
es el haber descubierto algo nuevo acerca de las colonias, sino

líticas de estos textos desde sus respectivas coyunturas. La crí-


En ese sentido, es útil comprender las propuestas socio-po-
relaciones capitalistas de la metrópoli”110. Como hemos indicado
el de haber descubierto en las colonias la verdad acerca de las

tica a la modernidad de Echeverría, planteada a ines de los


años noventas, es principalmente una crítica al neoliberalismo,
ya, este principio de investigar la dinámica del capitalismo a
través de sus periferias no fue, sin embargo, el más común entre

107
Echeverría, La modernidad de lo barroco, p. 27. 109
Gandler, Marxismo crítico, p. 137.
108
Grüner, La oscuridad y las luces, p. 518. 110
Marx, El Capital, Tomo 1, pp. 956-957.

144 145
George I. García Quesada La interpretación histórica

los seguidores del célebre socialista alemán. Los tratamientos que, si bien no es incompatible con los desarrollos de Adorno y
de Grüner y Echeverría hacen evidente la pertinencia –o más Horkheimer, va más allá de éstos al incorporar la mirada des-
aún, necesidad– de abordar lo sistémico desde sus márgenes,
aportes, la Escuela de Frankfurt no desarrolló –ni tenía por qué
de las asimetrías del sistema-mundo; pese a sus irrenunciables

eurocéntrica111; con ello se contribuye en la explicación del siste- hacerlo– una visión más allá de los centros capitalistas, lo cual
mostrando, como dice el primero, la falta en la falsa totalización

ma-mundo capitalista como totalidad concreta.


Retomando una metáfora óptica, el cambio de perspectiva damentos de la teoría crítica original114. La primera generación
no niega que la apertura para esa visión estuviera ya en los fun-

de la Escuela de Frankfurt desarrolló el marxismo occidental,


pero no llegó a formular un marxismo propiamente global.
brinda no solamente una visión del mismo objeto (la moderni-

muestra aspectos de ese objeto que cambian la explicación de


dad, en este caso) desde un ángulo antes no percibido, sino que

su mismo funcionamiento. Resalta la pertinencia del abordaje


Esta reformulación de la teoría crítica implica, de entrada,
el cuestionamiento acerca de la propia historicidad y la tema-

de el cual se plantea la crítica115. Este problema ha llevado a


dialéctico: la tensión entre la generalidad del sistema-mundo y tización geopolítica, además de la clasista, del lugar social des-

que Grüner y Echeverría se ocupen explícitamente de vincular


la particularidad del estudio socio-histórico sobre Latinoamé-

la teoría crítica con la relexión teórica y metodológica sobre la


rica permite una reformulación de la teoría crítica, en la cual

historiografía; valga recordar que, con la excepción de los —im-


la consideración de la diferencialidad espacio-temporal enri-

les a nivel de sistema-mundo. Un marxismo latinoamericano


quece la comprensión de las racionalidades y las lógicas socia-

propiamente dicho, hasta hoy inexistente112, tendría que partir ría crítica frankfurtiana no abordó las problemáticas especíicas
portantes, si bien fragmentarios— aportes de Benjamin, la teo-

de estos elementos para contribuir con la explicación y crítica de la historiografía. Así, el argentino indica que una ilosofía
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de los mecanismos de acumulación y concentración de capital a latinoamericana tendría que ser una teoría constitutivamente

/ Vol. 1 Nº. 1 Otoño 2016


nivel mundial, una senda particularmente importante en una crítica, que ante todo ponga en crisis cierta idea de la historia,

frankfurtiana (Habermas, Appel, Honneth, etc.) han sido inca- ma-mundo que ha servido a sus intereses116. Echeverría, a su
época en la cual los herederos institucionales de la teoría crítica aquella que ha legitimado a las clases dominantes y al siste-

paces de mantener la crítica sistémica que caracterizó a iguras


como Adorno, Marcuse o Horkheimer, quienes argumentaron fundamentar –con Marx– su versión de una teoría crítica del
vez, acude a la conjunción de historia económica y cultural para

por la radicalidad de la teoría crítica113.


