Una pulga se instaló en el pelaje de un perro vagabundo y se hizo amiga de otra pulga. El perro se aburría hasta que comenzó a escuchar los susurros de las pulgas. Las descubrió y les propuso ser amigos a cambio de que lo distrajeran con sus sonidos. Las pulgas aceptaron el trato y encontraron compañía y refugio con el perro.