Grüner y Echeverría plantean una concepción de la totalidad
Indicaba Horkheimer que “también en la teoría crítica hay que introducir elementos
Grüner, La oscuridad y las luces, pp. 24-25. especíicos, para alcanzar, desde esta estructura básica, la realidad diferenciada. Pero
114

esa introducción de determinaciones —piénsese en la presencia de existencias de oro,


111

Acha, Omar y D’Antonio, Débora. “Cartografía y perspectivas del ‘marxismo latinoa- en la expansión hacia ámbitos aún precapitalistas de la sociedad, en el comercio exte-
mericano’”. A contracorriente, vol. 7, no. 2, invierno 2010, pp. 210-256.
112

como especialidad. Antes bien, cada paso de la teoría crítica responde a la noción de
rior— no ocurre por simple deducción, como en aquella teoría encapsulada en sí misma
Romero, Crítica e historicidad, pp. 196-203; Gandler, Marxismo crítico en México, pp.
107-117. Gandler sostiene que la producción teórica de Bolívar Echeverría es más con- hombre y de naturaleza ya presente en las ciencias y en la experiencia histórica”. Teo-
113

secuente con los formulaciones de la primera generación de la Escuela de Frankfurt, ría tradicional y teoría crítica, p. 256.
Romero ha mostrado que esta toma de conciencia es uno de los fundamentos de una
Honneth. Gandler, Stefan. “Bolívar Echeverría y la ‘Tercera Generación de la Escuela
que las de autores posteriores vinculados institucionalmente a ella, como Habermas y 115

de Fráncfort’”. En Fuentes, Diana, García Venegas, Isaac y Oliva Mendoza, Carlos este tipo de propuesta. Cfr. Romero Cuevas, Crítica e historicidad, pp. 209-212.
teoría crítica latinoamericana, asumiendo la obra de Ignacio Ellacuría como modelo de
(comps.). Bolívar Echeverría. Crítica e interpretación. México: UNAM-Itaca, 2012.
Consideramos que cabría airmar lo propio de la producción de Grüner. 116
Grüner, La oscuridad y las luces, p. 517.

146 147
George I. García Quesada La interpretación histórica

conjunto de la vida moderna117. interpretaciones previas118. Aunque la dependencia de fuentes


Marx avanzó especialmente en el primer momento dialéctico secundarias sea una innegable limitación, para acceder mejor a

cíicamente del capitalista), desarrollando menos, y menos ex-


de su teoría de la historia, el del modo de producción (y espe- los núcleos problemáticos del pasado, como comprendieron bien

plícitamente, su teoría de las formaciones sociales. De allí que te de hacerle a las fuentes las preguntas oportunas119.
los fundadores de los Annales, de lo que se trata es primeramen-

La comparación con otros procesos sociales –la esclavitud en


Brasil, el sur de Estados Unidos y otras partes del Caribe– es
para historizar debidamente los casos concretos hay que tomar

particularmente importante en la construcción de la explicación


en cuenta las contradicciones a nivel de las formaciones sociales

como se sigue de los propios análisis históricos de este autor. Se en el estudio de Grüner sobre Haití. En el caso de La moderni-
en el sistema-mundo (pasando por la mediación del Estado), tal

vuelve indispensable, pues, que la explicación histórica surja a dad de lo barroco, la discusión se dirige hacia las interpretacio-
partir del nivel del capitalismo histórico, una tarea que Echeve- nes sobre la identidad latinoamericana y sobre lo barroco, desde

de Braudel y Wallerstein como de Benjamin. Desde esta concep-


rría y Grüner conciben desde una perspectiva deudataria tanto donde Echeverría muestra los alcances ideológicos de tales in-

“latinoamericanizada”. En ambos casos, el resultado es una teo-


terpretaciones y argumenta en favor de una conceptualización
tualización, que piensa la totalidad como articulación compleja
de procesos espacio-temporales, surgen las propuestas de estos rización novedosa sobre la modernidad capitalista donde, por
teóricos latinoamericanos para una teoría de la (contra-)moder- ejemplo, un concepto como el de ethos, surgido para abordar al
nidad que aporta a la comprensión de la dinámica del sistema- barroco latinoamericano, se constituye como propuesta para la

lizadas por los enfoques eurocentrados. referente “original”. Interpretación histórica y teoría crítica se
mundo como totalidad, a partir de las particularidades invisibi- teoría del capitalismo y de la historia en general, más allá de su
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un proceso espacial y temporalmente complejo.


Metodológicamente, el aporte de La oscuridad y las luces y funden y complementan así para dar cuenta de la historia como

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La modernidad de lo barroco radica precisamente en la confron-

América Latina; organizan los temas, tesis y datos de esas otras


tación con otras interpretaciones sobre el desarrollo histórico de En este sentido, la teoría crítica de estos autores produce co-
nocimiento desde el lado negado de la sociedad moderna capi-

las clases subalternas latinoamericanas. Las fuentes primarias


interpretaciones de otro modo, posicionando sus críticas desde talista; no intenta mostrar una “pluralidad” de puntos de vista

–que en estas investigaciones juegan un papel más bien secun-


sino las contradicciones desde las cuales se estructura ese siste-

dario– de carácter político y cultural les ayudan a precisar al-


ma 120, asumiendo un punto de vista subalterno, el de aquellos

gunos aspectos especíicos de sus respectivas interpretaciones, Al ser la historiografía retroferente (produce sentido a posteriori, como el Espíritu
pero los marcos históricos –el poder colonial, la esclavitud capi-
118

talista– no están construidos desde ellas. El método no apun- rrados. La lucha por la interpretación es inherente, pues, a la historiografía: como
absoluto de Hegel), la interpretación es parte de los sucesos y procesos históricos na-

airmaba Benjamin, ni siquiera los muertos estarán a salvo si los dominadores siguen
triunfando. Benjamin, “Theses on the Philosophy of History”, p. 255. También: Grüner,
hacia la discusión teórica para aproximarse a la ya existente:
ta, pues, hacia la construcción de nueva “base empírica”, sino
Eduardo. “Foucault: una política de la interpretación”. En Foucault, Michel. Nietzsche,
Freud, Marx. Buenos. Aires: Al Cielo por Asalto, 1995.
desde allí redimensionan y resigniican los componentes de las
119
Cardoso, Ciro F.S. La historia como ciencia. San José: EDUCA, 1975.
Como plantea Grüner, “La aparente multiplicidad, entonces, es la forma ‘post’ que
adopta la ‘falsa totalidad’ de Adorno: la multiplicidad más o menos intercambiable de
120

Echeverría, La modernidad de lo barroco, p. 12. producción’)”. El in de las pequeñas historias, p. 89.


las partes oculta la fractura constitutiva del todo (de lo que solía llamarse ‘el modo de
117

148 149
George I. García Quesada La interpretación histórica

que tienen que “pagar los costos” de la civilización capitalista. El Bibliografía


perspectivismo de la teoría crítica no disuelve lo social en una mul-

nicos que la constituyen. La ventaja de este punto de vista es pre-


titud de microrrelatos, sino que muestra la unidad de los antagó-
Acha, Omar y D’Antonio, Débora. “Cartografía y perspectivas del ‘marxis-
mo latinoamericano’”. A contracorriente, vol. 7, no. 2, invierno 2010,
preieren mostrar como separados: muestra la unidad de cultura y pp. 210-256.
cisamente que totaliza los fenómenos que los poderes dominantes

barbarie en las sociedades capitalistas121. Acuña, Víctor Hugo. “La historia social en Costa Rica: balance y perspecti-
Las propuestas de aproximación de Echeverría y de Grüner vas”. Revista de historia (Costa Rica), no. especial, 1996, pp. 143-153.
a la interpretación histórica, por tanto, son ejemplos de cómo Aguirre Rojas, Carlos Antonio. “Una teoría crítica sobre la modernidad

tradición teórica iniciada por Marx, aporta a la comprensión del


la ubicación epistémica desde Latinoamérica, prosiguiendo la capitalista: radicalidad y originalidad de la propuesta de Bolívar
Echeverría”. En Arizmendi, Luis, Peña, Julio E. y Piñeiro, Elder (eds.),
sistema-mundo como totalidad, y de por qué la consideración de Bolívar Echeverría: trascendencia e impacto para América Latina en el
siglo XXI. Quito: Editorial IAEN, 2014.
damental para pensar la teoría crítica actualmente. Al estudiar
la articulación compleja de espacios y tiempos sociales es fun-
Anderson, Kevin. Marx at the Margins. On Nationalism, Ethnicity and
las contradicciones sociales desde procesos espacio-temporales Non-Western Societies. Chicago: Chicago University Press, 2010.
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particulares, y no ya desde un patrón unilineal de desarrollo
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explicación histórica mucho más determinada y compleja, una Badiou, Alain. El ser y el acontecimiento. Buenos Aires: Manantial, 2003.
generalidad de las ideologías modernizantes), obtenemos una
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Bajtín, Mijaíl M. Estética de la creación verbal. Buenos Aires: Siglo XXI, 2005.
y fracturas constitutivas de nuestra mundialidad.
totalidad concreta a partir de la cual comprender las tensiones
Bakhtine, Mikhail M. “Forms of Time and of the Chronotope in the Novel”.

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Es desde este conocimiento sistémico, y no desde el fetichis- En The Dialogic Imagination. Austin: University of Texas Press,
mo de lo fragmentario y la contingencia, que obtenemos los ele- 1981.
Benjamin, Walter. “Theses on the Philosophy of History”. En: Benjamin,
das las actuales condiciones de explotación humana y ecológica.
mentos epistémicos para la transformación social necesaria, da-
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Para ello, la explicación histórica totalizante debe, de nuevo, —. The Arcades Project. Cambridge-Londres: Belknap Press, 1999.
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Recordemos que en la dialéctica la negación es determinación, y la concretitud de un Carlyle, Thomas. Los héroes: culto a los héroes, lo heroico en la historia.
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El presente trabajo trata de problematizar el lugar que le concede Bolí-
var Echeverría al siglo XVI dentro de su obra. En este sentido se muestra
comunista, México: Fondo de Cultura Económica, 1961. que algunos elementos que Echeverría marca como propios del barroco ya
Tombazos, Stavros. Time in Marx. The Categories of Time in Marx’s Capi- se estaban gestando al inicio de dicho siglo. Además, se sitúa la importan-
tal. Chicago: Haymarket, 2014. cia de Severo Sarduy en la obra de Echeverría para después relacionar la
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visión cosmogónica de Kepler con el espejeo de los valores económicos.


Tönnies, Ferdinand. Community and Society. New Jersey: Transaction
Palabras clave: Barroco, espejeo, modernidad, elipse, siglo XVI.

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Wallerstein, Immanuel. Historical Capitalism with Capitalist Civilization. Abstract
Londres y Nueva York: Verso, 2011. This paper attempts to problematize the place that Bolivar Echeverria
—. Capitalismo histórico y movimientos antisistémicos. Madrid: gives to the sixteenth century in his work. It shows that some elements
Akal, 2004. Echeverria brands as being baroque were already brewing at the begin-
ning of this century. Moreover, the text elaborates on the importance of
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Severo Sarduy in Echeverria’s work in order to relate Kepler’s cosmic vi-
1750. Berkeley-Los Angeles-Londres: University of California sion with the mirroring of economic values.
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escrituras americanas

ISSN: 0719-3408

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